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Universidad Alberto Hurtado

Instituto Latinoamericano de Doctrina y Estudios Sociales ILADES

Mujeres, ciudadanía e historia:

la (no) memoria de un espacio anterior; o como (no) recordamos a Gabriela Mistral

Resumen

Soledad Falabella *

En el presente trabajo me propongo yuxtaponer tres escenas que me parecen relevan tes: la entrada de la mujer a la esfera pública en América Latina, el trauma y el horror en la modernidad y su relación con la historia, y finalmente, la constitución de la figura de “Gabriela Mistral” en el imaginario de nuestro país. El sentido que tiene este ejercicio es mostrar continuidades y discontinuidades en los mecanismos de elaboración del imaginario nacional

y

de ciudadanía, con énfasis en los discursos que emergen en torno al conflicto

y

el trauma. En especial, me interesa indagar sobre el lugar que ocupa

Gabriela Mistral como figura pública, cómo se la recuerda, o mejor dicho, no se la recuerda Me preocupa la tensión que existe entre la textualidad producto de su escritura y figura y la elaboración de un estereotipo por parte de nuestra comunidad imaginada Esto es, lograr establecer los dispositivos mediante los cuales el imaginario público resignifica la escritura traumática de los discursos exteriores que lo constituyen como tal.

Escena 1 Género y Trauma

La entrada de las mujeres a la esfera pública no puede sino haber sido una entrada áspera y difícil: desde un principio, las mujeres fueron excluidas, junto con un gran número de marginados, del pacto republicano para consti- tuir la nación efectuado por los hombres de raza blanca y propietarios. Se trató de una exclusión

ideológica y material, una en que las mujeres como noción y cuerpo no tenían cabida. La historiadora Joan Landes en Women and the Public Sphere, buscando analizar la manera en que se produce el fenómeno de la exclusión de las mujeres de la polis, traza históricamente la emer- gencia de dicho espacio social moderno.’ Landes muestra cómo, a pesar de una retórica en la que se insiste en asegurar la inclusión y la protección de I as libertades de todos, a nivel de los hechos

*

Doctora en Lengua y Literaturas Hispánicas. University of California, Berke1ey.U.S.A; Profesora de lengua y Literatura Universidad Alberto Hurtado.

de lengua y Literatura Universidad Alberto Hurtado. LANDES, Joan B., Women and the Public Sphere in

LANDES, Joan B., Women and the Public Sphere in the

Age of the French Revolution (Ithaca: Cornell University Press, 1988).

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se excluyó drásticamente a más de la mitad de la población adulta. En efecto, detrás del lema de la fraternidad republicana se esconde la exclu- sión de las mujeres y de otras “minorías” de aquellos derechos otorgados a los ciudadanos burgueses universales (hombres de raza blanca y dueños de propiedad):

The universal bourgeois subject was from the outset a gendered subject.Only male rights to full individuality were protected. The revolt against the father w a also a revolt against women as free and equal public and private beings.Undeniably, then, Iiberty and equality carne to be overshudowed by fraternity (the brotherhood of men) within the new order

2

De esta forma, la construcción social de la división de lo público y lo privado en el discurso liberal republicano estuvo desde un principio marcada por la matriz normativa de la diferencia sexual. Como resultado de esto tenemos que históricamente la posición de las mujeres y otros grupos marginados como sujetos con poder de agencia emancipadora ha sido una de exteriori- dad, donde la subordinación de dichos sectores se considera necesaria y natural. Condensada en torno a la división entre lo público y lo privado, la construcción del espacio social en el cual la ciudadanía se manifiesta como tal en cuanto a asuntos que conciernen a toda la comunidad se ha fundado desde un principio a partir de un punto de vista que no permite la participación de estos sectores en la sociedad civil:

. the ‘original’ separation and opposition between the modern, public -civic- world on the modern,

.) is constituted through

civil society’

.

.

private or conjuga/ and familial sphere: that is, in the new social world created through contract, evetything that lies beyond the domestic (private] sphere is public, or ‘civil’, society.3

El resultado es que la sociedad civil liberal es una sociedad marcadamente asimétrica. En el caso latinoamericano debe agregársele el hecho que la retórica liberal está en constante tensión con el deseo de mantener el control político sobre “las masas”, quedando las mujeres socialmente subordinadas al ámbito materno y doméstico, y vetadas al acceso a la autoridad, el prestigio y los valores culturales propios de la esfera pública.4 Las mujeres como sujetos se constituyen a nivel

imaginario simbólico y material como lo radical- mente “diferente” a los asuntos públicos.

Paulatinamente, ya pesar de la hostilidad del espacio al cual se accede, a principios del siglo pasado las mujeres y otros sectores exclui- dos se hicieron partícipes de la creciente esfera pública, es decir, del espacio social en el cual tiene lugar el ejercicio de la ciudadanía. Así, en reacción a la inferioridad de sus condiciones políticas y legales, se crean las primeras organi- zaciones de mujeres, las que surgen durante la segunda década del siglo XX 5 - En Chile, el desarrollo en cuanto a la constitución de las mujeres como sujetos plenos es también lento y difícil. A pesar de ser un elemento crucial en el desarrollo económico

las mujeres seguían estando legalmen- te subordinadas a los hombres, y los roles tradi- cionales que designaban el hogar como el lugar de la mujer persistían profundamente [en el imaginario socia/]. Por ejemplo, /as mujeres ca-

2

3

4

LANDES, 158.

PATEMAN, CaroIe, The disorder of women: democracy, feminism and political theory (Cambridge: Polity, 5 1989) 34

ZIMBALIST, Michelle Zimbalist Rosaldo, ” Women, Culture and Society: a theoretical overview”, Women, Culture, and Society, eds. Michelle Zimbalist Rosaldo y

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Louise Lampere (Stanford: Stanford University Press, 1974) 17 y SS. Ver ANTEZANA-PERNET, Corinne, “Peace in the world and democracy at home. The Chilean women’s movement in the 7 94O’s”, Latin America in the 1940’s War and postwar transitions, ed. David Rock. (Berkeley and Los Angeles: University of CaIifornia Press, 1994) 167.

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sudas no tenían poder sobre su propiedad. ( ) fue sólo en 7 925, cuando se abolieron algu-

nas restricciones legales en contra de las mujeres,

cuando se permitió que las mujeres testificaran en Ia corte6

/

No se debe olvidar que Chile es un país que sólo le concedió el voto a las mujeres en 1949 y que recién en 1991 reformó su Código Civil para otorgarle igual derecho a ambos sexos.7 Podemos, entonces, comenzar a vislumbrar una historia del trauma, la herida física y simbólica, de la entrada a la esfera pública de ciertos gurpos que, como las mujeres, habrían sido excluidos. Dentro de este contexto, el caso de Gabriela Mistral resulta paradigmático, empezando por el hecho que su trayectoria se halla ampliamente documentada. Así, podemos trazar, por un lado, los múltiples y complejos movimientos mediante los cuales accedió y se legitimó en el espacio público -cultura y educación, ámbitos que en la modernidad se ven relegados a la marginalidad del poder- y, por otro, las huellas que su entrada traumática deja en la comunidad imaginada y cómo ésta ordena el “desorden” producto de aquello que por “ley” no tenía cabida: su diferen- cia. Podemos leer las apropiaciones estereotipadas, el rechazo y el silencio, por ejem- plo, como algunos de los dispositivos mediante los cuales el imaginario público resignifica la escritura traumática de los discursos exteriores que lo constituyen como tal. Lucila Godoy (Gabriela Mistral) logró in- corporarse a la esfera pública posicionándose estratégicamente (como muchas otras mujeres) en un lugar mediador entre lo público y lo privado: la prensa, la enseñanza y la cultura. En

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el aspecto de movilidad social, los historiadores Pinto y Salazar destacan en el caso chileno los cambios que implica la entrada al espacio públi- co de los llamados grupos medios, vinculados a las nuevas “relaciones dominantes entre capital y trabajo en la nueva jerarquización sociaI.“8 Estos cambios permiten la integración de capas sociales medias y provincianas al nuevo orden económico, el que, sin embargo, sigue mante- niendo una fuerte brecha entre la clase alta y las demás clases. Así surge la llamada “cuestión social”, la “que desde la década de 1880 se instala en el discurso liberal republicano, enfatizada por las corrientes europeas de nuevo cuño, incorpora a los de abajo como sujetos históricos.“9 Los mayores grados de alfabetiza- ción, la expansión de la educación y el crecimien- to del periodismo contribuyen al hecho que la cultura deja de ser únicamente el dominio de la clase alta, per se10 Así como as mujeres que Francine MasieIIo estudia en su libro sobre la prensa femenina en la Argentina del XIX, también Lucila Godoy e inser- tó en estos nuevos espacios a través de la prensa. Se destacó como una voz pública de mujer provinciana, colaborando en varios diarios loca- les, como La Voz de EIqui, EI Coquimbo y La Reforma de La Serena en los cuales publicaba desde artículos de opinión a poemas:

The femenine contribution to print culture was significan tly en hanced in literary periodicals and newspapers, suggestive of a way for women to enter the res publica and bring a voice of their own to the nation. Through the avenue of cultural periodicals, women not only engaged in national discussion bu t produced a language for en tering that debate.

6 ANTEZANA-PERNET, 168. La traducción es mía.

7 En el Código Civil anterior, la mujer le “debía obedien-

al marido y su estatus legal era de “incapaz

cia”

relativa”.

8 SALAZAR, Gabriel y PINTO, Julio, Historia contempo- ránea de Chile II. Actores, identidad y movimiento (Santiago: Ediciones Lom, 1999) 67-68. El destacado

es mío.

9 NÓMEZ, Modernidad, racionalidad e interioridad, ll. lo COLLIER, Simon y SATER, WiIIiam F., A History of Chile, 1808 - 1994. Cambridge, Cambridge University Press, 1996 181. MASIELLO, h-anche, Between civilization & barbarism. Women, nation, and literary culture in modern Argen- tina (Lincoln: University of Nebraska Press, 1992) 6.

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Efectivamente, eI acceso a Ia prensa escri- ta, particularmente la especializada en asuntos culturales y literatura, así como también revistas, hace posible la constitución de sujetos femeninos capaces de enunciar un discurso válido con respecto a los asuntos públicos. La prensa, un medio escritura1 popular cercano a la oralidad por su carácter informal, efímero y cotidiano, permite acceder a la esfera pública especialmen- te a las mujeres. Así, la oralidad y la cultura que ésta conlleva funcionan como un gozne, un lugar intermedio entre el afuera y el adentro del poder. Es precisamente un lugar mediador como este el que le permite a las mujeres dar el salto hacia la profesionalización. No debe sorprendernos que las vías por las cuales las mujeres entran en la esfera pública son aquellas donde la oralidad y su cultura son más relevantes: profesiones vincu- ladas a la comunicación más efímera e informal, la educación, el cuidado del cuerpo y las labores del hogar.’ 2 Además, se debe tener en mente que en América Latina la legitimación de lo letrado es doblemente problemática para una muier escri- tora de provincia: este espacio ha estado tradi- cionalmente vinculado a una elite marcada por género, clase, raza y, como veremos más ade- lante, pertenencia a una “casta sacerdotal”. En La ciudad letrada, Ángel Rama historiza la relación entre el poder y la letra en América Latina a partir del concepto de “letrado”, “un grupo social especializado” al cual se le enco-

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miendan los cometidos de la administración del poder colonial metropolitano y que adquiere “la conciencia de ejercer un alto ministerio que lo

equiparaba a una clase sacerdotal.“ 13 El aura de

lo sagrado se instaura sobre las prácticas letra-

das aportando un matiz muy particular a este orden social. En consecuencia, Rama da cuenta de cómo en América Latina la legitimación de lo letrado pasa por el cumplir con requisitos cultu- rales propios de la casta sacerdotal. l4 Es en este espacio, fuertemente marcado por un aura sagrado -pensemos el funcionamien- to de los “Padres de la Patria”, todos ellos hombres de letras, en nuestra historia cultural y política- donde se negocia “la formación, com- posición y definición de la nación”, función clave para la gobernabilidad de los pueblos. Además, Rama muestra como históricamente la entrada de sujetos marginados al espacio de la letra pública en América Latina implica una labor negociadora, “transculturadora”, con el fin de

i a d o r a , “transculturadora”, con el fin de legitimarse. l5 AI circuito

legitimarse. l5 AI circuito de las bellas letras de las elites cultas se le incorporan elementos propios de las culturas excluidas; tarea “transculturadora”

a la que Mistral visiblemente contribuye. En este sentido, la pregunta por la manera en que (no) entra el cuerpo y la figura de Mistral en la constitución de una identidad ciudadana apunta hacia una multiplicidad de eventos,16 aquello que se escapa de lo racional, del dominio de lo que en lo inmediato puede ser asimilado. Se trata de detenerse en ciertos hitos que forman

Se trata de detenerse en ciertos hitos que forman 1 2 También es importante tener en

1 2 También es importante tener en cuenta que los espacios abiertos a la participación de las mujeres son los más relegados de¡ poder político. Hay, por lo tanto, una multiplicidad de tácticas y argucias, “tretas del débil”, que deben desarrollarse para constituirse como subjeti- vidad con poder de agencia en la sociedad. 1 3 RAMA, Ángel, La ciudad letrada (Hanover: Ediciones del Norte, 1984) 23.

14 Es sabido que La ciudad letrada es un libro que Rama deja inconcluso al morir trágicamente junto con se esposa Marta Traba en un accidente de aviación. Por ello, hay aspectos que son esquemáticos, que enuncian el problema, pero no han logrado ser profundizados ni complejizados en toda su riqueza. Pienso que el aspecto

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15

1 6

sagrado de la clase letrada, y de sus repercusiones sociales, vínculos con el poder y el pensamiento mágico es uno de estos aspectos.

Ver RAMA, Ángel, Transculturación narrativa en Amé- rica Latina, (México, D.F.: Siglo XXI Editores, 1982) 15. Ver FOUCAULT, Michel, The Foucault reader, ed. Paul Rabinow, (New York: Pantheon Books, 1984) 55. Y también: An event, consequently, is not a decision, a treaty, a reign, or a battle, but the reversa/ of a relationship of forces, he usurpation of power, the appropriation of a vocabulary turned against those who had once used it, a feeble domination that poisons itself as it grows lax, he entry of a masked ‘other’. (Foucault The Foucault reader 88.)

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parte de un mapa trazado por la trayectoria de Gabriela Mistral y que denotan cómo se encuen- tra imaginaria y materialmente inscrita en el espacio público de la nación chilena. Es justa- mente en el espacio imaginario social constitui- do a partir de la letra pública, donde se constru- yen los estereotipos y reducciones mediante las cuales el país buscará ordenar su realidad tanto simbólica como material, esto es lo que Benedict Anderson ha denominado la “comunidad ima- ginaria”.’ 7 Fruto de estas operaciones vemos surgir mapas imaginarios de la comunidad na- cional, de las formas en que las personas e instituciones de un país se imaginan a mismos. Estos mapas son superficies que a su vez pueden ser rastreadas en el tiempo, leídas, con el fin de acceder a las huellas de los procedimientos mediante los que se constituyen las identidades. En el caso de Gabriela Mistral merecen especial atención las contradicciones que emergen entre, por un lado, el rechazo que se hace manifiesto hacia su persona y escritura y, por otro, su posterior apropiación por distintas instituciones de muy diversas ideologías. En efecto, como muestra Naín Nómez, los giros de la lengua de esta mujer no son acepta- dos por parte de la crítica de su época, por ser “mala escritura”, “oscura”, “prosaica” y “mono- corde".18 Se opina que no maneja el idioma con propiedad, “como un instrumento que no cono-

ce.19 Sólo en 1951 se le otorgó el “Premio Nacional de Literatura” en Chile, seis años des- pués del Nobel y ninguno de sus libros, salvo Lagar, se publicaron inicialmente en Chile. Ade- más, antes de su partida al extranjero en 1922, sus colegas en la instrucción media pusieron en tela de juicio su legitimidad como profesora, por carecer de títulos oficiales. El poeta y consagrado mistraliano Jaime Quezada, avanzando noticias sobre la recopilación y edición de algunos cua- dernos de vida de la autora, declara al respecto:

“Fueron muchas las dificultades. Cuando la de- signan directora de Liceo de Niñas en Santiago se inicia una campaña en su contra porque no tenía título.“20 Luego, cuando postuló a la Escuela Normal de La Serena para acreditarse, se le rechazó la postulación debido a artículos de corte no católico que había publicado en diarios loca- les cuando practicaba la teosofía. La compleja y difícil relación que Mistral tiene con su país y la gente que habita en él ha quedado manifiesta en una multiplicidad de es- critos y discursos. Escribe Mistral: “Mis bonos con Chile son tan bajos que aún no me pagan los

sueldos de dos meses

sueldo como cónsul del cuerpo diplomático de Chile, al cual ingresa en calidad de ad honorem. “Sólo en 1951 el Congreso aprobó la /ey que le

concedía consulado vitalicio. Es un primer puso,

económicamente parco, pero pone al menos un

. "12

Se está refiriendo a su

l7

l8

Ver: ANDERSON, Benedict, Imagined Communities:

Reflections on the Origin and Spread of Nationaiism (London: Verso, 1983). NÓMEZ, Naín cita dos “críticas literarias” dedicadas a la escritura de Mistral. La primera es de Omer Emeth, quién en un artículo en El Mercurio en 1923 señalaba Ia “mala escritura” de Mistral:

Gabriela Mistral, a menudo, escribe mal. Llamo yo

escribir mal al escribir oscuramente

la vez, de fondo y forma: el prosaísmo (accidental, es

. y

también cierta uniformidad, cierto monocordismo en la

cierto) de algunas composiciones pedagógicas

. otro defecto es a

desolación. Por otro lado, Nómez cita a Pedro Nolasco Cruz que opina en 1940: Gabriela Mistral ganaría si indicara con más claridad la causa de su dolor. Se parece a

aquellas personas absortas y constantemente ocupadas

en un asunto, que hablan de él a los demás sin explicar-

. lo maneja con dificultad, como un instrumento que no conoce bien. La frase no corre, el giro es enrevesado, el vocabulario es muy reducido y no escogido, el término propio falta a menudo. (Naín Nómez, “Modernidad, racionalidad e interioridad : la poesía de mujeres a comienzo de siglo en Chile”, Nomadias 3 : 14.)

lo, como si fuese muy conocido

. En cuanto al idioma

NÓMEZ, Modernidad, racionalidad e interioridad,

14.

QUEZADA, Jaime, “Diarios de Mistrd reflejan su desencanto con Chile” La Tercera (Santiago: 14 de abril, 2002) 45. ALEGRíA, Ciro, Gabriela Mistral intima (Lima: Editorial

Universo [ 196821) 72.

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pie dentro del Ministerio de Relaciones.” comen-

ta Volodia Teiltelboim. 22

situación precaria tenemos un oficio fechado el

11 de diciembre, de 1951, enviado al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile mientras era Cónsul en Nápoles, donde nuestra autora sintió la necesidad de defenderse de ataques hacia su persona:

Como registro de esta

Es frecuente el que Ias visitas, sin cortesia alguna, me den largas informaciones sobre "el odio general que existe hacia en Chile”. Les respondo que trabajo para Chile desde la edad de quince años, que jubilé como profesora y que

volví al servicio fiscal, porque esa iubilación no alcanzaba pura costearme vida, médicos y me-

dicinal

23

En relación a lo mismo, en un artículo reciente en el diario vespertino La Segunda, el escritor Jorge Edwards afirma:

Gabriela Mistral sufrió mucho de la male- dicencia y la mezquindad nuestras. En sus cua- dernos ín timos cuenta algo que parece extraordi- nario y que no lo es tanto pura los que conocemos las costumbres criollas. Dice que recibió toda clase de anónimos insultantes después de ganar el Premio Nobel de Literatura. Por desgracia, no tengo ninguna duda de que fue así.24

Por otro lado, también podemos ver hue- llas de esta conflictiva relación entre la autora y su país natal en el hecho que deja en su testamen- to a Doris Duna, una norteamericana, como albacea de su legado. Duna era en ese entonces la secretaria de Mistral en Nueva York y pasa a ser la persona a cargo de la totalidad del patri- monio mistraliano. *

Se va configurando, entonces, una huella de malestar producido en torno a la memoria de la autora. Se trata de un malestar incómodo y que apunta a latencias inconscientes de la sociedad chilena. Mistral es una figura cuya textura imagi- naria está marcada por las huellas de cómo la comunidad nacional chilena se construye a si misma. Nos da cuenta de los mecanismos y procesos involucrados en las elaboraciones ima- ginarias del trauma social de la inclusión de la diferencia. Teniendo en mente el caso de Gabriela Mistral, cabe preguntarse, entonces, por Ias con- tinuidades y discontinuidades mediante las cua- les la comunidad imaginada chilena se relaciona con aquellos aspectos exteriores, exterioridad que siempre se haya latente, ya que es su exclu- sión la que permite que la comunidad se reconoz- ca como tal. Esto es, preguntarnos por cómo este malestar nos apunta hacia una matriz de la forma en la que como nación nos relacionamos con la diferencia y procesamos el trauma de su entrada en escena.

Escena II Memoria y Horror

de su entrada en escena. Escena II Memoria y Horror gCómo recuerdan los pueblos el trauma?

gCómo recuerdan los pueblos el trauma? Y, kpara qué lo hacen? 2De dónde nace la historia de un hecho que por su inconmen- surabilidad sobrepasa y anula su propia memo- ria social, dejando a los sujetos fragmentados e imberbes ante una irracionalidad y arbitrarie- dad absoluta? 2Por qué existe la necesidad de dejar huellas de sentido “verdadero” de este quiebre, cuándo es justamente un sinsentido absoluto lo único que queda de su horror? Éstas son preguntas que heredamos del siglo XX, épo- ca en que la humanidad participó globalmente en guerras mundiales, genocidios y en la crea-

globalmente en guerras mundiales, genocidios y en la crea- 2 2 TEITELBOIM, Volodia, Gabriela Mistral pública
globalmente en guerras mundiales, genocidios y en la crea- 2 2 TEITELBOIM, Volodia, Gabriela Mistral pública

22 TEITELBOIM, Volodia, Gabriela Mistral pública y secre- ta: truenos y silencios de la vida del primer Nobel

go y México,

Económica, 1994) 163.

D.F.: Tierra Firme, Fondo de Cultura

latinoamericano (Santiago: Ediciones BAT, 199 1) 190. 24 EDWARDS, Jorge, “Gabriela Mistrd desde Japón”, La

23 MISTRAL, Gabriela, “Mis ideas sociales” en Gabriela Mistral, escritos políticos, ed. Jaime Quezada (Santia-

170

Segunda (Santiago: 19 de abril, 2002) 9.

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ción de armas de destrucción masiva. Paradóii- camente, también fue este siglo uno de consoli- dación de procesos democratizantes en cuanto a educación, participación política y enorganizar- se para llegar a concordancias globales acerca de la ética y los derechos humanos. Así, es durante el siglo XX que comienzan a producirse sistemáticamente esfuerzos conscientes y positi-

vos por dejar memoria del horror que se protago- recuerdo, e/ registro y codificación de los hechos

nizó: hay un impulso humano que nos lleva a

sepuedepensuryconstruirelfuturo, y, así, lograr

establecer un sentido “verdadero”, esto es, un un nunca más.26 sentido que la comunidad reconoce como válido y necesario, con el fin de entender y aprender Se busca enriquecer la capacidad

estamos tratando de construir y reconstruir per- manentemente para enriquecer la capacidad predictivu, es decir, deducir lo que puede pasar, analizar lo que se observa, decir o prevenir los hechos, 0 al menos sacar conclusiones que ayu- den a construir un futuro. La función predictiva es por tanto, de vital importancia para todo ser humano, pues sólo teniendo la información, el

pura que el horror no vuelva a ocurrir.

E n el caso de Chile el horror de los críme- nes de lesa humanidad perpetrados por el régi- men militar durante la dictadura de Pinochet ha producido una importante literatura que consiste

en testimonios, historias, investigaciones y análi- una falta. La matriz actualizada en los procesos

construcción de la memoria histórica del Chile

los tocados por los crímenes -las/os sobrevivien- dictatorial hasta la publicación del libro era

tes, compañera/os y las/os familiares-, quienes insuficiente. La publicación del libro se instala en

han insistido en la importancia de un trabaio

sostenido con la memoria del horror para procu- del vacío dejado por el trauma. Da cuenta, así, de

rar una sociedad más justa y libre en el futuro. un proceso social de construcción y reconstruc-

ci& de la memoria histórica y de la responsabi- lidad social de los sobrevivientes de trabajar con el peso de dicha memoria. Para el psicoanálisis el trauma es una irrupción sin mediación, esto es, no simbolizable, pero real, que violenta eI consciente. Deja una huella en su materia, una herida (trauma en griego significa herida), la que por su constitu- ción no logra ser procesada: el acto traumático ha ocurrido antes y sin que pueda ser significado, elaborado por la subjetividad, ya sea esta indi-

memoria histórica: vidual o social “In trauma, that is, the outside has

producto de un hito relativamente reciente y aún interpelador de una parte importante de la socie- dad chilena, tiene como obietivo la interferencia en un proceso oficial y legal de construcción de

predictiva” de nuestra memoria común ion el fin de lograr un futuro en el que “nunca más” se produzcan hechos parecidos a los que dieron lugar al trauma. Sin embargo, al mismo tiempo que se establece el aporte,-se está enunciando

sis sobre lo acontecido. Especialmente, han sido

.

el lugar de la falta, insistiendo en la complejidad

Así, por ejemplo, septiembre en La

Páginas en blanco, el 11 de Moneda 2 5 busca aportar a un

malestar por parte de los escritores-respecto a una “verdad incompleta” revelada por los infor-

mes de la Comisión Nacional de Verdad y

Reconcihción y el de la Corporación Nuciond

de Reparación y Reconciliación. Su publicación,

La memoria basada en la realidad, en una verdud integral, certera y objetiva es la que

gone inside without any mediation. " 27 La herida

traumática es por definición una paradoja: un vacío que constantemente pide ser llenado, pero

25 ROJAS,

Paz, URIBE,

Viana, ROJAS, María Eugenia,

26

Ibidem, 178.

LARGO,

Iris,

ROPERT,

Isabel,

ESPINOZA,Víctor, Pági-

27

CARUTH, Cathy,

Unclaimed

Experience,

Trauma,

nas en Blanco, el ll de septiembre en La Moneda (Santiago: Ediciones B, Grupo Z, 2001).

Narrative, and History (Baltimore: Johns Hopkins

University Press, 1996) 59.

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que por tratarse de un vacío radical, nunca podrá lograrlo. Presa de un vacío de significación, la mente trata una y otra vez de lograr entender aquello que ha dejado huella por su ausencia: la constante petición del consciente por la significa- ción del trauma, da origen a la pulsión, ritmo kinético que reclama sin cesar la necesidad de llenar el vacío simbólico. La paradoja del acto fallido está entonces inscrita en esta escena. La teórica Cathy Caruth, en Unclaimed Experience, Trauma, Narrative, and History muestra como al leer los estudios de Freud sobre el trauma de la pérdida/partida, la pulsión y la repetición - Duelo y Melancolía" , ” Totem y Tabú” y Más allá del principio del placer”-, no es el sentido, sino el sin sentido, los vacíos de signifi- cación de lenguaje producidos por el trauma, los que estructuran no sólo al sujeto en cuanto vivo y consciente, sino que también la historia de dicho sujeto. Para Caruth, la teoría de la historia en Freud es la teoría de la historia del trauma humano:

Taking this literal return of the past as a model for repetitive behavior in general, Freud ultimately argues, in Veyond the Pleasure Principle “, that it is this traumatic repetition, rather than the meaningful distortions of neurosis, that defines the shape of individual lives. Beginning with the example of the accident neurosis as a means of explaining individual histories, “Beyond the Pleusure Principle” ultimately asks what it would mean to understand histoty as the history of trauma. 8

Es más, para Freud la historia misma se conforma en base a la partida traumática y la carencia que ésta ocasiona. Esto es, la partida de Moisés de Israel para la historia del pueblo Judío, por el lado social, y el deiar atrás de la muerte (verlassen, dejar ir más allá) que es la comienzo de la vida -primer grito, llanto, respiro del recién

nacido-, por el lado psíquico. Así, los seres humanos deben hacer sentido del enigma que es la sobrevivencia del trauma tanto a nivel social como individual. El enigma de haber sobrevivido la partida/el quiebre traumático es la latencia que se conforma en el impulso que nos hace ser vivos y conscientes. Es este vacío el que da comienzo a la vida subjetiva. La duración de la vida se entiende, desde este punto de vista, como una reiteración repetitiva, latencia propagadora hacia delante y que es inherente a la humanidad. Es esta latencia la que se transmite reescribiendo/ inscribiendo el quiebre simbólico en su historia:

una actividad histórica reflexiva que busque enunciar un discurso con sentido “verdadero”, deberá enunciarse necesariamente desde este lugar vacío, marcado por el trauma. Así, cuando los autores de Páginas en Blanco, -libro escrito desde el desasosiego del vacío material (falta de nombres, datos, verdad, justicia) en torno a los crímenes de lesa humani- dad ocurridos dentro del contexto del golpe militar que derrocó al Presidente Allende, vacío individual, social e histórico que vivimos como comunidad- o sea, cuando estas personas se plantean indagar en este vacío, rellenar, apor- tarle voz y materialidad a la falta, lo que se está haciendo a nivel del discurso es intervenir en un debate sobre la función y el estatus de la historia en nuestro país. De hecho, los autores explícita- mente se plantean desde esta perspectiva:

Esta investigación pretende ser un aporte desde la historiografía humana del trauma a la construcción de una memoria colectiva común, basada en la verdad de lo acontecido, que es lo único que permitirá reconstruir un proceso de identificación individual y social con el país, con las personas, con la sociedad. 29 -

.

,

,

Pienso que con este posicionamiento asertivo de “no callar” nos ponen doblemente “el

28 Ibidem, 59.

29 ROJAS, URIBE, ROJAS, LARGO, ROPERT, ESPINOZA,

172

Páginas en blanco 117.

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dedo en la llaga” al quehacer de la investigación

compresión teórica de hoy. 32

histórico-cultural: por un lado, nos hacen enfren- tarnos al tema del estatus de la “verdad” y el rigor material de la investigación, problematizando

La tradición racionalista del Iluminismo ha generado una sociedad de masas fragmentada

una serie de posturas que se podrían llamar post-

y

que tiende a la reducción de lo heterogéneo,

modernas o post-estructuralistas; y, por otro lado, debemos plantearnos la función ética compro- metida por nuestro quehacer académico y la fina

produciendo solo equivalencia. Para poder fun-

cionar racionalmente debe tornar comparable lo “heterogéneo reduciéndolo a grandezas abs-

y

compleja línea que existe entre independencia

tractas”. La modernidad adquiere características

y

autonomía. 30

totalitarias, ya que todo lo debe reducir a lo uno,

Esto último fue uno de los ejes centrales que cruzan el libro escrito por Max Horkheimer

lo razonable, lo antropomórfico que permite la proyección de la subjetividad, del hombre, sobre

y

Theodore Adorno, los fundadores de la escuela

la naturaleza, dominándola. Dicho reduccio-

de Frankfurt, durante su exilio de la Alemania nazi en EE.UU. En Ia Dialéctica del IIuminismo31 buscan dar cuenta del cómo y del por qué del Holocausto: el horror sistemáticamente organi- zado y racionalizado que animó el alma del estado nazi se plantea como el producto histórico de una tradición “ilustrada” que pretendía eman-

nismo, que se puede ver reflejado en “la misterio- sa actitud de las masas técnicamente educadas para caer baio cualquier despotismo”, también es una “debilidad de la comprensión teórica de hoy". Así, el pensamiento que no es autónomo respecto al reduccionismo de la modernidad, no es un pensamiento crítico, ya que es producto de

la

un ila teralidad.

cipar al ser humano a través de la razón. Subra- yan, así, la paradoja subyacente al progreso y denotan una modernidad dialéctica, portadora del “germen de la regresión

[C]onsideramos haber descubierto con igual claridad que el concepto mismo [del pensa- miento ilustrado], no menos que las formas histó- ricas concretas y las instituciones sociales a las que se halla estrechamente ligado, implican ya el germen de la regresión que hoy se verifica por doquier. Si la reflexión sobre el aspecto destruc- tor del progreso es dejada a sus enemigos, el pensamiento ciegamente pragmatizado pierde su carácter de superación y la conservación a la vez, y por lo tanto también su relación con la verdad. En la misteriosa actitud de las masas técnicamente educadas para caer bajo cualquier despotismo, en su tendencia autodestructora a la paranoia “popular”, en todo este absurdo incomprendido, se revela la debilidad de la

Se denuncia el peligro que corre el pensa- miento crítico en la modernidad: la unilaterali- dad respecto a la “la reflexión sobre el aspecto destructor delprogreso” resulta en la pérdida por parte de la reflexión de “su carácter de supera- ción y la conservación a la vez, y por lo tanto también su relación con la verdad’. Por lo tanto, para que la reflexión tenga alguna validez en cuanto “verdad”, esta tiene que tener lugar desde espacios no pragmatizados; es sólo a partir de una reflexión desde un lugar alejado de la reduc- ción moderna pragmática y no destructora, o sea, viva, que se puede llegar a producir el pensamiento “verdadero”. En este sentido, Adorno y Horkheimer apuntan, paradójicamente, hacia una relación entre “verdad”, “crítica” y “vida” parecida a la enunciada por un a veces llamado “proto-Nazi”. En “Sobre los usos y abusos de la Historia para

la

vida”, Friedrich Nietzsche reflexiona acerca

30 Ver por ejemplo MACHERY, Pierre, A theory of literary del Iluminismo (Buenos Aires: Ed. Sur, 1970) production (London: Routledge, 1978) 6. 32 Ibidem, 19

311 HORKEHEIMER, Max, ADORNO, Theodore, Dialéctica

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de la relación entre el olvido y la memoria para la vida. Desarrolla la noción de “olvido absolu- to”, necesario para que tanto los seres humanos como sus épocas sean capaces de existir como tales en el presente y poder proyectarse hacia el futuro. En otras palabras, el “olvido absoluto” es un requisito para poder ser “vivos”. Eso sí, para realmente lograr este “olvido” debe acontecer un trabajo previo, trabajo a cargo de lo que Nietzsche llama el “estudiante crítico del pasado”, quien:

debe poseer la fuerza, y a veces debe poder ejercer esta fuerza, para la destrucción y disolución del pasado para poder vivir. logra esto llevando al pasado ante la justicia, acusan-

dolo, y finalmente condenándolo;

.) Se puede

decir entonces, que se juzga el pasado críticamente, que se le atacan sus raíces con cuchillos filudos para así talarlo brutalmente, sin tener en cuenta las “piedades” establecidas. Esto es siempre un proceso peligroso, peligroso para

la vida misma. los nombres y ias eras que le sirven a la vida de esta manera, juzgando y destruyendo el pasado, siempre serán peligrosos y a su vez estarán ellos mismos también en peligro. Nosotros somos inevitablemente el resul- tado de generaciones un teriores, y por lo tanto el resultado de sus errores, sus pasiones y aberra- ciones, incluso de sus crímenes; no es posible desen tenderse/desiigarse enteramente de es ta

cadena. Después, tratamos de crearnos un nuevo pasado, un pasado dei cual nos hubiera

gustado descender, en vez de aquel dei que en realidad descendemos. Pero, esto también es

peligroso, porque es muy difícil captar ios límites de nuestra propia negación dei pasado, y por- que ia nueva invención seguramente sera de

naturaleza mas débil que la anterior

.33

Nietzsche produce la noción de “estu- diante crítico del pasado”, persona que sirve a la vida, que está al servicio de la vida en miras de

Instituto Lat’Inoamericano de Doctrina y Estudios Sociales ILADES

poner en relieve los peligros de un olvido “débil”, esto es, el olvido incapaz del brutal corte necesa- rio para poder vivir el presente como tal y proyec-

tarnos hacia eI futuro. Así , el olvido absoluto"

in herente a lo que podemos entender como vida es un estado al que sólo se puede llegar después de este “enjuiciamiento” y posterior condena del pasado. Enjuiciamiento sordo a las “piedades

establecidas”, y por eso cruel, capaz de cercenar

las convenciones tácitas de los "régimenes ante- riores”.

Es importante notar como de un vocabula- rio sencillo, cercano a la “vida”, el vocabulario se especializa, se condensa en lo jurídico: “Logra esto llevando el pasado ante la justicia, acusán- dolo, y finalmen te condenándolo;“. Luego, Nietzsche recalca la idea con una imagen inquie-

tante, la de cuchillos filudos cortando y destru- yendo brutalmente la raíz, el centro nervioso orgánico del pasado: “Se puede decir entonces

que se juzga ai pasado críticamente, que se le atacan sus raíces con cuchillos afilados para así talarlo brutalmente, sin tener en cuenta las “pie-

dades establecidas.” I magen inquietante, no sólo por su contenido explícito de peligro: “Los hom-

bres y ias eras que ie sirven a ia vida de esta manera, juzgando y destruyendo ei pasado, siempre serán peligrosos y a su vez estarán ellos mismos también en peligro”, sino que además porque la imagen del corte filudo en la raíz, corte

que debe cercenar el centro vital del cuerpo, es inquietante simbólicamente. El peligro se despla- za así desde un nivel social a un nivel síquico:

acto que nos delata en cuanto a seres inconscien- tes, motivados por espacios excedentes a la razón. A través de este movimiento se constituye

un espacio textual contaminado por este deseo, contaminación que le exige al lector un compro- miso distinto para con el texto y que articula para éste una posición ambigua, peligrosa. AI conta- minarse el “estudiante crítico del pasado” con el peligro de esta hazaña.

-

-

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Entonces, vemos como para lograr ser seres vivos en la historia debemos ocupar ese lugar crítico

de una voz femenina y emocional que dará fruto a nueva vida, desde un territorio idealista, aún

y peligroso y IIevarIo a sus últimas consecuencias. AI libre y puro. Así, podemos ver al monumento

mismo tiempo, siguiendo a Horkheimer y Adorno, simbólico “Gabriela Mistral” como un producto

ideológico, una figura icónica fijada en la histo-

esta actitud reflexiva debe buscar enunciar un

discurso con sentido “verdadero”, y que, según ria. Cuento de hadas hecho realidad para

Caruth, deberá enunciarse necesariamente desde

el lugar mismo en el que se articula el vacío del nacional” y “Maestra de América” para otros, Ia

trauma. Así, se trata de optar por una lectura fetichización de “la divina Gabriela” es producto

“crítica” que nos entregue un discurso “vivo”, por- del “discurso hegemónico, territorialización, yen

tador de su propia conciencia, autorreflexivo y por lo tanto consciente de que donde hay vida, existe

también el peligro de la muerte. Esto es, una opción Hoy Mistral sigue siendo importante en

por discursos inestables, capaces de dar cuenta de

realidades heterogéneas y en movimiento, conjugar identidades tanto a nivel nacional como irreducibles a un discurso unilateral y pragmático transnacional. Su imagen es todavía una super-

de la modernidad. ficie cuya escritura y reescritura sigue vigente, especialmente en relación a los campos de la

unos, india y eterna viajera,35 o Leyenda

este sentido se opone a las inflexiones e idiolectizaciones propias de la marginación.“36

muchos países de habla hispana, sirviendo para

Escena III El (no) recuerdo de una ciudadana llamada Gabriela Mistral

Gabriela Mistral ganó el Premio Nobel de Literatura en 1945, acto simbólico que la consa- gró a nivel global: no sólo fue la primera persona latinoamericana honrada con dicho galardón, sino el primer poeta que lo ganó ein lengua hispana. Además, al ser éste el primero que la academia sueca dio al reasumir sus actividades después de la segunda guerra mundial, los atri- butos de ser mujer y latinoamericana cobran un sentido simbólico en relación al horror de la aniquilación de la guerra. Se le otorgó este

por su poesía lírica, inspirada por

premio

poderosas emociones que han hecho de su obra un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo

el mundo latinoamericano. “34 Mistral es vista como el símbolo representativo de la esperanza

poesía y la educación, pero, como veremos, no solamente limitado a ellos. Su figura icónica ha sido empleada históricamente por los aparatos simbólicos del Estado y del “establishment” cultu- ral, tanto en Chile como en otros países america- nos como México y GuatemaIa37. En estos no sólo encontramos su presencia en el curriculum educacional, sino que también en un sinnúmero de colegios e instituciones que llevan su nombre. Mistral sigue siendo vigente como vehículo para la constitución de la sibjetividad ciudadana. La crítica Kemy Oyarzún plantea que

existe “una marcada contradicción entre lo que es canonizado de su vida y obra"18 La produc-

ción de Mistral es portadora de un excedente que se escapa, un plus transgresor cambiante, un espacio de devenir-otro que resiste una coopta- ción ideológica absoluta: “Una emisión discursiva

marginal no siempre corresponde a una recep-

ción marginal. Y vice versa. "39 Se trata de una

34 HARRI ET, Al ejandro Gumucio, Gabriela Mistral y ei

premio Nobel (Santiago:

Nascimento 1946) 7.

35 ALEGRíA, Ciro, Gabriela Mistral intima (Lima: Edito- rial Universo [ 196821) 7 y 45.

36

OYARZÚN, Kemy, Genealogía de un icono: crítica de la recepción de Gabriela Mistral” Nomadías 3 ( 1998) : 2 1.

de Gabriela Mistral” Nomadías 3 ( 1998) : 2 1. 37 No hay que olvidar lo

37

No hay que olvidar lo que Michel Foucault insiste cuando a punta a la constante circulación y apropiación de los discursos "First of all, discourses are objects of appropriation. (FoucauIt Reabre 105.)

38 OYARZÚN,

39

Genealogía,

Ibidem, 26.

26.

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discrepancia doble, que la autora ve vinculada a que la escritura de Gabriela Mistral está cruzada por distintos vectores simultáneamente. Por un lado, fuerzas intelectuales progre- sistas vinculadas a la izquierda política, al movi- miento feminista y de reivindicación de los dere- chos homosexuales y otras políticas identitarias, tanto en Chile como en la academia de los EE.UU., haciéndose de aquella “emisión discursiva marginal” del la que habla Oyarzún, han podido disputar los actos tradicionales de apropiación institucional de Mistral. En estos estudios recien- tes se enfatiza el primer vector: la “sacan del closet” como lesbiana, o enfatizan su compromi- so político progresista y de vanguardia para su época .40 Como veremos más adelante, se trata de un acto de disputa de la historia oficial y que busca recuperar una figura apropiada por el régimen militar. Ya sea mediante tácticas performativas41 del escándalo, o de una relectura “a contrapelo”, a partir de los años 80 comienza a evidenciarse una subversión de la imagen de Gabriela Mistral promovida por el aparato cultu- ral de la dictadura. Así, en 1989, aún bajo Pinochet, se efec- túa en Santiago el encuentro Una Palabra Cóm-

plice. Encuentro con Gabriela Mistral. La poeta

Soledad Fariña escribe en la introducción el impulso que motiva a releer a Mistral. Busca recuperar el goce de la escritura de la autora, un goce dejado “con llave” y cuyo placer se alcanza sólo mediante un acercamiento “no lineal”, sin previa concertación, al azar:

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Quise enlazar en esta introducción al- gunos momentos de ‘otra lucidez’, provocados por la lectura de la obra de Gabriela Mistral y expuestos en el Encuentro, ensayando yo misma

una lectura no lineal de estas propuestas, ya que

sin concertarse previamente /as/os lectoras/es, pudieron trenzarse sus lecturas, en tendiendo el fenómeno como la acogida colectiva de los poe- mas que Gabriela dejó “con llave” para su propio goce. Al ir describiendo la clave, el goce es ahora nuestro, más aún al trenzarlo a los hilos invisibles que hoy nos inducen a la posibilidad, casi certeza, de otra formulación del pensamien- to, desde /as raíces subterráneas de otra forma:

pensar de una mujer, pensar mestizo, posibili- dad de otro discurso.42

De esta manera, durante la dictadura en Chile, volver a leer a Mistral se convierte en un gesto subversivo y de goce, con poder político. Significa reescribir un pasado cuya superficie había sido borrada, amputada de la subjetividad por la violencia de regímenes represivos: dicta-

dura, patriarcado, colonialismo/imperialismo.

A través de la relectura de Mistral se trata “de otra formulación de/ pensamiento, desde las raíces subterráneas de otra forma: pensar de una mu-

jer, pensar mestizo, posibilidad de otro discur-

so. La figura y obra de Gabriela Mistral se convierten así en un vehículo de la construcción

y representación de identidad desde la platafor-

ma del proyecto emancipador/feminista. Es un lugar para las mujeres chilenas y latinoamerica-

40 Ver, por ejemplo, Escribir en los bordes, Una palabra cómplice, “Nomadías”, Gabriela Mistral, publica y

.” (Gabriela

secreta y “Dirán que está en la Gloria

Mistral). En los últimos años, la temática del lesbianismo de Mistral ha tenido nuevos giros a raíz del anuncio de Francisco Casas, miembro del grupo de performance “Las yeguas del Apocalipsis”, que está haciendo una película sobre Mistral con este fenómeno como motor de la acción. Así, por ejemplo, los dos últimos artículos en la prensa nacional relacionados con la autora denun- cian y rechazan la posibilidad de su lesbianismo. (Ver:

176

Al

Quezada 45 y Edwards 9.)

Acota Judith Butler acerca de las implicaciancias de lo

performativo para el orden social:

must be understood notas a singular of deliberate “act”,

but, rathef-, as the reiterative and citational practice by

which discourse produces the effects that it names.” (Judith ButIer, Bodies that matter: on the discursive limits of “sex” (New York: Routledge, 1993) 2.)

.performativity

42 FARIÑA, Soledad, Una Palabra Cómplice. Encuentro con Gabriela Mistral (Santiago: Editorial Cuarto Propio, 1996) 20.

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nas desde el cual se imaginan posibilidades de Efectivamente, este esfuerzo consistió en

ser-en-el-mundo y maneras efectivas de acceder

al lenguaje, con el fin de interferir el mundo y mecanismos estratégicos, que tenían por obieto

ejercer poder. El cuerpo literario de Gabriela la reforma de “la muier chilena”, su identidad y

su rol en la “gran familia” nacional.45 Como destacan las autoras de Discurso, género y po- der la legitimación del régimen militar pasa por la articulación de un discurso de “recomposición de los valores más tradicionales asociados a la muier, a lo femenino y a los roles diferenciados de género.” 46 Se trata de un gesto de simbología autoritaria, que busca restablecer un orden “na- tural” a través de la vuelta a lo sólido, rígido y uniforme de un orden marcadamente patriarcal. Dentro de este nuevo escenario ideológico que divide el mundo infantilmente entre buenos y malos, la diferencia se vive como disidencia y maldad. El deseo es el de fijar, reprimir, norma- lizar la reproductora de la unidad básica de la sociedad. Especialmente durante el final de los 70 y al principio de los 80 tiene lugar un proceso de afianzamiento de este fenómeno respecto a la institucionalización del discurso oficialista sobre la mujer y el orden de la familia: la consolidación de la Secretaría Nacional de la Mujer va acom-

pañada del protagonismo público de discursos

y estrategias que el ideologema cumple a nivel de

dos a que se somete el vocablo “familia” por parte del sistema ideológico del neoliberalismo chileno, así como a las tecnologías, dispositivos

la re-escritura del imaginario social a través de

Mistral se convierte en una herramienta para constituir una comunidad imaginada más diver- sa y tolerante. En contraste con este ímpetu de apertura y como mencionábamos arriba, durante la dicta- dura, la figura de Mistral fue uno de los vehículos simbólicos del proyecto de la refundación de la familia de la Nación chilena: “En la época

dictatorial, se convocaba una semántica patriar- cal, patronal, vertical que servía para t-efundar la Nación como totalidad abstracta, así como para

privatizar y personalizar el Estado

. “43 plantea

Kemy Oyarzón. Es en el terreno de lo simbólico- social donde opera lo que Oyarzún llama el idiologema de la familia, esto es,

los múltiples tratamientos,

usos y senti-

la producción simbólica y material, en relación a las diferencias-políticas, sexual-genéricas, étnicas, valóricas. La familia como idiologema es capaz de asimilara su espacio prácticas discursivas prove- nientes de lo político (el Estado) y lo religiosos (en

el caso chileno, la Iglesia Católica); utiliza moda-

-

Iidades asociadas al consciente y al inconsciente,

registros simbólicos e

imaginarios -metáfora de

-

-

de organizaciones de mujeres y mujeres indivi- duales vinculadas al régimen de Pinochet -Mónica Madariaga, por ejemplo- y el intento de instaurar un Ministerio de la FamiIia.47 Más tarde, a mediados de los 80, se elige

un rostro de mujer para “darle la cara” en un nuevo billete de 5 mil pesos. La figura de Gabriela Mistral fijada en este billete -billete de

los vacíos del sistema. "44 un incierto color “rosado” y que en su época fue

43 OYARZÚN, Kemy, Des/memoria, género y globali-

zación " En Raquel Olea y Olga Grau (comp.] Volver a la memoria, (Santiago: Ediciones LOM, 2001) 25.

44 OYARZÚN, Des/memoria, 24.

45 Por ejemplo, en un artículo anterior Oyarzún destaca Ia manera como durante la dictadura el discurso sobre la familia y el rol de la mujer se actualiza en torno a la patria: en un artículo llamado ‘Regreso a la materni- dad” publicado el 29 de abril de 1979 en el diario El

Mercurio se declara: "la familia es el horno donde nace la patria. (Kemy Oy ar- zún “Desnaturalizar las diferen- cias: sexo, cultura, poder.” En Raquel Olea (ed.) Escrituras de la diferencia sexual, (Santiago: Ediciones LOM, 2000, 269))

46 GRAU, Olga, DELSING, Riet, BRITO, Eugenia, FARíAS, Alejandra, Discurso, Género y Poder (Santiago: LOM- Arcis, 1997) 9- 10.

47 Ver: Ibidem.

177

considerado el símbolo de consolidación de la política económica neo-liberal del régimen mili- tar dirigida
considerado el símbolo de consolidación de la política económica neo-liberal del régimen mili- tar dirigida

considerado el símbolo de consolidación de la política económica neo-liberal del régimen mili- tar dirigida por “los Chicago boys”- da cuenta de manera ejemplar de la perversidad de la apro- piación de la figura de una mujer quién abogó sistemáticamente en su discurso en contra del militarismo, los autoritarismos y la injusticia so- cial y de clase y a favor del pacifismo, la reforma agraria y la reivindicación del derecho de las mujeres, los pueblos originarios y los campesi-

nos.48

Pero, irónicamente, Mistral también había sido un vehículo simbólico para el gobierno del Presidente Salvador Allende. El edificio de la UNCTAD, la obra pública de mayor envergadu- ra de su gobierno, lugar de vida y actividad cultural democrática y sexual, como nos lo re- cuerda Pedro Lemebel al contarnos de la deriva chilensis de Ias “locas de Ia UNCTAD” aI princi-

pio de su libro Loco afán, fue de hecho nombra- do Gabriela Mistral. Este edificio está ubicado en un lugar clave y estratégico, no sólo del mapa de

la ciudad de Santiago, sino también en el mapa

de la historia de Chile: sobre la Alameda Liber- tador Bernardo O’Higgins entre la Plaza Italia y

eI Cerro Santa Lucía, eI edificio de Ia UNCTAD

Gabriela Mistral, tenía la carga simbólica de

representar la visión moderna del futuro del gobierno de la Unidad Popular. Sin embargo,

después del Golpe fue usurpado como centro de operaciones para la Junta Militar, debido a que

el Palacio de Gobierno La Moneda yacía derrum-

bado por los bombardeos aéreos. Bajo Allende

había sido un Centro Cultural de acceso abierto

a la comunidad. Con la Dictadura pasa a ser el

espacio donde se asienta el poder militar. El edificio no sólo fue despojado de su nombre, sino también de su carácter cívico-público. Deja de ser un espacio cultural común para convertirse en uno de los más restringidos y mortales de la

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ciudad. Mediante un corte tanto simbólico como material, corte cuya fuerza traumática aún reper- cute en nuestra comunidad imaginada, se le cambia el nombre a Diego Portales y se lo convierte en el lugar desde donde se planificará la represión: del espacio de “la madre poeta y educadora”, se pasa al “patriarca autoritario y dictador”. Después de la restauración de la Moneda, el Diego Portales, como todavía hoy se lo conoce, pasó a ser el Ministerio de Defensa. Aún hoy lleva ese nombre y cumple con la función que le fue asignada por el régimen militar. Tanto su historia como su antiguo nombre y función social se encuentran escondidos entre los frag- mentos de una memoria nacional traumada. De hecho, la misma autora es consciente de este fenómeno de apropriación y olvido. Lo entiende en relación a su ausencia del país y la falta de conocimiento de sus escritos:

Yo no ignoro, Señor Ministro, que huy algunos individuos que aprovechan de mi ausen- cia de Chile y del desconocimiento de mis ideas sociales para atribuirme maliciosamente cual- quier color político, sea reaccionario, sea futurista. 5o

Entonces, volviendo a la pregunta acerca del vacío histórico inherente a la memoria traumática y teniendo en mente que es este vacío el que produce la pulsión de sentido que final- mente vamos a considerar como “verdadera”, vemos como el trazar la huella de malestar producido en torno a la memoria de Gabriela Mistral permite vislumbrar ciertas continuidades y discontinuidades mediante las cuales la comu- nidad imaginada chilena se relaciona con la diferencia a través del trauma. Vemos cómo el trauma va surgiendo una posible matriz de la manera en la que histórica-

48 Ver, por ejemplo: “Menos cóndor y más huemúl. ", “La A9 LEMEBEL, P ed ro, Loco afán (Santiago: Editorial Ana- palabra maldita”, “Organización de Mujeres. “, “El grama, 1996).

Pueblo Araucano. “, Mis ideas sociales”, “Agrarismo en 50 Chile. ” En Mistral, Escritos Políticos.

178

MISTRAL, Mis ideas sociales 162.

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mente como comunidad imaginada procesamos la diferencia. Por un lado, detectamos una ten- dencia de represión y apropiación por parte de lo “uno” de lo que es “otro” diferente o que por su complejidad no calza con modelos binarios. Se trata de un deseo de orden autoritario y patriarcal, orden en el que priman los aspectos unívocos y rígidos por sobre lo múltiple y ambi- guo. Un deseo de represión y corte, mutilación, deseo violento de apartar lo que no calza, bo- rrarlo de la conciencia y enterrarlo en el olvido. Temática que, de hecho, vemos denuncia- da y trabaiada en la obra poética de Gabriela Mistral. Hay en ésta un profundo trabajo y reflexión sobre la exclusión de un espacio social/ nacional: el tropo de la abyección por la diferen- cia. En el poema ”La bailarina" de la sección “Locas Mujeres” (Lagar, 1954), se da cuenta de una comunidad que rechaza la mujer pública y sola, una comunidad que no tolera el espectáculo del cuerpo danzante y libre de una bailarina que goza:

Sin saberlo le echamos nuestras vidas como una roja veste envenenadu y baila así mordida de serpientes que alácritas y libres la repechan, y la dejan caer en estandarte vencido o en guirnalda hecha pedazos?

También en Tala, libro que recoge trabajo poético desde 1923 hasta 1938, la tensión entre el sujeto disidente y la comunidad está escenificada, tal como podemos ver en el poema La extranjera. Para la publicación de este libro, Mistral había dejado ya Chile y en éste indaga en la experiencia de haber dejado su hogar/na-

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ción. El sujeto de su discurso se halla desplazado, excluido y rechazado: “extranjera”. Abre la sección llamada “Saudade” con el siguiente poe- ma:

” la extranjera"

Habla con dejo de sus mures bárbaros, con no sé qué algas y no sé qué arenas;

reza oración a dios sin bulto y peso,

envejecida como si muriera. En huerto nuestro que nos hizo extraño, ha puesto cactus y zarpadas hierbas. Alienta del resuello del desierto y ha amado con pasión que blanquea, que nunca cuenta y que si nos contase sería como el mapa de otra estrella.

Vivirá entre nosotros ochenta años, pero siempre será como si llega

hablando lengua que jadea y gime

y que le en tienden sólo bes tezuelas. Y va a morirse en medio de nosotros, en una noche en la que más padezca, con sólo su destino por almohada,

de una muerte callada y extranjera.52

La voz que habla lo hace desde un lugar a salvo, desde una distancia protectora. Si, como dice Jacques Derrida respecto a los textos de Nietzsche, el autor construye a través del estilo una coraza que le permite acceder a lugares peligrosos y que amenazan, entonces en este poema podemos ver como la escritora construye una coraza por medio de los movimientos pro- pios de su poesía, de su estilo.53 Sin embargo, la distancia generada por el espacio de la enuncia-

51 MISTRAL, Gabriela, Lagar (Santiago: Editorial Andrés Bello, 1989) 45-47.

52 MISTRAL, Gabriela, Tala (Santiago: Editorial Andrés Bello, 1979) 98. El destacado es suyo.

53 DERRIDA, Acota sobre las tácticas textuales de Nietzsche: Derrida, Éperons, les styles de Nietzsche (Chicago:

presente, se deja ver de manera evidente: la presencia, entonces, el contenido, la cosa en si, el sentido, la verdad, a menos que eso ya no sea el abismo deflorado en todo ese deve/amiento de Ia différance. (Jacques

El esfilo puede también proteger en contra de la amena-

za que aterroriza, ciega y mata de aquello que se hace mía.)

Chicago University Press, 1978) 38. La traducción es

179

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ción no es una distancia fría, sino ante una

distancia intima, que permite acceder de una manera mediatizada y, por lo tanto, protegida a las subjetividades del poema. En “La extranjera” la voz se constituye a partir de la comunidad que canta lo extraño, “lo otro”, de una lengua que no logra “saber”: “Habla con dejo de sus mares bárbaros,/con no sé qué algas y no sé qué

arenas;/

como una diferencia infranqueable. La brecha entre “la extranjera” y el “nosotros” tiñe hasta

muerte.

La diferencia del “otro” se refleja

.) callada y extranjera”

Entonces, y

. como vemos en Mistral ya lo

largo de este trabajo, a contrapelo de esta tendencia de incapacidad y pérdida de lo “otro”, podemos trazar una trayectoria de resistencias, que emprende la labor labor peligrosa, al decir de Nietzsche, de enfrentarse al pasado denun- ciando los malestares sintomáticos que tienden a “crearnos un nuevo pasado, un pasado del cual

nos hubiera gustado descender, en vez de aquel del que en realidad descendemos”. Una pulsión, como la que vemos en la poesía de Mistral, que enuncia y escenifica la diferencia.

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Se trata de rescatar y emprender un es- fuerzo histórico por desmontar los dispositivos que la comunidad imaginada chilena tiende a actualizar al silenciar en relación al trauma del encuentro con la diferencia. Se trata de actuali- zar gestos que se resisten a ese olvido “débil”, actitud peligrosa porque “es muy difícil captar los límites de nuestra propia negación del pasado”. Una labor sistemática y obsesiva sobre los luga- res inestables de nuestro mapa histórico tanto imaginario como material con la pregunta por la exclusión, el silenciamiento, la apropiación y la amputación del discurso del trauma. Se trata de llevar a cabo un insidioso trabajo de rastreo, riguroso y sin descanso, que luche por el “saber” no pragmático, el saber desordenado y hetero- géneo, como un derecho ciudadano. Esto es, apuntar hacia una reflexión que se sienta como “verdadera”, desde un lugar aleiado de la reduc- ción moderna pragmática, para así constituir una historia en la que como comunidad nos reconozcamos y vislumbremos un posible espa- cio en el que no sea banal decir "para que nunca más”.