Mujeres Excepcionales
Las mujeres siempre han jugado un papel muy importante en la formación de muchos hombres
líderes, tanto espirituales como reconocidos personajes de la humanidad.
Mujeres que han sabido ser una compañía idónea para sus esposos. Mujeres que han sabido
ganarse un lugar privilegiado en la historia, por su ejemplo inspirador.
Dios escogió a muchas mujeres valientes, llenas de fe, amor, caridad, sabiduría, justicia y
compresión.
Ester
Ester se caracterizaba por ser una mujer muy bella, demás de piadosa, valiente y sabia. Poseía
un fuerte patriotismo y una fe muy grande. Ester también se caracterizaba por su determinación.
De hecho, Ester significa: la que brilla como una estrella.
Ester fue adoptada por su primo Mardoqueo, quien se convirtió en su padre y tutor, cuando
murieron sus padres.
Ester fue elegida por su belleza y encanto, y se convirtió en la reina de los Medos. Por cierto, no
es pecado ser bella, no es pecado que lo reconozcas, no es pecado que busques ser bella. Dios te
ha dado una belleza especial. Flaca, gordita, alta o bajita, rubia o morenita, tu eres el ser mas bello
que ha sido creado por Dios.
Desgraciadamente este mundo ha tergiversado la belleza y a lo malo llaman bueno y a lo bueno
malo. Pero, no es malo que quieras ser bella, tanto para tu marido, para el hombre que amas,
como para dar una buena imagen de la obra que Jesús ha hecho en tu vida. Si, es verdad, que la
falta de limpieza, la falta de arreglo, y desgraciadamente el sobrepeso excesivo, dan una primer
mala imagen a cualquiera que nos vea. Si te miras al espejo y tu en tu corazón sabes que
necesitas un cambio en tu vida, pidele a Dios sabiduría, pero sin caer en las trampas de la
falsa belleza.
Te lo repito, y esto viene de Dios, ser bella, no es pecado, no es carnal, no es terrenal, ser bella es
reconocer que eres una creación de Dios, y mas que eso, una hija amada y tanto tu interior como
tu exterior revela la imagen sobre la cual has sido creada. Dios te ha creado a su imagen y
semejanza, refiriendose esto a que Dios te ha creado bella, buena, santa, poderosa, fiel,
verdadera, tierna, amorosa. Te felicito, belleza de Dios.
Ester oró al Señor y le pidió sabiamente instrucción. Ester confió plenamente en Dios y no temió
a la muerte. Osó molestar a su rey y, sin embargo, fue recompensada: por confiar en su Señor.
Ester no dudó, le pidió fortaleza a Dios, su Señor.
“Si he hallado gracia a tus ojos, ¡oh rey!, y si el rey lo cree bueno, concédeme la vida mía: he ahí
mi petición, y salva a mi pueblo: he ahí mi deseo. Porque estamos vendidos yo y mi pueblo para
ser exterminados, degollados, aniquilados”. Ester, 7: 3-4
Dios utilizó a Ester como un elemento clave para salvar a su pueblo. En ese tiempo la mujer no
era tomada en cuenta por la sociedad, sin embargo, el Señor la escogió a ella y le dio el papel
protagónico porque ella confiaba ciegamente en ÉL.
Sara
Sara fue una mujer de una belleza deslumbrante, de risa continua; a veces era poco respetuosa,
podría decirse que hasta irreverente. Por esto, en un principio puede sorprender, que fuera Sara la
elegida para tamaña misión. Sin embargo, su modo de actuar fue siempre muy humano… No
obstante, fue la elegida por Dios, a pesar de sus virtudes y defectos.
Además, Sara sería la única mujer con quien Dios se comunicó directamente, ya que las
demás profetisas mencionadas en la Biblia recibieron mensajes de Dios por medio de ángeles.
Al principio su nombre era Sarai, que significa “mi princesa” o “gobernadora mía”. Luego el Señor
antes de concederle el milagro de tener un hijo a la edad de 90 años, le cambió el nombre por
“Sara”. En hebreo el nombre Sara se usa para designar a una mujer de alto rango y, a veces es
traducido como "princesa" o “gobernadora”.
Sara poseía un carácter fuerte, era dominante y sabía hacer sentir su autoridad y señorío. Si
analizamos su vida podemos darnos cuenta de que tuvo dos facetas: era una mujer hogareña,
gobernaba muy bien a sus criadas y su casa, pero tenía muy claro que Abraham era la cabeza del
hogar y, a él le debía respeto como tal. Sara en eso no se perdió: estuvo al lado de su marido a
pesar de todo el trabajo que pasaron juntos.
No obstante, por otro lado, Sara por su propia voluntad le entrega su esclava Agar a Abraham para
procrear descendencia porque según las leyes mesopotámicas, una mujer estéril podía ceder su
esclava al marido y, si tenía descendencia, reconocer al hijo como suyo. Pero Sara no contaba con
que Agar la menospreciaría por haber concebido. Entonces he aquí que Sara, al no poder hacer
nada sin el consentimiento de su marido, le pide a éste que resuelva la situación. Abraham le dice:
“He aquí tu sierva está en tu mano, haz con ella como bien te parezca”.
Sara llegó a oprimir a Agar: pasó de tratarla como a una amiga a ser su enemiga. Sara echó de
casa a su esclava, pero Dios la hace volver y le dice: “El hijo de Agar será Ismael, que no es el
escogido, pero sí será el antepasado de los árabes del desierto, el fundador de otro gran pueblo
(los ismaelitas)”.
Sin embargo, esto nos enseña algo muy importante: incluso los más grandes líderes comenten
errores, y gracias a Dios, este error no fue tomado en cuenta, pues de lo contrario Sara hubiese
estorbado los planes de nuestro Señor. Esto a su vez nos muestra que los planes de Dios son
irrevocables.
Hebreos 11:11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y
dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.
Rut
Rut 1:16 Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que
tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.
El nombre de Noemí significa “placentera”. Antes de enfrentar muchas desgracias, Noemí fue
una mujer amistosa y amable. Pero también, fue una mujer que tuvo que pasar por muchos
sufrimientos.
Noemí estaba casada con Elimelec. Ambos huyendo de la hambruna en Belén, fueron a parar a
Moab.
En el exilio su esposo murió, y Noemí se quedó sola con sus dos hijos en Moab: Mahlón y
Quelión. Los hijos de Noemí se casaron con mujeres mohabitas. Pero el Señor le quitó a sus dos
hijos, y Noemí se quedó sola con sus dos nueras, que no eran de su pueblo, ni adoraban a su
Dios.
Noemí escuchó que en Belén el pan volvía a ser abundante y, como se encontraba en la más
extrema pobreza decidió regresar a su amada Belén. Noemí salió de Moab en compañía de sus
dos nueras. Pero solo Rut la acompañó hasta Belén, después de que Noemí le pidiera a
ambas que se regresaran con sus madres.
Dos veces consecutivas Noemí les suplicó que la abandonaran. Finalmente, Orfa besó a su
suegra y regresó con los suyos. Pero Rut, se negó a abandonarla. «Tu pueblo será mi pueblo, y
tu Dios mi Dios», fue la respuesta decidida de Rut. ¡Qué bellas palabras las de Rut! ¿Qué suegra
no le gustaría tener una nuera tan amorosa y fiel? Noemí mostró ternura y consideración para
con su nuera, se afianzó más el lazo que sentían una con la otra: se quisieron como madre e hija.
Noemí era ya una mujer de edad avanzada, que se había visto obligada a comenzar desde cero.
Pueden imaginarse lo que quizá pasó por su mente: <<Ahora regreso peor que cuando salí de
Belén, regreso sin nada y para colmo: vieja y sin mi familia. Sólo me acompaña una nuera que no
pertenece a mi tierra, ni mi Dios es su Dios>. Tuvo que ser muy penoso para ella, pero el Señor
tenía otros planes; los propósitos de Dios son a veces incompresibles para nosotros. Pero
debemos recordar que ÉL tiene el control.
Así es que, Noemí llegó acompañada por su nuera, Rut. La Biblia dice que toda la ciudad se
conmovió por causa de ellas; y les decían: "¿No es ésta Noemí?".» Con lágrimas en los ojos la
anciana contestó: «No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara, porque en grande amargura me
ha puesto el Todopoderoso.»
Noemí logró vencer su amargura y volvió a ser amable y afectiva como lo había sido antes. Dios
honró en gran manera a esta mujer abandonada. Su historia fue incluida en las Sagradas
Escrituras, se ha ganado la admiración y el respeto de todos nosotros. Su sangre se mezcló con
la del Hijo de Dios a través de las generaciones.
Sifra y Fúa
Sifra y Fúa, aunque estas mujeres no son muy populares, lo más probable es que nunca hayas
escuchado de ellas, pues tampoco pertenecían al pueblo de Dios. Sin embargo, ambas deben ser
mencionadas por su ejemplo de valentía, compasión y deseos de conservar y respetar la vida humana.
Sifra y Fúa hicieron la voluntad de Dios, sin importarles el peligro que representaba esto para sus vidas.
Éxodo 1: 7-21
7
Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se
llenó de ellos la tierra. 10 Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y
acontezca que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se
vaya de la tierra.11 Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus
cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés. 12 Pero cuanto más los
oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de
Israel.5 Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra
Fúa, y les dijo:16 Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es
hija, entonces viva.17 Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de
Egipto, sino que preservaron la vida a los niños. 18 Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les
dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis preservado la vida a los niños?19 Y las parteras
respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias; pues son robustas, y dan
a luz antes que la partera venga a ellas.20 Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se
fortaleció en gran manera.21 Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias.
El temor, la reverencia hacia el Dios Todopoderoso nos impulsa a actuar: ambas tomaron una decisión
arriesgada, al desobedecer la ley humana y someterse a la ley de Dios. Podemos deducir que ambas
mujeres tenía un conocimiento del carácter moral de Dios y, al mismo tiempo, tuvieron la capacidad de
discernir cuál era exactamente la voluntad de nuestro Señor. Estas mujeres valientes actuaron
movidas por su temor, reverencia y respeto hacia Dios.
Estas rebeldes pasivas ante leyes injustas agradaron a nuestro Señor: las libró y bendijo grandemente
sus vidas.
María
Lucas 1;28 Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo;
bendita tú entre las mujeres.
No podemos concluir esta serie sin mencionar, tal vez, a la más valiente de todas las mujeres de la
Biblia, quien decidió voluntariamente enfrentar cualquier adversidad y crítica; y llevar en su vientre
a aquel que vendría a cambiar tu vida y la mía.
Amada por muchos, y aun en estos días: menospreciada e insultada por otros. María, aquella
joven virgen que trajo físicamente a Jesús a este mundo, nos dejó un gran ejemplo de humildad,
sabiduría y entrega al servicio de Dios.
Lee detenidamente la Biblia, y en ella encontrarás destellos de la prudencia ejercida por esta
valiente y santa mujer. Te doy un ejemplo, y sin salirme del tema:
No, ella se mantuvo callada y humilde, y si te fijas bien, en las escrituras, cada vez que sucedía
algo que marcaba su vida y le demostraba la divinidad de su hijo, ella “guardaba estas cosas en su
corazón”. (Lucas 2:19)
¡Qué gran ejemplo para nosotros! Es muy difícil hablar de María sin causar el asombro y gusto de
muchos, o el ataque e ignorancia de otros. Sea cual sea tu actitud hacia ella (y hacia otras mujeres
valientes de la Biblia), no puedes negar, que fue la madre terrenal de Jesús, fue la que alimentó de
su pecho al Señor que nosotros adoramos, ella fue la que le cambió los pañales, la que lo cargó y
lo consoló cuando de bebé el lloraba (ahora solo falta que alguien diga que Jesús no lloraba de
bebé). Ella fue quien le dio su desayuno, su comida y su cena cada día. Y aunque la Biblia no
habla de estas cosas, es muy obvio que sucedieron.
María, como joven valiente enfrentó a una sociedad misógina, con el riesgo de ser apedreada si
se descubría que José no era el padre de ese bebé. Como madre ella enfrentó los retos de criar a
un niño y, posteriormente a un adolescente, y luego a un hombre que transformaría la historia del
universo entero; y aun más, ella enfrentó el cruel dolor de ver a su hijo torturado y asesinado por
hombres malos…
Y si lees bien las Escrituras, te darás cuenta, que aun después de la resurrección y ascensión de
Jesús, ella se mantuvo fiel esperando la promesa del Espíritu Santo, y era admirada y tomada en
cuenta por los apóstoles y discípulos, de tal manera, que mereció ser mencionada en Hechos 1:14,
donde se hace distinción entre las personas que estaban perseverando en oración y, se menciona
claramente entre ellos a María, la madre de Jesús.
María fue una mujer valiente y su ejemplo sigue aun vigente. Pidamos a Dios que todas las
madres jóvenes de hoy en día tengan la sabiduría, humildad y prudencia de María.