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Es preciso puntualizar el

concepto de “Trauma” y
atribuirle el lugar epistémico
adecuado para entender los
diferentes procesamientos
psíquicos y también para el
abordaje clínico.
Propongo a “Lo Traumático”
como un abordaje integrativo de
un procesamiento psíquico de
desarticulación entre afecto y
representación, que enfatiza las
diferentes dimensiones y
manifestaciones del trauma.
(Benyakar, M.; 2007).
Ante los fenómenos fácticos me
preguntaba: ¿es eso lo traumático o es
el modo en que cada uno de los
individuos lo vivía? ¿Todos los que
participaron en un accidente tuvieron
un trauma? ¿Sólo los que mostraban
algún tipo de manifestación extraña
estaban traumatizados? Ahí me dije: –
¡No! La explosión de una bomba no es
un trauma, un accidente no es un
trauma, una violación tampoco.
Calificar una situación como
traumática por la potencia o
intensidad que el consenso
social le asigna es adjudicar un
rasgo propio del orden psíquico
a un evento del orden de lo
fáctico.
Por medio del concepto “Lo
Disruptivo” pretendo dejar
sentado en forma clara el lugar
de “lo traumático” única y
exclusivamente como un
fenómeno psíquico, provocado
por un impacto externo que
causa una falla de la capacidad
procesual (Benyakar,M.; 2003).
“Lo Disruptivo” cualifica la
capacidad potencial de un
fenómeno fáctico de
desestabilizar los
procesamientos psíquicos.
Y como fenómeno fáctico
relacional, lo disruptivo, nos
permite remitirnos, analizar las
cualidades y evaluar la
dinámica de un accidente, una
violación, una crisis, o cualquier
tipo de relación movilizante para
el psiquismo, desde su
perspectiva fáctica.
Por lo tanto, veremos que
habrá eventos o entornos
disruptivos que pueden, o no,
generar procesos psíquicos
del orden de lo traumático.
Es desde esta perspectiva que,
para abordar las cualidades del
trauma como fenómeno
psíquico, tuve que valerme del
concepto de
“Vivencia Traumática”.
Defino “Vivencia Traumática” y
“Vivenciar Traumático” como
procesos psíquicos de
desarticulación entre el afecto y
la representación.
Cualquier evento disruptivo que incida en un
psiquismo constituido, con defensas
adecuadas, podrá provocar una “vivencia
traumática”. Ésta, entonces, está relacionada
a un evento fáctico circunscrito en el tiempo
y en el espacio (Benyakar 1989).
A diferencia de esto el “vivenciar traumático”
remite a un proceso en el cual el displacer y
la frustración se transforman en constantes
procesos de un psiquismo que tiende a
estructurarse, con un afecto que carece de
representación.
“Lo Traumático” no es lo que
sucedió, sino el modo en que
cada psiquismo lo vivencia.
Al hablar de trauma, nos
estamos refiriendo a una
modalidad de procesamiento
psíquico que, paradójicamente,
es la falta de capacidad de
procesamiento, a lo que
Benyakar he llamado:
“La vivencia de no vivencia”.
La experiencia, es la
conjugación del evento fáctico
(el accidente, la explosión de
una bomba, etc.) con la vivencia
concomitante, o sea el modo en
que el psiquismo de la persona
en cuestión ha podido articular
el afecto emergente con la
representación correspondiente.
Las experiencias pueden ser
terribles y pueden tener
impactos disruptivos
sumamente movilizantes o
desorganizantes, pero por
mayor que sea la magnitud del
evento fáctico, no siempre esas
experiencias se caracterizan por
estar compuestas por vivencias
traumáticas.
La experiencia es la
conjugación de dos factores
básicos: un componente fáctico
disruptivo o no, y el
procesamiento psíquico que
puede ser traumático o no.
La vivencia es inefable.
Pretender que un paciente cuente,
por medio de palabras, una
vivencia, sería como solicitarle
que relate la represión, la
inhibición, u otros mecanismos
psíquicos… Por lo tanto, la
vivencia es inferida por el analista
y no relatada por el paciente.
Nuestra función no es sólo escuchar lo
sucedido, corriendo el peligro de quedar
atrapados en la trama situacional, sino
inferir acerca de la modalidad del
procesamiento psíquico, que puede ser
traumático o no. Es decir que lo que
estaríamos tratando de dilucidar es si
existe una adecuada articulación entre el
afecto y la representación, o si estamos
frente a la presencia de un proceso de
desarticulación, como en el caso de la
“Vivencia Traumática”.
La Vivencia Traumática no
pertenece ni al orden de la
represión, ni al orden del
conflicto, sino que se trata de
un proceso psíquico de
desarticulación que se gesta
por no haber podido introyectar
el impacto disruptivo en forma
activa.
Decir que la vivencia es inefable
no implica que sea inabordable.
“Lo Traumático”, se puede abordar más
eficazmente desde la interpretación
vivencial de las sensaciones.
Es a este tipo de interpretaciones que
se las llama “Interpretaciones
Figurativas”, ya que a partir de lo
postulado por Freud en “La
interpretación de los sueños”, las
figuras son las creaciones más arcaicas
de nuestro psiquismo, siendo ellas las
representantes de las sensaciones
como afecto.
La “figurabilidad” servirá de
base para el desarrollo de las
palabras plenas, o palabras que
dicen afectos.
Nuestra labor clínica, en este
tipo de situaciones, el uso de
palabras que remitan a una
causalidad, puede llevar a una
labor más conectada con
procesos cognitivos, en vez de
abordar a lo traumático desde
los procesos inconscientes más
originarios, al decir de Piera
Aulagnier.