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Pedagogos Latinoamericanos

El documento presenta la vida y obra de destacados pedagogos latinoamericanos, como Simón Rodríguez, Domingo Faustino Sarmiento y José Vasconcelos. Simón Rodríguez, mentor de Simón Bolívar, abogó por la originalidad en la educación hispanoamericana, mientras que Sarmiento, presidente de Argentina, promovió la educación laica y la inclusión de la mujer en el ámbito educativo. José Vasconcelos, aunque no se detalla su obra en el texto, es mencionado como una figura importante en la educación en México.

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Pedagogos Latinoamericanos

El documento presenta la vida y obra de destacados pedagogos latinoamericanos, como Simón Rodríguez, Domingo Faustino Sarmiento y José Vasconcelos. Simón Rodríguez, mentor de Simón Bolívar, abogó por la originalidad en la educación hispanoamericana, mientras que Sarmiento, presidente de Argentina, promovió la educación laica y la inclusión de la mujer en el ámbito educativo. José Vasconcelos, aunque no se detalla su obra en el texto, es mencionado como una figura importante en la educación en México.

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PEDAGOGOS LATINOAMERICANOS

Simón Rodríguez El educador, escritor, ensayista y filósofo


venezolano, Simón Narciso de Jesús Carreño Rodríguez, también conocido en
su exilio de la América española como Samuel Robinson, nació en Caracas el 28 de octubre de
1769. Fue bautizado el 14 de noviembre de 1769 como un niño expósito y criado en casa del
sacerdote Alejandro Carreño, quien le da su apellido.

Simón Rodríguez, fue el tutor y mentor del Libertador Simón Bolívar y Andrés Bello. Fue
conocedor de la sociedad hispanoamericana y escritor de obras de contenido histórico y
sociológico. En mayo de 1791, con 21 años de edad, el Cabildo de Caracas le concede un puesto
como profesor en la Escuela de Lectura y Escritura para Niños, donde tiene la oportunidad de
ser el tutor de Simón Bolívar. En 1794, presenta un escrito crítico titulado, Reflexiones sobre los
defectos que vician la escuela de primeras letras en Caracas y medios de lograr su reforma por
un nuevo establecimiento.

Su participación en la conspiración de Gual y España en contra de la corona española en 1797,


lo obliga a dejar el territorio venezolano. Viaja a Kingston, Jamaica, donde cambia su nombre a
Samuel Robinsón y después de varios años en los Estados Unidos, viaja a Francia en 1801. En
1804, se encuentra con el Libertador Simón Bolívar y juntos realizan un largo viaje por Europa.
Simón Rodríguez y Simón Bolívar, son testigos presénciales de la coronación de Napoleón
Bonaparte en Milán, como Rey de Italia y de Roma. Simón Rodríguez es testigo del juramento
de Simón Bolívar sobre el Monte Sacro. Entre los años de 1806 y 1823, se hospeda en Italia,
Alemania, Rusia, Prusia y Holanda. Ya para el año de 1823, regresa a América usando
nuevamente el nombre de Simón Rodríguez. En 1824 en Colombia, establece la primera escuela
taller.

Atendiendo el llamado de Simón Bolívar desde el Perú, es nombrado Director de la Educación


Pública, Ciencias, Artes Físicas y Matemáticas, y Director de Minas, Agricultura y Vías Públicas de
Bolivia. En el año 1826, establece una segunda escuela taller en Bolivia, pero el Mariscal Antonio
José de Sucre, quien era presidente de Bolivia, no tenía buenas relaciones con él, por lo que
Simón Rodríguez renuncia el mismo año, dedicándose el resto de su vida como educador y
escritor, viviendo entre Perú, Chile y Ecuador. Simón Rodríguez era muy perseguido por su
originalidad y su lucha contra las oligarquías locales, a las que le decía, tanto que admiran a los
europeos, por qué no copian su lado más valioso, su creatividad.

En su trabajo titulado Sociedades Americanas, dividido en varias ediciones publicadas en


Arequipa (1828), Concepción (1834), Valparaíso (1838) y Lima (1842), insiste en la necesidad de
buscar soluciones propias para los problemas de Hispanoamérica, idea que sintetiza en su frase.
"La América española es original, originales han de ser sus instituciones y su gobierno, y
originales sus medios de fundar uno y otro. O inventamos, o erramos". Simón Rodríguez murió

1
en Amotape, Perú, el 28 de febrero de 1854. En 1954, sus restos mortales son trasladados desde
el Panteón de Perú al Panteón Nacional de Caracas.

Domingo Faustino
Nació en 1811 en San Juan, por el nacimiento del prócer
argentino, se comparte algunos momentos clave de su
multifacética obra y legado, que lo llevaron a ocupar la
presidencia, entre 1868 y 1874, y un lugar más que
destacado en la literatura nacional.
Faustino Valentín Sarmiento, conocido como Domingo
Faustino, nombre que asumió en homenaje al santo de
familia, nació en San Juan, capital de la provincia cuyana
argentina, el 15 de febrero de 1811. Hijo de José
Clemente Quiroga Sarmiento, arriero de mulas y peón
ocasional, fervoroso soldado de la Independencia, y de
Paula Albarracín, mujer fuerte y emprendedora que, en
ausencia del padre, se imponía en el hogar.
Entre 1815 y 1821, Domingo cursó estudios en la
Escuela de la Patria de su ciudad natal. En 1823, luego de tratar vanamente de ingresar al Colegio
de Ciencias Morales en Buenos Aires, trabajó como asistente del ingeniero Víctor Barreau, en la
Oficina de Topografía de San Juan. Su tío, el presbítero José de Oro -a cargo de los estudios de
Domingo- fue desterrado en 1825, por exhibirse contra las reformas eclesiásticas. Se trasladaron
juntos a San Luis, donde Sarmiento fundó su primera escuelita, siendo maestro y discípulo al
mismo tiempo. De regreso a la ciudad, fue dependiente de la tienda de un familiar y, ya desde
entonces, el joven Sarmiento leía cuanto libro podía obtener.
La victoria federal en 1831 y el triunfo posterior de Facundo Quiroga al reconquistar las
provincias andinas, provocaron el primer destierro de Sarmiento que emigró a Chile, donde
permaneció hasta 1836 realizando distintas actividades para subsistir. Estudió por su cuenta
inglés, francés, alemán, leyó sobre historia y derecho. Trabajó como profesor en una escuela de
la provincia de Los Andes, donde mantuvo con la alumna María Jesús del Canto, una relación
amorosa de la que nació su única hija Ana Faustina, quien lo acompañó durante toda su vida.
En 1836, mientras se desempeñaba como minero, contrajo fiebre tifoidea y, a pedido de su
familia, el entonces gobernador, Nazario Benavídez, le permitió volver a su ciudad natal.
Allí fundó el Colegio de Pensionistas de Santa Rosa, instituto secundario para señoritas. Se inició
en el periodismo con la creación del periódico El Zonda. Creó y dirigió en 1842 la Escuela Normal
de Preceptores, primera institución latinoamericana especializada en preparar maestros.
Su labor como pedagogo fue reconocida por la Universidad de Chile que lo nombró miembro
fundador de la Facultad de Filosofía y Humanidades; y en 1845, el presidente Manuel Montt
Torres le encomendó la tarea de estudiar los sistemas educativos de Europa y Estados Unidos,
hacia donde viajó.
En 1848 se casó con Benita Martínez Pastoriza, viuda de su amigo Domingo Castro y Calvo, y
adoptó al hijo de éstos, Domingo Fidel (Dominguito), quien al estallar la guerra contra Paraguay
y pese a la oposición de su madre, se alistó en el ejército argentino donde obtuvo el grado de
capitán. Dominguito murió a los 21 años de edad, en 1866. Sarmiento escribió la biografía de su
apreciado hijo adoptivo (Vida de Dominguito). La prematura muerte del joven lo entristeció hasta

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su propia muerte acaecida en Paraguay el 11 de septiembre de 1888, a los 77 años de edad. Sus
restos regresaron a Buenos Aires y fueron sepultados en el Cementerio de la Recoleta.
Sarmiento tuvo a lo largo de su vida una activa participación política. Luego de rechazar dos
cargos como diputado en Buenos Aires, inició su carrera política como concejal en esa ciudad
en 1855. Nombrado Jefe del Departamento de Escuelas, habilitó nuevos edificios de enseñanza
y redactó la importante publicación pedagógica Anales de la Educación Común.
En 1857, como senador, propició el voto secreto y medidas de salubridad y circulación comercial.
Continuó sus críticas al régimen de tierras de Buenos Aires, al “latifundio que no deja lugar al
hombre, que ha nacido en la estancia de cuarenta leguas, que no tiene andando el día a caballo
dónde reclinar su cabeza, que está sometido a las vacas, dueñas y señoras de la pampa”. [Susana
Zanetti y Margarita Pontieri, en: “El ensayo: Domingo F. Sarmiento”, Historia de la literatura
argentina, desde la Colonia hasta el Romanticismo, CEAL, Bs. As., 1967; tomo 1, pág. 379]
En 1862, al llegar a San Juan como teniente coronel, enviado por el presidente Bartolomé Mitre
para sofocar un levantamiento de caudillos, sus coprovincianos le ofrecieron el gobierno. Luego
de la muerte del general Ángel “Chacho” Peñaloza (1863), Sarmiento decretó el estado de sitio
sin solicitarlo al gobierno nacional, por lo que fue desaprobado y renunció a la gobernación en
1864.
El presidente Mitre le encomendó la misión de ministro plenipotenciario en Estados Unidos. Allí
residió tres años, en los que se vinculó con políticos, educadores, filántropos; fue invitado a dar
conferencias en Nueva York y nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Michigan.
En 1868 triunfó su candidatura a la presidencia con la fórmula Sarmiento–Alsina. Su gobierno
encaró múltiples conflictos: guerra con Paraguay (terminada en 1870), epidemias de cólera y
fiebre amarilla, levantamientos militares como el de López Jordán y asesinatos políticos como el
de Urquiza, expediciones militares contra los indios, el pronunciamiento de Mitre y hasta un
atentado contra su vida.
Luego, como Senador de la Nación (hasta 1875) y Director General de Escuelas de la provincia
de Buenos Aires (1881), se ocupó de la inmigración y la enseñanza laica. Defendió la educación
de la mujer a la par del hombre, y mantuvo amistad con Juana Manso, a quien consideró la única
persona en América Latina que había interpretado su plan de educación.
Escritor
Sarmiento fundó la Sociedad Literaria en 1838, filial sanjuanina de la porteña Asociación de
Mayo de 1810, de la que participaban Esteban Echeverría, José María Gutiérrez, Juan Bautista
Alberdi y otros hombres de la Generación de 1837. La sede del grupo artístico era utilizada como
centro de reunión de los opositores a Juan Manuel de Rosas, por entonces gobernador de
Buenos Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores de Argentina.
Creó el periódico El Zonda (1839), desde el que dirigió críticas al rosismo. Por sus ataques al
gobierno federal, en 1840 tuvo que exiliarse en Chile. Allí fundó el periódico El Progreso y
escribió para El Mercurio, El Heraldo Nacional y El Nacional.
Compuso un Método de lectura gradual (1845) que el gobierno chileno adoptó para enseñar a
leer en escuelas públicas. En Polémicas (1842) sobre la lengua, la ortografía, el romanticismo que
sostuvo con Andrés Bello y con la Revista Católica, se palpa su entusiasmo por el desarrollo de
discusiones y controversias filosóficas, políticas, educativas, a las que consideraba de un gran
enriquecimiento intelectual. En su obra Conflictos y armonías de las razas en América (1883)
suavizó prejuicios raciales contra el indígena que había expresado anteriormente.

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En Recuerdos de provincia (1850) Sarmiento narró su infancia, “sin espacio para la melancolía, la
nostalgia o el ensueño propios del romanticismo más subjetivo. (…) edifica su imagen, tan sin
tapujos, sin pudor casi, sabiendo que se lo percibe arrogante e irónico”. [Susana Zanetti y Margarita
Pontieri en “El ensayo: Domingo F. Sarmiento”, Historia de la literatura argentina, desde la Colonia
hasta el Romanticismo, CEAL, Bs. As., 1967; tomo 1, pág. 405]
Durante 1845, el periódico El Progreso, de Chile, publicó el folletín que luego se editó completo
bajo el título: Civilización i barbarie, Vida de Juan Facundo Quiroga, aspecto físico, costumbres i
ábitos de la República Argentina. La obra relata la lucha que libró la civilización de las ciudades,
contra la barbarie de la campaña, entendido en términos del propio Sarmiento. El autor
identifica la historia con la biografía: en el destino del caudillo riojano, Sarmiento simboliza
la campaña bárbara. Luego de describir tremendamente a Quiroga y a Rosas, propone un
programa de gobierno que ubicaría al país en el camino del progreso.
No existe prácticamente texto de Sarmiento que no surja como respuesta ante una situación,
para rebatir una idea o lanzarla: “Soldado, con la pluma o la espada, combato para escribir, que
escribir es pensar…”, dijo en su obra Campaña en el Ejército Grande aliado Sud América (1852).
[Sarmiento, Domingo F.: Campaña en el Ejército Grande, México, Fondo de Cultura Económica,
1958.]
Sarmiento fue un viajero: en algunas oportunidades llevado por misiones diplomáticas o
culturales; en otras, por los exilios que, más que viajes, constituyeron diversos y sucesivos lugares
de residencia. Hacia 1845 Sarmiento partió desde Valparaíso (Chile) en misión oficial para
estudiar métodos de educación en Europa y Estados Unidos. Regresó tres años después de
haber visitado personalidades como George Sand, Honoré de Balzac y a su compatriota José de
San Martín, quien vivía exiliado por propia voluntad, en su residencia de Grand Bourg.
Una vez finalizado su viaje por el mundo, en 1848 se casó con Benita Martínez Pastoriza, viuda
de su amigo Domingo Castro y Calvo, y adoptó al hijo de éstos, Domingo Fidel (“Dominguito”)
y se instaló con ellos en Yungay. Durante más de un año se dedicó de lleno a escribir; fruto de
ello es su obre Viajes en Europa, África y América, (volumen 1, 1849 y volumen 2, 1851): en cuyo
prólogo escribió: “Los viajes son el complemento de la educación de los hombres, y si el contacto
con personajes eminentes eleva el espíritu y perfecciona las ideas, puedo vanagloriarme de haber
sido muy feliz en mi excursión, pues he podido acercarme, no sin haber sido favorablemente
introducido, a los hombres más eminentes de la época”.
Sarmiento era un observador, trataba de identificar paisajes, costumbres, modos de
organización. Durante su viaje a los Estados Unidos, lo fascinaron las transformaciones
geográficas, la extensión de las comunicaciones, los ferrocarriles, la colonización hacia el oeste.
Relacionó esos cambios con los aspectos materiales necesarios para la conformación de una
república democrática e igualitaria. Ese viaje, sin duda, contribuyó a forjar su proyecto político
para la naciente Argentina.
Domingo Faustino Sarmiento fue un autodidacta. Así lo vieron sus contemporáneos, para la
caricatura (como el dibujante Stein, en el periódico El Mosquito) o para la admiración y el
comienzo de un mito según los escritos de Leopoldo Lugones, y hasta la actualidad Ezequiel
Martínez Estrada y David Viñas, quien sostuvo: “…sus palabras se abren paso, avanzan sobre
nosotros desgarrando la zona de lo vedado y su viaje inaugura una real comunicación en tanto
supone un cuerpo a cuerpo y un esfuerzo por reconquistarse a través de una versión de Europa
que no se corresponda con las visiones elaboradas. Por eso, si nos atenemos a esa tensión y a su
creciente impudor, Sarmiento es el primer escritor moderno de nuestra literatura”. [David
Viñas: Literatura argentina y realidad política”, Buenos Aires, Jorge Álvarez, 1964]
Fuente: Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires.

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José Vasconcelos
José Vasconcelos Calderón nació el 27 de febrero de 1882 en la
ciudad de Oaxaca, Oaxaca. Estudió Derecho en la Escuela
Nacional de Jurisprudencia, de la Universidad Nacional de
México.
Fue un destacado intelectual, filósofo, educador y político
mexicano durante la primera mitad del siglo XX. Fundó el Ateneo
de la Juventud (1909), junto con Alfonso Reyes, Isidro Fabela,
Enrique González Martínez, Julio Torri y Pedro Henríquez Ureña,
entre otros. Como rector de la Universidad Nacional, le asignó
un objetivo artístico y cultural, emprendió una campaña de
alfabetización en México e impregnó en los universitarios un
espíritu comunitario y un afán de colaboración revolucionaria. Elaboró la reforma constitucional
con la que fue creada la Secretaría de Educación Pública (1921), como titular de ésta, construyó
escuelas en zonas rurales y barrios obreros; priorizó la educación básica; incrementó la matrícula
de profesores y estudiantes; creó diversas bibliotecas (escolares, comunitarias, de barrio,
ambulantes); convirtió al Estado en un ente editor, mediante las colecciones los ‘clásicos verdes’,
‘lecturas para mujeres’, coordinada por Gabriela Mistral, y las ‘lecturas clásicas para niños’.
Convocó a intelectuales y artistas a que se comprometieran con el futuro del país: impulsó el
muralismo mexicano, promovió a Ramón López Velarde como poeta nacional y difundió la
música por medio de conciertos.
Participó en el movimiento maderista: asistió a la creación del Centro Nacional
Antirreeleccionista, antecesor del Partido Nacional Antirreeleccionista; director del periódico del
movimiento (1909); colaboró en la insurrección de 1910 y 1911. Tras el derrocamiento de
Francisco I. Madero (1913), fue enviado a Europa y Estados Unidos como agente
constitucionalista para convencer a los periodistas, políticos y financieros de la ilegalidad del
gobierno de Victoriano Huerta. Después de su rompimiento con Carranza, se exilió en los
Estados Unidos. Al triunfo de la revuelta de Agua Prieta (1920) fue invitado a reencauzar la
educación de México, por los nuevos gobernantes del país. Durante algunos periodos,
abandonó el país y se retiró de la política.
Ocupó numerosos cargos, entre ellos, director de la Escuela Nacional Preparatoria, designado
por Venustiano Carranza; secretario de Instrucción Pública, nombrado por Eulalio Gutiérrez
(noviembre de 1914 a enero de 1915); rector de la Universidad Nacional de México, de la cual
acuñó el lema, asignado por Adolfo de la Huerta (del 9 de junio de 1920 al 12 de octubre de
1921); secretario de Educación Pública (1921-1924), nombrado por Álvaro Obregón; candidato
a la gubernatura de Oaxaca (1924) y a la presidencia de la República (1929); director de la
Biblioteca Nacional (1940-1946) y de la Biblioteca de México (1946-1959). Fue profesor de la
Universidad de Chicago, profesor huésped en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
de La Plata y rector de la Universidad de Sonora.
Entre sus obras destacan El monismo estético (1918), Estudios indostánicos (1918), La raza
cósmica (1925), Indología (1927), Aspects of Mexican Civilization (1927); Tratado de
metafísica (1929), Pesimismo alegre (1930), Ética (1932), Sonata mágica (1933), Bolivarismo y
monroísmo (1934), Ulises criollo (1935), La tormenta (1936), Estética (1936), Historia del
pensamiento filosófico (1937), Breve historia de México (1937), El desastre (1938), El
proconsulado (1939), Lógica orgánica (1945), La flama. Los de arriba en la Revolución. Historia y

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Tragedia (1959). Fundó las revistas El Maestro (1921) −la cual sirvió de apoyo cultural,
pedagógico y técnico a los docentes− y Antorcha (1924), también fue director de Timón (1940);
publicó numerosos artículos en El Universal, Excélsior y Novedades.
Recibió la Orden de Isabel la Católica por parte del Gobierno de España (1950). Doctor honoris
causa por las universidades de Chile, Puerto Rico, El Salvador y Guatemala, así como por la
UNAM. José Vasconcelos Calderón fue miembro fundador de El Colegio Nacional desde el 15
de mayo de 1943. Falleció en la Ciudad de México el 30 de junio de 1959.

COLOMBIA
a) Martín Restrepo Mejía
b) Agustín Nieto Caballero
c) José Francisco Socarras
d) Estanislao Zuleta
e) Marco Raúl Mejía Jiménez
f) Francisco Cajiao Restrepo
g) Antanas Mockus

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