Trivium IV
Trivium IV
2000 ejemplares
Jugamos
Libro de difusión interna
Coplas y poesías
Respuesta^ de
adivinanzas
G R A M Á T IC A , D IA L É C T IC A Y RETÓ R IC A PARA CUARTO GRADO
Trivium IV
Bienvenidos a 4° grado
resulten más útiles y eficaces. Nadie ama lo que no conoce. Este es un prim er
paso para entrar en el conocimiento de la
patria.
Y como siempre, hay mucha poesía
y canción. En lo posible, de los autores de
cada región. Este año estudiaremos un
poquito más acerca de la poesía, el texto
lírico. Será algo más que un primer placer el que nos brinda. Conociendo más
acerca de ella podremos entender mejor y, por lo tanto, gozar mucho más.
1
Incorporamos, también, algunos pintores argentinos. Sus obras son textos que
deben ser leídos e interpretados en un contexto social y
cultural muy particular como es el argentino.
La historia este año no girará en torno a las
efemérides, sino que la presentaremos de modo autónomo,
siguiendo la línea del tiempo. Estos textos también servirán
para empezar a aprender y practicar la
metodología del estudio.
Los textos son todos de
autores argentinos. Tal como fueron escritos. Esto
trae en algunos casos una pequeña dificultad, ya que
el modo de puntuación, por ejemplo, y algunas
expresiones, no son tan frecuentes en el lenguaje
cotidiano actual. Pero son textos que merecen ser
conocidos, ya que representan una im portante riqueza.
Conviene entonces, comenzar a frecuentarlos.
Espero, una vez más, que padres, maestros y estudiantes de cuarto
grado disfruten de este trabajo. Espero que sirva para aprender a crecer juntos,
como los hijos bajo el techo de la casa. Espero que, al mirar a sus costados, los
chicos encuentren la Patria en las tradiciones, en el folclore, en los paisajes, en
el hermano que parece distinto, pero tiene un corazón común. Espero que
todos podamos aprender a levantar la mirada, porque allí encontraremos esa
fuerza que una vez nos hizo falta.
¡Feliz y fructífero cuarto grado!
Graciela
graherlam@gmail.com
LaPatria
3
Lectura l
Nuestra Patria
4
L
Para conversar:
o
P a P ia
6
adivinanzas
E n el cie lo las estrellas
en el cam po las espinas
a lo larg o de estos versos
las p ro vin cia s argentinas.
A ver quién las a d ivin a .
T ie ne fo rm a de p ro v in c ia
que se escapa a cada ra to
si es p o r ir a la Q uebrada
le basta y sobra u n zapato.
E n el m apa de A rg e n tin a :
¿Cuál es la p ro v in c ia
que nunca cam ina?
A y u d ita :
M u ch o s la lla m a n “ la lin d a ”
cielos lim p io s , cerros altos,
su nom bre es á g il y b rin d a
ganas de pegar saltos.
U n a p ro v in c ia p ro vista
de h is to ria y bellezas gratas
luce siem pre buena vista
aunque tien e cataratas.
Es m e n tira y es verdad:
¿Qué p ro v in c ia no se enchufa
y lle va electricidad?
Parece un a le tra pe
pe de pu erto , pe de pez,
pe de po rteñ a, nada pequeña,
pe de panzona, ta l vez.
P or su tam año to ta l
es la m ayor, sin bravata:
en su ric a cap ital
tien e m ucha, m ucha pla ta.
E l gaucho
8
Los gauchos de Güemes,
p o r e je m p lo , fu e ro n
valientes defensores de
nuestras fronteras. Los
generales argentinos los
buscaban, especialmente
porque conocían como
nadie el terreno y sus
atajos. Eran insuperables
como baqueanos y
chasques también.
C on el tie m p o
muchos de ellos se han
hecho agricultores. Poco a
poco han sido dueños de
sus tierras. Sus hijos han
emigrado a las ciudades a
estudiar y luego, aunque añoran su terruño, no han vuelto a él. E l gaucho queda
en nuestros campos como símbolo de nuestras raíces.
Para conversar:
1. ¿Quién es el gaucho?
2. ¿Cuáles son las necesidades del gaucho?
3. ¿Qué sentidos tiene más desarrollados? ¿Cómo,
utiliza?
4. ¿Qué trabajos hace el gaucho?/ ?
5. ¿Qué relación tiene el gaucho ám l i mpsica?1
6. ¿Qué son las payadas? /
7. ¿Cómo actuaron en las luchas por la Independencia? <T>
8. ¿En qué cambia la vida del gaucho cuando se hace agri
9. ¿Por qué hoy hay en nuestra Patria pocos gauchos?
10. ¿Por qué es un símbolo de la Argentina?
himno del payador
10
¡Ah! Si es m i voz impotente
para arrojar, con vosotros,
nuestra lanza y nuestros potros
por el vasto continente;
si jamás independiente
veo el suelo en que he cantado,
y-
no me entierren en sagrado
donde una cruz me recuerde,
entiérrenme en campo verde
donde me pise el ganado!”
el Obligado 0
entino resentí85 i
rendoza, en 1920
Lapalabra
11
Las v e s tim e n ta s d e l g a u c h o
Las c o m id a s y c o s tu m b re s
Usaban el cabello largo, sus rostros fueron curtidos por el viento. El sol
se los fue oscureciendo.
Vivían en casa de adobe con
techo de paja llamada rancho.
Como puerta ponían un trozo
grande de cuero.
Se iban a le ja n d o de los
centros poblados en busca de los
caballos salvajes, cimarrones, que
vivían dispersos en el campo. Así
com enzaron a v iv ir esa vid a
s o lita ria y lib re . Su c o m id a
siempre era a base de carne asada.
‘L a fa m ilia del gaucho" Lápiz sobre papel. Carlos M orel. Bs. As. ¡813-1894 ^ m a t e IOS a c o m p a ñ a b a e n t o d o
momento y a toda hora.
La diversión principal era la reunión en la pulpería, donde se reunían a
cantar, tocar la guitarra, comer y charlar.
A llí también jugaban a los naipes y se pasaban las novedades. Así, cuando
se escribió el Martín Fierro, se reunían y alguno que sabía leer les recitaba los
versos.
El pulpero atendía a sus clientes detrás de una fuerte reja. La pulpería
también era un almacén general. En la parte de adelante había como un gran
patio, especie de cancha, en donde hacían algunas carreras o jineteadas,
bailaban algún malambo, o jugaban a la taba y más tarde a las bochas.
E l M a rtín F ie rro y su a u to r
Canto X III
[...]
•H
Y aunque a las aves le d io ^ -l
con otras cosas que in o ro ,
esos p iq u ito s com o orol
y u n p lum aje com o ta b la \
le d io al hom bre más tesoro
[ darle una lengua que habla.
14
Este personaje enseguida llama mucho la atención al joven José, que
lo m ira curiosamente y siempre que puede lo sigue a donde vaya.
Le atrae su mentalidad, su lenguaje y su cultura. Y aunque ve en él un
hombre sin estudios, revela que sabe mucho, ha aprendido de la naturaleza.
Habla entre mate y mate saboreando su decir. Así José descubre su alma. A
veces, melancólica y triste.
Se compenetra el joven Hernández con los problemas del gaucho.
Lo acompaña en sus andanzas: jinetea con ellos, participa en las
campañas para rechazar malones de indios que saquean lo que encuentran a su
paso, llevándose cautivas a las mujeres y niños.
También acompaña a su padre que
hace trabajos rudos de campo, que él
m ism o , desde la c iu d a d , no te n ía
conciencia de que existían, n i de su
necesidad.
Todo esto queda acopiado en su
alma, junto a una vasta cultura clásica, que
él mismo se ha forjado con sus permanentes
lecturas.
Vive después en distintas ciudades y
ejerce trabajos diversos: ta q u íg ra fo ,
soldado, comerciante, diputado y senador;
pero, sobre todo, periodista. Funda varios
periódicos. En ellos siempre se rebela
contra la incomprensión y la injusticia que
sufre la gente de campo.
A sus treinta y siete años el gobierno
le cierra su diario: El Río delaPlata. No tiene nada que hacer. Se encierra en
una habitación de un hotel cuyos balcones daban a lo que es hoy la plaza de
Mayo y escribe, velozmente, lo que tiene en su mente: ElMartínFierro.
En 1872 se publica el Martín Fierro. Una epopeya, para Lugones. Con
alegría esta obra es recibida en el campo. Se lee especialmente en ronda, en voz
alta. Pocos saben leer por eso se reúnen alrededor de quien lo puede hacer.
Lógicamente, cuando se termina, quieren todos un poco más. Quieren
saber cómo termina esta historia. Por eso José Hernández escribe La vueltadel
MartínFierro.
E l Martín Fierroha sido traducido a muchísimos idiomas, incluso hay
una versión en latín. Es una obra que representa a la Argentina en todo el
mundo. En ella se ve cómo se enraíza la cultura argentina en la tradición
hispánica: su concepto de la religión, de la fam ilia, de la mujer, de la amistad,
de la justicia.
poema narrativo heroico? Esta palabra
proviene a“ griego epos, que significa
palabra, verso y poieo, que significa hacer.
-T^XTi (¿I
Lectura 4
16
donde paraba la caravana para hacer
descansar los bueyes, cambiar los
caballos y reponer fuerzas.
U n h a c e n d a d o de
Sumampa, en Santiago del
Estero, había encargado una
imagen de la Inm aculada
Concepción a un amigo suyo
de Brasil. Éste le envía dos
im ágenes, que lle g a n al
puerto de Buenos Aires. A llí
son acomodadas en sendos
cajoncitos en una carreta,
para hacer la travesía hasta
Santiago del Estero.
C ie rto día, a l in te n ta r
continuar con la marcha, una de las
carretas no puede ser movida. Lo primero
que piensan es que hay exceso de peso.
Comienzan a bajar los bultos, pero los bueyes tampoco se mueven. Hasta que
bajan uno de los pequeñitos, que porta una de las imágenes de María, y la
carreta se mueve. Lo vuelven a poner y los bueyes
se detienen. Varias veces hacen lo mismo.
Con idénticos resultados. Entonces
abren el misterioso cajoncito y
e n cu e n tra n a llí una b e lla
imagen de M aría Santísima
con sus manos unidas en el
pecho.
D e cid e n entonces,
para poder co ntin ua r la
marcha, dejar a la pequeña
estatua en la casa de Don
Rosendo, que estaba muy
r
cerquita. Este y su fam ilia la
reciben con mucha devoción, le
hacen un altarcito y le encargan al
Negrito M í nuel que la cuide. Desde
ese día, y hasta su ancianidad,
Manuel se ocupa de M aría, de ponerle flores,
cuidar su vestido. Habla de ella con amor. Le dice “ la Señora” , y “ m i Am a” .
17
Surge así el primer oratorio, en casa
de don Rosendo. Más tarde la imagen fue
llevada a lo que es hoy la ciudad de
L u já n , que nace precisam ente,
gracias a la presencia de María,
alrededor de la primera capilla.
Con el paso del tiempo se erige la
actual Basílica, centro de la
piedad de todos los argentinos. Y,
en el año 1930, en el tricentenario
del milagro, es declarada Patrona
de la República Argentina, de
Paraguay y de Uruguay, por el papa
Pío X I.
L A V IR G E N D E LU JÁ N
Patrona de la República Argentina
18
Para conversar:
Cielito
a fá r ¿S'a&fiXgque? g
Todos los años van millones de personas, argentinas y del
mundo entero, en peregrinación al santuario de la Virgen de
Luján.
/ y
ty / //#■" íé
Buenos Aires
Paraconversar:
Alfredo R. Búfano
%
Nació y murió en San Rafael, Mendoza r~
** r-
¿SaGias que?
Nuestra Señora del Buen Aire es la patrona de los navegantes.
Es la Madonna di Bonaria, de Italia. Por eso Pedro de s
Mendoza le tenía mucha devoción y la trae a estas tierras.
Luego los Padres Mercedarios se encargaron de la Basílica en
su honor, hoy edificada en la Capital Federal en el barrio de
Caballito.
23
E s ta b a t r is t e
24
Para conversar:
¿SaOías que?
El hospital de Niños de la Ciudad de Bueno
llama Ricardo Gutiérrez porque él
¿Saóías que?
cardo Gutiérrez también fue un excelente
poeta.
Raúl Soldi es un
pintor nacido en Buenos
Aires, en 1905. Su papá era
músico y tocaba el
violoncello. Raúl iba muchas
veces a los ensayos. Si
miramos sus cuadros, en
varios de ellos vamos a ver el
violoncello. También a él le
gustaba mucho la música.
"A legoría de la m úsica, e l canto y e l b a ile "(1965) de R a ú l S oldi.
Es un óleo sobre lienzo fija d o a los m uros de la cúpula.
Cuando niño, a los seis años, hizo un teatro de títeres, en el que manejaba
él mismo los muñecos y escribía las historias. Y le encantaba reproducir las
obras del pintor Quinquela Martín. A los dieciocho años visitó Venecia, en
Italia. Ahí se dio cuenta de que su vocación era ser pintor. Y trabajó con
diferentes estilos. Pintó una Iglesia entera en un pueblo de la provincia de
Buenos Aires, Glew. En este lugar conoció un circo y pintó muchos cuadros
con esta temática. Unió sus dos pasiones, la música y el teatro, y pintó la cúpula
del Teatro Colón de Buenos Aires. Falleció en 1994.
Lectura 7
D o n S e g u n d o S o m b ra
El pecho era vasto. Las coyunturas huesudas como las de un potro, los
pies cortos con un empeine a lo galleta, las manos gruesas y cuerudas como
cascarón de peludo. Su tez era aindiada, sus ojos ligeramente levantados hacia
las sienes y pequeños. Para conversar mejor se había echado atrás el chambergo
de ala escasa, descubriendo un flequillo cortado como crin a la altura de las
cejas.
26
Su indumentaria era de gaucho pobre. Un simple chambergo rodeaba
su cintura. La blusa corta se levantaba un poco sobre un cabo de “ güeso” ,
del cual pendía el rebenque tosco y ennegrecido por el uso. E l chiripá era
largo, talar, y un simple pañuelo negro se anudaba en torno a su cuello, con
las puntas divididas sobre el hombro. Las alpargatas tenían sobre el empeine
un tajo para contener el pie carnudo.
Ricardo Güiraldes,
Nació en Buenos Aires y falleció en París
1886-1927
La pampa le dé un regazo
tibio de hospitalidad
y, de los vientos al paso,
un solemne bordonazo
estalle en la inmensidad.
Belisario Roldan
Nació en Buenos Aires y m urió en A lta
G racia, Córdoba
28
Para hacerse baqueano, hay que; e.una
¿Sabias que?
San A ntonio de Areco es la capital de la
tradición y allí se conserva W
la pulpería de La Blanqueada,
escenario importante en la novela Don
Segundo Sombra.
¿Saúíag que?
E l om bú es el árbol más em blem ático de nuestra patria,
especialmente de la región pampeana.
E n realidad es una hierba gigante que da una hermosa sombra.
Gauchos y viajeros lo prefieren siempre para descansar bajo su
sombra.
Es el árbol de los niños porque es fá cil de trepar y es el más
nom brado por la lite ra tu ra nacional.
'A lto en el campo ” 1861 Óleo Sobre tela 75,5 x 166,5 cm. Museo N acional de Bellas Artes
El regalo
32
La estanciaeram odesta, y noteníamásquedospnestos. En el primero,
el señorArecoencontróungauchoquevivíaytrabajabaallí consumujer.
El dueño observó la pobreza del puesto. Luego siguió viaje hasta el
segundo. Todo allí era muy pobre, porque los tiempos eran malos, y apenas
ganaban los _
__ puesterosparavivir.
Cuatro gauchitos casi desnudos salieron asu
encuentro, al llegar. Eran los hijos del
puestero. El mayortendríaunosquince
añosyelmenornueve.
Conversó un rato el señor Areco
conelpuestero.
-Q ué m a lo s tie m p o s, p a tró n - le d ijo
e l p o b re p a isa n o - n o te n g o n i c o n
qué v e s tir a to d o s esos h ijo s ...
E l se ñ o r A re c o s a lió d e l ra n c h o d e l
p u e s te ro , u n p o c o e n tris te c id o a n te
a q u e lla m is e ria . E o s g a u c h ito s c a s i
d e s n u d o s lo ro d e a ro n .
-Les quiero hacer u n regalo a cada u n o , -
d ijo - ¿qué quisieras tú? - le preguntó a l m ay or c ito .
-U n a g u ita rra , p a tró n - contestó el g a u ch ito , sin va cila r.
-U n p o n ch o , p a tró n - re sp o n d ió o tro .
E l te rce ro p id ió un a d a g u ita .
E l más pequeño se escondía detrás de
hermanos. Lo vio Areco y lo llamó.
-¿Tú no quieres nada?
E l gauchito de nueve años lo m iró
con tim idez.
-¿Quieres, una g u ita rra , un
p o n ch o , u n a d a g u ita , co m o tu
hermanos?- le preguntó el señor Areco.
-No, señor...
-¿Pero qué quieres? Pide, que si
puedo, te lo daré... E l niño callaba,
jugando con los flecos de su camisa
deshilacliada.
-¿Quieres alguna cosa?
Pero el p e q u e ñ o callaba
obstinadamente. Sus hermanos reían, al verle
confuso, ruborizado, agitando nerviosamente los pies
descalzos y las manecitas sucias.
M uy serio, sin sonreírse, como si estuviera hablando con un hombre, el
nuevo patrón de la estancia se aproximó al chico.
-Ven, dime qué es lo que quieres... N o tengas miedo- agregó el señor
Areco, acariciándole la cabecita desgreñada.
El pequeño entonces se acercó, y murmuró con voz temblorosa:
-Patrón, yo quiero aprender a leer...
A l oír estas palabras, los hermanos mayores volvieron a reír.
-No quiere ser gaucho- dijo uno, encogiéndose de hombros.
-Quiere ser pueblero- exclamó otro, con acento desdeñoso.
El patrón seguía muy serio. Pero sus ojos se humedecieron. El paisanito
descalzo se le había entrado en el corazón.
El gauchito rubio aprendió a leer. Vive todavía. El señor Areco, que
nunca tuvo hijos, lo adoptó, y al morir le dejó la estancia, y otras que fundó en el
Sur de la provincia.
Hoy, el gauchito es uno de los más grandes estancieros de la provincia de
Buenos Aires.
Kj>HPara conversar:
o
1. ¿Quién heredó la estancia?
2. ¿Para qué Francisco Areco fue yi ver al escril
3. ¿A dónde partió después de realizar el trámi
4. ¿Iba muy abrigado el señor A^eco 1 ¿Por qué
5. ¿Qué hizo al llegar al campo^ / ' \ v
6. ¿Cómo era la estancia? ¿Quiénes yfvsíañ allí? ¿Con quiénes
conversó? * i ti <^>
7. ¿Quiénes eran los cuatro gauchitos?
8. ¿Qué les ofrece el nuevo patrón?
9. ¿Qué pidieron los chicos?
10. ¿Cuántos años tiene el menor de tofios?
11. ¿Qué tipo de niño es? ¿Qué pide?
12. ¿Cuál de los chicos recibió más? ¿Por qué?
Baile típ ico de la pampa de Buenos A ires:
La Zamba
Se bailó en el siglo pasado en todas las provincias argentinas.
Es uno de los bailes más populares ju n to con la chacarera.
D o n A ndrés Chazarreta
fue uno de los investigadores más im portantes de nuestro folklore,
que recopiló del pueblo algunas letras que publicó en 1906.
Canta tu canción,
que la vida es triste,
si no la vivimos con una ilusión.
Jorge Chagra
Gtmtempqrcuiko. tMició en Jujuy
♦ Las
ganado y
L a afeefa y el perro
La Abeja, que andaba zum bando entre las flores del jardín, se posaba
ora en una corola, ora en otra, para lib a r el néctar. Entonces descubrió al Perro
que husmeaba la tierra, meneando gozosamente el rabo.
-¡Vete de acá! -g ritó colérica la Abeja-, ¿Qué tienes que hacer en el
jardín? Las flores me pertenecen y necesito llenar m is panales. N o me molestes
y vete.
-¡Vamos! ¡Vam os¡-respondió pacíficam ente el Perro-, Estás de m al
hum or y po r eso te ofuscas. Bien ves que en nada
puedo m olestarte. M e gusta oler la tie rra y
a veces revolearm e en ella. Pero, ¿qué
m al hago con eso? N i te puedo
m olestar a ti n i m altrato las flores.
Sigue tu labor y déjame en paz.
-Te he d ic h o que no
quiero verte cerca de m í. De lo
contrario te arrepentirías.
E l Perro, que no tenía
deseos de cam orra, se contentó
c o n a le ja rs e . P e ro a l ra to ,
olvidado del incidente, retornó sin
m alicia alguna y se puso a cavar la
tie rra con v e rtig in o s o entusiasm o.
H abía percibido el
apetitoso olor de un hueso enterrado allí, sabe Dios por
quién.
-Con que ésas tenemos -m urm uró la Abeja-.
Yo te enseñaré con lo acerado de mi aguijón que
m i venganza es terrible.
Y con feroz ímpetu fue y le clavó al
Perro su aguijón, causándole un atroz dolor.
-¡Para que aprendas! -gritó, mientras
el Perro se alejaba dando lastimeros aullidos.
Pero al satisfacer su venganza, la Abeja
había dejado en el cuerpo de su enemigo el
aguijón con que libaba en las flores, labrando su
propia desgracia. Su rencor quedaba satisfecho,
pero ahora sólo le quedaba esperar resignadamente
la muerte que la rondaba en su inutilidad.
Para conversar:
H u nd id o en horizontes
soy polvareda que al viento va.
Zam ba, ya no me dejes
yo sin tu canto no vivo más.
Para conversar:
o
I .¿Qué dice el autor de estos setóita balcones?
2. ¿Por qué se extraña? ¿Qué se'pregunta?
3. ¿Qué reflejan las flores pa7ra el poeta?
40
¿SaÚias que?
* L a palabra enojo viene del la tín inodiar, odio, y significaba “ lo que inspira
asco u horror.”
* La palabra ofuscar significa oscurecer y hacer sombra.
* E l poeta Baldom ero Fernández M oreno fue un excelente m édico rural.
R e fra n e s p a ra p e n s a r, r e fle x io n a r y
c o m e n ta r
• N o hay hediondo que se huela.
• Todo m entiroso es cobarde y se le debe rehuir.
► Entre la am istad y la verdad se debe p re fe rir siempre la verdad.
“Puente de La Boca” Benito Quinquela M artin - Óleo sobre lienzo - año 1946
Lectura 11
La casa
42
■
Eduardo M allea,
Nació en Bahía Blanca (Bs. As.) y falleció en Buenos Aires
1903-1982
transitoria? O
7. ¿Qué especies se m antienen siempre vivas?
8. ¿Qué hace el escritor po r la m añana y la tarde? ¿Qué le gusta
observar?
9. ¿Cómo cam bia el ánim o de las personas según las estaciones?
10. Si vivieras en esa casa, ¿qué te gustaría hacer?
Los papagayos y la lechuza
Domingo de Azcuénaga
Nació y m urió en Buenos Aires
1758-1821.
44
Para conversar:
Obligado
) Nació en y falleció
alcanzaron en Mendoza
1851-1920
IPara conversar: ^ P CX—,
• C~ C
1. ¿Cómo hizo su nido el cardenal? r •d
2. ¿Qué le pasó al nido? ¿Qué hizo efave? / f O n a /y
3.¿Qué consejo nos da el autor? ~5) O
b ^
o .
r-» r-1 _J
¿Saúías q
Lectura 12
Córdoba
4
país. Fue fundada po r Jerónim o L u is de Cabrera, gobernador de estas tierras.
D entro de la provincia, la segunda ciudad en im p ortan cia es R ío Cuarto, al sur
de la provincia. E ra la población indígena llam ada Soco-Soco. A llí y en L a
C arlota, estuvieron las últim as
líneas de fortines para defender
a la población de los malones
indígenas.
L a prim era U niversidad de lo
j que es hoy nuestra República
A rgentina es fundada p o r los
je s u íta s en la C iu d a d de
Córdoba en el año 1624. M ás
ta rd e lo s m is m o s je s u íta s
fundan el C olegio de Nuestra
Señora de M on tserrat, com o
B achillerato para varones, que
preparaba para el ingreso a la
U niversidad.
Esta p r o v i n c i a está
atravesada p o r río s: el R ío
P rim e ro (S u q u ía ), Segundo
(X a n a e s ) , Tercero
( C a la m u c h it a ) , C u a r to
(C h o c a n c h a v a ra ) y Q u in to
(Popopis), entre otros. U na de
las riquezas de esta provincia
está dada por los embalses y diques que se han
construido sobre estos ríos, aprovechando la
fuerza de los mismos po r sus desniveles. A sí está sembrada de im portantes
diques: Sobre el Lago San Roque, D ique Los M olinos, la V iña, Piedras M oras,
R io Tercero, C ruz del Eje, entre otros.
El nido ausente
48
Las tres hermanas de m i alm a
novio salen a buscar.
[ L a m ayor dice: yo quiero,
quiero u n rey para reinar.
Esa fue la favorita,
favorita del s u ltá n .,/
Leopoldo Lugones es uno de los literatos más im portantes del país. Nace
el 13 de ju n io de 1874, en V illa de M a ría del R ío Seco, pueblo al norte de la
provincia de Córdoba, casi en el lím ite con Santiago del Estero. Fallece en el
Tigre, provincia de Buenos A ires, el 18 de febrero de 193 8.
E n su adolescencia cursa sus estudios en el colegio N a cio n a l de
M ontserrat. D urante su vida se dedica a m últiples tareas: empleado de correos,
inspector de enseñanza, director de la B iblioteca de M aestros en Buenos A ires.
Pero en todo m om ento escribe: cuentos, poemas, artículos periodísticos,
ensayos. Por encargo del M in is te rio de Educación h izo una investigación sobre
las misiones jesuíticas, y el fotógrafo que lo acompañaba era nada menos que
H oracio Q uiroga. A raíz de esta investigación publica La reforma de la educación.
Tal vez su obra más im portante sea la Guerra Gaucha en donde relata, en form a
de cuentos, acciones de las luchas p o r la independencia conducidas p o r
Güemes.
49
*•
Un pintor orgullo de
Córdoba: Juan
Guillermo Butler
Sacerdote de la orden
d o m in ic a n a , se destaca
internacionalmente por sus
obras religiosas y de paisajes
cordobeses. Sus obras fueron
expuestas en Venecia y, en la
actu alida d, las podemos
a p r e c i a r en el M u s e o
Nacional de Bellas Artes de
B u e n o s A i r e s , en el
“Autorretrato” Guillermo Butler - óleo sobre cartón. Castagnino de Rosario y en
otras ciudades del interior.
Dejó además vitrales en la Catedral de Villa María, en el colegio Anunziata y el
colegio del Salvador de Buenos Aires y en el Convento Santo Domingo de
Córdoba. Fundó la Academia Beato Angelico.
51
El escudo de la provincia de Córdoba
La bandera de Córdoba
mpanas
53
Las campanas se utilizan en las iglesias desde hace muchos siglos para
anunciar las horas, llamar a los fieles para los actos litúrgicos, o anunciar
acontecimientos importantes.
Con el tiempo se fueron adornando. Pero el proceso de fabricación es el
mismo que el utilizado hace miles de años. Es muy trabajoso y lleva tiempo.
Las campanas se distinguen unas de otras por su timbre, altura, intensidad y
duración del sonido que emiten. Generalmente son de bronce hueco, de forma
cónica.
Los españoles trajeron la costumbre y las técnicas de sus lugares de
origen. En Alta Gracia la Compañía de Jesús tenía una importante fundición
de campanas.
La campana más antigua de la ciudad de Córdoba es de 1637 y
procede de las reducciones jesuíticas del Paraguay.
En la ciudad de Córdoba hay 57 campanas que han sido declaradas de
interés municipal, por su valor histórico. Una de ellas pertenece al colegio
Santo Tomás de los Padres Escolapios, otra a la Iglesia de las Dominicas (calle
27 de abril).
Datos de la lie. Liliana Denaro, en: Buscando la identidad cultural
cordobesa, tomo I.
Osvaldo Guevara
Contemporáneo, nació en Río C uarto
y vive en V illa Dolores.
54
Zamba de Alberdi (Barrio de Córdoba)
Recitado
“ B a rrio A lb e rd i, la barranca, la n o ria y el in fie rn illo
del h is to ria l de un c h iq u illo parece que fuera ayer.
B a rrio A lb e rd i que dejé en busca de otras quim eras
y hoy, y hoy te canto a m i m anera porque de t i no me olvid o
aunque m i rancho querido sea una hum ilde tapera.
B a rrio A lb e rd i, bosques hoy de estudiantes y doctores
de serenatas y flores, de farras carnavaleras
de la piba quinceañera con su clavel de ilu sió n
iba a la plaza C olón para pasear su pollera.
B a rrio A lb e rd i, bosques ho y que siento cuando te canto
parece que tengo un yanto m uy dentro del corazón
que se agranda en la em oción de la vieja serenata
con tu lu n ita de plata alum bras la juventud.
Y m i madre, en la quietud del cielo hará una plegaria
cuando escuche m i guitarra allá en m i calle C h ub ut”
56
iS aG ías que*
C o n s e jo de padre, g u á rd e lo el
h ijo co n siete llaves.
L a u n ió n hace la
fuerza.
57
Corría el siglo X IX , cuando nacen dos hombres a quienes la Providencia
iba a acercar en repetidas ocasiones. Comparten un mismo deseo: recuperar
para Córdoba a su identidad católica.
Estos dos personajes fueron Ángel Toro y José Gabriel Brochero. Uno
fraile y obispo, teólogo y fundador; el otro, sacerdote gaucho. Ambos, de santa
vida.
Nacen en un momento difícil para la Patria y para Córdoba, que vivía
intensamente los momentos de la reorganización nacional. Entre tantas
disputas, había grupos que tenían mucho interés en que la Argentina dejara de
ser un país católico. Y estos dos hombres, cada uno desde su lugar, luchan para
que eso no ocurra.
5
a
Reginaldo Toro
Así piensa y madura su decisión. Habla con sus padres, quienes lo llevan
a Córdoba, al Seminario, donde no sólo se estudia para ser sacerdote. Su padre
piensa que, aunque no sea sacerdote, saldría de ahí con una buena formación
para cualquier profesión.
Estudia en el Seminario y en la Universidad. Se destaca por su empeño y
por su seriedad, tanto que siempre le encomiendan el acompañamiento de los
recién llegados o de quienes tienen dificultades en el estudio por cualquier
motivo. A l fin, decide ser sacerdote, y así se lo manifiesta al Obispo.
Es ordenado sacerdote a los 26 años. A llí empieza una tarea constante e
ininterrumpida, que hasta el fin de sus días lo acompañará.
A l p rin c ip io está destinado a la C atedral de Córdoba. Desde a llí se ocupa
particularm ente de los enfermos, ya que hubo una peste de cólera m uy fuerte
po r esos años. Pero al poco tiem po le asignan su prim era parroquia, más allá de
las Sierras Grandes. Y emprende, en m uía, el viaje. Tres largas jornadas lo
separan de su destino. Tiene que cruzar la Pampa de A chala, a 2000 m etros de
altura. ■ m —i— —
Con dos muías y un baqueano,
mozo criado entre los cerros, \
.ya Brochero hacia el c u ra to ^
v m a de San P e á ^ ^
Catedral
N o me canso de mirarte,
la catedral cordobesa. Baldomero Fernández Moreno
Rosa, verde, negra, gris, Nadó y murió en Buenos
con herrumbres y con hierbas Aires. 1886-1950
los flancos gastados tienen
tanto de ladrillo y piedra.
Desde la puerta con clavos
como capullos de estrella,
hasta las cruces de arriba,
las flechas y las veletas,
cuánta gracia, cuánto hechizo,
qué humildad y qué inocencia.
El esplendor va por dentro
como es bueno que sea:
olas de púrpura y oro,
de mármoles y maderas.
Y afuera el sol y la luna,
los perfiles de la sierra,
el vuelo de las palomas,
la fronda de las higueras,
cosas que dicen tan bien
con los tejados de tejas.
■ ■ ■ Q B B W
Himno de Córdoba
iUL-É*-'
X
Córdoba, la Córdoba argentina, Córdoba, que nuestra h isto ria
la cuna santa del saber. tu nom bre siempre con gloria escribió,
Córdoba que diste a la P atria Hom bres que eres com o un m onum ento
ilustres que tu pasado nos legó.
que te hacen gran honor.
ue guardas aún tu bella tra d ició n
' .
¿ S aO ías ifn e ?
E n el año 1592, hubo un gran terrem oto en el Pacífico. A l día siguiente los
m oradores del Callao (Perú) ven que flo ta n sobre las aguas ya calmadas dos
cajas de madera.
E l virrey, García H u rta do de M endoza, m anda buscarlas y, ¡oh sorpresa!
p«V Si ;i5I
En sus cubiertas tenían grabado el destino de las misteriosas cajas: una
“ Señora del Rosario para el Convento de Predicadores de la C iudad de
P w l t ’(PO® i w
C órdoba” y un “ Señor C rucificado para la Iglesia M a triz de la C iudad de
’. Las rem itía Fray Francisco de V ito ria , dom inico.
Después de grandes fiestas por el hallazgo se in ic ió una caravana que
transportó las imágenes a sus destinos.
Hoy, ambos pueblos, el de Salta y el de Córdoba, veneran aún a sus
Protectores, que de todos los peligros los salva.
I
(A l ver pasar a una vaca negra m ientras predicaba): Com o esta vaca está co
la señal y marca del ingenio llam ado T rinidad, así estamos señalados y
marcados por-Dios-todos los cristianos, con la señal de D ios: la Santa C ru z í
v
Para jugar a adivinar:
♦ Para unos soy m uy corto, para otros regular, para los tristes m uy largo;
para D ios, la eternidad, ¿quién soy?
E l río Paraná, el N ilo del N uevo M undo, llam ado p o r algunos el M isisip i
de la A m érica del Sud, ha recibido com o éste, de los aborígenes, un nom bre que
expresa su am p litu d y m agnificencia. Paraná en la lengua guaraní, significa
padre de la mar, y M isisip i, en la de los Natchez, padre de las aguas. N o parece
sino que esos dos pueblos indígenas, de los opuestos continentes hubieran
sentido la m ism a im presión de asombro, al contem plar po r prim era vez sus
grandiosos ríos, para sig nificarla con palabras que en su respectivo id io m a
exprim en el m ism o pensamiento.
Figuraos un árbol desmesurado, tendido sobre una vasta llanura. Su pie
es bañado por las aguas del océano Atlántico del Sur. Se prolonga hacia arriba y
las extremidades de sus ramas penetran en Bolivia, en el Brasil, en Uruguay, en
todo el norte de la República Argentina.
Su dilatada copa, tan ancha como elevada, abraza en todas sus
ramificaciones una gran superficie, que encierra los territorios más ricos y los
mejores climas de la tierra.
Marcos Sastre
Nadó en Uruguay y vivió y m urió en Buenos Aires
1808-1887
Basado en una lectura de E l Tempe Argentino
Paraconversar:
Señora, te dim q
corona fulgent
Y perpetuam ente
resplandecerá.i
r iEn las tierras ést
/de la azul y blanc
qtíe en nuestra barranca
i lu ció el Paraná.
I I
Reina delj Rosario, V irgen F
té aclam a y te im p lo rá \
la ' jt u antigua V illa Ilistre y Fiel.
Donde aquella gente de cruzan la espada
buscó tu m ira d a <
pi y^raiste “ patrona jurada”
qe un bravo tro p e l. i J
11 I
Porque dominaron sequías,'y pestes
tus gracias celestesfO
y a tu pago diste nombre tn & j
haz que atemoremos siempre en da rpeñioiia,
junto a nuestra historila,
tus Quince misterios de
de Gozo y de D o lo /
¿SaOías quo?
La ciudad de Rosario no tiene fundador ni fecha de fundi
se fueron asentando espontáneamente y, debido a su ubi
sobre el río, fue lugar importante en el comercio y en la or
nacional. Surge como una pequeña aldea rural llamada Pago
Al construirse una capilla en honor de la Virgen del Rosano la e
llamar Parroquia de Nuestra Señora del Rosario. El General Bel
crear lavandera Nacional la pone bajo el amparo de N i^ m ^ S e ñ o r ^ e f
Rosario.
V.
en una zamba
Jaime Dávalos
Nació en Salta y falleció en Buenos Aires.
1921-1981
La música pertenece a A rie l Ramírez
Nació en Santa Fe y falleció en Monte Grande, provincia de
1921 -2 0 1 0
Refranes para pensar, reflexionar y
comentar
Para conversar:
o
n
¿¿ c o
1. ¿Qué observaron los prim eros conquistadoresme los guaraníes
cuando llegaron a sus tierras? n ~Y A
2. ¿Qué hacían los guaraníes cOhJasjhojas d é la yerba má)te? O
3. ¿Qué palabra se u tiliz a para preparad él'm at^?
2
4. ¿En qué regiones se planta la yerba-mate? L o
o .
5. ¿Qué otras infusiones conocemos? ¿Con qué plantas Prepayan?
De noche Yací, la luna, alum braba desde el cielo m isionero las copas de
los árboles y plateaba el agua de las
cataratas. Eso es todo lo que conocía la
lu n a de la selva: los enorm es
to rre n te s y el co lch ó n verde e
in in te rru m p id o del fo lla je , que
casi no dejaba pasar la luz. M u y de
trecho en trecho, podía colarse en
algún claro para espiar las orquídeas
dorm idas o el trabajo silencioso de las
arañas. Pero Yací era curiosa y quería ver
por sí m ism a las m aravillas de las que le
hablaron el sol y las nubes: el tornasol de los
picaflores, el encaje de los heléchos y los picos
brillantes de los tucanes.
Por eso, un día bajó a la tierra acompañada de Araí, la nube, y juntas,
convertidas en muchachas, se pusieron a recorrer la selva. Era el mediodía y, el
rumor de la selva las invadió, por eso era imposible que escucharan los pasos
sigilosos del yaguareté que se acercaba, agazapado, listo para sorprenderlas,
dispuesto a atacar. Pero en ese mismo instante una flecha disparada por un
viejo cazador guaraní que venía siguiendo al tigre misionero fue a clavarse en el
costado del animal. La bestia rugió furiosa y se volvió hacia el lado del tirador,
que se acercaba. Enfurecida, saltó sobre él abriendo su boca y sangrando por la
herida pero, ante las muchachas paralizadas, una nueva flecha le atravesó el
pecho.
En medio de la agonía del yaguareté, el indio creyó haber advertido a
dos mujeres que escapaban, pero cuando finalmente el animal se quedó quieto
no vio más que los árboles y más allá la oscuridad de la espesura.
Esa noche, acostado en su
hamaca, el viejo tuvo un sueño
e x tra o rd in a rio . V o lvió a ver al
yaguareté agazapado, volvió a verse a sí
mismo tensando el arco, volvió a ver el
pequeño claro y en él a dos mujeres de
piel blanquísima y larguísima cabellera.
Ellas parecían estar esperándolo y
cuando estuvo a su lado una de ellas lo
llamo por su nombre y le dijo:
- Yo soy Yací y ella es mi amiga
Araí. Queremos darte las gracias por
salvar nuestras vidas. Fuiste muy
valiente, por eso voy a entregarte un
premio y un secreto. Mañana, cuando
despiertes, vas a encontrar ante tu
puerta una planta nueva: llamada caá.
Con sus hojas, tostadas y molidas, se
prepara una infusión que acerca los
corazones y ahuyenta la soledad. Es mi regalo para vos, tus hijos y los hijos de
tus hijos...
A l día siguiente, al salir de la gran casa común que albergaba a las
familias guaraníes, lo primero que vieron el viejo y los demás miembros de su
tribu fue una planta nueva de hojas brillantes y ovaladas que se erguía aquí y
allá. El cazador siguió las instrucciones de Yací: no se olvidó de tostar las hojas
y, una vez molidas, las colocó dentro de una calabacita hueca. Buscó una caña
fina, vertió agua y probó la nueva bebida. El recipiente fue pasando de mano en
mano: había nacido el mate.
Paraconversar: o
O
\
. í* O
1. ¿Cómo ve la lu na a la tie rra m isionara de noche?
2. ¿Con quién baja Yací a la tierra? /
3. ¿Con quién se encuentran? , —^
4. ¿Quién les salvó la vida? * t
/V
c^ >
)
5. ¿Cómo m ostró Yací su gratitud? " o
6. ¿El origen de qué planta cuenta esta leyenda?—
¿SaOíag que?
i Las Cataratas del Iguazú están entre las nuevas Siete M aravillas
N a tu ra k rfte l M un do . Fue votada po r m illones de pej soags-de todo el
im u n d "
a E l nom bre de
\
s A la ciudad del Chaco le djcen la ciudad de las esculturas porque en
las calles hay más de quinientas. t %
Rttwiwipurapn«M\reflexionary
comentar
A m al tiem po buena cara.
81
Cuando los españoles resolvieron crear la ciudad en el lugar que hoy
ocupa Corrientes, para señalar su sitio levantaron, a la puerta de una especie de
fortín, una cruz de cinco varas de altura.
Las numerosas tribus indígenas que
poblaban las cercanías descubrieron
e l i n t e n t o de l os b l a n c o s ,
determinando unirse para vencerlos.
Ante la resistencia que encontraron,
supusieron que era la cruz el payé
protector de aquéllos y pusieron todo
su empeño en destruirla. Repetidas
veces acumularon haces de leña
prendiéndole fuego, pero la leña se
consumía y la cruz de madera de
urunday, incombustible, permanecía
siempre arrogante e intacta.
Una noche, en medio de la mayor
hoguera de todas las preparadas, un
fuerte temporal azotó la región, matando a varios indios y haciendo que los
restantes huyeran despavoridos. Aquello dio por resultado la pacificación de la
mayor parte de los indios y el fortalecimiento de la fe de los españoles. En 1770
fue instituida una fiesta anual consagrada a la Cruz del Milagro, que todavía se
celebra.
Tal es la bella tradición de Corrientes - la ciudad de San Juan de Vera de
las Siete Corrientes - y tal el origen de su escudo: una cruz sobre siete puntas de
roca y una hoguera a su pie.
82
o
O
l.¿Q ué pusieron los españoles en las puertas def fo rtín donde fundaron
Corrientes? ~v
2. ¿Qué pensaron p o r ello los
:
adl£indígenas? ¿Qué trataro n de hacer? ¿Lo
lograron? / 'y
3. ¿Cómo era el nom bre o rig in a l de la’ ciudad deC orrienfés?
4. ¿En qué se diferencia el escudo de Corrientes del Escudo N acional?
¿Qué significan sus notas distintivas?
El jefe blanco tenía una hija blanca como una estrella, de cabellos rubios
como el sol y de ojos celestes como el cielo. Era tan linda y era tan buena,
especialmente con los indiecitos, que toda la tribu le tomó gran cariño.
El río, a cuyas márgenes vivían blancos e indios, era muy peligroso, pues
crecía algunas veces sin necesidad de lluvias, por la sola influencia de los
vientos. Y así sucedió que cierta tarde, mientras se bañaban varios indiecitos, el
río comenzó a crecer y uno de ellos empezó a ahogarse. Los otros niños
indígenas que se habían internado menos
en las aguas salieron asustados a la
o rilla dando gritos.
E n eso a p a re ció la b e lla
ru b ia , h ija del je fe blanco, y
q u it á n d o s e la s r o p a s
rápidam ente, se arrojó al río, y
luego de nadar unos m etros
en la parte más honda con
m u ch o tra b a jo y p e lig ro ,
c o n s ig u ió a s ir de l p e lo al
in d ie c ito , te n ié n d o lo a flo te
para que respirara.
A l alboroto llegó más gente,
blancos e indios, y entre éstos, en
prim era línea y a la carrera, el cacique
de quien era h ijo el n iñ o que se ahogaba.
E l cacique, gran nadador, se arrojó tam bién al
agua; en unas cuantas brazadas llegó donde luchaba la bonísim a joven blanca
p o r salvar al pequeño in d io , y rescató a su h ijo , no pudiendo hacer lo m ism o
con la muchacha, porque a ésta se la llevó la corriente y jam ás se la pudo hallar.
L a trib u entera p id ió al dios Tupá po r el alm a de la heroica niña. Y luego
com unicó, por m edio de sus hechiceros, al inconsolable jefe blanco, lo que
Tupá les había dicho: L a bella muchacha no m o riría , seguiría viviendo de un
m odo diferente. E n prem io a sus virtudes y al heroico acto realizado, su
herm oso cuerpo se iba a sum ar de un m odo visible a la naturaleza, e iba a
renacer en una planta acuática. Sus ojos celestes surgirían, conservando su
antiguo color, sobre las aguas que los cegaron, entre las hojas de esa planta que
iba a ser la más característica de los ríos y los arroyos y las lagunas. A sí podría
seguir contem plando la vid a para siempre, en la época en que la naturaleza se
embellece.
En todas las primaveras, los ojos celestes y cándidos de la heroica niña
blanca contemplan la vida y el-paisaje de nuestros campos, transform ados en
eman
Nació y
Montevideo, Uruguay.
1887- 1995
Para conversar:
♦ Difícil es Jo bello.
*fV
confección. Esta es una receta básica, que adm ite muchas variaciones.
87
Para prepararlo:
1. Se deja remojar toda la noche el maíz con el trigo. Luego se hierve y se
cuela.
2. Se fríe la cebolla con los chorizos y la carne.
3. Luego se agrega el zapallo cortado y los condimentos.
4. A todo esto se agrega el grano. Se cubre con agua hirviendo y se deja
hervir por lo menos dos horas más.
(Si sobra, tiene que enfriarse bien para ponerlo en el freezer, porque si no se
echa a perder)
88
poseyeran ta l habilidad o costumbre, supuse que fuese u n gato montés. M e
acerqué y com probé azorado que era realm ente un zo rro innovador, quizá
loco.
E xcitada m i curiosidad p o r la disparada de los ciervos y la extravagancia
del zorro, m is oídos percibieron u n ligero susurro de las matas. M e la tió
violentam ente el corazón com o anunciándom e un peligro; eché una rápida
m irada hacia delante, y de p ro nto lo com prendí todo. A la distancia de unos
veinte pasos, dos ojos redondos y com o lum inosos me acechaban.
E ra un jaguar, un feroz tigre de A m érica, tan potente y te rrib le com o el de
B engala; p ro ba blem e nte venía p e rsig u ie n d o el rebaño de ciervos, y
sorprendido al verme, se había detenido.
C rític o era el trance; dem asiado inocente, había caído yo en la
im prudencia de avanzar solo, sin guía, sin un perro siquiera.
M i inteligencia se ilu m in ó en aquel instante con febriles recuerdos y
temores. Si perecía bajo las zarpas de la fiera,
¿cuál sería el po rven ir de la esposa y de los
cinco hijos que había dejado en el
Rosario? Pero lejos de desmayar, el
enternecim iento de m is añoranzas
pareció in fu n d irm e valor.
Com o en u n sueño, alcé la
escopeta que tenía cargada de
balas, y apunté largam ente ¡Si
e rra b a e l tir o , era h o m b re
perdido! L a fie ra que estaba aún
algo distante, no se m ovía; entre
el m ato rra l ilu m in a d o po r el tib io
sol de invierno, divisaba su grupa
baya y m a n ch a d a . M e pa reció
prudente esperar a tenerla más cerca;
hasta podía suceder que ella optase po r una
re tira d a , sin atacarm e, y en ta l caso resultaba
tem erario provocarla. N o dándom e la fiera m ucho tiem po para pensar, se
decidió y avanzó hacia m í, lentam ente, casi ram pando sobre sus nerviosos
jarretes, pronta a atraparm e de un enorm e salto. F ijé bien el punto de m ira de
m i escopeta en el testuz del anim al, entre ambos ojos y aunque no m uy seguro
de m i puntería, puesto que no soy diestro cazador, apreté el g a tillo antes que
fuera demasiado tarde. Sonó el tiro , se oyó al m ism o tiem po un bram ido
doloroso, me eché un poco atrás y el jaguar, dando ahora el esperado salto, cayó
algunos pies delante de m í, con el pecho cubierto de sangre; estaba herido en el
cuello, ¡pero más rabioso, más terrib le aún!
N o podría decir lo que pasó por mí entonces. Tenía otros tiros en la
escopeta, que era de repetición, y tiré, rápido como el relámpago, apuntando
apenas, casi inconsciente de lo que hacía. Esta vez tuve mejor suerte. La fiera,
sin exhalar un quejido cayó redonda sobre el flanco y
estiró las patas en un rápido estertor.
Cauteloso reculé unos pasos y esperé
todavía unos segundos, aspirando aire
en grandes bocanadas. Me pareció
que nacía de nuevo. M iré a mi
alrededor, y hallé al cielo, al Vi
mundo, a la vida, una hermosura
antes desconocida para mí.
Apoyé en el suelo la culata
del arma, me descubrí, me sequé
el sudor de la frente con el pañuelo
y al fin, me acerqué al cuerpo rígido
del jaguar. ¡Estaba bien muerto, sí!
Me agaché sobre su robusta cabeza y
la levanté en mis manos.
[...] ¡Ahí estaba tendido para siempre como un tibio despojo de la
naturaleza, el terrible dueño y señor de las selvas americanas! Y, al ver tanta
fuerza destruida, tuve un sentimiento de compasión para la bestia sacrificada.
¡Cuán cierto es que no hay ni puede haber, para el hombre, una alegría
pura y exenta de la más ligera sombra de tristeza!
En Nuestra Patria,
de Carlos Octavio Bunge.
Nació y m urió en Buenos Aires
'Para conversar: 1875-1918
90
¿SaGías qt*c7
□ E l Chaco es provincia desde el año 1951. Hasta ese momei T ito rio
nacional.
Es la única provincia que tiene, además del español, tres
qom, el m oqoit y el wichi.
Lectura 20
Mi amigo G rillito
92
Papá G rillo , avergonzado del trabajo que daba su h ijo , lo empleó,
com o castigo, en la lib re ría del señor Ciem piés. Tenía esperanza de que esta
lección corrigiera a G rillito . Por el contrario, su h ijo gozaba en su nueva
situación. Hacía lentam ente el reparto de las revistas de m oda entre las
mariposas, pues se extasiaba ante cada una de ellas. O lvidaba entregar los
folletos científicos al viejo suscriptor, m uy respetado señor B icho de Cesto.
Entregaba con atraso los diarios boletines m eteorológicos especialmente
r
destinados a las horm igas. Estas se quejaron a don Ciempiés, pues ta l dem ora
les ocasionaba dificultades que amenazaban co n clu ir en verdaderos desastres.
Y se quejaron los “ panaderos” de no re cib ir a tiem po las h o jilla s con avisos de
los vientos. Y así todos. D o n Ciem piés no lo quiso más para su negocio.
-Señor G rillo , mande usted a su h ijito a
la escuela para larvas.
-¿Y qué aprendería a llí m i
G rillito ?
-Tal vez a ser crisálida.
¿Acaso no quiere volar?
-D on Ciem piés lee y
sabe m ucho -pensó papá
G rillo y tiene autoridad para
así aconsejarme.
G rillito fue adm itido,
com o excepción, en dicha escuela.
Peor que peor. Sus élitros herían, por
sim ple roce, los cuerpecitos blandos de sus
camaradas. Adem ás no com prendía el lenguaje usado por profesores y
alumnos. Pese al evidente fracaso, G rillito insistía en querer volar y tener
colores.
U na noche se escapó de su casa. “ V iajando y preguntando p o r el
m undo encontraré el país del vuelo y de los lindos colores” , se dijo.
A l borde de un charco cercano a su hogar, ha lló al señor Sapo.
-Buenas noches, señor Sapo. Por favor, ¿me indica usted el camino que
va al país donde todos vuelan?
-Súbete a lo más alto de un árbol y pregunta allá arriba -respondió el
Sapo antes de zambullirse.
G rillito trepó a un árbol. Esto le llevó mucho tiempo. A l fin tocó la
cima.
-Señora Rama, ¿es éste el país del vuelo?
-Móntate en un pájaro -cabeceó la rama.
Después de algunos fracasos, G rillito logró subir a un gorrión que
dormitaba. (No olvides que mi amigo no sabía saltar).
A l rato, el gorrión echó a volar. Grillito, ebrio de felicidad, veía desfilar
vertiginosamente allá, muy abajo, a la tierra, a
los insectos, a las flores.. .-¡Vuelo; yo vuelo!
-se decía orgulloso. Pero, de pronto
¡ah!, pobre G rillito presuntuoso, se
asomó excesivamente y ¡patapum,
patapum! G rillito resbaló. Por
fortuna cayó sobre algo muy
blando. Un colchón más suave y
oloroso que el de hojitas y
pétalos que mamá Grillo le hacía
cuando tenía gripe. A l abrir los
ojos que el susto le cerrara:
-¡Oh! ¿Es éste el país de los
colores? -preguntó ya casi consolado
de perder su vuelo.
-Somos gotas de rocío y tú
¿quién eres?-indagaron curiosas.
Sobre el crecido gramillón, las gotitas resplandecían con muchos
colores, como arco iris.
-Soy un grillo y quiero quedarme a vivir en este país para tener yo
también, bellos colores.
-El señor Sol es quien nos regala cada amanecer estos colores. Pero
-agregaron lagrimeando (se multicoloraban aún más llorando)- el señor Sol
nos mira fijo, hasta matarnos.
-¿Y a mí también me matará? -preguntó aterrorizado G rillito mientras
huía gramillón abajo.
-Tal vez, tal vez... Vete tú, ya que puedes caminar -le aconsejaron las
buenas gotitas que comenzaban a agonizar bajo el ardiente sol.
G rillito, en su desesperación por huir, se echó a saltar.
-¡Oh! ¡salto, y qué lindo que es! -se dijo ya lejos del gramillón-. Pobres
94
gotitas sin pies para h u ir; no pude ayudarlas, sólo podía salvarm e y o ...
G rillito se sentía culpable, pero entusiasmado po r sus saltos, o lvid ó el
rocío.
-¿Así que los que tienen tan bellos colores viven tan poco? ¡Oh! Yo
quiero v iv ir m ucho; no quiero ya tener lindos colores.
Y recordando su caída del gorrión:
-Y no quiero volar.
A ú n cerraba los ojos a cada salto, pero después de varios se atrevió a
saltar m irando. Entonces, ¡oh m aravilla! ¡Si era com o volar! ¡Oh,alegría!
D urante cada brinco subía alto y las cosas quedaban abajo. A l
caer recuperaba la tierra.
-Saltar es más lin d o que v o la r-re ía fe liz G rillito .
N o era peligroso com o el subir alto, alto sobre
un pájaro.
-Saltar es volar a pedacitos -se decía-. ¡Y lo
hago sin la ayuda de los pájaros!
Llegó hasta aquel charco. E n su borde estaba
sesteando el señor Sapo.
-¡Señor Sapo, señor Sapo! ¡Vuelo!
E l sapo abrió un solo ojo pero el sueño se lo
cerró. G rillito , brincando, bordeó el charco de aguas
quietas. Y ¡oh!, nueva m aravilla: ¡tenía bellos colores! A
cada b rinco atravesaba la lu z del sol y po r segundos, el cuerpecito
renegrido com o charol b rilla n te de G rillito se tornasolaba.
-¡Oh! ¡Yo tam bién vivo en el país de los bellos colores! - d ijo feliz-. Para
estar en este país me basta dar un brinco. ¡Y yo que creía que estaba tan lej os!
Em ocionado, no teniendo a sus padres, a ningún am igo, n i siquiera a un
conocido a su lado, G rillito , sin darse cuenta, se puso a contar en voz m uy alta
lo que le había sucedido. Y era el suyo el más m elodioso canto de g rillo .
-¡Qué bien cantas, G rillito ! - le g ritó una m ariposa dorada y negra.
G rillito , estim ulado po r tan responsable opinión, continuó cantando.
De prisa, entre saltos y cantos, llegó a su barrio.
-¡Papá, mamá! ¡M am á, papá!
Sus padres lo recibieron a besos y cariñosos reproches. G rillito relató su
aventura. M am á y papá G rillo , luego de corregir algunos defectos técnicos del
saltar de G rillito , no se fatigaban de m ira rlo y oírlo. Era un digno g rillo .
E l b a rrio lo eligió poeta de los grillos. Y a llí vive aún, cantando al sol, a
las noches, al am or de sus padres, a todo lo bello y lo bueno. Los g rillo s lo
quieren y respetan. Las mariposas lo adm iran. E l señor rector G risabio le rogó
aceptara cátedras en su colegio. E l señor Ciem piés lo consulta. E n fin ...
G rilllito , hoy un g rillo grande, es y hace fe liz a sus prójim os.
Emma de Cartosio,
nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos y falleció en Buenos Aires
1928- 2013
95
Para conversar:
El Grillo
n iñ o ha encontrado a la niñ a
con una m uñeca cerca de un nogal.
L lo ra b a la pobre n iñ ita , llo ra b a
jporque un duende m alo le robó el dedal!
Baile típico
L a ch a m a rrita : es una danza tradicion al del lito ra l que se baila en E ntre R jos y
en Corrientes.
¿Saóías
Paraná significa “ padre de las aguas’’.
El río Paraná es uno de ios más e xte n so s del mundo.
La fotografía nos m uestra cóm o en sus o rilla s crecen todo tip o de árboles,
arbustos y plantas variadas.
Cientos de poesías y relatos se escribieron sobre nuestro gran río.
La abeja haragana
Había una vez, en una colm ena una abeja que no quería trabajar, es
decir, recorría los árboles uno por uno para tom ar el ju go de las flores; pero en
vez de conservarlo para convertirlo en m iel, se lo tom aba todo. Era, pues, una
abeja haragana. Todas las mañanas apenas el sol calentaba el aire, la abejita se
asomaba a la puerta de la colm ena, veía que hacía buen tiem po, se peinaba
con las patas, com o hacen las moscas, y echaba entonces a volar, m uy
contenta del lin d o día. Zum baba m uerta de gusto de flo r en flor, entraba en la
colmena, volvía a salir, y así se lo pasaba todo el día m ientras las otras abejas
se m ataban trabajando para llenar la colm ena de m iel, porque la m ie l es el
alim ento de las abejas recién nacidas.
Com o las abejas son m uy serias, com enzaron a disgustarse con el
proceder de la herm ana haragana. E n la puerta de las colmenas hay siempre
(
unas cuantas abejas que están de guardia para cuidar que no entren bichos en la
colmena. Estas abejas suelen ser muy viejas, con gran experiencia de la vida y
tienen el lomo pelado porque han perdido todos los pelos al rozar contra la
puerta de la colmena. Un día, pues, detuvieron a la abeja haragana cuando iba
a entrar, diciéndole:
— Compañera: es necesario que trabajes, porque todas las abejas
debemos trabajar. La abejita contestó:
— Yo ando todo el día volando, y me canso mucho.
— No es cuestión de que te canses mucho — respondieron— , sino de que
trabajes un poco. Es la primera advertencia que te
hacemos. Y diciendo así la dejaron pasar.
Pero la abeja haragana no se corregía.
De modo que a la tarde siguiente las
abejas que estaban de guardia le
dijeron:
— H ay que t r a b a j a r ,
hermana.
Y ella respondió en seguida:
— ¡Uno de estos días lo voy a
hacer!
— No es cuestión de que lo
hagas uno de estos días — le
respondieron— , sino mañana
mismo. Acuérdate de esto. Y la
dejaron pasar.
A l anochecer siguiente se repitió la
misma cosa. Antes de que le dijeran nada, la
abejita exclamó:
— ¡Si, sí, hermanas! ¡Ya me acuerdo de lo que he prometido!
— N o es cuestión de que te acuerdes de lo pro m e tid o — le
respondieron— , sino de que trabajes. Hoy es diecinueve de abril. Pues bien:
trata de que mañana veinte, hayas traído una gota siquiera de miel. Y ahora,
pasa. Y diciendo esto, se apartaron para dejarla entrar.
Pero el veinte de abril pasó en vano como todos los demás. Con la
diferencia de que al caer el sol el tiempo se descompuso y comenzó a soplar un
viento frío. La abejita haragana voló apresurada hacia su colmena, pensando
en lo calentito que estaría allá adentro. Pero cuando quiso entrar, las abejas que
estaban de guardia se lo impidieron.
— ¡No se entra! — le dijeron fríamente.
— ¡Yo quiero entrar! — clamó la abejita— . Ésta es mi colmena.
— Esta es la colmena de unas pobres abejas trabajadoras— le contestaron
100
las otras— . N o hay entrada paralas haraganas.
— ¡M añana sin fa lta voy a trabajar! — in sistió la abejita.
— N o hay mañana para las que no trabajan— respondieron las abejas,
que saben m ucha filosofía.
Y diciendo esto la em pujaron afuera. L a abejita, sin saber qué hacer, voló
un rato aún; pero ya la noche caía y se veía apenas. Q uiso cogerse de una hoja, y
cayó al suelo. Tenía el cuerpo entum ecido po r el aire frío, y no podía volar más.
Arrastrándose entonces p o r el suelo, trepando y bajando de los palitos y
piedritas, que le parecían montañas, llegó a la puerta de la colm ena, a tiem po
que comenzaban a caer frías gotas de llu v ia .
— ¡Ay, m i D ios! — clam ó la desamparada— . Ya a llover, y me voy a m o rir
de frío . Y tentó entrar en la colmena. Pero de nuevo le cerraron el paso.
— ¡Perdón! — gim ió la abeja— . ¡Déjenm e entrar!
— Ya es tarde — le respondieron.
— ¡Por favor, hermanas! ¡Tengo sueño!
— Es más tarde aún.
— ¡Compañeras, po r piedad! ¡Tengo frío !
— Im posible.
— ¡Por ú ltim a vez! ¡M e voy a m o rir!
Entonces le dijeron:
— N o, no m orirás. Aprenderás en una sola
noche lo que es el descanso ganado con el
trabajo. Vete. Y la echaron.
Entonces, tem blando de frío, con
las alas mojadas y tropezando, la abeja
se arrastró, se arrastró hasta que de
p ro n to ro d ó p o r u n a g u je ro ; cayó
rodando, m ejor dicho, al fondo de una
caverna. Creyó que no iba a c o n clu ir nunca de
b a ja r. A l f in lle g ó a l fo n d o , y se h a lló
bruscamente ante una víbora, una culebra verde de
lom o color la d rillo , que la m iraba enroscada y presta a lanzarse sobre ella.
E n verdad, aquella caverna era el hueco de u n árbol que habían
trasplantado hacía tiem po, y que la culebra había elegido de guarida.
Las culebras comen abejas, que les gustan mucho. Por eso la abejita, al
encontrarse ante su enemiga, m urm uró cerrando los ojos:
— ¡Adiós m i vida! Esta es la ú ltim a hora que yo veo la lu z.
Pero con gran sorpresa suya, la culebra no solamente no la devoró sino
que le dijo :
— ¿Qué tal, abejita? No has de ser muy trabajadora para estar aquí a
estas horas.
— Es cierto — murmuró la abeja— . No trabajo, y yo tengo la culpa.
— Siendo así — agregó la culebra, burlona— , voy a quitar del mundo a
un mal bicho como tú. Te voy a comer, abeja.
La abeja, temblando, exclamó entonces:
— ¡No es justo eso, no es justo! No esjusto que usted me coma porque es
más fuerte que yo. Los hombres saben lo que es
— ¡ Ah, ah! — e x c l a m ó la
culebra, enroscándose— . ¿Tú
k crees que los hombres que les
l quitan la miel a ustedes son más
W/ justos, grandísima tonta?
— No, no es por eso que
§ ) nos quitan la miel
— respondió la abeja.
— ¿Y porqué, entonces?
— Porque son más
inteligentes.
Así dijo la abejita. Pero la
culebra se echó a reír, exclamando:
— ¡Bueno! Con justicia o sin ella, te voy a comer, apróntate.
Y se echó atrás, para lanzarse sobre la abeja.
Pero ésta exclamó:
— Usted hace eso porque es menos inteligente que yo.
— ¿Yo menos inteligente que tú, mocosa? — se rio la culebra.
—Así es — afirmó la abeja.
— Pues bien — dijo la culebra— , vamos a verlo. Vamos a hacer dos
pruebas. La que haga la prueba más rara, ésa gana. Si gano yo, te como.
— ¿Y si gano yo? —preguntó la abejita.
— Si ganas tú — repuso su enemiga— , tienes el derecho de pasar la
noche aquí, hasta que sea de día. ¿Te conviene?
—Aceptado —contestó la abeja.
La culebra se echó a reír de nuevo, porque se le había ocurrido una cosa
que jamás podría hacer una abeja. Y he aquí lo que hizo:
Salió un instante afuera, tan velozmente que la abeja no tuvo tiempo de
102
nada. Y vo lvió trayendo una cápsula de sem illas de eucalipto, de un eucalipto
que estaba al lado de la colm ena y que le daba sombra. Los muchachos hacen
b a ila r com o trom pos esas cápsulas, y les llam an trom pito s de eucalipto.
— Esto es lo que voy a hacer — d ijo la culebra—-. ¡Fíjate bien, atención! Y
arrollando vivam ente la cola alrededor del tro m p ito com o un p io lín la
desenvolvió a toda velocidad, con tanta rapidez que el tro m p ito quedó
bailando y zum bando com o u n loco. L a culebra se reía, y con m ucha razón,
porque jam ás una abeja ha hecho n i podrá hacer b a ila r a un trom pito.
Pero cuando el tro m p ito , que se había quedado d o rm id o zum bando,
com o les pasa a los trom pos de naranjo, cayó p o r fin al suelo, la abeja dijo:
— Esa prueba es m uy lin d a , y yo nunca podré hacer eso.
— Entonces, te com o — exclam ó la culebra.
— ¡U n m om ento! Yo no
puedo hacer eso: pero hago una
cosa que nadie hace.
— ¿Qué es eso?
— Desaparecer.
— ¿Cómo? — exclam ó la
c u le b ra , d a n d o u n s a lto de
sorpresa— . ¿Desaparecer sin
salir de aquí?
— Sin salir de aquí.
— ¿Y sin esconderte en la
tierra?
— Sin esconderme en la tierra.
— Pues bien, ¡hazlo! Y si no lo
haces, te como en seguida— d ijo la culebra. E l caso es que m ientras el tro m p ito
bailaba, la abeja había tenido tiem po de exam inar la caverna y había visto una
p la n tita que crecía a llí. E ra un arbustillo, casi un yu yito , con grandes hojas del
tam año de una m oneda de dos centavos. L a abeja se arrim ó a la plan tita ,
teniendo cuidado de no tocarla, y d ijo así:
—-Ahora me toca a m í, señora culebra. M e va a hacer el favor de darse
vuelta, y contar hasta tres. Cuando diga "tres", búsqueme p o r todas partes, ¡ya
no estaré más!
Y así pasó, en efecto. L a culebra d ijo rápidam ente: "uno..., dos..., tres", y
se v o lv ió y abrió la boca cuan grande era, de sorpresa: a llí no había nadie. M iró
arriba, abajo, a todos lados, recorrió los rincones, la p la n tita , tanteó todo con la
lengua. In ú til: la abeja había desaparecido. La culebra com prendió entonces
que si su prueba del tro m p ito era m uy buena, la prueba de la abeja era
sim plem ente extraordinaria. ¿Qué se había hecho?, ¿dónde estaba? N o había
m odo de hallarla.
— ¡Bueno! — exclamó por fin— . Me doy por vencida. ¿Dónde estás?
Una voz que apenas se oía — la voz de la abejita— salió del medio de la cueva.
— ¿No me vas a hacer nada? — dijo la voz— . ¿Puedo contar con tu
juramento?
— Sí — respondió la culebra— . Te lo juro. ¿Dónde estás?
— Aquí — respondió la abejita, apareciendo súbitamente de entre una
hoja cerrada de la plantita.
¿Qué había pasado? Una cosa muy sencilla: la plantita en cuestión era
una sensitiva, muy común también aquí en Buenos Aires, y que tiene la
particularidad de que sus hojas se cierran al menor contacto. Solamente que
esta aventura pasaba en Misiones, donde la vegetación es muy rica, y por lo
tanto muy grandes las hojas de las sensitivas. De aquí que al contacto de la
abeja, las hojas se cerraran, ocultando completamente al insecto. La
inteligencia de la culebra no había alcanzado nunca a darse cuenta de este
fenómeno; pero la abeja lo había observado, y se aprovechaba de él para salvar
su vida. La culebra no dijo nada, pero quedó muy irritada con su derrota, tanto
que la abeja pasó toda la noche recordando a su enemiga la promesa que había
hecho de respetarla. Fue una noche larga, interminable, que las dos pasaron
arrimadas contra la pared más alta de la caverna,
porque la tormenta se había desencadenado, y
el agua entraba como un río adentro. Hacía
mucho frío, además, y adentro reinaba la
oscuridad más completa. De cuando en
cuando la culebra sentía impulsos de
lanzarse sobre la abeja, y ésta creía
entonces llegado el término de su vida.
Nunca, jamás, creyó la abejita que una
noche podría ser tan fría, tan larga, tan
horrible. Recordaba su vida anterior,
durmiendo noche tras noche en la colmena,
bien calentita, y lloraba entonces en silencio.
Cuando llegó el día y salió el sol, porque el
tiempo se había compuesto, la abejita voló y lloró otra vez en silencio ante la
puerta de la colmena hecha por el esfuerzo de la familia. Las abejas de guardia
la dejaron pasar sin decirle nada, porque comprendieron que la que volvía no
era la paseandera haragana, sino una abeja que había hecho en sólo una noche
un duro aprendizaje de la vida.
Así fue, en efecto. En adelante, ninguna como ella recogió tanto polen
ni fabricó tanta miel. Y cuando el otoño llegó, y llegó también el término de
sus días, tuvo aún tiempo de dar una última lección antes de m orir a las
jóvenes abejas que la rodeaban:
— No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo
quien nos hace tan fuertes. Yo usé una sola
inteligencia, y fue para salvar m i vida. No h
necesitado de ese esfuerzo, si hubiera trabajj
como todas. Me he cansado tanto volando c
aquí para allá, como trabajando. Lo que me
faltaba era la noción del deber, que adquirí
aquella noche. Trabajen, compañeras,
pensando que el fin a que tienden nuestros
esfuerzos —la felicidad de todos— es muy
superior a la fatiga de cada uno. A esto los
hombres llaman ideal, y tienen razón. No ha]
otra filosofía en la vida de un hombre y de una
abeja.
Para conversar:
105
Sandia lu misión es aromar
En m i mesa provinciana, nuestra casona aldeana
bajo la parra sombría como es la mía soñar
abre la humilde sandía para morirme mañana.
su fresca risa de granaX
Vano sería el empeño
que pusiéramos los dos
en ii en contra de Dios
sueno.
Decoranlas tapias vie
las frágiles campanilla
V |K . • V
vurdes, bkncas, aman
azules, lilas, bermejas,
' contemplándolas;
mí estos versos car
sopla un poco dev
na ponerse a sonar
Alfredo Bafam w
La Sargento Catarro
De Antología Folklórica
Paral conversar: o
Paisaje deCatamarca
108
La shulka Al Jardín de la República
(chacarera)
Desde el norte traigo en el alm a
Si hacia el origen me voy:
la alegre zam ba que canto aquí,
vengo de dulce raíz, y que b a ila n los tucum anos
de una salteña h ijo soy, con entusiasm o propio de a llí,
sencilla com o el m aíz. cada cual sigue a su pareja,
joven o vieja, de todo v i.
L a tie rra donde nací,
M ed ia vuelta y la com pañera
cuna de m i padre fue,
form a una rueda para seguir,
de quien el canto aprendí,
viene el gaucho, le hace un flore o
tiem po de alhahaca y laurel. y un zapateo com ienza a llí,
sigue el gaucho con su flore o
Cuando me pongo a cantar, y el zapateo term ina a llí.
nom bro a la tierra, al verdor,
P a' las del norte sí,
la soledad del salar,
para las otras no,
el g rito del hachador,
para las Tucumanas,
estrib illo m ujer galana, naranjo enflo r
Cuando me vaya de aquí, todo lo que ellas quieran
m i canto se hai' de quedar, que la prim era ya terminó.
si alguien se acuerda de m í,
ta l vez se hai' de consolar. N o me olvido, viera, compadre,
de aquellos bailes que hacen a llí
tucum anos y tucumanas,
N acido en el arenal, todos se afanan po r d iv e rtir
cuando el quebracho da flo r, y hacer lin d a esta triste vida,
p'al tiem po del Carnaval, así se o lv id a que hay que m orir.
soy un coyuyo cantor.
Em panadas y vin o e n ja rra ,
una guitarra, bom bo y v io lín ,
M e da lo m ism o cantar
y unas cuantas mozas bizarras
con caja, bom bo o v io lín pa' que la farra pueda seguir,
coplas que supe escuchar; sin que falten esos coleros,
de u n hachero de M a ilín . viejos cuenteros, pa' que hagan reír.
Río Hondo
¿SaOías que?
El triunfo
A \
María Elena Lannes de Díaz
Laluz
Tuvo mucha importancia en mi niñez la luz en las hojas. Una verde hoja
fresca traspasada por la luz de la mañana entre el follaje era una joya gozosa. Lo
era en el mediodía. En el sol de la tarde se volvía misteriosa y quizá
melancólica. Un resplandor del poniente al pasar a la misma hora por una
rendija, por la abertura de una ventana, al irse alejando hasta quedar solo como
un fugitivo friso casi rojo en lo alto de las paredes, me hablaba en otra forma.
M i infancia se descubre en el juego de la luz y de los matices de las hojas,
del agua y de las piedras. Cuando los árboles se cubrían de ramaje nuevo
disfruté de la riqueza innumerable, de los tesoros que me colmaban de júbilo
comunicativo.
Abría los ojos al sol para ver el álamo. Era un verde cristal multiforme de
espejuelos por donde corría el sol. Parecía que el álamo quería quitárselo y se
sacudía en la ráfaga, resbalaban los rayos, hacían pie en otras hojas,
seguían el movimiento de las ramas, como pájaros sorprendidos
tornaban en bandada, las temblorosas hojas se esquivaban;
inmóviles entraban brillantes en el azul, en el azul del aire, en las
extensiones azules donde irradiaba el deslumbramiento.
E n las viñas de tiernos vástagos audaces, en los árboles, en el agua estaba
el sol de la mañana. Yo corría p o r la esparcida
llu v ia de rayos que en redondeles de oro
fulguraban en el suelo, p o r los encajes de
u n a s o m b r a m ó v i l p e n e t r a d a de
resplandores.
E l sol estaba en m is manos, en
m i frente, en m is cabellos, en m i ropa;
la m añana crecía en la lím p id a
lum inosidad entre las flotantes islas
de los árboles. Yo, niño, la tuve en
m is brazos, en m is ojos. ¿Qué fu i yo?
F u i el dueño de esa m añ an a
lum inosa, fu i el más rico de los
reyes, poseí las mansiones de
las hojas, la in m e n s id a d
fulgurante de los espacios.
i ♦- i- 1 »
Para conversar: o
/ ?
Lectura 25
La escuela
117
Pocos años más tarde cambiamos de maestro [...]. El nuevo profesor
sabía mucho y halagaba nuestro entusiasmo con fiestas frecuentes en las cuales
pronunciábamos discursos escritos por algún amigo de la familia sin hacer de la
trampa gran misterio. M ucho era en efecto conseguir que recitáramos aquello
delante de la gente y yo delante de m i padre, a quien le tenía miedo porque
luego en casa se burlaba de mis actitudes oratorias. No sabía cómo mover los
brazos ni para qué servía esto; los sentía pegados, metía las manos en los
bolsillos o, entre los botones del chaleco, me tiraba las puntas de la chaqueta,
cruzaba los pies y encogía una pierna y todo esto mientras recitaba como una
exhalación el trozo aprendido. Casi siempre
alusivo al térm ino de nuestras fatigas
anuales, a la con fratern id ad entre
condiscípulos y al respeto al maestro y
a los padres, quienes se sacrificaban
para sacarnos de las «tinieblas de
la ignorancia:»- así solían decir
mis discursos.
Pero debo decir quién era
el maestro. Algunos han de leer
estos recuerdos y quiero que ésos
sepan que debo a ese hombre una
g ra titu d inmensa. Me enseñó
mucho: me hizo comprender cuál
era el destino del hombre que estudia
[...]. Tenía -tiene porque aún vive- unos
ojos pequeños movedizos y chispeantes,
frente abultada, labios gruesos y barba escasa,
a l t a e s t a t u r a , d e l g a d o de c u e r p o . De
temperamento nervioso, signo casi siempre de
viveza intelectual. Hablaba rápidamente, medio confuso, con voz aguda y
estriada como la de una flauta rota. Ejercía dominio sobre nosotros porque nos
gritaba fuerte y no se equivocaba en las explicaciones; amaba nuestra tierra
hospitalaria, y cada 25 de mayo y 9 de julio nos hacía fiestas que nunca he de
olvidar.
Tenía este hombre la facultad extraordinaria de entusiasmarnos por
todo. Las fiestas patrias se celebraban con ardor, aún en medio del más riguroso
invierno. Con algún tiempo de anticipación nos ordenaba mandar coser
nuestros trajes de chaqueta celeste y pantalón blanco para asistir a la plaza a
saludar al sol naciente. Ensayábamos todos los días en coro el Himno Nacional
y preparábamos discursos [...].
jQué hermosa era la fatiga de aquel día! Nuestros padres no podían
conseguir que cambiásemos de ropa; queríamos seguir vestidos de M ayo los
tres días que duraban en las casas, en los ranchos y en los árboles las banderas
de la fiesta flota nd o incesantemente com o bandadas de aves azules que
revoloteasen sobre la viña.
Joaquín V. González
Nació en Nonogasta (La R ioja) y falleció en Buenos Aires
1863-1923
De su obra M is Montañas
Para conversar:
o
1. ¿Qué día del año escolar describe
2. ¿Cómo preparó la m adre a c m
3. ¿Con qué otra palabra nom bra d
4. ¿Qué apuestas jugaba el aufór co
5. ; Cóm o era físicam ente el nuevo íi
¿Cómo
6. ¿Qué hacía practicar a los alumnoé?
7.¿Qué sentía Joaquín frente a su padre? ¿PdPqué?
8. ¿Cómo hacía festejar el maestro las fiestas patrias?
9. ¿Por qué sus alum nos estaban agradecidos al maestro?
¿SaGías que?
Lectura 26
o
La ciudad
R aúl Galán
Nadó en Ledesma, Jujuy y falledó en Baradero, Buenos Aires
1912-1963
Para destrabar la
Para Jugar aadivinar: lengua, un
trabalenguas:
M i picadura es dañina,
mi cuerpo insignificante,
Un chivo tuerto
pero el néctar que yo doy
yo vi en el huerto
os lo coméis al instante.
comerse el cuero
de un puerco muerto.
En rincones y entre ramas
mis redes voy construyendo,!
para que moscas incautas, ¿A qué refrán se refiere?
en ellas vayan cayendo.
El que toma un haz de leña
y no lo puede abrazar,
(mande al verlo cómo se afana,
oood eojiíqe
¿qué refrán le convendrá?
o ip n iu a o fa jd l
j
Lectura 27
El zonda
1.¿Qué es el zonda?
2. ¿Por qué dice el autor que el zorí maléficcSy
3. ¿Qué vientos nombra el autor?
4. ¿Dónde sopla el zonda?
5. ¿Cómo lo sienten los sanjuaninos?
San Juan
Romancedelniñoagua
126.
:f.Para destrabar la lengua, un trabalenguas:
Lectura 28
Patagonia
-127
Aluhue había cumplido los diez años y ahora ella también debía
colaborar con las tareas propias de las mujeres junto a su madre, abuela, tías y
primas. Le gustaba hacer todo a la perfección y estar prolija. Por eso cada
mañana se ajustaba el kochel4cuidadosamente. Como era muy observadora y
atenta aprendía rápidamente, pero siempre parecía estar distraída. En realidad
Aluhue era muy sensible y toda la naturaleza la atraía y la emocionaba.
Cuando iban a buscar agua o a juntar leña se quedaba admirada del rojo tan
vivo de la flor del notro o de la simetría del ñir, pero lo que más le gustaba era el
cielo. Podía pasar mucho tiempo contemplándolo, sentía que crecía en su
pecho un sentimiento que no conocía, que no podía explicar, como un deseo
enorme de algo... no sabía de qué. Ella pensaba que se debía a la cercanía del
Chaltén y le apenaba pensar que en poco tiempo se alejarían del lugar sagrado.
Por la tarde, mientras su madre con habilidad manejaba el telar
t r a b a j a n d o
empeñosamente en el
U endeunk5 y otras
m ujeres fa b ric a b a n
artesanías, A lu h u e
recordó que su hermano
necesitaría un k a f nuevo.
C on m u c h o esm ero
eligió el mejor cuero de
guanaco y tal como había
aprendido, se puso a
pr epa rar lo; luego su
madre lo cosería.
Llegó el
mo men to del éxodo.
E r a n cerca de c i e n
personas trasladándose a
pie hacia el Este. El
camino era conocido, lo
hacían cada año. Cerca
del anochecer estarían llegando al refugio donde descansarían para continuar
su viaje hasta la costa.*i
128 ,
I
Aluhuen y Saquín disfrutaban la caminata correteando a las maras,
imitando el brinco de los chulengos7o apostando quién vería primero un lobo
marino.
En los momentos de descanso Aluhuen pensaba... creía que ese
sentimiento en su pecho iría disminuyendo con la partida, que crecería la
tristeza a medida que se alejaban de la montaña. Pero n o ... no comprendía por
qué a medida que se acercaban a su nuevo destino la tristeza desaparecía y
sentía cada vez más deseo de... no sabía qué.
L u e g o de m u c h o s d ía s de p e re g rin a je a v is ta ro n e l in m e n s o m a r a z u l.
L a s m u je re s b u s c a ro n e l lu g a r m ás p ro te g id o d e l v ie n to d o n d e cad a fa m ilia
a rm a ría su k a u . L o s h o m b re s se p re p a ra b a n
p a ra la ca za .
U na mañana Aluhuen se
despertó más temprano de lo
n o rm a l. Sin saber por qué se
d irig ió hacia la playa. A llí
v io a lg o qu e n u n c a
habían contem plado sus
ojos. Grandes peces de
m a d e ra flo ta b a n sobre
el agua acercándose
rápidam ente a la costa.
Se ocultó tras una m ata
negra y esperó. Los
contó. E ran cinco. Pudo
ver cómo de esos peces
emergían hombres y
animales, algunos muy extraños para ella. El viento llevaba a sus oídos algunos
sonidos que no podía identificar. A l principio sintió miedo, luego mucha
curiosidad,pero sobre todo una certeza inexplicable de que ella debía estar ahí.
Por prudencia decidió no contar nada y volver a ver qué pasaba. Esa noche
apenas dorm itó; soñaba, o pensaba... ese deseo era algo o alguien que la
íamaba y esta vez con más fuerza que nunca lo sentía en su corazón, como un
ilorcito dulce queno quemaba, sino que acariciaba y le daba seguridad, como
2promesa cumplida, como un amigo al que serencuentra.
'nda tehuelche que consistía en un toldo de cueros sobre un armazón de postes con divisiones en su
rún las necesidades de la fam ilia. Eran fáciles de transportar y las encargadas de armarlas eran las
La mañana siguiente era fresca pero soleada. Sin levantar sospechas se
dirigió hacia la playa y, ocultándose tras el mismo arbusto vio algo que sólo
después de mucho tiempo podría entender y explicar. Parecía un banquete.
Habían construido una mesa con piedras del lugar, pero sólo una persona
estaba frente a ella. Muchos otros, más apartados, parecían esperar su turno. Le
resultó muy raro que no hubiera carnes, ni raíces, ni
huevos de avestruz...sólo un copón dorado y
una vasija pequeña. Quería escuchar, pero
apenas un eco, una canción. N o lograba
identificar si era de uno o de todos
ju n to s... cada gesto despertaba más y
más su curiosidad. En un momento
vio que todos se ponían de rodillas y
sin saber por qué ella también se
postró en el suelo sin dejar de mirar
con gran admiración un pequeño
círculo blanco que elevado al cielo
b rilla b a como la nieve de las
montañas que había dejado atrás.
N o lograba apartar la vista de ese
objeto, aunque en su interior sentía
como si fuera Alguien que la miraba, la
llamaba, que la amaba... no comprendía lo
que presenciaba, pero en un instante supo con
toda seguridad que estaba ante lo más importante de su vida, supo que había
encontrado la fuente de su misterioso deseo, que ya nada sería igual que antes,
que lo mejor para ella y su familia había llegado.
Para conversar:
misa. E l celebrante fue el Padre Pedro de Valderram a. Este fue el p rim e r o fic io
religioso celebrado en te rrito rio argentino. L a prim era vez que C risto se hizo
presente en la E ucaristía en nuestra Patria.
Tam bién en estas costas se pro du jo el novelesco encuentro entre
M agallanes y los tehuelches, im poniéndoles aquí M agallanes el nom bre de
"patagones", denom inación que, po r extensión, se daría a todo el te rrito rio . Es
decir que San Julián es el escenario o rig in a l de la palabra "patagonia".
M ás adelante, refiriéndose al encuentro con o tro n a tivo cuenta
M agallanes: “ Pasó algunos días en nuestra com pañía, habiéndole enseñado a
pronunciar el nom bre de Jesús, la oración dom inical, etc., lo cual lo gró ejecutar
tan bien com o nosotros, aunque con voz m uy recia. A l fin le bautizam os
dándole el nom bre de Ju a n ". Éste es el p rim e r acto evangelizador de la histo ria
argentina. Y finalm ente, el cerro de 285 m . actualm ente conocido com o M onte
W ood, es bautizado M ontecristo, y en su cim a se clava una cruz, com o
afirm ación de la fe cristiana. Seguidamente se tom a posesión de esta tie rra en
nom bre del Rey de España. (Es el p rim e r acto fo rm a l de soberanía española en
suelo argentino).
M apa antiguo del
Estrecho de M agallanes.
Grabado sobre papel -
Técnica: Punta seca.
Anónim o.
Tras cinco meses de estadía la flota abandona San Julián.
Hoy se puede visitar el museo temático "Nao Victoria" sobre la costa
del Mar Argentino en San Julián. Es una réplica de la nave, con imágenes de
yeso en tamaño real. A unos metros se encuentra el monumento a la Primera
Misa.
María Montserrat Puy,
contemporánea, nacióen Córdobay enLa Patagonia.
Lectura 29
Las M alvinas
Para conversar:
((
¿Quién es el autor de la poesía? ¿De qué provincia es?
2. ¿De qué habla la poesía?
3. ¿Por qué dice el autor queda patria la m ira coadolor?
4. ¿Qué son las alas? ! j j \ ;
5. ¿Quién es el guardián de la isla?,
)
6. ¿Cuál es la m isión del pingüino? ^\ eO
7. ¿Quién le trae cartas de libertad? ¿De quién está ^áiitiva?
8. ¿Por qué está triste? ¿Qué esperan las islas? ) \
9. ¿Qué nom bre le pusieron?
10. ¿Quién es el hom bre que vendrá con la bandera y el cantar? ¿Qué
bandera traerá?
-133
inas fueron descubiertas por expedicionarios
Fueron españolas desde entonces. A l tener
pasan a ser parte de las Provincias Unidas del •i
ingleses las tomaron por la fuerza, en 1833.
bajo la bandera inglesa, con excepción de los 72 días, desde el
1982 hasta el 14 de junio del mismo año, que duró
é
Refranes para pensar, reflexionar y
comentar
Llegada a la Antártida
Por el derrotero que nos señalara la Cruz del Sur, atravesamos un mar
cada vez más frío y más azul.
La América continental ha quedado a nuestras espaldas.
Más allá de las últimas islas de gaviotas, como una fantasía de cristal,
emerge la Antártida Argentina. Altos témpanos de almenadas torres defienden
su silenciosa intimidad de ventisquero.
Casi irreal, la claridad solar, que vela durante seis meses su horizonte, se
deshace en mil formas fantasmales y coloridas transparencias.
Nuestro rompehielos avanza, imperturbable, hacia esa tierra en la que
1
I
«
el sol demora en reclinar su cabeza. De pronto surge, a la derecha, una catedral I
fantástica construida con astillas de arco iris. Entre sus columnas de
translúcidos verdes, azules, violáceos y púrpuras, el viento entona un quejido
profundo y solemne.
Adelante, el valle helado destella en rojos
y oros, com o una pradera palpitante de flores
nuevas.
Y en una enorm e superficie de lím p id o
cristal se espeja, majestuoso, el ú ltim o castillo
encantado de la tierra. Sus m uros reverberan
entre pavesas de luz, com o si hadas traviesas y
fulgurantes danzaran en sus balcones.
C uesta ace pta r la re a lid a d de este
m undo de ensueño. Pero el aire glacial en el
rostro nos la reitera.
U na m ancha pardusca va creciendo en
su vestido de nieve ... Parece un grupo de
construcciones. ¡Es la Base M atienzo!
M ás gallarda y herm osa que nunca, com o una cim era acariciando el
cielo, com o un silencioso g rito de heroísm o, com o una llam a azul y blanca en
lo alto del m ástil, la Bandera A rgentina nos in d ica que nunca habíamos estado
del todo ausentes de a llí.
o
Para conversar: o
Cb t/UO a/YYVJVa/UO- Y
JVUisí^OCX^TV,
TW na/UU/vt/'uO'V
cLjj'Ut/'rvcL/ i/üiyYrv/py’U/ O/ tu /^
Pu/j/G^.
j (X^ru/rv
V
Nuestra Patria y su historia
Para am ar algo hay que conocerlo. Conozcam os cóm o se form ó nuestra Patria.
De Paul Verlaine,
traducción del Padre Leonardo Castellani.
D ios la fundó sobre la tie rra para que hubiera menos ham bre y menos
D ios la fundó sobre la tie rra para que fuera soportable su castigo.
Desde aquel día es para el hom bre desamparado com o el árbol del cam ino.
Porque da frutos com o el árbol y com o el árbol tiene sombra y tiene nidos.
M anos de am or la hicieron grande com o sus cielos, sus m ontañas y sus ríos.
Com o el candor de sus rebaños y la v irtu d de sus trigales in fin ito s.
M anos seguras en el día de la v ic to ria y en la noche del vencido.
Tanto en el puño de la espada com o en la m ano y en el hom bro del am igo.
Podemos dar gracias al cielo po r la belleza y el honor de su destino.
Dr la dicha interm inable de haber nacido en el lugar donde nacim os.
El sueño cumplido
Com enzaron los preparativos para el viaje, con todo entusiasmo. Se
lograron: tres carabelas, 120 hombres, varios m isioneros, barriles con com idas
y panes, toneles de vinos y grandes cantidades de agua.
E l 3 de agosto se ju n tó toda la población para despedir la pintoresca
expedición. Se celebró una m isa y zarparon las naves, con gran alegría de
todos.
Pero pasó todo agosto. Todo septiembre. Y empezaba o ctu b re ...
Los m arinos se im pacientaban. Sólo veían m ar y cielo, cielo y mar. Los
a lim e n to s escaseaban. D e c id ie ro n h a b la r co n C o ló n . Este e n te n d ió
perfectam ente a sus tripulantes, pero les p id ió unos días más. Si no encontraban
rastros de vida, si no vislum braban tierra, em prenderían el cam ino de vuelta a
España.
E l 12 de octubre, día de N uestra Señora del P ilar, patrona de España, al
levantarse, otearon nuevamente el horizonte. Les costaba creer lo que estaban
vie nd o: una línea de tierra. E l m ism o día pudieron desembarcar y, arrodillados,
dieron gracias a D ios y plantaron la bandera española. H abían descubierto un
m undo nuevo. Creían que eran las Indias, p o r eso a sus habitantes los llam aron
indios.
C o ló n había lle g a d o a las Isla s de
A m érica C entral. Lla m ó San Salvador a la
prim era que vio. Desde a llí h izo pequeños
viajes y descubrió Cuba y H a ití, a las que,
llam ó Juana y La Española,
respectivamente.
C o ló n v o lv ió al poco tiem po a
España. Los Reyes lo recibieron en el
Puerto de Barcelona, felices y ansiosos
po r conocer todo sobre el m undo nuevo,
una p ro vin cia más de España, separada de
la m etróp oli po r el inm enso mar.
Las carabelas
P e r la ú e m i p a t r i a
P. Romero de la Vega
El 25 de mayo de 1810
Preparación
£1 himno es un juramento
La gran voz de los soldados Esa voz nos acompaña
de Belgrano y San M a rtín com o el tam bor al clarín,
suena y resuena en el H im n o y en el altar de la P atria
para quien lo sabe oír. nos enseña a repetir:
“ Coronados de gloria vivam os,
Esa voz es la que dice o jurem os con gloria m o rir”
-ella lo puede decir-
“ Sean eternos los laureles
que supimos conseguir” Germán Berdiales
143
El General Belgrano
A la bandera argentina
Esta gobernación incluía las actuales provincias de Mendoza, San Juan y San
Luis. San Martín quería un ejército para atravesar los Andes y vencer las tropas
realistas de Chile y de Perú. Pero para esto, era necesario declarar la
Independencia. No se podía estar luchando contra los españoles aquí y
dependiendo aún de España.
Desde Buenos Aires se trababan todos los planes. Y las distintas
provincias ya estaban impacientes. Belgrano, San Martín y Artigas eran
algunos de los principales patriotas que querían que se reuniera un Congreso,
con representantes de todas las provincias, para que se discutiera la
Independencia de España y la forma de gobierno que más nos convenía.
Por fm, el Director Supremo, que en ese momento era Alvarez Thomas,
escucha la voz de los caudillos y convoca el tan ansiado Congreso.
Este se reúne en Tucumán el 24 de marzo de 1816. Y después de tres
meses de discusiones, el 9 de julio de 1816, bajo la presidencia del Dr. Francisco
Narciso de Laprida, representante de la provincia de San Juan, se declaró la
Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de España y de
todo otro poder extranjero.
La casa histórica Romance de Tucumán
¿Qué es el ja zm ín y el helécho?
¿Qué es el naranjo y la lim a
sino pa tria hecha fragancia,
donaire, som bra y almíbar?
Alfredo R. Búfano
17deagosto: Dia deJosé deSanMartín
148
sus noticias políticas y cosen botones, preparan ropas y bordan una hermosa
bandera, la Bandera de Los Andes. San M a rtín la ofrenda a N uestra Sra. de
la M erced y encabeza desde entonces las proezas del ejército libertador.
A sí, con m ucho sacrificio, con la ayuda m uy p a rticu la r de los indios del
lugar, que conocen bien el te rrito rio , logra avanzar, San M a rtín y su gente, sobre
Chile. E l ejército sanm artiniano tiene dos grandes éxitos en Chacabuco y
M aipú. Los realistas deben retirarse. A sí C hile com ienza su cam ino de
independencia.
San M a rtín prepara entonces su expedición p o r el m ar para c u m p lir el
gran objetivo: arrancar al enem igo su punto más fuerte, el Perú. Ya no tiene
recursos económ icos, pero el pueblo chileno trabaja generosamente en la
empresa. Y así, con pocos recursos m ateriales, pero con planes inteligentes,
logra entrar en Perú, vencer a las tropas realistas y declarar su Independencia.
Rechaza todo honor que se le procura y regresa a M endoza.
M ientras tanto, su esposa ha fallecido en Buenos Aires. Y com o no hay
paz en su Patria, po r las luchas p o r el poder, viaja, con dolor, a Europa. A llí se
instala en Francia, en Boulogne Sur M er, con su h ija Mercedes. Lleva una vida
sencilla, com o un abuelito más, que cuenta sus recuerdos a los nietos. Fallece el
17 de agosto de 1850. H o y sus restos descansan en la Catedral de Buenos Aires,
y los de su esposa, en la Basílica de San Francisco, en M endoza.
Coplas al libertador
E l corazón argentino
tiene tu frase grabada:
“ serás lo que debas ser
o no serás nada” . P ublioA . Cordero
De una carta de Belgrano a San Martin
Q/m£m
§
A lgunos de los consejos que F ie rro da a sus hijos están en los siguientes
versos:
José Hernández
151
T
^■1
20 de noviembre
■■
partes el desembarco. D efienden con el cuerpo y el alm a a su patria, su suelo y
su soberanía.
Las tropas nacionales son vencidas. Pero las fuerzas invasoras se dan
cuenta de que aquí hay u n pueblo dispuesto a im p e d ir su objetivo: el com ercio.
A l poco tiem po, prim ero los ingleses y luego los franceses, se retiran.
Finalm ente, el 24 de noviem bre de 1849, cuatro años después de la
gloriosa batalla de la V uelta de O bligado, el general Rosas firm a un tratado po r
el cual Inglaterra acata la soberanía argentina sobre los ríos, los ingleses dejan
la isla M a rtín G arcía que estaba en su poder, devuelven los buques y saludan al
pabellón argentino con 21 cañonazos. E l G eneral San M a rtín , cuando se entera
de los sucesos, se em ociona m ucho y escribe una herm osa carta al G eneral
Rosas, obsequiándole, en reconocim iento po r su actuación, el sable que había
usado durante toda su campaña libertadora. E l triu n fo m ilita r es de los
extranjeros. Pero en realidad, h icie ron un enorm e esfuerzo para nada. Y la
Confederación tom a conciencia, una vez más, del va lo r de sus hombres.
Todo el m undo se quedó adm irado del valor y del coraje de este pueblo.
Todos se dieron cuenta de que “ Los argentinos no son empanadas que se
comen sin más trabajo que el de
a b rir la bo ca ” , com o le d ijo el
G eneral San M a rtín en su carta al
G eneral Rosas.
P o r d e c r e t o d e l 3 de
noviem bre del año 2010 es feriado
n a c io n a l. Es el día de nu e stra
Soberanía.
Benedicto X V I
154
2 5 de diciembre
E n aquel tiem po, apareció un edicto del César A ugusto, para que se
hiciera el censo de toda la tierra. [...] Y todos iban a hacerse em padronar, cada
uno a su ciudad. Subió tam bién José de G alilea, de la ciudad de N azaret, a
Judea, a la ciudad de D avid, que se llam a Betlehem , porque él era de la casa y
linaje de D avid, para hacerse in scrib ir con M a ría su esposa, que estaba encinta.
M ientras estaban a llí, llegó para ella el tiem po de su alum bram iento. Y dio a luz
a su h ijo prim ogénito; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre,
porque no había lugar para ellos en la hostería.
15 3. sucedió
106. husm ear 120.1ibar 156.testuz
154. sum isión
121.lu c ir ^ —
157.tez
122. m agnificencia* *58.toldería
i 123. m alones 159.topografía
160. tradición
F-G-H 124. manadas
125. maras 161. translúcid(
126. mensura 162. trascendei
127. misionera 163 .travesía
¡128. mostrencos 164.tropel
128. 165. vaquería
. 'VitIL 166.vasija
167.ventisquero
168. vertiginoso
I-J-L-M T-V 169. zonda
170. zumbar ■
■L
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índice