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Fray Vicente Valverde

Fray Vicente Valverde fue el primer dominico en llegar al Perú y representó a su orden durante la conquista inicial. Acompañó a Pizarro en 1529 como misionero y estuvo presente durante el encuentro con Atahualpa en Cajamarca en 1532, donde le pidió que se convirtiera al cristianismo. Más tarde, jugó un papel en la condena a muerte de Atahualpa al instar a Pizarro a atacarlo y al bautizarlo antes de su ejecución.

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Fray Vicente Valverde

Fray Vicente Valverde fue el primer dominico en llegar al Perú y representó a su orden durante la conquista inicial. Acompañó a Pizarro en 1529 como misionero y estuvo presente durante el encuentro con Atahualpa en Cajamarca en 1532, donde le pidió que se convirtiera al cristianismo. Más tarde, jugó un papel en la condena a muerte de Atahualpa al instar a Pizarro a atacarlo y al bautizarlo antes de su ejecución.

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FRA VICENTE VALVERDE

PRIMER DOMINÍCO DEL PERÚ


LA PRIMERA ORDEN RELIGIOSA EN LLEGAR AL PERÙ FUE LA ORDEN DOMINÍNICA. DURANTE
EL PROCESO INICIAL DE LA CONQUISTA, LA ORDEN DE LOS DE LOS PREDICADORES O DE
SANTO DOMINGO SE ENCONTRO REPRESENTADA POR FRAY VICENTE VALVERDE, AQUEL
RELIGIOSO QUE HICIERA EL REQUERIMIENTO AL INCA ATAHUALPA Y QUE POSTERIORMENTE
FUERA OBISPO DE CUZCO Y PROTECTOR DE LOS INDIOS FRENTE A LOS ABUSOS ESPAÑOLES

En 1529 acompañó a Pizarro como misionero, en su pretendido viaje de


conquista del Perú. Llegan a Cajamarca el 15 de Noviembre de 1532. Al día
siguiente, el Inca entró hasta el centro de la plaza sin que ningún español se
presentase. Valverde, en hábito de dominico, con una cruz en su mano
derecha y el breviario en la izquierda, le acompañaban un cristiano que había
llevado el mensaje por la tarde y el muchacho tallán Martinillo. Ante el
silencio expectante, Valverde comenzó a hablar con el libro abierto, dijo: “Yo
soy sacerdote de Dios y enseño a los cristianos las cosas de Dios, y asimismo
vengo a enseñar a vosotros. Lo que yo enseño es lo que Dios nos habló, que
está en este libro; y por tanto, de parte de Dios y de los cristianos te ruego que
seas su amigo, porque así lo quiere Dios y venirte ha bien de ello; y ve a
hablar al Gobernador que te está esperando”.

El Inca oyó al dominico traducido por Martinillo. Tomó el libro y lo arrojó al


suelo, encarándose con el Padre Valverde, a quien le echó en cara el maltrato
hacia unos caciques. Valverde aclaró que fueron unos indios quienes le
quitaron la ropa. Atahualpa insistió en que le devolviesen las ropas y se
incorporó en su litera. Valverde, con bastante temor, corrió donde Pizarro y le
comunicó cómo el Inca le había arrojado el libro santo y llamó “perro” al
Inca, prometió la absolución a todos, instándoles a combatir a Atahualpa si
querían salvarse. El Gobernador se puso al frente del combate y ordenó la
batalla en la que murieron unos 3.000 indios. Pizarro, con veinte peones, entre
los que se encontraban Miguel Estete, Alonso de Mesa y Diego de Trujillo,
capturaron al Inca.

En todo el tiempo de la prisión de Atahualpa se le hizo buen tratamiento, y


Valverde “tenía cuidado de predicarle y hacerle entender las cosas de nuestra
santa fe y darle noticia de todo lo que convenía para su salvación”. Como
buen capellán, cuida de la hueste. Según Gutiérrez Santa Clara, el Padre
Valverde luchó para que “ningún cristiano, de cualquier calidad, estado y
condición que fuese, tuviese amistad deshonesta con ninguna india”.

Atahualpa promete una sala de oro y plata por su libertad. Parece que con “el
único español que Atahualpa se mostraba poco amable era con Fray Vicente
de Valverde”. Garcilaso dirá que “Fray Vicente tuvo cuidado de instruirle en
la fe”. Al Inca se le formó juicio de guerra y fue condenado a la hoguera por
idólatra y hereje contumaz, tirano y usurpador, traidor, regicida, fratricida,
homicida, polígamo e incestuoso. Cuando Atahualpa se percató de que la
condena era inexorable preguntó al Padre Valverde acerca del destino de los
que morían. Al responderle el dominico que los cristianos iban al cielo y los
idólatras como él al infierno. Tornó a preguntarle Atahualpa sobre el lugar
dónde los enterraban; como el fraile le respondiese que los cristianos en la
iglesia y los paganos fuera, manifestó su deseo de hacerse cristiano. “Todos
vieron que al idólatra se le abrían las puertas de la salvación y Fray Vicente,
antes de que Atahualpa mudara de parecer, se apresuró a bautizarlo.

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