nº4

Revista Digital - ABRIL 2012

Editorial
En la Isla sigue creciendo. Llegamos a los cuatro números trimestrales y cerramos un círculo. Ahora es el turno de la tierra. Dejamos atrás los conceptos y damos paso a la realidad, a lo sostenible, útil y práctico. La tierra es el sostén del arte, donde todo se gesta, bien sea en papeles, lienzos, arcilla, o en la pantalla de un ordenador. Todo forma parte de la tierra que usamos para crear y dar forma a un mundo interno, una isla, que sin arte no pudiera ser descubierta. Esta isla no está hecha para ser conquistada sino para aumentar sus horizontes. Tras cuatro números han crecido los autores y lectores, a pesar de que esta revista, en absoluto, es práctica. En la Isla no utiliza publicidad, contacta con autores reconocidos, realiza entrevistas o promociona a autores que han publicado su primera obra o están en el intento. En la Isla es sólo una revista de exposición, de arte y literatura en sus bocetos más primitivos, sin más pretensión que mostrar lo que somos capaces de crear con nuestras propias manos e ideas. No es entonces una revista apta para ampliar un mercado o para ser popular. Quienes se acerquen a esta isla, sin duda, son los artistas que la propia isla demanda. Cada persona más es ya un éxito. Ése es nuestro pragmatismo: la comunicación honesta entre autores. Sólo para eso sirve esta isla, y su valor es incalculable. Por lo demás, quizá En la Isla sea algún día tierra fértil y sólida. El proyecto de ver esta revista en papel es factible, pero aún queda un tiempo para conocer fechas y resultados. Nos quedamos entonces con esta tierra etérea... la de la pantalla de nuestro soporte digital. También es algo físico, que podemos tocar y palpar. No deja de ser tierra. Ya sabemos bien cómo funciona: En la Isla publica a autores en las modalidades de poesía, narrativa, artículo, fotografía, ilustración, pintura, u otros modos de arte que pueden ser propuestos. Simplemente es necesario enviar una porción de la obra personal del autor y una pequeña biografía. Promocionamos obras, no autores. Versos, no títulos. Arte, no escaparate. En esta isla no existen ficciones ni máscaras. El teatro se ha acabado, y lo que ocurre tras el telón es real. Abramos la primera página. Si quieres colaborar en En la Isla, enviar tus comentarios, dudas o sugerencias, escribe a: enlaislarevista@gmail.com

Con la Vista

“Madre Tierra” por Sonia Vakeiro “Tigre de la India” por Victor Booten “Leopardo de África”por Victor Booten “La vida entre lo inerte” por Silvana Paz “Tauro” por Ángel Daniel García

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Poesía

Alberto Esparza Compañía teatral “María Zambrano” Juan Salvador Polo Diego Medina Martín

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Narrando

“El árbol de Silvia” por Javier Rodríguez Barranco “El hombre que se apiadó la Madre Naturaleza” por Luis Rafael García Lorente “El Grito” por Elia Tabuenca

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MADRE TIERRA

Fuera de la Isla

“Tengo ganas de tierra”

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Mes de publicación: Abril 2012 En la Isla, arte y literatura, número firmado por: Sonia Vakeiro, Alberto Esparza, Javier Rodríguez Barranco, Victor Booten, Juan Salvador Polo, Silvana Paz, Diego Medina Martín, Luis Rafael García Lorente, Ángel Daniel García Marinello, Elia Tabuenca. Diseño y maquetación: Brainstorming. Imagen portada: Victor Booten. Email: enlaislarevista@gmail.com

DISEÑO GRÁFICO&FOTOGRAFÍA

www.eldesvandelasletras.com

brainstorming.dg@gmail.com

“Madre Tierra”
Por Sonia Vakeiro
Soy de esas personas que nacen dos veces. Mi primera vida fue feliz, sin embargo, cuando llegó la hora de la muerte, al hacer recuento, me di cuenta de que por perseguir la seguridad se me había quedado clavada una espina en el corazón. Nací por segunda vez el 12 de julio de 1999, vomitando y retorciéndome de dolor, pero con un regalo: una segunda oportunidad. Hay una regla de oro en esto de las segundas oportunidades: hay que aprovecharlas porque no se volverán a presentar. Hay que dejar de lado los miedos y admitir cual es el destino propio; no queda otra cuando la vida te pone en una situación extrema para recordarte que has errado tu camino. Son ya doce años persiguiendo mis sueños. Las dificultades siempre a la orden del día. Los logros van llegando poco a poco y fruto del esfuerzo diario. Pero ahora tengo la seguridad de que cuando llegue el momento de mi muerte, ya no habrá una espina clavada en mi corazón. Y esa soy yo, Sonia Vakeiro, un vaso siempre medio lleno que vive por y para su pasión. Como decían aquellos versos: con mi sangre por tinta y mi corazón por tintero.

5.

EN LA ISLA

Poesía

Alberto Esparza
Pachamama
Rechina la boca ardiente, raíces bastas a la tierra el cuerpo desnudo ausente, el viento de polvo y marea. De ti, vientre fértil renazco, renovado vigor de robles, de las secuoyas soy anciano tribal de misteriosos bosques. Bebo de tus fuentes el néctar acuoso cristal de tu vientre, facilidad frágil de quebrar de la codicia soy títere. Nado en los mares de aire aves de algodón albinas la torre impía que hiere, rompe y mata esperanzas. Te pido perdón, pachamama que de tus penas soy culpable, magnicida soy de tu tierra verdugo con hacha en ristre. Rechina la boca ardiente son mis piernas las ramas secas loco estoy, ciego estuve entre mentiras de las mareas. Madre, madre mía perdona que a tu lado llegué tarde soy ahora, alga extinta de un lugar, Dios sabe donde. Soy una persona que disfruta de la poesía tanto de su lectura como de su composición, aunque más bien soy poco lector confeso. Atraído por la poesía clásica ésta marca mi estilo, aunque no estoy atado a ninguno en concreto. Colaboro con la asociación Alma Poeta de L’Horta Nord en Tavernes Blanques (Valencia) y siempre estoy abierto a participar en cualquier recital, parte que disfruto mucho, pues tiene esa parte interpretativa que me atrae. La inspiración me atacó por sorpresa a la edad de 19 años y me acompañó durante unos años hasta que quedó dormida. Pero gracias a una persona, una gran persona despertó de nuevo las rimas y gracias a ella, a día de hoy siguen activas. Te debo el blog de poesía, te debo mis rimas, te debo mucho sirena. Gracias. Sea impresión digital o plasmada en papel, en grupos de poesía en Facebook, donde sea, siempre es un placer colaborar. Lanzar al vacío los versos trovando a la eternidad. Soy tan solo una persona: nada más.

6.

EN LA ISLA

Narrando

El Árbol de Silvia
Por Javier Rodríguez Barranco
Silvia era aplicada y obediente, algo traviesilla, pero nada tan importante que pudiera apartarla del beneplácito general. Silvia era una niña buena y por eso es difícil comprender sus motivos para gatear a lo alto de aquel árbol: un sauce, un modesto sauce, porque en aquella remota capital de provincias el parque daba para poco más que eso: sauces y algún álamo desterrado. Nada de tilos o abedules, por supuesto. Así pues, Silvia lo intentó, lo intentó y lo intentó, pero siempre se resbalaba, con el desgarro lógico de su vestidito de seda y alcanfor. Pensó entonces lo que diría su madre cuando la viera y especuló con el previsible castigo, mas no cejó en su esfuerzo y tan sólo cuando el afán inicial empezaba a metamorfosearse en angustia recordó que tenía casi cincuenta años y que su madre había muerto hacía más de diez. Nací en Madrid y me crié en Alcalá de Henares, por lo que me considero un gato con letras. Soy doctor en Filología Hispánica, básicamente escribo relatos cortos o hiperbreves, porque para la novela hace falta un plus de paciencia del que carezco, y desde hace algún tiempo me siento como los cuerpos estelares: necesito estar en movimiento para no caerme al vacío. El año pasado, por ejemplo, fueron más de 50 las habitaciones en que dormí y vi los cinco continentes: maldito Isaac Newton, toda la culpa es suya.

“Tigre de la India”
Por Victor Booten
Nació en 1940 en Bruselas, Bélgica, el tercero de cinco hermanos. Resulto haber heredado el rasgo de la familia, quizás por las tendencias artísticas de su padre, sus tíos y su hermana mayor. En plena guerra mundial su padre no tenia trabajo y hacia apaños como electricista mientras que su madre regentaba una tienda de comestibles. Ahí en la tienda Victor – a sus 9 años- hizo sus primeros dibujos “públicos” en forma de carteles publicitarios, utilizando tizas de colores, colgando los dibujos en la puerta de la tienda, para vender huevos de chocolate para pascua. Al ver esto el cura de la parroquia, este le hizo su primer “encargo” para carteles de actividades. La primera y decisiva experiencia de Victor, en relación con el arte, tuvo lugar a los 15 años en el colegio municipal donde recibió lecciones de dibujo por su profesor de arte, un pintor muy conocido en Bruselas y retratista de la corte real Don Lux Dedecker. Ahí, por medio del profesor obtuvo su primer contrato para ilustrar cuentos en un periódico inteColección de Animales Exóticos en extinción lectual nacional “De Standaart” (La Bandera) que todavía exite. En 1956 se presentó a un examen de ingreso en la academia de Bellas Artes de Saint Josee y fue aprobado para cursos de noche, especializándose en dibujos de gran formato de arte clásico griego, con carboncillo y acuarelas de un solo color. Al terminar sus estudios de bachiller empezó a trabajar en una empresa cinematográfica Americana (Paramount Pictures). Victor propuso algunos dibujos para cartelería de películas de las cuales aceptaron varios. A los 18 años fue reclutado en el ejército de las fuerza aérea donde le mandaron al Congo (Belga). Le destinaron en Kananga para dar clases de dibujo técnico a los nativos aprendices de mecánicos. Victor habría practicado en el colegio estas técnicas sin demasiado entusiasmo, pero aparentemente suficiente para el ejército colonial. Al llegar a África central fue para el un cambio radical en ver la vida y el mundo. Los espacios inmensos de la sabana, la luz, el sol, las vegetación y animales (raros para él) le dejaron deslumbrado. Ahí pinto algunos retratos de nativos y animales. Devuelto a la vida civil no pudo adaptarse bien, dando palos en diversas profesiones hasta que al final acabó en España, Marbella, con su mujer y sus dos hijos. Se instaló como constructor-promotor, imponiendo un estilo basado en lo andaluz y castellano tradicional, con arcos dobles, vigas, fuentes, acabados murales de estuvo con colores luminosos, según dibujos que realizaba previamente. En su tiempo libre empezó a pintar animales en riesgo de extinción. Fue su mujer Janine su ferviente defensora de la naturaleza que le influenció para pintar éstos animales. Hoy, pasado los 70 años sigue pintando retratos de animales para su mujer Janine, que se niega a venderlos. Todos sus descendientes, hijos, nietos y bisnietos han heredado, por suerte la vena artística de la familia.

“Leopardo de África”
Por Victor Booten

9.

EN LA ISLA

Poesía

Poema conjunto
Escrito por los miembros de la compañía teatral “María Zambrano” de Vélez Málaga

Las heridas
No sólo me duelen mis heridas MIS PIES DESOLLADOS también me duele la flora MI CORAZÓN ARRUGADO la fauna y el agua MI ANIMAL IDO Y LA DENSA SANGRE y me duele el aire EL HÁLITO QUEMADO y la tierra y la piedra LOS DESIERTOS DE DENTRO LA ROCA ENCLAUSTRADA EN LA NADA y me duele el ser humano que todavía anda perdido cual joven dios delincuente. LAS TORPES PATAS QUE DESTROZAN CIVILIZACIONES Y HORMIGUEROS. Dirijo y escribo las obras que representa la compañía de teatro María Zambrano de Vélez Málaga desde 1993. Mi última creación lleva por título ¡Maldito Satanás! Una comedia gamberra de la Edad Media, que estreno el sábado 10 de marzo de 2012. Esta compañía inició su andadura en el año 1984. El secreto de nuestra constancia es el amor al arte, en cada puesta en escena mantenemos la misma ilusión de transmitir al público todo el entusiasmo del mundo. El teatro nos da la vida ante tanta penuria. La poesía es la madre de los géneros literarios, por eso mi respeto hacia ella, la cultivo cuando ella quiere y se me presenta súbita y clara.

10.

EN LA ISLA

Poesía

Juan Salvador Polo
Para ser hombre
Para querer ser cielo antes hay que ser gruta que esconde secretos. Para ser océano hay que ser alga, luego pez y luego agua. Para desdeñar el dinero hay que ver la muerte rondarte tan cerca que sientas su halo escalofrío. Para ser hombre hay que ser gruta, océano y cielo, además de desdeñar el dinero.

11.

EN LA ISLA

Fuera de la Isla

Tengo Ganas De Tierra
La tierra es primavera. Es el elemento tangible, fértil. En la tierra se asientan las raíces del arte. La tierra, sin humedad, sin el agua, no puede brotar. Pero el agua tampoco puede dar nada sin una tierra en la que posarse. Húmeda la tierra, hace brotar frutos. La tierra es la artesanía, la pintura, el lienzo, la maqueta. La tierra es el cuerpo físico que amamos mientras en el aire, que es la mente, le damos un valor etéreo. Pero nada tiene sentido si no pasamos por la tierra. No debemos quemarla, sino cuidarla. La tierra, sustento y sustrato de todo. Tierra en cada lugar, en cada cimiento, en cada poema. Desde fuera de la isla también hay tierra. De hecho, la isla es tierra pura. XVIII Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento. (de “Caminos del espejo”, Alejandra Pizarnik) La tierra tampoco puede vivir sola. Necesita el alimento del agua, el calor del sol, y por supuesto, el empuje del viento y la idea para mutarse y viajar. La tierra, por sí misma, no viaja. Permanece estable, perenne, sin cambios, aunque crea que cambie. Algo debe arrancarla de sus propias raíces. Para ello, hay que estar por encima incluso de su miedo a abandonar la seguridad de sus designios. ¿Si la esperanza se apaga y la Babel se comienza, qué antorcha iluminará los caminos en la Tierra? (Federico García Lorca)

12.

EN LA ISLA

Fuera de la Isla

Tengo Ganas De Tierra
Una vez que viaja con la tormenta del aire, la tierra es libre. Es segura y a la vez libre. Añade así a su arcilla un sustrato, un alimento, un valor de principio y origen que la impulsa a alcanzar objetivos concretos. Ya no es una tierra fértil pero perdida en un naufragio. Tampoco es una tierra reseca sin más motivo que la supervivencia. Ahora lo tiene todo, porque se trascendió a ella misma. Si yo pudiera morder la tierra toda y sentirle el sabor sería más feliz por un momento... (Fernando Pessoa) La tierra es nuestro cuerpo y sus sentidos, la maquinaria que llevamos; es también los lienzos y los bienes materiales, la seguridad y el confort. Pero la tierra debe estar húmeda para dar frutos. Al ser libre, es más una arcilla porosa que un vulgar trozo de roca. La tierra es el material, pero el material es poderoso cuando está hidratado y vuela según principios. Ahora todo tiene sentido, y la tierra descansa. Ahora es sólo cuestión de verla, de saber dónde está, de palparla y entenderla. La tierra es rígida, dura, impenetrable, no permite dar a conocer sus secretos. Debes mojarla un poco y esperar a que se amolde. Es entonces, en ese momento, cuando de su materia y de tus manos surge el arte. He visto Tierra (Jesús Lizano) EN LA ISLA

“Vida entre lo inerte”
Por Silvana Paz
Inquieta amateur, natural del sur, interesada por todo aquello que pueda considerarse artístico o creativo. Influida por lo que le rodea, intenta buscar la belleza que pasa desapercibida y colocarla en un contexto artístico. Atraída por las experiencias, viajar es sin duda su hobby favorito. FLICKR: silvanampaz

14.

EN LA ISLA

Poesía

Diego Medina Martín
Mi sangre se derrama por las paredes
Por el paseo marítimo de levante corteses grafiteros pintan mi nombre en paredes desconchadas por la sal y me gritan : cháo diego! para cuando el próximo poema? sé que nunca perderé el mar y eso es jugar con ventaja no espero ahogarme en la orilla sin embargo un árbol frío me recorre el cuerpo el recuerdo de cadáveres celosos de mi espacio y de mi tiempo prolongan el pensamiento he hecho una vida y existo sin más falsedad que la parte que me toca se esperar lo que tenga que venir ahí no pierdas cuidado detrás de este sol cuanto sol cuanto mar cuanta dicha rechino suavemente los dientes cuanto amor hubiera o hubiese podido estar sobre la tierra y la pupila negra de los ojos negros certifican la ausencia de jinetes negros porque en esto si amenazo con la muerte no caben mentiras ni perdidas ni palabras parecidas las unas a las otras toda historia puede ser cruel y se olvida santa palabra el olvido nubes planas bermejas y hace calor un calor que podría dejarme callado como amante golpeo una barca varada con mi sombrero de fieltro y me abandono sin dolor al vuelo de gaviotas malolientes chao diego! para cuando el próximo poema? tu sangre chorrea por las paredes. Diego Medina Martín (1946) publica su primer libro en Madrid en 1972 en la editorial Ricardo Aguilera con el título de Amanda no te preocupes que Aristóteles se ha ido. En 1978 funda y dirige la revista de creación literaria y gráfica “La Corná de Málaga”, habiendo publicado desde su fundación 21 números en papel y uno en soporte digital. Ha colaborado con el Sur Cultural, Papel Literario y con las revistas: Canente, Coridón, Palabras del 27, Calas, Parnaso y otras. En 1992 publica la novela Esperando al lado de la ventana en la editorial Libertarias. En 1996 en la editorial Virazón de Málaga publica el libro de poemas Rebote en Zalia. En 1997 el Ateneo de Málaga le publica el libro también de poemas CD Ritmo sincopado. En el 2000 publica el libro de poemas Sólo tierra permanece. En el 2005 publica el libro Redpública y otros relatos. Colabora con distintas revistas literarias en la red, así como: Laplazahumana, Prabellum y otras. Actualmente se encuentra trabajando en otro libro de poemas y una novela y dirige la colección de poesía Monosabio del Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga

15.

EN LA ISLA

Poesía

Diego Medina Martín
Embarque para Eritrea
Mi amigo al que amo dijo: vámonos a descansar a Punta Cana yo apagué el televisor me inyecté y pillé un avión para Asmara. El muecín desde la torre pregonaba la lucha del hombre contra el hombre ¿qué te hará entender lo que es? El fuego ardiente. Me ha sido revelado. De la adormilada ciudad suben olores y ruidos que enmascaran la pobreza y desestabilizan los mercados. Mai jah jah Mai jah jah estaba seca y el jardín insípido inquietud en las pinturas de Kahsay Tzeju por boca de la extinta clase obrera. Hotel de la Ville absurda profundidad lombarda los salones camuflados de palmeras amargas como la tuera. El camino a la región de Danakil es tan hermoso que no deseo ver otra cosa la arena áspera penetra con dulzura en cadáveres desnutridos que deambulan infectando la Chicago Commodity Stock Exchange. De los tractores de las semillas de las herramientas. Doblado sobre la tierra la cabeza gacha el golpe del escardillo escupe barbecho negro tórax desnudo Códex alimentario hasta la cintura. De la estación muerta de la altiplanicie sin límite de la tierra removida. En las pupilas de mi asno copto se refleja el hambre la suela de infinitesimales dedos. De los senos arrugados de las cabezas de carbón ocupadas en el pago por morir sin susurros de los vientres hinchados cazando moscas a latigazos. A cada cual lo suyo y sin ataúdes que encarezcan el mijo el sorgo y el trigo. Por razones de seguridad los M-16 pueden sembrarse en la frontera con Etiopía. De la música rota de la vieja Europa todos lo veíamos venir: los musulmanes de Mar-Bin-Abdullaziz los ortodoxos de Santa María los adventistas y los enjambres de langostas que miran a poniente con fresca ruina y fragancias de acoso. Verdaderamente amor estoy de espaldas contra la pared y a mis tullidos dedos no les servirá de nada disparar contra el terror del cielo. De vuelta en el Prat rompieron mi machete y velaron por mi salud prohibiéndome fumar.

16.

EN LA ISLA

Narrando

El hombre del que se apiadó la Madre Tierra
Por Luis Rafael García Lorente
El padre de Juan Madrazo murió en un accidente tomando el sol en la playa. Le cayó en la yugular un meteorito y le abrió un cráter en el cuello. Ese fue el motivo de que su traumatizada madre, en los años en que tuvo que cuidar sola de su hijo único, le sobreprotegiera como ninguna otra madre lo había hecho antes. Su madre murió cuando él tenía 33 años. Juan apenas sabía hacer nada y, cuando vio que, muerta su querida madre, él se quedaba solo en el mundo sin nadie que lo cuidara, pensando que se le cerraban las fuentes de la vida y que no era él quién para abrirlas, no había día que no llorara amargamente, ni aspereza a la que no accediera para verter sus lágrimas en soledad, ya fuera la montaña más elevada, el acantilado más escabroso o el bar más retirado de su ciudad. A veces tenía él mismo la sensación de que inspiraba lástima hasta a las mismas piedras que adornaban el parque en el que se refugiaba por las tardes y que el sol tardaba un poco más en ocultarse en el horizonte. Las lamentaciones de Juan Madrazo, fueron tan insoportablemente enternecedoras que la Madre Tierra, convirtiéndolo en su hijo predilecto, se hizo cargo de su bienestar. Así, cuando Juan, al ver que se le agotaba el dinero se quedó tan paralizado que no podía ni buscarse un empleo, la Madre Tierra, apiadada de él, manipuló archivos, partidas de nacimiento, libros de familia y hasta memorias cerebrales para que heredara los millones de un falso tío. Dueño de todo el dinero que pudiera necesitar, le faltaba sin embargo el cariño de su madre. Por la noche, cuando sus amigos se iban, apurando su quinto whisky y fumando su habano, se dedicaba a recordar y le venía a la memoria el cariño que le daba su madre carnal y entonces no podía reprimir el llanto porque la echaba de menos. Se acordaba de cuando, aunque ya era mayor de edad, le arropaba de noche, le ayudaba a meterse la camisa debajo de los pantalones, le hacía su comida favorita cuantas veces quería, le peinaba, le ponía colonia y le afeitaba la dura barba. Lágrimas como el granizo le caían, y al ver esto la Madre Tierra, enternecida, guió su mente hasta que dio con la empresa de madres a domicilio, Madres para Mayores. Y fue entonces cuando ya con 40 años contrató a tres madres de una vez. Pasó mucho tiempo sin que este infeliz tuviera que enfrentarse a la dureza de la vida. Cada vez que le hacía falta algo, cada vez que se sentía triste, de una forma u otra, su deseo se cumplía. Alguna persona llegó incluso a morir o pasarlo muy mal pero no diremos que Juan Madrazo albergara una dosis de maldad mayor de la que se acostumbra a suministrar en el crisol de los individuos humanos. Llegó a la cincuentena Nací en abril de 1965 en una pedanía de Orihuela, La Campaneta, de padres agricultores. Estudié en la Universidad de Murcia la especialidad de Filología Hispánica. Por problemas de fobia social y salud mental, hube de dedicarme a compartir con mi padre las tareas agrícolas del negocio familiar a la salida de la universidad y durante más de 20 años. Aunque siempre había escrito relatos, tras la muerte de mi padre, experimenté de modo imperioso el impulso espiritual de compartir el producto de mi creatividad con los demás a la vez que de abrir mi corazón al afecto y la solidaridad con mis semejantes. Para ambos propósitos, encontré en internet una herramienta inigualable e imprescindible. En 2010 me compré mi primer ordenador y desde febrero de 2011 publico relatos y poemas en mis blogs y en múltiples plataformas de la red. Mi norma estilística es que, si lo que escribo es confuso, mejor que sea por la naturaleza del tema en sí que por mi culpa y mi ley moral es la generosidad por encima de todo.

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EN LA ISLA

Narrando

El hombre del que se apiadó la Madre Tierra
hecho un hombre profundamente inmaduro, cuyas tres madres acababan el día fatigadas de procurarle cuanto deseaba, pero al que ni una sola sombra de tristeza le embargaba, entregado la mayor parte del tiempo a leer libros infantiles. A los cincuenta y cinco, llamó la Muerte a su puerta. Llevaba cara de prisa y no tenía ganas de perder el tiempo. Traía parada cardíaca por hipotermia porque cuando Juan se acostó para dormir la borrachera, dejó la ventana abierta. Juan Madrazo abrió la puerta creyendo que era una de sus tres mamás pero, al comprobar que, con sólo cincuenta y cinco añitos, ya venía la muerte por él, sintió tanta compasión por sí mismo que comenzó a hacer pucheros y a llorar como acostumbraba cuando, por ejemplo, una madre le traía una marca de shorts equivocada. -¡Qué cortos son los días del hombre! -exclamaba- La desgracia le persigue sin fin; ningún capricho consigue sin un esfuerzo doloroso y, cuando menos lo espera, ahí estás tú, malvada… Mi partida de PlayStation se queda empezada, me muero sin los pantalones puestos… ya es mala suerte ir al Más Allá en calzoncillos… Y, tras decir estas palabras, exhaló su espíritu interior un llanto amarguísimo que la Madre Tierra pudo oír y, apiadada de él, hizo que le volviera a funcionar su corazón y se recuperara por completo. Pero la experiencia de la muerte le hizo acordarse de lo solo que estaba en el mundo. A partir de entonces, cuando veía a una mujer atractiva, una honda pena le acometía porque se decía: -He perdido el tiempo hasta ahora. ¡Qué triste ha sido mi vida! Nunca una mujer me ha dado su corazón y ha accedido a ser mi compañera de verdad. Moriré agobiado por la soledad y el asco a mí mismo. Y, a continuación se daba a emitir un penoso llanto que estremecía las entrañas de la Gran Madre. Sin embargo, ninguna de sus cuatro madres podía hacer nada por él en este terreno pues ahora se trataba de amar de verdad y, para amar de verdad, los hombres han de ser verdaderamente libres y dueños de sus destinos y permitir que la vida fluya con naturalidad. Juan Madrazo murió a los 85 años después de recibir de la Madre Tierra 7 falsas herencias, de superar 8 enfermedades en estado terminal, de sortear, gracias a la protección de su madre cósmica, miles de ac-

18.

EN LA ISLA

Narrando

El hombre del que se apiadó la Madre Tierra
cidentes, enfermedades, calamidades, penurias, dolores, angustias, esperas, molestias, carencias… pero, en su alma, no quedaba más que un poso amargo de soledad porque su corazón nunca había abierto los pétalos del amor. En el momento de su agonía final, una bellísima muchacha con flores rojas en el pelo y labios rosados y carnosos se acercó a su cabecera y puso su mano sobre su pecho con una sonrisa bondadosa. Le pareció que tenía mucho parecido con su auténtica madre, pero era mucho más hermosa, de una hermosura tan grande que incluso le inspiraba miedo. -¿Eres una actriz famosa? –preguntó él. -Soy la Madre Tierra, la hembra que ha estado cuidando de ti todo este tiempo. Te tienes que ir ya y bien que me alegro porque me has hecho trabajar mucho y en contra de mis leyes. La ternura que siento hacia mis criaturas es tal que prefiero ser generosa que rigurosa. Sin embargo tú siempre has sido un egoísta y has abusado de mí, obligándome a hacer lo que no me gusta hacer, sin saber que el amor, que es la cosa más gozosa de cuantas existen y lo único que supera a la muerte y calma el apetito de los seres vivientes, es respeto y cuidado del ser querido. Yo, transformándome en tu esposa, podría haber sido esa muchacha atractiva que soñabas, pero nunca has sido capaz de amar y ahora sí he de ser rigurosa. En ese momento comenzó a alejarse y una vieja con la cara rajada tomó el lugar que la Gran Madre había dejado junto al lecho de Madrazo, era la Muerte, que en una pendencia con el Amor, motor del universo, fue acuchillada en el principio de los tiempos. Madrazo la conocía de sobra aunque nunca se le había acercado tanto; comprobó que era muy fea pero aceptó resignado su beso. Y si no es verdad, bien trovado está.

“Tauro”
Por Ángel Daniel García Marinello
Ángel Daniel García Marinello es un ilustrador natural de Cuba, afincado en Málaga, España, desde hace más de 3 años. Practica la ilustración, la pintura y el diseño gráfico. Es, ante todo, abstracto. Como el aire.

20.

EN LA ISLA

Narrando

El grito
Por Elia Tabuenca
Aquella mañana me desperté con sabor a flores. Creía haber tenido un sueño raro en el que me veía de pequeña corriendo por mi jardín de mi casa de mi pueblo de mi vida de mi yo de antes y, de repente, mi hermana me tiraba al suelo, a las flores, y se me metían margaritas, rosas, amapolas, dalias, en la boca. Un sueño raro, pensé. Pero ese sueño raro daba el sentido necesario para entender aquel sabor a flores que se había metido en mi boca. Me puse música para dar gustito a mis oídos y empecé a cantar mientras limpiaba la casa. La noche anterior habíamos celebrado una cena con mis amigos y la casa olía mal y parecía haberse roto. Así que me puse a limpiarla mientras movía el culo al ritmo del son cubano. Pero por más que limpiara el suelo, mi casa parecía haberse adentrado en la jungla: una grieta pequeña, que casi podía parecer un hilo, cruzaba todo el suelo de mi casa dañada. Creía que era una mancha, una mancha de vino, de ron o de cualquier posibilidad nocturna. Así que me fui a la calle a comprar un detergente que tuviera más lejía, más amoníaco, más potencia que ninguno de los que quedaban en mi despensa. Al pisar la calle volví a sentir el gusto de flores intenso sobre mi lengua. Era como si me hubiera comido un caramelo de flores y fuera el caramelo más bueno del mundo porque nunca perdía su sabor, más bien al contrario, se intensificaba. Y seguí pensando en mi sueño sin entender cómo podía traspasarse el sabor de los sueños al gusto de la boca de la vigilia. Este pensamiento me bloqueó la mente y me hizo sentir que quizás seguía durmiendo, que quizás no estaba despierta y que mi mente me estaba jugando una pasada mala no, malísima, diría que de las peores. Pero algo en la calle me distrajo. Vi que en el suelo de la carretera había una grieta. No era la típica grieta del malestar de la carretera, era una grieta como de terremoto, como si algo de dentro dela Tierrahubiera estallado mientras yo dormía. Y esa grieta era muy parecida a la que había visto en el suelo de mi casa y la que me empeñaba en borrar con el mejor detergente del mercado. Parecía como si el mundo se hubiera roto. Y eso no se podía borrar. Me arrodillé en el suelo y me asomé al agujero. Allí abajo olía a bosque. A árboles, a flores, a agua. Y pensé que las entrañas de nuestro mundo olían muy bien. Me levanté y seguí andando, aunque ya no iba dirección al supermercado, ahora andaba sin rumbo alguno, dejándome llevar por las flores de mi boca. Y así fue como me encontré con Jaime. Bueno, con un Jaime que ya no era Jaime aunque aún era Jaime pero “Mi objeto artístico son las personas. Me gusta ver cómo miran cuando creen que nadie las ve, me gusta ver cómo tiemblan ante una mirada seductora, me gusta ver cómo debajo de las capas subyace el mismo material: chocolate. Podría explicar mi vida uniendo imágenes y, pese a ello, nunca obtendría una narración lineal, una película donde inicio y final fueran lógicos en tiempo y espacio. Mi vida son recopilaciones de imágenes, sin buscar un sentido unitario, ¿por qué este afán de unificar los instantes? Somos pedazos de momentos, de experiencias, de sentimientos. Mi vida es una sucesión de fotografías, mi vida es una sucesión de cuentos.”

21.

EN LA ISLA

Narrando

El grito
costaba entender que era Jaime. Supe que era él porque salía de su casa. Y por su olor. Porque aunque tuviera la cara llena de hojas, aunque sus manos fueran de madera, seguía oliendo a él, a Jaime, a mi amigo Jaime, a mi amigo Jaime ahora con forma de roble, cuerpo de roble y cara de roble. No me asusté. Al principio un poco. Me aparté pero, más que por miedo, por sorpresa. Pero en seguida me acerqué a él, le rodee con mis brazos y besé su tronco. Sentía que todo estaba bien, que no había motivo para alarmarse, que aquello era bonito, precioso, y que era el mejor final posible para el mundo. De hecho descubrí que era el único final posible para el mundo. Seguí andando, cada vez con más dificultades. Mis brazos empezaban a convertirse en tallos y me salían hojas por las piernas, por la barriga, por la espalda. Brotaban pétalos hasta por mis orejas. Y el sabor. El sabor era cada vez más intenso, más dulce, más delicioso. Pero quería seguir descubriendo aquel nuevo mundo que había surgido mientras yo dormía. Así que aunque empezara a ser complicado andar, pude acercarme hasta casa de mis padres. Entré por la puerta, mi puerta, y me fui al jardín, al jardín de mis sueños. Y allí estaban. Mi madre era una rosa, preciosa, de color rojo brillante, magnífica, no podía haberse transformado en otra cosa, realmente, no podía, pensé. Mi padre se había convertido en un eucalipto, con un olor que enamoraba a cualquiera que se acercara a él. Y mi hermana. Mi hermana era una violeta, de color azul, radiante, que hipnotizaba con sólo mirarla. No me entristecí. Ni un poquito. Al contrario. Sonreí. Era el mejor final para todos nosotros. Convertidos en naturaleza. Por fin. Ser humano y naturaleza. El reencuentro. Lo necesario. Lo lógico. Lo posible. Nada de coches, de humos, de radios, televisores, maquillajes, ropa de diseño. No. Todo aquello era lo raro, el mundo mágico, soñado e imposible. Lo de ahora era lo incuestionable. Por eso todo era tan fácil. Por eso me sentía tan contenta. Por eso me puse al lado de mi familia y dejé que mi tallo se fundiera con la tierra. Sin rechistar. Entonces, antes de que las flores de mi aliento invadieran por completo mi cuerpo, me acordé de ti, tu tatuaje de árbol en tu barriga, de lo que me dijiste aquella tarde en la playa. Recordé que me dijiste que algún día el bosque que palpita bajo nuestros pies rompería las capas de cemento y recuperaría su voz acallada con el ruido de nuestras ciudades. Ahora sonrío pensando en tus palabras. Porque, en realidad, siempre supe que eras uno de ellos. Siempre supe que eras una niñárbol.

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El siguiente número será publicado en Julio y tendrá como temática sólo una palabra: “océano”

Tu obra deberá estar relacionada, de alguna forma, con esa palabra. Recordamos las bases:

- Obra relacionada con la palabra “océano” - Modalidades: poesía, narrativa, artículo, ilustración, fotografía, pintura, otras artes gráficas - El texto deberá ser correcto a nivel ortotipográfico - El texto deberá ser inédito (no publicado en libros o internet) - Opcional: el texto deberá ser enviado junto con una breve biografía personal del autor

enlaislarevista@gmail.com

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