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La ciudad de los espejos

En una región remota, escondida entre montañas, existía una ciudad


rodeada por un muro de espejos. Ningún viajero había logrado cruzar
ese muro, y quienes lo intentaban decían que los espejos les
mostraban cosas que no podían soportar: sus mayores miedos,
secretos enterrados o deseos inconfesables.

Nora, una joven exploradora, había escuchado rumores sobre la


Ciudad de los Espejos toda su vida. A diferencia de otros, no sentía
miedo, sino curiosidad. Se decía que dentro de la ciudad se
encontraba la Biblioteca de los Sueños, un lugar donde estaban
escritas todas las historias que aún no habían sido vividas. Nora
quería encontrarla, convencida de que ahí hallaría su propósito en la
vida.

Tras semanas de viaje, llegó al muro. Los espejos reflejaban su


imagen, pero también algo más: fragmentos de recuerdos y
pensamientos que no sabía que guardaba. Nora vio a una niña
llorando en la oscuridad, a un adolescente fallando en cumplir un
sueño, y a una mujer mayor mirando al vacío, arrepentida de no
haber tomado riesgos.

—Esto no me detendrá —dijo en voz alta, avanzando hacia el muro.

Al tocar el vidrio, este se desvaneció como agua, y Nora entró a la


ciudad. Lo que encontró fue un lugar impresionante: torres de cristal
que brillaban con la luz del sol, calles pavimentadas con mosaicos
que cambiaban de forma, y habitantes que parecían hechos de luz y
sombra.

Uno de ellos, un ser alto con ojos que reflejaban constelaciones, se le


acercó.

—Bienvenida, Nora. Eres la primera en cruzar el muro en siglos.

—Busco la Biblioteca de los Sueños —dijo Nora, sin rodeos.


El ser asintió y la guió a través de la ciudad. Finalmente, llegaron a
una cúpula gigantesca, hecha completamente de espejos que
reflejaban todo el cielo. Dentro, había miles de libros flotando en el
aire, cada uno brillando con una luz propia.

—Aquí están las historias aún por vivir —explicó el ser—. Pero debes
saber algo: cada libro que leas te mostrará un camino posible, pero
no todos los caminos llevan a la felicidad.

Nora asintió y eligió un libro que brillaba en tonos dorados. Al abrirlo,


se encontró con escenas de su vida futura: aventuras emocionantes,
personas que amaría, pero también pérdidas y desafíos. Cerró el libro
con una mezcla de emociones.

—¿Qué sucede si no leo otro libro? —preguntó.

El ser sonrió.

—Entonces, escribirás tu propia historia.

Nora entendió el mensaje. No necesitaba saber el futuro para


encontrar su propósito; solo debía vivir con valentía y autenticidad.
Salió de la ciudad con una nueva perspectiva, dejando atrás la
Biblioteca de los Sueños para que otros encontraran sus propias
respuestas.

La Ciudad de los Espejos permaneció oculta, esperando al siguiente


viajero valiente que se atreviera a mirar dentro de sí mismo.

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