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El Diaconado: Historia y Funciones

1) El documento describe la evolución histórica del ministerio del diácono en la Iglesia, desde su institución en los Hechos de los Apóstoles hasta su restauración en el Concilio Vaticano II. 2) Explica que originalmente los diáconos se encargaban de la asistencia a las viudas y de administrar los bienes de la Iglesia, aunque con el tiempo sus funciones fueron asumidas por otros ministerios. 3) Resume las principales funciones litúrgicas de los diáconos, como leer el Evangel

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El Diaconado: Historia y Funciones

1) El documento describe la evolución histórica del ministerio del diácono en la Iglesia, desde su institución en los Hechos de los Apóstoles hasta su restauración en el Concilio Vaticano II. 2) Explica que originalmente los diáconos se encargaban de la asistencia a las viudas y de administrar los bienes de la Iglesia, aunque con el tiempo sus funciones fueron asumidas por otros ministerios. 3) Resume las principales funciones litúrgicas de los diáconos, como leer el Evangel

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EL DIÁCONO, SER Y QUEHACER

Entre estas riquezas de la Iglesia se encuentra el ministerio del diaconado, del que los
textos del Nuevo Testamento dan testimonio y el cual ha prestado importantes
servicios a la vida de las comunidades cristianas, sobre todo en tiempos de la Iglesia
antigua. Habiendo caído en declive durante la Edad Media, llegó a desaparecer como
ministerio permanente y no ha subsistido sino como momento de transición hacia el
presbiterado y el episcopado. Lo cual no ha impedido el hecho de que, desde la
Escolástica hasta nuestros días, se haya mostrado interés en su significación teológica,
especialmente en la cuestión de su valor sacramental como grado del Orden. Después de
su restauración como ministerio efectivo, puesto a disposición de las Iglesias
particulares por el concilio Vaticano II.

TÉRMINO

El primer dato pertinente y fundamental del NT es que el verbo diakonein designa la


misión misma de Cristo en cuanto servidor (Mt 10,45 par; cf. Mt 12,18; Hch 4,30; Flp
2,6-11). Esta palabra o sus derivadas designan también el ejercicio del servicio hecho
por sus discípulos (Mc 10,43ss; Mt 20,26ss; 23,11; Lc 8,3; Rom 15,25), los diferentes
géneros de servicio en la Iglesia, sobre todo el servicio apostólico de predicar el
Evangelio, y otros dones carismáticos. Las palabras diakonein y diakonos son muy
generales en el lenguaje del NT.
El diakonos puede significar el sirviente de la mesa (p.e., Jn 2,5.9), el servidor del
Señor (Mt 22,13; Jn 12,26;. Mc 9,35; 10,43; Mt 20,26; 23,11), el sirviente de un poder
espiritual (2 Cor 11,14; Ef 3,6; Col 1,23; Gál 2,17; Rom 15,8; 2 Cor 3,6), el servidor del
Evangelio, de Cristo, de Dios (2 Cor 11,23); las autoridades paganas están también al
servicio de Dios (Rom 13,4); los diáconos son los sirvientes de la Iglesia (Col 1,25; 1 Cor
3,5). En el caso en el que el diácono pertenezca a una de las Iglesias, la Vulgata no utiliza
la palabra minister, sino que conserva la palabra griega diaconos. Este hecho muestra bien
cómo en Hch 6,1-6 no se trata de la institución del diaconado.

DIACONÍA DE CRISTO Y EXISTENCIA CRISTIANA

Por la encarnación del Verbo, que es Dios y por quien todo ha sido hecho (cf. Jn 1,1-
18), se realizó la revolución más inimaginable. El kyrios es el diakonos de todos. El
Señor Dios viene a nuestro encuentro en su Siervo Jesucristo, Hijo único de Dios (Rom
1,3), quien existía en la morphe theou, «el cual, siendo de condición divina, no codició el
ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando la morphe doulou.
Asumiendo semejanza humana [...] se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la
muerte y una muerte de cruz» (Flp 2,6-9).
De esta forma se puede comprender, en una perspectiva cristológica, lo que es
la esencia del cristiano. La existencia cristiana es participación en la diakonía, que
Dios mismo ha realizado para los hombres; ella conduce igualmente a la comprensión
de la realización plena del hombre. Ser cristiano, significa, a ejemplo de Cristo,
ponerse al servicio de los demás hasta la renuncia y el don de sí mismo, por amor.
El bautismo confiere el diakonein a todo cristiano, quien, en virtud de su
participación en la diakonía, leiturgia y martyria de la Iglesia, coopera al servicio de
Cristo para la salvación de los hombres. En efecto, siendo miembros del Cuerpo de
Cristo, todos han de convertirse en servidores los unos de los otros con los carismas
que han recibido para la edificación de la Iglesia y de los hermanos, en la fe y en el
amor: «Si alguno presta un servicio, hágalo en virtud del poder recibido de Dios» (1 Pe
4,11-12; cf. Rom 12,8; 1 Cor 12,5).

INSTITUCIÓN

Hch 6,1-6 describe la institución de los «Siete» «para servir a las mesas». El motivo de
ello es dado por Lucas al indicar como causa una tensión interna en la comunidad:
"Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los
hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la
asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de
Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de
buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras
que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.» Pareció bien la
propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a
Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; 6.los
presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos."

LAS MUTACIONES DEL MINISTERIO DIACONAL

En Roma, a partir del siglo III, los diáconos están cada uno a la cabeza de una
de las siete regiones pastorales, mientras que los presbíteros tienen un titulus (futura
parroquia) más pequeño. Los diáconos están encargados de administrar los bienes y
de dirigir los servicios asistenciales. El concilio de Neocesarea, a comienzos del siglo
había pedido que cada Iglesia, sea cual fuere su importancia numérica, no poseyera más
de siete diáconos, en recuerdo de Hechos 6,1-6[1]. Esta medida, aún recordada por
Isidoro de Sevilla, pero apenas observada sobre todo en Oriente, otorgaba ciertamente
un gran prestigio al orden diaconal e incitaba a los diáconos a abandonar aún más sus
funciones originales con relación a otros clérigos. Se les va a definir cada vez más
explícitamente por sus atribuciones litúrgicas y van a entrar en conflicto con los
presbíteros.

Las funciones de los diáconos son ejercidas cada vez más por otros ministerios. Ya en
la Tradición apostólica (n.13) los «subdiáconos» eran nombrados « para que sigan al
diácono». Aquellos que «siguen al diácono» pasarán a ser muy pronto sus «acólitos».
Los acólitos serán encargados de llevar el fermentum, partícula de la eucaristía del
obispo, a los presbíteros de títulos urbanos. Son ellos igualmente quienes se la llevan a
los ausentes. Los «ostiarios» desempeñan igualmente una función antiguamente
conferida a los diáconos. Se podría afirmar que los ministerios inferiores proceden de
una fragmentación de las funciones diaconales.

 No hay discusión en el sentido de que algunos, si no todos los miembros del colegio
diaconal eran en todas partes, administradores de los dineros de la iglesia y de las
limosnas recogidas para las viudas y los huérfanos.
 De Nuevo, tal como las Constituciones Apostólicas lo explican en algún detalle, los
diáconos eran los guardianes del orden en el templo. Ellos observaban que los
creyentes ocuparan sus lugares y que nadie conversara en voz baja o durmiera.
Debían dar la bienvenida a los pobres y a los ancianos y se preocupaban de que
tuvieran un buen puesto en el templo. Se paraban en la puerta del baño reservado
para los hombres para asegurarse de que durante la liturgia nadie entrara o saliera y,
como dice san Juan Crisóstomo en términos generales: "si alguien se comporta mal,
al diácono debe llamársele la atención" (Hom. Xxiv, in Act. Apost.). fuera de esto,
ellos estaban ocupados principalmente en el ministerio directo del altar, alistando los
vasos sagrados, trayendo el agua para las abluciones, etc. Aunque en tiempos
posteriores, muchos de estos deberes fueron asignados a clérigos de un grado
inferior.
 El deber especial del diácono de leer el Evangelio parece haber sido reconocido
desde un principio, pero no parece haber sido tan distintivo como ha llegado a serlo
en la Iglesia Occidental. Sozomen dice que en la iglesia de Alejandría el Evangelio
sólo podía ser leído por el archidiácono, pero que, en los otros lugares, los diáconos
ordinarios desempeñaban ese oficio, después devuelto sólo a los sacerdotes.
 En cuanto a la gran acción de la liturgia, parece claro que el diácono tuvo siempre,
en Oriente y Occidente, una relación muy especial con los vasos sagrados, la hostia
y el cáliz, antes y después de la consagración. Por otra parte, aunque los subdiáconos
asumieron después sus funciones, originalmente eran sólo los diáconos quienes:
Presentaban las ofrendas de los creyentes en el altar y especialmente el pan y el vino
para el sacrificio; proclamaban los nombres de quienes habían contribuido; llevaban
a la reserva en la sacristía lo que había sobrado y estaba consagrado; entregaban el
cáliz y, a veces, la sagrada hostia, a quienes comulgaban
 Los diáconos también estuvieron íntimamente asociados a la administración del
sacramento del Bautismo. Realmente, a ellos sólo se les permitía bautizar en caso
de grave necesidad.

LAS FUNCIONES DEL DIÁCONO EN LA MISA

Cuando un diácono está presente en la celebración de la Eucaristía, debe ejercer su


ministerio llevando las vestiduras sagradas. El diácono:
 Asiste al sacerdote y está siempre a su lado (a menos que lleve el Evangeliario en
cuyo caso va delante del sacerdote);
 En el altar lo ayuda en lo relativo al cáliz y el misal;
 proclama el Evangelio y, puede, por mandato del sacerdote celebrante, decir la
homilía (ver IGMR, n. 55);
 dirige al pueblo fiel a través de oportunas moniciones y recita las intenciones de la
oración universal;
 ayuda al sacerdote celebrante en la distribución de la Comunión y purifica y dispone
los vasos sagrados;
 si no hay ningún otro ministro, él, si es necesario, cumple los oficios de los demás
ministros

Los Ritos Iniciales

 Llevando el Evangeliario un poco elevado, el diácono precede al sacerdote en su


camino hacia el altar. De otro modo, irá a su lado (IGMR 172).
 Llegado al altar, el diácono, si lleva el Evangeliario, sube al altar omitiendo la
reverencia. Colocado el Evangeliario sobre el altar como es de alabar, juntamente
con el sacerdote venera el altar con un beso. Si no lleva el Evangeliario, hace una
inclinación profunda sobre el altar de manera acostumbrada juntamente con el
sacerdote y con él venera el altar con un beso. Luego, si se emplea el incienso,
ayuda al sacerdote a colocar el incienso y a incensar la cruz y el altar (IGMR 173).
 Terminada la incensación del altar, se dirige junto con el sacerdote hacia la sede,
y allí permanece a su lado y le ayuda en caso de necesidad (IGMR 174).
 “…Si el tabernáculo con el Santísimo Sacramento está en el presbiterio, el
sacerdote, el diácono y los demás ministros hacen genuflexión cuando llegan al
altar y cuando se retiran de él, pero no durante la celebración de la Misa…”
(IGMR 274) 18
Liturgia de La Palabra
 Mientras se dice el Aleluya u otro canto, si se ha de usar el incienso, ayuda al
sacerdote a colocarlo en el incensario, luego, inclinado profundamente ante él, le
pide su bendición, y en voz baja dice: Padre, dame tu bendición. El sacerdote le
da la bendición diciendo: " El Señor esté en tu corazón. El diácono responde:
Amén. Luego hecha una inclinación hacia el altar, toma el Evangeliario, que está
colocado sobre el altar y se dirige al ambón teniendo el libro un poco elevado,
precedido por el ministro con el incensario humeante y por los ministros con los
cirios encendidos. Allí saluda al pueblo, diciendo, con las manos juntas: El Señor
esté con ustedes. Luego, al pronunciar las palabras: Lectura del santo Evangelio
según San ____ , con el pulgar marca el libro con la señal de la cruz y enseguida a
sí mismo, en la frente, en la boca y en el pecho; inciensa el libro y proclama el
Evangelio. Terminado esto, aclama: Palabra del Señor. Todos responden: Gloria a
Ti, Señor Jesús. A continuación besa con reverencia el libro diciendo al mismo
tiempo en secreto: Las palabras del Evangelio borren, etcétera. Cuando el diácono
ayuda al Obispo, le lleva el libro para besarlo o él mismo lo besa diciendo en
secreto: Las palabras del Evangelio. En las celebraciones más solemnes el Obispo,
si es oportuno, imparte al pueblo la bendición con el Evangeliario. Luego el
Evangeliario puede ser llevado a la credencia o a otro lugar conveniente y digno
(IGMR. 175).
 Si falta un lector idóneo, el diácono lee también otras lecturas (IGMR 176). Se
debe hacer todos los esfuerzos para asegurar la presencia de lectores en la
celebración de la liturgia Eucarística.
 Las intenciones de la oración de los fieles, después de la introducción que
corresponde al sacerdote, las recita el diacono ordinariamente desde el ambón
(IGMR 177).

Liturgia de La Eucaristía
 Terminada la oración universal, permaneciendo el sacerdote en su sede el
diácono prepara el altar con la ayuda del acólito; a éste le toca en particular tener
cuidado de los sagrados vasos. Asiste también al sacerdote cuando recibe los
dones del pueblo. Luego pasa al sacerdote la patena con el pan que se va a
consagrar; vierte el vino y unas gotas de agua el cáliz, diciendo en secreto: El
agua unida al vino sea signo, y le presenta el cáliz al sacerdote. La preparación
del cáliz y la infusión del vino y del agua pueden también hacerse en la
credencia. Si se emplea el incienso, el diácono ayuda al sacerdote en la
incensación de las ofrendas y de la cruz y del altar, y luego él o el acólito inciensa
al sacerdote y al pueblo (IGMR 178).
 Durante la Plegaria Eucarística, el diácono está en pie junto al sacerdote, un poco
retirado respecto de él para ayudar, cuando hace falta, en lo relativo al cáliz o al
misal.

Desde la epíclesis hasta el momento de la elevación del cáliz, el diácono ordinariamente


permanece arrodillado. Si están presentes muchos diáconos, uno de ellos durante la
consagración puede poner el incienso en el incensario e incensar en el momento de la
elevación de la hostia y del cáliz (IGMR 179).

 Para la doxología final de la Plegaria Eucarística, de pie al lado del sacerdote,


tiene el cáliz elevado, mientras aquél eleva la patena con la hostia hasta el
momento en que el pueblo haya aclamado Amén (IGMR 180).
 Una vez que el sacerdote haya dicho la oración de la paz y: La paz del Señor esté
siempre con ustedes, y el pueblo haya respondido: Y con tu espíritu, el diácono, si
se practica este rito, hace la invitación a la paz diciendo, con las manos juntas y
dirigido hacia el pueblo: Dense fraternalmente la paz. Él la recibe del sacerdote y
puede ofrecerla a los otros ministros más cercanos (IGMR 181).
 Terminada la comunión del sacerdote, el diácono recibe del sacerdote la
Comunión bajo las dos especies, y luego ayuda al sacerdote a distribuir la
comunión al pueblo. Si la comunión se da bajo dos especies, él ofrece el cáliz a los
que van comulgando y, terminada la distribución, inmediatamente consume
junto al altar toda la sangre de Cristo remanente con la ayuda, si es necesario, de
otros diáconos y presbíteros (IGMR 182). En ausencia de otros ministros puede
ser auxiliado por ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión (SSV 37) 19.
 Terminada la comunión, el diácono vuelve al altar con el sacerdote. Recoge las
partículas, si las hay, y luego lleva el cáliz y los demás vasos sagrados a la
credencia, y allí los purifica y ordena como de costumbre, mientras el sacerdote
ha vuelto a su sede. Sin embargo, se puede también dejar los vasos decentemente
cubiertos en la credencia sobre el corporal y purificarlos inmediatamente después
de la Misa, una vez despedido el pueblo (IGMR 183).

Rito de Conclusión

 Dicha la Oración después de la Comunión, el diácono da breves avisos al pueblo,


si hay que darlos, a no sere que prefiera hacerlo personalmente el sacerdote
(IGMR 184).
 Si se usa la oración sobre el pueblo o la fórmula de bendición solemne, el diácono
dice: Inclínense para recibir la bendición. Una vez dada la bendición por el
sacerdote, el diácono se encarga de despedir al pueblo diciendo, con las manos
juntas y dirigido al pueblo: Pueden ir en paz (IGMR 185).
 Luego, juntamente con el sacerdote, venera el altar besándolo, y haciendo una
inclinación profunda 20, se retira en el mismo orden en que había llegado (IGMR
186).

Notas

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