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UTOPÍA

***

¡El sin sabor que me deja las cosquillas que corren por mi estómago como si estuviese enamorado, me
estremece tanto, que me da miedo de perderme por la eternidad!

Un vacío sin fin carcome mi cuerpo, me tiemblan las piernas, un desaliento de pánico me deja sin
aliento para pensar, un sudor frío y los vellos erizados fue el sexto sentido que lo pudo notar, solo
quiero que esto acabe, <pensé>.

La mayoría siente eso cuando se enamora - volví a pensar, y me pregunté ¿estaré yo enamorándome
de ella?, al verla me siento perdido en sus ojos de consuelo, solo quiero tocar sus manos de calma y
sentirme refugiado en ella, quizás lo que estoy sintiendo sí es amor.

Es gratificante imaginar lo que pudiese pasar si das ese paso, pasear por el césped verde y suave,
caminando descalzo y agarrando su mano mientras vemos el panorama, desde lejos echar un vistazo a
lo que está pasando en aquella esquina.

Parte 1: Hipnosis

Aquella vez que la vi por primera vez quedé sorprendido al ver algo sin igual, fue atroz ver que se
alejaba de mí y no tenía el valor de correr tras de ella, veía como se alejaba de mí sin ningún
escrúpulo, no me notaba y lo sabía. Sin embargo, me concentré en ella y sabía que en algún momento
sería su opción, o quizás estaba totalmente seguro de ello.

Estaba hipnótico por ella, mientras me perdía en mis pensamientos y caminaba por inercia, escuchaba
voces al fondo del entorno que susurraban de ella, la verdad no decían cosas buenas, pero en el amor
yo la veía con otros ojos, la veía totalmente distinta a la blasfemia que salían de sus lenguas.
Un día la vi pasar, paro frente a mí y me vio a los ojos, la emoción se apoderó de mi sistema, las
lágrimas cristalizaron mi visión y se me perdió lentamente mientras mis vistas se cerraban, no la vi
más.

No podía sacarla de mi cabeza, se quedó en ella durante mucho tiempo. Pensarla se volvió una
prioridad en mí, me asustaba un poco el hecho de acercarme y perderme completamente en sus ojos,
de sentir lo que jamás me había ocurrido y fue así.

El corazón roto en miles de pedazos me hacía sentir inútil, la tuve tan cerca y no ser capaz de haberle
palpado tan siquiera su piel, o haber sentido su aroma me destrozaba aún más de lo que estaba,
llorando y rompiendo mi alma en pedazos quedé dormido.

Parte 2: Un nuevo amor

Desperté, el sol salió y sus rayos al traspasar por mis vellos tocaban cada poro de mi piel, me llené de
alegría y me levanté, asomé mi cara a la ventana y respiré tan fuerte que sentí un aroma nuevo, y fue
allí cuando la vi pasar, algo tímida me vio y me sonrió, sonrojada y diferente me llamó.

Algo nuevo había despertado en mí, empecé a sentir esa emoción de estar con ella todo el tiempo y a
toda hora, así fue, mientras el tiempo pasaba velozmente no quería soltarla, estaba tan apegado a ella,
tan enamorado que me daba miedo dejarla ir.

Todos los días al despertar le daba gracias por esta ahí, me hacía sentir lleno y completo, mis ojos
brillaban y aprovechaba cada segundo que pasaba con ella.

Parte 3: Doble cara

La sensación de mis huesos, mi carne blanda, mi piel porosa y los nervios que rodeaban cada parte de
mi cuerpo sentían paz, en ocasiones me hacía sentir como la partícula más pequeña sin sentido que
pudiese existir, la melodía alegre que rondaba mi alma empezaba a cambiar sus tonos a notas trágicas
y dolorosas.

Me trataba bien, luego cambiaba por completo su forma panorámica de tratarme, sus ojos volvían a
llenarme de ilusión y alegría. Manipulando mis decisiones y pasos que daba empecé a notar su otra
cara, una cara de engaño y mentira, de ilusiones y falsedades, una cara que sonreía mientras disfrutaba
verme sufrir por ella, me tenía en sus manos como un títere sin gracia.

El amor no es para siempre, me lastimó y no le importó, me hirió y no me daba esperanzas de seguir


con ella, me sentía cansado, agobiado, de pensar en que me había engañado, llevaba una máscara y
jamás lo noté, era una maestra en el engaño.

Parte 4: Solo hay un amor en la vida

Llorando y caminando sin sentido alguno, llegué a un barranco tan alto que no veía el fin de él,
sintiendo silbidos del viento en mis oídos me perdí. Las lágrimas saladas y espesas bajaban sobre mi
mejilla tan despacio que sentía como corrían al llegar a mis labios y cuartearlos, ardiendo y sangrando
me dormían la boca.

Sentí un aroma que jamás hubiese podido olvidar, un aroma a tierra húmeda y fría. Era ella,
sentándose al lado mío y poniendo su cabeza en mi regazo y mirándole a los ojos, me perdí. El
silencio se apoderó del aire y sin decirme una palabra alguna me preguntaba el porqué estaba así,
porque nunca la busqué, tenía los labios tan secos y partidos que no intentaba tan siquiera en mover la
boca, solo quería estar allí.

La soledad me acompaña desde niño, el apoyo y consolación en días grises y opacos donde el amor
fue arrebatado, estuvo presente.

Fui un alumno terco y difícil, siendo ella mi maestra buscó varias alternativas para enseñarme una sola
cosa, no era fácil aprender, o quizás sí, más no quería ver más allá del sentimiento confuso y perdido
de compasión.
El odio y el rencor empezó a brotar raíces fuertes y largas donde abrazaban cada vez más fuerte mi
corazón, llenando de ira y resentimiento mi alma.

Al verla, calmó todo eso en mí, tenía nuevas razones para estar con ella, sentí que no la podía dejar ir
de nuevo, ya la había perdido una vez, pensaba que si me hubiese entregado a ese amor y la hubiese
buscado, no habría sufrido tanto.

Noche de Suicidio

No sé si este sea el mejor momento para despedirme, solo tengo curiosidad de sentir más allá de verla
e imaginar el qué pudiese sentir, miedo no tengo, mi mente abarca ideas de lo que escucha, que es
sufrimiento y dolor, ¿acaso eso no me lo dio la propia vida ya? Quizá calma y tranquilidad pueda
sentir, y si no es así qué más da, será como si siguiese vivo.

Me besó y quedé en shock, sentí como caía por el abismo y llegaba al fin de él sin poder verlo, abrí
los ojos y estaba conmigo, la pude ver como en realidad era, dichoso y feliz la tomé de la mano y
caminamos en varios lugares sin dar paso alguno.

Deleité el panorama viendo mi familia, amigos, vecinos y un millar de gente que no distinguía, me
acerqué y caminé entre ellos, sintiendo sus llantos y dolencias, acercándome a mis padres pude
observar que lloraban con arrepentimiento, y fue cuando vi que lloraban por mí.

Vi mi cuerpo frío y tieso a través de un vidrio marcado con huellas y lágrimas, rodeado de una caja de
madera que olía a pintura fresca, bien vestido, con un traje que cubría las cicatrices de la autopsia y
del amor anterior que me dejó marcado.

Ella me susurró al oído diciéndome que era hora de irnos, parpadee y estaba en el paraíso, el paraíso
que algunos llaman infierno.

***
El pensamiento abstracto que tengo sobre la muerte puede ser irónico en muchos sentidos y razones,
la muerte puede ser vida para aquellos que en esta vida estamos muertos, y muerte para los que, en
esta vida, están vivos. Y quizá la palabra vida abarca a vivir de vivencia y respirar, y/o de sentir y
disfrutar.

Puedo estar vivo respirando, pero no vivo sintiendo y disfrutando. Eso, es estar muerto.