Universidad michoacana de San
Nicolás de Hidalgo
Facultad de ingeniería Eléctrica
El Alquimista de paulo Coelho
Luis Vargas Velazquez
Matricula: 2201173B
Expresión oral y escrita
Grupo: 903
Profesor: Dr. José Antonio González
Cervera
La historia comienza con el personaje principal, un pastor llamado Santiago, llega a una
iglesia abandonada con un árbol de sicómoro en su interior, Santiago decide pasar la
noche en la iglesia y encierra a sus ovejas adentro. Durante la noche tiene un sueño
que ya ha tenido varias veces, y que nunca ha sido capaz de comprender. Al despertar
a sus ovejas, se da cuenta de tiene una fuerte conexión con ellas: comparten el mismo
horario y él las llama por su nombre, ya que está convencido de estas entienden las
conversaciones que él establece con ellas. Sin embargo, las ovejas son criaturas
simples y solo buscan comida y agua.
Últimamente, todos los pensamientos de Santiago, así como sus conversaciones con
sus ovejas, han girado alrededor de una chica que conoció un año atrás en el pueblo
hacia donde se dirigen próximamente. Esta chica es a hija de un comerciante, y
Santiago ha estado pensando en ella desde que se marchó el año pasado después de
conocerla. Al acordarse de su primer encuentro, Santiago piensa en cómo fue a la
tienda del padre de la chica a venderle un poco de lana. Mientras esperaba al
comerciante, Santiago se sentó a leer un libro, ella le dice “No sabía que los pastores
supieran leer”. La voz era la de la hija del comerciante, una hermosa joven de
Andalucía. La chica y Santiago esperaron juntos dos horas y, durante ese tiempo,
charlaron sobre sus respectivas experiencias: la de ella en la ciudad y la de él en los
campos. La chica le preguntó porque él era un pastor si había ido a la escuela y
aprendido a leer, pero Santiago cambia de tema. Entonces sintió algo que nunca había
sentido antes: el deseo de quedarse en un lugar para siempre. Desafortunadamente, el
comerciante aparece en ese momento y, después de comprar el equivalente de lana a
cuatro ovejas, le pide al joven Santiago que vuelva dentro de un año.
Saliendo de la iglesia por la mañana, Santiago se encuentra emocionado y también
nervioso al pensar en volver a ver a la chica. Puede que ella ya lo haya olvidado. En el
camino, piensa en la vida de sus ovejas y en cómo ellas no tienen que tomar ninguna
decisión. Solo buscan agua y comida y, para eso, dependen de él. Santiago se
sorprende de su poco resentimiento hacia los animales y se da cuenta de que su sueño
recurrente lo ha inquietado. Se propone explicarle a la chica, al llegar al pueblo, cómo
es que sabe leer, y contarle que asistió a un seminario para llegar a ser cura, y que un
día tuvo el coraje de decirle a su familia que el prefería viajar por el mundo siendo
pastor.
Al contar su historia, cuenta de que al principio su padre trató de convencerlo de
quedarse, diciéndole que muchos viajeros que han pasado por esas tierras expresan su
deseo de poder quedarse a vivir allí. Sin embargo, al final, su padre acepta la decisión
de Santiago y le regala tres monedas de oro antiguas para que pueda comprar su
rebaño de ovejas. Santiago entonces se da cuenta de que su padre también compartió
alguna vez el mismo sueño de viajar por todo el mundo.
El trabajo de Santiago como pastor de ovejas también le ha brindado mucha libertad. Lo
único que tiene que hacer es dejar que sus ovejas dirijan el camino por un tiempo. La
diferencia entre él y sus ovejas es que ellas nunca se dan cuenta cuando se encuentran
en un camino diferente. Una vez más, ellas solo piensan en la comida y en el agua.
Santiago se da cuenta de que soñar con aquellas cosas que uno no posee es lo que
hace a la vida interesante.
Una vez que llega a Tarifa, su última parada antes de llegar a la ciudad donde vive la
hija del comerciante, Santiago va a ver a una vieja gitana que interpreta sueños, con la
esperanza de poder entender su sueño recurrente. Cuando vuelve a tenerlo, despierta
justo antes de que el niño le muestre la locación del tesoro. La mujer gitana le dice a
Santiago que el tesoro es real, y que debe de ir a las Pirámides a buscarlo. Por esta
interpretación, ella le cobra a Santiago un diez por ciento de su futuro tesoro.
Después de irse de la casa de la gitana, Santiago se sienta en la plaza a leer un libro y
allí conoce a un viejo con quien empieza una conversación. Resulta que el hombre no
solo sabe leer, sino que también ha leído el libro que Santiago está leyendo. El hombre
revela su identidad como Melquisedec, el rey de Salem, y le cuenta a Santiago sobre lo
que él llama “la mayor mentira del mundo.” La mayor mentira del mundo propone que el
destino se interpone entre una persona y su Leyenda Personal. Todo el mundo tiene
una Leyenda Personal, o algún sueño que ha deseado cumplir toda su vida. Las
Leyendas Personales provienen del Alma del Mundo, y este Alma del Mundo conspira
para ayudar a las personas a realizar sus Leyendas Personales. Desafortunadamente,
el miedo y la rutina se interponen. Melquisedec le explica a Santiago que él se aparece
ante aquellos que de verdad quieren cumplir sus Leyendas Personales: a veces lo hace
en forma de piedra, y otras veces como un rey. Melquisedec parece poder leer la mente
de Santiago y promete contarle sobre su sueño si le da un diez por ciento de sus
ovejas.
Después de mucho pensarlo, Santiago decide que sus ovejas, la hija del comerciante y
los campos de Andalucía solo fueron pasos que lo llevaron en camino a realizar su
Leyenda Personal, y es entonces que decide vender sus ovejas y regalarle seis a
Melquisedec. Este las acepta y le aconseja a Santiago que siempre siga las señales
que le manda el universo, ya que estas son la forma que el universo utiliza para
comunicarse con las personas. Melquisedec también le regala a Santiago dos piedras:
una negra, llamada Urim, y una blanca llamada Tumim Santiago tendrá que
consultarlas cuando no pueda interpretar las señales que le manda el universo.
El protagonista compra un boleto de Tarifa a África, y viaja con el objetivo de encontrar
su tesoro y realizar su Leyenda Personal. Una vez que llega a Tánger, Santiago se da
cuenta de que su viaje será más difícil de lo que se esperaba. El problema es que
Santiago no habla árabe. Sentado en un bar solo, es abordado por un hombre que
habla español y que le ofrece ayudarlo a llegar a las Pirámides. Lo lleva a Santiago a
comprar un camello y, aprovechándose de la confusión del mercado, le roba a Santiago
todo su dinero. Este llora desesperado, pero le pregunta a las piedras Urim y Tumim si
aún cuenta con la bendición de Melquisedec. Estas le responden que sí y Santiago
decide entonces continuar su viaje.
Caminando por las calles de Tánger, Santiago encuentra una tienda de cristales que
está pasando por una mala racha económica. Después de que Santiago limpia las
piezas frente a la ventana, el dueño de la tienda le ofrece trabajo. Le dice que le pagará
lo suficiente para que se pueda comprar un nuevo rebaño de ovejas y regrese a
Andalucía. Santiago acepta y toma el trabajo.
Finalmente, la caravana llega al oasis donde el Alquimista espera su llegada. El
Alquimista sabe, gracias a las señales del desierto, que alguien en la caravana viene en
busca de él. Este hecho lo alegra mucho. Los viajantes se alegran también al ver las
palmeras verdes después de tanta arena.
La guerra entre las tribus convierte al desierto en un lugar muy peligroso para atravesar.
este hecho le brinda tiempo al inglés para poder buscar al Alquimista. Con la ayuda de
Santiago, el inglés comienza a preguntar sobre su paradero. Mientras ayuda al inglés a
buscar al Alquimista, Santiago conoce a una hermosa chica en un pozo de agua e
inmediatamente se enamora de ella. Santiago se da cuenta de que cuando una persona
se enamora puede escuchar perfectamente el lenguaje del Alma del Mundo. El nombre
de la chica es Fátima, y Santiago comienza a reunirse con ella todos los días junto al
pozo de agua, y le cuanta su historia y todo lo que ha aprendido. Finalmente, le pide
que se case con él. Santiago considera abandonar su búsqueda y su viaje a las
pirámides para poder estar con ella. Sin embargo, Fátima le dice que comprende su
necesidad de ir en busca del tesoro, y que quiere ayudarlo a cumplir esa meta. Le
explica que las mujeres del desierto se sienten orgullosas de la libertad de la que
disfrutan sus esposos. Este hecho confunde a Santiago, que es incapaz de separar el
amor y la posesión. Al pensar detenidamente en esto en las afueras del oasis, Santiago
tiene una visión sobre un ejército que planea invadirlos. Después de consultar con uno
de los guías de la caravana, decide contarle a los ancianos del oasis lo que las señales
del desierto le han mostrado. Después de mucho deliberar entre ellos, los ancianos
deciden prepararse para pelear, a pesar de que esto va en contra de la tradición del
oasis de permanecer neutrales. Los ancianos deciden que, si la visión de Santiago es
real, le darán una pieza de oro por cada diez enemigos asesinados. Sin embargo, si la
visión es incorrecta, Santiago será asesinado.
Después de su reunión con los ancianos, Santiago se encuentra muy pensativo pero
seguro de haber tomado la mejor decisión. De pronto, es atacado por un hombre a
caballo, vestido completamente de negro y con un halcón en el hombro. El hombre
amenaza a Santiago con su espada y exige saber cómo supo Santiago de la llegada del
ejército invasor. Aterrorizado, este le cuenta sobre las señales del desierto y sobre su
Leyenda Personal, y concluye diciéndole que no tenía otra opción. Para sorpresa de
Santiago, el hombre comprende completamente y se marcha, no sin antes decirle que
lo busque si es que sobrevive los días que se aproximan. Mientras el hombre y su
caballo se marchan, Santiago se da cuenta de que acaba de conocer al Alquimista.
Al día siguiente, quinientos hombres armados entran al oasis, justo como predijo
Santiago. Los hombres del oasis, al estar prevenidos, asesinan a todos los intrusos, y el
jefe del clan de ancianos recompensa a Santiago con cincuenta piezas de oro y la
oportunidad de convertirse en el consejero del oasis.
Esa noche, Santiago busca al Alquimista y encuentra su tienda de campaña. El
Alquimista le pide que pruebe que realmente puede leer señales y encuentre vida en el
desierto. Santiago confía en su caballo para que lo guíe a donde haya vida, y encuentra
una serpiente a la que el Alquimista neutraliza con un hechizo. Satisfecho, el Alquimista
le ofrece a Santiago su guía para ayudarlo a encontrar su tesoro. Santiago siente un
conflicto interno porque también desea quedarse en el oasis con Fátima. El Alquimista
le responde que “el Amor nunca impide a un hombre seguir su Leyenda Personal.
Cuando esto sucede, es porque no era el verdadero Amor, es entonces que, al día
siguiente, Santiago decide marcharse con el Alquimista en busca de su tesoro.
Después de reafírmale su amor a Fátima, Santiago viaja a través del desierto con el
Alquimista. Viajan en silencio, comiendo lo que el halcón del Alquimista les suministra.
Santiago se desespera por saber más sobre los secretos del alquimista. Este le explica
que ha aprendido mucho, pero que lo que le falta aprender no puede enseñarse.
Santiago debe aprenderlo por sí mismo. Al principio, explica el Alquimista, los secretos
del universo eran conocidos por todos, pero los hombres han complicado las cosas
porque buscan atesorar sus Leyendas Personales, pero no vivirlas. El Alquimista le
aconseja a Santiago seguir su corazón.
Los dos viajan ahora con mucha cautela debido a que se están acercando al área con
más tribus en guerra. Santiago escucha su corazón y lo encuentra agitado. Su corazón
comienza a contarle historias sobre el Alma del Mundo, específicamente sobre aquellos
que han fracasado en encontrar su fortuna. El corazón de Santiago está asustado y
quiere regresar a Fátima. Santiago le dice al Alquimista que su corazón es traicionero y
no quiere que continúe su viaje.
Mientras viajan, Santiago escucha su corazón y eventualmente llega a aceptar lo que le
dice. Al acercarse el final de su viaje, Santiago le dice al Alquimista que quiere aprender
algunos de los secretos de la alquimia. El Alquimista le responde que ya conoce
muchos secretos importantes, como que tiene que escuchar al Alma del Mundo para
poder encontrar su tesoro. Todo sobre la faz de la Tierra, incluyendo los elementos,
tiene una Leyenda Personal. Esta es la razón por la que los alquimistas pueden
convertir cualquier metal en oro: simplemente están ayudando al metal a realizar su
Leyenda Personal.
La guerra finalmente alcanza a los viajantes, que son llevados cautivos por una tribu de
la región. Los miembros de la tribu creen que Santiago y el Alquimista son espías y
amenazan con matarlos. Para salvar su vida y la de Santiago, el Alquimista le da a la
tribu todo el dinero de Santiago y les dice que este es un poderoso hechicero que
puede convertirse en viento y destruirlos. Los miembros de la tribu no le creen, pero le
dan a Santiago unos días para probarlo. Santiago entra en pánico porque no tiene idea
de cómo convertirse en viento. El Alquimista parece no estar preocupado. Durante tres
días, Santiago sube a la cima de un barranco y contempla el desierto, escuchando su
corazón. Finalmente, al tercer día, sube a la cima y usa su corazón para hablar con el
desierto, ya que ambos hablan el Lenguaje del Mundo. Santiago le pide al desierto
ayuda para convertirse en viento y poder regresar al lado de la chica que ama, pero el
desierto le responde que no sabe cómo ayudarlo. Santiago entonces le pide ayuda al
viento, pero este no sabe qué es el amor. Finalmente, Santiago le pide ayuda al sol,
que sí sabe qué es el amor, pero aun así no puede ayudarlo. El sol le sugiere a
Santiago que le pida ayuda a la Mano que lo escribió todo. Santiago comienza entonces
a orar, pero su oración no es una súplica sino un reconocimiento, como si proviniera de
alguna sabiduría interna que sugiere que su corazón y el Alma del Mundo son lo mismo.
Una vez que Santiago se da cuenta de esto, el viento comienza a soplar con fuerza y
los miembros de la tribu observan a Santiago desaparecer. Luego, este reaparece al
otro lado del campamento. Los jefes están tan impresionados con esta demonstración
que deciden dejar ir a los viajantes y ofrecerles un guía para llegar a salvo a su destino.
Al día siguiente, el Alquimista y Santiago llegan al monasterio cóptico. El Alquimista usa
parte de su Piedra Filosofal para convertir plomo en oro, y le regala una parte a
Santiago y otra parte al monje. También le da al monje una pieza extra para que se la
guarde a Santiago en caso de que algo llegue a ocurrirle. El Alquimista y Santiago se
separan, y este se marcha rumbo a las Pirámides. Está radiante de alegría, y es
entonces que se da cuenta que ya puede volver en paz, porque el verdadero tesoro no
es oro o gemas preciosas sino la sabiduría que ha ganado y su amor por Fátima. Sin
embargo, el Alquimista le dice que escuche a su corazón. El corazón de Santiago le
dice que comience a cavar donde vea un escarabajo de desierto. Mientras está
cavando, un grupo de hombres se acerca a él y comienza a golpearlo salvajemente,
robándole todo su dinero. Cuando Santiago les cuenta qué está haciendo a pie de las
Pirámides, uno de los hombres le dice que es un tonto: él tuvo el mismo sueño, pero su
tesoro se encontraba en España. El hombre comenta que él no fue tan tonto como para
ir a buscar aquel tesoro. Después de que los hombres se marchan, Santiago se levanta
emocionado. Ahora sabe dónde se encuentra su tesoro.