2.1.3. Malicia.
2.1.4. Blasfemia.
2.1.5. Palabras deshonestas (palabras obscenas).
2.2. El verdadero cristiano debe caracterizarse por el abandono
de actitudes negativas recíprocas que afectan la vida espiritual
de la iglesia (3:9).
3. El verdadero cristiano debe revestirse del nuevo
hombre en Cristo (3:10, 11).
3.1. El nuevo hombre es la nueva criatura en Cristo (3:10a).
3.2. El nuevo hombre es santificado por el Espíritu (3: 10b).
3.3. El nuevo hombre está unido en Cristo con otros
creyentes formando un cuerpo espiritual (3: 11).
Conclusión:
La vida práctica del verdadero creyente requiere la toma de una
decisión a renunciar al pecado y a toda actitud contraria a la
santidad de Dios. Por supuesto que se requiere una
dependencia absoluta de la capacitación del Espíritu Santo. Es
imperativo que el cristiano prive de poder en su vida todo lo
que es desagradable a Dios y ponga de manifiesto el fruto del
Espíritu en su vida (Gá. 5:22). Hay cosas específicas y actitudes
de las que el creyente debe despojarse, es decir, echar fuera de
su vida. Hay otras cosas y actitudes que deben adornar la vida
del cristiano genuino. Cristo dijo: «Y el que no toma su cruz y
sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la
perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará» (Mt.
10:38, 39).
NOTAS EXEGÉTICAS (3:5-11)
Esta sección constituye la parte práctica de la epístola. Después
de haber tratado la parte doctrinal (1:1—2:3), donde el apóstol
Pablo hace énfasis en la persona y la obra de Cristo, y la parte
polémica (2:4—3:4), donde refuta las prácticas anti bíblicas de
los herejes, ahora se considerarán asuntos que tienen que ver
con el vivir diario de los hijos de Dios.
Esta sección está caracterizada por el uso del modo imperativo:
«haced morir» (v. 5), «dejad» (v. 8) y «no mintáis» (v. 9). El
«pues» del versículo 5 expresa resultado y debía traducirse «por
lo tanto». Pablo desea indicar que lo que ha de decir es el
resultado de lo dicho anteriormente.
3:5-7
En esta parte encontramos la actitud del creyente hacia lo
terrenal. «Haced morir», mejor aún sería «considerad como
muerto». Este verbo (nekróo) se usa dos veces más en el Nuevo
Testamento (Ro. 4:19, He. 11:12) donde se emplea tocante al
cuerpo de Abraham, el cual, en cuanto a capacidad de
reproducir, podía considerarse como muerto. La idea central de
este verbo es «privar de poder» o «destruir la fortaleza de algo
o alguien». También deben verse los pasajes de Romanos 7:4 y
8:13 donde se vierten enseñanzas similares.
En Colosenses 2:9-17 el Apóstol ha descrito la realidad de la
muerte del creyente con Cristo. Pablo describe ese acto
mediante el uso de la frase «si habéis muerto con Cristo»
(condicional de primera clase) en 2:20, y «porque habéis
muerto» (3:3). A esa muerte le ha seguido una resurrección, así
que el creyente no tan sólo ha muerto con Cristo sino que
también ha resucitado a una nueva vida. Ahora bien, ese acto
espiritual (muerte y resurrección) tiene que manifestarse en la
práctica de la vida diaria. Ese es el tema de la sección bajo
consideración.
Pablo nos manda que privemos de poder a lo terrenal
(literalmente, «los miembros que están sobre la tierra») y
seguidamente nos da una lista de pecados que pertenecen al
orden moral. Consideraremos el significado de los pecados que
el Apóstol menciona.
«Fornicación» (porneían). Esta palabra se usa generalmente
para describir «la inmoralidad». De manera específica se usa
para describir todo acto de relación sexual ilícito.
«Impureza» (akatharsían). Literalmente significa suciedad. Esta
palabra se usaba para describir el contenido de una tumba (Mt.
23:27). El apóstol usa aquí dicho vocablo en un sentido moral
para explicar más detalladamente lo que considera inmoralidad
sexual. Debe notarse que Pablo usa repetidas veces en un
mismo pasaje las palabras «fornicación e impureza» (2 Co.
12:21), «inmundicia y fornicación» (Gá .5:19) y «fornicación e
inmundicia» (Ef. 5:3; Col. 3:5).
«Pasiones desordenadas» (páthos). Esta palabra significa
«sentimiento» o «experiencia» y se usaba en la literatura clásica
para describir cualquier emoción pasiva, ya fuese buena o mala.
Pero en el Nuevo Testamento siempre se usa en el sentido malo
para indicar todo deseo incontrolable, «pasiones vergonzosas»
(Ro. 1:26), «pasión de concupiscencia» (1 Ts. 4:5).
«Malos deseos» (epithunmían kakén). La palabra «deseos» se
usa en el original en tres sentidos: 1) En un sentido neutro para
indicar el deseo de alguna cosa (un comerciante puede desear
tener más negocios en el buen sentido y con un buen fin). 2) En
un buen sentido, como el deseo de Pablo de estar con Cristo o
su deseo de ver el rostro de los tesalonicenses (Fil. 1:23; 1 Ts.
2:17). 3) En un sentido malo, desear algo que es prohibido. Esta
palabra se traduce comúnmente al castellano como
concupiscencia (1 P. 4:3; 2 P. 1:4; 2:10; Tit. 3:3; 2 Ti. 3:6).
En este caso particular de Colosenses 3:5 se usa el adjetivo
«malos» (kakén) para indicar qué deseos son los que se
condenan.
«Avaricia» (pleonexían). Esta palabra significa literalmente «un
deseo insaciable de tener más» (Ef. 5:3; 2 P. 2:3; 2:14, donde se
traduce «codicia»). Dice Pablo que la avaricia es idolatría.
Normalmente la avaricia lleva a la persona a poner en primer
lugar lo material. El dinero es su dios. Es por eso que el avaro es
un idólatra.
«Cosas por las cuales.» Esos pecados y vicios traen como
resultado ineludible el juicio de Dios. En este pasaje Pablo
asocia dichos pecados con «la ira de Dios» tal como será
derramada sobre la humanidad en el juicio futuro (véanse 1 Ts.
1:10; 5:9). Esa es una razón por la cual el hijo de Dios debe
apartarse de tales pecados. Obsérvese el verbo «viene»
(érchetai). Es un presente con función de futuro y sugiere la
idea de inminencia. La ira de Dios puede ser derramada sobre
los desobedientes en cualquier momento.
Otra razón es el hecho de que dichos pecados pertenecen a la
vieja vida, en la cual «vosotros también anduvisteis» cuando
vivíais en ella (3:7). El verbo «anduvisteis» expresa el hecho de
la vida pasada por los colosenses mientras que el verbo
«vivíais» (tiempo imperfecto) indica que ese era el hábito, la
manera de vivir, el ambiente en el que aquellos creyentes se
desenvolvían antes de conocer a Cristo. Los colosenses habían
sido transformados por el poder del evangelio. La vida pasada
de ellos «también» (kaí) había sido pecaminosa, pero cuando se
entregaron a Cristo, pasaron de las tinieblas a la luz. El verbo
«anduvisteis» es el aoristo indicativo, voz activa.
El aoristo realiza una función constativa, es decir, apunta a la
condición de vida pagana pasada de los colosenses. La partícula
pote, «en otro tiempo», es eclítica, o sea, se apoya en el verbo
«anduvisteis» para su significado. El contraste de los tiempos