ATRIBUTOS MORALES DE DIOS
Parte 1
Base bíblica: Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos
los que te invocan. (Salmos 86:5 RV1960)
Texto por aprender:Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con
todos los que te invocan. (Salmos 86:5 RV1960)
Introducción:
Dios no se reveló a sí mismo en toda la diversidad de sus manifestaciones bíblicas sólo para darnos
conocimientos teóricos acerca de sí mismo. En lugar de esto, hallamos que la revelación que hace de sí va unida
al reto personal, a la confrontación y a la oportunidad de responder.
Las últimas clases estudiamos los atributos naturales o constitutivos de Dios, ¿Recuerdan cuáles son?, hoy
comenzaremos a estudiar sus atributos morales ¿Saben cuáles son? Los atributos morales de Dios describen su
carácter o personalidad de su propia naturaleza y son transferibles al hombre de manera relativa o limitada. Son
atribuidos a la forma en que Dios puede y quiere relacionarse con la humanidad. De tal manera que estos
atributos morales, también pertenecen al carácter del cristiano.
¿Estás listo para saber cuáles son?
Desarrollo:
I. FIEL (Deuteronomio 7:9)
“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le
aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;”
El Señor hace patente su fidelidad cuando guarda sus promesas. Josué exclamó al final de su vida que el
Señor Dios nunca le había fallado, ni en una sola promesa (Josué 23:14). En hebreo esta palabra, “fiel”
es la misma que significa “Ayo”. Persona fiable, a quien se le confiaban los hijos para su educación y
formación. Es por eso por lo que Pablo dijo que la ley era considerada nuestro ayo para llegar a Cristo.
Dios es absolutamente confiable para depositar nuestras vidas y las vidas de los nuestros (Números
23:19). La fidelidad de Dios se demuestra de forma repetida a lo largo de todas las páginas de las
Escrituras. Él siempre cumple lo que dijo que haría. Su promesa a Abraham de un hijo se cumplió.
Pablo contrasta la naturaleza humana y la divina cuando escribe acerca de la gloria que sigue al
sufrimiento de Cristo: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo” ( 2º
Timoteo 2:13). Dios es absolutamente digno de confianza, debido a lo que es: fiel y verdadero (Salmo
89:8).
II. VERÁZ (Juan 8:26)
“Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he
oído de él, esto hablo al mundo.”
La veracidad divina significa que Dios representa las cosas tal como son. Ya sea hablando de él mismo o
de parte de su creación, lo que Dios dice es exacto. Samuel le dice a Saúl: “El que es la Gloria de Israel
no mentir. ni se arrepentir., porque no es hombre para que se arrepienta” (1º Samuel. 15:29).
Dios no puede mentir, porque la mentira es contraria a su misma naturaleza. Nuestra esperanza se apoya
directamente en la certeza de que todo cuanto Dios nos ha revelado es cierto, y todo lo que ha hecho
hasta el momento para cumplir su palabra nos da la certeza de que llevará a su término cuanto ha
comenzado (Juan 14:6; Tito 1:1). Esta veracidad estable y permanente del Señor es el vehículo a través
del cual somos santificados, porque la verdad proclamada se ha convertido en la verdad encarnada:
“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).
Dios ha pedido a su pueblo que sea honesto en todas las situaciones, tanto en lo que afirman como en lo
que implican, de igual forma, tiene que ser completamente honesto en la presentación del mensaje del
evangelio. Sigamos el modelo perfecto que tenemos, Dios, en cuanto a veracidad, que nuestros actos y
palabras sean reales y cumplamos lo que digamos o prometamos, que en nosotros no exista mancha
alguna de no ser veraces.
III. BUENO (1º Crónicas 16:34)
“Aclamad a Jehová, porque él es bueno; Porque su misericordia es eterna.”
La bondad de Dios quiere decir que Dios es la norma suprema del bien, y que todo lo que Dios es y hace
es digno de aprobación. Por su naturaleza misma, Dios está inclinado a actuar con gran generosidad
hacia su creación. Durante los días de la creación, el Señor examinaba periódicamente su obra y
declaraba que era buena, en el sentido de que le complacía y era adecuada a sus propósitos (Génesis 1:4,
10, 12, 18, 21, 25, 31).
Aquí “bien” se puede entender que es digno de aprobación, pero no hemos contestado a la pregunta:
¿aprobación de quién? En cierto sentido, podemos decir que cualquier cosa que es verdaderamente
buena debe ser digna de nuestra aprobación. Pero al final nosotros no somos libres para decidir por
nosotros mismos lo que es digno de aprobación y lo que no lo es. En última instancia, por consiguiente,
el ser y las acciones de Dios son perfectamente dignos de su propia aprobación. Él es, por consiguiente,
la norma suprema del bien. Jesús implica esto cuando dice: “Nadie es bueno sino solo Dios” (Lucas
18:19). Los Salmos muchas veces afirman que “el Señor es bueno” (Sal 100:5) o exclaman “Den
gracias al Señor, porque él es bueno” (Sal 106:1; 107:1). David nos anima: “Prueben y vean que el
Señor es bueno” (Sal 34:8).
En este contexto, la expresión presenta la idea original de ser agradable, o totalmente adecuado, pero va
más allá con el fin de ilustrar para nosotros la gracia que es esencial en la naturaleza divina.
IV. PACIENTE (2º Pedro 3:9)
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con
nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
Es aquel aspecto de la bondad o amor de Dios, en virtud de cual el soporta al obstinado y malvado a
pesar de su persistente desobediencia. En el ejercicio de este atributo Dios ve al pecador permaneciendo
en su pecado, a pesar de las amonestaciones y advertencias dirigidas a él. Se revela esta paciencia divina
en el aplazamiento del juicio merecido sobre el pecador.
En un mundo repleto de venganzas, decididas a menudo de manera precipitada, nuestro Dios es “tardo
para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión” (Números 14:18). Esta
“lentitud” para la ira permite una ventana de oportunidad para que muestre su compasión y gracia
(Salmo 86:15). La paciencia de Dios es para beneficio nuestro, de manera que nos demos cuenta de que
nos debe guiar al arrepentimiento (Romanos 2:4; 9:22–23), en otras palabras, Dios es tan bueno que esa
bondad nos impulsa a un arrepentimiento genuino. Nuestras mentes finitas muchas ocasiones no llegan a
comprender dicha bondad, que cuando fallamos nos sentimos tan inmerecedores de perdón, nos
sentimos indignos, sin embargo, esa bondad y paciencia son infinitas, y su perdón para nosotros.
V. AMOR (AMOROSO) (1º Juan 4:7-8)
“Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama ha nacido de Dios y
conoce a Dios. 8 El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor.”
Dios se ha revelado a sí mismo como un Dios que expresa una forma particular de amor; un amor
manifestado a base de dar con sacrificio. Así lo define Juan: “En esto consiste el amor: no en que
nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación
por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). Dios manifiesta también su amor a base de proporcionar descanso
y protección (Deuteronomio 33:12), en los cuales se pueden centrar nuestras oraciones de acción de
gracias. Con todo, la forma más exaltada y la demostración más grande del amor de Dios se hallan en la
cruz de Cristo (Romanos 5:8).
Nosotros imitamos este atributo de Dios primero amándolo en reciprocidad, y segundo, al amar a otros
imitando la manera en que Dios los ama. Todas nuestras obligaciones a Dios se pueden resumir en esto:
“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente.... Ama a tu prójimo
como a ti mismo” (Mt 22:37-38). Si amamos a Dios obedeceremos sus mandamientos (1º Juan 5:3) y de
esa manera haremos lo que le agrada. Amaremos a Dios, y no al mundo (1º Juan 2:15), y haremos esto
porque él nos amó primero (1 Juan 4:19).
CONCLUSIÓN:
Esta lista no son todos los atributos, pero son los más evidentes, enunciados en la Biblia. Los atributos morales
de Dios son el parámetro de conducta cristiana. Nosotros también debemos caminar a esa altura moral.