Voces: ACCIONISTA ~ ASAMBLEA ORDINARIA ~ CAPITAL SOCIAL ~ DERECHOS DEL
ACCIONISTA ~ DERECHOS DEL SOCIO ~ IMPUGNACION DE LA ASAMBLEA ~ INTEGRACION
DE ACCIONES ~ LEGITIMACION ACTIVA ~ SOCIEDAD ANONIMA
Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, sala F(CNCom)(SalaF)
Fecha: 29/11/2016
Partes: A. D. V. c. La Quinca S.A. y otros s/ ordinario
Publicado en: LA LEY 04/05/2017, 04/05/2017, 9 - LA LEY2017-B, 578 - LA LEY 09/05/2017 , 5, con nota
de Leonardo F. Fernández; LA LEY 2017-C , 13, con nota de Leonardo F. Fernández;
Cita Online: AR/JUR/79418/2016
Hechos:
El juez rechazó una demanda articulada en contra de una sociedad anónima por uno de sus accionistas que
solicitaba la nulidad de varias asambleas ordinarias, la responsabilidad de sus directores y la remoción en sus
cargos. La parte actora apeló la sentencia. La Cámara la confirmó.
Sumarios:
1 . El actor carece de legitimación para impugnar las asambleas celebradas por una sociedad anónima, ya que
omitió cumplir con el aporte diferido, y en tales condiciones, todos sus derechos se encontraban suspendidos
automáticamente, aun cuando haya participado en las deliberaciones y emitido su voto.
Texto Completo:
2ª Instancia.- Buenos Aires, noviembre 29 de 2016.
¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada de fs. 1299/1306?
El doctor Barreiro dijo:
I. Los antecedentes
Presentaré, resumidas, las posiciones sostenidas por los sujetos procesales intervinientes en la causa y las
aristas dirimentes del conflicto suscitado que estimo útiles para su elucidación (CSJN, Fallos: 228:279 y
243:563).
a) D. V. A. promovió demanda ordinaria contra La Quinca SA, M. M. A. y P. D. A. por la que se
persigue: i) la declaración de nulidad de las Asambleas celebradas los días 26/06/2009 y 16/07/2009; ii) la
acción de responsabilidad contra los nombrados en su carácter de directores de la sociedad, por mal
desempeño de sus funciones; y iii) la remoción de los cargos desempeñados por aquéllos.
En primer lugar, manifestó ser accionista de la sociedad demandada desde su constitución el día
09/05/2005 por el 33,33% del capital accionario, y que los restantes socios fundadores son los dos
demandados.
De seguido, explicó que el objeto social consiste en la explotación agrícola ganadera.
Señaló que los accionados son hermanos y que la Sra. M. M. era su esposa al momento de los hechos que
motivan este litigio y que, por tal motivo, su parte delegó en aquélla la injerencia en los asuntos de la
sociedad, dado que fue quien lo persuadió de invertir en el campo los ahorros del matrimonio.
Alegó que todos los adquirentes otorgaron un poder especial de administración a favor del padre de los
demandados —Sr. D. A. A.— y, en tal virtud, solicitó su citación como tercero.
Denunció que llegado el año 2009 y desde su constitución en 2005, la Sra. A. había omitido convocar por
cuatro ejercicios consecutivos a asamblea ordinaria en los términos de la LS:234, por lo que por misiva del
11/01/2009 la intimó al efecto, y transcribió su contenido.
Tras apuntar que aquélla guardó silencio, adujo que el 12/03/2009 remitió una nueva carta que tampoco
fue contestada.
Señaló que tomó conocimiento de que recién en diciembre de 2008 la sociedad había procedido a efectuar
la aceptación de compra del campo en cuestión, por lo que —concluyó— durante más de tres años su
titularidad estuvo en cabeza de los tres condóminos pese a que la sociedad se inscribió dos meses después de
la adquisición.
Manifestó que no fue casual que la aceptación de compra por la sociedad se efectuara el 01/12/2008, es
decir, pocos días antes de la citación a la mediación instada por su ex cónyuge para “liquidar” la sociedad
conyugal, y que su parte recibiera una intimación para desocupar el inmueble.
Resaltó que, al tener a la vista el informe expedido por el Registro de la Propiedad Inmueble, llamó su
atención que el escribano interviniente en la aceptación tuviera domicilio en la ciudad de Mar del Plata pese a
que la sociedad fue constituida en la Ciudad de Buenos Aires; y, además, advirtió que se consignó una clave
fiscal de la sociedad que era inusual, por cuanto tenía más dígitos que los que asigna la AFIP Y agregó que
pudo corroborar que dicha clave no pertenece a ningún contribuyente.
Continuó relatando que ello motivó el envío de una carta documento a la Sra. A. a fin de reiterar el
anterior emplazamiento y, además, requiriendo aclaración sobre las circunstancias apuntadas, con
infructuosos resultados.
Manifestó que recién con posterioridad a la celebración de la asamblea que motiva este caso pudo acceder
a la copia certificada de la escritura de aceptación de compra y pudo corroborar que lo expuesto en cuanto al
CUIT de la sociedad no se trataba de un simple error, sino que la clave fiscal allí consignada pertenecía a
“Vientos del Este SA”, es decir, que se sustituyó la clave fiscal de La Quinca S.A. y se fraguó la misma.
Por tal motivo, dijo que remitió una carta documento a la Sra. A. atribuyéndole plena responsabilidad por
los hechos descriptos, cuyos términos transcribió, la cual contestó aduciendo que se trató de un mero error
material.
Adujo haber requerido copia de los estados contables, lo que fue cumplido recién menos de un día antes
de celebrarse la asamblea objeto de autos y pese a los varios reclamos efectuados; y que, además, la Sra. A. le
cuestionó la falta de integración del saldo de capital cuando, en rigor, ello había sido cumplido.
De seguido, precisó los puntos del orden del día de la Asamblea Ordinaria que impugna, celebrada el
26/06/2009; indicó que en la misma se trataron los puntos 2 y 4 y que se pasó a un cuarto intermedio para el
16/07/2009 a fin de que su parte pudiera analizar los estados contables, cuyas copias le fueron entregadas
recién en esa oportunidad, violando así su derecho de información.
Refirió lo acontecido en la Asamblea del 16/07/2009, en donde se aprobaron los estados contables, entre
otras cuestiones; y detalló los datos allí asentados —que calificó de falsos— tales como la recepción de
fondos por la sociedad como anticipo y/o préstamo para adquirir el campo referido “ut supra”, y un pasivo
con la firma “Chaika SA” y otro con el Sr. D. A., entre otras irregularidades que denunció; la indebida
percepción de remuneración de la directora en los ejercicios de 2006 y 2007.
Por último, postuló la falsedad ideológica de las actas de directorio por cuanto fueron ideadas y
confeccionadas sólo diez días antes de su convocatoria y por su verdadera fecha de elaboración —16/06/2009
— no se corresponden con la realidad fáctica, temporal y circunstanciada de la marcha de los asuntos
societarios.
Dijo que debió promover un juicio de consignación que tramita por ante el Juzgado en lo Comercial N° 25
Secretaría N° 50 a fin de poner a disposición de los demandados el dinero solicitado por las acciones
supuestamente no integradas y reclamadas por aquéllos, por la suma de $..., lo que tampoco no fue aceptado.
Solicitó la suspensión preventiva de la ejecución de las decisiones asamblearias que precisó; y, asimismo,
la citación del Sr. D. A. A. en los términos del CPr:94.
Fundó en derecho su pretensión y ofreció prueba.
b) La Quinca SA, por medio de apoderado, contestó la acción incoada en su contra con la presentación de
fs. 374/380.
Explicó que la inhabilitación de voto a que se refiere la LS:241 no se vincula con el tema tratado, por
cuanto al votar las razones de la demora no interesa valorar la gestión del director; y que, además, si fuese por
carecer de asidero legal, no es atacable el voto sino la decisión, y nada indica cuál es el defecto en admitir las
razones brindadas por la Sra. A. en cuanto a la demora incurrida.
Sostuvo además que, contrariamente a lo postulado por el actor, el total del precio del campo fue abonado
con dinero de propiedad del Sr. D. A. A., proveniente de una de las sociedades que opera, por lo que no fue
con aportes personales de los adquirentes.
Postuló la improcedencia de la falsedad ideológica invocada por el accionante, con base en que cada
resolución existió efectivamente al momento que se expresa en las mismas; y en que su tardía redacción fue
salvada y confirmada en su texto, contenido y fechas por decisión posterior del directorio.
Por otro lado, adujo que el actor consintió “ab initio” en el aumento hasta el quíntuplo del capital social, lo
que —afirmó— importaba una posibilidad de aumento incausado en tanto todos los accionistas tenían
conocimiento de la necesidad de prever dicha inversión.
Manifestó que al momento del vencimiento del plazo de integración de las acciones, es decir al
06/06/2007, el Sr. A. no había abonado las mismas, lo que además fue reconocido por el propio actor.
Finalmente indicó que la sociedad no se vio perjudicada por ninguna actuación de directores o accionistas,
ni entiende que exista responsabilidad imputable a la Sra. A.
Fundó en derecho su defensa y ofreció prueba.
c) M.M. A. se presentó a fs. 390/1, contestando la demanda y adhiriendo a los términos de la contestación
de fs. 374/80.
Fundó en derecho su defensa y ofreció prueba.
d) En fs. 406/8 el accionante denunció un hecho nuevo, esto es, la celebración de una nueva Asamblea
Ordinaria con fecha 01/02/2010 sin su participación y que —según afirmó— tuvo en miras la validación de la
gestión del anterior directorio, que es precisamente uno de los hechos controvertidos en autos.
e) Los demandados contestaron el traslado del hecho nuevo denunciado a fs. 424 y 429.
f) P. D. A. se presentó y contestó el traslado del hecho nuevo a fs. 429, por lo que cesó la rebeldía
decretada a su respecto (v. fs. 431). Fundó en derecho su defensa y ofreció prueba.
g) D. A. contestó la citación como tercero a fs. 449/53 y negó los hechos basales del pleito. Fundó en
derecho su defensa y ofreció prueba.
II. La sentencia recurrida
En el decisorio de fs. 1299/1306 el Señor juez a quo rechazó la demanda articulada contra La Quinca
S.A., M. M. A. y P. D. A. Impuso las costas al actor vencido.
Para así decidir, juzgó procedente la excepción de cosas juzgada opuesta por la parte demandada al
momento de alegar en base a la sentencia definitiva dictada en la causa homónima nro. 51.806/2009 en
trámite por el Juzgado del Fuero nro. 25 Secretaria nro. 50, mediante la cual se rechazó la acción por falta de
integración oportuna de los aportes por parte del Sr. A.
En función de ello, concluyó que al existir sentencia definitiva firme que determinó la falta de integración
de los aportes en tiempo y forma por el accionante, la defensa opuesta por los accionados debe prosperar
como consecuencia de haber caducado los derechos del socio moroso de conformidad con lo contemplado en
el art. 193 LSC.
III. El recurso
A fs. 1308 apeló la sentencia definitiva la parte actora.
Expresó agravios mediante el escrito de fs. 1326/1343, que recibió respuesta a fs. 1345/134.
IV. Las quejas
Los agravios pueden exponerse, sintéticamente, del modo siguiente: (i) falta de razonabilidad de lo
decidido e incursión en incongruencia; (ii) se quejó porque el señor Juez a quo juzgó procedente la excepción
de cosa juzgada y (iii) solicitó se modifique el decisorio en cuanto fue materia de agravio y se haga lugar a la
demanda con costas.
V. La solución
1. Adelanto que no atenderé todos los planteos recursivos de la recurrente sino aquellos que estime
esenciales y decisivos para dictar el veredicto en la causa (Conf. CSJN, in re: “A. R. c. Comisión Nacional de
Energía Atómica”, del 13/11/1986; ídem in re: “S., R. c. Adm. Nacional de Aduanas”, del 12/02/1987; bis
ídem, in re: “P., M. y otro” del 06/10/1987; ter ídem, in re: “S., C.”, del 15/09/1989; y Fallos: 221:37;
222:186; 226:474; 228:279; 233:47; 234:250; 243:563; 247:202; 310:1162; entre otros).
2. A fin de facilitar la comprensión de lo acontecido y, en definitiva, el análisis de las quejas esbozadas
por el recurrente creo útil recordar que:
a) El actor, accionista de La Quinca S.A., cuestionó la argumentación que inspiró la decisión apelada de
fs. 1299/1306. Adujo ante esta Alzada que la sentencia vulneró el principio de congruencia al estimar caducos
sus derechos como accionista con base en lo decidido en la causa “A., D. V. c. La Quinca SA s/ ordinario”, a
los fines de consignar los importes adeudados a la sociedad en concepto de integración del valor de sus
acciones, tramitada en el Juzgado N° 25 del Fuero, Secretaría N° 50, que en este acto se tiene a la vista. En su
interpretación, la disparidad de objeto que existió entre las pretensiones ejercidas en los dos procesos obstó
para conferir efectos de cosa juzgada material a la decisión recaída en dicha causa.
Señaló, además, que su legitimación no fue cuestionada antes de la promoción de la presente acción, al
punto de habérsele permitido participar en la asamblea concluida en 16/07/2009 cuyas resoluciones impugnó
por nulidad, ni tampoco en este trámite hasta la presentación del alegato de la contraparte.
b) En la contestación de los agravios se postuló que el rechazo de la consignación fue oportunamente
articulado en tanto es un hecho sobreviniente y relevante que, por consiguiente, debió ser tenido en cuenta en
este litigio. No habría pues, en la postura de los demandados, impedimento para hacer valer aquí la cosa
juzgada.
3. Corresponde en primer lugar, pues así lo impone la secuencia lógica de apreciación de las cuestiones
sometidas a la decisión jurisdiccional, examinar la falta de legitimación activa juzgada en la instancia anterior
con base en la pérdida de la calidad de socio del demandante en virtud de la inejecución parcial de su
aportación, diferida en el estatuto.
La defendida sostuvo (fs. 1269 vta.), como quedó expuesto, que A. habría pedido su legitimación para
obrar por haber caducado sus derechos como accionista al hallarse en mora en la integración de su aporte.
Este óbice opuesto al progreso de la pretensión fue invocado en el alegato de dicha parte, que constituyó la
oportunidad adecuada para su introducción en la cuestión por decidir en atención a que la sentencia de la
causa tramitada por ante el Juzgado N° 25 fue emitida en 05/12/2012, es decir, con posterioridad al
vencimiento del plazo para contestar la demanda en este proceso. Esta argumentación fue recogida en la
decisión que aquí se revisa.
En rigor, ningún impedimento puede advertirse en relación a la tempestividad del planteo, aspecto de la
controversia sobre el que volveré más adelante.
a. Los cuestionamientos vinculados con la legitimatio ad causam, que en el caso refieren a la pérdida de la
calidad de socio del impugnante, consisten en general en la ausencia de identidad entre la persona del
demandado —el demandante aquí— y aquella contra la cual se concede la acción (C. C., “La demanda civil”,
p. 227, B, Ed. Retua, La Plata, 1991) y procede cuando o bien el actor no es la persona idónea o habilitada
para discutir en punto al objeto litigioso o que la persona o personas demandadas no son las que pueden
oponerse a la pretensión del actor o respecto de las cuales es viable emitir una sentencia de mérito o de fondo
(CNCom, Sala C, 07/05/1993, “S., J. c. Banco Supervielle Societe Generale”). Debe demostrarse la calidad de
titular del derecho del demandante y la calidad de obligado del demandado, pues la legitimación es la
idoneidad de la persona para realizar un acto jurídico eficaz, inferida en su posición respecto del acto, y se
diferencia de la capacidad en que esta expresa una aptitud intrínseca del sujeto, mientras que aquella se refiere
directamente a la relación jurídica y, sólo a través de ella, a los sujetos (M. S. B., “Códigos ...”, T° IV, p. 334)
(CNCom, Sala C, 31/03/1995, “Sanatorio Güemes S.A. c. B., E.”).
Se advierte claramente que, en este caso en particular, el planteo defensivo opuesto al progreso de la
pretensión material conduce a excluir la titularidad de la relación jurídica invocada en la demanda en su faz
activa, relación jurídica sustancial que constituye uno de los presupuestos para la existencia de proceso válido
(CNCom, Sala B, 04/09/1995, “Goldser S.A. c. Granero Aníbal s/ ordinario”). De ello se seguiría, en
concordancia con la postulación de la sociedad demandada, que el actor no se encontraría dotado de suficiente
legitimación para pretender contra su adversaria en esta causa porque carecería de derecho alguno en los
términos del art. 193 LGS. Y así aparece perfilada la consecuencia, en los términos en que ello fue planteado,
relativa a que la falta de acción proyecta efectos respecto de las dos partes enfrentadas en la litis: basta la
ausencia de aquella cualidad en una de ellas para que la relación jurídico-procesal se encuentre afectada.
b. Entonces, debe examinarse si en este trámite se ha configurado el defecto apuntado, que halló
fundamento en circunstancia sobreviniente al inicio del proceso: el rechazo de la consignación intentada por
A. Correctamente enfocada la primera cuestión —según el orden lógico que señalé antes— la materia de esta
decisión conduce al necesario examen preliminar de la influencia que podría tener en la solución del presente
conflicto la pérdida de ejercer los derechos emergentes de la calidad de accionista del demandante.
4. En primer lugar debe señalarse que asiste al juez la facultad —lo que constituye en rigor un deber— de
apreciar la titularidad del derecho sustancial invocado en la demanda o en su contestación, exigencia que
reconoce fuente normativa en la disposición del cpr. 166, inc. 6°, apartado segundo.
La legitimación para obrar es un requisito de la sentencia de fondo, cuya ausencia o insuficiencia debe ser
constatada y declarada aun de oficio por el juez porque constituye un impedimento sustancial para su dictado,
por lo que corresponde, de configurarse tal supuesto, la conclusión de la causa con una sentencia inhibitoria
(CNCom, Sala A, 09/09/1988, “C., E. J. c. V., J. E. S/ sumario”; id. Sala A, 23/12/1998, “W., F. D. y otro c.
Wexselblatt Hnos. SA s/ sumario”).
También es sabido que, como es inveterada doctrina de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, las
sentencias deben atender a las circunstancias existentes al momento de la decisión, aunque ellas fueren
sobrevinientes a la interposición del recurso extraordinario y que resulta aplicable también a los casos de
apelaciones ordinarias (Fallos: 311:1219).
De lo que hasta aquí llevo señalado puede concluirse que no asistió razón al apelante al aseverar que la
vigencia de sus derechos no es hecho controvertido pues expresamente su adversaria alegó la caducidad. Pero
además ha de tomarse en consideración que no existe impedimento procesal para que el tribunal, o en su caso
el juez, examine la titularidad de la relación jurídica sustancial y haga mérito de su resultado para
pronunciarse.
1. El accionista incurso en mora en la integración de su aporte, por virtud de lo que disponen los arts. 37 y
192 LGS, tiene suspendido el ejercicio de los derechos que le corresponden como tal y, entre otros efectos, se
encuentra impedido de asistir a las asambleas (A., M., “Derecho de Voto. Restricciones. Responsabilidad de
los socios”, en Tratado de los Conflictos societarios, Tomo II, A.-P., Bs. As. 2013, p. 1146). La amplitud de
esta disposición, que establece claras diferencias en tal sentido con los ordenamientos español e italiano,
impide admitir excepciones: la mora en la integración es automática y produce como consecuencia la
inmediata suspensión de todos los derechos de los accionistas, pero la sociedad podrá disponer —si el estatuto
lo contempla— la enajenación coactiva de los derechos de suscripción o, previa intimación, la caducidad de
dichos derechos. Téngase en cuenta que se trata de un supuesto fáctico sólo aplicable a la sociedad anónima
porque, en relación a los otros tipos sociales, únicamente procede exigir el cumplimiento o excluir al
incumplidor, en los dos casos con resarcimiento de los daños y perjuicios.
El art. 7 del estatuto de La Quinca SA fue formulado de la siguiente manera: “en caso de mora en la
integración del capital, el Directorio queda facultado para proceder de acuerdo con lo determinado por el
artículo 193 de la ley 19.550”. Fácilmente se advierte que esa previsión estatutaria habilita al órgano de
administración para aplicar, ante la mora en la integración de los aportes, cualquiera de las sanciones que el
ordenamiento legal autoriza, facultad que comprende la caducidad de los derechos. Pero para que ese efecto
extintivo del vínculo del accionista con la sociedad se produzca debe haberse intimado al moroso,
requerimiento de cumplimiento que no se acreditó fuera cursado por la sociedad.
Resultó ciertamente improcedente invocar la autoridad de la cosa juzgada del modo en que se hizo en la
sentencia apelada. En efecto, aunque la argumentación del Sr. juez a cargo del Juzgado N° 25 pudiera haber
sido de utilidad para tener por comprobado el estado moratorio, lo cierto es que el pronunciamiento que
emitió refirió a cuestiones distintas a las que aquí se ventilan. Diferente fue la pretensión material en aquel
pleito pues se vinculó con la consignación en pago del valor del aporte adeudado por A., que fue rechazada
por ser insuficiente.
Consecuentemente nada fue juzgado en aquel proceso que pudiera tener decisiva relevancia para decidir el
conflicto que aquí nos convoca. La caducidad de los derechos del accionista dependió de una actividad
positiva y concreta: la intimación a integrar dentro del plazo legal. Como ello no ocurrió, ni puede asignarse
ese efecto a lo decidido respecto del punto sexto del orden del día de la asamblea cuestionada —promoción de
acciones judiciales por acciones no integradas— porque su vaguedad lo torna inconducente además de sugerir
que la sociedad evitó prevalerse de la caducidad, debe concluirse que el actor sigue en posesión del estado de
socio.
2. Pero de lo que recién expuse no se sigue que el apelante lleve razón en su planteo recursivo.
No se encuentra controvertido que el actor omitió cumplir con el aporte diferido. Ello no ha sido
desconocido en los agravios y entonces, agrego, cualquier alegación en ese sentido debería ser desestimada de
plano frente a la contundente confesión que significó haber promovido juicio de consignación por el 75% del
valor del aporte que se reconoció adeudado.
En tales condiciones es para mí evidente que todos los derechos del actor estaban suspendidos. Como
consecuencia de ese óbice, en modo alguno incidental, no sólo careció de legitimación para impugnar, con
fundamento en hallarse afectadas por nulidad, las decisiones directoriales o asamblearias, sino que su misma
concurrencia y participación en la asamblea del 26/06/2009 que concluyó en 16/07/2009 fue contraria a
derecho. Es que —como sostienen R. y M.— “si el accionista tiene derecho, es por cuanto la acción se lo
acuerda” (“Derecho Societario”, Ed. Astrea, Bs. As., 2000, p. 427), por esa misma razón, si los derechos que
confieren las acciones están en suspenso carece su titular de la posibilidad de ejercitarlos durante el lapso que
insuma el estado moratorio.
En parecida situación se ha dicho que el derecho de impugnación de la asamblea en los términos del art.
251 LS., es de los que derivan de la calidad de socio, inherente a la titularidad de una cuota parte del
patrimonio social, y si se ha confesado en el trámite de la acción, que se perdió aquella calidad, dejando como
tal de ser socio, esa circunstancia sobreviniente implica que con ello ha desaparecido el interés legítimo, como
requisito necesario, para demandar la nulidad del acto jurídico (arg. arts. 1047 y 1048, CC); y esa falta de
interés, no permite que a su instancia se puedan seguir evaluando las supuestas violaciones de la ley, el
estatuto o reglamento oportunamente denunciados, pues de esa manera se ha perdido la legitimación
sustancial activa para hacerlo, en tanto la pérdida de la calidad de accionista, es obstativa de la viabilidad de la
acción de nulidad de la asamblea, aunque sea sobreviniente, por lo que el impugnante debe mantener, durante
toda la sustanciación del juicio, el carácter de accionista de la sociedad demandada (confr. N. R. A., “Ley de
Sociedades Comerciales, Comentada, Anotada y concordada”, 2ª edición actualizada, t. 4, p. 126;
CCivComFamiliayTrabMarcosJuarez, 06/06/2006, “B., V. H. c. Depetris Cereales S.A.”; LA LEY-2006,
843). Es notorio que aquí no se perdió definitivamente la calidad de accionista, pero sí que —en situación
razonablemente análoga— los derechos emergentes de ese estado no podían ejercerse, de modo que la
conclusión expresada puede útilmente aplicarse al caso en examen.
No deja de resultar llamativa la interpretación hecha en la contestación de los agravios (fs. 1346 y vta.),
conteste con la intervención que le cupo al actor en la asamblea impugnada. Se dijo allí que si bien es cierto
que se le había reconocido al demandante la calidad de accionista ello se hizo sólo por la cantidad de acciones
integradas; al volcar el resultado de las votaciones, el acta correspondiente a esa asamblea consignó en todos
los acuerdos que A. tenía 2500 acciones. El error es palmario: el actor no tenía 2500 acciones, sino
únicamente los derechos emergentes del 25% de las diez mil acciones que suscribió originariamente y su
morosidad afectó a la totalidad de su tenencia, respecto de la cual no podía ejercer derecho alguno que le
fueran inherentes. En otros términos: el actor no suscribió 2500 acciones, sino 10.000 y, con arreglo a
disposición estatutaria expresa (arg. art. 166, inc. 2°, LGS), quedó constreñido a abonar la diferencia. Si se
admitió su participación en la asamblea debió considerarse lógicamente la totalidad del capital suscripto,
aunque no estuviera completamente integrado. Adviértase que si se hubiera dado puntual cumplimiento a las
exigencias del ordenamiento societario en esta materia, A. debió hallarse munido de certificados provisorios
que representaran la totalidad de su aporte (art. 208, LGS) y no únicamente de la cuarta parte de las acciones
suscriptas.
La interpretación precedente, que a mi modo de ver se atiene a una razonable interpretación de la
regulación legal societaria, se asienta además en que: (a) la caducidad alegada por los defendidos hizo
referencia a todos los derechos que como accionista correspondían al demandante sin distinción alguna; y (b)
el art. 187 dispone que la integración de dinero en efectivo no podrá ser menor al 25% de la suscripción.
Tampoco se advierte que se haya cumplido acto societario alguno en el sentido de considerar que el actor
tenía derecho a la liberación de 2500 acciones, ni él introdujo petición en ese sentido. Téngase en cuenta que
en la ley que rige a las sociedades no permite fraccionar el cumplimiento de una obligación a la que debe
dispensársele una apreciación unitaria, cual es la de cumplir la prestación típica del socio: la aportación, es
decir, la integración del capital suscripto. Pensar de otro modo, es claro, significaría que el actor sólo habría
suscripto 2500 acciones y no quedaría saldo pendiente de integración. No es apreciable justificación eficiente
para admitir la división de la prestación única debida emergente del contrato de suscripción.
El actor adujo que como la sociedad admitió su intervención en esa asamblea sin oponer reparos (fs. 1331)
la ponderación de su ingreso al estado moratorio fue impertinente. Esta invocación del propio obrar
jurídicamente relevante y anterior o concomitante de la sociedad, que en la postura del apelante obstaría para
admitir su carencia de legitimación, sin embargo es descartable. Es que la validez de los actos anteriores de
quien quiere prevalerse de la actuación de su contraparte es presupuesto para su invocación; la doctrina de los
propios actos, se ha sostenido, no es invocable si la pretendida actuación vinculante previa es contra legem
(N., R. A., “El ejercicio de los derechos de socio y la aplicación de la doctrina de los propios actos”, LA LEY
1997-B, 1373, y sus citas doctrinales y jurisprudenciales), criterio que se compadece con una razonable
interpretación del ordenamiento societario y coincide con la exigencia genérica de obrar con buena fe (art. 9 y
961, Cód. Civ. y Comercial) y referir a una conducta anterior con suficiente relevancia jurídica (art. 1067, del
mismo Código) que ostensiblemente el obrar ilegítimo no tiene en materia contractual. Tal es lo que sucedió
en el caso presente porque A. no estaba habilitado para participar de las asambleas como consecuencia de
estar suspendidos sus derechos como accionista. Y esta situación, contraria al expreso texto legal, no puede
significar alguna ventaja para quien actuó, en el caso participando en las deliberaciones y votando en la
asamblea, debiendo saber que no podía hacerlo.
Admitir el razonamiento del quejoso significaría tolerar impunemente la transgresión de la ley, que en
forma terminante impone la suspensión automática de los derechos del accionista moroso en la integración del
aporte comprometido, aplicable en mayor grado a quien intentó purgar la morosidad mediante la consignación
judicial de las cantidades de dinero que, de tal manera, reconoció adeudar.
Es claro que con arreglo a los distintos resultados de las votaciones, la validez de las decisiones de la
asamblea concluida el 16/07/2009 no puede ser puestas en cuestión, en tanto se alcanzaron las mayorías
necesarias para su concreción (véase la advertencia de V. A. V. “Tratado de las Sociedades Anónimas”, Tomo
I, LA LEY, Bs. As., 2008, p. 612 y sus citas).
3. Con anterioridad expuse que no advierto que el planteo relativo a la falta de legitimación activa haya
sido introducido extemporáneamente. Si se tiene en cuenta que la sentencia que puso fin al proceso por
consignación iniciado también por el aquí actor, con la inocultable finalidad de hacer cesar los efectos de su
impuntualidad en la integración del aporte, es de fecha posterior a la promoción de esta causa, tanto su
invocación en el alegato y su consideración por el juez en la sentencia se atienen a una ortodoxa secuencia
procesal.
En la perspectiva señalada, los demandados no podían anticipar el rechazo del pago por consignación ni el
juez cercenar la actividad probatoria de las partes ante un dato que no pudo conocer anticipadamente. Emitido
ese pronunciamiento fue pertinente su consideración para solventar el conflicto expuesto en esta causa porque
—aun con alcances diversos a los conferidos en la instancia precedente— tuvo cierta influencia en este
proceso.
Esta conclusión desvanece en ostensible medida la pretendida incongruencia que fue la base de la
argumentación recursiva. Además, el juez no pudo, a riesgo de infringir la directiva del cpr. 166, inc. 6°,
omitir un dato relevante a los fines de componer el litigio.
4. Por estas consideraciones los agravios bajo examen no podrán ser admitidos.
5. Finalmente, en relación a las costas de ambas instancias, juzgo que las mismas deben ser soportadas en
el orden causado por resolverse la cuestión con base de derecho provista por el Tribunal (ésta Sala,
18/10/2012, “R. M. c. Bugatti S.A. y otro, s/ ordinario” (Expediente N° 024519/08 del Registro de esta
Cámara y N° 094554 del Juzgado Comercial N° 13 Secretaría N° 25) y los autos “R. M. c. S. P. M. y otro, s/
ordinario”; íd., 10/12/2013, “K., S. A. c. Espasa S.A., s/ ordinario”).
VI. Conclusión
Por lo expuesto, si mi criterio fuera compartido por mi distinguida colega, propongo al Acuerdo: a)
confirmar la sentencia recurrida en cuanto ha sido materia de agravio, y b) las costas de ambas instancias se
imponen en el orden causado.
Así voto.
Con los mismos fundamentos, la doctora Tevez adhiere al voto que antecede.
Vistos:
I. Por los fundamentos expresados en el Acuerdo que antecede, se resuelve: a) confirmar la sentencia
recurrida en cuanto ha sido materia de agravio, y b) imponer las costas de ambas instancias en el orden
causado. II. Notifíquese (Ley n° 26.685, Ac. C.S.J.N. n° 31/2011 art. 1° y n° 3/2015). Fecho, devuélvase a la
instancia de grado. Hágase saber la presente decisión a la Secretaría de Comunicación y Gobierno Abierto
(cfr. Ley n° 26.856, art. 1; Ac. CSJN n° 15/13, n° 24/13 y n° 42/15). El doctor Juan Manuel Ojea Quintana no
interviene en la presente por hallarse en uso de licencia (Art. 109 RJN). — Rafael F. Barreiro — Alejandra N.
Tevez.