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Conversaciones en Estado de Excepción: La masificación de los dispositivos de captura y encierro en Chile.

18 y 19 de Junio. Sala de Conferencias del Departamento de Filosofía de la UMCE.
El filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etc. El delincuente produce delitos…. El delincuente no produce solamente delitos: produce, además, el derecho penal y, con ello, al mismo tiempo, al profesor encargado de sustentar cursos sobre esta materia y, además, el inevitable compendio en que este mismo profesor lanza al mercado sus lecciones como una “mercancía”…El delincuente produce, asimismo, toda la policía y la administración de justicia penal: esbirros, jueces, verdugos, jurados, etc., y, a su vez, todas estas diferentes ramas de industria que representan otras tantas categorías de la división social del trabajo; desarrollan diferentes capacidades del espíritu humano, crean nuevas necesidades y nuevos modos de satisfacerlas. Solamente la tortura ha dado pie a los más ingeniosos inventos mecánicos y ocupa, en la producción de sus instrumentos, a gran número de honrados artesanos.

Marx

El Programa de Estudios en Biopolíticas Educacionales del Departamento de Filosofía de la UMCE, junto al Grupo de Investigación en Educación y Poder convocan para los días 18 y 19 de Junio las IV jornadas de: “Conversaciones en Estado de Excepción”, que este año tendrá como tema central: La masificación de los dispositivos de captura y encierro en Chile. Las conversaciones reunirán a especialistas, intelectuales y colectivos críticos del sistema de prisiones.

A modo de reseña Chile figura entre los 5 países con la mayor tasa de presos en el mundo. La tasa de encarcelamiento chilena supera los 340 presos por cada 100.000 habitantes – en comparación con Brasil que posee 227 y Argentina que cuenta 154 presos por cada 100.000 habitantes. La población encarcelada crece sostenidamente, ampliándose con ello el hacinamiento, llegando incluso a superar niveles de sobrepoblación por sobre el 150% en algunas prisiones del país. Este panorama mantiene a más de 60.000 presos en las prisiones del país, lo que viene a echar por tierra la tesis de la puerta giratoria. Junto a lo anterior observamos que las altas tasas de reincidencia vuelven estériles las tesis de la cárcel como institución resocializadora y rehabilitadora. Ambas tesis, son las que deseamos problematizar, a partir de una serie de deconstrucciones, en donde la nueva organización de las penas se establece en relación al control de las poblaciones excluidas, focalizada sobre los jóvenes y los

pobres como parte del despliegue del Estado Guerra; la residualidad, el resto, la excedencia que produce el neoliberalismo son los cuerpos de los que se nutre la maquinaria penal de captura en Chile, y a quienes el castigo, bajo la forma del presidio, recae principalmente por ser poblaciones excluidas y marginadas del mercado laboral, instalando a esta fuerza en una forma de producción de otro orden. Si en Chile actual prácticamente la humanidad se define por su pertenencia consumidora al mercado, y si tal pertenencia no es automática ni mucho menos para los miembros de la especie biológica, estamos viendo emerger un exceso de homo sapiens sobre los consumidores-humanos. Este exceso de vida existe, e insiste alzándose como atentado sobre la seguridad de la humanidad consumidora. Muchos quedan dispersos, a sus expensas, y los que no tendrán en las prisiones un lugar prometido. La cárcel ya no será un lugar de rehabilitación, sino de exclusión vitalicia: l@s pres@s no “egresarán” del encierro como ciudadanos, ni mucho menos como consumidores o emprendedores, como nos quieren hacer creer; sino como futuros reincidentes y, por esta vía, transformados en seres vivientes despojados de derechos, de palabra, de existencia. El hacinamiento progresivo de las prisiones y la trágica muerte de 81 presos en la cárcel de San Miguel en 2010, así como los discursos sobre la (in)seguridad “pública”, han reabierto el debate sobre la cárcel y sus procesos de modernización, que se llevan a cabo a través de distintas instituciones estatales y privadas. Asistimos con ello a un conjunto de disposiciones biopolíticas que transforman los poderes penales y reorganizan el escenario penal, desde la puesta en marcha de nuevos saberes y prácticas en el medio carcelario, nuevos protocolos de acción policial hasta cambios jurídicos, nos ubican ante una mutación del poder que gobierna las prisiones, que se expande hacia formas de control que sobrepasan los muros, instalándose como forma de poder expandido. En este umbral móvil de captura, que supera constantemente sus límites, se potencia un discurso gubernamental en que la gestión y administración carcelaria sustenta un paradigma mucho más profundo para la “administración” de la conflictividad social en su conjunto. El sistema penitenciario chileno se encuentra en una profunda crisis, la que se enfrenta desde la concesión y privatización de las cárceles y centros de detención infantiles, ubicándonos en un nuevo paradigma de producción de delincuencia y criminalidad, esta vez con una base no estatal, sino privada, indiferenciando con ello Estado y Empresa productora de criminalidad. En este sentido vale preguntarse ¿Cómo se ejerce el gobierno de las poblaciones excluidas? Y desde esta pregunta ¿Cuáles son las nuevas tecnologías de contención, exclusión y castigo de la pobreza, del resto-humano y la residualidad? ¿Cómo se da la administración de las prisiones en el contexto de una privatización de los dispositivos de captura y encierro? En definitiva ¿Cuál es el rol práctico simbólico que juega el encierro carcelario como forma de control que traspasa los muros, como forma de captura de los cuerpos y como pieza en de producción de una subjetividad confluyente con la mercantilización radical de lo viviente?