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Búsqueda espiritual y mística en poesía

Este documento presenta una discusión sobre la mística y las características de los místicos. Señala que las personas místicas tienden a buscar la verdad absoluta a través de una búsqueda espiritual, y que a pesar de las diferencias de época y lugar, comparten fines, doctrinas y métodos similares en esta búsqueda. Finalmente, argumenta que las experiencias de los místicos forman un cuerpo de evidencia coherente que debe tomarse en cuenta para comprender plenamente las capacidades del espíritu humano.

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Búsqueda espiritual y mística en poesía

Este documento presenta una discusión sobre la mística y las características de los místicos. Señala que las personas místicas tienden a buscar la verdad absoluta a través de una búsqueda espiritual, y que a pesar de las diferencias de época y lugar, comparten fines, doctrinas y métodos similares en esta búsqueda. Finalmente, argumenta que las experiencias de los místicos forman un cuerpo de evidencia coherente que debe tomarse en cuenta para comprender plenamente las capacidades del espíritu humano.

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ENRIQUE BUSTAMANTE

LA SOLA COMPAÑÍA

textos de La Fantasía Exacta


Las ramas más altamente desarrolladas de la familia humana tienen en común una peculiar característica.
Tienden a producir -de manera esporádica, es cierto, y a menudo al enfrentarse a circunstancias externas
adversas- un curioso y definido tipo de personalidad: un tipo que se niega a estar satisfecho con lo que los demás
llaman experiencia y se inclina, según sus enemigos, a «negar el mundo con el fin de encontrar la realidad».
Hallamos a estas personas en Oriente y en Occidente; en el mundo antiguo, en el medieval y en el moderno. Su
única pasión parece consistir en la perseverancia en una cierta búsqueda espiritual e intangible: el hallazgo de
una «vía de salida», o una vía de regreso a un deseable estado, el único en el que pueden satisfacer su anhelo de
verdad absoluta. Esta búsqueda ha supuesto para ellos todo el sentido de la vida. Por ella han hecho, sin
esfuerzo, sacrificios que a otros se les antojaban enormes. Y es un testimonio indirecto de su realidad objetiva
que, sean cuales fueren el lugar y la época de su surgimiento, sus fines, doctrinas y métodos han sido
sustancialmente los mismos. Su experiencia forma, así pues, un corpus de evidencia, de una curiosa
autoconsistencia y a menudo mutuamente explicativa, que debe tenerse en cuenta antes de que podamos añadir
las sumas de las energías y potencialidades del humano espíritu, o especular razonablemente sobre sus relaciones
con el mundo desconocido que yace fuera de las fronteras de la sensibilidad.

Evelyn Hunderhill. La Mística. Estudio de la naturaleza y desarrollo de la conciencia espiritual.

Es místico aquel o aquella que no puede parar de caminar y que, con la certidumbre de lo que le falta, sabe, de
cada lugar y de cada objeto, que no es eso, que uno no puede residir aquí, ni contentarse con esto. El deseo crea
un exceso. Excede, pasa y pierde los lugares. Hace ir más lejos, a otra parte. No habita en ningún lugar. Es
habitado.

Michel de Certeau. La fábula mística.


LA SOLA COMPAÑÍA
OURÓBOROS

Insinúa agotamiento.
El cuerpo se abraza a su fantasma,
incólume, apenas desparejo;
intenta evitar la brisa fresca
que colma la habitación cerrada.
Las manos se cubren de hojas secas.
Hay una certidumbre insoportable:
nombres que escapan del espejo, palabras,
tenues, al borde del desastre. Y se rebela,
intrascendente, como un condenado a muerte,
ante la prueba decisiva: aquí no hay nadie;
nadie juzgará la tarde, las nubes de tormenta,
los libros apilados como torres de asalto,
la desazón del tiempo.
MIRABILIA

Algún secreto habrá, indómito, candente,


que calme la ansiedad de esta vigilia,
de esta claridad de ciegos resplandores
que dejan la mirada, en el umbral del día,
al borde de la muerte.
Alguna noche tibia de cálidas promesas
o alguna oscuridad que venga de esa noche
iluminada tan sólo por el eco
de un alminar de deslumbrante altura,
que apenas acaricia la cima de lo santo,
el nombre de los nombres,
la única razón de esta andadura.
Alguna cumbre innombrada e innombrable;
alguna soledad acompañada, soñándote extramuros,
o alguna solitaria compañía que ocupe la palabra,
el alma insatisfecha del asedio,
el vuelo y el decir ensimismado.
EL JUICIO

Tenía en el sueño una marca de agua


sobre el pecho, una inscripción extraña,
un leve tatuaje oscuro como un secreto.
Y la impresión, en algún lugar de la cabeza,
de haber estado allí hacía tiempo,
en aquel paraje que ahora se extendía
de un cuerpo a otro cuerpo,
en aquella altura desierta que cubría de justicia
el amanecer cansado del acto.
Toda una vida al frente:
pasado, presente, y un futuro
calcinado entre llamas sin sentido.
Calamidad del cálamo celeste
que escribe en celosías de penumbra;
un nombre al azar, a las puertas de la Ley,
conversando con sus pecados, convocando,
a contratiempo, memoria y desamparo.
EL PERDÓN

Te dejo hacer de nuevo


para deshacer los actos del pasado.
Comenzar en el instante de la dádiva,
en la creación de la fecundidad extraña,
en el don gratuito de la purificación de la memoria.
Junto a todo lo que merece ser salvado de la quema:
la sorpresa que se oculta en la caricia nocturna,
tus ojos al despertar al nuevo día,
los labios inocentes que besan sin ser vistos
y devuelven los besos, bendecidos,
a la callada penumbra del enigma.
Hasta dejarse la piel en la dulce quemadura
de ese canto que te acerca a la promesa
y desvela los sentidos: la condición que permanece,
inmarcesible, cuando todo está perdido;
la voluntad que busca redención a espaldas de la muerte,
la obra misma del tiempo.
LA ESCUCHA

Esa voz que no viene


de lugar alguno
es la voz que habla en el silencio
de los dioses del nombre.
Habla el alfabeto abisal de la gracia,
el grano de lenguaje
que se siembra en los acantilados del hálito.
Una nada insatisfecha, inquieta,
que nace en el corazón de las tinieblas.
O que niega, como un diablo impuro,
la calma en el drama del deseo.
Temor del que se sabe hablado por sí mismo.
Temblor que crece desde dentro.
El veneno que cura cuando soñamos despiertos.
La llegada de la huella que no pertenece a nadie.
NADA

Elijo la suerte en la memoria,


la deslumbrante luz que ciega sin ser vista
a aquellos elegidos que expresan en palabras
la cortedad del decir y de lo dicho.
La fuente del desvelo, la autoridad ausente
que vigila el secreto centinela de todas nuestras vidas
en la quietud celosa de la idea: el don de la palabra.
La identidad inquieta que transita
en séquito de dudas. Inútil despedida
en brazos de esta nada que a nadie espera
y en conciencia a nadie reza
convencida de la levedad de este abandono.
AZRAEL

No pudimos cambiar tu nombre a tiempo.


Un nombre no es lugar para la muerte;
pero Azrael conoce las señas de identidad
que nos habitan, los puntos cardinales
que apenas diferencian a este cuerpo,
agotado, del cuerpo que se ausenta de su nombre.
Azrael, el ángel de la muerte.
Pájaros amarillos, con su canto distante,
golpeando los cristales de la habitación del tránsito.
Silencio de vidrios que se quiebran.
Y un tenue murmullo que salmodia, entre nota y nota,
la melodía que anticipa la soledad que crece.
Un nombre no es lugar para la muerte.
Un nombre que Azrael pronuncia al vuelo de su espada,
cortando las alas del nombre, ya sin lugar,
en el límite crepuscular del negro que adviene.
MI MEJOR AMOR

Mi mejor amor,
contigo, es el de este sueño, distante,
que te mantiene a salvo de mis dudas,
del poder que destruye las joyas de tu encaje
en la ciudad contaminada del consumo,
del sudor insalubre de los cuerpos
unidos en danzas homicidas.
Mi mejor amor, incluso, se despide de ti
antes de haberte conocido;
te besa en la frente de la ausencia
como besan las flores al rocío;
te inunda de promesas incumplidas,
de falsas apariencias, de cuentos infantiles,
como prueba de esta lealtad que alienta
el rostro redentor del infinito.
Caricias que habitan el futuro.
A salvo te dejo en este eclipse
que sabrá siempre de ti por estos signos,
acompasados al vuelo de tu aliento,
lejanos como hijos extranjeros,
acostumbrados a leerte en el exceso
de un verbo apocalíptico y extraño.
CONTEXTO

Humilde desmesura.
El ojo de cristal de las estrellas
apenas ilumina
nuestro fugaz paso por la tierra.
Vendimia de la sangre transfigurada en nieve.
Hasta la Vía Láctea se demora
en la última pregunta sin respuesta:
¿viviré más allá de lo vivido?
Tampoco es testimonio de un milagro
el vuelo que tensa este silencio:
me asaltan las dudas de la gracia;
abrazo las brasas del infierno,
el cuerpo que vence a la semilla,
los dones que invocan la alegría
en el páramo feliz de este desierto.
MENOS QUE NADA

Abandoné el mundo
entrada la noche. Extrañas certidumbres
de lo que nadie aún conoce: aniquilación del sueño,
delirio en la respiración ausente, dichosa,
del que se sabe a salvo.
Unido a la manera trascendente de mirarte;
a través del cielo de tus ojos, al otro lado,
la última mirada de la vida
celebra los símbolos del día:
la tierra bajo el sol del mediodía,
la sombra del deseo amenazante,
el cuerpo que escapa a las miradas,
y la región transparente descubierta
en los signos abisales de la nada.
LA NAVE DE LOS LOCOS

Nada ha sido como estaba previsto.


Cambiaron los juguetes
de una habitación a otra
y el corazón quedó embrujado por un mago
que profanaba las horas
negando la armonía simbólica del tiempo,
el surco del destino
de un cuerpo en busca de acomodo.
Las lágrimas sellaron el espejo
acumulando polvo de estrellas;
las heridas, macilentas,
sobre la gran construcción de los anhelos,
cicatrizaron como bosques de otoño:
hojas secas entre la carne antaño mancillada,
sagradas criaturas vagando en el espacio
iluminando el curso de las aguas más profundas
con un batir de alas perfumadas.
El único testigo negó con insistencia:
no hay pruebas más allá de las certezas
que niegan la existencia de esta historia;
quizás un sueño entreverado de otro tiempo,
un miedo inconsciente en la cabeza
o en el lugar adonde acuden los fantasmas
a la hora de los cantos de sirena.
LA VISIÓN ABIERTA

Me dejo llevar por la visión


que aguarda depositada en vano
en el interior dormido:
no soy el dueño de mis actos;
soy una pequeña pluma llevada por el viento,
un débil sonido de la música de la luz viviente,
un pájaro de alas amarillas.
Creo las imágenes que no me pertenecen:
el verde intenso que irradia el jaspe,
el fulgor rojizo de la eterna cornalina.
Y los ojos que me observan sin ser vistos
son mis ojos que se derraman en la noche
agazapados tras el velo de la pureza invisible.
Una noche de extrañas soledades;
un hueco en el aire que respiro;
un vértigo de cielos nunca vistos
iluminados por el sol nocturno, vacío,
de un instrumento divino.
MORADAS

Abre el libro
por la página indicada en la bibliografía.
Allí descansa su alma,
a salvo del calor del mediodía,
del vértigo que los hijos del encomio
celebran en los templos del averno.
Afuera, entre la gleba, como enigmas inefables,
hay hombres que conocen la verdad de la existencia;
el duelo insiste como un enemigo del comercio.
Y en el obrador de la escritura,
a un paso del cielo, un cristalino desempeño
teje y desteje las obras cardinales de la vida.
Moradas que serán tuyas y mías,
como un tributo a las edades del futuro;
teofanías cercanas a la carne que se agota
en el umbral que anuncia su abandono.
LA CUENTA ATRÁS

Llegó para decir


lo nunca dicho;
pero la evidencia dejó al descubierto
un barco ebrio y una tumba vacía,
el óvalo de la mandorla santificando las visiones,
la armonía del mandala gobernando el universo.
Todos sabían ya de dónde venían los nombres.
De lo alto de la escala colgaba la soga de nadie.
Ángel de la desolación
hizo del fracaso desierto divino
donde los signos perdieron su sentido
en beneficio de la nada.
Y comenzó la cuenta atrás
como un tiempo que se sabe intrascendente,
abrazando la amistad de los fantasmas,
condenado a subir una escalera
sin alcanzar jamás su último peldaño.
VUELTA

Sabe el abandono
volver sobre sus pasos manifiestos,
callado, objeto del silencio.
El mundo es un infierno que gira sin sentido.
Sólo le reconforta, al que camina,
olvidar las sendas de lo andado,
ocupar el espacio vacío de la ausencia
negando el acomodo.
Callar con la fuerza de los bosques interiores
que ofrendan sacrificios de impotencia:
altar de la divina desmesura,
contemplación de los difuntos,
aire de los montes descubiertos.
Humilde contra el curso de los tiempos.
Tenaz como el que oculta una deriva
capaz de derrotar a la galerna
hablando sin decir palabra alguna.
CIUDAD AZUL

Es la suma
de todos los instantes de la vida
la que despierta,
como una huella en manos del destino,
el escándalo de la memoria.
He soñado contigo y no consigo
desprenderme del sueño esta mañana;
eras mujer y eras muro
de cielos terrestres encendidos,
jugando en duermevela con un niño
incapaz de comprender la pesadilla.
El lugar escapa a la conciencia
en el hueco inconsciente del abismo.
Y el juego se graba en la dulzura
que tienen los que existen sólo en sueños,
acostumbrados a vagar por espejismos
latiendo al tornasol de los recuerdos.
LAYLA Y MAJNUN

Tan sólo besaré tu geometría


si desapareces, incólume,
entre las sombras del día.
Te digo que no me esperes,
que no me acompañes al centro de la tierra.
Vivo contemplando el vuelo de cometas;
nadie sabe cómo se llega hasta lo alto
ignorando las señales del poeta.
Escrito está que nadie poseerá la lejanía,
que la distancia hace mella en los amantes.
Pero escrito está que nadie conoce su destino.
Guarda la daga que hiere el firmamento.
Deja que desaparezca contigo
y que el viento desarbole las creencias.
Átame al delirio.
Bésame con fuerza en los labios del cosmos.
ATLAS

No levantan polvo tus pisadas,


huellas de agua en la desembocadura
de tus tristes misterios.
Acuden a tu entierro plañideras
venidas de lejos;
tu cuerpo palidece desde hace ya tiempo,
cuando tu sangre se extravió en el Atlas.
Y cuentan que tu historia
la saben de memoria
aquellos que olvidaron
la historia de todos los mortales de la tierra.
Abrazos de consuelo.
Ruinas de las ciudades que nunca conocimos.
Amantes que destruyen ídolos de barro.
La vida es el mejor regalo de los cielos:
la luna, desgarrada, vacía su licor como un veneno;
y el sol danza de nuevo ajeno a la existencia
alumbrando la naturaleza de todos los deseos.
CRÓNICA DE UN VIAJE A UN MUNDO LEGENDARIO

Cercaron las promesas.


Con leña del corazón avivaron el fuego.
Y las visiones perfumaron
la edad donde el deseo, aletargado,
dormía su sueño eterno.
La vida se derramó en copa sin fondo.
Preguntaron al santo del arroyo:
«¿Quién pone a prueba esta ciencia del olvido?».
Sólo el deseo de amar.
Amar en la caverna del odio.
El hombre que regresa a la ciudad sin nombre.
La mujer que abandona la leyenda.
Los cuerpos que giran deslumbrantes,
curvando su estatura, como espíritus
venidos de otras tierras, de otras narraciones,
de ese lugar donde nace lo que muere
y lo que muere nace.
DAIMON

Hay oscuridades que desvelan


como miradas de doble rostro
cegando el resplandor que engaña a los mortales
en sueños y vigilias.
Un viento de luciérnagas enloquecidas
desordena el curso de la sangre
desentrañando lo oscuro que cede a la palabra:
los dioses no saben si amanecerá mañana.
El daimon que intercede ignora las señales
y cubre de semillas las tierras del destino:
¡Hay biografía en lontananza!
Hambre de arcano nunca satisfecha,
celebración del tiempo que no acaba,
voluntad de vivir lo nunca escrito
o lo escrito por mano involuntaria.
TESTIMONIO

Celebro los años que no han sido,


cegados por una intuición desesperada,
un leve desconsuelo, un duelo de luces apagadas
brillando en el arcón de los recuerdos.
Colores jamás vistos. Espejos llegados de otras tierras
que apenas nos reflejan, que miran sin ser vistos,
cubiertos del polvo de un camino
que acaba cuando empieza, de un frio que calienta
manos que desaparecen sin caricias.
Historia que carece de argumento.
El canto que precede a todos los silencios.
El pájaro que anuncia la nostalgia del vacío,
la pesadumbre del tiempo, cortando sus alas sin esfuerzo,
soñando un paraíso que abrace a los que ignoran
la desnudez de un testimonio nunca escrito.
HUMILDE SEDUCCIÓN

Quiero enmudecer contigo,


en este terreno confuso de las traducciones.
Humilde seducción de los contrarios:
crece tan lejos de uno mismo
que desconoce sus contornos, que brota pasajera
como un olivo que se abrasa en medio del desierto.
Trenzas de amor desmedido que ocupan firmamentos.
Versos escritos en silencio, por manos que extravían
la maldición desmesurada de un exceso.
Hablar con las columnas del vacío.
Hundirse en vano en un fondo que desciende sin sentido.
Hacer equipajes contra el viento que mece las pasiones,
los miedos inefables, la voluntad de envejecidas sombras
que nacen al calor de los desastres.
MUJER DE ESPALDAS

Ahora no te alcanza la llama interrogante.


Mujer de espaldas: los vagabundos se unen
en una muchedumbre alborotada,
cubriendo con sus túnicas azules
la senda de las nubes, la caricia de la lluvia
sobre la eterna mirada de las sombras.
Murallas de una carne que se sabe en la distancia.
Migajas de besos de piedra que abrazan su destino entre tinieblas.
Un hombre dibuja sobre un mapa una ciudad sin nombre.
Con la tinta sepia del olvido borra las huellas del crimen.
Como una impureza antigua cierra los ojos a la cancela de un enigma.
DIGAMOS CUERPO

Acabará contigo el éxodo,


el exilio eterno del delirio,
el desierto de las manifestaciones,
la luz oculta en el interior de un cuerpo
que se sabe a merced de la fortuna.
Ignoras la imagen de la noche que impone la sentencia.
Ven, te digo: entremos juntos por el ojo de una aguja.
Abrimos en la vida una vereda que ignora nuestros nombres.
Caemos en la cuenta de que es tarde,
que el tiempo doblega la existencia;
el cuerpo susurra a su sudario:
un velo de cantos olvidados que un día soñaron tu plegaria.
CRÓNICA DEL AGUA

Creer no es como una cruz


que se doblega ante un lamento.
Creí que nunca caería lluvia de este cielo
del que nunca cae nada. Pero creo en tu palabra.
Creo en el celo cósmico de los idiotas
que se mojan como sólo se mojan los idiotas.
Yo soy uno de ellos. Me invento una coartada.
Me asaltan las miradas de los héroes que invaden el paisaje.
Y celebro las bodas del cielo y del infierno,
la marea de un mar que nunca olvida,
el barro que amenaza en el sendero.
Parásitos del cielo: me enternece el candor de los desheredados,
urdimbre encadenada, apenas una danza,
bajo el palio de la cúpula celeste que cubre el espectáculo.
LA SOLA COMPAÑÍA

En todos los lugares de este asedio


se vive lo que apenas se vislumbra:
un mundo que parece de otro mundo,
extraños laberintos, un hombre que contempla
la soledad de la que nace la tristeza.
La sola compañía de una ausencia,
desnuda como un templo abandonado;
un cántico egoísta que se canta a sí mismo
en el interior de un gozo devastado.
El hombre desconoce su destino.
¿Volverse de espaldas a su sombra?
Peregrinar al lugar de la sabiduría,
la llama de la separación desgarrada,
unida a la verdad de la existencia,
al encuentro con la máscara sagrada
que se oculta como esclava revelación.
MARGINALIA

Hay luces, encendidas al alba,


que no comunican nada. La nada
te acerca al paraíso que tu deseo implora,
abandonando la vida, como una tumba de anhelos
en la cima de una tormenta de calma.
Calman tu sed las cicatrices del nombre.
Hay algo que nunca alcanzarás con tus plegarias:
el vaso vacío del consuelo, el duelo de la brisa,
la música callada que alza el vuelo
sobre la queja de los cuerpos indefensos.
No es para ti la insatisfecha melodía de esta ausencia;
nadie sabe cómo se resucita a un muerto.
Harás hipótesis de viento, acumulando excesos.
La nada no es lugar para esta aurora.
Hay luces, encendidas al alba,
que no comunican nada.
CORRESPONDENCIAS

Aún confía en darle nombre,


en asaltar el cielo de la certidumbre
alumbrando lo que no existe.
El sueño de la soledad es el sueño de nadie.
Hay un mundo que quiere quedar al margen,
como un muro mental que se levanta
contra la voluntad de las imágenes.
Es la moral del testigo: cena de las cenizas de la nada
que se celebra en la liturgia de las vanidades del alma.
Santo Grial de la esperanza: nombrar
lo que se oculta tras un nombre.
O aceptar que lo que no existe no se nombra,
abrazando el fulgor centelleante, intempestivo,
de una dulce derrota.
DISIDENCIAS
«La singularidad es subversiva».
Edmond Jàbes

Eres el sueño de un árbol nocturno,


el tiempo de un reloj que siempre se despide.
Eterna cautela de una sombra
iluminada en la cadencia de una vida
tenaz e insatisfecha. Como una voz
que nunca se doblega en la plegaria de un derribo
contra sagradas formas de dominio:
liturgia de todas las derrotas, daga del suicidio,
pájaro que ensucia, a contratiempo,
las paredes invisibles de su nido.
Caricia de los encuentros pasajeros, furtivos,
en la comisura de los labios del destino.
Abjuración fugaz del cuerpo del futuro,
entre la muchedumbre esquiva que ahora te cobija
como una soga perfumada de jazmines,
incienso de converso arrepentido,
celeste mariposa que vuela en su deseo
sobre la aciaga pesadumbre de un delirio.
Textos de LA FANTASÍA EXACTA:
https://lafantasiaexacta.blogspot.com/

Correo electrónico:
dasmystische@gmail.com

Madrid, 31 de diciembre de 2022

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