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En otros países hay una serie de hábitos tradicionales que obligan al alumno a dar de

sí todo lo que pueda. En Venezuela hay una serie de hábitos más o menos tradicionales en
sentido contrario: el alumno hace lo menos que puede, el mínimo indispensable para ir
aprobando y graduarse.

Graduarse es el objetivo supremo. Saber no lo es nunca. Y para graduarse, el


alumno recurre a cualquier medio: hacer bajar el nivel de la materia, ablandar al profesor,
copiarse en las pruebas, convertir el curso y el examen en una serie de triquiñuelas…

El enseñar en Venezuela no es tarea fácil. No, me equivoco. Es la tarea más fácil del
mundo si uno la toma con frivolidad: los alumnos, encantados de que uno no enseñe nada,
con tal que luego no exija nada…; hay muchos días de fiesta (el estudiante venezolano es
bastante descreído, pero celebra los santos más que el Vaticano), vacaciones de carnaval, de
Semana Santa, de Navidades (siempre anticipadas por los estudiantes)...

Las consecuencias son siempre calamitosas. La educación venezolana es el sistema


más costoso y complejo para dilapidar y malograr la capacidad de la juventud venezolana.
Muy pronto aprende el alumno la eficacia de la viveza, y se dedica a desarrollarla. Y no hay
nada más alejado de la verdadera inteligencia que la viveza, aunque puede servir para
disimularla. (…).

El alumno venezolano responde si le exigen, si se le obliga a estudiar. Pero, eso sí,


para obligarle a estudiar el profesor debe demostrar que sabe, que trabaja, que se interesa
por la enseñanza, y debe probar carácter y autoridad de profesor. Autoridad que debe ser
justa, equilibrada y humana…

La responsabilidad de la enseñanza venezolana recae en el profesorado. (…). Creo


que la educación moderna, en Venezuela, y en todo el mundo, ha padecido una concepción
halagüeña, simpática, inspirada en buenos y nobles sentimientos, pero errónea: la
enseñanza como juego. La enseñanza como juego está bien para el Kindergarten. Pero ya
desde el primer grado, el aprendizaje es siempre trabajo, y el trabajo es siempre esfuerzo y
dolor…

Aprender y enseñar no es un juego, es un trabajo. Y tiene todo el dolor y toda la


dignidad del trabajo humano. Tampoco la vida es juego, sino duro y dramático esfuerzo, y
desde el primer grado al niño hay que prepararlo para la vida. Con trabajo y con dolor ha
hecho el hombre todas sus grandes creaciones.

El porvenir de nuestro mundo no se presenta de color de rosa. Hacer estudiar a los


alumnos es prepararlos para que puedan afrontar las duras realidades de la vida. Y es
además darles los medios para que desarrollen su capacidad, su personalidad, en bien
propio y del país. La pequeña gloria del maestro está en la grandeza de sus alumnos.

Ángel Rosenblat. La viveza y la inteligencia.


En La Educación en Venezuela, (1975).
Monte Ávila Editores Latinoamericana. Caracas, Venezuela.