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Fallo Casación Culpa Dolo

El documento resume un fallo de la Cámara Nacional de Casación Penal sobre un recurso de casación interpuesto contra una sentencia que condenó a Diego Hernán Palermo por homicidio culposo. La querella y el Ministerio Público Fiscal recurrieron cuestionando la calificación legal y solicitando que se modifique a homicidio agravado. Ambos sostuvieron que Palermo debió representarse la posibilidad de causar la muerte al disparar un arma de fuego y actuó con dolo eventual. La Cámara analizará estos plante
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Fallo Casación Culpa Dolo

El documento resume un fallo de la Cámara Nacional de Casación Penal sobre un recurso de casación interpuesto contra una sentencia que condenó a Diego Hernán Palermo por homicidio culposo. La querella y el Ministerio Público Fiscal recurrieron cuestionando la calificación legal y solicitando que se modifique a homicidio agravado. Ambos sostuvieron que Palermo debió representarse la posibilidad de causar la muerte al disparar un arma de fuego y actuó con dolo eventual. La Cámara analizará estos plante
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Poder Judicial de la Nación

CCAS
CÉDULA DE
NOTIFICACIÓN
22000054282747

22000054282747
TRIBUNAL: CAMARA NACIONAL DE CASACIÓN PENAL EN LO
CRIMINAL Y CORRECCIONAL - MESA DE ENTRADAS, SITO EN
Talcahuano 618, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

FECHA DE RECEPCIÓN EN NOTIFICACIONES:

Sr.: MARTIN FRANCISCO CALVET SALAS


Domicilio: 20319254847
Tipo de Domicilio: Electrónico
Carácter: Sin Asignación
Observaciones Especiales: Sin Asignación

78566/2016 S N N
N° ORDEN EXPTE. N° ZONA FUERO JUZGADO SECRET. COPIAS PERSONAL OBSERV.

Notifico a Ud. la resolución dictada en los autos:

Principal en Tribunal Oral TO03 - IMPUTADO: PALERMO , DIEGO


HERNAN s/HOMICIDIO SIMPLE DAMNIFICADO: ECHIMBORDE,
JONATHAN ANDRES Y OTROS

Según copia que se acompaña.

QUEDA UD DEBIDAMENTE NOTIFICADO


Poder Judicial de la Nación

Buenos Aires, de mayo de 2022.

Fdo.: MELINA DE BAIROS MOURA, DIRECTORA OFICINA JUDICIAL

En ………………..de……………………de 2022, siendo horas ……………….


Me constituí en el domicilio sito en……………………………………………… ……………….
…………………………………………………………………………………………. ………………
Y requerí la presencia de……………………………………………………………. ………………
y no encontrándose …………………………….
fui atendido por: ……………………………………………………………………………………….
…………………………………………………………………………………………………………….
D.N.I; L.E; L.C; Nº……………………………………………………………………………………..
Ni respondiendo persona alguna a mis llamados, requerí la presencia de un testigo quien manifiesta ser:
………………………………………………………………………………………….
…………………………………………………………………………………………………………….
Acto seguido , e impuesto del motivo de mi presencia , le hice entrega de …………………….
procedí a fijar en el acceso de la vivienda una copia de la presente
FIRMADO ANTE MI PARA CONSTANCIA.-
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE CASACIÓN EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL - SALA 2
CCC 78566/2016/TO3/CNC1

Registro n°600/22

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los 05 días del mes de 
mayo de 2022, se reúne la Sala II de la Cámara Nacional de Casación 
en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal, integrada por los 
jueces   Horacio   Días,   Eugenio   Sarrabayrouse,   Daniel   Morin,  Mario 
Magariños   y   Mauro   Divito,   asistidos   por   el   secretario   actuante, 
Joaquín   Marcet,  a   los   efectos  de   resolver   los   recursos  de   casación 
interpuestos por el Ministerio Público Fiscal y por la parte querellante 
en   la   causa  n°   CCC   78.566/2016/TO3/CNC1,   caratulada 
“PALERMO,   Diego   Hernán   s/   recurso   de   casación”,   de   la   que 
RESULTA: 
I.  El 19 de abril de 2018, el Tribunal Oral en lo Criminal y 
Correccional n° 13 de la Capital Federal, dio los fundamentos por los 
cuales resolvió, en lo que aquí interesa, lo siguiente: 
“I)  CONDENAR   a   DIEGO   HERNAN   PALERMO,   de   las  
demás condiciones personales detalladas en autos, por considerarlo  
autor material y responsable penal del delito de homicidio culposo, a  
la   pena   de  TRES   AÑOS   DE   PRISIÓN   EN   SUSPENSO, 
inhabilitación especial por el término de OCHO años, y costas (arts.  
20, 26, 29, inc. 3°, 45 y 84 del Código Penal)”. 
II. Contra dicha resolución, la parte querellante, Oscar Andrés 
Echimborde   y   Daiana   Soledad   D’Agostino   –en   representación   del 
fallecido   Jonathan   Andrés   Echimborde–,   presentó   un   recurso   de 
casación   mediante   el   patrocinio   letrado   del   Dr.   Néstor   Fabián 
Mohamed. 
En su presentación, inicialmente cuestionó la calificación legal 
atribuida   por   el  a   quo  al   hecho   imputado   en   tanto   consideró   que 
Palermo   obró   con   dolo.   En   particular,   destacó   un   cúmulo   de 
circunstancias   por   las   cuales   afirmó   que   el   imputado   debió 
representarse la posibilidad de que su acción de disparar un arma de 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 1
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
fuego podía resultar en un desenlace fatal para un tercero. Asimismo, 
destacó que el nombrado no tenía motivo alguno para considerar que 
se   encontraba   repeliendo   una   agresión   ilegítima   por   parte   de   la 
persona que era perseguida por él a bordo de su móvil.
Para mayor abundamiento, acompañó su presentación con una 
sintética analogía entre esta causa y otras resoluciones judiciales que 
consideró similares al hecho aquí juzgado.
En segundo lugar, solicitó que la calificación legal se modifique 
a la de homicidio agravado por la utilización de arma de fuego y por 
haber   sido   cometido   por   un   miembro   integrante   de   las   fuerzas 
policiales   en   abuso   de   su   función   o   cargo.   Esto   último,   en   tanto 
sostuvo que dicha agravante resulta aplicable para aquellos casos en 
los cuales agentes policiales cometían el delito de homicidio sin que 
existan causales de justificación en las cuales se pueda subsumir su 
conducta.
Por su parte, el Fiscal subrogante de la Fiscalía General n° 13 
ante los Tribunales Orales en lo Criminal y Correccional de la Capital 
Federal,   Aldo   Gustavo   de   la   Fuente,   también   interpuso   un   escrito 
recursivo. 
Allí también sostuvo la existencia de dolo eventual por parte 
del   imputado,   por   lo   cual   cuestionó   la   calificación   legal   de   la 
sentencia condenatoria. A los fines de fundamentar su planteo, expuso 
una   serie   de   extremos   que   rodearon   el   hecho   imputado   para   así 
demostrar que Palermo debió representarse la posibilidad concreta de 
causar la muerte de un tercero. En ese sentido, mencionó que el dolo 
eventual no necesariamente debía recaer sobre la identidad del sujeto 
pasivo sino que bastaba con que lo haga respecto a un bien jurídico. A 
su   vez,   denunció   que   el   tribunal   de   juicio   había   incurrido   en   una 
contradicción  al  momento  de  brindar   los  fundamentos  tendientes  a 
descartar la configuración de un delito doloso.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 2
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CÁMARA NACIONAL DE CASACIÓN EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL - SALA 2
CCC 78566/2016/TO3/CNC1

Finalmente, respecto a esta cuestión expuso una serie de citas 
doctrinarias y también puso de resalto lo decidido en otras causas en 
las   cuales   existía   una   similitud   jurídica   o   fáctica   con   el   hecho 
imputado a Palermo
Subsidiariamente a ello, denunció que el a quo había incurrido 
en un supuesto de arbitrariedad al momento de dictar la pena de tres 
años de prisión de ejecución condicional. Ello así, en tanto consideró 
que existieron circunstancias agravantes cuya ponderación fue omitida 
y   otras   a   las   cuales   se   les   otorgó   una   incidencia   menor   a   la 
correspondiente. En consecuencia, solicitó que se aplique una pena de 
cinco   años   de   prisión   de   efectivo   cumplimiento   y   diez   años   de 
inhabilitación;   o,   supletoriamente   un   monto   punitivo   mayor   al 
impuesto por el tribunal.
Ambos recursos fueron concedidos por el a quo  y mantenidos 
en esta instancia, de conformidad con lo previsto en el art. 464 del 
Código Procesal Penal de la Nación (CPPN).
III.  Al reunirse en acuerdo la Sala de Turno de esta Cámara 
Nacional  de  Casación   en lo  Criminal y  Correccional  de  la Capital 
Federal,   sus   integrantes   decidieron   otorgarle   al   recurso   el   trámite 
previsto en el art. 465, CPPN. 
IV.  En   función   de   la   Acordada   27/2020   de   la   CSJN 
(considerandos 12 y 13) y la Acordada 11/2020 de esta Cámara (con 
remisión a la Acordada 1/2020), el pasado 12 de noviembre del 2020 
se le concedió a las partes el plazo de diez días para la presentación de 
un   memorial   en   sustitución   de   la   audiencia   de   trámite   ordinario 
establecida en el art. 465, CPPN o, en su defecto, para solicitar la 
realización de audiencia por videoconferencia.
A   tales   efectos,   el   defensor   particular   del   imputado,   Alfredo 
Olivan,   presentó   un   escrito   de   “breves   notas”   en   el   cual   expuso 
argumentos tendientes a fundamentar el rechazo de ambos recursos de 
casación.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 3
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
Al respecto, mencionó que Palermo obró en cumplimiento de 
sus   funciones   contra   una   persona   que   “generaba   más   peligro   al  
emprender su huida en un vehículo a alta velocidad”, que efectuó los 
disparos en un tramo breve y acelerado de la persecución policial y 
que actuó bajo la creencia de estar repeliendo una agresión armada 
por parte del presunto autor de un ilícito. Asimismo, destacó que sólo 
uno de los proyectiles  alcanzó a una persona y que  ésta última se 
encontraba a más de dos cuadras del punto de disparo, sin que sea 
visible para Palermo. Sobre este punto, explicó que según indicó el 
testigo Bassani Suárez, en la calle Basualdo –a donde Palermo efectuó 
el disparo con resultado de muerte–, la calzada tiene un desnivel hacia 
abajo que pudo haber incidido en el desenlace. Relató también que en 
el   lugar   no   había   otras   personas   o   autos   en   movimiento;   caso 
contrario,   mencionó   que   había   tres   vehículos   estacionados   que 
podrían haberle impedido a Palermo visualizar a Echimborde.
En   un   mismo   sentido,   sostuvo   que   su   defendido   no   actuó 
“culpablemente” en tanto incurrió en una representación equivocada 
de   la   situación   fáctica,   lo   cual   encuadró   su   conducta   en   un   error 
invencible indirecto de prohibición.
A continuación, negó la existencia de un dolo eventual en tanto 
los   peritos   intervinientes   no   lograron   determinar   la   distancia, 
trayectoria o modo de ingreso del proyectil en el cuerpo del fallecido 
Echimborde.   A   su   vez,     puso   de   resalto   que   éste   se   encontraba 
deformado, por lo cual no podría descartarse que haya impactado en 
el damnificado tras efectuar un rebote previo sobre otra superficie.
A mayor abundamiento, realizó una reseña de la definición del 
dolo según diferentes corrientes y afirmó que en todas se exige un 
conocimiento por parte del autor. En ese orden de ideas, reiteró que 
Palermo no “sabía, suponía o presumía siquiera la presencia de una  
tercer persona” por lo que representarse la posibilidad de causar su 
muerte consistió en un escenario completamente imprevisible.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 4
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CÁMARA NACIONAL DE CASACIÓN EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL - SALA 2
CCC 78566/2016/TO3/CNC1

Por otro lado, para demostrar que Palermo no contempló ese 
desenlace, el letrado explicó que su defendido desconocía la zona –en 
tanto era ajena a la de su comisaría– y se trasladaba a gran velocidad a 
bordo   de   un   auto   persiguiendo   un   objetivo   a   gran   distancia. 
Asimismo, detalló que tras el desarrollo de los hechos, el imputado 
inmediatamente reconoció ante sus superiores su accionar.
En   virtud   de   las   consideraciones   expuestas,   sostuvo   que 
correspondía descartar la existencia de un dolo eventual por parte de 
Palermo;   o,   subsidiariamente   reconocer   la   imposibilidad   de 
determinar ese extremo en los términos del art. 3, del Código Procesal 
Penal de la Nación, (CPPN).
En segundo lugar, sobre el monto de pena impuesto por el  a 
quo,   el   defensor   indicó   que   los   tres   años   de   prisión   de   ejecución 
condicional no se exhibían como un resultado de un razonamiento o 
decisión   arbitraria.   Ello   así,   en   tanto   se   ponderaron   los   elementos 
contenidos en los arts. 40 y 41, CP. A su vez, mencionó que frente a 
las condiciones personales del imputado, la ejecución de una pena de 
efectivo   cumplimiento   no   contribuiría   a   la   readaptación   social   de 
Palermo ya que este hecho se trató de un episodio aislado y único en 
su vida.
Superada la etapa, las actuaciones quedaron en estado de ser 
resueltas. 
V.  Sobre los aspectos reseñados se arribó a un acuerdo en los 
términos que seguidamente se pasan a exponer.
Y CONSIDERANDO: 
El juez Horacio L. Días dijo: 
I. Inicialmente corresponde señalar que los recursos de casación 
interpuestos son formalmente admisibles, toda vez que la sentencia 
recurrida es  de aquellas  definitivas; y en la medida  en la que han 
planteado   la   errónea   aplicación   de   la   ley   sustantiva   y   la   arbitraria 
mensuración   de   las   circunstancias   atinentes   a   la   graduación   de   la 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 5
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
pena, puede aceptarse que los planteos esgrimidos encuadran dentro 
de los motivos previstos por el art. 456, CPPN, y se ajustan asimismo 
a los criterios sentados en los precedentes “Arce” y “Juri” de nuestra 
Corte Suprema de Justicia de la Nación – CSJN– (fallos 320:2145 y J. 
26. XLI, rta. el 27/12/2006, con relación a las facultades recursivas 
del   Ministerio   Público   Fiscal   y   de   la   parte   querellante 
respectivamente);  y de igual  manera, se han  cumplido también  los 
requisitos de temporaneidad y fundamentación requeridos por el art. 
463 del citado código ritual. 
II.  Resuelta la admisibilidad del recurso articulado, y antes de 
ingresar al tratamiento de los agravios traídos a estudio por las partes 
recurrentes, es preciso recordar primeramente que la sentencia aquí 
cuestionada tuvo por probada la materialidad de los hechos, sujetos a 
análisis, en los siguientes términos, a saber: que “con motivo de la 
persecución   policial   que   el   encartado   Palermo   se   encontraba  
realizando  el  día 27 de diciembre  de  2016, cerca  de las 14:11hs.  
respecto   de   Juan   Mauricio   Quintero   Buendía,   quien   había   sido  
denunciado por intentar ingresar al domicilio de la calle Carolina  
Muzilli 5489 de esta ciudad, forzando un reja, realizó disparos con su  
arma   reglamentaria   contra   el   rodado   Volkswagen   Bora   en   el   que  
aquél se trasladaba e intentaba eludir el accionar policial, siendo que  
uno de esos disparos impactó en Jonathan Andrés Echimborde, quien 
se encontraba en la vereda de su casa realizando reparaciones en su  
camioneta   a   una   distancia   de   más   de   una   cuadra   desde   donde  
Palermo efectuara el disparo.
Dicho impacto, terminó con la vida del nombrado Echimborde  
luego de intentar ser reanimado en el Hospital Santojanni”.
III. Aclarado ese extremo, es el turno ahora de adentrarme en el 
tratamiento   de   los   agravios   que   fueron   introducidos   por   la   parte 
querellante   y   por   el   Ministerio   Público   Fiscal,   mediante   sus 
respectivos   recursos   de   casación.   Expuesta   la   argumentación   de 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 6
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CCC 78566/2016/TO3/CNC1

ambos recurrentes, observo que, a los efectos de dar un tratamiento 
adecuado a los planteos, es preciso efectuar cierta aclaración inicial.
Entiendo   que   la   manera   más   lógica   de   abordar   los   agravios 
traídos   por   las   partes   impugnantes   sobre   el   hecho   imputado   es 
comenzar por analizar aquellos argumentos destinados a cuestionar la 
calificación   legal   de   la   conducta   imputada.   Ello   así,   en   tanto   la 
acreditación del  dolo se trata de un planteo compartido por ambos 
recurrentes y cuyo rechazo implicaría la imposibilidad posterior de 
aplicar   los   agravantes   solicitados   por   la   parte   querellante.   En   otro 
orden   de   ideas,   en   caso   de   sí   hacer   lugar   a   una   modificación   del 
encuadre típico, el tratamiento del cuestionamiento al monto punitivo 
–incoado   exclusivamente   por   el   Ministerio   Público   Fiscal–,   podría 
tornarse abstracto.
IV.   Agravio   relativo   a   la   calificación   legal.   Existencia   de 
dolo eventual
1)  En primer lugar, ambas partes recurrentes señalaron que la 
valoración probatoria nunca fue objeto de discusión en el marco de la 
presente   causa   y   que   el   principal   cuestionamiento   recaía   sobre   la 
calificación legal asignada al hecho imputado a Palermo.
a) Al momento de expresar sus argumentos, el representante del 
Ministerio Público Fiscal denunció que el  a quo  había incurrido en 
una   errónea   aplicación   de   la   ley   sustantiva,   lo   cual   implicó   que 
incurriera en una fundamentación equívoca y arbitraria.
En   particular,   mencionó   que   frente   al   contexto   en   el   cual 
Palermo efectuó el disparo que dio muerte a Echimborde, resultaba 
evidente   que   el   imputado   se   representó   que   un   desenlace   de   tales 
características podría ser resultado de su accionar. A pesar de ello, 
indicó que éste prosiguió con su conducta, resultándole indiferente la 
posibilidad altísima de acabar con la vida de alguien a su alrededor. 
Para poner de resalto los motivos que podrían haber motivado 
esa representación mental de Palermo, esa parte enumeró una serie de 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
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Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 7
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Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
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circunstancias que rodearon al hecho. A tales fines, destacó  que el 
imputado   efectuó   once   disparos   a   bordo   de   un   automotor   que 
realizaba   movimientos   bruscos   y   se   trasladaba   a   alta   velocidad 
durante una persecución en una zona densamente poblada y a plena 
luz del día –con la víctima en su línea de tiro–. También puso de 
resalto   que   todos   los   disparos   fueron   intencionales,   que   Palermo 
conocía los peligros que representaba su accionar –en virtud de su 
entrenamiento   como   policía   y   a   sabiendas   de   las   desfavorables 
condiciones   en   las   cuales   optó   por   realizar   una   gran   cantidad   de 
disparos–.   Por   otro   lado,   el  a   quo  mencionó   que   el   resto   de   los 
policías intervinientes no desenfundaron sus armas y que uno de ellos 
explicó que no lo hizo por considerarlo innecesario y peligroso.
En   virtud   de   este   escenario,   el   recurrente   afirmó   que   la 
representación requerida para la configuración del dolo eventual no 
debe   necesariamente   circunscribirse   a   una   persona   u   objeto 
determinado; por el contrario corresponde que lo haga con relación a 
bienes jurídicos. Ello así, en tanto la identidad del sujeto pasivo no 
resulta   ser   un   elemento   del   tipo   penal   exigido   por   la   figura   de 
homicidio.
En segundo lugar, indicó que el tribunal había incurrido en una 
contradicción ya que afirmó por un lado que Echimborde no estaba en 
la   línea   de   tiro   de   Palermo   –y   que   éste   le   apuntaba   a   Quintero 
Buendía– mientras que por el otro mencionó que no podría efectuarse 
un   análisis   desde   la   perspectiva   de   este   último   puesto   que   se 
vulneraría su derecho a defensa.
A continuación, el representante del Ministerio Público Fiscal 
mencionó que si bien en la causa “Paulides” los hechos resultaban 
diferentes,   allí   se   asentó   que   el   conocimiento   del   autor   debe   ser 
evaluado con relación a la situación ex ante. Por otro lado, citó el fallo 
“Martinero” del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional n° 26 
de la Capital  Federal  en la causa  n° 18109/2016 resuelta el 28 de 

Fecha de firma: 05/05/2022


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diciembre de 2017. Al respecto, indicó que en ese caso los hechos 
fueron análogos a los aquí investigados y se acreditó que el imputado 
disparó en la vía pública con una  Glock  en cinco oportunidades con 
dirección   a   dos   personas   a   bordo   de   una   motocicleta   mientras   se 
daban a la fuga –tras sustraerle la mochila–. Al momento de resolver, 
el tribunal interviniente determinó que por las condiciones de tiempo 
y   espacio   el   autor   podría   prever   que   su   accionar   era   capaz   de 
provocarle la muerte a un tercero
Posteriormente, el recurrente acompañó su postura con citas de 
diferentes autores –Sancinetti, Zaffaroni y Donna–.
Frente a ese planteo, solicitó que se anule la sentencia recurrida 
y que se reenvíe la causa con el fin de proseguir con el juzgamiento.
b)  Sobre este  punto la querella encuadró sus planteos en un 
mismo sentido e indicó que el  a quo  había incurrido en una errónea 
aplicación del art. 84, CP, toda vez que fácticamente se había probado 
el elemento subjetivo que configuraba al dolo eventual por parte de 
Palermo.
En   particular,   destacó   –además   de   las   circunstancias   ya 
reseñadas con respecto al escrito de la Fiscalía– que el imputado no 
obró amparado bajo ninguna causa de justificación en tanto no repelió 
agresión alguna. También mencionó que Quintero Buendía no realizó 
ningún disparo contra los agentes policiales y que tampoco se acreditó 
que estuviese portando armas al momento de la fuga.
Por   otro   lado,   mencionó   que   el   tribunal   “realiza   una  
apreciación   fantástica   e   improbable”   ya   que  “se   sumerge   en   la  
psiquis del imputado y manifiesta que la representación al momento  
de   los   disparos   efectuados”.   Al   respecto,   agregó   que   cualquier 
persona   –sin   ser   necesariamente   personal   policial–   podría 
representarse   que   disparar   en   las   condiciones   en   las   que   lo   hizo 
Palermo podría resultar en la muerte de una persona. En particular, 
adicionó a las condiciones ya reseñadas por el otro recurrente que el 

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hecho ocurrió un día de semana a cuadras de avenidas y del trayecto 
de líneas de colectivo. Asimismo, destacó que Palermo contaba con 
doce años de experiencia en las fuerzas de seguridad y que tenía un 
cargo de Sargento. 
Tras   ello,   efectuó   una   breve   enunciación   jurisprudencial 
respecto   a   la   configuración   del   dolo   eventual,   del   cual   indicó   que 
“exige   que   el   autor   reconozca   la   realización   del   tipo   penal   como  
posible y no totalmente lejana, y que lo consienta, mientras que en la  
culpa   consciente   el   autor   no   acata   la   realización   del   tipo   penal  
prevista como posible y seriamente confía en que no va a suceder.  
Aquí estamos ante un típico y comprobado dolo eventual con un acto  
de desprecio por la vida”, posteriormente – mediante cita de Díaz 
Pita–   lo   definió   como   “‘si   el   juicio   sobre   la   probabilidad   de  
producción del resultado en el momento de actuar era afirmativo, es  
decir, si el sujeto tiene el dato cierto de que el resultado de puede  
producir,   entonces  habrá  actuado  con  dolo  eventual”.  Ahora bien, 
con relación a los precedentes, mencionó que la Sala I de la Cámara 
Federal de Casación Penal había confirmado la condena a dieciocho 
años de prisión a un ex­suboficial de la Policía de Misiones que había 
atropellado   y   dado   muerte   a   un   gendarme   en   una   ruta   provincial. 
Luego, nombró el fallo de Sala I del Tribunal de Casación Penal de la 
Provincia de Buenos Aires en la causa n° 75214 caratulada “Avots 
Sugimoto, Nicolás s/ recurso de casación”. 
En   ese   contexto,   determinó   que   Palermo   contaba   con   la 
información necesaria para conocer el riesgo generado en la situación 
concreta y que efectuó los disparos a pesar de juzgar que su acción 
podría producir como consecuencia un resultado lesivo fatal.
2)  Ahora bien, con respecto a la calificación legal atribuida al 
ilícito imputado, el tribunal de juicio decidió condenar a Palermo por 
el delito de homicidio culposo según lo previsto en el primer párrafo 
del art. 84, CP, vigente al momento de los hechos –previo a la sanción 

Fecha de firma: 05/05/2022


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de la ley 27.347–. A tales efectos, acreditó la relación de causalidad 
entre la acción del disparo y el resultado lesivo de muerte. 
En   este   contexto,   sostuvo   que   Palermo   incumplió   su   deber 
objetivo   de   cuidado   en   tanto   actuó   de   forma   antirreglamentaria, 
imprudente   y   negligente,   lo   cual   creó   un   riesgo   jurídicamente 
reprobado que se concretó con la muerte de Jonathan Echimborde. De 
esta manera, el a quo determinó la imputación objetiva del imputado.
Luego, detalló que la acción de Palermo violó los deberes a su 
cargo contenidos en el “Reglamento General de Armas y Tiros de la  
Policía   Federal   Argentina   [R.G.P.F.A.   N°   8],   en   su   capítulo   X,  
titulado «Portación y uso de armas de fuego, Disposiciones vigentes.  
Personal   policial.   Abuso   de   su   función.   Régimen   penal   aplicable.  
Recordatoria»”.   Ello   así,   en   tanto   un   caso   de   fuga   no   justifica   la 
utilización   de   armas   excepto   que   el   agresor   abra   fuego   contra   los 
agentes   de   policía.   En   este   caso,   el   tribunal   destacó   que   no   logró 
acreditarse que Quintero Buendía haya realizado disparos o siquiera 
haya portado un arma de fuego.
A continuación, el  a quo  reseñó el contenido del mencionado 
reglamento y determinó que: “las recomendaciones para el uso de  
armas de fuego establece en el punto 1 que la policía puede hacer uso  
de la fuerza pública para el cumplimiento de su misión. El empleo de  
armas de fuego es su máxima expresión”, “en su puntos 9, 10, 11 y 12  
sostiene   que   todas   las   técnicas   y   tácticas   policiales   privilegian   el  
resguardo de la vida e integridad física de las personas; que el uso de  
las armas de fuego es el último recurso disponible para la protección  
propia y de terceros ante una agresión ilegítima que las ponga en  
peligro;   que   el   conocimiento   de   tácticas   y   técnicas   policiales   no 
suponen   su   dominio   y   que   cada   policía   conoce   sus   propias  
limitaciones físicas y su destreza en el manejo de armas, por lo que  
debe   planear   sus   acciones   acorde   a   esa   capacidad”   y   que   “al 
referirse al régimen penal aplicable, se establece que el uso del arma  

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 11
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Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
se encuentra limitado exclusivamente a la legítima defensa de la vida  
o integridad física, propia o de un tercero”.
Posteriormente   a   acreditar   que   Palermo   incumplió   con   la 
normativa   que   regula   la   utilización   de   armas   de   fuego   durante   su 
servicio policial, el  a quo  explicó los motivos que evidenciaron un 
obrar  imprudente por  parte del  nombrado. En particular, mencionó 
que   Palermo   efectuó   disparos   de   forma   arriesgada,   precipitada   e 
impulsiva;   que   durante   las   modulaciones   del   canal   policial   se   lo 
advirtió   “extremadamente   nervioso,   excitado,   a   los   gritos,  
expresándose de manera ininteligible”. Asimismo, destacó que en la 
cuadra de la calle Basualdo realizó siete disparos sin acertar ninguno 
en   el   automóvil   objeto   de   persecución.   Frente   a   ello,   el   tribunal 
destacó que por su condición profesional como policía y su actividad 
habitual en la seccional, Palermo sabía perfectamente los riesgos que 
conllevaba utilizar un arma de fuego en la vía pública un día hábil, a 
bordo de un patrullero en movimiento y durante el mediodía. En ese 
escenario, afirmó que el imputado no debió disparar.
Por   otro   lado,   el   tribunal   ponderó   la   declaración   del   testigo 
Vittone   –agente   de   la   seccional   n°   36–,   quien   mencionó   que   no 
consideró utilizar su arma reglamentaria por miedo a lesionar a otra 
persona y porque no advirtió una amenaza que motive dicha acción en 
tanto Quintero Buendía podría estar desarmado.
Tras   ello,   el  a   quo  indicó   que   Palermo   fue   negligente   al 
desatender el deber jurídico impuesto, realizando una conducta torpe 
que   careció   de   “la   aplicación   y   esmero”   que   se   espera   de   un 
funcionario   policial   “formado   y   adiestrado   para   situaciones  
semejantes”.   En   ese   sentido,   explicó   que   el   imputado   debía 
cerciorarse   que   no   se   genere   un   riesgo   para   terceros   y   que   se 
presentaban   las   condiciones   necesarias   para   utilizar   su   arma 
reglamentaria.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 12
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A continuación, abordó la pretensión de las partes acusadoras 
de tener por configurado el dolo eventual en el accionar de Palermo e 
indicó  que  no  se  presentaban   las  exigencias  dogmáticas  requeridas 
para sostener tal extremo.
Al respecto, mencionó que el dolo eventual se distinguía de la 
culpa   con   representación   porque   en   el   primer   caso   el   autor   se 
representa   la   posibilidad   de   realización   del   resultado   como 
consecuencia  de  su  violación al  deber  objetivo  de  cuidado y  le es 
indiferente mientras que en el segundo confía en que lo evitará. Para 
que   se   configure   el   dolo,   afirmó   que   el   autor   debe   reconocer   la 
realización del tipo penal como una posibilidad no totalmente lejana y 
consentirlo.
En el caso concreto, el a quo afirmó que no se logró constatar 
que Palermo se haya representado la posibilidad de matar a Jonathan 
Echimborde en las circunstancias en las cuales tomó lugar el suceso. 
Particularmente,   el   imputado   apuntó   al   vehículo   en   el   cual   se 
trasladaba Quintero Buendía y no al fallecido; por lo tanto, el impacto 
en el cuerpo de éste último habría sido una consecuencia de no haber 
acertado   en   su   objetivo   original.   Ello   así,   en   tanto   la   prueba   no 
demostró que Palermo supiera que Echimborde se hallaba en la calle 
Basualdo en la altura catastral 1619, agachado mientras acondicionaba 
su camioneta. Al respecto, el  a quo  mencionó que entre el lugar del 
disparo y aquel en el cual se encontraba el damnificado había más de 
una   cuadra.   Asimismo,   refirió   que   el   testigo   Bassani   Suárez   se 
encontraba próximo a la ubicación de Palermo y dijo que desde ese 
lugar no era posible visualizar la posición de Echimborde.
A su vez, el  a quo  reseñó que tras la detención de Quintero 
Buendía,   por   los   canales   policiales   empezó   a   circular   información 
acerca   de   un   herido   de   bala   y   que   los   agentes   de   seguridad   no 
conectaron   ambos   sucesos.   Por   otro   lado,   tampoco   le   atribuyeron 
dicho desenlace a los disparos de Palermo.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 13
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Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
En   otro   orden   de   ideas,   mencionó   que   no   podría   realizarse 
tampoco una representación desde la ubicación de Quintero Buendía 
ya   que   éste   también   se   encontraba   a   una   gran   distancia   de 
Echimborde;   y,   también   debido   a   que   el   hecho   presuntamente 
atribuido al nombrado no fue elevado a juicio y analizar ese suceso 
podría vulnerar la garantía del debido proceso legal.
En este contexto, el  a quo  indicó que la legislación no cuenta 
con   una   definición   de   dolo   o   de   dolo   de   resultado   eventual.   Sin 
embargo, reseñó que esa distinción fue detallada por esta Sala II en la 
causa   “Paulides”   –rta.   19/10/2015,   CCC18493/2014/TO1/CNC1, 
número de registro 567/2015–. Sin embargo, el tribunal aclaró que en 
dicho precedente, la base fáctica resultaba diferente en tanto variaban 
circunstancias tales como la cantidad de agresores, el medio comisivo, 
la   ubicación   de   la   víctima   y   los   demás   extremos   que   rodearon   la 
acción. Ello así, en tanto se trató de una lesión con arma blanca en la 
zona renal de la víctima en el marco de un robo que fue calificada 
como tentativa de robo en concurso real con tentativa de homicidio.
Por   otro   lado,   también   mencionó   el   precedente   “Fuque”   –
antecedente de la actual Cámara Federal de Casación Penal, rta. el 
19/04/2017, la causa n°6655–. En este último caso, invocado por la 
defensa   de   Palermo,   el   tribunal   mencionó   que   el   hecho   imputado 
resultaba similar, excepto que en ese caso el proyectil había rebotado 
contra una baldosa antes de impactar en la víctima. Con relación al 
caso, el a quo destacó que el accionar imputado fue encuadrado en el 
delito de homicidio culposo ya que el tribunal de origen descartó la 
existencia de un dolo eventual.
Consecuentemente   a   las   consideraciones   expuestas,   el  a   quo 
sostuvo   que   en   el   caso   concreto   no   se   hallaban   presentes   los 
presupuestos requeridos para la acreditación de un dolo eventual en el 
accionar de Palermo.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 14
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Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
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3)  Puesto a dar respuesta a este motivo de agravio de ambas 
partes   acusadoras,   quienes   procuran   que   el   resultado   muerte 
producido sea imputado al dolo eventual del agente; habré de señalar 
en primer término que los precedentes judiciales invocados en apoyo 
de sus pretensiones no resultan análogos al caso analizado, y por tanto 
no pueden ser de aplicación. En efecto, nada más alejado a este caso, 
el supuesto en el cual un sujeto activo hinca un cuchillo en una zona 
vital de la víctima, donde la representación del resultado muerte del 
lesionado aparece como próxima; y del mismo modo, tampoco puede 
este   caso   analogarse   a   un   supuesto   donde   alguien   recientemente 
desapoderado de su mochila abre fuego sobre dos sujetos que huyen 
de modo zigzagueante a bordo de una motocicleta por una calle cuasi 
peatonal de la zona bancaria de la ciudad, y en pleno horario bancario, 
con denso tránsito de personas, y en ese contexto impacta uno de sus 
disparos en la humanidad de un transeúnte que se desplazaba a corta 
distancia del tirador y a su alcance visual. 
Al respecto, corresponde efectuar una distinción esencial con 
respecto a este último caso. Y es que, los recurrentes no realizaron 
alusiones a la presencia de transeúntes al momento de los disparos. Si 
bien   se   esforzaron   por   mencionar   numerosos   factores   espacio­
temporales que podían incidir en la peligrosidad de la acción, todos 
ellos   fueron   encauzados   a   partir   de   afirmaciones   genéricas   cuya 
aplicación al caso concreto no fue acreditada en ningún sentido.
De manera tal que la decisión de si en este caso cabe imputar 
dolo, no puede lograrse por el peso de la fuente del precedente.
Dicho ello, cabe recordar que la doctrina más moderna enseña 
que “existe dolo eventual cuando el autor considera seriamente la  
posibilidad de que su comportamiento conduzca a la realización del  
resultado y se conforma con ello […].  En el dolo eventual el autor  
acepta   y   se   conforma   con   el   riesgo   de   la   realización   del   tipo,  
mientras   que   en   un   comportamiento   mediante   imprudencia  

Fecha de firma: 05/05/2022


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Firmado por: HORACIO DIAS
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Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
consciente, aquel confía en la no consecuencia de la circunstancia  
fáctica   o   en   la   no   concurrencia   del   resultado”   (Cf. 
Wessels/Beulke/Satzger,   Derecho   penal,   Parte   General,   Instituto 
Pacífico, Lima, 2018, 7/323­325). Y luego agregan, “(R)especto de 
los comportamientos que surten peligros para otros, el dolo eventual  
puede   determinarse   del   siguiente   modo:   en   primer   lugar   el   autor  
tiene que haberse representado el inminente y concreto peligro de  
lesión   del   bien   jurídico,   en   segundo   lugar   tiene   que   haber  
considerado   seriamente   ese   peligro,   y   en   tercer   lugar   tiene   que  
haberse conformado con el riesgo de realización del tipo” (7/331). En 
sentido similar se expresa Otto, H. (Manual de Derecho Penal, 7ma. 
Edición, Atelier, Barcelona, 2017, p. 144), al señalar que “actúa con  
dolo   eventual   el   autor   que   es   consciente   del   riesgo   concreto   e  
inmediato de lesionar el Bien Jurídico, y que a pesar de tener ese  
conocimiento   no   renuncia   a   su   plan”.   Y   para   mayor   precisión 
menciona que: “En cambio si el autor vio la posibilidad de lesión del  
Bien simplemente como un peligro abstracto […], aquí puede haber 
buenas razones para que el autor confíe en que esa posibilidad de  
lesión no se realice. Si bien la conducta del autor puede parecer con  
todo peligrosa, no puede ser interpretada como una lesión consciente  
del   Bien   Jurídico.   Aquí   comienza   la   imprudencia   […]”   (Ob.Cit., 
p.143).
Yendo al caso, los hechos probados en la causa, muestran a un 
tirador cualificado, miembro de la fuerza policial, que efectúa desde el 
patrullero   en   el   cual   circulaba,   siete   disparos   con   su   arma 
reglamentaria,   en   ocasión   de   una   persecución   de   un   sospechoso, 
apuntando al vehículo particular en el cual este último se desplazaba 
sin acatar la orden de detención de la autoridad.
Cabe señalar, por otra parte, que inicialmente el accionar del 
epigrafiado   se   encontraba   cubierto   por   la   justificante   del 
cumplimiento   del   deber,   puesto   que   el   sospechoso   no   acataba   la 
legítima   orden   de   detención   de   la   autoridad,   empero   en   el   mismo 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 16
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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momento   en   que   comienza   a   realizar   tales   disparos,   la   eximente 


completa   desaparece,   en   la   medida   que   el   actuante   da   inicio   a   un 
desempeño antirreglamentario del ejercicio de sus funciones, tal se 
desprende de la normativa pertinente citada en el fallo impugnado. En 
ese instante y en esas circunstancias, lo obrado implicó la creación de 
un peligro jurídicamente desaprobado para la integridad física  y la 
vida de terceras personas, riesgo que objetivamente se concretó en el 
resultado letal ya conocido. Por lo tanto, la imputación del resultado al 
tipo   objetivo   no   ofrece   dudas.   Y   a   mayor   abundamiento,   las 
referencias   del   otro  funcionario  policial   que  viajaba   en   ese   mismo 
patrullero,   colega   del   condenado,   en   cuanto   a   que   él   no   efectuó 
disparos por el riesgo que ello conllevaba, contribuye a confirmar esta 
consideración atributiva.
Del mismo modo, y a los efectos de dilucidar si este es un caso 
de dolo o culpa, debe decirse que existen datos fácticos afirmados en 
la   sentencia,   y   no   cuestionados   por   los   recurrentes,   que   resultan 
decisivos para esta cuestión; a saber, que al momento de los disparos 
la distancia que separaba al tirador del damnificado era holgadamente 
superior   a   los   cien   metros,   y   que   conforme   la   prueba   testimonial 
producida en el debate, desde la posición en la cual fueron efectuados 
los disparos no era posible ver a la víctima dada la distancia, y que 
además se encontraba agachada reparando su camioneta en la vereda.
Así entonces, si bien el dolo es algo que se imputa antes que 
algo   que   se   prueba,   no   lo   es   menos   que   ello   tampoco   implica 
renunciar   a   todo   dato   óntico.   Reclama   el   acusador   público   que   el 
sujeto activo “debió” representarse el resultado, sin embargo ello por 
sí   sólo   no   conduce   necesariamente   a   un   dolo   de   especie   eventual, 
puesto que si bien parte de la doctrina pone en duda la existencia de 
elemento volitivo (entendido como un querer), nadie disputa que el 
elemento   cognitivo   sí   debe   estar   presente,   en   el   sentido   de   una 
decisión consciente de actuar en desmedro de un Bien jurídico. Otro 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 17
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
aspecto relevante de ser destacado, es que el dolo eventual no es algo 
diferente del dolo, sino una de sus formas junto al directo y aquel de 
consecuencias necesarias, de manera tal que en el dolo eventual, lo 
eventual no es el dolo sino el resultado, o mejor dicho es un dolo de 
resultado eventual.
La doctrina mayoritaria ve en este caso una especie de error 
sobre   el   curso   causal   (más   modernamente   sobre   el   curso   de   la 
imputación), en particular un supuesto de aberratio ictus o error en el 
golpe   o   en   la   ejecución,   donde   se   actúa   con   el   fin   de   causar   un 
determinado resultado (aquí el policía abre fuego sobre el vehículo en 
fuga con el fin de lograr que su conductor se vea obligado a detener su 
marcha), pero se falla en su ejecución, siendo que los disparos hacen 
blanco en otro objeto no abarcado por el propósito directo. En este 
caso, desafortunadamente el disparo errado acabó con la vida de un 
inocente ciudadano.
Desde el finalismo clásico hasta nuestros días, el título de la 
imputación subjetiva respecto del resultado producido pero no querido 
de manera directa, ha dependido siempre de la proximidad entre el 
objeto   apuntado   y   aquel   alcanzado.   A   mayor   cercanía   resulta 
objetivamente advertible el riesgo de lesionar el otro interés en caso 
de  fallar,  y  a  mayor   lejanía  eso   aparece   objetivamente  como  poco 
probable y por ende más aleatorio o azaroso. En el primer caso se 
afirma que es posible defender un dolo de resultado eventual, mientras 
que en el segundo se juzga más plausible una imputación subjetiva a 
título de imprudencia.
De   esta   opinión   Hilgendorf/Valerius   (Derecho   Penal,   Parte 
General,   Ad  hoc,   Bs   As,   2017,  p.   161),   al  referir   que   si   el   sujeto 
acierta en otro objeto, el curso causal real diverge del representado tan 
esencialmente que aquél sufrirá un error sobre el curso causal, sobre 
circunstancias de hecho, que excluye el dolo. Por ello, el autor podría 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 18
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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ser incriminado con relación al objeto sobre el cual ha acertado por 
equivocación, a lo sumo por imprudencia. 
Es que la pena del dolo (sólo) se justifica si el autor ha tomado 
una   decisión   consciente   a   favor   del   acontecer   típico.   Tal   decisión 
existe ya cuando el riesgo reconocido por él era en sí jurídicamente 
reprobado (Cf. Frister, H., al tratar la delimitación del dolo eventual y 
la imprudencia, en su Derecho penal, Hammurabi, Bs As., p. 231).
A decir verdad, para que los impugnantes pudiesen tener reales 
chances de llevar razón en sus pretensiones, debieron haber probado 
no   que   las   calles   de   la   ciudad   constituyen   espacios   públicos   de 
urbanidad de densa interacción social de la ciudadanía, sino antes bien 
que   en   la   concreta   arteria   en   la   cual   el   agente   disparó   había   una 
cantidad significativa de personas en ese momento. Sólo así puede 
afirmarse objetivamente una decisión verdaderamente consciente del 
actuante a favor del concreto acontecer típico. Sólo así el autor asume 
el   acontecer   típico   aprobándolo,   es   decir   conformándose   con   su 
producción.
En este mismo sentido se expresan Bockelmann/Volk (Derecho 
Penal, Parte General, Grupo Editorial Legales, Lima, 2020, p. 165), al 
señalar que: “no hay error en el golpe cuando el agente considera la  
posibilidad de que pudiese alcanzar un objeto distinto del pretendido,  
y actúa asumiendo el riesgo de que esa posibilidad de concretice”. 
Pero si, tal nuestro caso, el sujeto de la imputación al momento 
de   su   comportamiento   contrario   a   derecho   no   advertía   potenciales 
víctimas,   y   puntualmente   dada   la   extensa   distancia   tampoco   era 
posible   ver   al   otrora   lesionado,   y   además   las   partes   tampoco   han 
producido prueba relativa a la concreta presencia de gran cantidad de 
transeúntes   a   quienes   la   acción   emprendida   pudiese   haber   puesto 
objetivamente en peligro, no es posible afirmar que el blanco en el 
cual   acertó   el   tirador,   distinto   de   su   propósito   directo,   pueda 
fundamentar   que   éste   asumió   conscientemente   el   acontecer   típico 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 19
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
aprobándolo,   o   conformándose.   Ciertamente   llevan   razón   los 
acusadores en cuanto a que el condenado debió haberse representado 
tal posibilidad, pero justamente en ello consiste su imprudencia, en 
que no obstante tal objetiva previsibilidad individual, de todos modos 
actuó de manera antirreglamentaria, por lo que el resultado producido 
le es objetiva y subjetivamente imputado a su obrar culposo. 
Muy claros Hilgendorf/Valerius (Ob.Cit., p. 162), al señalar que 
la   única   excepción   constituye   el   supuesto   en   el   que   el   autor   haya 
asumido en su dolo el fallo de su hecho, por ejemplo cuando lo tenido 
en miras y la víctima efectivamente alcanzada se hallan tan cerca una 
de otra, y por eso el autor parte con dolo eventual de que dado el caso 
podrá dar en la víctima errónea. En este caso, el autor actúa con dolo 
acumulativo respecto de todos los resultados posibles.
Como   es   de   toda   evidencia,   tales   presupuestos   no   se   hallan 
presentes en el caso, por lo que en virtud de las razones expuestas, soy 
de la opinión que este agravio de los recurrentes debe ser rechazado.
V. Agravio relativo a la calificación legal. Aplicación de los 
agravantes contenidos en los arts. 41 bis y 80 inc. 9°, CP
1)  Tras brindar los argumentos por los cuales los querellantes 
consideraron que se hallaba acreditado el dolo eventual en el accionar 
de Palermo, esa parte afirmó que correspondía aplicar agravantes a la 
calificación legal de homicidio.
En   primer   lugar,   refirió   que   resultaba   adecuado   aplicar   la 
circunstancia   agravante   contenida   en   el   art.   41  bis,   CP,   ya   que 
Palermo   utilizó   un   arma   de   fuego   para   darle   muerte   a   Jonathan 
Echimborde.
Por otro lado, para justificar la aplicación del 80 inc. 9°, la parte 
querellante   mencionó   que     el   imputado   obró   en   abuso   de   sus 
funciones y que esa normativa resultaba aplicable a los homicidios 
cometidos   por   policías   que   no   se   encontraran   amparados   por   una 
causa   de   justificación.   Además,   indicó   que:   “Su   condición   de  

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 20
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personal policial, formado y adiestrado para situaciones semejantes  
resulta   esencial   para   determinar   cuán   alejado   ha   estado   de   la  
prudencia   y   la   diligencia   pertinentes.   Ninguna   norma   avalaba   su  
proceder. Palermo debió asegurarse de que se daban las condiciones  
necesarias para utilizar su arma provista y no lo hizo”.
2)  Con respecto a esta cuestión traída a estudio por la parte 
querellante   en   su   recurso   de   casación,   corresponde   señalar   que   no 
resulta procedente el abordaje de las agravantes contenidas en los arts. 
41  bis  y 80 inc. 9°, ambos CP –respectivamente, utilización de un 
arma de fuego y homicidio en abuso de la función o cargo por parte 
de un miembro de las fuerzas policiales–.
Ello   así,   en   tanto   ambas   normas   referidas   requieren   la 
existencia   de   dolo   en   el   accionar   del   autor,   motivo   por   el   cual   la 
solución brindada respecto al tópico de la calificación legal asignada 
al ilícito como delito imprudente obsta a su aplicación.
VI.   Agravio   planteado   por   el   Ministerio   Público   Fiscal 
respecto a la mensuración de pena 
1) Por otro lado, el representante del Ministerio Público Fiscal 
expuso   un   planteo   subsidiario   para   el   caso   en   el   cual   se   decida 
confirmar la calificación legal de homicidio imprudente.
En particular, indicó que la mensuración efectuada por el a quo 
resultaba   arbitraria   en   tanto   se   omitió   valorar   circunstancias 
agravantes previstas por la ley y determinados aspectos de incidencia 
negativa. Ello así, toda vez que el monto punitivo resultaba escaso.
Tras ello, realizó una transcripción de los extremos ponderados 
de manera negativa por el tribunal y destacó que todos ellos exhibían 
una   gravedad   tal   que   aún   al   confrontarlos   con   las   circunstancias 
atenuantes, motivaban la aplicación de una pena mayor a los tres años 
de ejecución condicional. Asimismo, destacó que el a quo no tuvo en 
cuenta   el   riesgo   que   generó   Palermo   sobre   la   vida   de   diferentes 
personas   y   bienes   materiales.   A   su   vez,   denunció   que   tampoco 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 21
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
consideró   el   perjuicio   que   la   muerte   de   Jonathan   Echimborde 
representó para su esposa, hijos, padres y hermanos.
En virtud de las consideraciones expuestas, solicitó que se le 
imponga a Palermo una pena máxima para el delito imputado y se 
dicte una sanción de cinco años de prisión de efectivo cumplimiento y 
diez años de inhabilitación; o, cuanto menos una de “de mayor vigor” 
a la aplicada por el a quo.
2)  A los efectos de analizar debidamente este último punto de 
agravio estimo necesario repasar los elementos contemplados en la 
sentencia   recurrida   al   momento   de   mensurar   el   monto   de   pena   a 
imponer.
En primer lugar, anticipó que tendría en cuenta la naturaleza y 
las   características   del   hecho   imputado,   el   accionar   desplegado   por 
Palermo   durante   su   ejecución,   la   impresión   que   éste   causó   en   la 
audiencia   de   debate,   su   falta   de   antecedentes   penales   y   otras 
circunstancias previstas en los arts. 40 y 41, CP.
A   continuación,   explicó   que   como   pautas   agravantes 
consideraría   el alto nivel de imprudencia en su obrar, la generación 
de elevados riesgos y que actuó de manera temeraria a pesar de que su 
condición de policía le permitía advertir el posible riesgo y le exigía 
actuar   apegándose   al   deber   objetivo   de   cuidado.   Por   otro   lado, 
ponderó   de   forma   negativa   que   Palermo   disparó   en   siete 
oportunidades desde la ventanilla de un patrullero en marcha –con una 
posición corporal incómoda y móvil–, a una elevada velocidad en una 
calle con desnivel    ­lo cual  implicaba la posibilidad de frenadas  o 
cambios de rumbo bruscos–, al mediodía de un día de semana. 
Por   otro   lado,   indicó   que   como   circunstancias   atenuantes 
valoraría que Palermo era una persona joven, con contención familiar 
–lo   cual   pudo   ser   observado   a   lo   largo   del   proceso–   y   que   era   la 
primera vez que enfrentaba un proceso penal. Asimismo, ponderó que 
el informe socio­ambiental confeccionado resultaba favorable en tanto 

Fecha de firma: 05/05/2022


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Firmado por: HORACIO DIAS
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provenía de una familia estable, formó su propio grupo familiar sólido 
como   padre   de   una   niña   menor;   registraba   estudios   secundarios 
completos y desde el inicio de su actividad laboral se desempeñó en la 
policía –profesión compartida por su padre–. El  a quo  también  tuvo 
en consideración  que el imputado actualmente  trabajaba  realizando 
reparaciones de teléfonos, lo cual impactó en la economía familiar. 
También valoró que Palermo se mostró arrepentido por lo que 
hizo, con angustia sincera, quebrándose en más de una oportunidad, 
refiriendo pensamientos suicidas y reconociendo su responsabilidad 
por el hecho. A su vez, se lo percibió preocupado por su situación 
futura   y   por   las   consecuencias   del   hecho   para   la   familia   de 
Echimborde. Sobre esto último, se advirtió que cuando el imputado se 
dirigió a los querellantes lo hizo con respeto e intentó un acercamiento 
hacia la familia.  En un mismo orden de ideas, destacó que Palermo 
también exhibió dificultad para afrontar las consecuencias –penales y 
no   penales–   de   su   accionar   y   manifestó   estar   buscando   alivio   en 
charlas de la iglesia cristiana. 
En ese contexto, el a quo sostuvo que no se percibían elementos 
que   tornen   aconsejable   la   imposición   de   una   pena   de   efectivo 
cumplimiento. Y que si bien el hecho era grave, Palermo no cometió 
delitos   con   anterioridad   ni   parecía   requerir   un   tratamiento 
penitenciario resocializador. Asimismo,  indicó que la inhabilitación 
neutralizaría   la   posibilidad   de   reiteración   de   sucesos   como   el   aquí 
juzgado.
En virtud de las consideraciones expuestas, el tribunal de juicio 
estimó   apropiado   imponerle   al   nombrado   la   pena   de   tres   años   de 
prisión de ejecución  condicional y la inhabilitación especial  por  el 
plazo de ocho años.
3)  Sentado lo expuesto, se advierte que el Ministerio Público 
Fiscal recurrente cuestionó, esencialmente, que el tribunal de juicio 
omitió   valorar   como   elementos   agravantes   determinadas 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
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Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
circunstancias   –el   riesgo   generado   por   Palermo   a   otros   bienes 
jurídicos y el sufrimiento causado a la familia de Echimborde–. Por 
otro lado, esa parte también alegó que existieron otros elementos que 
a   pesar   de   haber   sido   tenidos   en   cuenta,   no   incidieron   en   la 
mensuración de pena de manera razonable. 
En   este   contexto,   resulta   necesario   destacar   que   el  a   quo 
explícitamente   ponderó   el   alto   nivel   de   riesgo   que   la   conducta   de 
Palermo   representó.   Por   otro   lado,   si   bien   es   cierto   que   no   se 
mencionaron las consecuencias recaídas sobre la familia del fallecido, 
se   tornan   relevantes   en   este   punto   las   numerosas   apreciaciones 
efectuadas por el tribunal con relación a la posición adoptada por el 
imputado   respecto   a   ellos.   En   ese   sentido,   señaló   que   Palermo   se 
dirigió a la familia con respeto y que se mostró preocupado por las 
consecuencias que les habría generado.  
Asimismo, la pena impuesta por el a quo no sólo se apartó en 
un año del mínimo legal, sino que supera al punto medio de la escala 
prevista para el delito imputado. En virtud de ello, y de los numerosos 
elementos   atenuantes   ponderados   por   el   tribunal   –reseñados   en   el 
punto  1)  –,   se   advierte   que   la   parte   recurrente   no   explica   en   qué 
sentido   las   agravantes   debieron   impactar   en   un   mayor   grado   al 
momento de mensurar la sanción que recaería sobre Palermo.
Consecuentemente, la ponderación de todas las circunstancias 
mencionadas en la sentencia y el monto punitivo que conllevó, lejos 
de resultar errados o arbitrarios, como lo sostiene la parte recurrente, 
encuentran sustento en la letra de los arts. 40 y 41, CP, en la medida 
en  que  los  extremos  ponderados  se  relacionan  directamente   con el 
modo   de   ejecución   del   acontecimiento   juzgado,   la   culpabilidad   de 
Palermo, sus condiciones personales y la impresión que éste causó 
durante  las  audiencias  de  debate.  Por   ende,  la mensuración  resulta 
ajustada a los parámetros normativos sin que el Ministerio Público 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
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Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
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Fiscal   logre   demostrar   en   qué   sentido   la   graduación   se   exhibe 


arbitraria o ajena a las circunstancias analizadas.
En  consecuencia,   se   observa   que   la   sanción   impuesta   por   el 
tribunal a quo de tres años de prisión de ejecución condicional resulta 
adecuada y, por lo tanto, propongo rechazar este  último motivo de 
agravio.
VII.  Que,   en   virtud   entonces   de   las   consideraciones   antes 
expuestas,   propongo   a   mis   colegas   rechazar   ambos   recursos   de 
casación y confirmar la sentencia impugnada.  Sin costas, por existir 
razones plausibles para litigar (cfr. arts. 40, 41, 41 bis, 79, 80 inc. 9°, 
84, CP; y, arts. 456, 463, 465, 468, 469, 470, 471 –estos dos últimos a 
contrario sensu–, 530 y 531, CPPN).
Tal es mi voto.
El juez Eugenio Sarrabayrouse dijo: 
I.  Previo a ingresar al tratamiento de los agravios planteados 
por la acusación pública y la privada, conviene recordar lo que he 
señalado en relación con el alcance del recurso del acusador público y 
el privado.
En los precedentes “Insúa”1, “Benavídez”2, “Díaz y Bergara 
Pérez”3, “Ibarra”4 y “Favero y Quirico”5 (entre muchos otros) dije 
que,   de   acuerdo   con   el   régimen   del   CPPN   vigente,   la   acusación 
pública   y   la   particular   gozan   de   un   derecho   legal   de   recurrir   la 
sentencia (por oposición a la garantía del condenado), pero no a un 
“doble conforme”, esto es, una  revisión amplia  de la absolución. Es 
decir que esta última, para ser válida no requiere de dos decisiones en 
el mismo sentido provocadas por quien acusa ni éste es titular de una 
garantía que obligue a revisar la absolución, al menos, con carácter 

1  Sentencia   del   22.11.16,   Sala   II,   jueces   Morin,   Niño   y   Sarrabayrouse,   registro   n° 
935/16.
2 Sentencia del 1.8.17, Sala II, jueces Morin, Niño y Sarrabayrouse, registro n° 643/17.
3 Sentencia del 11.7.18, Sala II, jueces Días, Sarrabayrouse y Morin, registro n° 817/18.
4 Sentencia del 13.8.19, Sala II, jueces Sarrabayrouse, Morin y Días, registro n° 1067/19.
5  Sentencia   del   20.11.20,   Sala   II,   jueces   Días,   Sarrabayrouse   y   Morin,   registro   n° 
3210/19.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 25
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Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
general   y   según   la   competencia   ordinaria   de   esta   Cámara.   Como 
consecuencia de esto, el recurso de la parte querellante o de la fiscalía 
deben   satisfacer   los   requisitos   propios   de   la   casación,   según   su 
concepción tradicional.
La   incorporación   al   ordenamiento   jurídico   argentino   de   los 
tratados   internacionales   de   derechos   humanos   implicó,   de   manera 
general, un fuerte impacto en el sistema de garantías. En el tema bajo 
análisis, significó un cambio rotundo en la concepción tradicional del 
recurso de casación. Entendido en su nacimiento moderno como un 
medio de asegurar la interpretación judicial uniforme de la ley (para 
evitar las arbitrariedades de los jueces y garantizar la supremacía del 
legislador) con el transcurso del tiempo se transformó primero en un 
instrumento de gobierno y control funcional jerárquico de la actividad 
judicial,   y   luego   en   una  garantía  de   la   persona   condenada6.   Esta 
evolución, operada a lo largo de más de ciento cincuenta años, obtuvo 
sus credenciales en nuestro derecho a partir del caso “Casal”7, en el 
cual   la   Corte   Suprema   consagró   a   favor   del   imputado   el   recurso 
amplio de revisión de su condena.
En   paralelo   a   esta   evolución   del   recurso   del   condenado,   se 
desarrolló   la   discusión   con   respecto   al   ámbito   de   aplicación   del 
principio  ne   bis   in   ídem,  mencionada   al   resolverse   el   precedente 
“Quinteros”8. En el centro de la polémica se encuentra el  juicio de 
reenvío:   cuando   la   sentencia   de   condena   es   nula   el   criterio 
mayoritario,   elaborado   a   partir   de   la   jurisprudencia   de   la   Corte 
6 Cfr. al respecto: Julio B. J. MAIER, Derecho procesal penal, t. I, 2ª ed., Editores del 9

Puerto, Buenos Aires, 1996, ps. 705 – 708 y 713 – 733; del mismo autor, El recurso del  
condenado   contra   la   sentencia   de   condena   ¿una   garantía   procesal?,  en   Martín   ABREGÚ/ 
Christian COURTIS (comps.), La aplicación de los tratados sobre derechos humanos por los  
tribunales locales, Editores del Puerto/CELS, Buenos Aires, 1997, ps. 407427; Daniel PASTOR, 
La nueva imagen de la casación penal, AdHoc, Buenos Aires, 2001, ps. 1135; Fernando DE LA 
RÚA,  El  recurso  de casación,  Zavalía,  Buenos  Aires, p. 28 y sigs. En esta  evolución deben 
destacarse   la   sentencia   de   la   Corte   Suprema   en   el   caso   “Giroldi”   (causa   G.342.XXVI   del 
7.04.1995) y las decisiones tomadas en el ámbito interamericano por la Corte IDH en el caso 
“Herrera Ulloa c / Costa Rica” y la Observación General N° 32 del Comité de Derechos Humanos 
de las Naciones Unidas.
7 Fallos: 328:3399.
8  Sentencia   del   8.3.16,   Sala   III,   jueces   Jantus,   Garrigós   de   Rébori   y   Sarrabayrouse, 
registro n° 158/16.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 26
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
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Suprema (no exenta de vacilaciones), establece la imposibilidad de 
reiterar el juicio cuando el imputado no tuvo participación en el vicio 
que originó aquella la nulidad9. En este punto, la polémica gira en 
torno a cuál es el principio que verdaderamente está conculcado: el ne 
bis in ídem,  el plazo razonable, el que gobierna las nulidades o un 
poco   de   todos   ellos10.   En   cuanto   a   la   tendencia   legislativa,   debe 
destacarse que el Código Procesal Penal Federal (ley 27.482) prohibió 
el juicio de reenvío (cfr. art. 365 del referido texto legal)11.
Además, el recurso del acusador genera todavía una discusión 
más amplia: la validez constitucional de la concepción bilateral de los 
recursos, en tanto que, para autores como Julio  MAIER, el derecho al 
recurso del condenado entendido como una garantía (y el consecuente 
doble conforme) implica necesariamente la eliminación de la facultad 
de los acusadores de recurrir la sentencia absolutoria, para impedir, en 
primer término, una violación del ne bis in ídem (equivalente aquí al 
double jeopardy del derecho estadounidense) en sentido procesal y no 
exclusivamente material; y, en segundo lugar, evitar  un regreso al  
infinito.   En   este   punto,   resulta   evidente   una   tensión   entre   la 
concepción   del  ne   bis   in   ídem  amplia   (material   y   procesal)   y   otra 
limitada a la prohibición de condenar más de una vez por el mismo 

9 Este criterio, surge de la disidencia de los jueces Petracchi y Bossert en “Alvarado” 
(Fallos: 321:1173), y se desarrolla en “Polak” (Fallos: 321:2826); se advierte una línea distinta en 
los   precedentes   “Turano”   (Fallos:   321:3396),   “Acosta”   (Fallos:   323:929),   “Bianchi”   (Fallos: 
325:1404)   y   “Verbeke”   (Fallos:   326:1149);   y   es   retomada   con   matices   en   “Olmos”   (Fallos: 
329:1447),   “Garrafa”   (Fallos:   329:4688),   “Garófalo”   (Fallos:   330:1514),   “Gilio”   (Fallos: 
325:1404),   “Sandoval”,   (Fallos:   333:1687)   “Kang”   (Fallos:   330:2265   y   sentencia   del 
27.11.2011).
10 Cfr. Patricia ZIFFER, El derecho al recurso y los límites del juicio de “reenvío”, en 
Pedro BERTOLINO / Gustavo BRUZZONE, Estudios en homenaje al Dr. Francisco J. D’Albora,  
LexisNexis   Abeledo   –   Perrot,   Buenos   Aires,   2005,   ps.   501   –   519;   Edmundo   S.   HENDLER, 
Edmundo S., El ne bis in ídem en la jurisprudencia de la Corte Suprema. En busca de coherencia,  
¿juzgamientos múltiples o sólo “uno”?,  en Florencia PLAZAS / Luciano HAZAN,  Garantías 
constitucionales en la investigación penal, Editores del Puerto, Buenos Aires, 2006, ps. 249 – 255; 
Daniel PASTOR, ¿Nuevas tareas para el principio ne bis in ídem?, en Gabriel ANITUA / Ignacio 
TEDESCO,  La cultura penal. Homenaje al Profesor Edmundo S. Hendler,  Editores del Puerto, 
Buenos Aires, 2009, ps. 497 – 513; Mariano BERTELOTTI, Nulidad, reenvío y “ne bis in ídem”,  
en   Ángela  LEDESMA  (dirección),  El  debido proceso  penal,  t. 1, Hammurabi, Buenos Aires, 
2015, ps. 163 – 182.
11 A diferencia del CPPN ley 27.063, cuya entrada en vigencia suspendió el decreto de 
necesidad y urgencia n° 257/2015, y en su art. 317, último párrafo, consagró la posibilidad de 
realizar hasta dos juicios como consecuencia del recurso del acusador contra la absolución, es 
decir, un bis permitido.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 27
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
hecho, expresada en la interpretación literal del art. 14.5, PIDCyP, la 
jurisprudencia   de   la   Corte   Interamericana   de   Derechos   Humanos 
(Corte IDH, en adelante) y la Corte Suprema argentina en los casos 
“Mohamed”12,   y   “Gorigoitía”13,   y   sus   consecuentes   en   el   derecho 
interno “Duarte”14, “Chambla”15, “Chabán”16 y “S.M.P.”17. En este 
sentido,   puede   verse   también   el   precedente   “Pazo”   resuelto   por   la 
Sala de Turno de esta Cámara18.
De   estos   precedentes,   puede   extraerse   que   la   condena   o   su 
agravación   impuesta   por   el   tribunal   que   revisa   la   absolución   del 
imputado, no es un caso de  ne bis in ídem, sino que sólo genera la 
obligación estatal de proveer una instancia revisora de esta decisión 
(porque   resulta   ser   su   primera   condena).   En   las   sentencias 
mencionadas, la Corte Suprema dispuso que cumplieran esa función 
otros jueces de la Cámara Federal de Casación Penal, mientras que en 
el último caso citado resolvió que ante una sentencia que en casación 
revoca   una   absolución   y   condena,   la   garantía   del   doble   conforme 
(vigente   para   la   persona   condenada)   debe   ser   salvaguardada 
directamente   y   sin   mayores   dilaciones   en   dicho   ámbito.   Esto, 
mediante   la   interposición   de   un   recurso   de   casación   que   deberán 
resolver otros jueces o juezas que integren ese tribunal, sin necesidad 
de   recurrir   previamente   ante   la   Corte   Suprema   para   obtener   una 
decisión en ese sentido. Así se estableció también en la Regla práctica 
18.10 del Reglamento de esta Cámara19. 
El   desarrollo   realizado   implica   que,   aceptada   legalmente   la 
facultad de recurrir la sentencia absolutoria por el acusador la revisión 

12  Corte   IDH,   Caso   Mohamed   vs.   Argentina.   Excepción   Preliminar,   Fondo, 
Reparaciones y Costas. Sentencia de 23 de noviembre de 2012. Serie C No. 255.
13  Corte   IDH,   Caso   Gorigoitía   vs.   Argentina.   Excepción   Preliminar,   Fondo, 
Reparaciones y Costas. Sentencia de 2 de septiembre de 2019. Serie C No. 382.
14 Fallos: 337:901.
15 CSJN, C. 416. XLVIII., del 5.08.2014.
16 CSJN, causa C.11.XLIX, del 5.08.2014.
17 CSJN, causa 5207/2014/RH1, del 26.12.2019.
18 Sentencia del 2.06.21, Sala de Turno, jueces Bruzzone y Sarrabayrouse.
19 En la misma línea puede citarse el precedente “Colman” de la Suprema Corte de la 
provincia de Buenos Aires (causa 117.199 del 22.5.2020).

Fecha de firma: 05/05/2022


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que provoca ese remedio no tiene la misma extensión que el otorgado 
al imputado para revisar la sentencia que lo condena, en tanto se trata 
de una garantía instituida a favor de éste (de allí que el CPPF, ley 
27.482, establezca que confirmada la absolución, la acusación carezca 
de recurso, ver arts. 365). Por lo pronto, esto significa que son válidos 
los límites a la facultad de recurrir que se le imponen a la acusación 
(establecidos en los arts. 458 y 459, CPPN, reconocidos por la Corte 
Suprema en la causa “Arce”20 y mantenidos en los distintos proyectos 
de reforma del CPPN); y que también es válido sostener, en virtud de 
ese recurso legal reconocido al acusador, la posibilidad de que esta 
Cámara revoque la sentencia absolutoria y, según sea el caso, condene 
(supuesto   clásico   de   interpretación   de   la   ley)   o,   incluso,   reenvíe 
(hipótesis en que la sentencia es de una arbitrariedad tal que implica 
su   nulidad,   en   tanto   el   tribunal   que   revisa   la   sentencia   no   puede 
resolver el caso). Así ocurrió, por ejemplo, en los precedentes de esta 
Sala   “Aisemberg”21,   “Ibarra”   (ya   citado),   “Armijo”22,   “Favero   y 
Quirico” (también ya citado) y “Silva”23, entre otros. En alguno de 
esos casos, se aplicó el criterio tradicional, limitado a la interpretación 
de la ley que, en principio, escapa a la controversia sobre el alcance de 
la inmediación.
De   esta   manera,   la   doctrina   del   caso  “Casal”  no   resulta 
aplicable al recurso de la parte acusadora y, por este motivo, no hay 
una impugnación  amplia  de la sentencia que absuelve y tampoco el 
acusador está eximido de presentar sus agravios de forma concreta, 
razonada y fundada. Es que la competencia de esta cámara es revisora 

20  Fallos: 320:2145. La Corte señaló:  “…las garantías emanadas de los tratados de  


derechos humanos deben entenderse en función de la protección de los derechos esenciales del  
ser humano y no para beneficio de los estados contratantes. La garantía del derecho de recurrir  
ha sido consagrada sólo en beneficio  del  inculpado. El  Ministerio Público es un  órgano del  
Estado y no es el sujeto destinatario del beneficio, sin que ello obste a que el legislador, si lo  
considera, le conceda igual derecho…”.
21  Sentencia   del   5.12.18,   Sala   II,   jueces   Sarrabayrouse,   Morin   y   Días,   registro   n° 
1579/18.
22  Sentencia   del   11.9.18,   Sala   II,   jueces   Sarrabayrouse,   Morin   y   Días,   registro   nº 
1093/18.
23 Sentencia del 7.04.21, Sala II, jueces Sarrabayrouse, Morin y Días, registro n° 435/21.

Fecha de firma: 05/05/2022


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y no de consulta, lo que significa que en todos los casos únicamente 
pueden revisarse los agravios oportuna y concretamente planteados, 
según los términos del art. 463, CPPN, tal como se sostuvo en el caso 
“Prado”24.
II. Hechas estas precisiones, corresponde ingresar al análisis de 
los agravios planteados por la parte querellante y la fiscalía. Aclaro 
que, para una mayor claridad expositiva, pese a lo farragoso de esta 
repetición,   reproduciré   algunos   aspectos   y   argumentos   del   caso   ya 
analizados en el voto del juez Días.
III. La calificación legal: la existencia del dolo eventual
1. Los agravios de la parte querellante
La acusación privada recordó que la sentencia había establecido 
que el comportamiento de Palermo no estaba amparado por ninguna 
causa   de   justificación;   que   Quintero   Buendía   (el   autor   del   hecho 
ilícito,   cuya   huida   en   un   automóvil   motivó   su   persecución   por   el 
acusado   a   bordo   de   un   patrullero   policial)   no   disparó   contra   los 
uniformados ni atacó de ningún modo a Palermo, pues se limitó a 
intentar escapar del lugar; que en la zona del hecho no se hallaron 
rastros   de   disparo  de   armas   de   fuego   distintas   a   la  que   empleó   el 
imputado;   ni   tampoco   se   secuestró   arma   alguna   en   el   interior   del 
rodado conducido por Quintero Buendía.
Consideró “fantástica” e “improbable” (fs. 1341) la afirmación 
de la sentencia relativa a que Palermo, por la distancia, no pudo ver ni 
se representó la posibilidad de matar a Echimborde, dado que primero 
disparó siete veces por la calle Basualdo (en un trayecto de cuarenta 
metros, a las dos de la tarde y en un barrio poblado), luego tres veces 
más   por   la   Av.   Garzón   y,   finalmente,   otra   vez   más   por   la   calle 
Escalada. Resaltó que esos siete disparos habían sido efectuados en 
línea   recta   a   una   persona   (en   el   contexto   espacial   y   temporal 
descripto) y que ese accionar, según el razonamiento de una persona 

24  Sentencia   del   1.12.16,   Sala   II,   jueces   Sarrabayrouse,   Niño   y   Morin,   registro   n° 
965/16.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 30
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
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común,   podía   matar   tanto   al   conductor   de   un   vehículo   como   a 


cualquier persona que se encontrase en las inmediaciones. 
Al respecto, recordó que Palermo es un policía con doce años 
de experiencia, a punto de ascender al rango de sargento, y con un 
elemento   idóneo   para   matar   (una   pistola   reglamentaria   de   9   mm). 
Reiteró que no solo no había peligro para su vida, sino que durante la 
persecución   Palermo   pudo   percibir   que   la   persona   que   seguía   no 
representaba peligro alguno. No obstante, pese a que se representó el 
resultado muerte que finalmente ocurrió, disparó y creó un riesgo no 
permitido con su accionar doloso.
Por   último,  la  querellante  destacó  que   Quintero  Buendía   fue 
detenido por otro agente policial, quien lo interceptó sin efectuar un 
solo disparo, y se encontró con una persona desarmada que no opuso 
resistencia a su arresto.
2. Los agravios de la fiscalía
La acusación  pública también afirmó que el comportamiento 
del imputado debía imputarse a título de dolo eventual de homicidio. 
En   este   sentido,   reseñó   las   circunstancias   que   rodearon   el   hecho 
(“once disparos efectuados a bordo de un automotor en medio de una  
persecución   a   alta   velocidad   en   medio   de   movimientos   bruscos,  
mientras  transitaba  una zona  densamente  poblada a plena  luz del  
día”,  cfr. fs. 1351 vta.), las cuales permitían demostrar que Palermo 
debió representarse la posibilidad concreta de causar la muerte de una 
tercera persona y, aun así, siguió adelante con su ejecución. 
Al respecto, destacó que ninguno de los otros cuatro policías 
que formaban parte de la persecución desenfundaron sus armas y que 
la víctima se encontraba en la misma calle por la que venían ambos 
automóviles;  por  lo cual, si bien era distinta la posición, cualquier 
persona que estuviese adelante del tirador constituía un blanco posible 
del accionar de Palermo. De este modo, destacó que los proyectiles no 
desviaron su curso en forma aleatoria, sino que, al no hacer blanco en 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 31
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
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su objetivo primario, continuaron su recorrido impactando en distintos 
lugares, entre ellos, el cuerpo de la víctima.
Así,   el   fiscal   refirió   que   el   dolo   eventual  no   necesariamente 
debía recaer sobre la identidad de una persona u objeto determinado y 
que bastaba con que lo haga en relación con un bien jurídico. Además, 
denunció   que   el   tribunal   de   mérito   había   incurrido   en   una 
contradicción al descartar la configuración de un delito doloso. Por lo 
demás,   resaltó   diversos   precedentes   de   este   tribunal   (como   por 
ejemplo el caso “Paulides”) en los cuales existía una similitud jurídica 
o fáctica con el hecho imputado a Palermo.
3.  Para resolver el caso, conviene recordar las circunstancias 
principales   del   hecho   que   tuvo   por   probado   el   tribunal   de   juicio, 
muchas de ellas ya destacadas en los recursos analizados.
a. Palermo disparó con su arma de fuego reglamentaria 
once veces, siete sobre la calle Basualdo, sin haber acertado ninguno 
de esos disparos en el automóvil que conducía Quintero Buendía. Por 
el   contrario,   uno  de   ellos   impactó  en   Echimborde   y  le   provocó   la 
muerte   (fs.   63   de   la   sentencia   que   obra   en   el   Sistema   de   Gestión 
Judicial Lex100).
b. Varios   testigos,   como   Suarez   y   Rodríguez, 
observaron   la   persecución   y   escucharon   los   ruidos   de   los   disparos 
producidos   por   Palermo   (fs.   52/4   de   la   sentencia   que   obra   en   el 
Sistema de Gestión Judicial Lex100).
c. No se acreditó que Quintero Buendía haya efectuado 
disparo alguno y ni siquiera que tuviera un arma de fuego en su poder. 
Tampoco fueron secuestradas armas ni vainas servidas en el rodado 
en que se trasladaba (fs. 55/6 de la sentencia que obra en el Sistema de 
Gestión Judicial Lex100).
d. De los audios de la frecuencia policial no surge que 
Palermo   hubiera   referido   que   el   rodado   que   conducía   Quintero 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 32
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Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
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Buendía tuviese más de un tripulante y en ningún momento indicó que 
disparaba contra el personal policial (íd.). 
e. Palermo   evidenció   un   nivel   de   nerviosismo   en   las 
comunicaciones   que   realizó,   al   punto   que   la   operadora   debió 
solicitarle claridad en sus dichos. En ningún momento de la grabación 
se escuchan disparos (íd.). 
f. El suboficial Vittone señaló que no pensó en usar el 
arma   reglamentaria   por   miedo   a   dispararle   a   otra   persona,   ya   que 
desconocía si el sujeto que perseguían estaba armado y no advirtió 
una  amenaza  para  utilizarla  (fs.  70 de  la  sentencia  que  obra  en  el 
Sistema de Gestión Judicial Lex100). En efecto, los policías Vittone y 
Dos   Santos,   quienes   también   persiguieron   a   Quintero   Buendía, 
colisionaron   con   el   automóvil   y   lograron   detenerlo   (fs.   55   de   la 
sentencia que obra en el Sistema de Gestión Judicial Lex100).
4.  El tribunal de grado consideró que el accionar de Palermo 
fue desproporcionado e injustificado.
Así, para los jueces, ninguna norma avalaba su proceder y su 
conducta   violó   los   deberes   a   su   cargo.   Palermo   actuó   con 
imprudencia,   generando   una   situación   de   riesgo   para   terceros,   al 
realizar   disparos   con   su   arma   de   fuego   de   manera  inmediata, 
arriesgada   y   precipitadamente.   En   particular,   transgredió   el 
Reglamento   General   de   Armas   y   Tiros   de   la   Policía   Federal 
Argentina. 
Además, valoraron que dada su condición profesional de policía 
y   la   actividad   específica   que   desarrollaba   en   la   seccional   sabía 
perfectamente los riesgos que representaba la utilización de un arma 
de fuego en la vía pública, en la posición en que lo hizo desde el 
patrullero en movimiento, un día hábil al mediodía. Palermo debió 
asegurarse que se daban las condiciones necesarias para utilizar su 
arma reglamentaria y no lo hizo. 
5. La solución del caso

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 33
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
De   acuerdo   con   la   estructura   de   la   sentencia   recurrida,   en 
primer   lugar,   corresponde   abordar   la   discusión   relativa   a   la 
configuración del dolo homicida, para luego seguir con el estudio de 
las   particularidades   de   los   delitos   imprudentes   y,   en   ese   marco, 
reseñar los estándares que deben guiar el uso racional de la fuerza por 
parte   de   las   fuerzas   de   seguridad.   Este   marco   teórico   permitirá 
proponer una solución al caso.
6. La discusión sobre el dolo 
En este punto, conviene recordar brevemente lo dicho en los 
precedentes “Paulides”25,  “Espínola Cañete”26,  “Gómez”27,  “Mejía 
Uriona”28  y  “Díaz y Bergara Pérez”29,  en los que  sostuve que la 
discusión sobre el dolo lleva dos siglos  “…dando vueltas sobre sí  
misma…”, según la feliz expresión de  GÜNTHER  STRATENWERTH  en un 
trabajo suyo de 195930. 
En las últimas décadas los autores han alcanzado cierto grado 
de consenso pues, en realidad, el origen de todas las discrepancias 
sobre   la   cuestión   obedece,   quizás,   a   un   problema   básicamente 
terminológico. De esta manera, se alcanzan soluciones idénticas para 
la mayoría de los casos, lo que indica un acuerdo sobre el núcleo de la 
cuestión31.
En cuanto al concepto de dolo, señalé que el profano asocia 
normalmente   dolo   con   intención,   incluso   con   mala   intención;   sin 
embargo, esto es muy discutido –y mayoritariamente rechazado– en la 
ciencia. Cada vez con mayor fuerza, en la doctrina prima la idea de 

25 Sentencia del 19.10.15, Sala II, jueces Morin, Bruzzone y Sarrabayrouse, registro n° 
567/15.
26 Sentencia del 27.10.15, Sala II, jueces Bruzzone, Sarrabayrouse y Morin, registro n° 
595/15.
27 Sentencia del 21.12.15, Sala II, jueces Bruzzone, Sarrabayrouse y Morin, registro n° 
793/15.
28 Sentencia del 3.5.16, Sala II, jueces Morin, Niño y Sarrabayrouse, registro n° 330/16.
29 Sentencia del 11.7.18, Sala II, jueces Días, Sarrabayrouse y Morin, registro n° 817/18.
30  Cfr.   autor   mencionado,  Dolus   eventualis   und   bewuβte   Fahrlässigkeit,  ZStW,   71 
(1959), p. 52, citado por RAMÓN RAGUÉS I VALLÈS, El dolo y su prueba en el proceso penal, J. M. 
Bosch Editor, Barcelona, p. 25, nota 2.
31  Cfr. en este sentido  CLAUS  ROXIN,  Strafrecht.  Allgemeiner Teil,  v.I, 3ª ed., Múnich, 
1997, § 12 nm. 29.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 34
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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que   la   intención,   entendida   estrictamente   como   “voluntad 


incondicionada   de   realizar   el   tipo   penal” 32,   o   bien   juega   un   papel 
secundario en el concepto de dolo o bien no juega ninguno33. En este 
sentido se ha dicho que:  “…El autor actúa con dolo si y sólo si al  
actuar se representa las circunstancias que integran el tipo objetivo  
de una ley penal, esto es, si se representa los elementos constitutivos  
de una conducta definida como prohibida por el derecho…”34.
En España y Alemania el contenido del dolo se fija a partir de 
la regulación legal del error (art. 14.1 del Código Penal español de 
1995 y § 16.1 del alemán): el dolo deberá implicar, por lo menos, la 
realización   de   un   hecho   constitutivo   de   infracción   con   correcto 
conocimiento   de   las   circunstancias   que   integran   el   tipo   de   dicha 
infracción.   Así,   mayoritariamente   se   reconoce   que   el   dolo   implica 
conocimiento   y   algo   más:  conocimiento   y   querer35,   aunque   el 
elemento volitivo difiere de la voluntariedad de la acción. La voluntad 
como elemento del dolo toma como punto de referencia los elementos 
que integran el tipo penal: quien mata de un tiro en la nuca quiere, por 
regla general, causar un resultado de muerte, no quien mata a alguien 
a   consecuencia   de   un   descuido.   No   obstante,   los   trabajos   más 
recientes   sobre   el   tema   avanzan   en   definir   al   dolo   sólo   como 
conocimiento   y   apuntan   a   una   concepción   normativa   o,   con   más 
precisión, como una propiedad normativa que caracteriza a casos36.

32  Cfr. HANS WELZEL, Derecho penal alemán, 4ª ed. Castellana, trad. Bustos Ramírez y 
Yañez Pérez de la 11ª ed. Alemana de 1969, Editorial Jurídica de Chile, 1993, p. 79.
33   Cfr.  ENRIQUE  BACIGALUPO,  Principios de Derecho penal, 4ª ed., Akal/Iure, Madrid, 
1997, pp. 231 y sigs.; las citas han sido tomadas de GABRIEL PÉREZ BARBERÁ, El delito culposo. La  
preterintencionaldiad,  en   Carlos   J.   Lascano   (h),   (Director),  Derecho   penal.   Parte   general,  
Advocatus, Córdoba, 2002, p. 327.
34  Cfr.  MANUEL  CANCIO  MELIÁ,  Estudios sobre imputación objetiva’ Editorial Ad­Hoc, 
Bs. As., 1998, p. 16; sobre las diversas concepciones del dolo como “conocimiento” y voluntad o 
sólo conocimiento, puede consultarse el voto del juez Magariños en autos ‘Ciurana’,  CDPJ nº 10 
‘C’, pp. 545­ 570. 
35 Cfr. RAMON RAGUÉS I VALLÈS, op. cit., pp. 28­29.
36 Cfr. GABRIEL PÉREZ BARBERÁ, El dolo eventual. Hacia el abandono de la idea de dolo  
como estado mental,  Hammurabi, Buenos Aires, 2011; del mismo autor,  Dolo como reproche.  
Hacia el abandono de la idea de dolo como estado mental, revista Pensar en Derecho N° 1, pp. 
169­   211,   dirección   electrónica   http://www.derecho.uba.ar/publicaciones/pensar­en­
derecho/revista­1.php; también puede consultarse la polémica en torno a este trabajo:  FERNANDO 
CÓRDOBA,  Dolo y evitabilidad individual,  revista Pensar en Derecho N° 1, 2012, pp. 213 – 226; 
ÍÑIGO ORTIZ DE URBINA GIMENO, ¿Dolo como reproche? Observaciones sobre método y axiología en  
la propuesta de abandono de la idea de dolo como estado mental, revista Pensar en Derecho N° 2, 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 35
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
A   la   vez,   cabe   destacar   que   el   último   tiempo,   se   ha 
caracterizado   por   la   discusión   en   torno   a   la   llamada  ignorancia  
deliberada,  cuestión que cobró popularidad a raíz de la condena de 
Lionel Messi ocurrida en España37.
Por   mi   parte   considero   que,   con   independencia   de   la 
concepción del dolo, la cuestión fundamental es cómo se prueba, esto 
es,   aquella   corriente   que   analiza   el   tema   desde   su   perspectiva 
procesal. Entre los autores que siguen esta línea pueden citarse tres: 
JOACHIM  HRUSCKA  y  KLAUS  VOLK  en   Alemania;   y  RAMÓN  RAGUÉS  I 
VALLÈS  en España38;  asimismo,  en nuestro país  y en esta  dirección 
puede mencionarse la investigación de MARIO LAPORTA39. Según estos 
autores, la discusión del concepto de dolo no puede desprenderse de 
su prueba. Como explica GABRIEL PÉREZ BARBERÁ, estos planteos ya se 
remontan a los postglosadores y a la doctrina del dolus indirectus. A 
su  vez, esto  se vincula  con la imposibilidad de separar  de manera 
tajante el Derecho penal y el Derecho procesal penal, con múltiples 
repercusiones en distintos ámbitos, que van desde el ejercicio de las 
acciones   penales,   pasan   por   los   presupuestos   procesales   y   las 
condiciones   objetivas   de   punibilidad,   y   llegan   a   temas   como   la 
causalidad o el dolo mismo.
De lo que se trata, en definitiva, es de obtener vías plausibles 
para probar el dolo. 

pp. 357 – 385; LAURA MANRIQUE, Reproche al “dolo como reproche”, revista Pensar en Derecho 
N° 2, pp. 387 – 412;  GABRIEL  PÉREZ  BARBERÁ,  Réplicas a Fernando Córdoba e Íñigo Ortiz de  
Urbina,  revista   Pensar   en   Derecho   N°   2,   pp.   413–422,   publicaciones   accesibles   en 
http://www.derecho.uba.ar/publicaciones/pensar­en­derecho/revista­2.php.   Cfr.   también  MARIO 
MAGARIÑOS,  El límite entre el dolo y la imprudencia, Ad – Hoc, Buenos Aires, 2010;  GUSTAVO 
VITALE, Dolo eventual como construcción desigualitaria y fuera de la ley. Un supuesto de culpa  
grave, Editores del Puerto, Buenos Aires, 2013. 
37 Ver al respecto RAMON RAGUÉS  I VALLÈS, La ignorancia deliberada en Derecho penal, 
Atelier, Barcelona, 2007; ver también el volumen XIII de la revista Discusiones, dedicado a ese 
tema, con contribuciones del mismo RAMON RAGUÉS  I VALLÈS, y comentarios y críticas de ALBERTO 
PUPPO,   MARÍA  LAURA  MANRIQUE,   LUÍS  GRECO  y  BERNARDO  FEIJOO  SÁNCHEZ;   la   publicación   es   de 
diciembre   de   2013   y   es   accesible   a   través   de   la   siguiente   dirección   electrónica: 
https://revistas.uns.edu.ar/disc/issue/view/197. 
38  PÉREZ  BARBERÁ  analiza y critica las posiciones de estos y otros autores en su tesis 
doctoral; cfr. El dolo eventual, p. 584 y sigs.
39 El dolo y su determinación en casación. Normativización y ubicación estructural en  
una concepción personal del injusto, LexisNexix, Buenos Aires, 2007.

Fecha de firma: 05/05/2022


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De esta manera, surge otro arduo problema para la doctrina y la 
jurisprudencia,   pues   la   naturaleza   subjetiva   de   la   voluntad   ha 
planteado siempre dificultades de prueba que a lo largo de la historia 
se   han   intentado   resolver   de   muy   diversas   maneras.   Tanto   en   el 
Derecho   romano   como   en   el   germánico,   la   atribución   del   dolo   al 
sujeto surgía de la valoración de datos de naturaleza objetiva. Durante 
el largo periodo de vigencia del Derecho común predominó la idea de 
que la única prueba válida no sólo ya para determinar el dolo, sino 
para la comisión de cualquier hecho delictivo, era la confesión del 
acusado: de allí que “la reina de las pruebas” pudiera obtenerse bajo 
tormentos.   También   se   apeló   a   otros   criterios   normativos   de 
imputación de resultados, como la fórmula canónica del versare in re  
illicita, que imputa al sujeto como queridos todos aquellos resultados 
que   deriven  de   una   actuación   inicial   ilícita.   Dentro   de  esta   misma 
línea   puede   inscribirse   el   llamado  dolus   ex   re  o  dolus   in   re   ipsa, 
explicado   por  FRAMARINO  DEI  MALATESTA  con   la   idea   de   que  “…el  
hombre, que es un ser racional, no obra sin que sus acciones tiendan  
hacia un fin, y cuando un medio no corresponde sino a determinado  
fin criminoso, el agente no puede haberlo empleado sino para lograr  
ese fin…”40.
Las   discusiones   y   los   intentos   para   acreditar   el   dolo   de   una 
forma fiable e igual en todos los casos continúan hasta la actualidad; 
para   evitar   sentencias   contradictorias,   algunos   autores   proponen 
volver al sistema de prueba tasada; otros, abogan por la aplicación de 
criterios normativos41
Así,   en   la   concepción   tradicional,   donde   se   distingue   un 
elemento cognoscitivo y otro volitivo, puede suceder que se utilicen 

40  Cfr. autor mencionado,  Lógica de las prueba en materia criminal,  4ª ed., Bogotá, 


1995 citado por RAMÓN RAGUÉS I VALLÈS, op. cit., pp. 280­281, nota 774.
41  En este segunda tendencia y de manera simplificada puede mencionarse la obra de 
RAMÓN RAGUÉS I VALLÈS que hemos citado y seguido en este tramo de la sentencia; su posición en 
el punto puede verse en las conclusiones del trabajo mencionado, pp. 519­529; críticos con esta 
doctrina ZAFFARONI/ALAGIA/SLOKAR, a la que consideran una ficción de dolo y cuyos fundamentos 
normativos equiparan “…a la consabida afirmación de que en toda guerra mueren inocentes…”; 
cfr. autores citados, Derecho Penal. Parte General, Ediar, Buenos Aires, 2ª ed., 2002, p. 527.

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argumentos   relacionados   con   la   conciencia   del   individuo   que   no 
puedan ser probados o, incluso, ni el mismo autor conozca.
En definitiva, se trata de que sólo puede probarse aquello que se 
traduzca   en   datos   objetivos   que   puedan   servir   de   indicio   para   esa 
atribución.   Así,   el   concepto   de   dolo   no   puede   deslindarse   de   su 
prueba. Se trata de una imputación que, como tal, debe probarse en el 
proceso, sin que la calificación como dolo eventual pueda cambiar 
algo. Abarca el riesgo inherente a la conducta y lo que debe probarse 
es que el sujeto conocía ese riesgo.
En   esta   línea,   en   los   precedentes   ya   citados   “Paulides”, 
“Espínola Cañete”, “Gómez”, “Mejía Urona” y “Silva” entre otros, 
se   mencionaron   una   serie   de   indicios   tomados   en   cuenta   por   la 
jurisprudencia española42, a partir de los cuales podía atribuirse una 
imputación a título de dolo en el caso del homicidio. Me remito a 
ellos, por razones de brevedad.
7. Los delitos imprudentes
También en otros precedentes desarrollé el marco teórico de los 
delitos   imprudentes.   En   ellos   se   dijo   que   su   importancia   práctica 
aumentó junto con la creciente tecnificación y los peligros generados 
por la técnica, al punto que en Alemania, por ejemplo, casi la mitad de 
los delitos son imprudentes43. 
Su concepto clásico comprendía, en esencia, tres elementos: la  
lesión del bien jurídico, la relación de causalidad existente con esa  
lesión y la previsibilidad del resultado para el autor. Sin embargo, la 
aparición del riesgo permitido modificó radicalmente esta concepción, 
pues la sociedad industrial, tecnificada en casi todos sus ámbitos (la 
producción, el tránsito vehicular e incluso la vida privada) no puede 
evitar por completo cierta cantidad de accidentes como consecuencia 
42 Al respecto, consultar a SABORIT, Felip I D., “Tema 1: El Homicidio y sus formas”, en 
Lecciones de Derecho Penal, Parte Especial, SILVA SÁNCHEZ, Jesús María (dir.), Editorial: Atelier, 
Barcelona, p. 27 y ss., como así también: (SSTS. 57/2004 de 22­1; 10/2005, de 10­1; 140/2005, de 
3­2 ; 106/2005, de 4­2 ; 755/2008, de 26­11; 140/2010, de 23­2 ; 436/2011, de 13­5, y 3807/2012, 
de 22­5).
43  Cfr. Claus ROXIN, Derecho  penal. Parte General,  t. I, Editorial  Civitas, Madrid, 
1997, p. 996.

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de la complejidad de los procesos técnicos, que se convierten en una 
especie de tributo al progreso. 
Tras una larga evolución, hoy se considera mayoritariamente 
que   la   imprudencia   es   un   problema   del   tipo.   De   esta   manera,   una 
conducta puede estar justificada o exculpada en el caso concreto, pero 
en el tipo corresponde decidir si es imprudente. Otro aspecto de la 
discusión  gira en torno a si el disvalor  de resultado debe incluirse 
también en el tipo o debe considerárselo como una condición objetiva 
de punibilidad, pues tanto el finalismo como la teoría de la imputación 
objetiva   refieren   la   imprudencia   al   tipo.   En   este   mismo   sentido, 
destaca  BACIGALUPO  que  “…la   evolución   sufrida   por   la   teoría   del  
delito   en   su   conjunto   no   es,   en   realidad,   sino   una   evolución   que  
partió   de   una   concepción   que   consideraba   el   delito   doloso   como  
prototipo   de   todo   delito   y   que   obligaba,   por   ello,   a   encontrar   el  
‘elemento   doloso’   en   la   culpa   y   terminó   en   otra   concepción   que  
extendió, en sentido inverso, las estructuras del delito imprudente al  
delito doloso…”44. 
En cuanto a la evolución histórica del concepto de imprudencia, 
podemos señalar dos teorías principales: una psicológica (y en este 
sentido   naturalista)   y   otra   normativa   (establecida   en   base   a 
ponderaciones valorativas y jurídicas). Los problemas que la primera 
enfrentó para explicar los casos de la llamada “culpa o imprudencia  
consciente” condujo a la concepción normativa: lo que determina el 
carácter imprudente de una conducta no es un nexo psíquico entre el 
autor   y   el   hecho   sino   la   posibilidad   de   que   sea   objetivamente 
reprochable   en   función   de   consideraciones   jurídiconormativas 
desvinculadas a las particularidades del sujeto, sino que atienden a 
aquellas  características  de la conducta que hacen que en general y 
para cualquiera pueda ser tenida como reprochable45. 
44 Cfr. autor citado, Derecho penal. Parte General, 2ª ed., Editorial Hammurabi, Buenos 
Aires, 1999, p. 342, nm. 659.
45 Cfr. Gabriel PÉREZ BARBERÁ, El tipo culposo. La preterintencionalidad, en Carlos 
J. Lascano (h) (director),  Derecho Penal. Parte General. Libro de estudio, Advocatus, Córdoba, 
2002, pp. 361­362. En lo que sigue, se seguirá este trabajo.

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A su vez, la concepción normativa de la imprudencia reconoce, 
por lo menos, tres variantes: 
a) La más tradicional, que sostiene que la imprudencia consiste 
en la previsibilidad objetiva del resultado46.
b) La teoría de ENGISCH, según la cual, la imprudencia consiste 
en la violación de un deber de cuidado objetivo. 
c)   La   más   moderna,   sostenida   entre   otros   por  ROXIN,   quien 
afirma   que   la   imprudencia   debe   determinarse   por   los   criterios 
desarrollados por la teoría de la imputación objetiva (creación de un 
riesgo   no   permitido,   el   principio   de   confianza,   la   prohibición   de 
regreso y la realización del riesgo no permitido en el resultado). Para 
este autor, el elemento infracción del deber de cuidado no conduce 
más allá de los criterios generales de imputación, y por ser más vago 
que éstos, resulta prescindible. En rigor de verdad, incluso es erróneo 
“desde el punto de vista de la lógica de la norma” pues produce la 
impresión   de   que   el   delito   comisivo   imprudente   consistiría   en   la 
omisión del cuidado debido. Además,  “…el fijarse  en el deber de  
cuidado induce a la suposición errónea de que de la infracción de  
prohibiciones de puestas en peligro abstractas o de normas de tráfico  
extralegales  se deriva  sin  más una imputación imprudente…”.  Sin 
embargo,  ROXIN  admite   que   dentro   de   lo   que   se   considera   como 
creación   de   un   peligro   no   permitido   se   puede   y   se   debe   tener   en 
cuenta lo que la jurisprudencia y la doctrina han establecido para la 
constatación del deber de cuidado47. 
De esta forma, y como consecuencia de la evolución apuntada, 
se   puede   afirmar   que   la   norma   prohibitiva   original   “no   causes  
ninguna consecuencia dañosa” se transformó en “no causes ninguna  
consecuencia dañosa mediante la inobservancia del deber de cuidado  
exigible en el tráfico”, razón por la cual determinar la lesión del deber 
de cuidado objetivo es uno de los problemas centrales que enfrenta la 
46  Cfr.  MANFRED  BURGSTALLER,   ‘Das   Fahrlässigkeitsdelikt   im   Strafrecht’   (“La 
imprudencia en el Derecho penal”, Viena, 1974, p. 76; en la Argentina, Ricardo C. NÚNEZ.
47 Cfr. autor y obra citados, pp. 1000­1001.

Fecha de firma: 05/05/2022


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dogmática del delito imprudente, tarea que no es sencilla. Se afirma 
que la contribución de la dogmática en este aspecto es modesta, pues 
precisar el concepto de “violación del deber de cuidado” por medio de 
deberes concretos de comportamiento  “…sólo es posible realizarlo  
por medio de la jurisprudencia…”. HILGENDORF señala que es utópico 
establecer un cuidado general independiente del caso concreto, pues 
como dice  HAFT, el legislador  sólo puede expresar  una advertencia 
general:  “…Actúa   cuidadosamente.   ¡No   violes   el   deber   de  
cuidado!...”. Dentro de nuestra doctrina, SANCINETTI sostiene la misma 
posición:  el   problema  principal del  ilícito del  delito imprudente  es 
determinar cuál es la norma específica que rige en cada caso concreto, 
esto es, hallar en qué consiste aquello que está prohibido48. 
En este orden de ideas, se ha dicho que en cada caso particular 
se requiere concretar cuál era el deber de cuidado que incumbía al 
autor. Es preciso por lo tanto, definir el deber de cuidado una vez 
conocidas concretamente las circunstancias en las que se desarrolló la 
acción.   La   tipicidad   de   dicha   acción   se   determinará,   entonces, 
mediante la comparación de la acción realizada con la exigida por el 
deber   de   cuidado   en   la   situación   concreta.   En   este   aspecto,   por 
ejemplo y en referencia al tráfico viario, la ley nacional de tránsito 
garantiza cierto “cierre” del delito imprudente, al estipular una serie 
de deberes aplicables a quien participa en aquél. 
Por   otro   lado,   también   se   ha   dicho   que   la   perspectiva   para 
establecer la violación del deber de cuidado siempre debe ser ex ante, 
es decir, debe evaluarse la concreta situación en la que el imputado se 
comportó,   con   independencia   de   la   gravedad   de   los   resultados 
acaecidos;   de   lo   contrario,   frente   a   casos   con   gran   cantidad   de 
afectados, si se adopta un enfoque ex post se corre el riesgo de que sea 
más estricta49.
48 Cfr. Eric HILGENDORF, Strafrechtliche Produzentenhaftung (Responsabilidad penal 
de los fabricantes), Dunckler & Humblodt, Berlín, 1991; Marcelo Sancinetti, Teoría del delito y  
disvalor de acción, Hammurabi, 1ª reimpresión de la 1ª ed., Buenos Aires, 2000, p. 259.
49 Cfr. Eugenio C. SARRABAYROUSE, Responsabilidad penal por el producto, Ad – 
Hoc, Buenos Aires, 2007, p. 582.

Fecha de firma: 05/05/2022


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Asimismo,   en   los   precedentes  “Vincent”50,  “Martínez”51, 
“Pereyra”52,  “García Galisteo”53,  “Gentile”54  y  “Peluffo”55  (entre 
otros),   sostuve   que   en   los   delitos   culposos   se   debe   acreditar   la 
creación de un riesgo no permitido y su concreción en el resultado, de 
acuerdo con los lineamientos de la teoría de la imputación objetiva. 
Como   se   adelantó,   esta   última   comprende   otros   criterios   de 
atribución,   además   de   la   violación   del   deber   de   cuidado   o   la 
previsibilidad   del   resultado.   Se   trata   de   los   principios   llamados   de 
diversas maneras por los autores: “fin de la protección de la norma” o 
“alcance   del   tipo”   (ROXIN)   o   el   de   “competencia   de   la   víctima” 
(JAKOBS) o “imputación a la víctima” (CANCIO MELIÁ). “Estos criterios  
se ocupan de una serie de grupos de casos que tienen por lo menos  
una   característica   en   común:   en   todos   ellos   autor   y   víctima   han  
contribuido   conjuntamente   a   la   afectación   del   bien   jurídico   (por  
‘víctima’ se entiende al titular del bien jurídico afectado). Se trata  
pues   de   determinar   si,   conforme   a   las   características   de   la  
contribución de la víctima, corresponde exonerar completamente al  
autor y atribuirle únicamente a aquélla la lesión del bien jurídico, o  
no...”56. 
Para quienes tratan este grupo de problemas bajo el esquema 
del “alcance del tipo” consideran que los dos primeros niveles de la 
imputación objetiva (creación y realización del riesgo desaprobado) se 
han realizado plenamente; pese a todo no corresponde todavía imputar 
la   conducta   al   tipo   objetivo   por   “ulteriores”   razones.   Quienes 
enfatizan el papel de la víctima, sostienen que nos encontramos ante 

50  Sentencia   del   2.10.17,   Sala   II,   jueces   Morin,   Niño   y   Sarrabayrouse,   registro   n° 
945/17.
51 Sentencia del 15.8.18, Sala II, jueces Morin, Días y Sarrabayrouse, registro n° 950/18.
52  Sentencia   del   11.9.18,   Sala   II,   jueces   Morin,   Días   y   Sarrabayrouse,   registro   n° 
1105/18.
53  Sentencia   del   24.9.18,   Sala   II,   jueces   Morin,   Días   y   Sarrabayrouse,   registro   n° 
1185/18.
54  Sentencia   del   12.11.18,   Sala   II,   jueces   Morin,   Días   y   Sarrabayrouse,   registro   n° 
1437/18.
55 Sentencia del 21.2.19, Sala II, jueces Morin, Días y Sarrabayrouse, registro n° 112/19.
56 Cfr. Gabriel PÉREZ BARBERÁ, op. cit., p. 359.

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criterios que, junto al riesgo permitido, el principio de confianza y la 
prohibición de regreso, se ubican en el primer nivel de la imputación 
objetiva pues su función es contribuir a determinar si se ha creado un 
riesgo no permitido. 
8.   El   uso   racional   de   la   fuerza   por   parte   del   personal 
policial
a.  Otro aspecto importante para resolver el caso, como señalé 
en el precedente “Favero y Quirico” (ya citado), es la regulación del 
uso policial de la fuerza. Se trata de un tema especialmente regulado 
tanto en el sistema de las Naciones Unidas (soft law), como a nivel 
regional. 
En el ámbito de las Naciones Unidas se destaca el Código de 
Conducta   para   Funcionarios   Encargados   de   hacer   cumplir   la   Ley, 
adoptado por la Asamblea General en su Resolución n° 34/169 de 
197957, en el que se ciñe el accionar de las fuerzas de seguridad a 
prácticas acordes al respeto de los derechos humanos (art. 2). Según 
su art. 3, la fuerza debe emplearse sólo en forma excepcional y nunca 
debe ser desproporcionada: “Los funcionarios encargados de hacer  
cumplir la ley podrán usar la fuerza sólo cuando sea estrictamente  
necesario   y   en   la   medida   que   lo   requiera   el   desempeño   de   sus  
tareas.”. 
También corresponde citar aquí los Principios Básicos sobre el 
Empleo   de   la   Fuerza   y   de   Armas   de   Fuego   por   los   Funcionarios 
Encargados   de   Hacer   Cumplir   la   Ley,   adoptados   por   el   Octavo 
Congreso   de   las   Naciones   Unidas   sobre   Prevención   del   Delito   y 
Tratamiento del Delincuente en 1990. En particular, el art. 4, postula 
que   los   funcionarios   encargados   de   hacer   cumplir   la   ley,   en   el 
desempeño de sus funciones: “utilizarán en la medida de lo posible  
57  La   resolución   que   aprueba   el   instrumento   incluye   la   recomendación   de   que   los 
gobiernos consideren favorablemente la posibilidad de utilizarlo en el marco de la legislación o la 
práctica nacionales como conjunto de principios que han de observar los funcionarios encargados 
de hacer cumplir la ley. En este sentido, nuestro país dispuso en el art. 22 de la ley 24.059 de 
Seguridad Interior que: “Los cuerpos policiales y fuerzas de seguridad que integran el sistema de  
seguridad interior (…) deberán incorporar a sus reglamentos las recomendaciones del Código de  
Ética Profesional establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas.” 

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medios no violentos antes de recurrir al empleo de la fuerza y de  
armas de fuego. Podrán utilizar la fuerza y armas de fuego solamente  
cuando otros medios resulten ineficaces o no garanticen de ninguna  
manera   el   logro   del   resultado   previsto.”.  En   ese   marco:  “a)  
Ejercerán moderación y actuarán en proporción a la gravedad del  
delito y al objetivo legítimo que se persiga; b) Reducirán al mínimo  
los daños y lesiones y respetarán y protegerán la vida humana; c)  
Procederán   de   modo   que   se   presten   lo   antes   posible   asistencia   y  
servicios médicos a las personas heridas o afectadas; d) Procurarán  
notificar lo sucedido, a la menor brevedad posible, a los parientes o  
amigos íntimos de las personas heridas o afectadas.” (art. 5).
Además, el citado instrumento internacional indica con claridad 
que los funcionarios no emplearán armas de fuego contra las personas, 
salvo: a) en defensa propia o de otras personas, en caso de peligro 
inminente de muerte o lesiones graves, o b) con el propósito de evitar 
la comisión de un delito particularmente grave que entrañe una seria 
amenaza para la vida, o c) con el objeto de detener a una persona que 
represente ese peligro y oponga resistencia a su autoridad, o d) para 
impedir su fuga, y sólo en caso de que resulten insuficientes medidas 
menos  extremas  para  lograr  dichos   objetivos  (art. 9). En cualquier 
caso,  se   destaca   especialmente   que  “sólo   se   podrá   hacer   uso  
intencional de armas letales cuando sea estrictamente inevitable para 
proteger una vida.” (íd.).
En   ese   marco,   el   uso   de   la   fuerza   se   concibe   como  “…un  
recurso último que, limitado cualitativa y cuantitativamente, pretende  
impedir un hecho de mayor gravedad que el que provoca la reacción  
estatal.”  58.  De  este  modo,  es  caracterizado  por   la excepcionalidad 
tanto por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH o 
Comisión, en adelante) como la Corte IDH, que han coincidido en 
que, para que el uso de la fuerza se encuentre justificado, se deberán 

58 CIDH, Informe Anual 2015, Capítulo IV.A, “Uso de la Fuerza”, párr. 7.

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satisfacer   los   principios   de  legalidad,   absoluta   necesidad   y  


proporcionalidad59.
En   lo   que   aquí   interesa,   el   principio   de  absoluta   necesidad 
refiere   a   la   posibilidad   de   recurrir   a   “las   medidas   de   seguridad  
ofensivas y defensivas estrictamente necesarias para el cumplimiento  
de las órdenes legítimas impartidas por la autoridad competente ante  
hechos violentos o delictivos que pongan en riesgo el derecho a la  
vida o la integridad personal de cualquier habitante”60. A su vez, de 
conformidad con las circunstancias del caso, es necesario “verificar si 
existen otros medios disponibles menos lesivos para tutelar la vida e  
integridad de la persona o situación que se pretende proteger”61. De 
manera concreta, se ha establecido también que no se puede acreditar 
este requisito cuando las personas no representan un peligro directo, 
“inclusive cuando la falta del uso de la fuerza resultare en la pérdida  
de la oportunidad de captura”62.
Con respecto al principio de proporcionalidad la Comisión lo ha 
entendido como  “…la moderación en el actuar de los agentes del  
orden que procurará  minimizar los daños y lesiones que pudieren  
resultar de su intervención, garantizando la inmediata asistencia a  
las   personas   afectadas   y   procurando   informar   a   los   familiares   y  
allegados lo pertinente en el plazo más breve posible”63. En efecto, 
los agentes legitimados para hacer uso de la fuerza deben “…aplicar  
un   criterio   de   uso   diferenciado   y   progresivo   de   la   fuerza,  
determinando   el   grado   de   cooperación,   resistencia   o   agresión   de 

59 CIDH, Informe Anual 2015, Capítulo IV.A, “Uso de la Fuerza”, párr. 7.
60 CIDH, Informe sobre seguridad ciudadana y derechos humanos, 31 de diciembre de 
2009, párr. 116.
61  Corte   IDH:   Caso   Montero   Aranguren   y   otros   (Retén   de   Catia).   Excepciones 
Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 5 de julio de 2006. Serie C Nº 150,  
párrs. 67­68; y Caso Nadege Dorzema y otros vs. República Dominicana. Fondo Reparaciones y 
Costas. Sentencia de 24 de octubre de 2012 Serie C Nº 251, párr. 85
62 Corte IDH: Caso Hermanos Landaeta Mejías y Otros vs. Venezuela. Sentencia de 27 
de agosto de 2014. Excepciones Preliminares, Fondos, Reparaciones y Costas. Serie C Nº 281, 
párr.  134;  Caso Nadege  Dorzema  y otros. Fondo Reparaciones  y Costas. Sentencia  de  24 de 
octubre de 2012 Serie C Nº 251, párr. 85; y Corte Europea de Derechos Humanos, Caso Kakoulli 
v. Turquía, Nº 38595/97. Sentencia de 22 de noviembre de 2005, párr. 108.
63 CIDH, Informe Anual 2015, capítulo IV A, párr. 12; CIDH, Informe sobre seguridad 
ciudadana y derechos humanos, 31 de diciembre de 2009, párr. 119

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parte del sujeto al cual se pretende intervenir y con ello, emplear  
tácticas   de   negociación,   control   o   uso   de   la   fuerza,   según  
corresponda”64. 
Circunstancias   como  “la   intensidad   y   peligrosidad   de   la  
amenaza;  la forma  de proceder  del individuo;  las  condiciones  del  
entorno,   y   los   medios   de   los   que   disponga   el   funcionario   para  
abordar una situación específica”65 son determinantes al momento de 
evaluar la proporcionalidad de las intervenciones de las autoridades 
del   orden,   pues   su   despliegue   de   fuerza   debe   perseguir   en   todo 
momento  “reducir   al   mínimo   los   daños   y   lesiones   que   pudieran  
causarse a cualquier persona”66.
Tal cómo destacó la CIDH, el uso de armas de fuego es una 
medida   extrema.   No   deben   utilizarse   excepto   en   aquellas 
oportunidades en que las instituciones policiales no puedan reducir o 
detener   con   medios   no   letales   a   quienes   amenazan   la   vida   o   la 
integridad de efectivos policiales o de terceras personas67. Asimismo, 
la Comisión considera que la fuerza potencialmente letal no puede ser 
utilizada meramente para mantener o restituir el orden público o para 
proteger   bienes   jurídicos   menos   valiosos   que   la   vida   como,   por 
ejemplo, la propiedad. 
De este modo, sólo la protección de la vida y la integridad física 
ante amenazas inminentes puede ser un objetivo legítimo para usar 
dicha   fuerza68.   Tal   cómo   ha   considerado   el   Relator   Especial   de 

64 CIDH, Informe Anual 2015, capítulo IV A, párr. 12; CIDH, Informe sobre seguridad 
ciudadana y derechos humanos, 31 de diciembre de 2009, párr. 119.
65  CIDH,  Informe   Anual   2015, capítulo  IV  A,  párr.  12;   Principios  básicos  sobre  el 
empleo de la fuerza, Principio Nº 9.
66 Corte ID. Caso Hermanos Landaeta Mejías y Otros vs. Venezuela. Sentencia de 27 de 
agosto de 2014. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Serie C Nº 281, párr. 
136.
67  CIDH,   Informe   de   Seguridad   Ciudadana   y   Derechos   Humanos,   2009,   párr.   118; 
ONU, OHCHR, Informe del Relator Especial sobre las ejecuciones extrajudiciales, sumarias o 
arbitrarias, 1 de abril de 2014, A/HRC/26/36, pár. 58.
68 Consejo de Derechos Humanos, La promoción y protección de los derechos humanos 
en el contexto de las manifestaciones pacíficas, A/HRC/25/L.20, de 24 de marzo de 2014, art. 10; 
Consejo   de   Derechos   Humanos,   La   promoción   y   protección   de   los   derechos   humanos   en   el 
contexto  de las manifestaciones  públicas, A/HRC/RES/25/38 de 11 de  abril  de 2014, art.  10. 
Código de conducta de Naciones Unidas para funcionarios encargados de hacer cumplir la ley y  
Comentario Interpretativo (art. 3) Asimismo, los Principios Básicos de Naciones Unidas sobre el 
Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la 

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Naciones   Unidas   para   las   Ejecuciones   Extrajudiciales,   Sumarias   o 


Arbitrarias, Christof Heyns: “[e]l principio de ‘protección de la vida’  
exige   que   no   se   utilice   intencionalmente   la   fuerza   letal   solo   para  
proteger el orden público u otros intereses similares (por ejemplo, no  
se podrá usar solo para (…) detener a un sospechoso de un delito o  
salvaguardar otros intereses tales como una propiedad). El objetivo  
principal debe ser salvar una vida. En la práctica, esto significa que  
solo   la   protección   de   la   vida   puede   cumplir   el   requisito   de   la  
proporcionalidad cuando se utiliza una fuerza letal intencionalmente,  
y solo la protección de la vida puede ser un objetivo legítimo para  
usar dicha fuerza. No se podrá matar a un ladrón que está huyendo y  
no   supone   un   peligro   inmediato,   aunque   ello   suponga   que   se  
escape”69.
A su vez, el principio de proporcionalidad requiere un juicio de 
valor adicional e independiente acerca de si el daño previsto como 
consecuencia   del   uso   de   la   fuerza   es   justificable   con   respecto   al 
beneficio del propósito deseado. En efecto,  “[a]unque la fuerza sea  
necesaria para lograr tal propósito, esta es permisible únicamente si  
el daño resultante es proporcionado frente a la gravedad del delito y  
la importancia del propósito deseado.”70. 
De este modo, la protección del derecho a la vida en materia de 
seguridad   ciudadana   se   incumple   no   solo   cuando   sus   fuerzas   de 
seguridad   emplean   la   fuerza   letal   fuera   de   los   parámetros 
internacionalmente reconocidos, sino también cuando ­en nombre de 
la prevención y el control del crimen y la violencia­ se apela al uso de 
la fuerza en forma ilegal y arbitraria71. 

Ley (Principio 9).
69 OHCHR, Informe del Relator Especial sobre las ejecuciones extrajudiciales, sumarias 
o arbitrarias, op. cit., Párr. 72 y 73.
70 Cfr. A/72/178, párr. 10.
71  Cfr.   CIDH,   OEA/Ser.L/V/II.   Doc.   57,   párr.   32   y   ALES,   Cecilia   (coord.)   et.   al., 
Regulación y Control del Uso Policial de la Coerción y la Fuerza en Argentina, 1a ed., Buenos 
Aires, Ministerio de Seguridad de la Nación, 2011, p. 213.

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En  este   sentido,   la  Comisión   en   el   Informe   sobre   Seguridad 
Ciudadana y Derechos Humanos72  señaló que  “…la actividad de la  
fuerza   pública   legítimamente   orientada   a   la   protección   de   la  
seguridad ciudadana es esencial en la consecución del bien común en  
una   sociedad   democrática.   [Sin   embargo]   Los   derechos   humanos  
como límites al ejercicio arbitrario de la autoridad constituyen un  
resguardo esencial para la seguridad ciudadana al impedir que las  
herramientas legales con las que los agentes del Estado cuentan para  
defender   la   seguridad   de   todos,   sean   utilizadas   para   avasallar  
derechos.   Por   lo   tanto   el   respeto   y   la   adecuada   interpretación   y  
aplicación de las garantías establecidas en la Convención Americana  
deben servir  a los Estados miembros como guía para encauzar la  
actividad   de   la   fuerza   pública   en   el   respeto   de   los   derechos  
humanos.”73
Del mismo modo, la Corte IDH en el caso “Torres Millacura y 
otros   vs.   Argentina”   estableció   que   si   bien   el   Estado  “…tiene   el 
derecho  y la obligación de garantizar  su seguridad  y mantener el  
orden público, su poder no es ilimitado, pues tiene el deber, en todo  
momento,   de   aplicar   procedimientos   conformes   a   Derecho   y  
respetuosos de los derechos fundamentales, a todo individuo que se  
encuentre  bajo su  jurisdicción”.74  “Así  es que con  la finalidad de  
mantener la seguridad y el orden públicos, el Estado legisla y adopta  
diversas medidas de distinta naturaleza para prevenir y regular las  
conductas   de   sus   ciudadanos,   una   de   las   cuales   es   promover   la  
presencia de fuerzas policiales en el espacio público. No obstante, la  
Corte observa que un incorrecto actuar de esos agentes estatales en  

72 Cfr. CIDH, OEA/Ser.L/V/II. Doc. 57.
73  Cfr. CIDH, OEA/Ser.L/V/II. Doc. 57, párr. 24 y CIDH, Escrito de demanda en el 
Caso   Walter   Bulacio,   de   fecha   24   de   enero   de   2001,   párrafos   61   y   62.   Disponible   en 
http://www.corteidh.or.cr/expediente_caso.cfm?id_caso=77.
74  Cfr. Corte IDH, Caso Torres Millacura y otros Vs. Argentina. Sentencia de 26 de 
agosto de 2011. Serie C No. 229, párr. 69; Caso Velásquez  Rodríguez Vs. Honduras. Fondo. 
Sentencia de 29 de julio de 1988. Serie C No. 4, párr. 154; Caso Servellón García y otros Vs. 
Honduras. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 21 de septiembre de 2006. Serie C No. 
152, párr. 86, y Caso Cabrera García y Montiel Flores Vs. México. Excepción Preliminar, Fondo, 
Reparaciones y Costas. Sentencia de 26 de noviembre de 2010. Serie C No. 220, párr. 87.

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su interacción con las personas a quienes deben proteger, representa  
una de las principales amenazas al derecho a libertad personal, el  
cual, cuando es vulnerado, genera un riesgo de que se produzca la  
vulneración   de   otros   derechos,   como   la   integridad   personal   y,   en  
algunos casos, la vida.”75.
En   ese   marco,   para   cumplir   correctamente   sus   funciones   los 
agentes policiales cuentan con una serie de facultades que implican la 
posibilidad de usar la coerción y la fuerza en determinados supuestos. 
Sin embargo, su uso solo será válido en la medida en que tenga por fin 
no solo el cumplimiento de una obligación legal, sino que se ejerza 
respetando los derechos de las personas y, en concreto, el derecho a la 
vida.
b. En lo que respecta al plano local, el Reglamento General de 
Armas   y   Tiro   de   la   Policía   Federal   Argentina76,   analizado   en   la 
sentencia   recurrida,   y   cuya   aplicación   al   caso   no   está   discutida, 
ratifica   ­en   términos   generales­   los   principios   recién   mencionados. 
Así, establece que  “…el uso de las armas exige siempre una causa  
suficiente,   razonable   y   demostrable   en   juicio   para   justificar   el  
enfrentamiento   con   personas   armadas,   con   el   mínimo   de   riesgo  
posible para la integridad física de terceros inocentes” (Capítulo X, 
punto “B”). En lo que respecta a disparos contra vehículos dispone: 
“f.1) No se efectúan disparos contra vehículos en movimiento para  
forzar su detención. f.2) Reunidas las condiciones de los puntos B) y  
C),   se   dispara   contra   el   conductor   u   ocupantes,  siempre   que   no  
exista peligro para el público que exceda el propósito de evitar la  
fuga” (Capítulo X, punto “F”, el destacado no es del original). 
Por otra parte, se estipulan criterios particulares para evaluar la 
necesidad   del   uso   de   las   armas   en   casos   de   situación   de   peligro 
inminente, estableciendo que: “a.1.1) Existe aun cuando el agente no  

75 Cfr. Corte IDH, Caso Torres Millacura y otros Vs. Argentina., op. cit., párr. 70; Caso 
Servellón García y otros Vs. Honduras, supra nota 51, párr. 87.
76 R.G.P.F.A. Nº 8, suplemento de la Orden del Día Interna n° 25 del 06.02.2012.

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Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
se   encuentre   encañonado.   a.1.2)   Cuando   el   sospechoso   posee   un  
arma   o   trata   de   acceder   a   ella   en   circunstancias   que   indican  
intención de utilizarla contra el agente o terceros. a.1.3) Cuando el  
sospechoso   armado   busca   ventaja   táctica   parapetándose,  
ocultándose   o   mejorando   su   posición   de   tiro.   a.   1.4)   Cuando   el  
sospechoso   tiene  capacidad  de  producir  muerte   o lesiones   graves,  
aún sin armas y demuestra intenciones de hacerlo. a.1.5) Cuando el  
sospechoso,   luego   de   una   confrontación   violenta   en   la   que   ha  
producido   muertes   o   lesiones   graves,   o   lo   ha   intentado   sin  
conseguirlo, huye de la escena del crimen manteniendo su nivel de  
agresividad y continúa disparando su arma contra el agente policial  
o terceros”.
9. La solución del caso
Sentado el marco teórico en el que se desenvuelve la cuestión, 
adelanto que el punto central de mi disenso con la propuesta del juez 
Días, es que considero que el comportamiento de Palermo debe ser 
juzgado  en   el   contexto   general   de   su   actuación   y   no   ceñido   al  
resultado que produjo y su previsibilidad. En este aspecto, el dolo y la 
imprudencia son conceptos graduables y continuos; de allí que sea 
difícil en ciertos casos, como el presente, establecer una línea tajante. 
Sin   embargo,   reitero,   para   alcanzar   una   solución   correcta   debe 
examinarse el contexto en que se desarrolló.
Por lo demás, está claro que tanto para la sentencia como para 
los recurrentes, Palermo infringió los deberes a su cargo; el punto es 
si el resultado ocurrido (esto es, la muerte de Echimborde) se le puede 
atribuir imprudentemente (como sostiene la sentencia) o de manera 
dolosa (como plantean los recursos). En este sentido, puede afirmarse 
que, por lo menos,  Palermo debía cumplir con dos deberes que no  
colisionaban entre sí: perseguir a quien había cometido un ilícito; y, 
en esa persecución, no poner en peligro la vida de terceras personas 
inocentes y ajenas al suceso. 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 50
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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Aquí resulta fundamental atenernos a los hechos probados. De 
este   modo,   Palermo,   en   el   ejercicio   de   sus   funciones,   persiguió   a 
Quintero Buendía alrededor de 30 o 35 cuadras para detenerlo. Aquél 
había intentado un robo, un martes de diciembre de 2016 cerca de las 
14 hs. y Palermo, durante esa persecución, fue la única persona que 
disparó. En total, efectuó once disparos con su arma reglamentaria. 
Siete los realizó en la calle Basualdo. De ellos, ninguno acertó en el 
automóvil   conducido   por   Quintero   Buendía.   Uno   impactó   en 
Echimborde,   mientras   se   hallaba   en   la   puerta   de   su   domicilio   y 
realizaba   reparaciones   en   su   vehículo.   A   raíz   de   este   impacto, 
Echimborde murió. 
A ello se suma que, pese la afirmación realizada por la defensa 
en   sus   breves   notas   vinculada   a   que   las   cámaras   de   seguridad 
evidencian que “…el lugar estaba prácticamente desierto...” (cfr. fs. 
18 del escrito que obra en el Sistema de Gestión Judicial Lex100), los 
testigos Bassani Suárez y Leonel Alejandro Rodríguez, observaron la 
persecución y escucharon los ruidos de las detonaciones que además 
pasaron cerca de ellos (ver fs. 27/8 y 33 de la sentencia que obra en el 
Sistema de Gestión Judicial Lex100). De este modo, Suárez pudo ver 
el momento en que Palermo disparó hacia el automóvil conducido por 
Quintero Buendía, sin que este último hubiese hecho fuego sobre el 
móvil policial; mientras que Rodríguez, quien regresaba de comprar  
en el kiosco ubicado al lado de la casa de Echimborde, al cruzar la  
calle “…escuchó un zumbido y se fue corriendo…” (ver fs. 33 de la 
sentencia   que   obra   en   el   Sistema   de   Gestión   Judicial   Lex100,   el 
destacado no es del original); también vio cómo caía Echimborde, en 
el mismo momento en que un patrullero pasaba por la calle Basualdo. 
Por el contrario,  no está probado que Quintero Buendía haya  
disparado en esa persecución y ni siquiera que tuviera un arma en su  
poder   o   rastros   de   pólvora   en   sus   manos.  Tampoco   fueron 
secuestradas armas ni vainas servidas en el auto en que huyó.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 51
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
A   su   vez,   tal   como   lo   afirmó   la   sentencia,   Palermo   en   sus 
comunicaciones   con   la   central   policial,  no   indicó   que   el   rodado  
conducido   por   Quintero   Buendía   tuviese   más   de   un   tripulante;  
tampoco que hubiese efectuado disparos contra el personal policial  
(ver fs. 55/6 de la sentencia que obra en el Sistema de Gestión Judicial 
Lex100). Por su parte, Palermo evidenció un alto nivel de nerviosismo 
en las comunicaciones que realizó, al punto que la operadora debió 
solicitarle   claridad   en   sus   dichos,   que   precise   bien   el   camino   que 
estaban haciendo para informar su ubicación a los restantes móviles y 
el destino que debían tomar. Se escucha también un pedido de cortar 
las calles, lo que finalmente fue ordenado por el personal superior. 
Como   se  señaló,  en  ningún  momento  de  la  grabación  se   escuchan 
disparos, ni se los refiere (ver fs. 56 de la sentencia que obra en el 
Sistema de Gestión Judicial Lex100). 
Además, el suboficial Oscar Donato Vittone, integrante de la 
seccional 36, señaló que no pensó en usar el arma reglamentaria por 
miedo a pegarle un tiro a otra persona, ya que desconocía si el sujeto 
que perseguían estaba armado y  no advirtió amenaza alguna para  
usar   el   arma.   En   efecto,   los   policías   Vittone   y   Oscar   Martín   Dos 
Santos,   quienes   también   persiguieron   a   Quintero   Buendía,   lo 
colisionaron para lograr detenerlo. 
Por lo demás, lo que Palermo manifestó en su indagatoria no 
tuvo sustento en prueba alguna.
En   definitiva,   está   claro   que   Palermo   creó   un   riesgo 
elevadísimo   al  disparar   en  once  oportunidades   (tanto  en  una   calle, 
como en una avenida), y conocía las circunstancias que rodeaban su 
accionar: una persecución armada a alta velocidad, a plena luz, un día 
de   semana,   en   una   zona   urbana   poblada   por   la   que   transitaban 
diferentes   personas.   Las   balas   que   disparó   fueron   percibidas   por 
distintos transeúntes y  pudieron impactar también en ellos o en el  
conductor   que   se   fugaba.  Por   lo   tanto,   conocía   que   con   su 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 52
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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comportamiento   podía   producir   la   muerte  de   cualquiera   de   las  


personas ubicadas en el trayecto de la persecución; así, realización 
del   tipo   le   resultaba   posible   y   la   cantidad   de   disparos   realizados, 
permite   afirmar   que   aprobó   aquélla.  Estos   conocimientos,   además, 
están   avalados   por   su   experiencia   profesional   (integrante   de   una 
fuerza   de   seguridad   con   doce   años   de   antigüedad,   y   la   actividad 
específica que desarrollaba en la seccional policial). Así, considero 
que Palermo actuó, por  lo menos, con dolo eventual en el sentido 
indicado. En este aspecto, la prohibición de la  reformatio in pejus  
impide considerar el resto de las tentativas de homicidio que entiendo 
presentes con respecto a los peatones y al conductor del auto en fuga.
10.  Finalmente,  advierto  que  los   precedentes  “Paulides”  (ya 
citado) y “Martinero”77 presentan diferencias con el presente caso, en 
particular,  porque  se  trata  de  hechos   que  no  fueron  cometidos   por 
integrantes de las fuerzas de seguridad. De este modo, como se reseñó 
en el punto III.8 de este voto, el uso de la fuerza por parte de esta 
clase de funcionarios requiere el cumplimiento de los deberes a su 
cargo, en especial, el uso limitado de la fuerza en general y de las 
armas   de   fuego   en   particular,   en   los   supuestos  estrictamente  
necesarios.  En este sentido, los agentes  policiales  deben buscar  en 
todo momento “reducir al mínimo los daños y lesiones que pudieran  
causarse a cualquier persona”78.
11. En consecuencia, considero que los hechos probados en la 
sentencia   conducían   a   afirma   la   presencia   de   dolo   eventual   en   la 
conducta de Palermo. Por tanto, a partir del análisis efectuado y de 
conformidad   con   lo   peticionado   por   la   querellante   y   la   fiscalía, 
concluyo que la conducta reprochada debe imputarse como dolosa (a 

77  Sentencia   del   6.12.19,   Sala   II,   jueces   Sarrabayrouse,   Morin   y   Días,   registro   n° 
1855/19.
78 Corte IDH, Caso Hermanos Landaeta Mejías y Otros Vs Venezuela. Sentencia de 27 
de agosto de 2014. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Serie C Nº 281, 
párr. 136.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 53
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
título de dolo eventual), y por tanto, el caso debe ser encuadrado en el 
art. 79, CP.
IV. Las agravantes previstas en los arts. 41 bis y 80 inc. 9°, 
CP
1.  Como   lo   señala   el   voto   del   juez   Días,   los   querellantes 
sostuvieron que correspondía agravar la calificación legal y aplicar las 
normas previstas en los arts. 41 bis y 80, inc. 9°, CP. Al respecto, la 
acusación privada recordó que el imputado empleó un arma de fuego 
para   provocar   la   muerte   de   Echimborde   y   obró   en  abuso   de   sus  
funciones. 
Para la querellante, el tipo penal agravado previsto en el inc. 9°, 
art. 80, CP, resulta aplicable  a todos  los homicidios cometidos por 
policías  que   no   se   encuentren   amparados   en   una   causa   de  
justificación. A esto sumó el repaso de los argumentos desplegados 
por   el   tribunal   de   mérito,   para   calificar   como   imprudente   el 
comportamiento de Palermo (ver fs. 1342 vta.).
2. Con respecto a la aplicación del art. 41 bis, CP, en los casos 
“Espínola   Cañete”79,   “Gómez”80,   “Cañete   y   Aranda”81,   “Berrios 
Puinche”82, “Lombardo y Papini”83, “Pérez”84 y “Guanca y otros”85 
(entre muchos otros) ­a cuyo análisis me remito­ concluí que, mientras 
exista el abuso de armas en nuestro Código Penal, debe tener alguna 
función; y, si la tiene, según lo proclamado por la jurisprudencia y la 
doctrina mayoritaria, neutraliza la aplicación del art. 41 bis a la figura 

79 Sentencia del 27.10.15, Sala II, jueces Bruzzone, Sarrabayrouse y Morin, registro n° 
595/15.
80 Sentencia del 21.12.15, Sala II, jueces Bruzzone, Sarrabayrouse y Morin, registro n° 
793/15.
81  Sentencia   del   12.4.17,   Sala   II,   jueces   Morin,   Niño   y   Sarrabayrouse,   registro   n° 
250/17.
82 Sentencia del 25.2.16, Sala III, jueces Mahiques, Sarrabayrouse y Jantus, registro n° 
123/16.
83  Sentencia   del   30.5.17,   Sala   II,   jueces   Morin,   Niño   y   Sarrabayrouse,   registro   n° 
415/17.
84  Sentencia   del   22.11.17,   Sala   II,   jueces   Morin,   Niño   y   Sarrabayrouse,   registro   n° 
1210/17.
85 Sentencia del 14.5.19, Sala II, jueces Sarrabayrouse, Morin y Días, registro n° 556/19.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 54
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
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de homicidio y a las lesiones cometidas mediante el uso de un arma de 
fuego. 
Por lo expuesto, entiendo que corresponde rechazar este planteo 
de la parte querellante.
3. Por otra parte, y en lo que se refiere a la agravante prevista 
en   el   art.   80,   inc.   9º,   CP,   advierto   que   los   hechos   de   este   caso 
presentan diferencias significativas con los precedentes “Álvarez”86 y 
“Otero”87, en los que fue aplicada.
Aquí, no está en discusión que Palermo cumplió con su deber al 
perseguir   y   tratar   de   detener   a   Quintero   Buendía.   El   problema   se 
centra en determinar si el acusado cometió el homicidio abusando de 
su función o cargo.
La agravante del homicidio por el abuso de las funciones de un 
miembro   integrante   de   las   fuerzas   de   seguridad,   policiales   o   del 
servicio penitenciario (art. 80, inc. 9º, CP) fue introducida por la ley 
25.816 del  2003. La regla tiene su  origen en los  proyectos  de ley 
elaborados   por   quienes   entonces   eran   la   senadora   Beatriz   Susana 
Halak   y   el   senador   Juan   Carlos   Maqueda.   Los   fundamentos   del 
proyecto fueron los datos estadísticos según los cuales, la principal 
causa de detención de integrantes o ex integrantes de las fuerzas de 
seguridad   eran   casos   de   homicidio,   destacando   que   no   resultaba 
razonable “…condenar por la comisión de un mismo hecho, con igual  
dureza a un ciudadano común que a un integrante de las instituciones  
de   seguridad,   ya   que   el   mismo,   justamente,   ocupa   ese   lugar   para  
evitar la comisión de delitos.” 88. De ese modo, “…para preservar la  
salud   de   [las]   instituciones,   es   que   [debían]   ser   castigados   más  

86  Sentencia   del   17.5.16,   Sala   II,   jueces   Niño,   Morin   y   Sarrabayrouse,   registro   n° 
369/16.
87  Sentencia   del   10.12.20,   Sala   II,   jueces   Sarrabayrouse,   Morin   y   Días   registro   n° 
3351/20.
88 Cfr. Cámara de Senadores de la Nación, orden del día N° 1562, 28 de noviembre de 
2002, pág. 4.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 55
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severamente   quienes   realizan   conductas   totalmente   contrarias   a  
aquellas por las cuales fueron puestos en sus funciones.”89. 
En el debate parlamentario, la senadora Halak destacó  “…la  
cada vez más frecuente participación de personal policial en hechos  
delictivos...”  y   sostuvo   que,   por   ello,   era   “…fundamental   crear  
mecanismos   legales   capaces   de   inhibir   el   crecimiento   de   este  
fenómeno.”. En ese marco, indicó que el proyecto “…crea sanciones  
más severas para aquellos miembros de las fuerzas de seguridad que  
en ejercicio de sus funciones actúan con una conducta absolutamente  
contraria a la que deberían ejercer.”.
En   definitiva,   el   objetivo   era   penalizar   más   gravemente   las 
muertes producidas por integrantes de las fuerzas de seguridad en los 
casos comúnmente denominados de “gatillo fácil”.
La   regla   exige   que   el   sujeto   activo   calificado   (esto   es,   el 
integrante   de   la   fuerza   de   seguridad,   policial   o   del   servicio 
penitenciario) mate a otra persona  abusando de su función o cargo. 
Sin   embargo,   no   existe   consenso   en   la   doctrina   en   cuanto   a   la 
ubicación de este requisito del tipo penal. Hay quienes sostienen que 
el abuso de las funciones constituye un  elemento del tipo objetivo90, 
mientras que otros consideran que se trata de un elemento especial de 
la tipicidad subjetiva (un elemento del ánimo)91. 
También hay quienes plantean la posibilidad de que el delito 
exija un dolo especial92, posición a la que parece orientarse Edgardo 
A.  DONNA  al   indicar   que   se   trata   de   un   delito   doloso  “…con   un  
elemento adicional, que debe saber que abusa del cargo, que viene a  

89 Cfr. Cámara de Senadores de la Nación, orden del día N° 1562, 28 de noviembre de 
2002, pág. 4.
90  En este sentido  MOLINA,  Gonzalo Javier, Manual de Derecho Penal. Parte Especial, 
Contexto, 2021, p. 120.
91 De este modo, Gustavo AROCENA entiende que existe en la configuración del delito un 
componente subjetivo especial: “un elemento del ánimo”, en la medida en que el sujeto activo 
debe matar abusando de su función o cargo, cfr. autor citado, “La ley 25.816 y el hurto, el robo y 
el   homicidio   cometidos   por   miembros   integrantes   de   la   fuerza   de   seguridad,   policiales   o   del 
servicio penitenciario”, en Reformas al Código Penal, B de F, Montevideo, 2005, p. 119. 
92  En  este  sentido también:  VILLADA,  Jorge  L.,  Delitos contra   las personas,   La  Ley, 
Buenos Aires, 2004, p. 58, cfr. VERDE, Claudia en BAIGUN, David; ZAFFARONI, Eugenio Raúl 
(directores);   Código   Penal   y   normas   complementarias,   Análisis   doctrinal   y   jurisprudencial; 
Editorial Hammurabi, Buenos Aires, 2007, p. 431.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 56
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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ser un elemento subjetivo del tipo penal.”   93. En sus palabras, abusa 
quien  “…utiliza el cargo por fuera de la ley, en este caso, se mata,  
pero como miembro de la fuerza de seguridad o penitenciaria, pero  
en   funciones.   Sabe   el   sujeto   que   debe   sujetarse   a   la   ley   y,   sin  
embargo,   la   viola   y   mata,   amparándose   en   ella.   Allí   está   lo  
despreciable del acto y la justificación de la pena, si se la quiere  
buscar.   Como   cualquier   funcionario   público   que   haga   la   misma  
acción. No respeta la ley pero se ampara en ella para violarla. Es la  
destrucción de la República.”94. 
En   definitiva,   y   más   allá   de   la   ubicación   dogmática   de   este 
requisito, lo cierto es que la afirmación de un abuso funcional debe ser 
analizado rigurosamente en cada caso particular debido a la gravedad 
de   la   pena   establecida.   En   este   aspecto,  está   claro   que   no   todo  
homicidio   cometido   por   un   funcionario   policial,   de   las   fuerzas   de  
seguridad   o   penitenciarias   será   automáticamente   uno   agravado,  
porque   de   ser   así,   sería   un   endurecimiento   del   castigo   carente   de 
reproche  subjetivo   alguno   que   lo  acercaría   a  un   Derecho  penal   de 
autor. 
Desde   otra   perspectiva,   y   de   acuerdo   con   los   parámetros 
desarrollados   acerca   del   alcance   del   recurso   de   la   acusación, 
considero que la parte querellante no ha aportado argumento alguno ni 
ha demostrado qué elementos permiten afirmar que la conducta de 
Palermo   debe   ser   considerada   un   homicidio   agravado.   En   este 
aspecto,   reitero,   la   querellante   afirma,   únicamente,   que  todo 
homicidio  cometido  por   un  integrante   de  las  fuerzas   de  seguridad, 
policiales o del servicio penitenciario ingresa  automáticamente  en el 
art. 80, inc. 9º, CP, si no está amparado en una causa de justificación. 
Esa   afirmación   requería   razones   adicionales,  máxime   cuando   la 
fiscalía expresamente excluyó la agravante.  Sin embargo,  el recurso 
93 Cfr. autor citado, Derecho penal. Parte especial, 4ª ed., Rubinzal ­ Culzoni, Santa Fe, 
2011,   t.   1,   p.   136.   Al   respecto   también   Claudia  VERDE;   en  BAIGUN,   David;  ZAFFARONI, 
Eugenio   Raúl   (directores);   Código   Penal   y   normas   complementarias,   Análisis   doctrinal   y 
jurisprudencial; op. cit., p 307.
94 Cfr. DONNA, Edgardo A., Derecho penal. Parte especial, op. cit., p. 137.

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ninguna explicación ha brindado al respecto, ni se ha hecho cargo de 
las   diferentes   cuestiones   dogmáticas   que   sucintamente   han   sido 
expuestas   (ubicación   de   la   agravante,   conocimiento   exigible,   etc.). 
Todo esto conduce a rechazar, sin más, este planteo. 
V. La determinación de la pena
En virtud de la solución recién propuesta, y a fin de garantizar 
el   contradictorio,   atento   a   la   escala   penal   del   delito   de   homicidio, 
propongo apartar a los jueces que intervinieron en el caso y reenviarlo 
para que, con la integración de otro tribunal y previa realización de 
una audiencia entre las partes, fije la pena que corresponde según los 
parámetros establecidos en los arts. 40 y 41, CP. 
VI.  Por   lo   expuesto,   propongo   al   acuerdo   hacer   lugar 
parcialmente al recurso de la querellante y la fiscalía y, de este modo: 
1) casar el punto I de la sentencia, modificar la calificación legal allí 
fijada y condenar a Diego Hernán Palermo por el delito de homicidio 
simple (art. 79, CP); 2) apartar a los jueces del Tribunal Oral en lo 
Criminal y Correccional n° 13 que dictaron la sentencia impugnada, y 
remitir el caso a la instancia para que, con otra integración, previa 
realización de una audiencia entre las partes, se fije la nueva pena 
según la calificación establecida; y 3) rechazar el resto de los agravios 
deducidos por la parte querellante. Sin costas (arts. 456, incs. 1° y 2º, 
470, 471, 530 y 531, CPPN).
El juez Daniel Morin dijo: 
1. Según lo relevado por el colega Días, los agravios planteados 
por los recurrentes pueden resumirse del siguiente modo: 1) que el 
suceso   atribuido   a   Palermo   se   cometió   con   dolo   eventual,   b)   que, 
además, el  a quo  debería haber aplicado la agravante prevista en el 
art. 41 bis, CP; c) y la contenida en el art. 80 inc. 9, CP y, por último, 
d) que el monto de pena impuesto al nombrado resultó arbitrario.
2. Corresponde entonces, a efectos de abordar la primera crítica 
introducida por los acusadores, especificar cuál es el punto desde el 

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cual  se parte para aseverar que un resultado puede ser imputado a 
título de dolo o culpa.
Durante el último siglo el debate se ha centrado básicamente en 
la   correcta   fijación   de   la   frontera   teórica   entre   ambos   títulos   de 
imputación acudiendo a las figuras denominadas dolo eventual y la 
culpa consciente.
Concretamente, en un contexto en el que el dolo se definía en 
términos   psicológicos   como   el   conocer   y   querer,   el   problema   se 
planteaba en aquellos supuestos en los que el resultado no constituía 
el objeto directo de la acción.
Las doctrinas en pugna se ubicaron en dos campos antagónicos, 
según   que   el   asiento   de   la   solución   se   buscara   en   el   elemento 
voluntario del dolo o en su elemento intelectual (cognoscitivo)95.
La primera, conocida como “teoría de la voluntad”96, sostiene 
que para afirmar la presencia del dolo, además de la representación, 
hace falta un querer, que se manifiesta en una cierta actitud interior en 
el autor del hecho respecto del resultado.
La   forma   de   determinar   si   el   autor   mantenía   esa   especial 
relación   emocional   con   el   resultado   fue   la   de   acudir   a   la   primera 
fórmula de Frank: concurrirá el consentimiento necesario para afirmar 
la   verificación   del   dolo   eventual   cuando   la  previsión   del  resultado 
como seguro no habría tenido virtualidad para detener al autor, esto 
es,   no  habría  obrado   como  contramotivo  para  que  desistiera  de  su 
accionar.
La   segunda,   menos   relevante   a   nivel   doctrinario,   conocida 
como “teoría de la representación”97, deja a un lado la perspectiva 
apriorística de dolo como voluntad y exige que el autor conozca la 

95  Cfr. Sancinetti, Marcelo: Teoría del delito y disvalor de acción, Ed. 
Hammurabi, Buenos Aires, 2004, p. 155.
96  Y   sus   distintas   versiones,   como   la   teoría   del   consentimiento   (de 
aprobación interna del resultado) o la teoría del sentimiento (de la motivación del 
autor), entre otras.
97  También con distintas variantes, como la teoría de la posibilidad, la 
teoría de la  probabilidad, entre otras.

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posibilidad   de   la   producción   del   resultado,   preponderando   así   el 
elemento intelectual sobre el voluntario.
La   discusión   comienza   a   tener   un   giro   a   partir   de   los   años 
cincuenta del siglo pasado, con la sentencia del llamado “Caso de la 
correa   de   cuero”   (“Lederriemenfall”),   dictada   por   el   Tribunal 
Supremo Federal Alemán (BGH).
El BGH comienza su análisis sentándose sobre los hombros de 
la teoría del  consentimiento:  “es cierto que el conocimiento de las 
posibles   consecuencias   de   una   determinada   acción   y   el 
consentimiento   sobre   dichas   consecuencias   son   dos   requisitos 
independientes del dolo eventual (...)”.
Sin embargo, prosigue: “Al afirmarse esto no se parte de que el 
autor   quiera   en   sentido   jurídico   un   resultado   cuando   solamente   lo 
haya advertido como posible (...). De las circunstancias reseñadas se 
puede   deducir  sin   lugar   a  dudas  que   los   acusados  no  deseaban   en 
modo alguno la muerte de M. (...). El consentimiento del resultado, 
que según la jurisprudencia del Reichsgericht y del Bundesgerichtshof 
constituye el elemento decisivo para distinguir el dolo eventual de la 
culpa   consciente,   no   significa   que   el   resultado   deba   satisfacer   los 
deseos   del   autor.  Puede   darse   dolo   eventual   incluso   cuando   el 
acaecimiento del resultado sea algo que resulte indeseable para 
dicho   autor.  Sin   embargo,   éste  aprueba   el   resultado   en   sentido 
jurídico   cuando,   de   acuerdo   con   el   objetivo   que   ambiciona, 
necesariamente, esto es, por no poder alcanzar dicho objetivo de 
otra manera, se conforma con que su acción causa el resultado en 
sí mismo no deseado y por ello, para el caso concreto, lo quiere 
(...) El dolo eventual se diferencia del no eventual en que el resultado 
indeseado no se prevé como necesario, sino tan sólo como posible. Se 
diferencia de la imprudencia consciente  en que el autor que actúa 
con   imprudencia   consciente  confía   en   que   el   resultado   previsto 

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como posible no va a acaecer y por ello acepta el peligro, mientras 
que el autor que actúa con dolo eventual acepta precisamente dicho 
peligro, porque en la medida en que no puede conseguir un objetivo 
de   otra   manera,   también   lo   quiere   conseguir   mediante   el   método 
indeseado”.
Como se puede apreciar a simple vista, ésta es la teoría, que 
podría   considerarse   dominante,   que   después   se   reproduce   en   los 
manuales de derecho penal para explicar, con ligeras diferencias, en 
qué consistiría el dolo eventual: el autor se representa el resultado y se 
conforma con su producción; y su distinción con la culpa consciente, 
cuando   el   autor   se   representa   el   resultado   y  confía   en  su   no 
producción.
Ninguno   de   esos   manuales,   con   los   que   fuimos   formados 
generaciones   de   abogados,   tanto   en   Alemania   como   en   Argentina, 
explica   de   dónde   surgía   esa   distinción   y,   en   definitiva,   de   qué   se 
estaba hablando.
Lo   primero   que   se   advierte,   cuando   el   intérprete   tiene   el 
panorama completo, es que bajo el manto de una teoría de la voluntad 
pretensamente   pura   se   esconde   una   formulación   completamente 
diferente.
Si dolo es saber y querer, y resulta que también quiere quien no 
quiere pero se conforma con ello, es poco lo que se puede obtener de 
una construcción de esa naturaleza para explicar un concepto de la 
complejidad que presenta el dolo eventual.
Si, además, la determinación acerca de cuáles son los extremos 
para tener  por válido que la confianza es suficiente para fundar  la 
responsabilidad por culpa no se asienta en lo que el autor piensa a 
título individual sino en criterios objetivos, se advierte que nada queda 
de la definición de dolo como saber y querer.
Para   decirlo   concretamente:   querer   en   sentido   jurídico   y 
confianza en términos objetivos no aclaran absolutamente nada. Son, 

Fecha de firma: 05/05/2022


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simplemente,   conceptos   vacuos   que   conducen   a   concluir   que   el 
elemento volitivo carece de relevancia alguna a la hora de definir el 
título de imputación.
Frente a este panorama incierto, se intentó buscar una solución 
al problema a partir de un punto de partida diferente: lo que define si 
la conducta se encuentra abarcada por el tipo doloso o el culposo es el 
tipo objetivo.
Lo   que   proponen   las   denominadas   “teorías   objetivas   o 
normativas” es que la existencia de dolo o culpa se determina en 
función del análisis,  ex ante, del nivel de riesgo introducido por el 
agente con la conducta que realiza y la naturaleza de ese riesgo, que 
debe   ser   conocido   por   el   autor98.   Desde   esta   perspectiva   pierde 
virtualidad la discusión acerca del límite entre el dolo eventual y la 
culpa consciente: habrá dolo o culpa –a secas– de acuerdo a la clase 
de riesgo que el autor introduzca.
Se   destaca,   en   este   sentido,   que   “la   acción   dolosa   y   la 
imprudente, como tales, son distintas y están prohibidas por normas 
diferentes,   que   subyacen   a   tipos   penales   de   contenidos   no 
coincidentes:   la   creación   del   peligro   que   es  objetivamente 
despreciable para el autor, está prohibida sólo por la norma del delito 
imprudente; un peligro que se presenta como efectivamente concreto 
–por escasa que sea su posibilidad– está prohibido por la norma del 
delito doloso”.
Cuando una acción genera un riesgo no cubierto por el ámbito 
del riesgo permitido, el primer contexto de elevación del riesgo por 

98  En   una   posición   más   extrema,   se  encuentra   Gabriel   Pérez   Barberá, 
quien en un trabajo de reciente data postula una nueva definición del dolo, en la 
que éste resulta un juicio objetivo de reproche o un juicio de valor fundado en un 
estándar   general   y   referido   a   un   hecho,   no   a   un   sujeto.   En   este   juicio   datos 
psíquicos como el conocimiento o la voluntad son sólo indicios de la mayor o 
menor capacidad de prever el apartamiento de la regla infringida a ponderar junto 
con otros indicios, como pueden ser el peligro creado, sus características o, en 
general,   cualquier   otra   circunstancia   constitutiva   de   la   acción   (cfr.   RAGUÉS 
VALLES,   RAMÓN,   en   In   Dret,   De   nuevo,   el   dolo   eventual:   un   enfoque 
revolucionario para un tema clásico, p. 6).

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encima de ese límite corresponderá a la norma del delito imprudente; 
no, aún, a la del delito doloso. Dicho en otros términos: “cuando hay 
un peligro no remoto, hay una acción alcanzada por el tipo doloso y 
por el imprudente, porque la prohibición que ya quiere alcanzar al 
peligro lejano está refiriéndose también,  a minori ad maius, a todo 
peligro   concreto,   lo   que   significa   que   la   prohibición   que   se   halla 
detrás del delito imprudente es la norma más amplia, y se refiere ya 
también,  a fortiori, al hecho doloso. Es decir, todo comportamiento 
que llega a ser doloso traspasó el estadio de la imprudencia –y, por 
tanto, pasó también por él–”99. 
El margen de indeterminación propio de hasta dónde llega el 
tipo   objetivo   del   delito   doloso   es   una   tarea   que   queda   sujeta   a   la 
interpretación particular de los tipos penales correspondientes y es la 
imputación objetiva la que definirá si la conducta está alcanzada por 
la norma.
Es preciso aclarar, no obstante, que la utilización de una u otra 
teoría no conduce siempre a la misma conclusión. 
Para mostrarlo con un clásico ejemplo de manual: 
Juan, un tirador inexperto que se encuentra en un safari con su  
novia, advierte que ella, que se encuentra a 100 metros de distancia,  
está   por   ser   atacada   de   modo   inminente   por   un   puma.   Apunta,  
entonces, con su fusil y dispara con la esperanza de abatir al animal.  
La bala impacta en el corazón de la mujer, que muere en el acto.
Las   tres   últimas   teorías   reseñadas   arribarían,   por   caminos 
diferentes, a afirmar la presencia de dolo (otro problema, posterior, es 
si concurre un estado de necesidad justificante).
La teoría de la voluntad pura, empero, llegaría, aplicando  la 
fórmula de Frank, a la conclusión de que la imputación correcta lo es 
a   título   de   culpa,   pues   de   haber   estado   seguro   el   autor   de   la 
producción del resultado, se habría abstenido de actuar.

99 Sancinetti, Marcelo: op. cit., p. 205.

Fecha de firma: 05/05/2022


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De allí la necesidad de explicitar el marco teórico desde el cual 
se parte.
Hoy la discusión transcurre básicamente entre lo que denominé 
teoría dominante y teoría objetiva.
Lo   que   ambas   tienen   en   común   es   que   se   sigue   inquiriendo 
acerca de lo que el “autor tiene en su cabeza” y, sobre esa base, se le 
reprocha que actúe pese a atribuir a su concreta conducta la capacidad 
de realizar un tipo penal.
Vale esta aclaración, porque bien se podría sostener que no es 
necesario indagar acerca de lo que el autor efectivamente supo, sino 
de lo que debía haber conocido.
Salvo  contadísimas  excepciones,   como  podría  ser   el  caso   de 
Pérez Barberá, o de lo que se podría inferir del flirteo de Jakobs con la 
ceguera ante los hechos; lo cierto es que el “objetivismo” no llega, al 
menos hasta hoy, al extremo de prescindir de la subjetividad del autor.
En lo sucesivo, pues, se seguirá el análisis sobre la base del 
marco teórico propuesto por las teorías objetivas, en tanto tienden a 
despejar  la  maraña de  conceptos  sin  contenido  que  acompaña  a la 
teoría dominante.
2.1. Definir en qué consiste el dolo es el primer presupuesto del 
análisis.
Pero, una vez que  se establece  que  la subjetividad del autor 
sigue   siendo   un   elemento   de   juicio   relevante,   el   paso   siguiente 
consiste   en   determinar   cuál   es   el   procedimiento   correcto   para 
averiguar qué es lo que tenía el autor en su cabeza a la hora de actuar.
Hay   que   establecer,   entonces,   las   pautas   sobre   las   que   se 
asentará la tarea de reconstrucción del juez sobre este extremo.
Dicha tarea no es, por cierto, sencilla; en particular, cuando lo 
que se examina es un delito de resultado.
En efecto, lo que se requiere del juez en casos como el presente 
es   que,   posicionado   luego   de   ocurrido   el   hecho,   llegue   a   una 

Fecha de firma: 05/05/2022


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Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 64
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CÁMARA NACIONAL DE CASACIÓN EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL - SALA 2
CCC 78566/2016/TO3/CNC1

conclusión   acerca   de   lo   que   preveía   el   autor   respecto   de   un 


acontecimiento futuro (el resultado).
Salvo   una   confesión   en   la   que   el   imputado   sostuviera   que 
previó que su conducta tenía la capacidad para provocar el resultado y 
que pese a ello siguió actuando, acompañada de pruebas de contexto 
que le den sostén a esa confesión, resulta imposible para un tercero 
saber qué es lo que conoció, pensó, supo o previó una persona cuando 
tomó la decisión de actuar.
En supuestos en los que el autor, por ejemplo, apoya la pistola 
en la cabeza de la víctima y dispara, el conocimiento de la previsión 
del  resultado por  parte del autor  puede ser inferida sin duda pues, 
salvo una perturbación mental que incluya el desconocimiento de la 
realidad, cualquier persona con cierto grado de socialización sabe que 
a la causa disparo de proyectil a ínfima distancia le sucede la muerte.
En otro tipo de supuestos, por ejemplo, el autor juega con su 
arma   cargada   delante   de   sus   compañeros   de   pelotón   durante   un 
descanso. Nadie externo a la situación dudaría en afirmar que lo que 
ha existido es una violación de la regla de cuidado que manda no 
manipular armas cargadas delante de terceros.
En ambos supuestos la inferencia viene dada por la meta de la 
acción que viene explicitada objetivamente por la conducta del autor.
No existe otro camino para la determinación del dolo, excluida 
la confesión, que el que se utiliza para afirmarlo o negarlo en casos 
irrefutables como los que se presentan en los ejemplos precedentes.
De no seguirse este procedimiento, la consecuencia ineludible 
es la exclusión de todos los supuestos que reclaman la aplicación de la 
norma con base en el in dubio pro reo.
En el caso bajo estudio, entonces, la pregunta que corresponde 
efectuar   es   si   la   conducta   concreta   del   acusado,   por   sus 
particularidades   y   el   contexto   en   el   cual   fue   desplegada,   presenta 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 65
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
efectivamente las condiciones suficientes para concluir en la presencia 
del dolo (o no).
En   los   párrafos   precedentes   se   fue   insinuando   la   línea   de 
interpretación que se debe seguir para arribar a una u otra conclusión.
Lo definitorio es la valoración social respecto de la atribución 
de   conocimientos:  “(l)as   personas,   en   tanto   que   miembros   de   una 
misma   sociedad   en  constante   proceso   de  comunicación,   comparten 
una serie de valoraciones de acuerdo con las cuales entienden que, 
dadas determinadas realidades objetivas, otro sujeto cuenta de forma 
inequívoca con ciertos conocimientos. Estas valoraciones, concretadas 
en reglas de atribución, deben ser también el criterio a utilizar en el 
proceso   por   el   juez   para   resolver   la   cuestión   relativa   a   la 
determinación de los conocimientos en que se basa una condena por 
delito   doloso.   Sólo   de   este   modo   es   posible   garantizar   que   los 
resultados   de   la   reconstrucción   judicial   de   los   hechos   (subjetivos) 
vayan a coincidir con las valoraciones de la sociedad”100.
2.2. Definido el dolo y cuál es la línea de trabajo que se debe 
adoptar   para   su   determinación,   se   advierte   que   la   atribución   de 
conocimiento   llevada   a   cabo   por   el   tribunal   –reseñada   por   mis 
colegas– difiere del estándar fijado para la determinación del dolo que 
se ha ido delineando a lo largo de este voto.
Un   miembro   de   las   fuerzas   de   seguridad   con   doce   años   de 
experiencia, un día martes de diciembre cerca de las 14 hs., persigue a 
alta velocidad –en sumo estado de nerviosismo– por treinta o treinta y 
cinco cuadras a un sospechoso y, con el fin de detenerlo porque habría 
intentado   cometer   previamente   un   robo,   dispara   con   su   arma 
reglamentaria no una, sino once veces  –siete de ellas en un tramo 
inferior   a   cien   metros–   contra   el   automóvil   que   perseguía,   sin 
impactarlo ni una sola vez. 

100 Ragués I Valles, Ramón: El dolo y su prueba en el proceso penal, José 
María Bosch Editor, Barcelona, 1999, p. 358.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 66
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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A raíz de esa persecución policial perdió la vida Echimborde, 
quien fue alcanzado por uno de esos disparos en la cara anterior de su 
hemitórax   izquierdo,   mientras   estaba   en   la   puerta   de   su   domicilio 
realizando reparaciones en su vehículo. 
Esto   ocurrió   en   un   barrio   lleno   de   casas,   próximo   a   un 
boulevard, en el que lógicamente podía haber –y las hubo– personas 
circulando –nótese que el testigo Rodríguez, vecino de la víctima, dijo 
que regresaba de comprar en un quiosco ubicado a una casa de por 
medio de la de la víctima fatal, mientras que Bassani Suárez, también 
vecino   del   damnificado,   sostuvo   que   al   momento   del   hecho   se 
encontraba sentado en un árbol en la esquina de su casa sobre la calle 
Basualdo, cuando escuchó cuatro  ó cinco disparos a diez o quince 
metros de donde se encontraba sentado–.
Desde el punto de vista de la valoración social de las conductas, 
en cuyo análisis deben confluir las características del autor (miembro 
de   las   fuerzas   de   seguridad   con   doce   años   de   experiencia),   la 
naturaleza propia de la acción (once disparos de arma de fuego) y el 
contexto   (efectuados   en   condiciones   poco   seguras,   desde   un 
automóvil que se desplaza a alta velocidad + a plena luz del día + en 
zona poblada), entiendo que nadie, dentro de nuestro ámbito social, 
dudaría   en   atribuir   el   conocimiento   del   autor,   toda   vez   que   esa 
conducta resulta  especialmente apta  para producir ese resultado con 
respecto a cualquier tercero que circule por la zona.
Dicho   con   palabras   de   Ragués   I   Vallés:   “las   valoraciones 
sociales   consideran   imposible   que   un   sujeto   imputable   no   haya 
conocido,   en   su   situación   concreta,   que   estaba   realizando   una 
conducta   concretamente   idónea   para   provocar   un   determinado 
resultado...”101.
No puede pasarse por alto, por otra parte, que el riesgo creado 
por Palermo tuvo lugar en un contexto en el que no se acreditó que el 
perseguido abriera fuego contra el móvil policial, que tuviera un arma 
101 Ragués I Valles, op. cit., P. 487.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 67
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
en   su   poder   ni   rastros   de   pólvora   en   sus   manos   y   tampoco   se 
secuestraron armas ni vainas servidas dentro del automóvil en el que 
huyó.
En   suma,   nos   encontramos   frente   a   un   supuesto   de  dolo 
alternativo  en el  que la conducta vinculada al objeto directo de la 
acción ha quedado en grado de tentativa ­lo que, atento a la ausencia 
de agravio en tal sentido, sólo se aclara a fin de explicitar la situación 
normativa en la que se subsume el caso­ a la vez que aquella que ha 
quedado consumada debe ser imputada a título de dolo102.
Sobre   esta   base,   corresponde   reprochar   a   título   de   dolo   la 
conducta endilgada a Palermo.
3.  En otro orden de ideas, y tal como lo expresé en la causa 
“Mejía Uriona”103, la agravante contemplada en el art. 41  bis, CP 
aparece   como   genérica   para   todos   los   delitos   que   no   contienen   la 
descripción del arma de fuego en el tipo respectivo, por lo que este 
medio de ejecución particular debe ser considerado como un elemento 
del   tipo   objetivo   del   homicidio   en   aquellos   casos   en   los   que 
efectivamente   el   hecho   ha   sido   llevado   a   cabo   con   armas   de   esa 
naturaleza.
Es   decir,   el   tipo   debe   ser   construido   de   tal   modo   que   la 
conducta prohibida pueda ser enunciada como la de “matar a otro con 
arma de fuego” del mismo modo en que, por ejemplo, el art. 163, inc. 
3°, CP describe un medio concreto para llevar a cabo el hurto. Esta 
aclaración es necesaria pues si bien la ubicación sistemática del medio 
empleado carece de efectos concretos en este caso, tendrá repercusión 
en aquellos supuestos en los que el autor tenga un error –de tipo– 
sobre el elemento “arma de fuego”.
La razón de que la conducta se agrave por el uso de armas de 
fuego radica en el aumento de la capacidad ofensiva del agresor y que 
su aplicación al tipo del homicidio ha sido expresamente prevista por 

102 Roxin, Claus; Derecho Penal, T. I; Civitas; Madrid; 1997; pp. 455/456.
103 Causa nº 42001/2014/TO1/CNC1, reg. nº 330/16, entre muchas otras.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 68
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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el legislador, tal como se desprende de la exposición de motivos de la 
ley que introdujo la agravante104.
Esto   demuestra   no   sólo   la   compatibilidad   de   ambas 
disposiciones, sino su aplicación imperativa.
En virtud de tales argumentos, cabe concluir que en el caso es 
aplicable   la   disposición   agravante   del   art.   41  bis,   CP,   al   delito   de 
homicidio enrostrado.
4. Por otra parte, respecto a la pretensión de la querella de que 
el   caso   se   subsuma   en   la   figura   prevista   en   el   art.   80   inc.   9,   CP 
observo   que,   en   principio,   de   acuerdo   con   el   minucioso   análisis 
efectuado por el colega Sarrabayrouse en torno a las condiciones que 
habilitan a los miembros de las fuerzas de seguridad a utilizar sus 
armas   reglamentarias,   nos   encontramos   ante   un   supuesto   que 
parecería   adecuarse   al   presupuesto   objetivo   que   requiere   la   norma 
para   su   aplicación   –esto   es,   que   un   integrante   de   las   fuerzas   de 
seguridad mate a otro abusando de su función o cargo–.
De todos modos, concuerdo en que en este caso particular esta 
crítica fue insuficientemente fundada por la querella, pues se limitó a 
sostener   de   forma   genérica   que   todo  homicidio   cometido   por   un 
integrante de las fuerzas de seguridad ingresa automáticamente en la 
figura agravada si no está amparado en una causa de justificación, sin 
algún punto de apoyo que la sustente.
En   estas   condiciones,   como   el   modo   en   que   el   agravio   fue 
presentado   por   la   parte   impide   ingresar   al   fondo   del   asunto, 
corresponde declarar su inadmisibilidad.
5. También coincido con el juez que me precede en el orden de 
votación respecto a que en virtud del cambio de calificación propuesto 
corresponde   apartar   al  a   quo  para   que,   tras   la   realización   de   una 

104 Cfr. Ley nº 25.297, sancionada el 9/8/2000 y publicada el 22/9/2000, 
que   incorporó   como   nuevo   artículo   el   41  bis,   CP   Su   gestación   puede   ser 
consultada en Antecedentes parlamentarios, La Ley 2001A, p. 164 y ss.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 69
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
audiencia entre las partes, otro tribunal fije la pena que corresponde 
según los parámetros establecidos en los arts. 40 y 41, CP. 
6.  En   función   de   lo   dicho   hasta   aquí,   cabe   hacer   lugar 
parcialmente a los recursos de la querellante y de la fiscalía y, en 
consecuencia,   casar   el   punto   I   de   la   sentencia,   modificar   la 
calificación legal  allí  fijada y condenar  a Palermo por el delito de 
homicidio simple agravado por  la utilización de un arma de fuego 
(arts. 79 y 41 bis, CP); apartar al a quo y remitir el caso a la instancia 
para que, previa realización de una audiencia entre las partes, otro 
tribunal fije la nueva pena según la calificación legal propuesta; y 
declarar inadmisible el agravio presentado por la parte querellante en 
torno a la aplicación del art. 80 inc. 9; sin costas (arts. 456, incs. 1° y 
2º, 470, 471, 530 y 531, CPPN).
Conclusiones:
Emitidos los votos de los tres vocales intervinientes y producto 
del desarrollo de la deliberación efectuada, se concluye que  NO SE 
HA ALCANZADO UNA MAYORÍA DE VOTOS  sobre todas las 
cuestiones a decidir.
En primer lugar, el juez Horacio Días propuso rechazar ambos 
recursos de casación y confirmar la sentencia impugnada, en tanto se 
condenó a Diego Hernán Palermo a la pena de tres años de prisión en 
suspenso por considerarlo autor del delito de homicidio imprudente. 
Ello, con costas.
Por   otro   lado,   el   juez   Eugenio   Sarrabayrouse   consideró   que 
debía   hacerse   lugar   parcialmente   al   recurso   de   la   querellante   y   la 
fiscalía y, casar el punto I de la sentencia, modificar la calificación 
legal allí fijada y condenar a Diego Hernán Palermo por el delito de 
homicidio simple (art. 79, CP). Por otro lado, propuso también apartar 
a los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional n° 13 que 
dictaron la sentencia condenatoria, y remitir el caso a la instancia para 
que, con otra integración –previa realización de una audiencia entre 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 70
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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las partes–, se fije la nueva pena según la calificación establecida. Por 
último,   rechazó   los   restantes   agravios   deducidos   por   la   parte 
querellante. Sin costas.
Y,   en   tercer   lugar,   el   juez   Morin   coincidió   en   hacer   lugar 
parcialmente a los recursos de las partes y, en consecuencia, casar el 
punto I de la sentencia y así modificar la calificación legal allí fijada. 
Sin embargo, a diferencia de su colega preopinante, sostuvo que debía 
condenarse   a   Palermo   por   el   delito   de   homicidio   agravado   por   la 
utilización de un arma de fuego (arts. 79 y 41 bis, CP). En virtud de 
ello, propuso apartar al a quo y remitir el caso a la instancia para que 
tras la celebración de una audiencia entre las partes, otro tribunal fije 
la   nueva   pena   según   la   calificación   legal   propuesta.   Finalmente, 
resolvió   declarar   inadmisible   el   agravio   presentado   por   la   parte 
querellante en torno a la aplicación del art. 80 inc. 9; sin costas (arts. 
456, incs. 1° y 2º, 470, 471, 530 y 531, CPPN).
La solución discernida por cada uno de los integrantes de la 
Sala en función de sus respectivas posiciones en lo que atañe a la 
subsunción jurídica, resultó disímil: el juez Días propuso mantener la 
calificación legal impugnada –homicidio imprudente–; y los restantes 
magistrados decidieron hacer lugar al agravio relativo a la existencia 
de dolo por parte del imputado. Sin embargo, el juez Sarrabayrouse 
consideró   que   la   figura   aplicable   sería   la   de   homicidio   simple 
mientras que el juez Morin se refirió a la de homicidio agravado por la 
utilización de un arma de fuego.
En función de ello se procedió a deliberar respecto al modo de 
resolver la discordancia. 
El juez Horacio Días dijo:
No es nueva la discusión en torno a cuál es el procedimiento a 
seguir   en   supuestos   en   los   que,   como   aquí   ocurre,   el   órgano 
jurisdiccional colegiado no alcanza una mayoría de votos sobre uno o 
más puntos a decidir. Convocar un cuarto juez, o proponer un sistema 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 71
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
de votación por cuestiones son las prácticas judiciales con las que se 
cuenta para sortear estos escenarios y poder dar al caso la obligada 
respuesta jurisdiccional. 
En este caso, la cuestión traída a debate de esta sala resulta ser 
similar   a   la   discutida   en   los   precedentes   de   esta   misma   sala 
“ÁLVAREZ, Claudio Adrián s/legajo de ejecución”, causa n° CCC 
63370/2005/TO1/3/CNC3,   Reg.   n°   1724/2019,   fechada   el   19   de 
noviembre de 2019 y “Retamar s/ recurso de casación”, Reg. n° 
976/2020”.
Allí,   he   sostenido   que   “soy   de   la   opinión   que,   en   una 
organización judicial con tribunales colegiados integrados con jueces 
técnicos, el sistema de votación por cuestiones, a resultas del cual en 
la   deliberación   se   establece   un   orden   a   seguir,   en   donde   el   juez 
perdidoso en una primera cuestión avanza sobre el tratamiento de las 
siguientes, es la que brinda una mejor y más pronta administración de 
justicia. Un juez profesional tiene el deber de resolver los casos a los 
que ha sido llamado a intervenir, y cada cuestión que le sigue a la 
anterior   es   un   nuevo   llamado   a   dicha   intervención,   sobre   los 
presupuestos   que   ya   han   quedado   fijados   en   la   cuestión   anterior, 
respecto de los que no es válido renovar la discusión. Por eso, mal 
puede la independencia judicial del magistrado estar en juego en este 
esquema, ya que cada cuestión a la que es llamado a intervenir el 
decisor la resuelve con absoluta libertad e independencia de criterio, 
sobre la base de que ya no es posible renovar la discusión anterior. 
Este sistema de votación es el que mejor asegura a los litigantes 
una adecuada preparación del «caso» en un proceso penal adversarial, 
puesto que cuando presentan sus postulaciones y argumentaciones ya 
conocen   la   identidad   de   los   juzgadores   a   quienes   tendrán   que 
persuadir y orientar de este modo su argumentación jurídica en esa 
dirección. La variante opuesta, me refiero a la de convocar un cuarto 
juez, sorprende a las partes en este aspecto, puesto que luego de que 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 72
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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ya han jugado sus cartas se les añade un decisor respecto del cual no 
han tenido la posibilidad de ejercer el derecho a ser oído. 
Dicho esto, y sentada ya mi preferencia de sistema de votación, 
debo reconocer, que no se desprende de la legislación ritual vigente 
una norma que de forma explícita señale que el sistema de votación 
por cuestiones es el único que válidamente corresponde seguir en la 
redacción de las providencias definitivas. De modo tal que para el rito, 
tanto   un   esquema   como   el   otro   son   válidos,   más   allá   de   cuál   me 
parezca mejor a mí.
En consecuencia, se sigue de esto que la única posibilidad de  
establecer un orden de votación por cuestiones, es que exista inicial  
acuerdo   en   la   conveniencia   de   ello   de   los   tres   magistrado   que  
integran   dicho   cuerpo   colegiado,   ya   que   ante   la   ausencia   de  
previsión legal expresa en ese sentido, no es posible obligar a un juez  
a seguir un procedimiento que la ley no ha previsto específicamente  
con   carácter   imperativo.   La   argumentación   del   colega  
Sarrabayrrouse de que eso se encuentra implícito en las reglas de la  
deliberación resulta ser una inferencia, una hipótesis interpretativa,  
que   no   sortea   el   dato   objetivo   de   la   ausencia   de   una   previsión  
específica por parte del legislador procesal”. 
En ese contexto entonces sostuve, atento a la normativa relativa 
al funcionamiento de esta Cámara, existe la posibilidad de convocar a 
un cuarto juez frente a situaciones como la configurada en autos. 
Asimismo,   también   he   afirmado   que   las   reglas   existentes   en 
materia de deliberación y sentencia (cfr. el art. 398 CPPN en función 
del último párrafo del art. 468, CPPN) y que resultan ser directamente 
aplicables   a   este   tribunal,   no   establecen   de   manera   inequívoca   y 
expresa un sistema de votación por cuestiones vencidas. 
Por estas razones, en los precedentes mencionados acompañé la 
solución   del   juez   Morin   de   convocar   a   un   cuarto   juez;   lo   cual 
considero aplicable también para este caso.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 73
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
El juez Eugenio Sarrabayrouse dijo:
En   distintos   precedentes   ya   me   pronuncié   contra   la 
convocatoria  de un cuarto juez o jueza  para dirimir casos como el 
presente, pues estimo que la inexistencia de mayorías debe resolverse 
mediante el sistema de cuestiones vencidas. Sintetizaré aquí lo dicho 
en esos asuntos, tal como hice recientemente en “Chevaller Uribe”105 
y “Rondi”106.
En   el   caso  “Ruiz”107  –al   que   luego   me   remití   en   los 
precedentes “Medina y Menacho González”108 y “Álvarez”109– hice 
un repaso de las reglas que al respecto contiene el CPPN y abordé 
algunas de las críticas que se suelen formular contra ese sistema de 
votación.   Hice   referencia   al   CPP   Modelo   elaborado   por   Julio   B.J. 
MAIER, específicamente su art. 48; el deber de los jueces de resolver 

los pedidos formulados por las partes ­–que en  órganos colegiados 
debe   ser   producto   de   la   deliberación–   y   la   exigencia   de   la   Corte 
Suprema en diversos precedentes acerca de la necesidad de que exista 
una coincidencia sustancial de razones entre los jueces que sentencian 
como integrantes de un tribunal colegiado, si bien destaqué que el alto 
tribunal no aclaró qué alternativas quedan cuando no se alcanza esa 
coincidencia (al respecto, véase lo resuelto por la Corte Suprema en el 
caso  “Cañete”, sentencia del 7 de diciembre de 2021). De allí que 
señalé   que,   a   mi   entender,   el   método   de   las   cuestiones   vencidas 
aparece como el más adecuado para resolver este tipo de situaciones, 
más   allá   de   que   también   se   podrían   analizar   otras   alternativas 
mediante reglas de superintendencia para evitar paradojas como la que 

105 Sentencia del 10.12.21, Sala II, jueces Morin, Días, Sarrabayrouse, Magariños y
Bruzzone, registro n° 1900/21.
106 Sentencia del 10.12.21, Sala II, jueces Morin, Días, Sarrabayrouse y Jantus, registro
n° 1902/21.
107 Sentencia del 14.5.18, Sala III, jueces Huarte Petite, Magariños, Jantus, Bruzzone y
Sarrabayrouse, registro n° 536/18.
108 Sentencia del 6.8.18, Sala II, jueces Morin, Niño y Sarrabayrouse, registro n°
913/18.
109 Sentencia del 19.11.19, Sala II, jueces Morin, Días, Sarrabayrouse y Jantus, registro
n° 1724/19.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 74
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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se presentó en ese caso, en el que finalmente votaron cinco jueces de  
la cámara.
Luego, en el caso  “Retamar”110, agregué las siguientes 
reflexiones. 
a.  De acuerdo con la regulación del recurso de casación 
en   que   interviene   esta   cámara,  el   tribunal   resuelve   luego   de   una  
audiencia, en la cual las partes debaten acerca del recurso; de allí que, 
para las reglas de la deliberación y sentencia, el CPPN se remita a las 
del juicio oral y público en lo que resulten aplicables (art. 468). Y es 
por este motivo que el método para resolver los casos también en esta 
instancia es el de las cuestiones. Al respecto, ya señalaba Jorge CLARIÁ 
OLMEDO  que   la   deliberación   se   integraba   con   dos   operaciones:   la 
discusión y la votación de las diversas cuestiones. Pero una y otra 
exigían un paso previo: primero, plantear cuáles eran las cuestiones a 
resolver;   y   segundo,   el   orden   de   su   decisión.  “El   problema   de   la  
votación de las cuestiones como tarea integrante de la deliberación,  
es asunto que la ley ha debido resolver con relación a los tribunales  
colegiados,   y   en   cierta   medida   no   escapa   a   la   preocupación 
republicana de algunas constituciones provinciales. Comprende dos  
aspectos:  la determinación del orden para la emisión de votos; el  
método de votación…La votación debe hacerse separadamente con  
respecto a cada una de las cuestiones, a medida que vayan siendo  
discutidas,   y   quedarán   resueltas   por   mayoría   de   votos.   No   puede  
darse   paridad   (empate).   Si   en   una   cuestión   no   se   consigue  
unanimidad, el vocal disidente queda vinculado a lo resuelto por la  
mayoría   en   cuanto   a   la   discusión   y   decisión   de   las   cuestiones  
siguientes. En consecuencia, deberá dar por cierto o exacto lo que la  
mayoría opinó y decidió, sin tener en cuenta el sentido de sus votos  
minoritarios anteriores ni los fundamentos que lo determinaron en  
cada una de las votaciones ya agotadas. Esto justifica la necesidad de  

110 Sentencia del 20.5.20, Sala II, jueces Sarrabayrouse, Morin, Días y Rimondi,
registro nº 976/20.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 75
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
un correcto orden de las cuestiones sometidas a deliberación…”111. 
Allí   aparece   entonces   el   problema   –ya   analizado   en   el   precedente 
“Ruiz”– acerca de las  cuestiones vencidas,  esto es, qué pasa con el 
juez que quedó en minoría.
b.  También   como   consecuencia   del   procedimiento 
establecido para la intervención de esta cámara, entiendo que no debe 
llamarse a otro juez cuando no se alcance una mayoría. Es que las 
reglas   del   decreto   –ley   1285/58,   ratificadas   por   la   ley   14.467–   no 
resulta aplicables, porque tienen como base un procedimiento escrito, 
esto es, no están pensadas para la deliberación posterior a un juicio 
oral y público; o como en este caso, luego de una audiencia pública, 
con debate entre las partes. De allí que el art. 26 hable de “las cámaras 
nacionales de apelación”. 
c.  Asimismo, la propia Corte Suprema de Justicia de la 
Nación ha recurrido al sistema de cuestiones vencidas para resolver 
casos   de   su   competencia   originaria.   Así,   en   los   autos 
“Establecimiento   Las   Marías”  (sentencia   del   4   de   septiembre   de 
2018) sostuvo:  “1°) Que los pedidos de regulación de honorarios…
promueve  el  examen  de dos  cuestiones  en cuya  decisión – tras  la  
deliberación   efectuada   en   el   seno   del   Tribunal   por   los   cinco  
miembros que la integran no concurren las opiniones de los mismos  
tres jueces del Tribunal. 2°) Que en tales condiciones y frente a la  
inexorable  obligación constitucional que  pesa sobre  esta  Corte  de  
decidir   los   asuntos   pendientes,   para   alcanzar   la   indispensable  
mayoría absoluta de votos concordantes de los jueces que la integran  
–a fin de dictar una sentencia válida exige el art. 23 del decreto – ley  
1285/58   (ratificado   por   ley   14.467),   se   debe   escindir   el   conjunto  
decisorio en las diversas cuestiones que lo componen en las que no se  
ha logrado la mayoría en los términos señalados. 

111 Cfr. autor citado, Tratado de Derecho procesal penal, t. VI, Rubinzal – Culzoni,
Buenos Aires, 2009, ps. 332 – 333.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 76
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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“En efecto y frente a situaciones de excepción como la  
que se verifica en el sub lite, dada la imposibilidad de convocar a  
conjueces   al   no   concurrir   ningún   supuesto   –   de   recusación,  
excusación, vacancia o licencia de alguno de los cinco miembros del  
Tribunal que autorice dicha integración (decreto ley citado, art. 22),  
esta Corte ha procedido bajo la modalidad indicada de resolver un  
caso escindiendo cuestiones (Fallos: 322:1100 y 324:1411), pues no  
hay   otro   modo   de   proceder   legalmente   contemplado   que   permita  
superar   la   situación   e   atolladero   institucional   que   se   verificaría  
cuando, como en el caso, participan del acuerdo los cinco miembros  
que legalmente integran el Tribunal y la mayoría absoluta integrada  
por   los   mismos   jueces   no   concordare   en   la   decisión   de   todas   las  
cuestiones que exigiere la solución del caso…”.
d. Si bien el procedimiento de las cuestiones vencidas en 
algún   caso   extremo   (por   ejemplo,   un   juez   que   considera 
inconstitucional   una   regla   y   su   criterio   queda   en   minoría)   puede 
generar   algún   conflicto   con   su   misión   institucional,   resulta   el   más 
adecuado   para   propender   a   una   deliberación   colectiva   virtuosa   (al 
respecto   me   remití   a   la   ponencia   de   Amalia  AMAYA,  Virtudes,  
deliberación colectiva y razonamiento probatario, presentada en el “II 
Congreso   de   la   colección   Filosofía   y   Derecho.   Congreso   Mundial 
sobre   Razonamiento   Probatorio”,   organizado   por   la   Cátedra   de 
Cultura Jurídica de la Universidad de Girona, 6, 7 y 8 de junio de 
2018,   Girona,   España;   ver   su   publicación   bajo   el   título  Virtudes,  
deliberación colectiva y razonamiento probatorio en el derecho,  en 
Jordi   Ferrer   Beltrán   /   Carmen   Vázquez   (eds),  El   razonamiento  
probatorio   en   el   proceso   judicial.   Un   encuentro   entre   diferentes  
tradiciones, Marcial Pons, Madrid, 2020, ps. 141 ­ 154).

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 77
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
Luego, en el caso “Rosales Manrique”112 –posición que 
reiteré en las causas  “Paredes Paredes”113,  “Ucha”114,  “Dutra”115, 
“Alfaro”116  y  “Esquivel”117–   agregué   que,   dado   que   en   el   CPPN 
existen   reglas   específicas   sobre   el   punto,   ellas   son   las   que   deben 
aplicarse en primer lugar.
También   sostuve   que   hasta   la   sanción   del   CPPF   (ley 
27.063,  t.o.  por   ley  27.482)  la   tradición  legislativa   argentina  en  la 
materia estableció el método de cuestiones vencidas como forma de 
votar y resolver los casos por los tribunales intervinientes y volví a 
citar la posición de Clariá Olmedo, a la que ya hice referencia. Dije 
que,   en   esta   misma   línea,   se   inscriben   los   Proyectos   de   CPPN 
elaborados   por   Julio   Maier   (el   de   1986   y   el   Proyecto   de   CPPN 
modelo, publicado en el tomo III de su obra Derecho procesal penal,  
Actos procesales, 1ª edición de la Editorial Ad ­ Hoc, Buenos Aires, 
2015, ps. 371 y sigs.).
De esta manera dije, y reitero ahora, que la convocatoria 
de   un   cuarto   juez   o   jueza   significa   en   la   práctica   suprimir   la 
deliberación, pues se lo pone a resolver una cuestión con respecto al 
cual   no   se   ha   alcanzado   mayoría,   cuando   en   realidad   debería 
participar de la discusión del caso como un par. Esto es contrario a las 
virtudes de la deliberación, que deberían orientar la actividad de los 
órganos colegiados.
Cité en apoyo de este argumento el trabajo de Amalia 
Amaya, Group Deliberative virtues and legal epistemology (traducido 
como Virtudes, deliberación colectiva y razonamiento probatorio en  

112 Sentencia del 1.9.20, Sala III, jueces Huarte Petite, Jantus, Magariños y
Sarrabayrouse, registro n° 2634/20.
113 Sentencia del 23.9.20, Sala II, jueces Morin, Días, Sarrabayrouse, Jantus y
Magariños, registro n° 2768/20.
114 Sentencia del 3.11.20, Sala III, jueces Magariños, Huarte Petite, Jantus y
Sarrabayrouse, registro n° 3075/20.
115 Sentencia del 2.3.21, Sala III, jueces Magariños, Huarte Petite, Jantus,
Sarrabayrouse y Días, registro n° 241/21.
116 Sentencia del 18.8.21, Sala II, jueces Morin, Días, Sarrabayrouse y Bruzzone,
registro n° 1136/21.
117 Sentencia del 1.9.21, Sala II, jueces Días, Sarrabayrouse, Morin y Bruzzone, registro
n° 1226/21.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 78
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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el derecho) –al que más arriba hice referencia–  que, dicho en pocas 
palabras,   propone   establecer   qué   virtudes   deberían   poseer   los 
individuos   que   deliberan   genuinamente.   Se   trata   de   establecer   qué 
virtudes   facilitan   la   deliberación   colectiva,   esto   es,   cuáles   son 
necesarias para que los colegios de jueces (o jurados) aumenten las 
posibilidades   de   que   sus   decisiones   sean   correctas.   Además,   estas 
virtudes tienen una función correctiva y tienen implicaciones con las 
políticas   públicas,  y  pueden   agruparse   según   diversas  perspectivas. 
Desde el punto de vista  epistemológico  corresponde citar la apertura 
de   mente,   la   valentía   y   honestidad   intelectual,   y   la   imparcialidad; 
entre las virtudes  morales, el civismo (expresado a través del buen 
trato),   la   amabilidad   y   el   respeto   mutuo,   la   cooperación   y   la 
templanza; las virtudes  argumentativas, esenciales para alcanzar una 
sinergia   positiva,   en   tanto   ellas   generan   un   ambiente   cómodo   que 
facilita la deliberación, es decir, la discusión: permiten exponer con 
comodidad las opiniones minoritarias, lo que implica escuchar al otro, 
estar abierto a modificar la posición propia, y cuestionar lo obvio; y 
finalmente,   las  comunicativas:   la   sinceridad,   la   receptividad   y   la 
claridad. 
Todas   estas   virtudes   están   implicadas   entre   sí   y 
fundamentan una concepción de la voluntad unitaria: la multitud sabe 
más que los individuos.
En cuanto a las normas de la deliberación, dije que ellas 
buscan alcanzar el consenso. Aquí las virtudes tienen el valor práctico 
de saber  gestionar  el desacuerdo. Además, la deliberación tiene un 
valor   moral   y   político:   son   lugares   donde   se   adoptan   decisiones 
apoyadas en razones. 
El ejercicio de estas virtudes facilita el entorno, mediante 
el   respeto   a   la   opinión   minoritaria.   También   tienen   una   función 
correctora: tratan de evitar las distorsiones deliberativas que conducen 
a   decisiones   peores   que   las   individuales.   Los   riesgos   que   busca 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 79
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Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
neutralizar son: la amplificación, la homogenización (reducción de la 
variabilidad: lo que dice el primero, el resto lo repite), la polarización 
de   las   opiniones,   la   dominación   cuando   se   imponen   las   voces 
minoritarias (no hay participación sino avasallamiento). Estas virtudes 
deliberativas también son útiles para atenuar los errores individuales, 
en tanto permiten advertir y corregir los sesgos que necesariamente 
carga cada individuo. 
En   definitiva,   las   reglas   de   decisión   por   mayorías 
favorecen las virtudes de la deliberación: fomentan el respeto interno 
y permiten expresar opiniones diversas.
Asimismo,  dije que en la misma  línea de pensamiento 
puede   inscribirse   la   decisión   administrativa   adoptada   por   la   Corte 
Suprema   en   la   Acordada   44/2018,   voto   de   los   jueces   Ricardo 
Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Horacio Daniel Rosatti, en la que 
se   lee:  “…esta   Corte   ha   resuelto   que   una   regla   esencial   en   el  
funcionamiento de todo cuerpo o tribunal colegiado consiste en que  
sus   miembros   deben   deliberar   hasta   tanto   alcancen   el   consenso  
necesario para tomar decisiones; y asimismo, destacó que el debate y  
el   intercambio   de   ideas   tienen   por   objeto,   precisamente,   que   los  
discursos   argumentativos   y   el   peso   de   las   razones   invocadas  
persuadan y convenzan a los demás integrantes del cuerpo de dejar  
de lado las opiniones inicialmente sostenidas para sumarse a otra  
que hará mayoría y será, por ende la única conclusión válidamente  
adoptada por  el   órgano de que  se trata…La  referida  colegialidad  
aporta   a   la   deliberación   profusión   argumentativa   y   diversidad   de  
opiniones,   ambos   valores   esenciales   del   sistema   democrático.   Esa  
condición   evidencia   asimismo   el   control   que   los   miembros   del  
Tribunal ejercen recíprocamente, todo lo cual enriquece la calidad de  
la decisión…”. También reiteré que la misma Corte Suprema en el 
caso  “Establecimiento   Las   Marías”  acudió   a   ese   sistema   (ver   el 
punto c de este voto).

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 80
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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Por último, concluí que la convocatoria a un cuarto juez o 
jueza tampoco resuelve los casos, porque no resulta posible alcanzar 
una   mayoría.   Si   se   trata   de   un   colegio   de  cuatro  integrantes,   el 
número para arribar a esa mayoría es de tres y no de dos. Asimismo, 
destaqué que este sistema de ampliar la integración del tribunal para 
resolver   los   casos   presenta   el   inconveniente   adicional   de   que, 
paradojalmente, puede conducir finalmente a que toda la cámara sea 
llamada   a   resolver   un   asunto,   cuando   ese   mecanismo   no   ha   sido 
previsto   (sobre   las   distintas   paradojas   que   genera   el   “método   del 
cuarto juez”, ver el voto del juez Rimondi en el caso “Retamar” ya 
citado, al intervenir en esa calidad).
Por estas razones, debería convocarse a un plenario de 
esta cámara para resolver el punto.
El juez Morin dijo:
1. La cuestión acerca de cómo resolver estas divergencias 
ya  fue  examinada   en  los  precedentes  “Álvarez”118  y  “Retamar”119, 
entre otros. 
Destaqué allí que también tuve oportunidad de expedirme 
acerca de esta temática en un caso en el que dos jueces correccionales 
habían trabado una cuestión de competencia negativa en la que ambos 
deslindaban la realización de los trámites para la traba de un embargo, 
en   la   causa   n°   15462/2015/PL1/CNC1,   reg.   n°   742/16   de   Sala   de 
Turno. 
Allí dejé asentada mi opinión en los siguientes términos: 
“1.   Como   vengo   sosteniendo   desde   el   precedente  
registrado   bajo   el   número   S.T.   374/2015,   esta   Cámara   no   es   el  
órgano   competente   para   dirimir   cuestiones   de   competencia   entre  
juzgados correccionales, en ningún caso. 

118 Sentencia del 19.11.19, Sala II, jueces Morin, Días, Sarrabayrouse y Jantus, registro 
n° 1724/19.
119  Sentencia   del   20.5.20,   Sala   II,   jueces   Sarrabayrouse,   Morin,   Días   y   Rimondi, 
registro nº 976/20.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 81
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
Esto es así por aplicación de la regla específica que el  
legislador   ha   previsto   para   el   caso.   El   texto   del   artículo   24   del  
CPPN,   conforme   ha   quedado   redactado   a   partir   de   la   reforma  
introducida por la ley 24.121, cuando regula la competencia de la  
Cámara   de Apelaciones,  establece   que:  ´La  Cámara  de  Apelación  
conocerá: 1) De los recursos interpuestos contra las resoluciones de  
los jueces de instrucción, correccional, de menores y de ejecución….  
3) De las cuestiones de competencia que se planteen entre ellos´. 
De tal suerte que: a) existe una regla específica, esto es,  
que   las   cuestiones   de   competencia   que   se   susciten   entre   juzgados  
correccionales serán de competencia de la Cámara de Apelaciones;  
b) el caso bajo examen se subsume claramente en ella, pues estamos  
ante un conflicto de competencia entre juzgados correccionales, y c)  
no se advierte cuál es la razón que podría justificar que ésta se vea  
desplazada por la establecida en el inc. 7° del art. 24 del decreto ley  
1285/58 que, en rigor, está  regulando la competencia de la Corte  
Suprema de Justicia de la Nación. 
No hay más que ir a las fuentes para advertir  que la  
interpretación que aquí se propicia es no sólo lo que la letra de la ley  
claramente   dice,   sino,   también,   la   receptación   inequívoca   de   la  
voluntad   del   legislador:   la   ley   24.121   –de   Implementación   y  
Organización de la Justicia Penal– fue la que dispuso la creación de  
la   Cámara   Federal   de   Casación   Penal,   le   asignó   competencia  
conforme ha quedado receptado en el artículo 23 –texto original del  
CPPN–   y,   en   el   marco   de   esta   organización,   previó   que   fuera   la 
Cámara de Apelaciones –y no la de Casación– la que entendiera en  
contiendas como la aquí planteada. 
Está   claro   que   si   el   legislador   hubiera   querido,   por  
excepción a la regla que dejó establecida en el inciso 3 del artículo  
24   del   CPPN,   que   en   el   caso   de   que   alguno   de   los   jueces  
correccionales   estuvieren   actuando  en la  etapa de  juicio, fuera  la  
Cámara de Casación la que dirimiera tales cuestiones, así lo habría  

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 82
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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previsto. Podría haber distinguido, por caso, entre etapas procesales  
y no por materias para asignar el órgano superior competente en la  
especie. 
Pero   ninguna   distinción   fue   hecha   y   no   corresponde  
distinguir donde la ley no distingue. En este sentido, cabe recordar  
que   constituye   doctrina   inveterada   de   la   CSJN   la   pauta   de  
interpretación ubi lex non distinguit non distinguere debemus, según  
la cual cabe entender que donde la ley no distingue tampoco debe  
hacerlo el juez, regla hermenéutica, esta, que ha sido recientemente  
reiterada por el máximo tribunal en autos L. 103.XLVIII, ´La Riojana
´, CSJN, fallo del 30 de septiembre de 2014. 
Por   lo   demás,   es   preciso   atender   a   insoslayables  
cuestiones de índole práctica que se presentan en la coyuntura, que  
hacen irracional abarcar una competencia que, como expliqué antes,  
no corresponde a este órgano jurisdiccional por ley. 
Reiteradamente   vengo   advirtiendo   acerca   de   que   los  
recursos   humanos   asignados   a   esta   Cámara   resultan   insuficientes  
para atender los asuntos cuya competencia sí le fue conferida por la  
ley; lo que hace más incomprensible la decisión de sustraer este tipo  
de asuntos a la Cámara de Apelaciones del fuero, la que duplica en  
este momento la dotación de letrados con los que cuenta la Cámara  
de   Casación,   pero   cuya   competencia   se   limita   a   la   resolución   de  
autos interlocutorios. 
No   puedo   dejar   de   señalar,   en   este   sentido,   que   la  
escasez del personal asignado a esta Cámara ha sido expresamente  
reconocida por el legislador al sancionar el art. 37 de la ley 27.150,  
titulado ´Creación de cargos para la Cámara Nacional de Casación  
Penal´ y su Anexo II, en el que consta los cargos concretos a los que  
se  refiere  la  norma,  el que  expresamente  fue  excluido  del decreto  
257/2015 que suspendió la entrada en vigencia del CPPN sancionado  
por ley 27.063.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 83
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
También   ha   sido   reconocida   por   el   Poder   Ejecutivo  
Nacional,   mediante   los   órganos   competentes   del   Ministerio   de  
Justicia   la   Dirección   de   Asuntos   Jurídicos   y   la   Subsecretaría   de  
Relaciones   con   el   Poder   Judicial,   los   que   ante   una   consulta   al  
respecto, en nota del 27 de enero de 2016, pusieron de manifiesto que  
´los cargos en cuestión no fueron incluidos para adecuar la planta de  
personal   al   nuevo   ordenamiento   normativo,   sino   para   garantizar  
mínimamente la labor cotidiana de un tribunal que acaba de ponerse  
en funcionamiento´, razón por la cual se pone en conocimiento lo  
actuado   por   ese   Ministerio   ´con   el   objeto   de   que   se   habiliten   los  
cargos   mencionados   cuanto   menos   en   el   anexo   II   de   la   Ley   N° 
27.150, para garantizar un adecuado servicio de justicia´. 
Frente a las opiniones confluyentes del Poder Legislativo  
y el Poder Ejecutivo, el órgano competente del Poder Judicial no ha  
habilitado,   sin   embargo,   los   cargos   necesarios   que   resultan  
indispensables   para   brindar   mínimamente   el  adecuado   servicio   de  
justicia al que se hace referencia en la nota remitida por el Ministerio  
de Justicia. 
En estas condiciones, debo dejar, una vez más, asentada  
mi  opinión acerca  de que no concurre  razón alguna para hacerle  
decir a la ley lo que ley no dice, para tomar como regla una norma  
que adjudica competencia a la Corte Suprema y, sobre todo, para  
recargar mediante esa interpretación a una Cámara que, atento la  
mínima   planta   de   personal   con   la   que   cuenta,   ya   está   teniendo  
dificultades para atender los asuntos para los cuales es competente. 
Por todo lo expuesto, entiendo que el órgano competente  
para dirimir la contienda negativa de competencia que ha quedado  
trabada   en   autos   es   la   Cámara   Nacional   de   Apelaciones   en   lo  
Criminal   y Correccional  de  esta  ciudad,  a la  cual correspondería  
remitir las presentes actuaciones sin más trámite.
2.   Mi   solitaria   interpretación   respecto   a   cuál   es   el  
órgano que debe decidir la cuestión no resulta, empero, susceptible  

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 84
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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de ser superada por la mayoría ocasional que conforma la Sala de  
Turno de esta Cámara, tal como ha ocurrido en todos los casos en los  
que me ha tocado intervenir. 
Ello así, pues si bien mis colegas han coincidido a la  
hora de deliberar  en que es  esta Cámara la que debe resolver  la  
cuestión   planteada,   han   diferido   acerca   de   cuál   es   el   juez  
correccional  que debe hacerse cargo de la intimación o traba del  
embargo. 
Las soluciones posibles son dos: se convoca a un cuarto  
juez o se utiliza el procedimiento de cuestiones vencidas. 
La   utilización   de   la   primera   de   las   variantes   lleva  
consigo  la  capacidad  de hacer   aún más  visible  el  descalabro   que  
genera la interpretación que no comparto. 
Habría   cuatro   jueces   de   una   Cámara   de   Casación  
analizando cual es el juez correccional competente para actuar en  
relación a una cuestión tangencial del proceso mientras se acumulan  
causas en las que hay que resolver sentencias definitivas, muchas de  
ellas con personas detenidas. 
La segunda opción también presenta dificultades. 
Es conocido el caso de manual en el que, de aplicarse el  
sistema   de   cuestiones   vencidas,   una   persona   podría   resultar  
condenada a pesar de que todos los jueces que deben resolver el caso  
entiendan, por diversas razones, que correspondía su absolución. 
Ejemplo: sólo el juez A entiende que el hecho no está  
probado; por cuestión vencida se pasa a analizar la tipicidad; pero,  
en esa etapa del análisis, sólo el juez B entiende que la conducta no  
se adecua a un tipo penal; ya en el plano de la antijuridicidad, sólo el  
juez C considera que concurre una causa de justificación; y, arribado  
el estudio a la culpabilidad, sólo el juez A entiende de aplicación una  
causa   de   inculpabilidad.   Resultado:   los   tres   jueces   terminan  
argumentando   sobre   la   determinación   de   la   pena   y   el   acusado  
termina condenado. 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 85
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
El ejemplo explica, de modo básico, la razón por la cual  
jamás acepté la utilización de ese procedimiento. 
A   ello   cabe   agregar   una   segunda   razón:   no   concurre  
norma legal alguna que pueda obligar a un juez a condenar cuando,  
por el motivo que sea, entienda que corresponde absolver. 
3. El caso bajo análisis carece, sin embargo, de un nivel  
de consistencia que justifique que no sea resuelto por medio de ese  
procedimiento. 
En particular, porque no parece razonable que la lucha  
por el derecho deba librarse en el campo de batalla delimitado por  
un conflicto de competencia entre dos jueces correccionales. 
Por   ello,   y   en   especial   porque   no   concurren   razones  
suficientes que justifiquen la retrogradación del proceso, adhiero a la  
solución propuesta por mi colega Luis García”. 
2. De este modo dejé perfilada mi interpretación respecto 
de la forma de resolver las disidencias insolubles entre los integrantes 
de un tribunal colegiado: no hay regla que pueda obligar a un juez a 
decidir en contra de lo que su leal saber y entender le impone. 
También   dejé   asentado   que   podían   existir   excepciones 
cuando   la   materia   a   decidir   fuera   extremadamente   nimia,   pues 
constituye parte de nuestro deber como jueces proveer una adecuada 
administración de justicia, la que no debería verse obstaculizada por el 
empecinamiento de los operadores. 
3. En el caso “Álvarez” mi colega Sarrabayrouse trajo a 
colación   otros   dos   casos   en   los   que   en   esta   Cámara   se   puso   a 
consideración este problema: Ruiz, de la Sala I y Medina y Menacho  
González de la Sala II.
En el precedente “Medina y Menacho González”120, en el 
que intervine en mi calidad de integrante de Sala II, el tribunal oral 
interviniente había condenado a Medina a la pena de prisión perpetua, 

120  Cfr.   causa   “Medina,   Alejandro   Sebastián   y   Menacho   González,   Giselle   Evelyn 
s/recurso de casación” (nº 500000844/2009/TO1, rta. el 6/8/18, reg. nº 913/18).

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 86
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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accesorias   legales   y   costas   por   considerarlo   autor   del   delito   de 


homicidio agravado por el vínculo en concurso ideal con el delito de 
lesiones graves y leves agravadas por el vínculo (episodio I) y coautor 
del delito de lesiones graves agravadas por el vínculo reiteradas en al 
menos dos oportunidades en concurso real (episodios III y IV); y a 
Menacho   González   a   la   pena   de   seis   años   de   prisión,   accesorias 
legales y costas, por considerarla coautora de los delitos de lesiones 
graves   agravadas   por   el   vínculo   reiteradas   en   al   menos   dos 
oportunidades en concurso real (episodios III y IV) y la absolvió por 
el delito de homicidio agravado por el vínculo en concurso ideal con 
el delito de lesiones graves y leves agravadas por el vínculo (episodio 
I). 
Allí   se   daba   la   particularidad   de   que   –luego   de   la 
deliberación llevada a cabo con mis colegas– esta Sala no arribó a una 
mayoría para decidir el caso, en tanto: 
Postulé rechazar los recursos interpuestos por la defensa 
de Medina, de Menacho González y por el fiscal y, en consecuencia, 
confirmar la decisión recurrida. 
El juez Sarrabayrouse compartió la solución que propicié 
en torno a la impugnación presentada por el fiscal y sólo parcialmente 
lo   restante,   ya   que   si   bien   coincidió   conmigo   en   lo   atinente   a   la 
condena   de   Medina   por   el   delito   homicidio   agravado   (episodio   I), 
propuso   hacer   lugar   al   recurso   interpuesto   en   favor   de   Menacho 
González   y   parcialmente   al   de   Medina   y   dictar   la   absolución   de 
ambos   por   el   delito   de   lesiones   graves   agravadas   por   el   vínculo 
reiteradas en al menos dos oportunidades en concurso real (episodios 
III y IV).
El juez Niño consideró que debía casarse la sentencia en 
cuanto había adjudicado el homicidio agravado a Medina (episodio I) 
y responsabilizado a ambos padres por las lesiones graves agravadas 
por   el   vínculo   (episodios   III   y   IV),   pues   a   su   criterio   debía 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 87
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
imputárseles   una   coautoría   del   delito   de   abandono   de   persona 
doblemente   agravado   –por   muerte   de   la  víctima   y  por   el   vínculo– 
dado   que   había   existido   un   “abandono   continuado   sin   variaciones 
hasta el final de la vida de la pequeña”. 
En ese contexto, fue que: El juez Niño asumió que estaba 
vencido en punto a la imputación por el delito de homicidio agravado 
de Medina y –dejando a salvo su opinión respecto a la calificación 
“global” de los sucesos que estimaba adecuada– se pronunció sobre 
“la porción subsistente de conductas verificadas en cabeza de ambos 
progenitores”, que a su criterio encuadraba en la figura del abandono 
de   persona   seguido   de   lesiones,   agravado   por   el   vínculo.   Luego 
especificó que, en virtud de la prohibición de reformatio in pejus, la 
pena a imponer a Menacho González no podía exceder de los seis 
años impuestos por el tribunal interviniente. 
El juez Sarrabayrouse, considerándose vencido sobre la 
solución que cabía adoptar en el marco de los episodios III y IV y en 
razón de que no existía mayoría sobre la calificación legal aplicable, 
se expidió al respecto y compartió la solución que propugné. 
Como se advierte, en esos casos la cuestión vencida no 
fue un problema en el que debiera involucrarme. Fueron los restantes 
integrantes de la Sala quienes entendieron que ese procedimiento era 
adecuado   para   resolver   la   cuestión,   lo   aplicaron   y   se   lograron 
mayorías que, en definitiva, confluyeron a que el caso se resolviera tal 
cual había sido propuesto por mi parte. 
Más sustancioso para el análisis resulta el caso Ruiz121, en 
el que terminaron votando cinco jueces de la Cámara en tanto allí el 
juez Sarrabayrouse, después de relevar mi opinión en la causa de la 
Sala de Turno antes citada, puso de manifiesto sus razones a favor del 
procedimiento de cuestiones vencidas. 

121  Cfr.   causa   “Ruiz,   Miguel   s/recurso   de   casación”   (nº   34634/2014/TO1,   reg.   nº 
534/18, rta. El 26/02/18; Reg. n° 535/2018, rta. 13/03/18 y Reg. n° 536/2018, rta. 14/05/18).

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 88
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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Básicamente lo que allí se sostiene es que: a) el art. 398 
del CPPN establece que a la hora de deliberar el tribunal colegiado 
debe resolver por cuestiones y que respecto de cada una de ellas se 
decide   por   mayoría,   haciéndose   mención   de   las   disidencias 
producidas; b) el ejemplo al que hice referencia en mi voto en la Sala 
de Turno, esto es, que la persona que debería resultar absuelta termina 
condenada, no proviene de “un déficit del sistema de votación por 
cuestiones,   sino   de   la   forma   en   que   ellas   se   plantean”.   Y   en   este 
sentido, con cita de Maier, propone que lo que no se debe hacer es 
votar “según los fundamentos sino sobre los resultados”. 
Al respecto, cabe señalar que no existe regla alguna del 
Código Procesal Penal que disponga que se debe votar por cuestiones 
vencidas, que ello tampoco se desprende de la letra del art. 398 citado 
y   que,   si   ésta   existiera,   difícilmente   resultaría   compatible   con   la 
norma constitucional que refiere a la independencia e imparcialidad 
de los jueces. 
En segundo término, no desconozco la tesis expuesta por 
Maier ya en su lejana obra La Ordenanza Procesal Alemana en la que 
sugería que la forma de decidir era mediante “…la votación única de  
la cuestión de cargo…”122, lo que luego se trasladó al art. 321 de su 
Proyecto de Código Procesal Penal de la Nación de 1986. 
El   procedimiento   de   votación   única   de   la   cuestión   de 
cargo lo que resuelve es el problema de la condena respecto de aquel 
imputado al que todos los jueces, por distintas razones, consideran 
inocente. 
Esa   propuesta,   empero,   lo   que   produce   es   el 
desplazamiento del problema por uno de igual entidad: si los jueces 
llegan   a   la   misma   conclusión   final,   pero   por   razones   diversas,   el 
resultado será una sentencia que carece de unidad de fundamentos y, 
por lo tanto, nula. 

122  Maier,   Julio;  La   Ordenanza   Procesal   Penal   Alemana;   Depalma,   Buenos   Aires, 
1982, p. 229.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 89
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
4.  La   contradicción   entre   la   constitucionalmente 
protegida   independencia   del   juzgador   y   el   procedimiento   de 
cuestiones   vencidas   sólo   puede   ser   superada   en   contados   casos 
concretos  en  los  que  el  propio juzgador  incluya  en  el conjunto  de 
intereses a tomar en consideración, la correcta y rápida administración 
de justicia. 
Dejé asentado al inicio de mi voto un caso en el que así 
decidí como juez de esta cámara. 
A   modo   de   hipótesis,   en   la   causa   “Álvarez”123  planteé 
otro ejemplo:   es  sabida  mi   interpretación  acerca de  que  el tipo  de 
portación   de   armas   concurre   de   forma   aparente   por   subsidiariedad 
tácita   con   la   tentativa   del   delito   posterior   cometido   con   esa   arma. 
También que el mínimo del delito desplazado reaparece por efecto de 
bloqueo a la hora de mensurar la pena. Supongamos que a la hora de 
decidir integro un tribunal colegiado en el que uno de los integrantes 
entiende que la relación concursal pertinente es el concurso ideal y 
otro   el   concurso   real   (algo   habitual   en   la   jurisprudencia   de   esta 
ciudad);  pero a la hora de aplicar la pena los restantes  integrantes 
entienden, al igual que yo, adecuada la pena de tres años y seis meses 
de prisión, mínimo de la portación y dos meses más que el mínimo de 
la tentativa del robo con arma de fuego ¿Se debería llamar a un cuarto 
juez para que vote respecto de la cuestión de la relación concursal? 
Las   opiniones   al   respecto   pueden   encontrarse   divididas   con 
argumentos igualmente razonables. En mi opinión, toda vez que la 
correcta administración de justicia constituye uno de los valores en 
juego,   no   advertiría   conflicto   alguno   en   adherir   a   la   solución   del 
concurso ideal  si  de ese  modo se arriba de modo más rápido a la 
solución del caso (este supuesto se concretó, dos semanas más tarde, 
en la causa “Denis”124). 

123  Cfr.   causa   “Álvarez,   Claudio   Adrián   s/legajo   de   ejecución”   (nº 


6337/2005/TO1/3/CNC3, rta. el 19/11/19, reg. nº 1724/19).
124  Cfr.   causa   “Denis,   Milton   Daniel   s/recurso   de   casación”   (nº 
47270/2015/TO1/CNC1, rta. el 6/12/19, reg. nº 1862/19).

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 90
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CCC 78566/2016/TO3/CNC1

5. Fuera de los excepcionales casos en los que el juzgador 
no   ve   afectada   su   independencia   de   criterio   o   entiende   que   en   el 
conflicto de intereses prevalece el poner rápido fin al proceso, la única 
solución plausible es acudir a la normativa de rango legal que tiende a 
incorporar a más jueces a la decisión. 
Al respecto, si bien el juez Sarrabayrouse trajo a colación 
el precedente “Establecimiento Las Marías” de la Corte Suprema de 
Justicia de la Nación, entiendo que ese precedente no resulta aplicable 
al caso por cuanto los supuestos en los que el máximo tribunal debe 
acudir a conjueces (art. 22 del Decreto Ley n° 1285/58) difieren de los 
procedentes para esta instancia casatoria. 
En  efecto,  el  art.  26  del  Decreto  Ley  n°  1285/58  reza 
“Las decisiones de las cámaras nacionales de apelaciones o de sus  
salas se adoptarán por el voto de la mayoría absoluta de los Jueces  
que las integran, siempre que éstos concordaran en la solución del  
caso. 
Si   hubiere   desacuerdo,   se   requerirán   los   votos  
necesarios   para   obtener   mayoría   de   opiniones.   Si   se   tratara   de  
sentencias   definitivas   de   unas   u   otras   en   procesos   ordinarios,   se  
dictaran   por   deliberación   y   voto   de   los   jueces   que   las   suscriben,  
previo sorteo de estudio. En las demás causas las sentencias podrán  
ser redactadas en forma unipersonal”.
Por su lado, los arts. 109 y 110 del Reglamento para la 
Justicia Nacional disponen: “Constitución para el fallo de las causas 
109.   —   En   todas   las   decisiones   de   las   cámaras   nacionales   de  
apelaciones o de sus salas intervendrá la totalidad de los jueces que  
las   integran.   Sin   embargo,   en   caso   de   vacancia,   ausencia   u   otro  
impedimento,   del   que   debe   haber   en   todos   los   casos   constancia  
formal en los autos, la decisión podrá ser dictada por el voto de los  
restantes,   siempre   que   constituyan   la   mayoría   absoluta   de   los  
miembros de la Cámara o Sala y que concordarán en la solución del 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 91
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
juicio. 110. — Cuando los jueces hábiles no constituyeran la mayoría  
absoluta de la Cámara o Sala o cuando existiendo esa mayoría no  
concordaran en la solución del juicio, las cámaras o saldas serán  
integradas por el número de jueces necesarios para reunir mayoría 
absoluta de votos concordantes, en la forma dispuesta por el art. 31  
de la ley 13.998 y los arts. 106 y 107 de este Reglamento”. 
Finalmente,   el   art.   36,   inc.   b)   del   Reglamento   para   la 
Jurisdicción en lo Criminal y Correccional (aplicable en función de la 
remisión   dispuesta   por   el   art.   57   del   Reglamento   de   esta   Cámara) 
establece que  “(…) “b) Cuando en caso de licencia no se designe  
reemplazante, las causas de la sala respectiva serán resueltas con  
arreglo al artículo 26 del decreto ley 1285/58, ratificado por la ley  
14.467, (Ver Anexo IV) y los artículos 109 a 111 del Reglamento para  
la Justicia Nacional (Ver Anexo V). Si los votos emitidos en alguna de  
ellas   no   formaran   mayoría,   se   integrarán   con   el   Presidente   del  
Tribunal   y,   en   su   caso,   por   el   Vicepresidente   1ro.,   luego   por   el  
Vicepresidente 2do. y, de ser necesario, por los restantes jueces de  
cámara por orden de antigüedad”. 
Más allá de alguna imprecisión en la redacción de estas 
normas,   en   tanto   se   hace   referencia   a   que   debe   existir   mayoría 
respecto de la solución sin especificar que lo que también debe existir 
es unidad de fundamentos, lo que resulta claro es que la forma de 
compatibilizar   la   independencia   del   juzgador   con   las   diversas 
opiniones acerca del  caso  a decidir  ha sido resuelta  por las  únicas 
normas aplicables mediante la incorporación de tantos jueces como 
sean necesarios para lograr una sentencia con unidad de criterios. 
Este es, por tanto, el procedimiento que se debe seguir 
para resolver en el caso bajo examen. 
Así voto. 
Concluida la deliberación y en función de su resultado, se 
procedió a sortear un cuarto magistrado a los efectos de intervenir en 
el   recurso   bajo   examen,   para  lo   cual  fue  designado  el   Juez   Mario 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 92
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CCC 78566/2016/TO3/CNC1

Magariños,   quien   emitió   su   voto   luego   de   una   nueva   deliberación 


colegiada llevada a cabo a través de medios digitales.
El juez Mario Magariños dijo:
–I–
Tal como destacan los distinguidos colegas Días y Morin, los 
desacuerdos generados en supuestos como el presente no deben ser 
resueltos a través del denominado método de “cuestiones vencidas” 
sino, en cambio, mediante la convocatoria a un juez adicional para 
que pronuncie su decisión sobre el caso en su integridad.
Esto   es   lo   que   sostuve   en   el   precedente   “Ruiz”   (reg.   nº 
536/2018) –ver el voto del juez Magariños–, donde expliqué que el 
método   aludido   no   se   presenta   como   un   mecanismo   apto   para   la 
interpretación y aplicación de las normas que regulan la estructura de 
las decisiones judiciales de tribunales colegiados, en la medida en que 
su   utilización   importa   el   desconocimiento   de   la   exigencia   de 
fundamentación de lo resuelto con base exclusiva en la ley aplicable 
al caso, imperativo que las reglas constitucionales establecen respecto 
de todos y cada uno de los jueces que integran, mediante su voto, el 
conocimiento y decisión de todo proceso sometido a su jurisdicción.
–II–
El   representante   del   Ministerio   Público   Fiscal,   así   como   el 
querellante, se agravian, en primer lugar, por la decisión del tribunal 
oral   de   calificar   jurídicamente   el   hecho   probado   como   homicidio 
imprudente   (artículo   84,   primer   párrafo,   del   Código   Penal),   y 
sostienen  que el episodio debió  ser  subsumido en el tipo penal de 
homicidio doloso (artículo 79 del Código Penal).
Una comprensión adecuada de este tramo de las impugnaciones 
exige circunscribir con precisión la plataforma fáctica que se tuvo por 
acreditada   en   la   decisión   recurrida,   los   fundamentos   que   allí   se 
expusieron para justificar la adecuación típica del suceso y las críticas 
introducidas por los recurrentes con relación a este punto.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 93
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
En la sentencia impugnada se consideró probado que el día 27 
de diciembre de 2016, aproximadamente a las 14:11 hs., el agente 
Diego   Hernán   Palermo,   mientras   circulaba   a   bordo   de   un   móvil 
policial   que   perseguía   al   vehículo   en   el   cual   se   desplazaba   una 
persona señalada por la presunta comisión de un hecho ilícito, efectuó 
con su arma de fuego reglamentaria un total de once disparos hacia 
ese rodado (p. 63). Asimismo, se tuvo por acreditado que uno de esos 
disparos   causó   la   muerte   del   señor   Jonathan   Andrés   Echimborde, 
quien se encontraba a una distancia de “más de una cuadra” (p. 50), 
“en la vereda de su casa realizando reparaciones en su camioneta” 
(p. 50), “agachado” (p. 72), y fuera del rango de visión del imputado 
(p. 72). Ninguna de esas proposiciones fácticas fueron controvertidas 
por los recurrentes durante el juicio, y tampoco ha sido cuestionada 
esa reconstrucción histórica en los recursos de casación interpuestos.
El   hecho   fue   calificado   jurídicamente   en   la   sentencia   como 
homicidio imprudente (artículo 84, primer párrafo, del Código Penal). 
Al   justificar   esa   subsunción,   y   descartar   la   adecuación   típica   del 
episodio   en  la  figura  de  homicidio  doloso   (artículo  79  del  Código 
Penal), los magistrados de la anterior instancia sostuvieron que no era 
posible   concluir   que   el   acusado,   al   realizar   su   comportamiento,   se 
haya “representado” la posibilidad de matar al damnificado.
Para respaldar esta conclusión, los sentenciantes consideraron 
determinantes   las   circunstancias   concretas   en   las   que   el   imputado 
ejecutó   su   conducta.   En   este   sentido,   tuvieron   en   cuenta   que   el 
acusado   efectuó   los   disparos   apuntando   al   vehículo   en   el   que   se 
desplazaba   el   sujeto   al   que   perseguía,   y   que   la   prueba   producida 
durante el debate no permitía concluir que “supiera” que la víctima se 
encontraba ubicada más adelante en esa misma calle, pues, tal como 
se   indicó   más   arriba,   estaba   a   más   de   una   cuadra   de   distancia, 
agachada y, en consecuencia, fuera del campo visual del tirador.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 94
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CCC 78566/2016/TO3/CNC1

Para ilustrar su razonamiento, los jueces del juicio destacaron la 
distinta   posición   en   la   que   se   encontraban   el   damnificado   y   el 
individuo a quien el imputado perseguía, y señalaron que la conducta 
del acusado podría haber sido calificada jurídicamente como tentativa 
de homicidio doloso respecto  del segundo –quien, claro está, sí  se 
encontraba en su rango de visión–; sin embargo, consideraron que no 
era posible ingresar a ese análisis debido a la falta de una imputación 
que lo habilitara.
La querella, al criticar ese aspecto de la decisión en su recurso 
de casación, argumenta que las circunstancias del caso, al contrario de 
lo afirmado por el tribunal oral, obligaban a concluir que el imputado 
se representó como posible la muerte del damnificado. Para esto, de 
manera   poco   clara,   luego   de   señalar   que   los   jueces   no   tuvieron 
debidamente en cuenta que el acusado exhibió con su comportamiento 
un   “desprecio   total   por   la   vida   humana”,   y   que   su   accionar   fue 
“disvalioso   incomprensible,   innecesario,   temerario   y   homicida”,   el 
recurrente sostiene que, debido a las circunstancias en que el autor 
ejecutó su conducta, a las que expresamente se refirió como “disparar  
en un barrio poblado a las dos de la tarde en un día de semana […] 
en   línea   recta   a   la   altura   de   una   persona”,   y   en   función   de   su 
condición   de   agente   policial,   la   conclusión   ineludible   era   que   se 
representó que “el resultado sería la posible muerte de una persona”.
Por   su   parte,   el   representante   del   Ministerio   Público   Fiscal 
también   cuestiona   la   conclusión   del   tribunal   oral   relativa   a   que   el 
imputado no se representó como posible la muerte de la víctima. Para 
esto, de forma similar a la parte querellante, el impugnante sostiene 
que la conclusión expuesta en la sentencia es insostenible si se realiza 
una valoración adecuada de las circunstancias concretas en las que el 
acusado   ejecutó   su   conducta,   y   afirma   que   “haber   efectuado   once  
disparos a bordo de un automotor en medio de una persecución a alta 
velocidad en medio de movimientos bruscos, mientras transitaba una  

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 95
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
zona densamente poblada a plena luz del día”, a su ver, “no puede  
generar  [en el autor]  otra percepción o idea que no sea el riesgo  
altísimo   de   acabar   con   la   vida   de   una   persona   que   por   allí   se 
trasladara”.   A   su   vez,   la   fiscalía   argumenta   también   que   “los 
alcances   de   esa   representación   no   deberían   circunscribirse   a   una  
persona u objeto determinado, sino a uno o varios bienes jurídicos”, y 
que   precisamente   por   ese   motivo   el   resultado   lesivo   debió   ser 
imputado al acusado a título de dolo, debido a que “cualquier persona  
que estuviera hacia adelante del tirador era un blanco posible”.
–III–
El   análisis   de   fundamentación   suficiente   del   agravio 
introducido   por   los   recurrentes,   por   estrictas   razones   de   orden 
metodológico,   exige   precisar   previamente   cuáles   son   los   requisitos 
que   deben   verificarse   para   que   un   comportamiento   con   relevancia 
jurídico penal pueda ser imputado a una persona a título de dolo.
Existe consenso en que el concepto de dolo comprende, como 
exigencia mínima, el conocimiento de la realización de los elementos 
del   tipo   objetivo.   Coinciden   con   esto   tanto   quienes   parten   de   una 
definición amplia del concepto de dolo, según la cual “forma parte de 
él,   además   del   conocimiento,   de   la   posibilidad   de   realizar   un   tipo 
penal   por  medio  de  la  conducta   propia,  una   determinada   actividad 
interior, que puede ser caracterizada […] como voluntad de realizar el 
hecho” (Stratenwerth, Günther, Derecho Penal. Parte General. I, trad. 
de Manuel Cancio Meliá y Marcelo Sancinetti, Hammurabi, Buenos 
Aires, 2005, p. 173; en el mismo sentido, entre muchos otros, Roxin, 
Claus,  Derecho  Penal.  Parte  General,  t.  I,  trad.  de  Diego  Manuel 
Luzón   Peña,   Miguel   Díaz   y   García   Conlledo   y   Javier   de   Vicente 
Remesal,   Civitas,   Madrid,   1997,   p.   412),   como   quienes, 
acertadamente, sostienen que “la cuestión tiene que ser resuelta por la 
vía   del   elemento   intelectivo,   o   cognoscitivo”   (Sancinetti,   Marcelo, 
Teoría  del  delito y disvalor  de acción, Hammurabi, Buenos  Aires, 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 96
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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1991,   p.   193),   y   consideran   que   “dicho   brevemente:   dolo   es 


conocimiento   de   la   acción   junto   con   sus   consecuencias”   (Jakobs, 
Günther,  Derecho   Penal.   Parte   General,   trad.   de   Joaquín   Cuello 
Contreras y José Luis Serrano González de Murillo, 2.ª ed., Marcial 
Pons, Madrid, 1997, p. 316).
Sobre   todo   esto   me   he   pronunciado   en   detalle   en   los 
precedentes “Roda y Nieva” (proceso n° 3652 del Tribunal Oral en lo 
Criminal n° 23) y “Monje” (reg. nº 1223/2020 de esta Cámara) –ver 
los votos del juez Magariños–, así  como también en un trabajo de 
carácter académico (cfr. Magariños, Mario, El límite entre el dolo y la  
imprudencia, Ad­Hoc, Buenos Aires, 2010).
Allí sostuve, en síntesis, que aquello que tradicionalmente es 
considerado como una condición mínima y necesaria para que una 
conducta   pueda   ser   caracterizada   como   dolosa   –esto   es,   el 
conocimiento de la realización de los elementos  del tipo objetivo– 
constituye,   a   su   vez,   una   razón   suficiente   para   alcanzar   esa 
caracterización.
En este sentido, destaqué que conformar un concepto de dolo 
integrado   y   delimitado   por   elementos   volitivo­intencionales   no   se 
corresponde   con   el   principio   fundamental   que   establece   que   en   el 
derecho   penal   de   un   estado   de   libertades   sólo   se   responde   por 
acciones,   y   no   por   meros   pensamientos,   rasgos   de   personalidad   o 
malas   intenciones.   Asimismo,   señalé   que,   ante   dos   personas   que 
ejecutan exactamente el mismo comportamiento y producen con él las 
mismas consecuencias, es evidente que hacer depender el grado de 
responsabilidad   –y,   con   ello,   la   magnitud   de   la   sanción   que   les 
corresponde– de circunstancias tales como la mala intención del autor 
hacia el bien jurídico tutelado, por una parte, o de su confianza en que 
todo terminará por resultar bien, por la otra, implica desligarse del 
principio de responsabilidad por el hecho e ingresar en el peligroso 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 97
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
terreno del derecho penal de autor, del sentimiento, del ánimo o de la 
motivación.
Es por ello que en el contexto del sistema jurídico delineado por 
la   Constitución   Nacional,   del   cual   es   una   pieza   fundamental   el 
principio de acto o exteriorización (artículo 19, primera parte, de la 
Constitución Nacional), no es posible aceptar una interpretación que 
delimite   la   responsabilidad   relativamente   más   intensa, 
correspondiente a los hechos dolosos, frente a la relativamente más 
leve   que   se   asigna   a   los   sucesos   imprudentes,   a   partir   de 
circunstancias   que,  como la  “intención”,  se  encuentran  en el  fuero 
interno del autor.
Del mismo modo, tampoco es posible realizar esa delimitación 
recurriendo   al   modo   en   que   el   autor   elabore   la   previsión   de   la 
producción   del   resultado,   esto   es,   como   “representación”   de   la 
posibilidad   o   de   la   probabilidad,   pues   también   éste   constituye   un 
aspecto   de   su   fuero   interno   y,   por   consiguiente,   no   susceptible   de 
valoración   por   el   ordenamiento   jurídico,   en   virtud   del   mandato 
constitucional impuesto al estado mediante el principio fundamental 
de acto o del hecho.
La opción por caracterizar al elemento subjetivo del tipo sólo 
en función del conocimiento permite alcanzar una definición unitaria 
de dolo, no contaminada por aspectos propios de un derecho penal del 
sentimiento, el ánimo, o el carácter del autor, cuya ponderación, como 
se   dijo   más   arriba,   resulta   ilegítima   en   función   de   los   límites 
impuestos por el principio fundamental regulado en el citado artículo 
19, primera parte, de la Constitución Nacional –con respecto al cual 
puede encontrarse un análisis exhaustivo en Magariños, Mario,  Los 
límites de la ley penal en función del principio constitucional de acto, 
Ad­Hoc, Buenos Aires, 2008–.
En razón de lo expuesto hasta aquí, la función que cumple el 
aspecto   subjetivo   del   tipo   es   establecer   si   aquello   que   un   agente 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 98
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CCC 78566/2016/TO3/CNC1

exterioriza en el mundo como quebrantamiento de una norma le puede 
ser   imputado   como   su   obra,   o   si,   por   alguna   razón,   puede   ser 
distanciado total o parcialmente de él. Por consiguiente, el dolo debe 
ser concebido como una relación de imputación del comportamiento 
externamente perturbador a su autor; de ese modo se limita el disvalor 
del ilícito a las características del suceso exterior contrario a la norma, 
y se respeta así el principio del hecho.
En síntesis, el criterio que debe guiar el análisis de cada caso 
puede sintetizarse del siguiente modo: el dolo comprende únicamente 
el   conocimiento   de   la   realización   del   tipo   objetivo   y, 
consecuentemente,   sólo   se   excluirá   en   aquellos   supuestos   en   los 
cuales se constate la concurrencia de un error de tipo, debido a que 
nadie puede distanciarse volitivamente de aquellas consecuencias que 
sabe que su comportamiento habrá de ocasionar.
En   el   caso   del   tipo   penal   de   homicidio,   cuando   el   autor   se 
enfrenta   a   la   decisión   de   llevar   a   cabo   un   determinado 
comportamiento y conoce que, como consecuencia de su acción, no 
aparece improbable que una persona resulte muerta, actúa con el dolo 
que esa figura requiere, sin importar si la consecuencia  prevista le 
resulta grata, deseable, indiferente o desagradable, pues la norma que 
subyace al tipo del artículo 79 del Código Penal exige que el autor 
omita todo comportamiento prohibido a partir del cual él conozca que 
puede derivarse la muerte de otro.
­IV­
Pues   bien,   los   términos   en   que   se   encuentra   planteada   la 
cuestión   reclaman   determinar   si   los   recurrentes   han   logrado 
demostrar, mediante una fundamentación adecuada y suficiente, que 
el a quo, al efectuar la subsunción típica de la plataforma fáctica que 
se tuvo por acreditada en la sentencia, debió concluir que el imputado 
obró con conocimiento de la realización de los elementos contenidos 
en la figura contemplada en el artículo 79 del Código Penal y, en 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 99
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
consecuencia,   calificar   jurídicamente   el   suceso   como   homicidio 
doloso.
Conforme se explicará a continuación, en este aspecto ambos 
recursos   carecen   de   una   correcta   argumentación   y   deben   ser 
declarados inadmisibles. Concretamente, el defecto que exhiben las 
impugnaciones radica en que, en lugar de cumplir la carga explicativa 
que la configuración concreta del caso demandaba, los recurrentes han 
asumido como evidente aquello que debían demostrar.
En efecto, al sostener que correspondía concluir que el acusado 
conocía –o, en la terminología empleada en los recursos, se representó 
que–,   como   consecuencia   de   su   comportamiento,   no   resultaba 
improbable la muerte de la víctima, los impugnantes asumen como 
una obviedad que ello es así por la circunstancia de tratarse de una 
conducta desplegada en una zona poblada y en un horario de mucha 
concurrencia de personas, razón por la cual entienden que los disparos 
efectuados por el autor pudieron impactar no sólo en el sujeto al cual 
perseguía sino, además, en cualquier otra persona que se encontrase 
en las inmediaciones del lugar.
Sin embargo, al razonar de ese modo, omiten tomar a su cargo 
la tarea de refutar el punto central del suceso histórico fijado por el a  
quo y, a su vez, de la fundamentación de la sentencia, en tanto allí se 
consideró determinante la situación particular en la que se encontraba 
la víctima –esto es, a una distancia del tirador mayor a una cuadra y 
completamente fuera de su rango visual–; lo cual les permitió a los 
jueces   de   la   anterior   instancia,   de   forma   razonable,   diferenciar   la 
situación   del   damnificado   de   la   de   otras   personas   que,   como   el 
individuo a quien el autor perseguía, estaban en su cercanía y sí se 
encontraban dentro del alcance de su campo de visión, motivo por el 
que hubiese sido plausible concluir a su respecto que el acusado tenía 
conocimiento   de   que   no   resultaba   improbable   la   producción   de   la 
muerte de alguna de esas personas como consecuencia de su accionar.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 100
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CCC 78566/2016/TO3/CNC1

En   otros   términos,   los   impugnantes   no   han   explicado 


adecuadamente   de   qué   manera   sería   posible   sostener   que   el 
condenado conoció o pudo representarse la muerte de una persona que 
se   hallaba   absolutamente   fuera   de   su   rango   visual   al   momento   de 
efectuar los disparos.
Esa imposibilidad de abarcar dentro del campo de visión del 
autor   a   la   víctima,   permite   asimismo   advertir   por   qué   razones   el 
suceso en examen no debe equipararse a los supuestos considerados 
bajo la denominación de “dolo alternativo”, en los cuales el autor obra 
con dolo, por ejemplo, de matar tanto a la persona hacia la cual dirige 
el disparo como, alternativamente, a quien se encuentra junto a ella.
Es que, si se tiene en cuenta que el dolo alternativo, en verdad, 
“no es ninguna clase de dolo con estructura independiente, sino una 
unión de dos dolos, la realización de los cuales, a juicio del autor, se 
excluye   mutuamente”   (Jakobs,  op.   cit.,   p.   335),   no   corresponde 
entonces incluir el supuesto bajo análisis en esa categoría, pues, como 
puede apreciarse, en esa constelación de casos no es posible prescindir 
del  conocimiento, por  parte del sujeto activo, de la no improbable 
realización del tipo objetivo respecto de cada una de las alternativas 
de las que se trate; motivo por el cual se afirma, ante el supuesto de 
consumación,   la   existencia   de   un   concurso   ideal   entre   tentativa   y 
delito consumado. 
Esto se torna más evidente aún si se repara en los ejemplos que 
suelen ofrecerse en la doctrina al analizar el punto y sostener que obra 
con   dolo   alternativo   el   autor   que   “dispara   a   la   víctima,   que   se 
encuentra ante una gran luna de escaparate”, pues “está claro para él 
que acertará a la víctima o a la luna (Jakobs, op. cit., p. 335), o quien 
“apunta […] a [una] pieza de caza, pero cuenta seriamente con que 
podría alcanzar a una persona que está al lado de ella” (Roxin, op. cit., 
p. 455).

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 101
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
En   consecuencia,   los   recurrentes   no   logran   proporcionar 
argumentos   que   conmuevan   la   decisión   impugnada   en   punto   a   la 
consideración relativa a que las circunstancias fácticas que rodearon el 
accionar del autor determinaron que éste obrase con error acerca del 
conocimiento   (o   de   la   representación   como   no   improbable)   del 
resultado de muerte del sujeto pasivo de su comportamiento.
–V–
Tampoco se ofrecen en los recursos argumentos orientados a 
analizar el caso desde la perspectiva de la problemática generada a 
partir de conceptos como el de “dolo indirecto” (Carpzov), “ceguera o 
indiferencia ante los hechos” (Jakobs) o “ignorancia deliberada” (cfr. 
las referencias contenidas en Ragues i Vallès, Ramón, La ignorancia  
deliberada   en   Derecho   penal,   Atelier,   Barcelona,   2008).   Por   el 
contrario,   los   impugnantes   estructuran   sus   presentaciones 
exclusivamente con base en un concepto tradicional o psicológico de 
dolo.
En este punto, conviene recordar que ante un recurso de la parte 
acusadora   (pública   o   privada),   no   aplica   el   imperativo   de   llevar 
adelante   una   revisión   de   carácter   amplio   de   la   sentencia   (conf. 
“Casal”, Fallos: 328:3399;   artículo 8, inciso 2º, apartado “h” de la 
Convención Americana sobre Derechos Humanos), en tanto ese deber 
se encuentra consagrado en favor de toda persona inculpada de delito, 
y no de todo interviniente en el proceso penal.
Por consiguiente, no corresponde aquí ingresar en el examen de 
categorías   conceptuales   absolutamente   ausentes   en   los   recursos   de 
casación   articulados,   las   cuales,   a   su   vez,   no   guardan   coherencia 
teórica con aquellas sobre cuya base se han estructurado los escritos 
de   impugnación   y   que,   por   esas   mismas   razones,   conducirían   a 
consecuencias   más   gravosas   para   el   condenado   derivadas   de   una 
actividad jurisdiccional ejercida de oficio, no circunscripta a la pura 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 102
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CCC 78566/2016/TO3/CNC1

tarea hermenéutica ineludible para la aplicación de la ley que resuelve 
el caso.
De cualquier modo, cabe señalar, a modo de  obiter dictum, la 
dificultad   de   entender,   aún   con   una   mirada   normativista,   que   las 
circunstancias   históricas   definidas   en   el   caso   permitan   enmarcarlo 
razonablemente dentro de la constelación de supuestos considerados 
bajo   aquellas   categorías,   pues   el   desconocimiento   del   autor, 
constatado  en la sentencia, no aparece pasible de ser caracterizado 
como   una   ignorancia   “dirigida”   o   “deliberada”,   sino   como   un 
supuesto   de   ignorancia   “no   dirigida”   o   “difusa”   (cfr.,   por   todos, 
Jakobs, Günther, “Sobre el tratamiento de los defectos volitivos y de 
los   defectos   cognitivos”,   trad.   de   Carlos   Suárez   J.   González,   en 
Estudios de Derecho Penal, Civitas, Madrid, 1997, p. 138).
Además, bajo aquel concepto normativo y no exclusivamente 
psicológico   de   dolo   (y   de   error),   no   se   trata   tampoco   de   una 
“adscripción”  de conocimiento ausente  en la  cabeza de  autor, sino 
que, por el contrario, tal como ha explicado Jakobs, frente a quienes 
consideran   que   “el   dolo   no   es   un   hecho   psíquico,   sino   una 
adscripción”, corresponde recordar que “esta adscripción se produce 
como   consecuencia   de   «circunstancias   externas»,   «de   hechos 
objetivamente   constatables»   y  de  ahí  que  presente   una  vinculación 
naturalista” (Jakobs, “Sobre el tratamiento de los defectos volitivos y 
de los defectos cognitivos”, cit., p. 139, nota nº 18).
En   función   de   todo   lo   expuesto,   corresponde   declarar 
inadmisibles los agravios introducidos con relación a este punto, y 
confirmar la decisión del tribunal oral de calificar jurídicamente el 
hecho   probado   como   homicidio   imprudente   (artículo   444,   segundo 
párrafo, del Código Procesal Penal de la Nación).
–VI–
Por   otro  lado,   la  parte   querellante   solicita   que   la  plataforma 
fáctica   acreditada,   además   de   ser   calificada   jurídicamente   como 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 103
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
homicidio doloso (artículo 79 del Código Penal), sea subsumida en las 
agravantes reguladas en los artículos 80, inciso 9º, y 41 bis del Código 
Penal.
Sin   embargo,   en   la   medida   en   que   ambas   pretensiones   se 
encuentran   sujetas   a   la   calificación   jurídica   del   episodio   como 
homicidio doloso, su análisis ha devenido inoficioso.
–VII–
Finalmente,   el   representante   del   Ministerio   Público   Fiscal 
critica la fundamentación expuesta en la sentencia para fijar la sanción 
a imponer al acusado en tres años de prisión de ejecución condicional.
El   tribunal   oral,   al   fundar   este   aspecto   de   su   decisión,   y 
seleccionar una sanción de tres años dentro de una escala que prevé 
una pena de uno a cinco años de prisión, tuvo cuenta las siguientes 
pautas   agravantes:   a)   el   “alto   nivel   de   imprudencia”   del 
comportamiento   desplegado   por   el   acusado,   concretamente   por   la 
cantidad   de   disparos   efectuados,   la   dinámica   en   la   que   el   hecho 
aconteció, y las características de tiempo y lugar en las que tuvo lugar; 
b) la condición de agente policial del autor al momento del suceso, lo 
cual   “le   exigía   actuar   con   absoluto   apego   al   deber   objetivo   de  
cuidado siendo conocedor de los riesgos que generaba su accionar” y 
le imponía, por su experiencia, advertir los riesgos generados por su 
conducta. 
A su vez, como circunstancias atenuantes, el a quo ponderó que 
el   imputado:   a)   es   una   persona   joven;   b)   cuenta   con   contención 
familiar; c) es la primera vez que es sometido a un proceso penal; d) 
cuenta con un grupo familiar propio y es padre de una niña; e) posee 
estudios   secundarios   completos;   f)   debido   a   las   consecuencias 
administrativas que le generó este proceso actualmente trabaja como 
reparador de teléfonos celulares, lo cual impactó en la economía de su 
familia; y g) el arrepentimiento que mostró durante el juicio, donde 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 104
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE CASACIÓN EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL - SALA 2
CCC 78566/2016/TO3/CNC1

reconoció su intervención en el hecho y manifestó estar preocupado 
por la situación que atraviesa la familia de la víctima.
Al criticar esa fundamentación, la fiscalía sostiene que el monto 
de pena de prisión debió superar los tres años y que, por ese motivo, 
la modalidad de la sanción debió ser de efectivo cumplimiento. Para 
esto, el recurrente argumenta, por un lado, que aquellas circunstancias 
que el tribunal oral tuvo en cuenta como agravantes no reflejaron un 
impacto   adecuado   en   el   monto   punitivo   individualizado   en   la 
sentencia y, por el otro, que los magistrados omitieron valorar como 
agravantes   dos   circunstancias   relevantes,   a   saber:   el   riesgo   que   la 
conducta del imputado generó para la vida de otras personas y para 
otros   bienes   materiales,   y   el   daño   que   la   muerte   del   damnificado 
causó en su esposa, hijos, padres y hermanos.
Asiste razón al impugnante al sostener que el tribunal oral no ha 
considerado   de   modo   plausible   las   pautas   normativas   de 
individualización de la pena aplicables al caso.
Ello es así pues, como puede apreciarse, y bien lo destaca el 
representante   del   Ministerio   Público   Fiscal,   los   magistrados   de   la 
instancia anterior omitieron sin fundamento alguno realizar cualquier 
tipo de consideración acerca de la incidencia que tenía en el asunto el 
daño   causado   a   los   familiares   de   la   víctima   y,   particularmente,   el 
peligro que el comportamiento delictivo generó para otras personas; a 
pesar   de   que   ambas   circunstancias,   de   forma   evidente,   constituían 
pautas   de   individualización   punitiva   relevantes   al   momento   de 
considerar “la extensión del daño y del peligro causados”, a las cuales 
expresamente alude el artículo 41, inciso 1º, del Código Penal.
Por   esa   razón,   corresponde   concluir   que   este   tramo   de   la 
decisión   recurrida   no   se   atiene   a   las   pautas   de   fundamentación 
exigibles   a   toda   decisión   jurisdiccional,   lo   cual   impone   su 
descalificación como acto jurisdiccional válido y su declaración de su 
nulidad (artículo 471 del Código Procesal Penal de la Nación).

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 105
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
En consecuencia, corresponde remitir las actuaciones a sorteo a 
fin de que otro tribunal oral establezca el monto punitivo a imponer al 
acusado, de conformidad con la escala legal aplicable.
–VIII–
En definitiva, corresponde: I) declarar inoficioso el análisis de 
los agravios de la querella vinculados con la aplicación al caso de las 
agravantes reguladas en los artículos 80, inciso 8º, y 41 bis del Código 
Penal; II) en lo restante, declarar inadmisible el recurso de casación 
interpuesto por la querella, con costas (artículo 444, segundo párrafo, 
530   y   531   del   Código   Procesal   Penal   de   la   Nación);   III)   declarar 
parcialmente   inadmisible   el   recurso   de   casación   interpuesto   por   el 
representante   del   Ministerio   Público   Fiscal,   en   punto   al   agravio 
dirigido   a   cuestionar   la   decisión   del   tribunal   oral   de   calificar 
jurídicamente   el   hecho   probado   como   homicidio   imprudente,   sin 
costas (artículos 444, segundo párrafo, 530 y 531 del Código Procesal 
Penal   de   la   Nación);   IV)   hacer   lugar   parcialmente   al   recurso   de 
casación   interpuesto   por   el   representante   del   Ministerio   Público 
Fiscal, anular parcialmente la sentencia impugnada en lo relativo a la 
determinación de la pena allí fijada, y remitir las actuaciones a sorteo 
a fin de que otro tribunal oral establezca el monto punitivo a imponer 
al acusado, de conformidad con la escala legal aplicable, sin costas 
(artículos 471, 530 y 531 del Código Procesal Penal de la Nación).
Conclusiones: 
Emitidos   los   votos   de   los   cuatro   vocales   intervinientes   y 
producto del desarrollo de la deliberación efectuada, se concluye que 
NO   SE   HA   LOGRADO   UNA   MAYORÍA   DE   VOTOS   sobre 
todas   las   cuestiones   a   decidir.  En   función   de   ello,   se   decide   la 
convocatoria de un quinto juez.
El juez Mauro Divito dijo:
1.  Ante todo, debo expresar que no comparto la metodología 
que se ha seguido en este caso para tratar los recursos planteados, que 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 106
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CCC 78566/2016/TO3/CNC1

­llevada   al   extremo­   bien   podría   derivar   en   la   imposibilidad   de 


resolverlos. Luego de que los jueces de la Sala 2 disintieron acerca de 
la   solución   que   correspondería   asumir,   por   dos   votos   contra   uno 
decidieron la convocatoria de un cuarto juez, quien ­si bien coincidió 
con la modalidad empleada para su designación­ se pronunció en un 
sentido que tampoco ha permitido conformar una mayoría, razón por 
la que ­ahora­ me sumo como el quinto juez que debe intervenir. 
Este   procedimiento,   según   entiendo,   dificulta   alcanzar   las 
mayorías necesarias para pronunciar un fallo válido, genera demoras 
que ­claro está­ resultarían evitables de seguirse el sistema de separar 
las cuestiones a resolver, y me parece perjudicial para una adecuada 
deliberación, pues quienes vamos llegando a ella nos encontramos con 
opiniones acabadamente elaboradas, que no dejan mayor margen para 
continuar con un intercambio de ideas que ya se concretó ­y agotó­ 
previamente.  De   todos   modos,  como  tres   de  los  cuatro  jueces   que 
­hasta ahora­ han intervenido se inclinaron por este sistema, me limito 
a dejar aquí expresada mi disidencia, por coincidir ­en lo sustancial­ 
con la propuesta que, en relación con este punto, efectuara el colega 
Sarrabayrouse.
2. En función de las distintas miradas a que ha dado lugar este 
caso,   en   primer   lugar,   estimo   necesario   examinar   brevemente   la 
admisibilidad formal de los recursos. Al respecto, advierto que los 
jueces Días, Morin y Sarrabayrouse, explícita o implícitamente, la han 
admitido,   mientras   que   el   juez   Magariños   se   inclinó   ­con   las 
aclaraciones   que   haré   más   adelante­   por   rechazarla,   salvo   en   lo 
atinente al agravio de la fiscalía contra la pena impuesta. Por mi parte, 
coincido   con   los   primeros,   pues   entiendo   que   las   impugnaciones 
presentadas tanto por la querella como por el fiscal, en cuanto afirman 
que el hecho atribuido a Palermo configuraría un homicidio doloso 
­aunque   difieren   en   torno   al   encuadre   legal   que   correspondería 
asignarle­ cuentan con una fundamentación que, más allá de que se 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 107
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
comparta o no, resulta suficiente a los fines de habilitar su tratamiento 
en esta instancia.
3. El principal aspecto que corresponde examinar, entonces, es 
si   las   evidencias   recogidas   acreditan   que   Diego   Hernán   Palermo 
provocó la muerte de Jonathan Andrés Echimborde de manera dolosa, 
hipótesis   rechazada   en   la   sentencia   recurrida   y   afirmada   por   las 
acusaciones   pública   y   particular.   Sobre   ese   punto,   observo   que   el 
concepto   de   dolo   ha   sido   abordado,   con   profundidad   y   erudición 
­aunque   con   algunas   diferencias   de   enfoque­,   por   los   colegas 
preopinantes, razón por la que creo conveniente ­antes de avanzar­ 
precisar brevemente el criterio que habré de seguir al respecto. 
Sin olvidar que se trata de temas bastante controvertidos, asumo 
aquí   que   el   dolo   constituye   un   aspecto   (subjetivo)   de   la   tipicidad, 
compuesto por la voluntad realizadora del tipo objetivo ­guiada por el 
conocimiento   efectivo   de   sus   elementos­   (cfr.   E.   Raúl   Zaffaroni, 
Lineamientos   de   Derecho   Penal,   Ediar,   Buenos   Aires,   2020,   pág. 
142),   que   debe   ser   demostrado   en   el   juicio   como   parte   de   la 
imputación (íd., pág. 147), y que el llamado dolo eventual comprende 
aquellos supuestos en que el sujeto activo “no pudo dejar de saber  
que   con   altísima   probabilidad   se   produciría   el   resultado   (aspecto  
cognoscitivo del dolo) y, por ende, si llevó a cabo la conducta fue  
porque tuvo voluntad realizadora (aspecto conativo)” (íd., pág. 146).
Formulada   esa   primera   aclaración,   reseñaré   las   dos   posturas 
que, según veo, han quedado hasta aquí delineadas.
El juez Días, con la aclaración de que “el dolo es algo que se  
imputa   antes   que   algo   que   se   prueba”,   se   inclinó   por   descartarlo. 
Destacó   los   extremos   fácticos   afirmados   en   la   sentencia,   que   no 
fueron cuestionados por los recurrentes, en torno a que “la distancia  
que separaba al tirador del damnificado era holgadamente superior a  
los cien metros, y que conforme la prueba testimonial producida en el  
debate, desde la posición en la cual fueron efectuados los disparos no  

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 108
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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CCC 78566/2016/TO3/CNC1

era   posible   ver   a   la   víctima”,   y   concluyó   en   que   “no   es   posible  


afirmar   que   el   blanco   en   el   cual   acertó   el   tirador,   distinto   de   su  
propósito   directo,   pueda   fundamentar   que   éste   asumió  
conscientemente el acontecer típico aprobándolo, o conformándose”.
A una conclusión similar arribó el juez Magariños, ya que más 
allá de precisar ­con cita de Jakobs­ que “dolo es conocimiento de la  
acción junto con sus consecuencias”, afirmó la inadmisibilidad ­sobre 
este punto­ de los recursos, ya que los acusadores no explicaron “de 
qué manera sería posible sostener que el condenado conoció o pudo  
representarse la muerte de una persona que se hallaba absolutamente  
fuera de su rango visual al momento de efectuar los disparos”. Se 
inclinó, así, por “confirmar la decisión del tribunal oral de calificar  
jurídicamente el hecho probado como homicidio imprudente”.
Por   su   parte,   el   juez   Sarrabayrouse,   luego   de   señalar   que   la 
cuestión   fundamental   es   cómo   se   prueba   el   dolo,   afirmó   que   éste 
“abarca el riesgo inherente a la conducta y lo que debe probarse es  
que el sujeto conocía ese riesgo”, al tiempo que sostuvo que Palermo 
creó un riesgo elevadísimo al disparar en once oportunidades, durante 
una persecución a alta velocidad, a plena luz, un día de semana, en 
una zona urbana poblada por la que transitaban diferentes personas. 
En función de ello, concluyó que aquél conocía que podía producir la 
muerte “de cualquiera de las personas ubicadas en el trayecto de la  
persecución”, de modo que la realización del tipo le resultaba posible 
y ­por la cantidad de disparos­ la aprobó, actuando ­al menos­ con 
dolo eventual. Aclaró que “la prohibición de la reformatio in pejus  
impide considerar el resto de las tentativas de homicidio que entiendo  
presentes con respecto a los peatones y al conductor”.
En lo sustancial, coincidió el juez Morin, quien ­a partir del 
marco   teórico   propuesto   por   las   teorías   objetivas­   ponderó   “las 
características del autor (miembro de las fuerzas de seguridad con  
doce años de experiencia), la naturaleza propia de la acción (once  
disparos de arma de fuego) y el contexto (efectuados en condiciones  

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 109
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
poco seguras, desde un automóvil que se desplaza a alta velocidad +  
a plena luz del día + en zona poblada)”. Sobre esa base, concluyó que 
“nadie,   dentro   de   nuestro   ámbito   social,   dudaría   en   atribuir   el  
conocimiento   del   autor,   toda   vez   que   esa   conducta   resulta  
especialmente   apta   para   producir   ese   resultado   con   respecto   a  
cualquier   tercero   que   circule   por   la   zona”   y   que   se   trata   de   “un  
supuesto de dolo alternativo en el que la conducta vinculada al objeto  
directo de la acción ha quedado en grado de tentativa ­lo que, atento  
a   la   ausencia   de   agravio   en   tal   sentido,   sólo   se   aclara   a   fin   de  
explicitar la situación normativa en la que se subsume el caso­ a la  
vez   que  aquella   que  ha   quedado   consumada   debe   ser   imputada   a  
título de dolo”.
Como puede verse, se cuenta ­hasta ahora­ con dos votos que 
propician confirmar la condena por homicidio culposo y otros dos que 
se inclinan por modificarla, encuadrando el hecho como un homicidio 
doloso.
Puesto a dirimir esta controversia, de momento empatada, voy a 
acompañar la propuesta de los jueces Días y Magariños. En efecto, 
comparto   lo   expresado   por   ambos   colegas   en   torno   a   que   las 
conclusiones alcanzadas en la sentencia, en relación con la distancia 
que   existía   entre   el   acusado   y   la   víctima   y,   principalmente,   la 
ubicación   de   ésta   fuera   del   campo   visual   de   aquél,   no   han   sido 
satisfactoriamente   rebatidas   por   los   recurrentes,   como   para   poder 
afirmar aquí, con el grado de certeza que a estas alturas se requiere, 
que   la   muerte   de   Echimborde   ­el   único   aspecto   del   hecho   que 
corresponde tratar en este fallo­ fue dolosamente provocada. 
Antes bien, a partir de dichas circunstancias fácticas, en modo 
alguno   advierto   que   haya   sido   erróneo   ­al   menos,   en   lo   que   llega 
como objeto de revisión­ el encuadre legal asignado al episodio. A mi 
juicio, el suceso remite a las hipótesis que en la actividad académica 
usualmente   se   tratan   como   supuestos   de   “error   en   el   golpe”   ­o 
aberratio ictus­ y, en particular, al caso de quien provoca un resultado 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 110
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
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que difiere, de manera esencial, del que había planeado, en el que si 
dicho   resultado   (diferente)   no   ha   sido   incorporado   a   la   voluntad 
realizadora   del   sujeto   activo,   sólo   puede   ser   atribuido   a   su 
imprudencia. 
Sin embargo, en función de las aristas fácticas reseñadas, creo 
que   ha   de   ser   diferenciado   cuidadosamente   de   los   ejemplos   ­que 
suelen emplearse al estudiar el tema­ del tirador que dispara contra 
una persona (u objeto) y acierta sobre otra que está junto a la primera, 
en   los   que   la   apreciación   de   que   tal   resultado   obedeció   a   una 
actuación dolosa puede revestir ­claro está, según las singularidades 
del  caso­  mayor  solidez, mientras que, como quedó dicho, aquí  se 
alcanzó a alguien que se hallaba alejado del blanco seleccionado y 
fuera de la vista del sujeto activo. 
Adviértase   que,  según   el  autor  antes  citado,  la  imputación  a 
título de culpa del resultado efectivamente provocado sería factible 
incluso en ciertos supuestos de mayor proximidad: “El error en el  
golpe o aberratio ictus, conforme a este criterio de concreción del  
dolo atendiendo al plan concreto, debe resolverse así: si el sujeto  
quería   alcanzar   cualquier   objeto   de   un   conjunto   o   género   y   lo  
alcanzó,   el   error   es   inesencial;   si   solo   quería   alcanzar   un   objeto  
determinado y no lo alcanzó, será esencial. Si alguien dispara contra  
una multitud, no hay error o es inesencial si alcanza a lesionar a  
alguien. Si lo hace contra una persona que se halla junto a otra y el  
disparo   lesiona   a   la   otra   persona,   el   error   será   esencial   y   se  
resolverá como tentativa de homicidio (o de lesiones, según el caso)  
respecto de la persona a la que no alcanzó, en concurso ideal con  
lesiones   por   negligencia   respecto   de   la   que   efectivamente   fue  
lesionada” (íd., pág. 152).
A conclusiones similares parecen conducir las enseñanzas de 
Roxin:   “Quien   incluye   en   sus   cálculos   la   realización   de   un   tipo  
reconocida por él como posible, sin que la misma le disuada de su  
plan, se ha decidido conscientemente —aunque sólo sea para el caso  

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 111
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
eventual y a menudo en contra de sus propias esperanzas de evitarlo
— en contra del bien jurídico protegido por el correspondiente tipo.  
Esta ‘decisión por la posible lesión de bienes jurídicos’ es la que  
diferencia   al   dolo   eventual   en   su   contenido   de   desvalor   de   la  
imprudencia  consciente y la que justifica su más severa  punición” 
(cfr.   Claus   Roxin,   “Derecho   Penal   –   parte   general   –   tomo   I   ­  
Fundamentos. La estructura de la teoría del delito”, Civitas, Madrid, 
1997, p. 425). Según el reconocido profesor alemán, la admisión del 
dolo   (eventual)   en   los   supuestos   aquí   tratados   depende   de   que   la 
desviación del curso causal hubiera quedado abarcada por la decisión 
del autor, como en el siguiente ejemplo: “cuando A, al apuntar a B,  
ve a C, que está al lado, percibe la posibilidad de alcanzarle, pero  
pese a ello dispara y alcanza en efecto mortalmente a C” (íd., p. 493), 
mientras   que   “Si   A   quiere   matar   de   un   disparo   en   una   pelea   de  
taberna a su amigo B, pero en vez de a éste alcanza a su propio hijo  
C, el plan se ha frustrado, no sólo según el juicio subjetivo de A, sino  
también según parámetros objetivos. Ello sigue siendo válido también 
cuando el disparo no alcanza precisamente al propio hijo, sino a un  
tercero   desconocido.   Concurre   en   efecto   entonces,   respecto   de   la  
víctima muerta, una realización de un peligro … que puede constituir  
la   base   de   una   condena   por   homicidio   imprudente;   pero   la  
imputación   del   resultado   al   dolo   no   es   posible   por   falta   de  
realización   del   plan,   de   modo   que   en   esa   medida   el   resultado  
pretendido sólo puede motivar la punición por una tentativa” (íd., p. 
494).
Si bien ­debo aclararlo­ pienso que no es posible construir ­en 
abstracto­   reglas   rígidas   acerca   de   la   solución   que   correspondería 
aplicar en cada una de dichas hipótesis, entiendo que los ejemplos 
transcriptos resultan ilustrativos para descartar la arbitrariedad de la 
solución asumida por el tribunal a quo. 
Bajo tales premisas, como no existe controversia en torno a que 
Palermo   disparó   en   dirección   al   automóvil   en   el   que   huía   el 

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 112
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MAURO DIVITO, JUEZ DE CAMARA
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sospechoso, tanto la distancia que lo separaba de la víctima como la 
circunstancia de que ésta estuviera fuera de su vista, impiden afirmar 
­con   la   certeza   que   sería   necesaria   en   esta   etapa   para   acceder   al 
reclamo de los recurrentes­ que la muerte efectivamente provocada 
quedó abarcada por su voluntad realizadora.
En síntesis, en relación con este punto me inclino por rechazar 
los recursos de la fiscalía y la querella y confirmar la condena dictada 
contra Palermo en orden al delito de homicidio culposo.
4. Como podrá apreciarse, las diferentes soluciones que se han 
barajado no dependen del criterio teórico que sigue cada uno de los 
jueces   en   relación   con   el   contenido   del   dolo,   ya   que   ­aún   bajo 
diferentes enfoques­ estoy coincidiendo aquí con los jueces Días y 
Magariños   en   torno   a   que   los   agravios   expresados   no   bastan   para 
afirmarlo   en   este   caso,   mientras   que,   por   su   parte,   los   jueces 
Sarrabayrouse y Morin ­también con matices entre sí­ han entendido 
lo contrario. 
Por   lo   demás,   cierto   es   que,   como   surgió   durante   la 
deliberación, la imputación debería haber comprendido, además del 
resultado   que   efectivamente   se   produjo,   el   tratamiento   del   otro 
aspecto con posible relevancia penal que ofrecía el hecho, vinculado 
con la realización intencional de varios disparos contra el sospechoso 
que fugaba de la policía. Sin embargo, en este punto considero que los 
límites   que  la  ley  procesal  impone  al  conocimiento   de  esta   alzada 
impiden abordar dicha cuestión (CPPN, art. 445).
5.  Habiendo quedado descartada la pretensión principal de los 
recurrentes, de que el hecho atribuido en la condena sea encuadrado 
como   un   homicidio   doloso,   nada   corresponde   decir   en   torno   a   las 
distintas agravantes invocadas (arts. 41 bis y 80, inc. 9°, del Código 
Penal),   cuya   aplicación   no   procede   en   relación   con   la   figura 
imprudente (íd., art. 84).

Fecha de firma: 05/05/2022


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Firmado(ante mi) por: JOAQUÍN OCTAVIO MARCET, Prosecretario de Cámara #29741353#326297152#20220505133151048
6.  Respecto de la pena impuesta, puesto que comparto ­en lo 
sustancial­ las consideraciones efectuadas por el juez Días, adhiero a 
la solución que propuso en su voto.
7. Finalmente, en relación con las costas de alzada, estimo que 
deben ser distribuidas por su orden. En ese sentido, pondero que el 
recurso   presentado   por   la   querella   ha   sido   acompañado   por   el 
Ministerio Público Fiscal y que dos de los jueces de esta Sala han 
considerado que el encuadre legal de homicidio culposo ­seleccionado 
en la sentencia­ debía ser modificado por el de homicidio doloso, tal 
como   lo   reclamaron   las   partes   acusadoras,   circunstancias   que 
evidencian   que,   en   el   caso,   han   mediado   razones   plausibles   para 
recurrir (CPPN, art. 531). 
8.  En   conclusión,   por   las   razones   expuestas,   me   inclino   por 
rechazar los recursos de casación presentados y confirmar, en cuanto 
fue motivo de agravio, la sentencia recurrida, con costas de alzada por 
su orden. 
Conclusiones: 
Emitidos   los   votos   de   los   cinco   vocales   intervinientes   y 
producto del desarrollo de la deliberación efectuada, se concluye que 
se   ha   logrado   una   mayoría   de   votos   en   torno   a   que   ha   quedado 
descartada la pretensión principal de los recurrentes, esto es, que el 
hecho  atribuido en  la condena  sea   encuadrado como  un  homicidio 
doloso.   También   se   ha   logrado   una   mayoría   acerca   de   que 
corresponde descartar las pretensiones de la querellante en torno a la 
aplicación de los arts. 41 bis y 80 inc. 9, CP. Sin embargo, resta aún 
alcanzar una mayoría en torno a la pretensión de la fiscalía relativa a 
la determinación de la pena en orden al delito de homicidio culposo 
reprochado a Palermo, ello toda vez que los jueces Horacio Días y 
Mauro Divito consideran que corresponde rechazar el recurso en ese 
punto, el juez Mario Magariños propone hacer lugar parcialmente al 
recurso   de   casación   interpuesto   por   el   representante   del   Ministerio 

Fecha de firma: 05/05/2022


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Público   Fiscal,   anular   parcialmente   la   sentencia   impugnada   en   lo 


relativo   a   la   determinación   de   la   pena   allí   fijada,   y   remitir   las 
actuaciones a sorteo a fin de que otro tribunal oral establezca el monto 
punitivo a imponer al acusado, de conformidad con la escala legal 
aplicable y los jueces Eugenio Sarrabayrouese y Daniel Morin no se 
expidieron sobre esa cuestión, en razón del contenido de sus votos. 
El juez Eugenio Sarrabayrouse dijo:  
Si bien entiendo, como ya lo he dicho precedentemente, que la 
resolución del caso por cuestiones debió hacerse antes, ahora ante la 
intervención de dos jueces más y la falta de una mayoría para alcanzar 
un   acuerdo,   resulta  más   necesario  todavía   aplicar   ese   método. 
Razones   de   economía   procesal   aconsejan   no   continuar   con   la 
convocatoria   de   más   jueces   para   resolver   las   diferencias   surgidas, 
pues incluso, se corre el riesgo de que tampoco se logre ese acuerdo.
De tal forma, no veo impedimento en votar sobre la cuestión 
que no se ha alcanzado mayoría, y no tratada anteriormente por mí 
(pues no me correspondía votar según el método propuesto), en razón 
de la diferente conclusión a la que había arribado (ver puntos III.11 y 
IV.2 de mi voto).
Así   es   que,   sin   perjuicio   de   mi   solución   propuesta   al 
determinar la subsunción legal del caso (que quedó en minoría tras la 
no aceptación del método de cuestiones  vencidas y la intervención 
posterior de los jueces Magariños y Divito) adhiero al voto del juez 
Mario   Magariños.   Así   coincido   con   él   en   que   asiste   razón   al 
representante de la acusación pública en cuanto a que el tribunal del 
juicio   no   ha   considerado   correctamente   las   reglas   propias   de   la 
individualización de la pena aplicables al caso, pena que deberá ser 
determinada por otro tribunal. En efecto, los jueces de la instancia 
anterior   omitieron   considerar   la   incidencia   del   daño   causado   a   los 
familiares   de   la   víctima   y,   particularmente,   el   peligro   que   el 
comportamiento de Palermo generó para otras personas; a pesar de 

Fecha de firma: 05/05/2022


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que ambas circunstancias, de forma evidente, constituían pautas de 
individualización relevantes al momento de considerar “la extensión 
del daño y del peligro causados”, a las cuales expresamente alude el 
art. 41, inc. 1º, CP.
El juez Daniel Morin dijo:
Al   expedirme   precedentemente   sobre   el   modo   de   lograr 
mayorías, me referí al criterio sentado en el precedente de Sala de 
Turno en la causa n° 15462/2015/PL1/CNC1, reg. n° ST 742/16 en el 
que   indiqué   que  la   contradicción   entre   la   constitucionalmente 
protegida   independencia   del   juzgador   y   el   procedimiento   de 
cuestiones   vencidas   sólo   puede   ser   superada   en   contados   casos 
concretos  en  los  que  el  propio juzgador  incluya  en  el conjunto  de 
intereses a tomar en consideración, la correcta y rápida administración 
de   justicia;   ello   por   cuanto,   en   circunstancias   excepcionales   el 
juzgador   puede   no   ver   afectada   su   independencia   de   criterio   o 
entiende   que   en   el   conflicto   de   intereses   prevalece   el   poner   fin   al 
proceso.
Hemos   llegado   a   un   punto   de   la   deliberación   en   el   que   la 
insistencia   en  la preservación  de  la independencia  de  criterio  debe 
ceder, so riesgo de desembocar en el capricho.
No se puede dejar de advertir que la mayoría de la sala que 
falló originalmente en el caso entendió que la conducta desarrollada 
por el condenado debía subsumirse en el tipo doloso de homicidio y 
que la discrepancia fincó exclusivamente respecto de la concurrencia 
de una agravante.
Pero, como resultado de la incorporación de otros jueces de 
esta cámara, se concluyó manteniendo la solución normativa adoptada 
por el tribunal de juicio.
La incorporación de más jueces a la deliberación no asegura, 
en las particulares condiciones del caso, que se pueda arribar a una 
solución.

Fecha de firma: 05/05/2022


Firmado por: EUGENIO C. SARRABAYROUSE
Firmado por: HORACIO DIAS
Firmado por: DANIEL MORIN, Juez de Cámara 116
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CCC 78566/2016/TO3/CNC1

Piénsese,   por   ejemplo,   que   el   sexto   juez   entienda   que   la 


calificación   correcta   es   la   de   homicidio   doloso.   Empatados 
¿deberíamos convocar a un séptimo?
Todo tiene un límite.
Y   si   bien   como   jueces   debemos   resguardar   nuestra 
independencia de criterio, también tenemos la obligación de dar una 
respuesta a las personas involucradas, tanto imputado como víctimas.
En estas condiciones, en la que no se encuentra en juego la 
situación que opera en mi caso como supuesto infranqueable, esto es, 
la de votar por alguna arista de la condena respecto de una persona 
que   entiendo   inocente,   es   que   habré   de   expedirme   en   torno   de   la 
pretensión subsidiaria del Ministerio Público Fiscal (aspecto sobre el 
que no tuve que definir criterio previamente, en razón de mi posición 
sobre el dolo).
En estas condiciones, coincido con la propuesta que efectúa el 
juez   Magariños   dirigida   a   hacer   lugar   parcialmente   al   recurso 
acusatorio   y   anular   la   sentencia   en   lo   relativo   a   la   determinación 
judicial de la pena, para que la determine otro tribunal, en razón de la 
omisión infundada de las circunstancias mencionadas en el voto, las 
que,   de   forma   evidente,   constituían   pautas   de   individualización 
punitiva relevantes al momento de considerar “la extensión del daño y  
del   peligro   causados”,   expresamente   contenidas   en   el   artículo   41, 
inciso 1º, del Código Penal. 
Así voto.
En virtud del acuerdo que antecede, la Sala II de la Cámara 
Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la Capital 
Federal RESUELVE:
I. Por mayoría, DESCARTAR la pretensión contenida en las 
impugnaciones del Ministerio Público Fiscal y de la parte querellante 
acerca de que el hecho atribuido en la condena sea encuadrado como 
un homicidio doloso y, en consecuencia,  CONFIRMAR  la decisión 

Fecha de firma: 05/05/2022


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del  tribunal  oral  de calificar  jurídicamente el hecho  probado como 
homicidio imprudente; sin costas (arts. 456, 463, 465, 468, 469, 470, 
471, 530 y 531, CPPN).
 II. Por mayoría, HACER LUGAR parcialmente al recurso 
de casación  interpuesto  por  el  representante  del Ministerio Público 
Fiscal, ANULAR parcialmente la sentencia impugnada en lo relativo 
a la determinación de la pena allí fijada, y remitir las actuaciones a 
sorteo a fin de que otro tribunal oral establezca el monto punitivo a 
imponer   al   acusado,   de   conformidad   con   la   escala   legal   aplicable 
(artículos 471, 530 y 531, CPPN).
Regístrese,   comuníquese   mediante   oficio   electrónico   al 
tribunal   correspondiente,   quien   deberá   notificar   personalmente   al 
imputado (Acordada 15/13, CSJN; Lex 100), remítase el expediente 
oportunamente (cfr. Acordadas n° 27/2020, 24/2021 y cc. de la Corte 
Suprema de Justicia de la Nación) y notifíquese.
Sirva la presente de atenta nota de estilo.

HORACIO DÍAS EUGENIO SARRABAYROUSE DANIEL MORIN

MARIO MAGARIÑOS MAURO DIVITO

Ante mí:

Joaquín Marcet
Prosecretario de Cámara

Fecha de firma: 05/05/2022


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Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, JUEZ DE CAMARA
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