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Mesa de Trabajo : Arqueologías educadas: experiencias de trabajo y reflexión crítica de los modos de

Mesa de Trabajo:

Arqueologías educadas: experiencias de trabajo y reflexión crítica de los modos de pensar el pasado y de los modos de hacer el presente a través de la práctica arqueológica

ARTICULACIÓN DE SABERES:

mapeando territorio indígena desde las evidencias del pasado

Bárbara Manasse, Escuela de Arqueología (UNCA) e Instituto de Arqueología y Museo, Facultad de Ciencias Naturales e IML (UNT) bamanasse@gmail.com

Palabras claves: pasado indígena; arqueología; articulación saberes; Valle de Tafí

Introducción

En un contexto latinoamericano de movimientos sociales que fueron dando lugar a la visibilización de sectores solo recientemente “reconocidos” en la legalidad argentina, vemos constituirse un campo importante de disputa alrededor de los reclamos por el reconocimiento de los derechos indígenas a sus territorios. Aunque lejos de ser un fenómeno reciente y exclusivo de estas Américas, es interesante observar y analizar algunas de las aristas con las que se está instituyendo en el noroeste argentino. Desde la arqueología – como disciplina científica social – venimos trabajando en la evaluación de los nexos que se fueron estableciendo con los restos materiales del pasado indígena en esta lucha por la tierra 1 . A partir de ello, y en respuesta al pedido concreto de poblaciones nativas del Valle de Tafí, en el centro-oeste de la provincia de Tucumán, iniciamos años atrás (2005) un trabajo conjunto con comunidades indígenas locales a fin de articular saberes y diseñar estrategias que brinden un soporte más a las demandas que se realizan al Estado provincial y nacional en reclamo por sus tierras. En este trabajo presentaré brevemente el marco social, institucional y legal en el cual estamos trabajando que, si bien puede compartir varias de sus características con otras regiones del NOA, se constituyen de modo particular en función de la peculiaridad de la historia política y social de la provincia de Tucumán y, dentro de ella, del Valle de Tafí. Es por ello que dedicaré unos párrafos también a comentarla, siempre en función del campo que estoy tratando de analizar. A manera de un examen un tanto metodológico -y, por ende también teórico-, presentaré parte de nuestras experiencias vinculadas a la construcción de Territorio Indígena en el Valle de Tafí a partir, en este caso, de la materialidad prehispánica, a fin de exponer y analizar algunos de los aspectos de los saberes producidos. Por otro lado, también, y en atendiendo a la heterogeneidad del sujeto colectivo con el que interactuamos, evaluaré formas y posibilidades de articulación de los diversos universos de conocimiento puestos en juego.

1 Como elemento sustancial para la reproducción social y cultural de los pueblos nativos, la tierra debe entenderse como

“territorio”, lo que cubre la totalidad del hábitat de las regiones que los pueblos interesados ocupan o utilizan de alguna otra manera” (cfr. Art. 13.2 del Convenio Nº 169 de la OIT).

Finalmente todo lo expuesto será materia para reflexionar sobre nosotros como sujetos productores de un saber que se constituye en herramienta de lucha, de reclamo de derechos postergados / omitidos por demasiado tiempo.

Territorio indígena – su determinación

Como parte de los procesos sociales y políticos que denotan la por entonces reciente democracia, en 1985 la Nación manifestó a través de la Ley Nº 23.302, su interés por atender y apoyar a las comunidades aborígenes existentes en el país y propender a su acceso a la propiedad de tierras. Más allá de discutir cómo se nomina / identifica a estas poblaciones

nativas o la pre / concepción que define lo que sería su relación con la tierra (Carrasco 2000; Briones y Carrasco 2006), esta ley constituye un antecedente importante para lo que unos años más tarde se discutirá en vinculación a la Reforma de la Constitución Nacional. En 1994 Argentina reconoció formalmente la pre-existencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Siguiendo los lineamientos estipulados por el Convenio 169 de la OIT 2 , las tierras que estos ocupan tradicionalmente deberían ser debidamente identificadas para garantizar los derechos posesorios y de propiedad comunitaria. La provincia de Tucumán, en el artículo 149 de la Constitución promulgada en 2006, adhiere a esta prerrogativa, reconociendo, además, la identidad, espiritualidad y la especial importancia que para estos pueblos reviste la relación con su Pachamama. En este contexto de reconocimientos legales se implementa la Ley Nacional Nº 26.160, que ordena el Relevamiento Técnico, Jurídico y Catastral de la situación dominial de las tierras ocupadas por las Comunidades Indígenas, a los efectos de poder cumplimentar con la Ley 23.302 y con el Artículo 75 de la Constitución Nacional (Inciso 17), esto es determinar la

posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan y regular la entrega de otras aptas para el desarrollo humano. Es interesante señalar que, de acuerdo al Programa de Relevamiento Territorial elaborado

por el INAI 3 , cuando se refieren al territorio se reconoce que como concepto el mismo conlleva implicancias que superan la referencia estrictamente topográfica o meramente histórica o geográfica, reconociéndolo como una construcción social, espacio socializado y

culturalizado y portador de significados. Los representantes del NOA del Consejo de

Participación Indígena 4 sostienen que son sus tierras con ocupación tradicional, “Todos aquellos lugares sagrados y especiales ocupados por los pueblos, marcados por: las plantas

medicinales, cementerios, pastoreo de animales, aguas, usos y costumbres.” 5 En lo que al Valle de Tafí respecta, todo este proceso social y político requirió de, y aún lo hace, detenidas reflexiones, nuevas definiciones, revisión de conceptos que, poco a poco son compartidos con un colectivo de mayor alcance regional. Con muchas diferencias respecto a vecinos como Amaicha o Quilmes (ver Isla 2002), los pobladores de Tafí negaron históricamente su nexo con pueblos indígenas. Las tierras que ocuparon por generaciones solían considerarse ajenas (Manasse 2007; Requejo 1991). Historias de desplazamientos poblacionales desde los primeros tiempos de invasión española, su manipulación para la defensa de dominios territoriales por parte de distintos sectores sociales de la oligarquía regional, han configurado narrativas que, sostenidas también desde el Estado provincial, remarcan el carácter de “allegados”, de “foráneos” de los pobladores del Valle de Tafí (Manasse 2002; Manasse y Camerlingo 2007). Pensarse indígena era asumir

  • 2 A los que adhieren por medio de la Ley Nacional Nº 24.071.

  • 3 Programa de Relevamiento Territorial de Comunidades Indígenas. Ejecución de la Ley Nacional 26.160. Instituto Nacional de Asuntos Indígenas.2007

  • 4 Cada provincia tiene dos representantes por pueblo ante el INAI; en el caso de Tucumán, hay dos representantes por el pueblo Diaguita y dos por el Lule. Briones y Carrasco (2006) realizan apreciaciones que veo muy a tono respecto al funcionamiento de esta “institución” en la provincia de Tucumán.

  • 5 Documento inédito que se integró en el Programa de Relevamiento Territorial de Comunidades Indígenas. Ejecución de la Ley Nacional 26.160. Instituto Nacional de Asuntos Indígenas.2007

marginación y discriminación, antes que sujeto de derecho a la tierra que ocupan, al territorio que vive y vivieron sus ancestros. A partir de 1996 se hace visible un proceso que dará lugar a una nueva construcción identitaria -aún en proceso- que apuesta a la identificación como Indígena 6 (Arenas 2003). Es en esta construcción, que la tierra, el hábitat, el paisaje y el territorio pasan de ser un “objeto de producción”, a ser elementos constitutivos de la unidad social, política y cultural del grupo, que dan sentido a su Identidad (Carrasco 2000). Desde esta perspectiva, las evidencias prehispánicas constituirían un eje importante en la construcción identitaria en el sentido de pertenencia (“ser nativo”) (Manasse y Arenas 2007; Montini 2007). Hoy el Valle configura un espacio particularmente constituido, al que se puede pensar desde la categoría de “heterogeneidad multitemporal” propuesta por García Canclini (1990) demarcado por heterogeneidad de voces, prácticas sociales y tiempos, y sostenido desde diferentes sectores en tensión y conflicto. Atravesado por la circulación y consumo de tecnologías comunicacionales, por movimientos poblacionales turísticos y de migración, enfrenta una profunda modificación de su estructura social, económica y política. Nuevas definiciones del uso del espacio vallisto, que implican la puja por el dominio de los suelos y sus recursos (Arenas, Manasse y Noli 2007), se articulan con movimientos sociales de reivindicación indígena como categoría identitaria. Cinco Comunidades, constituidas en el marco de las políticas nacionales de reconocimiento legal de los pueblos originarios, representan en la actualidad el mundo indígena del Valle de Tafí. Cuatro de ellas conforman la Unión de los Pueblos Diaguitas del Valle de Tafí (UPDTV); ellas son la Comunidad Indígena Diaguita de El Mollar, Comunidad Indígena de Casas Viejas, Comunidad Indígena del Pueblo Diaguita del Valle de Tafí y la Comunidad Indígena de La Angostura. Todas ellas con personería jurídica nacional. A su vez, éstas se encuentran integradas a la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita trascendiendo las fronteras provinciales de Tucumán, Salta y Catamarca. La recuperación de las tierras, de su territorio, es uno de los ejes centrales de los reclamos y de las acciones que llevan adelante estas Comunidades. En el caso de Tafí, la lucha se constituye en contra de terratenientes, herederos del expolio pos-conquista (Arenas, Manasse y Noli 2007, González Cainzo y Arenas 2005), y, también, para con el Estado provincial que se está resistiendo a entregar tierras que atribuye como propias 7 . Más allá de que se hayan constituido varias Comunidades Indígenas, al menos cuatro de ellas trabajan en forma aunada para una definición, delimitación y caracterización de su territorio. Tarea nada sencilla en una región que, como Tafí, ha sido y es apetecida por sus especiales condiciones paisajísticas y climáticas. Los terratenientes que se arrogan la propiedad de la tierra tafinista distribuyeron la población a lo largo del tiempo de acuerdo a sus necesidades. Luego, sin respetar acuerdos de ningún tipo, avanzan en la apropiación de más y más espacio, esté o no habitado. Hace poco menos de una década, están fraccionando y vendiendo lo que serían sus propiedades en pequeñas parcelas (o lotes) a terceros que, en un 95% son veraneantes, familias que solo ocupan el Valle unos días al año. El paisaje del Valle cambia día a día. Lo que hasta el mes pasado era claramente tierra utilizada, vivida por los comuneros, ha sido cerrada y vendida a una empresa extranjera para la construcción de hoteles o algún emprendimiento turístico 8 .

  • 6 Ya en la década del 70 hubo manifestaciones en cierto modo parecidas, tanto en Tafí como en los valles occidentales; proceso que se ve manipulado, desfigurado y finalmente mutilado hasta anularlo durante el “operativo independencia” y la última dictadura militar.

  • 7 Una serie de desalojos viene poniendo a prueba la capacidad de organización y resistencia de las Comunidades locales. Estas han sido impulsadas tanto por el Estado como por terratenientes. Ver, por ejemplo, La Gaceta 02.06.2003.

  • 8 “En un contexto en donde las Comunidades Indígenas están reclamando por sus territorios, en el que a los vallistos les cuesta cada vez más encontrar un lugar para que vivan sus hijos, esta región se está conformando en un área casi exclusivamente de veraneo de sectores sociales de alto poder económico y /o político. Se está produciendo, de este modo, una

A pesar de que la población nativa del Valle está reconociendo cada vez con mayor claridad la falta de soporte legal e histórico de estas apropiaciones, la connivencia histórica del estado provincial (que tiene intereses directos comprometidos), convierten sus reclamos en obsoletos. Sólo la capacidad militante de los comuneros y sus dirigentes está logrando revertir algunas de estas situaciones (La Gaceta 20 de septiembre de 2006, 2 de marzo 2007).¿Cómo demostrarle al Estado nacional cual es, entonces, su Territorio? ¿Cómo delimitar, entonces, el espacio que se pretende como jurisdicción indígena? Las evidencias materiales del pasado parecen constituirse en símbolos territoriales en este galimatías de historias estratificadas.

Las evidencias materiales del pasado indígena y el territorio

Re/conociendo aquello que conforma “lo reclamado“, más allá de la cómo es nominado por el Estado nacional, cada pueblo determinó, señaló, ciertos “elementos” que pudieran ser identificables, significativos y representativos bajo la mirada de los intelectuales, científicos y/o profesionales que intervienen en la demarcación de los derechos reconocidos por el Estado nacional. Tal vez, la relevancia de las evidencias arqueológicas del NOA o, íntimamente relacionado con ello, la irrespetuosa y destructiva gestión del Estado de estos recursos culturales, ha llevado a que varios de sus pueblos indígenas se apoyen en los vestigios materiales de su pasado – nuestro tradicional “objeto” de estudio - como un elemento de referencia de suma importancia para la identificación del territorio reclamado. Como lo hicieran notar en sus demandas a la Convención Constituyente que elaboró la Carta Magna de la provincia de Tucumán, las Comunidades Indígenas del Valle de Tafí se respaldan en los recursos culturales /arqueológicos como las herramientas por excelencia para hacer visible su ancestralidad y, con ello, su derecho a la posesión, dominio y propiedad del territorio cuyo uso y goce están demandando. En este marco exigen la posesión y propiedad comunitaria de los “restos arqueológicos”, del patrimonio histórico y cultural, así como el derecho al consentimiento previo, libre e informado respecto a su gestión 9 . Estos discursos expresan con claridad el sentido político de este proceso de construcción de patrimonio, o de patrimonialización de los “restos arqueológicos” y de “las costumbres y los rasgos culturales nativos”. Sentido político que se ve reforzado en la demanda de manejo y control de este patrimonio, interpelándose el poder de gestión sobre el mismo (Manasse y Arenas 2007). En el marco del proceso social y político del valle de Tafí, los espacios con restos arqueológicos han pasado a ser así mucho más que recursos culturales de valor científico. Los restos, las evidencias de la vida indígena pretérita en estas tierras son parte constitutiva del espacio ocupado y / o usado en la actualidad, así como también de aquel usado hace más de una centuria atrás, cuando el Valle era una unidad de significado totalmente diferente (Arenas, Manasse y Noli 2007). Conforman y, hoy podemos decir, comienzan a distinguir su territorio. Se constituyen en símbolos de la existencia de profundas raíces en estas tierras, en evidencias de ancestralidad. Los restos arqueológicos, en Tafí, pasaron a ser referentes tangibles del territorio ancestral, más allá de quienes y cómo se fueran apropiando del mismo.

Desde la arqueología

Estrechamente ligado a las demandas y propuestas efectuadas por las Comunidades Indígenas de Tucumán (Diaguitas y Lules) a la Comisión de Constituyentes de la Provincia en el marco de las discusiones sobre la reciente reforma de la Carta orgánica, desde fines de 2005 la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita del Valle de Tafí (en adelante UPDVT) viene desarrollando con nosotros un relevamiento de las evidencias del pasado indígena de su territorio 10 . Más allá de objetivos de orden cultural –re/conocimiento del pasado local, identificación y registro de su patrimonio cultural-, nuestros esfuerzos se vuelcan en la elaboración de un insumo que tenga las propiedades suficientes y adecuadas para servir como testimonio judiciable. Ello implica establecer parámetros que, aunque con fuerte contenido científico - específicamente arqueológico, en tanto disciplina científica legitimada como portavoz de la verdad sobre la materialidad del pasado al que pretende apelarse como soporte de las demandas- también se construyen a partir de criterios propios del modo de concebir ese pasado por parte de las Comunidades Indígenas locales 11 . Procurando sortear el centralismo del saber universitario partimos del reconocimiento de que el conocimiento científico (arqueológico y/o histórico) del pasado local constituye solo una más de las interpretaciones y construcciones posibles. Posicionándonos como sujetos que se diferencian antes por su capital (sensu Bourdieu) que por alguna otra “alteridad”, y superando intereses estrictamente cognoscitivos – científicos, venimos diseñando, y evaluando permanentemente, una serie de estrategias que apuestan a la articulación de saberes vinculados al pasado que se configura en ancestralidad. La UPDVT nos pide que relevemos y registremos aquellos elementos culturales que den cuenta de continuidad poblacional, de la antigüedad de la ocupación humana en estas tierras, de los rasgos culturales que le dan particularidad, siempre en el contexto vallisto. Que narremos su “saber territorial”. Que produzcamos insumos para fortalecer el actual proceso de etnización y para lograr justicia respecto de las reivindicaciones de las comunidades.

El paisaje arqueológico

Ahora, ¿qué soporte empírico tenemos para elaborar este insumo? El Valle de Tafí ha gozado en los últimos 2.500 a 3.000 años de condiciones muy favorables para el asentamiento humano, promoviendo, a su vez, el aprovechamiento de sus recursos desde regiones aledañas. Aunque no se cuenta con información sobre ocupaciones humanas previas a aquellas fechas, es altamente probable que este tipo de regiones haya sido usado de manera aunque sea transitoria. Estos milenios de historia están reflejados en una cantidad y variedad de vestigios que hicieron de este Valle uno de los lugares de mayor relevancia arqueológica de la región (Manasse 2005). Las investigaciones arqueológicas efectuadas en este Valle son muy numerosas, aunque no comprenden todo el territorio ni tampoco el espectro temporal completo de la ocupación humana en el mismo. Una parte de ellas ha sido publicada en los medios científicos y unas pocas, se extendieron hacia ámbitos de mayor divulgación. Pero la población local no cuenta con esa información. El conocimiento general del pasado tafinisto es realmente escaso.

  • 10 Este trabajo, que viene efectuándose en el marco de proyectos de investigación dirigidos por la autora, se formalizó en un Proyecto de Voluntariado Universitario (desde la Escuela de Arqueología – UNCa) que fuera pensado, debatido, delineado y diseñado junto con miembros de la UPDVT (cfr. Acta Nro. 10. fls. 20 y 21 de la UPDVT).

  • 11 Endere y Curtoni señalan la dificultad que surge de la defensa de los sitios reclamados por muchas comunidades como “lugares sagrados” “…son difíciles de definir y clasificar en una normativa legal porque a menudo no están basados en los restos de cultura material de sus antepasados – que tradicionalmente han sido considerados significativos para la investigación arqueológica-, sino en elementos naturales del paisaje a los cuales se asocian valores religiosos, sagrados o culturales” Endere y Curtoni 2003: 278.

Diversos estudios efectuados señalan importantes omisiones (y hasta ciertas tergiversaciones) históricas, así como la focalización en aspectos muy puntuales del mismo. Así, se conoce bastante sobre el pasado más remoto de los pueblos nativos (2000 a 1500 años atrás), pero no su desarrollo hasta los tiempos coloniales (Manasse 2002). Este patrimonio cultural es reconocido como recurso prioritario para el fortalecimiento de la identidad de los pueblos indígenas argentinos. Sin embargo, según declaraciones recientes de las Comunidades Indígenas de Tucumán (Diaguitas y Lules):

Los pueblos indígenas hemos sido los generadores de gran parte del patrimonio cultural y arqueológico sobre el que el estado provincial hoy se arroga potestad. En ningún caso para los trabajos de investigación, de modificación, de manejo comercial, de concesiones a particulares, etc., de los denominados sitios arqueológicos o ruinas o de todo otro espacio en donde se encuentre reflejada nuestra existencia, fuimos consultados para dar el consentimiento libre, fundamentado previamente a que se decidiera sobre el fin que se les daría. Estos sitios que para nosotros son sagrados por estar en ellos los restos de nuestros mayores, fueron saqueados desde la época de la conquista en busca de elementos de valor que fueron comercializados, primero por los propios conquistadores, luego por los huaqueros particulares e investigadores en nombre de la ciencia y en la actualidad por particulares mediante la concesión como es el caso de nuestra Ciudad Sagrada de Quilmes, donde es el estado mismo que tiene la responsabilidad de su preservación, quien promueve su destrucción con fines turísticos. La constitución debe garantiza, tal como lo establece la Constitución Nacional y los Convenios internacionales nuestra participación y consentimiento por ser temas que afecta a nuestros intereses.” 12 .

Por otro lado, hay que reconocer que los valles tucumanos han sido objeto, desde el siglo XIX en adelante, de todo tipo de expolio de los restos arqueológicos. En el Valle de Tafí el mal uso y la destrucción de estas evidencias ancestrales ha sido la moneda corriente. La expansión agrícola (basada en un sistema económico empresarial especulativo), la explosión del desarrollo urbano, contra-urbano y los importantes procesos degradacionales y erosivos (mayormente de origen antrópico) son factores claves de alteración y destrucción de las evidencias arqueológicas. Ello se ve agravado por la implementación de proyectos de fuerte alteración de suelos sin el debido control, estudio de impacto y rescates arqueológicos pertinentes, con la consecuente pérdida irreparable de este patrimonio. También, es necesario atender a la problemática del uso (y abuso) actuales de las evidencias arqueológicas para su usufructo económico -los menhires constituyen el caso más paradigmático- 13 . En un contexto de folklorización de la diversidad se apela a los restos arqueológicos como elementos exóticos, que nutren diversas propuestas de “Turismo Cultural”. Tanto desde la UPDVT como desde la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita (UPND) -adonde participa la UPDVT- se viene realizando sendas denuncias 14 . Otro factor relevante en la afección de las evidencias arqueológicas es el desconocimiento de los rasgos que denotan las ocupaciones humanas prehispánicas en la región. Si bien la mayoría de los pobladores identifican ciertos restos de construcciones en piedra, como

  • 12 Ídem, Nota 1.

  • 13 Cfr. Expte. 1697/170 presentado por la Comunidad Indígena Diaguita de El Mollar a la Fiscalía de Estado de la Provincia de Tucumán.

  • 14 Cfr. Expte. Nro. 6974/110-C-05 presentado por la UPND a la Gobernación de la Provincia de Tucumán; o, también, los Expte. Nro. 4293-232-C-2005 presentado por la UPND a la Secretaría de Estado de Cultura de la Nación o el Expte. Nro. 1304/232 M 2006 presentado por la Comunidad Indígena Diaguita de El Mollar ante la Secretaria de Estado de Cultura de la Provincia de Tucumán.

vestigios de los “antiguos”, hay varias otras manifestaciones arqueológicas que no les son tan conocidas. Parte de su paisaje cotidiano, no lo distinguen del resto de los rasgos del terreno. Es difícil atender, proteger, preservar lo que se desconoce (López y Manasse 2001). Desde el ámbito educativo tampoco hay aportes significativos en este sentido, ya que los docentes –en su gran mayoría foráneos al Valle- no cuentan con las herramientas necesarias (Manasse y Camerlingo 2007). Actualmente, ellos están apelando justamente a las Comunidades Indígenas de cada una de las localidades para obtener el asesoramiento y la información pertinentes. Procurar superar la situación descripta, con el fin de responder a la demanda de información requerida para afrontar los procesos judiciales, constituyó un serio desafío metodológico.

Mapeando territorio indígena desde las evidencias del pasado 15

Para demarcar los territorios tradicionales / ancestrales de las comunidades indígenas del Valle de Tafí nos vimos en la necesidad de ahondar desde el punto de vista conceptual y teórico varias concepciones clásicas de la disciplina arqueológica. Los mapas que estamos construyendo van más allá del registro de evidencias arqueológicas (su localización, características visibles en superficie, interpretaciones vinculadas a su funcionalidad, articulación espacial, antigüedad, etc.), incluyendo sentidos extra-disciplinares, intereses subjetivos y memorias que los configuran, ampliando los rangos temporales y los soportes espaciales de referencia. Se articulan con otros mapas que refieren al uso actual de las tierras que ocupan, que significan, o con aquellos que han caracterizado la vida de estos pueblos muchas décadas atrás. Desde nuestra práctica profesional optamos por apelar a la realización de Talleres Participativos de Formación y Capacitación Mutua: equipo profesional – representantes de las comunidades indígenas, coordinados por sus caciques y por la coordinadora de este Proyecto. Estos Talleres tienen por fin compartir intereses, objetivos, formas de percepción, definición y detección de problemas, además de la determinación de líneas de acción. Básicamente se trabaja a partir de:

a) Relevamiento de conocimiento previo (comunitario y científico) sobre evidencias arqueológicas existentes en el territorio de la UPDVT (su localización, características, interpretación, etc.). Ello implica tanto la requisa bibliográfica/documental como el registro oral del conocimiento comunitario al respecto. Se elaboran informes a partir de los resultados que se van produciendo en lenguaje accesible. b) Prospección y relevamiento arqueológicos. Se llevan a cabo prospecciones arqueológicas sistemáticas respondiendo a estrategias delineadas conjuntamente con la UPDVT. Esto es, se realiza una Primer Evaluación que permite delinear prioridades, acondicionando el trabajo de campo a las necesidades de cada una de las comunidades integrantes de la Unión, buscando a su vez optimizar esfuerzo, tiempo y equipo. Una vez cubierta esta Primer Etapa, la información obtenida, así como las inquietudes surgidas, son utilizadas para diseñar una segunda etapa de trabajo de campo. Esta última

15 Refiero de aquí en más a consideraciones teóricas y metodológicas desarrolladas en el marco de dos proyectos íntimamente vinculados dirigidos por la autora:

1.- “Revalorizando nuestras Raíces”, Proyecto de Voluntariado Universitario ejecutado en el 2007 desde la Escuela de Arqueología de la UNCa, con participación de estudiantes de esta Escuela, de la Facultad de Tecnología de la misma Universidad, así como de la Facultades de Ciencias Naturales y de Filosofía y Letras de la UNT. De este proyecto participaron los estudiantes universitarios Lorena Vaqué, Antonela Nagel, Cecilia Castellanos, Soledad Ibáñez, Ingrid Aguilar, Daniela Fernández, Evangelina Giulette , Javier Patané, Gabriel Montini, Luis Ledesma, Giselle Ragout, Alejandra Monjes, Lucrecia Baluczynsky, Gabriela Quirós y Fernanda Sansone, y el Lic. Rodolfo Cruz. 2.- Registro y Carta Arqueológica en el territorio de la Unión de los Pueblos Diaguitas del Valle de Tafí. Proyecto en desarrollo, presentado al INAI en enero de 2007, aún sin ejecución formal.

contempla el relevamiento fotográfico y gráfico, descripción sistematizada (fichas descriptivas) y, de ser factible, el relevamiento topográfico de algún espacio que así lo requiera. Cada sitio es localizado por medio de coordenadas satelitales. Si fuera necesaria la realización de excavaciones arqueológicas a los fines de profundizar / cotejar la información obtenida, ellas se efectuarán previa aprobación específica de la UPDVT, luego de ser evaluado conjuntamente con el grupo científico.

  • c) Detección / identificación de situaciones problemáticas. Durante el trabajo de campo de

prospección y relevamiento se lleva un cuidadoso registro de distintas situaciones de riesgo de

las evidencias arqueológicas. Se lleva a cabo una evaluación preliminar de las condiciones de preservación y riesgo relativo.

  • d) Tareas de extensión en medios de comunicación locales y escuelas. Durante gran parte del

desarrollo de nuestro trabajo se llevan a cabo tareas de extensión y difusión de nuestras actividades. Se aprovecha la época de dictado de clases en el Valle (período especial) para realizar trabajos en las escuelas.

  • e) Elaboración de un Registro de Recursos Arqueológicos del territorio de la UPDVT, que

contemple su localización, características, condiciones de preservación y riesgo relativo. Su

formato es consensuado con los beneficiarios.

  • f) Actualización de la Información Arqueológica, en base a la información elaborada. La

misma se lleva a cabo a medida que avanza el trabajo, sin embargo, en esta última etapa se

prevé la elaboración de un Informe en lenguaje sencillo, que complemente aquel efectuado a comienzos de nuestro trabajo. Su formato es consensuado con los beneficiarios.

  • g) Elaboración de Informes. La elaboración de Informes es permanente. Los resultados son

expuestos ante al UPDTV tanto en forma oral como escrita y gráfica. Se elaboran, también,

informes técnicos de sectores o problemas específicos que son presentados junto con la Comunidad involucrada a la Dirección de Patrimonio Cultural de la Provincia u otros estamentos gubernamentales pertinentes.

Articulación de saberes

La definición de los objetivos que integran nuestra práctica profesional fue elaborada en un ir y venir de planteos, definiciones, negociaciones y recortes entre un conjunto de sujetos que, en principio, implicaron a los caciques de las cuatro comunidades involucradas, abogados de la Comisión de Juristas Indígenas de la Nación, nosotros - como profesionales -, comuneros y estudiantes de arqueología. Con el fin de lograr una construcción de conocimientos conjunta sobre las evidencias del pasado prehispánico en el Valle se van creando espacios de interlocución (talleres, encuentros), instancias en los que profesionales y comuneros articulamos e integramos saberes e información, delineamos estrategias y definimos prioridades. Estos espacios pueden incluir a las cuatro comunidades, pero, mayormente, los organizamos por separado. Ello, en función de intereses y prioridades específicas a cada una de ellas que, en algunos casos no dejan de ser contrapuestos. Como las reuniones centrales convocan a las cuatro comunidades, estos disensos son trabajados en esos contextos. La metodología de trabajo fue variando. En muchos casos se realizaron entrevistas semi- estructuradas personales (“individuales”: profesionales - comuneros), en otras, grupales (“grupo focal”: con varias personas de la comunidad). Las consignas se centran alrededor de la identificación, cualificación y localización de evidencias que se consideran relevantes para mapear el territorio indígena. A fin de avanzar en la construcción de mapas temáticos trabajamos con croquis, fotos – aportadas por el equipo técnico y por los comuneros -, fotos aéreas y las imágenes del

Google-Earth. Ello nos permitió, a los comuneros y a nosotros, establecer una relación paisaje – localización – interrelación y características de los elementos a ser registrados 16 . Las Comunidades y sus Zonas de Base 17 van delimitando áreas específicas que serán sujetas a prospección. Su selección atiende a diferentes criterios, entre los cuales también están los que proponemos desde el equipo técnico. Así por ejemplo, se prioriza áreas que desde la literatura científica no se conocen, pero también otras que, por más que ya cuenten con referencias, ellas sean incompletas según la información que se va recopilando. Un elemento de suma importancia, tanto para la Comunidad de La Angostura como para la de Casas Viejas, es el registro de evidencias con fuerte sentido espiritual. Tanto la Comunidad de El Mollar y especialmente la de Tafí, priorizan, por sus particulares coyunturas, áreas que están en riesgo de afección por el desarrollo urbano / contra-urbano o la expansión de cultivos de mercado. Esta relevancia, consensuada entre el equipo técnico y los comuneros, responde a criterios diversos, aunque siempre tendiendo finalmente a buscar la “inteligibilidad”, la “representatividad”, en términos que judicialmente puedan ser atendidos, defendidos. Ello suele superar las definiciones estrictamente arqueológicas, aunque también en algunos casos, obliga a soslayar, poner en un segundo término, la conceptualización indígena. Como otro espacio de articulación están las distintas instancias del Trabajo de Campo. Estas implican, por un lado, las entrevistas personalizadas (a domicilio) que son llevadas a cabo de acuerdo a los criterios de los comuneros y se efectúan siempre con algunos de los que vienen participando activamente de este trabajo. Las entrevistas se enriquecen mucho al conformarse este tercer sujeto. Y como uno de los elementos que fuimos valorando en el desarrollo de nuestra práctica, es muy importante el espacio que brinda el trabajo de registro de evidencias en el terreno para articular conocimientos, intercambiar opiniones y vislumbrar percepciones. Nos fuimos capacitando para identificar, delimitar y caracterizar evidencias, pero también para llevar a cabo el registro técnico de estas evidencias relevantes del pasado local 18 . Más allá de aquellas identificaciones y la caracterización concreta de las evidencias, los comuneros que participan - siempre en relación con el área que se recorre -, “completan” la información con referencias sobre la historia de las mismas, sus contextos, como también, datos históricos, antropológicos, espirituales, etc. Es tal que vamos agregando, como estrategia de trabajo, el registro oral durante el desarrollo del mismo.

Paisaje Arqueológico Previo

  • 16 Cuando ya nos encontrábamos trabajando hacia unos meses conocimos la interesante experiencia llevada a cabo en New South Wales, Ausatralia, por parte del por entonces Servicio de Parques Nacionales y Vida Silvestre. (Ver Byrne y Nugent 2004) que nos ha servido para cotejar y contrastar nuestras ideas y evaluar otras nuevas.

  • 17 Estas Zonas de Base corresponden a organizaciones de menor jerarquía dentro de una Comunidad, que se conforman por localidades, barrios. Es muy importante señalar que, a pesar de que podríamos considerar al valle de Tafí como un espacio relativamente reducido y claramente identificable como unidad de paisaje e historia, ello es totalmente falaz. Basta quizás con mencionar que mucha gente de Tacanas, por ejemplo, jamás fue al Rincón, o que la gente del Churqui, solo pasa con el colectivo por El Mollar, pero no conoce mayormente su gente ni sus prácticas. Cada localidad tiene historias particulares vinculadas a la tierra y presenta diferencias, aún en la actualidad, en lo que respecta a su economía (Ver Cainzo y Arenas 2005, por ejemplo. Ello también salta con claridad en nuestros talleres de construcción de la historia local, que realizamos con la coordinación de R. Cruz).

  • 18 Se trabaja con Fichas de Registro que, más allá de sistematizar la información básica necesaria, permiten la incorporación de información de diverso carácter. El instrumental de campo se compone mayormente de un navegador satelital, cintas métricas, grabadores de voz y cámaras fotográficas digitales. Los comuneros que participan del trabajo de campo aprenden a utilizar estos sistemas y medios de registro. Cabe señalar que las Fichas de Prospección, así como las de relevamiento bibliográfico / documental, al igual que los registros levantados durante los trabajos fuera del campo, son permanentemente evaluados conjuntamente con las comunidades.

Ante la significativa alteración y destrucción de las evidencias materiales del pasado prehispánico y colonial del Valle, estamos desarrollando estrategias diversas y complementarias que permitan “reconstruir” el Paisaje Arqueológico Previo. Esto es, determinar presencia, localización y características de restos arqueológicos que hoy ya no son visibles, sea porque han sido trasladados (por caso, los menhires), alterados, obstruida su visibilidad (por forestación, cultivos u obras de viviendas, etc.) o directamente destruidos. En algunos casos, esto ha sucedido hace ya bastante tiempo, por caso, la construcción del Dique de La Angostura (1975) o el traslado masivo de los “menhires” por parte del último gobierno de facto (1978). Pero, en otros se trata de apenas unos días. Por eso consideramos necesario incorporar esta información a nuestros registros. Se trabaja sobre distintos frentes. Por un lado, en la requisa bibliográfica marcamos ubicación y características de sitios que solo ocasionalmente hoy se presentan del modo en que fueran descritos en la época de publicación del trabajo. Apelamos, junto con miembros de las distintas Comunidades al análisis cuidadoso de las imágenes publicadas, procurando reconstruir con el mayor detalle posible esa información. Analizamos fotos aéreas de distintas épocas que, con el auxilio del Google-Earth, nos va permitiendo, a los comuneros y a nosotros, establecer una relación paisaje – localización – interrelación y características de los elementos a ser registrados. Otro recurso de interés, sobre el que recién estamos avanzando, es la revisión de fotografías personales, pero también de publicaciones antiguas. Ello es trabajado en reuniones con algunas personas de cada comunidad, los de mayor edad, pero también aquellos jóvenes que desde niños recorren el campo y los cerros. Toda esta información que se registra por escrito y grabada, fotografiada, es completada, a veces incluso contrastada, en los trabajos de campo 19 .

Primeras evaluaciones

En pos de realizar primeras apreciaciones de un trabajo en curso, quiero destacar algunos elementos que considero de interés. En primer lugar, amerita detenerse brevemente sobre la articulación, interacción con estas Comunidades. Como ya lo señalara con anterioridad, se trata de cuatro Comunidades Indígenas que comprenden un territorio muy extenso. Sin desconocer los diferentes capitales culturales –y digo diferentes: ni superiores ni inferiores -, podemos destacar que se ha logrado una relación de “pares”. Es necesario tomar en cuenta que el trabajo se está realizando con un gran número de personas –alrededor de 900 familias -, lo que conlleva que tengamos que reiniciar constantemente estrategias que nos permitan lograr ese tipo de interacción. Aunque hoy por hoy, ello se ve aliviado por la intervención de los comuneros que ya conocen más a fondo el trabajo que estamos realizando, en no pocas oportunidades enfrentamos posiciones de resistencia o de franca oposición. Pensar a estas comunidades como unidades homogéneas es quitarles historicidad y carácter político 20 . En segundo término, nos llama a la reflexión, nos impacta cada vez, el trabajo en particular con la gente de mayor edad. Parte de ella da cuenta de un conocimiento bastante limitado y general de lo que serían evidencias arqueológicas en sus territorios. Conversando con sus hijos, parientes o conocidos, y entre nosotros mismos, parece quedar clara la escasa atención

  • 19 El trabajo en campo siempre se realiza con miembros de las comunidades cuyo territorio se está recorriendo a los fines de llevar a cabo esa parte del Relevamiento.

  • 20 Hay comuneros que no quieren participar sus conocimientos por recelo; cosa absolutamente comprensible en el contexto de una región que por décadas ha recibido decenas de científicos, han visto pasar varios equipos de investigación diversos que les “sacaban información” y que jamás hicieron “devolución” alguna. O, también, hay otros que, por causas que no tenemos espacio para desarrollar aquí - no logran una autovaloración que les permita interactuar más horizontalmente con nosotros (Camerlingo, Manasse y Powell 1994).

que han prestado a la materialidad prehispánica. Muchos de ellos han caminado, recorrido por décadas el Valle, pero los restos evidentemente estaban integrados, fundidos a su paisaje cotidiano. No tenían un significado específico. Algunas personas mayores destacan que sus padres les decían que debían alejarse de los

asentamientos prehispánicos. No son lugares buenos para andar y menos aún tocar o levantar piezas, huesos…

En cambio, otros directamente sostienen que no sentían tener vínculo alguno con estos restos de indios. No eran de ellos; ni siquiera, los menhires. Podríamos decir, que en varios de estos casos queda manifiesto un vaciamiento del pasado, propio de una desestructuración cultural que ya lleva demasiadas generaciones. En un creciente proceso de alienación, la población local fue tomando distancia de aquello que más la subalternizaba: su carácter de pobladores nativos. Por el contrario, el intercambio más fructífero lo estamos teniendo con hombres y mujeres de mediana edad y jóvenes que de algún modo se dedican o dedicaban a la cría de ganado vacuno, ovino y caballar y que, por ende, al igual que sus padres y abuelos, suelen recorrer el valle, sus cerros y quebradas. Personas algo más desligadas de la historia de sojuzgamiento que sufrieron sus padres y abuelos, parecen haber podido despegar de ciertas percepciones peyorativas sobre su propio pasado. Ellos son los que participan en los trabajos en campo, aportando cúmulos de información muy importantes. Más recientemente, ellos mismos están realizando varias de las entrevistas con resultados realmente interesantes. Los talleres vienen aportando datos, mapas preliminares que siempre son mucho más que arqueológicos. Y son espacios de crecimiento, de construcción de estrategias, de discusiones diversas. La información se articula con lo que podemos ir recabando en las entrevistas y conversaciones más informales. Y es revisada con la que vamos construyendo a partir de los trabajos en campo. Como señalamos más arriba, estos últimos espacios, significan un aporte muy significativo.

Saberes producidos

Nuestro trabajo progresivamente se fue orientando hacia las prioridades marcadas desde la UPDTV. Inicialmente fuimos avanzando en la elaboración de un Registro y Carta Arqueológicos relevantes para la construcción de su historia y avanzar, con ello, en su fortalecimiento cultural, identitario y territorial. Sin embargo, con el desarrollo de nuestro trabajo, este último punto –el territorial- fue cobrando mayor peso en función de la promulgación a fines del 2006 de la Ley 26.160 y, en agosto de 2007, de su reglamentación 21 . De tal modo, si bien atendemos a los objetivos vinculados al “fortalecimiento cultural e identitario 22 ”, nuestro mayor esfuerzo se orienta, al presente, a delinear un Registro y Carta Arqueológicos con información relevante y significativa, también, a los ojos de la Justicia que entenderá en el reconocimiento y la entrega / devolución de las tierras a las Comunidades Indígenas. Más allá de la diferencias de criterios entre las Comunidades y, aún, en sus distintas Zonas de Base, trabajamos en primer lugar sobre evidencias aún visibles en superficie en espacios aún accesibles en la actualidad. Los comuneros señalan lugares con restos arquitectónicos:

mayormente “corralitos”, morteros comunales y menhires, pero ahora también todo tipo de estructuras arquitectónicas - domésticas, de función productiva o estratégicas -. Tanto en Casas Viejas como en La Angostura se trabajó, también, sobre otro tipo de evidencias concebidas como de sentido simbólico / ritual / espiritual, como los sitios LA-

  • 21 La autora fue designada por la UPDTV, junto a otros colegas de nuestro equipo de investigación, para formar parte del Equipo Técnico que desde la Universidad Nacional de Tucumán abordará el Relevamiento Territorial que indica dicha Ley.

  • 22 Concepto utilizado por los comuneros, en función de preceptos trazados desde el INAI.

ALM 2 (con una serie de piedras paradas que conforman una estructura cuadrangular) o LA- B12 (con estructuras arquitectónicas sobre un filo, que se asocian a un mortero colocado verticalmente: “mortero del tiempo”), CV-B11 (con estructuras monticulares), etc. Nuestra opinión, estrictamente técnica, es atendida sin necesidad de modificar la percepción de los comuneros, particularmente para la elaboración de los informes. Sin embargo, fuimos viendo la importancia de asentar las diferentes miradas, ya que ello es fundamental a la hora de la evaluación judicial de estos territorios. Gracias al trabajo realizado sobre el Paisaje Arqueológico Previo estamos pudiendo recuperar información arqueológica de áreas que hoy no dan cuenta de la presencia de cierto valor ancestral. Así, se ha podido “de-construir” algunos viejos corrales (Montini 2007), comprender mejor el emplazamiento de morteros comunales, así como obtener un primer panorama de las características de uso del espacio en tiempos prehispánicos y coloniales en áreas como la que hoy se encuentra bajo las aguas del Dique La Angostura. Hay relatos muy interesantes de su paisaje previo, así como de sucesos vinculados a su sentido en la vida cotidiana de la gente. Así, también, por ejemplo, de la localización y emplazamiento de menhires que fueron removidos durante la última dictadura militar – tema recurrente en las conversaciones con la gente -; de morteros comunales extraídos o de áreas completas de sitios afectados por una u otra causa. En La Angostura o El Mollar, estamos registrando zonas en donde tiempo atrás fueran halladas vasijas, urnas o piezas labradas en piedra y metal como producto de excavaciones de fines diversos. Aunque hasta el momento no hemos dado con alguna de esas piezas, resulta relevante la referencia en tanto incorpora al área de hallazgo como punto dentro de un espacio arqueológicamente relevante. Desde un punto de vista metodológico nos cuesta, especialmente en algunas Zonas de Base, superar interpretaciones puntuales del paisaje arqueológico, herencia de conceptos impuestos por nuestra disciplina desde fines del siglo XIX en la región, que hacen del resto visible el punto de referencia y de valoración único. Pensar el espacio como continuo, tal como lo vemos y usamos en la actualidad, sirvió como herramienta para comenzar a integrar restos a uno y otro lado de campos arados o de espacios habitados. Otras zonas, por el contrario, inmediatamente realizan descripciones de gran envergadura espacial y muy sistemáticas, que permitiendo obtener un panorama integrador del área (La Angostura y El Mollar). Ahora, hay un punto que creo amerita una reflexión más detenida: es notable la escasa relevancia que tiene para los comuneros la asignación temporal y cultural – étnica de las evidencias arqueológicas; hoy por hoy, todo está configurando este nuevo patrimonio que resulta en recurso de suma importancia a la hora de fundamentar los reclamos territoriales. Más allá de la extrañeza que puede causar desde nuestra perspectiva profesional, en nuestras conversaciones siempre apelan a la indianidad como criterio básico de referencia. Podemos sintetizar los saberes construidos en el tipo y la localización de evidencias, que con nuestra intervención se fueron articulando en paisajes dinámicos; el grado de preservación y los posibles riesgos de afección más puntual o espacialmente abarcativo; interpretaciones funcionales, o de significado; la historia contextual de las evidencias, cómo se integran en la vida cotidiana de la gente, hoy y con anterioridad, cómo se integran al paisaje y a la historia de estas comunidades. La identificación de las evidencias siempre se realiza, por ello, de acuerdo a la nominación local. Sin toda esta información, es claro, serían muy diferentes los mapas que construiríamos apostándole tan solo a la información obtenida como producto de la revisión bibliográfica y la prospección e investigación estrictamente arqueológicas. Consensuados los contenidos de los mismos, estamos en la tarea de (más allá de su ampliación) otorgarle sentido jurídico suficiente.

Colectivo social

En esta lucha por construir un nuevo presente y un futuro más promisorio y socialmente equitativo, es interesante evaluar desde dónde y cómo estamos articulando saberes. Recreando memorias, historias locales, usos y sentidos de la ocupación territorial, reconocimiento de espacios sagrados y rituales e implicando conocimientos científicos, arqueológicos e históricos concretos, nos encontramos trabajando par a par construyendo la información que pueda servir para demandar, exigir, la entrega por parte del Estado Nacional de las tierras que constituyen uno de los patrimonios esenciales de los pobladores nativos del Valle. Estudiantes y profesionales estamos involucrados como habitantes de esta nación en esta problemática. Unir, articular los capitales de cada uno de los sectores de esta sociedad implica la construcción de un nuevo conocimiento que, lejos de ser neutral, apuesta a una reivindicación, a un reposicionamiento político histórico.

“Si nuestro lugar como profesionales argentinos no es distinto al de nuestros pobladores,

al decir de Homi Bhabha, ahora sólo podemos vivir entre las grietas, en el “entre medio”, de los dominios del Imperio.” Belli y Slavutsky 2007. Somos arte y parte en esta coyuntura social, política e histórica; formamos parte de un colectivo subalternizado y como tal trabajamos con nuestros pares en salidas / entradas

alternativas. Trabajarlo con colegas, con estudiantes y los comuneros hacen de esto una experiencia (científica, política) sumamente enriquecedora.

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