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EL PERSONAJE

Jesús I. García Amezcua

Master Estudios Literarios y Teatrales 2013/2014


EL PERSONAJE

Teatro. Cálido, silente, limitado, atento, vacío, lleno. Seguro.

Salgo cada atardecer, que es mi amanecer, a escena, esperando que alguien con
su mirada atenta, con su aplauso, su aprobación o negación me cree.

Hablo, acciono sin cesar durante toda la jornada. Las palabras fluyen sin
descanso, nunca me pregunté quién las acuñó en mi alma, quién las transcribió a
mi lengua, quién las imaginó por mí.

Mis actos son claros, precisos, seguros, están ensayados, estructurados, no hay
tiempo para pensar, no se debe pensar, si lo hago puedo perder mi estatus, mi
posición en el sistema escénico, el respeto de mis compañeros, de mis superiores,
de los que me miran y ¿admiran?, el cariño de los más cercanos.

Si dudas: “¡corre a la zona de confort! ¡Así no fallarás!”

“Sólo haz tu papel encomendado, lo que te toque. No hables, no digas más de lo


que de ti se espera, pues sólo al director de la obra le está permitido modificar la
representación”.

Hoy no hay nadie, la escena, el patio de butacas, el gallinero, las bambalinas, los
camerinos, todo está vacío. ¿Por qué no están aquí? ¿Se habrán olvidado de mí?
¿O es la hora equivocada? ¿y si ya no vuelven? ¿Para qué serviré? No, no te
preguntes. Esto es una prueba. Tus compañeros, el público, te están observando,
el director de escena te dio los materiales para que trabajes este papel, el autor te
inyectó las palabras. No vaciles, piensa en tu zona de seguridad, piensa en la
lógica de la escena, piensa en Meyerhold, en Artaud, cómo incorporarían esta
situación a su cuerpo. Mira, busca escenografía, ¿qué te han puesto en escena? A
ver… un libro, una pluma, una vela, una suerte de tarjetas clasificatorias en el
suelo, un espejo, una pantalla y ¡cómo no! ... ¡una silla!

El libro… ¿será mi libreto? ¡¡Está en blanco!! La pluma y el libro siempre están


relacionados, quizá deba escribir, pero ¿qué escribo? Nunca me enseñaron a
hacerlo. ¡Ah! ¡Recuerdo una frase! “Hay que escribir sobre lo que se conoce”. Bien.
¿Y qué conozco? ¡Conozco obras de teatro! ¡Todas! ¡De memoria!

Pero en esta libreta no puedo escribirlos todos. Quizá deba seleccionar uno.
¿Pero cuál? ¡Ya sé! Los clasificaré por temas y épocas en estas fichas. Así
organizaré mi mente… mi mente. Los estructuraré. Pero… cada uno significaba
algo diferente con cada época y público. Y ahora no tengo público, por lo que no
sé cuál puede ser su reacción. ¿Deberé interpretarlos yo? Interpretar, yo, ¿cómo
surgen de mí estas palabras? No tengo claro el significado y sin embargo las tengo
asumidas, Agamenón decía “La verdad es la verdad” ¿se referiría a esto?
Concéntrate, vamos a ver, estudio literalmente el texto y lo que signifique ése
será el tema. No, no puede ser, en la escena, en los ensayos estudiamos matices
que le dan otros significados, de hecho cada uno de los demás personajes le da un
significado diferente, y cuando hacemos las primeras lecturas podríamos darle
otro matiz, si no fuera porque el director de escena impone su criterio. Entonces
hay muchos significados e interpretaciones. Ajá… deberé intentar averiguar que
intenta decir el autor en su contexto y qué dice para mí en este momento.

El personaje empieza a escribir en las fichas

Nunca pensé que el intentar encontrar el significado de los textos fuera tan
arduo, pero es interesantísimo. Cada autor tiene un discurso propio, pero ese
discurso evoluciona, no siempre es el mismo. Su conciencia no se puede
encasillar y su consciencia va más allá de lo plasmado en el texto. No lo entiendo
todo, pero intento comprender.

Ahora puedo percibir como los autores han intentado renovarse para que la
recepción de sus escritos sea más nítida, el receptor, el público lo es todo, sin
ellos el arte no existiría. Jajaja ¡pero hay algunos que se renovaron tanto que no
había quién los entendiera! Quizá porque todo es social y dentro de una época.

Uf, recuerdo mi primera representación, fuerte, hipnótica. Estaba muy cercano a


ellos, sabía sus nombres. Ya no los recuerdo, es de las pocas cosas que se me han
olvidado, sus nombres y sus rostros, pero estaban ahí, y querían que
representáramos para ellos, a uno, años después le llamamos Dionisos. No
teníamos que hablar sólo dejarnos llevar, danzar, gritar, convulsionarnos ¡Llegar a
ellos! Y ellos nos lo daban todo, uva, trigo, agua…

El autor de las representaciones nos dio el habla y con el habla se enseñaba al


pueblo, el pueblo, los ciudadanos se veían reflejados en la aristocracia y los
dioses. Es increíble cómo esas historias aún perduran, ya no las representamos
igual, el director ha cambiado, pero el público las recibe del mismo modo, se
siente identificado, el público ha cambiado en gustos, pero su subconsciente
sigue siendo el mismo.

Se va hacia la silla

¡Qué juego me ha dado siempre esto! Si no era silla, era cama y si no balcón y si
no pedestal, o escondite, confesionario, o si no… jejeje… como ese director…
Kantor, nunca supe muy bien que quería hacer significar con ellas. Éste fue uno
de tantos qué al principio sus espectáculos no tuvieron éxito, pero que luego…
¡Cómo ha cambiado esto! Pasan los años y nuestra forma de comunicarnos parece
la misma, pero no, es otra convención, el público no nos recibe igual, de hecho
muchas veces me pregunto si nos recibe. ¡Bah! ¡Estoy pensando como el autor! ¡o
peor! ¡Como el director!

Pero sin duda, lo mejor de las representaciones es cuando cambias y das un giro
inesperado y ¡zas! ¡Sorpresa! ¡jajaja! Y ves sus caras y escuchas su incredulidad, y
ahí sabes que lo estás haciendo bien que has conseguido el objetivo.

El director nos dice muchas veces que los textos son huérfanos, que nosotros les
damos vida cuando los leemos e interiorizamos, y a su vez nosotros vivimos
cuando nos ven. ¿Estaré ahora vivo o simplemente será un sueño? ¿Cómo es que
estoy pensando? ¿YO? ¿Pensando? Jajaja. Imposible. Desde el principio, excepto
aquellas primeras representaciones que no recuerdo, todo me ha sido dado, lo
que sé es producto de mi memoria, lo que digo, es lo que me dicen decir. Siempre
he estado transmitiendo ideologías y creencias religiosas, ¡qué cantidad de
disputas y enfrentamientos he vivido por esto! Y es que siempre ha habido
fundamentalismos, el público quiere escuchar con lo que está de acuerdo, se
siente incómodo en otro contexto. Lo veo. Oigo el crujir de las butacas. Y los que
no respetan el arte, gritan y se van.

Muchas veces llevan razón, ha habido una hegemonía de pensamiento, una


transmisión de valores obligada, pero otras es simple irreverencia. Algo que
siempre me ha llamado mucho la atención es que cuando transmites ideas sin
que el público lo piense es cuando más calado hacen y notas cambio, catarsis.
Desde luego lo que es innegable es que cómo es la sociedad en cada momento se
ha reflejado en los textos, en las obras, y a la vez fluye lo que el público o el autor
tiene reprimido en su contexto.

Desde luego sea la ideología que sea, ese tipo de obras es el que más me gusta, la
que buscando la belleza nos quiere decir algo, desde la bondad. Últimamente no
soporto lo que me hacen representar. Textos sin contenido que intentan
representar la sociedad, el mundo como es. Me gustaría preguntar al autor en su
afán de escribir si pensó en reflexionar lo que escribía. ¡Ey! ¡Y no soy un personaje
serio! ¡He hecho muchas comedias! ¡Y me encantan! ¡Me encanta que la gente ría!
Pero es que hay algunas comedias y dramas que es que cuesta digerirlos, y otros
textos sólo juegan con las palabras, quizá porque el autor tiene miedo de expresar
algo concreto y quiere ser políticamente correcto. Me hacen representar tanto y
tan rápido que no sé muchas veces que es bueno y que es malo, hay tantos textos
que el director muchas veces no lee los buenos, no tiene un canon definido.

Se enciende la pantalla. En ella aparecen textos

Pantalla: ¿Quién eres?


Personaje: ¿Cómo que quién soy? ¿Autor? ¿No me reconoces? ¡Soy tu personaje!

Pa: No, no lo eres

Pe: ¿Cómo que no lo soy? ¡Tú me creaste!

Pa: No eres el personaje

Pe: Si no soy yo. ¿Qué soy?

Pa: Ahora eres Tú. No tienes que averiguar qué eres, si no quién eres. Te creé y te
enseñé la técnica y te di los textos. Y te olvidaste de pensar. El director organizó
tus palabras y tus gestos. Era más cómodo para ti y para tus relaciones, y sin
saberlo dejaste de decidir. Sólo actuabas, dejaste de interpretar. Ahora lo estás
haciendo. Estás interpretando tu propia vida y analizando cuál es tu relación con
el mundo exterior. Ahora, sí puedo dialogar contigo.

Pe: Pero... Se apaga la pantalla

No entiendo nada, primero estoy aquí sólo en el teatro, sin saber qué representar,
o quizá lo esté haciendo sin saberlo. Después me habla el autor ¡El Autor! ¡Guau!
Nunca lo había hecho directamente, si a través de la pantalla se puede decir que
directamente, y si efectivamente él es el autor. Siempre lo hizo desde los textos, y
es cierto, yo nunca los interpreté, me los interpretaban, desde la dirección. Yo era
la marioneta del poder, el ejecutor, la máquina. El arte sin mí no era arte, pero yo
no era arte, y la técnica sin creación no es arte. Siempre han creado por mí, los
diferentes directores de escena y yo he cumplido, lo mejor que he podido, algunas
veces me he rebelado, pero, el director siempre lleva la razón porque sabe lo que
el público, la masa, tiene que oír. ¿Quién soy? (se mira al espejo). Soy lo que ve el
público, lo que cada uno de los individuos siente reflejado en sí, soy su espejo y
ellos son el mío. Soy autor y director si reconozco mi consciencia, mi memoria, y
entiendo dónde situarme con respecto a los demás, sin obedecer órdenes
concretas externas y respetando la convención. Soy yo si quiero ser yo. Mi propio
personaje, sin apariencias ni máscaras, sólo un poco de maquillaje para
adornarme. Quiero ser… Autor ¿Qué quieres que sea?

Granada Julio de 2.014