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Colectivización y Revolución Soviética

La Revolución Bolchevique de 1917 trajo consigo una guerra civil entre los bolcheviques y los zaristas que devastó Rusia. A pesar de la intervención extranjera a favor de los zaristas, los bolcheviques ganaron la guerra civil en 1921. Sin embargo, la economía rusa estaba en ruinas debido a la guerra y las políticas de Lenin, por lo que se implementó la NEP para reconstruir el país mediante una economía mixta. Tras la muerte de Lenin en 1924, Stalin ganó el control del partido y cambió las políticas, colectiviz

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Colectivización y Revolución Soviética

La Revolución Bolchevique de 1917 trajo consigo una guerra civil entre los bolcheviques y los zaristas que devastó Rusia. A pesar de la intervención extranjera a favor de los zaristas, los bolcheviques ganaron la guerra civil en 1921. Sin embargo, la economía rusa estaba en ruinas debido a la guerra y las políticas de Lenin, por lo que se implementó la NEP para reconstruir el país mediante una economía mixta. Tras la muerte de Lenin en 1924, Stalin ganó el control del partido y cambió las políticas, colectiviz

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La Revolución del 25 de octubre de 1917 derivó en que los bolcheviques se hicieran cargo de

las riendas de la sociedad rusa. Sin embargo, eso no supuso el fin de los problemas. Se firmó la
paz con Alemania (1918, tratado de Brest-Litovsk) pero este acuerdo les aisló de sus antiguos
aliados occidentales (que lo valoraron como una traición). A continuación, trajo consigo una
guerra civil entre los ejércitos rojos (bolcheviques) y los blancos (zaristas) que devastó
ciudades y campos, empeorando aún más las ya de por sí pésimas condiciones de vida
generales a las que la guerra y las políticas arcaicas del zarismo les habían conducido. A pesar
del apoyo de las potencias occidentales, e incluso, la intervención de ejércitos europeos
(checos, ingleses, franceses y norteamericanos), que secundaron a los blancos en su
pretensión de restaurar el zarismo, los bolcheviques salieron victoriosos de la guerra (1921). A
partir de ese momento, Lenin (1870-1924), máximo dirigente comunista, se propuso
reconstruir el país y consolidar, por supuesto, la Revolución rusa en todo el amplio territorio
metropolitano. Se disolvió la Asamblea Constituyente y, en 1921, los bolcheviques pasaron a
llamarse Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), su órgano director era el Politburó, y
como órgano supremo del Estado se constituyó el Soviet Supremo. El ejecutivo quedaba en
manos del Presídium. En 1922 se instauró lo que se iba a conocer por su acrónimo, la URSS
(Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).

Las consecuencias de la guerra habían sido tan negativas y el malestar tan evidente, tras
implantar el comunismo de guerra (medidas muy drásticas para capitalizar el esfuerzo de la
lucha, como la militarización de la producción y extracciones abusivas a los campesinos de sus
cosechas) que el Congreso del Partido decidió reformar la economía con el fin de atender las
demandas de la sociedad y reconstruir el país. Para eso, se aprobó la NEP (Nueva Política
Económica) que se basaba en implantar una economía mixta, conjugando el modelo capitalista
para incentivar la iniciativa privada, y la comunista (control del Estado). Esto permitió la lenta y
gradual recuperación de los índices de producción y calidad de vida anteriores a la guerra
mundial. Si bien, su éxito fue relativo al no conseguir que los países occidentales invirtieran sus
capitales, ante la desconfianza creada por la orientación de la revolución y el no haber
abonado la deuda contraída con ellos durante el conflicto bélico.

La muerte de Lenin en 1924 trajo consigo la disputa por el control del Partido y del país entre
los dos máximos dirigentes del partido León Trotski (organizó la Guardia Roja) y Josep Stalin
(secretario general). Trotski abogaba por la expansión de la revolución, la democracia interna
en el partido y un reformismo colectivista. Stalin, en cambio, propugnaba consolidar la
revolución en Rusia, proseguir con la NEP y no permitir el debate interno. Finalmente, en 1927,
Stalin consiguió hacerse con el poder absoluto. Logrado su propósito, exiliado y, luego,
asesinado por orden suya Trotski[1], cambió de política y rompió con la NEP (el historiador
marxista Eric Hobsbawn la calificó como Edad de Oro) para llevar a cabo un proceso salvaje de
colectivización forzada con el fin de proceder a una rápida industrialización de la URSS. El
objetivo era claro, conseguir que el sueño socialista pudiera hacer frente como una potencia
moderna a las posibles amenazas externas que pudieran surgirle. Para ello necesitaba de una
agricultura fuerte (nunca se logró) que pudiera ser el motor del nuevo proceso de cambio que
le permitiera la compra de maquinaria y la creación de fábricas para consolidar una pujante
industria pesada.

La colectivización agrícola se inició con el proceso de deskulakización (1929-1933) dirigido


contra los kulaks (campesinos propietarios) a los que se les culpó de connivencia con el
capitalismo, los males del país (había problemas de abastecimiento en las ciudades) y se les
calificó de enemigos de clase. En realidad, pocos eran campesinos ricos pero fue una manera
de implantar la autoridad del Estado y destruir las formas tradicionales de vida campesinas.
Como consecuencia se produjo una confiscación y expropiación masiva y forzada de
propiedades pequeñas y medianas que derivó en un derrumbe de la producción agrícola. Se
forzó a que todos los campesinos se integraran en granjas colectivas (koljós) -los campesinos
eran dueños de la maquinaria-, o estatales (sovjós) -todo pertenecía al estado-, cuyas
condiciones de vida eran casi de servidumbre. A la par que se colectivizaba el campo se
impulsaba, a partir de los planes quinquenales, un proceso acelerado de industrialización.

Este proceso se vio favorecido por la mala coyuntura internacional (el crash del 29), mientras
la URSS crecía Europa y América entraban en una profunda y grave crisis económica, lo que
parecía dar a entender que el modelo de planificación soviético era el adecuado.

Un decreto abolió, en 1929, la propiedad privada de la tierra pero la mayoría de los


campesinos se resistieron a este proceso de reestructuración de la tierra, muchos, además,
fueron obligados a marcharse a otros lugares. No es casual que un año después, en 1930, se
instaurara el primer Gulag –campos de trabajo forzados- en Siberia, donde fueron derivados
millones de rusos a trabajar en condiciones inhumanas. Este salto hacia delante, también,
permitió a Stalin acabar con cualquier disidencia interna, asesinando o encarcelando a aquellos
críticos con la ruptura con la NEP (ligada a la figura de Lenin). Estos actos iban a anticipar las
futuras y temibles purgas de los años 30.
La resistencia campesina, por supuesto, fue despiadadamente silenciada. Se calcula que entre
1932 y 1933, momento álgido de la colectivización, entre cuatro y cinco millones de personas
murieron en este proceso debido a las requisas de granos indiscriminadas, al hambre y a las
singulares medidas coercitivas. Pero aunque eso supuso poner en manos del Estado la
propiedad agraria, no dio los rendimientos esperados. La mecanización del campo fue muy mal
gestionada y la producción agrícola siguió siendo el talón de Aquiles de la sociedad soviética en
las próximas décadas, los niveles de producción que se lograron durante los pacíficos años de
la NEP no se lograron recuperar hasta los años 50 (también, afectados por la Segunda Guerra
Mundial). Sin embargo, Stalin sí logró convertir a la URSS en una potencia industrial de primer
orden, capaz de derrotar a Alemania, en mayo de 1945.

El dia de la cosecha y colectivizacion rusa fueron momentos muy reveladores respecto al modo
en que la Historia puede ser manipulada al servicio del poder, presentando unos hechos
verídicos y ciertos, la colectivización de la sociedad rusa y el proceso industrializador, desde
una óptica equívocamente idealizada. Sabemos, en cambio, que el proceso de colectivización
agraria para aumentar la producción agrícola y mejorar la productividad, en buena medida,
fracasó. Sí tuvo éxito la industrialización pero el costo humano que se tuvo que pagar para
conseguir fue enorme. Tanto es así, que el XX Congreso del PCUS (1956) sacó a relucir, en uno
de los pocos periodos autocríticos del comunismo, los crímenes de Stalin, suprimiendo los
Gulag.

La propia vergüenza de lo sucedido y el no mencionar la suerte y sufrimiento de millones de


seres humanos es tan llamativa en el texto como la omisión de la figura de Stalin, que hasta su
muerte, en 1953, era considerado el único y gran artífice de haber conseguido colocar a la
URSS como una potencia mundial de primer orden, junto a Estados Unidos.

Esta negativa experiencia nos debe hacer reflexionar que los modelos económicos no pueden
supeditarse al valor y dignidad de las personas. Y nos permite valorar, sirviéndonos de
advertencia, como los estados totalitarios pretenden hacer de la Historia propaganda para
ocultar sus crímenes, aunque sin conseguirlo. Historiadores de contrastado prestigio como el
marxista Eric Hobsbawn, en Historia del siglo XX (1995) y Robert Service, en La Historia de
Rusia en el siglo XX (2000), han analizado y desvelado en profundidad las claves de tales
sucesos, alejados del edulcoramiento de la realidad que se hace en la Historia Oficial del PCE.
Así mismo, el filme ganador del premio de la Academia de Hollywood, Quemado por el sol
(1994), de Nikita Mikhalkov, nos refleja el periodo posterior de las purgas en la sociedad
estalinista y el más reciente Camino a la libertad (2010), la terrible vida en los Gulag.

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