Reencarnación y pesadillas persistentes
Reencarnación y pesadillas persistentes
¿Simples criaturas que viven un período de tiempo para luego perecer y allí
acabar todo? ¿o somos en realidad algo más que una masa de carne con simples procesos
biológicos? Esas preguntas me las he hecho desde mucho antes que entrara en estudios metafísicos,
nunca me sentí completamente identificado dónde me encontraba. Siempre indagaba como
buscando mi verdadero origen, y he tenido la corazonada de que está vida no es verdadera ni es la
única, que de alguna manera venimos y vamos, que aunque podamos trazarnos una meta, este
camino depende de muchos factores para realizarlos y muchas veces no se cumplen completamente
como lo habíamos dispuesto. Solo podemos estar abiertos a las probabilidades y sacar el mayor
provecho a esas vivencias para enriquecer nuestro espíritu.
El tema de la reencarnación ha sido para mí la respuesta a muchas preguntas, y esto ha disipado
creencias que fueron fundadas bajo mitos que nunca se han podido comprobar a diferencia de lo que
yo mismo pude experimentar y confirmar con datos concretos, al realizar las sesiones de
regresiones aprendidas por un instructor, que nos enseñó a mis amigos y a mi en una temprana edad
de nuestras vidas. Aunque parecen simples cuentos, puedo asegurar que fueron verdaderos, sin
embargo, no es todo lo que aprendí pues aún hay más datos, realidades que parecen sacados de un
cuento de ficción pero que son completamente reales, y pueden ser comprobados por ustedes
mismos y pueden ser provechosos para el bien común por todos los que deciden entrar en este
conocimiento. Habrán quienes crean, habrán quienes les sea familiar lo que cuento y dirán que ya
lo sabían, y otros solo dirán que son simples fantasías, eso lo dejo a su propio juicio.
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La oscuridad era casi absoluta, tan solo se distinguía una tenue luz, al fondo la figura de una silueta
con la mano extendida como esperando que se la agarraran.
—Ven conmigo— dijo una voz.
—¡No!, yo no quiero estar contigo, déjame en paz.
—Estaremos juntos en esta vida o en la otra, yo estaré contigo donde quiera que estés.
—¡Noooo! ¡Vete!—gritó Laura mientras se incorporaba en su cama.
Prendió la lámpara de su mesita de noche, su respiración era agitada. La puerta de su cuarto se abrió
entrando su madre al oír a su hija gritar.
—Laura hija ¿Otra vez?
—Si mamá, todavía sigo teniendo esas pesadillas.—dijo Laura, agregando—¿Hasta cuándo?
Laura, era la segunda hija de un típico matrimonio de raíces italianas, creció en un hogar afectuoso
pero estricto con arraigadas tradiciones católicas seguidas por su mamá, estaba cursando ya estudios
universitarios en su último semestre, donde había sido una destacada alumna. Pero en los últimos
años estaba siendo atormentada por un extraño sueño continuo y que en varias ocasiones la habían
hecho despertar sobresaltada, trato de buscar ayuda profesional con varios psicólogos sin que ellos
pudieran encontrar la causa de sus sueños o la forma de eliminarlos, lo único que consiguió fue que
uno de los psicólogos la remitiera a un psiquiatra el cual le recetó unos medicamentos para que
pudiera dormir tranquila sin soñar pero tampoco funcionó.
Laura se levantó de la cama para arreglarse pues tenía una cita.
—¿Vas a salir?— le pregunta su madre extrañada ya que Laura acostumbraba a levantarse tarde los
días libres— hoy no tienes clase.
—Es que tengo una cita con Marcos, el me va a presentar un amigo que dice que conoce y trata
este tipo de problemas que tienen que ver con la mente, quizás me pueda ayudar.
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—¿Y que puede ser? Si ninguno de los doctores que has visto han podido con tu caso, ¿Es que es
brujo?, ¡Cuidado con eso hija!.
—No mamá, cómo crees, la verdad él ha dicho que es un investigador, ha realizado estudios
metafísicos y hace terapias, además no pierdo nada con conocerlo y si con lo que sabe me puede
ayudar, creo que está bien.
—¿Y por qué no tomas el medicamento que te recetó el psiquiatra que te recomendó el último
psicólogo?.
—¿No te acuerdas de lo que pasó cuando me tomé esa píldora?, me dio náuseas, casi vomito y de
paso para que se me pasará tuve que dormir toda esa tarde y el resto de la noche y al amanecer me
sentí desorientada, la sensación fue horrible, y si me lo preguntas prefiero la pesadilla a sentirme así
de mal. No creo que una droga me cure de esas pesadillas.
Laura, tomo rápido el desayuno que su madre le sirvió, vio el reloj notando que ya estaba sobre la
hora.
—Me voy mamá, no quiero llegar tarde, nos vemos después.
—Cuídate hija, suerte en la cita—dijo su mamá, mientras ella salía cerrando la puerta tras de si.
En la casa de un pueblo cercano dos adolescentes estaban a punto de ir a dormir cuando Carla
escuchó un ruido en la última habitación.
—¿Escuchaste eso Isabel?—Le preguntó a su hermana.
—Si—contestó ella—Vamos a ver que pasó
Las dos muchachas salieron del cuarto y atravesaron la larga estancia hasta llegar al cuarto que
quedaba al fondo de la casa y que usaban como depósito encontrando la puerta abierta. Era una casa
del siglo pasado de los que tienen un jardín central rodeado por un pasillo alrededor, sus paredes
eran gruesas pero ya había sufrido algunas modificaciones pero seguía teniendo ese aire antigüo.
—¿Isabel, tu abriste la puerta del cuarto?— le preguntó a su hermana
—No, yo no he venido para acá. ¿Y si es que entró alguien?
—No creo, yo cerré bien las puertas.
Carla entró al cuarto y al encender la luz, vieron el cuarto en completo desorden.
—¡Mira eso!, es como si alguien hubiera estado buscando algo.
—Eso no me gusta— dijo Carla, en su rostro se mostraba el susto que sentía —salgamos de aquí y
cerremos el cuarto con llave.
Las dos chicas salieron y cerraron el cuarto, revisaron el resto de la casa, puertas y ventanas,
cerciorándose que todo estaba en orden pero aun así cuando entraron en su alcoba cerraron con
llave la puerta. Carla y Isabel estaban solas en casa porque sus padres realizaron un viaje de trabajo
y estarían unos días ausentes, a partir de ese día en adelante se siguieron escuchando ruidos en el
cuarto y las chicas procuraban no acercarse. Carla comenzó a tener un extraño sueño en el que
solamente escuchaba una voz que le decía “ayúdame a salir de aquí”, repitiéndose cada noche.
En la casa del profesor de arte Humberto Moreno había una pequeña fiesta donde tanto alumnos
como colegas del profesor asistieron, entre los invitados estaba un ex-alumno que había cursado
escultura y la colega del profesor, la Señora Julia Bastidas, conversando ella con sus amigos había
comentado que tenía que ir al médico, pues llevaba casi dos años sufriendo de taquicardia y cada
vez los sentía más frecuentes y fuertes. Antonio Debró escuchó ese comentario y le preguntó a la
Señora
—¿Y cree que eso pueda ser físico, Sra Julia?.— le dijo Antonio
—Supongo que si, cada vez que siento esa taquicardia me canso mucho— respondió la Señora
Julia.
—Entiendo, sin embargo creo que podría hacerse un examen emocional primero, para descartar.
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—¿Antonio, y usted cree que en realidad sea emocional?, a mí me cuesta creer eso porque se siente
tan real.
—Bueno, hay estudios que afirman que las emociones pueden afectar muy seriamente al cuerpo.
Hagamos algo— le dijo Antonio— si está de acuerdo, le propongo qué hagamos una sesión de
psicoterapia, si el problema es emocional de seguro su malestar desaparecerá pero si el problema, es
físico simplemente lo habrá comprobado y usted podrá ir al cardiólogo tranquilamente.
Antonio Debró era un apasionado de los temas de psicología, filosofía, religión, practicaba yoga,
¿Pero como obtuvo el ese conocimiento?. El había nacido de un matrimonio que se separó cuando
el contaba cinco años de edad, no volvió a ver a su padre, y su madre se mudó a otro estado al pedir
traslado en su trabajo, su madre, Mercedes Dyer, una mujer preparada profesionalmente, había
estudiado en Inglaterra, trabajaba en una compañía petrolera como secretaria ejecutiva, era una
excelente empleada cuyos méritos la hicieron muy querida entre los jefes, sin embargo después del
divorcio comenzó a tener etapas de depresión, que fueron aumentando con el tiempo, esta condición
comenzaba afectar su trabajo y se le concedió un permiso especial, sin embargo ella decidió
retirarse. Las depresiones comenzaron a crearle problemas que se manifestaron en crisis nerviosas y
arranques de violencia que desahogaba hacia el pequeño Antonio quien tan solo contaba para ese
entonces ocho años de edad, siendo blanco de maltrato físico y psicológico por años, no pudo
estudiar con fundamento porque su madre lo cambiaba de escuela frecuentemente, quedando la
mayor parte de su infancia en casa, al no poder tener amigos, se convirtió en un niño solitario que
no entendía nada de lo que estaba sucediendo, el no se acordaba de su padre, no entendía por qué el
no tenía un papá y los otros niños si, su memoria había como hecho un corte en su vida, pues no se
acordaba de su vida antes de la enfermedad de su madre. En su inquietud por saber de su padre, un
día en el que habían viajado a la casa de los abuelos, llegando con su mamá en su chevi convertible,
estando a punto de entrar en el extenso patio de la casa, Antonio le preguntó a su mamá por qué el
no tenía papá, Mercedes no dijo nada pero su rostro se desfiguró con una expresión de intensa ira y
a lo que estaba entrando en el patio, apretó el acelerador y se estrelló contra un arreglo de matas que
la abuela tenía cerca de un árbol, afortunadamente ese arreglo amortiguó el golpe y ellos no
sufrieron mayor daño, salvó el tremendo susto que le produjo a Antonio que lo hizo llorar.
Desde ese entonces Mercedes se quedó en la casa de su madre para ser observada y proteger a
Antonio, sin embargo Antonio siguió siendo blanco de los golpes de su madre cuando le daban las
crisis porque dormían en el mismo cuarto, esos momentos sucedían en la noche cuando Antonio
dormía y Mercedes despertaba o no podía dormir, siendo los abuelos quienes al oír a Antonio llorar
corrían para evitar que le siguiera golpeando.
La situación de la madre de Antonio se fue agravando cada vez más, ahora también desataba la ira
contra sus padres y llegar hasta el intento de suicidio, la abuela llegó a llevarla a centros espiritistas
creyendo que eso le ayudaría, hasta que, como último recurso tomó la decisión de internar a
Mercedes en un psiquiátrico para tratamiento como último recurso, todo esto lo vivió el pequeño
Antonio sin entender nada.
El abuelo de Antonio, Robert Dyer, se mostraba muy preocupado pero dejaba que su esposa tomara
las decisiones con respecto a Mercedes, limitándose a dar algunas opiniones y poner el dinero para
pagar. El había emigrado a Venezuela a principio de los años 20 cuando estaba comenzando a
exploración petrolera, donde comenzó a trabajar como profesor de lengua castellana e inglesa para
facilitar la comunicación entre los trabajadores de habla inglesa y castellana. Había enviudado
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cuando su primera esposa dio a luz a su primera hija. Posteriormente se trasladó al estado Zulia y
allí en uno de los asentamientos petroleros, cuando se desempeñaba como profesor, conoció a quien
sería su nueva esposa, la joven Ángela Molinari, hija de un terrateniente del estado Trujillo. De ese
matrimonio, nacieron, Mercedes, la madre de Antonio, Robert Jr. y Dayane Dyer.
Robert Dyer pertenecía a la hermandad masónica, y tenía el grado de maestro masón, Antonio
siempre lo veía leyendo o preparando las clases para sus alumnos de la escuela técnica Industrial
donde comenzó a dar clases después de jubilarse de la empresa petrolera, era lo que se puede decir
un roedor de biblioteca.
Su Abuela Ángela, era una católica devota y una apasionada de la jardinería, su casa, que había
heredado de su padre, tenía un inmenso terreno, y ellos ya entrando en lo que se puede decir la
tercera edad se mudaron para pasar allí el resto de sus vidas, la abuela había convertido ese inmenso
terreno en tres ambientes diferentes, el más cerca a la calle en un jardín lleno de variedades plantas
ornamentales, en la parte media había mandado a construir unos corrales para la cría de varias aves
de corral, y conejos, y en el fondo del terreno lo tenía como huerta. Ese sería el hogar donde
Antonio terminaría su crianza, bajo el cuidado de sus abuelos.
La abuela trataba de inculcarle a Antonio, las enseñanzas bíblicas y aunque muchas veces escucho
sus historias, cuestionaba en que el Dios de la biblia fuera caprichoso y cruel, porque como podía
ser todo amor y condenar, él había leído las historias de la biblia dejándolo en muchas
contradicciones, también vio que aquellas personas que tanto defendían ese libro eran los que
cometían las vergonzosas acciones lo que lo decepcionó más aun. Tiempo después, la abuela tuvo
una mala experiencia con un sacerdote al ver cómo el cura se comportaba de manera tan avara con
unos niños que estaban en una actividad teatral como parte de los espectáculos en una vendimia,
cuando tocó la hora de comer, la abuela que siempre participaba en esos eventos como
colaboradora, les fue a dar de comer, el cura quiso reducir a una porción de comida muy pequeña
porque decía que eso era para la venta para recaudar fondos y no se podía desperdiciar así la
comida, eso la indignó tanto que terminó abandonando la iglesia y nunca más volvió a pisar una,
pero eso le dejó un vacío espiritual a ella, eso hizo que buscará otras alternativas, así conoció unas
personas que la iniciaron en el estudio de la de metafísica, gracias a eso, con ese camino, Antonio
tuvo nuevo material de estudio y desde allí conoció otras doctrinas y filosofías, quiso devorar todo
el conocimiento que se le presentaba en cuanto a creencias, pasó de metafísica a filosofías
orientales, conceptos diferente sobre espiritualidad, pero su verdadera inclinación se debió a la
enfermedad de su mamá, leyendo también textos de psicología. Antonio desarrollo la lectura para
poder pasar los días de soledad mientras vivió solo con su madre ya que no salía ni tenía amigos.
Antonio había tenido siempre una extraña sensación de estar en el lugar equivocado, no sentía ese
sentimiento de pertenecer a la familia, en ocasiones se ensimismaba con esos pensamientos,
frecuentemente le daban crisis de depresiones ocultándose en el patio de noche a llorar ese
sufrimiento de tener una madre enferma y no conocer a su padre, la abuela le contó que su padre
había sido malo con su mamá y esto le creó un odio a un ser que el no conocía.
Una vez en época decembrina, se enteró que a un tío de él, hermano de su abuelo lo habían
asesinado, eso lo sorprendió, ¡“No voy a ver más a mi tío”!, ¡Que horror!, su mente aún de niño no
pudo digerir por mucho tiempo esa noticia, allí comenzó a temer por su mamá, por sus abuelos, no
quería que sus seres queridos murieran y lo dejarán más solo de lo que se sentía.
A medida que Antonio crecía y profundizaba más en ese conocimiento que le daban los libros
comenzó a cuestionar lo que tenía que ver con la muerte, ¿Por qué la gente tenía que morir?, se
preguntaba, ¿Que sentido tenía todo el conocimiento que se adquiere durante la vida si al final todo
eso se perdería?, ya se gastaba uno la vida trabajando para obtener el sustento para luego morirse,
pero algo le decía que eso no era así, que había algo y el tenía que asegurarse de esa corazonada.
Entre los libros adquiridos Antonio encontró uno de yoga que estaba guardado entre los libros de su
madre así que comenzó a practicarlo y adentrarse en su filosofía, esa fue la primera vez que tuvo
información sobre el concepto de la reencarnación, le consiguió sentido y al combinarlo con el
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concepto del karma, eso le pareció bastante lógico, eso tiraba por tierra la creencia en un cielo o
paraíso, un infierno, en el tan temido castigo eterno, que uno no era un simple cuerpo sino un alma
que habitaba un cuerpo, pero hasta ahora no había nadie quien pudiera asegurarle que eso era así y
aunque el comenzaba a creer en eso, seguía siendo una simple hipótesis. A través de los años el
seguiría buscando más información que despejara sus dudas.
Antonio, conoció y estuvo en distintos grupos de los cuales aprendió otros conceptos, y tuvo amigos
con los que compartía esa afinidad por ese tipo de conocimiento, seguía siendo un devorador de
libros que se compartían entre los los amigos. Un día conocieron a un Astrólogo que estaba
impartiendo un curioso curso, era de regresiones, eso le llamo la atención a sus dos amigos y
decidieron estudiarlo, ese conocimiento no era nada espiritual, era completamente técnico, lo que
les llamo mucho la atención porque se trataba de entender como funcionaba a la mente y como
poder acceder a toda la información contenida en ella, los tres lo realizaron y ellos mismos fueron
sus propios pacientes para realizar las prácticas, dirigidos por el Astrólogo, fue tanto el fervor de
Antonio por tal conocimiento que el destacó entre sus compañeros y tomando el oficio como algo
digno de impartir y cada vez que tenía oportunidad ofrecía sus servicios como ayuda hasta sin
cobrar nada, el simple hecho de que alguna persona accediera al proceso era para el suficiente y
gracias a eso, adquirió información que eliminaba creencias absurdas y dogmas, llevándolo por el
camino de la lógica, desde ese momento dejo de creer en religiones y sectas, vació su mente de
muchos falsos conceptos para dar entrada a sus propias experiencias.
Entre sus pruebas mas duras estuvo la muerte de sus seres queridos, su abuelo, su abuela y su
madre, siendo la de la abuela y de la madre los mas traumáticos. Su abuela enfermó y fue trasladada
por su tía la última de los hijos de los abuelos a su casa para ser atendida, siendo hospitalizada por
un ataque respiratorio que le dio. Ya había pasado mas de un mes y el no sabía nada de ella. Un día
legaron unos empleados de la tía a la casa a atender el jardín y la empleada le informó que la
abuela estaba mal, que lo que tenia era grave y que le haría mucho bien que la fuera a ver. Antonio
se preparó y viajo para visitar a su abuela. Cuando Antonio llegó, fue una gran alegría para la
anciana, que hasta lloro, pro para Antonio fue algo doloroso verla en una silla de ruedas y con un
hueco en la garganta, habían tenido que practicarle una traqueotomía para que pudiera respirar,
Antonio solo se iba a quedar tan solo un día porque tenia que recuperar días perdidos de trabajo,
porque trabajaba independiente, pero su abuela no quería que se fuera, así que se quedó esa semana,
se preocupó por aprender lo que la enfermera que la cuidaba hacia par atenderla y en un día ya sabía
lo que tenia que hacer en caso de que ella sufriera una crisis, la tía se sentía contenta porque esos
días pudo descansar mas porque Antonio cuidaba muy bien a su abuela. Sin embargo Antonio sabía
que su abuela estaba en la última etapa de su vida y procuró darle toda la atención posible para que
se sintiera bien, Antonio había estado todo esos días hablándole que ella, no se debería preocupar
más, que todos sus hijos tenían sus vidas, que ella había cumplido su deber que ahora lo único que
tenía que meditar era en soltar las cargas y estar en paz, que se acordara de todo lo que había
aprendido en sus años de estudio espiritual, ella como quien entiende asentía con a cabeza. Un día
una hermana de la abuela anunció que iría a verla y que llevaría a una señora que según la hermana
era muy espiritual para hablar con con la abuela y darle aliento, esa tarde cuando llegó, le fue a
presentar a la señora, la reacción de la anciana fue aterradora, no dejo que se le acercara, con la
poca fuerza que tenia dándose a entender como pudo hizo señas de que sacaran a la señora, que no
la quería ver, entones la tía busco a Antonio para pedirle ayuda para que la calmara.
—¡Antonio ayúdame, Ángela esta en crisis, se puso muy nerviosa no quiere ver a mi amiga, me dijo
que la sacara que no la quiere ver!
Antonio corrió a ver a su abuela y la encontró muy agitada, él se acercó, tomo sus manos que ella le
extendía como buscando apoyo.
—Tranquila abuela, aquí estoy, cálmese—Le decía Antonio.
La abuela lo miró y moviendo los labios le trataba de decir algo que el no podía escuchar por por
efecto del traqueotomo que tenía, entonces el se acerco para poderla escuchar siendo estas sus
palabras.
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—Yo perdí, yo perdí.
—Tranquila abuela, usted no ha perdido, ha logrado mucho, cálmese, yo estoy con usted.
Sin embargo Antonio sabia lo que su anciana abuela quería decir, el lo intuía, eso era ya el aviso
que faltaba, algo había visto en la señora que la visitó que no quiso que entrara, ¿Habría sido la
señora ese ángel de la muerte que venia a decirle que ya era hora?. Eso fue lo que Antonio
meditaba.
A la mañana siguiente, Antonio se encontraba con ella en su cuarto, la abuela estaba tranquila,
sentada en su silla, él le pregunto si estaba bien y ella con un gesto de cabeza con una débil sonrisa
asintió, estaban con la enfermera, los tres sentados allí, Antonio y la enfermera conversando,
cuando la abuela inclinó la cabeza hacia adelante completamente inerte, la enfermera se incorporó
rápidamente para socorrerla tratando en esa posición darle el masaje cardíaco para que reaccionara,
instinto de todo profesional de la salud.
—¡Dios, no!—dijo la enfermera—¡reaccione por favor!— La enfermera desesperada lloraba de la
desesperación, se culpaba de la situación, Antonio se le acercó buscando calmarla y tratando de
retirarla del cuerpo.
—Cálmese, ya no puede hacer nada, mi abuela ya se fue, usted ni nadie podrán hacer ya nada,
déjela descansar, no es culpa suya
Antonio buscó la ayuda de un primo para que le ayudara a acostar a la abuela en la cama para que
los otros familiares no vieran a la abuela en la silla en esa posición tan incomoda, después se acerco
al oído de ella y le dijo estas palabras.
—Abuela, suelte todo lo le la pueda atar aquí en la tierra, su misión ya terminó, ahora déjese guiar
por los hermanos que la han venido a acompañar, gracias por las enseñanzas que me dio, vaya en
paz.
Así fue como Antonio se despidió de su abuela.
El caso de la madre de Antonio fue más trágico pues se le informó que había Sido arrollada.
Después de haber hecho las diligencias para la realización del funeral, fue a la casa donde ella vivía
a recoger sus cosas y se encontró un diario, y en la última página un escrito que decía que tenía que
hablar con él, cosa que jamás sucedió debido a la fatalidad, eso le dejo a Antonio un gran pesar,
pero en el velorio, lo fue a ver su amigo Francisco,con quién había realizado el estudio de hipnosis
y Antonio le contó lo que había encontrado.
—Francisco, me ha quedado ese pesar de no saber que me quería decir mi madre.
Pero ella está acá—le dijo Francisco— no se ha ido, está justo acá cerca del féretro pero está con
alguien.
Eso me extrañó. Resulta que Francisco tenía el don de poder ver y escuchar a las personas que ya
habían descarnado.
—Hay una persona que ha venido a buscarla— agregó
—¿Una persona?
—Si, es un señor alto alto y moreno
Entonces Antonio le mostró una foto que tenía de su abuelo.
—¿Acaso se parece a Este?—le pregunto mientras sostenía la foto.
—Si, así es, Ese es mi abuelo.
—Pues la ha venido a buscar.
Antonio tenía una desesperación y angustia por su madre, de no haber sabido que le tenía que decir
ella esa vez y le pidió a Francisco si el podría a preguntarle qué tenía que decir.
—El mensaje que te envía es que no te preocupes, que te olvides de ella, que ella va estar bien, que
sigas tu vida y seas feliz.
Ese mensaje parecía frío, ¿Por qué le decía que se olvidará de ella?, ¿Acaso no es mejor lo
contrario, que uno debería mantenerlos en la memoria?, después de un tiempo Antonio comprendió
lo que su madre le había dicho por intermedio de Francisco. De acuerdo con las teorías, la mejor
manera de que un alma trascienda es no tener nada que lo ate, y si a cada rato la persona recuerda
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constantemente a esa persona hará que sufra porque entonces no se puede ir. Así, el abuelo se llevó
a su hija, y Antonio sería la última vez que lloraría por su madre, más sin embargo el la siguió
recordando solamente por las enseñanzas que le dejo en sus momentos de lucidez, después de eso,
la vida de Antonio cambiaría teniendo un enfoque más amplio en cuanto al tema.
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El día acordado se presentó la Señora Julia en casa del profesor Humberto, ya que tenia una buena
habitación bien amueblada, la señora Julia llegó con una sobrina.
—Antonio, ¿Es posible que mi sobrina esté presente en la sesión?.
—No hay problema—contesto Antonio—Pero debo advertirle que debe permanecer callada sin
importar lo que vea o escuché, para este tipo de trabajo se requiere tener mucho dominio propio.
—¿Escuchaste Mónica?, debes estar muy tranquila y no interferir en nada.
—Si tía, lo tendré presente.
La sobrina era una joven de unos veinte años aproximadamente llevaba el cabello corto pero se le
notaban sus nervios en el rostro por lo que iba a presenciar, la Señora Julia la había traído para que
la acompañará pues también tenía algo de nervios por este tipo de experiencia que iba a vivir.
Debró le indicó a la Señora que se sentara cómodamente en un sofá individual que se encontraba en
la estancia y era muy adecuado para el trabajo, el coloco cerca de ella una silla donde estaría el
sentado y más apartado donde no pudiera incomodar, la otra silla estaba más apartada dónde estaría
Mónica observando el proceso.
—Comencemos Julia— le dijo Debró—Cuando termine de contar cerraras tus ojos y entraras en
una calma pero sabrás todo lo que sucede a tu alrededor.
La señora Julia cerró los ojos y al cabo de un minuto entró en una especie de trance.
—Julia, ¿En este momento que ves, que escuchas, que sensación tienes?.
—¡Me siento muy mal, me han dicho que mi hijo se suicidó, no lo creo, el no tenía esos
pensamientos, era un muchacho muy alegre, me explican cómo lo encontraron pero no tiene sentido
la explicación que me dieron!—dijo la Señora Julia en un tono alto de voz—¡No, está mintiendo,
hay algo que no me quieren decir o simplemente no están interesados en indagar la verdad!— dijo
ella aún más fuerte.
—Por favor Julia, vamos nuevamente al momento en que llegas al sitio y te dan la noticia.
La señora Julia, volvió a narrar la situación pero agregando más detalles de lo sucedido,
—Lo encontraron con una especie de cuerda alrededor de su cuello, pero no estaba colgado, según
los investigadores la acción del peso terminó por aflojar la cuerda que hizo que su cuerpo cayera al
suelo, yo no creo eso.
—¡No, basta, no quiero estar allí, me duele mucho esa situación—gritó Julia.
Antonio, hizo caso omiso y con todas calma le repitió la orden que acababa de darle y Julia
comenzó a narrar nuevamente la situación aportando nuevos detalles que no estaban en la primera
narración.
—¡No, eso no puede ser!—volvió a gritar—¡Sácame de aquí!, esto es muy doloroso, ay Dios por
qué dejaste que eso pasara.
A medida que Julia avanzaba en su narración Antonio encontraba nuevas palabras.
Mónica comenzó a llorar al ver la escena tan fuerte de su tía y le dijo a Antonio que parará, que no
siguiera con esa sesión, pero Antonio le dijo que no interfiriera y que si se sentía mal que saliera
pero que el no podía detener el proceso repentinamente.
—Es mejor que salgas, eres demasiado nerviosa para esto, después que se comienza no se debe
interrumpir hasta que haya una descarga, se debe llegar a un término específico.
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Antonio siguió con el proceso y al cabo de dos horas de trabajo, donde Julia lloró , rió, gritaba y
callaba, comenzó a sentirse más tranquila, ya no gritaba, ya no lloraba, respiraba con calma, su
humor había cambiado.
—Me siento muy tranquila, estoy resignada, no importa como pudo haber pasado, eso no le
devolverá a la vida pero ahora sí estoy en paz.
Cuando Antonio escucho esa declaración de Julia dio por terminado su trabajo.
—Julia, ¿Me escuchas?
—Si—respondió
—Ven a tiempo presente.
—aquí estoy—
—¿Que fecha es hoy?
—Sábado, veintiséis de mayo— contestó Julia.
—Está bien, ahora Julia, cuando yo cuente de cinco a uno y suene mis manos, podrás abrir los ojos,
estarás alerta y tranquila. “Cancelado”— dijo después—Cinco, cuatro, tres, dos, uno—Antonio
aplaudió y Julia en ese momento comenzó abrir los ojos.
—Que experiencia tan fuerte— dijo Julia al momento que suspiraba.
—Si fue muy fuerte pero, cómo te sientes ahora.
—Muy bien, tengo una tranquilidad que no sentía desde hace tiempo, ya lo que pasó es cosa del
pasado, acepto el hecho y ya no me siento atormentada por eso.
—Bueno, ahora hay qué esperar unos días para saber si lo que buscábamos se logró, aunque con
todo esto pienso que si.
Al cabo de dos semanas Antonio se encontró con Julia y ella le manifestó que no había vuelto a
sufrir de taquicardias, que se sentía con mucha energía.
—Menos mal que me hiciste esa terapia—dijo ella.— hace una semana pase un problema tan fuerte
con mi esposo que del enojo me habría dado un infarto, afortunadamente no sentí ningún malestar,
Antonio se rió de la ocurrencia de la señora.
—Me alegro mucho que ahora pueda estar tranquila profesora.
—Muchas gracias Antonio—
Ese fue el primer trabajo que Antonio realizaba, después de haber terminado de tomar un curso con
un maestro de hipnosis que además era Astrólogo. Después de eso, ofreció sus servicios a quien lo
quisiera, el estaba fascinado pero todavía no conseguía estar seguro de su hipótesis
En la pequeña plaza frente a la universidad llegó Laura, era el sitio donde quedó en reunirse con
Marcos.
—Ya casi que no llego—dijo al estar cerca de Laura—el tráfico está espantoso y no había
transporte libre.
—Pero llegaste a tiempo, yo acabo de llegar también— respondió Laura—Cuéntame ¿A quien
vamos a visitar?—pregunto Laura.
—Es un amigo mío, lo que conozco de el es que ha estado con un grupo que dicen ser metafísicos,
tienen conceptos extraños y cree que la muerte es simplemente como cruzar una puerta.
—Eso suena como si se dedicará a cosas espirituales y no psicológicas.
Laura y Marcos comenzaron a caminar hacia su destino.
—Queda un poco retirado, vamos a tener que tomar transporte, el prefirió
Vivir en un lugar apartado.
—Vaya que extraño sujeto—comento Laura— ¿Y tú crees que el podrá ayudarme a resolver este
problema?
—La verdad no lo sé, pero he estado presente en alguno de sus trabajos y de verdad he quedado
muy sorprendido con los testimonios de las personas, estuve presente en un caso extraño de una
amiga, mientras llegamos te voy a contar algo de lo cual fui testigo.
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Antonio fue contactado un día por Marcos, para atender a Carla en un problema que tenía y que
hasta ahora no sabían como resolver, para lo cual se trasladó al pintoresco pueblo de Betijoque,
famoso por ser una tierra llena de manantiales y una edad que pasa los trescientos años de fundada.
—Bueno Carla, comencemos a trabajar—le dijo Antonio—Cuando cuente del uno al siete cerraras
tus ojos, podrás escucharme y podrás hablar libremente, ¿Entiendes?
—Si —dijo Carla, quien estaba sentada en una silla de comedor, cerca de allí se encontraban unos
amigos de Carla observando el proceso que Antonio le estaba aplicando.
—uno,...Dos,...Tres,...Cuatro,...Cinco,...Seis,...siete— apenas Antonio dijo el último número Carla
bajo precipitadamente la cabeza como si se hubiera dormido, allí Antonio comprendió enseguida lo
que tenía, ella se desvaneció y quedó inconsciente, en ese momento, la cabeza de Carla se volvió a
levantar pero su movimiento era distinto.
—¿Quien eres tu?—se apresuró a decirle a Carla como si fuera otra persona.
—Soy María Concepción Arrieta de la Barca, no debes hacer esto aquí en esta casa, aquí estamos
muchos pero los otros son malos.
Antonio comprendió que se trataba de otros espíritus que también habitaban en esa casa.
—¿Cuanto tiempo tienes aquí y que te detiene, por qué no te has liberado?
—En este sitio estaba mi casa antes, yo estaba casada pero mi esposo murió, yo permanecí aquí y
monte un abasto con el cual me mantuve, pero el dinero que logré reunir de más cometí el error de
enterrarlo para protegerlo pero cuando llegó mi hora de morir, yo no lo había sacado ni dejé ningún
testamento para que pudiera ser desenterrado, fui una persona muy desconfiada. Desde ese tiempo
hasta ahora han pasado ciento veinte años y hasta que alguien no desentierre esas monedas no podré
salir de aquí.
—Puedes decirnos dónde está enterrado para sacarlo o hazlo saber a la muchacha en cuyo cuerpo
estás para que puedas liberarte— le dijo Antonio.
Antonio sabía que a él no le correspondía conocer el secreto que la mujer tampoco le dijo pero sabía
que Carla sería la persona que se encargaría de realizar ese trabajo.
—Ahora dime como puedo limpiar y que debo hacer para que puedas salir del cuerpo en el que
estás para que se lo devuelvas a su dueña.
—Reza un padre nuestro completo, con eso bastará.
Antonio le dijo a los muchachos que estaban allí que se colocarán alrededor de Carla y que
repitieran con el la oración que había mandado el espíritu de María Concepción. Apenas habían
dicho amén, la cabeza de Carla volvió a caer bruscamente sobre su pecho.
—¡Carla!—dijo Antonio con voz fuerte—Carla—repitió.
—¿Si?— se limitó a decir.
—Ven a tiempo presente, avísame.
—aquí estoy—
Antonio, realizó el proceso para asegurarse de que era Carla.
—Cuando cuente de cinco a uno y suene mis manos estarás alerta y en pleno conocimiento,
“Cancelado”.
Cuando Carla volvió en si, no se acordaba nada de lo que pasó, lo que se habló con la Señora María
Concepción, pero Antonio procuro darle todos los detalles de la conversación.
Cuando los padres regresaron de su viaje Carla les contó como si hubiera sido un cuento que había
escuchado en el pueblo sobre un entierro que había en la casa, le costó convencer a su padre de que
intentara buscarlo pero de tanto insistir el padre accedió a buscar dicho entierro logrando dar con el
dinero que consistían en monedas de plata, a partir de ese momento no se volvieron a escuchar
ruidos en la casa y Carla no volvió a escuchar esa voz que le pedía ayuda, el dinero sirvió para
pagar los estudios universitarios de las hijas y hacerle reparaciones a la casa.
—¡Que aterrador parece eso!, aunque yo soy escéptica con respecto a esas creencias en espíritus y
fantasmas—comento Laura sobre el cuento que acababa de escuchar.
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—Pues yo también era un incrédulo de esos cuentos pero después de ser testigo de algunos trabajos
del Sr. Antonio creo que me ha convencido de que hay algo más allá de nuestra simple vida.
También está el caso de Manuel, un joven, hijo de la Señora Josefina que vive en mi pueblo— dijo
Marcos —Es un muchacho con cierta discapacidad y se quiso indagar a que se debía, entonces la
Señora Contacto a Antonio y el nunca se niega a dar una mano siempre que puede, así que fue a su
casa para aplicarle la terapia, la casualidad que también estaba presente y pude ver eso también.
Manuel es el último hijo de la Sra Josefina y había oído hablar de Antonio, que por esos días se
encontraba en el pueblo y un día lo llamaron.
—¿Como esta Sr. Antonio?— dijo la Sra Josefina—he oído hablar de usted y me gustaría que
hablara con mi hijo.
Antonio accedió.
Tuve la oportunidad de estar también en esa sesión de terapia dónde Antonio, a través de sus
técnicas indujo a Manuel a un trance, Manuel comenzó a contar una extraña historia donde el era un
campesino, tenía unas tierras y como comerciaba con el producto de lo que producía, era su medio
de subsistencia, el era muy conocido por tratar con todos en la región, había enviudado y su hijo se
mudo con el llevándose a su familia, su esposa y su hija para que no estuviera solo, cuando iba a
entregar productos casi siempre se llevaba a su nieta para que lo acompañará y de regreso siempre
le compraba un pan dulce que tanto le gustaba a la niña. Yo escuchaba lo que el contaba y vi a la
mamá como sorprendida de esa historia, contó como estaba distribuido el pueblo que para esa fecha
era diferente, allí me enteré yo, que lo que ahora es la plaza central, en esa época era el cementerio.
La señora no salía de su asombro por lo que Manuel decía.
—¿Y a qué se debía que la Señora se sorprendiera de esa historia, acaso se preguntara de dónde
sacaba semejante historia?.—dijo Laura sin mayor importancia.
—¿Que le sorprendió preguntas tu?, yo también me extrañe, pero, cuando Antonio termino de
hacerle la terapia a Manuel, la señora no puedo evitar derramar algunas lágrimas, entonces fue ella
quien habló, sorprendida, pues la persona de quién hablaba Manuel era su bisabuelo y la niña era su
madre, Manuel fue el último hijo de la señora Josefina y ella nunca había hablando de su abuelo
pues había muerto mucho antes de que ella se casar y tuviera familia y recordarlo le daba mucha
tristeza. Y como su padre aún vivía cuando eso, se centró en su padre y que sus hijos tuvieran una
bonita relación con el.
—Me cuesta creerlo ¿Entonces Manuel... ?
—Si Laura, según lo que pude entender, Manuel es la reencarnación de su propio bisabuelo, lo que
me explicó Antonio es que, el vínculo afectivo de ellos fue tan fuerte que eso hizo que ellos
volvieran a estar juntos en la misma familia.
—¿Pero como su hijo?.
—Si claro, el papel que corresponda a cada quien solo es determinado por el tipo de acciones que
los relacionaron, si el vínculo no es muy fuerte es posible que hubiera nacido en otra familia.
Laura estaba sorprendida por la historia pero aún así seguía teniendo sus dudas, pero comenzó a
interesarse en el tema y seguro el Sr Antonio podría responderle otras preguntas que se le estaban
despertando en su mente.
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Se escuchaba una suave música instrumental cuando sonó el timbre de la puerta, esta se abrió y dejó
ver a un hombre de mediana edad que se asomo para ver quién tocaba.
—Marcos, viejo, ¿como estas?—dijo el señor que abrió la puerta, mientras esbozaba una sonrisa.
Era Antonio Debró, que no recibía muchas visitas pues casi siempre realizaba sus trabajos fuera de
casa.
—¿Que te trae por acá amigo?
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—Hola Antonio, le traigo a una amiga que necesita la orientación de una persona de sus
conocimientos, ella es Laura.
—buenos días señor Antonio.
—Hola, un gusto saludarte, pero pasen no se queden allí, vengan, tomemos algo mientras me
cuentan.
Antonio los hizo pasar y les ofreció una bebida.
—¿Que prefieren, frío o caliente?, yo voy a tomarme un té, si tú quieres Laura, también lo tengo
frío con limón?
—Si, frío está bien, muchas gracias,
Marcos prefirió el té caliente como el anfitrión
—A ver cuéntenme—mientras Antonio tomaba asiento después de haber servido las bebidas.
—Pues, bueno, a Laura le han estado dando pesadillas muy extrañas, pero ella es quien mejor puede
contarle.
—Bueno, soy todo oídos.
—Desde hace unos años he comenzado a tener un sueño recurrente con una persona que me
atemoriza mucho, en los sueños el me acosa constantemente, diciendo e que me ama, que nuestro
destino es estar juntos y que nunca me va a dejar, en el mismo sueño yo lo rechazó pero el es
constante, no acepta el rechazo y dice que me seguirá donde quiera que yo vaya, una vez me agarró
y lo sentí tan real, pues resulta que cuando desperté, tenía las marcas en dónde el me había sujetado.
—Caray si que fue vivido el sueño, ¿Y me dices que tienes años con ese sueño?
—si, es casi lo mismo cada vez que sueño, es un constante acoso,
—¿Y algún otro sueño antes de esos has tenido?.
—Ahora que lo menciona si, cuando estaba niña soñaba frecuentemente con un niño, pero era
diferente, yo jugaba con el, era como un amiguito, la particularidad es que pasaron los años y el
crecía conmigo, siempre estuvo contemporáneo con mi edad.
—fascinante, no había escuchado un sueño así—respondió Antonio agregando—¿Buscaste ayuda
profesional?
—Si, fui a ver varios psicólogos pero solo me dieron diagnósticos freudianos, decían que era simple
represión sexual, uno de ellos me remitió a un psiquiatra, eso fue espantoso, así que no asistí más, y
bueno ya ve hoy estoy aquí con usted por recomendación de Marcos, pero le confieso que no es que
esté muy convencida, después de lo que viví con estos doctores.
—Te comprendo, bueno, yo no soy psicólogo, ni me gustan los métodos de los psiquiatras, me
gusta la psicología y he leído algo pero lo que yo hago es otra cosa, en realidad tu haces el trabajo
yo solo te ayudo a que tú lo hagas porque eres tu quien tiene las respuestas yo solo te ayudo a
descubrirlas si es posible.
—Eso es extraño— dijo Laura—¿Soy yo quien descubrirá eso?
—Así es— Le contesto Antonio—Si necesitas preguntar hazlo, lo que pueda contestarte lo haré,
pero habrán cosas que no hasta tanto se haya hecho el proceso, lo importante es que me tengas
confianza y no te bloquees conmigo, solo cuando tengas confianza, haremos el trabajo.
—Bueno, para eso estoy aquí, por ser usted amigo de Marcos es suficiente para mí, a el le tengo
plena confianza y se que no me llevaría a alguien que me pudiera dañar.
—Esta bien, entonces ¿Te parece bien que procedamos?, es un buen día y yo estoy desocupado.
—Si claro, no hay problema pero...—Laura hizo una pausa y luego agregó —¿Puede estar Marcos
presente?
—Por supuesto, si eso te hace sentir más tranquila, claro que puede estar presente ademas, seguro te
ha contado que ha estado presente en otros procesos que he auditado.
—Si, el me ha contado.
Antonio condujo a Laura a su oficina, un amplio cuarto armoniosamente decorado que daba
sensación de tranquilidad donde había un cómodo sofá individual, algunos cuadros y una biblioteca
donde de apreciaba los libros que Antonio estudiaba las ventanas con unas cortinas beigs que
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permitían entrar la luz del día sin ser segadora, Marcos entró entró otra silla por indicación de
Antonio, así todo quedó preparado para el proceso.
—Laura, ven, siéntate en este sofá—le dijo Antonio, mientras esté agarraba una libreta en una tabla,
con su bolígrafo.
—Muy bien, si quieres comenzamos de una vez.
—Si claro, eso quiero—
—Muy bien—dijo Antonio—Bueno Marcos, ya sabes que hacer—
Antonio movió un poco la cortina para controlar la cantidad de iluminación que entraba en el
cuarto, después se sentó en la silla cerca de donde estaba sentada Laura, le indicó que se quedará
tranquila y que mirara la varita que el tenía en la la o y la habían puesto frente a ella justo unos 45
grados más arriba de sus ojos.
—Bien Laura, quiero que te quedes mirando está varita sin mover la cabeza solo tus ojos, mientras
cuento del uno al siete, cuando llegue al siete, cerraras tus ojos y sabrás todo cuánto pase acá,
¿Comprendes Laura?
—Si—se limito a decir,
—Uno..., dos..., tres..., cuatro..., cinco..., seis..., siete...
Laura enseguida que Antonio dijo siete, cerro los ojos.
El sol de la mañana daba un aspecto vivaz a la carretera, por ambos lados del camino la vegetación
era algo espesa pues la zona era algo húmeda y era rica en manantiales, en el impala 68 el Sr. Pablo
al volante y al lado Martha su esposa, era un joven matrimonio, en el asiento de atrás estaban dos
niñas durmiendo, eran sus hijas Marisela de siete años y Laura de tan solo unos cuatro años, iban de
visita a casa de la madre del Sr. Pablo quien vivía en ese pueblo a escasamente una hora de
distancia de la ciudad. El pueblo solo tenía una entrada y una salida a cada extremo del pueblo, eso
se debía a la geografía del lugar estaba asentado en una especie de colina, lo que hacía que todo el
pueblo estuviera ligeramente inclinado, y su humedad ayudaba a que el clima fuera más agradable.
-Despierta a las niñas que ya estamos llegando- Dijo Pablo.
Ya estaban entrando al pueblo y a la entrada de este se podía apreciar la estatua de uno de los
personajes ilustres del lugar, se veía pocas personas en las aceras algunas casas con las puertas
abiertas común en los pequeños pueblos andinos, bodegas abiertas donde se apreciaba a las
personas adentro haciendo sus compras. Cuando terminaron de entrar al pueblo pasaron por la
primera plaza y frente a ella estaba una iglesia que para poder entrar a ella había que subir una
escalera pues estaba construida encima de en un alto terraplén, con las puertas abiertas, dos
hombres ya estaban arriba y estaban cargando un pequeño ataúd blanco dispuestos a entrar, al lado
de ellos estaba un niño vestido de camisa blanca y pantalón negro. Cuando Laura que fue la primera
en despertar, se incorporó del asiento, bostezó, todavía somnolienta miró por la ventana y vio la
escena que sucedía en las puertas de la iglesia, en ese momento el niño que estaba con los hombres
se volteó mirando el auto que en ese momento estaba pasando, el niño alzó la mano saludando y
cuando Laura lo vio, reaccionando de la misma forma saludando al niño, quedando, ambos niños
mirándose mientras el auto se alejaba.
-Ya llegamos familia- dijo Pablo, mientras estacionaba el impala al frente de la casa y tocaba la
corneta.
Mientras se bajaban del auto, la puerta de la casa se abrió y Laura y Marisela quien ya estaba con
Martha fuera del auto se soltó de la mano de Martha y corrió hacia su abuela.
-¡Hola Abuela!
-Hola mis bellas nietas, como han estado.
Todos entraron en la casa.
Todos contentos por el encuentro familiar como si hubiera pasado mucho tiempo, La casa de la
abuela era una casa muy vieja, sus paredes eran mucho más gruesas que las de las casas modernas
pues estaba hecha de tierra apisonada, técnica usada en la época colonial para levantar las casas,
pero estaba muy bien conservada, como las construcciones viejas tenía un jardín interno rodeado
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por pasillos que llevaban a los diferentes cuartos, el jardín estaba hermosamente decorado con
muchas macetas con plantas ornamentales, dándole un aspecto fresco y luminoso, ella había querido
conservarla así por esa razón, pues varios de sus vecinos habían eliminado el jardín para que la casa
tuviera más capacidad, pero se dio cuenta que eso le quitaba ese toque luminoso volviéndolas algo
lúgubres por la falta de esa luz natural. La familia se reunía cada quince días para compartir con la
abuela y Pablo siempre trataba de convencer a la madre de que se fuera a vivir con ellos para que no
estuviera sola, una labor infructuosa pues ella siempre le recordaba que esa casa viviría hasta el
final ya que había sido el hogar que junto con el abuelo habían construido. La estadía solo sería
hasta el día siguiente cuando deberían volver a la ciudad para comenzar la semana de trabajo y las
pequeña niñas comenzarían sus clases.
Laura y Marisela comenzaron clases en una nueva escuela que contaba con servicio de transporte
privado, ella está a muy contenta con su nueva escuela y al poco tiempo comenzó hacer amiguitos
con otros niños. Laura conoció a otro niño con quién hizo una amistad muy especial, y se reunía
frecuentemente con el, olvidando a sus otros amiguitos, era un niño blanco de pelo casi negro, y
tenía una marca en el cuello que parecía la cabeza de un caballo.
Ya estaba Laura en su segundo año en la escuela, cuando la maestra cito a los padres de Laura, tenía
algo que comentarles.
—Usted dirá maestra, ¿Que es lo que ha pasado, acaso Laura se ha metido en problemas?.
—No señor Pablo, nada de eso, ella es una niña muy aplicada pero desde un tiempo he notado un
comportamiento algo extraño, Laura ha hecho muchos amigos acá pero hace tiempo no juega con
ellos, la he encontrado jugando sola, yo le he dicho que se reúna con los amiguitos y ella me ha
contestado que estaba jugando con su amigo, un Juan Carlos y que él dijo que los otros niños a él no
lo quieren y que por eso ella juega con el para que no se sienta solo.
—¿Pero que es lo extraño, maestra?
—Lo extraño señor Pablo es que yo no he visto a ese niño que ella menciona, solo la veo jugando
sola, y aquí en esta escuela no hay ningún niño registrado con ese nombre.
Los padres de Laura quedaron sorprendidos por lo que les dijo la maestra, Laura les había hablado
de ese amiguito y ellos lo tomaron normal era un amigo de escuela con quién ella jugaba, pero
ahora la situación cambio, pues ese niño no existía.
—¿Un amigo imaginario?
—Si señor, ella describe a un niño que ella está creando en su imaginación. Dígame, ¿Ustedes
tienen problemas en casa?.
—No señora, llevamos una vida muy tranquila, salimos de paseo, vamos frecuentemente a casa de
la abuela porque a Laura le gusta mucho y en casa nunca se ha presentado ninguna situación
anormal.
—Pues es muy extraño, les recomiendo que la observen y la lleven a un psicólogo porque es un
comportamiento extraño, puede que tenga algo y ustedes no sepan.
—Tendremos que poner. cuidado a su comportamiento e ir a un psicólogo.
Pablo y Martha comenzaron a ponerle cuidado a Laura y si, se dieron cuenta que ella jugaba sola y
parecía hablar con alguien imaginario. Descubrieron que adema que soñaba mucho, ella les había
dicho que ese niño con quién ella jugaba también estaba en sus sueños. Ellos llevaron entonces a
Laura para que la evaluará un psicólogo, y el Dr. Igualmente se dio cuenta de esa condición de
Laura pero dijo a sus padres que eso era normal, que para ella hay como una especie falta de cariño.
—Sel equivoca Dr. A ella no le hace falta cariño, ella está muy bien atendida y ha manifestado
felicidad, como le dije anteriormente, nosotros no discutimos.
Los padres la llevaron a otro Psicólogo para una segunda opinión pero fue el mismo resultado que
con el anterior.
Laura comenzó a crecer y desarrollarse, y el niño con quién ella soñaba crecía junto con ella, ya no
jugaban, la relación fue más de compañía y solamente en sueños, ella lo soñaba frecuentemente y en
los sueños entablaban largas conversaciones, para ella era normal, hasta para tomar decisiones
decía.
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—Voy a consultarlo con Juan Carlos, de repente me da una buena idea.
Eso significaba que soñaría con el y le expondría su problema.
Los padres aprendieron a aceptar esa imaginación de su hija ya que no veían ningún otro
comportamiento extraño salvó esa extraña amistad onírica.
Los sueños que tenía Laura, se sentían demasiado real, pues se incluían todos los sentidos. La
situación se comenzó a complicar años después cuando Juan Carlos comenzó a manifestarse a
Laura que estaba enamorado de ella, lo que era imposible porque ella sabía que era solo un sueño
que ella había aprendido aceptar como un amigo, pero de allí a tener una relación sentimental con el
no era su deseo, no se explicaba como ese sueño fuera tan determinado, habiendo creído que era
simple creación de su mente, cada vez la insistencia de Juan Carlos era mayor hasta tal punto que
era una obsesión, la actitud del muchacho era cada vez más seria y en ciertas ocasiones hasta
violenta. Una mañana cuando aún dormía, Discutió con Juan Carlos en el sueño y este la tomo del
brazo.
—Suéltame, no me toques—le dijo Laura enojada.
Cuando despertó, noto que en el brazo que él la había agarrado estaba la marca de la mano, desde
ese momento se asustó porque ahora habían manifestaciones físicas de lo que ella soñaba, ningún
psicólogo pudo dar una explicación satisfactoria y el psiquiatra solo dijo que era una reacción de
ella misma haciéndose daño por la represión sentimental que tenía y que era la forma de atraer la
atención de las demás personas, le recetó medicamentos para que se relajara pero después de haber
tomado una fue tan desagradable la experiencia que no las volvió a usar.
—Ahora quiero que te encuentres con Juan Carlos, llámalo dile que necesitas hablar con él.
Antonio para acortar el proceso le solicitó a Laura que buscará al chico con quien tiene ella tenía
cierta afinidad.
—Por favor Laura, quiero que te encuentres con Juan Carlos, llámalo y que se presente ante ti.
—Lo estoy llamando.
Pasaron unos minutos, hasta que Laura volvió a hablar.
—Lo tengo ante mi.
—Bien, ahora Laura, quiero que converses con él, hazle entender que ustedes dos no se pueden
reunir más, el tiene una labor que cumplir y tú también pero en planos distintos, el debe reanudar su
camino en dónde se quedó.
—Me dice que me ama que quiere estar conmigo, que solo conmigo se siente feliz.
—El tiene que comprender que ustedes dos no están en la misma dimensión, el tiene que trascender,
dile que el tiene todavía un camino que recorrer.
—Estoy hablando con el—dijo Laura, entonces hizo silencio y así permaneció por 15 minutos,
Antonio no quiso interrumpir más para que Laura pudiera hablar libremente con Juan Carlos.
—¿Laura, que sucede?—interrumpió Antonio después de esos quince minutos que habían parecido
horas.
—Juan Carlos se está despidiendo, me dice que no me olvidará, que sea como sea me ama, pero
comprende que no podemos estar juntos. ¡Oh!—exclamo Laura.
—¿Que sucede, Laura?—
—Se fe una luz al fondo. Juan Carlos se está dirigiendo allá, se ha despedido de mi, prometiendo
volver. Eso me da susto—Laura terminó diciendo—Se ha ido.
—Como te sientes.
—Un poco triste por él, pero ya me siento más tranquila, espero que todo esto haya servido.
Antonio comenzó el proceso para que Laura regresara.
—¡Cancelado!, Laura, ahora contaré del cinco a uno, y cuando diga uno, sonaré mis palmas, estarás
aquí, te sentirás bien, recordarás todo cuánto se ha hecho y podrás abrir los ojos, ¿Comprendes?.
—Si— se limitó a decir.
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—...Tres, ...dos, ...uno, ven a tiempo presente, abre los ojos.
Laura abrió los ojos, los tenía algo rojos, pero se veía como feliz, como si hubiera soltado una
carga.
De una vez, abordó a Antonio, si había una respuesta para lo que había experimentado ella quería
saberlo.
—Te explicaré mi teoría, pero te advierto que es como yo lo veo, esto no es algo concreto pero esto
es basándonos en esta experiencia. A mí modo de ver, cuando estuviste niña y estabas con tus
padres en el auto, tu te despertaste justo cuando pasaban por la iglesia y viste a Juan Carlos y el te
vio a ti. Pues resulta que ese Juan Carlos que viste no estaba allí para nadie más, era el niño que los
dos adultos llevaban en el ataúd, Juan Carlos estaba muerto, era lo que muchos dicen, un angelito y
estaba su espíritu al lado de los señores. Dada tu corta edad, todavía no estabas condicionada
completamente a este mundo material, dándote la ventaja de poder tener conexión con el plano
espiritual, te estabas despertando, lo que ayudaba a percibir lo más sutil,por eso pudiste verlo y al
encontrarse sus miradas, quedaron ligados, pues Juan Carlos encontró en ti en quien aferrarse y
poder seguir en este plano, pero solo tu podías verlo, pero después creciste y tú visión se fue
desvaneciendo porque comenzaste a creer que era solo producto de tu imaginación, quedando en los
sueños la única forma de él poder estar contigo, pero lo curioso fue que, desarrollo un sentimiento
hacia ti, una atracción muy fuerte, pero este proceso que se hizo dónde pudiste aclarar la situación
con él era la única solución, porque tenías que ayudarlo a regresar a la trascendencia.
—Espero que así sea—contesto Laura—Pero explícame algo, ¿Cuando alguien muere no se va de
una vez a ese otro sitio o lo vienen a buscar?, eso es lo que a mí me han contado.
—Bueno, eso tiene algo de verdad, pero, así como aquí, las cosas dependen de circunstancias,
igualmente en el otro lado hay una serie de factores que se deben cumplir. Una persona que haya
muerto de forma tan repentina, puede que no se haya dado cuenta de que ya esta desencarnada y se
quede un tiempo hasta que tome conciencia de que no tiene cuerpo, y sin todavía tienes un gran
apego a algo acá en el plano de la manifestación, esa fuerza tampoco te deja trascender, es por esa
razón que cuando sentimos que está próxima la fuerza tenemos que ir soltando todo aquello que
consideramos nuestro, eliminar ese apego, ya sea a cosas o a personas, porque todo lo que tenemos
en la vida es solo un mero préstamo.
—Eso si es un trabajo, porque nadie se quiere morir.
—Así es, pero es lo más seguro que tenemos.
—¿Y que hay con el cielo y el infierno, a dónde vamos por fin?
—El cielo o el infierno, eso esta dentro de ti, yo no sé dónde vamos pero de lo que si es seguro es
que tú castigo como te han querido hacer creer eso te lo infliges tu misma con lo que albercas en tu
mente, tu propia conciencia es la encargada, hasta que tú misma decides corregir el error para seguir
avanzando en tu existencia. Pero lo que te estoy diciendo tú lo puedes cuestionar, solo tu puedes
buscar esa verdad que anhelas, nadie por más maestro que diga ser tiene la respuesta.
Pasaron meses, y Laura no volvió a soñar con Juan Carlos, pudo culminar sus estudios,
convirtiéndose en una destacada profesional, ocasionalmente se reunía con Antonio y Marcos para
conversar, pues se había interesado en estos temas de regresiones y otros tópicos que también
abordaban, para ella Antonio se había convertido en un amigo muy especial de Laura, para ella lo
consideraba como un tutor, un maestro a quien consultar, para que la ayudara a decidir sobre
asuntos en los cuales ella a veces dudaba, pero el siempre hacia que ella tomara sus propias
decisiones. Años después Laura conoció al que sería su esposo y al cabo de varios años de noviazgo
se casaron, y al cabo de dos años Laura concibió su primer hijo, todo fue normal, un embarazo sano
y fuerte, en su casa estaban contentos y su mamá había ido a atenderla en los últimos meses previos
al alumbramiento. Llegó el día del parto que fue temprano en la mañana, había nacido su primer
hijo, había mucha felicidad en la familia. Antonio fue a verlos junto con Marcos, los felicitó y vio al
primogénito.
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—¡Que robusto este muchacho!—dijo—será un muchacho muy sano—y agregó al ver el cuello del
niño una pequeña marca—Que curioso lunar tiene, parece la cabeza de un caballo.
—¿Que...?—Dijo Laura sobresaltada, pues no lo había detallado de la emoción inicial por el
nacimiento de su bebé—Quiero verlo.
La madre de Laura quien en ese momento había cargado al pequeño se lo acerco a su madre y está
fijó los ojos en el cuello del pequeño y si, precisamente allí estaba, era un lunar en forma de cabeza
de un caballito, para asombro de Laura, acordándose de las palabras de Juan Carlos.
“Estaremos juntos en esta vida o en la otra, yo estaré contigo donde quiera que estés”.
Fin
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