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La Paz de Dios

El documento habla sobre la paz de Dios y cómo los cristianos pueden tener paz interior a pesar de los problemas externos confiando en Dios y su palabra. Explica que la falta de paz interna se debe a la falta de confianza en Dios y que escuchar malas noticias puede afectar la paz. También analiza pasajes bíblicos sobre tener la paz de Dios.

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La Paz de Dios

El documento habla sobre la paz de Dios y cómo los cristianos pueden tener paz interior a pesar de los problemas externos confiando en Dios y su palabra. Explica que la falta de paz interna se debe a la falta de confianza en Dios y que escuchar malas noticias puede afectar la paz. También analiza pasajes bíblicos sobre tener la paz de Dios.

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Y LA PAZ DE DIOS, QUE SOBREPASA TODO

ENTENDIMIENTO GUARDARÁ VUESTROS


CORAZONES Y VUESTROS PENSAMIENTOS EN
CRISTO JESÚS.
Filipenses 4:6-7
Introducción:
Desde hace miles de años los judíos llaman a Dios, Shalom, aun en estos
tiempos lo siguen llamando igual, Dios de paz. Paz es una cualidad de Dios,
una cualidad que la tiene Jesús y que Dios quiere que sus hijos tengan.
Paz es una palabra usada constantemente por la humanidad. En la relación
entre las personas la paz siempre es buscada. Gran parte de los seres humanos
quieren vivir en paz, también hay muchos que les gusta vivir en pleitos y
contiendas y siempre buscan la guerra.
Desde que el hombre peco, la paz ha sido un estado de vida que el mundo no
ha podido disfrutar plenamente.
La paz también es una cualidad relacionada con el estado interno de la
persona. Hay personas que en su interior viven en paz consigo mismo y
muchos, tal vez más que los primeros, que no tienen paz en su interior, en sus
sentimientos, en sus pensamientos. Viven en angustia, miedo, rabia,
inconformidad, dolor, tristeza, melancolía, zozobra, etc. Por problemas del
pasado o del presente que agobian su vida.
Aunque en lo externo, no lo demuestren en su vida no hay paz. Muchos no
tienen paz porque permiten la influencia de lo que escuchan o de lo que ven
afecte su paz interior. Se dejan afectar por las malas noticias que reciben.
La historia de la conquista de la tierra de Canaán por el pueblo de Israel, relata
que las malas noticias hicieron que el pueblo se desanimara y desfalleciera.
Moisés envió a unos varones a investigar la tierra y los moradores en ella,
antes de atacar, entre esos hombres iba Josué. Números 13:25-34
Cuando el pueblo escucho la noticia, no confió en Dios sino en las noticias
que estos hombres dieron. Y esa noche no tuvieron paz, sino angustia, miedo,
lloro, por las noticias que habían escuchado. Números 14:1-4
Hoy tenemos problemas en Venezuela, y gran parte del país esta angustiado
por lo que está ocurriendo y muchos cristianos también se ven afectados por
esta situación. La angustia no es generada por lo que están padeciendo o
sufriendo, sino por lo que escuchan, por la información que reciben.
Cuando caemos en la misma situación del pueblo de Israel, no hay paz en
nosotros, estamos asustados, angustiados. Esto significa que se tiene muy poca
confianza en Dios, hay incredulidad, no creer lo que Dios nos promete, no
atesoran la palabra de Dios.
A Israel Dios le dijo que estaba con ellos y que les daría la tierra, ellos no
creyeron y se angustiaron y perdieron la paz interna. A nosotros nos dice que
está con nosotros y nos ayudará a alcanzar el cielo, y tampoco creemos,
también nos angustiamos y perdemos la paz interna que deberíamos
tener.Filipenses 4:6-7
1. ¿Qué es la paz?
La palabra usada en la biblia significa tranquilidad, bienestar, prosperidad. Esa
es la paz que debemos tener tranquilidad en nuestra alma, en nuestra mente, en
el corazón. Sentirnos bien aún en las circunstancias externas, eso nos da un
bienestar espiritual que no lo tienen los demás. Esa tranquilidad, confianza,
hace que prospere nuestra alma hacia la madurez espiritual.
La paz es una cualidad de Dios y de Jesucristo. A Dios se le llama Dios de paz
a Jesús príncipe de paz. La paz es una cualidad de los cristianos que tienen su
vida sementada en la palabra de Dios y confían en Dios plenamente, aún estén
viendo cosas malas a su alrededor y menos cuando solo escuchan. 1 Corintios
14:33
2. Sin paz estamos afanosos.
Afanosos significa preocupados por algo, afanados por algo, interesados en
algo. Y ese algo nos causa angustia, preocupación, temor. El pueblo de Israel
por las malas noticias dio voces, gritaron, lloraron y se quejaron.
El apóstol Pablo es un excelente ejemplo a seguir. Un hombre comprometido
con el reino de Dios, perseguido, vejado, etc. pero con fortaleza espiritual
enorme. 2 Corintios 4:7-9 A pesar de que él vivía estos problemas
personalmente, sin embargo no estaba angustiado, ni desesperado. Sin paz no
hay tranquilidad, no hay confianza en Dios.
3. La falta de paz afecta el corazón y los pensamientos.
En este caso cuando se refiere al corazón está hablando de los sentimientos.
La falta de tranquilidad y confianza produce angustia, tristeza, miedo y rabia
en nuestros sentimientos. Nuestro corazón es angustiado y nuestro cerebro
empieza a pensar más de lo nevesario. En momentos de zozobra las cosas las
vemos más malas de lo que son, engrandecemos el problema y empezamos a
tomar decisiones desesperadas, que en muchos casos terminan mal.
En el caso de Israel ellos estaban pensando quitar a Moisés como su guía y
poner a otro hombre que los devolviera a Egipto. Por la angustia que tenían
por la mala noticia estaban dispuestos a tirar todo a la basura, estaban
dispuesto a desperdiciar las bendiciones, la tierra que Dios estaba por darle.
Así muchos cuando toman decisiones en tiempo de angustia, lo más probable
es que les vaya mal.
4. Confiar en Dios nos da paz.
Cuando confiamos en Dios, la paz que él nos tramite en su palabra, no permite
que quitemos nuestra atención de Dios y la fijemos en el problema. Podemos
tener problemas o escuchar malas noticias pero la confianza en Dios, no
permite que desmayemos, que nos angustiemos. Cuando nos inunda el temor
lo echamos con la confianza de lo que dice Dios en la biblia. Cuando nos
angustiamos recordamos que Dios está con nosotros y que él nos ayuda a tener
paz.
Dios es nuestra fortaleza, nosotros somos débiles pero Él es fuerte. Isaías
26:3-4
Su palabra es nuestra fortaleza, porque allí conseguimos sabiduría, consuelo,
promesas, seguridad, amor.Proverbios 3:1-2
Pero para tener esa paz que Dios da debemos ser fieles, firmes,
perseverantes. Proverbios 16:7
Israel no tuvo paz, porque no anduvo rectamente. No guardaron los
mandamientos de Dios. Por esa razón sufrió mucho. Isaías 48:17-19
Jesucristo les dijo a sus discípulos que su paz les dejaba. Esa paz maravillosa
que descansa en la confianza en Dios, a pesar de lo que ocurra a nuestro
alrededor. Jesús nos ha dado paz en abundancia, pero debemos cultivarla,
atesorarla. Una paz que sobre pasa todo entendimiento, que las mentes
carnales no pueden entender y que a veces a los cristianos le cuesta
entender. Juan 14:27
Jesús dice no se turbe vuestro corazón ni tengas miedo. Pero ¿Cuántos aquí
creen eso? Jesús nos trajo paz con Dios y paz a nuestro corazón. Isaías 53:5
La paz de Dios debe gobernar nuestros corazones, la paz que Dios nos da a
través de su palabra, de protección. Colosenses 3:15
Conclusiones

Confiemos en Dios, disfrutemos de la paz que Él le puede dar a sus hijos, esa
paz significa tranquilidad, confianza. No desmayemos ante las malas noticias
ni ante los problemas. El salmo 112 habla de lo feliz que es una persona que
guarda la palabra de Dios. Salmo 112:1 Salmo 112:7 No será afectado por
malas noticias.
Ocho verdades bíblicas sobre la paz de Dios
Salvador Gomez Dickson (ver sitio)

La Paz de Dios
Dios es el ser más seguro del universo. No sólo por la seguridad objetiva que posee—nada le
puede vencer o destruir. No tiene que poner cerrojos ni sacar seguro médico. Él también
experimenta la mayor seguridad subjetiva que se pueda experimentar. No tiene sustos ni
espantos, ningún temor al futuro, disfruta de satisfacción plena y de contentamiento y gozo
perpetuos. Vive en el disfrute total de la paz—el ser más seguro del universo.
El tema del que quiero hablarles es el tema de la paz. Y aunque quiero hablar de la “paz de
Dios”, en realidad quiero hablar de la “paz de Dios en nosotros.” La paz de Dios debe venir a ser
la paz de Dios en nosotros.
Todos quieren vivir en paz: disfrutar de una vida libre de conflictos y problemas. ¿Qué evoca la
palabra “paz” para ti? ¿Bienestar? ¿Satisfacción? ¿libertad de perturbaciones y preocupaciones?
¿prosperidad? ¿tranquilidad? ¿salud? ¿cero conflictos? ¿descanso? Todas estas cosas están
incluidas en el uso que generalmente se ha dado al término. De hecho, cuando estudiamos el AT
podemos observar la importancia que el término tenía para las personas. El Shalom de Dios era
algo muy anhelado y esperado. Estaba incluido en el saludo tradicional entre las personas.
Todavía al día de hoy judíos y musulmanes usan la expresión “la paz sea contigo.”
“Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. Y el efecto de la
justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará
en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo.” (Isaías 32:16–18, RVR60
)
La manera en que quiero desarrollar esta meditación es haciendo varias declaraciones con
respecto al tema derivadas de las Escrituras.
1. Dios se describe a sí mismo como un Dios de paz.
· “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y
cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Tes. 5:23,
RVR60 )
· “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro
Señor Jesucristo sea con vosotros.” (Rom. 16:20, RVR60 )
· “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos,”
(1 Cor. 14:33, RVR60 )
· “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz
estará con vosotros.” (Fil. 4:9, RVR60 )
· “Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos
vosotros.” (2 Tes. 3:16, RVR60 )
· “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de
las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su
voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la
gloria por los siglos de los siglos. Amén.” (Hebreos 13:20–21, RVR60 )
· “Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.” (Rom. 15:33, RVR60 )
Estamos más acostumbrados a escuchar que “Dios es amor”. Pero como pueden observar, la
Biblia enfatiza que nuestro Dios es paz. Es un Dios de paz, caracterizado por la paz. El mismo
experimenta paz. Es la fuente de la paz.
2. Nuestro Mesías es identificado como “Príncipe de paz.”
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará
su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6,
RVR60 )
Hay varias profecías que hacen referencia al reino de paz que Cristo traerá. En su primera
venida hizo la obra que nos concede la paz con Dios, que nos garantiza la experiencia de la paz
interior y de conciencia. En su segunda venida nos proveerá de la paz circunstancial aun. Por fin
habrá verdadera paz, reposo y descanso, seguridad y salud, plenitud de gozo y alegría.
Sólo Él en su venida será el autor de la paz mundial. Es ilusorio esperarla antes.
Obviamente, esta designación de nuestro Salvador nos impone la obligación de ser nosotros
también entes de paz: propiciadores tanto de la paz relacional como de la paz personal.
3. El mensaje con que Dios nos alcanzó y que debemos predicar es un “evangelio de
paz.”
· “Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de
Jesucristo; éste es Señor de todos.” (Hechos 10:36, RVR60 )
· “Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que
estaban cerca;” (Ef. 2:17, RVR60 )
· “Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.” (Ef. 6:15, RVR60 )
· “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies
de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Rom. 10:15, RVR60 )
“Nos encargó el mensaje de la reconciliación” (2 Cor. 5:19 ).
4. Dios es la fuente de nuestra paz.
“Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros.”
(2 Tes. 3:16, RVR60 )
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha
confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los
siglos.” (Isaías 26:3–4, RVR60 )
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda
oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,
guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil. 4:6–7, RVR60 )
5. La obra de Cristo garantiza nuestra paz con Dios y nuestra paz personal.
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo;” (Rom. 5:1, RVR60 )
“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra
paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5, RVR60 )
La Biblia dice que no hay paz para los impíos (Is. 57:21 ). Éramos enemigos de Dios,
dirigiéndonos a una condenación eterna. Pero Cristo nos rescató, nos redimió. Nos trajo a una
nueva relación con Dios.
“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de
separación,” (Ef. 2:14, RVR60 )
La obra de Cristo nos abrió las puertas, para que aún nosotros los gentiles seamos hoy
recipientes de las misericordias del Señor. Al recordar la muerte del Señor hacemos bien en
recordar que por medio de su muerte hoy tenemos paz con Dios y hemos sido aceptados en su
presencia. Aquellos que estaban lejos fueron hechos cercanos.
Hoy gozamos de paz de conciencia por su sangre derramada.
“Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a
los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual
mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras
conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:13–14, RVR60 ) [Ver
10:22]
Pero Cristo también es la fuente de nuestra paz interior.
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero
confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33, RVR60 )
¿En quién está nuestra paz? “Para que en mí tengáis paz.” Nuestra paz con Dios está anclada en
Cristo.
6. La obra del Espíritu en el creyente es propiciadora de la paz relacional.
Dios hace las paces con nosotros y convierte a sus hijos en embajadores de paz.
Los seguidores del Príncipe de paz son hechos pacificadores.
· “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9,
RVR60 )
· “Pedid por la paz de Jerusalén; Sean prosperados los que te aman. Sea la paz dentro de tus
muros, Y el descanso dentro de tus palacios. Por amor de mis hermanos y mis compañeros Diré
yo: La paz sea contigo.” (Salmo 122:6–8, RVR60 )
· “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” (Rom.
12:18, RVR60 )
· “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu
Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así
que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.” (Rom. 14:17–19, RVR60
)
· “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que
fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los
otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” (Ef. 4:1–3,
RVR60 )
· “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los
que de corazón limpio invocan al Señor.” (2 Tim. 2:22, RVR60 )
· “Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la
sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de
misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra
en paz para aquellos que hacen la paz.” (Sant. 3:16–18, RVR60 )
El fruto del Espíritu es… paz (Gál. 5:22 ).
7. La vida de fe es conducente a la paz interior.
Nuestras preocupaciones y temores revelan nuestra desconfianza en Dios.
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha
confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los
siglos.” (Isaías 26:3–4, RVR60 )
Esta es una paz verdadera, completa. Dios hace algo aquí: Él es quien guarda en completa paz.
Pero hay algo que hacemos: perseverar en Él con nuestros pensamientos. Debemos confiar en
Él, tener fe. A veces creemos más en nuestros problemas que en Dios. Debemos confiar en él
perpetuamente porque en Él está la fortaleza de los siglos.
“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza
por el poder del Espíritu Santo.” (Rom. 15:13, RVR60 )
8. La paz de Dios es diferente a la del mundo.
No la doy como el mundo la da.
· “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro
corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27, RVR60 )
Observen que Cristo no estaba prometiendo a sus discípulos que iban a estar libres de
problemas. Lo que los apóstoles experimentaron luego de la ascensión del Señor fue todo lo
contrario. Tuvieron que confrontar muchas aflicciones y dificultades, persecuciones y
tribulaciones, pero tenían la paz de Cristo en sus corazones.
Sobrepasa todo entendimiento.
· “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda
oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,
guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil. 4:6–7, RVR60 )
Sobrepasa todo entendimiento porque el creyente puede tener paz en condiciones en las que las
personas sin Cristo se vuelven locas y se desesperan. La paz del creyente no es normal; es algo
celestial. Es la paz de Cristo. La paz de Cristo es real en medio de los problemas.
Conclusión:
a) Da gracias a Dios por su paz: paz con Él, paz interior, paz con otros. Da gracias a Dios
por Cristo, porque sin su obra la paz sería imposible, porque no hay paz para los impíos.
b) Pide a Dios que te haga pacificador.
c) Pide a Dios que aumente tu confianza y fe en Él. Pídele que guarde tu corazón en
completa paz.
Y la paz de Dios… - Predicacion
En más de una ocasión les he dicho que uno de los beneficios más gloriosos que los cristianos
obtenemos es la paz. Esto es algo que muchos no logran entender, y la razón principal por esto es
porque cuando se habla de la paz, las personas tienden a pensar acerca de este tema desde un
punto de vista mundano. En otras palabras, las personas piensan que para tener paz hay que
tener control sobre las cosas, o la habilidad de manipular situaciones para que todo sea
beneficioso. Y es por eso que existen tantos que buscan obtener paz en su vida a través de
posesiones materiales, el dinero, las posiciones sociales, y tantas otras cosas que piensan que les
traerá paz y estabilidad.

Los gobiernos buscan la paz a través de poseer armas poderosas, grandes ejércitos, equipos de
destrucción masivas, y todas las demás maquinarias de guerra que existen. También buscan
controlar la población estableciendo leyes y estatutos que restringen, y hasta en ocasiones nos
niegan, los derechos humanos que Dios nos ha entregado. Pero la realidad de todo es que la paz
que tantos anhelan nunca podrá ser hallada en ninguna de estas cosas.

Pero, si la paz no puede ser encontrada en ninguna de estas cosas, ¿cómo y dónde la podemos
encontrar? Este será el tema de nuestro estudio bíblico en el día de hoy. Continuemos ahora con
la predicación para descubrir cómo y dónde podemos obtener la paz que tantos necesitamos.

Filipenses 4:6-7 - Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de
Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Cuando buscamos la definición de la palabra paz en el diccionario [1], encontramos que esta
pequeña palabra es usada en mayor parte para describir la “relación mutua de quienes no están en
guerra”; sin embargo, también encontramos que es usada para describir: “virtud que pone en el
ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones”; y en esta porción de la
definición es en la que basaremos nuestro estudio bíblico de hoy. Digo que basaremos la
predicación de hoy en esta porción de la definición porque la palabra clave de la definición según el
diccionario es “ánimo”, y esta palabra se define como: “alma o espíritu en cuanto es principio de la
actividad humana.” ¿Por qué les he dicho todo esto?

Les he dicho todo esto porque deseo claramente establecer que la paz de la que estaremos
tratando en esta predicación es la paz espiritual. ¿Por qué es la paz espiritual de tanta
importancia? La razón es fácil, sin la paz espiritual las personas nunca lograran obtener ningún
otro tipo de paz. Así que manteniendo lo que les he mencionado en mente continuemos ahora con
nuestra predicación.

Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice: “…Por nada estéis afanosos, sino sean
conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias…”
En realidad este pequeño versículo responde parte de nuestra pegunta inicial. Examinemos estos
dos puntos con más detalle para que me entiendan bien.

I. ¿Cómo podemos encontrar la paz?


Aquí vemos que se nos dice: “…Por nada estéis afanosos…” ¿Por qué se nos dice esto? La
razón por la que la Palabra de Dios nos dice esto es porque el afán, o la ambición desordenada en
casi toda ocasión nos conducirá a codiciar. Y como todos sabemos la codicia es algo prohibido
por nuestro Dios [2]. Cuando tomamos el tiempo de meditar en solo esta pequeña declaración en
la biblia, no nos será difícil llegar a la conclusión que el afán, o ambición desordenada/codicia ha
sido, y continuara siendo la mayor razón por la que las naciones entran en guerra. Permítanme
citar un ejemplo para que entiendan bien lo que les digo.

Ahora pregunto, ¿cuál fue una de las causas principales de la Segunda Guerra Mundial? Según
los historiadores, una de las causas principales fue cuando Alemania invadió y reconquisto los
territorios que había perdido al firmar el Tratado de Versalles en el 1919, el cual le dio final a la
Primera Guerra Mundial. Aunque en los años después de la ratificación, el Tratado de Versalles
fue revisado y modificado varias veces, sobre todo en favor de Alemania. Y a pesar de que
numerosas concesiones fueron hechas a Alemania antes de que Adolf Hitler asumiera el poder, en
1938 los artículos de liquidación territoriales permanecían en efecto [3]. Y es por eso que los
historiadores atribuyen como una de las causas del inicio de la Segunda Guerra Mundial, al hecho
de que Alemania había violado las condiciones del tratado cuando reconquisto el territorio que
había perdido al firmar el Tratado de Versalles.

Pero aunque todo esto que les he citado es correcto desde un punto de vista histórico, les puedo
afirmar que lo que causo la Segunda Guerra Mundial no fue algo tan simple como la violación de
un tratado, sino que fue la ambición desordenada de un hombre, (inspirada y respaldada por el
diablo), de controlar el mundo entero. Y si meditamos en estos eventos por un instante, creo que
todos llegaremos a la conclusión de que casi todas, sino todas las guerras y conflictos armados
han sido causadas por la ambición desordenada de los gobiernos de controlarlo todo. Y les puedo
decir que el gobierno que tenemos en este país en la actualidad, lenta y cautelosamente está
tratando de controlar y manipular todo aspecto de nuestra vida, pasando leyes y enmiendas que
restringen nuestros derechos constitucionales, y los derechos que Dios nos ha entregado. Pero
bueno, no quiero profundizar en este tema en el día de hoy, esto será otro tema para otro día; así
que hasta aquí con los gobiernos y la clase de historia. Pero, ¿qué de la familia y nuestra vida
personal?

La realidad es que el enemigo trata de negativamente impactar la vida cristiana a través de la


ambición desordenada y/o la codicia. ¿Por qué digo esto? La razón por la que digo esto es
porque existen numerosos hogares cristianos donde la ambición desordenada, la avaricia, y/o la
codicia ha causado que las personas echen a un lado los principios familiares cristianos. Existen
numerosos hogares cristianos donde tanto el padre como la madre, están tan afanados con las
cosas de este mundo, están tan afanados con las posesiones materiales y las riquezas, que no
tienen tiempo para Dios, y mucho menos para dedicarle a su familia. Y es exactamente por esta
razón que la paz de Dios no reina en un incontable número de hogares cristianos, sino lo que reina
es la codicia, avaricia, y el desorden. Y la realidad es que donde existen estas cosas, la paz que
Dios te ofrece y desea entregarte nunca será alcanzada. ¿Cómo podemos alcanzar la paz que
Dios desea entregarnos? La respuesta a esta pregunta es fácilmente encontrada aquí cuando
leemos: “…sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con
acción de gracias…”

Algo que he repetido, y continuare repitiendo por el resto de mi vida es que la oración es
imprescindible en la vida cristiana. Pero desdichadamente, la oración es lo primero que con
frecuencia dejamos de hacer. Esto es algo que sucede porque nos afanamos tanto con el diario
vivir y nuestras necesidades cotidianas, que se nos olvida por completo lo que encontramos en
Romanos 8:6 cuando leemos: “…Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del
Espíritu es vida y paz…”

Ahora bien, con esto no les estoy diciendo ni implicando que nos desocupemos por completo de
nuestro sustento, y nuestras necesidades cotidianas. Decirles esto sería algo completamente
irresponsable. Yo no les estoy diciendo ni implicando que nos quedemos sentados en nuestra
casa a esperar que Dios nos traiga los víveres, pague nuestra renta, nos compre la ropa y calzado
y demás. Como les dije, decir o implicar esto sería algo completamente irresponsable. Claro está
en que como cabeza de familia, todos debemos buscar darle a nuestra familia lo mejor que esté a
nuestro alcance, pero lo que no podemos permitir es que nuestra vida espiritual, y nuestra relación
con Dios sufra debido a esto.

Así que lo que si les estoy diciendo es que como verdaderos cristianos lo que primeramente
debemos, y tenemos que buscar es la presencia de Dios en nuestra vida, y todo lo demás Dios nos
lo entregara. Esto es algo que el Señor nos dice claramente en Mateo 6:32-33 cuando leemos: “…
Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis
necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y
todas estas cosas os serán añadidas….” Dile a la persona que tienes a tu lado: busca de Dios.
Continuemos ahora con nuestro estudio bíblico para descubrir la respuesta a la segunda parte de
nuestra pregunta inicial.

II. ¿Dónde podemos encontrar la paz?


A continuación encontramos que la Biblia nos dice: “…Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús…” La paz
espiritual que todos tanto necesitamos solo puede ser encontrada en un lugar, y ese lugar es
Cristo. Pero esa paz que tanto necesitamos solo puede ser encontrada cuando confiamos en Dios
y sus promesas completamente.

En Juan 14:27 encontramos que el Señor nos dice: “…La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la
doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo…” Y quiero que nos
fijemos muy bien en que aquí el Señor nos dice: “…yo no os la doy como el mundo la da…” ¿Por
qué quiero que nos fijemos en este detalle? Deseo que nos fijemos en este detalle porque la paz
que el mundo ofrece es el concepto de la ausencia de conflictos, pero la realidad de todo es que
como cristianos fieles, los conflictos y tribulaciones no desaparecerán de nuestra vida.

Como les he dicho en otras ocasiones, si los problemas y dificultades desaparecieran de la vida de
una persona con solamente aceptar a Cristo, todos en el mundo fueran cristianos, ya que tanto
creyentes como no creyentes desean vivir sin dificultades y problemas. Pero lo que el cristiano
tiene que el resto del mundo no, es la promesa de Dios que nos dice que a pesar de lo que
podamos atravesar, cuando confiamos en Cristo, Él nos entrega la victoria. Fíjense bien como lo
dice el Señor en Juan 16:33 cuando leemos: “…Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis
paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo….” Dile a la persona
que tienes a tu lado: Cristo venció por ti.

Hermanos, y esta es la: “…paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento…” Esta es la paz
espiritual que Dios le entrega a todo cristiano fiel. La paz que Dios nos entrega no es que no
tengamos preocupación alguna, no es que no tengamos problemas, o que no tengamos que pasar
tribulaciones. La paz que Dios nos entrega no es la ausencia de conflictos, pero cuando confiamos
en Dios y Sus promesas, dentro de esas situaciones siempre encontraremos la paz de Dios [4].
Para concluir. Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué existen tantos cristianos que no logran
alcanzar la paz que Dios nos entrega? La razón principal por la que tantos no alcanzan la paz que
Dios nos entrega es porque muchos no entienden el significado de la palabra paz.

Nunca nos olvidemos que como cristianos fieles nosotros no podemos ver las cosas desde un
punto de vista mundano, sino que tenemos que mirar las cosas desde un punto de vista espiritual.
Así que recordemos que la paz no es la ausencia de conflictos, la paz es nuestra absoluta
confianza en Dios.

¿Te sientes hoy atribulado y cansado de batallar? ¿Te sientes hoy preocupado y angustiado por
las situaciones que te rodean? Entonces escucha hoy que el Señor te dice: “…Venid a mí todos
los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…” (Mateo 11:28).

Deja de preocuparte y afanarte con las cosas de este mundo; deja de angustiarte por las cosas que
te rodean; deja de buscar la paz en las riquezas y los bienes materiales, y busca de Dios.
Recuerda que: “Mejor es un bocado seco, y en paz, Que casa de contiendas llena de
provisiones…” (Proverbios 17:1).

Evangelismo es el estudio de cómo testificar eficazmente y


compartir el evangelio con audacia. Considera los elementos
básicos del plan de salvación y su presentación con claridad.
Enseña como superar la resistencia de diferentes tipos de
mentalidades. Explica cómo hacer el seguimiento y presenta las
verdades fundamentales que el obrero cristiano tiene que enseñarle
al recién convertido.

5. Paz Con Dios


Preguntas por W. E. Powell; Respuestas por H. P. Barker

ES el feliz privilegio de cada verdadero creyente en Cristo el gozar de paz con Dios. Esto no
significa que cada creyente goce de ella, pero sí que es posible para cada uno de nosotros poseer
una paz sólida y firme con Dios por lo que respecta a nuestros pecados. ¿No es este pensamiento
suficiente para hacer que nuestros corazones ardan con fervor para poseer y gozar de esta gran
bendición? Que el Señor nos ayude en nuestra consideración de esta cuestión.

A veces oímos acerca de «paz verdadera» y «paz falsa». ¿Qué significan estos términos?
Es de temer que una gran cantidad de personas en esta ciudad están pasando sus vidas en
una falsa paz, esto es, una paz que surge de la indiferencia. Habitan en el paraíso de los
insensatos, y viven sin pensar en sus almas y descuidados de su terrible peligro. Adormecidos con
el opio del diablo, pasan sus días en medio de un sopor, absortos en sus negocios, sus deberes,
sus placeres, sus amigos, sus cuitas y sus pecados.

La verdadera paz, la paz divina, la paz con Dios, es algo muy diferente. Es el resultado no de la
ignorancia o de la indiferencia, sino de saber que uno está fuera de peligro. Aquel que tiene paz
con Dios ha afrontado su propia condición en presencia de Dios. Ha contemplado la enormidad de
sus pecados y se ha reconocido como un rebelde culpable y merecedor del infierno. Ha creído las
gratas nuevas acerca de Cristo que murió por los pecadores, y que resucitó de los muertos para su
justificación.

Si le preguntáis donde están sus pecados, puede contestar: «Han desaparecido. Todos fueron
echados sobre Cristo, y Él hizo expiación por ellos con Su sangre. Hoy Él está en la gloria. Aquel
que llevó mis pecados sobre Sí mismo ya no los lleva más. ¡Ha quedado libre de la carga que llevó
en el Calvario, y por cuanto Él está libre, yo también estoy libre!»

¿Puedes tú hablar de esta manera? Este es el lenguaje de aquel que tiene la paz verdadera.

¿Es posible tener paz respecto a algunas cosas, y no respecto a otras?

Creo que sí. El otro día yo estaba visitando a un hombre pobre que, por accidente, había perdido
su posición. Había quedado hundido en la miseria, y apenas si sabía de dónde vendría la siguiente
comida. Pero su confianza en la bondad de Dios se había mantenido firme. «No me siento
inquieto», me dijo: «Dejo mis problemas en manos de Dios. Él me ayudará.» Este hombre podía,
de esta manera, tener paz acerca de sus cuitas y necesidades.

Pero al continuar conversando, quedó claro el hecho de que en cambio no tenía paz tocante a sus
pecados y a su estado delante de Dios. Aunque reconocía la bondad de Dios, lamentaba su propia
falta de bondad, y a veces temía que nunca llegaría al cielo. No comprendía que su aceptación por
parte de Dios no dependía del estado de su corazón, por importante que esto sea en su lugar, sino
de la obra que Cristo llevó a cabo. De aquí que desconociese la verdadera paz con Dios. Respecto
a sus problemas y cuitas, podía sentirse calmado y en paz, esperando que Dios le ayudaría; pero
por lo que se refería a sus pecados y a su estado ante Dios, estaba lleno de ansiedad.

El caso de este hombre no es en absoluto infrecuente. Hay muchos que pueden pasar en paz por
las tormentas de la vida, con la conciencia en sus corazones de la bondad de Dios, pero que nunca
han llegado a aprender el secreto de lapaz con Dios, por medio de la muerte y de la resurrección
de Cristo.

¿Es la «paz con Dios» lo mismo que la certidumbre de la salvación?

No. El hecho es que no se dice mucho en la Biblia respecto a la «certidumbre de salvación», por la
simple razón de que en los tiempos de los apóstoles, cuando se predicaba el evangelio en su
sencillez y sin mixturas, aquellos que lo recibían y que creían en Cristo eran salvos, y,
naturalmente, lo sabían. Pero en nuestros tiempos se da un estado de cosas muy diferente. Debido
a la forma distorsionada en la que con frecuencia se presenta el evangelio, mezclado con la ley y
con principios judaicos, existen miles que en cierta medida confían en Cristo y edifican todas sus
esperanzas sobre Su preciosa sangre, pero que no pueden hablar con certidumbre de su
salvación. De ahí la necesidad en la actualidad de apremiar la certidumbre, y de exponer como se
obtiene, sencillamente aceptando lo que Dios ha dicho. Tomemos, por ejemplo, el bien conocido
versículo de Hechos 13:39: «En Él es justificado todo aquel que cree». ¡Qué arma tan eficaz es
este pasaje para poner en fuga toda duda y todo temor!
Pero la paz con Dios va más allá de mantener a raya las dudas y los temores mediante la ayuda de
algún precioso pasaje de las Escrituras. Es el resultado de conocer lo que ha sido realizado
mediante la muerte y resurrección de Cristo para el creyente. Mediante aquella obra han sido
quitados todos nuestros pecados; hemos sido justificados de toda acusación. En otras palabras, ha
quedado eliminado el elemento perturbador, y la bendita consecuencia es la paz con Dios.

Permitidme que dé una ilustración para mayor claridad. Hace algunos meses yo vivía en una casa
rodeada de pastos en los que había mucho ganado. El camino desde la casa al pueblo vecino
pasaba por estos pastos. No había otra forma de llegar allí.

Una tarde estaba yo dirigiéndome a pie al pueblo con una señora que tenía mucho miedo a las
vacas. Cuando vio que nuestro camino pasaba directamente a través de una manada de estos
animales, se puso muy nerviosa, y quería volverse atrás. Hice todo lo que pude para tranquilizarla.
Le dije que había pasado por este camino muchísimas veces, y que nunca había visto la menor
señal de ferocidad en las vacas; que eran totalmente inofensivas, y que sería más probable que las
vacas huyeran de ella que no que la acometieran. Al final mi amiga se tranquilizó y emprendió la
marcha, no sin alguna inquietud al principio, pero con una creciente confianza. Ella creyó mi
palabra cuando le aseguré que no había ningún peligro, y sus temores se desvanecieron
totalmente cuando vio que realmente no había ninguna causa para alarmarse. De esta manera
obtuvo la certidumbre.

Al volver del pueblo, más tarde, encontramos que todas las vacas habían sido conducidas a otra
sección de la finca. No quedaba una sola pezuña, ningún cuerno a la vista.

El rostro de mi acompañante se iluminó con una sonrisa, y exclamó: «¡Oh, las vacas han
desaparecido!»

«Sí,» contesté, «pero usted ahora no tendría miedo de pasar por su lado, verdad?»

«No,» dijo la señora; «Sé que no me harían daño y que mis temores son insensatos y sin
razón, pero de todos modos me alegra que hayan desaparecido».

Ahora bien, creo que esto ilustra la diferencia entre la certidumbre de la salvación y la paz.
Tranquilizados y con la seguridad que nos da la propia Palabra de Dios, podemos seguir nuestro
camino sabiendo que los temores son infundados y sin razón. Pero cuando vemos que todo
aquello que temíamos ha desaparecido, que nuestros pecados han sido quitados, que el juicio que
merecíamos ha sido soportado, y que las demandas de la justicia divina han quedado plenamente
satisfechas—entonces es que tenemos una verdadera paz. La fuente de nuestro temor ha quedado
eliminada. Y esto es precisamente lo que Cristo ha cumplido por nosotros.

¿Por qué no todos los creyentes gozan de la paz con Dios?

Hay multitudes que carecen de paz porque son creyentes incrédulos. Cuando el Señor Jesús
alcanzó a los dos caminantes en el camino de Emaús, se encontró con que ellos, aunque eran
verdaderos discípulos, estaban llenos de incredulidad. «¡Oh insensatos,» les dijo, «y tardos de
corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!»

Muchos en la actualidad están precisamente en la misma condición. Confían en el Señor Jesús


como su Salvador, y depositan todas sus esperanzas de gloria futura en Su preciosa sangre, pero
son lentos en creer lo que el evangelio les asegura que es el resultado de Su muerte y
resurrección. No ven que como consecuencia de Su obra todos sus pecados han sido eternamente
quitados, y que son con toda justicia absueltos por Dios de toda acusación.
La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la historia de la victoria de David sobre Goliat.
Un israelita, al ver al valeroso joven avanzar hacia el arrogante gigante, pudiera haber exclamado:
«Confío en este joven. Sé que es un hombre de Dios, y tengo toda la confianza de que por medio
de él Dios dará hoy la libertad a Israel.»

El hombre que habla así es evidentemente un creyente en David. Sus esperanzas de liberación
descansan en la capacidad de David para vencer a Goliat.

Pero finalmente, cuando los clamores de triunfo reverberan en el aire, y David vuelve al
campamento con la cabeza del gigante en sus manos, aquel mismo hombre está sentado en su
tienda con una mirada de ansiedad en su rostro. ¿Por qué no comparte el gozo y no se une al
cántico de gratitud? Porque no conoce el significado de estas aclamaciones. No se ha dado cuenta
de que el gigante ha muerto. En el momento en que comprenda no solo que David es un libertador
digno de confianza, sino que realmente ha cumplido la obra de liberación, y que el enemigo ha
desaparecido, la paz y el gozo serán su parte.

Es así que muchos permanecen privados del goce de la paz. Tienen fe en Cristo como Libertador
digno de confianza, pero no comprenden el pleno resultado de la obra que ha cumplido. Quizá
nunca les ha sido expuesto. Tan pronto como lleguen a comprenderlo, el bendito resultado será la
paz.

La introspección es otra causa de agitación. Una mentalidad mundana es también un gran


obstáculo para el goce de la paz.

¿Puede llegar a ser demasiado tarde para que el pecador comience a hacer la paz con Dios?

En cada caso es demasiado tarde—diecinueve siglos demasiado tarde. De hecho, es una total
imposibilidad absoluta que un pecador arregle su situación con Dios. Pero no debe desesperar por
ello, porque Cristo ha realizado la obra necesaria, y la paz se debe conseguir, no con que el
pecador haga nada, sino pasando a gozar de los resultados de la obra de Cristo.

Cristo ha hecho la paz, una vez por todas, mediante la sangre de Su cruz (Col. 1:20). Él ha echado
los seguros fundamentos de nuestra bendición. No tenemos parte ni suerte en la realización de tal
obra.

Para obtener la «paz con Dios», entonces, que el pecador deje de tratar de hacerla él, y que se
apropie, por la fe en Cristo, de los resultados de Su muerte y resurrección. Nunca es demasiado
tarde para esto, mientras haya vida.

En el Salmo 119:165 leemos: «Mucha paz tienen los que aman tu ley». ¿Qué significa esto?

No es exactamente la «paz con Dios» lo que se menciona aquí. La «ley» en este pasaje es algo
mucho más amplio que los Diez Mandamientos. Se trata de la revelación de los caminos de Dios
(hasta allí donde consideró oportuno en darlos a conocer en aquellos días), e indicaba el camino
de la sabiduría, justicia y paz para el hombre. Aquellos cuyos corazones estaban influidos por ella
gozaban de la bendición inseparable del conocimiento de Dios y de Sus caminos, por parcial que
fuese necesariamente aquel conocimiento.

En nuestros días, el claro de estrellas de los tiempos del Antiguo Testamento ha dado lugar a la
gloriosa luz de mediodía de la plena revelación de Dios. Dios se ha dado a conocer, y ha dado Su
Santo Espíritu para que guíe nuestros corazones en las líneas de Su revelación. Si nos sujetamos
a este bendito Espíritu Santo, y le dejamos que Él dirija nuestros corazones en lo que Dios ha
revelado para nuestra bendición, nuestra segura porción será una gran paz, así como era la
porción de los santos, en tiempos de David, que amaban las cosas de Dios.
Y por ello leemos, en Romanos 8:6, que «el ocuparse del Espíritu es vida y PAZ».

Pero esta paz no se debe confundir con la paz de Romanos 5:1, que es el resultado de ser
justificados. En este caso se trata de una paz que es lo contrario a aquel estado de morbosa
insatisfacción con el yo que con frecuencia es resultado de ensimismarnos con nuestra propia
frialdad y pecaminosidad.

¿De qué depende la «paz con Dios»?

Si nos volvemos a Romanos 4:25, y relacionamos este pasaje con el primer versículo del siguiente
capítulo, tendremos una respuesta en las mismas palabras de la Escritura. «Jesús, Señor
nuestro,» leemos, «fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra
justificación. Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo.»

La paz con Dios sigue inmediatamente del hecho de que somos justificados, y esto depende, como
hemos visto, de la muerte y resurrección de Cristo. De esta manera han quedado satisfechas las
demandas de la justicia divina, y por consiguiente la paz es nuestra.

¿Cuál es la diferencia entre la «paz con Dios» y la «paz de Dios» de la que leemos en
Filipenses 4:7?

La «paz con Dios» tiene que ver con nuestros pecados y con nuestro estado de culpa ante Él, y es
el resultado de lo que Él nos da a conocer.

La «paz de Dios» tiene que ver con las circunstancias de la vida, con las dificultades y las pruebas,
y es el resultado de presentar nuestras peticiones ante Él.

La ansiedad es algo que debilita el brillo de muchas vidas cristianas. El creyente tiene la paz con
Dios respecto a sus pecados, pero para poder pasar por este mundo de pruebas y dolor, tiene que
cultivar el hábito de presentar todo a Dios en oración.

El resultado será que su corazón y su mente serán guardados en paz. La propia paz de Dios, que
sobrepasa a todo entendimiento, reinará en él. Entonces aceptará cada circunstancia como
ordenada por Aquel que hace que todo coopere para nuestro bien, y en lugar de angustiarnos y de
murmurar, gozará de una serena confianza y paz.

Esto es lo que significa el pasaje en Filipenses 4.

¿Qué significaba el Señor Jesús al decir que dejaba Su paz con Sus discípulos en Juan
14:27?

El concepto es muy parecido al que acabamos de exponer. Pero las pruebas y las aflicciones de la
vida son comunes a todos—las padecen tanto los inconversos como los hijos de Dios, aunque solo
los últimos tienen la «paz de Dios» para guardar sus corazones en medio de todo ello.

Pero hay ciertas cosas con las que solo los cristianos tienen que enfrentarse, como la persecución
por causa de Cristo y el padecer pérdida por fidelidad a Él. Estas cosas, el resultado del rechazo
contra Cristo aquí y de Su ausencia, fueron previstas por Él, y Él advirtió «a los Suyos», a los que
dejaba atrás, de que debían esperar sufrir oposición, injurias, persecuciones y calumnias. Pero en
medio de todo lo que deberían sufrir por causa de Su nombre, gustarían de la dulzura de la paz
celestial, Su propia paz. Si la tierra iba a ser un lugar de rechazo y dolor para ellos, se les iba a
preparar un lugar en las «muchas moradas» arriba. Si les iba a dejar un legado de sufrimiento, esto
iría acompañado de un precioso legado de paz. Se trata de una paz que el mundo nunca podrá
dar, de una paz que el mundo nunca podrá arrebatar.

Hemos hablado a menudo de cuatro clases diferentes de paz.

1. La paz con Dios, que tiene que ver con nuestros pecados y estado de culpa, el resultado de
haber sido justificados debido a la muerte y resurrección de Cristo (Ro. 5:1).

2. La paz interior, en contraste con una morbosa insatisfacción con uno mismo, el resultado de
«ocuparse del Espíritu» (Ro. 8:6). Se trata de una paz que depende no tanto de nuestra fe en
Cristo como de nuestra cotidiana ocupación con Cristo, por el Espíritu Santo.

3. La paz de Dios, que guarda los corazones y las mentes de los que echan sus ansiedades sobre
Él en medio de las cotidianas cargas y perplejidades de la vida (Fil. 4:7).

4. La paz de Cristo, la preciosa porción de aquellos que son dejados aquí para representarle en Su
ausencia, y que a menudo tienen que soportar el vituperio y la persecución por causa de Su
nombre.

Cómo sentir paz en este mundo


lleno de problemas
HOY día son muy pocas las personas que disfrutan de una vida tranquila.
Muchas viven en zonas donde las guerras, los disturbios políticos, la
violencia étnica y el terrorismo son cosa de todos los días. En otros
casos, lo que perturba la paz son los delitos, las actitudes hostiles y los
problemas en el trabajo o entre vecinos. Y por si fuera poco, es muy
común ver que muchos hogares, en lugar de ser remansos de paz, son
verdaderos campos de batalla.

En vista de esto, hay quienes se concentran en hallar paz interior y, por


eso, recurren a la religión, asisten a seminarios de meditación o hacen
yoga. Otros creen poder encontrarla en la naturaleza, por lo que deciden
pasar sus vacaciones en centros terapéuticos de aguas termales o
practicando excursionismo. Sin embargo, muchos de ellos no tardan en
darse cuenta de que la paz que han encontrado es meramente pasajera.

Entonces, ¿dónde podemos hallar verdadera paz? La Biblia indica que


esta proviene de nuestro Creador, pues lo llama “el Dios que da paz”
(Romanos 15:33). Además, se muestra que muy pronto todos
disfrutaremos de “abundancia de paz” cuando el Reino de Dios gobierne
la Tierra (Salmo 72:7; Mateo 6:9, 10). No será una paz efímera, como la
que se obtiene con la mayoría de los acuerdos de paz, sino que tendrá un
carácter permanente: Jehová Dios eliminará de raíz los sentimientos y
actitudes que causan las guerras y los conflictos. Nadie volverá
a participar jamás en una guerra (Salmo 46:8, 9). ¡Al fin viviremos en
paz!
Sin duda, nos anima conocer esta maravillosa perspectiva para el futuro,
pero ¿verdad que también nos gustaría disfrutar de un poco de paz
ahora? ¿Habrá alguna forma de tener paz interior en estos tiempos tan
difíciles? La Biblia nos asegura que sí. De hecho, en la carta a
los Filipenses, capítulo 4, versículos 4 a 13, nos dice cómo hallarla. ¿Por
qué no lee estas palabras del apóstol Pablo en su propia Biblia?
“La paz de Dios”
En el versículo 7 leemos: “La paz de Dios que supera a todo
pensamiento guardará sus corazones y sus facultades mentales
mediante Cristo Jesús”. Como esta paz proviene de Dios, nadie la puede
alcanzar por sí mismo meditando o tratando de mejorar su personalidad.
Además, es tan poderosa que “supera a todo pensamiento”. En otras
palabras, se impone sobre nuestros temores e inquietudes, que muchas
veces se deben a una visión limitada o errónea de las cosas. Incluso
cuando no vemos la salida a nuestros problemas, la paz de Dios puede
darnos tranquilidad, pues tenemos plena confianza en la promesa bíblica
de que pronto desaparecerán todas nuestras dificultades.
Claro, el único que puede brindarnos una paz como esta es Dios, ya que
para él, “todas las cosas son posibles” (Marcos 10:27). Además, la fe y
confianza que tenemos en Dios evitará que nos preocupemos en exceso.
Piense, por ejemplo, en un niño que está perdido en el supermercado.
Como confía en que su mamá lo va a buscar, no se desespera. Sabe que
cuando lo encuentre, lo tomará en sus brazos, y todo volverá a la
normalidad. Igualmente, nosotros tampoco nos desesperamos, pues
sabemos que siempre podremos contar con la protección y el cuidado
amoroso de Jehová.

Muchos cristianos han visto que la paz de Dios los ha ayudado aun en las
situaciones más difíciles. Ese fue el caso de Nadine, quien sufrió un
aborto. Ella nos cuenta: “Me resulta muy difícil expresar mis
sentimientos y siempre trato de dar la impresión de que todo está bien.
Pero tengo que admitir que perder a mi bebé fue un golpe terrible. Casi
todos los días le abría mi corazón a Jehová suplicándole ayuda. Y he
visto la respuesta a mis oraciones, pues cuando creía que ya no podría
soportarlo más, entonces me invadía una gran paz que me hacía sentir
segura y tranquila”.

Nos protege el corazón y la mente


Volvamos a Filipenses 4:7. Allí se dice que la paz de Dios guardará
nuestro corazón y nuestra mente. Dicho de otro modo, la paz de Dios
actúa como un guardián: nos protege, entre otras cosas, contra las
preocupaciones innecesarias provocadas por la búsqueda incesante de
bienes materiales. Veamos un ejemplo.
Hoy día mucha gente piensa que para alcanzar la felicidad es necesario
tener mucho dinero. Por eso, siguiendo las recomendaciones de los
expertos en finanzas, algunos invierten parte de sus ahorros en el
mercado de valores. ¿Se sienten más tranquilos y seguros a partir de ese
momento? No siempre, pues muchos viven pendientes de los cambios
en el precio de las acciones para saber si les conviene vender o
comprar. Y a esto se suma la angustia que sufren cada vez que hay una
caída de los precios. Aunque la Biblia obviamente no condena que
invirtamos nuestro dinero, sí nos da esta advertencia: “Un simple
amador de la plata no estará satisfecho con plata, ni ningún amador de
la riqueza con los ingresos. Esto también es vanidad. Dulce es el sueño
del que rinde servicio, sin importar que sea poco o mucho lo que coma;
pero la abundancia que pertenece al rico no le permite dormir”
(Eclesiastés 5:10, 12).
Filipenses 4:7 concluye diciendo que la paz de Dios nos protegerá
“mediante Cristo Jesús”. Ahora bien, ¿qué relación hay entre Cristo y la
paz de Dios? Jesús desempeña un papel fundamental en el cumplimiento
de los propósitos de Dios. Él dio su vida para liberarnos del pecado y la
muerte (Juan 3:16). Además, hoy ocupa la posición de Rey del Reino de
Dios. Al comprender todo esto, nuestra mente y nuestro corazón se
llenan de paz. ¿De qué manera?
Para empezar, nos sentimos más tranquilos al saber que, gracias al
sacrificio de Jesús, Dios perdonará nuestros pecados si
estamos sinceramente arrepentidos (Hechos 3:19). Y puesto que
comprendemos que solo disfrutaremos completamente de la vida cuando
Cristo gobierne sobre la humanidad, no llevamos una vida frenética y
desesperada como mucha gente (1 Timoteo 6:19). Nada de esto impide
que hoy tengamos problemas, pero, sin duda alguna, nos consuela saber
que lo mejor está por venir.
Cómo conseguir la paz de Dios
En Filipenses 4:4, 5, la Biblia nos dice cómo obtenerla: “Siempre
regocíjense en el Señor. Una vez más diré: ¡Regocíjense! Llegue a ser
conocido de todos los hombres lo razonables que son ustedes. El Señor
está cerca”. Pablo escribió estas palabras mientras estaba injustamente
encarcelado en Roma (Filipenses 1:13). En lugar de lamentarse por su
situación, animó a sus hermanos cristianos a ‘regocijarse en el Señor’,
como de seguro él también lo hacía. Así indicó que su felicidad
no dependía de las circunstancias, sino de su relación con Dios.
Igualmente, prescindiendo de los problemas que tengamos, cualquiera
de nosotros puede aprender a disfrutar del servicio a Dios. ¿Cómo?
Esforzándose por conocer mejor a Jehová y por hacer su voluntad.
De este modo, tendrá una vida más feliz y tranquila.

Pablo también anima a los cristianos a ser razonables. Esto implica


no esperar demasiado de uno mismo. Debemos entender que no somos
perfectos y que es imposible ser los mejores en todo. Así pues, ¿para
qué perder horas de sueño tratando de sobresalir? Tampoco
esperaremos perfección de las personas con quienes tratamos. Como
resultado, mantendremos la calma cuando alguien haga algo que nos
moleste. Es interesante que la palabra griega que se vierte “razonables”
también se traduce “dispuestos a ceder”. Si somos flexibles y cedemos
en cuestiones de preferencia personal, evitaremos entrar en polémicas,
que lo único que hacen es perturbar nuestra paz y la de los demás.

El versículo 5 concluye diciendo: “El Señor está cerca”. Tal vez parezca
que dicha declaración está fuera de contexto, pero no es así. Por un
lado, nos da la seguridad de que está muy cerca el día en que Dios
elimine este mundo malvado y establezca su Reino en la Tierra. Y por
otro, nos anima al garantizarnos que, aun hoy, él está cerca de todos los
que lo buscan (Hechos 17:27; Santiago 4:8). Saber esto nos ayudará a
seguir el consejo de Pablo de regocijarnos y ser razonables. Además, tal
como recomienda el versículo 6, no nos inquietaremos demasiado
ni por los problemas que tenemos ahora ni por el futuro.
Al leer los versículos 6 y 7, nos damos cuenta de que la paz de Dios es
el resultado directo de la oración. Para algunos, la oración es
simplemente una forma de meditación que les infunde tranquilidad. Sin
embargo, la Biblia explica que, en realidad, es el medio que tenemos
para comunicarnos con Dios. Esta es una comunicación real, tan
estrecha como la que tiene un niño con su padre, a quien le cuenta sus
penas y alegrías. ¡Qué tranquilizador es saber que ‘en todo podemos dar
a conocer nuestras peticiones a Dios’! Así es, podemos expresarle a
Jehová todo lo que llevamos dentro.
El versículo 8, a su vez, nos anima a concentrarnos en pensamientos
positivos. Pero no basta con eso: como indica el versículo 9, también
tenemos que poner en práctica los buenos consejos que da la Biblia.
De este modo, disfrutaremos de la tranquilidad de tener una buena
conciencia, pues como dice el refrán: La mejor almohada es la
conciencia sana.
En efecto, todos podemos sentir paz interior, pues Jehová se la da a
quienes lo buscan y siguen su guía. Claro está, antes hay que conocerlo,
y eso solo se consigue examinando su Palabra, la Biblia. Y aunque
seguir sus normas no siempre es fácil, el esfuerzo bien vale la pena.
Si así lo hacemos, “el Dios de la paz estará con [nosotros]” (Filipenses
4:9).
[Comentario de la página 10]
“La paz de Dios [...] guardará sus corazones.” (FILIPENSES 4:7)
[Comentario de la página 12]

¡Qué tranquilizador es saber que ‘en todo podemos dar a conocer


nuestras peticiones a Dios’!

Y LA PAZ DE DIOS, QUE SOBREPASA TODO 
ENTENDIMIENTO GUARDARÁ VUESTROS 
CORAZONES Y VUESTROS PENSAMIENTOS EN 
CRISTO JESÚS.
Fi
esta situación. La angustia no es generada por lo que están padeciendo o
sufriendo, sino por lo que escuchan, por la informac
En este caso cuando se refiere al corazón está hablando de los sentimientos.
La falta de tranquilidad y confianza produce ang
(libronixdls:keylink%7Cref=[en]bible:Isa32.16-18)Jesús dice no se turbe vuestro corazón ni tengas miedo. Pero ¿Cuántos aquí
(libronixdls:keylink%7Cref=[en]bible:Isa26.3-4) (libronixdls:keylink%7Cref=[en]bible:2Ts.3.16) (libronixdls:keylink%7Cref=[e
(libronixdls:keylink%7Cref=[en]bible:Rom.14.17-19) (libronixdls:keylink%7Cref=[en]bible:Sal122.6-8) (libronixdls:keylink%7Cr
(libronixdls:keylink%7Cref=[en]bible:Fil.4.6-7) (libronixdls:keylink%7Cref=[en]bible:Juan14.27) (libronixdls:keylink%7Cref=[
Y la paz de Dios… - Predicacion
En más de una ocasión les he dicho que uno de los beneficios más gloriosos que los cristianos
otro tipo de paz.  Así que manteniendo lo que les he mencionado en mente continuemos ahora con
nuestra predicación.
Lo primer
bueno, no quiero profundizar en este tema en el día de hoy, esto será otro tema para otro día; así
que hasta aquí con los gob

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