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Pat Rodegast - El Libro de Emmanuel

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EL LIBRO DE EMMANUEL – Transmitido por Pat Rodegast

Prólogo

Los regalos que deseo haceros son mi más profundo amor,


la seguridad de la verdad, la sabiduría del universo y la realidad de Dios.
Con estas cuatro cosas nada os causará temor.
Seguiréis a vuestros corazones con rapidez hacia vuestro destino, que es vuestro Hogar.
Ya sé que existe la confusión, la duda y lo que en apariencia es un caos.
¿Os dais cuenta de que tras esas sombras superficiales se oculta la Luz eterna?
Este plano terrestre no es el principio ni el fin de vuestra existencia.
Es simplemente un paso, una escuela.
Amigos míos, permitidme que os convenza de la solidez
con la que estáis plantados en la eternidad,
del esplendor con el que podéis brillar en vuestro mundo físico,
de lo posible que es todo, de la hermosura con la que ha sido diseñado el Plan.
En el Plan de Dios ningún alma está sola. No hay alma que se pierda.

Introducción: Mi amigo Emmanuel

En los textos espirituales se ve uno obligado una y otra vez a buscar la compañía de los santos, esto es, de aquellos seres cuyas vidas
constituyen un compromiso con Dios. Confieso abiertamente que soy adicto a esa clase de seres, pues en ellos puedo ver reflejados
aspectos espirituales de mi propia persona y del mundo que me rodea, aspectos que en la vida cotidiana se hallan ocultos tras esto,
aquello o lo de más allá.
Mi gurú, Neem Karoli Baba, me animó a aceptar toda clase de enseñanzas, sin tener en cuenta su origen, y a confiar después en la
intuición de mi corazón para seleccionar aquéllas que pudieran ser útiles y rechazar las que me resultaran irrelevantes o potencialmente
perjudiciales. Este apoyo por su parte me permitió ensanchar mis horizontes y recibir a cambio un montón de cosas procedentes de una
variedad enorme de tradiciones y fuentes diversas. Lo cierto es que he sacado un grandísimo provecho tanto de los escritos de personajes
como Lao Tze, Buda, el Tercer Patriarca Chino, Cristo, Kabir, Ramana Maharshi, el Baal Shem Tov, Ramakrishna, etc., como de los
darshan de almas tan nobles cual el Abuelo Joe del Pueblo Taos, Ananda Mayee Ma, Kalu Rinpoche de la secta tibetana de los Kargyu, el
padre benedictino Demasius, el lama Go-vinda, Sayadaw U Pandita, seguidor de los Theravada, etc. Estas voces de amistosa sabiduría
son lo que los budistas seguidores de los Theravada llaman «Kalayan Mita» o Amigos Espirituales: seres que encontramos en el camino
que proporcionan guía y apoyo en el propio viaje espiritual. Para mí Emmanuel es una de esas voces. Tengo el privilegio de presentároslo
y de compartir con vosotros sus enseñanzas.
La primera vez que oí hablar de Emmanuel fue en Nueva York, a través de la emisora WBAI. A quien en realidad oí fue a Pat Rodegast,
quien transmitía lo que decía Emmanuel. Llevaba bastante tiempo en contacto con este ser al que ella denominaba Emmanuel. Podía
ponerse en contacto con él siempre que quisiera mediante un proceso meditativo, y oír perfectamente sus mensajes, aunque las personas
situadas a su lado no fueran capaces de hacerlo. Pat transmitía las respuestas que daba Emmanuel a las preguntas que iba planteando
Lex Hixon, el presentador del programa de radio.
Lo que más me chocó al escuchar aquel programa fue el encanto y la finura algo anticuada de Emmanuel, su humor, su elocuencia, su
capacidad de ir al grano, lo «al día» que estaba, y el hecho de que sus respuestas despertaran una confianza intuitiva en mí. Al concluir el
programa habían surgido en mi mente un montón de interrogantes, tanto de carácter personal como de índole más general, y pedí a Judith
Stantbn, la persona que me había hecho conocer a Emmanuel a través de aquel programa, me concertara una entrevista con Pat y
Emmanuel.
Dicha entrevista se celebró en una silenciosa sala de meditación con vistas a un jardín. En cuanto empezamos, Pat puso en marcha una
grabadora para que tuviera una cinta de nuestra Conversación. Pat empezó describiendo unos colores a los que consideraba relacionados
conmigo. De pronto, cuando estaba en medio de esta descripción, dijo: «Emmanuel desea decir algo. Dice que...» Y se puso a relatar los
comentarios que Emmanuel iba haciendo acerca de esos colores. A partir de ahí todo fue sencillo.

Yo no tuve la sensación de que Pat estuviera «poseída» por Emmanuel. En realidad seguía siendo ella misma, pero transmitía con agrado
palabras de Emmanuel de un modo que ponía claramente de manifiesto la amistad, la alegre y tierna relación que mantenía con
Emmanuel. Las diferencias entre uno y otra eran notables. Sobre todo había una marcada diferencia en la estructura de las frases de
ambos, en sus modos lingüísticos y en la elección de los vocablos. Pero había además algo más sutil, y era la diferencia de vibraciones
entre uno y otra. Al principio apenas me di cuenta de este rasgo sutilísimo, si bien más tarde, en posteriores entrevistas, ese espacio de
vibraciones llegó a tener para mí un valor tan profundo y significativo como las propias palabras de Emmanuel.
Durante aquella primera entrevista Pat describió también otras imágenes que veía. Entre otras cosas dijo: «Te veo muy interesado en un
juego que estás jugando. Noto que hay una emoción tremenda. Estás sentado delante del tablero con una concentración intensísima.» Y
añadió: «Emmanuel, ayúdame, porque noto que hay algo más y yo no puedo...»
1
«Te lo pasas muy bien viviendo, jugando el juego de la vida y ello no supone una degradación de la misma. Se nota una excitación
carismática.» Respondió Emmanuel.
Me eché a reír al recordar las numerosas veces en que, a lo largo de mis conferencias, había citado las palabras que dice Leo en el Viaje
a Oriente de Hermán Hesse: «¿No te das cuenta de que la vida es precisamente eso... un hermoso juego?»
Pat añadió entonces: «No hay ningún adversario al que yo vea.» A lo que Emmanuel contestó:
«Hace ya mucho que identificaste a tu adversario y lo eliminaste al admitirlo dentro de tu ser como una manifestación de ti mismo.»
Su observación era de lo más acertada. Pero no permitió que me durmiera en los laureles. Al punto señaló que aún no había reconciliado
esas dos fuerzas en mi interior, y que seguía atormentándome con el dualismo que suponen lo divino y lo humano, separación en la que
se basaban mis temores de mi condición de humano. Añadió: «La divinidad está en todas las cosas, y para encontrar esa divinidad hay
que trabajar con los materiales que se tienen a mano... En el barro del puchero está la verdad de Dios».
Insistió una y otra vez en los recelos que me inspiraban mis propias pasiones, y en mi temor a sucumbir a mi naturaleza humana. Continuó
asegurándome que mis deseos humanos eran parte integrante de mi viaje espiritual y que llegaría a encontrar a Dios a través de ellos y no
su pesar.
Al releer la trascripción de aquella primera entrevista, veo que en nuestra conversación había una confusión que sólo logré aclarar cuando
comprendí que Emmanuel no me hablaba como lo hacen las personas que habitualmente se dirigen a mí. La mayoría de nosotros, incluso
aquéllos que afirman que somos un alma encarnada en un cuerpo y en una personalidad, hablamos entre nosotros como «egos»..., como
entidades psicológicas. El motivo de que tardara en acostumbrarme a la conversación de Emmanuel fue que éste me interpelaba como a
otro espíritu semejante a él, y no a un ego. En último término, no se identificaba con una determinada configuración espacio-temporal y por
eso tampoco me, identificaba a mí de esa forma.
Aquella manera de dirigirse a mí al principio me pareció extraña, y continué intentando traducirla como interpelación a un ego, convencido
de que se dirigía a mí como si fuera una entidad psicológica deseosa de despertar. Poco a poco, sin embargo, a medida que yo iba
rindiéndome a la identidad de tan espíritu que estaba pasando por un proceso de encarnación, la conversación no sólo fue haciéndose
cada vez más clara, sino que me di cuenta de que aquella forma tan insólita de dirigirse a mí era, en sí misma, un factor liberador.
Con el paso del tiempo, llegué a tratar a Emmanuel
como a un espíritu semejante a mí, y prácticamente olvidé el hecho insólito de que estaba hablando con un ser no encarnado en el plano
de la realidad que tan familiar resulta a mis sentidos. De vez en cuando, alguna de las personas que rodeamos a Emmanuel especulamos
sobre «dónde» estaba o «quién» era. Emmanuel no parecía muy deseoso de satisfacer nuestra curiosidad y nos proporcionó tan sólo
unas pistas muy imprecisas:
«Yo soy espíritu y tú eres espíritu. Yo tengo cuerpo y vosotros también. El mío se halla ligeramente modificado por la modificación que
impone mi elevada vibración ». El espacio que separa vuestra realidad de la mía no es tan grande. Suele creerse que los que tenéis una
forma física sois la única existencia sólida que hay en el universo. Evidentemente eso no es verdad. Todos tenemos nuestra propia
realidad física. La mía quizá no sea tan fotogénica como la vuestra, pero desde luego, existe. «Estáis donde yo estoy. Yo estoy donde
vosotros estáis. Las dimensiones físicas de altura, profundidad y anchura no son reales en absoluto. Si lograrais quitaros los anteojos de la
limitación humana, podríamos mirarnos a la cara con perfecta igualdad. «Vosotros y yo vamos por el mismo camino. Vamos buscando la
verdad, y nuestros espíritus ansían regresar al Dios Único. Todos vamos creciendo dentro de nuestro propio reino. Y allí está.»
En un determinado momento comenta: «Yo he dejado de estar sometido a la tiranía del calendario y el reloj.» Y con respecto a la muerte
dice: «Por mi parte, soy un producto de la experiencia que se tiene después de la muerte.» En cuanto a su función, afirma: «Quienes ya no
necesitamos ser humanos, existimos en el reino de la conciencia» en el cual somos capaces de actuar como guías y maestros.»
Ramakrishna, el gran santo indio, dijo con respecto a la transmisión espiritual: «Cuando se abre la flor, las abejas llegan sin que nadie las
invite.» Eso mismo parecía ocurrir con Emmanuel. Durante los últimos años, ha aumentado de manera tremenda el número de personas
deseosas de participar en talleres o de mantener entrevistas con él. Pat y Judith, que transcribieron muchas entrevistas, señalaron la
frecuencia con la que se repetían las mismas preguntas y el hecho de que Emmanuel se viera obligado a repetir una y otra vez los mismos
temas. Por eso se esforzaron por reunir las respuestas que daba a las preguntas más habituales y fotocopiarlas. Así es como nació el
presente libro. Posteriormente vimos la conveniencia de ampliar el radio de acción de esos temas trascendiendo el material proporcionado
por cada una de las entrevistas en particular. De modo que preguntamos a Emmanuel si le gustaría responder a una serie de preguntas
que habíamos preparado con objeto de publicar un libro. Estuvo encantado de colaborar, subrayando que, al fin y al cabo, para eso estaba
allí.
Empezamos así una serie de sesiones a las que asistimos cinco personas. Además de Pat y Judith, estábamos Roland, yo y ¡por
supuesto, Emmanuel! Las sesiones fueron una delicia. La oportunidad de explorar las posibilidades y los imponderables del viaje espiritual
en compañía de Emmanuel nos aportó una claridad que acabó con las confusiones que tanto tiempo llevaban atormentándonos. En
1
cualquier casó, esa delicia no nos la proporcionaban sólo sus palabras1 , sino también, de vez en cuando, la riqueza del amistoso silencio
que, de forma salutífera, se apoderaba de la sala y de los corazones en ella reunidos. Parecía en todo momento que Emmanuel utilizara
palabras para señalarnos una dirección, y que nos empujara luego a ir más allá del intelecto y a penetrar en el silencio de nuestros
corazones intuitivos, donde desaparecían las barreras y el conocimiento daba paso a la sabiduría.
Ese equilibrio de palabra y silencio, de forma y carencia de la misma, de relación y de la unidad que trasciende la relación, constituía una
parte tan esencial de sus enseñanzas y nos proporcionaba una alegría tal, que hemos intentado dar al libro de Emmanuel un formato
capaz también de invitaros a vosotros, los que vais a compartir este material, a utilizar sus palabras a modo de trampolín, desde el cual
poder zambullirnos en vuestro propio silencio interior, donde llegaréis a compartir con Emmanuel lo que se encuentra más allá de las

1
* Zeitgeist: en alemán, el espíritu del tiempo.

2
palabras. Por eso, junto con las palabras, hemos utilizado espacios en blanco, que esperamos no sean pasados por alto, sino que, por el
contrario, os inviten a continuar la lectura con una reflexión y una meditación silenciosas.
Cuando presentaba el material referido a Emmanuel en muchas ocasiones me han preguntado si realmente creo que éste es una criatura
distinta de Pat, o si es una parte de la personalidad de Pat con la que ésta no se identifica concientemente. Ni que decir tiene que para Pat
la pregunta no existe. Ella experimenta a Emmanuel como una entidad separada de su persona, del mismo modo que le sucede con el
resto de todos nosotros.
Desde mi punto de vista de psicólogo, admito la posibilidad teórica de que Emmanuel sea una parte particularmente profunda de Pat. Sin
embargo, por experiencia, conozco a Emmanuel como un ser completamente distinto en cuanto a personalidad, estilo lingüístico y
vibración, de la persona que es Pat. Aunque en último término, ¿qué importancia tiene? Lo que yo valoro es la sabiduría que Emmanuel
transmite como un amigo espiritual. Fuera de eso, su identidad realmente no importa. Como señala el gran santo indio Ramana Maharshi,
«Dios, el Gurú y el Ser son Uno.» Así se refleja en la mayoría de las tradiciones místicas, que inducen al interesado a: «Conócete a ti
mismo para conocer a Dios.» Por eso veo a Emmanuel como un espejo, y posiblemente como una identidad no sólo con la conciencia
más elevada de Pac, esto es, a su ser auténtico, sino también como algo idéntico a mí mismo. De ahí que tenga la sensación de estar
hablando a una parte de mi ser, a la cual aún no tengo acceso debido a la ceguera que me causan mis ataduras.
Por último, el mandato que tan a menudo nos repite Emmanuel de que debemos confiar únicamente en las enseñanzas provenientes de él
o de cualquier otro ser, que sintamos correctas intuitivamente en el fondo de nuestro corazón, constituye para mí el criterio definitivo y la
protección que debemos utilizar ante todo sistema, sea cual sea su origen. Las cosmologías no tienen ninguna base científica o empírica
debido a la naturaleza metafísica con la que tratan. Lo cierto es que la confirmación definitiva hemos de buscarla en lo más profundo de
nuestro ser.
La amistad de Emmanuel ha hecho que profundice aún más mi fe en el espíritu. Me ha ayudado a clarificar mi manera de entender una
serie de puntos claves y también ha contribuido a mejorar mi capacidad de expresar el entendimiento de las cosas. En numerosas
ocasiones, cuando a lo largo de mis conferencias me veía en la obligación de explicar algún dharma, me venían a la cabeza las frases y
los ejemplos de Emmanuel, sin que me costara el más mínimo trabajo formularlos. En este sentido me alegra mucho contar con un amigo
como él.
He aquí una serie de puntos respecto a los cuales Emmanuel me ha ayudado a confirmar mi comprensión intuitiva:

1. Emmanuel no se asusta lo más mínimo ante la oscuridad, las actitudes negativas, el mal, el pecado..., ,en suma ante ninguno de los
cocos de la humanidad. Los considera elementos esenciales del proceso de encarnación.1 No son errores ni reflejan en modo alguno una
falta de compasión por parte del espíritu. Él nos invita a ver la vida no como una cárcel, sino como una escuela; no como una batalla, sino
como una danza.
2. Repite una y otra vez que no hay nada que temer de la oscuridad, tanto en la vida como en la muerte. La confusión, la duda, el
caos, la crisis, el miedo, la desesperación o el dolor constituyen unas condiciones excelentes para el desarrollo de la propia persona.
Emmanuel es tan persuasivo que se siente uno con el valor suficiente para considerar los propios temores y las tinieblas interiores con una
luz distinta, más bien como un reflejo del modo en que nuestra mente distorsiona la luz. Es inflexible cuando afirma que las raíces del
universo son el amor y la luz, y que toda experiencia puede servirnos para renovar nuestra apreciación de tal hecho.
3. Al dirigirse a nosotros como a almas, Emmanuel subraya que nuestras experiencias vitales son el resultado de nuestras opciones
creativas. Afirma que somos a un tiempo el creador (alma) y lo creado (cuerpo, personalidad, etc.). Nos anima a asumir la responsabilidad
de nuestra creación. Al hacerlo, nos liberamos del victimismo que procede de identificarnos sólo con la creación.
4. Emmanuel no defiende una renuncia que suponga una negación de nuestra naturaleza humana. Antes bien, nos anima a
considerar nuestra naturaleza humana (nuestros deseos, nuestras ataduras, etc.) como claves de la verdad de Dios. Nos amonesta que
no debemos buscar las verdades superiores más que en la vida misma. Sugiere que a Dios podemos encontrarlo lo mismo en una
carcajada que en el juego de un gatito. En un determinado momento uno de los entrevistadores hizo el siguiente comentario a uno de los
argumentos de Emmanuel: «¡Qué pensamiento tan hermoso, Emmanuel!» Éste replicó: «El universo entero es un pensamiento
hermosísimo.»
5. Estando con Emmanuel llega uno a darse cuenta del vasto contexto evolutivo en el que vivimos nuestras vidas. Nos vemos
inmersos en la trama de un enorme tapiz como parte del impulso creativo que es Dios, una creatividad que nos conduce a la tiniebla de la
ilusión de la individualidad, y luego nos saca de ella para devolvernos a la Unidad. Y en todo momento nos hallamos en el punto adecuado
del viaje. Como dice Emmanuel, «Ser lo que sois es el paso necesario para llegar a ser quienes queráis ser.» Y lo que seremos no tiene
siempre por qué tener forma humana. Nos recuerda, y él es por otra parte prueba tangible de ello, que una encarnación humana no es ni
el comienzo ni el fin de nuestro despertar de conciencias como almas.
6. Una y otra vez Emmanuel repite cómo la oscuridad es un producto de nuestro intelecto. Nos advierte que la preeminencia que
ostenta el intelecto, con su capacidad de juzgar, discriminar y polarizar, debe dejar paso a nuestro corazón y a nuestra intuición, si lo que
deseamos es alcanzar la sabiduría suprema. «El corazón conoce al alma mejor que la mente.» 1 ;
7. Respecto a nuestro planeta y la ecología, Emmanuel da a entender que el mundo está atravesando por una transformación de un
carácter más profundo de lo que percibimos. Este vasto designio incorpora al caos y a la falta de conciencia de los asuntos del mundo que
tanto nos preocupan en la actualidad. Define a los políticos más eminentes como niños que realmente no «saben más». Padecen el
cáncer de la sociedad que, por otra parte, se da también en cada uno de nosotros..., a saber la opinión de que la violencia nacida de la
codicia, que a su vez ha nacido del miedo, es más fuerte que el amor. Según esta opinión enfermiza, la vulnerabilidad y la compasión son
consideradas una debilidad y un peligro. Y afirma que los seres humanos son arrogantes al pensar que pueden acabar con el mundo a su
antojo. «No nos podemos ir tan pronto de la escuela. El timbre no va a sonar todavía.» Nos advierte que no podemos desentendernos de
3
la tierra y lavarnos las manos como Pilatos, pues, según afirma, «Aún quedan muchos buenos años.»
8. Emmanuel habla largo y tendido de la muerte y de la refrescante perspectiva del más allá. Subraya que el morir (cómo y cuándo)
es una parte más del programa de encarnación del alma, como cualquier otra experiencia vital. Su explicación del tránsito a la muerte es
encantadora, dice: «es como quitarse un zapato que aprieta», o como «traspasar el umbral de una habitación llena de humo y salir al
exterior».
«Hay algo en el hecho de morir marcadamente refrescante e instructivo.» Y nos tranquiliza diciendo que «no tiene absolutamente ningún
peligro». Al hablar de la experiencia post mortem, comenta que las diferencias existentes entre las almas, que se reflejaban durante su
encarnación en la vida, siguen reflejándose en las distintas experiencias que se tienen después de la muerte. Este comentario nos ofrece
un contexto en el que podamos incluir las múltiples y disparatadas informaciones acerca de lo que hay en el «más allá».
9. Emmanuel habla también de otros temas, como por ejemplo la sexualidad, el aborto, las relaciones, la verdad, las religiones y
rituales, los seres extraterrestres, etc. Tales temas, envueltos frecuentemente en una nube de aires sombríos y malsanos, se ven
iluminados, gracias a él, por una claridad que nos ofrece una nueva y refrescante perspectiva.

Todo esto en realidad no contiene nada nuevo. Todo ha sido dicho antes en la literatura mística. El propio Emmanuel subraya este hecho
y afirma que no nos hace falta ninguna nueva información. Ya tenemos todo lo que necesitamos. No obstante, aunque ya haya sido dicho
todo, precisamos oírlo una y otra vez, y además oírlo en los términos adecuados a nuestro contexto actual o «Zeitgeist»*. Y Emmanuel
sabe hacerlo de maravilla. Lo único que puedo desearos es que Emmanuel os sirva de amigo espiritual tan bien como me ha servido a mí.

Con cariño.
Ram DASS

Vivir con Emmanuel

Me gustaría compartir con vosotros lo que para mí supone vivir con Emmanuel. Hace aproximadamente unos catorce años,
mientras hacía meditación trascendental, noté que me distraían unas visiones internas que era incapaz de eliminar a pesar de mis
esfuerzos. Decidí por fin dar un espacio propio a dichas visiones. Desde ese momento todo en mi vida cambió, como dicen las novelas
románticas.
Al principio creí que se trataba de una alucinación. La cosa resultaba de lo más inquietante, de modo que me puse a investigar lo que los
demás decían sobre este tipo de cosas. Leí un montón de libros y asistí a varias conferencias y cursos sobre todo lo que, aunque sólo
fuera remotamente, tuviera algo que ver con mis experiencias. Comencé una terapia, me uní a una comunidad espiritual, me debatía en la
duda de si debía resistirme o ceder a aquello, de si debía disfrutar de esas experiencias o renunciar a ellas. Por último, a través de esa
búsqueda, de aquel proceso de auto-clarificación, o quizá simplemente de familiarización, la incertidumbre que me producían dichas
visiones dio paso a una especie de comodidad, de fascinación e incluso de placer.
En el curso de esta exploración, me di cuenta del tremendo miedo que había en mi vida. Un miedo indescriptible a casi todo. Miedo a un
montón de cosas, al principio las a visiones. Pero, una vez que me acostumbré a ellas, empecé a mirarlas como una guía para aliviar mis
otros miedos. Volar, pongamos por caso, había supuesto siempre para mí algo terrible. Resulta bastante curioso comprobar que ahora que
estoy abierta a ese tipo de experiencias, sobre todo a las visiones de Emmanuel, y que he volcado mi interés en su sabiduría, puedo
perfectamente disfrutar de un vuelo en avión, por largo que sea. En la actualidad veo con claridad que lo que me indujo en un principio a
practicar la meditación y más tarde a analizar aquellas visiones era el miedo... y el valor para superar aquel miedo, debo confesarlo. Sentía
unas grandes ansias de demostrar a mis niños, y también a la niña que existe dentro de mí, que el mundo es algo seguro, sin peligros. No
deseaba que mis hijos vivieran tan asustados como yo. Quizá parezca una justificación un tanto rara de mi decisión de abrir una puerta
espiritual, pero lo cierto es que funcionó. Aquello me impulsó a emprender un viaje espiritual, a lo largo del cual pude comprobar cómo mis
temores iban remitiendo. Gracias a Dios hoy día puedo afirmar que sé, como también saben mis hijos, ya mayores, que el mundo no es
peligroso.
A medida que mis aprensiones iban cediendo, el amor avanzaba. La primera vez que vi a Emmanuel, unos dos años después de que
empezaran aquellas visiones, él apareció, y aún sigue apareciendo hoy día como un ser de luz dorada. Al principio parecía situado de pie
a mi derecha, dentro de mi campo visual, aunque no dominándolo por completo, ni mucho menos. Poco a poco, sin embargo, fue
ocupando el centró de mi visión interior, de modo que al cabo de una semana se situó directa y claramente frente a mí. Le pregunté quién
era: «Soy Emmanuel», respondió. « ¿Quieres estar conmigo?», le pregunté. Su respuesta fue un simple y dulcísimo «Sí». Y así empezó
nuestro trabajo en común.
Al principio me limité a disfrutar sentándome a meditar y estar en su compañía, pues debéis saber que lo más importante para mí, no es lo
que veo o lo que oigo, sino cómo siento. Desde el mismo instante en que se me apareció, sentí un amor que me resultaba extraño a mi
experiencia humana, pero al mismo tiempo conocido y recordado —un sentimiento que las palabras no son capaces de expresar.
Dado que Emmanuel me resultaba tan familiar, no me costó ningún trabajo confiar en él. Lo que no me pareció difícil fue confiar en todo lo
que se abrió ante mí como consecuencia de aquel encuentro (lecturas privadas, cursillos, conferencias, viajes por todo el mundo, este
libro...), todo lo cual se hallaba más allá de mi manera de hablar conciente o incluso de mis capacidades, según podía comprobar yo
misma. No obstante, cuanto más digo «sí» a lo que se me ofrece, tanto más ese «sí» se convierte en sabiduría. Confiar, fluir con todo es
un placer exquisito, siempre que soy capaz de permitirlo. Las recompensas son inmediatas e inequívocas. Constituye una sensación de
paz y alegría, que a su vez me ayuda a seguir confiando. El resultado de esa confianza ha supuesto una espiral de ascenso positivo en mi
4
vida.
He tardado doce años en saber a ciencia cierta que Emmanuel estaría a mi lado cuando me abriera a él. Según me explicó, no es él quien
rompe el contacto, sino yo. Para vivir mi vida he tenido que hacer juegos malabares para compaginar esas dos realidades aparentemente
distintas. Por fin me he dado cuenta de que mi tarea consiste en combinar todo ello en el Ahora del Amor. ¡Estoy en ello! Mis experiencias
con Emmanuel me motivan a evolucionar como persona hasta que pueda mantener constantemente esa empatía de amor con el mundo.
Mucha gente me pregunta quién es Emmanuel. Yo aún no lo sé con exactitud. ¿Nos conocimos en una vida anterior? Él dice que sí.
¿Seguiremos juntos cuando me vea obligada a abandonar este cuerpo físico? «Sin duda», me asegura. ¿Forma parte de mi yo superior?
Quizá, pues todos somos recíprocamente parte de los demás y de la Unidad que lo abarca todo. Lo único seguro que puedo decir es que
siento una hondísima satisfacción cuando me hallo conectada a esa luz que, por su parte, me permite confiar por completo en la dulzura
de todo lo existente. Hay momentos durante los encuentros en los que siento personalmente el grandísimo amor que nos aporta, capaz de
abarcarlo todo. No se trata de algo meramente visual o intelectual, sino mucho más profundo y absoluto.
Yo también he tenido que recorrer un largo camino hasta llegar a confiar y saber que no seré explotada ni por el mundo del espíritu ni por
la gente en general. He tenido que aprender a decir «no» cuando me siento demasiado cansada, demasiado distraída o cuando mis
ataduras personales son demasiado fuertes o incluso demasiado laxas, de modo que no me veo capaz de seguir el sendero que
habitualmente conduce al «sí». He descubierto que el decir «no» puede también ser parte integrante del plan perfecto.
Emmanuel ha traído además otros tesoros a mi vida: la gente maravillosa que he conocido, la creación mutua de este libro, y el hilo de oro
que ha tejido esta tarea conjunta, mi amiga desde los eones más remotos, Judith Stanton. De no ser por ella no habría conocido nunca a
Ram Dass ni habría emprendido los cursillos que me llevaron a viajar por todas partes. Tampoco hubiera tenido la idea ni el valor de
comenzar este libro. Por todo ello le estoy profundamente agradecida. Y sin embargo la mayor bendición que supone para mí es que me
enseña que un ángel de Dios puede ir vestido con camiseta y téjanos, conducir una camioneta, y hacer gala de un humor ingenioso y de
una vida aventurera y tarambana y, al mismo tiempo, realizar plenamente el Plan de Salvación.
De este modo todos los pasos dados me han aportado alguna enseñanza, y además esas enseñanzas han llegado por vías maravillosas.
Mi deber es permanecer abierta y aceptar lo que está para ser recibido y utilizado para mi propio crecimiento. He aprendido que oímos con
el corazón, no con los oídos. Comprendemos con nuestra intuición, no con nuestra mente.
Así es como os presento a mi querido, mi sabio, mi dulce y divertido, mi absoluto amigo Emmanuel. Y lo hago con más orgullo, más cariño
y gratitud que lo que cabría expresar aquí. A partir de este punto es él quien habla elocuentemente por sí mismo.

Pat RODEGAST
EL LIBRO DE EMMANUEL

1
Panorama de la aventura humana

El objeto de la vida, es la exploración. La aventura. El aprendizaje. El placer. Y dar un paso más hacia el hogar.

Los cuerpos físicos


son como trajes espaciales.
Vuestros cuerpos físicos
pueden ser para vosotros símbolos de la limitación,
del dolor definitivo y de la muerte,
de necesidades sorprendentes y alarmantes
y de la trivialidad inesperada
que no conocen los límites de la denigración.
Pueden considerarse también como los vehículos elegidos
que habitan vuestras almas
pues, como si fueran trajes espaciales,
están forzosamente allí donde estáis vosotros.
En vuestra humanidad
es donde aprenderéis
a reconocer vuestra divinidad.

Lo espiritual y lo humano han de caminar a la par, de lo contrario lo espiritual no tendría fundamento donde apoyarse.

Somos todos uno.


Nuestra realidad es una, una nuestra energía,
una nuestra percepción.
La mente no puede captar este hecho
ni aceptarlo sin lucha,
pero el corazón ansia saberlo.
¿No es éste el propósito de la vida:
saber que sois suyos,
que estáis a salvo y sois eternos,
saber que en vuestra realidad espiritual
sois ya uno solo con Dios?

La condición humana no es la antítesis del cielo.

Es su reproducción, dentro de una visión limitada,


manifestada en forma física.
No hay nada en la experiencia humana
que no exista en el espíritu.
Por este motivo, la condición humana es bendita. Es un espejo, una réplica fiel
5
de la situación espiritual.
La Divinidad existe en todas las cosas
y para descubrir esa Divinidad
hay que trabajar con los materiales a mano.
Despreciar el barro
es dudar de la Energía Divina
que lo formó.

Vuestro texto ya se ha completado

¡Todo está aquí! Ya no hay nada más que la


humanidad necesite oír para seguir creciendo.
No habrá nuevas enseñanzas,
pues son innecesarias.
Lo que ahora tenemos que hacer, en espíritu,
es indicaros lo que ya os ha sido dado.

Vivís en un universo de amor.

Todas las fuerzas están aquí para prestaros ayuda,


para daros su apoyo.
Os admiramos enormemente.
Los que hemos sido humanos sabemos perfectamente el valor que ello requiere.

Las experiencias de la vida son el símbolo externo de lo que el alma desea saber.

Cada alma penetra en una realidad simbolizada físicamente


de la resistencia consciente del alma hacia la Luz interior.
Así pues, cuando experimentáis vuestra vida humana,
consideradla una manifestación externa del anhelo y también de la negación de ese anhelo.
Toda alma que se encarna, comporta una carga negativa; de no ser así no nacería.
Cuando os introducís en una vida humana,
entráis en una falsedad perceptiva.
Eso es lo que las tradiciones orientales llaman ilusión.
Si tratáis la ilusión como si fuera verdad,
os volveréis amargados, timoratos y enfermos!
Por el contrario, entrad en la vida asumiendo las perspectivas del creador de dicha vida,
y consideradlas como una maravillosa y rica experiencia de aprendizaje.
En toda circunstancia podéis ver cuándo habéis sido los alfareros de la arcilla,
y en la realidad externa de vuestra creación podréis detectar la imagen especular de vuestro ser interior.

Seguís un camino de auto-responsabilidad desde el instante en que decidís reencarnaros,


hasta el momento en que el alma decida que ya ha tenido bastante y opte por marcharse.

Sois responsables
no sólo de vuestras acciones cotidianas
sino del propio hecho de existir, que amplía vuestro compromiso
más allá de vuestra concepción y vuestra sepultura.

Sois cada uno de vosotros una parte de Dios que dice: « Voy a crear».

Resulta imposible recordar en qué momento de vuestra existencia, como parte de Dios que sois, decidisteis haceros humanos.

La auto-realización es la realización de Dios

Lo divino no puede imponerse a lo humano.


¡Es lo humano!
No hay separación.
Conócete a ti mismo y conocerás a Dios.

Dado que vuestra esencia fundamental es la energía divina, que es creación: creáis.

Sois los creadores.


Sois la creación.
Creáis vuestras deformaciones
y creáis vuestras verdades.
Tal es vuestro modo, de aprender.
Elegisteis el ambiente infantil
que constituía el catalizador más eficaz
para centrar la atención en las distorsiones
que seleccionasteis con objeto de elaborarlas en esta vida.
Constituye una obra maestra de planificación, de construcción y táctica,
que habéis conjuntado al formar vuestro cuerpo,
vuestra mente y vuestras emociones.
Confiad en la sabiduría de vuestra alma,
que eligió las circunstancias infantiles formadoras de vuestro concepto de vida.

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Sois el creador de vuestro planeta y también de vuestra vida.

Éste es un planeta de opciones


donde podéis ver tanto la oscuridad como la luz,
y tenéis libertad de elección.
Una conciencia elevada
es una parte integral
de la sanación de vuestro planeta.
Vuestro mundo se halla en crisis física.
¿Pero qué es crisis?
Es un proceso de aprendizaje.
¡Tened fe en vuestros congéneres humanos, son educables!

En vuestra esencia total ya estáis completos.

En la vasta realidad que todo lo abarca,


todas vosotras, queridas almas que estáis en cuerpos físicos,
seguís estando conectadas sin peligro con las Divinas Leyes del equilibrio, la verdad y la unidad.
¿Por qué estamos aquí?
Porque en el proceso que sigue la evolución del alma
para llegar de nuevo a la Unicidad
os habéis detenido en este nivel de conciencia
para recordar quiénes sois.
¿Por qué otra razón habríais vuelto
a tomar forma humana sino por ésta?
Para recordar a las partes de vosotros
que han olvidado su destino,
que se han perdido y han caído en la trampa
de la expansión externa de su descubrimiento,
que aparentemente se encuentran separadas,
sin hallar vía alguna que las conduzca al Hogar
Preguntaos a menudo en vuestras vidas:
«¿Qué es lo que he olvidado?» Y cuando sufráis, decid,
« ¿Qué es lo que no recuerdo?»
Cuando os sintáis perdidos: « ¿Dónde he dejado
mi verdadera identidad?»
Queridos míos, es un paso imprescindible.
Es una escuela magnífica y gloriosa.
Y precisamente a ella pertenece vuestra conciencia.
De no ser así, no estaríais aquí.
Yo estoy aquí para dirigiros hacia vuestro Hogar.

Ésta es una escuela que desvela la ilusión

No otorguéis una realidad permanente


a las cosas temporales.
Cuando hayáis aprendido lo que vinisteis a aprender,
podréis abandonar la ilusión.
Cuando dejéis atrás vuestro libro,
comprobad que se halla en las mejores condiciones posibles
para que lo utilice la siguiente promoción.
Conocer el objeto de esa ilusión
le confiere respetabilidad.
Al final todo es como es debido.

Cuando el deseo de volver a la luz aumenta, el alma sabe dónde continúa habiendo resistencia y toma la responsabilidad de
explorar esa resistencia.

Las leyes divinas protegen a los seres menos conscientes


de la dificultad que supone la elección múltiple
de las que serían capaces de manejar.
Las leyes de la semejanza sitúan a
la realidad humana físicamente manifiesta
en un nivel de conocimiento que le sea compatible.
No pasamos de párvulos a la universidad
sino que lo hacemos gradualmente.
A medida que la conciencia explora y se crea a sí misma,
poco a poco va subiendo la escala del conocimiento.
No es que quien se halla inmerso en la profunda
oscuridad e ignorancia se zambulla de pronto
en una Luz deslumbrante y en una responsabilidad total,

7
tal como surgen del cuerpo físico.
Ello sería ir en contra del contrato divino
por el cual, la conciencia crea su propia realidad.

Existen muchos niveles de verdad. Todos ellos contribuyen a vuestra conciencia total.

Seguid cada hilo en su propio nivel de percepción


y no os dejéis confundir por la conjunción
de lo que aparentemente son circunstancias contrapuestas.
Al final se verá que esas dualidades son partes imprescindibles del todo.
Por contra, es precisamente en esa ilusión
donde yace la semilla de vuestra verdad.
Cuando exploréis el dolor que hay en vuestra vida
y aceptéis que ese dolor es creación vuestra,
os encaminaréis directamente al engaño, a la oscuridad que habita en vuestro interior.
Comprendiendo y asumiendo plenamente
la responsabilidad de esa oscuridad,
seréis entonces capaces
de deshacer la confusión
de esa parte en concreto, y de devolverla
a la corriente de la vida, a la verdad.

Vuestra verdad es vuestro poder

La verdad es el descubrimiento más liberador que podéis hacer.

Estar libre del miedo a la muerte,


estar libre de la desconfianza, de la limitación,
estar libre para ser quienes realmente sois,
éstos son los dones que recibiréis
al precio de la introspección y la honestidad.

La vida humana es la lección más difícil,


hasta que aprendéis el simple hecho
de que vuestra verdad es vuestro poder,
vuestra salvación, vuestra plenitud,
vuestra finalidad y vuestro camino.
Cuando verdaderamente creéis esto,
la vida se convierte en el alegre y abundante jardín
que se supone que es.

La alegría es el sonido cuyo eco resuena por todo el universo.

Vosotros oís ese sonido


cuando reconocéis en vuestras luchas
el equívoco que en realidad son.
Entonces, todas las confusiones,
(la condición humana, por supuesto)
en lo que de mejor y de peor tiene,
son vistas como la creación ilusoria
de la conciencia del alma
en su búsqueda de la Unicidad que ya posee.

La libertad no es una ilusión. La libertad es la forma natural de ser. Es un derecho hereditario que poseéis. Es vuestro hogar.
Estad dispuestos a aceptar las sombras que cruzan por delante del sol.

Si este mundo fuera un lugar perfecto,


¿a qué escuela irían las almas?
No lloréis por las limitaciones
que veis que existen en vuestro mundo.
Esas limitaciones están ahí con un motivo.
¿Dónde iba a haber ocasión de aprender,
si no es en un mundo imperfecto?
No os lamentéis por quienes sufren,
por los sometidos a condiciones de vida limitadas.
Contemplad vuestro mundo como lugar de paso donde las almas eligen venir,
y que ellas lo eligieron como modo de aprendizaje; hasta el más mínimo detalle.

Todas las cosas son de Dios y toda conciencia acaba por saber que es Una con Dios.

8
El fluir natural de la conciencia
se dirige hacia la Luz.
La sola resistencia a la Unicidad
se halla dentro de vuestra conciencia.
¡Ahí está la lucha!
A medida que crece el conocimiento, no puede contraerse.
Puede distorsionarse, pero no contraerse.
Al conocerse uno como conciencia humana, de poco sirve
continuar siendo una brizna de hierba,
pues la estructura kármica del ser humano es mucho más compleja y sabia.
Las experiencias manifestadas en vuestra vida
por la resistencia que aún poseéis
existen en interés de la verdad y la Luz.
Os muestran el daño que hacen estas obstrucciones,
para que los atraveséis.
En la creencia del saber que todo se dirige hacia Dios,
los obstáculos adquieren un significado y una forma distintos.
A nivel humano parecen obstruir
pero en última instancia, instruyen.

Todas las cosas, tanto las temporales como las infinitas, son hermosas.

Algunos queréis ver


únicamente lo que ya está iluminado,
y esperáis evitar
lo que aún está oscuro en vuestro mundo.
La vida no necesita ser blanqueada para ser hermosa.
Si tuvierais que diseccionar a un ser humano,
y descomponerlo en todos sus elementos, no sería necesario pedir disculpas por ninguna de sus partes.

Hay vida en todo, y hay conciencia en todo

Si la conciencia alcanza el nivel


de una brizna de hierba,
está donde está.
Cuando la conciencia aumenta
y se ve a sí misma en un estado más elevado,
se manifiesta entonces en un estado más consciente.

La batalla entre la luz y las tinieblas se da en vuestro interior.

Éste no es un mundo de víctimas.


Podéis controlar vuestra propia vida.
Estáis aquí para ver qué lugar ocupáis en la Luz
y también para descubrir las zonas residuales de tiniebla
cuya finalidad es sabotear esa Luz.
Es demasiado frecuente
sentirse víctima de la negatividad,
mientras que el individuo
posee realmente esa negatividad
como parte integrante de su estructura kármica.

La oscuridad es una opción

Hablamos de una negación de la Luz,


no de una ausencia de Luz.
Así pues no es irreconciliable el concepto de que
Dios está en todas las cosas.
¿Qué es la iluminación?
Todo y nada.
Vamos a ver si consigo plantearlo de otra manera.
Si os digo: «la iluminación es omnisciencia»,
estoy limitando la iluminación. Si digo: «la iluminación es omniamor»,
estoy limitando al amor. No puede haber principio ni fin
y vuestro vocabulario humano está repleto de limitaciones.
Digamos, pues, que la iluminación
es estar en el instante hacia la eternidad
prescindiendo del intelecto,
pero siendo conciente de todo.
Es la paz absoluta
sin la conciencia de la falta de paz.

9
Es el amor absoluto
sin tener conciencia del odio.
Es todas las cosas sin fin
tras olvidar la ilusión de los finales.
Es una dicha sin el recuerdo de la desdicha.
Es simplemente una «es-encia».
Sois vosotros
sin vuestro físico,
sin vuestra personalidad,
sin vuestros vestidos
sin vuestros obstáculos,
sin vuestros temores,
sin vuestras limitaciones y fronteras,
sin ni tan siquiera la conciencia de vuestro yo,
excepto en cuanto perceptor ilimitado
de la infinita Luz.

Y ni siquiera así queda descrita,


pero es lo máximo que puedo hacer de momento.

Las capas y capas de negación de Dios que recubren la mayoría de las almas en su forma física no pueden ser eliminadas
todas de una vez, como si de cirugía se tratara. Requieren un desgaste gradual de la resistencia por medio de la experiencia.

Por desgracia muchas experiencias son dolorosas


y negativas, hasta cierto punto,
tras el cual, el aprendizaje puede seguir adelante
en medio de la luz y el placer.
No obstante, cuando hay un fuerte deseo
de evitar la verdad y la responsabilidad,
el placer puede ser utilizado como una evasión
más que como un aprendizaje.
Naturalmente se dará una negación
de la responsabilidad a causa del dolor,
pero sin el dolor
la cuestión de la responsabilidad ni siquiera se plantearía.

Sed pues pacientes y permitíos


ver cómo van erosionándose una tras otra las capas
defensivas que existen en los ciclos humanos.
Veréis que lo que se considera un aprieto insuperable
no es más que una oportunidad de aprender.

La unicidad definitiva es reciprocidad, no la destrucción del yo. El amor que sentís por la verdad eterna es el hilo conductor que
a través de múltiples encarnaciones lleva a la meta definitiva.

¡Qué sutil es el hilo y a la vez qué fuerte!


Así es como el tapiz continúa
y el tejido de cada vida
os conduce cada vez más cerca del ansiado momento
en el que podáis interrumpir los ciclos de reencarnaciones
y seguir el deseo de vuestras almas
de adentrarse hacia niveles más altos de conciencia.
Por fin, cuando todos seáis de nuevo Uno con Dios
y tengáis un conocimiento pleno y conciente de ello,
os prometo que no habrá momento
en que volváis la vista hacia la vida pasada y digáis:
« ¡Qué tontería!»
Diréis por el contrario:
.«¡Aquello era el amor intentando conocerse a sí mismo!»

En espíritu, la esencia de vuestro ser es el amor.

Hablo de la ternura
y la amabilidad existente en vuestros corazones,
que no es sino la propia conciencia de Dios.
Tal es vuestra verdadera identidad.
Cuando tocáis llenos de amor a otro ser humano
estáis realizando la obra de Dios.
Ved en todo ser humano a un ángel caído.

Hay un plan general, del cual no sois conscientes y al cual sólo podéis contribuir siendo quienes sois, haciendo lo mejor,
buscando vuestra verdad más elevada y siguiendo los dictados de vuestro corazón.

10
Se trata del plan de salvación de Dios;
no sólo de la conciencia del alma,
sino de la tierra misma.
Se acerca el momento
en el que la culminación de eones de esfuerzo
produzcan un nivel renovado de Luz en vuestro planeta.
Seguirá siendo una escuela
que os ofrecerá una oportunidad de elegir
entre aspectos positivos y negativos.
Habrá, sin embargo, más Luz
y más conciencia de esa Luz.
Habrá un equilibrio en el que podrá florecer el amor,
en el que la gentileza será un poder y como tal será
reconocida, en el que Dios podrá ser situado de nuevo
en el centro de la conciencia de todo ser humano.

El estado de gracia necesita un recipiente para ser llenado.

Os sostiene la mano de Dios y sois amados


de una forma total,
y cuando ese amor pueda ser recibido se completará el circuito.

Cuando se acerca uno a la fuente, llega el momento difícil de describir en cualquier lengua. El que
recibe se convierte en el que da y el recipiente se convierte en fuente...y entonces, es cuando la danza de la
eternidad realmente empieza.

Emmanuel: ¿qué te parecen los seres humanos?

Cuando veo un alma, veo Luz... Una luz cristalina, pura, amplia y muy hermosa. Cuando veo a un ser humano, a menudo veo a esa
misma alma encogida, luchando bajo un manto de un variado colorido que se apaga, que obliga al esplendor a permanecer preso en sus
cualidades áuricas más opacas. Bajo ellas, por supuesto, se halla en toda alma la verdadera Luz de Dios. Cuando os contemplo con mi
amor, veo esa Luz igual que cuando vosotros os contempláis unos a otros con amor.

¿Os gustaría conocer los colores de la duda y el miedo? Empezaré por el color más oscuro, que es la negación de Dios, el odio (la
ausencia de amor) y es la más oscura negrura. Es un error, un engaño, sí, en ocasiones es un error profundo y denso. El miedo puede ser
considerado no sólo como una emoción en sí, lo cuál es un freno, una calidad de gris oscuro; pero, cuando también va acompañado y
relacionado con la rabia, puede resultar un grito del amarillo sulfúrico más intenso y desagradable.

La pasión, en cualquiera de sus manifestaciones, supone una gran variedad de rojos. El intelecto es a menudo amarillo, y cuando se utiliza
para bien, tiene unos tonos dorados y cremosos. En cambio, cuando se emplea para negar al corazón y se convierte en una forma más
espesa de ese mismo color.

El verde es curativo, es la curación que se produce en el interior del cuerpo, o el deseo de curar a otros, que a veces se mezcla con unos
suaves tintes rosados, propios del amor, del amor humano.

El amor de Dios aparece blanco. El plateado es comunicación, diálogo. Cuando se dice la verdad, es brillante y lanza destellos. Cuando se
la niega, o se emplea de manera manipuladora, se vuelve de un gris acero.

El azul es un brillantísimo rayo cuando va relacionado con una espiritualidad amplia, o con la relación de empatía que se establece entre
los seres humanos. Se da asimismo un azul más profundo, cada vez más transparente y hermoso a medida que va reflejando las
emociones profundas que se producen en vuestro interior, cuando estáis en comunicación directa y verdadera con vuestro ser más íntimo.

El lila y el morado son los colores del espíritu. A menudo, aunque no obligatoriamente, los espíritus guías van vestidos de ese color la
primera vez que se aparecen a vosotros.

El dorado es el amor de Dios dado al mundo a través de vuestra disposición y de vuestro compromiso con las obras propias de esa
llamada.

Todos sois conscientes de estas cosas. Estoy hablando para despertar de nuevo lo que cada uno de vosotros experimentó en sus días
más primitivos, cuando visteis los colores que rodeaban a la gente presente en vuestra vida. Antes incluso de que pudierais entender las
palabras, os lanzaron mensajes muy diversos.

Os veo a todos como arco iris.

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2

Dios, Luz, Cristo, la Caída

Vosotros y Dios sois uno

La conjunción definitiva
de la mente, el corazón, el alma y el cuerpo,
os conducirá a la alineación completa.
Ello os librará entonces
de los ciclos de reencarnación.
Vuestra autorrealización definitiva
es la realización de Dios,
pues vosotros y Dios sois uno.
Eso es lo que tanto trabajo os ha costado descubrir
a lo largo de tantas y tantas vidas.

Emmanuel: ¿cómo puedo conocer a Dios o a mi yo más profundo, si ni siquiera estoy seguro de creer en la existencia de uno y otro?

La fe no es algo intelectual. Es un sentimiento.


No tenéis que creer.
Sólo tenéis que tener la intención de creer.
No os podéis obligar a tener fe;
pero una vez hayáis eliminados los obstáculos, la fe llegará,
pues constituye una parte natural de vuestro ser.

Para conocer verdaderamente a Dios, debéis descubrir quiénes sois.

Ya que ahora podéis pensar que Dios es una verdad superior,


una realidad más amplia, un orden natural,
una seguridad divina y un amor.
Con esto quiero decir que es una realidad eterna,
de índole generosa, amable y cariñosa.
Podéis hacer de él la imagen humana que mejor os plazca,
pero una vez hayáis situado vuestro propio núcleo,
vuestra esplendente Luz,
sabréis quién es Dios.

Probablemente vuestra mente no pueda entender a Dios. Pero vuestro corazón ya lo conoce.

La mente fue creada con la finalidad


de llevar a las órdenes del corazón.
La mente responde el «cómo», no el «qué».
El «qué» es una cuestión más profunda.
La guerra más grande de toda la vida
dentro de cada individuo
es la que libran el intelecto y el corazón.
En ella el corazón dice: «Las cosas son así»,
y el intelecto replica:
«No lo entiendo, luego, no creo».
Cuando estáis con otro ser humano,
¿realmente os comunicáis con la mente?
¿O más bien habláis a un alma,
mientras las mentes se dedican a divagar,
intentando poner orden y verbalizarlo?
Cuando vuestra mente pregunta «¿Por qué?»,
os dais cuenta de lo fácil que es contentarla
con una respuesta superficial.
Cuando vuestro corazón pregunte
«¿Por qué?» no quiere más que la verdad de Dios.
El corazón es una brújula infalible
dentro de cada uno.
El corazón conoce el alma
mejor que la mente.
Si vuestra, mente no está al servicio
del corazón,
se convierte en un amo
perverso y retorcido.
El único camino adecuado para vosotros
es el que está ya trazado en vuestro interior.
Para encontrarlo, debéis escuchar a vuestro corazón.
Sencillamente no hay otro camino.
Mientras que vuestra pequeña mente, en sus temores,
sea rígida y deseosa de controlarlo todo,
la parte más profunda de vuestro ser empezará a susurrar

12
la verdad de vuestra salvación eterna
y de vuestra Unicidad con Dios.
Por tanto escuchad a vuestro corazón.
Ahí están vuestra Luz
y vuestra verdad.

Vuestra voluntad y la voluntad de Dios son la misma.

¡Qué dulce resulta decirlo


y qué difícil creerlo!
En cuanto empecéis a confiar en vuestro corazón,
os daréis cuenta de que,
cuando algo os produce alegría y satisfacción,
es la voluntad de Dios
que habla a través de vuestro corazón.
Nacisteis con la semilla de Dios en vuestro interior.

¿No tenéis confianza


en que esa semilla os hable?
Confiad además en que
allá donde vuestro corazón desee conduciros
es donde también Dios desea conduciros.
Cada vez que ese anhelo de Dios
se manifiesta en vuestra conciencia,
limáis otro poquito de aspereza, de resistencia,
en la sustancia anímica que todavía, en algún nivel,
sigue negando la voluntad de Dios.
Si contáis los granos de arena de la playa,
sabréis cuántas veces,
en esta vida y en las pasadas,
habéis anhelado realizar vuestra Unicidad con Dios.
Cuando decís desde el fondo del corazón:
«Escojo conocer la voluntad de Dios»,
se trata de un uso fundamental de vuestro libre albedrío.
Éste sólo puede darse
cuando hay una libertad de opción.
En el acto de rendirse no cabe la violencia.
Desear liberarse aprieta las cuerdas de la liberación,
pues ésta no cede a la voluntad. Cede a ceder.
Rendíos a vuestra propia realidad,
a vuestra integridad.
Ni una ni otra puede seros arrebatada
ni cabe realizarse si no es por vosotros.
Al tiempo que se profundiza la rendición
más se destaca la autonomía.
Al rendiros hacéis realidad el control absoluto
que tenéis de vuestras vidas.
Rendirse es una opción,
una opción absoluta, personal.
No cabe rendirse completamente más que ante Dios.
Cualquier otra rendición es simbólica.
La rendición puede ser definida
como el acto más egoísta pues conduce a la plenitud total.
Cuando la voluntad del hombre se ajusta a la voluntad de Dios,
surge una existencia sin dificultades,
en la cual la sabiduría que habita en vuestro interior
se halla cómoda y lleva suavemente el control.
Para conocer la presencia de la voluntad de Dios
debéis escuchar las múltiples voces
que habitan en vosotros.
Descubriréis voces de miedo,
de furia, de contradicción, de terquedad,
engaños de todo tipo.
Cuando os acostumbréis a esas voces,
tanto más fácil será escuchar
la amabilidad, la suavidad,
el calor y la Luz de vuestra sabiduría interior.
En contraste con la cacofonía
de las demás voces,
que se imponen al conocimiento interior
de que es la voluntad de Dios.
La lección final que recibe cada alma
13
es la rendición final a la voluntad de Dios,
manifiesta en vuestro corazón.
No hay que oponerse al temporal. Si uno cede, se convierte en viento.
La relación entre el alma individual
y el Alma Universal es Dios,
es la misma que la unidad existente
entre cualquier agente de energía y su fuente.
Sois parte de esa fuerza global y eterna.
Con cada encarnación sembrasteis equívocos
que os mantienen separados de la Unicidad.
Es sólo la confusión lo que os ha dividido
y ahora estáis buscando la manera de volver.

Emmanuel: ¿qué es la «divinidad» humana?

Es cada célula de vuestro cuerpo.


Es toda la conciencia que hay en vuestro interior.
Es cada elemento de humanidad
y los eones que hay detrás.
La humanidad es auténticamente maravillosa.
No seáis tan críticos cuando os desviéis
de aquello que vuestra imaginación os dice
que debe constituir el estado perfecto,
hasta que os permitáis
evocar al Dios que lleváis dentro.
¿Veis cuánto puede limitaros?
Toda alma, al ser iluminada,
es un punto de energía.
¿Cómo podéis ayudar a alumbrar al mundo,
si no dejáis brillar a vuestra propia luz,
aunque al principio sea un tanto débil?
No la juzguéis por su potencia en kilovatios.
Una vez aceptada por completo
vuestra Divinidad,
sois libres, sois libres, sois libres.

¿Cómo es el lugar en el que estás, Emmanuel?

Ya sabéis cómo es cuando paseando en silencio por los bosques.


visteis una hermosa flor en toda su pureza, en toda su inocencia,
y en su absoluta confianza en las leyes de Dios.
Y le quisisteis decir a la flor:
«¡Ah, si tu pudieras regir el mundo!»
Pues bien, ¡aquí, lo rige!

¿Cómo has llegado a convertirte en una criatura en la que se ha realizado Dios, Emmanuel?

He pasado ya por todas las manifestaciones humanas


que ahora estáis experimentando vosotros.
Yo también preferí abandonar la Unicidad
para descubrir mi propia conciencia
y regresar con ella dispuesto
a añadirla a la Luz de Dios.
Por el camino se me fueron olvidando las cosas,
lo mismo que os sucede a vosotros,
y me encontré sumido, según todas las apariencias,
en un mundo tan alejado de Dios,
que cuando me di perfecta cuenta de la realidad
de aquella horrible sospecha,
sentí que me rodeaba la más absoluta oscuridad.
Sin embargo, a medida que aumentaba mi nostalgia y mi dolor,
empecé, al igual que habéis hecho todos a buscar la Luz,
en la certeza de que, si la falta de Luz me producía tanto dolor,
era forzoso que existiera esa Luz. Si la oscuridad hubiera sido mi hogar natural,
me habría encontrado a gusto en ella.
Por eso, di la vuelta, igual que habéis hecho todos,
y tras subir montañas, vadear ríos,
rezar en mezquitas, templos e iglesias,
seguir a maestros, tropezar y volver a levantarme,
llegó el momento de mi evolución
en el que fui capaz de afirmar con absoluta veracidad: «Soy Uno con Dios».
Y entonces me vi libre de los ciclos de reencarnación.
14
¿Por qué abandonamos la Unicidad con Dios?

El alejamiento de Dios
fue el inicio de un viaje de amor.
La conciencia individual pretende,
a través de la experiencia de la realidad humana,
conocerse a sí misma por completo,
para poder así regresar a la Unicidad
con mayor luz y con una comprensión también mayor.
Ello supone un aumento de la Unicidad,
pues todas las cosas se hallan en expansión
y creación continuas.

El Dios Supremo está en todas partes;


y, aun sin la experiencia de la individuación,
la separación
sería un vacío, la pérdida de algo.
Sería la totalidad
sin la conciencia para experimentar,
para expresar y, por lo tanto,
para llegar a ser una parte
del universo de eterna creación.

Estáis aprendiendo
a ser creadores en el sentido más profundo.
Os estáis preparando para uniros a Dios
en el acto de la creación.
El hijo pródigo vuelve a casa.
En verdad, uno nunca «cayó», en absoluto.
La Caída es un símbolo de la experiencia humana.
Como tal símbolo, supone el olvido del objetivo inicial de la individuación,
eso es: distraerse y perderse; constituye un intento que realiza el alma olvidada.
¿Cómo pudimos abandonar a Dios? Uno mismo es Dios.
Observad la reconstrucción de la Caída,
como si de un mapa maravilloso se tratara
que os condujera a la Luz.
En cada vida volvéis a vivir la Caída.
Cada reencarnación os permite descubrir
en qué punto seguís echándoos atrás, negando.
Vuestra sensación de alienación
refleja la separación original,
el olvido original.
Todo está latiendo:
las esferas cósmicas, la galaxia, la tierra,
las moléculas que componen vuestro cuerpo.
La separación de Dios y el regreso a Él...
Se trata del latido creador del universo.

La caída es el mayor acto de amor.

¿Quién iba a abandonar la Unicidad


si no fuera para servirla a través de ese abandono?
Mientras habéis vagado por siglos de desconocidos,
adentrándoos siempre en un momento más de vacío,
de la nada, para crear la Luz,
os habéis ido convirtiendo en fragmentos de dicho viaje
y habéis olvidado quiénes sois
y por qué habéis venido hasta aquí.
Y al olvidarlo
habéis adoptado una personalidad humana
y habéis entrado en lo particular,
de suerte que en lo particular
ahora os encontráis aparentemente desconectados
de la Fuente,
intentando regresar con agónica lentitud de nuevo a la Unicidad.

15
¿Cómo se personaliza uno cuando se es Todo?

Cuando os alejáis de la Unicidad


lo hacéis en Su compañía y sois la Unicidad.
Sois la Unicidad expandiéndose.
Sois la Unicidad en el acto de crear.
Pues la Creación debe consistir en crear
y, por tanto, no tiene fin
su labor creativa.
Nunca llega el momento en el que la Conciencia diga:
«De acuerdo, ya he hecho bastante!»
Nunca llega el momento
en el que la Luz diga:
«Ya he alumbrado bastante.»
en el que la Creación diga:
«Ya he creado bastante.»
Pues cuando una cosa es, simplemente debe seguir siendo.
Y la naturaleza de la Creación consiste en crear.
Y la naturaleza del Amor es amar.
Así pues, vosotros, en tanto en cuanto personalidades humanas,
ved que estáis separados de quienes realmente sois.
Se trata simplemente de los trajes que os habéis puesto
en cada encarnación
para dar vida a los personajes que sois.
Nunca podréis identificaros por completo
con esas personificaciones,
pues sabéis quiénes sois
y ese conocimiento os hace siempre ir más allá,
hasta conduciros, al mismo tiempo,
al Gran Desconocido y de nuevo al Hogar.

Es sólo una etapa

Es sólo una etapa,


si creéis en quien os parece que sois,
y que ese Hogar y el Gran Desconocido
están en otro sitio.

¿Quién era Jesús, el Cristo?

Cristo es un maestro.
Digo «es» y no «era»,
pues aún existe
y realmente se halla al alcance
de cuantos estáis aquí.
Es un Espíritu de Amor y Luz,
de fraternidad y curación.
Se halla profundamente implicado
con el mundo humano.
Jesús es mi hermano.
Y también vuestro hermano.
Un Ser de Luz.
Nadie accede a este mundo físico que no sea,
en lo más íntimo, un Ser de Luz.
Jesús, el Cristo es el ejemplo supremo
de la realidad de la Luz en el mundo humano.
El nacimiento de Cristo
es el beso del amor eterno.
Es uno de los mayores regalos
que ha hecho Dios a la humanidad.
Es el símbolo en forma humana
de la realidad eterna de Dios,
de Su amor, de Sus cuidados
y de lo que ha sido denominado Su intervención.
La vida entera de Cristo,
si pudiera volver a experimentarse
en la conciencia de cada uno,
podría constituir la simbología más grandiosa
de la lucha del alma de cada uno:
una realidad de duda de uno mismo, de aspiraciones,
de crecimiento, de expansión, de amor.
Podría ser el mundo de Dios hecho físico.

16
La vida de Jesús fue un espejo para la humanidad.
Pese a existir la Conciencia de Dios,
el alma de Jesús, mientras experimentó la humanidad,
conoció el desconcierto.
Se produjo en gran medida una identificación
con lo que era su forma física
y por lo tanto surgieron preguntas, temores, dudas.
Pero todo ello fue dado
para proporcionar una comprensión nueva
y más profunda
de la condición humana.
La lucha de Jesús constituyó un retrato
en el que la humanidad pudo verse reflejada a sí misma
y contemplar las infinitas posibilidades
que tiene el proceso de crecimiento.
Sin duda alguna fue un regalo de Dios.
Si Cristo fuera un espejo para vosotros,
¿cómo os veríais?
¿Cómo os reflejaría a cada uno?
Otros profetas hablaron de modo distinto,
pero Jesús habló a través de la experiencia humana.
La experiencia humana estaba casada con el espíritu.
La lección fue vivida y expuesta.
Cristo decía: «Mira, humanidad;
mira de lo que eres capaz de hacer.
Mira quién eres.»

¿Volverá algún día Cristo a la tierra en esa forma?

Estoy aquí para recordaros


que dentro de vuestro propio ser está el Cristo que buscáis.
En cuanto a la encarnación de esa Luz esplendente, creo que no.
Otros pueden tomar esa Luz para sí mismos.
Entonces se harán maestros
en virtud del nombre y la autoridad
de ese esplendor.
Recordad que la chispa
se inicia a partir del centro
y que la Luz está al alcance de todos.
Ese destello cegado
existe en todos vosotros.
Cuando su realización adopta forma humana,
brilla con Luz propia
y puede ser visto como la vuelta de la Conciencia de Cristo.
La palabra «Cielo» ha sido inventada para representar lo irrepresentable.
El Cielo está en el interior de vuestros corazones,
dentro de vuestras conciencias,
y se halla a vuestro alcance
incluso en este momento,
mientras vais caminando.
El Cielo es alegría y amor,
una empresa ilimitada y una creatividad sin fin.
El Cielo es todo lo que buscáis y más.
El Cielo es vuestro hogar.

3
El amor

No agotaríais el amor presente en el universo aunque estuvierais absorbiéndolo desde ahora hasta la consumación de los siglos.
El Amor es todo lo que existe. El amor es la comunicación universal. Es la energía que ha creado el universo y lo hace funcionar.
Dios es amor. Toda materia está formada por el amor. Hay un amor orgánico que habla a todo el mundo; lo único que hace falta
es escuchar. Una hoja se sostiene a causa del amor.

El amor puede hacer dar la vuelta al mundo y de hecho lo hace.


¿Qué creíais que hacía girar vuestro planeta sino el amor?
¿Y en qué creéis que consiste el fuego de vuestro sol,
y las células de vuestro cuerpo,
las estrellas de vuestro cielo
y la conciencia que habita en vuestro corazón?
Todo ello es amor.
No hay más que amor.
No dejéis que os engañen las máscaras ni las poses.
El amor es la cola que mantiene pegado al Universo.
17
La necesidad primordial de un alma
es alcanzar el amor de sí misma
que lleve a cabo la unidad
en la que los juicios causantes
de tanto dolor queden eliminados.
El auténtico amor a sí mismo no es egoísmo.
El auténtico amor supone una gran humildad,
y El amor y la compasión hacia los demás no pueden existir
mientras no haya bastante para sí mismo.
¿Cómo vais a sentir amor por Dios,
si no os amáis a vosotros?
¿No sois acaso una sola cosa?
Hasta que no seáis capaces
de aceptaros a vosotros mismos,
tendréis cerrada la puerta
a la expansión que tanto anheláis.
Dicha expansión se produce a través de vuestro corazón.
¡Sed amables con vosotros mismos!

El Amor no requiere experiencia. El amor es. Una «es»-encia no puede ejercitarse. Lo que sí, en cambio, puede ejercitarse es la
decisión de amar.

La vía que conduce al amor


se encuentra al experimentar
lo que es estar sin él,
igual que el sendero que conduce a la Luz
es ser concientes de la oscuridad.
Haced la elección suprema.
El amor no se domina; se permite.
El amor llega en envases distintos.
Puede llegar a través de la obra fluida de un artista.
Puede ser el grandioso auto-sacrificio de un mártir,
Puede ser la firme resolución de un caudillo.
Puede ser el contacto con un familiar.
Algo tan sencillo
como tomar la mano de un niño
que intenta cruzar la calle
constituye un enorme acto de amor.
Todo acto de gentileza y amor
añade más Luz y más poder
a la Verdad de Dios en vuestro mundo.
Introducir el concepto de amor
en vuestra realidad física,
vivirlo con la mayor riqueza posible
es responder a la llamada interior de Dios
decidido a encarnarse.
Todos los que habitan vuestro mundo
anhelan esa plenitud.
No es un sucedáneo del amor de Dios,
sino un aspecto alimenticio, energético, liberador
del Plan Universal hecho físico.
Quizá dé miedo dividir el amor
entre Dios y el propio compañero.
Me gustaría deciros que no supone
ningún conflicto.
Los cuidados que recibís a nivel físico
son, de hecho, beneficiosos
para vuestro crecimiento espiritual.
Anheláis el amor
como la flor anhela el sol,
y tenéis todo el derecho a ello.

Emmanuel: ¿sobrevive el amor a la muerte?

El amor es eterno.
Atraviesa cualquier barrera ilusoria,
como las del tiempo y el espacio.
El amor es una conexión inquebrantable.
Vuestra conciencia oscila yendo y viniendo
una y otra vez de lo físico a lo no físico,
incluso mientras andáis de aquí para allá,

18
ocupados en vuestras tareas cotidianas.
Cuando lleváis en vuestro interior el amor
y el anhelo de regresar a Dios,
el sacramento del volver al Hogar
constituye una realidad renovada constantemente en
vuestra vida. Vuestro corazón regresa al Hogar.
Se piensa en vuestra cultura
que la mente debe guiar
y el corazón debe obedecer,
pues es sospechoso de irracionalidad.
Me gustaría dar la vuelta a este error
y devolveros vuestro corazón,
la energía de vuestra alma, vuestra espontaneidad
y vuestro amor a la vida.
El mundo no tiene que ser racional.
Tiene sólo que ser experimentado.
La racionalidad es la exigencia que la mente
hace al corazón cuando le dice:
«Soy yo quien va a llevar el control ahora.
Tu eres un loco, que no sabe nada.»
El pensamiento es un instrumento
que debe conduciros
hasta la puerta una vez allí,
debéis abandonar vuestras herramientas.

¿Cómo podemos dejar de preocuparnos por aquéllos a quienes amamos?

Confiando
en la absoluta sabiduría de cada alma.
La preocupación es la desconfianza
justificada para que resulte socialmente aceptable.

Si decís:
«Estoy preocupado por mis hijos.»,
todo el mundo replica: «Sí, claro.»,
y piensa que sois unos buenos padres.
Pero si dijerais:
«Realmente no me fío del Plan Divino.»,
¿cuál creéis que sería la reacción?
¿Cómo puedo abrir mi corazón para escuchar a Dios?
Abandonando todos los mecanismos
que habéis venido utilizando durante siglos
para mantenerlo cerrado.
El estado natural del corazón es estar abierto.
¡Fijaos cómo lucháis
contra aquello que estáis buscando!
Os ayudará responder
a las siguientes preguntas.
¿Cómo puedo encontrar mi camino?
¿Cómo puedo abrir mi corazón?
¿Cómo puedo tocar al Dios que llevo dentro?
¿Cómo puedo escuchar a los espíritus que van conmigo?
¿Cómo puedo aprender a amar?
¿Cómo puedo crecer hasta llegar a ser quien soy?
Dejando de ser quien no eres.
No hay ni un solo corazón
en vuestro mundo humano
que, de estar seguro de no correr peligro,
no se abriera inmediatamente.
Todo es cuestión de miedo.

19
4
El camino: tarea, maestros, ejercicios

Si todo aquél que tiene forma humana


decidiera vivir para su propio crecimiento, ¿dirías que
la humanidad entera está en la vía espiritual?
Desde luego.
¡Qué idea más hermosa, Emmanuel!
El universo entero es una idea hermosa.

Conoceréis el siguiente paso a partir de éste.

No lo encontraréis
de ninguna otra forma.
Vuestro intelecto no lo conoce.
No podéis pesar
cuál es la realidad de Dios.
Sólo podéis
experimentarla
A menudo os equivocáis
al pensar que vuestra vía
es un símbolo definitivo y no un medio.
En lugar de dirigiros al corazón,
al santuario interior,
el género humano construye símbolos
de una realidad ya, existente.
Es un maravilloso anhelo instintivo
mal dirigido,
pues en él, el que busca,
convierte la búsqueda en meta.

Los ritos no son el camino. Son lo que nos recuerda que hay un camino.

Cualquier rito os habla ¡escuchadlo!


y cuando deje de hablaros, buscad otro, si es necesario.
Permitidme que os regale este ejercicio:
Mirad todas las cosas con amor,
como si fueran parte de vosotros mismos.
¿Veis cómo he sacado a colación
lo necesario que es amaros a nosotros mismos?
Algunos ni se han dado cuenta. Por ejemplo: una flor.
Tocadla con vuestro amor,
no sólo de forma visual, sino también
experimental.
Aspirad su perfume; forma parte de vosotros.
Contemplad su hermosura;
es lo que sois vosotros.
Tocad su suavidad; es la vuestra.
Notad la fuerza de sus raíces,
es vuestra fuerza, vuestro enraizamiento en el mundo
No veríais esa flor,
si no formara ya parte de vosotros.
En definitiva, vuestro mejor maestro
es el vivir con un corazón abierto...
Vuestra tarea es
cada momento de vuestra vida.
¿Qué es lo que hacéis mejor?
¿Qué es lo que os da la mayor sensación de plenitud?
En eso consiste vuestra tarea.
Vuestro corazón os guiará por el camino hacia la plenitud
y hacia el papel que habéis venido
a desempeñar aquí según el Plan de Salvación de Dios.
No hay orientación alguna respecto a la meta
en el Reino de Dios.
Hay sólo «Es»-encia, Existencia.
No hay nada estático en la «Es»-encia.
Es un estado de la más increíble creatividad,
de crecimiento y movimiento.
Nada en el universo de Dios permanece igual,
ni siquiera, diría yo,
20
la Conciencia del propio Dios
Es una eternidad de aprendizaje.
¿No es asombroso?

La transformación más diminuta es como un guijarro que se arroja a un lago en calma. Las ondas aumentan y se multiplican de
manera interminable.

¿Es necesario tener un maestro?

No olvidéis
que el maestro más importante que tenéis
es vuestro propio saber intuitivo.
Las enseñanzas son siempre para hacer recordar,
son un avivar los rescoldos
que hacen que lo que duerme en la conciencia
llegue al plano de lo activo.
No se puede enseñar sin un material.
Sois todo canales.
Estáis abiertos para escuchar a vuestros corazones,
pues, de lo contrario, no estaríais aquí.
Del fondo del pozo de vuestra experiencia humana
sacáis las frescas aguas transparentes
del amor, el conocimiento, la sabiduría,
que debéis dar al resto
de vuestra comunidad humana.
En la medida en que poseéis la verdad,
en esa medida, sois una luz en el cielo
que lanza destellos de Amor, de Luz y de Dios.
Mas recordad:
Cuando un maestro deja de aprender,
deja también de enseñar.
Semejante individuo se vuelve rígido e inmóvil;
quizá sea un poste indicador, pero no un maestro.
El concepto de que el maestro es estudiante
y de que el estudiante es maestro no es nuevo.
Fue ya expresado por las almas sabias
de todas las generaciones.
Hay mucho que aprender
en el desarrollo del proceso de enseñanza.
Pero si el maestro debe crecer,
ha de seguir siendo un estudiante.

Toda religión en sus orígenes ha sido inspirada por Dios; pero después se ha apoderado de ella el intelecto y la ha limitado,
distorsionado y en muchas ocasiones incluso destruido por completo.

No estoy hablando en contra de la religión.


Sólo pongo en duda el uso del dogma.
Creer en el Dios que hay en cada uno
es la religión definitiva.
No importa qué vía escojáis para llegar a ella.
Deberían respetarse las religiones
en virtud de la explosión
de Luz que las ha hecho surgir.
La religión, sin embargo,
no debería ser reverenciada
como si tuviera más poder
del que cada individuo en particular;
él, ella, lleva dentro de sí.
Aunque un credo religioso
lleve siglos y siglos siendo enseñado,
o quizás incluso porque lleva
enseñándose siglos y siglos,
negándose a crecer y a torcer
con la conciencia cada vez mayor de la humanidad,
necesita ser puesto en tela de juicio.
Que vuestro corazón sea siempre el juez definitivo.
El Dios que existe en el interior de los seres humanos
está vivo y se encuentra bien.
Aquéllos que se esposan
a una vía religiosa
que hace caso omiso de la experiencia humana,
temen que no haya Dios en lo humano.
Su concepto de Dios no incluye el calor,
la compasión y la vitalidad
21
que cuantos buscáis al Dios interior
sois capaces de sentir.
Dad vuestro amor y vuestra compasión
a quienes niegan su humanidad.
La suya es una vía dolorosa.

¿Es el auto-sacrificio una necesidad espiritual?

Si fuerais un jarro lleno de agua,


clara y hermosa,
vuestra mayor felicidad
sería derramaros por cuantos
fueran pasando por vuestra vida.
Pero si fuerais una jarra vacía,
¿qué daríais a los demás
sino un sucedáneo de regalo,
lo cual es tanto como no dar nada?
Lo que dierais llevaría implícita
una necesidad,
pues vuestras exigencias
no se habrían visto satisfechas.
La rectitud de intención debe basarse en la propia rectitud.
El auto-sacrificio ha sido alabado más de lo que merece.
Nadie necesita sacrificarse por los demás.
Se trata de un engaño muy sutil.
Cuando el «sacrificio» es doloroso,
puede haber una absoluta falta de deseo de dar.
Guando estáis llenos,
dais, y eso constituye un placer.
Eso es amor.

La meditación es una vía que os ayudará a deshaceros de los tesoros de la autoestima que se hallan profundamente arraigados
en vuestro interior.

Ello quizá también, de vez en cuando,


presente dificultades,
pues os veréis obligados
a ver vuestras imperfecciones.
Estos son estados transitorios.
Existen zonas en las que la energía vital
se ha petrificado.
Cuando dicha fuerza se libera,
vuelve a fluir con dulzura y delectación.
Escuchad a vuestro ser interior.
Es más sabio que vuestra mente conciente.

Como la meditación, casi todas las cosas servirán:


la música, los paseos en silencio, la buena mesa,
los destellos del fuego, la luz de las velas,
tomar la mano de la persona amada,
todo, en definitiva, lo que os haga
concentraros en el placer de existir
y desatender el griterío de vuestro intelecto.

Algunos tendéis a mostraros demasiado rígidos en la forma.


Hay tantas maneras de meditar
como personas se pasean sobre la faz de la tierra.
Todos necesitan penetrar en su silencio interior,
en su verdad interior,
de la manera que puedan.
Esa iluminación interior es algo
a lo que tenéis derecho desde que nacéis.
Constituye la clave de la esencia de vuestro existir,
de la sabiduría de vuestra alma.
Todos los niveles de comprensión y enseñanza
son alcanzables en vuestro mundo.
Es en ellos donde vosotros solos
seréis capaces de oír y vais a sentir una afinidad.
Cuando dicha afinidad se vuelve menos imperativa
buscáis otra forma de obtener esas enseñanzas.
Los verdaderos maestros espirituales,
de cualquier país o credo,
han sido útiles al gran propósito
de dirigir a la conciencia humana,
individual y colectivamente,
hacia el Dios interior.
Dejad vuestro corazón abierto

22
a la Guía divina no de forma pasiva,
como una hoja que flota,
sino como un navegante en ese río,
dejándose llevar por la amorosa profundidad
y rapidez de la corriente,
aunque, con la responsabilidad de su propia nave.
Debéis pasar por vuestro corazón,
por vuestro amor, por vuestro propio yo
antes de contactar con vuestro
conocimiento intuitivo ya expandido.
De lo contrario, estáis en peligro de perder vuestro
corazón en la búsqueda de la intuición
Si asumís y desarrolláis esos poderes
descuidando el amor, entonces ¿qué es lo que tenéis?
¿Qué podéis perder,
si ya tenéis vuestro propio corazón?
¿Y qué podéis ganar
si no lo tenéis?
¿Cuánto se tarda
en alcanzar la iluminación?
Todas las cosas en la vida
tienen el único propósito
de expandir el conocimiento.
Nunca se desecha una parte de uno mismo.
Sencillamente uno la transforma en Luz,
hasta que todo el ser es Luz.
Se trata de un proceso muy lento.
Quizás os de la sensación
de que estáis en el mismo sitio
de hace un mes, sin estar en él.
Tenéis un mes más de experiencia y,
por tanto, sois más concientes de lo que erais.
Digo esto es para que no cunda el desánimo.
No lo digo para que disminuya el esfuerzo.
Cuanto más conciente sea la fatiga
más rápido será el crecimiento.

Los reinos del espíritu

Inspirad a vuestros corazones el mayor deseo de percibir a los Seres de Luz y abandonad toda expectativa respecto al modo en
que sucederá.

¡No podéis figuraros cuánto pueden limitaros las expectativas!


Daos permiso, en este mismo instante,
de contactar el mundo del espíritu.
Todo lo que requiere es vuestro permiso.
Aquí estamos. ¡Mirad en su interior!
Vuestra mente no conoce el camino.
Vuestro corazón ya ha estado allí.
Y vuestra alma nunca ha salido de él.
¡Bienvenidos a casa!

¿Estoy aquí? Sí, estoy aquí.


Extended la mano y lo tocaréis.
Si decís: «Es mi imaginación», que así sea.
Soy entonces
una quimera de vuestra imaginación.
Y también vosotros lo sois.
Y también lo es vuestro mundo.
Y también lo es vuestro deseo.
Y también lo es vuestro amor.
Y ¿Cómo podéis haceros una cosa así?
Y ¿Cómo podéis vivir en tal dolor?
Sí, aquí estoy.
Y también vosotros por toda la eternidad.
¿Existimos?
Sí, existimos.
¿Y hay Dios?
Lo hay.
¿Y estáis asustados?
Sí.
¿Y confusos?
Por supuesto.
23
¿Y sois imperfectos?
Desde luego. Perfectamente imperfectos,
lo cual está muy bien.
Todo forma parte del Plan.
Todo es el Amor de Dios manifestado
aquí, allí y por doquier.
¿Cómo puedo explicar
para que comprendáis
encerrados en vuestra mente racional,
incluso desde mi propia mente racional?
Soy conciente de que estoy planteando un problema
y pido sinceras disculpas por ello
y sonreiré para agradecéroslo, si me lo perdonáis.
¿Por qué es tan difícil explicar quién soy?
¿No será porque vosotros
seguís avergonzándoos
un poquito de vuestros deseos,
de estas creencias
cada vez mayores y florecientes?
¿Verdad que sigue resultando incómodo
pronunciar la palabra «Dios» en sociedad?
No soy un ser mágico,
ni más ni menos que lo sois vosotros.
Soy un espíritu y vosotros también lo sois.
Tengo un cuerpo y vosotros también.
El mío se halla ligeramente alterado
por la alteración que supone mi conciencia.
Vosotros y yo seguimos la misma vía.
Buscamos la Verdad y nuestras almas
desean volver a la Unicidad con Dios.
Todos estamos creciendo dentro de nuestro reino.
Está ahí.
No hay tanta distancia entre vuestra realidad y la mía.
Suele creerse que los que tenéis forma física
sois las únicas existencias sólidas del universo.
Evidentemente no es cierto.
Todos tenemos nuestra realidad física;
quizá la mía no sea tan fotogénica como la vuestra,
pero existe, por cierto.

Hay tantos espíritus implicados en el proceso humano en este mismo instante como seres humanos
existen.

Se están construyendo muchos puentes.


Se están abriendo muchas puertas
a través de las cuales la luz de la unicidad
penetra desde el mundo de la Gran Luz
en vuestro mundo en proceso de Conversión en Luz.
Existen muchos seres con variadas intensidades de Luz;
Físicos, sí; y no físicos, desde luego
y todos bullen, atareadísimos como están
en satisfacer su propio Ego.
El milagro de la creación de Dios es evidente;
basta observar esas raudas centellas
de amor y conciencia, serpenteando de acá para allá,
vida sobre vida, llegando y marchándose,
amando y defraudando, pero aprendiendo,
siempre aprendiendo.
Es un tapiz tan magnífico y maravilloso
que ni puedo alcanzar a describíroslo.

No os desesperéis.
No hay ni un solo momento,
contra lo que pueda parecer,
en el que Dios no sea plenamente conciente
del más pequeño parpadeo
de vuestro conocimiento humano.
Lo único que hace que se manifieste la oscuridad
son las sombras
de vuestro continuo olvido
de vosotros mismos.
Vuestro mundo necesita del mío
y el mío, queridos míos, necesita del vuestro.
Esto tenemos que hacerlo juntos.
A medida que nos vamos encontrando,
unos hilos de áureo conocimiento
van tejiendo juntas nuestras realidades.
En un futuro, se producirá
el momento más bello de todos:
aquél en el que el espejismo sea abatido,
y haya una reciprocidad y unidad entre nosotros.
Mientras tanto,
se necesita muchísima fe para ser humano.
¿No os parece?

24
¿Tiene cada persona un guía?

No existe ni una sola alma


que no posea al menos
un espíritu que la acompañe.
Sois guiados.
Me gustaría confirmároslo.
Algunos de nosotros que
ya no necesitamos ser humanos,
existimos en nuestro nivel de conciencia
para guiar y enseñar.
Vednos como amigos.
Permitidnos entrar en vuestras vidas.
No deseamos ser venerados.
La Veneración pertenece sólo a Uno,
que es Dios.
Estamos aquí para ser escuchados
y para que nos hablen,
igual que vosotros.
Muchos somos llamados
para realizar este servicio,
para tener la alegría
de llegar hasta vosotros,
que nos estáis buscando.
Somos el puente
que une el anhelo humano
y la verdad del espíritu.
Éste es nuestro cometido.
Podemos guiaros
hacia una comprensión más profunda.
Podemos aseguraros
que seguiréis para siempre,
que se os amará y cuidará eternamente.
Es cuanto podemos hacer.
Fuera de eso,
debéis caminar vosotros
paso a paso.
Estáis aquí para vivir vuestra vida.
Mi cometido, (a través de mi amor)
consiste en hacer brillar
la Luz en aquellas zonas
que puedan conduciros
a vuestra propia Luz interior.

¿Quiénes son nuestros guías? ¿Cómo podemos llegar hasta ellos?

Vuestros guías son espíritus en el plano del perdón


que se han perdonado definitivamente a sí mismos.
Ahora intentan ayudaros
en vuestro proceso de auto-perdón
y de encontrar al verdadero Cristo
que está en vuestro interior.
¿Cómo podéis encontrarlos?
Mediante la meditación, mediante la oración,
abriendo vuestros corazones
a lo que os hace merecedores de ser guiados,
estando dispuestos
a escuchar lo que no esperáis escuchar o,
acaso, lo que no deseáis oír.
Estad abiertos para recibir.
Va despacio, lo sabéis.
Esa pared ilusoria
que separa mi realidad
de la vuestra parece ser sólida
por vuestro lado.
Yo ni siquiera la veo.
Al considerarla vosotros
una realidad, se hace real.
Comenzad por permitir la desintegración
del invento que separa nuestros mundos.
Estad dispuestos a hacer agujeros en él
de vez en cuando
y a contemplar la Luz
que penetra a través de ellos.
La responsabilidad de solicitar
la enseñanza debe ser vuestra.
La responsabilidad de emplear
dicha enseñanza debe ser vuestra.
Los espíritus no podemos gritaros
a través de los boquetes de la resistencia.
Os hablamos sutilmente cuando dormís,
cuando meditáis, cuando estáis inspirados,
hasta que estáis listos y dispuestos
a abriros a medios de comunicación más claros.
Recibís esa comunicación no sólo de manera audible,
sino también en vuestros corazones.
Las puertas están abiertas.

25
Los maestros están listos.

Emmanuel: ¿podemos confiar en la guía que recibimos?

Debéis probarla.
Debéis comprobarla.
Debéis escuchar lo que se os dice
y permitir en definitiva que vuestro corazón,
qué vuestra sabiduría interna
y que vuestra intuición sean la autoridad final.
No aceptéis nada que no os suene bien,
No deleguéis nunca esa responsabilidad.
Recordad, sois Dios, queridos míos.
Confiad en esta parte de vosotros mismos.
Hay serafines que bajan a la tierra
cuando se les necesita.
Semejantes seres no deben existir
durante toda una vida.
De repente aparece uno
y luego simplemente deja de estar ahí
y os diréis unos a otros:
«¿Recordáis a aquel hombre tan curioso?»
«¿Verdad que era extraordinario?»
«Me pregunto ¿cómo se llamaría?»
«¡Me pregunto dónde vivirá!»

¿Son capaces de comunicarse las almas que no son guías?

Por supuesto.
El contacto amoroso no se rompe nunca.
La cadena dorada del amor es eterna y,
cuando realmente hace falta,
el alma recibe la llamada esté donde esté,
aunque se haya reencarnado, el alma vendrá.
Es muy importante que esto se sepa.
En el universo hay misericordia, equilibrio y amor.

Respecto a las fuerzas oscuras:


La oscuridad no nos invade.
Somos nosotros quienes la hemos cortejado.
Es cuestión de hablar con el dueño del local,
no de maltratar a los clientes.
Compasión y no castigo,
corresponde a las almas
que están empezando a buscar.
No se os ocurriría ir al jardín de infancia
y acusar a los niños de «almas perdidas»
porque no saben leer ni escribir.
La oscuridad necesita ser vista,
no ya como una amenaza,
sino como una oportunidad para amar.

No podéis figurados cuan a menudo se produce el intercambio entre vuestro mundo y el mío. Se trata de algo constante. La
separación de nuestros respectivos mundos es una fina cortina de aprendida apariencia.

Cuando entráis en el útero


empezáis a aclimataros a una realidad limitada.
En ese momento del nacimiento, se os da,
no ya un confinamiento instantáneo
dentro de lo que es el cuerpo,
sino sencillamente una conciencia
de que habéis empezado un viaje,
que es algo importante
y que hay por delante
mucho que aprender.
Vuestra conciencia total no cabe
en ese cuerpo tan pequeño que sois vosotros.
En algún lugar oyes el llanto de un niño
y sabes que eres tú.
Identificarlo como tu propio «yo»,
tarda muchos meses, incluso años para producirse.

26
6

La dualidad: mal, oscuridad, dolor

Sois como niños en una habitación iluminada,


que cuando cierran los ojos dicen
que les da miedo la oscuridad.
Toda oscuridad
es una distorsión de la luz.

¿Qué es el mal, sino el olvido?

Debéis conocer la naturaleza de la oscuridad.


Es limitada.
Quizás alguno de vosotros se pregunta
por qué yo siempre prometo la bondad,
por qué no hablo de la oscuridad.
Sencillamente porque,
desde mi punto de vista, no existe.
Individualmente os veo a todos como a Seres de Luz
trabajando en el laberinto
de vuestros conceptos erróneos.
Estáis aprendiendo.
Estáis descubriendo quiénes sois.
Estáis modificando las creencias
que os llevaron a vuestro mundo físico:
la creencia en la oscuridad,
la creencia en el poder del miedo,
la creencia de que la ira tiene una fuerza capaz de oponerse al amor.
Todas estas cosas están aquí para que aprendáis de él
pero, vosotros mismos las habéis traído.
Al creer en ellas las habéis creado.
No las habéis creado para ser derrotados,
sino para aprender.
Por supuesto parece
que la oscuridad está en todos vosotros,
y sin embargo no es como vosotros creéis.
Es sólo una sombra
de la interferencia producida
por vuestras falsas ilusiones la que os separa de la Luz.
Os seguiré instruyendo
en el lenguaje de la Luz y el Amor,
pues es el único que conozco.

No existe nada en el mundo humano que no sea Divino

El mundo es de Dios.
Frente a la distorsión
y a la dualidad de vuestra tierra
está la Unicidad del Amor de Dios.
Hay una realidad indivisa
que abarca vuestro mundo dualista
y se halla auténticamente gobernada
por el Amor, la Luz y la Verdad.
El mal no es más que la ignorancia
de la Voluntad y la Ley Divina.
Nadie se opondría a la Voluntad de Dios
si supiera
que consiste en la alegría propia,
en la buenaventura y la felicidad eterna.
Aunque parezca que las energías negativas
no fluyen con arreglo a las Leyes naturales de Dios,
se hallan indudablemente presentes
en vuestro mundo físico
realizando la Obra de Dios.
Sin ellas,
no se os presentaría la opción entre la Luz y la oscuridad
y vuestro proceso de crecimiento
se vería obstaculizado en gran medida.
Así pues, como veis,
se trata de un ingrediente imprescindible.
Dichas energías no son dueñas,
sino servidoras de la Voluntad de Dios,
si bien ellas serían las últimas en reconocerlo.
Por errático que pueda parecer el dualismo del género humano,
rodeándolo y protegiéndolo está siempre
la Sabiduría Universal. .
Ese estado de Gracia que os circunda
es una Luz amorosa y eterna
que permite que en su interior
se produzca el proceso de crecimiento.

La negatividad lleva en su interior las semillas de su propia destrucción.


Experimentáis lo que creéis. El propio mundo en el que existís, tanto el positivo como el negativo, es producto de lo que tenéis
por cierto.

Dentro de cada uno de vosotros


27
está el grano que ha contribuido
a las circunstancias del momento presente
en la zona concreta del país que ocupáis,
en el tiempo concreto del proceso evolutivo que vivís.
En vuestro mundo dualista la dicotomía
produce mucho placer.
Forma parte del juego de la vida
que a veces os ponéis a jugar,
y en el que tanto gusto da oponer un parte a otra
con objeto de encontrar una verdad universal.
Esta dualidad quizá pueda ser útil
para la unificación definitiva pero,
eso sí,
siempre y cuando sepáis que se trata sólo de un intento.
Los grandes pensadores
han gozado durante siglos y siglos descomponiendo la verdad
con objeto de diseccionarla.
Después olvidan todo el ropaje
que le habían quitado y con ello crean dolor y confusión.
La dualidad de vuestra tierra
tiene una finalidad Divina.
Habéis contribuido a su creación
en la forma que tiene,
pues es en ella
donde está ahora vuestra realidad personal.
Aunque viváis en ella,
no estáis atrapados en ella.
No es una prisión para vosotros,
sino una escuela.
Utilizáis la dualidad
para ayudaros a encontrar la unidad,;
y no para perderos en la dualidad.
No hay, de hecho, adversarios directos.
Sólo parecen serlo,
cuando hablamos de la Ley Divina
percibida desde puntos de comprensión distintos.
Me cuesta trabajo
admitir el dolor como último escalón
de la cadena alimenticia.
Y ahí está la lucha para aquéllos
que son presa del mucho pensar en su destino.
No obstante,
en la conciencia de esos animalillos
más pequeños no hay pasado ni futuro,
ni debiera ni no debiera.
Simplemente es.
Esta liberación del juicio
permite la total aceptación de las circunstancias.

Pero a un pajarillo que cae del nido..., ¿quién puede ayudarle?

El amor.

Y si llega un gato y mata al pajarillo..., ¿quién ayuda al pajarillo?

El amor. No sólo para el pájaro, sino también para el gato.


Cuando en quien lleva la etiqueta de depredador
veis crueldad, rabia, insensibilidad,
no veis más que un reflejo.
Cuando en los motivos de dos conciencias
que se juntan para llevar a cabo un contrato recíproco
veáis, tras lo que es el propio acto,
el amor, el equilibrio, la razón, la finalidad,
dejaréis de sentir la carga
del error que os hace estremecer.
Cuando admitáis a ciegas, no por descuido,
sino con una conciencia cada vez más honda
las circunstancias que rodean la existencia humana,
estaréis reflejando
cada vez más vuestra propia Luz.
Llegará un día
pase lo que pase en que,
en la comunidad humana,
consideraréis que todo
es un rayo de Luz
y seréis libres.

¿Es posible que el pájaro caiga del nido como un regalo para el gato?

Y como un regalo para sí mismo.


Yo diría que Dios,
en Su conciencia,
ve en esa caída,
en la pérdida definitiva del pajarillo
el momento de la reunión jubilosa del regreso de la Luz al Hogar.

Mientras haya quienes buscan la Luz


habrá personas con una sombra que parecerá seguirlas.
Cuando logre modificarse la imagen,
de suerte que sea evidente que la sombra es tan sólo
28
el propio obstáculo interpuesto entre ellos y la Luz,
no habrá ya miedo, ni engaño,
sino sólo la alegría de abandonar un cuerpo físico
con el que ya se ha terminado.
Si hubierais de escalar la montaña más alta
y contemplar vuestro mundo,
veríais mucha más Luz que oscuridad,
mucho más amor que odio,
mucha más gentileza que violencia.
Sencillamente es que esas zonas negativas
son más ruidosas.
Están pidiendo socorro.
Son como niños, perdidos y llenos de temor.
Al saber que no pueden hacer otra cosa,
gritan, chillan y dan manotazos a diestro y siniestro.
Rezad por ellos. Rezad por todos ellos y no tengáis miedo.

¿Podemos llegar al éxtasis en este plano sin la correspondiente depresión?

Sólo cuando veáis en la depresión y el éxtasis una sola cosa.

Hace falta elevar el estado de fe para ver otra realidad en la experiencia del dolor. El dolor y la oscuridad son tremendamente
convincentes.

Tenéis cuerpos físicos que duelen


y a veces gritan.
Tenéis emociones que dan la sensación de destrozaros.
En los momentos de tanto agobio os exhorto
a que os preguntéis quién es el que no está sufriéndolo.
Y esta persona que es conciente de estarlo sufriendo,
sin estar perdido en su agobio, sino consciente de él,
será el portador de la Luz.

En vuestra noción de cosmos sed concientes de la estabilidad que permite el caos individual.

El modo de transformar
la violencia de nuevo
en la bella fuerza de Luz,
que en realidad es,
constituye la exquisita tarea de observar la violencia,
no como se presenta a sí misma, sino como la fuerza
en la que acabará por convertirse.
Aquí tenéis una clave general para todos:
ved hasta en las cosas más despreciables
la cualidad Divina que ha sido deformada.

¿Qué sería la violencia en su estado Divino,


el que tenía antes de ser convertida
en agresión depravada?
Es pues el poder de levantarse
y hablar dando testimonio
de la profunda fe que se tiene en la Luz.

La violencia es una forma de dar testimonio,


pero es un testimonio de la falsedad
y no de la verdad.
La violencia supone mucho valor.
No lo olvidéis ni un solo instante.
Es una aceleración,
un trascender «debería» y del «no debería».
Es decir: «Existo, y es preciso que me vean».
Oíd estas palabras en el contexto
de las enseñanzas espirituales
y encontraréis el medio por el que la violencia
pueda transformarse en vuestro interior
y por lo tanto dentro del mundo.
El asesinato, la violencia, la crueldad,
la depravación, la maldad... Sí, todo ello existe,
del mismo modo que existe la guardería
antes de entrar en la escuela primaria.
La violencia resulta dolorosa a los que la contempláis
desde un nivel más adelantado (no mejor,
pero sí desde luego más sabio), y veis con angustia
la angustia que produce la angustia. .
No os asuste el terror.
No reaccionéis con violencia frente a la violencia.
No os cause dolor el dolor.
Al actuar así, perpetuáis
lo que justamente pretendéis evitar.
Cuando juzgáis ese tipo de cosas,
limitáis la realidad de Dios
y la reducís a vuestro entendimiento humano.
Desde donde estáis vosotros
existe el bien y el mal
desde donde estoy yo sólo hay la verdad.
Muchos habitantes de vuestro mundo quizá se deleiten.
Con lo que supone el castigo para el criminal
cuando entra en otra vida
en expiación de su violencia.
29
No podéis juzgarlo.
Podéis sólo bendecirlo y rezar,
abriros y confiar.

Y si por fin de nuevo nos convertimos todos en una sola alma, ¿debería convertirme, también con Hitler, en una parte más del todo?

Queridos míos,
cuando Hitler y vosotros
estéis listos para ser Uno,
toda la animosidad se habrá convertido en Luz y en Verdad.
Vuestro mundo es un lugar donde la Luz se desvía
Pero la Luz debe estar en él; de lo contrario no tendríais mundo.

El encuentro con la imperfección miedo, duda y demás bloqueos

Vosotros sois una imperfección perfecta.

Vuestras zonas menos evolucionadas tienen derecho a ser.


Susurran cosas acerca del pasado.
Susurran acerca de la confusión, de la insatisfacción
y el dolor del alma separada de su Dios
y el deseo de recobrar la Unicidad de nuevo.

Tened en cuenta que


sobre esta tierra
sólo cabe una perfección relativa.
Tened en cuenta asimismo
que no os hace falta ser perfectos
para ser amados.
Amaos los unos a los otros en vuestras
imperfecciones, tiernamente y por completo.
Sed cariñosos con vosotros mismos.
La pretensión de perfección
en el plano físico
puede ser nuestro peor enemigo.
Insistir en la perfección impide el crecimiento.
Admitir la imperfección como parte integrante
de vuestra humanidad equivale a crecer.
Si sois capaces de amar la parte de vosotros
que consideráis imperfecta,
puede empezar entonces el acto de la transformación.
Si la condenáis y la expulsáis de vuestro corazón,
se convierte en un duro caparazón que impide el paso de la Luz.
Si negáis aquello que constituye vuestra naturaleza,
quedáis profundamente ligados a esa negación.
Cuando aceptáis lo que hay, en su autenticidad,
os veis liberados.
No se libera uno rechazando.
Se libera uno amando.
Luchar por la Luz constituye una hermosa vocación,
pero no hallaréis la Luz
hasta que no reconozcáis la oscuridad.
Las almas que luchan por un anhelo perfecto
se hallan tan cerca de la perfección
como pueda hallarse
cualquiera que esté en forma humana.
Lo que sois es un paso necesario
para llegar a ser lo que seáis, y esa trayectoria
continúa hasta la eternidad.

Estad a gusto con vuestras imperfecciones,


mas no seáis complacientes con ellas.
¿Quién pide perfección?
Sólo vosotros, las almas presas de su forma humana,
creéis que la perfección es un requisito imprescindible.
Pues no lo es. Lo que sí es un requisito es la sinceridad,
y un corazón abierto.
Tal es la perfección que pide:
el perfecto deseo.

La perfección del universo constituye una realidad que engloba la imperfección de vuestro mundo humano.

Intentad comprender vuestros sentimientos negativos,


como una madre amante comprendería
a un hijo confundido y asustado.
Cuando la negación de Dios dentro de vosotros
esté siendo cuestionada
es uno de los momentos más propicios
de vuestra vida.
No neguéis la parte de vosotros
que se halla en la oscuridad
o ésta volverá a manifestarse de nuevo.
Cuando seáis concientes del error
de vuestro juicio,
de la idea
30
y la acción inoportunas, equivocadas,
cuando admitáis vuestro deseo de venganza,
vuestro enfado o vuestra inclemencia,
habrá llegado el momento de auto-felicitaros.
La nueva perspectiva alcanzada
os permitirá tratar todo esto
de un modo mucho más conciente.
Es una oportunidad.
Una puerta se ha abierto.
Una luz se ha encendido.
Al estar alerta, os regaláis
la apertura al crecimiento y al cambio.
No os critiquéis,
pues en la oscuridad
no seríais capaces de ver bien.

Cuando halléis la Luz en vuestro interior,


conoceréis que siempre
habéis estado en el centro de la sabiduría.
Cuando intentéis penetrar
dentro de lo que realmente sois,
con vuestra iluminación y vuestra confusión,
con vuestros temores, deseos y distorsiones,
hallaréis al verdadero Dios vivo.
Y entonces exclamaréis:
«Llevaba conociéndote toda la vida
y te he puesto muchos hombres distintos.
Te he llamado madre, padre, hijo.
Te he llamado amante.
Te he llamado sol y flores.
Te he llamado corazón mío.
Pero nunca hasta ahora
te había llamado «yo-mismo».

¿Cómo perdonarme a mí mismo?

¿Cómo no vais a perdonaros


por ser precisamente lo que sois?
Para encontrar al Dios
que está en vuestro interior
debéis atravesar la puerta de la aceptación
de uno mismo,
aceptándoos tal como sois en este instante.
Sí, todas las faltas e imperfecciones,
todos vuestros pequeños secretos,
todas las terribles fealdades
que tanto detestáis
reconocer en vosotros mismos,
son ya conocidas.
Forman parte del Plan Divino.

La verdadera aceptación consiste en decir: «Está bien». «Está bien y está bien».

La aceptación de uno mismo


evita la necesidad de perdonarse a uno mismo.
¿Cómo enfrentarme con algo
que me da vergüenza
o me hace sentir culpable?
Teniendo un remordimiento honesto.
El remordimiento honesto surge del corazón
y limpia rápidamente.
La responsabilidad de una acción es algo encomiable.
La responsabilidad y la culpa son dos cosas distintas.
La culpa es algo negativo, irreal.
La responsabilidad es algo maduro,
que os hará salir del bosque
y entrar en la Luz.

Al sentir que vuestra imperfección


es la causante del dolor ajeno,
empedráis vuestro mundo con la culpa.
La energía más destructiva, más inútil,
y más anquilosadora de todas es la culpa.
No significa nada y obliga a detener el avance.
Da la sensación de ceguera,
de ahogo y de soledad.
El mundo es opaco.
Parece no haber escapatoria.
Es la negación del Dios Luz
que habita en vosotros
y del deseo de ser uno de nuevo con Dios
lo que provoca el auténtico sentido de culpa.
Es el alma que se traiciona a sí misma.
No sólo no hay castigo alguno en Dios,
sino que no hay castigo en el universo.
Vosotros, queridos seres humanos,
31
parecéis opinar que el castigo
es mejor que os lo inflijáis vosotros mismos
antes de que caigáis en manos de Dios.

¿Cómo se domina el orgullo?

No lo dominéis.
El orgullo no es enemigo vuestro.
Es sólo una parte de vuestro espejismo.
Los que sienten orgullo
han sentido ya el dardo de la humillación.
Aceptad vuestro orgullo
como si fuera una necesidad infantil
y trascendedlo hasta llegar al dolor
que os hizo levantar el muro del orgullo.
Descubriréis una hermosísima conciencia en flor que,
para sobrevivir, se cubrió con la armadura del orgullo
La singularidad es algo que os separa.
La unicidad es algo que os liga
a vuestros congéneres, los humanos y, a la vez,
os permite aportar lo que solo vosotros podéis.

Atravesad las capas de esta experiencia humana


y os amaréis a vosotros mismos.
La vanidad es la necesidad de establecer
una relación agradable consigo mismos.
Sed pacientes y amables con ella.
Cuando hayáis aprendido a admiraros,
(lo cual es algo que por supuesto merecéis),
profundizaréis aún más,
pues habréis descubierto al menos la concha de la seguridad.
Permitidme que os recuerde que tras la vanidad
quizá se oculte una trampa.
y vosotros lo sabéis muy bien.
Os lo subrayo para qlue os libréis de ella.
Después de amaros en la superficie
y descubrir lo inútil que resulta,
se desarrolla una duda corrosiva
que os hace preguntaros si es que
nunca fuisteis vistos tal y como sois realmente,
si sólo ven de vosotros la máscara
que habéis aprendido a llevar puesta.
Cuando os deis cuenta de que vuestra vanidad
se ha convertido en una trampa,
empezaréis a quitárosla de encima,
pues ya no os sirve para nada.
Pero nunca dudéis de su valor.
Es sólo una desfiguración
de aquello que verdaderamente andáis buscando.
En cambio luego,
si os levantáis y miráis a vuestro alrededor,
a vuestro mundo, ¿acaso no está todo?

¡Habla de la cólera por favor! ¡Menudo freno espiritual! ¿Qué formas prácticas
hay de enfrentarse a ella?

¡Basta ya de llamarla «freno espiritual!»


El hecho de que podáis sentir espontáneamente algo
es un placer y constituye un don notable.
¿Os dais cuenta de cuántos seres humanos creen
que deben depurar hasta sus emociones más intensas
a través del intelecto para seguir manteniendo el control
Es una circunstancia de lo más dolorosa.

Celebrad vuestra espontaneidad.


No es un freno espiritual,
sino una señal de que,
si vuestra cólera halla una vía de escape,
vuestro corazón puede abrirse
y Dios puede hablaros de esa forma.
La rabia es un instrumento de defensa.
Os basta y os sobra con sentir vuestra cólera.
No hay que hacer nada más.
Detrás de la cólera
se oculta siempre el miedo
y detrás del miedo
siempre está el deseo.

El miedo es una de las principales claves de la condición karmica. Habla de la desconfianza en el amor eterno.

Es una falta de fe
en vosotros mismos.
Es la perversión extrema
de la verdad, la luz y el amor,
precisamente de aquello
32
en lo que consiste vuestro mundo:
la sanación de las distorsiones extremas
de la verdad, la luz y el amor.
El miedo es un hongo
que crece rápidamente
en la oscuridad de la conciencia

Es la puerta más poderosa


con que se encierra a la Palabra
y a la Luz de Dios.
El miedo
es el dragón en la puerta.
Es la negación de la Luz
y la negación de la Luz
es resistencia a Dios.
Es la falsedad que os separa de Dios.

¿Qué es lo que realmente nos asusta?

Teméis a la humillación.
Teméis a la equivocación.
Teméis que si vuestro saber
accede a vuestra experiencia humana
pueda desaparecer.
Tenéis miedo de confiar en la verdad.
Tenéis miedo a amar en un mundo imperfecto
Podéis disipar vuestros temores rezando,
meditando, pensando. Intentad aceptar
vuestras áreas de ignorancia y reticencia
del mismo modo que un padre admite la terquedad
de un hijo.
Entended lo que os dice la oscuridad.
Al admitir dentro de vuestro ser
ese proceso mental erróneo,
lo acogéis bajo vuestro propio techo
y quedáis capacitados para modificarlo hacia la Luz.
Atended a vuestro miedo
con un oído sabio.
¿Qué os asusta en la vida?
¿Qué os asusta dentro de vosotros?
Debéis desafiar al miedo
y preguntarle qué quiere decir.

Cuando penetréis en el miedo


con los ojos abiertos, con el corazón abierto
y dando rienda suelta al valor, veréis
que el miedo es simplemente una habitación vacía.
El miedo no tiene ni más ni menos fuerza que vuestro rechazo del mismo.
Cuanto mayor sea vuestra reticencia a ver ese miedo,
a aceptarlo con los brazos abiertos, mayor poder le concedéis.

Miedo es lo desconocido.
Es la imaginación.
No es la realidad
No hay nada que temer en el universo.
Incluso la muerte,
que constituye una verdad básica
y una necesidad en la peculiar escala de desarrollo,
no tiene nada de temible.

Apoyaos
en la realidad de la Presencia
eterna y perdurable de Dios
y sabed que hay planes más profundos
que hay una conciencia más sabia,
unos corazones amantes mucho más poderosos
que cualquiera de los que caminan sobre la tierra.
Os bendigo
con el conocimiento
de vuestra seguridad eterna.

No se trata de destruir el miedo,


sino de reconocer su naturaleza
y ver en él una fuerza menos
poderosa que el poder del amor.

El miedo es una trampa, un engaño,


un juego de manos.
Un espejismo.
Los maestros de la Magia
están trabajando duro en vuestro mundo.
Exigid que os descubran lo que esconden
en su manga,
y lo que tienen detrás
y debajo de la mesa.
Desenmascarad al mago y ved en él lo que es.
El mago del miedo es un impostor.

El miedo es simplemente mirarse al espejo y hacerse muecas a uno mismo.


33
El miedo a lo desconocido
es olvido.
Para el alma no existe lo «desconocido».
Se produce un miedo natural
y una resistencia cuando
uno no recuerda su propia Divinidad.

Estáis a salvo. Estáis a salvo.


Estáis infinitamente a salvo.
Queridos míos,
¡ojalá pudiera
haceros experimentar
la gentil, la dulce amabilidad
del universo,
el equilibrio, la hermosura, el cariño y la alegría!
No volvería a haber otro momento de temor
en toda vuestra vida.
Y bien cierto es.

La serpiente del jardín del Edén no es la sexualidad: Es la duda.

¿Dudáis acaso que estáis aquí


en calidad de seres espirituales
para funcionar dentro de una realidad física?
Pues así es en efecto.
Permitidme que insista;
tened por cierto que se trata de un error general.

Demasiado a menudo se da una sensación


de inutilidad, delimitación,
a veces de desesperanza y banalidad
debido a las obligaciones
que impone el cuerpo físico.
Aun dentro de la estructura
de vuestro reino físico
pueden hacerse muchos progresos.
Tal es el objeto de la reencarnación.
Mientras tengáis un cuerpo material,
seguiréis llevando la duda con vosotros.
No despreciéis vuestras dudas.
Tal es la condición humana.
Cuando no haya más dudas
no os hará falta ser humanos.
Sabed que todos vuestros pasos son guiados sin error;
por el camino perfecto que os conduele a vuestro destino.
Cualquier sendero que os parezca secundario
de secundario, no tiene nada;
se trata, de la mejor de las vías posibles.
Sólo entrando en las cavernas de la duda
hallaréis la verdad y la Luz.

Cuando se da un pasó gigantesco


en la expansión evolutiva del alma,
se producen momentos de gran inseguridad.
Permitidme que os ponga un ejemplo:
Cuando levantáis un pie del peldaño
para posarlo en el siguiente,
por un instante brevísimo,
no tenéis dónde apoyarlo.
Si pusierais toda vuestra atención
en la planta de ese pie levantado
e identificarais con él toda vuestra realidad,
verdaderamente pasaríais un momento de terror.
¿Es que no veis las manos que os sujetan
a ambos lados de la escalera
y el pie que se halla firmemente plantado
en el peldaño inferior?

¿Podrías hablarnos de cómo puede uno librarse de las propias ataduras?

Depende de aquello a lo que os sintáis ligados.


Las ataduras no tienen nada de malo, si no os limitan.
Las ataduras, en un sentido negativo,
consisten en alinearse con una realidad
materializada físicamente y decir:
«¡Aquí es donde me hallo a salvo,
aquí es donde tengo poder
y aquí es donde voy a quedarme!»

Pero las cosas físicas pueden ser hermosas.


Y la hermosura es un placer.
Pero ese placer, no es el objeto material;

34
el placer está en la apreciación que de él hacéis
y todo lo que el placer y el gozo pueda enseñaros
tiene valor.
Si el desligamiento estuviera a la orden del día,"
la unicidad quedaría eliminada
de vuestra escuela física.
¿Cómo podría aprenderse entonces la Unicidad?
Hace falta ejercitarse en ese tipo de cosas.
¿Cómo podríais empezar a entender
el momento en que evitáis o interferís
a la propia Unicidad
que estáis tratando de aprender?
Sin el contacto,
sin el deseo
o la necesidad mutua,
no habría comunidad humana.

Uno de los sueños más amados


que tiene nuestro espíritu es el del momento
en el que todas las almas,
todos los corazones, todas las manos
se extiendan para tocarnos los unos a los otros.
No habrá entonces desligamiento alguno,
únicamente una Luz gloriosa.
Aunque sólo sea por daros un poco de ánimo:
eso está empezando a ocurrir.

¿Cómo podemos experimentar las circunstancias dolorosas sin que nos amarguen?

Considerándolas una lección y no un pago.

Confiad en la vida, amigos míos. Por lejos que os parezca que os lleva la vida, el viaje es necesario.

Habéis venido para


atravesar un vastísimo campo de experiencia
y verificar el lugar en el que se halla la verdad
y en qué punto están tus deformaciones.
Seréis capaces tras esto
de regresar a vuestro hogar,
a vuestra propia alma,
renovados y más sabios.

Sean cuales sean los objetivos secundarios


que puedan descubrirse en la vida,
la meta principal es siempre
el proceso emprendido por el alma
para llegar a ser una Consigo misma y con Dios.
Consolaos,
seguid el camino de vuestra vida
hacia la Luz y confiad,
pues nada os ocurrirá
que no esté previsto.
Nada puede sucederos en la vida
que amenace a vuestra alma.
En efecto, todas las experiencias de la vicia
aumentan su conocimiento.
No hay nada que no sirva
al proceso de crecimiento de vuestra alma.
Hasta que no haya una confianza fundamental,
siempre se dará esa sensación
de que aún queda algo por hacer,
de que hay algo entre bastidores esperando descargar
en un momento de alegría y satisfacción,
y gritarnos:
«¡Ah! ¡Se te olvidaba esto!
¡No eres perfecto, después de todo!»
Y el cielo se nos caerá encima.

La fiesta de la vida: creación, el gozo, la abundancia, la satisfacción

El gozo es el Dios dentro de ti que, puesto en pie, se despereza y empieza a sonreír. En vuestro gozo celebráis a Dios. Celebráis
la fiesta de la vida.

No hay por qué denigrarlo


aduciendo que no sólo se vive para el placer.
Desde luego que hay más.
Hay infinitamente más.
Nunca se acaba
el proceso de crecimiento,
de búsqueda, de servicio, de amor.
Los deleites del mundo físico
son los deleites del mundo espiritual.
Todo es uno.
Vuestro gozo humano
no os apartará de vuestro amor por Dios.
35
El amor es el amor.
Si no sois capaces de tolerar
la felicidad completa del ser humano
¿cómo vais a soportarla felicidad completa de la Unicidad eterna?
Si tuvierais que examinar la conciencia de una roca,
hallaríais en su interior muchísimo placer.
Hallaríais un sentido de la Unicidad consolador,
el doble espacio puro deleite de ser roca.
En el fluir de su ser,
la roca se encuentra en un estado de éxtasis.

El éxtasis no se puede medir


según una escala que vaya del uno al diez.
El éxtasis es éxtasis.
¿Porqué sois un suspicaces
ante el gozo y la ternura?
¿No son acaso parte del mundo de Dios?
La alegría es un ingrediente natural de la vida.
Vosotros, seres humanos
tendéis a llevar prisa y
a hacer las cosas con urgencias
negándoos el placer exquisito de saborear la vida,
De esa forma, buena parte de la alegría
y la dulzura pasan desapercibidas.
Si se vive la vida con cuidado y con atención,
os dará el sustento y la riqueza que anheláis.
Permitíos renovar vuestro compromiso
con vuestra vida
y con vosotros mismos varias veces al día.

Sentís eso, porque suspiráis por la calidez


y la ternura de la vida,
y pensáis que podríais caer en la desidia
¿Es que siempre va a ser necesaria una realidad externa severa
para que recordéis a Dios?
Si no sois capaces de confiar en la hermosura
allá donde la encontréis,
¿ cómo vais a poder abrir vuestros corazones
a la Unicidad con Dios,
que es hermosura eterna?
¿No sería más adecuado
para el anhelo interno de cada alma
concebir la Conciencia eterna
como una sonrisa amable
y no como una contemplación seria?

La vida sólo resulta pesada


cuando no estáis en contacto
con la alegría eterna.
El exceso de solemnidad
no sirve para nada.
Necesitáis reír.
Necesitáis jugar,
cada uno a su modo.
Las cualidades infantiles
son cualidades Divinas
en su espontaneidad y su alegría.
Incluso las locuras y las bromas,
el bailar, el amor, el rendirse,
el abandono, la ligereza
forman parte del creciente latido del ser humano
que supone una bendición para vuestro mundo.

Dios no creó el dolor y el sufrimiento.


Fue la resistencia la que los ideó.
La voluntad de Dios es iluminar el mundo con la paz,
la alegría, la salud y la abundancia.
Y con el conocimiento de que esto es un alto en el camino.
La alegría es aprender
La alegría es experimentar sin dolor.

Una vez que habéis aceptado sin hacer preguntas


que existís en la eternidad como seres concientes,
que existimos como espíritus, que existe Dios,
entonces las circunstancias externas de vuestra vida
se harán notablemente más ligeras.
No crearéis ni llamaréis a vuestro lado
a nada que suponga oscuridad o distorsión.
Ello no significa que haya una región
de vuestro mundo geográfico llamado «Edén»,
sino, que cobraréis conciencia
del verdadero significado de los acontecimientos.

Mientras viváis en vuestro cuerpo físico,


estaréis sometidos a vuestro mundo físico,
si bien su experiencia será totalmente distinta. No habrá dolor.
Ello no supone una componenda. No significa que digamos:
«Vale. Ya he entendido. Soy eterno

36
y por tanto este sufrimiento no significa nada».
No, no. No sentiréis ningún sufrimiento,
literal, figurada y conceptualmente.
No se trata de una racionalización.
Esto sería una trampa.
Es un sumirse por completo en la verdad.

Al ver el dolor y el gozo


a través del telescopio
de las enseñanzas humanas pretéritas,
os resulta difícil creer que podáis existir
en un estado de gozo en el que el dolor se disuelva
en la realidad del gozo innegable.
Sencillamente el gozo altera la existencia del dolor.
Tenéis que conocer, el gran poder que existe en el acto de visualizar.

La visión constituye una realidad espiritual, y todo aquello


que existe en vuestro mundo existió previamente en espíritu.
Primero viene el concepto, y luego le sigue lo físico, que es la materia más densa.
Una vez que habéis desafiado a vuestros prejuicios,
éstos pasan a ser errores.
Así, el diámetro de vuestros conocimientos se expanden.
Por ejemplo, un muro deja de ser un muro
y se convierte en un poco más de conciencia móvil, vibrante.

Todo lo que pueda ser imaginado


puede tener cabida en vuestra realidad física.
Cuando se apodere de vosotros el sentimiento
de que no tenéis elección posible,
los exhorto a detenerlo todo.
Se trata de una trampa que os hacéis
con el único objeto de no tener que asumir
la responsabilidad y, por lo tanto,
el gozo de la vida.

Imaginad, por contra, qué es lo que de verdad queréis.


Probadlo. Tened cuidado en este punto, amigos míos,
porque si imagináis algo de modo completamente trivial
y lo hacéis con convicción,
aunque no estéis seguros de quererlo, se manifestará.
No se trata de magia ni de una falsa esperanza.
Se trata de la realidad del poder
de vuestro impulso creativo.
De ahí que sea tan importante desarrollar
la auto-conciencia
hasta lo más hondo de vuestras capacidades;
de modo que, en vuestra vida, no pueda realizarse
ninguna creación sin que seáis
vosotros los autores de esa opción.

Vosotros mismos habéis trazado vuestra vida.


No habéis creado nada de vuestra realidad externa
que os sea extraño.
El gozo incalculable de la manifestación humana
consiste en ver en vuestro entorno,
en lo que aparentemente son circunstancias externas,
aquello que realmente creéis como alma.

Contemplad vuestra manifestación física


como símbolo y ved que vuestro cuerpo
es una extensión de vuestra alma,
es la palabra articulada de vuestra existencia

Vuestra vida no es vuestra maestra, es vuestra hija. Vuestro gozo por crear no debe
limitarse al género humano.

Por ejemplo, se produce muchísimo placer


cuando la conciencia crea una parte de sí
en la forma de un ser distinto con existencia
en vuestro propio mundo.
¡Qué gusto os daría crear una hermosa flor
a partir de vuestra conciencia!
¡Y también qué placer crear un gato
bien lustroso o un enorme elefante!
Y no es que me esté dejando
llevar por la fantasía.
Os estoy explicando el modo
en el que la conciencia
crea su propio ser para explorar.
O sea que, cuando en la conciencia
del universo se da la tendencia
a experimentarse a uno mismo
como flor, surge una flor.

Dado que tenéis forma humana,


resulta comprensible que os cueste
trabajo pensar que tenéis una conciencia
más allá de vuestra condición humana,
37
y más aún, que tomáis la decisión
de crear una parte
de vuestra personalidad como «inferior».
Pues bien, dejad de lado ese detalle
y dejad que actúe vuestra imaginación.

Podéis crear para vosotros mismos un jardín de dicha, si creéis en ello.

Y podéis crear para vosotros


mismos sufrimientos intolerables,
si creéis que es necesario.

No es nada intelectual.
Ninguno de vosotros desea sufrir.
Pero hay sistemas de creencias,
transmitidos de generación en generación
que perpetúan dichas creencias.
Podría resultaros interesante hablar con el miembro
más anciano de vuestra familia
y preguntarle por las supersticiones familiares,
por sus creencias.
¿Cuál es la estructura dentro de la cual
habéis vivido vuestra vida?
Podría resultar esclarecedor.
¿Trabajar por las cosas materiales
constituye un impedimento
para nuestros objetivos espirituales?
No, si en las cosas materiales veis
una materialización de la conciencia.
Cuando se vive en un mundo material,
es necesario tener comida y vestido.
Y se desea un hogar bonito
y cómodo, un sitio en el que estar.
Tales son los arreos de la autoestima.
Cuando ésta es reconocida de veras,
no os neguéis ninguna de esas cosas.
La autoestima abrirá vuestras manos,
tanto para recibir como para dar.
Y, desde luego, no se trata de arrebatar nada a nadie.
Vuestro universo no tiene fronteras.
Hay de sobra de todo para cada uno.
¿Cómo recoger uno todo lo que está ahí?
¿Cómo puede merecer uno tanta opulencia?
¿No os parece difícil?
Esperad y ved

Hasta que no dominéis el arte de recibir, deberéis procuraros vosotros mismos las cosas materiales que
necesitéis.

Si lográis libraros de la culpa que os hace sentir


el dinero y lo aceptáis como una parte más del universo Divino
y de la realidad física de vuestra tierra,
comprobaréis que no tiene ni más ni menos poder
que el que vosotros le deis.
Es algo necesario.
Mantenéis con demasiada rigidez el sentido del dinero.
Algunas veces, no aspiro al «éxito» en este plano físico
porque me da la sensación de que voy a gozar
con lo que tengo aquí y ahora,
y me produce una gran confusión
desear algo para mí.

¿Qué opinión te merece todo esto?

Pues sí, mi opinión es muy firme al respecto.


Existe un error en el refrán espiritual, que afirma:
«No debes desear nada para tenerlo todo.»
Situando la frase en el contexto que le corresponde,
ese «deseo» al que se hace referencia es la avaricia.
No obstante, cuando existe el deseo
de probar la abundancia de vuestro mundo
y de recibirla con amor,
no veo por qué habríais de renunciar a ella.
El conflicto se produce únicamente
cuando creéis que hay una separación
entre la abundancia que contiene vuestro mundo
y la abundancia que supone el Amor de Dios.

Cuando tenías un cuerpo, ¿qué vida hacías, Emmanuel?

En mi última encarnación, era muy parecido a vosotros,


a excepción de que seguía a mi corazón
sin la menor sombra de culpa, de remordimiento o de temor.
Me hice maestro y caminé por vuestro mundo aceptando
que se me acercaran con amor devolviendo siempre que pude.

38
Os diré algo más:
Era rico, quizá no en el dinero
que tan rígidamente se asocia con el bienestar,
pero era
y nunca pasé un día
que no tuviera lo suficiente para comer.
Nunca pasé una noche
sin un lugar maravilloso en el que dormir.
Tenía mi hogar, tenía mi trabajo.
Y tenía mi integridad.

Queridas almas, ¡con qué cautela entráis en el jardín del Edén! ¿Ignoráis acaso que es vuestro hogar por derecho propio?

¡Qué miedo os da
cuando la idea de la satisfacción completa
penetra en vuestra conciencia!
Estáis tan identificados con la búsqueda
que el hallazgo constituye una amenaza.
Efectivamente, lo más difícil
de toda la experiencia humana
es alcanzar vuestro Ser, vuestra Vida, vuestra Luz,
vuestra Verdad y vuestro Dios.
Cada oportunidad que logréis
a lo largo de vuestra vida
vividla con el máximo de Luz que podáis.
Descubrid tanto gozo y tanto placer como seáis capaces.
Por supuesto no a expensas de los demás, pues tal cosa no sería placer.
No echéis a nadie fuera del camino, pues eso causa dolor.
Id más bien allá donde está el verdadero placer:
el placer del auto-reconocimiento y el amor,
el placer de ver a los demás
con ternura y compasión.
Esos son los placeres verdaderos y perdurables.
Lo físico puede ser placentero.
La sexualidad puede ser placentera,
cuando hay amor.

El reto definitivo a la ilusión es el amor.


¡Amaos a vosotros mismos!
Y amad al prójimo como a vosotros mismos
(más que eso no podéis amar, por supuesto),
pues el amor es amor.
Y una vez que esta ahí,
se esparce en todas direcciones.
Festejad vuestra vida.
Aportad placer siempre que podáis.
Y ved ese placer como una verdad,
no una especie de pecado secreto.
Pues si juzgáis al placer en el contexto del engaño,
acabaréis por perder el placer.
Con lo cual os tocará quedaros más tiempo en la escuela.
¡De verdad pues, fijaos bien!
El sufrimiento no es el camino para llegar a la Luz y al Cielo.
El placer sí lo es.
El verdadero placer, no el falso.

Todos conocéis la diferencia.


Todos sabéis cuándo os engañáis.
Vosotros mismos sois
quienes enfermáis. ¡Hacéis locuras!
Os volvéis destructivos.
Y entonces sabéis que os habéis traicionado.
Cuando empezáis a florecer y
a mostrar un aspecto rebosante
y os ponéis a bailar por la calle
sencillamente porque estáis contentos
y sabéis que aquella falsa percepción
es vuestra creación, hecha para educaros,
que podéis modificarla siempre que queráis
mediante un sencillo acto de autoestima,
entonces seréis libres.
En cuanto estéis listos para entrar en él,
os pondréis a preparar vuestra vía hacia el Hogar.
Mientras tanto, estáis enseñando a otros
la absoluta verdad de la existencia de Dios.
Tanto vosotros como yo, todos, tenemos muchísimo que hacer.
Mas nuestra tarea no debe ser difícil. Debe ser un placer.
Y si no lo es, no por ello os creáis más nobles.
No creáis que lo que estáis haciendo es correcto porque es difícil.

Deteneos en el mismo instante en que el placer os abandone y decíos:


«¿Qué he olvidado?»
Y si estáis centrados en la verdad, la respuesta será:
«¡Ah, había olvidado que soy Dios!»
En tal caso, volveréis a incluir ese recuerdo
en vuestra experiencia humana y os pondréis otra vez a bailar.
Y nosotros en espíritu bailaremos con vosotros.
Entonces, la tarea de cumplir el Plan de salvación de Dios
se realizará a toda prisa, pues Dios es Amor,
39
el placer es Amor y el gozo es Amor,
y la verdad es Amor. Y todas las cosas son Luz.
Lo descubriréis,
tanto si ahora me creéis como si no.
Y sin tardanza.
Pues creceréis al pasar por esta vida y os haréis viejos y moriréis.
Y no se me ocurre deciros ninguna otra cosa que sea más agradable y alentadora.
Pues si hubierais de permanecer en este espejismo,
no sé cómo expresar lo infelices que seríais, aunque de momento
creyerais que de verdad eso es lo que queréis.
Seguiréis hasta que vuestra tarea esté hecha,
hasta que hayáis aprendido la lección.
Y entonces todos empezaremos de nuevo en alguna otra dimensión
a crear en el nombre de Dios.
Dios os bendiga.

El viaje: evolución, reencarnación, karma, eternidad

En cualquier momento puede abrirse el corazón. En cualquier momento la estructura kármica puede verse superada del todo por
la disponibilidad del alma.

El mundo entero es algo ilusorio


que da vueltas por el espacio,
aunque a veces se tambalea un poco.
Aceptáis esa ilusión porque sois buenos estudiantes
y habéis prometido venir y aprender.
Habéis prometido quedaros aquí, en el engaño,
creer en él hasta que se haya cumplido
aquello que habéis venido a hacer aquí.
Entonces podréis dejarlo.

Pues bien, ¿qué quiero decir con esto?


Pues quiero decir que todos vosotros habéis firmado un contrato
antes de acceder a nacer de nuevo, según el cual decís:
«Sí. Voy a entrar en el juego y acepto seguir todas las reglas.»

Esto es necesario.
Sabéis lo difícil que es aprender
incluso en una escuela física como la de los hombres,
cuando os habéis negado a creer
que el maestro es el maestro
y que la pizarra está allí para que escribáis en ella,
y que cuanto se os enseña tiene valor.

Por eso yo estoy aquí, no para promover la rebelión,


sino para confirmaros
que cuanto estáis haciendo es valioso
y que lo que estudiáis es necesario.
Pero que, no obstante, todo ello
no es más que una ilusión temporal,
que la parte más grande de vosotros existe aquí,
en el mundo de la Luz y la Verdad.
Y que un día volveréis a Casa.
Volveréis a Casa. Os lo prometo.

¿Por qué adoptamos forma humana y además lo hacemos tantas y tantas veces?

Vuestra existencia en la forma limitada que es propia del ser humano


hace referencia a la necesidad que tiene vuestra conciencia
de poseer cosas en forma limitada.
A medida que programáis vuestro desarrollo,
vuestra visión se expande
hasta abarcar cada vez más las verdades universales,
que existen ya en vuestro interior, aunque aún no hayan sido descubiertas.

La rueda de la reencarnación os hace girar una y otra vez,


hasta que al fin vuestra resistencia se vuelve tan transparente,
tan consumida por el esfuerzo y la experiencia,
que podéis ver sus agujeros.
Ya no creéis en su tejido.
Y entonces ponéis vuestra limitada mente
llena de dudas
al servicio del corazón.
Toda alma que busca su propia identidad
pasa por diversas formas de confusión,
pero es un sendero iluminado,

El objetivo final del viaje es hallar la Verdad


y después regresar más sabios a la Verdad
y mejor equipados, para servirla
y, finalmente, para Serla.
El propio acto de encarnarse

40
constituye la afirmación de un alma deseosa
de volver a ser una con la Luz.
A medida que vuestra conciencia se profundiza,
el proceso causa-efecto se produce con mayor rapidez,
hasta que el equilibrio es instantáneo.
Entonces deja de haber causas y efectos
y sólo existe la Verdad.

¿Qué es lo que determina nuestras encarnaciones?

Cuando un alma consigue la suficiente conciencia


para pensar de nuevo en volverse humana,
hay muchas ruedecillas que se ponen en movimiento.

Antes de producirse toda encarnación,


todos los aspectos de las necesidades y deseos
del alma son estudiados en profundidad.
¿Por quién?
Por la propia alma y por sus maestros y compañeros,
los seres amados que en ese momento
no están encerrados en una forma humana.

Como el objeto de la vida humana es aprender y crecer,


se incorporan, con gran creatividad, toda clase de proyectos del alma,
al nacimiento humano que se pretende llevar 'a cabo.
Todo lo referente a la época, al área cultural, el sexo, la raza,
la familia, las capacidades —físicas, mentales y emocionales— son debidamente solicitados.
No quizá del mismo modo que se encarga una pizza,
pero eso sí, son utilizados en el boceto del alma.

¿Tiene lugar la reencarnación en un tiempo lineal?

En el lugar en que estáis vosotros, sí. En el lugar en que estoy yo, no.

La conciencia no puede prestar ayuda, sino crearse.


Por el propio carácter de vuestra existencia debéis
expandiros y crear.
Lo que seáis en cada momento,
tanto antes de nacer como en la vida física
o después de ella,
es creación vuestra.
El taller que es cada vida
debe estar diseñado
para crear el ambiente óptimo
para el aprendizaje.
Todas las circunstancias de la infancia,
incluido el propio cuerpo físico,
son instrumentos educativos.

No hay errores en el modelo de reencarnación,


aunque cabe mirar con horror, y con toda razón
—dado el estadio humano de vuestro desarrollo—,
las desgracias que parecen ocurrir a quienes nacieron inocentes.
Pero aquí no hay nada que pueda llamarse equivocación.

El Plan es perfecto.
El proyecto es exquisito.
Y la naturaleza de toda realidad
es el amor.

¿Por qué no tenemos memoria de nuestras vidas pasadas?

Sí la tenéis.
Lo único que ocurre es que no la concebís como una vida pasada.
¡No hay nadie que, en el fondo de su ser,
no sea consciente de haber estado aquí antes!

Ya lo habéis experimentado todo antes. Ahora estáis aquí sólo para recordarlo.

¿Puede un alma elegir su encarnación al margen de lo


que es el plano terrenal del hombre?

Mientras exista la necesidad


del plano físico terrenal del hombre,
aquí es donde estará el alma.
Recordad, ésta no es la escuela elemental.
Hay otras por las que pasasteis antes de llegar a la tierra.

Cuando un alma alcanza la realización


que la reencarnación supone para su propio interés,
la tierra se convierte en el lugar de las opciones.

41
Observaréis en la dualidad de vuestro mundo humano,
que se halla curiosamente diseñado para elegir.
Un alma debe ser capaz de elegir
con objeto de entrar en el mundo
y el alma que ha completado
su ciclo de reencarnaciones
debe haber alcanzado el punto
en el que se ha efectuado la opción definitiva.

No hay prisa. Sois eternos. Si olvidáis algo en esta vida, volverá a haber suficiente tiempo otra vez.

Si os da la sensación de que ya no deseáis


seguir en vuestro cuerpo físico,
preguntaos a qué se debe,
pues debéis llegar al Hogar llenos de amor,
no de aversión ni de ansiedad.
Aunque sólo quede una pizca de insatisfacción,
habrá que quitarla de en medio en el futuro.

Vuestra última encarnación será limpia y neta.


Todo está atado y bien atado. Todos los rincones bien barridos.
Todo plegado y bien guardado.

¿Resulta difícil para la conciencia conseguir un cuerpo humano?

Al principio puede ser totalmente fortuito el modo


en que un alma choca en esa nueva dimensión.
Cuando recorre la gama de la experiencia humana de una vida a otra,
la elección resulta cada vez más exacta.
En las encarnaciones finales hay que tener más y más cuidado,
y quizás haga falta esperar un poco, pero tampoco es cuestión de siglos.

¿Regresamos a las formas inferiores de conciencia cuando nos apartamos del camino?

Al propósito del alma,


esto no le serviría absolutamente para nada.
¿Por qué aquellos seis millones de almas
decidieron encarnarse
y ser víctimas del Holocausto?

La puerta que se abre y permite al alma


entrar en la encarnación
puede tener muchas finalidades;
puede servir para enseñar a otros
además de a uno mismo.
Cuando está previsto que una vida
sirva para las dos cosas,
tanto la causa como la llamada
son magníficas.
En tales momentos, la sabiduría superior decide. «Esto es necesario ahora.»

Uno puede sacrificarse por los demás y,


sin embargo, tener la oportunidad extraordinaria de crecer individualmente.
Por supuesto, el camino había sido elegido.
Nadie tropieza con semejante cosa por casualidad.
Toda alma es conciente de sus necesidades antes de nacer,
así como de las habilidades que tiene para llevar a cabo su desarrollo
contribuyendo al desarrollo de los demás en determinadas circunstancias.

¿Puede un alma aprender de un miedo tan tremendo que no deje espacio a la comprensión de las cosas?

El alma puede aprender. Pero el ser humano quizá no.

¿El proceso de encarnación de las almas empezó todo de una vez o en momentos distintos para cada uno?

Los comienzos fueron distintos para cada uno.


En la total Unicidad de Dios,
eterna y en constante expansión,
no todo podía estallar
y encarnarse de una vez.
Cada alma, en su búsqueda,
lleva su propio calendario.
Toda conciencia se expande, explora,
se divide y se convierte
pero, en su interior, lleva el momento
en el que sentirá el deseo de regresar.

Suena un tanto caótico.


Os parece caótico
porque pensáis con arreglo al espacio,
y en la eternidad
hay muchísimo espacio.

42
¿Hay un número finito de almas?

No, no lo hay.

¿De dónde vienen las nuevas almas?

La conciencia, al expresarse,
se divide y se subdivide.
Cuando en esa división llega a un punto
en el que ya no tiene por donde seguir creciendo,
o deja de encontrar conocimiento que pueda dividirse,
entonces empieza a unificarse.
¡Al final sólo habrá una alma!

¿En qué momento del progreso humano deja un alma de tener que regresar al planeta?

Cuando por fin, de una forma total y completa, hayáis reconocido y experimentado lo que es vuestra propia
Divinidad.

¿Estamos viviendo otra vida simultáneamente en otra realidad paralela a la humana?

Sí, por supuesto; muchas.

¿Y todas «esas vidas» están más allá del tiempo, más allá del espacio, más allá de toda vibración?

Más allá de todo lo previsto.

¿Todas las encarnaciones por las que hemos pasado se hallan presentes al mismo momento?

Para el centro de la conciencia del alma, sí.


Sois seres de luz
y desde el Centro de la Luz,
todas las cosas existen ahora.
Ahora bien, cuando esa Luz
entra en la realidad física,
para dicha realidad existe una cronología.

¿Qué significa el karma?

Cuando hablo de karma,


me refiero sólo al material que debe transformarse.
El karma no es un balance de libros.
Hay una pequeña parte en todo ser humano
que se resiste a la voluntad de Dios,
de lo contrario no sería necesaria
la experiencia humana.
El karma es un modo de aprendizaje.
El karma es el conjunto de circunstancias en el que habéis elegido vivir
en esta vida con objeto de descubrir las zonas que aún no pertenecen a la verdad.
Sois los creadores de todo lo que hay en vuestra vida.
No ocurre nada que no hayáis pedido que ocurra.
El deseo más íntimo del alma sabia y concierne
es exteriorizarse,
crear una manifestación tangible
de lo que interiormente tiene por cierto
y, de ese modo, experimentar aquello en lo que cree.
A través de esa experiencia
es como se produce la transformación.
¿Y qué pasa si nos equivocamos o hacemos cosas malas? ¿Hemos de pagar por ello?

No estáis aquí para pagar nada ni para que se os pague nada.


Estáis aquí para crecer,
Al estar dispuestos a crecer,
se desatan las ligaduras del karma.
Según el programa de la Conciencia de Dios,
lo que ya no se necesita, deja de existir.
El jardín lo plantasteis mucho antes de que floreciera.
A veces las semillas plantadas
requieren convertirse en flores para ser reconocidas.
En tal caso, conscientemente y con pleno conocimiento,
pueden ser transplantadas, cuidadas o, por el contrario,
eliminadas. En la realidad actual podéis ver cosechas que
no son de vuestro agrado, debéis aceptarlas de buena gana
y considerarlas signos de pasados errores de juicio que ahora salen a la luz
para que se tomen las decisiones más prudentes.

Estáis ligados por una estructura de significado kármico,


pero, a medida que vais profundizando en vuestra sabiduría interna,
esa estructura kármica es cada vez menos limitativa.
Y enseguida puede ser transformada.
Aunque la tarea kármica parezca enorme,
ningún alma se impone un trabajo mayor del que está en condiciones de realizar.

Las misiones kármicas van encaminadas al perdón de uno mismo y a la auto-realización.


43
No os perdéis y andáis errantes por una negación
deliberada, sino sólo por miedo, por ignorancia,
y con el único objeto de descubrir dónde no está la salvación.
Habéis quedado confundidos y separados
de vuestra relación consciente con Dios.
Encontrad vuestro camino de regreso
a través del laberinto de vuestra experiencia humana
y descubriréis que la puerta está abierta
y que la Luz está allí.
En las situaciones en las que uno se permite
voluntariamente el acto de hacer daño al prójimo,
lo cual supone una negación de Dios, el alma se da cuenta.
De un modo u otro se ve obligada a llegar a una comprensión del hecho.
Quizá le lleve varias vidas, quizá le lleve sólo un instante.

Tal vez os decepcione saber


que no cambiáis radicalmente
tras haber tenido la experiencia
de las realidades kármicas
para trascender vuestro mundo.
Seguís siendo vuestro amado yo.
Personalmente, lo encuentro agradable y curioso.
Ese yo que profanáis y despreciáis,
ponéis en duda, y juzgáis
y halláis culpable,
es el mismo yo que regresará al Hogar con vosotros.

¿Qué pasa con almas como las de Hitler o Stalin?

Cuando decís «almas como las de Hitler o Stalin»,


os aseguro que no conocéis su alma.
Podéis hablar de unos hombres como Hitler o Stalin,
pero no podéis hablar de su Ser Divino total.
La conciencia humana necesita
una retribución, necesita justicia.
Son muchas las cosas
que la mente humana no puede entender.
No podéis obligaros a
perdonar y amar a alguien
que, al parecer, ha causado tantos sufrimientos.
Desde vuestro punto dé vista es imperdonable.

Efectivamente, es enorme la cantidad de crecimiento


que debe producirse en las almas,
y no sólo en esas dos, sino en todos los que son crueles,
en todos los que abusan, matan, son egoístas,
ambiciosos o insensibles.
Es una cuestión de grado.
Dentro de cada uno hay una pequeña parte,
en unos mayor y en otros menor,
en la que habita el odio, en la que habita el racismo,
en la que se oculta una voz que dice:
«¡Soy distinto y mejor que tú!»
Siempre que oigáis esa voz,
estaréis hablando a aquello que en el mundo externo
habéis considerado un Hitler.
Recordad, esto es una escuela.
Pero recordad también que algunas enseñanzas
requieren ser escritas más allá de los cielos
para ser escuchadas y entendidas.

¿Pasan todas las conciencias de las formas de materia más estáticas y simples hasta evolucionar y convertirse en otras más fluidas y
complejas?

Los que han elegido el desvío,


han elegido también la vía de retorno.
Ello implica la experiencia
de muchos distintos niveles de conciencia.
Al expresarse la conciencia,
forma materialmente lo que denomináis
en vuestra tierra muchos niveles de conocimiento distintos.
Se trata siempre del viaje de regreso hacia la Unicidad.

Si una parte de la conciencia se siente mejor


haciéndose fuerte como una roca o ligera
como una brizna de hierba, ello no significa
que quede limitada a esa forma.
Significa tan sólo que a una determinada parte de la conciencia
le puede resultar más útil para sus propios intereses
tener experiencia de esa breve relación
con la realidad materializada
concebida como objeto aparentemente inanimado.
Al mismo tiempo,
la conciencia puede crearse a sí misma en otros niveles,
incluido el de la existencia humana.
Cuando empezáis a encariñaros con la tierra,
con el canto de un pájaro, la belleza de una flor,
y sentís allí la unidad con Todo
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lo que estáis haciendo es liberar parte
de vuestra conciencia congelada para con ese amor recuperar la luz,
que es vuestro ser esencial.

El sentido de unidad con todas las cosas terrenas


constituye un buen indicio
de que habéis llegado a integrar
las partes que fueron evolucionando
a través de las diversas experiencias.
Esto conduce al conocimiento total de la tierra,
concebida como una sola cosa junto con vuestro ser.
Y literalmente lo es.

¿Evolucionan los animales? ¿Llegan a convertirse en personas?

¡Por supuesto!
La conciencia debe crear lo que es
a partir de la posición de su propia existencia.
Cuando una conciencia se expande,
crecerá hasta el punto en el que,
trascendiendo su comprensión actual,
puede penetrar en una sabiduría mayor.
La evolución no tiene fin.
Vosotros evolucionaréis hasta convertiros
en seres mucho más brillantes,
más hermosos y más sabios.

¿Puede uno adelantarse y graduarse en la carrera de la vida?

No se pueden saltar los pasos necesarios.


El proceso orgánico no lo permite.
Quedarían huecos en los que el temor,
la duda y la falta de fe permanecerían al acecho,
de modo que todo volvería a venirse abajo
y estoy seguro de que no es eso lo que queréis.

Hallaréis vuestro camino


y lo seguiréis hasta el final.
Al fin y al cabo, tampoco se está tan mal aquí.
¿No habéis venido a ver la hermosura y la fealdad,
el amor y el odio, la luz y la oscuridad?
No intentéis escapar.
Vuestro cometido es transformarlo, no evitarlo.

¡Emmanuel! ¿Qué hora es?


¡Ahora!
Si somos eternos, ¿qué significa el tiempo?

Vosotros habláis de tiempo. Yo hablo de eternidad.


Y sin embargo todos hablamos de lo mismo,
desde una perspectiva distinta de la conciencia.

El tiempo es un instrumento educativo.


El tiempo es un ingrediente imprescindible.
para la realidad física,
pues da un sentido del la estructura,
una energía positiva
que contribuye a manteneros centrados
y en relación con lo que ocurre en clase.
Aquí, donde ahora estáis,
el tiempo lineal es una parte de vuestro entorno.
Cuando trascendéis el sentido del tiempo, según se mide en vuestro mundo,
el tiempo deja de ser lineal y simplemente es.
Se reúne con la «es»-encia de todas las cosas.
No diríais que no hay tiempo,
sino que lo liberaríais
de las ataduras conceptuales
del movimiento progresivo o regresivo
o de cualquier otra realidad
que no sea la existencia eterna.

45
10

Enfermedad y sanación

Puede llegar a reunirse tanto


en ese momento de silencio, de introspección,
que la enfermedad se apodera de vosotras, queridas almas,
siempre motivadas desde el exterior.
Tales momentos pueden ser útiles para la alquimia
que comporta el hecho de tomar la arcilla de lo físico
e insuflar en él el espíritu que lo convertirá en oro.

La enfermedad es una enseñanza, un mensaje enviado por el alma. Cuando se aprende bien
la lección, la enfermedad resulta algo sin importancia.

La enfermedad es la confusión de un alma determinada que se manifiesta de manera física, para que
la conciencia la vea.

Cualquier parte de una enfermedad eres tú.


Escuchad a vuestro cuerpo.
¿Qué es lo que dice?
Sed dicha parte de vuestro cuerpo.
Una vez percibida la voz
de las zonas recalcitrantes,
la mente madura puede decir:
«Descubramos otro medio.»
En ese instante lográis literalmente
abarcar esa energía interior vuestra
que estaba fuera de órbita
(poco importa que fuera mental, física o emocional),
y podéis empezar a descargar su energía
mediante el simple gesto de aceptarla.
La transformación da comienzo.
"El dolor os habla
cuando estéis preparados para aprender de él.
El dolor emocional dice una cosa, el dolor físico, otra.
Incluso su localización corporal es elocuente.
En la vida no hay nada casual.
Me doy cuenta de lo duro que resulta prestar atención
cuando a uno le duele algo,
pero la verdad es la verdad. .
Vivís en un mundo sano y bien ordenado.
Haced de ello vuestro santo y seña.

La enfermedad existe en primer lugar en el reino no físico de las carencias espíritu vales, de la confusión emocional o de la
aberración mental. Nunca es algo principalmente físico. El cuerpo reacciona y vibra para llamar la atención Constituye una
manifestación externa de un trastorno interior.

Cuando el cuerpo se encoge


ante la embestida del trauma,
se está negando la energía
a una determinada parte del cuerpo.
De ese modo se dispone el escenario
para que se produzca una manifestación física
que, en vuestra realidad, resulta
una disfunción del cuerpo.

Las enfermedades se clasifican según sus manifestaciones sintomáticas,


pero sus causas son completamente distintas.
Puede darse la misma enfermedad en dos entidades
diferentes por dos razones también diferentes.
Es el modo en que cada cuerpo expresa su descripción de la desunión.

¿Hay enfermedades kármicas?

Lo kármico y la tensión son lo mismo.


Es el programa que vuestra alma ha designado
para seguir en esta vida a la hora de entrar en las zonas conflictivas.
Todo ello podemos denominarlo kármico;
sin embargo, esta palabra contiene en su interior más engaño que claridad.

La curación puede producirse de manera instantánea


siempre que se dé el reconocimiento de la verdad
de aquello que causó la enfermedad.
De forma que la enfermedad es, sin excepción,
la somatización de lo que la conciencia no quiso admitir.

La conciencia anímica, lo mismo que la fuerza vital, fluye por el cuerpo físico;
las zonas del cuerpo que se resisten a la fuerza vital
pueden desarrollar en un momento de la vida ciertas
disfunciones que dependen de las carencias del alma.

Toda negación se expresa, en definitiva, a través del físico,


y esa es una de las razones por las que las personas
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van vestidas con sus cuerpos físicos.
De ese modo no tienen más remedio que enfrentarse con aquello
a lo que son reacios a enfrentarse en los niveles mental y emocional.

Vuestro cuerpo enfermo no es vuestro enemigo, sino un amigo fiel. Vuestra alma lo ha programado para reaccionar de esa forma
precisamente en ese preciso instante. Escuchad su mensaje.

¿Podría ser el SIDA una plaga enviada por Dios?

¡Pero, queridos míos qué idea tan terrible,


pensar que Dios pueda enviar una plaga!
¿Cómo cabe esperar una curación de semejante desastre,
si nos desviamos del camino
y echamos la culpa del mismo a una deidad?
¡No, no! Los que reconocéis la autonomía de vuestra
vida, sabéis perfectamente que no es ésa la causa.

Ningún Dios compasivo y amante


infligiría nunca a nadie,
a ningún individuo, grupo o comunidad,
el castigo de enfermedad alguna,
¡ni siquiera el resfriado más corriente!
Si creéis que merecéis un castigo, debéis preguntaros
qué cosa está equivocada en vuestra vida.
¿Se trata de un complejo de culpa?
¡Cuando adoptáis una postura
y creéis que merece el castigó de Dios,
ya está dicho todo!
La enfermedad no tiene nada que ver.

¿Por qué unos cuerpos son saludables, y otros, en cambio, enfermos o lisiados?

Debéis asumir que nadie es culpable


por tener un cuerpo sano.
Todo tiene su razón de ser.
Sabed que en el pasado se os comunicaron
las vicisitudes inherentes
a todo cuerpo físicamente retorcido o negado.
¿Teméis acaso que no se hayan
repartido equitativamente las cosas
en el universo de Dios?

Algunas personas eligen sus factores genéticos del mismo modo


que, al comprar una casa, unos la prefieren orientada hacia el sur y otros con un lago detrás.
Decidieron habitar una forma física que comporta el potencial necesario
para desarrollar una determinada enfermedad, como válvula de escape.
Está previsto que reaccionen de esa manera cuando en un momento de su vida
ciertos elementos encajen y dejan de preocuparse de si siguen o no adelante.

¿Controlan los locos concientemente su locura?


No.
Espiritualmente controlan su locura.
Pero decir que uno controla su propia locura
constituye una afirmación de lo más cruel.
Hay también una escuela de pensamiento, (bastante acertada)
según la cual la locura constituye una sabia decisión
tomada en determinadas circunstancias
o a consecuencia de ciertos traumas,
a los cuales sencillamente el ser humano no está bien
preparado para 'aguantar. Efectivamente, la locura supone una sanación.

El alma, que constituye el punto clave de toda la cuestión,


lo sabe, pero ha contraído un compromiso con el crecimiento a lo largo de la vida humana,
y ese compromiso a menudo no va en su propio beneficio,
sino que supone una contribución a la experiencia educativa de los demás.
Si pudiéramos lavar la palabra «cáncer», tenderla al sol para que se secara
y ponérnosla blanca y reluciente, os prometo que habría menos cáncer
y menos muertes causadas por él. Las almas elegirían otros medios.

La cuestión del cáncer es la cuestión del miedo — el cáncer trae un mensaje de miedo —, tan corriente en vuestro mundo.
Por eso la enfermedad debe ser tratada pura y llanamente como miedo.

Cuando se cure el cáncer,


aparecerá cualquier otra cosa.
Las personas deben vérselas con el miedo,
pues éste constituye una de las mayores negaciones
de la realidad de Dios.

Me ha sido dicho que que no hay enfermedad que no pueda curarse. Creyendo en ello: ¿qué puedo hacer para recuperar mi salud?

Es cuestión de voluntad.
Cuando alguien afirma:
«No hay nada que no pueda curarse»,
parece que insiste en decir:
«dadas mis condicionas».

47
¿Pero hay realmente una curación para todas las enfermedades?
Yo diría que sí, si fuerais lo bastante sabios para considerar la muerte una curación.
El cuerpo sabe, en su infinita sabiduría, lo que necesita para el equilibrio.
Sois vuestro propio médico
y podéis diagnosticaros solos; lo único que se os pide es escuchar.

Permitidme que os diga


que cuando el alma está lista para abandonar el cuerpo,
poco importa que estéis paseando
como un atleta sano y fuerte:
el corazón se os parará igualmente.
Si el alma no está lista para marcharse,
el cuerpo se sanará solo.
Debéis reconocer el poder
que tiene la conciencia liberada del ser humano
(no la voluntad, sino la conciencia liberada),
en su capacidad de reconstruir y curar
su propio cuerpo.
Como alguno de vosotros evolucionará hasta convertirse en sanador,
permitidme que os recuerde que hay ciertas almas que no desean ser sanadas.

«Debéis ser sanados.»


Tal es el mensaje que a menudo se da
juntamente con la sanación.
¡No, no es forzoso que se curen!
Sólo en caso de que así lo deseen.
Y no sois vosotros la autoridad competente.
No inmiscuyáis a vuestra voluntad.

Limitaos a dar amor. El alma tomará ese amor


y lo pondrá donde mejor uso pueda hacerse de él.

¿Puede sanarse al prójimo por imposición de manos?

Al ponerse en contacto dos o más personas reunidas en nombre de la Verdad y la Luz,


la fuerza del amor penetra y altera la química corporal y los sistemas energéticos del enfermo.

Hacen falta tan sólo dos personas provistas de amor,


apertura y confianza, para crear unas circunstancias adecuadas.
Dos y el Espíritu Divino.

¿Se puede sanar a distancia?

Si enviáis a alguien la sanación,


que sea una oración,
para que acepte su enfermedad
y permita que ésta le dé
la sabiduría deseada.

Una forma definitiva de sanación,


que supone una evolución avanzada
y que quizá tarde otros dos mil años
en llegar a vuestro mundo humano,
implica el tratamiento de los cuerpos enfermos
con agua pura.
La eficacia de dicho tratamiento dependerá de la fe.

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La muerte

La muerte es como quitarse unos zapatos que aprietan.


Incluso muertos, seguís vivos.
Al morir no dejáis de existir. Es pura ilusión.
Traspasáis la puerta de la muerte vivos
y no se produce alteración alguna de la conciencia.
No os dirigís a ninguna tierra extraña,
sino a un país de realidades vivas
en el que continúa el proceso de crecimiento.

La vida y la muerte no deberían considerarse términos opuestos.


Se acerca más a la verdad hablar de la muerte como de una entrada
y no como de una salida.

Lo que ofrece la puerta de la muerte


es el resurgimiento de una vitalidad tremenda,
pues pasáis de lo que podríamos definir
como una versión aguada de la vida,
a la cosa en sí,
a la vitalidad de la realidad primigenia.

Si la muerte fuera considerada un lago hermoso y transparente, de aguas refrescantes y abundantes, entonces, cuando una
conciencia estuviera a punto de salir de un cuerpo sería como darse una zambullida deliciosa y nadar hacia la otra orilla.

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Morir es una auto-regulación.
Es de origen Divino. No comporta el menor peligro.
El miedo a la muerte
es el miedo a soltarse.
Lo mismo que en la vida
también en la muerte.
El proceso de morir
es siempre gozoso,
una vez superado el miedo humano.
Cuando dejamos el miedo a un lado,
la muerte se convierte en una aventura excitante.
No hay nada que temer en el universo.
Nada.

Cuando las almas dejan los cuerpos físicos,


como ocurre durante la meditación profunda,
se produce una luz,
una sensación de bienestar,
de paz y de saber
que estáis ahí en toda vuestra integridad,
en toda vuestra individualidad.
No habéis dejado de existir,
sino que habéis entrado en otro nivel
de existencia más intensa.

Es importante permanecer vitalmente vivos en el proceso de toma de decisiones que se da durante el acto de conclusión final
de la vida física.

Se siente una excitación


semejante a preparar las maletas
antes de emprender un viaje muy esperado.

La muerte es sólo un paso, un momento de liberación.


Morir no es distinto a vivir. Cuando estéis llenos de una sensación de Yo,
sabréis que existís más allá de la muerte.
Uno de los primeros placeres de la liberación
es la integración de la imagen del Yo
entrando en la Unicidad de todas las cosas,
sin perder ni un solo momento su propio yo.
Por mi parte soy, yo mismo, un producto de la experiencia postmortem.

¿Por qué iba a querer nadie permanecer dentro de la realidad física


una vez concluida su tarea cuando va acercándose a la Luz?
Pensadlo bien.
A menudo nos resulta misterioso,
incluso cuando hemos sido humanos y recordamos lo que es el miedo.
Es difícil captar realmente la tenacidad con la cual se agarra
uno a esa forma que se está deteriorando
y es inútil, cuando le está aguardando tanto
gozo y tanta Luz a la salida.

Siempre estamos esperando a los que salen para darles la bienvenida; de modo que abandonad vuestros cuerpos con los brazos
abiertos para recibir el abrazo.

No hay alma que acceda a la realidad primigenia


sin que nadie la espere.
Si os fuerais tan de repente
que ni os dierais cuenta de la condición de ese momento
necesitaríais ver a alguien con aspecto humano.
Si en ese instante vierais sólo a un espíritu, no os sentiríais tan cómodos.
Algunos de nosotros nos alistamos voluntarios,
para proporcionar al alma,
en el momento en que queda liberada del cuerpo,.
un punto de mira
que le sirva de orientación
en el nuevo estado en el que entra.

Una vez orientada el alma, aparecerán los Guías.


La visión que se tenga dependerá de las creencias de cada uno.
Quizá sea un Buda radiante, o un Cristo radiante o cualquier otra figura sacrosanta,
pero siempre habrá Luz.
El alma será entonces conducida al lugar al que debe dirigirse y al cual,
en el nivel más profundo de su ser, desea ir.

Siempre pensé que era un ser evolucionado. Por lo tanto, ¿cómo es que me asusté tanto ante la idea de morir?

Pues porque, querido amigo,


también tú eres humano
y además porque la parte de tu ser
que debe morir cuando tú mueras
no desea hacerlo.
Es esa parte que dice:
«Soy una personalidad. Soy un ser humano
en esté mundo físico.
El ego que tanto he luchado por defender
merece la eternidad. No deseo
dar ese paso y adentrarme en lo desconocido,
49
pues lo desconocido me asusta.»

Muy bien. Ello no significa


que la mayor parte de ti no esté iluminada.
Porque sí lo está.
Mas no fuerces la iluminación en una parte de tu ser,
en la que no cabe.
¡Deja que esa parte siga siendo humana! Consuélala.

Vuestra suprema, sabiduría está preparada en todo momento para tomar en sus brazos ese terror, para acunarlo, arrullarlo,
acariciarlo y de ese modo introducirlo en el estado beatifico de la muerte.

¡Qué frase tan cruel aquella que dice:


«Creí que estaba iluminado
y aquí me tenéis muerto de miedo.»!
¿No os dais cuenta de que en vuestro mundo dual
precisamente eso es lo apropiado?

¿Seremos capaces algún día de aumentarla duración de la vida del cuerpo, quizás incluso hasta el punto de superar la muerte?

¿Y para qué diantre querríais semejante cosa?


Sinceramente, no veo nada más desagradable
que permanecer encerrado en la escuela para siempre jamás.
El único objeto que te diría sería el de aliviar el miedo.
Pero el objeto de la vida es crecer a través del miedo
y demostrar lo endeble que es su naturaleza.
La vida se extenderá por obra de su propia voluntad
si vuestra alma no ha concluido aquello que ha venido a hacer.

Estáis aquí de visita, no para quedaros. Y no se trata de una


maldición. Es un don de Dios.

¿Qué se siente en realidad al morir?

Morir es parecido a estar en una habitación cargada,


en la que mucha gente hablan y fuman a la vez, y de repente vierais que se
os abre una puerta y podéis salir al aire fresco y a la luz del sol.
Os lo digo de verdad, se parece bastante a eso.

La materia se vuelve menos densa.


La conciencia se vuelve menos restringida.
Los colores se vuelven más vibrantes.
Los sonidos se hacen más agradables.
Todos los sentidos, liberados al fin
del pesado manto que supone el cuerpo físico,
echan a volar con una canción.

Cuando uno reclama que le devuelvan las energías,


las conciencias que habitaron el cuerpo físico,
uno hace justamente lo que hace Dios.
Uno dice a las células:
«Ya no os hace falta existir
según la estructura molecular de mis entrañas,
de modo que venid y habitad conmigo en mi Yo superior,
hasta que llegue el momento en que, para bien de todos,
debamos habitar de nuevo en una forma humana.»

¿Qué experimentamos inmediatamente después de morir?

Hay tantas maneras distintas


de dejar un cuerpo
como de vivir en él.
¿Por qué vamos a tener que pensar
que las capacidades creativas acaban
en el momento en el que la conciencia
abandona el ámbito físico?

Cuando hay la búsqueda, el deseo de Luz,


de amor, del roce de una mano querida,
ésa será la experiencia que se tenga.
Si se cree que va a perderse todo,
ésa será, por desgracia, la experiencia
qué forzosamente se tendrá
durante un breve lapso de tiempo.
No se tiene derecho a permanecer más tiempo del debido
en lo que es una mera creación de uno mismo.
.¡Con abandonar el cuerpo es suficiente!
En el instante en el que el Yo queda libre del cuerpo humano,
surge la Luz, surge la paz, surge la libertad, surge el Hogar.
Si pudiera mostraros d: manera tangible
el círculo que es en realidad la conciencia del mundo
y haceros ver la Luz
que rodea dicho mundo,
no volveríais a dudar del consuelo
y la solicitud que se siente
en el momento de dejar el círculo
de las limitaciones humanas.
50
Se os permite descansar, sentaros tranquilamente
y disfrutar del conocimiento
del Yo continuo y eterno.
Aquéllos que estén preparados,
se encontrarán inmediatamente con sus maestros
y sus viejos amigos, a los que tanto quisieron,
para celebrar una reunión gozosísima.
Sí, lo mismo que los seres humanos.
No olvidéis que habéis formado a vuestro alrededor
algo que no es ajeno a vuestra conciencia,
pues la conciencia debe crearse a sí misma.
Cuando os descubráis a vosotros mismos en vuestro
propio Ser, os reconoceréis incluso sin vuestro cuerpo físico.

Quizás haya también tiempo de sanación


y muchos caen, por cierto, en un profundo sueño. Se despertarán apaciblemente
cuando sientan la tranquilidad y el amor que los rodean.
Otros se precipitarán gozosos en su nueva existencia.
Me satisface comunicaros que la mayoría
encontrará que el tránsito es agradable de inmediato.
Tras la muerte física, para la mayoría se produce un período en el que los temores,
la confusión y las resistencias de la vida humana requieren ser comprendidas desde
la perspectiva de la eternidad.

Una vez entrados felizmente


al aire fresco, o si preferís,
a la realidad primigenia a la que
pertenecéis por toda la eternidad,
os volvéis al fin curiosos, empezáis a desperezaros,
como si llevarais mucho tiempo fuera de allí.
De repente sabréis perfectamente que es hora
de levantaros y de empezar a moveros.
A menudo, de hecho en la mayoría de los casos,
se siente un renovado interés por la vida humana,
pues muchos de vuestros asuntos han quedado
inconclusos. Así que se vuelve al seno materno,
pero sólo después de haber examinado profundamente las cosas.

¿Cómo sería el instante de la muerte si estuviéramos dispuestos a volver hacia la Luz?

Ese instante no se produce por sorpresa.


Aun en vida, se tiene conciencia
del momento en que regresamos.
Se trata de la disposición a acercarse con amor
a todas las cosas que pertenece a la tierra,
pero amándolas tanto,
que somos capaces de Soltarlas
sabiendo que al hacerlo no hay pérdida ninguna.
Se trata sólo de una alteración de la conciencia
que entra en una Unicidad más profunda.

La Luz se siente y se conoce


antes de ser percibida.
En el momento de regresar,
de rendirse con la mayor confianza
y el conocimiento más agudo,
se abandona el ámbito físico
y se vuelve directamente hacia la Luz.
Se ha dado ya casi media vuelta
antes de abandonar el cuerpo.

¿En ese instante, se hallan presentes a la vez el Uno y la total Unicidad?

Sí. Y así es por siempre jamás a partir de este momento.

Si, en el transcurso de alguna vida, descubrís en vuestro corazón la sabiduría necesaria para perdonaros todas vuestras
imperfecciones humanas, hay muchas posibilidades de que vuestra muerte se produzca deforma instantánea y
extremadamente fácil.

Puede uno irse tranquilamente mientras duerme


si todo está equilibrado
y en armonía con los deseos del alma.
Fijaos bien en
que no he dicho:
«Si se ha evolucionado del todo»,
pues cada vida tiene una medida
y cuando se alcanza dicha medida,
puede uno marcharse en paz.
Aunque otros digan: «Tuvieron una muerte hermosísima
y tranquila mientras dormían,
pero no habían evolucionado del todo,
pues aún no habían hecho esto ni aquello»,
no tendréis manera de saber cuál era la tarea
que tenía encomendada en esta vida cada alma.
Si la tarea se ha cumplido,
la vida acabará silenciosamente.

51
Ahora bien, son muchos los que mueren
tras una larga y penosa enfermedad.
Y ello no significa que no hayan cumplido
el cometido que se habían asignado sus almas.
Lo único que significa
es que lo hacen así al marcharse.

Vivir de manera plena el instante de la muerte significa que se han alcanzado las máximas cotas de crecimiento en esta vida.

El alma elige aquel proceso que más valioso le resulte en ese momento.
Quizá sirva para que otros crezcan o para demorarse un poco
en el cuerpo, para que la propia conciencia pueda seguir evolucionando.
Tal vez el alma decida marcharse de forma precipitada,
para crecer desde el otro lado de la vida física,
evaluando por segunda vez los temores innecesarios
que la embargaban hasta el momento de la repentina muerte.

Mi hermano se suicidó. ¿Qué debo saber al respecto?

Tu hermano tomó su vida y la llevó a Casa.


Aunque se desaconseja el suicidio, está bien.
Es evidente que cuando uno deja de ir a la escuela,
le toca volver a matricularse
y estudiar lo que no pudo estudiar entonces.
Te estoy hablando desde la eternidad
y el número de vidas que pueden vivirse
no tiene límites.

Tu hermano está aprendiendo muchas cosas valiosas. Está en Casa. Está bien.
Está trabajando y la próxima vez elegirá unas asignaturas
que sean más compatibles
con sus disponibilidades y sus necesidades.
Es hacia ti
hacia donde debes dirigir tu atención.
¿Qué significa para ti
tener un hermano que se quitó la vida?
Debes escuchar la voz de Dios dentro de ti,
pues sabe que todo está bien,
que tu hermano es eterno.
Escucha el mensaje que te dio.
Nadie actúa solo.
Nadie actúa en el vacío.
Nadie se mata
sin dejar tras de sí un legado de crecimiento.

En Dios no cabe el castigo. Sólo hay amor y comprensión

El suicidio es sencillamente una locura y como tal recibe lo que se merece.


Y ahí estás tú.

Tus oraciones y bendiciones serán muy apreciadas,


pero más que estos geste s será bienvenida
una comprensión amable por tu parte,
el cariño y la sonrisa
ante la futilidad de tal acto.

¿Por qué hay quien muere siendo muy joven?

Porque ya ha concluido su tarea.


No hay otra razón.
¿Joven dices?
Todos sois eternos.
Una vez que escapáis
de la dimensión espacio-temporal,
esa alma «joven»
se vuelve muy vieja.

Respecto a la muerte por accidente:


No hay tal accidente.
Cuando tu alma decide abandonar tu cuerpo físico, lo abandona.
La vida no es la carpa de un circo de aficionados
en la que quienes entran
son artistas individuales y solitarios,
sin guión ni director:
No se trata de dar unas cuantas volteretas,
saltar en el trapecio y luego estrellarse contra el suelo. No, eso es falso.

Como almas que sois, vuestro sino depende de vosotros.


Vosotros decidís cuándo vais a nacer.
Creáis vuestra vida
52
en cada minuto, cada día,
cuando elegís aquello en lo que vais a creer.
Vosotros decidís cuándo vais a morir.
Todas las cosas giran
en torno a la verdad total del amor,
del equilibrio, del orden, de la causa y el efecto.
Estas son leyes Divinas.
Después de morir, ¿hay niveles distintos para cada alma?

¿Acaso no hay en vuestro mundo humano


niveles de conocimiento distintos?
Por consiguiente, ¿no debería haber también en el mundo del espíritu diversos niveles?
No estamos hablando el valor de una conciencia;
pero, al subir la escalera de tu conocimiento,
vas siguiendo el esquema de la naturaleza de la realidad
trazado por ti mismo,
tanto en mi mundo como en el tuyo.
Existe una sola realidad.
La única diferencia
que nos separa en este instante
es que tú crees
en lo que ahora mismo están percibiendo tus cinco
sentidos, y aceptas que su poder te limite. En cuanto trasciendas esa fe, te sentirás libre, en tu casa.

¿Cómo podemos prepararnos a perder a nuestros seres queridos? ¿Es acaso posible?

Dos son las respuestas.


Los seres queridos nunca se pierden. Es imposible.
Debéis pasar por esa experiencia cada uno a su modo.
Por supuesto que echaréis de menos al ser físico,
pero cuando aprendáis a trascender ese hecho,
no echaréis de menos nada.
Incluso mientras estáis aquí en forma humana,
en cuanto os permitáis
(y fíjate bien que digo «permitáis»)
creer que existís más allá del ámbito físico,
estáis a la altura de las personas que ya se fueron.
Y es perfectamente real.
Será más real
que la fisicidad que percibisteis antes.
¿Os dais cuenta de que el cuerpo físico es un escudo o un caparazón?
No revela nada,
sino que es un obstáculo para la revelación.
Si no os hiciera falta un espejismo,
no os haría tampoco falta un cuerpo físico.

¿Tienes algún consejo o instrucción que dar a los que quedan vivos respecto a lo que debe hacer inmediatamente
después de que muera un ser querido?

Estupenda pregunta.
En primer lugar, el estar dispuestos
a permitir que la persona
dé un paso más en lo que constituye su proceso
evolutivo,
resultará lo más útil, no sólo para vosotros, sino también
para ella.
Un «adiós», un «buen viaje», «vete con Dios»
A continuación miraos unos a otros, consolaos mutuamente, y daos los abrazos
y los pañuelos, si hace falta.
Después, dirigíos a algún lugar de gran lujo
y celebrad una fiesta increíble.
Saludad al alma que ha cumplido su cometido, brindad por el día en que volváis a verla y ocupaos de vuestra propia vida.

La muerte no es sólo tiempo de duelo. Es también tiempo de verdad.

Pueden formarse ataduras kármicas


por no estar dispuestos a expresar ningún tipo de
negatividad, guardando de ese modo un resentimiento que penetra en la conciencia del alma para luego volver en otra vida. Al tener trato
con las emociones negativas, al limpiar esa relación, te estás ayudando a ti y a ellas.
«No habléis mal de los muertos.»
Es una tontería.
No existen «los muertos».
Eso para empezar. Y por otra parte creer
que se debe proteger a los muertos
va en contra de la realidad.
En el elevado estado de conciencia en que se hallan, están en mejores condiciones que vosotros para oír la verdad.

La comunicación no se interrumpe
ante las puertas de la muerte.
El muro que separa la realidad física

53
de la espiritual es muy delgado,
como podéis comprobar al ver
que estoy aquí hablando con vosotros.

Vosotros en vuestro elemento y el muerto o la muerta en el suyo podéis trabajar en lo mismo


y llegar a un entendimiento más hondo de la cuestión,
aunque la ilusión afirme
que estáis completamente separados.
Vuestra verdad puede impulsar a seguir creciendo
a aquél que está más alto.
Justo lo contrajo de lo que la mayoría piensa.

Cuando enviamos mensajes de amor a una persona muerta, ¿cómo podemos saber si los ha recibido o no?

Sabiendo cuál es la naturaleza del amor, que es el poder eterno del universo.
Una vez expresado y enviado,
el amor se recibe de inmediato.

Si quien lo recibe es la misma persona


que recordáis u otra, es algo muy distinto.
El proceso de crecimiento continúa.
Aunque resulta más consolador recordar
a alguien tal como lo vimos por última vez, es seguro
que se ha producido un cambio para mejor,
incluso cuando se piensa en esa persona.
Morir es algo de lo más refrescante y educativo.
Si a alguien le resultó alguna vez difícil decir: «Te quiero. Gracias por compartir tu vida conmigo»,
está dispuesto a reconocer ese sentimiento
en cuanto se ha liberado de su cuerpo físico.
No digo que inmediatamente se vuelva más sabio,
sino que simplemente se da cuenta más de las cosas.

Hablas de una conciencia expandida que existe más allá de la muerte. ¿La individualidad tiene necesariamente un fin?

Hay un momento en que todo tiende a unirse en una sola cosa. ¿Verdad?
Pero nunca existe el momento
en el que todo tiende a unirse
a la nada.

12

Las relaciones: matrimonio y divorcio, familia, sexualidad

El propósito del amor humano, consiste en despertar el amor a Dios.

La puerta de acceso al amor humano


constituye un canal perfectamente aceptable
para experimentar unas realidades más vastas, pues el amor es el amor.
Al aprender a amar
os abrís al propio hecho de amar.
Dicho amor es dado al mundo de muchas maneras.

Al abrir vuestro corazón,


tanto si lo hacéis a otro ser humano,
a un animal, a un compromiso con la comunidad,
o a una relación con vuestro entorno,
constituye en cualquier caso un abriros al amor.

A lo largo de la historia de la humanidad,


y ha habido ya muchas historias de la humanidad,
las relaciones interpersonales entre
hombres y mujeres
han exigido muchas cosas distintas.

Lo más esencial hoy día es la honradez, la verdad y el amor. Verdad y amor no pueden separarse. Caminan de la mano.

Cuando uno duda de ser digno de ser amado,


la verdad parece un anatema, para estar a salvo.
Pero cuando uno adquiere la seguridad
de que, sin duda alguna,
uno es la luz de la verdad y la hermosura,
objeto de deseo y dulzura,
exponerse a ser amado se convierte en
un placer, y no algo temible.
En ese momento, las relaciones interpersonales
pueden hacerse más y más profundas
hasta alcanzar la maravillosa Unicidad.

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En torno a las relaciones entre hombre y mujer:
En este mundo humano en el que la dualidad en el lenguaje al uso,
ved al varón y a la hembra no como eternamente separados,
sino como partes de vuestra persona,
que vosotros mismos habéis elegido poner de manifiesto.
No sois extraños el uno para el otro.
Sólo sois parte uno de otro.
La parte que decidís habitar será una u otra,
pues tal es la naturaleza de vuestro mundo humano.
Pues las relaciones entre hombre y mujer son, sencillamente, un modo más de buscarse a sí mismo.

El amor humano no es un sucedáneo del amor espiritual. Se trata de una prolongación del mismo.

Cada vida y cada relación habida durante cada vida


constituye una oportunidad de experimentar el amor.
Cuando os veáis mutuamente como al ser Divino y eterno que sois,
no dejaréis de asombraros y de enorgulleceros de estar juntos.
No os dejéis engañar ni os permitáis ver en el prójimo la simple cáscara humana.
Ved antes bien al alma, la conciencia que lleva dentro.

Alma gemela. He aquí un tema


sobre el que podríamos pasarnos horas y horas.
Cuando se habla de la verdad última,
no existe ser humano que no sea tu alma gemela.

Extraños que habiten al otro extremo del mundo


serán, en las raíces de su ser,
uno solo contigo y tú uno con ellos.
¡Ojalá se fomentara esta idea
en vuestro planeta!
No volvería a haber nunca más guerras,
ni volvería a haber más choques de naturaleza dañina y destructiva.

Si se desea tener un compañero, ¿es mejor buscar dicha relación, esperar a que se dé por sí sola o intentar cultivar el distanciamiento
mientras esperamos que se produzca?

De esto último, ni hablar.


Si os distanciáis de vuestros deseos,
vuestros deseos no se verán nunca satisfechos.
Se limitarán a ser un apéndice
que os pesará y os hará daño.

Aunque conscientemente anheléis tener un compañero,


hay partes de vuestro ser que no lo desean,
que rechazan esa idea,
que se precipitan a cerrar la puerta que las otras partes de vuestro ser
habían abierto con tanto cuidado.
Mirad a vuestro alrededor. Haced un poco de limpieza
y descubriréis dónde radica vuestro temor,
rechazo, negación, crítica y juicio;
esas partes de vuestro ser que anhelan una intimidad física y emocional.
Cuando el espacio esté preparado, el compañero aparecerá. Meditadlo.
Y después compraos el mejor vestido y poneos a bailar.
Cuanto más os alineéis
con vuestra integridad,
tanto más buscaréis la Unicidad con Dios
y podréis así ser capaces de aceptar
ese amor infinito, tremendo y terrible
que afirma que vosotros y yo somos Uno.

¿Existe en el mundo espiritual la polaridad varón-mujer que se da en el plano físico?

En el mundo de la Unicidad no hay polaridades.


Los aspectos masculino-femenino están unificados.
En realidad no se es más varón que mujer ni más mujer que varón.

¿Existe, pues, la sexualidad en el mundo espiritual?

Si por «sexualidad» entendéis la sensación de Unicidad,


de luz y de amor, de fusión sin límites,
entonces sí. Pero tal sensación se ha apañado
de la sexualidad física
y ha entrado de lleno en el corazón.
Hemos aprendido las lecciones
que ofrecen la separación de lo físico
y ya no lo necesitamos.

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¿Cómo emplear el corazón para decidirse por una relación cuando parece que ésta va en dos direcciones distintas?

Aun a riesgo de parece hedonista,


¿por qué no sigues las cosas?
En realidad, cuando un a está decidido a hallar
la única relación eterna
aparece un peso en el corazón,
que rechaza su propia sabiduría.
Tened cuidado con esto.
Sed alegres y celebrad el amor
desde donde quiera que os llame.
¿Cómo ibais a distinguir la verdad de la falsedad,
si no habéis probado lo que es ésta?
Se dan muchas encarnaciones en las que no hay lugar
ni razón para la relación única y definitiva.
Recordad, queridos míos, esto no es el cielo: ¡es un camino hacia el cielo!
Estad dispuestos a aceptar las limitaciones sin lamentos. Vivís en un mundo finito.

¿Por qué hay tantos matrimonios que acaban en divorcio?

Pues porque las personas han acelerado


su proceso de crecimiento.
Las almas se unen, no para permanecer juntas
en el contacto físico, sino para crecer.
Una vez realizado ese crecimiento,
lo que se ha dado, queda dado
y las lecciones quedan aprendidas.
¿No os parece, pues, que es hora de irse?
Todo está en orden.
Que no os alarme el cambio.
Las cosas se aceleran
no para caer en el pozo de la destrucción,
sino para alcanzar el plano de la comprensión que andabais buscando.
Déjalo que vaya a peor.
Matrimonio es sinónimo de relación
y cuando una relación y no sirve;
eso sí, siempre y cuando hayas rascado el
fondo de la olla hasta encontrar el significado,
la lección que pueda darte,
hasta encontrar la esencia del por qué de vuestro encuentro
si todo ello no te ha proporcionado
la razón que andabas buscando,
¿qué más puedes hacer?

Si no se da un verdadero enlace,
poco importa el modo en que acabes con él.
¿Acaso no puedes decirle adiós a esa alma
y que se quede con tu cariño y tus bendiciones
para que la próxima vez que la encuentres
haya más compatibilidad,
más compasión y más comprensión?
¡Porque volveréis a encontraros!
Hasta que, en definitiva alcanzaréis la Unicidad,
no hay ni una sola persona
de las que conozcáis en vuestra vida,
a la que no volváis a ver.
Meditadlo.

¿Cómo puedo saber cuándo ha llegado el momento de cortar una relación dolorosa?

Cuando ya no podáis con más dolor.


Si el hecho de que otra persona encuentre una vía distinta
en el camino que debe seguir
te hace sentir disminuido,
es que no has encontrado tu propia dimensión.
Sólo has encontrado una identificación con otro.

En torno al matrimonio abierto:

Cada uno debe elegir cómo desea la experiencia de su vida.


A mi juicio, hablar de «matrimonio» y «abierto» supone una contradicción.

El significado del matrimonio, según yo lo concibo,


es que se trata de la unión de dos personas
deforma íntegra y comprometida,
para honrar al Dios que habita dentro de cada uno
y fomentar el mayor crecimiento posible.
No logro imaginar
cómo un matrimonio abierto puede contribuir a ello.
Dispersa el punto de mira que corresponde a cada uno.

56
No, no es que sea puritano.
Si se tiene la tendencia a liarse
con otras personas al margen del matrimonio,
en mi opinión, es cosa de cada uno.
Pero ¡mucho cuidado!
Porque estáis disipando un gran tesoro.
Y cuando lo disipáis, no sólo dais menos,
sino que también recibís menos.
¡Nunca se recibe una pizca menos de lo que se da!
En último término, lo que hacéis es negaros
la abundancia que andáis buscando,
en varios lugares distingos
en vez de construirla en uno solo

Ahora bien, si un matrimonio no es compatible, para empezar


no sé qué es lo que hacéis allí.
Si habéis conseguido una unión y veis
que vuestro crecimiento
os lleva en distintas direcciones, muy bien
¡bravo para los dos cónyuges!
¡Benditos seáis y alegraos;
buscad ambientes más compatibles!
Pero cuando se da un compromiso
y el compromiso desea seguir siendo lo que es,
no entiendo por qué esto no basta.

Nuestro matrimonio parece estancado y aburrido aunque seguimos queriéndonos. ¿Qué podemos hacer?

El primer paso consiste en reconocerlo.


Daros cuenta de que vuestra relación ha ido disminuyendo
pero aún queda amor.
Cuando ese amor es aceptado de veras, encontraréis una senda para despegaros.

El amor no es algo de lo que pueda hablarse sin honrarlo.


El amor es la realidad más honda que existe en el universo.
No se dice así como así: «Bueno, ahí está el amor»
y se sigue los mismos modelos destructivos.

En primer lugar
debéis colocar en el altar de vuestra relación
los rescoldos de vuestro amor.
Hallaréis así el medio
de reavivar la llama de nuevo
a fuerza de métodos terapéuticos, de oraciones,
de actividades físicas, por todos los medios posibles
según vuestro mundo humano.
Pero ante todo, ¡mediante el amor!
Tened cuidado, queridos míos, a la hora de decir:
«¡Por supuesto que te quiero!»
Estad seguros de saber que queréis decir
pues en ocasiones se dice «te quiero» a modo de defensa
o para esconder la propia falta de amor
Se puede hablar de amor
para no experimentarle.

Así como el amor


es la fuerza más poderosa del universo,
también es la más aterradora,
hasta que se entra de lleno en él.
Ello suele ocurrir
justo en el punto final
de la última vida.
No os dejéis seducir por el aburrimiento.
No os penséis que es tan inocuo como creéis.

¿Qué relación hay entre sexualidad y espiritualidad?

A menudo se siente el amor como sexualidad.


Vuestro cuerpo es un instrumento con el que experimentar.
Cuando experimentáis el amor, lo experimentáis con todo vuestro ser físico.
Nada hay en vuestro interior, queridas almas, que no tenga por objeto expresar el amor.
La sexualidad es una puerta maravillosa para entrar en la Unicidad.
Se trata de la disponibilidad a ver y a ser visto, a compartir en la mayor medida posible a través de todas y cada una
de las partes que componen vuestra amada persona, con objeto de ser conocida y mimada.
El compromiso humano comporta la necesidad
de honrar la realidad de la unión sexual.
Quizá sea el medio más directo de lograr la unificación,
cuando se experimenta a todos los niveles,
no sólo en el físico, por supuesto,

57
pero tampoco sólo en el espiritual.
Tened mucho cuidado con esto, pues sois todo
y existís a todos los niveles.

La sexualidad es un acceso biológico a la verdad. ¿Qué papel desempeña la homosexualidad en las relaciones humanas?

Uno necesario.
Es un medio de amar
Es un medio de alinear la Unicidad
Un medio de camuflar el miedo.
En resumen, se trata de una vía.

Resulta difícil aceptar, la unificación


porque vivís en un mundo
que incita a vivir el engaño de la discriminación.
Las cosas, sin embargo, tienden a alinearse
cada vez más cerca unas de otras.
Muchos son los que están aprendiendo a aceptar
su naturaleza andrógina.
Unos la expresan a través de la homosexualidad,
lo cual, no obstante, supone una exageración,
debida a la necesidad de aceptar
la estructura sexual del mundo físico.
Pese a todo, a la larga
es una convención aceptada en vuestra civilización.
En último término todos somos andróginos.

La familia constituye un invernadero para el crecimiento espiritual

Resulta imposible evitar la realización y el crecimiento dentro de la situación familiar.


Tal es el motivo por el que la institución familiar fuera incluida en el proyecto terrenal.

La inclusión de los niños en el seno de una familia es catalítica,


pues se les imbuyen muchos atributos desconocidos
que existen en el interior de sus padres.
Se trata de algo conocido para el alma
y constituye parte de los dones que aporta:
para los padres es una oportunidad de ver
a un nivel más perceptible
lo que llevan en su interior.

Ved en los niños


un espejo brillante e iluminado de Dios,
así como de vuestra esencia humana,
que los ha engendrado.
Pueden ser también un reflejo doloroso
de la arquitectura interna de los padres.
Reflejan el proceso de sus almas.
Están en el mundo para ser amados,
mimados, guiados, protegidos,
alimentados y librados a sí mismos.

La paternidad

El amor es el propósito de la paternidad.


Hay una necesidad de enseñar.
Hay también una necesidad de consolar,
de guiar, pero nunca, ni por un solo instante,
debe haber sentido de superioridad o separación.
Vuestros hijos os han elegido porque os conocen.
En la mayoría de los casos habéis estado juntos anteriormente,
en diferentes configuraciones familiares.
Comunicaos claramente con amor, honradez,
verdad, disponibilidad,
sabiduría y compasión,
siempre como mejor os permitan vuestras capacidades.
Esa será la mejor manera de ser útiles al propósito espiritual de vuestros hijos.
El único regalo que puede hacerse es el de uno mismo.
¡No puedo imaginar un obsequio más hermoso!

Mi hija toma drogas. ¿Puedes proporcionarme algún medio de ayudarla?

Eso, que parece tan dañino


y de hecho, lo es en el plano físico,
no supone la destrucción definitiva.
No existe nada semejante en la Conciencia de Dios.
Se trata de un aprendizaje, eso es todo.
No estaría de más enfocar el asunto
preguntándoos
qué podéis aprender de esto.

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¿Por qué os sucede a vosotros?
No con un sentido de víctima,
sino con un sentido de gratitud.
¿Qué es lo que experimentáis?
¿Qué es lo que teméis?
¿Dónde encontráis los recursos ocultos?
¿Es allí donde chocáis con las dificultades, etcétera?
Los juicios en ese momento no sirven de nada.
Sencillamente, sólo cierran más la puerta
a la llegada de la sanación.
Nadie está solo en el mundo.
Tu hija no está sola
y, por ende, tú formas parte de su decisión
de salir de la realidad
por la puerta falsa de las drogas.
No quiero cargarte de culpa, al decirlo,
sino animarte a asumir el papel
que te corresponde en esta interacción.
Los hijos suponen la realización
de lo que los padres no han sabido darse.
Ved de qué manera os reflejáis en este espejo
y aceptadlo con amor y con buen talante.

Todas las madres son seres amados conocidos anteriormente.


No hay relación más profunda en el plano físico que la de madre e hijo.

Con ello no pretendo ni mucho menos


negar la posición de los padres. Sólo puedo consolarlos diciéndoles que también vosotros
sí fuisteis madres, que ahora sois hijos
de modo que aún se di esa afinidad, ese nexo.
Una vez que hay nexo
deja de haber separación.
Una vez que hay amor,
habrá Unicidad para siempre,
por mucho que vuestras vidas os lleven
allá donde no podáis encontraros
en forma física.
Diría que, si en algún momento
se ha tenido la experiencia de semejante afecto,
podéis encontraros en el mundo espiritual en sueños.

¿Qué responsabilidad tengo ante la enfermedad de mi madre?

El hecho de que una persona esté enferma


no supone que deba convenirse en el altar
sobre el cual vayáis a sacrificar vuestra vida.
Si la verdad para ti consiste en estar junto a ella,
entonces no supondrá ninguna obligación.
Se tratará de una satisfacción y un placer.
Si la verdad para ti no consiste en estar junto a ella,
lo que debes hacer entonces es seguir los dictados de tu corazón.
¿Pero no os dais cuenta, queridos míos,
de que desde vuestra verdad profunda no podéis hacer nada mal?

¿Es posible comunicarse con los animales?

Cuando con corazón abierto sentís una hermandad


de comunicación con otras especies,
lo que estáis haciendo es contactar con la semilla
que creó vuestro mundo terrenal.
Cuando permitáis constituiros la verdad
que alienta vuestro ser, toda vida os hablará.

Cuando os rindáis ante la realidad última consistente en admitir


que la vida es amor, que se manifiesta como amor y por lo tanto es Una,
descubriréis que, según esa línea de comunicación, toda conciencia se conoce a sí misma.

¿Pueden hablarnos los delfines?

En el mundo animal,
un delfín expresa su amor y su conciencia
siendo sencillamente lo que es.
El delfín ha visto la gran Luz y siente un gran amor,
por eso ahora desea alcanzarnos y compartir ese amor.
La conciencia de amor en semejante ser busca un sitio en el que expresarse.
El amor es un regalo que debe hacerse.
Cuando se pide a un delfín que se comunique
según los esquemas mentales propios del hombre,
lo que se está haciendo es exigirle que salga
del lugar que corresponde a su ser

59
con una prisa excesiva
respecto a lo que son sus intereses.
Amigos míos, ¿es que no vais a dejar que las cosas
os hablen con el lenguaje que les es propio?

13

Temas de actualidad: la supervivencia del planeta, guerra, gobierno, aborto, niños, Holocausto.

No creáis ni por un momento que vuestro nacimiento es accidental ni que vuestro mundo es un revoltijo hecho
a base de caos y confusión.

Quizá lo parezca desde la perspectiva limitada


de lo humano, pero yo os aseguro
que todo está en orden
y que a su debido tiempo la obra de Dios
resultará clara a todo el mundo.

A medida que se levante el telón


y vuestra conciencia se expanda, veréis que vuestro planeta
es enteramente una catedral de Luz dedicada a Dios.
Cada uno de vosotros empuña en su interior el cetro de vuestro infinito poder.

¿Qué significan estos tiempos tan turbulentos?

Tendéis a perder de vista el objeto de la vida.


¿Qué mejor bagaje para la introspección,
para la exploración de las propias creencias,
para seguir la propia luz y compartirla con los demás,
que hacerlo en momentos de crisis o peligro aparente?
¡Qué telón de fondo más maravilloso
para la confrontación interior y el auto-crecimiento!

Hay mucho que iluminar, cosas a las cuales dar


esperanzas y un sentido de justificado orgullo en el proceso
y progreso seguido por la humanidad.
Esa manía en pensar que la estupidez
va a acabar conquistando el mundo hace un flaco servicio al todo.
Ciertamente los actos de crueldad, la perversión, y la puerilidad,
seguirán existiendo mientras exista esta escuela vuestra,
pero no hay motivos para creer que la humanidad consiste sólo en eso.
No os perdáis pensando que vuestro mundo es un lugar razonable.
Pues desde luego no tiene nada de razonable. Es un reflejo de la lucha.
Por supuesto que no es amable ni justo ni lo será
hasta que uno mismo se eleve hasta la conciencia que lleva en su interior,
esa conciencia que adora la amabilidad y la justicia.

¿Está nuestro planeta al borde de la destrucción?

No puede uno abandonar la escuela tan pronto.


Todavía no va a sonar el timbre.
No van a llegar esas vacaciones perpetuas
que muchos andan buscando cuando dicen:
«¡Acabemos de una vez»
El hombre es todavía tan inmaduro,
que se cree lo bastante poderoso para borrar el mundo,
aunque esa actitud tiene un sentido de megalomanía tal que raya en el infantilismo.
Esa inmadurez es la que le inclina hacían la falsa promesa
de un poder absoluto impulsado por la negatividad.
En vuestro mundo no existe nada parecido al poder absoluto, ni siquiera de forma limitada.
Mirad hacia vuestro interior
como si fuera el campo en el que acecha
la satisfacción de un Armagedón.
Si lo improcedente de semejante destrucción
resulta obvio para todos los habitantes de vuestro
planeta,
¿por qué suponéis que fuera a resultar menos
improcedente y menos obvio
a la Conciencia presente del Amor?
Se os ha enseñado con demasiado rigor
a pensar según vuestra ley terrenal que:
si yo estoy irritado con vosotros
y vosotros lo estáis conmigo
lo único que puede producirse
es una lucha cruenta.

Aunque hay quienes están deseando


a toda costa llevar al mundo al borde de la destrucción

60
y aun más allá, incluso en el interior de semejantes seres
existe la conciencia de la Luz que busca la Luz.
Aunque la vía que siguen pueda parecer horrible,
al fin y al cabo no es más que una vía.

Aunque, por supuesto, no voy a deciros que la constante acumulación


de armas nucleares es maravillosa,
sí os diría: «Queridos míos, confiad en la sabiduría del universo
y en cada uno de los seres que existen con vosotros en vuestro mundo humano.»
Si vosotros, que buscáis amor y verdad,
no sois capaces de elevaros por encima de esta confusión ilusoria,
¿cómo van a poder recibir ayuda los que se hallan inmersos en ella?
Sois vosotros, los que habéis alcanzado el poder
gracias a la fuerza de vuestro amor,
de vuestro compromiso con la verdad,
los que conseguiréis la elevación de la conciencia
de quienes sufren un miedo tan grande
que serían capaces de destruir el mundo entero
antes que reconocer su propio terror.

La vida no tiene por objeto


protegerse unos de otros.
Hay una necesidad absoluta
de aprender a amar.
Incluso la contaminación de la tierra
constituye un medio de aprender a preocuparse
por las cosas y con ello se logrará
cambiar el curso de los acontecimientos.
No os lavéis las manos de lo que está ocurriendo en la tierra.

Quedan muchos años buenos.


La raza humana no va a ser expulsada de la escuela
por medio de un holocausto.
La vuelta al Hogar puede ser más agradable
de lo que muchos se imaginan.
Pero eso sí, llegará un tiempo
(la ciencia está en lo cierto),
en el que vuestro planeta se disolverá.
Pero no será mientras viváis vosotros.
Ahora bien, cuando toaos hayáis terminado vuestro
aprendizaje, la tierra podrá regresar al Hogar.
Volverá a la Luz.

¿No os parece que para entonces ya se lo merecerá,


después de habérsele introducido tantas cosas,
después de tanto martilleo, de tanta extracción,
tanta intoxicación?
¿No os parece que se merecerá
un pequeño descanso,
al igual que vosotros,
después de una vida tan larga y tan útil?
Dejad que vuestra naturaleza física desaparezca
cuando llegue el momento.
Se lo ha ganado.
Esa parte de la conciencia merece
regresar a la Luz.
Lo mismo que vosotros.

Me gustaría comunicaros una serie de ideas acerca del equilibrio ecológico:

Quizá resulten atractivas a muchos que ahora empiezan a tener conciencia


de sus propias aportaciones a la entidad llamada tierra
y a los seres que la habitan.
A muchos otros les parecerá que no hay demasiada relación
entre algunos de los temas que se discuten y el argumento,
terrenal en exceso, de la sustancia sobre la que caminan,
el alimento que toman o el aire que respiran.
Tal vez alguno de vosotros se preguntará:
«Pues bien, si soy un alma y estoy aquí para aprender,
¿por qué iban a interesarme las circunstancias que se daban
antes de nacer yo y que lo más probable es que sigan dándose
cuando haya abandonado este mundo, por lo demás bastante maltrecho,
y haya alcanzado otras regiones de la conciencia bien distintas de ésta?»
La única respuesta que cabe dar a semejante pregunta
es que el mundo es un espejo y que,
cuanto más limpiemos y pulamos su superficie,
mejor podremos percibir la imagen que de nosotros refleja.
Dado que el fin último de la vida es descubrirse a sí mismo,
convendréis conmigo en que los elementos utilizados en esta grandiosa aventura
deben ser mantenidos en unas condiciones de uso inmejorables.

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Quizá parezca egoísta, sí, pero desde luego se presta al bien de todos.

¿Por qué no hemos creado un mundo que fuera ante todo un deslumbrante espejo?

Porque en ese espejo habéis logrado ver lo que de nebuloso hay en vosotros,
así como vuestra propia Luz.
Cuando a través de la contaminación
consigáis contemplar la hermosura de vuestro hogar;
cuando consigáis tocar con amor,
más allá de esta realidad externa deslucida,
revitalizaréis lo que existe en su interior y la tierra volverá a brillar de nuevo.
La naturaleza de la materia física,
en cuyo seno compartís las cosas y trabajáis, es reflexiva.
Todo lo que tocáis se refleja.
Mientras haya un alma a la deriva
por el infinito mar de la conciencia,
la tierra no asumirá la claridad que le corresponde,
pues esa alma verá su propio reflejo
y por ende manchará ese espejo perfecto.
Así debe ser.

¿Tiene algún significado cósmico este tiempo tan raro que estamos teniendo?

No quieras ver en los fenómenos naturales desastres. La tierra es muy sabia.


Sencillamente lo que hace es equilibrar su ecología.

¿Cómo hemos de considerar la temible energía nuclear?

Sin miedo.
No temáis a la energía nuclear per se.
Es una parte más del universo de Dios.
Nada de lo que hay en el mundo de Dios es malo.
Lo malo es lo que se hace con ello.
Respetad la energía nuclear.
Empleadla con prudencia.
En tal caso se le otorgará el lugar
que le corresponde en vuestro mundo.
Ni más ni menos.

El problema está en la falta de atención,


en la codicia, en la desconsideración,
y no en la energía nuclear.
El problema está en la energía humana
—en el mal uso que se hace de la energía humana—
y en el miedo.
El miedo a que no haya nunca suficiente.
Los materiales nucleares se están utilizando como un medio
para llenar los bolsillos de algunos.

La codicia es el residuo tóxico del miedo.


Lo que ahora se os presenta en forma cíe dioxina,
se os presentó en el pagado en forma de otros venenos;
en forma de invasión de serpientes, por ejemplo,
o de guerra, o de peste
La dioxina es una formal moderna de la negatividad
y como tal debería ser tratada.

Cuando seáis concientes,


de que la conciencia es |a que crea las cosas,
os veréis revestidos del poder que confiere ese saber
y seréis capaces de bendecir, limpiar y sanar.
Sí. Incluso vuestra tierra.

Orad por la tierra que está afligida.


Ofreced a los que sufren ternura, amor, comprensión,
compasión, bendiciones, sanación.
Todavía tenéis que daros cuenta del poder de alterar todas las cosas
y convertirlas en Luz que lleváis en el interior de vuestra conciencia.
Miradlo todo con amor y perderá sus poderes.

Sobre el gobierno:

Los gobiernos no tuvieron nunca por objeto gobernar la Luz


y los procesos del alma de quienes habitan un país.
Todas las corporaciones gubernamentales, sin excepciones,
se han vuelto desproporcionadas, monstruosas
casi, respecto a las necesidades de los pueblos
a los que pretendían servir cuando fueron creadas.

62
Ha llegado el momento de constituir un gobierno universal. Romped las ataduras de la resistencia y engaño nacionalistas y que
toda la humanidad se una y reconozca así su Unicidad que es la verdadera realidad. Gritadlo por las calles.

Los gobiernos actuales


fueron inventados cuando el género humano
estaba aún en el parvulario.
Ha llegado el momento de permitir a aquéllos
que por lo menos han pasado
el bachillerato (por no hablar
de los que han llegado ya a la facultad
en lo que a esta ilusión se refiere),
crear un gobierno
con ideas más maduras.
Independientemente de quien ocupe la presidencia,
cada país está regido por la Presencia Divina.

¿Qué aspectos de la conciencia produciría un horror tan grande como fue el Holocausto?

Sabed que la expresión «Todos somos responsables» es bastante acertada.


Ya es hora de que miréis todos hacia vuestro interior
y de que descubráis dónde guardáis tanta crueldad,
dónde abrigáis tantos prejuicios o dónde os sentís
superiores, aunque nunca llegarais a actuar de esa forma.
Semejantes ideas podrían llegar a causar muchas atrocidades
de mil modalidades distintas,
aunque no pasaran del nivel mental o emocional,
y no salieran de los límites de vuestra mente conciente.

De un modo u otro,
todos habéis contribuido a aquellos tiempos,
aunque no estabais presentes agrupando las víctimas.
Todos y cada uno de vosotros, casi sin excepción,
habéis fijado vuestra conciencia en el mismo punto,
en aquél que (exagerando un poco los términos)
ha dado lugar a las actuales circunstancias.
Se trata de un largo proceso de aprendizaje.
Si es empleado como tal,
quienes fueron destruidos físicamente
habrían contribuido en gran medida
a lo que constituye el magnífico don del amor.

Son muchos los que, de manera individual o en grupo,


sacrifican su vida del mismo modo en que lo hicieron las almas
que sufrieron el Holocausto.
Y, según parece, ahora debemos fijar nuestra atención
en los acontecimientos más normales para que la lección quede bien aprendida.
¿Acaso no es éste el momento de fijarnos en el heroísmo,
el sacrificio, el amor y el Dios que habita dentro de cada uno?

Resulta mucho más fácil señalar al pasado y decir:


«¡Mirad!»,
en vez de decir: «Debo mirar a mi alrededor ahora.»
Pues, al ver lo que ocurre en la actualidad,
tendríais que hacer algo al respecto.
Se erigen monumentos a pensamientos congelados.
Y aunque, como marco referencial,
puedan impartir algún tipo de enseñanza,
tienden a congelar e inmovilizar el proceso de constante despliegue de las cosas.
Las lecciones deben ser aprendidas y dejadas en su sitio,
o mejor dicho, hay que aprenderlas y confiar en ellas.
Honraremos mejor el pasado honrando el presente.

¿Habrá una nueva guerra mundial?

Vuestra pregunta no puede ser contestada


según me la formuláis, no ya porque yo pretenda negar
algo a vuestro conocimiento, algo que yo sé,
sino porque unas semillas de Luz han sido plantadas.
Se está tramando un poderosísimo movimiento
y todos formáis parte de él.
Las guerras, al igual que los terremotos,
no son una cosa que simplemente ocurre.
Han sido creadas con un objeto
que va más allá de las diferencias políticas.
Como Seres de Luz y de Dios que sois,
debéis hablar según vuestra naturaleza;
debéis celebrar al amor, pero ante todo debéis creerlo en vosotros.
Así pues, tenéis la obligación de probarlo, de desafiarlo.
Debéis investigar el amor hasta que descubráis

63
que no hay más forma de existir que ésa.
Una vez hayáis descubierto la solidez de esa verdad,
os afirmaréis en su certeza; negaréis la violencia y la oscuridad
y os uniréis a Dios en su labor de sanar la tierra.

Cuando miráis a otra persona con amor, estáis realizando lo qué soléis llamar un milagro. Porque la Luz se expande y, al hacerlo,
transforma la oscuridad.

No os desesperéis. Los corazones se están abriendo.


Cada vez se oye más la verdad.
El valor se está construyendo.
Hay ya muchos de vosotros
que están diciendo «¡No!» a tanta destrucción.
Ya habéis empezado a actuar de esa manera.

Respecto a los malos tratos a los niños y sobre la tortura:

El abuso de cualquier tipo es un abuso contra Dios.


Los malos tratos o las torturas infligidas a los niños
—o a cualquier persona—
son inadmisibles, tanto en la tierra como en el cielo.

Se trata de un hecho espantoso


según el criterio humano; es intolerable.
Pero veamos más allá de las apariencias,
no con complacencia, sino con compasión
y con una profunda fe en la sabiduría que tiene toda alma.
¿Qué puede aprenderse de semejante experiencia,
y no sólo el niño, sino también sus padres?
A menudo, un niño mal tratado que pierde la vida
a consecuencia de los malos tratos
regala a sus padres un amor tan grande
como el de su sacrificio,
siempre y cuando éstos
estén dispuestos a aceptar el regalo.

Las almas que pasan por semejantes circunstancias


deciden aceptar esos malos tratos
por motivos que sólo ellas y sus guías conocen,
Volverán a salir a ha superficie más iluminadas,
más conscientes délo que significa la oscuridad,
más decididas y con más poder
para cambiar su interior.
Para vosotros resulta totalmente imposible
ver las cosas
como las ve Dios.
Dejad vuestros juicios en manos de Dios.
Dejad vuestro horror y vuestro escándalo donde está.
Esos asuntos hay que afrontarlos
en vuestro mundo humano

Sobre el aborto.

A mi juicio, el aborto es un asunto en el que van incluidas muchas otras cuestiones.


Debemos ser muy conscientes de todos
y cada uno de los actos de nuestra vida,
lo mismo del momento de concebir a un ser,
no menos que del acto de abortar.
Pero cuando, tras largas meditaciones y oración,
resulta necesario interrumpir un embarazo,
no nos enfrentamos a un acto imperdonable.
Si se realiza con la voluntad de extraer una enseñanza de él,
resulta un acto útil.
Recordad, os hablo desde el mundo del espíritu
y sé que un alma no se destruye nunca. Sé que, cuando un alma decide nacer, nace.

64
El alma es sabia y no se metería a vivir dentro de un cuerpo
si éste no fuera a llegar a término.
Existen unas Leyes Divinas que van más allá de la conciencia humana,
tanto que resulta difícil afirmar desde un determinado nivel de conciencia:
«Está muy bien», y desde otro: «Realmente deberías meditar más a fondo el asunto»,
y desde un tercero: «Quizá no deberías haberlo hecho de ninguna manera.»
En vuestro mundo humano nada está hecho rematadamente mal.
¿Debe uno sentirse culpable por ello? No.
¿Preocupado? Sí.
¿Responsable? Absolutamente;
además de que debe sentirse compasión
y tener voluntad de descubrir la necesidad
que se oculta tras una acción tan desgraciada.
¿Por qué permitisteis que se produjera ese embarazo?
¿Qué es lo que en realidad deseabais?
¿Por qué os pusisteis en situación de concebir una vida,
sin ser capaces de hacerlo, o por qué os expusisteis a recibir los frutos dé esa concepción?

Se mire como se mire, es una pérdida.


Habéis perdido o bien vuestro corazón
y habéis ejecutado un acto engendrador carente de sentido,
o bien estáis negándoos vuestra propia satisfacción sin saberlo.
Ahora bien, si una acción semejante
se emplea para fomentar el propio crecimiento,
si os abre una puerta que os permita descubrir
vuestro propio significado
vuestras propias necesidades,
vuestra propia verdad y vuestro ser,
entonces es todo un regalo.

Respecto a la pena capital:


Ningún ser humano, según la Ley de Dios,
tiene derecho a quitar la vida a otro.

El alma, por supuesto, no se mata.


Tan sólo se libera. Pero eso es otra cuestión.
Cuando una persona ha construido
la estructura de la vida humana,
nadie en absoluto, sin hacerse daño a sí mismo, puede quitar esa vida.

¿Compensa a la conciencia del alma


matar a un asesino cometiendo de ese modo un nuevo asesinato?
En mi opinión, no.
Se necesita una comprensión muy profunda
del carácter sagrado de todo individuo.
El hecho de que, a lo largo de la experiencia humana,
haya parecido imprescindible
para la conservación de una idea,
de una causa o incluso de una vida,
la destrucción de otra vida,
no significa en modo alguno que hayamos de despreciar
la gravedad de tal acto,
aunque ello suponga introducir ciertos atenuantes.

Cuanto más se expande la conciencia,


más responsable se vuelve la persona.
Evidentemente, si no se la esa conciencia,
la muerte del otro no supone una carga tan pesada.
Sólo en el interior de un mismo puede saberse
dónde yace en realidad la conciencia.
La profundidad de ésta crea la siguiente vida
y la siguiente y la siguiente. Recordad siempre
que la sucesión causa-efecto es nuestra creación.

En el instante en que se enciende la Luz


en los rincones más recónditos de la oscuridad interior, dicha Luz seguirá encendida para siempre.
Uno a uno, iremos dejando todos de ejercer el cargo de verdugo público y no habrá quien ejecute su función.

65
14
Más allá del planeta Tierra
El modelo de un pequeño mundo que gira sin fin por el espacio no se adecua a la realidad. Estáis en la frontera
que os separa de todas las demás cosas y, al mismo tiempo, sois todas esas cosas.

Estáis donde estoy yo.


Y yo estoy donde estáis vosotros.
Las dimensiones físicas
de profundidad, altura y anchura
no tienen la menor realidad.
Si os quitarais los anteojos de la limitación humana,
vosotros y yo nos miraríamos a la cara
de pie en perfecto equilibrio.
Como seres de Luz que sois, tenéis libre acceso
a todas aquellas partes del universo divino a las que vuestra conciencia particular
os permita entrar, a los mundos situados más allá de la realidad física.

Supongamos que tú, en cuanto ser de Luz,


ya no necesitas seguir teniendo una realidad física.
Has dejado atrás la ilusión de la ilusión
y eres perfectamente libre
de expandirte, de explorar y de crear.
En tus manos está la decisión.
Puedes acceder a otras galaxias,
a otros reinos de la conciencia
más compatibles con tu propio ser.
Como ves, cuando dejas de tener un cuerpo físico,
existen muchos otros planetas que puedes habitar.
No importa lo fríos que sean, ¿verdad?
¡Realmente es una extraordinaria sensación de libertad!

Tenéis libertad de vivir dondequiera que os sintáis


arrastrados, dondequiera que os lleve vuestra curiosidad.
Veis luces, colores mucho más brillantes
de lo que sois capaces de percibir
en la atmósfera propia del ser humano.
Oís unos sonidos exquisitos,
más allá de toda comprensión.
No se trata de un cuento de hadas.
Es como quitarse los tapones de los oídos y escuchar,
como quitarse las botas y sentir la cálida arena bajo vuestros pies.
Vuestro mundo os ofrece este tipo de promesas,
pero os veis obligados a sentirlas como tales promesas.
Sólo una pequeña parte de la conciencia anímica
existe en un momento dado en forma humana.
La personalidad, según la experiencia que de ella tenemos,
no es más que una pizca del alma que aún no se ha confundido con la Luz.
Las zonas de resistencia se vuelven humanas.
Cuanto menos necesaria resulta la experiencia humana,
menos rigurosa se vuelve la escuela
y más parecida a un cariñoso beso se vuelve la vida.
Mientras haya una parte de vosotros
que siga siendo humana,
¿cómo vais a saber
lo que es perfecto y lo que no?
Acaso dentro del Plan Divino, que sí es perfecto,
una somera limpieza de la imperfección humana resulte absolutamente perfecta de momento.

¿Estaba Cristo limpio en ese sentido?


La verdadera naturaleza de la forma humana,
aunque fuera obra de un ser comprometido con la vida de la verdad, como Él lo estaba,
el propio cuerpo físico, limpia la conciencia.
Se ha dicho que Krishna y otros personajes que parecían tener un cuerpo
humano no eran humanos del todo.

¿Es posible que existan semejantes seres?

Es posible vestirse con un cuerpo humano.


Pero no es posible introducirse en el drama de la experiencia humana.
La diferencia entre una cosa y otra es muy sutil.
Cristo reconoció el valor que tuvo para él,
para Su experiencia, Su mensaje, Sus enseñanzas y Su entrega
el hecho de introducirse en lo que es la experiencia física propia del hombre.
Muchos otros, en cambio, no lo hicieron.
Son muchos los que se visten los ropajes del mundo físico por un instante,
por un año, por lo que puede dar la sensación de durar toda una vida razonablemente larga,
sin por ello tener una verdadera experiencia de lo que es ser humano.
Eso también está bien.
Hay seres que se materializan,
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como si, en medio de las aglomeraciones del metro
o en cualquier esquina en plena calle,
aparecieran para prestar su ayuda,
para impartir una enseñanza, para guiar y desaparecer después.
Eso es lo que hacen. No saben lo que es ser humanos.

Emmanuel, ¿cómo es tu mundo?

Bueno, si tuviera, que llevarte a dar una vueltecita por él,


me encantaría mostrarte el brillo de sus colores,
la dulzura de su aire, lo delicioso de todas las sensaciones.
Te presentaría calles libres de inseguridad, llenas de hermosura y
suavidad, perfumes increíblemente maravillosos.
Todo lo que en vuestro mundo es una promesa en el plano físico
es perfectamente real en el mío.

¿Hay en él madreselvas?

Hay la esencia de la madreselva,


que es absorbida no sólo por la nariz,
sino por todas las partes que componen mi ser.
Podéis empezar a tocar mi mundo,
aunque sigáis estando en el vuestro;
basta que os permitáis experimentar las cosas sin fronteras.
Por ejemplo, cuando comáis una cosa,
probadla no sólo con vuestras papilas gustativas;
contempladla en toda su hermosura, escuchadla
—porque tiene un sonido—
contemplad la vibrante vida,
el regalo de amor que os ofrece la comida.
Que vuestro cuerpo absorba la luz y el deleite que posee.
Comed despacio, acompasadamente.
Comed con conciencia y empezaréis a ver cómo es mi mundo.
Esencialmente es el mismo que el vuestro, pero mucho más.

¿Puede la mente extenderse tanto en un universo infinito que se contrae como en uno que está en expansión?

De este modo, el marco referencial está perfectamente a vuestro alcance.


A medida que vamos profundizando, por ejemplo en las ciencias físicas,
en los mundos existentes
dentro de este mundo y de aquél y de aquél,
se produce una ampliación de la conciencia que lo trasciende todo.
La curva de la tierra
atrae hacia su órbita al pensamiento humano.
¿Qué significa entonces un pensamiento «lineal»?
Pensar en Dios
sería un pensamiento lineal,
con una claridad y una percepción
situadas1 más allá del horizonte de la tierra,
sea cual sea el significado que le deis.
Quizá tenga distintos significados,
según los diversos niveles de la conciencia,
pero en general tenderá a liberar vuestro pensamiento
del movimiento circular alrededor de la tierra.

¿El alma que llamamos Jesús el Cristo sigue acaso viviendo en otros mundos?

¡Qué pregunta más interesante!


Para empezar, debemos dedicarnos a evolucionar
por la fisicalidad de vuestras galaxias y entrar en las realidades mayores que se sitúan
ahora os parece remotísimo res de potentes telescopios.

Existen planetas que en efecto, tienen vida,


una vida en la que cabe imaginable.
No obstante, aparte de eso, e
xisten también mundos que trascienden en gran medida lo físico.
La fisicalidad es tan sólo la dimensión más pequeña que existe
dentro de la grandeza eterna.

Existen mundos por los que anda Cristo


en medio de la Luz y la Verdad en estos momentos,
en medio de la alegría y la totalidad más absoluta,
respetado y venerado profundamente.
No obstante, os digo —no para confundiros,
pero no veo otra manera de expresarme—,
que existen otras realidades entremezcladas
dentro de vuestro planeta y su fisicalidad.
En efecto. Hubo momentos de un brillo esplendoroso.
Hubo momentos de absoluto conocimiento.
Pero hubo también momentos de oscurecimiento,

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momentos de olvido,
y esos supusieron mucha angustia para Él.

La realidad mayor,
a la que todos habéis accedido
a través de la meditación y la oración,
coexiste, en efecto, en el mismo espacio
en el que están presentes vuestros coches o vuestros barcos,
vuestras aguas, vuestros parques,
la lluvia que conocéis y vosotros mismos.
En esa realidad expandida
que comparte con vosotros toda la eternidad,
Cristo está vivo y en perfectas condiciones,
y camina entre vosotros.

Todos existimos en muchas realidades a la vez.


Es imposible localizarlas geográficamente.
Situarlas en la conciencia
os acercará más a la verdad,
ya que puede fijarse la atención
en una minucia y jurar y perjurar que en este mundo
no existe nada más que un solo grano de arena.
Podéis también fijar la atención
en un espectro de cosas cada vez más grande,
hasta que seáis plenamente concientes
de que camináis de la mano de Cristo,
siempre y en todo momento,
a través de vuestras actividades diarias.
No es una cuestión geográfica. Es verdad.

¿Existe vida en otros planetas?

Sí. Y muchísima y abundante.


Todos sois amados y estáis bien protegidos,
no sólo por nosotros en el plano de la conciencia,
en la que yo existo, sino por muchos otros
que se encuentran en unos planos de conciencia
perfectamente parecidos! a los vuestros.
Estos seres han vivido en vuestro mundo
y han crecido lo suficiente para vivir en otras esferas
en las que la conciencia superior y está más evolucionada.
Fue su decisión.

Ha habido muchas ocasiones


en la historia pretérita de la tierra,
en las que la humanidad ha sabido que no está sola.
Ese conocimiento se dispersó después
porque el objetivo divino de ese comunicado
se había cumplido.
Llegará un día en el que la comunicación intergaláctica
constituirá un elemento de la vida cotidiana.
Mas no será así hasta que los corazones
de cuantos se han encarnado en vuestro planeta
estén dispuestos a admitir esta guía,
no de un modo dependiente e infantil,
sino de forma fraternal.

¿Adopta la vida en otras partes la misma forma que aquí?

¡Oh no! En esas «otras partes»


hay una conciencia mayor o menor que aquí.
Se trata de pasos, de etapas.
Éste no es el único planeta
creado por Dios para que sea vuestra escuela.
De aquí iréis a muchos, a muchísimos otros
más bienaventurados, más iluminados,
más atractivos, más expandidos, más creativos
y más llenos de amor.
Allí comprobaréis
que no teníais por qué temer el aprobar o no la selectividad.

¿Cuáles son los vecinos más cercanos en el universo y quiénes serán los primeros
con los que entraremos en contacto?

Nosotros; y el contacto ya ha sido establecido.


Bueno, claro, ¡ya sé que habláis de extraterrestres!
El contacto ya ha sido establecido,
abstracción hecha de la traducción que queráis hacer de la palabra extraterrestre.

Esto resultará cada vez más claro,

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a medida que vuestra comunidad humana
vaya desarrollando la capacidad de atender
a lo que queda más allá de sus expectativas.
Ya hay quienes pretenden estar en contacto
con visitantes procedentes de otros planetas.
Hasta hace poco existía rechazo a oír ese tipo de cosas.

Es demasiado misterioso. En verdad, aún no ha llegado la hora


de admitir algo semejante, pues aún estamos atravesando
el proceso de despertar en nosotros mismos
la capacidad de expandirnos en el reino del espíritu, en el mundo de Dios.

Mi reacción personal ante la visita


de unos seres con otra diferente manifestación física
sería de momento la de una gran confusión.
Es algo que ha sucedido otras veces y seguirá sucediendo,
siempre que, llegan emisarios
a través de la ilusión del tiempo y el espacio,
porque al fin, queridos míos,
todo es uno, todo está aquí, todo está ahora.

Cuando en el futuro penséis en esto,


tened presente que la realidad existe más allá del tiempo y el espacio,
y veréis que la cuestión tiene sólo sentido mientras permanezcáis en el mundo físico.
Las almas que existen en otras galaxias son muy parecidas a vosotros.
Aunque el mensaje recibido de la conciencia expandida
de esos seres evolucionados suponga una enorme sabiduría,
a veces podría llevar a error.

La Ley Divina es la Ley Divina.


Todo el mundo está obligado a dar traspiés.
Incluso aquéllos que han progresado trascendiendo
la conciencia propia de la tierra.
No exijáis perfección
ni de vosotros mismos ni de los demás seres.
Por favor,
dinos qué aspecto tiene
el planeta Tierra visto desde lejos.
Veo Luz.
Veo conciencia.
Veo olas y olas
de plegarias y súplicas,
de dolor y alegría,
que proceden de vuestra tierra.
Hay una constante corriente
de la conciencia del propio anhelo
por salir de vuestra tierra,
y una constante corriente sanadora
que se dirige a ella.
Hay una comunicación constante
que yo percibo en forma de ondas de Luz.

Palabras de despedida

Sois Luces.
Estéis donde estéis, hay luz.
Nunca estáis en la oscuridad.
Tan sólo os estáis acercando a la oscuridad.
Nunca estaréis muertos.
Tan sólo estaréis acercándoos a la muerte,
pues cuando se entra en la muerte
se está vivo.

Y es que estáis vivos,


Así pues, cuando os encontréis a vosotros mismos,
estaréis inmensamente á salvo,
pues siempre seréis quienes sois.
En definitiva, cuando volváis al Hogar
para ser recibidos por Dios,
seréis vosotros mismos quienes os deis la bienvenida llenos de amor y comprensión.

GLOSARIO
69
Se requiere casi una sobriedad socarrona a la hora de hablar del mundo en el que vivís, aunque sólo sea para darse cuenta de que lo que
parece estar sólidamente cimentado en una realidad inmutable es, desde una perspectiva expandida, una deliciosa mentira.
Si un concepto es limitado de cualquier forma, la limitación es para identificarlo, para sostenerlo, y así éste puede ser visto. El objeto del
siguiente glosario, por tanto, consiste en intentar que se tambalee la imprecisión de los significados y que éstos no sean tan rígidos, y no
en dar una definición operativa de las palabras. Cualquier ser humano, cualquier conciencia capaz de pronunciar una palabra y de
aplicarle un significado, debe tener presente dónde están los límites y dónde el núcleo esencial de una definición. Toda alma tiene la
obligación de elaborar su propio glosario personal e interior.
Jugad con este glosario. Agitad después el cubilete de vuestro glosario particular y voladlo de vez en cuando. Entonces descubriréis que
habéis llegado al sitio al que pretendíais llegar. Es cuestión de definición... vuestra.
Alma, espíritu, conciencia: estos tres vocablos podrían ser considerados como sinónimos. Tal como yo los uso, todo ser es una
conciencia eterna, alojada en lo que la humanidad llama un alma, que, naturalmente, es el reino del espíritu: Su absoluta definición es
imposible.
Amor: en el instante en que se le define, el amor pierde su poder. Si uno define al amor por sus acciones, uno desplaza el amor. Uno
sabe lo que es el amor cuando vive sin él. Uno se da cuenta de lo que es amor, cuando uno lo ha perdido. Uno pierde el amor al perderse
a sí mismo. Uno puede encontrar el amor encontrándose a sí mismo, o incluso buscando el propio Yo.
Antimateria: ir más allá de las gafas de ver. Alcanzar el extremo más remoto posible de la negación de cuanto existe aquí y que, a pesar
de todo, sigue existiendo aquí.
Belleza: palabra cuyo significado debe poder aplicarse a lo inesperado.
Comunidad: este concepto debería traspasar los muros, las calles, las casas y las fronteras nacionales.
Crecimiento: voluntad de cambiar, aprender, tener experiencias, expandirse, festejar las cosas, disfrutarlas, venerarlas y, en último
término, rendirse. El crecimiento es algo más que el crecimiento físico o el aprendizaje emocional. Es estar dispuesto a explorar la propia
realidad interior, especialmente sus zonas oscuras. Preguntaos qué es lo que os gustaría llegar a ser. Eso es el crecimiento.
Cuerpo: el cuerpo es un cascarón elaborado por vuestra conciencia con objeto de encerrar en él al espíritu para llevar a cabo las tareas
por él emprendidas en una determinada vida.
Enseñanza: no se trata del arte didáctico, sino de un sentido del ser. Y esta forma de ser requiere tener en cuenta su propia expansión.
Eternidad: la palabra «eternidad» podría soportar un poco más de expansión.
Espacio: el espacio y el tiempo se encuentran en el punto en el que la conciencia se halla preparada para renunciar a
si misma.
Gracia: la gracia es el producto de la Conciencia de Dios. Es el amor eterno. Todo es Gracia.
Hermoso: se trata de un vocablo cuyo significado requiere que se le permita fluir hacia lo inesperado.
Humanidad: el ser humano no es una armadura pesada y rígida, sino una realidad porosa y flexible.
Humildad: ser humano y permanecer en el estado propio del hombre con plena conciencia, abierta y voluntariamente.
Ilusión: toda realidad que no es pura Luz y Conciencia es ilusión.
Karma: el argumento de vuestro viaje a lo largo de esta vida en concreto.
Materia: la materia es conciencia, o ciarse cuenta de.
El Mundo: situación de aprendizaje, a menudo reflejo de una lucha.
Pensamiento: función vital en la realidad humana, según la experimentáis mientras estáis dentro de un cuerpo humano. Cuando os
encontráis libres de un uso tan limitado del pensamiento, éste se convierte en expresión interna de los modelos de todo vuestro ser.
Relaciones: búsqueda de un hogar por parte del corazón. La búsqueda anhelante de un lugar en el que estar.
Simbología: tomar una cosa y condensarla. El lenguaje constituye el ejemplo más evidente de simbología. En la comunicación se produce
un gran número de deficiencias, más que aciertos.
Símbolos: todo lo que hay en la existencia humana. El símbolo se convierte en antítesis de sí mismo en el instante en que queda
congelado por vuestra conceptualización.
Tiempo: se trata de un molde, una forma. El tiempo es un lugar de descanso. Cuando la conciencia no puede aguantar la realidad infinita,
se aferra al tiempo. La esencia del tiempo, por tanto, es la conciencia. Tiempo es ser. Es simultáneamente la realidad más diminuta y la
más expandida, y su momento es la eternidad.
Unicidad: la Unicidad es la expansión, y en dicha expansión yo soy tú, tú eres yo y ambos somos amor.
Verdad: la Verdad es. Nadie tiene una verdad magistral. Cada uno o cada una la expresa a su modo.
Vida: la vida está hecha para crecer. No tiene ninguna otra finalidad.

Una muestra de paz y libertad absolutas (Ejercicios espirituales de Emmanuel)

70
Maneras y medios de expandirse
Estos ejercicios deben practicarse según las capacidades en el momento en el que recurras a ellos. En principio, la lucha más ardua es
justamente la que consiste en sentarse y reconocer que un momento de silencio puede ser beneficioso. Entonces podrás pasar a zonas
más profundas o seguir otras direcciones como, por ejemplo, practicar el amor propio o una meditación específica destinada a descubrir la
eternidad del Yo que te habita.
Sentado ya y firmemente decidido a liberarte del juicio que tienes acerca de ti mismo, a trascender el miedo y descubrir la torre de la
Unicidad que hay dentro de cada ser humano, el siguiente1 paso consiste en adoptar la práctica que sea, no importa cuál. Adopta
cualquier forma que se preste a tus necesidades. No hay obstáculo mayor para lo que constituye el fin de la meditación que la rigidez o la
insistencia en un aspecto determinado. Estos ejercicios son abiertos, por lo que puedes ir cogiendo cosas de aquí y de allá, siempre que
así le plazca al espíritu.
El propósito de estos ejercicios es personal e individual. La finalidad última es, naturalmente, ser libres para elevarse por encima de los
límites de la experiencia humana y probar, por un instante, el sabor que tienen la libertad y la paz absolutas.
Empecemos, pues. El autor de estos ejercicios no soy yo. Han sido ideados y formulados a lo largo de los siglos por muchísimos espíritus,
seres de Luz, físicos unos y no físicos otros. Os los ofrezco como lo que son.
Los que los hayan empleado sabrán ensalzar sus virtudes de cara al desarrollo de la personalidad, así como el placer que tales prácticas
nos procuran al dirigirnos hacia la introspección y el descubrimiento de uno mismo.

1. Cómo amarte a ti mismo y a los demás


Para empezar la práctica del amor, convendría partir de uno mismo. Después de hacerlo, compartir las cosas con los demás será corrió el
suave fluir, como el beso de la primavera. Permite, pues, que te lo presente como un pequeño deber.
Plántate delante del espejo, tú solo, con papel y lápiz a mano. Traza una línea de arriba abajo en la hoja. En la mitad izquierda de ella
escribe: «Esto es lo que admito de mí». Fíjate que no he dicho «lo que amo». En la otra parte escribe: «Esto es lo que no admito de mí». A
continuación, mantén una discusión honesta y abierta con la imagen que ves en el espejo. Contémplate a ti mismo desde los diversos
niveles de realidad, desde el más alto hasta el más bajo, desde el más maduro al más inmaduro, desde el más amable al más duro, desde
el más tierno al más feroz. Permítete sentir amor, compasión, odio, rabia, celos y sacrificio. Empieza por tomar nota del modo en que
juzgas tus propios juicios, del modo en que desconfías de tu amabilidad, del modo en que te enorgulleces de tu forma de criticarte a ti
mismo. Nada de esto debe hacerse con demasiada severidad. No, no. ¡Basta, basta! Pero no pierdas de vista la verdad. La vergüenza
(que sientes al amarte de veras a ti mismo es terrible. ¡Has venido para aprender a amar! No puedes amar a otro más de lo que te amas a
ti mismo. No puedes amar a Dios más de lo que amas a otro. Mantén un diálogo contigo mismo en el espejo durante por lo menos diez
minutos o más si así lo prefieres (puedes pasarte horas, si ése es tu gusto), pero por lo menos durante diez minuto. Después, cierra los
ojos y contémplate cómo bañada en la radiante luz del amor. Acéptalo. Déjala penetrar por tus poros. Te bañarás en el amor cada minuto
de bada día pues tú eres amor.
2. Cómo sintonizar con el propósito de tu vida.
Tómate un instante di cada hora del día "y pregúntate: «¿Qué quiero yo ahora?» «¿Qué decisiones estoy tomando en este momento?»
«¿Quién soy ahora?» «¿Qué estoy haciendo ahora?» Este ejercicio fijará la atención en tu conciencia interior. Supone una manera de
afinar la sintonía con tu verdadera esencia, que abrirá el abanico de tu libertad de elección en 60 grados.
3. Cómo tratar el miedo.
Centrando la atención sobre la «dificultad» de la que el miedo se ha hecho dueño. Experimentando la tranquilidad se consigue el equilibrio
para moverse a través del miedo. Empieza pues, imaginando lo que sería vivir sin miedo. Comienza por imaginarte a ti mismo mientras
caminas por una calle normal. Pasas de una manzana a otra y te das cuenta de cuan a menudo aparece el miedo. El miedo puede
identificarse no sólo como terror, sino como resistencia, limitación, vacilación, cansancio o desconfianza.
A continuación, imagínate alguna acción sencillísima realizada completamente sin miedo (luego te enfrentarás con las complicadas). Hazlo
cinco minutos cada día.
4. Cómo reponerte.
Entra en tu yo interior, en tu «personalidad». Descubre ese yo y aspíralo por un instante. Pregúntale a ese yo qué es lo que le está
fatigando en ese preciso instante. «¿Qué te gustaría estar haciendo ahora? ¿Dónde estás? ¿Qué te estás negando?» (Los cuerpos
humanos no precisan tanto descanso como te imaginas. Lo que necesitan es liberarse. Lo que necesitan es permiso para expresarse. Lo
que necesitan es dejar fluir libremente su pasión.) Noventa y nueve veces de cada cien que estás cansado, la fatiga no es consecuencia lo
que has hecho sino el no haber hecho lo que querías. Plantéale estas preguntas a tu yo. Y la próxima vez, si tienes la posibilidad de hacer
lo que te gustaría sin causar ningún daño, ¡hazlo! No es que seas indulgente contigo mismo, como te dijeron, ¡es que te respetas a ti
mismo!

5. Conocerte a ti mismo.

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Penetra en tu silencio. Imagínate entrando en una habitación. No hay nadie más que tú en ella. De repente, al otro lado, te ves a ti mismo
tal como realmente eres, en tu belleza interna. Permítete conocerte a ti mismo, con ternura, con cariño. Entonces, cógete de la mano.
Devuélvete a ti mismo. Quédate cerca de ti durante el resto de tu vida. El ser que acabas de conocer esperaba únicamente que te fijaras
en él desde siempre. Y una vez que te hayas fijado bien, una vez que te hayas enterado de quién eres (y precisarás muchos ejercicios
como éste; te insto á realizarlos al menos una vez al día), empezarás a darte cuenta de lo poco que importa lo que piensen los demás.
¿Verdad que esto te libera?
6. Volver a percibirte.
Durante diez minutos al día contémplate como si verdaderamente fueras un ser divino con la deliciosa tarea de esparcir la Luz estés
donde estés. ¡Contémplate a ti mismo como si fueras derramando amor y alegría sin ninguna vergüenza, como si sonrieras, como si
creyeras en la paz, en el gozo y en la ausencia de dolor. Inténtalo. Descubrirás que se trata de la cosa más contagiosa que hayas sentido
nunca.
7. Descubrir cuál es tu tarea en la vida.
¿Qué es lo que haces mejor? ¿Qué es lo que te da la mayor sensación de plenitud? ¡En eso consiste tu tarea! El corazón no sólo habla a
través de la oración y la meditación, sino también a través del deseo, del simple y puro deseo humano.
8. Modo de despertar los recuerdos de vidas «anteriores».
Para conseguirlo, busca a la persona que más quieras y, cuando estéis en un momento de mutua confianza, sentaos cómodamente uno
frente a otro. Juntar vuestras manos y cerrad los ojos, sin pronunciar ni una sola palabra, dejad que se produzca la visión. No se deben
forzar las cosas. Confía en la realidad superior. Es mucho más sabia y creativa que tu mente conciente. Después, al cabo de algún tiempo,
comparte la visión. Estoy seguro de que te proporcionará una sorpresa la verificación de las experiencias pasadas que habéis tenido
juntos.
9. La expansión del ser.
Cierra los ojos. Concéntrate en el dedo índice de tu mano derecha. Nota bien su dimensión, lo conoces muy bien, sabes cuál es su
tamaño, su forma, qué sensaciones tiene. Expande entonces tu conciencia de ese dedo tan lejos como puedas, con toda la comodidad de
la que seas capaz, sintiendo siempre que «sí, ése es tu dedo». Expande entonces tu dedo más allá de esa sensación tan familiar para ti.
Te das cuenta de que el yo llena también ese espacio y elimina los límites de lo conocido sin perderse a sí mismo. ¡Eso es todo!, todo
consiste en eliminar los límites sin perder el yo, accediendo hasta el Yo Superior, estando dispuesto a trascender lo conocido y entrar en lo
desconocido, que súbitamente se hace conocido una vez que has penetrado en su interior.
10. Maneras de eliminar tus barreras físicas.
Cierra los ojos e imagina el contorno de tu cuerpo físico, como si hubiera sido pintado con un lápiz de punta muy gruesa. Confirma la
forma de tu cuerpo. Después de dibujar de ese modo habrás identificado claramente la estructura de tu ego. Imagínate entonces un
enorme" borrador y deja que vaya borrando las línea de tu cuerpo físico (algunas partes necesitarán que te apliques con más tenacidad
que otras, y esta información podrá serte de utilidad para ulteriores investigaciones en torno a tu personalidad). Cuando llegues al punto
más alto de la cabeza, realiza un trabajo de borrar ese área. Deja que suceda lo que tenga que suceder. ¡Dale tiempo! Permite que la
conciencia del Yo se expanda. Has desafiado a la ilusión de la experiencia física del hombre. Según lo valiente que hayas sido a la hora
de borrarte habrás dejado expandir mucho más allá de la línea de tu identidad física.
11. Permanecer en el presente.
Realmente existe un Ahora Eterno. He aquí un modo de conseguirlo sin esfuerzo (sin esfuerzo porque hay que respirar). Cierra los ojos y
centra tu conciencia en ese movimiento. Ten presente tu respiración. Observa cómo sube y baja la marea de tu aliento. Entonces, aspira el
siguiente instante de tu existencia. Y cuando expires, exhala con el aire todo lo que fue una vez. Vuelve a aspirar hacia el futuro. Y exhala
todo el pasado. Acompaña con plena conciencia tu respiración. Deja que cada suspiro sea una liberación. Que cada inspiración te
conduzca al presente. Eso es todo. Practica este ejercicio durante un rato. Ahora, cuando llegues a la cima de tu inspiración, haz una
pausa por un momento, sin forzarte, dejando que la pausa dure lo que es natural y luego expira. Así, según vayas tocando el espacio que
queda entre inspiración y expiración, detente a descansar en él (de nuevo sin agobios). Y estarás tocando al Ahora Eterno.
Mientras vayas ejercitándote de este modo, descubrirás que el espacio que queda entre inspiración y expiración se va ampliando y va
convirtiéndose en tu morada. No hay futuro. No hay pasado. Sólo ser.

12. Comprobación inmediata.


Durante el día, mientras éste transcurra, anota los momentos en los que
A. paras de amarte
B. crees que no eres digno de amor.

Epílogo

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Trabajar con los puntos de vista propios de Emmanuel, digerirlos y asimilarlos durante un largo período de tiempo (más de cinco años es
lo que ha supuesto componer este libro), ha significado todo un proceso que Emmanuel discutió en el transcurso de una meditación en
compañía de todos los que estábamos implicados en el asunto: Pat, Roland, Ram Dass y yo.
Emmanuel dijo: «Ha sido preciso afinar, diseñar y volver a diseñarlo todo, quitar, poner e ir probándolo todo con objeto no sólo de llevar a
cabo la publicación del libro, sino de cumplir los objetivos más íntimos de cada uno de vosotros, incluida la validez de vuestras
contribuciones y, por supuesto, la verdad de todo esto. A medida que ibais trabajando, mis queridos amigos, dulces seres de una Luz
olvidada, fuisteis encontrando en las palabras, en las frases y en el interior de los propios conceptos, el valor necesario para creer de
nuevo en muchas cosas que considerabais ya olvidadas. La primera vez que las oísteis, pensasteis que no ibais a ser capaces de confiar
en ellas.
Ninguno de vosotros sois ajenos a la más alta aspiración. Una y otra vez habéis venido llenos de determinación para ascender a la
montaña definitiva. Pero en cada ocasión que se produjo un desvío, que se realizó un alto, hizo su aparición el miedo. Miedo a olvidar
«quién» sois y «qué» habíais venido a realizar.
Ahora que el «qué» ha sido reconocido, el «quién» no tiene la menor importancia. Por mucho que de todos sea sabido, hay que repetirlo,
como casi todas las cosas, pues la memoria del hombre es muy frágil. Por más que esté decidido a llevar a cabo una cosa que sabe
positivamente que es verdad, la obnubilación de la memoria no es en realidad sino una parte más del proceso de experimentación del
hombre. A lo largo de este trabajo, se ha dado una y otra vez la oportunidad de abrir las puertas a lo que había sido olvidado.
Dejemos, pues, libre a la memoria y permitámosle fluir. No hay por qué aferrarse a nada. No hace falta recordar nada, sino tan sólo ser, y
para ello se necesita una fe absoluta. Pues en el acto de ser nada está bajo control. No hay más que la «es»-encia, que constituye la
absoluta seguridad de Dios.
En efecto, mientras hemos estado trabajando en el «qué» con este libro, se nos ha recordado en todo momento que trataba de algo
enteramente verdadero. Se nos imbuyó una y otra vez del valor necesario para creer de nuevo en todas aquellas cosas que habíamos
olvidado. La repetición ha hecho que se desvanezcan en mí muchos de los temores que habían impedido fluir la experiencia.
Os exhorto, pues, a utilizar una y otra vez este libro, a trabajar con él, a abrir las puertas una y otra vez, y a dejar que Emmanuel os
conduzca hacia el reconocimiento cada vez más preciso de vuestra salvación eterna.
La gratitud que siento hacia Emmanuel no puede ser más profunda, y le doy las gracias desde el fondo de mi corazón.

Judith STANTON

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