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DESIDIA

El problema de posponer las cosas


Por el Dr. Timothy Quek, Ph.D.

Imagina un cartel que muestra a un enorme oso polar acostado en un pedazo de


hielo, flotando en el mar al lado de un letrero que dice: “Cuando tengo la sensación
como de hacer algo, me acuesto un ratito hasta que esa sensación se me quita”.
Tal parece ser la actitud de las personas resignadas a seguir posponiendo las cosas
que tienen que hacer: invadidas por la frustración, imposibilitadas para ponerse al
corriente, abrumadas por la depresión e identificadas por la misma respuesta, “me
vale madre”.

Sin embargo, la mayoría de las personas que postergan sus actividades, realmente
no han presentado voluntariamente su renuncia. De hecho, todos batallamos
constantemente para quitarnos esa sensación que es importante aclarar, que no es
pura flojera sino algo más complejo. Planeamos un cuidadoso itinerario de
actividades; lo apuntamos y hacemos gráficas; hacemos promesas y compromisos;
nos organizamos y hacemos ajustes. Generalmente, logramos lanzarnos a
comenzar un corto periodo de actividad, sin relegar nada y casi sin darnos cuenta
nos estrellamos con esa amalgama gelatinosa que nos envuelve y nos vuelve a la
parálisis o nos lleva a hacer otras cosas en lugar de hacer lo que sabemos que
tenemos que hacer. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón por la que empezamos a dejar
esas cosas para después? El problema de la postergación va más allá de la
disciplina personal o de tener que flagelarse (con un fuete) para brincar de esa
parálisis al estrés. Se trata, usualmente, del síntoma de un problema con muchas
facetas, que no tiene una única solución.

La postergación de las cosas que tenemos que hacer. ¿Por qué nos invade esa
extraña sensación, nos envuelve y nos frena, que nos hace evadir nuestras
responsabilidades? Un antiguo proverbio dice que, “no importa el tamaño del árbol,
sino la profundidad de las raíces es lo que lo hace fuerte”. Pues el fenómeno de la
postergación tiene raíces muy profundas. La postergación está integralmente
ligada a la desorganización. Pero sería un error asumir que todos los problemas de
desorganización / postergación tienen una misma causa. De hecho, se han
identificado 4 formas primarias en que la postergación / desorganización ocurre.

 La falta de identificación entre lo urgente y lo importante.

Al principio del ciclo de lo urgente y lo importante las personas que tienden a


postergar las cosas, tienen la tendencia de atender las actividades que les brindan
confort, comodidad, por ser más interesantes, convenientes o estar más a la mano.
Lo importante y prioritario cede su lugar a la comodidad y conveniencia. Mientras
esas actividades se están realizando, las otras se empiezan a acumular y de pronto
una bola de actividades importantes por hacer empiezan a llamar nuestra atención.
Ese foco rojo dentro de nuestra mente empieza a prenderse y apagarse de manera
constante. Cuando nos damos cuenta, la cantidad de cosas importantes, recientes y
otras ya más añejas, se vuelve inmanejable. El postergador tiene que dejar de
hacer lo que está haciendo para atender y resolver todas las actividades urgentes.
En cierto sentido, lo urgente se ha vuelto lo prioritario. Esta confusión continúa
dividiendo las tareas en tres categorías que gritan por atención y que son cada vez
más difíciles de distinguir. Estas son: Lo prioritario/urgente (es importante y lo
tienes que hacer ya); lo prioritario/no urgente (es importante, pero no
necesariamente lo tienes que hacer hoy); lo no prioritario/urgente (no es
importante, pero lo tienes que hacer ya). Mientras tanto, lo atractivo de hacer las
tareas confortables no urgentes y no prioritarias sigue ocupando el tiempo del
postergador, dándole la sensación de que está haciendo algo, pero acrecentando el
problema. El resultado, es que el postergador se convierte en esclavo de lo urgente
y no es capaz de establecer las prioridades reales y constantemente se aparta de
este estrés haciendo tareas que no son urgentes ni prioritarias.

 Distractibilidad

Relativamente afín a la tendencia de realizar tareas confortables por


parte del postergador, se encuentra el problema de las distracciones.
No es raro que los postergadores justifiquen el haber dejado una
tarea pendiente porque “algo pasó que...”. Establecer mejores
fronteras emocionales (como por ejemplo, decirse NO a sí mismo)
para mantenernos resolviendo una tarea, usualmente ayuda a limitar
nuestra atención para no hacer caso a la multitud de estímulos que
nos distraen. (El programa de TV, el partido de Fútbol, las noticias, el
teléfono, el correo electrónico).

 Falta de memoria
Desafortunadamente, ningún aumento en la determinación de
prioridades o en el establecimiento de fronteras a la distracción
pueden resolver el problema de la falta de memoria que en realidad
se refiere a una memoria mal organizada (y no es culpa del
postergador). Típicamente, los postergadores asumen que tienen una
excelente memoria y con frecuencia insisten en que recuerdan
aunque dan la apariencia de haber olvidado las cosas (Por supuesto
que me acuerdo. Estaba a punto de hacerlo”). Múltiples papelitos
adornan sus bolsas y escritorios, y aparentemente utilizan más de
una libreta o ninguna para apuntar sus pendientes (ambas prácticas
tienen el mismo resultado: no sirven). Un paso en la dirección
correcta es reconocer el problema de la falta de memoria, aunque no
debe ser utilizada como una excusa para la falta de acción.

 Acumular tareas
Finalmente, una gran parte de la desorganización por causa de la
postergación viene de aglomerar o acumular tareas en la percepción
errónea de que esas actividades se convierten en una única e
inseparable mole, que no puede ser subdividida ni atendida de
manera sistemática. El molesto adolescente que piensa que “asear el
cuarto” es una sola tarea gigantesca que prefiere postergar, en lugar
de pensar que puede subdividirla en varias tareas pequeñas: levantar
la ropa sucia, tender la cama, acomodar sus cajones, limpiar su
escritorio, etc.
Miedo

La postergación motivada por el miedo usualmente se expresa como una


forma de evitar la realización de la tarea y el inmenso deseo de ya sea
posponerla, o esperar a que expire la fecha de entrega para ya no tener que
hacerla (como el caso de una tarea en la escuela, en la que no te importa
recibir una mala nota con tal de no hacerla). Usualmente, una tarea va
relacionada con otra, y el cúmulo de tareas no realizadas aumenta a lo largo
del tiempo. En cuanto el volumen de tareas se acumula, el postergador se
resigna, se deprime y se vuelve inactivo. Las batallas internas por el miedo
motivado por la postergación generalmente son de dos tipos: la racional
contra la irracional (“Sé qué tengo que hacerlo, y entonces por qué no lo
hago) y la de disciplina contra la falta de comodidad (Yo planeé hacerlo,
pero cuando llegó el momento, no sentí ganas de realizarlo). Los intentos
para resolver estos conflictos deben comenzar al nivel de enfrentar el miedo
en lugar de tratarlos con lógica o mayor disciplina.

Perfeccionismo

La mayoría de los postergadores no se consideran a sí mismos como


perfeccionistas. “Si fuera un perfeccionista, acabaría de hacer las cosas”,
dicen. No necesariamente. De hecho, el perfeccionismo usualmente nos lleva
a “arranques” que terminan consumiéndose en el sentido de un individuo
que inicia un ataque de limpieza o que inicia una tarea con gran energía y
luego se desvanece por cansancio, después de haber exasperado, irritado o
molestado a todos alrededor. El perfeccionismo se ha descubierto que está
fuertemente relacionado con la depresión y un espíritu extredamente
crítico (con uno mismo, o con los demás).

Entonces, ¿qué es el perfeccionismo?

El perfeccionismo es una forma de rigidez o inflexibidad que está marcada


por tres características principales.

1. El deseo intenso de arrojarse y hacer las cosas uno mismo porque


los demás son unos ineptos.

2. La actitud insistente de que uno no debería iniciar algo si no sabe


hacerlo bien.

3. La profunda necesidad de cerrar círculos, que se manifiesta por la


molestia y angustia de que algo quedó pendiente.

Cada una de estas características lleva al perfeccionista a postergar las


cosas. Para los postergadores perfeccionistas, el primer paso para
enfrentar la postergación es reconocer y comprender que nos molestan
estos tres puntos básicos. Para luego aplicar soluciones prácticas de manera
sistemática.

La postergación como un indicador

La postergación puede ser un indicador de un problema físico o psicológico


más serio que podría resolverse positivamente a través de tratamiento
médico. Muy seguido esa postergación no es percibida por el postergador,
pero sí por todas las personas que lo rodean. La ansiedad extrema, la
depresión clínica severa, el desorden obsesivo compulsivo, el trastorno de
déficit de atención con y sin hiperactividad y otros padecimientos
relacionados con la pérdida de memoria son ejemplos de disfunciones que
pueden llevarnos a la postergación.

Superando tus temores

¿A qué le tengo miedo? En la postergación motivada por miedo, para


empezar, es necesario identificar el temor específico a que se refiere. Por
ejemplo, una persona tratando de encontrar trabajo después de un largo
periodo de tiempo puede haber desarrollado el temor a ser rechazado otra
vez. Un estudiante de secundaria, arrastra sus pies para completar su
proyecto de clase por el miedo a obtener otra calificación reprobatoria. El
analista contable encuentra imposible completar un crédito para lograr su
certificación por su miedo al material mismo al que tiene que enfrentarse.

Este último ejemplo puede por cierto tener que ver con la falta de aptitudes
en su campo de trabajo. Dentro de sí mismos, tanto el miedo como las
fuentes de ese miedo pueden ser confrontadas antes de buscar resolver los
comportamientos expresados por la postergación. Con frecuencia, un
consejero puede ayudarte a identificar las fuentes del miedo y sus efectos en
la autoestima, para luego dar dirección a la resolución de estos problemas.

Primeros pasos.

1. Consigue una agenda. Y por favor, llévatela tranquila. Los postergadores


usualmente inician sus proyectos con gran ambición. (¿Recuerdas el
problema de la acumulación?) y luego salen y compran la agenda más cara,
con alarmas electrónicas, y música de fondo. Invierten en agendas
electrónicas con miles de aditamentos o sacan copias de los organizadores
más novedosos que hay en el mercado, los cuales hasta modifican y
perfeccionan, “si esto se debe hacer, se debe hacer de la mejor manera
posible”. (¿puedes ver ahí al perfeccionista?) Eventualmente, este enorme
esfuerzo se estrella con la parálisis total, cuando se les acaba la energía y la
decepción los arrastra a tres escalones atrás de los dos pasos que habían
dado. Es mucho más sabio comprar una agenda simple, de tamaño pequeño,
y que presenta el detalle de toda una semana en las dos páginas en que se
abre el libro. Las agendas ayudan a atender los problemas de
desorganización y hasta de mala memoria. Aprende a utilizarla todos los
días. Escribe las cosas que vas a hacer y las que ya has realizado. Observa
la próxima semana, si quieres, pero no caigas en la tentación de planear tu
vida por el resto del año. Para ayudarte a utilizar más el libro, apunta ahí los
teléfonos importantes y las direcciones que requieres. Llévalo contigo a
todas partes y has de su presencia un hábito.
2. Aprende a planear de manera realista. Divide las tareas en metas
pequeñas y proporciona a estas metas fechas límites adecuadas. Apunta
estas fechas en tu agenda.
3. Haz listas de pendientes y escríbelas en tu agenda. Hasta esas cosas
pequeñas y fáciles que haces todos los días pueden ser agregadas a la lista.
Verifica cada punto conforme vas avanzando. Se trata de ir registrando
logros tangibles conforme avanzas en el día.
4. Subdivide las tareas en actividades más manejables, lo cual quita el
enorme reto de tener que enfrentar tareas muy pesadas en una sola batalla.
A veces, se puede subestimar una tarea pensando en que va a tomar muy
poco tiempo y energía cuando en realidad ocupa gran parte de tu tiempo.
Aprende a dividir las tareas en actividades de 15 minutos para empezar.
Conforme adquieras más práctica, aumenta el tamaño de las tareas y
ayúdate de tu agenda para subdividir las tareas pesadas.

Líberate

La postergación tiene una tendencia a dominar nuestras vidas si no la


sometemos bajo control. Muchos postergadores resignados simplemente
confiesan “Soy un flojo”. Y esperan que esa explicación sea suficiente para
justificarlos. Para nada. La flojera es la postergación fuera de control. Toma
una enorme cantidad de sabiduría y de esfuerzo el romper las cadenas de la
postergación, pero los

Diagnóstico y Tratamiento
El trastorno por déficit de atención, con o sin hiperactividad (TDAH) es un
trastorno de origen neurobiológico que se caracteriza por déficit de
atención, impulsividad, y/o hiperactividad excesiva.

CARACTERÍSTICAS

• Atención y concentración
• Impulsividad
• Hiperactividad

Todas estas características son normales en cualquier niño, pero en el caso de


niños con TDAH se dan con mayor FRECUENCIA E INTENSIDAD y pueden interferir
en su proceso de aprendizaje y/o en sus relaciones sociales.
Estos problemas han de aparecer antes de los 7 años y manifestarse en dos o más
ambientes, por ejemplo, en casa y en la escuela.
También debe de tenerse en cuenta que la sintomatología se manifiesta de forma
diferente según la edad del niño, por ejemplo el exceso de actividad motora y/o
vocal se reduce significativamente en la adolescencia.

Atención y concentración

• Dificultad a la hora de establecer un orden en sus trabajos o pequeñas


responsabilidades a casa.
• Le cuesta "ponerse en marcha" (para vestirse, hacer los deberes.....), pues
se distrae fácilmente con cualquier otro estímulo.
• Presentan problemas para mantener la atención hasta finalizar sus trabajos
(hacen dibujitos, se distraen con el lápiz...).
• Pierden u olvidan cosas necesarias (agenda, abrigo, bufanda, cartera,
deberes.....).
• Parecen no escuchar cuando se les habla.
• Olvidan realizar sus trabajos cotidianos (cepillarse los dientes, recoger la
ropa....).
• Pueden tener problemas a la hora de seleccionar que es lo más importante.
• Prestar atención a dos estímulos a la vez (por ejemplo: seguir lo que dice el
profesor y tomar notas al mismo tiempo).

Impulsividad

• Con frecuencia actúan sin pensar.


• Hablan en momentos poco oportunos o responden precipitadamente a
preguntas que todavía no se han acabado de formular (delante de una
visita, a clase...).
• Les cuesta obedecer las ordenes, no porqué no quieran obedecer, sinó
porque no están atentos cuando se les formulan.
• Suelen ser poco previsores y olvidan planificar (se ponen a hacer sus
deberes sin el material).
• Interrumpen a menudo durante juegos o explicaciones.
• Tienen dificultades para pensar antes de actuar.
• Presentan dificultades para planificar.

Hiperactividad

• A menudo mueven los pies y las manos o se levantan de la silla.


• Van de un lugar a otro sin motivo aparente.
• Se columpian sobre la silla.
• Juegan frecuentemente con objetos pequeños entre las manos.
• A menudo tararean o sorollizan inadecuadamente con la boca.
• Hablan en exceso.
• Durante el juego les cuesta esperar su turno y jugar de forma tranquila.

TIPOS DE TDAH
Según los criterios del DSM-IV (manual de Diagnóstico y Estadística de la
Asociación de Psiquiatráa Americana, 1994) los tipos de TDAH son:

• Inatento: predomina la dificultad de atención.


• Impulsivo-hiperactivo: predomina la dificultad en el autocontrol.
• Combinado: presenta síntomas de inatención, de impulsividad y de
hiperactivitad.

Según los criterios del DSM-IV (manual de Diagnóstico y Estadístico de la


Asociación de Psiquiatría Americana, 1994) los tipos de TDAH son:

• Problemas en el rendimiento escolar.


• Baja autoestima.
• Problemas de adaptación a la escuela.
• Mayor facilidad a tener accidentes.
• Problemas en las relaciones con los familiares y amigos.
• Problemas de sueño.
• Problemas emocionales (depresión, sentimientos de desconfianza,
inseguridad...).
• Manifiestan poca motivación escolar.
• Les cuesta seguir las normas.
• Variables en cuanto a rendimiento escolar.

DIAGNÓSTICO
Un buen diagnóstico será fundamental para que padres y maestros acompañen al
niño con TDAH e intenten evitar la aparición de estos problemas asociados.
Con la entrada en la escuela a primaria suceden cambios importantes, las
exigencias son mayores, los horarios más pautados, el número de niños por
maestro es mayor... pero sobretodo se le exige una gran atención y control sobre si
mismo.
Es por eso que muchas veces el diagnóstico se produce con la entrada del niño a la
escuela ya que las exigencias hacen que sean más evidente las dificultades y la
necesidad de un diagnóstico.
El diagnóstico lo ha de realizar un profesional clínico conocedor del tema. Una
evaluación a nivel médico, psicológico y pedagógico permitirá determinar cual es la
condición del niño a nivel físico, emocional y de aprendizaje.
De esta forma, se podrá descartar que sean otras las causas de su comportamiento
o bajo rendimiento escolar.
Este profesional necesitará, a más de la información que le puedan dar los padres,
información por parte de la escuela mediante informes o cuestionarios, así como la
exploración y observación directa del comportamiento y rendimiento del niño.
POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE EL DIAGNÓSTICO?
Será mediante el establecimiento de un diagnóstico que confirme o descarte el
trastorno cuando se podrá comenzar a proporcionar la ayuda adecuada (el
tratamiento que el niño requiera).
Pero a más a más, el profesional deberá evaluar si existen otros problemas
asociados.
Es importante el diagnóstico precoz para poder abordar adecuadamente los
diferentes problemas que puedan surgir a lo largo de su desarrollo.
Factores que pueden empeorar el pronóstico:

• Diagnóstico retardado.
• Fracaso escolar.
• Recibir una educación excesivamente permisiva o, por el contrario
demasiado severa.
• Ambiente familiar marcado por el estrés, la hostilidad y los desacuerdos
entre los padres.
• Problemas de salud en el niño y retrasos en su desarrollo.
• Precedentes familiares de alcoholismo, conductas antisociales u otros
trastornos mentales.

Factores que ayudan a una buena evolución:

• Diagnóstico precoz.
• Educación coherente por parte de los padres y transmisión de valores
positivos.
• Estabilidad familiar.
• Adaptación y conocimiento por parte de los profesores.
• Colaboración entre los padres y la escuela.

TRATAMIENTO DEL TDAH


El tratamiento del TDAH es multimodal, eso quiere decir que las propuestas de
tratamiento son diferentes en función de las dificultades del niño y de cómo afecte
el trastorno a su vida cotidiana.
Se proponen por tanto, los siguientes componentes posibles de un
tratamiento:

• Conductual para fomentar las conductas positivas.


• Cognitivo para ayudar a establecer un pensamiento organizado en el que el
niño/a adolescente preves las consecuencias de los comportamientos y
busque alternativas.
• Ayuda a los padres: mediante cursos de formación, conferencias, grupos
de trabajo....
• Asesoramiento a profesores: mediante información del TDAH y/o cursos
de formación.
• Farmacológico: siempre bajo prescripción y seguimiento médico.
• Cursos para el niño/a adolescente de habilidades sociales.
• Psicopedagógico o refuerzo escolar especializado.
El tratamiento no cura pero favorece una mejor adaptación social,
académica, familiar y personal, y aborda los problemas y/o trastornos
asociados con la intención de evitar que se compliquen.