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Cordón de Plata y Glándula Pineal

El documento habla sobre la experiencia cercana a la muerte de Anne-Marie Dinkel, una sensitiva suiza, en la que vio su alma separada de su cuerpo físico y otros cuerpos por rayos dorados en lugar de la tradicional cuerda de plata, y sobre el papel de la glándula pineal como posible órgano que permite experiencias extrasensoriales y la proyección astral a través del desarrollo del sexto chakra.

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Cordón de Plata y Glándula Pineal

El documento habla sobre la experiencia cercana a la muerte de Anne-Marie Dinkel, una sensitiva suiza, en la que vio su alma separada de su cuerpo físico y otros cuerpos por rayos dorados en lugar de la tradicional cuerda de plata, y sobre el papel de la glándula pineal como posible órgano que permite experiencias extrasensoriales y la proyección astral a través del desarrollo del sexto chakra.

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EL CORDÓN DE PLATA, EL SEXTO CHAKRA Y LA GLÁNDULA PINEAL

[Link]
01 Yoga, 02 Yogaterapia, 03 Transpersonal / Espiritual, 05 ConCiencia | 0  |     
“Tenía una conciencia muy clara de ser únicamente alma, estaba únicamente
cubierta de luz, no tenía forma alguna, sólo aquella conciencia absoluta de ser
un alma… Estaba, al mismo tiempo, formada por un cuerpo astral, por un
cuerpo mental y, entre los dos, el cuerpo causal. Y vi también la cuerda de
plata y mi cuerpo físico en la cama. Lo que unía entre sí la cuerda de plata era
el cuerpo físico, inmóvil en la cama, y los otros tres, el astral, el mental y el
causal, pero el alma no estaba unida a los demás por la cuerda de plata. Me
encontraba como perpleja, porque tenía antes la plena seguridad de que en el
momento en que dicha cuerda dejaba de unir al alma con el cuerpo o con los
cuatro cuerpos de que acabo de hablar, el ser humano se moría. Pero no es
así. Lo que relaciona el alma con sus cuatro cuerpos no es la famosa cuerda
de plata, sino algo que yo vi entonces con toda claridad, y son como unos
rayos de sol, unos rayos de oro que brotan del alma y luego interpretan los
cuatro cuerpos, como el chakra de los hindúes.”

Así se expresaba Anne-Marie Dinkel, una “sensible” suiza de carácter


extraordinario, en una entrevista realizada por los años setenta por el
investigador de los fenómenos que comprende la parapsicología o la
parapsíquica, Vintila Horia, comentando su experiencia más significativa en el
campo de los viajes astrales y el conocimiento íntimo del alma humana. Decía
que la primera vez que tuvo conciencia de sus poderes fue antes de nacer. Se
encontraba en un lugar al que algunos llaman “el jardín cósmico”, el sitio donde
las almas esperan el momento en que quieran volver a la tierra, encarnarse. Es
en este lugar donde uno espera hasta que encuentra a sus padres; en
definitiva, a todos los componentes propicios para que el alma pueda regresar
a un cuerpo material. “El alma tiene que volver a vivir aquí para saber más,
para aprender, para volver a hacer bien lo que había hecho mal. En el jardín
cósmico no se aprende nada, allí se espera sencillamente”.
Es en otro plano donde el alma se encuentra con “existencias”, o bien “amigos-
guía”, que enseñan al alma la realidad de la existencia o el momento idóneo
para encarnarse de nuevo. Es en este plano al que también las almas, en el
momento de la muerte física, se reencuentran con amigos de vidas anteriores,
así como “guías o seres de luz” que ayudan a tomar la decisión que por ellos
mismos aún no están en condiciones de aceptar, en el caso de que la misión
en la existencia física todavía no se haya completado. “Vi entonces otras luces
moviéndose entre la niebla. Eran como sombras, a veces sin figura alguna,
seres que habían perdido su personalidad, que no lograban recordar quiénes
eran y a los que hay que reintegrar a su verdadera personalidad. Y todas
aquellas luces que se movían en la niebla eran guías que venían desde la
Tierra, como yo, y ayudaban a aquellos seres perdidos que no sabían aún
donde se encontraban, o que, debido a la violencia de su muerte repentina,
habían dejado de tener una conciencia”.
En una operación de cesárea en la que se produjo la muerte clínica, una vez
convencida de la necesidad de reintegrarse a su cuerpo, comentaba: “Noté
como una fuerza que me empujaba o, mejor dicho, me tiraba hacia abajo. Y
luego oí un ruido fuerte, como una ventana que se cerraba o como la tapa de
una caja. Mi cuerpo, probablemente, que volvía a cerrarse en torno a mí”. Más
adelante, afirma: “Yo he visto mi propia cuerda de plata; una vez me la
enseñaron cuando me encontraba fuera de mí y la vi cómo se volvía azul,
luego gris y cada vez más delgada. Entonces, el guía que me acompañaba me
empujó hacia abajo, para volver en mí y que el contacto no se rompiese. ¿Se
da cuenta? En el fondo no hay ningún peligro.
Si la muerte no tiene que suceder, nadie puede cortar el contacto. Los que
mueren es porque ha llegado su momento”. “Esta nube -que algunos podemos
distinguir- es lo que se llama el cuerpo etéreo, lo que lo tiene todo junto, alma y
cuerpo, lo que hace posible la existencia psicosomática… es la misma materia
que los físicos describen como uniendo entre sí los átomos y las moléculas, lo
que antes se llamaba el vacío. Tal vacío no existe, está compensado por algo,
por esta eternidad física y material”. Pero este aura o cuerpo etéreo no sigue al
alma después de su peregrinación, se diluye en el aire, como un gas, y debe
desaparecer, puesto que su misión de unir alma y cuerpo ha terminado.
La sensitiva y médium Concetta Bertoldi comenta a su vez, que los guías
espirituales son seres que han pasado por numerosas vidas en este mundo. La
mayoría siguen reencarnándose, aunque algunos han evolucionado más allá
del proceso de reencarnación; se han apeado de lo que los hindúes denominan
“la rueda de la vida”. Define al Más Allá más bien como un estado o condición,
las cosas tienen una calidad completamente diferente, todo allí es perdón,
amor. Tiene muchas características que pueden parecer tangibles, solo que
más puras, bellas y vibrantes, incluso más reales que lo que aquí conocemos
por realidad. Allí nos movemos en una mezcla entre flotar, andar y volar a la
vez, es como gravitar hacia la luz. Recordamos cada instante de nuestro
pasado con todo detalle. Contemplamos y comprendemos todas las
consecuencias de las acciones e interacciones con todos aquellos con los que
nos hemos encontrado. Y por fin entendemos cuál ha sido nuestro objetivo en
esta vida.
“Se encontraba en un lugar al que algunos llaman “el jardín cósmico”, el
sitio donde las almas esperan el momento en que quieran volver a la
tierra, encarnarse.”
Una clave para entender donde radica la capacidad de acercarnos al mundo
más allá de lo sensorial, a esa intrigante dimensión en la que se derrumban y
pierden sentido las nociones comunes de nuestra existencia material, podría
ser la glándula pineal. Según el doctor en biología Saskia Bosman, la pineal es
una suerte de módem entre el mundo físico y otras dimensiones, entre el
mundo material espacio-tiempo que experimentamos a través de nuestros
sentidos y ese vacío infinito que contiene las supradimensiones, las cuáles
percibimos como el interior llamado “paranormal”, las experiencias
extrasensoriales, los sueños, la clarividencia, telepatía, etc.
La tradición hindú lo asocia al sexto chakra, que rige el tiempo, la percepción y
la luz. Algunos investigadores sugieren que la glándula pineal es también el
órgano sensorial del magnetismo, un sexto sentido que trasforma las ondas
electromagnéticas en estímulos neuroquímicos. Así, los indicadores
cuantitativos de la mayor o menor cantidad de cristales de hidroaxiapatita en la
epífisis -glándula pineal- están directamente relacionados con la capacidad
mediúmnica. Quizá, los que nacemos con déficit en ésta somos los que no
podemos decodificar cierta información extrasensorial, que clarividentes,
telépatas y médiums que la poseen en mayor proporción sí son capaces de
descifrar. Es en este punto donde podemos incidir en que las filosofías y
doctrinas espirituales y religiosas orientales sostienen que de hecho sí se
pueden desarrollar las capacidades psíquicas, abrir el sexto chakra -glándula
pineal-, despertar el tercer ojo…
Veamos lo que nos contaba Lobsang Rampa sobre este despertar y la apertura
del sexto chakra, y su relación con el cordón de plata, en su conocido libro “El
Tercer Ojo”:
“Para nosotros el cuerpo no era más que una cáscara o caparazón animado
por la auténtica personalidad de cada cual, el Superser, que toma las riendas
cuando uno se duerme o se muere. Durante el sueño el hombre regresa a otro
plano de existencia. El espíritu se aparta del cuerpo físico y sale flotando en
cuanto llega el sueño. El espíritu mantiene su contacto con el cuerpo físico por
medio de un «cordón de plata» que no se rompe hasta el momento de la
muerte. Y nuestros ensueños, mientras estamos dormidos, son vivencias que
se realizan en el plano espiritual del sueño. Cuando el espíritu regresa al
cuerpo, el choque del despertar desquicia la memoria onírica a no ser que se
esté entrenado especialmente”.
“El aura que rodea el cuerpo y que cualquier persona, bajo las adecuadas
condiciones, puede aprender a ver, no es más que un reflejo de la Fuerza Vital
que arde en él. Creemos que esta energía es eléctrica, lo mismo que el rayo”.
“En el Tíbet viajamos mucho por medio de la proyección astral -no por
levitación-, y se trata de un procedimiento que podemos controlar a voluntad.
Hacemos que el yo abandone el cuerpo físico, aunque siga unido a él por el
Cordón de Plata. Podemos viajar por donde queramos con la mayor velocidad
concebible. La mayoría de nosotros posee la habilidad de realizar esos viajes,
pero muchos, después de haberse lanzado, han sentido un gran choque
psíquico por falta de entrenamiento. Probablemente todos han tenido la
sensación de dormirse y luego, sin razón aparente, despertarse violentamente,
como por una fuerte sacudida. Esto se debe a una exteriorización del yo
excesivamente rápida, una separación demasiado brusca de los cuerpos fisico
y astral. Esta violenta contracción del Cordón de Plata hace que el cuerpo
astral vuelva, como si tirase de él un elástico demasiado distendido, a
introducirse de nuevo en su vestidura física. De todos modos, la sensación es
mucho peor cuando se regresa después de un viaje.
El ser astral está flotando a enorme altura sobre el cuerpo como un globo al
extremo de una cuerda. Algo, quizá un ruido externo, hace que el astral se
reintegre al cuerpo con excesiva rapidez. Entonces, el cuerpo despierta
repentinamente y tenemos la horrible sensación de estar cayendo por un
precipicio y de habernos detenido en el mismo momento en que íbamos a
estrellarnos”.
“Creemos que estamos en la Tierra para aprender y que en ella es donde
sufrimos todas las torturas que se atribuyen al infierno. El Otro Sitio es para
nosotros aquél donde vamos cuando salimos del cuerpo, o sea el sitio en
donde encontraremos a otras entidades que también se han liberado del
cuerpo. Y no es esto lo que se llama espiritualismo, sino una creencia muy
concreta en que durante el sueño o después de la muerte podremos movernos
con absoluta libertad por los planos astrales. A los más elevados de estos
planos los llamamos «La Tierra de la Luz Dorada». Estamos seguros de que
cuando nos encontremos en lo astral -después de la muerte o durante el
sueño- podremos encontrar allí a las personas amadas, porque estamos en
armonía con ellas. Y nunca veremos a las personas por quienes sentimos
antipatía, ya que ese estado de desarmonía no puede existir en la Tierra de la
Luz Dorada”.
“Somos almas inmortales. Nuestra plegaria: «Om mani padme Hum!» se suele
traducir al pie de la letra de este modo: « ¡la Joya del Loto!» Los que hemos
avanzado un poco más en nuestra religión sabemos que su verdadero
significado es: « el Super-Ser del hombre!» No existe la muerte. Como uno se
quita la ropa al terminar la jornada, lo mismo se quita el alma al cuerpo cuando
éste se duerme. Así como se desecha un traje cuando se ha gastado, también
desecha el alma al cuerpo cuando está excesivamente usado o se ha roto.
Morir no es más que el acto de nacer en otro plano de la existencia. El Hombre,
o el espíritu del Hombre, es eterno. El cuerpo es sólo la vestidura temporal que
cubre el espíritu y es elegido según la tarea que corresponda a cada persona
en la Tierra. La apariencia externa carece por completo de importancia”.
Sobre el cordón de plata ampliamente difundido por la tradición esotérica y su
relación con el cuerpo astral y el físico, se afirma que es una masa de
moléculas que vibran a una velocidad altísima; y a pesar de que el conjunto de
partículas que lo forman contienen todos los colores existentes, su conjunto
desde fuera parece plateado. Este cordón es infinitamente extensible y sin
límites, y el ser humano que viaja en el astral, al separarse de su cuerpo flota al
extremo del cordón de plata de una forma similar a la de una cometa al final de
su cuerda. Cuando el cuerpo físico demanda su parte astral éste es tirado
hacia abajo igual que si tiramos de una cometa.
El Cordón de Plata une la Supraconciencia o Ser Superior con el cuerpo
humano. Impresiones, lecciones, órdenes y, de vez en cuando, alimento
espiritual, proceden del Ser Superior hacia el cuerpo humano, y cuando éste
muere, el cordón de plata se corta y el cuerpo humano es dejado aparte, como
si fuera ropa vieja e inservible que ya terminó su función, mientras el espíritu
continúa. Tanto si viajamos en el presente como si nos introducimos en los
Archivos Akáshicos, que contienen toda la información sobre la existencia
humana, el cordón de plata es la cuerda de seguridad y comunicación entre lo
que percibimos y el plano físico donde se encuentra el cuerpo. Toda la
información nos es transmitida a través de él. Gracias a la capacidad infinita de
extenderse que tiene podemos viajar a todos los planos de existencia, siempre
que nuestra evolución y color de nuestra aura nos los permitan.
La firme convicción en la existencia de ese cordón de plata es antiquísima. Los
iniciados en el viaje saben que pueden trasladar el cuerpo astral a grandes
distancias mientras el cuerpo físico reposa aparentemente dormido. La
conciencia viaja porque goza del privilegio de no estar condicionada por el
espacio ni por el tiempo.
El viaje astral -ligado siempre al cordón de plata- es algo que no puede ser
descrito con palabras, pues es lo más grande que puede conseguir el ser
humano. El mundo astral consta así de numerosos planos y subplanos que se
extienden en serie ascendente desde el más cercano al mundo físico hasta el
más cercano al mundo espiritual. Entre estos dos extremos se puede observar
innumerable variedad de fenómenos y fases de existencia. En los subplanos
inferiores del mundo astral se manifiestan las actividades psíquicas llamadas
clarividencia, clariaudiencia, telepatía, psicometría, etc. También se manifiestan
en estos subplanos inferiores ciertas formas de ectoplasmas, espectros y otras
apariciones de almas desencarnadas, que a veces perciben el hombre y
algunos animales.
Asimismo actúan y se mueven en estos subplanos los seres humanos vivientes
en el mundo físico, que se desprenden temporalmente de su cuerpo físico
durante el sueño o el éxtasis, o deliberadamente, mediante técnicas apropiadas
de meditación. Los colores astrales son los de las auras que circuyen el cuerpo
físico de todo ser humano, y se manifiestan en algunos subplanos del astral. En
otros subplanos se manifiestan los fenómenos psíquicos, las formas de
pensamiento, las ondas y nubes mentales que influyen en la mente y el ánimo
de quienes tienen su misma tónica psíquica.
El moribundo va desprendiéndose poco a poco de su cuerpo físico y, al expirar,
queda el alma revestida del cuerpo astral, que es exacta contraparte del físico
con el que ha coincidido durante la vida terrena. Es el cuerpo astral una forma
de materia mucho más sutil que la física, de modo que escapa a todas las
pruebas que revelan la materia ordinaria. En el momento de la muerte, el
cuerpo astral queda enlazado con el cadáver por un tenue cordón de materia
aérea, que al fin se rompe, y queda entonces el cuerpo astral libre, como
externa envoltura del alma..
Pero este cuerpo astral no es el verdadero ser humano, como tampoco lo era el
cuerpo físico, pues ambos no son más que temporales envolturas del alma. Al
dejar el cuerpo físico, el alma se sume en profundo sueño o estado comatoso,
semejante al del feto en el claustro materno, y así se predispone a nacer en el
mundo astral, pues necesita tiempo para adaptarse a las nuevas condiciones y
cobrar la fuerza y vigor requeridos por la nueva fase de existencia.
“El viaje astral -ligado siempre al cordón de plata- es algo que no puede
ser descrito con palabras, pues es lo más grande que puede conseguir el
ser humano.”
La Naturaleza abunda en estas analogías. El nacimiento en el mundo físico
tiene muchos puntos de semejanza con el nacimiento en el astral y ambos
están precedidos por un período comatoso. Después de la muerte física
permanece el alma dormida en el cuerpo astral que le sirve de protectora
envoltura, como la matriz protege al feto. Al decir que el alma se desprende de
su lastre terreno significamos que se dispone a desecharlo, porque el proceso
efectivo de desecho o desprendimiento del lastre terreno comienza
inmediatamente después del despertar. Cuando el alma siente el impulso de
reanudar la vida, se despereza lenta y lánguidamente, como hace el hombre
terrenal al despertar de un largo y profundo sueño. Entonces, a manera de
mariposa que surge de su crisálida, se desprende el alma del cuerpo astral y
en rápida sucesión desecha los elementos inferiores de su humana naturaleza.
Este proceso es muy corto y se efectúa mientras el alma va recobrando
lentamente su conciencia. Cuando despierta del todo, se halla el alma libre del
lastre de su personalidad y abre los ojos al escenario de sus nuevas
actividades en el mundo astral.
Cada alma está destinada a vivir esta otra vida en el plano congruente con sus
mejores cualidades después de sacudida la escoria de la personalidad. Puede
así el alma progresar notablemente en el mundo astral y durante su vida allí
purificarse de modo que vaya subiendo de nivel. Muy admirable y hermosa es
la circunstancia de que el alma despierta viva en el plano correspondiente a
sus mejores cualidades. Al punto reconocemos que esta circunstancia satisface
los anhelos de nuestra alma y las vivas ansias de nuestro corazón mientras
estamos en el mundo físico.
El alma humana subsistirá millones de eones después de que esta Tierra y
millares como ella se hayan desintegrado y restituido su materia a la sustancia
originaria de la que surgieron. Dar importancia primordial a la vida planetaria de
la Tierra en el orden cósmico es contrario a las enseñanzas de los sabios.
Además, no es cierto, como muchos reencarnacionistas se figuran, que en la
presente etapa de su evolución sólo pueda progresar el alma encarnada en el
mundo terreno. Si bien es verdad que la mayoría de los seres humanos han de
pasar muchas encarnaciones terrestres antes de alcanzar la liberación,
también es cierto que cuando el alma llega a la etapa de evolución espiritual en
que ya no la atan lazos terrenos, entonces es imposible que ni por un momento
vuelva obligadamente a la tierra.
Hay actualmente muchas almas que en los planos superiores están
desprendiéndose de las ligaduras terrenales porque han entrado en la etapa
final de la humana evolución.
También hay ahora en la Tierra muchas almas que están pasando su última
encarnación y al morir su cuerpo físico irán a esferas sin relación directa con el
mundo físico. Existen asimismo otras almas muy adelantadas en el camino de
la liberación, que sólo han de reencarnar una vez más en este mundo, para
después alcanzar un excelso estado de espiritualidad y sabiduría.
Cuando el funcionamiento de los chakras es normal, cada uno de ellos estará
abierto, girando en el sentido de las manecillas del reloj para metabolizar las
energías particulares que necesita del campo de energía universal.
Cuando el chakra gira en sentido contrario a las agujas del reloj, la corriente
fluye del centro hacia fuera, con lo que interfiere el metabolismo. Por tanto, se
dice que el chakra está cerrado o bloqueado a las energías que llegan. La
mayoría de las personas tienen tres o cuatro chakras que giran en sentido
contrario en un momento determinado. Como los chakras no sólo son
metabolizadores de la energía, sino que también la detectan, sirven para
proporcionarnos información sobre el mundo que nos rodea. Si bloqueamos
algún chakra, no dejamos que entre la información. Por tanto, cuando nuestros
chakras fluyen en sentido contrario a las agujas del reloj, hacemos salir nuestra
energía enviándola al mundo, detectamos la energía que hemos enviado y
decimos que eso es el mundo. Es lo que en psicología se llama proyección.
La realidad imaginaria que proyectamos al mundo guarda relación con la
“imagen” que nos hemos formado de aquél a través de nuestras experiencias
infantiles, a través de la mente del niño que fuimos. Dado que cada chakra está
relacionado con una función psicológica específica, lo que proyectamos a
través de cada uno de ellos estará dentro del área de funcionamiento de dicho
chakra y será algo muy personal, ya que la experiencia vital de cada persona
es única.
La glándula pineal, que suele asociarse con el sexto chakra, es rica en un
derivado de la serotonina, llamado melatonina. Este compuesto se metaboliza
fácilmente en una molécula de tres anillos llamada 10-metoxiharmalano, dotada
de propiedades alucinógenas, es decir, que induce visiones interiores. La
glándula pineal contiene fotoreceptores y… la luz y las experiencias visionarias
desempeñan un papel importante en ese plano de la conciencia. Los estudios
parecen indicar que la melatonina y la glándula pineal en general presentan
efectos de inhibición sobre las glándulas femeninas y masculinas de los
mamíferos. Y también se cumple la recíproca, es decir que las hormonas
sexuales como la testosterona, los estrógenos y la progesterona, inhiben a su
vez la secreción de melatonina. De ahí cabe deducir que la actividad sexual,
por cuanto estimula dichas hormonas, podría afectar negativamente a la
apertura de ese chakra del tercer ojo; inversamente, un exceso de actividad de
los centros superiores tal vez perjudique al impulso sexual.
Pero… ¿de qué luz se habla? ¿Puede también referirse a su vez a la luz
espiritual, al aura, al plano astral? De todo lo anterior podemos sacar la
conclusión de que la apertura del tercer ojo, en consonancia con el sexto
chakra hindú, se puede realizar usando y activando de forma consciente la
glándula pineal, que se va atrofiando por diferentes causas a lo largo de la vida,
que sería como el ojo de la aguja por donde transita el cordón de plata que une
todos nuestros cuerpos, o asimismo esos rayos de oro que veía Anne-Maríe
Dinkel que nos posibilitan acceder a los planos superiores de conciencia.
.
“La apertura del tercer ojo, en consonancia con el sexto chakra hindú, se
puede realizar usando y activando de forma consciente la glándula
pineal.”
Por lo visto anteriormente, estamos en condiciones de afirmar que ese
despertar a una supraconciencia no es asunto imposible, puede estar al
alcance de todos los seres humanos, no es magia ni espirtitismo, incluso
quedaría fuera del ámbito de la parapsicología, ya que pasaría a ser la
restitución de un poder perdido, que quizá en tiempos ancestrales
disfrutábamos, y para lo cual poseemos un órgano material que lo hace
posible.
Un personaje extraordinario, llamado Gustav Rol, al que se le ha definido como
el “sensitivo” más importante del siglo XX, el último y auténtico Maestro
Espiritual, cuyos poderes abarcaban cualquier aspecto psíquico imaginable,
aclaraba cuando se le preguntaba sobre el origen de sus poderes: “Yo soy una
persona cualquiera. No tengo nada que ver con los médiums, los curanderos,
los espiritistas que usted entrevista. Éste mundo está lejos de mi mentalidad.
Mis modestos experimentos forman parte de la ciencia. Son cosas que en el
futuro todos los hombres podrán realizar. Siempre he pensado no ser un
sensitivo, un vidente, médium, taumaturgo ni nada por el estilo. Es todo un
mundo, el de la Parapsicología, al que no pertenezco aunque haya conocido
personas verdaderamente dignas y animadas con intenciones nobilísimas. Se
escribe demasiado sobre mí, y muchos de los que lo han hecho pueden decir
que me he quejado por la publicación de una vasta gama de fenómenos y
nunca de lo que transmito, en el intento de dar una explicación a estas cosas
indagando sobre cómo y por qué se producen ciertos eventos maravillosos.
Según le revelaba al escritor Leo Talamonti: “No hay causalidad mecánica y
tampoco casualidad: es el triunfo de la voluntad sobre lo imprevisible, de la
armonía creadora sobre la casualidad”. Todo le sobrevino en 1927, mientras
estaba observando un arcoiris. Le encantó tanto aquel color verde que
permanece en el centro de la inmensa faja irisada, que no pudo apartar los ojos
de él. Lo sintió vivir en sí como pura vibración inmaterial, a la vez que advertía
que aquella vibración le evocaba otra, correspondiente a la quinta nota musical,
la nota sol. Sintió entonces que lo invadía una sensación de calor que se iba
irradiando desde la base del cráneo. Al mismo tiempo se encontró
interiormente transfigurado, como si su yo de antes hubiera ceido el puesto a
otro yo más grande, más fuerte y capaz de vibrar en la onda creativa del propio
Cosmos… Entonces advirtió que podía conocer cosas que permanecían
escondidas a los demás y que, dentro de ciertos límites, imponen su voluntad
hasta a las fuerzas de la Naturaleza. Había descubierto el secreto de lo que él
llamaba “consciencia sublime”.
Una vez le confió al periodista Dino Buzzatti: “Es así que he esperado que
fuera justo la Ciencia la que me ayudara a reconocer y codificar estas
sensaciones mías que estoy seguro de que cada hombre posee, y será la
Ciencia misma quien revelará estas facultades y las promoverá en todos los
hombres”.
Fuente: [Link]

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