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Para otros usos de este término, véase Humanismo (desambiguación).

No debe confundirse con humanitarismo.

Cuatro filósofos humanistas beneficiados por el mecenazgo de los Médicis: Marsilio Ficino,
Cristoforo Landino, Angelo Poliziano y Demetrio Calcocondilas. Detalle del fresco Zacarías en el
templo, de Domenico Ghirlandaio, en Santa Maria Novella (Florencia), 1486-1490.

El hombre vitruviano de Leonardo da Vinci, ca. 1490.

Antonio de Nebrija impartiendo una clase de gramática. Es una de las principales figuras del
humanismo español.

Retrato de Erasmo de Róterdam, por Hans Holbein el Joven, 1523.

Humanismo es un concepto polisémico que se aplica tanto al estudio de las letras humanas,
los estudios clásicos y la filología grecorromana como a una genérica doctrina o actitud vital
que concibe de forma integrada los valores humanos.1 Por otro lado, también se denomina
humanismo al «sistema de creencias centrado en el principio de que las necesidades de la
sensibilidad y de la inteligencia humana pueden satisfacerse sin tener que aceptar la existencia
de Dios y la predicación de las religiones»,1 lo que se aproxima al laicismo o a posturas
secularistas. Se aplica como denominación a distintas corrientes filosóficas, aunque de forma
particular, al humanismo renacentista1 (la corriente cultural europea desarrollada de forma
paralela al Renacimiento a partir de sus orígenes en la Italia del siglo XV),2 caracterizado a la
vez por su vocación filológica clásica y por su antropocentrismo frente al teocentrismo
medieval. Con relación a esta dificultad inherente a la definición de humanismo se ha dicho:

El término humanismo es un concepto huidizo, algo que, paradójicamente, probablemente se


deba al hecho de disponer de una infinidad de “asideros” por los cuales tomarlo. En definitiva,
es un término con una gran diversidad y nebulosidad semántica3.

Maestro Cano, Ignacio C.

Sobre término humanismo también se dice:

El humanismo es uno de los fenómenos históricos más complejos e influyentes en la historia


del pensamiento. No obstante, existe una limitación teórica en la formulación de un concepto
único manifiesta en dos tendencias. La primera, el término humanismo carece de referentes
teóricos que sustenten sus definiciones. La segunda, aunque los asume, define el humanismo a
partir de enfoques diferentes.4

Reynier Rodríguez González


El término Humanismo fue acuñado en 1808 por el teólogo alemán Friedrich Immanuel
Niethammer para referirse a las enseñanzas medias, centradas en el estudio de los clásicos
griegos y latinos. Partía del término humanista, de uso común ya en el siglo XVI y originado en
la jerga estudiantil de las universidades italianas para referirse a los profesores de
humanidades o studia humanitatis.56 En su origen, pues, el humanismo no era un sistema
filosófico sino un programa educativo y literario,7 pero al dar nueva vida a los sistemas
filosóficos clásicos griegos y latinos incorporaba importantes nociones filosóficas de orden
diverso y más bien ecléctico, coincidentes únicamente en dar valor al hombre y al estudio de
las humanidades.8

Considerando que el hombre está en posesión de capacidades intelectuales potencialmente


ilimitadas, los humanistas consideraban la búsqueda del saber y el dominio de diversas
disciplinas como condición necesaria para el buen uso de estas facultades. Defendían, así, la
extensión y expresión en lengua vulgar de todos los saberes, incluyendo los religiosos; la
palabra divina debía hacerse accesible a cualquier persona, fueran cuales fueran sus orígenes o
su lengua, lo que se concretó en las traducciones de la Biblia hechas por humanistas, como la
de Jacques Lefèvre d'Étaples al francés en 1523.

Entendido así, el humanismo trata de exponer y difundir con mayor claridad el patrimonio
cultural. El individuo, correctamente instruido, permanece libre y plenamente responsable de
sus actos en la creencia de su capacidad de elección. Las nociones de libertad o de libre
albedrío, de tolerancia, de independencia, de apertura y de curiosidad son, efectivamente,
indisociables de la teoría humanista clásica.

Por extensión, se llama «humanista» a todo pensamiento que pone en el primer plano de sus
preocupaciones el desarrollo de las cualidades esenciales del ser humano 9. Así, Paul Oskar
Kristeller advierte que el término, asociado en el pasado con el Renacimiento,

en tiempos recientes ha venido a ser causa de mucha confusión filosófica e histórica. En el


discurso de hoy día, casi cualquier clase de interés por los valores humanos recibe el
calificativo de «humanista» y, en consecuencia, una enorme variedad de pensadores —
religiosos o antirreligiosos, científicos o anticientíficos— se siente con derecho a lo que se ha
vuelto un marbete de alabo bastante vago.10

Una extensa categoría de doctrinas filosóficas en torno a la ética afirman la dignidad y el valor
de todos los individuos, basándose en su capacidad para discernir lo bueno de lo malo, el bien
y el mal, haciendo únicamente uso de cualidades humanas universales, en particular la
racionalidad.1112 El humanismo implica un compromiso con la búsqueda de la verdad y de la
moralidad por medios humanos, en particular las ciencias, solidariamente con toda la
humanidad. Al poner el acento en la capacidad de autodeterminarse del individuo, el
humanismo rechaza la validez de las justificaciones trascendentales, por considerarlas
dependientes de lo sobrenatural y de las creencias, tales algunos textos presentados como de
origen divino. Los humanistas desarrollan una moral universal basada en la identidad de la
condición humana.
El humanismo es, en resumen, un componente de una gran variedad de sistemas filosóficos
más específicos y de varias escuelas de pensamiento religioso. Mucho antes de ser
ampliamente empleado en términos políticos, el humanismo es un concepto propio de la
historia de la filosofía, renovada con el Renacimiento, asociado en particular con el
movimiento representado por Erasmo, Michel de Montaigne o incluso por Guillaume Budé, a
quienes corresponde el honor de haberse interesado a la vez por la literatura de la antigüedad
greco-latina y la reflexión personal.

Índice

1 Humanismo renacentista

2 Humanismo secular

3 Humanismo religioso

4 Véase también

5 Referencias

6 Bibliografía

7 Enlaces externos

Humanismo renacentista

Artículo principal: Humanismo renacentista

El humanismo renacentista fue una actividad de reforma cultural y educativa ejercida por
rectores, coleccionistas de libros, educadores y escritores civiles y eclesiásticos, que a finales
del siglo XV comenzaron a ser llamados, en italiano, umanisti (humanistas).1314 Se desarrolló
durante el siglo XIV y principios del XV y fue una respuesta a la educación universitaria
escolástica, que entonces era dominada por la filosofía y lógica aristotélica. La escolástica se
centró en la preparación de los hombres para ser médicos, abogados o teólogos profesionales
y se les enseñaba mediante libros de texto aprobados sobre lógica, filosofía natural, medicina,
derecho y teología.15 Hubo importantes centros de humanismo en Florencia, Nápoles, Roma,
Venecia, Mantua, Ferrara y Urbino.

Los humanistas reaccionaron en contra de este enfoque utilitario y la pedantería


estrechamente asociada a él. Se trató de crear una ciudadanía (con frecuencia incluidas las
mujeres) capaz de hablar y escribir con elocuencia y claridad y por lo tanto capaz de participar
de la vida cívica de sus comunidades y persuadir a otros a acciones virtuosas y prudentes. Esto
se lograría a través del estudio de las "humanidades" (studia humanitatis): gramática, retórica,
historia, poesía y filosofía moral. Como un programa para revivir el legado cultural
(especialmente el literario) y la filosofía moral de la antigüedad clásica, el humanismo fue una
forma de cultura ubicua y no el programa de unos pocos genios aislados como Rabelais o
Erasmo como todavía se cree popularmente.
Humanismo secular

Artículo principal: Humanismo secular

El Humano feliz (Happy Human) es un icono que se ha adoptado como símbolo internacional
del humanismo secular.

El humanismo secular es una completa filosofía de la vida o visión del mundo que abarca la
razón humana, el naturalismo metafísico, la moralidad altruista y la justicia distributiva y
rechaza las afirmaciones sobrenaturales, la fe y religiosidad teístas, la pseudociencia y la
superstición. A veces se denomina Humanismo (con mayúscula y sin adjetivo).

La Unión Internacional Humanista y Ética (IHEU) es la unión mundial de 117 organizaciones


humanistas, racionalistas, arreligiosas, ateas, brights, seculares, Cultura Ética y librepensadoras
en 38 países.16 El "Humano feliz" es el símbolo oficial de la IHEU, además de ser considerado
un símbolo universalmente reconocido del humanismo secular.

De acuerdo con el estatuto 5.1 de la IHEU:17

El humanismo es una filosofía de la vida democrática y ética, que afirma que los seres
humanos tienen el derecho y la responsabilidad de dar sentido y forma a sus propias vidas. Es
sinónimo de la construcción de una sociedad más humana a través de una ética basada en
valores humanos y otros valores naturales en el espíritu de la razón y la libre investigación a
través de las capacidades humanas. No es teísta y no acepta opiniones sobrenaturales de la
realidad.

Tomás Moro y su familia, copia de Rowland Lockey de un original desaparecido de Hans


Holbein el Joven, ca. 1527.

Humanismo religioso

Artículo principal: Humanismo religioso

El humanismo religioso es una integración de la filosofía ética humanista con rituales y


creencias religiosas que se centran en necesidades, intereses y habilidades humanas. Aunque
los practicantes del humanismo religioso no se organizaron oficialmente bajo el nombre de
"humanismo" hasta finales de los siglos XIX y XX, la unión de las religiones no teístas con la
filosofía ética centrada en el ser humano tiene una larga historia. El Culto a la Razón (en
francés: Culte de la Raison) fue una religión basada en el deísmo ideado durante la Revolución
francesa por Jacques Hébert, Pierre Gaspard Chaumette y sus seguidores.18 En 1793, durante
la Revolución francesa, la catedral de Notre Dame de París se convirtió en un "Templo de la
Razón" y durante un tiempo la Dama de la Libertad sustituyó a la Virgen María en varios
altares. En la década de 1850, Auguste Comte, el padre de la sociología, fundó el positivismo,
una "religión de humanidad".19 Uno de los primeros precursores de las organizaciones
contemporáneas oficialmente humanistas fue la Asociación Religiosa Humanista formada en
1853 en Londres.19 Este grupo pionero fue organizado democráticamente con la participación
de hombres y mujeres en la elección de la directiva y promueve el conocimiento de las
ciencias, la filosofía y las artes. El movimiento de Cultura Ética se fundó en 1876. Su fundador
Felix Adler, un exmiembro de la Asociación de Libre religiosa, concibió la cultura ética como
una nueva religión que retendría el mensaje ético en el corazón de todas las religiones. Cultura
ética era religiosa en el sentido de desempeñar un papel decisivo en la vida de las personas y
abordar las cuestiones de interés último.

El humanismo renacentista es un movimiento intelectual, filosófico y cultural europeo


estrechamente ligado al Renacimiento cuyo origen se sitúa en la Italia del siglo XV
(especialmente en Florencia, Roma y Venecia), con precursores anteriores, como Dante
Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio. Busca los modelos de la Antigüedad Clásica
y retoma el antiguo humanismo greco-romano. Mantiene su hegemonía en buena parte de
Europa hasta finales del siglo XVI. A partir de entonces se fue transformando y diversificando
con los cambios espirituales provocados por el desarrollo social e ideológico: los principios
propugnados por la Reforma protestante (luteranismo, calvinismo, anglicanismo) y la
Contrarreforma católica; y más adelante (hasta finales del siglo XVIII) la Ilustración y la
Revolución francesa.

El movimiento, fundamentalmente ideológico, tuvo asimismo una estética impresa paralela,


plasmada, por ejemplo, en nuevas formas de letra, como la redonda, conocida como Letra
humanística, evolución de las letras Fraktur tardogóticas desarrollada en el entorno de los
humanistas florentinos como Poggio Bracciolini y de la cancillería papal, que vino a sustituir
mediante la imprenta a la letra gótica medieval.

La expresión humanitatis studia fue contrapuesta por Coluccio Salutati a los estudios
teológicos y escolásticos cuando tuvo que hablar de las inclinaciones intelectuales de su amigo
Francesco Petrarca; en este, humanitas significaba propiamente lo que el término griego
filantropía, amor hacia nuestros semejantes, pero indicando un eje fundamental opuesto al
teocentrismo de la cultura clerical del medioevo que se situaba en torno al hombre, el
antropocentrismo, como había ocurrido en la cultura clásica grecolatina. Por eso en él el
término estaba rigurosamente unido a las litterae o estudio de las letras clásicas. En el siglo XIX
se creó el neologismo germánico Humanismus para designar una teoría de la educación en
1808, término que se utilizó después, sin embargo, como opuesto a la escolástica (1841) para,
finalmente, (1859) aplicarlo al periodo del resurgir de los estudios clásicos por Georg Voigt,
cuyo libro sobre este periodo llevaba el subtítulo de El primer siglo del Humanismo, obra que
fue durante un siglo considerada fundamental sobre este tema.

El Humanismo propugnaba, frente al canon eclesiástico en prosa, que imitaba el latín tardío de
los Santos Padres y empleaba el simple vocabulario y sintaxis de los textos bíblicos traducidos,
los studia humanitatis, una formación íntegra del hombre en todos los aspectos fundada en las
fuentes clásicas grecolatinas, muchas de ellas entonces buscadas en las bibliotecas monásticas
y descubiertas entonces en los monasterios de todo el continente europeo. En pocos casos
estos textos fueron traducidos gracias al trabajo, entre otros, de Averroes y a la infatigable
búsqueda de manuscritos por eruditos monjes humanistas en los monasterios de toda Europa.
La labor estaba destinada a acceder así a un latín más puro, brillante y genuino, y al
redescubrimiento del griego gracias al forzado exilio a Europa de los sabios bizantinos al caer
Constantinopla y el Imperio de Oriente en poder de los turcos otomanos en 1453. La segunda y
local tarea fue buscar restos materiales de la Antigüedad Clásica en el segundo tercio del siglo
XV, en lugares con ricos yacimientos, y estudiarlos con los rudimentos de la metodología de la
Arqueología, para conocer mejor la escultura y arquitectura. En consecuencia el humanismo
debía restaurar todas las disciplinas que ayudaran a un mejor conocimiento y comprensión de
estos autores de la Antigüedad Clásica, a la que se consideraba un modelo de conocimiento
más puro que el debilitado en la Edad Media, para recrear las escuelas de pensamiento
filosófico grecolatino e imitar el estilo y lengua de los escritores clásicos, y por ello se
desarrollaron extraordinariamente la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía moral y la
historia, ciencias ligadas estrechamente al espíritu humano, en el marco general de la filosofía:
las artes liberales o todos los saberes dignos del hombre libre frente al dogmatismo cerrado de
la teología, expuesto en sistemáticos y abstractos tratados que excluían la multiplicidad de
perspectivas y la palabra viva y oral del diálogo y la epístola, típicos géneros literarios
humanísticos, junto a la biografía de héroes y personajes célebres, que testimonia el interés
por lo humano frente a la hagiografía o vida de santos medievales, y la mitología, que
representa un rico repertorio de la conducta humana más sugerente para los humanistas que
las castrantes leyendas piadosas, vidas de santos y hagiografías de Jacopo della Voragine y su
leidísima Leyenda dorada. Este tipo de formación se sigue considerando aún hoy como
humanista.

Para ello los humanistas imitaron el estilo y el pensamiento grecolatinos de dos formas
diferentes: la llamada imitatio ciceroniana, o imitación de un solo autor como modelo de toda
la cultura clásica, Cicerón, impulsada por los humanistas italianos, y la imitatio eclectica, o
imitación de lo mejor de cada autor grecolatino, propugnada por algunos humanistas
encabezados por Erasmo de Róterdam.

La emigración de sabios bizantinos: debido a que el Imperio bizantino estaba siendo asediado
por los turcos, muchos de ellos buscaron refugio en Europa Occidental, especialmente en
Italia, llevando con ellos textos griegos, promoviendo la difusión de la cultura, los valores y el
idioma griego. Por ejemplo, Manuel Crisoloras, erudito griego de Constantinopla, que enseñó
griego en Florencia desde el año 1396 al 1400 y escribió para uso de sus discípulos la obra
Cuestiones de la Lengua griega, basándose en la Gramática de Dionisio Tracio; su discípulo
Leonardo Bruni (1370-1444) fue el primero que hizo traducciones del griego al latín a gran
escala, como también Ambrosio Traversario, quien además recomendó a Cosme de Médici que
adquiriera doscientos códices griegos de Bizancio o Francesco Filelfo, que se llevó el mismo
muchos otros.

La invención de la imprenta: este invento de Gutenberg permitió el abaratamiento del costo y


la difusión de los libros, garantizando la difusión masiva de las ideas humanistas y la aparición
del sentido crítico contra el magíster dixit o argumento de autoridad medieval.

La llegada al solio pontificio de Tomas Parentucelli, (Papa Nicolás V) y de Eneas Silvio


Piccolomini, (Pío II) convierte a Roma en uno de los grandes focos del Humanismo.
La acción de los mecenas: los mecenas eran personas que con su protección política, con su
aprecio por el saber antiguo, con su afán coleccionista o con la remuneración económica a los
humanistas para que se establecieran o costearan sus obras en la imprenta, facilitaron el
desarrollo del Humanismo. Estas personas reunían obras clásicas y llamaban a eruditos
conocedores de la literatura griega y romana; por si eso fuera poco, los acogían en sus
palacios. Entre los mecenas más destacados sobresalen: la familia de los Médici de Florencia
Lorenzo de Médicis, llamado el Magnífico y su hermano Juliano de Médicis, los pontífices
romanos Julio II y León X, Cristina de Suecia.

La creación de universidades, escuelas y academias: las universidades (como la de Alcalá de


Henares, Lovaina, etc.) y las escuelas del siglo XV contribuyeron en gran parte a la expansión
del Humanismo por toda Europa.