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Tipeo Alan 1

Este documento describe la desaparición heroica del Capitán de Aviación Leonardo Alvariño Herr y el Sub-Oficial maestro de 2da. Héctor Rubio mientras transportaban un avión "Vought Corsair" a través de la peligrosa ruta San Ramón-Masisea el 24 de marzo de 1933. A pesar de las malas condiciones climáticas, decidieron continuar su misión patriótica, pero desaparecieron después de luchar durante 4 horas y media contra la tormenta. Sus compañeros realizaron intensas búsquedas pero nunca encontr

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Este documento describe la desaparición heroica del Capitán de Aviación Leonardo Alvariño Herr y el Sub-Oficial maestro de 2da. Héctor Rubio mientras transportaban un avión "Vought Corsair" a través de la peligrosa ruta San Ramón-Masisea el 24 de marzo de 1933. A pesar de las malas condiciones climáticas, decidieron continuar su misión patriótica, pero desaparecieron después de luchar durante 4 horas y media contra la tormenta. Sus compañeros realizaron intensas búsquedas pero nunca encontr

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Capítulo XLIII

Dos Símbolos heroicos del cumplimiento del


deber: Capitán de Aviación Leonardo
Alvariño Herr y Sub-Oficial maestro de 2da.
Héctor Rubio

En la numerosa legión de espíritus osados que en el transcurso de este año


tuvieron amores con la gloria están doce seres abnegados y valientes, inspiración
sublime del deber, del trabajo y de la hombría: el Capitán de Aviación Leonardo
Alvariño Herr y su mecánico el Sub-Oficial Maestro 2da. Héctor Rubio Cavassa, ambos
fundadores de la Base Aérea de San Ramón y del Servicio Aéreo de la Montaña, en la
ruta San Ramón-Marisea.

Ambos consumaron un hecho que, por el patriótico comportamiento de sus


personajes en los cinco primeros meses del conflicto Perú-Colombiano, lo ilumina ya el
sol de la Historia.

Una tarde, el 24 de marzo de 1933, recibe Alvariño la orden de transportar el


último d ellos siete aviones “Vought Corsair” que deberían ser trasladados en vuelo
hasta Iquitos para ser utilizados en el Teatro de Operaciones del Nor-Oriente; y pleno
de fe en su mano que venciera tantas veces las múltiples acechanzas de la peligrosa
ruta San Román-Masisea, sale una vez más a vencerla y cumplir la urgente misión que
la Patria le exigía. Sube animoso, con el entusiasmo de siempre, al “Corsair” 2-E-1, en
compañía de su mecánico Rubio, se eleva sobre su Base sin presentir que esta vez sería
la última en que la contemplaría desde el aire. Eran las tres de la tarde, nada hacía
presagiar que existiera mal tiempo en la ruta, otros dos aviones seguían al de Alvariño,
un “Keystone” con el Teniente José Chirinos y un “Stinson”, arrendado a la Compañía
Nacional de Aviación “Faucett” que llevaba como piloto al aviador civil Dan E. Tobin de
dicha compañía.

El vuelo d ellos tres aviones se realizó sin novedad hasta alcanzar el río Pichis. A
esta altura se desencadenó una fuerte tempestad, de las que intempestivamente se
presentan en la región. Al pasar por Puerto Victoria arreció la tormenta a tal punto que
el Capitán Alvariño ordenó a los aviones que lo seguían que regresaran a su Base de
San Ramón; y, cuando éstos así lo hicieron él, conocedor de la premura con que era
solicitado éste avión en el Nor-Oriente decidió enfrentarse al mal tiempo, luchar
contra la terrible tempestad desencadenada y tratar, en cuanto fuera posible, con el
cumplimiento de la urgente misión que se le había confiado.

Después de cuatro horas y media de lucha contra los elementos de la


naturaleza, que aquel día se ensañaron desencadenando sobre los bravos aviadores
toda la furia con que periódicamente azotan esa región, el “Corsair” agotado su
combustible, cayó en la Selva con sus intrépidos tripulantes. En homenaje a los
heroicos protagonistas de este trágico vuelo, el autor de esta historia dedicó entonces
la siguiente composición poética:

EL ÚTLTIMO VUELO

Tarde gris en la montaña. Arriba densas nubes


presagian la tormenta y en una sombra negra se
esfuminan bajo el sudario de la niebla espesa. Ni
una gota de azul queda en el cielo ni, mintiendo su
risa pasajera, se adivina en el vasto firmamento el
pálido fulgor de alguna estrella. Sin mirar el
peligro que amenaza sube al avión un hombre que
refleja en su rostro tostado en la Montaña un
rictus de valor y de entereza; junto a él, un
mecánico investiga la marcha del motor como si
fuera una nueva ilusión que halla en la vida o una
nueva mujer que se le entrega. Ya está el piloto en
su armazón de acero, acelera el motor, su avión
despega y sale dominando el bosque espeso cual
fecha disparada de la tierra que quisiera indicar en
su proyecto el punto del espacio en que se besan
la arrogancia del monte con el cielo y la furia del
cielo con la tierra…

¡Es el Pegaso alado de Perseo que sale a combatir


a la Quimera!...
Los mil alambres de la nave silvan y mientras el
motor bronco resuena cumple el piloto “¡Arriba,
siempre arriba!”
La sagrada divisa de su Escuela; y avanza por el
monte que parece esa tarde, tan triste como fiera,
un guardián colocado en el Oriente, un coloso
soberbio, un centinela…
La cólera celeste se desata en le tul deshilado de la
niebla y, dibujando trágicos fantasmas, se
extiende por la abrupta cordillera.

Son celos de Neptuno y Anfitrite que en la furia


del cielo se concentran; celos, fuego sagrado, que
despide el agua de las nubes en tormentas que
disipan la luz de la Montaña y en su gris
perspectiva sólo dejan el zig-zag de los rayos que
se escapan encendiendo los cielos y la tierra.

Mas, el piloto en su barquilla avanza sereno, pleno


de fe en su empresa, su férrea voluntad no se
amilana ni ante el rayo, la nube y la tormenta…
Es ave que se burla del abismo y desprecia sus iras
traicioneras, es un enamorado de infinito que
quiere confundirse con la selva…
Así en la hora en que la luz se extingue, sucumbe
sin dejar rastro, ni huella…
¡Oh mano de Josué, tu detuviste este sol en la
ardiente cordillera para que siga, con su luz
sublime, alumbrando a la Aviación desde ella…
Heroico en este drama en que dos hombres, en su
leve barquilla, van y retan en sus mismos dominios
a los montes y, sin ver el peligro que se acerca,
perforan tempestades con el borde de sus alas
gigantes de madera…
Sublime es este drama en la Montaña, se diría que
tiene en sus escenas venganzas de la selva, nunca
hollada, al verse expuesta a la veloz carrera de una
nave que rasga sus entrañas y burla sus secretos
cuando vuela.
Tal vez fuiste ¡Oh rayo! Arma homicida que
atacaste el avión en su carrera…
Heridos soñarán, si es que están vivos, fugar de la
prisión en que se encuentran como Icaro rebelde
de otros siglos fugó del Archipiélago de Creta; y
vivirán pensando en las entrañas de las noches
eternas de la Selva hacerse de unas alas icarianas
y volar hasta el sol y las estrellas…
Ilusión de dos almas en el monte, espejismo del
mito y la leyenda, Icaro, protegido de los dioses,
sólo logró tener alas de cera…
La suerte de este vuelo está confiada al misterio
insondable de la Selva que orgullosa atesora en su
follaje junto al rayo, la nube y la tormenta, a esos
héroes que fueron aquel día en misión de
patriótica defensa.
¡Quien pudiera auscultar aquel misterio!
Violar la Selva Virgen que lo encierra y un gesto
viril contra el Destino hallar en sus entrañas la
respuesta del porqué aprisionara entre sus ramas
a esos hombres que tanto la quisieran.

Más, todo es mudez, silencio y calma, muda la voz


de la Naturaleza de confín de la montaña; y muda
el alma verde de esa tierra que en silencio parece
que persigna la inmensa soledad en que está
envuelta, sin saber nunca del dolor que embarga a
una Patria que al fin verlos quisiera ungidos por la
luz del sol que nace de una gloria tan grande como
eterna.

La desaparición de estos dos miembros de las Fuerzas Aéreas de la Montaña


produjo enorme consternación nacional. La Inspección General de Aeronáutica dispuso
que se efectuara una intensa búsqueda en todo lo largo de la ruta comprendida entre
las Bases Aéreas de San Ramón y Masisea, a la que se sumaron los esfuerzos familiares
de los heroicos aviadores caídos en el cumplimiento del deber. El Segundo Jefe de la
Base de San Ramón, Capitán Carlos Martínez de Pinillos, recibió de la Superioridad la
siguiente orden de búsqueda:

“El Capitán Leonardo Alvariño se ha perdido el día 24 y Ud., como Segundo Jefe,
aunque no vuele, debe organizar tanto la búsqueda aérea como las expediciones
terrestres”.

Al respecto es interesante recoger del libro “Mis veinte mil horas de vuelo”, de
Carlos Martínez de Pinillos, las sentidas frases con que relata la trágica desaparición de
su Jefe y amigo:

“Preocupado por la desaparición del amigo querido me preguntaba”:

“¿Ese piloto de sobresalientes cualidades, conocedor de la selva, inaugurador


del Servicio Aéreo de la región, se ha perdido? ¡Imposible!, era mi respuesta y aunque
cansado, pero no vencido, aquello demandaba acción inmediata y me aboqué con
indeclinable persistencia al cumplimiento del deber de encontrarlo. Iniciamos la
búsqueda por los pastizales del Gran Pajonal y por las Pampas del Sacramento -lugares
famosos por la fiereza de sus moradores- extendimos nuestras incursiones por todas
esas vastas soledades y extensos horizontes que se agrandan taciturnos, borrosos,
inacabables, donde es tan difícil encontrar un avión como hacerlo con un grano
especial de arena en toda una inmensa playa”.

“En la constante lucha contra las fuerzas naturales se desprecia el peligro y se


soporta con placer la fatiga que conlleva la pelea y, en este caso, el valor lo
derrochábamos, pero infructuosamente. Nuestros regresos eran desconsoladores. La
amargura de lo irreparable se hacía más evidente conforme pasaban los días. ¡Nada...!
…! eran las respuestas en nuestras miradas y en nuestras palabras. Hasta el aire en la
Base se sentía como un lamento. Todo era pesadez, tristeza y pesar que estrujaban los
corazones y exprimían las gargantas en sollozos contenidos, y es que Leonardo era,
además de todo un hombre, un verdadero compañero. Un cortejo de espectros eran
las nubes, y lágrimas eran las gotas de lluvia que derramaban arrepentidas de haber
hecho tanto y tan injusto daño. Las distintas versiones nada aclaraban y tuvimos que
hacer frente a la cruenta y dolorosa realidad: no lo volveremos a ver. Lo habían oído
pasar por Bermúdez “metido en plena borrasca que se desataba bramando de manera
horrible” lo sintieron “por allá”; “iba en esa dirección”, y muchas más fueron las
informaciones, pero no lo pudimos encontrar y nunca más volvió”.

“Fúnebres crespones de nubes envolvieron al nauta cubriéndolo con el sudario


de silencio en vuelo postrero. ¡Pobre amigo mío! Nunca era más feliz que cuando
volaba sobre la selva que terminó por atraerlo definitivamente. Cuando aviador cae en
ella rara vez se salva. Parece que la maraña se vengara de sus vencedores. Murió el
bravo piloto que inspiraba tierno afecto familiar y quien desde el comienzo de su
carrera se distinguió sobresaliente en ella. Quizá se le agotó el combustible y tuvo un
aterrizaje forzoso y trágico o pudo haberse incendiado el avión al chocar contra algún
cerro entre esa densísima neblina o también estrellarse contra la misma arboleda.
Quien siempre dispuesto a realizar las más atrevidas labores, de alma heroica al
servicio de su Patria, hombre de coraje a toda prueba, tuvo que dar fiera batalla -de
eso estábamos totalmente seguros- antes de vencido, pero no quiso contarnos su
brava pelea. Se llevó con él ese dantesco combate y el sello de su distinción personal:
educado, ameno, justo; se congratulaba por el triunfo ajeno de quien fuera. Con
hechos objetivos dejaba en el ánimo de quienes tuvimos la suerte de conocerlo, la
gran valía de un verdadero hombre. Aún no se acalla la pena que guardo por él y por
su mecánico, el Sub-Oficial Rubio, que lo acompañaba”.

DATOS BIOGRAFICOS DEL “HEROICO BINOMIO ALVARIÑO-RUBIO.- Leonardo


Alvariño Herr, oriundo de Chanchamayo, nació en la Hacienda “Santa Clara”, ubicada
en la quebrada de Oxabamba del distrito de San Ramón, Provincia de Tarma y
Departamento de Junín, el 30 de agosto de 1900. Sus padres fueron don Francisco
Alvariño, natural de Lima, de profesión agricultor y casado con la dama tarmeña doña
Clara Herr de Alvariño. Este noble y cristiano hogar modeló la infancia de quien estaba
llamado a servir algún día a la Patria en grado heroico y eminente. La Selva, con la
imponente majestad, de su verde infinito fue su cuna y cual nueva Caja de Pandora,
aprisionó en su seno esta naciente esperanza.

Los primeros años de la instrucción de Alvariño se llevaron a cabo en Tarma, en


el Colegio Nacional de San Ramón, de allí pasó al Colegio de la inmaculada que dirigen
los Padres Jesuitas en Lima, distinguiéndose en sus estudios de Primaria por clara
inteligencia y excelente conducta y aprovechamiento. Las latas notas y primeros
premios, nunca faltaron en el haber del aprovechado alumno que, en cada nuevo año,
supo llevar a sus padres al regocijo de aquellas merecidas distinciones.

Su Instrucción Media la inició en el colegio “Instituto Lima” y le dio término en


el “Colegio San Agustín” de esta Capital. Los padres agustinos siempre recordaron el
paso por sus tradicionales claustros de este distinguido alumno que sabía darse tiempo
para sobresalir en sus estudios y en las lides del deporte, dándole a los colores de su
colegio merecidos triunfos.

Cuando era un joven de solo diecisiete años, despertó en su espíritu el deseo de


hacerse Marino. La Escuela Naval lo sedujo con su historia llena de acontecimientos
nobles que han hecho de este centro de estudios emblema de honor y orgullo de
nuestra Patria. No obstante, su edad comprendía en toda su magnitud la alta misión de
esa Escuela de atender a la preparación y conducción intelectual, física y moral de los
Cadetes Navales a fin de lograr caballeros capaces de desempeñarse eficientemente
como Oficiales de Marina. Sabía que para el ingreso a ella solo contaban la eficiencia y
la personalidad del candidato, como los mejores requisitos, por eso se presentó ajeno
a toda influencia extraña. En el mes de enero de 1918 presentó su solicitud de ingreso,
en febrero fueron los exámenes de admisión y, después de rendir todas las pruebas
reglamentarias, junto con numerosos postulantes, logró ser clasificado entre los
mejores y ser nominado Cadete de la Escuela Naval del Perú con fecha 5 de marzo de
dicho año.

En esta fecha comenzó el año académico. El primer mes fue para el Cadete
Alvariño de adoctrinamiento y adaptación a la vida militar. Pronto la cotidiana
gimnasia y los deportes mejoraron su constitución física, creando su “mente sana en
cuerpo sano”, según la sabia máxima de Juvenal.

En la Escuela Naval ocupó, desde su ingreso, los primeros puestos de su


promoción, alcanzando en los últimos años la honorífica de ser designado Sub-
Brigadier y después Cadete Teniente Segundo. Al finalizar sus estudios recibió los
despachos de la clase de Guardiamarina el 3 de enero de 1923.

Como Guardiamarina fue designado para completar sus estudios y prácticas de


Navegación a bordo de uno de los buques de la Compañía Peruana de Vapores
viajando hasta Europa. A su regreso se le incorporó a la dotación de Oficiales de
nuestras unidades navales de guerra, sirviendo, sucesivamente, en los cruceros
“almirante Grau” y “Coronel Bolognesi”.

No había cumplido dos años de servicios a bordo de los buques de la Armada,


cuando atraído por la Aviación ingresó como Oficial Alumno a la Escuela de
Hidroaviación de Ancón, dependencia de la Marina que, en 1924, entraba en un
período de reorganización general bajo las órdenes del Capitán de Fragata H.B. Grow
de la Misión Naval Americana. El 25 de agosto de 1924 fue ascendido a la clase de
Alférez de Fragata, brevetándose como Piloto Observador Naval el 31 de diciembre de
1926. Ascendió a Teniente Segundo del Cuerpo Único de la Armada Nacional el 21 de
julio de 1927, siendo nombrado poco después en la Plana Mayor de las Fuerzas Aéreas
de la Montaña, cuyo jefe era el Teniente Primero Gustavo Cornejo Portugal. Se trataba
entonces de inaugurar la Línea Aérea Nacional del Oriente y, Alvariño, fue designado,
atendiendo a sus cualidades de aviador naval experto, sereno y seguro.

El 26 de octubre de 1927 realizó el primer vuelo de Lima a San Ramón,


venciendo la Cordillera de los Andes sobre las elevadas cumbres de Ticlio y
Moronacocha en un majestuoso vuelo a más de seis mil metros sobre el nivel del mar
que puso en relieve sus excelentes condiciones de piloto. A su llegada a San Ramón,
donde fue designado Jefe de la Base Aérea, se dedicó con todo empeño a la
exploración aérea de esa zona selvática y a organizar su funcionamiento.

El 3 de enero de 1928 inauguró el servicio postal aéreo San Ramón-Iquitos en


forma regular volando hasta Masisea, donde encontró el avión de su Jefe el Teniente
1° Cornejo Portugal, procedente de Iquitos, e intercambiada la carga y
correspondencia que llevaban regresaron a sus respectivas Bases, tal como quedó
señalado en el Tomo II de esta Historia.

Al año siguiente fue ascendió a la clase de Teniente 1° del Cuerpo Único de la


Armada Nacional, clase que posteriormente al fusionarse la Aviación Militar con la
Aviación de la Marina para formar el Cuerpo de Aviación del Perú, fue cambiada por su
equivalente de Capitán de Aviación.

Contrajo matrimonio el 7 de setiembre de 1929 con doña María Antonieta


Llavería, matrimonio del que tuvo dos hijos: Leonardo Manuel y clara Margarita.

El 7 de abril de 1930, en mérito a su destacada labor en la fundación y


desarrollo de la Línea Aérea de la Montaña, se le concedió la “Cruz Peruana de
Aviación” de Segunda Clase. Pocas veces fue otorgada esta condecoración con
mayores merecimientos.

La siguiente acta de la Junta Calificadora así lo atestigua: En Lima, a los


veinticuatro días del mes de febrero de mil novecientos treinta, reunidos en el
Ministerio de Marina y Aviación, los suscritos, para calificar las recomendaciones
hechas por el señor Inspector General de Aeronáutica proponiendo al Capitán don
Leonardo Alvariño para que se le otorgue La Cruz Peruana de Aviación de 2da Clase:

Leído por la Junta Calificadora el oficio 2-D-23 del Inspector General de


Aeronáutica y teniendo en consideración:

1°.- Que el Capitán de Aviación don Leonardo Alvariño, en el mes de octubre


del año 1927, con muy pocas horas de vuelo sólo en aviones de tierra, logró vencer el
mal tiempo reinante y cruzó la Cordillera de los Andes por su parte más alta, llegando a
San Ramón en dos horas, demostrando ser un piloto de alto valor.
2°.- Que posteriormente exploró la región del Pachitea hasta Masisea, iniciando
los vuelos de San Ramón a este puerto, sobre el Ucayali.

3°.- Que ha dirigido con tino sin igual la línea San Ramón-Masisea, conduciendo
pasajeros y correo, y entrenando al nuevo personal de pilotos, sin que durante el largo
tiempo transcurrido haya tenido el menor accidente; y,

4°.- Que estas consideraciones han hecho ganar en el público la confianza más
grande en las líneas de aviación del gobierno, contribuyendo así con entusiasmo y
abnegación al progreso de la aviación nacional;

Acordaron por unanimidad:

Aprobar la propuesta hecha por la Inspección General de Aeronáutica,


recomendado a la alta consideración del Señor Ministro del Ramo, el otorgar la Cruz
Peruana de Aviación de 2da Clase al Capitán don Leonardo Alvariño, de conformidad
con los estatuido en el Artículo 5° del Decreto Supremo del 1° de abril de 1929.

En fe de lo cual firmamos la presente Acta.

(Firmado).- El Capitán de Navío H.B. Grow, Inspector General de Aeronáutica.-


el Capitán de fragata B.H. Wyatt, Comandante del Centro de Hidroaviones.- El
Comandante de Aviación Fernando Melgar, Comandante del Centro de Las Palmas. El
Teniente Comandante de Aviación Ricardo Guzmán Marquina, Director de Aviación
Comercial y Civil.

En esta forma Alvariño alcanzó en 1930 la más alta distinción a que podía
aspirar un aviador militar en aquella época. Su personalidad se destacaba como un
valor institucional irremplazable en las rudas labores del servicio de la Línea Aérea de
la Montaña. A ellas se entregó con ejemplar abnegación sin desmayar un solo instante.
Todos en la Selva conocían su apuesta figura y saludaban con afecto al mensajero del
progreso que se jugaba sencillamente, sin alardes de ningún género, la vida todos los
días.

Su constante práctica lo hizo un conocedor del estado del tiempo en la selva


que suplía en mucho la falta de un eficiente Servicio Meteorológico. Sus predicciones
eran acertadas y constituían la guía más segura de los pilotos que operaban en la Línea
San Ramón-Masisea.

Su labor, como Jefe de la Base Aérea de San Ramón, fue apreciada por la
Superioridad en diversas oportunidades, mereciendo honrosas felicitaciones en la
“Orden General” del Cuerpo. Conocedor profundo del medio en que actuaba y de los
peligros de la región, definió la ruta aérea mejor para los vuelos sobre la selva de San
Ramón a Masisea; y enseñando con el ejemplo la mejor forma de servir a la línea que
había fundado, llegó a hacer de lo que fuera hermosa aventura una realidad
productiva para su Institución. Su paso por San Ramón supo dejar una huella
perdurable, caballero y leal con sus amigos, muchos sintieron hondamente su
prematura desaparición; maestro de los pilotos a sus órdenes, fue a la par exigente y
bondadoso; tenía el ascendiente de los verdaderos conductores de hombres; nadie
pudo vencer la selva como él la venciera, la conocía en sus mayores detalles, casi
podría decirse que en todo su atrayente misterio, fue el piloto seguro que la
dominaba, el aviador de confianza en la ruta que todos solicitaban; el mártir en la hora
de prueba, precursora de su propia gloria.

Héctor Rubio Cavassa, el abnegado e intrépido mecánico de Aviación que


desapareció al lado de su piloto, nació en el Callao el 11 de abril de 1892, siendo sus
padres don Ernesto Rubio y doña Adela Cavassa. Realizó sus primeros estudios en las
escuelas de nuestro primer puerto, ingresando a la Armada Nacional el 8 de setiembre
de 1913, como Oficial de Mar de 3ra a bordo del BAP. “Coronel Bolognesi”. El 12 de
diciembre de 1919 fue ascendido a la clase de Oficial de Mar de 2da y trasladado a
prestar sus servicios a bordo del sumergible “Palacios”. Dos años después, el 9 de
marzo, obtuvo su ascenso a Oficial de Mar de 1ra.

Al reorganizarse el Servicio de Hidroaviación de la Marina fue dado de alta en la


Base Aero-Naval de Ancón, con fecha 16 de agosto de 1923, donde continuó su carrera
hasta la clase de Sub-Oficial Maestros de 2da.

El 5 de noviembre de 1927 contrajo matrimonio con Victoria Mena, en la que


tuvo en los años siguientes dos hijas: Marina Victoria y Lucrecia.

En la Escuela de Hidroaviación de Ancón supo destacarse en las labores diarias


de asistencia al vuelo, cuidando con esmero el mantenimiento y buena presentación
del material a su cargo; situación difícil de alcanzar en una Base en donde existía
especial cuidado de aviones y motores en servicio, a fin de mantenerlos en condiciones
inmejorables de trabajo tanto para la continuidad de la instrucción de alumnos como
para el entrenamiento diario de pilotos.

Su reconocida experiencia como mecánico de aviones lo condujo a ser


nombrado a la Base Aérea de San Ramón, en la que, durante su larga permanencia,
supo destacarse por el espíritu de responsabilidad que guiaba su trabajo de atención
del material de vuelo dedicado al servicio de la Línea Aérea San Ramón-Masisea.

Con motivo del Conflicto Perú-Colombiano y en momentos en que se reclamó


mayor eficiencia en el transporte de material bélico para el Teatro de Operaciones del
Nor-Oriente, el Sub-Oficial Rubio, cumplió sus labores con patriotismo, abnegación y
verdadero sacrificio, a fin de mantener el mayor número de aviones en el recargado
trabajo que demandaba la situación internacional.

A mediados del mes de marzo, en cumplimiento de órdenes superiores, fue


designado para viajar a Huancayo con el objeto de participar en la faena de armar el
avión “Corsair” 2-E-1 que había sido enviado por tren a dicha ciudad. Terminada dicha
operación el avión fue conducido por el Capitán Alvariño, acompañado por su
mecánico Rubio, de Huancayo a San Ramón, donde hechas las últimas revisiones se
decidió su vuelo a Masisea, lugar en el que sería transformado en hidroavión y llevado
a Iquitos para completar las escuadrillas que operaban en misiones de guerra.

Así llegó para el competente y abnegado mecánico su día trágico, el 24 de


marzo de 1933, en que acompañando a su Jefe cayó con él envueltos en el sudario de
su propio avión. Cayó con su Jefe, como caen los valientes al servicio de su Patria y
cuando ella reclamaba más de su arrojo, competencia profesional y sacrificio para
vencer los peligros que la acechaban.

Y así, también desapareció para siempre quien, por sus dotes personales, su
contracción al trabajo y espíritu de superación llegó a ser un elemento útil a su
Institución, donde al desaparecer dejó un vacío difícil de llenar.

ONCE AÑOS DESPUES DE ESTE TRAGICO VUELO FUERON HALLADOS LOS


RESTOS MORTALES DE SUS PROTAGONISTA.- Al cumplirse once años, un mes y
veintiún días de la desaparición del Capitán Leonardo Alvariño y del Sub-Oficial Héctor
Rubio y cuando ya, de acuerdo con las disposiciones legales vigentes en el país, habían
sido declarados fallecidos, fueron hallados sus restos mortales confundidos con los del
avión que tripulaban en una de las faldas de la cadena de cerros de San Matías,
próxima a puerto Yassup.

El hecho se produjo en forma casual, en circunstancias en que se realizaban


exploraciones en la selva virgen con el fin de intensificar la explotación de gomales en
Puerto Yessup. La singular trascendencia de este hallazgo motivó el siguiente
Comunicado Oficial del Ministerio de Aeronáutica, difundido entonces por medio de la
radio y la prensa nacionales:

“El 24 de marzo de 1993 el Capitán de Aviación Leonardo Alvariño Herr, Jefe de


la Base de San Ramón, fue comisionado por la Superioridad para conducir una
máquina “Vought Corsair” de San Ramón a Masisea, llevando como mecánico al Sub-
Oficial Maestro de 2da Héctor Rubio. Despegó a horas 15 de dicho día, habiendo sido
visto al Norte de Puerto Victoria por el piloto señor Tobín que viajaba en el mismo
rumbo y por el entonces Teniente José Chirinos, los cuales recibieron orden del
Capitán Alvariño de regresar a la Base, por haberse desencadenado la tormenta. A
pesar de las dificultades que presentaba el tiempo, el Capitán Alvariño decidió
continuar en el cumplimiento de la misión que se le había confiado, perdiéndose en la
Selva”.

“La Superioridad organizó la búsqueda, explorando la Región de Oxapampa y


orígenes del río Palcazu, los ríos Pozuzo, Sungaruyacu, Aguaitía, Perené y Tambo; y el
Gran Pajonal hasta los límites más lejanos de la Cordillera de Sira”.

“Toda la zona comprendida entre Masisea y Marañón fue explorada en fajas


paralelas, continuando esta labor en años sucesivos los pilotos de la Base Aérea de San
Ramón, hasta considerarse perdidos al Capitán Alvariño y al Sub-Oficial Rubio”.

“El 15 del mes en curso el señor Ramón Dávila, hacendado de la Región se


dirigió por radio al Comando del 24 Escuadrón de Transportes, comunicándole haber
localizado un avión accidentado en las pendientes de los cerros de San Matías, lugar
cercano a Puerto Yessup, sector de la ruta entre San Ramón y Pucallpa; y confirmando
esta noticia en carta de la misma fecha dirigida al Teniente Comandante CAP. Juan
Castro Ramos, Jefe de la Base Aérea Capitán Alvariño”.

“La Superioridad dispuso que una expedición se pusiera en marcha hacia el


lugar indicado, designando al Jefe de la misma al Capitán CAP. don Fernando Pinedo,
integrándola el Sub-Oficial Maestro de 2da. Luis Berttineti y el Sub-Oficial de 3ra. José
Vásquez, quienes en compañía de los señores: Ramón Carrión Dávila, Carlos López del
Águila, Fortunado Sosa Godeau, Alberto Muñoz y cinco peones de Puerto Bermúdez,
salieron de este lugar el martes 16, surcando los ríos Pichis y Azupizú hasta Puerto
Yessup, trasladándose luego por tierra al Campamento del señor Carrión Dávila, para
proseguir, poco después, hasta la pendiente del cerro San Matías, donde encontraron
el avión “Vought Corsair”, perdido el 24 de marzo de 1993 y los restos del Capitán de
Aviación Leonardo Alvariño y del mecánico Sub-Oficial Maestro de 2da. Héctor Rubio”.

“Cumplidos los requisitos ordenados por el Comando, la expedición emprendió


viaje de regreso a Puerto Bermúdez, siendo conducido el día 21 de mayo los restos de
ambos servidores del CAP. a la Base Aérea Capitán Alvariño, donde fueron velados
hasta su traslado a Lima que tendrá lugar el día de hoy a horas 10.00 am Miraflores, el
24 de mayo de 1944. Fdo. Teniente Comandante CAP. Guillermo Alegre Soriano”.

Hasta aquí el contenido del Comunicado Oficial. En cuanto a la traslación de los


restos mortales desde Puerto Yessup hasta la Capital de la República por vía terrestre
constituyó, en sí, un doloroso acontecimiento que dio lugar a sentidos homenajes en
las principales ciudades del largo recorrido. En San Ramón, en donde Alvariño fue el
fundador de la Base Aérea y Rubio un mecánico de la misma, el ceremonial fúnebre
congregó al pie del obelisco que perpetúa la memoria del heroico aviador un
sinnúmero de personas, de toda la región de Chanchamayo, que quisieron exteriorizar
su pesar asistiendo a la Misa de Réquiem que allí fue oficiada por el Obispo de Ucayali
Monseñor Buenaventura Uriarte, a cargo de quien correspondió recitar la oración
fúnebre. Las palabras del venerable franciscano vibraron en emocionadas frases para
quien fuera gran amigo de los misioneros, habló de las cualidades relevantes que
distinguían al hombre cuyos restos en esos instantes contemplaba y por él, elevaba a
Dios sus oraciones.

En Tarma, suelo natal de Alvariño, se repitieron las manifestaciones de pesar no


solo al comprovinciano sino también al mecánico que lo acompañó en su último vuelo,
conduciendo sus restos hasta la Municipalidad, en donde en unión de los
acompañantes del fúnebre cortejo se guardó un minuto de silencio.

Luego, en fúnebre carruaje, fueron conducidos a la Oroya y de allí a Lima en


tren, a donde llegaron los restos el 24 de mayo de 1944 y en donde se inició el desfile
al Cementerio General en la mañana de ése mismo día.

La concurrencia al sepelio fue numerosa, tal como correspondía a los que


dieron la vida en misión militar en tiempo de hostilidades contra enemigo extranjero.
En común manifestación de pesar acompañaron los restos mortales los representantes
de los poderes del Estado, los Agregados Aéreos a las Embajadas y Legaciones
extranjeras, los Jefes y Oficiales de la Fuerza Armada, las Comisiones obreras y el
pueblo limeño, deseoso de exteriorizar sus nobles sentimientos para con los
defensores del suelo patrio, sumándose al cortejo y acompañándolos a pie hasta su
última morada.

En el Cementerio, rezados los responsos, hablo en nombre del Cuerpo de


Aviación del Perú, el comandante José San Martín Fraysinet pronunciando el discurso
siguiente:

“Once años y dos meses de constantes y fatigosas expediciones de búsqueda


por parte de las autoridades de la Aeronáutica y familiares, han transcurrido antes de
correr el velo que cubría la misteriosa desaparición de dos ínclitos miembros de
nuestra Aviación Militar, el capitán CAP. don Leonardo Alvariño Herr y el Sub-Oficial
Maestro 2da. don Héctor Rubio Cavassa, quienes, en cumplimiento de sagrados
deberes para con la Patria, salieron de San Ramón en misión relacionada con la
defensa nacional”.

“La selva peruana abre sus entretejidas ramas y dejando penetrar los rayos del
sol sobre un trozo virgen de nuestra tierra, alumbra el lugar donde cayeron dos de
aquellos que, con sus actos, dieron prestancia y brillo a los blasones de nuestra Fuerza
Aérea”.

“Transcurre el tiempo, y el decurso de Alvariño y de Rubio está indeleblemente


marcado en nuestras mentes. El pundonoroso Cadete Naval, el cumplidor Oficial
Alumno de la Escuela de Hidroaviación de Ancón, el dedicado Instructor de Vuelo, el
caballeroso amigo de recia contextura y poderosa personalidad, el iniciador de la Línea
Aérea San Ramón-Masisea, no puede ser olvidado por aquellos que alternaron con él y
sintieron el influjo de su ascendencia moral y material. Y Rubio Cavassa, el subalterno
que supo granjearse el afecto de su Jefe hombre de honor de escueta figura y suave
voz, inteligente y comprensivo, no puede tampoco ser olvidado por los que escucharon
su contagiosa risa y observaron su vivacidad sin par”.

“El Cuerpo Aeronáutico del Perú, en cuyo nombre hablo, unido por el dolor que
ata sentimientos y une voluntades, rinde su postrer tributo a Ellos y con el corazón
abierto por la profunda pena que lo embarga, retemplado su indomable coraje, aquí,
frente a estos mortales restos, una vez más levanta su voz y hace votos por seguir día a
día, sin desmayos ni desalientos, la senda del deber y abnegación que Alvariño, Rubio y
otros abrieron para ser seguida por los hombres de honor que visten el uniforme de
nuestra poderosa Fuerza Aérea”.

“Leonardo Alvariño y Héctor Rubio, los compañeros del Cuerpo Aeronáutico del
Perú al depositar vuestros restos en esta santa tierra, compungidos decimos:
¡Descansen en paz!”

Terminado el discurso oficial del Comandante San Martín, los ataúdes fueron
levantados en hombros de sus compañeros de profesión y conducidos hasta los nichos
en que quedarían guardados, mientras una corneta de la Aviación dejaba oír las notas
del toque de “Silencio”, como postrera despedida militar a quienes se inmolaron en
una misión de guerra transportando aviones al Teatro de Operaciones del Nor-Oriente.

ASCENSOS POSTUMOS. - Tres días después del sepelio el Gobierno concedió el


ascenso póstumo al piloto y al mecánico del avión “Vought Corsair” 2-E-1, como justo
reconocimiento a su labor durante el conflicto internacional de 1933, según se expresa
en el Decreto y Resolución que se transcribe a continuación:

EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

CONSIDERANDO:
Que el Capitán de Aeronáutica don Leonardo Alvariño Herr perdió la vida en
cumplimiento del deber, comandando una Escuadrilla de aviones de guerra, en el
conflicto internacional de 1933;

Que la acción valerosa de ese Oficial, volando en condiciones desfavorables,


merece bien de la República, y debe señalarse como ejemplo de abnegación y austero
cumplimiento de sus deberes para con la Patria;

DECRETA:

1°. - Asciéndase a Teniente Comandante de Aeronáutica, como “Homenaje


Póstumo” al Capitán de Aeronáutica don Leonardo Alvariño Herr. Extiéndasele los
Despachos respectivos, que serán entregados a los deudos como testimonio de la
recompensa que se le otorga.
2°. - La pensión de montepío del referido Oficial será la del Haber íntegro de la
clase que se le confiere, sin derecho a devengados.

Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, a los veintisiete días del mes de mayo de
mil novecientos cuarenticuatro.

MANUEL PRADO

Fernando Melgar.
Lima, 27 de mayo de 1944

Considerando que el Sub-Oficial Maestro de 2da. don Héctor Rubio Cavassa,


perdió la vida en cumplimiento del deber, como mecánico de avión de guerra en el
conflicto internacional de 1933; y

Que la acción valerosa de ese Sub-Oficial, debe señalarse como ejemplo de


abnegación y austero cumplimiento de sus deberes militares;

SE RESUELVE:

1°. – Asciéndase a la Clase de Sub-Oficial Maestro de 1ra. como “Homenaje


Póstumo”, al Sub-Oficial Maestro de 2da. (mecánico de motor) don Héctor Rubio
Cavassa, sin derechos a devengados.

2°. – Expídasele el Título respectivo, que será entregado a los deudos como
testimonio de la recompensa que se le otorga.

Regístrese y comuníquese. (Fdo.)


Fernando Melgar

MANUEL PRADO

LA POSTERIDAD RECOGIO LOS NOMBRES DE ESTOS PIONEROS DE LA AVIACIÓN.


– No sólo los ascensos póstumos transcritos anteriormente recibieron Alvariño y
Rubio. La Base Aérea de San Ramón que fundara el primero recibió su nombre,
llamándose Base Aérea “Capitán Alvariño”; y, más tarde, una de las promociones de
aviadores militares de la Escuela de Oficiales de Aeronáutica llevó también su nombre;
fue la del año 1949, una de las más numerosas egresadas, pues se componía de 56
Oficiales Pilotos, 4 Especialistas y tres de administración, a la que el Director de la
Escuela antes de que recibieran sus Despachos, espadas y brevetes, arengó en los
siguientes términos:

“Cadetes de la Promoción Leonardo Alvariño Herr”: Sois hijos de una tradición


que tiene en sus doradas páginas, largas historias de audacia, de valor y de bizarría.
Nuestros Héroes son los Dioses Tutelares que han iluminado vuestros años de
estudios, y por eso sois y debéis ser una Promoción que haga honor a ellos; ya que el
Supremo Hacedor extiende su manto protector a todos los hijos que remontan
espacios y vencen alturas”.

“El nombre que lleváis es el de un gran Aviador, que abrió rutas en la intrincada
selva y abrupta montaña; que no titubeó ante el peligro; y que el holocausto de su vida
fue proficua semilla para la Aviación Nacional”.

A estas palabras del General Armando Zamudio, se unieron a continuación las


de homenaje también al ejemplar aviador desaparecido, pronunciados en aquella
ocasión por el General Manuel A. Odría, Presidente de la Junta Militar de Gobierno,
quien dijo entre otras frases las siguientes:

“Cadete de la “Promoción Leonardo Alvariño Herr”: Lleváis el nombre de uno


de nuestros más distinguidos y esforzados aviadores y egresáis de esta Escuela
llevando consigo un cuarto de siglo de honrosa tradición; pero, al mismo tiempo, salís
de ella en un instante en que los conocimientos adquiridos serán dentro de poco
insuficientes. Debéis, pues, continuar vuestra preparación profesional para seguir
siendo eficientes, único camino que os permitirá ser capaces y dignos”.

“Recordad que vuestra condición de pilotos de máquinas de guerra os lleva a


ser parte integrante de las mismas; que ellas irán donde vosotros queráis, y que su
potencia, velocidad y poder ofensivo sólo valen por la mano diestra, temple de alma y
corazón del piloto que las maneja”.

Quince años después esta Promoción de Oficiales de la FAP. hizo entrega a la


ciudadanía de un monumento erigido a la memoria del ilustre aviador que les legó su
nombre.

El bronce en mención se encuentra ubicado sobre un promontorio verde de un


hermoso parque de diez mil metros cuadrados, especialmente preparado por el
Municipio de Santiago de Surco, en la Urbanización Chama.

En la columna que sustenta el busto erigido en homenaje al Teniente


Comandante Leonardo Alvariño Herr. Fueron colocadas dos placas de bronce que
llevan las inscripciones siguientes:

A LA MEMORIA
DEL
TNTE. CMDTE. FAP.
LEONARDO ALVARIÑO
DE LOS MIEMBROS DE LA
PROMOCIÓN FAP QUE LLEVA
SU NOMBRE
12 DE ENERO DE 1963

TNTE. CMDTE. FAP


LEONARDO ALVARIÑO H.
Pionero de la aviación militar y
Precursor de las rutas aéreas
de la selva caído en cumplimiento
del deber el 24 de marzo de 1933.
Inaugurado el 11 de enero de 1944
Siendo padrinos
El Ministro de Aeronáutica
TNTE. GRAL. CARLOS GRANTHON C.
SEÑORA
ANTONIETA LL. VDA. DE ALVARIÑO
Nuestro reconocimiento al
Ministro de Aeronáutica y al
Concejo Distrital de Surco

La ceremonia se llevó a cabo en la mañana del 11 de enero de 1964 con la


asistencia del Ministro de Aeronáutica, General FAP. Carlos Granthon y la viuda del
mártir, señora Antonieta LL. de Alvariño, quienes tuvieron a su cargo la develación del
busto. Previamente se entonó el Himno Nacional y se ofició una Misa de Campaña.

Igualmente se procedió a la colocación de ofrendas florales, en instantes en


que una escuadrilla de aviones militantes realizaba un pasaje sobre el parque.
A continuación, en términos adecuados, a nombre de la Promoción “Teniente
Comandante FAP. Leonardo Alvariño Herr”, usó de la palabra el Comandante FAP. Luis
Ugarelli Valle, para hacer entrega del monumento al Municipio de Santiago de Surco,
manifestando “para que lo conserve con la prestancia y el cuidado que se merece y
sirva de recuerdo perenne a las futuras generaciones o inspirado sus actos en el
hermoso ejemplo legado a todos los peruanos, por este patriota que no se arredró
ante el peligro, para cumplir la misión que el país la demandaba, haciendo honor a
nuestro lema: ¡Arriba, siempre Arriba!”

Seguidamente hizo uso de la palabra el Alcalde de Surco manifestando que los


nombres de los miembros fallecidos de la Promoción que hacía entrega del
monumento habían sido dados a las calles circunstancias para que, simbólicamente,
rindan guardia permanente al bronce del glorioso aviador.

Después, agradeció el homenaje a nombre de la familia el señor Arturo Alvariño


Herr.

Y, dando término al homenaje tributado, se llevó a cabo una romería al


Cementerio General de Lima, en donde fueron colocadas ofrendas florales ante las
tumbas del mártir y de los miembros de la promoción que lleva su nombre, ya
fallecidos, y cuyos restos reposan en dicho camposanto. El Mayor FAP. Eugenio
Waltersdorfer M. dio lectura al discurso recordatorio de los mártires de la aviación que
en número elevado debilitaron las vigorosas filas de su numerosa promoción.

Similarmente, en años anteriores, con motivo de la clausura del Año Académico


de la Escuela de Sub-Oficiales de Aeronáutica, los Sub-Oficiales egresados de dicho
plantel en enero de 1944, recibieron el nombre de “Promoción Sub-Oficial Maestro de
Aviación de 1ra. Héctor Rubio Cavassa”, a quienes el Director de la Escuela,
Comandante CAP. Augusto Correa Santisteban, en el curso de la lectura de su Memoria
explicó el alto significado de la asignación del nombre que llevaban, recalcando:

“Termina la Escuela de Sub-Oficiales de Aeronáutica su tercer año de vida, y se


clausura el Período Académico de 1943, con el egreso de la “Promoción Sub-Oficial
Maestro de Aviación de 1ra. Héctor Rubio Cavassa”, nombre que se la ha dado a ésta,
en recuerdo de aquel abnegado servidor de la Patria que, el 24 de marzo de 1933,
realizando misión del servicio de San Ramón a Masisea en un avión militar, piloteado
por el recordado Capitán Leonardo Alvariño Herr desapareció para siempre, sin
dejarnos la menor huella de su destino”.

En esta oportunidad el Presidente de la República Dr. Manuel Prado, asistente a


la ceremonia, arengó al personal que egresaba del plantel con estas significativas
palabras:

“Jóvenes Alumnos: Recibid junto con los diplomas que os acreditan como Sub-
Oficiales de 3ra. de Aeronáutica, la consigna de cumplir fielmente vuestros sagrados
deberes en los puestos que vais a ocupar. Que el presente ejemplo de vuestro
compañero, con cuyo nombre egresa vuestra promoción, sea signo y guía de vuestros
actos en el denodado esfuerzo de contribuir a dar lustre a vuestra Institución y gloria a
las Alas Peruanas”.

Así la posteridad recogió los nombres de este ejemplar binomio humano que
supo servir a su patria, en horas de prueba, con esa conciencia denodada del deber
que lo condujo a la inmolación gloriosa de la propia vida. Y así, en proceso histórico de
la Aviación del Perú, el binomio Alvariño-Rubio quedó perennizado como “signo y
guía” de las futuras promociones de pilotos y mecánicos y como símbolo de la gloria
inmarcesible que floreció en la Fuerza aérea del Perú, un 24 de marzo de 1933, para
prez y legítimo orgullo de sus Alas.

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Con tecnología de IA

Leonardo Alvariño es considerado un precursor en la aviación militar peruana por su labor en la creación de rutas aéreas sobre la selva, su dedicación a la mejora de operaciones militares, y su capacidad de superar los obstáculos climáticos en sus vuelos. Su ejemplo se refleja en la valentía con la que enfrentó el peligro, lo que contribuyó significativamente al avance de la aviación en la región .

La figura de Leonardo Alvariño se consolidó a lo largo de los años a través de reconocimientos oficiales y comunitarios, como la dedicación de promociones de aviadores y la erigida de monumentos en su honor. Su legado quedó integrado en la tradición militar peruana como símbolo del sacrificio, el valor y la pericia en el deber .

La desaparición de Alvariño y Rubio dejó un vacío difícil de llenar en su institución, ya que ambos eran considerados como elementos útiles y abnegados. Fueron honrados mediante la asignación de sus nombres a promociones y monumentos, lo que simboliza su legado de dedicación y el sacrificio en el cumplimiento del deber. Esto sirvió de inspiración para futuras generaciones, reforzando la tradición de valor y compromiso dentro de la institución de la aviación .

A Leonardo Alvariño se le rindieron múltiples honores tras su desaparición, incluyendo la denominación de una promoción de oficiales con su nombre y la erección de un monumento en su memoria en el distrito de Surco. Estas acciones honraron su contribución a la aviación militar y su sacrificio, destacando su papel como pionero .

La influencia de los fallecidos, Alvariño y Rubio, se ve reflejada en la formación de nuevas generaciones de aviadores peruanos, quienes llevan sus nombres en promociones oficiales, lo que sirve como un recordatorio constante de los valores de coraje, compromiso y profesionalismo. Estas lecciones inspiradoras inculcan un espíritu de deber en los aviadores en formación .

El Capitán Leonardo Alvariño Herr y el Sub-Oficial Héctor Rubio desaparecieron mientras cumplían con la misión de volar de San Ramón a Masisea a bordo de un avión militar. A pesar de recibir órdenes de regresar debido al mal tiempo, Alvariño decidió continuar el vuelo, lo que llevó a su desaparición en la selva, en medio de una tormenta .

El descubrimiento del lugar del accidente testificó el esfuerzo persistente y compromiso de las autoridades peruanas en la búsqueda de los desaparecidos, a pesar de los años transcurridos. La búsqueda extensa y continua en diversas zonas de la selva mostró un alto nivel de dedicación para esclarecer el destino de Alvariño y Rubio .

Héctor Rubio contribuyó a la aviación militar principalmente a través de su habilidad como mecánico de aviones. Fue destacado por su responsabilidad y profesionalismo en el mantenimiento de la flota aérea durante el conflicto Perú-Colombiano, ayudando a mantener la operatividad de los aviones bajo condiciones de trabajo intensas .

Los aviadores enfrentaban desafíos ambientales significativos en la ruta San Ramón-Masisea, incluyendo condiciones climáticas severas y la falta de un eficiente servicio meteorológico. Los pilotos dependían de la experiencia y pronósticos meteorológicos empíricos de Alvariño, quien conocía detalladamente la selva y sus peligros, lo que implicaba un gran riesgo en cada vuelo .

El sitio del accidente fue descubierto casualmente once años después en las faldas de los cerros de San Matías mientras se realizaban exploraciones para la explotación de gomales en Puerto Yessup. Un hacendado, Ramón Dávila, comunicó el hallazgo de los restos del avión a las autoridades, lo que llevó a la expedición que confirmó el descubrimiento .

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