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LA VIRGEN MARIA EN LA HISTORIA DE SALVACION

CONOCIMIENTO DE MARIA

"Por tanto, el Señor mismo les dará esta señal: Una virgen concebirá y dará a luz
un hijo, y Le pondrá por nombre Emmanuel (Dios con nosotros)”
(Is 7, 14)

Para realizar la reconciliación de los hombres, Dios preparó a una mujer,


llenándola de gracias especiales para que fuera la Madre del Emanuel, del
Redentor del mundo. La libró del pecado original y de todo pecado, desde el
primer momento de su existencia y siempre fue santísima. Esa Mujer, María,
sería la Madre de Dios y por ello, auténtica Madre nuestra.

Ella fue anunciada desde antes de su concepción, el Antiguo testamento la


profetiza en varias ocasiones, aquí algunas de esas citas que comienzan hablar
de ella:

Génesis 3,15: La primera profecía referente a María se encuentra en el mismo


comienzo del Libro del Génesis: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu
linaje y su linaje; él te pisará la cabeza mientras acechas tú su talón.” Dado que
se admite comúnmente que el juicio divino se dirige no tanto contra la
serpiente como animal si no contra el causante del pecado, la descendencia de
la serpiente hace referencia a los seguidores de la serpiente, la "progenie de
víboras", la "generación de víboras", aquellos cuyo padre es el diablo, los hijos
del mal.

Isaías 7,1,17: La segunda profecía referente a María se encuentra en Isaías 7,1-


17. "El Señor mismo va a daros una señal. He aquí que una virgen está encinta y
va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. debemos limitarnos
aquí a la prueba evidente de que la virgen mencionada por el profeta es María,
la Madre de Cristo. La argumentación se basa en las premisas de que la virgen
mencionada por el profeta es la madre de Emmanuel, y que Emmanuel es
Cristo. La relación de la virgen con Emmanuel está claramente expresada en las
palabras inspiradas; las mismas indican, asimismo, la identidad de Emmanuel
con Cristo.

Un día Dios envió al Arcángel Gabriel a la ciudad de Nazaret, a la Virgen María,


que estaba desposada con San José. La saludó llamándola "llena de gracia", y le
expuso el Plan de Dios: Ella sería la Madre del Salvador por obra del Espíritu
Santo, porque para Dios nada hay imposible.
La Virgen María aceptó de inmediato el plan de Dios, diciendo: "He aquí la
sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra"(Lc 1,38). En aquel mismo
momento, se hizo Hombre la segunda Persona de la Santísima Trinidad, sin
dejar de ser Dios.
La Santísima Virgen María es la Nueva Eva, la Mujer perfecta, llena de gracia y
virtudes, Madre de Dios y madre nuestra, Decimos que la Virgen María es
madre nuestra porque, por su obediencia, se convirtió en la nueva Eva, madre
de los vivientes; además, porque es Madre de Jesucristo, con quien estamos
unidos por la gracia, formando un solo Cuerpo Místico.

La Santísima Virgen María ocupa en la redención el lugar de Cooperadora de la


Redención, porque colaboró con su fe y su obediencia libres a la reconciliación
de los hombres. Por deseo explícito del Señor Jesús, que nos la señaló como
Madre (Jn. 19,27), María es verdaderamente Madre de todos los cristianos,
quienes realizan su peregrinación terrena bajo los tiernos cuidados maternales y
la compañía de María.
La maternidad espiritual de María Mientras Jesús colgaba en la Cruz, "Junto a la
cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de
Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien
amaba, que estaba allí, dijo a su Madre: Mujer, he ahí tienes a tu hijo. Luego
dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la
acogió en su casa". (Juan 19,25-27). El oscurecimiento del sol y los otros
fenómenos naturales extraordinarios deben haber asustado a los enemigos del
Señor lo suficiente como para que no interfirieran con su madre y con los pocos
amigos que permanecían al pie de la cruz. Entre tanto, Jesús había orado por
sus enemigos y le había prometido el perdón al ladrón penitente; al llegar ese
momento, Él tuvo compasión de su desolada madre, y aseguró su porvenir. Si
San José hubiera estado vivo, o si María hubiera sido la madre de aquellos que
son llamados hermanos o hermanas de Nuestro Señor en los Evangelios, tal
medida no hubiera sido necesaria. Jesús utiliza el mismo título respetuoso con
el que se había dirigido a su madre en las fiestas de las bodas de Caná. Ahora Él
le confía a María a Juan como su madre, y desea que María considere a Juan
como su hijo.

María en el Nuevo Testamento despúes de la ascensión de Jesús

Apocalipsis 12,1-6 En el Apocalipsis (12,1-6) aparece un pasaje singularmente


aplicable a Nuestra Bienaventurada Madre: “Una gran señal apareció en el
cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce
estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el
tormento de dar a luz. Y apareció otra señal en el cielo: un gran dragón rojo, con
siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola
arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El
dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo
en cuanto lo diera a luz. La mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a
todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y
hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por
Dios”
 La aplicabilidad de este pasaje a María se basa en las siguientes
consideraciones:
-Al menos parte de los versos se refieren a la madre cuyo hijo va a gobernar las
naciones con vara de hierro; según el Sal. 2.9, éste es el Hijo de Dios, Jesucristo,
cuya madre es María.
-Fue el hijo de María quien "fue llevado ante Dios, y a su trono" en el momento
de su Ascensión a los cielos.
-El dragón, o el diablo del Paraíso Terrenal (cf. Apoc. 12,9; 20,2), se esfuerza por
devorar al Hijo de María desde el primer momento de su nacimiento, al
despertar los celos de Herodes y, más tarde, la enemistad de los judíos.
-Debido a sus indecibles privilegios, María puede ser descrita perfectamente
como "vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y sobre la cabeza una corona de
doce estrellas".

Por ello el pasaje del Apocalipsis (12,5-6) no se refiere a María como una mera
adaptación, sino que se aplica a ella en un sentido verdaderamente literal que
parece estar parcialmente limitado a ella y parcialmente extendido a toda la
Iglesia..

DOGMAS MARIANOS

Antes de todo un en la doctrina católica, un dogma es una verdad revelada


definida por la Iglesia Católica. La entiende como una verdad perteneciente al
campo de la fe o de la moral, revelada por Dios y transmitida desde los
Apóstoles a través de la Escritura o de la Tradición, y propuesta por la Iglesia
para su aceptación por parte de los fieles, respecto a la Virgen María, La
Jerarquía de la Iglesia habla de cuatro dogmas irrefutables sobre la virgen
Maria:

1. El dogma de la MATERNIDAD DIVINA se refiere a que la Virgen María es


verdadera Madre de Dios. El Concilio de Efeso, del año 431, siendo Papa San
Clementino I (422-432) definió:
"Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y
que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la
carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema."

2. El Dogma de la Inmaculada Concepción establece que María fue concebida


sin mancha de pecado original. El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX, el 8
de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus.
"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la
Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por
singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos
de Cristo Jesús, Salvador del genero humano, preservada inmune de toda
mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser
firme y constantemente creída por todos los fieles."
3. El dogma de la Perpetua Virginidad se refiere a que María fue Virgen antes,
durante y perpetuamente después del parto.
"Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será
Emanuel" (Cf. Is., 7, 14; Miq., 5, 2-3; Mt., 1, 22-23) (Const. Dogmática Lumen
Gentium, 55 - Concilio Vaticano II).
"La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a
confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de
Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo "lejos de disminuir
consagró la integridad virginal" de su madre. La liturgia de la Iglesia celebra
a María como la 'Aeiparthenos', la 'siempre-virgen'." (499 - catecismo de la
Iglesia Católica)

4. El dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida


terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.
Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la
Constitución Munificentisimus Deus:
"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del
Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la
Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal
de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria
de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la
autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles
Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser
dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre
Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y
alma a la gloria del cielo".

Madre de la Iglesia y Madre de los hombres.


La Virgen no puede ser objeto de culto de adoración o latría (la adoración sólo
corresponde a Dios). Pero sí se honra a la Virgen de una manera especial, a la
que la Iglesia llama "hiperdulía" que es una veneración mayor a la que se da a los
santos del cielo, ellos son objeto de culto de "dulía" o veneración.