La celestina
GUION
PERSONAJES
MELIBEA: ESTEBANA ROSA
LA CELESTINA: BRAYAN MARQUEZ
CALISTO: DIDIER ESTID
PÁRMENO : DANIEL MERCADO
SEMPRONIO: MARTIN SIERRA
ALISA: SEABASTIAN MONTALVO
ELICIA: MARÍANA HERNANDEZ
AREÚSA: DIEGO SUAREZ
SOCIA: JOSE MELENDES
PLEBERIO: DEIVER SIERRA
NARRADOR: DIEGO NARVAEZ
LUCRECIA: VANESSA BELTRAN
I Acto
NARRADOR- Entrando Calixto, joven noble, a una huerta en busca de
su halcón, halló a Melibea, doncella de alto linaje, de la cual quedó
prendado por su belleza y su juventud.
CALISTO: ¡En esto veo Melibea la grandeza de Dios!
MELIBEA: ¿En qué, Calisto?
CALISTO: En dar poder a la naturaleza de que te dotase de tan perfecta
hermosura, y que a mi secreto dolor pudiese manifestarse.
MELIBEA: ¿Por gran premio tienes éste, Calixto?
CALISTO: —Le doy verdaderamente tanto valor que, si Dios me diese un
lugar en el cielo, no lo tomaría.
MELIBEA: Pues más galardón te daré yo si perseveras
CALIXTO: ¡ Oh bienaventuradas orejas mías, que no sois dignas de las
hermosas palabras que habéis oído
MELIBEA.: ¿Cómo es posible que de la cabeza de un hombre como tú haya
salido tal des propósito dirigido a una mujer virtuosa como yo? ¡Vete, vete
de aquí torpe, que mi paciencia no puede tolerar tus palabras!
CALIXTO: Me iré como se va aquel contra quien la desfavorable fortuna
pone todo su empeño.
II Acto
NARRADOR: Salió Calisto del jardín, donde su destino acababa de
torcerse por un camino que le llevaría a regiones nunca pisadas por él.
Desesperado, viendo antes sus ojos solo la imagen del rostro de Melibea,
salvó la distancia que le separaba de su casa en la que entró como un
huracán gritando.
CALIXTO: ¡Sempronio, Sempronio! ¿Dónde estará este maldito?
SEMPRONIO: Aquí estoy, señor.
NARRADOR: Calixto explica a Sempronio el amor que siente por la
dulce Melibea. Sempronio, viendo que puede sacar provecho en este
asunto, le comenta a su amo que puede hablar con una tal Celestina, una
vieja puta alcahueta, y le asegura que ésta puede conseguir que Melibea
se enamore de Calixto. Desesperado, Calixto le pregunta cómo lo haría.
SEMPRONIO: Yo te diré. Hace días que conozco en esta vecindad a una
vieja barbuda que se hace llamar Celestina: hechicera y astuta. experta en
cuantas maldades existen
CALIXTO: ¿Y yo podría hablarle?
SEMPRONIO -Yo te la traeré aquí. Prepárate, hazle regalos, sé generoso con
ella.
CALIXTO: ¿Y tardarás?
SEMPRONIO: No, quede Dios contigo.
CALIXTO: ¡Y contigo vaya! Oh todopoderoso Dios, guía a Sempronio para
que convierta mi pena y mi tristeza en gozo.
III Acto
NARRADOR: Sempronio llega a casa de Celestina, donde es recibido por
elisia.
Elicia: Sempronio, mi amor, ¿a qué se debe tu visita si no teníamos ninguna
cita?
Sempronio: mi amada Elicia, aunque siempre me alegra verte, hoy vengo
para negociar con Celestina, algo grande que me ayudará a sacarte de aquí y
unir nuestras vidas.
Elicia: (emocionada), ¿de verdad?, espera aquí. ¡Celestina!, acá está
Sempronio con una excelente propuesta.
SEMPRONIO: ¡Oh madre mía! Estate atenta a lo que voy a contarte e
imagina lo que voy a decirte, y no derroches tus pensamientos en muchas
partes, que quien en muchos lugares lo pone en ninguno lo tiene.
CELESTINA: Abrevia y ve al hecho, que vanamente se dice por muchas
palabras lo que por pocas se puede entender: ¡ve al grano!
SEMPRONIO: Allá voy: mi amo Calixto arde en amores por Melibea; por
eso nos necesita a ti y a mí, y por eso nos tenemos que aprovechar de él. Le he
dicho que hablaría contigo y que iríamos a su casa
CELESTINA: Bien dices Sempronio, y me alegro de tus noticias. Vayamos,
pues, a casa de tu amo.
IV Acto
CASA DE CALIXTO
(NARRADOR) Una vez en casa de Calixto, Pármeno advierte a su amo
quién es la vieja que espera en la puerta con Sempronio.
CALIXTO: ¿Cómo sabes tú quién es esa vieja alcoholada? ¿Acaso la
conoces, Pármeno?
PÁRMENO: Hace años, mi madre, moraba en su vecindad, y me dio a
Celestina por sirviente. Celestina tiene sus oficios, los cuales debes saber,
porque es una alcahueta y una hechicera, además de perfumera, lavandera;
remedia amores para que se quieran bien. Tanto es así, que venían a ella
hombres y mujeres, y para conseguir sus hechizos les demandaba el pan por
donde mordían, su ropa, sus cabellos… ¡todo burla y mentira!
CALIXTO: Bien está, Pármeno. Avisado estoy de ti, y téngaselo en gracia.
Pero que la envidia de Sempronio no te complique la vida, que, si para él hubo
promesa de recompensa, tampoco faltará para ti.
NARRADOR- Celestina y Sempronio entran en casa de Calixto y hablan
con él de sus negocios. Calixto alaba exageradamente a la alcahueta, y
ésta no hace caso de sus lisonjeras palabras.
CALIXTO- ¡Oh vejez virtuosa! ¡oh virtud envejecida! ¡oh gloriosa esperanza
de mi deseado fin! Deseo llegar a ti y besar esas manos llenas de remedio.
CELESTINA- (dirigiéndose a Sempronio) Sempronio, dile a tu amo que
vaya cerrando la boca y vaya abriendo la bolsa.
NARRADOR- Después de ir Celestina a casa de Calixto, celestina tiene
una larga conversación con Pármeno, después de chalarla celestina
realiza un conjuro para convencer a Melibea.
CELESTINA: Yo, Celestina, te conjuro por la virtud y fuerza de estas
bermejas letras, por la áspera ponzoña de las víboras con las que fue hecho
este aceite y con el cual unto este hilado. Te conjuro para que obedezcas a mi
voluntad y hagas que Melibea lo compre para que se entregue al amor de
Calixto.
NARRADOR- Así, con toda su confianza puesta en Plutón, Celestina se
dirige a casa de Melibea para iniciar el curso de sus negocios.
V Acto
CASA DE MELIBEA (SE OYE CÓMO TOCAN A UNA PUERTA)
LUCRECIA- Celestina, madre, bienvenida seas, ¿qué te trae por estos barrios
que no acostumbras pisar?
ALISA- ¿Con quién hablas, Lucrecia?
LUCRECIA- Con aquella vieja de la cuchillada, que solía vivir aquí en las
tenerías a la cuesta del río.
ALISA- Dime su nombre si lo sabes…
LUCRECIA- Celestina es su nombre
ALISA- Algo me vendrá a pedir, dile que entre…
CELESTINA- Señora, que la gracia de Dios quede con vos y con vuestra
noble hija.
ALISA- Melibea, quédate con esta mujer, que ya me parece tarde para visitar
a mi hermana…
CELESTINA- (dirigiéndose a Melibea)- Dios la deje gozar de su noble
juventud y florida mocedad, que es donde más placeres y deleites se alcanzan;
porque la vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos,
congoja continua, pena de lo presente y vecina de la muerte.
NARRADOR- Después de esto, Celestina nombra a Calixto por
casualidad y pide a Melibea ayuda para él. Melibea responde alterada,
pero al final accede
MELIBEA- ¡Ya, ya, ya, no me digas más! Desvergonzada barbuda. Quemada
seas alcahueta falsa, hechicera, enemiga de la honestidad.
CELESTINA- En hora mala vine acá si me falta mi conjuro
MELIBEA- ¿Qué dices? Habla que te pueda oír. ¿Tienes alguna disculpa que
pueda satisfacer mi enojo y excusar mi osadía?
CELESTINA- Una oración que le dijeron a Calixto que sabías para el dolor
de muelas. Eso te vine a pedir.
MELIBEA- Y si querías eso, ¿por qué no lo dijiste antes con esas mismas
palabras?
CELESTINA- Señora, porque mi limpio motivo me hizo suponer que no
habrías de sospechar mal.
MELIBEA- Bueno, no hay tiempo para escribirte la oración, pues vendrá mi
madre antes. Ven mañana por ella muy secretamente.
VI Acto
NARRADOR- Celestina se dirige a casa de Calixto; por el camino habla
consigo misma, atribuyendo su éxito tanto al conjuro realizado como a su
poder de oratoria. Por el camino, se encuentra con Sempronio, y éste
intenta convencerla para que no diga nada a Calixto, con el fin de
aumentar así sus beneficios. Entonces, Celestina deja entrever que quiere
para ella todos los beneficios y que no piensa pagarles. Sempronio
desconfía de ella.
Celestina conversa con Pármeno e intenta convencerle para que éste se
lleve bien con ella. De ello hablan. Para ganar su confianza, Celestina le
dice que puede hacer que conquiste a Areúsa. Esa misma noche, Celestina
y Pármeno se acercan a casa de Areúsa. Celestina sube mientras Pármeno
aguarda. Celestina conversa con Areúsa. Esta le comenta a Celestina
sobre sus dolencias, y luego hablan sobre Pármeno.
CELESTINA- Ya sabes lo que de Pármeno te he dicho. Se me queja de que
no quieres verle aún. No sé por qué, sino porque sabes que le quiero bien y
que lo tengo por hijo.
AREÚSA- No vives, tía señora, engañada.
CELESTINA- No lo sé, a las obras creo; pero el amor nunca se paga sino con
puro amor, y las obras con obras. Ya sabes que Pármeno y Sempronio sirven a
Calixto, a quien tú conoces bien.
AREÚSA- ¡Amarga de mí, y si nos ha oído!
CELESTINA- No lo ha hecho. Voy a hacerle subir, y quiero que le conozcas
y hables y muestres buena cara, y si te parece, que él goce de ti y tú de él, que,
aunque él gane mucho, tú no pierdes nada.
CASA DE CELESTINA
NARRADOR- Sempronio y Areúsa comen en casa de Celestina. Allí
mismo, en medio de la comida, Sempronio riñe con Areúsa y ésta se
marcha de la mesa. Celestina, razonando, pone calma entre la disputa.
Tras estas discusiones, llega Lucrecia, y Areúsa arremete contra ella y
contra las criadas que viven en casa de esos señores. Celestina le da la
razón a Areúsa. Finalmente, las discrepancias se resuelven y la comida
acaba apaciblemente. Celestina, acompañada por Lucrecia, se dirige a
casa de Melibea.
CASA DE MELIBEA
NARRADOR- En casa de Melibea, Celestina habla con ella. Melibea, tras
muchas vacilaciones, le confiesa su amor por Calixto. Así, Celestina cita a
Melibea con Calixto esa misma noche. Entonces, la alcahueta se dirige a
casa de Calixto y le avisa para que asista a su cita con Melibea.
CASA DE CALIXTO: Ya en casa de Calixto, éste paga a la puta
alcahueta con una cadena de oro, como recompensa.
VII Acto
CASA DE MELIBEA
NARRADOR- Calixto acude por vez primera al encuentro de su
enamorada. Allí, en la ventana, Lucrecia y Melibea esperan su llegada.
(Calixto llega con Pármeno y Sempronio).
CALIXTO- ¡Oh señora mía, esperanza de mi gloria, descanso y alivio de mi
pena; alegría de mi corazón!
MELIBEA- Señor Calixto, tu mucho merecer, tus extremadas gracias han
obrado que tuviera noticias de vos. Más, debo decirte que las rejas impiden
nuestro gozo, las cuales yo maldigo.
CALIXTO- ¿Cómo, señora mía, y mandas que consienta a un palo impedir
nuestro gozo?
MELIBEA- ¿Acaso quieres, amor mío, perderme a mí y dañar mi fama? Por
favor, no sueltes las riendas a la voluntad.
CALIXTO- ¡Oh mezquino yo, señora, debo partir! Los ángeles queden
contigo; mi venida será, como ordenaste, por el huerto.
CALLE Y CASA DE CELESTINA
NARRADOR- Sempronio se despide de Calixto y se dirigen a casa de
Celestina, con el único fin de cobrar su parte de la cadena de oro que
Calixto dio a la alcahueta como pago por sus favores. Allí, se desencadena
una fuerte discusión sobre el reparto de la cadena. Sempronio y Pármeno
protestan porque Celestina no ha cumplido con su parte del trato, esto es
causado por su avaricia. Todas estas diferencias llevan a los criados de
Calisto a apuñalar a Celestina, que se encuentra en el momento de los
hechos con Elicia. Sempronio y Pármeno saltan por la ventana y Elicia
empieza a gritar. Los criados son sorprendidos por la justicia y son
decapitados en la plaza pública.
VIII Acto
HUERTO DE MELIBEA
NARRADOR- Cuando acontece la noche, Melibea está en su huerto
esperando impaciente a su enamorado. Calixto llega acompañado por sus
nuevos criados, Tristán y Sosia, que quedan fuera. Tras una larga
conversación en la que Melibea pide a Calixto el respeto por su
virginidad, finalmente, la dulce Melibea acaba cediendo a los encantos de
Calixto. Ido Calixto, Melibea queda arrepentida de su acto.
CASA DE AREÚSA
NARRADOR- Elicia, muy afectada, va a casa de Areúsa a contarle todo
lo acontecido.
ELICIA- ¡Gran dolor, grandes pérdidas! Sempronio y Pármeno ya no viven…
y Celestina, a quien tú bien conoces, aquella que yo tenía por madre, y por
quien yo era conocida en toda la ciudad… La mataron en mi regazo, ¡mil
cuchilladas le dieron!
AREÚSA- ¿Quién la mató? ¿Cómo murieron Pármeno y Sempronio?
ELICIA- Tú lo sabrás, hermana; y también sabrás que Celestina mediaba
entre los amores de Calixto y la loca de Melibea, todo por intervención de
Sempronio; y luego le pagaban por ello. Bien, Calixto le dio a la desdichada
una cadena de oro, y Celestina no quiso repartirla entre Pármeno y Sempronio,
como era lo acordado. Pármeno y Sempronio, muy enfadados, cogieron sus
espadas y se abalanzaron sobre ella sin parar de darle cuchilladas.
NARRADOR: Areúsa, enojada por el injusto sufrimiento de su amiga,
propone pedir ayuda a Centurio, viejo amigo de ella y asesino, para que
arruine la cita de Calixto y Melibea, y vengue así las muertes inocentes de
sus amigos. Pero este es cobarde y envía a un cojo llamado Trazo y sus
bellacos.
IX Acto
CASA DE MELIBEA
NARRADOR- Tristán y Sosia acompañan a Calixto a su concertada cita
con Melibea. Ésta les espera en su huerto con Lucrecia.
CALIXTO- ¡Oh mi señora y mi bien todo! ¡Oh salteada melodía, oh gozoso
rato! ¡oh corazón mío!
MELIBEA- ¿Dónde estabas, dulce sol? ¿Dónde tenías tu claridad escondida?
NARRADOR- Durante su conversación amorosa, Calixto oye a sus
criados vociferar. Debido a su preocupación por lo que les puede estar
pasando, Calixto se marcha y baja para ver si hay algún problema, con
tal mala suerte que durante su descenso resbala con un escalón, y del
aparatoso accidente muere despeñado.
SOSIA- ¡Oh mi señor y mi bien muerto, oh mi señor y nuestra honra,
¡despeñado! Oh triste muerte, ¡y sin confesión!
NARRADOR- Melibea, ante tanto escándalo, descubre el cadáver de
Calixto y se aterroriza, quedando destrozada por el fallecimiento de su
amado.
MELIBEA- ¡oh desconsolada de mí! ¿qué es esto? Mi bien y mi placer, todo
se ha ido… mi alegría es perdida, mi gloria se consume.
NARRADOR- Lucrecia avisa a Pleberio, quien llega presto.
HUERTO DE MELIBEA
PLEBERIO- ¡Hija mía! Tu madre está sin seso al oír tu mal… Hija, mi bien
amada y querida; que Dios no te ponga en desesperación, cruel tormento de
esta, tu enfermedad y pasión. Si tú me cuentas tu mal, luego será remediado,
que ni faltarán medicinas, ni médicos, ni sirvientes para buscar tu salud. No
me fatigues más, no me atormentes y dime qué sientes.
MELIBEA- Una mortal llaga en el corazón que no me consiente hablar.
PLEBERIO- Temprano cobraste los sentimientos de la vejez. La mocedad
toda suele ser placer y alegría. Alegrarte has con tu madre; descansará tu pena.
MELIBEA- Oye, padre viejo, mis últimas palabras: muchos días han pasado
que penaba por mí un caballero llamado Calixto, quien descubrió su pasión
por mí a una astuta y sagaz mujer llamada Celestina, la cual, de su parte
venida a mí, sacó mi secreto amor de mi pecho; descubrí a ella lo que a mi
querida madre encubría. Él mucho me quería, y vencida de su amor, le di
entrada en tu casa y perdí la virginidad. Y, como de la fortuna mudable
estuviese dispuesto según su desordenada costumbre… como las paredes eran
altas, la noche oscura y la escalera fina, él bajó apresurado para ver un ruido
que sonaba en la calle con sus criados, con tal mala fortuna que pisó en falso y
cayó, muriendo en la caída y cortando mi esperanza. Su suerte con vida a la
mía. ¡Oh mi amo y mi señor! Calixto, espérame, que allí voy.
NARRADOR- Melibea se suicida tirándose de la torre. Pleberio avisa a su
esposa Elisa de la trágica muerte de su hija Melibea. En un largo
parlamento lleno de dolor, Pleberio afirma preferir su muerte a la de su
joven hija; no acusa a Melibea de la pérdida de su honor, sino de haberlo
dejado solo. Pleberio confiesa que todo lo que ha ganado y trabajado lo ha
hecho por ella; atribuye el fallecimiento de su hija al poder del amor, y se
queja del mundo y las desgracias de la vida que en él acarrean.