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Hacia una arqueología del saber

El título de su libro La arqueología del saber resulta por demás subjetivo. En él Michel
Foucault procura explicar –partiendo de la problemática filosófica contemporánea– las
condiciones y posibilidades de la historia del saber, dado que "Hubo un tiempo en que
la arqueología como disciplina de los monumentos mudos, de los restos inertes, de los
objetos sin contexto y de las cosas dejadas por el pasado, tendía a la historia y no
adquiría sentido sino por la restitución de un discurso histórico; podría decirse,
jugando un poco con las palabras, que, en nuestros días, la historia tiende a la
arqueología, a la descripción intrínseca del monumento." (La arqueología del saber, p.
11).

El sentido que Foucault otorga al término "arqueología" no apunta a establecer un


origen o determinar un principio, sino a realizar –a la manera de la ciencia
arqueológica– una descripción intrínseca de los monumentos, esto es, de los discursos.
Lo que le interesa mostrar es que no existen por una parte discursos inertes y por otra
sujetos que los manipulan o los renuevan, sino que los sujetos forman parte del campo
discursivo, en el que ocupan una posición (con posibilidades de desplazamiento) y en el
que cumplen una función (con posibilidades de mutación).

El autor sitúa su obra dentro de la polémica suscitada en torno a esa "... disciplina de los
lenguajes flotantes, de las obras informes, de los temas no ligados" (La arqueología...,
p. 230), la historia de las ideas, que no da cuenta de la historia de las ciencias, "... sino
la de esos conocimientos imperfectos, mal fundamentados, que jamás han podido
alcanzar /.../ la forma de cientificidad", pero que "... se atribuye la tarea de atravesar
las disciplinas existentes, de tratarlas y de reinterpretarlas."(La arqueología..., pp. 229-
230)

Frente a esa historia de las ideas, sustentada en categorías provenientes de las ciencias
humanas que la conducen a una continuidad lineal, a una historia sin interrupciones,
Foucault postula una historia basada en una noción de discontinuidad, que es a la vez
instrumento y objeto de investigación. Tal categoría de discontinuidad es, al mismo
tiempo, una operación deliberada del historiador, un resultado de la descripción
histórica y un concepto metodológico, gracias al cual "... deja de ser el negativo de la
lectura histórica (su envés, su fracaso, el límite de su poder), para convertirse en el
elemento positivo que determina su objeto y la validez de su análisis." (La
arqueología..., pp. 13-15). La discontinuidad se despliega en un entramado de
transformaciones diferentes, ligadas entre sí según esquemas de dependencia. La
historia no es otra cosa que el análisis descriptivo y la teoría de estas dependencias.