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EXP. N.° 01761-2008-AA/TC
LIMA
JUNTA DIRECTIVA DEL COLEGIO
DE NOTARIOS DE LIMA
SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
En Lima, a los 7 de abril de 2010, el Pleno del Tribunal Constitucional en sesión
de Pleno Jurisdiccional, con la asistencia de los señores magistrados Mesía Ramírez,
Landa Arroyo, Beaumont Callirgos, Calle Hayen, Eto Cruz y Álvarez Miranda,
pronuncia la siguiente sentencia
ASUNTO
Recurso de agravio constitucional interpuesto por la Junta Directiva del Colegio
de Notarios de Lima contra la resolución de la Sala de Derecho Constitucional y Social
Permanente de la Corte Suprema de Justicia de la República, de fojas 60, su fecha 24 de
enero de 2008, que confirmando la apelada declaró improcedente la demanda de amparo
de autos.
ANTECEDENTES
Con fecha 21 de noviembre de 2006, la recurrente debidamente representada por
su decano, don Fausto Macario Montoya Romero, interpone demanda de amparo contra
los señores Julio Enrique Biaggi Gómez, Yolanda Rodríguez Vega y Josefa Vicenta Izaga
Pellegrin, miembros de la Primera Sala Penal para Procesos con Reos en Cárcel de la
Corte Superior de Justicia de Lima, con el objeto que se declare nula la resolución de
fecha 12 de setiembre de 2006, que reformándola declaró fundada la demanda de hábeas
corpus interpuesta por Luis Roy Párraga Cordero, y en consecuencia dispuso el cese de
todo acto administrativo contra el accionante posterior a las resoluciones de la Sala
Constitucional de la Corte Suprema de fechas 6 de diciembre del 2005 y 12 de enero del
2006. Sostiene que se ha vulnerado su derecho constitucional a la tutela procesal efectiva
en su manifestación de la debida motivación de resoluciones y a obtener una sentencia
fundada en derecho, toda vez que los hechos alegados no ameritaban ser analizados en un
proceso de hábeas corpus, que se indica de manera genérica que existe una amenaza
cierta e inminente, que presenta contradicciones y que se interpreta los alcances de la
sentencia de fecha 6 de setiembre de 2005.
Con fecha 8 de marzo de 2007, la Sexta Sala Civil de la Corte Superior de Lima
declaró la improcedencia in limine de la demanda de autos en aplicación del artículo 5º
inciso 6) del Código Procesal Constitucional, conforme al cual no procede el amparo
contra hábeas corpus.
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La Sala revisora, por su parte, confirmó la apelada conforme a los criterios de
procedencia de una demanda de amparo contra amparo establecidos por el Tribunal
Constitucional en la sentencia recaída en el Expediente N.º 200-2002-PA/TC.
FUNDAMENTOS
1. Teniendo en cuenta que mediante el presente proceso de amparo se pretende
cuestionar una sentencia de hábeas corpus, es importante que de modo previo se
verifique la procedencia del amparo contra hábeas corpus, teniendo en cuenta las
interpretaciones que se desprenden del artículo 5º, inciso 6) del Código Procesal
Constitucional, conforme al cual no proceden los procesos constitucionales cuando
“se cuestione una resolución firme recaída en otro proceso constitucional (…)”, así
como el rol que le corresponde al legislador en la interpretación de la Constitución.
2. En reiterada jurisprudencia (Exp. N.º 04208-2007-PA/TC, entre otras), el
Tribunal Constitucional ha considerado que conforme a la sentencia recaída en el
Expediente N.º 04853-2004-AA/TC y bajo el marco de lo establecido por el
Código Procesal Constitucional, existe una serie de reglas constitutivas de
precedente vinculante así como criterios doctrinales de observancia obligatoria en
materia de amparo contra amparo. Conforme se desprende de ellas, la
procedencia de dicho régimen especial se encuentra sujeta a los siguientes
criterios: a) su procedencia se condiciona a los casos en que la vulneración
constitucional resulte evidente o manifiesta; b) su habilitación sólo opera por una
sola y única oportunidad; c) resulta pertinente tanto contra resoluciones judiciales
estimatorias como contra las desestimatorias; d) su habilitación se condiciona a la
vulneración de uno o más derechos constitucionales independientemente de la
naturaleza de los mismos; e) procede en defensa de la doctrina vinculante
establecida por el Tribunal Constitucional; f) se habilita en defensa de los terceros
que no han participado en el proceso constitucional cuestionado y cuyos derechos
han sido vulnerados, así como respecto del recurrente que por razones
extraordinarias no pudo acceder al agravio constitucional; g) es pertinente como
mecanismo de defensa de los precedentes vinculantes establecidos por el Tribunal
Constitucional (STC N.º 03908-2007-PA/TC); y h) no procede en contra de las
decisiones emanadas del Tribunal Constitucional.
3. La interrogante que surge inmediatamente es si tales criterios vinculantes son
también de aplicación en los casos de amparos contra hábeas corpus. Al respecto,
son tres las respuestas que se podrían formular: A) que deben aplicarse al amparo
contra hábeas corpus los mismos criterios del amparo contra amparo; B) que
existen supuestos específicos y excepcionales para el amparo contra hábeas
corpus; o C) que no cabe el control del hábeas corpus mediante el amparo.
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4. Al respecto, este Colegiado estima que la adopción de alguna de las referidas
respuestas, pasa previamente por examinar, en primer término, cuál es el rol del
legislador en el Estado democrático y social de derecho, específicamente en la
interpretación de la Constitución. En segundo lugar, cómo se materializa el
principio de división de poderes especialmente entre el poder jurisdiccional y el
poder legislativo. En tercer lugar, en qué consiste el criterio de interpretación de
la ley conforme con la Constitución y cuál es el rol del legislador democrático en
la interpretación de la Constitución. Y finalmente, en cuarto lugar, verificar cuál
es el rol del hábeas corpus en la protección urgente de la libertad personal y
derechos conexos a ésta, de modo tal que con estos elementos el Tribunal
Constitucional pueda determinar la respuesta a la interrogante formulada.
El Estado democrático y social de Derecho y el rol del legislador
5. El Tribunal Constitucional ha sostenido en reiterada jurisprudencia que el Estado
peruano definido por la Constitución de 1993, presenta las características que
identifican a un Estado democrático y social de derecho, tal como se desprende de
una interpretación conjunta de los artículos 3° y 43° de la Norma Fundamental.
6. En el Estado democrático y social de derecho, la consecución de las condiciones
materiales para alcanzar sus presupuestos, así como el desarrollo y mayor
protección de los derechos fundamentales, ya sean estos civiles, políticos,
sociales o colectivos, requieren de una decidida labor del poder público, y en
especial de una imprescindible participación del Poder Legislativo. En efecto, si
se tiene en cuenta: 1) la configuración de este poder del Estado (Pleno, Comisión
Permanente, Comisiones Parlamentarias, que pueden ser ordinarias, de
investigación y especiales, entre otros órganos); 2) que conforme se desprende de
la Constitución, es uno de los principales órganos de representación del pueblo;
3) que desempeña una amplia y trascendental función normativa en el desarrollo
de la Norma Fundamental; y 4) que la ley, principal producto normativo del
Parlamento, desempeña un rol trascendental en el sistema de fuentes del
ordenamiento jurídico peruano; se puede concluir que la materialización de los
postulados constitucionales tiene en el Legislador a uno de sus principales
actores.
7. Lo antes expuesto no implica, ciertamente, excluir a aquellos otros órganos,
como por ejemplo los jurisdiccionales, que también tienen la obligación de
proteger y hacer efectivos los derechos fundamentales. Tales órganos
jurisdiccionales coadyuvan en los mencionados, fines pero tienen funciones y
límites distintos a aquellos del Poder Legislativo.
El principio de división de poderes. Poder legislativo y poder jurisdiccional
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8. Como tal, la Constitución de 1993 lo ha acogido como principio fundamental,
consignándolo expresamente en el artículo 43° del Título II: Del Estado y la
Nación, al establecer que el gobierno de la República del Perú “(...) se organiza
según el principio de separación de poderes (...)”. Dentro de esta forma de
concebir la organización del Estado, la función jurisdiccional merece una especial
atención, toda vez que constituye la garantía última para la protección de la
libertad de las personas frente a una actuación arbitraria del Poder Ejecutivo o el
Poder Legislativo.
9. Sobre el particular, el Tribunal Constitucional ha sostenido en la sentencia
recaída en el Expediente N.º 0023-2003-AA/TC que la doctrina de la separación
de poderes tiene por esencia evitar, entre otros aspectos, que quien ejerza
funciones administrativas o legislativas realice la función jurisdiccional, y con
ello se desconozcan los derechos y las libertades fundamentales. Asimismo, busca
evitar que quien ejerza la función jurisdiccional desvirtúe las funciones
legislativas atribuidas ordinariamente al Parlamento.
El principio de separación de poderes se encuentra vinculado con el principio
interpretativo de corrección funcional, el cual implica que al realizarse la labor de
interpretación no se debe desvirtuar las funciones y competencias que el
Constituyente ha asignado a cada uno de los órganos constitucionales, de modo
tal que el equilibrio inherente al Estado Constitucional, como presupuesto del
respeto de los derechos fundamentales, se encuentre plenamente garantizado
(Exp. N.º 05854-2005-PA/TC).
10. Tal división no implica una rígida separación entre poderes, sino que se limita a
prevenir que un solo órgano acumule en sí más poderes, no rechazándose a priori
la posibilidad de que –en función de moderación y freno– un órgano comparta el
ejercicio de más poderes. El principio de separación de poderes funciona también
como regla de organización constitucional, la misma que se manifiesta, en una
primera aproximación, en la necesidad que exista una ponderación entre una
pluralidad de centros de poder, puestos en posición de independencia, pero
también de recíproco control entre ellos, para así impedir los abusos. Asimismo,
exige que, pese a compartir determinadas funciones, los poderes del Estado u
órganos estatales se encuentren prohibidos de desnaturalizar las competencias de
otros poderes u órganos. Así, por ejemplo, si bien el Poder Ejecutivo puede
expedir decretos legislativos, tal facultad de legislar se encuentra enmarcada en
determinados límites (legislar sobre la materia específica y por el plazo
determinado establecidos en la ley autoritativa, entre otros), encontrándose vetado
a tal poder invadir las competencias asignadas al Poder Legislativo y así legislar
sobre otras materias que no fueron materia de la delegación o hacerlo fuera del
respectivo plazo.
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11. Asimismo, si se tiene en cuenta que el principio de supremacía de la
Constitución comporta que la Norma Fundamental, en su conjunto, sea
considerada como la norma que se ubica en la cúspide del ordenamiento jurídico,
no puede aceptarse que exista una jerarquía con relación a las competencias que
desempeñan los poderes del Estado u órganos constitucionales. Estos se
encuentran en un mismo nivel jerárquico.
12. Definitivamente, cuando los órganos constitucionales o poderes del Estado no
respetan el respectivo ámbito competencial de otros órganos constitucionales o
poderes del Estado, no sólo afectan el respectivo ámbito de competencias y
atribuciones de tales instituciones, sino además el principio de separación de
poderes.
13. Cuando el poder jurisdiccional y el poder legislativo, entre otras instituciones,
interpretan la Constitución dentro del ámbito de competencias fijado por la propia
Norma Fundamental y el respectivo bloque de constitucionalidad, respetan y
materializan también el principio de separación de poderes.
Precisamente, conviene ahora examinar determinados criterios de interpretación
constitucional que buscan destacar el rol que le corresponde en última instancia a
órganos como el Tribunal Constitucional, pero de modo relevante también a
intérpretes como el legislador democrático. El equilibrio que pueda lograrse en la
relación entre Tribunal Constitucional y Parlamento, refleja a su vez ese
equilibrio que se pretende lograr en el Estado Constitucional entre Constitución y
Democracia.
El criterio de interpretación de la ley conforme a la Constitución y el rol del
legislador democrático en la interpretación de la Constitución
14. Si bien la vinculatoriedad de la Norma Fundamental exige que los sujetos
obligados (ciudadanos, poderes públicos, etc.), a fin de efectivizar el respectivo
contenido constitucional deban realizar ejercicios interpretativos, tal interpretación
siempre debe tomar en consideración aquella realizada por los intérpretes
especializados y autorizados en definitiva para interpretar y controlar la
Constitución.
15. Ciertamente, todos interpretamos la Constitución (los ciudadanos cuando ejercitan
sus derechos, el Poder Legislativo cuando legisla, la Administración y el Poder
Jurisdiccional cuando deben aplicar el derecho a los casos concretos que deben
resolver, etc.). Sin embargo, la Norma Suprema ha establecido que los intérpretes
especializados de ésta sean los jueces ordinarios (artículo 138º: en todo proceso, de
existir incompatibilidad entre una norma constitucional y una norma legal, los
jueces prefieren la primera) y, en definitiva, el Tribunal Constitucional como su
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Supremo Intérprete (artículo 201º: el Tribunal Constitucional es el órgano de
control de la Constitución, artículo 204º: la sentencia del Tribunal que declara la
inconstitucionalidad de una norma se publica en el diario oficial y al día siguiente
de la publicación, dicha norma queda sin efecto, entre otros).
16. Entre la pluralidad de intérpretes de la Constitución, destaca el Poder Legislativo,
pues al realizar el principio democrático y desarrollar los derechos fundamentales,
entre otras competencias, interpreta permanentemente la Norma Fundamental. Así,
por ejemplo, cuando el Parlamento regula la legislación procesal (plazos, órganos
competentes, número de instancias, requisitos de los actos procesal, tipos de
procesos por la materia, por la complejidad, etc.), debe interpretar el respectivo
contenido constitucional de los derechos fundamentales de naturaleza procesal,
dentro de los que destacan los derechos de libre acceso a la jurisdicción, de
defensa, de contradicción, de motivación, a la cosa juzgada, a los recursos, a la
ejecución efectiva de lo resuelto, al plazo razonable de duración del proceso, entre
otros. Toda esta labor de legislación procesal no puede desconocer tal contenido
constitucional, como tampoco resultar desproporcionada o irrazonable respecto de
los fines que se pretende.
17. Este importante rol del legislador en el desarrollo de la Constitución justifica que
en la interpretación de la Constitución, los jueces ordinarios, y este Tribunal
Constitucional en particular, deban considerar determinados criterios de
interpretación constitucional que también beneficien tal actividad estatal. Ejemplo
de ello es el criterio de interpretación de la ley conforme a la Constitución.
18. Este criterio consiste en aquella actividad interpretativa que sobre las leyes realiza
el Tribunal Constitucional, de modo que antes de optar por la eliminación de una
disposición legal se procure mantenerla vigente pero con un contenido que se
desprenda, sea consonante o guarde una relación de conformidad con la
Constitución. Esta técnica interpretativa no implica en modo alguno afectar las
competencias del Legislador, sino antes bien materializar los principios de
conservación de las normas y el indubio pro legislatore democrático, los mismos
que demandan que el Tribunal Constitucional verifique si entre las interpretaciones
posibles de un enunciado legal, existe al menos una que la salve de una declaración
de invalidez. Y es que la declaración de inconstitucionalidad, en efecto, es la
última ratio a la cual debe apelar este Tribunal cuando no sea posible extraer de
una disposición legislativa un sentido interpretativo que se ajuste a la Constitución
(Exp. N.º 00002-2008-PI/TC, aclaración).
19. La aludida consonancia o relación de conformidad de la ley con la Constitución,
“no sólo existe allí donde la ley, sin el recurso a puntos de vista jurídico-
constitucionales, permite una interpretación compatible con la Constitución; puede
tener igualmente lugar cuando un contenido ambiguo o indeterminado de la ley
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resulta precisado gracias a los contenidos de la Constitución. Así pues, en el marco
de la interpretación conforme las normas constitucionales no son solamente
«normas-parámetro» sino también «normas de contenido» en la determinación del
contenido de las leyes ordinarias” (Hesse, Konrad. Escritos de derecho
constitucional. CEC, 1983).
Criterios respecto del amparo contra hábeas corpus
20. Teniendo en cuenta el rol que le corresponde al legislador en la interpretación de la
Constitución y consecuentemente en la configuración de las leyes procesales, cabe
destacar las consideraciones que se tuvo para expedir la Ley N.º 28237, Código
Procesal Constitucional, específicamente las causales del artículo 5º.
En la exposición de motivos del Proyecto de Ley N.º 09371, que posteriormente
dio lugar al Código Procesal Constitucional, se sostuvo lo siguiente:
“En línea con los postulados actuales de regular los procesos constitucionales
relacionados con la defensa de los derechos fundamentales, se ha acogido un
procedimiento que concrete lo que la Comisión considera que debe ser el rasgo
principal de aquellos: ser expresión de una tutela de urgencia.
(…) siendo conscientes de que los procesos constitucionales suelen ser usados, de
manera deliberada, para resolver conflictos que no son necesariamente de contenido
constitucional, con el sólo propósito de aprovechar precisamente su urgencia
(celeridad), se ha puesto muy especial celo en construir un sistema que permita al
Juez discernir aquellos casos en los que el agravio constitucional es sólo la
construcción jurídica realizada por el demandante para “amparizar” la solución
judicial de su conflicto. En tal sentido, se regula con extremo cuidado las distintas
hipótesis de improcedencia de la demanda, esto es, de rechazo liminar de ésta
(artículos 5 y 47)
(…) los procesos constitucionales deben ser el instrumento más sólido y expeditivo
de todos los que conforman la tutela de los derechos en un sistema jurídico
(atendiendo a que su violación constituye un agravio a las bases del sistema jurídico)
(…)”. [resaltado agregado]
21. Como se aprecia, la voluntad del legislador al prever las causales de improcedencia
de los procesos constitucionales, fue establecer determinados supuestos que no
pueden ser de conocimiento en la justicia constitucional, de modo que tales
procesos constitucionales puedan cumplir con su rol esencial como es:
materializar una tutela de urgencia, sólida y expeditiva. En sentido contrario, con
tal regulación el legislador sólo buscaba eliminar de los procesos constitucionales
aquellas pretensiones cuya finalidad era convertir a estos procesos en unos
similares a los procesos ordinarios, caracterizados frecuentemente por ser largos y
complejos, y en los que muchas veces el retraso y la demora en la tutela de los
derechos fundamentales hacía inoperante la tutela jurisdiccional del Estado.
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22. Asimismo, en cuanto a la voluntad del legislador al momento de desarrollar la
regulación del proceso de hábeas corpus, la referida exposición de motivos del
CPCons sostuvo lo siguiente:
“(…) Dando por sentada la inclusión del hábeas corpus como un proceso
constitucional de tutela de la libertad individual, es oportuno aclarar que su
regulación legislativa no sería acorde con su especial naturaleza si se abandonara la
tradicional estructura y celeridad que lo caracteriza, transformándolo en un proceso
lento e ineficaz.
(…) La eficaz regulación del habeas corpus exige, por tanto, la articulación de un
procedimiento lo suficientemente rápido como para conseguir la inmediata
verificación judicial de la legalidad y las condiciones de la detención, y lo
suficientemente sencillo como para que sea accesible a todos los ciudadanos y
permita, sin complicaciones innecesarias, el acceso a la autoridad judicial (…)”.
[resaltado agregado].
23. De este modo, la finalidad del legislador al regular legalmente el proceso de habeas
corpus, interpretando las normas constitucionales que regulan este proceso
(artículo 200.1), así como los derechos fundamentales por éste protegidos
(artículos 2.24, 2.1, 2.9, 2.11, etc.), ha sido precisamente articular un proceso
rápido, sencillo, efectivo y urgente. Esta ha sido la interpretación que de la
Constitución ha hecho el legislador, y ciertamente es una interpretación legítima
que resulta compatible con el conjunto del marco constitucional y con los tratados
de derechos humanos vinculantes para el Estado peruano; por ello el Tribunal
Constitucional debe tener en consideración esta interpretación cuando realice su
actividad de control.
En ese sentido, la regulación del proceso de hábeas corpus como tutela de
urgencia, mayor incluso a los restantes procesos constitucionales, resulta
compatible con lo establecido por la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, tanto respecto del derecho a contar con procesos que cuenten con
garantías judiciales efectivas (artículo 8º), como del derecho a un recurso sencillo
y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales
competentes (artículo 25.1).
24. De otro lado, teniendo en cuenta la voluntad del legislador materializada en el
Código Procesal Constitucional, el Tribunal Constitucional ha interpretado el
aludido artículo 5º, inciso 6) del Código Procesal Constitucional, conforme a cual
no proceden los procesos constitucionales cuando “Se cuestione una resolución
firme recaída en otro proceso constitucional (…)”; y, en cuanto al amparo contra
amparo y su respectivo fundamento constitucional, ha establecido lo siguiente:
En principio conviene destacar que, conforme se desprende del artículo 5.6 del
Código Procesal Constitucional, en el marco de la regulación actual, ya no sería
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posible iniciar una demanda de amparo para cuestionar “(...) una resolución firme
recaída en otro proceso constitucional (...)”.
No obstante, este Colegiado ha establecido al respecto que “(...) la posibilidad del
“amparo contra amparo” tiene fuente constitucional directa en el segundo párrafo del
artículo 200.2 de la propia Constitución, donde se establece que el Amparo “(...) No
procede contra normas legales ni contra resoluciones judiciales emanadas de
procedimiento regular”. A partir de esta consideración, el Tribunal ha precisado que
“(...) cuando el Código Procesal Constitucional se refiere en su artículo 5, inciso 6), a
la improcedencia de un proceso constitucional que cuestiona una resolución judicial
firme recaída en otro proceso constitucional, esta disposición restrictiva debe
entenderse referida a procesos donde se han respetado de modo escrupuloso el
debido proceso y la tutela procesal efectiva en sus distintas manifestaciones,
conforme al artículo 4 del mismo Código Procesal Constitucional (...)”. (Exp. N.º
03846-2004-PA/TC y Exp. N.º 04853-2004-AA/TC).
25. Conforme se aprecia en las mencionadas consideraciones y otras que aparecen en
la sentencia del Exp. N.º 04853-2004-AA/TC (fundamentos 8 y ss.), el Tribunal
Constitucional ha interpretado el aludido artículo 5º, inciso 6 del CPConst. en un
sentido conforme con la Constitución, precisando que cabe el control de un primer
amparo mediante un segundo amparo cuando en aquel se haya vulnerado derechos
tales como el debido proceso, entre otros derechos fundamentales.
26. Siendo clara la interpretación de esta disposición del CPConst. en el sentido que un
proceso constitucional puede ser controlado por otro proceso constitucional cuando
se evidencie la vulneración de derechos fundamentales, cabe verificar
seguidamente si en el caso del amparo contra hábeas corpus rigen los mismos
criterios de procedibilidad que en el caso del amparo contra amparo.
27. Sobre el particular, el Tribunal Constitucional, teniendo en consideración: i) el
relevante rol del legislador en el Estado democrático y social de Derecho,
específicamente en el desarrollo de los derechos fundamentales y en el desarrollo
y mejor precisión de las competencias de los poderes del Estado u órganos
constitucionales; ii) el principio de división de poderes, conforme al cual se exige
que tanto el poder jurisdiccional como el poder legislativo deben respetar
estrictamente su respectivo ámbito de competencias, entre otros contenidos; iii) el
criterio de interpretación de la ley conforme a la Constitución (que exige
identificar contenidos de la ley que resulten compatibles con la Norma
Fundamental) y su efecto reflejo, el criterio de interpretación de la Constitución
conforme a ley (que exige al juez constitucional que en la interpretación de los
preceptos constitucionales se deba tomar en cuenta, en la medida de lo posible,
aquella interpretación de la Constitución formulada por el legislador democrático
al expedir las respectivas leyes); y iv) principalmente el rol del proceso de habeas
corpus en la protección urgente de la libertad personal y derechos conexos a ésta;
estima que en el caso del amparo contra habeas corpus debe optarse por la
alternativa B), según la cual sólo procede tal control en supuestos específicos y
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excepcionales, que en ninguna medida pueden equipararse a aquellos del amparo
contra amparo.
28. En efecto, si un proceso de hábeas corpus sirve como garantía jurisdiccional para
proteger bienes tan preciados como la libertad personal y los derechos conexos a
ésta, entonces deben establecerse reglas mínimas y excepcionales para su control
mediante el amparo. En primer lugar, es necesario dejar claramente establecido
que la interposición del proceso de amparo, que discute o pone en tela de juicio lo
resuelto en un hábeas corpus, no puede significar la suspensión de la ejecución de
lo decidido en éste. No puede admitirse, bajo ningún punto de vista, que un
proceso constitucional sea interpuesto o sirva para dilatar la reposición en la
satisfacción de un bien tal esencial como la libertad personal. Por ello, cuando el
juez constitucional aprecie que la decisión tomada en el hábeas corpus aún no ha
sido cumplida y, en cambio, se está interponiendo un amparo contra ella, deberá
declarar improcedente de modo liminar la demanda de amparo.
29. De este modo, habiéndose establecido que los criterios del amparo contra hábeas
corpus no pueden ser los mismos que del amparo contra amparo, conviene
exponer las razones que justifican tal reducción de criterios: en primer lugar, un
amparo contra hábeas corpus debe proceder sólo cuando se trate del
cuestionamiento de sentencias estimatorias, pues las decisiones desestimatorias
pueden ser controladas dentro del mismo proceso de hábeas corpus mediante el
recurso de agravio constitucional. En segundo lugar, no se puede habilitar el
proceso de amparo contra hábeas corpus para la defensa de los derechos de
terceros que no han participado en el hábeas corpus y cuyo resultado
precisamente afecta en alguna medida sus intereses, pues en este caso debe
quedar habilitada la vía jurisdiccional ordinaria para que allí se pueda verificar el
respetivo grado de afectación. Dentro de tales terceros no podrán ser consideradas
aquellas personas que hubieran sido encontradas responsables de la violación de
un derecho fundamental y que no hayan sido llamadas al proceso –o a sus
representantes– para ejercer su derecho de defensa, caso en el cual se configuraría
la causal de “manifiesta vulneración de un derecho fundamental”, que sí podrá ser
controlada mediante el amparo contra habeas corpus. En tercer lugar, no resultará
procedente el hábeas corpus contra amparo cuando el recurrente por razones
extraordinarias no pudo acceder al agravio constitucional, pues en tal caso quedan
habilitadas las vías jurisdiccionales ordinarias que se estimen pertinentes, pero
otro proceso constitucional no resultará procedente. En cuarto lugar, resulta
evidente que el amparo contra hábeas corpus sólo procederá por una única
oportunidad.
30. En consecuencia, en atención a lo antes expuesto y a lo establecido en tratados
como la Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículos 8º y 25.1),
nuestra Constitución (artículos 200.1, 201º, 2.24, 2.1, 2.9, 2.11, entre otros), la
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Ley N.º 28301, Orgánica del Tribunal Constitucional (artículo 1), así como el
Código Procesal Constitucional (artículos III, 1 y 5.6), este Colegiado estima que
el amparo contra hábeas corpus sólo procederá en los siguientes supuestos: a) su
procedencia se condiciona a aquellas resoluciones estimatorias en que la
vulneración de derechos fundamentales resulte manifiesta y plenamente
acreditada; b) procede en defensa de la doctrina vinculante y precedentes
vinculantes establecidos por el Tribunal Constitucional; y c) no procede en contra
de las decisiones emanadas del Tribunal Constitucional.
Análisis del caso concreto
31. En el presente caso, la Junta Directiva del Colegio de Notarios de Lima pretende
que se declare nula la resolución de fecha 12 de setiembre de 2006, que revocando
la apelada declaró fundada la demanda de hábeas corpus interpuesta por Luis Roy
Párraga Cordero, y en consecuencia dispuso el cese de todo acto administrativo,
contra el accionante, posterior a las resoluciones de la Sala Constitucional de la
Corte Suprema de fecha 6 de diciembre del 2005 y 12 de enero del 2006. Alega
que se ha vulnerado su derecho a la tutela procesal efectiva en su manifestación de
la debida motivación de resoluciones y a obtener una sentencia fundada en
derecho, toda vez que los hechos alegados no ameritaban ser analizados en un
proceso de hábeas corpus, que se indica de manera genérica la existencia de una
amenaza cierta e inminente, que presenta contradicciones y que interpreta los
alcances de la sentencia de fecha 6 de setiembre de 2005.
32. Sobre el particular, de la revisión de autos, este Colegiado estima que la presente
demanda debe ser desestimada, pues no se aprecia una manifiesta y plenamente
acreditada vulneración de los derechos fundamentales de la demandante. En efecto,
la cuestionada resolución de fecha 12 de setiembre de 2006 expresa suficientes
fundamentos para estimar la demanda de hábeas corpus presentada por Luis Roy
Párraga Cordero, específicamente los efectos que tiene para la administración una
resolución fiscal que dispone el archivo definitivo de las investigaciones respecto
de determinados hechos. No obstante lo expuesto, es necesario precisar que los
procesos constitucionales de control concreto (hábeas corpus, amparo o hábeas
data) tiene un objeto que se circunscribe a los elementos específicos (fácticos y
jurídicos) que han motivado a un accionante a acudir a la sede constitucional, de
modo tal que las decisiones jurisdiccionales que ofrezca tal sede se encuentran
enmarcadas y vinculadas sobre los aludidos elementos específicos. En suma,
habiéndose verificado que no se han vulnerado manifiestamente los derechos
fundamentales de la demandante, debe rechazarse la demanda de autos.
Por las consideraciones expuestas, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que le
confiere la Constitución Política del Perú
https://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2010/01761-2008-AA.html 11/12
9/29/24, 8:53 PM 01761-2008-AA
HA RESUELTO
Declarar INFUNDADA la demanda de autos.
Publíquese y notifíquese.
SS.
MESÍA RAMÍREZ
LANDA ARROYO
BEAUMONT CALLIRGOS
CALLE HAYEN
ETO CRUZ
ÁLVAREZ MIRANDA
https://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2010/01761-2008-AA.html 12/12