Cuadernillo para La Igualdad
Temas abordados
Cuadernillo para La Igualdad
Temas abordados
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¿POR QUÉ ES NECESARIO ESTE TALLER?
Con esta propuesta del programa Cuentas Sanas, Banco Macro se propone analizar y desafiar
las barreras que dificultan la autonomía financiera y el progreso profesional de las mujeres,
pero no es un taller solo para mujeres.
Para evolucionar hacia una sociedad en la que todas las personas tengan la oportunidad de
compartir sus habilidades y alcanzar su plena realización profesional, es necesario un
esfuerzo conjunto. La igualdad intrínseca entre todas las personas es un derecho natural que
no se cuestiona en las sociedades más avanzadas. Además, está demostrado que los países
del mundo con mayores niveles de bienestar son los que aprovechan al máximo las cualidades
y capacidades de su población femenina, y en Argentina cada vez son más los hombres
concientizados de esta evidencia y comprometidos con la igualdad de género.
En línea con todo lo anterior, el programa Cuentas Sanas, de Banco Macro, ofrece a las
personas que participen en este taller una visión panorámica de los desafíos y las
oportunidades que se presentan a las mujeres en tres espacios clave: el laboral, el financiero
y el familiar.
Invitamos a todas las personas que trabajan por la igualdad a sumarse a la comunidad
Cuentas Sanas a través de nuestro portal www.cuentassanas.com.ar.
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CUENTAS SANAS PARA LA IGUALDAD
Taller de empoderamiento económico femenino
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1. VOS Y TU TRABAJO: LAS MUJERES EN EL MUNDO LABORAL
Sin una integración igualitaria en el mercado laboral no es posible la igualdad entre hombres
y mujeres. Desarrollar una actividad laboral no solo hace que las mujeres puedan influir en la
evolución de nuestra sociedad, sino que les permite generar sus propios ingresos y establecer
las bases de su autonomía económica.
En este primer módulo del taller hablaremos sobre las dificultades y obstáculos que
encuentran muchas mujeres para alcanzar la situación laboral que desean en términos de in
gresos, horarios y satisfacción profesional.
En el mundo actual, encontrar un buen trabajo en relación de dependencia es difícil para todos,
hombres y mujeres. Sin embargo, no podemos negar que para las mujeres es aún más
complicado. Lo comprobamos con los datos de la siguiente nota de prensa:
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Esta noticia nos plantea algunas cuestiones muy reveladoras:
• El número de mujeres que tienen cajas de ahorro es similar al de los hombres, porque los
subsidios, las ayudas sociales y las jubilaciones se pagan siempre por esta vía, y son
muchas las mujeres que dependen de estos ingresos.
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ENCUESTA: En tu opinión, ¿cuál es la razón principal de esta significativa
diferencia entre hombres y mujeres a la hora de acceder a trabajos en relación
de dependencia?
Pese a la creciente concientización sobre la importancia de que las mujeres puedan decidir
con libertad y sin estereotipos su futuro profesional, resulta complicado superar la arraigada
creencia cultural de que el cuidado de la familia corresponde de forma natural (y casi
exclusiva) a las mujeres. Esto no solo les ocurre a los hombres: muchas mujeres siguen
asumiendo como propias la mayor parte de las tareas asociadas al mantenimiento del hogar,
al igual que la atención de los hijos y otros familiares dependientes.
LAS PALABRAS IMPORTAN. ¿Alguna vez dijiste a una amiga “yo tengo suerte, mi
pareja ayuda mucho en casa”? ¿O se lo escuchaste a alguna otra mujer en tu
entorno? Sin darte cuenta, con este tipo de comentarios aceptas que las labores del
hogar son tu obligación como mujer, y que el apoyo de la pareja es algo que se puede
disfrutar y “agradecer”, pero no exigir.
En realidad, las tareas del hogar y el cuidado de los hijos (o de otras personas dependientes)
son una responsabilidad que corresponde a todas las personas que forman parte del núcleo
familiar, y que deben compartirse según las capacidades y habilidades de cada uno. Que el
hombre asuma su parte de trabajo en casa no debería considerarse “suerte”, sino algo
completamente normal. El verbo “ayudar” es peligroso porque implica que la obligación es de
la mujer y que el hombre puede dar una mano, pero no tiene por qué hacerlo.
No existe ninguna ley, ni divina ni humana, que establezca que cocinar, planchar, limpiar la
casa o comprobar que los niños tienen preparada la ropa para el colegio (trabajos que
consumen una gran cantidad de tiempo y energía) deben recaer exclusiva o principalmente
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sobre las mujeres de la familia. No solo hay muchos hombres que todavía se sienten cómodos
con esta desequilibrada situación: un gran número de mujeres siguen asumiéndola con
naturalidad, diciéndose a sí mismas que “nadie lo hace tan bien como yo”.
TU DERECHO A DECIDIR. No tratamos de decir que trabajar fuera es mejor o peor que
trabajar en casa. La cuestión es que todas las mujeres tienen derecho a decidir
libremente su grado de compromiso con una actividad remunerada fuera del hogar,
sin quedar limitadas por estereotipos sobre cuál debe ser su rol social.
Recordemos que la elección que se tome tiene implicancias prácticas: el menor acceso de la
mujer a trabajos remunerados hace que, con frecuencia, dependa económicamente de su
pareja o de otras personas de la familia. Esto condiciona seriamente su capacidad para tomar
decisiones sobre su vida y su futuro, y la deja desprotegida ante eventuales cambios en las
circunstancias (separación, viudedad, violencia doméstica, etc.).
El Informe elaborado por el BCRA a principios de 2020 ofrece conclusiones y datos muy
ilustrativos: “La brecha en la distribución del trabajo doméstico es una de las mayores fuentes
de desigualdad entre mujeres y varones". Como se aprecia en el siguiente gráfico, las mujeres
trabajan en promedio más horas semanales (57 frente a 50) pero la mayoría se dedican a
trabajo no remunerado (cuidado del hogar y de los hijos, voluntariado, etc.).
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NUEVOS CONCEPTOS: LA “CARGA MENTAL”. Es un término relativamente reciente,
que hace referencia al estrés generado por la necesidad de identificar, planificar,
coordinar y tomar decisiones sobre un gran número de trabajos o tareas. Las
investigaciones estiman que un 71% de las mujeres sufren carga mental, frente a un 12% de
los hombres. ¿Adivinás de dónde proviene esta diferencia? Acertaste si sospechas que se
debe al interminable trabajo de mantener en funcionamiento el entorno familiar.
Los hombres que “ayudan” suelen decir cosas como: “¿Querés que vaya al supermercado?
¿Qué tengo que comprar?”. Sin detenerse a cuestionarlo, la mujer revisa mentalmente todo el
inventario que tiene en la cabeza y elabora la lista de la compra.
Sin embargo, una respuesta lógica sería: “Mirá lo que falta y compralo”. Un hombre que no se
limite a “ayudar”, sino que comparta la “carga mental” del hogar, diría: “Veo que hace falta ir al
supermercado. Hice una lista de lo que necesitamos. ¿Se te ocurre alguna cosa más?”.
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DESPUÉS DEL TALLER. En la actividad 2 de tu cuaderno de trabajo podrás
realizar una valoración económica de todo el trabajo que realizás en el hogar.
Es muy probable que los resultados te sorprendan, y también te pueden ayudar
a ver de otra manera el valor de tu tiempo. ¿A qué preferís dedicar tus días?
Dedicamos bastante atención al punto anterior porque, como vamos a ver, es una de las claves
para entender el déficit en la integración laboral de las mujeres. El hecho de que las mujeres
se hagan cargo de la mayor parte de las responsabilidades y tareas del hogar no solo afecta
al ámbito familiar, sino que condiciona el tiempo y la energía que pueden dedicar a su
desarrollo profesional. Lo que es aún peor, influye en la percepción que tienen los empleadores
sobre el compromiso de las mujeres con sus cometidos laborales.
Si bien esta perspectiva puede tener sentido en determinados empleos, o en épocas pasadas,
en que la tecnología no permitía la comunicación o el trabajo a distancia, hoy día el
presentismo, en la mayoría de los casos, no aporta ninguna información relevante sobre la
valía profesional de la persona y su verdadera contribución a los objetivos de la empresa.
Los líderes modernos lo tienen en claro. Por desgracia, muchas empresas aún no adaptaron
su cultura organizativa y su estilo de liderazgo a las ilimitadas posibilidades de la sociedad
digital.
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La trampa del presentismo deja a las mujeres
en clara situación de desventaja a la hora de
competir por los trabajos en relación de
dependencia, como vimos en el punto anterior
al analizar la titularidad de cuentas sueldo en
Argentina. La necesidad (real o percibida) de
dedicar más tiempo que los hombres al
cuidado de la familia reduce el interés de las
empresas tradicionales por contratar
mujeres.
En este contexto, los avances tecnológicos y las nuevas modalidades de trabajo a distancia,
lejos de suponer una amenaza, pueden ser una gran oportunidad para que las mujeres
reivindiquen su derecho y su capacidad para acceder a trabajos remunerados, en igualdad de
condiciones.
Una mañana, al levantarse, descubren que el nene tiene fiebre y dolor de panza. Hay que
llevarlo al médico de inmediato, pero Laura tiene turno con la pediatra de la nena (el día
anterior ya avisó en el trabajo que llegaría tarde). Le dice a Fran que tienen que repartirse: ella
irá a la guardia con el nene y él llevará a la nena a la pediatra. Fran se queja durante un rato,
¡va a llegar tarde al trabajo! Por fin, comprende que no hay otra solución, avisa a su jefe y se
dirige a la consulta con su hija.
Laura está esperando en el hospital mientras los doctores examinan al niño, cuando recibe
una llamada en el celular: Fran le explica que está en la consulta con la pediatra, pero que no
es capaz de responder a las preguntas de la doctora. Durante cinco minutos, a través del
celular, Fran le transmite a la pediatra las respuestas de Laura sobre el estado general y los
síntomas de su hija.
Además del tiempo adicional que las mujeres con hijos dedican a la familia (y que se reducirá
progresivamente, a medida que se superen ciertos patrones culturales y las responsabilidades
familiares se compartan en la pareja de forma equitativa), la licencia por maternidad es
percibida por muchas empresas como un serio inconveniente a la hora de contratar mujeres.
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Aunque es discriminatorio e ilegal preguntar en las
entrevistas de trabajo por el estado civil o la
situación familiar, los empleadores asumen que las
mujeres, antes o después, harán uso del derecho
que les otorga la ley a permanecer junto a sus
bebés los primeros meses de vida.
¿Cómo resuelven esto los países más avanzados del mundo en materia de igualdad de
género? Lo más eficaz es obligar a que ambos padres compartan de forma equilibrada las
semanas de baja laboral, y dar flexibilidad horaria a las madres durante el periodo de lactancia.
Frente a esta situación ideal, ¿qué ocurre en Argentina? La ley establece 90 días de licencia
por maternidad y dos días de licencia por paternidad. Parece evidente a quién preferirán
contratar los empleadores.
Por otra parte, la licencia por paternidad no es solo un mecanismo para reducir o impedir la
discriminación laboral de las mujeres: cada vez más hombres desean disfrutar y compartir la
crianza de los hijos. Algunas multinacionales presentes en Argentina ya ampliaron el tiempo
de licencia por paternidad, con una masiva aceptación por parte de los nuevos papás.
Si pensaste que las mujeres tienen menor formación y por eso les cuesta más encontrar
empleo, te equivocaste. De acuerdo con los datos del INDEC (Instituto Nacional de Censos y
Estadísticas), el porcentaje de mujeres que completaron el Secundario y tienen estudios
universitarios en Argentina es superior al de los varones (61% frente al 57%).
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¿Cómo se pasa desde estos datos al hecho de que los hombres contratados en relación de
dependencia superen a las mujeres en más de un millón? ¿Qué ocurre para que mujeres con
buen nivel educativo terminen quedando marginadas o excluidas del mercado laboral formal?
En los puntos anteriores vimos algunas de las razones: con independencia de su nivel
educativo, cuando llegan los hijos son las mujeres quienes asumen mayoritariamente la
decisión de reducir su jornada laboral o incluso renunciar a una vida profesional fuera del
hogar. Aunque sea de forma temporaria, la dificultad de volver a incorporarse al mundo de
trabajo después de una ausencia prolongada hace que muchas mujeres tengan dificultades
para encontrar puestos adecuados a su formación y capacidades.
A lo anterior se suman los mayores costos que suponen para las empresas las licencias por
maternidad, lo que reduce el interés de algunos empleadores por contratar mujeres. De este
modo, lo que debería ser una conquista de la mujer (el derecho a una maternidad saludable y
protegida) se convierte en un factor adicional de discriminación. Por eso es importante
restaurar el equilibrio mediante las licencias obligatorias por paternidad, que reconocen el
derecho y la obligación de los hombres a desempeñar activamente su rol como padres.
La discriminación laboral de la mujer no termina con las dificultades para acceder al mercado
de trabajo. En su campaña de marzo 2020, el BCRA destaca: “La brecha de ingresos entre
mujeres y varones es del 27%. La diferencia de ingresos existe a pesar de que las mujeres
tienen mayor formación educativa”.
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Una parte de la brecha de ingresos se explica por el número de mujeres que eligen trabajar en
jornada parcial o que participan de manera intermitente en el mercado laboral (generalmente,
para hacerse cargo de las responsabilidades familiares). La falta de continuidad y el menor
número de horas tienen una relación directa con el menor nivel de ingresos.
Sin embargo, hay otro aspecto relevante que incide en la brecha de ingresos: las elecciones
educativas y profesionales de las mujeres, que a veces reflejan de forma inconsciente
arraigadas creencias culturales sobre las capacidades y los roles femeninos.
En las mujeres con menor nivel formativo, el trabajo doméstico es una de las opciones más
habituales; aunque la regulación logró importantes avances para promover la contratación y
los correspondientes derechos laborales de las trabajadoras, es un ámbito en el que persisten
importantes núcleos de informalidad.
¿Qué ocurre en el caso de las mujeres con mayores niveles educativos? Es cierto que acceden
a trabajos de mayor calidad, lo que facilita e incentiva su permanencia en el mercado laboral.
Pero hay algunos aspectos que conviene analizar.
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LAS CARRERAS STEM Y EL FUTURO DEL TRABAJO. STEM, por sus siglas en inglés,
hace referencia a las carreras relacionadas con la Ciencia, la Tecnología, la
Ingeniería y las Matemáticas. ¿Son mejores las carreras STEM que las que se
articulan en torno a las ciencias sociales? Obviamente, no. Todas ellas son necesarias.
El problema es que los avances tecnológicos están modificando de manera significativa las
demandas del mercado laboral, obligándonos a adquirir nuevos conocimientos y habilidades.
Según todas las previsiones, los sectores más dinámicos y con mayor demanda de empleo
en los próximos años serán los relacionados con el desarrollo y la aplicación de las nuevas
tecnologías. Esto significa que, si las mujeres siguen renunciando a este tipo de estudios (por
las razones equivocadas), pueden tener aún más dificultades para encontrar su espacio
profesional en la sociedad digital, lo que agrandará la brecha laboral y de ingresos respecto a
los varones. El menor acceso de las mujeres a estas profesiones con mayor dinamismo,
remuneración y futuro se denomina “paredes de cristal”.
No sugerimos elegir opciones formativas que no coincidan con las preferencias personales.
Lo importante es decidir con plena libertad, autoestima y confianza en las propias
posibilidades, sin dejarse llevar por prejuicios sin fundamento sobre las capacidades
intelectuales de las mujeres (que, con frecuencia, se construyen de forma inconsciente desde
el hogar y la escuela). En una palabra, el objetivo es empoderar a las mujeres para que elijan
según sus deseos y aspiraciones, y no según su género.
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DESMONTANDO ESTEREOTIPOS. ¿Alguna vez escuchaste hablar de estas mujeres
matemáticas? Te invitamos a encontrar en Internet sus impresionantes logros y
contribuciones en este campo (con frecuencia, en circunstancias muy adversas, y
en épocas en que a las mujeres les estaba prohibido el acceso a la universidad). Sí, sin duda
a algunas mujeres no les gustan o no se les dan bien las matemáticas. A muchos hombres,
tampoco.
Puesto que las mujeres tienen la misma o mejor formación que los varones, sería lógico
suponer que los niveles directivos de las empresas reflejan este dato objetivo. El número de
jefas y el de jefes estará debidamente equilibrado, ¿no es cierto? Como por desgracia ya
sabemos, no es así. Es lo que se conoce como techo de cristal.
Volviendo de nuevo a los números del BCRA, encontramos que “hay un 30% menos mujeres
que varones en puestos jerárquicos y de decisión en ámbitos laborales. El 5,4% de las mujeres
ocupa cargos de jefatura o dirección, frente al 7,8% de los varones”.
Por otra parte, también se aprecian las paredes de cristal en el tipo de funciones directivas
que suelen atribuirse a las mujeres: es habitual encontrar mujeres al frente de los
departamentos de Comunicación, Administración, Sustentabilidad y Recursos Humanos, y
menos frecuente en otras áreas que las empresas consideran troncales para el negocio.
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EL TECHO DE CRISTAL INTERNO. Las barreras y los prejuicios sociales, tanto visibles
como invisibles, no solo influyen en el comportamiento de los empleadores y
personas con poder para decidir la configuración del mercado laboral (legisladores,
etc.). También determinan la creencia que las propias mujeres tienen sobre sí mismas y sobre
su papel en la sociedad.
Vimos que esto se aprecia tanto en las elecciones profesionales como en la aceptación de
una mayor carga mental (y física) en el hogar. Pero también se extiende a un aspecto del que
muchas mujeres no son conscientes: la infravaloración de su trabajo. Según un estudio del
portal de búsqueda de empleo Bumeran realizado en 2019, en promedio las mujeres piden
salarios un 14% más bajos que los hombres. La brecha aumenta a medida que lo hace la
experiencia: las mujeres que se postulan a trabajos junior piden salarios un 6% inferiores, y las
que lo hacen a puestos directivos (solo el 30%, según los datos del estudio) solicitan
remuneraciones un 17% inferiores a las de los varones.
¿Por qué ocurre esto? ¿Piensan las mujeres que deben “competir en precio” para obtener un
lugar en el mercado laboral? ¿Realmente sienten que valen menos? ¿Por qué las propias
mujeres tienen dificultades para calcular y solicitar un salario adecuado a sus capacidades?
Probablemente porque aún perviven demasiados condicionantes culturales que operan a
nivel inconsciente, así como arquetipos relacionados con el carácter abnegado del esfuerzo
femenino. Todo ello orienta tanto la elección de profesiones “altruistas” como las inferiores
expectativas de remuneración de las mujeres.
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DEBATE EN GRUPO: LA PSICOLOGÍA DEL PUDOR PROFESIONAL FEMENINO.
¿Escuchaste hablar alguna vez del síndrome del impostor (mejor dicho, de la
impostora)? ¿Y del síndrome de la tiara? ¿Cómo se relacionan estos sentimientos
con el hecho de que las mujeres dediquen menos atención a establecer relaciones
y redes profesionales (networking) y, en consecuencia, tengan más dificultades para encontrar
empleos que reflejen sus verdaderas capacidades? ¿Pensás que estos “síndromes
psicológicos” pueden influir en el hecho de que las mujeres pidan sueldos inferiores?
Como vimos en el punto anterior, el mercado de trabajo es percibido por muchas mujeres
como un espacio para la autonomía y el progreso personal, pero poco compatible con sus
responsabilidades familiares. Aunque el contexto es mucho más prometedor que el que
vivieron nuestras madres y abuelas, todavía existen numerosos obstáculos que dificultan la
plena incorporación de la mujer: la rigidez, los estereotipos y los prejuicios todavía
caracterizan el mercado laboral formal de nuestros días, convirtiéndolo en un territorio difícil
de conquistar para muchas mujeres.
a) Ningún apoyo. Soy jefa de familia o no tengo otros apoyos económicos. El dinero de mis
actividades profesionales (y los subsidios que recibo, en su caso), son los únicos ingresos
del hogar.
b) Apoyo parcial. En mi hogar hay otras personas que trabajan (pareja, hijos, etc.), pero mi
trabajo es imprescindible para llegar a fin de mes.
c) Suficiente apoyo. Trabajo porque quiero, pero tengo suficiente apoyo económico (padres,
pareja, etc.) y en el peor de los casos podría prescindir de mis ingresos durante un tiempo.
Ni siquiera la opción c), que en apariencia implica menos presión, está libre de riesgos: las
circunstancias personales y familiares pueden cambiar, llevándote a alguna de las alternativas
en las que es obligatorio generar ingresos.
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¿Qué opciones tienen las mujeres que precisan generar ingresos (la inmensa mayoría), cuando
no encuentran un empleo en relación de dependencia que cubra la totalidad de sus
necesidades económicas y/o de flexibilidad horaria? La respuesta es la misma que en el caso
de los varones: trabajar por su cuenta o emprender un negocio propio.
Para conocer los desafíos que plantea esta opción contamos con los datos relevados por la
W20, una red transnacional de mujeres que asesora al G20 para estimular la participación
social y económica de la población femenina. En 2018, coincidiendo con la presidencia
argentina del G20, la red publicó varios informes enfocados en la realidad de nuestro país. El
que ahora nos interesa se llama “Emprendedurismo, innovación y acceso a las finanzas, en el
mercado formal e informal”.
El informe refleja que “en Argentina, el 38% de las mujeres emprende por necesidad (falta de
oportunidades en el mercado de trabajo o por la necesidad de incrementar ingresos) y el 60%
por oportunidad (detección de alguna oportunidad en el mercado o la capacidad y el
conocimiento técnico para llevar el proyecto adelante)”.
No es lo mismo emprender por necesidad que hacerlo por oportunidad o vocación. Las
mujeres que se refugian en el autoempleo por necesidad (es decir, las que no encuentran otra
manera de participar en el mercado de trabajo) también suelen tener dificultades para
desarrollar un negocio “en blanco”. ¿Cuáles son las motivaciones y los principales obstáculos
de las mujeres que desarrollan sus proyectos de manera informal en Argentina, según la
W20?
a) Alto peso de las tareas domésticas y relacionadas con el cuidado familiar. Existen
estudios que vinculan el número de hijos con la menor integración en el mercado de
trabajo. Las mujeres con muchos hijos que no tienen ayuda para cuidarlos no solo tienen
complicado trabajar en relación de dependencia, sino que tienen más probabilidades de
emprender de manera informal, buscando la máxima flexibilidad.
Vemos de nuevo el impacto de esas creencias culturales que atribuyen a las mujeres el rol
casi exclusivo de cuidadoras. Este problema se agrava por la falta de instituciones
apropiadas que faciliten el cuidado de menores y adultos a cargo.
b) Dificultades para la formalización del negocio, por razones tanto objetivas como
subjetivas. Por una parte, muchas mujeres no disponen de la información sobre el proceso
y las consecuencias de la formalización, y sienten que no tienen tiempo para unos trámites
que prevén complicados. Por otra parte, en ocasiones temen el efecto de la formalización
en los subsidios y ayudas sociales que perciben. A esto se suma que muchas
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emprendedoras informales no están en condiciones de asumir los costos y desembolsos
que requiere la formalización.
c) Escasas opciones de financiación. Para que los negocios puedan crecer hasta el punto de
permitir una vida digna, en algún punto suele ser necesario recurrir al crédito (para comprar
materia prima, un equipamiento que permita aumentar la productividad, vehículos para
entregar los productos y ampliar los mercados, etc.). Por la naturaleza informal de sus
emprendimientos, muchas mujeres no tienen posibilidad alguna de acceder al crédito
bancario, lo que en muchos casos las limita a una actividad de subsistencia.
d) Brecha digital. La brecha digital tiene una triple manifestación: falta de acceso a
dispositivos inteligentes de última generación, dificultades para conectarse a Internet y
carencia de habilidades digitales. En muchos casos, las emprendedoras informales sufren
las tres. Viven en lugares sin conectividad, no tienen computadoras o teléfonos
inteligentes y, en consecuencia, no es fácil que logren desarrollar sus habilidades digitales,
que hoy día son imprescindibles para llevar adelante un negocio. La inclusión digital es
necesaria para acceder a alternativas de financiación, aprovechar las oportunidades de
capacitación, vender en los mercados virtuales y promocionarse en las redes sociales.
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1.2.2. Formación y apoyo para emprendedoras
Pasamos ahora a hablar de las mujeres que emprenden por razones de oportunidad: tienen
los conocimientos o el deseo de llevar adelante un negocio, en un ámbito en el que han
identificado una necesidad de mercado. La situación de partida es muy diferente al caso
anterior, ya que en principio las mujeres disponen de otras alternativas y la obtención de
ingresos no es una urgencia para sobrevivir.
Sin embargo, vamos a comprobar que los obstáculos son similares en algunos casos, aunque
tienen distinto impacto y el orden de importancia también varía:
Esto tiene consecuencias prácticas visibles en la actitud de las mujeres que eligen
emprender: tienen menos tolerancia al fracaso, les cuesta asumir riesgos, se resisten a
asumir deudas que pueden ser necesarias para hacer crecer el negocio, tienen poca
autoestima y confianza en sus capacidades y, algo muy frecuente, tienden a absorber el
trabajo de otras personas sin exigir la remuneración que legítimamente les corresponde.
Mariana es una escribana de 58 años que ya está pensando en jubilarse. Su oficina está
en un barrio de nivel económico medio-bajo, y le cuenta a Ruriko que “la pasa muy mal
cuando tiene que aplicar las tarifas vigentes, por trámites que sus clientes están obligados
a realizar”. Siente tanta lástima por sus clientes que, a veces, les hace una importante
reducción de precios; para que su socio no se enoje, ella misma pone la diferencia.
Aunque nació en Argentina hace 26 años, los padres de Ruriko son japoneses. Ella observó
una necesidad y una oportunidad en el mercado: a muchas mujeres japonesas, por su
esbelta constitución física, les cuesta encontrar corpiños adecuados. Ruriko elabora
personalmente lencería íntima, a la medida de las mujeres más delgadas. Le muestra a
Mariana algunas de las piezas que confecciona, y a Mariana le fascinan los hermosos y
originales diseños, además de la excelente calidad de los corpiños. Le pregunta por el
precio de uno de ellos y queda sorprendida cuando Ruriko le dice lo que cuesta. “¡Pero eso
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es poquísimo! Si esto es una pieza de artesanía, debería costar mucho más”, exclama
Mariana. Ruriko se sonroja y parece muy sorprendida: “Trato de cubrir el costo de los
materiales, pero por la mano de obra no cobro mucho. Solo los hice yo”.
Los estereotipos de género que afectan a Mariana y a Ruriko son diferentes, pero el
resultado es el mismo. Mariana se siente en la obligación de “cuidar” a sus clientes, aún a
costa de su economía. Ruriko considera que su tiempo, su habilidad y su experiencia para
elaborar piezas únicas no son valiosos, por lo que trabaja prácticamente a cambio de nada.
c) Estereotipos de género. Muy relacionado con el punto anterior, ya que quienes tienen que
tomar las decisiones sobre otorgar financiación o invertir en un negocio suelen ser
hombres, o mujeres que reproducen los prejuicios masculinos sobre las mujeres
emprendedoras.
Las mujeres son percibidas como menos competitivas que los hombres y, por tanto,
menos capaces para hacer frente a los desafíos de emprender. Como en muchos otros
campos, tienen que demostrar su valía y su capacidad más que los varones; también hay
hombres inseguros de sus capacidades, pero por defecto se asume que un hombre tiene
más oportunidades de triunfar en el ecosistema empresarial. Tanto los inversores como
las entidades financiadoras valoran menos el trabajo de las mujeres (en ocasiones, como
reflejo de lo que las propias mujeres opinan de sí mismas), especialmente cuando la
actividad se desarrolla en áreas de actividad tradicionalmente consideradas masculinas.
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¿Qué se puede hacer para ayudar a las mujeres a superar estos obstáculos? Todas las
posibles soluciones (mejor formación gerencial, desarrollo de habilidades emocionales y
aumento de la autoestima, mayor visibilidad y valoración de los éxitos femeninos, etc.) están
más próximas gracias al apoyo de redes y espacios creados para impulsar el rol social de la
mujer emprendedora. Algunos ejemplos (aunque hay muchas otras):
− CRIAR, Comunidad de Mujeres Emprendedoras. Asociación sin fines de lucro que apoya
a las mujeres emprendedoras y trabaja para aumentar la presencia femenina en el sector
productivo y promover su independencia económica: www.emprendedorascriar.org.
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2. VOS Y EL SISTEMA FINANCIERO: TU RELACIÓN CON LOS BANCOS
De acuerdo con los datos de una encuesta global realizados por la Boston Consulting Group,
el 73% de las mujeres consideran que el sector de actividad que peor las trata es el financiero,
tanto desde el punto de vista de los productos disponibles como del servicio que les brinda.
Esto no es una buena noticia para las entidades financieras, y aún menos para las mujeres.
Como vamos a ver en este módulo, existen datos objetivos que confirman la brecha de género
en las relaciones con las entidades financieras.
De acuerdo con el BCRA, “los varones acceden casi el doble que las mujeres a créditos que
requieren mayores garantías y tiene plazos más largos de repago, como préstamos
prendarios e hipotecarios. En el caso de créditos hipotecarios, la relación de acceso es de
0,5% de mujeres frente al 1% de varones. En los préstamos prendarios, la relación de acceso
es de 1% de mujeres frente al 1,9% de varones”.
Vimos que uno de los problemas para emprender de manera formal se relaciona con la
dificultad de acceder al crédito, y este dato confirma la situación en Argentina. Por ejemplo,
los préstamos prendarios pueden ser necesarios para comprar vehículos o equipamiento
relacionados con el negocio: cuando la propietaria del negocio es una mujer, tiene la mitad de
probabilidades de conseguir la financiación.
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Los estudios demuestran que las mujeres son más responsables a la hora de devolver sus
préstamos, y que en caso de mora reaccionan con más rapidez que los varones. Además, son
más prudentes a la hora de solicitar financiación (lo hacen cuando tienen cierta seguridad de
que podrán devolver el dinero prestado). Si esto es así, ¿por qué tienen más dificultades para
acceder al crédito?
Aunque hay una diversidad de razones, en muchos casos relacionadas con los estereotipos
de género, vamos a centrarnos en dos que tienen una naturaleza más objetiva:
• Las mujeres tienen menos ingresos estables. El principal criterio que utilizan los bancos
para otorgar préstamos es que la persona solicitante disponga de ingresos habituales y
suficientes, que aseguren su capacidad de repago. Debido a las mayores dificultades que
tienen para integrarse en el mercado laboral formal (por todas las razones que vimos en
el primer módulo), el porcentaje de mujeres que cumple este criterio es inferior al de los
varones.
• Las mujeres tienen menos desarrollado su historial crediticio. Una cuestión interesante
cuando se trata de obtener financiación es que, si nunca te endeudaste, tenés menos
posibilidades de conseguir un préstamo que si ya pediste otros con anterioridad y los
devolviste en tiempo y forma. En el primer caso, el banco no tiene ninguna referencia sobre
tu comportamiento como deudora. En el segundo, ya demostraste que tenés capacidad y
voluntad de devolver tus deudas.
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EL CRÉDITO Y LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO: UN CASO REAL EN CHILE.
Reproducimos textualmente esta historia, publicada en la versión americana del
periódico El País.
“Le sucedió a Marcela Jiménez, periodista, a mediados de los 2000. Con 32 años, trabajaba
hacía una década y se desempeñaba en forma estable y con un muy buen sueldo en el aparato
público. No tenía deudas y su banco sabía de su intachable comportamiento financiero. Pero
le rechazaron un crédito hipotecario, pese a tener el dinero de cerca del 25% del valor del
inmueble.
“Llamé al ejecutivo para pedir una explicación y me dijo que era una mujer soltera y, por lo tanto,
irresponsable e impredecible. Que nadie sabía si el día de mañana me darían ganas de irme
fuera de Chile. Me aconsejó que volviera cuando tuviera un marido que me respaldara y, a ojos
del banco, fuera seria, solvente y estable”, relata Jiménez. “Es uno de los momentos de mi vida
donde he sentido más fuerte la sensación de injusticia y discriminación”, recuerda la periodista
chilena, que hasta ahora no ha tenido una nueva oportunidad para comprarse una vivienda.
Además, esta decisión perjudicó al banco, ya que impidió una operación rentable con una
persona económicamente solvente, solo por su condición de mujer soltera. Las
investigaciones estiman que descuidar el segmento de la clientela femenina supone una
importante disminución de beneficios para las entidades financieras.
Además de seguir trabajando como sociedad para superar estos estereotipos, hay algunas
cosas que podés hacer desde ya para empezar a construir tu historial crediticio. Aunque la
obtención efectiva de la financiación depende de diversos factores, los siguientes pasos te
pueden ayudar:
a) En primer lugar, conviene que seas única titular de tu propia cuenta bancaria. En el próximo
punto veremos algo más sobre este tema.
c) En caso de utilizar la opción de financiar tus compras con la tarjeta de crédito, asegurate
de pagar las cuotas de forma puntual, evitando en lo posible el pago mínimo (aunque
siempre es preferible el pago total mensual).
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d) Si necesitás un préstamo personal, las probabilidades de obtenerlo aumentan si lo
solicitás por montos chicos y a plazos cortos. Pagarlo en tiempo y forma te permitirá crear
un buen historial y mejorará tus opciones para obtener en el futuro créditos más elevados,
a mayor plazo y con mejores tasas.
• Los créditos otorgados a negocios propiedad de varones resultan impagos un 67% más
que en el caso de los negocios propiedad de mujeres.
• En conjunto, los créditos impagos de mujeres son un 53% menores que los de los hombres.
• Las mujeres valoran más la relación personal y son mucho más leales que los hombres a
sus proveedores financieros.
• Si una mujer está satisfecha con su experiencia en el banco, se lo comenta a una media
de 9 personas.
• Las mujeres transmiten su descontento con un servicio negativo 4 veces más que los
hombres.
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2.2. Ahorro e inversión. La preparación para el retiro
El Global Findex es una iniciativa del Banco Mundial que mide la inclusión financiera a nivel
internacional. Los datos sobre capacidad de ahorro y ahorro para la jubilación, que en
Argentina son muy bajos en general, muestran de nuevo la considerable diferencia entre
hombres y mujeres.
Las circunstancias que dificultan el ahorro de las familias en Argentina son complejas y
diversas (condicionantes culturales, inflación, incertidumbre laboral, etc.). De acuerdo con el
Global Findex, el 62% de las personas en Argentina no serían capaces de conseguir los fondos
necesarios para hacer frente a sus gastos básicos en el plazo de un mes, si se interrumpieran
sus ingresos habituales. En otras palabras, viven al día. A todos los factores mencionados se
suma el impacto de la brecha de género.
De forma coherente con la menor integración laboral y económica de las mujeres, estas tienen
una capacidad de ahorro significativamente inferior: solo el 25% de las mujeres lograron
ahorrar el año anterior, frente al 36% de los hombres. La situación empeora si nos fijamos en
el largo plazo, y en un objetivo tan prioritario como es preparar una jubilación tranquila: solo
el 4% de las mujeres disponen de ahorros para ese momento.
En Argentina, las mujeres tienen una expectativa de vida de casi 80 años, frente a 73 de los
varones. Además, las mujeres se pueden jubilar con 60 años y los hombres con 65. Esto
significa que, en promedio, una mujer puede pasar más años jubilada que un hombre.
El problema es que pasará esos años adicionales con pensiones inferiores a las de los
hombres, por diversos motivos: menos años de trabajo, menores salarios durante su vida
laboral, más interrupciones en la carrera profesional por el cuidado de los hijos, mayor
representación en espacios de trabajo informal (que no generan derecho a jubilación, etc.). En
resumen, las mujeres acumulan menos tiempo de cotización y tienen más dificultades para
cumplir los criterios (cada vez más exigentes) de número de años trabajados para tener
derecho a pensión. En este contexto, comenzar a planificar la jubilación se convierte en una
necesidad. Empezar lo antes posible, aunque sea con montos muy chicos, facilita alcanzar
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ese objetivo que, por resultarnos muy lejano en el tiempo, a veces no atendemos tanto como
nos conviene.
Obvio, resulta imposible pensar en la jubilación cuando es imposible llegar a fin de mes. Las
herramientas y propuestas de Cuentas Sanas te ayudan a organizar tus cuentas para que tus
ingresos cubran lo mejor posible todas las necesidades de gasto diario, consumo y ahorro
para el futuro. Algunas ideas:
• El control del endeudamiento debe ser un objetivo prioritario. Cada vez que uses algún tipo
de financiación (tarjeta de crédito, de comercios, etc.) asegurate de que no podés pagar
de otra forma (por ejemplo, con tarjeta de débito). Siempre que te sea posible, evitá pagar
el sobreprecio en intereses que supone comprar a crédito.
• Registrá y clasificá tus gastos en tres grupos: obligatorios fijos, obligatorios variables y
voluntarios (optativos). Entre estos últimos encontrarás un gran número de “gastos
hormiga” (chicos, pero abundantes) que a veces son agradables y convenientes, pero que,
con frecuencia, pueden evitarse o reducirse sin que ello afecte a nuestra calidad de vida.
• Con tus gastos organizados y tus deudas bajo control, podés establecer tus metas y
objetivos en diferentes plazos. No olvides incluir la jubilación como objetivo a largo plazo:
Ahorrar montos chicos durante mucho tiempo rinde más que intentar ahorrar mucho en
pocos años. ¡Comprobalo!
En el módulo 3 de este taller veremos más sobre los diferentes niveles de integración
económica de las mujeres, y la importancia de pasar de ahorradora a inversora.
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2.3. El uso de los canales digitales
Los avances tecnológicos están cambiando el modo en que realizamos muchas actividades
cotidianas, brindándonos nuevas posibilidades y una mayor calidad de vida. El sector
financiero no es una excepción: los canales digitales no solo te permiten manejar tu dinero sin
moverte de casa, sino que cada vez son más amigables, accesibles y fáciles de utilizar.
Sin embargo, el temor a los cambios hace que algunas personas demoren el momento de
beneficiarse de las oportunidades que ofrece la tecnología. En ocasiones, la falta de confianza
en las propias capacidades y habilidades digitales también influye en el uso insuficiente de
los nuevos medios electrónicos de pago, de la Banca Internet o de las aplicaciones para
manejar las cuentas desde el celular.
En nuestro taller Cuentas Sanas Digitales conversamos con los participantes sobre las
principales herramientas y canales digitales, mostrando sus ventajas frente a las opciones
tradicionales, como el uso habitual del dinero en efectivo y la necesidad de desplazarse hasta
la sucursal, en horario de oficina, para realizar operaciones sencillas.
Desde el punto de vista de este taller, los canales digitales pueden desempeñar un rol
fundamental para fomentar la inclusión, la seguridad y la autonomía financiera de las
mujeres. Veamos algunas claves:
• Ahorro de tiempo. Vimos que las mujeres dedican el doble de horas que los hombres al
trabajo en el hogar, a lo que hay que sumar el tiempo de trabajo remunerado, formal o
informal. En consecuencia, tienen menos tiempo para hacer trámites.
Aunque el objetivo sigue siendo el reparto equitativo de las tareas del hogar, la posibilidad
de realizar todo tipo de operaciones bancarias desde la comodidad del hogar puede
facilitar la vida a muchas mujeres. Sin duda, evitar el desplazamiento a las sucursales y
las largas colas es un incentivo considerable.
• Seguridad. Trasladarse con dinero en efectivo es un riesgo para cualquier persona, pero
aún más para las mujeres. Los pagos electrónicos y las operaciones virtuales son un factor
esencial para disminuir este problema.
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DESPUÉS DEL TALLER. En la actividad 8 de tu cuaderno de trabajo te invitamos
a comentar tu percepción sobre la utilidad y accesibilidad de los canales
digitales en el manejo de tu economía.
Los objetivos que se persiguen y las herramientas económicas que necesita una mujer
dependen de su grado de integración económico-financiera. A grandes rasgos, podemos
distinguir los siguientes niveles de integración:
b) CONSERVACIÓN DE LOS RECURSOS. Aquí se ubican las mujeres con un flujo de fondos
previsible: sueldo fijo, emprendimiento en marcha, etc. Esto permite cierta capacidad de
anticiparse a las necesidades. En contextos familiares difíciles, la mujer puede sentir la
necesidad de mantener en secreto estos ingresos (familiares con adicciones, violencia
doméstica, etc.). El objetivo fundamental de las mujeres en esta etapa es no perder el
dinero conseguido y generar ahorros que aumenten su seguridad y confianza en el futuro.
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3.2. Mujeres en pareja: cuentas individuales, responsabilidad
compartida
Como vimos en módulos anteriores, son muchos los elementos del mercado laboral que
todavía debemos superar para lograr esta autonomía. Sin embargo, sí podemos empezar a
reivindicar espacios propios de autonomía económica en nuestro entorno más inmediato: la
familia.
Cuando la nena más chica llegó a los cuatro años, Anabel comentó que quería volver a
trabajar. Pronto comprendió que iba a ser muy difícil encontrar un puesto en su área de
especialidad, porque la regulación había cambiado mucho y su experiencia ya no era tan
relevante. Durante esos años de desconexión laboral, Anabel había perdido confianza en sí
misma, y encontrar el tiempo necesario para actualizar sus conocimientos técnicos le pareció
una misión imposible: las niñas todavía demandaban mucho tiempo y atención. Comenzó a
trabajar media jornada haciendo labores administrativas en una ONG, con un sueldo muy bajo.
Aunque al principio le animó verse conectada de nuevo al mundo laboral, pronto se sintió
frustrada: sus tareas estaban muy por debajo de sus capacidades y no tenía ninguna
expectativa de desarrollo futuro. Marcelo le sugirió que dejara el trabajo y estudiara algún
curso. Después de todo, él ganaba bien y no tenían problemas económicos.
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pensar que algo tan hermoso como criar y educar a sus hijas le pudiera cerrar las puertas del
mundo laboral. Y, lo que era aún peor, que incluso otras mujeres lo pudieran usar en su contra.
Anabel desistió y, mientras las nenas crecían, empezó a ocupar su tiempo libre haciendo
cursos, voluntariado y otras actividades gratificantes... pero no remuneradas. Las tareas del
hogar eran su territorio exclusivo, según Marcelo: después de todo, ella se pasaba todo el día
en casa, “tan tranquila”. Al mismo tiempo, Marcelo siguió progresando profesionalmente y
alcanzando puestos de mayor responsabilidad. Trabajaba largas jornadas y apenas hablaba
al regresar a casa.
Anabel se dio cuenta de que su marido cada vez la trataba con más desprecio: “Para qué
hablás de eso, si no sabés nada”. Un día, Marcelo decidió que él se iba a hacer cargo
personalmente del presupuesto familiar, y cada semana le entregaba a Anabel un monto en
efectivo para las compras del hogar. Aunque ambos eran cotitulares de la cuenta bancaria
que abrieron al casarse, Anabel observó que ya no tenía apenas saldo ni movimiento (excepto
las facturas de los servicios). Comprendió que probablemente él tenía otra cuenta en la que
percibía su elevado sueldo. Para recibir la asignación semanal, Anabel debía entregar un
registro detallado de los gastos realizados la semana anterior. Si quería salir con una amiga o
comprarse unos zapatos, tenía que pedirle el dinero a Marcelo o falsear los registros de gastos
semanales (después de todo, ¡ella también era contadora!).
La situación era cada vez más humillante e insostenible. Anabel no lograba entender cómo
habían llegado a ese punto, y cómo el hombre con el que se había casado le podía haber
perdido tanto el respeto. Aunque su autoestima no estaba en su mejor momento, Anabel
decidió hablar con Marcelo y hacerle entender que no podía tratarla así. Marcelo se rio y dijo
que ella no podía hacer nada, porque si no fuera por él estaría en la calle: “Yo soy el que trae el
dinero. El dinero es mío, yo lo manejo”.
El caso de Marcelo y Anabel es un ejemplo clásico de violencia económica, una forma todavía
demasiado frecuente de maltrato y abuso psicológico. Se da en todos los niveles
socioeconómicos y hace que la mujer se sienta totalmente indefensa, porque lo está: la
incapacidad para tomar decisiones sobre el dinero la ubica en una posición de total
dependencia. En ocasiones, las tendencias controladoras de la parte maltratadora se aprecian
desde el principio de la relación. Otras veces, se van manifestando de forma progresiva, lo que
hace que a la víctima le resulte complicado darse cuenta de lo que está ocurriendo.
Para prevenir y hacer frente a estas situaciones, es importante que la mujer sea consciente de
la importancia de no renunciar a su independencia económica. Es cierto que la actual
organización social no facilita a las mujeres la conciliación de múltiples objetivos (familiares
y profesionales), pero las consecuencias de no hacerlo pueden ser devastadoras, como en el
caso de Anabel.
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En nuestro portal www.cuentassanas.com.ar podés encontrar una sección llamada “Cuentas
separadas y conjuntas”, en las que se trata precisamente esta cuestión, que ya apuntamos en
el punto 2.1. del taller (Cómo construir tu propio historial crediticio). Tener tu propia cuenta
bancaria, exclusivamente a tu nombre, es el primer paso para tu autonomía económica.
• En la indistinta, cada uno de los titulares puede disponer libremente de todo el saldo. Es
más cómodo, pero más arriesgado.
• En la conjunta, se necesita la firma de todos los titulares para tomar decisiones sobre los
fondos. Es más seguro, pero lento y no muy práctico.
Si vivís con tu pareja, en Cuentas Sanas proponemos una combinación de diferentes tipos de
cuentas, según su objetivo. Esto no solo aumenta la eficacia en el manejo de las cuentas del
hogar, sino que respeta la independencia financiera de ambos miembros de la pareja:
• En las cuentas individuales, cada uno podrá disponer de su propia plata para gastos y
proyectos personales. Además de servir para mantener un espacio de autonomía
económica muy saludable, las cuentas individuales pueden proteger la economía del
hogar. Por ejemplo, en caso de que uno de los miembros de la pareja tenga que hacer
frente con su patrimonio a embargos o indemnizaciones, las cuentas propias del otro no
se verán afectadas.
• Las cuentas indistintas son ideales para los gastos cotidianos del hogar: alquiler, comida,
servicios, etc.
• Las cuentas conjuntas resultan indicadas para los ahorros e inversiones destinados a
“grandes proyectos” o compras importantes. Es razonable que ambos tengan que ponerse
de acuerdo para disponer de los fondos relacionados con la supervivencia y el bienestar
de la familia a largo plazo.
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3.3. Los especiales desafíos de las jefas de familia
De manera intuitiva, todos somos conscientes de que las mujeres cabeza de familia enfrentan
un mayor número de obstáculos: los asociados a su condición de mujer (con las consiguientes
trabas de acceso al mercado laboral) y los que derivan del hecho de ser las principales o
únicas responsables del sostenimiento del hogar y la educación de los hijos.
Los estudios identifican algunas de las características que definen a las jefas de familia:
• Ansiedad relacionada con la falta de ingresos previsibles. Con frecuencia, las jefas de
familia carecen de apoyo económico por parte del padre o de la pareja (tanto si hay
convivencia como si no). Aunque existen políticas públicas de apoyo económico a este
colectivo, en los grupos más vulnerables muchas mujeres se ven abocadas a generar
ingresos mediante emprendimientos informales de subsistencia.
Superar esta situación no puede ser un objetivo individual, sino que requiere políticas públicas
que, además de aportar la necesaria ayuda económica, provean espacios para facilitar el
cuidado de los hijos y otras personas a cargo y, sobre todo, promuevan el acceso de las jefas
de familia a una educación que les abra las puertas a mejores oportunidades laborales.
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TU CUADERNO DE TRABAJO
Debido a la presión cultural del entorno, tanto hombres como mujeres asumimos diversos
estereotipos de género que, en muchos casos, perpetúan la desigualdad e impiden a las
mujeres alcanzar un nivel óptimo de empoderamiento.
Marcá en la primera columna del siguiente cuadro cuál es tu situación laboral actual y, en la
segunda, la que te gustaría tener:
Mi situación La situación
laboral actual laboral que deseo
Trabajo en relación de dependencia, con contrato.
Trabajo por mi cuenta, con monotributo.
Trabajo para otros, pero sin contrato ni monotributo.
Tengo mi propio negocio (formal)
Tengo mi propio negocio (informal)
Me gustaría encontrar un trabajo en relación de dependencia
Otra:
Esta actividad conviene realizarla con tu pareja y/o con el resto de los miembros adultos del
hogar. El objetivo es calcular cuántas horas semanales dedica cada uno a las diferentes
tareas domésticas, en promedio. Después calcularemos el valor económico de esas horas:
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NÚMERO DE HORAS DEDICADAS A Vos Pareja Persona 1 Persona 2 Persona 3
Cocinar
Realizar las compras del hogar
Cuidado de la ropa (lavar, planchar, coser...)
Limpieza y mantenimiento del hogar
Cuidado de los hijos (alimentación, aseo...)
Apoyo a las actividades escolares de los hijos
Visitas médicas (hijos, adultos a cargo...)
Otras tareas
HORAS SEMANALES - TAREAS DEL HOGAR
¿Te ayuda este dato a ser más consciente del enorme valor de ese trabajo al que a veces no
damos importancia? Para que quede aún más claro, te proponemos este cálculo sencillo:
En la fila B, ingresá lo que se paga en tu entorno por una hora de trabajo doméstico externo
(es decir, cuando se contrata a alguien para que se ocupe de las tareas del hogar).
En la fila E tenés una aproximación a lo que ganarías si, en lugar de trabajar en tu hogar,
trabajaras realizando las mismas tareas en otro lugar. En realidad, es una estimación por
debajo de la realidad, ya que todo el tiempo que dedicás a estas labores no remuneradas lo
podrías estar dedicando a otras cosas que te pudieran generar ingresos.
• ¿Hasta qué punto sos responsable del reparto de tareas que refleja el cuadro? En otras
palabras, ¿qué tareas relacionadas con los hijos o el cuidado de la casa haces vos “mejor
que nadie”?
• Después del taller, ¿qué tareas podrías delegar en otros miembros de la familia, aunque
no lo hagan igual de bien que vos?
• ¿Por qué motivos no están asumiendo otros miembros de la familia esas tareas?
• ¿Qué cosas te gustaría hacer si liberaras parte del tiempo que ahora te ocupan las tareas
del hogar (trabajo remunerado, más cuidado de tu descanso y tu salud, aficiones, estudios,
etc.)?
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ACTIVIDAD 3. TU SALARIO IDEAL
Imaginá que estás en una entrevista de trabajo para conseguir el empleo de tus sueños. Sabés
que sos la persona más adecuada para desempeñarlo y la conversación con el entrevistador
está fluyendo. En un momento dado, te pregunta: “¿Cuánto esperás ganar?”
En el punto 1.2.1 veíamos los diferentes tipos de desafíos que afrontan muchas mujeres
autoempleadas en la economía informal. Si vos te encontrás en esa situación, calificá del 1 al
5 la importancia de cada desafío en tu caso particular:
1 = No me afecta
2 = Me afecta algo
3 = Me afecta bastante
4 = Me afecta mucho
5 = Me impide avanzar
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ACTIVIDAD 5. TUS DESAFÍOS COMO EMPRENDEDORA FORMAL
En el punto 1.2.2 veíamos los diferentes tipos de desafíos que afrontan muchas mujeres
emprendedoras. Si vos también lo sos, calificá del 1 al 5 la importancia de cada desafío en tu
caso particular:
1 = No me afecta
2 = Me afecta algo
3 = Me afecta bastante
4 = Me afecta mucho
5 = Me impide avanzar
Falta de Escasez de
Dificultades de
habilidades Estereotipos de referentes
acceso a la Carga doméstica
emocionales para género femeninos en tu
financiación
emprender campo de actividad
• Si en algún punto has pensado en abandonar, ¿cuál de los anteriores obstáculos tuvo
mayor influencia? ¿Qué te animó a continuar?
• ¿Cómo te ayudaría formar parte de una red de apoyo a emprendedoras?
• Si tenés deudas en este momento, ¿son formales (de una entidad crediticia o comercial)
o informales (prestamistas barriales, empresas de crédito rápido, etc.).
• Entrá en la sección “Herramientas” del portal www.cuentassanas.com.ar y descargate la
calculadora de nivel de endeudamiento. Hacé los cálculos y comprobá si tus deudas
pueden poner en peligro el equilibrio de tu economía.
• ¿Sos consciente de la tasa de interés y del Costo Financiero Total (CFT) que estás pagando
por la financiación? ¿Cuánto estás pagando de más debido a los intereses?
• Si tenés deudas, ingresá en la sección “Plan anti-deudas Cuentas Sanas” del portal. ¿Te
pueden ayudar las propuestas para recuperar la salud de tu economía familiar?
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Preguntas y actividades para la reflexión sobre tu historial crediticio:
1 = No estoy de acuerdo
2 = Estoy algo de acuerdo
3 = No estoy ni de acuerdo ni en desacuerdo
4 = Estoy bastante de acuerdo
5 = Estoy completamente de acuerdo
CALIFICACIÓN
No puedo ahorrar para la jubilación porque no llego a fin de mes
No me interesa ahorrar para la jubilación, está demasiado lejos
Me gustaría ahorrar para la jubilación, pero no sé cómo hacerlo
Ya tengo algunos ahorros para la jubilación
Creo que la pensión de jubilación será suficiente para vivir cuando me retire
• Si tenés dificultades para preparar un colchón para el retiro, ¿se debe más a razones
económicas (insuficiente capacidad de ahorro) o psicológicas (te parece demasiado
lejano)?
• ¿Alguna vez calculaste cuál será tu pensión de jubilación, suponiendo que tu futuro laboral
sea similar al actual? ¿Qué montos tienen los haberes jubilatorios de las personas mayores
que conocés?
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ACTIVIDAD 8. VOS Y LOS CANALES DIGITALES
• Si tenés cuenta bancaria, ¿utilizás de forma habitual los canales digitales de tu banco?
• ¿Cuáles son las principales ventajas que encontrás en su uso: comodidad, rapidez,
seguridad, confidencialidad? ¿Alguna otra?
• ¿Cuáles son las principales dificultades que tenés a la hora de utilizar los canales
digitales? ¿Problemas de accesibilidad o falta de habilidades digitales?
• Si no los utilizás, ¿cuáles son los motivos? ¿Te gustaría participar en un taller Cuentas
Sanas Digitales?
Marcá en la primera columna del siguiente cuadro cuál es tu nivel de integración económica
actual y, en la segunda, el que te gustaría tener:
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cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mediante fotocopias, digitalización
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Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446 de la República Argentina.
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Las responsabilidades familiares afectan significativamente la participación laboral de las mujeres en Argentina. La arraigada creencia cultural de que el cuidado de la familia es una obligación casi exclusiva de las mujeres lleva a muchas a asumir la mayor parte de las tareas del hogar y el cuidado de familiares dependientes . Este fenómeno se refleja en que, ante la llegada de hijos, las mujeres son quienes mayoritariamente deciden reducir su jornada laboral o renuncian temporalmente a una vida profesional, lo que dificulta su reincorporación al mercado laboral . Asimismo, la falta de leyes igualitarias en el tiempo de licencia parental refuerza esta desigualdad, ya que las mujeres reciben significativamente más tiempo que los hombres, lo cual desincentiva a los empleadores a contratarlas .
En Argentina, aunque un mayor porcentaje de mujeres completan estudios secundarios y universitarios comparado con los hombres (61% frente a 57%), la brecha laboral persiste, con más hombres empleados en relación de dependencia que mujeres por más de un millón . La paradoja surge porque, a pesar de tener mayor formación educativa, las mujeres enfrentan obstáculos al acceso al mercado laboral debido a roles tradicionales de género y responsabilidades familiares que suelen asumir . También influye el sesgo de los empleadores que prefieren contratar hombres para evitar costos asociados a licencias por maternidad .
Para igualar oportunidades de contratación, sería eficaz implementar políticas de licencia parental que obliguen a ambos padres a compartir de forma equilibrada el tiempo de baja, reduciendo así el sesgo hacia mujeres debido a los costos de maternidad . Ampliar la duración de la licencia por paternidad y fomentar la flexibilidad horaria para ambos padres durante el periodo de crianza también ayudaría . Asimismo, es crucial educar para cambiar el paradigma cultural sobre el rol de la mujer en el trabajo y el hogar, promoviendo la corresponsabilidad entre géneros en las tareas domésticas .
Las mujeres emprendedoras enfrentan desafíos específicos relacionados con el acceso a la financiación, estereotipos de género, y una mayor carga familiar . A menudo tienen menos referentes femeninos en su campo, lo que afecta su confianza y habilidades emocionales para emprender . Además, la carga doméstica recae predominantemente sobre ellas, limitando su tiempo y energía para dedicar al emprendimiento . Estos desafíos no solo afectan la operatividad diaria, sino que también influyen en su capacidad de crecer y competir en igualdad de condiciones dentro del mundo empresarial dominado por figuras masculinas .
Las mujeres en Argentina son vistas como mejores clientas para las entidades financieras debido a su menor índice de impagos y mayor lealtad. Los créditos otorgados a negocios propiedad de mujeres resultan impagos en menor medida que aquellos de propiedad de hombres . Además, si están satisfechas con los servicios financieros, las mujeres tienden a compartir su experiencia positivamente dentro de su círculo, lo cual puede servir como un canal de marketing efectivo para las entidades financieras . Estos factores indican que captar y retener clientas femeninas puede tener un impacto positivo en el sector financiero, aumentando la estabilidad y reduciendo el riesgo de impago .
Los condicionantes culturales llevan a que las mujeres pidan salarios más bajos que los hombres debido a la internalización de arquetipos que subvaloran su trabajo . El síndrome del impostor, la subestimación personal y la asimilación del rol abnegado femenino impactan inconscientemente en cómo perciben y valoran sus habilidades y derechos laborales . Esto influye negativamente en su disposición para solicitar salarios que reflejen sus capacidades reales, perpetuando la brecha de ingresos y la autoexclusión de mejores oportunidades laborales .
La infravaloración del trabajo femenino afecta al mercado laboral al generar desigualdades salariales y limitaciones de acceso a puestos acordes con sus capacidades. Este fenómeno se perpetúa a través de prejuicios culturales que llevan a las mujeres a solicitar sueldos más bajos y a asumir subconscientemente roles de menor valor . Un estudio de Bumeran destaca que las mujeres piden, en promedio, salarios un 14% inferiores, una brecha que aumenta con la experiencia . Además, los síndromes psicológicos como el impostor y de la tiara afectan su confianza para pedir salarios justos y participar en redes profesionales importantes para su avance laboral .