OFI24-00133515 / GFPU
Bogotá D.C., 5 de julio de 2024
OFI24-00133515 / GFPU 14000000
(CITE ESTE NÚMERO PARA INFORMACIÓN Y/O PARA ENVIAR COMUNICACIÓN)
HONORABLES CONSEJEROS
HONORABLE CONSEJERO PONENTE
OSWALDO GIRALDO LÓPEZ
SECCIÓN PRIMERA
SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO
CONSEJO DE ESTADO
E. S. D. Clave:
F7e8dcQEpp
OFI24-00133515 / GFPU 14000000
Expediente Nro.: 11001-03-24-000-2024-00087-00
Actor: Fundación para el Estado de Derecho
Demandados: Nación – Presidencia de la República
Medio de control: NULIDAD
Asunto: Contestación de la demanda
Respetados señores consejeros:
MARTHA ALICIA CORSSY MARTÍNEZ, mayor de edad, domiciliada en la ciudad de
Bogotá, identificada con la cédula de ciudadanía número 52.619.609 de Usaquén,
abogada titulada e inscrita, portadora de la tarjeta profesional número 97.847 del
Consejo Superior de la Judicatura, actuando en nombre y representación del señor
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, doctor GUSTAVO FRANCISCO PETRO URREGO,
de conformidad con el poder otorgado por la señora secretaria jurídica de la Presidencia de
la República, que obra en el expediente, dentro del término de ley, descorro el traslado
de la demanda presentada por la FUNDACIÓN PARA EL ESTADO DE DERECHO en
contra de la Resolución No. 064 del 28 de febrero de 2024 “[p]or la cual se autoriza la
instalación de la Mesa de Diálogos de Paz con las autodenominadas Segunda
Marquetalia y se dictan otras disposiciones”, expedida por el señor presidente de la
República, en los siguientes términos:
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I. OPORTUNIDAD DEL PRONUNCIAMIENTO
La contestación de la demanda se presenta dentro del término establecido en el
artículo 172 de la Ley 1437 de 2011 “[p]or la cual se expide el Código de Procedimiento
Administrativo y de lo Contencioso Administrativo", dado que el Auto de fecha 9 de
mayo de 2024, mediante el cual se corrió traslado de la demanda por el término de
treinta (30) días, fue enviado por correo electrónico el viernes 17 de mayo de 2024 y,
en consecuencia, quedó notificado el martes 21 de mayo de 2024, tal como consta en
el radicado EXT24-00076265, de manera que dicho término empezó a correr el día
siguiente, esto es, el miércoles 22 de mayo de 2024 y finaliza el lunes 15 de abril de
2024.
II. A LAS PRETENSIONES DE LA DEMANDA
La parte actora formula la siguiente pretensión con la demanda:
“DECLARAR la nulidad de la Resolución No. 065 del 28 de febrero de 2024
“Por la cual se autoriza la instalación de la Mesa de Diálogos de Paz con las
autodenominadas Segunda Marquetalia y se dictan otras disposiciones” por
cuanto adolece de vicios como la infracción a los artículos 122 y 66 transitorio
de la Constitución, el artículo 2° de la Ley 2272 de 2022, falta de competencia
y falsa motivación.”
Nos oponemos a la única pretensión de la demanda, toda vez que carece de
fundamento constitucional, legal y fáctico, como se pasa a demostrar.
III. A LOS HECHOS DE LA DEMANDA
A continuación, se trascribe el texto de la norma demandada, esto es, la Resolución
No. 064 del 28 de febrero de 2024:
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“RESOLUCIÓN 064 DE 2024
(febrero 28)
Por la cual se autoriza la instalación de la Mesa de Diálogos de Paz con las
autodenominadas Segunda Marquetalia y se dictan otras disposiciones
EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA
En ejercicio de sus atribuciones constitucionales y legales, en especial de las
conferidas en el numeral 11 del artículo 189 de la Constitución Política, la Ley
418 de 1997, modificada y prorrogada por las leyes 548 de 1999, 782 de
2002,1106 de 2006, 1421 de 2010, 1738 de 2014, 1779 de 2016, 1941 de 2018 y
2272 de 2022, y
CONSIDERANDO:
Que el artículo 22 de la Constitución Política dispone que la paz es un derecho y un
deber de obligatorio cumplimiento, y es obligación del Gobierno Nacional garantizar el
derecho a la paz conforme a los artículos 2, 22, 93 y 189 de la Constitución.
Que el artículo 188 de la Constitución Política señala que el Presidente de la República
simboliza la unidad nacional y, al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes,
se obliga a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos.
Que de conformidad con el numeral 4 del artículo 189 de la Constitución Política,
corresponde al Presidente de la República como Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y
Suprema Autoridad Administrativa, conservar en todo el territorio el orden público y
restablecerlo donde fuere turbado.
Que el artículo 10 de la Ley 418 de 1997, modificada, adicionada y prorrogada por la
Ley 2272 de 2022, establece que la dirección de todo proceso de paz corresponde al
Presidente de la República como responsable de la preservación del orden público en
toda la Nación.
Que el artículo 8 de la Ley 418 de 1997, modificado por el artículo 5 de la Ley 2272 de
2022, establece que los representantes autorizados expresamente por el Gobierno
Nacional, con el fin de promover la reconciliación entre los colombianos, la convivencia
pacífica y lograr la paz, siguiendo los lineamientos del Presidente de la República,
podrán: "(...) realizar todos los actos tendientes a entablar y adelantar diálogos, así
como negociaciones y lograr acuerdos con los voceros o miembros representantes de
los grupos armados organizados al margen de la ley, dirigidos a: obtener soluciones al
conflicto armado, lograr la efectiva aplicación del Derecho Internacional Humanitario,
el respeto de los Derechos Humanos, el cese de hostilidades o su disminución, la
reincorporación a la vida civil de los miembros de estas organizaciones o su tránsito a
la legalidad y la creación de condiciones que propendan por un orden político, social y
económico justo. (...)".
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Que el inciso 4º del mismo artículo citado establece que los acuerdos y su contenido
serán los que a juicio del Gobierno Nacional sean necesarios para adelantar el proceso
de paz, y que su cumplimiento será verificado por las instancias nacionales o
internacionales que para el efecto y de común acuerdo designen las partes. Asimismo,
en el siguiente inciso se estipula que estos acuerdos deben garantizar el normal y
pleno funcionamiento de las instituciones civiles de la región en donde ejerce influencia
el grupo armado al margen de la ley que lo suscribe.
Que el artículo 12 de la Ley 418 de 1997, modificado mediante el artículo de la ley
1738 de 2014 y prorrogado mediante el artículo 19 de la ley 2272 de 2022, señala que
quienes participen en los acercamientos, diálogos o negociaciones, así como en la
celebración de los acuerdos de paz con autorización del Gobierno Nacional, no
incurrirán en responsabilidad penal ni disciplinaria por razón de su intervención en los
mismos.
Que, mediante la Resolución No. 176 del 10 de agosto de 2022, el Gobierno Nacional
autorizó al Alto Comisionado para la Paz para adelantar acercamientos exploratorios
y contacto con grupos armados organizados al margen de la ley y grupos armados
organizados, con el fin verificar su voluntad real de paz, avanzar en la formalización
de diálogos y conversaciones, y celebrar acuerdos con los objetivos indicados por el
Presidente de la República.
Que la Corte Constitucional, en la sentencia C-069 de 2020, concluyó:
"[L]a paz, como finalidad del Estado y como derecho individual y colectivo exige
que las autoridades encargadas de mantener el orden público busquen
preferencialmente una salida negociada a los conflictos con las organizaciones
al margen de la ley. Este deber supone que el legislador no restrinja
injustificadamente las potestades presidenciales para buscar el diálogo. Con
todo, a pesar de lo anterior, el deber de buscar una salida negociada no
significa que el presidente no conserve una amplía discrecionalidad para
determinar cómo, cuándo y con quién busca establecer diálogos, y cuándo
debe usar el aparato coercitivo del Estado para proteger los derechos de las
personas".
Sin embargo, el ejercicio de la discrecionalidad presidencial para mantener el
orden público supone que el jefe de gobierno cuente con todas las herramientas
necesarias y suficientes para iniciar diálogos de paz cuando, y con quien, lo
considere apropiado, sin necesidad del concepto previo y favorable de sus
subalternos. Estos pueden y deben aconsejar al presidente, y proveerle todos
los elementos de juicio necesarios para tomar una decisión. Sin embargo, en
últimas, la decisión respecto del inicio de diálogos de paz con una organización
al margen de la ley le corresponde única y exclusivamente al presidente como
jefe de Estado y de gobierno. Por lo tanto, al restringir la potestad que tiene el
presidente para buscar una salida negociada a los conflictos internos, la
disposición demandada vulnera también los artículos 2º y 22 de la
Constitución".
(...)
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(…) Es necesario concluir que, si ninguna autoridad pública puede conducir
diálogos de paz sin autorización del presidente, a fortiori tales autoridades, al
estar sujetos a las órdenes del presidente en la materia, tampoco puedan
condicionar la potestad presidencial para decidir cómo, cuándo y con quiénes
puede llevar a cabo tales diálogos. Estas decisiones son de naturaleza
eminentemente política, y por lo tanto es el presidente, como representante de
la unidad nacional y elegido mediante voto popular, quien debe tomarlas".
Que, en tal medida, es potestad constitucional del Presidente de la República decidir
cómo, cuándo y con y con quiénes adelantará diálogos y negociaciones, como
responsable de la preservación del orden público en toda la Nación y, en tal medida,
del logro de la convivencia pacífica.
Que la Corte Constitucional, en la Sentencia C-630 de 2017, señalo: "(...) los órganos
políticos tienen amplio margen de discrecionalidad para diseñar mecanismos de
solución pacífica de conflictos, como la negociación para lograr la sujeción al estado
de Derecho de actores ilegales, con el fin de conseguir la paz, el cual sirve para
enfrentar situaciones extremas o anómalas, como el conflicto armado interno padecido
por el país por más de cincuenta años, en cuyo contexto derechos fundamentales
como la vida, la libertad y la seguridad de las personas y en general los derechos
fundamentales consagrados en la Constitución de 1991, han resultado afectados".
Que el artículo 2º de la Ley 2272 de 2022 dispone: "se entenderá por grupo armado
organizado al margen de la ley, aquel que, bajo la dirección de un mando responsable,
ejerza sobre una parte del territorio un control tal que le permita realizar operaciones
militares sostenidas y concertadas".
Que el artículo 2º de la Ley 2272 de 2022 dispone: “se entenderá por grupo armado
organizado al margen de la ley, aquel que, bajo la dirección de un mando responsable,
ejerza sobre una parte del territorio un control tal que le permita realizar operaciones
militares sostenidas y concertadas”.
Que el 29 de agosto de 2019, el grupo armado organizado autodenominado Segunda
Marquetalia, mediante la difusión de un video, comunicó públicamente su fundación y
su levantamiento en armas en contra del Estado colombiano y su régimen
constitucional.
Que el Comité Internacional de la Cruz Roja, en el Informe “Colombia: Retos
Humanitarios 2023". reconoció que desde el año 2016, después de la firma del
Acuerdo Final de Paz para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz
Estable y Duradera de 2016, el Estado colombiano ha sostenido un conflicto armado
no Internacional con el grupo armado organizado autodenominado Segunda
Marquetalia.
Que si bien el artículo 2º de la Ley 2272 de 2022 dispone que los exintegrantes de
grupos armados al margen de la ley pueden hacer parte de los grupos armados
organizados de crimen de alto impacto, la norma no excluye la posibilidad de que
también hagan parte de grupo armados organizados al margen de la ley derivados de
los acuerdos pactados con el Estado colombiano.
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Que al Presidente de la República le asiste la facultad constitucional y legal de decidir
cómo, cuándo y con quienes llevar a cabo diálogos con vocación de paz para lograr
su desmovilización y acogimiento al Estado social de derecho y, bajo ese marco,
reconocer la naturaleza del grupo armado organizado con el cual se dispone la
instalación de una Masa de Dialogo de Paz.
Que después de una fase de acercamientos exploratorios y confidenciales acaecida
en el año 2023, el Gobierna Nacional, por medio de la Oficina del Alto Comisionado
para la Paz, y el grupo armado organizado al margen de la ley autodenominado
Segunda Marquetalia anunciaron, el pasado 9 de febrero de 2024, la instalación de
una Mesa de Diálogos de Paz para llevar a cabo un proceso de paz “ordenado, ágil,
riguroso y respetuoso, que brinde tranquilidad y certezas a la sociedad colombiana en
el compromiso genuino de la solución política y la construcción de la paz”, que conlleve
la suscripción de acuerdos que “contribuyan a superar la violencia y el conflicto armado
y transformar la vida de poblaciones y comunidades en los territorios”
RESUELVE:
ARTÍCULO 1°. Autorizar la instalación de una Mesa de Diálogos de Paz entre los
representantes autorizados por el Gobierno Nacional y los miembros representantes.
del grupo armado organizado al margen de la a ley autodenominado Segunda
Marquetalia. La Mesa de Diálogos de Paz estará dirigida a obtener soluciones al
conflicto armado, lograr la efectiva aplicación del Derecho Internacional Humanitario,
el respeto, la garantía y la protección a los derechos humanos, el cese de afectaciones
a sociedad civil y el pacto de acuerdos de paz tendientes a facilitar el desarme y la
desmovilización del grupo armado en mención.
ARTICULO 2°. Designar al señor Armando Novoa García con cédula de ciudadanía
No. 19.451.824 como jefe negociador del Gobierno Nacional en la Mesa de Diálogos
de Paz con el grupo armado organizado al margen de la ley autodenominado Segunda
Marquetalia.
ARTÍCULO 3°. Comunicación. Por intermedia de la Oficina del Alto Comisionado para
la Paz, comunicar el contenido de la presente resolución a la persona designada en el
artículo 2 de esta resolución.
ARTÍCULO 4°. Vigencia. La presente resolución rige a partir de su expedición.”
A continuación, el pronunciamiento sobre los hechos de la demanda:
El Hecho 1.: Es cierto, en la forma en que literalmente lo diga el texto del “Acuerdo
Final para la Terminación del Conflicto y la construcción de una Paz Estable y
Duradera”, suscrito el 24 de noviembre de 2016.
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El Hecho 2.: Sobre esta afirmación, manifestamos que algunos miembros
representantes y desmovilizados de las FARC-EP se presentaron como el grupo
autodenominado Segunda Marquetalia que retornó a la vía armada.
El Hecho 3.: Es cierto, con la literalidad del texto oficial de la Ley 2272 del 2 de
noviembre de 2022.
El Hecho 4.: Solo el primer inciso de lo acá consignado puede considerarse un hecho.
Los incisos siguientes corresponden a valoraciones subjetivas de la parte actora,
como cuando manifiesta “de forma acertada” para referirse a su apreciación sobre el
contenido del Decreto 2660 del 31 de diciembre de 2022. Las trascripciones
normativas no son hecho. O cuando se afirma que en esa norma “se ordenó el inicio
del proceso denominado “acercamientos y conversaciones”, que no es cierto, pues el
señor presidente de la República no autorizó, con el Decreto 2660 de 2022, el inicio
de un proceso con la Segunda Marquetalia.
El Hecho 5.: Es cierto, en cuanto a la vigencia de un Cese al Fuego. Ahora bien; sin
embargo, no lo es en cuanto a la intención que la parte actora le imprime al mismo,
toda vez que debe tenerse presente que el Decreto 2660 de 2022 establece que “(…)
El CFBTN tendrá como objetivo principal suspender la afectación humanitaria de la
población en general y en particular de las comunidades étnico - territoriales y
campesinas y a la Nación, suspender acciones ofensivas y evitar incidentes armados
entre la Fuerza Pública y FARC E-P, Segunda Marquetalia, CDF-EB, Coordinadora
Guerrillera del Pací[Link].”
El Hecho 6.: Es cierto.
El Hecho 7.: No es un hecho. Se trata de una valoración subjetiva de la parte actora,
en relación con un acontecimiento.
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El Hecho 8.: Es cierto.
El Hecho 9.: Es cierto.
El Hecho 10.: No es un hecho. Son afirmaciones producto de una interpretación
normativa de la parte actora, que llega a una conclusión equívoca, y que sintetiza la
pretensión de la parte accionante.
El Hecho 11.: Frente al hecho 11.1, manifestamos que desconocemos quiénes
integran a la Segunda Marquetalia, pues el Departamento Administrativo de la
Presidencia de la República, a través de la Oficina del Consejero Comisionado de Paz,
sólo puede dar cuenta de las personas que pertenecen a un grupo, cuando se
entregan listados de personas desmovilizadas. En cuanto a la existencia de un informe
realizado por la Fundación CORE, que menciona la parte actora, nos atenemos a lo
que se pruebe.
Frente al hecho 11.2 manifestamos que es cierto, en cuanto a que algunos pueden
tomar la decisión de retomar las armas, más no se conoce ciertamente cuántos ni
quiénes integran a la Segunda Marquetalia.
En este punto es importante informar que la Oficina del Alto Comisionado para la Paz
fue objeto de restructuración, junto con las demás dependencias del Departamento
Administrativo de la Presidencia, y ahora se denomina “Oficina del Consejero
Comisionado de Paz”, como puede verificarse en el Decreto 0438 del 5 de abril de
2024, que adjunto, para su conocimiento.
En lo que se refiere al hecho 11.3 manifestamos que es una afirmación cierta, sin que
sea un hecho relevante para el debate procesal.
Frente hecho 11.4 manifestamos que no nos consta.
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En relación con lo afirmado en el hecho 11.5 consideramos que no es un hecho sino
la trascripción en unos pocos renglones de lo que afirma una organización no
gubernamental.
El Hecho 12.: Es una mezcla de elementos facticos con elementos valorativos y
subjetivos, sin pertinencia ni relación con la demanda propuesta.
El Hecho 13.: No es un hecho, sino una inferencia de la parte actora, como a modo
de conclusión.
IV. A LOS FUNDAMENTOS JURÍDICOS
La parte actora considera que La Resolución No. 064 de 2024 se encuentra viciada
por: i.) haber sido expedida con infracción a las normas superiores en las que debía
fundarse; ii.) falta de competencia y iii.) falsa motivación.
Al respecto, y desde ya, solicitamos DENEGAR la pretensión de nulidad formulada
por la parte actora en contra de la Resolución No. 064 del 28 de febrero de 2024,
comoquiera que no se configura ninguna de las situaciones previstas en el artículo
137 del C.P.A.C.A., para que proceda la nulidad de la norma demandada.
Al contrario, demostraremos la legalidad de la Resolución No. 064 del 28 de febrero
de 2024, para lo cual proponemos tres excepciones de mérito: (i) legalidad del acto
administrativo, (ii) competencia exclusiva del Presidente para realizar procesos de paz
y (iii) motivación suficiente, clara y precisa del acto administrativo.
1. Legalidad de acto administrativo demandado
1.1 Presunta infracción del artículo 66 transitorio constitucional: imposibilidad
de iniciar diálogos e implementar mecanismos de justicia transicional
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La presunta infracción del artículo 66 transitorio por parte de la Resolución 064 de
2024 se sustenta en un error grave y evidente de interpretación de la norma y de sus
alcances. Según la parte actora, el artículo 66 transitorio constitucional implica la
imposibilidad de realizar negociaciones de paz con el grupo autodenominado
“Segunda Marquetalia”, en la medida en que a las personas que suscriban un acuerdo
de paz y lo incumplan no se les podrían aplicar mecanismos de justicia transicional.
Esta interpretación es errónea, como se muestra a continuación.
De un lado, la interpretación que propone la parte actora surge de una visión
conceptual y literal de la Constitución, puesto que deriva una consecuencia jurídica,
la prohibición de no adelantar negociaciones de paz con el autodenominado grupo
Segunda Marquetalia, a partir de la conceptualización de la justicia transicional que
está expresamente contenida en el artículo 66 transitorio de la Constitución Política.
A partir de esa fórmula interpretativa, según los cargos formulados, dentro del
concepto de justicia transicional se subsume una negociación de paz, de lo cual la
parte actora deriva la prohibición ya aludida. Sin embargo, esta interpretación omite
dos elementos fundamentales:
1. El primero es que la Constitución no es neutral frente a la búsqueda negociada de
la paz. En esa medida, una interpretación sistemática de la Constitución Política -que
es además el método preferente de interpretación según la jurisprudencia de la Corte
Constitucional-, en relación con los artículos 2, 22, 95, 189-6 superiores, así como con
los artículos y capítulos transitorios, da cuenta de la prevalencia de la búsqueda
negociada de paz sobre otras alternativas de restablecimiento del orden público ante
los conflictos armados. Este carácter prevalente implica, en consecuencia, que no son
aceptables las interpretaciones que proscriben esta posibilidad. Así lo ha expresado
la H. Corte Constitucional:
“El reconocimiento de la Paz es, en síntesis, una de las decisiones constitucionales
más significativas y, a juicio de la Corte, se trata de un propósito que vincula
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jurídicamente, de diferente modo y en diversos grados, la actuación de las autoridades
y de los particulares. En esa dirección, la jurisprudencia más reciente de este Tribunal
ha puesto de presente que la protección constitucional de la paz, al paso que implica
un deber estatal de diseño e implementación de acciones, normativas y de política
pública, dirigidas a la superación del conflicto armado y, en general, el logro de la
convivencia pacífica, comporta, también una opción preferencial por la solución
pacífica como instrumento constitucionalmente deseable de resolución de las
controversias y el logro progresivo de la plena vigencia de los derechos fundamentales,
“lo cual es un presupuesto tanto para la paz como para la vigencia del orden
democrático, concebido desde una perspectiva material”1
2. El segundo es que es el argumento acude implícitamente a un escenario hipotético
y consecuencial, que es la concesión de beneficios penales en el marco de la
negociación. Aunque esa es una inferencia razonable, es decir, que cabe esperar que
sea un punto de negociación, lo cierto es que aún no se ha desarrollado y no se puede
prever su solución ni sus consecuencias. Dicho en otras palabras, si se admite la
interpretación de la parte accionante, no se podía desarrollar la negociación, porque
indefectiblemente implicaría un quebrantamiento del régimen de justicia transicional
que establece el artículo 66 transitorio. Pero esta última condición no es un hecho, es
una inferencia y una consecuencia en caso de que el proceso de paz llegue a buen
puerto, que pone al medio de control en el campo de la especulación.
En cambio, el correcto entendimiento de la premisa normativa que señala la parte
actora como vulnerada, permite inferir que la regla de no aplicabilidad de herramientas
de justicia transicional se dirige a quienes vuelven a ejecutar conductas punibles (al
momento de su aplicación), y no a quienes por segunda vez decidan abandonarlas,
como se expondrá posteriormente.
1.2 Presunta infracción del artículo 122 constitucional y del “Acuerdo Final para
la terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera”:
Violación a las garantías de no repetición y de dejación de armas
1 Colombia, Corte Constitucional, Sentencia C-630 de 2017, M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez y M.P. Antonio José
Lizarazo, capítulo de premisa mayor del juicio de sustitución.
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La presunta infracción del artículo 122 constitucional y del Acuerdo Final de Paz se
produce, según la parte actora, porque volver a negociar con miembros que hicieron
parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - FARC supondría una
vulneración a las garantías de no repetición e incentivaría el incumplimiento de
Acuerdos de paz, toda vez que volver a las armas no tendría consecuencias o
desincentivos efectivos.
Aunque los argumentos de la parte actora están orientados a darle efectividad a la
política de paz y muestran una genuina preocupación por evitar que las negociaciones
de paz se conviertan en un ciclo o una repetición interminable, pasa por alto un
elemento fundamental de las garantías de no repetición, y es que su objetivo es
impedir la vulneración de nuevo de los derechos de las personas que ya fueron
afectados por el conflicto. La H. Corte Constitucional, en este aspecto, ha precisado
que un elemento fundamental del cumplimiento de las garantías de no repetición es
la desactivación total y absoluta del conflicto y de sus actores. En palabras de la H.
Corte Constitucional:
“Adicionalmente, si el conflicto persiste sin un desarme total y sin la desarticulación
absoluta de la organización encargada de la comisión de delitos, es imposible cumplir
con la garantía de no repetición, pues los miembros de los grupos al margen de la ley
seguirán cometiendo los delitos de rebelión y porte ilegal de armas en una cadena
interminable que hará imposible garantizar la paz.
Sin embargo, la terminación del conflicto armado no pueda llegar a consolidarse con
la simple entrega de las armas, pues además es necesario el desmantelamiento
completo de la organización y en especial de sus formas de financiación ilícita, como
son: el narcotráfico, el secuestro y la extorsión. Por ello, se debe garantizar plenamente
que dentro de las garantías de no repetición, los grupos armados eliminen cualquier
actividad ilícita que soporte el conflicto.”2.
Al mismo tiempo, la búsqueda de la paz, como se ha reseñado ampliamente en la
jurisprudencia constitucional y en la administrativa, es un mecanismo para
salvaguardar el orden público y restablecerlo cuando fuere turbado, enmarcado en lo
2 Colombia, Corte Constitucional, Sentencia C-573 de 2013, M.P. Pretel Chaljub.
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que establece el artículo 189 de la Constitución Política. La Corte Constitucional ha
reconocido que la búsqueda de la paz es un medio necesario, idóneo e imperativo
para garantizar el orden público y, con esto, los derechos y la ciudadanía. Así lo ha
dicho la H. Corte Constitucional:
“Y es que una sociedad signada por la guerra, la intolerancia o la violencia física,
impide, materialmente, la vigencia de los derechos. La renuncia a la búsqueda de la
Paz o el aplazamiento indefinido de su realización pugna con la centralidad de la
dignidad humana en las sociedades civilizadas, puesto que, en ausencia de ella, las
promesas de libertad e igualdad se ven frustradas. Existe, entonces, un deber de la
sociedad y de las propias autoridades, no solo jurídico sino principalmente ético, que
impone avanzar en la creación de condiciones que aseguren materialmente la
convivencia pacífica en el marco de un “proceso democrático, libre y abierto que
garantice la participación efectiva de todas las personas”3.
Teniendo en cuenta estas dos definiciones expuestas por la H. Corte Constitucional,
el argumento de la parte actora cae en la siguiente contradicción: Si la búsqueda de
la paz es precisamente un mecanismo para impedir la vulneración de derechos de la
ciudadanía por la existencia de un conflicto, las garantías de no repetición no se
podrían predicar violadas por un proceso de esta naturaleza, como lo es un diálogo
de paz, dado que se estarían utilizando como argumento para impedir o truncar su
misma materialización. Dicho de otra forma, se utilizan las garantías de no repetición
como un argumento para negarse a sí mismas. En este sentido, el argumento de la
parte actora equivale a invocar un derecho para negar su ejercicio.
De otro lado, frente a la presunta vulneración al Acuerdo Final de Paz, no es claro el
argumento de la parte actora, por lo que resulta necesario destacar que el Acto
Legislativo 02 de 2016, y posteriormente la H. Corte Constitucional en la Sentencia C-
630 de 2017, establecieron que el Acuerdo Final es una política de Estado que debe
cumplirse de buena fe. En general, esto implica al menos dos elementos: i.) que el
cumplimiento del Acuerdo no es discrecional, sino imperativo. Los gobiernos, en
consecuencia, deben continuar con su implementación en armonía con los
3 Colombia, Corte Constitucional, Sentencia C-630 de 2017, M.P. Antonio José Lizarazo
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instrumentos destinados para este fin, como el Plan Marco de Implementación, y ii.)
que el Acuerdo debe ser implementado de buena fe, lo que implica que el Estado debe
hacer lo posible por mantener su objetivo y su sentido original, y evitar transformarlo
o desconocerlo en la práctica.
Desarrollar una negociación de paz con el autodenominado grupo “Segunda
Marquetalia” no desconoce el cumplimiento de buena fe del Acuerdo Final de Paz. La
negociación con este grupo no equivale a un desconocimiento de la implementación,
ni supone en ningún caso el desconocimiento del carácter imperativo del Acuerdo.
Dicho en otras palabras, esta negociación no supone incumplir los elementos
pactados en el Acuerdo Final de Paz entre las FARC-EP y el Estado Colombiano.
Especialmente, porque los acuerdos que se suscriban con este grupo, parciales o
finales, según lo que establece el literal a. del artículo 23 la Ley 2294 de 2023, la Ley
2272 de 2023 y lo dispone la H. Corte Constitucional en la Sentencia C-525 de 2023,
se deben someter a lo que indica la Constitución Política y la Ley. Dado que el Acuerdo
Final de Paz, según la Constitución, es una política de Estado que debe cumplirse de
buena fe, los acuerdos parciales o finales que se alcancen con “Segunda Marquetalia”
deben armonizarse con este mandato, lo que impide su desconocimiento.
Ahora bien, el Acuerdo Final está siendo interpretado de buena fe. Es importante
destacar que en el Acuerdo Final no hay mención expresa a grupos disidentes,
esencialmente porque se estructuro y planteó como un instrumento para la superación
definitiva del conflicto armado. A pesar de que tiene esa potencialidad, por diferentes
circunstancias, no tuvo estos resultados y la situación de seguridad que experimenta
el país, marcada por la desagregación de grupos armados organizados disidentes de
las FARC-EP con presencial territorial es muestra de esta situación. Dado que el
Acuerdo no se suscribió con este panorama, entablar una negociación con un grupo
disidente como lo es el autodenominado “Segunda Marquetalia”, no supone una
interpretación de mala fe del Acuerdo y, por el contrario, indica y demuestra un
esfuerzo por darle cumplimiento a su objetivo central que no es otro que construir las
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bases de una paz estable y duradera que sirva de cierre para el conflicto. Una
interpretación inadecuada del Acuerdo, en nuestro criterio, es convertirlo en un
mecanismo que le impida al Gobierno nacional desarrollar políticas de paz y responder
a la situación de seguridad y orden público que actualmente se presenta.
1.3 Presunta infracción del artículo 2 de la Ley 2272 de 2022. Prohibición de
adelantar diálogos de carácter político con ex miembros de grupos armados al
margen de la ley desmovilizados
La presunta infracción del artículo 2º de la Ley 2272 de 2022 se presenta, según la
parte accionante, porque el grupo autodenominado “Segunda Marquetalia” no puede
ser calificado como un Grupo Armado Organizado al margen de la Ley, sino
únicamente como una Estructura Armada Organizada al margen de la Ley. Esta
calificación se debe, según el cargo formulado, a que el grupo “Segunda Marquetalia”
está integrado por exintegrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia y, por ende, sería aplicable lo previsto en el literal c. del artículo 2º de la Ley
2272 de 2022. Esta interpretación se sustenta, adicionalmente, en un ejercicio
“originalista”, centrado en establecer el sentido que le atribuyo el legislador a esta
norma. Para determinar esto, extrañamente utiliza una ponencia negativa transcrita
en la gaceta, que buscaba el archivo del proyecto de ley y que evidentemente fue
derrotada, dado que la norma está vigente y fue sancionada, así como la proposición
sustitutiva que no expone los motivos de su inclusión. Esta interpretación es
equivocada ya que hace virtualmente inaplicable la Ley 2272 de 2022 y porque se
sustenta en documentos que no demuestran una voluntad interpretativa del legislador.
Antes de desarrollar los argumentos por los cuales se hace inaplicable la norma a
través de la interpretación que establece el accionante es importante establecer la
relevancia de la Ley 2272 de 2022. En desarrollo del artículo 189.4 de la Constitución
Política y la vocación de lograr la Paz de la Constituyente, la Ley 2272 de 2022
confirmó el margen de discrecionalidad del señor presidente de la República, para
lograr acuerdos de paz con grupos armados organizados que hayan cometido delitos
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políticos, y amplía este margen a la posibilidad de desarrollar acercamientos y
conversaciones con fines de sometimiento a la justicia y desmantelamiento con otros
actores violentos incluidas las estructuras organizadas armadas de alto impacto y los
grupos armados organizados.
La H. Corte Constitucional, en la sentencia C-525 de 2023, consideró que ambos
caminos eran constitucionalmente admisibles, pero tienen un carácter jurídico
diferenciado: i.) Por un lado, con los Grupos Armados Organizados al Margen de la
Ley (GAOML), el señor presidente de la República puede desarrollar negociaciones
de paz, aplicándose el régimen asociado a los beneficios constitucionales del delito
político; ii.) En cambio, con las Estructuras Armadas Organizadas de Crimen de Alto
Impacto (EAOCAI) y los Grupos Armados Organizados (GAO), el señor presidente de
la República puede desarrollar conversaciones con el objetivo de su
desmantelamiento y definir los términos de sujeción a la justicia. Aunque existe un
margen de discrecionalidad, la tipología obedece al carácter político de las
motivaciones, presentes en el GAOML, pero ausentes en las EAOCAI.
El inciso sexto del artículo 2º de la Ley 2272 de 2022, según el accionante, debe
interpretarse en el marco de estos dos elementos: i.) Que un ex miembro de un
GAOML, que se haya desmovilizado y suscrito un acuerdo con el Gobierno, pero
continúe delinquiendo, debe ser considerado parte de una EAOCAI, y ii.) que, si dicho
ex miembro continúa delinquiendo como parte de un grupo armado organizado, este
grupo debe ser considerado una EAOCAI. Para el caso de la “Segunda Marquetalia”,
dado que este grupo tiene miembros que hicieron parte de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia, esto implicaría que la calificación jurídica en el marco
de la Ley 2272 es de EAOCAI.
Esta interpretación hace inaplicable la Ley 2272 de 2022 por varias razones:
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i.) Debido a la duración del conflicto y la desagregación de los GAOML, es posible que
estos grupos incluyan miembros que, a pesar de desmovilizarse, continúen
delinquiendo. Esto implicaría que todos estos grupos, por esta condición, deberían ser
calificados como EAOCAI, anulando de facto la posibilidad del señor presidente de la
República de desarrollar negociaciones de paz.
ii.) Los GAOML que incluyen miembros que se desmovilizaron, pero siguieron
delinquiendo, también pueden tener otros miembros que no se desmovilizaron. En
estos casos, la norma no establece criterios para determinar cómo calificar
jurídicamente esta situación, si como GAOML o EAOCAI, lo que podría depender de
un criterio cuantitativo del número de miembros en una u otra categoría. En esa
medida, sería necesario incluir criterios adicionales para poder aplicar esta norma con
claridad frente a la composición de los grupos. Sin embargo, el problema de esta
situación es que el reconocimiento de GAOML o EAOCAI se realiza al inicio del
proceso, cuando no hay claridad sobre el número total y la situación de los miembros,
generando inseguridad jurídica.
En cambio, consideramos que la interpretación adecuada y sistemática del inciso
sexto del literal c del artículo 2 es que los desmovilizados de un GAOML serán
considerados como EAOCAI, cuando individualmente suscriban un acta de sujeción a
la justicia y contribuyan al desmantelamiento del grupo. Bajo esta interpretación, la
Ley resulta aplicable para el desarrollo de la política de paz y no restringe radicalmente
su aplicación. Esta interpretación, en consecuencia, es acorde a la eficacia de la
norma dado que establece una hipótesis fáctica para su aplicación.
Por otro lado, es cuestionable que la interpretación adecuada del inciso sexto del literal
c. del artículo 2º tenga como fuente una ponencia negativa que buscaba el archivo del
proyecto de ley. Esencialmente porque fue una visión derrotada legislativamente en
la medida en que carácter negativo de la ponencia como lo indica la Ley 5ª de 1992
supone que se debió discutir primero, antes de la ponencia positiva, y que fue una
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posición derrotada según las mayorías legislativas que no la acogieron. La evidencia
de esta situación se encuentra, por supuesto, en el hecho notorio de que la norma
está vigente y que su aplicación administrativa es objeto de controversia a través de
este medio de control.
1.4 Presunto desconocimiento de la Sentencia C-525 de 2023 de la H. Corte
Constitucional (comunicado de prensa del 29 de noviembre de 2023), en tanto
vulnera la categorización de procesos definida por el legislador en el marco de
la política de paz total
El presunto desconocimiento de la Sentencia C-525 de 2023, a nuestro juicio,
depende de que se admita la viabilidad del presunto desconocimiento del inciso sexto
del literal c. del artículo 2º de la Ley 2272. Sin embargo, a pesar de esta situación,
resulta conveniente establecer que la H. Corte Constitucional, en el Comunicado de
Prensa de la Sentencia C-525 de 2023, no estableció que para el inicio de
conversaciones con EAOCAI se requiera previamente de una ley de sometimiento. La
H. Corte Constitucional indica que los procesos con EAOCAI solo pueden culminar
con los términos de sujeción a la justicia y el desmantelamiento del grupo, y que esto
debe ser definido por el legislador. En palabras de la H. Corte Constitucional:
“En relación con la disposición “Los términos de sometimiento a la justicia a los que se
lleguen con estas estructuras serán los que a juicio del Gobierno nacional sean
necesarios para pacificar los territorios y lograr su sometimiento a la justicia”, la Sala
Plena insistió en que buscar el sometimiento de la criminalidad organizada de alto
impacto constituye una finalidad legítima dentro de nuestro marco constitucional, y se
encuadra además en la facultad del Gobierno de definir las rutas de su política de paz.
Sin embargo, precisó que el amplio margen de discrecionalidad del presidente para
superar las situaciones de violencia generadas por estas estructuras debe ejercerse
de acuerdo con los términos de desmantelamiento y sometimiento a la justicia
definidos por el Legislador.
Por consiguiente, encontró que la expresión “a juicio del Gobierno nacional” puede
llevar al equívoco de que la definición de este marco normativo es discrecional del
Gobierno, cuando el sometimiento requiere, necesariamente, de una regulación de
carácter legal. De lo contrario, el Gobierno invadiría las facultades del Legislador a
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quien le corresponde, por mandato constitucional, “hacer las leyes”. En consecuencia,
declaró inexequible la expresión “a juicio del gobierno nacional”(subrayas propias)4.
En esa medida, lo que la H. Corte Constitucional especifica es que los términos de
sujeción a la justicia no dependen de la voluntad de las partes, sino que están
definidos legislativamente. La H. Corte Constitucional no establece la necesidad de
una nueva norma, sino que se podría utilizar el marco jurídico vigente, lo que implica,
entre otros, la Ley 1908 de 2018 “por medio de la cual se fortalecen la investigación y
judicialización de organizaciones criminales, se adoptan medidas para su sujeción a
la justicia y se dictan otras disposiciones”, o las herramientas establecidas en la Ley
906 de 2004, o Código de Procedimiento Penal.
En suma, no resulta obligatorio un nuevo marco jurídico de sujeción a la justicia para
iniciar acercamiento con EAOCAI, y aunque fuera políticamente deseable, no es
jurídicamente necesario que se establezca una nueva ley para sujeción a la justicia.
2. Competencia exclusiva del presidente de la República para entablar procesos
de paz
Según la parte accionante, el señor presidente de la República no cuenta con la
competencia para diferenciar y establecer qué grupo en particular es calificado como
GAOML o en un EAOCAI de cara a entablar negociaciones de paz o conversaciones
para sujeción a la justicia. Esta interpretación parte de una lectura parcial y subjetiva
de la norma, más no de una interpretación integral y, por ende, es equivocada y debe
ser desestimada.
De conformidad con la Constitución Política, la ley y la jurisprudencia constitucional,
la competencia para adelantar negociaciones y acercamientos de paz y suscribir
acuerdos radica exclusivamente en el Presidente de la República, quien para el efecto
cuenta con amplias atribuciones las cuales se justifican, según lo expuesto por el
4 Colombia,Corte Constitucional, Comunicado de Prensa Sentencia C 525 de 2023, M.P. Natalia Ángel Cabo y Antonio José
Lizarazo Ocampo, p. 13
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propio Tribunal constitucional, tanto por las repercusiones inmediatas que las mismas
pueden tener en el diseño de la política pública relacionada con la consecución de la
paz, como por el impacto de tales negociaciones respecto del futuro de la colectividad
y la satisfacción de los derechos y libertades consignadas en la Carta Política a favor
de todos los colombianos y residentes en el territorio nacional.
Dicha competencia, amplia y privativa significa que ningún otro sujeto, ni público ni
privado, se encuentra habilitado para intervenir en tales procesos sin la previa
autorización del Presidente, y, que las decisiones que corresponda adoptar durante
las negociaciones deben ser tomadas solo por el Primer Mandatario o sus delegados,
en la oportunidad que él considere conveniente, dentro del marco que le señalan la
Constitución Política, la ley y la jurisprudencia constitucional.
La habilitación constitucional del Presidente para negociar y suscribir acuerdos de paz
encuentra un claro fundamento de principio y valor constitucional en los artículos 188
y 189.4 de la Carta Política, que, en su orden, le imponen al Presidente la obligación
“de garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos”, al tiempo que le
atribuyen, al instituirlo como jefe de Estado y Gobierno y suprema autoridad
administrativa, la función específica “de conservar en todo el territorio el orden público
y restablecerlo donde fuera turbado”.
En desarrollo de los anteriores mandatos constitucionales, en el orden legal se ha
reconocido al Presidente de la República, en su calidad de encargado de la
preservación del orden público, un conjunto amplio de atribuciones para facilitar el
desarrollo de negociaciones y acercamientos de paz y suscribir acuerdos. Aun cuando
las primeras medidas se incluyeron en la Ley 104 de 1993, es con la Ley 418 de 1997,
“por la cual se consagran unos instrumentos para la búsqueda de la convivencia, la
eficacia de la justicia y se dictan otras disposiciones”, que se fijan los mecanismos
orientados a facilitar el diálogo y la suscripción de los acuerdos con grupos al margen
de la ley, dirigidos a obtener soluciones frente al conflicto armado interno. Dicha
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norma, a su vez, ha sido prorrogada, modificada y adicionada por las Leyes 548 de
1999, 782 del 2002, 1106 del 2006, 1421 del 2010, 1738 del 2014, 1779 del 2016,
1941 del 2018, y, recientemente por la Ley 2272 del 2022.
Con respecto a las facultades reconocidas al Presidente para adelantar negociaciones
y acercamientos de paz con los distintos actores del conflicto armado, el artículo 10
de la Ley 418 de 1997, modificado por el artículo 4° de la Ley 782 del 2002, prevé
expresamente que:
“La dirección de todo proceso de paz corresponde exclusivamente al Presidente de la
República como responsable del orden público en toda la Nación. Quienes a nombre del
Gobierno participen en los diálogos y acuerdos de paz, lo harán de conformidad con las
instrucciones que él les imparta.
El Presidente de la República podrá autorizar la participación de representantes de
diversos sectores de la sociedad civil en las conversaciones, diálogos y negociaciones a
que hace referencia este capítulo, cuando a su juicio puedan colaborar en el desarrollo del
proceso de paz”. (Subrayado fuera del texto original).
De acuerdo con tal mandato, la decisión de pactar una salida negociada al conflicto
armado interno le corresponde adoptarla al Presidente de la República, por ser la
persona constitucionalmente habilitada para preservar el orden público en todo el
territorio nacional y, por consiguiente, ser el único autorizado para desarrollar los
procesos de paz, diálogos, negociación y eventual suscripción de los acuerdos.
Al tenor de lo dispuesto en la Constitución y la ley, la jurisprudencia de la Corte
Constitucional, de manera uniforme y pacífica, ha reconocido, avalado y ratificado la
atribución exclusiva del Presidente de la República, en su doble calidad de jefe de
Estado y de Gobierno, para adelantar negociaciones de paz y el amplio margen de
acción que tiene en la materia.
En uno de sus primeros pronunciamientos, la Corte Constitucional fue clara y
contundente en sostener, en la Sentencia C-214 de 1993, que, en virtud del propósito
que envuelve las negociaciones de paz, “ninguna persona pública ni privada goza
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de competencia para llevarlos a cabo sin orden o autorización expresa del
Presidente de la República, interlocutor por excelencia en la búsqueda de
acuerdo, en su doble condición de Jefe del Estado y de Gobierno”. Lo anterior,
dada la delicada responsabilidad que involucra su decisión frente a la necesidad
de preservar “las condiciones mínimas de estabilidad y paz que se requieren
para que la sociedad y el Estado puedan desenvolverse sin sobresalto en los
demás frentes de actividad”. (Negrillas y subrayas fuera de texto original).
En la Sentencia C-379 del 2016, el Tribunal Constitucional reiteró la posición adoptada
en la providencia citada anteriormente, al puntualizar sobre el tema que:
“…efectivamente la Carta Política y la jurisprudencia constitucional han definido
que el Presidente de la República es el titular de la competencia para suscribir
acuerdos con grupos armados ilegales, tendientes a la superación del conflicto
y el mantenimiento del orden público. Esta prerrogativa está fundada en que,
conforme con la Constitución, el Presidente de la República es la autoridad
competente para mantener el orden público y restablecerlo cuando fuera turbado
(Artículo 189.4 C.P.)”. (Negrillas y subrayas fuera de texto original).
En el mismo sentido, en la Sentencia C-332 del 2017, la Corporación precisó sobre el
particular que: “el Presidente tiene la competencia exclusiva para suscribir
acuerdos de paz, en el marco de su función de mantenimiento del orden
público…”. Acorde con dicha afirmación, en el mismo pronunciamiento destacó que:
“la suscripción de acuerdos de paz es una competencia propia del Presidente de la
República, quien en virtud de la función de conservar el orden público en todo el
territorio y restablecerlo donde fuere turbado, está facultado para adelantar procesos
de paz y suscribir acuerdos sobre el particular con grupos armados ilegales. Esta
competencia, si bien puede ser objeto de delegación en otros funcionarios, en
todo caso reside exclusivamente en el ejecutivo” (Negrillas y subrayas fuera de
texto original).
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Dentro de esa línea argumentativa, en la Sentencia C-630 del 2017, se mencionó
sobre el punto que: “la suscripción de los Acuerdos de Paz materializa la facultad
asignada al Presidente de la República en la Constitución de 1991, para que en
ejercicio de su doble calidad de Jefe de Estado y de Gobierno, adelante las
negociaciones orientadas a terminar pacíficamente los conflictos armados internos y,
por esa vía, a restablecer el orden público en las zonas del país donde fue turbado
por el actuar de grupos armados al margen de la ley. El Presidente cuenta, de esta
manera, con amplias atribuciones constitucionales y legales para adelantar los
diálogos de paz, tanto por las repercusiones inmediatas en el diseño de la
política pública relacionada con la consecución de la paz, como por el impacto
de tal negociación frente al futuro de la colectividad y la satisfacción de los
derechos y libertades consignadas en la Carta Política”. (Negrillas y subrayas
fuera de texto original).
Finalmente, en la Sentencia C-069 del 2020, la Corte puso de presente que:
“el ejercicio de la discrecionalidad presidencial para mantener el orden público supone
que el jefe de gobierno cuente con todas las herramientas necesarias y suficientes para
iniciar diálogos de paz cuando, y con quien, lo considere apropiado, sin necesidad del
concepto previo y favorable de sus subalternos. Estos pueden y deben aconsejar al
presidente, y proveerle todos los elementos de juicio necesarios para tomar una
decisión. Sin embargo, en últimas, la decisión respecto del inicio de diálogos de
paz con una organización al margen de la ley le corresponde única y
exclusivamente al presidente como jefe de Estado y de gobierno”. (Negrillas y
subrayas fuera de texto original).
En el ámbito de las competencias constitucionales y legales atribuidas al Presidente
de la República y, por su intermedio, al Gobierno nacional para adelantar diálogos y
negociaciones de paz, el artículo 2° de la Ley 2272 del 2022, en el literal c), faculta al
Gobierno para adelantar dos tipos de procesos, así:
“(i) Negociaciones con grupos armados organizados al margen de la ley con los que
se adelanten diálogos de carácter político, en los que se pacten acuerdos de paz.” Y
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“(ii) Acercamientos y conversaciones con grupos armados organizados o estructuras
armadas organizadas de crimen de alto impacto, con el fin de lograr su sometimiento
a la justicia y desmantelamiento.”
La misma norma define lo que se entiende por “grupo armado organizado al margen
de la ley” y “estructuras armadas organizadas de crimen de alto impacto”, en los
siguientes términos:
“Se entenderá por grupo armado organizado al margen de la ley, aquel que, bajo
la dirección de un mando responsable, ejerza sobre una parte del territorio un
control tal que le permita realizar operaciones militares sostenidas y
concertadas.” .” (Negrillas fuera de texto original)
“Se entenderá por estructuras armadas organizadas de crimen de alto impacto,
aquellas organizaciones criminales conformadas por un número plural de
personas, organizadas en una estructura jerárquica y/o en red, que se dediquen
a la ejecución permanente o continua de conductas punibles, entre las que
podrán encontrarse las tipificadas en la Convención de Palermo, que se
enmarquen en patrones criminales que incluyan el sometimiento violento de la
población civil de los territorios rurales y urbanos en los que operen, y cumplan
funciones en una o más economías ilícitas.
Se entenderá como parte de una estructura armada organizada de crimen de alto
impacto a los ex miembros de grupos armados al margen de la ley,
desmovilizados mediante acuerdos pactados con el Estado Colombiano, que
contribuyan con su desmantelamiento.” (Negrillas fuera de texto original)
Finalmente, el propio artículo 2° prevé la creación de “una instancia de Alto Nivel para
el estudio, caracterización y calificación de las estructuras armadas organizadas de
crimen de alto impacto que puedan verse beneficiadas por esta ley. Dicha instancia
debe ser coordinada por el Ministerio de Defensa Nacional y contará con la
participación de la Dirección Nacional de Inteligencia y el Alto Comisionado para la
Paz.”
Al tenor de los apartes del artículo citado, y conforme con las competencias y
atribuciones constitucionales y legales reconocidas al Presidente de la República para
adelantar negociaciones de carácter político y acercamientos y conversaciones con
fines de sometimiento, la decisión respecto del inicio de tales diálogos con una
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organización al margen de la ley y el tipo de negociación que se debe seguir, le
corresponde adoptarla al Presidente en su condición de jefe de Estado y de Gobierno,
y dentro del marco de sus deberes de promover la reconciliación entre los
colombianos, la convivencia pacífica y lograr la paz definitiva y total.
En ese sentido, la determinación de adelantar negociaciones con fines políticos o de
sometimiento es del resorte del Gobierno nacional, a quien corresponde definir el tipo
de proceso a seguir a partir de las circunstancias particulares y específicas de los
grupos armados que hagan manifiesto su interés de negociar, para lo cual cuenta con
el apoyo de la instancia de Alto Nivel para el estudio, caracterización y calificación de
las estructuras armadas organizadas de crimen de alto impacto.
Como ya fue señalado, de conformidad con lo previsto en los artículos 188 y 189-4 de
la Carta Política, tal y como tales mandatos han sido interpretados por la jurisprudencia
constitucional, la decisión de pactar una salida negociada al conflicto armado interno
le corresponde adoptarla al Presidente de la República, por ser la persona
constitucionalmente habilitada para preservar el orden público en todo el territorio
nacional y, por consiguiente, ser el único autorizado para desarrollar los procesos de
paz, diálogos, negociación y eventual suscripción de los acuerdos de paz y de
sometimiento a la justicia.
Tal competencia no puede ser desconocida, en razón a que ello afectaría,
sustantivamente, el propósito perseguido por el Constituyente de 1991 de haber
concebido la Carta Política como un instrumento para la consecución de la paz,
principalmente, con el fin de alcanzar definitivamente la convivencia pacífica por la vía
del diálogo y la negociación.
Las negociaciones de paz, como vía preferencial para la terminación del conflicto
armado interno, en todos sus órdenes, ha sido reconocida por la jurisprudencia de la
Corte Constitucional, entre otras, en la Sentencia C-630 del 2017, donde la
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Corporación llevó a cabo el control automático de constitucionalidad del Acto
Legislativo 02 del 2017, “por medio del cual se adiciona un artículo transitorio a la
Constitución con el propósito de dar estabilidad y seguridad jurídica al acuerdo final
para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”.
Sobre el punto, dijo el alto Tribunal:
“El reconocimiento de la Paz es, en síntesis, una de las decisiones constitucionales más
significativas y, a juicio de la Corte, se trata de un propósito que vincula jurídicamente, de
diferente modo y en diversos grados, la actuación de las autoridades y de los particulares.
En esa dirección, la jurisprudencia más reciente de este Tribunal ha puesto de
presente que la protección constitucional de la paz, al paso que implica un deber
estatal de diseño e implementación de acciones, normativas y de política pública,
dirigidas a la superación del conflicto armado y, en general, el logro de la
convivencia pacífica, comporta, también una opción preferencial por la solución
pacífica como instrumento constitucionalmente deseable de resolución de las
controversias y el logro progresivo de la plena vigencia de los derechos
fundamentales (…)” (Negrillas y subrayas fuera de texto original).
Así las cosas, atendiendo a una interpretación sistemática del artículo 2° de la Ley
2272 del 2022, es claro que el legislador, en el marco de las competencias
constitucionales y legales atribuidas al señor presidente de la República para
adelantar diálogos y negociaciones de paz, lo habilitó para adelantar procesos de paz,
acercamientos, diálogos, conversaciones y eventuales acuerdos y sometimientos con
grupos armados organizados, según lo defina, y como se señaló anteriormente, a
partir de las circunstancias particulares y específicas de los grupos armados que
hagan manifiesto su interés de negociar, para lo cual cuenta con el apoyo de la
instancia de Alto Nivel para el estudio, caracterización y calificación de las estructuras
armadas organizadas de crimen de alto impacto.
En la Sentencia C-048 del 2002, donde la Corte llevó a cabo el control de
constitucionalidad de la Ley 418 de 1997, en lo que respecta al margen de maniobra
que debe tener un gobierno para materializar una política de paz, la alta Corporación
precisó:
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"La preservación del orden jurídico institucional requiere de mecanismos legales que
sean capaces de asegurar el cumplimiento de las decisiones de las autoridades
públicas, puesto que la efectividad de los derechos y deberes no sólo depende de su
consagración sustantiva sino también de la capacidad del Estado para hacerlos
exigibles. Por ello, el Constituyente atribuyó al Legislador la cláusula general de
competencia para hacer las leyes, con lo cual puede diseñar los instrumentos jurídicos
capaces de exigir la acción o la abstención del Estado y puede determinar los objetivos
y valores constitucionales que considera oportuno y conveniente desarrollar. Ahora, en
materia penal y, en ejercicio de la potestad punitiva del Estado, el Legislador está
constitucionalmente autorizado para tipificar las conductas socialmente reprochables,
para señalar y modificar las penas, e incluso para extinguir la responsabilidad penal
(C.P. art. 150).
En consecuencia, la Corte considera que las disposiciones sub examine no vulneran la
Constitución, sino que se profieren en ejercicio de la cláusula general de competencia
atribuida al Legislador". (Subrayas fuera de texto original).
Previamente, en la Sentencia C-283 de 1995, reiterada en la Sentencia C-518 del
2017, la Corte había sostenido:
"[ ... ] no es inconstitucional que el Congreso entre, por vía general, a proveer normas
en materia de penas, causales de extinción de la acción y de la pena en caso de delitos
políticos; mecanismos para la eficacia de la justicia; protección a los intervinientes en el
proceso penal; instrumentos para la búsqueda de la convivencia; beneficios
condicionales a quienes hayan participado en actividades subversivas; disposiciones
tendientes a facilitar el diálogo con grupos guerrilleros y a la desmovilización y
reinserción a la vida civil [... ]".
En suma, a la luz de la jurisprudencia constitucional y el amplio margen de
configuración con el que cuenta el Congreso de la República en general, pero
particularmente en materia de paz, a nuestro juicio, no resulta plausible interpretar el
alcance del artículo 2° de la Ley 2272 del 2022, como una camisa de fuerza que límite
el margen de acción que el propio Constituyente de 1991 le otorgó al Presidente de la
República en calidad de jefe de Estado, de Gobierno y suprema autoridad
administrativa, para lograr la paz.
Ciertamente, el artículo 2° de la Ley 2272 del 2022 no limita, restringe ni excluye a
grupos armados organizados o estructuras armadas organizadas sobre los cuales su
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articulado puede aplicarse, es decir, no efectúa discriminación alguna frente a grupos
específicos y no podría limitarse su ámbito de aplicación dispuesto por el legislador.
En ese orden, exmiembros de grupos armados al margen de la ley, desmovilizados
mediante acuerdos pactados con el Estado colombiano, que contribuyan con su
desmantelamiento pueden ser acogidos por el marco normativo de la paz total.
En suma, el estatus reconocido a los grupos al margen de la ley, producto de las
negociaciones, conversaciones, acercamientos o diálogos que se puedan tener entre
el Estado y representantes de grupos armados, por razones históricas y las causas
particulares de cada uno de los conflictos, puede y debe ser estudiado en cada caso
concreto por la instancia de Alto Nivel. Agotada esta etapa, según sea la
recomendación, sobre la base del precedente constitucional y la aplicación del
mandato constitucional establecido por el Constituyente de 1991, en los artículos 188
y 189-4 de la Constitución Política, le corresponderá exclusivamente al Presidente de
la República, como responsable del orden público en toda la Nación, la adopción o el
reconocimiento de estatus a un grupo armado con el fin de materializar el derecho,
deber, principio y valor de la paz.
Así las cosas, es fundamental destacar que la caracterización de la EAOCAI, de
acuerdo al artículo 2 de la Ley 2272 de 2022, depende del concepto no vinculante de
la instancia de alto nivel, que desarrollará un estudio de cara a su caracterización y
calificación. La ley, por el contrario, solo establece que la calificación de GAOML
requiere tres elementos: i.) mando responsable, ii.) control territorial, y iii.) capacidad
para realizar operaciones militares y sostenidas. Este es un estándar propio del
Derecho Internacional Humanitario (DIH), respetado y aplicado internacionalmente.
La discrecionalidad del señor presidente de la República, en consecuencia, radica en
que, a pesar de que varios grupos puedan calificarse como GAOML, solo otorga esta
calificación cuando considere que existen las condiciones políticas para desarrollar un
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diálogo de paz. En esa medida, aun cuando existan varios GAOML que cumplen los
tres elementos que establece el artículo 2º de la Ley 2272 de 2022 y el DIH, es
discrecional del primer mandatario calificar al grupo de esta forma, para entablar una
negociación de paz. Bajo estos parámetros y claridades, se evidencia que el
argumento de la parte actora carece de fundamento.
Por otro lado, la Ley 2272 de 2022 es un desarrollo del artículo 189-4 de la
Constitución Política, que fija en cabeza del señor presidente de la República la
facultad de garantizar el orden público y restablecerlo cuando fuera turbado. Los
medios por los cuales se restablece el orden público hacen parte de la discrecionalidad
del primer mandatario, aun cuando existan opciones preferenciales, como la
celebración de procesos de paz.
Además, es importante mencionar que la discrecionalidad del señor presidente de la
República en la calificación de grupos como GAOML no es arbitraria ni caprichosa,
sino que responde a una evaluación de las condiciones políticas, sociales y de
seguridad del país, siempre en el marco de los principios y estándares constitucionales
e internacionales. La facultad de calificación tiene como objetivo principal la búsqueda
de una paz sostenible y duradera, y su ejercicio se encuentra respaldado por el marco
normativo vigente y por la práctica internacional en materia de resolución de conflictos
y negociaciones de paz.
Por lo tanto, la interpretación de la parte accionante no solo es limitada y subjetiva,
sino que también desconoce la complejidad y el propósito del proceso que busca, en
última instancia, la paz y la estabilidad del país.
3. Inexistencia de la falsa motivación endilgada. La motivación del acto
administrativo demandado es suficiente, clara y precisa
3.1 Presunta Falsa Motivación porque según el accionante “No es cierto que la
Ley 2272 de 2022 faculte a los ex integrantes de grupos armados desmovilizados
para elegir el grupo armado al que pertenece”
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Según la parte demandante, la Resolución 064 de 2024 demandada permite que los
integrantes de las Grupos Armados Organizados al Margen de la ley puedan elegir o
estén facultados para determinar el Grupo Armado al que pertenecen. Consideramos
que la forma como se estructura el argumento no constituye un cargo de Falsa
Motivación, y por ende debe ser desestimado.
Sobre la falsa motivación, el H. Consejo de Estado ha entendido que se configura, de
la siguiente manera:
“El vicio de falsa motivación se configura cuando las razones invocadas en la
fundamentación de un acto administrativo son contrarias a la realidad. Sobre el
particular la jurisprudencia de esta Subsección indicó3:
Los elementos indispensables para que se configure la falsa motivación son los
siguientes: (a) la existencia de un acto administrativo motivado total o parcialmente,
pues de otra manera estaríamos frente a una causal de anulación distinta; (b) la
existencia de una evidente divergencia entre la realidad fáctica y jurídica que induce a
la producción del acto y los motivos argüidos o tomados cómo fuente por la
administración pública o la calificación de los hechos, y (c) la efectiva demostración
por parte del demandante del hecho de que el acto administrativo se encuentra
falsamente motivado [...]
Así las cosas, el vicio de nulidad aparece demostrado cuando se expresan los motivos
de la decisión total o parcialmente, pero los argumentos expuestos no están acordes
con la realidad fáctica y probatoria, lo que puede suceder en uno de tres eventos a
saber:
Cuando los motivos determinantes de la decisión adoptada por la
administración se basaron en hechos que no se encontraban debidamente
acreditados;
Cuando habiéndose probado unos hechos, estos no son tenidos en
consideración, los que habrían podido llevar a que se tomara una decisión
sustancialmente distinta.
Por apreciación errónea de los hechos, «de suerte que los hechos aducidos
efectivamente ocurrieron, pero no tienen los efectos o el alcance que les da el
acto administrativo [...]»5
5 Colombia, Consejo de Estado, Sentencia del 19 de septiembre de 2019, M.P. William Hernández Gómez.
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El cuestionamiento que presenta la parte actora no sigue esta estructura. En el medio
de control no presenta ninguno de los elementos que permiten concluir que se
configura una falsa motivación, ya que no hay una fundamentación fáctica del cargo,
sino que es únicamente un problema interpretativo.
En efecto, al estructurarse de esta forma, el cuestionamiento supone, antes que una
presunta falsa motivación, una presunta infracción en las normas en las que se debía
fundar. La falta de estructuración del cuestionamiento da lugar a dificultades y
confusiones en su adecuada resolución y constituye un incumplimiento de la carga
argumentativa.
3.2.1. Presunta falsa Motivación porque según la parte actora “No es cierto que
en el informe de la Cruz Roja se reconozca la existencia de un conflicto armado
interno entre el Estado colombiano y el autodenominado grupo Segunda
Marquetalia”
La presunta falsa motivación se presenta, según el accionante, porque en el informe
de la Cruz Roja no se reconoce la existencia de un conflicto armado entre la “Segunda
Marquetalia” y Estado Colombiano. Consideramos que es simplemente equivocado a
partir de una lectura del informe. El informe establece lo siguiente:
“De acuerdo con nuestra clasificación jurídica actual basada en los criterios del DIH,
en Colombia existen siete conflictos armados de carácter no internacional. Tres de
ellos son entre el Estado colombiano y los siguientes grupos armados: el Ejército de
Liberación Nacional (ELN), las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y las
Antiguas FARC-EP actualmente no acogidas al Acuerdo de Paz.
Los otros cuatro conflictos son entre grupos armados. Uno es entre el ELN y las AGC,
y los tres restantes entre las Antiguas FARC-EP actualmente no acogidas al Acuerdo
de Paz y la Segunda Marquetalia, los Comandos de la Frontera – Ejército Bolivariano,
y el ELN, respectivamente. Este último conflicto fue clasificado recientemente a partir
de la observación y el análisis de las hostilidades entre ambos grupos y sus
consecuencias humanitarias, durante los dos últimos años” (subrayas propias).
En nuestro criterio, el conflicto se reconoce en el primer párrafo que estable que existe
un conflicto entre el Estado y las Antiguas FARC-EP. Como lo han reiterado los
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accionantes en repetidas ocasiones a lo largo de la demanda, los miembros de
“Segunda Marquetalia” fueron miembros de las FARC-EP y ahora constituyen una
disidencia al proceso de paz. Por su carácter de disidencia, se encuentran
actualmente en un conflicto con el Estado.
En igual sentido, el cargo formulado, aun reconociéndose que fuese cierto, no tiene la
vocación de desvirtuar la presunción de legalidad del acto administrativo acusado,
pues no fue un pilar fundamental para su expedición.
3.2.2 Presunta falsa motivación porque, según la parte actora, la ciudadanía
desconoce el contenido de la Resolución No. 176 del 10 de agosto de 2022, a la
que se refieren los considerandos de la norma demandada
La parte actora estima que se configura falsa motivación en la expedición de la
Resolución No. 064 del 28 de febrero de 2024 en la medida en que la ciudadanía no
conoce el contenido de la Resolución No. 176 del 10 de agosto de 2022, que está
relacionada en los considerandos de la norma atacada, pero no está publicada en la
imprenta nacional.
El anterior es un cargo vacío, pues no es un argumento para estructurar la falsa
motivación en la medida en que se alude a un hecho especulativo e imposible
comprobar relativo a “que al ciudadanía se encuentra maniatada para ejercer control
sobre la veracidad de lo señalado”6. Dado su carácter especulativo, es una situación
que no está sujeta a comprobación fáctica, no puede comprobarse ni sirve de sustento
para probar la presunta falsa motivación que se alega.
Ahora bien, la Resolución Presidencial No. 176 del 10 de agosto de 2022 es un
documento sujeto a reserva de la información, que se encuadra en lo dispuesto en el
artículo 24 del C.P.A.C.A. según el cual:
6 Memorial de medio de control de nulidad, p. 41.
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“Artículo 24. Informaciones y documentos reservados. Solo tendrán carácter
reservado las informaciones y documentos expresamente sometidos a reserva por la
Constitución Política o la ley, y en especial:
1. Los relacionados con la defensa o seguridad nacionales.
2. Las instrucciones en materia diplomática o sobre negociaciones reservadas.
(…)” (Subrayas fuera de texto)
Por su contenido, la Resolución Presidencial No. 176 del 10 de agosto de 2022 está
relacionada expresamente con estos dos numerales, por lo que se exceptúa del
requisito de publicidad. En caso que el señor consejero ponente, o la Sección Primera,
de la que forma parte, considere que es esencial y necesario conocer el documento,
estamos atentos a proporcionarlo por un medio que prevenga su divulgación. Lo
anterior, sin perjuicio de manifestar claramente que no consideramos que ese acto
administrativo constituya ni sea fundamento de una presunta falsa de motivación de
la Resolución No.064 del 28 de febrero de 2024.
En igual sentido, no se evidencia cómo este cargo tendría la capacidad de desvirtuar
la presunción de legalidad del acto acusado y, más bien, pareciera que la parte actora
enfocara sus esfuerzos en discutir y cuestionar cada uno de los considerandos dela
Resolución, pero no en demostrar por qué considera que se configura el vicio invocado
en su contra, pues evidentemente no logra probarlo.
En ese orden de ideas, formulamos la siguiente:
V. SOLICITUD
Por no reunir los requisitos de ley, y no haberse probado la ocurrencia de una violación
directa y ostensible de las normas superiores que se estiman vulneradas, se
DENIEGUEN las pretensiones de nulidad de la Resolución No. 064 del 28 de febrero
de 2024 “[p]or la cual se autoriza la instalación de la Mesa de Diálogos de Paz con las
autodenominadas Segunda Marquetalia y se dictan otras disposiciones”, expedida por
el señor presidente de la República.
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VI. ANEXOS
Al presente escrito adjunto en un (1) archivo los antecedentes administrativos de la
Resolución No. 064 del 28 de febrero de 2024 “[p]or la cual se autoriza la instalación
de la Mesa de Diálogos de Paz con las autodenominadas Segunda Marquetalia y se
dictan otras disposiciones”, expedida por el señor presidente de la República.
Así mismo, adjunto los archivos del Decreto 2647 de diciembre de 2022 y del Decreto
438 de abril de 2024, relativos a la estructura del Departamento Administrativo de la
Presidencia de la República, pues se hizo una referencia a la restructuración de la
Oficina del Consejero Comisionado de Paz. (2 archivos)
En total, adjunto 3 archivos.
VII. NOTIFICACIONES
El señor Presidente de la República recibe notificaciones en la calle 7 No. 6 - 54 de la
ciudad de Bogotá D.C., Colombia, y/o en el correo electrónico de notificaciones
judiciales de la entidad notificacionesjudiciales@[Link] y la suscrita
apoderada adicionalmente en los correos marthacorssy@[Link] y
macorssy@[Link] Teléfono: (601) 5629300 en Bogotá, ext. 2748. Celular
3002690238.
Del honorable consejero ponente, y de los demás consejeros de la Sección Primera
de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Honorable Consejo de Estado, con el
debido respeto, cordialmente,
@Firma_52619609
FlagSigned_52619609
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MARTHA ALICIA CORSSY MARTINEZ
Asesora
SECRETARÍA JURÍDICA
Adjunto: Lo anunciado en tres (3) folios
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