2015
Instituto Teológico
Verbum Dei
[Yo te desposaré conmigo para
Violeta del Aguila
siempre (Os, 2,21)]
Yo te desposaré conmigo para siempre (Os, 2,21)
INTRODUCCIÓN:
En el presente trabajo bajo el título: Yo te desposaré conmigo para siempre, (Os, 2,21)
palabra expresada por el profeta Oseas, abre a este acercamiento de modo global en la comprensión,
del sacramento del matrimonio. Con toda la complejidad que actualmente existe no sólo sobre el
término “matrimonio” sino en su significado profundo, con un lenguaje y modo sencillo deseo
ofrecer estas líneas en apoyo a todos aquellos amigos y amigas que deseando vivir su seguimiento a
Cristo desde el matrimonio buscan cada día el modo de hacer visible este Amor de Dios.
El trabajo consta de tres partes, íntimamente unidas, donde cada una de ellas brota del texto
evangélico: « ¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer y dijo: El hombre
dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? De manera
que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.»
(Mt 19, 4-6). A lo largo del desarrollo iré desglosando el texto desde tres elementos que considero
importantes, el primero de ellos es la creación del hombre y mujer en el principio, el segundo
elemento se orienta a la parte unitiva del matrimonio y el último aspecto es la indisolubilidad: lo que
Dios ha unido, no lo separe el hombre. El modo de trabajo será integrando los diversos elementos
que integran esta realidad humana-divina.
Yo te desposaré conmigo para siempre, (Os, 2,21) con esta palabra en boca del profeta Oseas,
encuentro en el Antiguo Testamento la imagen esponsalicia de Dios con el pueblo de Israel la
encontramos claramente en el profeta Oseas, quien por orden de Dios, decide tomar por esposa a
Gomer, una prostituta que le da tres hijos 1. Esta imagen cargada de contradicción por la infidelidad
de la mujer quien al mismo tiempo expresa la infidelidad del pueblo, deja ver con claridad el amor
fiel de Dios que se manifiesta como un amor de Esposo.
Este amor esponsal nos muestra el modelo que, Dios esposo fiel ofrece a los esposos. En esta
perspectiva son dos las características que nos ayudarán en la profundización de nuestro tema, por un
lado este Amor leal, que colma de amor el compromiso realizado por el hombre y la mujer, un acto
cargado de fidelidad y perdón más allá de cualquier circunstancia adversa. Y por otro lado, es en
torno a este Amor, que se orienta el matrimonio. Y por otro lado este “modelo” que es ese amor de
Dios, es el ideal al que el matrimonio debe tratar de llegar, contando con las dificultades propias que
la convivencia humana conlleva.
En relación a este “modelo” que es el Amor de Dios, Jesús en el Nuevo Testamento ante la
interrogante de los fariseos, en relación al divorcio deja ver su postura respondiendo: « ¿No han
leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer y dijo: El hombre dejará a su padre y a su
madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? De manera que ya no son dos, sino
una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.» (Mt 19, 4-6). Me gustaría
resaltar al menos tres elementos que encuentro importantes para nuestra reflexión.
El primero de ellos se encuentra en la primera parte de la cita bíblica: el Creador al principio
los hizo hombre y mujer para nuestro interés hay dos características que encontramos partiendo del
dato bíblico. La primera de ellas es el fundamento del matrimonio como aquello querido y deseado
por Dios, en el libro de Génesis en el capítulo 2,18 expresa: “No es bueno que el hombre esté solo, le
haré una ayuda adecuada” en el plan original de Dios, existe un deseo de comunión, en el cual Adán
el primer hombre, es inseparable de Eva la primer mujer. En Adán los escritos teológicos nos
muestran la figura de Cristo, aunque Adán es símbolo de la humanidad entera no podemos quedarnos
en él mismo sino es preciso comprender desde él todo el plan de Dios, Adán no se entiende sin
Cristo, y a su vez Cristo no se entiende sin Adán. Con esta relación podemos decir que en el
principio de la creación la participación de la humanidad entendida como “todo lo humano” es
1
RUIZ G. Dios arquetipo del amor esponsal, pág 9.
2
Yo te desposaré conmigo para siempre (Os, 2,21)
querida por Dios. En relación a este primer elemento podemos expresar: “La conyugalidad que
constituye a Adán en su verdad de hombre, aparece de nuevo en Cristo por quien ella llega a
cumplimiento al ser restaurada.”
La segunda característica de este primer elemento es la realización plena en que el primer
hombre Adán, al principio de la creación se encuentra solo. Aunque el término soledad es de índole
psicológico Juan Pablo II le da una nueva interpretación, la soledad primera es concebida como la
realidad ontológica de creación. Antes de la existencia de otro ser humano, el hombre se ve en
relación a Dios, está es su primera llamada, la comunión con su creador. En un segundo momento
Adán en su soledad original, puede realizarse, cuando se le ofrece una ayuda adecuada. Esta soledad
primera u original tiene dos significados por un lado el hombre descubre que es diferente de todo lo
que le rodea y por otro lado explica la expectativa del hombre ante esa ayuda adecuada que le
permite integrar todo el deseo de unirse a ella. Por esta razón a través de la contemplación del cuerpo
de la mujer el hombre entrará en una experiencia única que le habla en medio del deseo de su fin
primero: la comunión.
El segundo elemento que me parece importante surge a partir de: “El hombre dejará a su
padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne”. Si queremos hablar de
matrimonio no podemos dejar de lado que éste se configura en dos vertientes: la vida de la pareja y
la dimensión socio-jurídica.2 Hay un elemento esencial en la vida de la pareja que es el amor
conyugal, el cual implica una opción, es un amor de donación que se da así mismo, en libertad,
porque no se puede “amar” por obligación. Esta forma de amar al otro, en la relación de pareja no
está exenta de tensiones, las cuales expresan la riqueza de su realidad, algunas de estas tensiones son:
El amor conyugal compromete todos los niveles de comunicación 3 ya que la persona queda expuesta
a trasmitir un mensaje que el otro no comprenderá en su totalidad, porque este amor abarca todo lo
que la persona es, su cuerpo, sentimiento, razón y voluntad. Al ser una realidad totalizante entra en
juego el aspecto del ser “persona” y ser “sexuado” donde la base del amor se asienta en la aceptación
de la diferencia sexual. Una verdadera comunicación conyugal se establece en esta diferencia del
hombre con la mujer, teniendo en cuenta su igualdad como personas.
Este amor conyugal se da al mismo tiempo en un doble dinamismo que abarca la intimidad y
la apertura, El amor conyugal es universal en la exclusividad y exclusivo en la universalización 4.
Esto significa el alto componente de elasticidad por parte de los cónyuges para compartir
íntimamente con el otro, al mismo tiempo que le deja en libertad para que sea el mismo o ella misma,
sin comportamientos posesivos. Otro aspecto es que este amor conyugal se realiza en la
temporalidad, es finito en cuanto su relación interpersonal por realizarse en el espacio-tiempo pero
también contiene un horizonte de infinitud. Un último aspecto que nos ayudará para comprender la
riqueza de este amor es la tensión que surge porque al mismo tiempo que se vive esta relación de
pareja, ya es origen de la institución matrimonial. Hasta aquí he expuesto brevemente los elementos
que a mi parecer son esenciales para comprender desde el nivel antropológico el sentido cristiano del
matrimonio.
Ahora bien, profundizando en el aspecto unitivo del matrimonio quiero hacer referencia a esa
expresión única del cuerpo y del espíritu que se da a través del acto conyugal, para que pueda ser
satisfactoria se requiere de madurez afectiva, ya que se puede caer en el peligro de cosificar a la
persona y la relación sexual perder todo su sentido, tomando posturas ambiguas o relegando esa
elección dotada de singularidad por la que es uno(a) de entre tantos(as). Dicha elección no se agota
con el mero acto conyugal, ya que el deseo de total pertenencia del otro, es inabarcable y en lo
2
VIDAL M., El amor conyugal a la luz de la antropología y de la fe cristiana, Pág. 58-59
3
Ibid.
4
Ibid.
3
Yo te desposaré conmigo para siempre (Os, 2,21)
cotidiano siempre me estará mostrando una dimensión nueva de sí misma. Ambos esposos forman
una unidad en Dios, tan íntima, que no son más que “una carne” y todo lo que atañe a uno importa al
otro.
El amor conyugal constituye el fundamento del sacramento del matrimonio 5 porque es la base
sobre el cual se construye todo el resto, la fidelidad, y la paternidad. Es el mutuo consentimiento lo
que da a esta institución natural, la sacramentalidad del mismo. Es mediante el amor humano que
Dios irrumpe en la historia matrimonial y en la sociedad humana como un Dios amoroso y fiel. Para
el creyente, el matrimonio es una verdadera vocación, mediante la cual la pareja se siente llamada y
enviada a anunciar el amor de Dios hacia la humanidad viviendo como comunidad de amor en
fidelidad mutua.
La postura de Jesús ante la institución del matrimonio es exigir el ideal de amor que “existía
desde el principio”6 Jesús quiere devolver al matrimonio el lugar que tenía en su origen. Desde esta
perspectiva sacramental no podemos reducir el sacramento sólo en al acto conyugal, sino que hay
que tomar en cuenta todo el significado de la Alianza que Dios hace con su pueblo. Por esta razón el
matrimonio ratifica la unidad de creación y alianza y al mismo tiempo queda representada y sellada
la fidelidad de Dios como fidelidad de los hombres7 es importante considerar esta dimensión ya que
de lo contrario la interpretación del sacramento del matrimonio queda ambigua, lo esencial es la
doble vía que surge a partir de la alianza, ella realiza el orden de la creación, sólo a través de ella es
posible el verdadero orden natural de la creación. De aquí concluimos que el sacramento no es algo
extrínseco, o añadido sino al contrario el matrimonio en sí mismo ya es sacramento.
Otro aspecto que es importante es el aporte que la revelación cristiana nos da en relación al
amor conyugal y es, desde la perspectiva de la virginidad. En el Nuevo Testamento encontramos
estas dos dimensiones del misterio del amor de Dios, el amor conyugal y el amor virginal los cuales
no son independientes sino al contrario se estrechan mutuamente, ya que ambos se fundamentan en
el misterio de Cristo en cuanto misterio de amor virginal y nupcial con la Iglesia.
No podemos reducir el misterio de Cristo a una dimensión u otra, sino, al contrario, debemos
conocer y comprender su mutua interacción, San Pablo en su 1 Carta a los corintios, recuerda:
aunque la figura de este mundo pasa. (31) el matrimonio debe ser en el Señor (39) con todo ello
percibimos con claridad la relación intima que existe entre los dos estados.
Los célibes deben vivir su virginidad en referencia al estado del matrimonio para que su amor
no se convierta en egoísmo y los cristianos casados deben vivir su matrimonio teniendo en cuenta
que existe otro estado, que les recuerda que su desposorio eterno es en el Señor.
En cuanto la dimensión jurídica este amor vivido entre el hombre y la mujer buscará un
reconocimiento social, no podemos ignorar esta dimensión, ya que el amor debe ser expresado y
exteriorizado, por ser seres humanos que están en constante relación. La persona amada buscará un
reconocimiento dentro de este círculo social que le validará su elección y pertenencia a un “otro”. En
este ámbito, la institución del “matrimonio” visibiliza este amor, pero no podemos dejar caer toda la
responsabilidad sobre la “institución” porque ella no es la fuente del amor, sino simplemente
visibiliza lo que existe.
En relación al aspecto institucional del matrimonio cabe mencionar el estrecho vínculo que
hasta ahora había tenido con el aspecto ético, desde la edad media el contenido ético del matrimonio
hasta no hace mucho había estado polarizado por la procreación, la dimensión personal quedaba un
5
T. MIFSUD. Moral sexual: una reivindicación ética de la sexualidad. San Pablo. Chile 2003, 328.
6
Cfr Génesis 2,18
7
RATZINGER J., Hacia una teología del matrimonio, pág. 57
4
Yo te desposaré conmigo para siempre (Os, 2,21)
tanto relegada. Sin embargo hoy en día hay que reconocer que la interpretación del matrimonio desde
el amor personal es también un tanto unilateral, teniendo en cuenta el gran auge del individualismo.
Han sido largos años de historia en la que, la Iglesia con sus normas morales marcaba de alguna
manera una orientación en lo que al tema se refiere. Con la revolución industrial y la liberación
sexual, cada vez más el tema del Eros y el Sexo, son temas que no están en un círculo privado, ya
que no puede quedarse como algo “personal” porque del Eros y del Sexo dependen la vida y la
muerte de la sociedad.
Por esta razón es urgente abordar esta realidad en todas sus dimensiones: espiritual,
antropológica, social, moral y sacramental. En la encíclica Deus Caritas est, de Benedicto XVI hace
una clara exposición de la urgencia de una integración del Ágape y el Eros, en relación a este punto
el Papa alude al amor conyugal, como ese paso del amor del propio “yo”, que es un amor egoísta, al
amor del “otro” o amor altruista. Sólo un amor salido de sí mismo es capaz de ofrecer la plena
realización del ser humano. Existe una íntima conexión entre el amor ascendente (eros) y el amor
descendente (ágape). En la Desus Caritas est se expresa de la siguiente manera: En realidad, eros y
ágape, amor ascendente y amor descendente, nunca llegan a separarse completamente. Cuanto más
se encuentran ambos, aunque en diversa medida, la justa unidad en la única realidad del amor,
tanto mejor se realiza la verdadera esencia del amor en general. (7) en la medida que el ser humano
comprenda está interacción dinámica, hombre y mujer podrán vivir esa búsqueda de amor como
apertura a la totalidad, donde el encuentro se convierte no sólo en la satisfacción personal sino que
hacen visible a Dios, surge un compromiso en la ayuda mutua para alcanzar la unión eterna en Dios
que es Amor.
Tomando como punto de partida este dinamismo entre el eros y ágape podemos profundizar
en la postura de Benedicto XVI en cuanto el aspecto fecundo de dicha interacción. “Para traer hijos
al mundo, es necesario que el eros egoísta se realice en el ágape creativo que se funda en la
generosidad y se caracteriza por la confianza y la esperanza en el futuro” 8 desde aquí nos
introducimos en la relación que existe entre el amor y la prole. Esta interacción deja la puerta abierta
a la totalidad, abre paso a la humanidad ante el futuro, a la nueva generación, es así como la pareja
necesita hacer un sitio para el que viene, esta nueva realidad supone por parte del hombre y la mujer
un deseo de hacerse pasado. Deseo que toma carne en el nuevo ser humano en el cual tanto el
hombre como la mujer son participes del don de la creación y la paternidad. Desde esta perspectiva
podemos percibir la estrecha unión entre la alianza de Dios con el hombre y el fruto de esta alianza
es la comunión entre hermanos, una comunión que va más allá de la carne y de la sangre. Por esta
razón podemos percibir que el sentido de la familia cristiana está en estrecha relación a esa familia
más amplia que es la Iglesia, con la cual Cristo ha formado una Alianza Eterna.
El último elemento que quiero abordar es en referencia a la última parte de la cita bíblica:
Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.» (Mt 19, 4-6). Estas palabras hacen
referencia a la indisolubilidad del matrimonio, si bien Jesús adopta una postura en la que apela al
origen de la creación, él no quiere cerrarse a la ley sino darle un sentido trascendente. Con este
marco el sacramento del matrimonio funda su base en la fidelidad de Dios a la alianza, por esta razón
es indisoluble, En Ef. 5,22-33, se expresa una teología doble: la relación esposa-esposo y la relación
Iglesia-Cristo. El texto como tal habla de misterio, de fidelidad, de donación mutua y de
indisolubilidad precisamente porque Cristo no puede ser infiel a la Iglesia. Las parejas se han de
empeñar en el amor, no como algo instintivo sino como algo deseado, querido (voluntad) por ello la
fidelidad no dependerá del instinto sino del compromiso asumido en el empeño cotidiano por amar.
8
BENEDICTO XVI, “La librtá interiore è la condizione di un ‘autentica crescita umana”. Messaggio ai
participanti alla XII Sessione Plenaria della Pontificia Accademia delle Scienze Socialli, L’Osservatore
Romano, 29 Aprile, 2006,5.
5
Yo te desposaré conmigo para siempre (Os, 2,21)
Entre bautizados católicos, «el matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder
humano ni por ninguna causa fuera de la muerte» (CIC 1141).
El hombre no puede separar más que lo que él ha unido; lo que ha unido Dios escapa a su
poder. El hombre es libre de contraer o no matrimonio. Si lo contrae, Dios imprime a la unión un
carácter que el hombre no puede borrar. He aquí el carácter sobrehumano del matrimonio que puede
constituirse en misterio venturoso y le confiere la paz y el sostén vencedores de todas las vicisitudes;
carácter que puede, ciertamente, convertirlo también en pesada carga.
CONCLUSIÓN:
A modo de conclusión puedo decir que abordar el tema del matrimonio conlleva en primer
lugar una actitud humilde del que ignora, primero porque la vivencia del celibato desconoce en su
dimensión profunda todos los entramados que existen vivencialmente en esta realidad compleja. En
segundo lugar no puedo pretender un acercamiento a esta realidad desde una sola perspectiva, hoy
más que nunca se hace imprescindible una reflexión interdisciplinar debido a que la temática
conlleva implícitamente la vida de personas concretas. Por último descubro que la Iglesia se
encuentra en una actitud de búsqueda y apertura para propiciar al hombre y la mujer de hoy aquellas
herramientas que posibiliten una vivencia integra de su Fe en Cristo, donde su sentimiento, fuerza y
voluntad queden integradas en la persona de Cristo, modelo y pastor que nos une a Dios Padre.