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Análisis de "El rayo de luna" de Bécquer

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PEC2 – TEXTOS LITERARIOS MODERNOS

Fecha: 10-5-2020

(i) Marco estético y cronología

El fragmento propuesto pertenece a la leyenda “El rayo de luna” de


Gustavo Adolfo Bécquer que se publicó entre 1861 y 1862, periodo que
esta a caballo entre los movimientos romántico y realista. Se puede
afirmar, sin lugar a dudas, que es una leyenda romántica no solo por
sus características, reflejadas en el tema y el estilo utilizado, sino
también porque a su autor se le considera el poeta romántico español
más importante, padre de la poesía moderna.

El Romanticismo se consolidó en Alemania a finales del siglo XVIII y se


difundió por Europa a principios del siglo XIX como reacción, en el
aspecto cultural, al neoclasicismo, pretendiendo liberar al arte en
general y a la literatura, en particular, del seguimiento de los modelos
clásicos greco-romanos y renacentistas que se había impuesto durante
la Ilustración. Es un cambio que no solo afectó al arte sino a todos los
órdenes de la vida, pues como afirma Navas Ruiz (2004:37) “..es una
actitud ante los problemas del hombre, de la sociedad y de la cultura”
y fue un cambio que trajo nuevas ideas que, en palabras de Aullón de
Haro (1989:9) terminarían por “construir una nueva visión del
mundo”. El Romanticismo supone la exaltación de la subjetividad, al
considerar que la realidad objetiva no existe, pues el individuo la
moldea de acuerdo a su percepción. Esta importancia que se concede al
individuo se extiende a todo lo que se considera popular y al concepto
de nación como individuo colectivo.

1
La literatura romántica presenta unas características muy marcadas
que la distinguen con facilidad de las de otros movimientos como, por
ejemplo, el gusto por los temas misteriosos, inexplicables y fantásticos;
su preferencia por lo exótico y diferente, tanto en lo referente a los
lugares en los que se sitúa la acción como a los personajes
introducidos, algunas veces marginados y generalmente diferentes a lo
habitual hasta el momento; la exaltación de la naturaleza
especialmente si esta es salvaje o turbulenta, o la preferencia por
escenarios medievales son algunas de sus características más
marcadas.

En España el Romanticismo empieza algo más tarde debido a sus


circunstancias políticas1. Navas Ruiz (2004:39) considera cuatro
épocas bien diferenciadas en la literatura española del siglo XIX: “el fin
del neoclasicismo, hasta 1830; el romanticismo entre 1830 y 1850; el
post-romanticismo ente 1850 y 1875; el realismo entre 1875 y 1898”.

A la época señalada por Navas Ruiz como post-romanticismo pertenece


Bécquer, pues nació en Sevilla en 1836 y escribió sus primeras
composiciones en torno a 1860. Perteneció a una familia de artistas
recibiendo formación pictórica y musical, lo que puede apreciarse en
muchas de sus obras.
Bécquer se diferencia de los autores románticos españoles anteriores a
él, pues según lo expresado por Tomás Sánchez Santiago (1997:26)
mantenía “una posición personal ante la Poesía que apenas tenía que
1
Mientras que en otros países europeos triunfa el liberalismo que se identifica con el
Romanticismo, en España predomina en esa época el absolutismo en los periodos de
1814 a 1820 y de 1823 a 1833

2
ver con las tendencias dominantes de los escritores españoles de
entonces, marcados por un conservadurismo mal entendido que les
lleva a la persistencia en un lenguaje retórico alejado de la
naturalidad…” y continua más adelante concretando las diferencias de
Bécquer respecto a sus contemporáneos: “la falta de desarrollo de sus
composiciones que prefigura la estética simbolista inmediata, la
utilización de un tono confidencial y una introspección que llega a los
universales humanos sin necesidad de un discurso de declaraciones
explícitas…”.
Respecto a la influencia posterior de Bécquer, de acuerdo con lo
expresado por Margarita Almela Boix (2013:218) : “ Por su plasticidad
y musicalidad fue considerado por los modernistas, que lo imitaron,
un precursor de las técnicas parnasianas y simbolistas e influyó
considerablemente en la poesía moderna española, desde Juan Ramón
Jiménez y Machado hasta los poetas del 27.”

Si bien el género más importante del Romanticismo es la poesía lírica


que permite expresar toda la subjetividad del autor y que fue cultivado
por Bécquer en sus conocidísimas Rimas, nos encontramos en el
fragmento a comentar con una leyenda. La leyenda es también un
género romántico por su imaginación, inspirándose en temas
maravillosos, pintorescos o muchas veces provenientes de la tradición
popular, tan importante para los románticos. El género prolifera a lo
largo del siglo XIX, junto con los cuentos, la novela histórica o los
artículos de costumbres, y alcanza su plenitud gracias a Bécquer. Se
considera la existencia de tres fases en el género. La primera fase está
constituida por leyendas inspiradas en baladas germánicas, en prosa
poética, cargadas de lirismo y recursos estilísticos. A la segunda fase

3
pertenecen las leyendas en verso del Duque de Rivas y de Zorrilla, en
esquema métrico de romance y en la tercera fase se tienen las
leyendas en prosa de texto breve que generalmente se publican en
prensa y, por lo tanto, van dirigidas a un público amplio. Este es el caso
de las leyendas de Bécquer, si bien las suyas son muy superiores a
todas las anteriores por su originalidad, la estructuración de sus
escenas, su maestría en la recreación de ambientes, su lirismo y su
intensidad.

(ii) Tema/s principal/es

El fragmento nos presenta a su personaje principal, Manrique, como un


soñador en busca la soledad que le permite recrear sus fantasías. Uno
de los temas principales de la leyenda es la ensoñación, que es un tema
recurrente en Bécquer, señalado por Sánchez Santiago (1997:33): “Mas
que en el onirismo, es en la ensoñación, en sus limbos misteriosos
donde el poeta sevillano encuentra la fértil ambigüedad entre la razón
y la fantasía, entre la abstracción indefinida y la imagen en el límite de
su realización.”. Encontramos este tema en bastantes rimas de
Bécquer, y un buen ejemplo es la rima LXXV:

¿Será verdad que, cuando toca el sueño,


con sus dedos de rosa, nuestros ojos,
de la cárcel que habita huye el espíritu
en vuelo presuroso?

¿Será verdad que, huésped de las nieblas,


de la brisa nocturna al tenue soplo,
alado sube a la región vacía
a encontrarse con otros?

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¿Y allí desnudo de la humana forma,
allí los lazos terrenales rotos,
breves horas habita de la idea
el mundo silencioso?

¿Y ríe y llora y aborrece y ama


y guarda un rastro del dolor y el gozo,
semejante al que deja cuando cruza
el cielo un meteoro?.

Yo no sé si ese mundo de visiones


vive fuera o va dentro de nosotros.
Pero sé que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco.

Pero si consideramos la leyenda completa, no solo el fragmento, nos


damos cuenta de que hay otro tema íntimamente unido con la
ensoñación y es la búsqueda del amor como ideal inalcanzable, que
Bécquer asimila con la belleza y la poesía y que, según creo, es la triste
verdad a la que hace referencia en su presentación, pues tanto
Manrique como Bécquer persiguen algo que nunca alcanzarán. Este
tema del ideal inalcanzable, que se evidencia en la leyenda, aparece en
bastantes rimas, siendo la más paradigmática la rima XI:

—Yo soy ardiente, yo soy morena,


yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
—No es a ti, no.

—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:


puedo brindarte dichas sin fin,
yo de ternuras guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
—No, no es a ti.

—Yo soy un sueño, un imposible,


vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:

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no puedo amarte.
—¡Oh ven, ven tú!

(iii) Estrategias narrativas y figuras retóricas

Bécquer utiliza la antigua técnica de enmarcar la narración con un


prólogo en el que se presenta como autor, reiterando la primera persona,
mostrándonos su yo lírico. Además de este subjetivismo propio de
Romanticismo que se expresa a través del yo, el autor se acerca a la figura
de su protagonista, con la que se identifica, haciendo referencia a su
propia imaginación. Además, siempre amante del suspense, revela que la
leyenda tiene un fondo, contiene una verdad muy triste, lo que intriga al
lector y le prepara para comenzar el relato.

El fragmento, además de la presentación, incluye unos párrafos del


primer capítulo de la leyenda en los que se describe el carácter de su
protagonista. No entra nuestro fragmento en la acción de la leyenda, pues
si seguimos el esquema de Labov, incluye además del Prólogo
mencionado en el párrafo anterior, la Orientación en la que nos presenta
a Manrique de una manera original, a través del narrador en tercera
persona y de los diálogos entre la madre del protagonista y sus
servidores. Se trata de un fragmento descriptivo, pues su objetivo es
contarnos como es su manera de ser, lo que nos va a permitir
comprender mejor el relato que iniciará a continuación. En estos párrafos
no solo nos enteramos del carácter contemplativo y soñador de Manrique
sino que además Bécquer tiene la habilidad de describir, con pinceladas
rápidas, escenas de la vida del castillo del noble.

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En el fragmento se aprecian rasgos típicamente románticos:
- la época en la que trascurre la historia, que aunque no se dice
explícitamente, hay referencias a la Edad Media como “la cantiga de un
trovador” o el propio castillo.
- los conceptos románticos a los que se refieren los servidores cuando
hablan de su señor: “tumbas”, “fuegos fatuos” o naturaleza.
- el amor a la soledad y la ensoñación, que fomentan la creación de
mundos fantásticos con los que el propio autor se identifica.
- más allá del fragmento, el propio título de la leyenda “El rayo de luna” es
romántico pues sugiere conceptos como la noche, el misterio o los
espectros.

Recursos estilísticos
En el primer párrafo el poeta juega con los conceptos cuento e historia,
repitiéndolos y cambiándolos de orden, llamando así nuestra atención,
introduciendo la duda, dejando en el aire si es real o inventado, para
terminar afirmando que hay “una verdad, una verdad muy triste”. Vuelve
a repetir conceptos para enfatizar su idea.

En el inicio de la descripción de Manrique, Bécquer escribe “ había nacido


entre el estruendo de las armas, y el insólito clamor de una trompeta de
guerra….”. La aliteración del sonido “rr” aporta el estruendo sonoro que
acompaña perfectamente la idea que se quiere transmitir. También tiene
fuerza el contraste entre “este estruendo” y la quietud del carácter del
protagonista.

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Siguiendo el contraste con el carácter de Manrique, se describen las
muchas actividades del patio del castillo. Bécquer lo hace mediante tres
frases subordinadas, con estructuras sintácticas paralelas, que además de
aportar armonía y uniformidad, consiguen contarnos como pinceladas
certeras, lo que hacen palafreneros, pajes y soldados. Que se describa el
patio como anchuroso ayuda al lector a imaginar mejor aún la escena. Se
destaca el uso comedido pero certero de los adjetivos, apenas dos o tres
en el fragmento, lo que trasmite sensación de sencillez y naturalidad al
lector.

La introducción de diálogos directos aporta viveza y frescura a la


descripción de Manrique, que aún continúa. El autor pone en boca de los
servidores las posibles actividades de su señor mezclando frases
yuxtapuestas y coordinadas por la conjunción repetitiva “o”,
consiguiendo una enumeración exhaustiva y armoniosa, gracias a los
paralelismos con el uso del gerundio e infinitivo, que nos revela, no solo
en que emplea su tiempo el protagonista, sino que nos da una idea más
completa de su carácter contemplativo, que es lo que el autor pretendía.
Pero además las expresiones “conversaciones con los muertos”, “mirar
correr las olas”, “contar estrellas” o “seguir una nube” sirve al autor
también para expresar que Manrique era un incomprendido en su
entorno, como buen personaje romántico.

En conclusión, Bécquer nos ofrece una leyenda con tema y ambientación


románticos, que al mismo tiempo trata “una triste verdad” con mucho
significado personal para el autor, como es la imposibilidad de alcanzar
el amor y la poesía. Escrita para publicarse en prensa, el autor sabe
narrarla provocando en el lector dosis de intriga y misterio para

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mantener su atención, describiendo con aparente sencillez y maestría
tanto caracteres como escenas que pudieran parecer pintadas,
mostrando así su formación artística.

BIBLIOGRAFÍA

9
ALMELA BOIS, Margarita (2013). Textos literarios españoles de los siglos
XVIII y XIX. Madrid: Ed. Universitaria Ramón Areces. Ed, 2016

AULLÓN DE HARO, Pedro (1989). La poesía del siglo XIX. Madrid: Ed.
Playor.

BÉCQUER, Gustavo Adolfo . Rimas y Leyendas. Barcelona: Ed. Espasa:2010

NAVAS RUÍZ, Ricardo (2004). El Romanticismo Español. Madrid: Ed.


Cátedra

SÁNCHEZ SANTIAGO, Tomás (1997). “Introducción” A Gustavo Adolfo


Bécquer. Rimas y Leyendas. Madrid: Biblioteca Hermes-Clásicos
Castellanos

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