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¿Qué hace público a un espacio?

Luis Arturo Saavedra Rubio

En este episodio, el tema que se desarrolla es el espacio público. Por un lado, en su dimensión
conceptual y en el contexto des discusiones que se han suscitado en la academia al respecto. Por el
otro, en la realidad de su práctica, como es vivido por las distintas personas que en él actúan.

El programa comienza con un montaje de viñetas de Puebla, mostrando a diversos usuarios del
espacio público en distintas partes de la ciudad. Inmediatamente, comienza la discusión de los
conceptos centrales de lo público en el espacio.

Si bien se define a la ciudad como experiencia condensada en el espacio, se hace énfasis en que la
cualidad sustantiva de la realidad urbana es la concentración de la diversidad. Entonces, si el
territorio es la apropiación del espacio, la ciudad es el territorio caracterizado por el encuentro de
los distintos. Desde esta perspectiva, ciudad y espacio público son sinónimos.

Esta diversidad en el espacio público es representada con entrevistas a todo tipo de usuarios. Si algo
queda claro de estos diálogos, es que la construcción en la práctica de estos sitios donde todos
tienen cabida es un proceso continuo. No sólo eso, sino que es un proceso caracterizado por la
tensión, el conflicto y la resistencia.

En la experiencia de los usuarios más jóvenes, los espacios públicos de Puebla son todo menos
inclusivos. Si bien mencionan conflictos con otros usuarios, esto es característico de los lugares
compartidos; por lo que resultan más interesantes las ocasiones en que es la autoridad quien inhibe
directamente el uso del espacio público. En el caso de Puebla, se muestran dos ejemplos; cuando
los bboys tuvieron que conseguir un permiso del ayuntamiento para continuar bailando en el Zócalo
y la alta frecuencia en la que los skaters son acosados por la policía.

Esta realidad de los espacios públicos limitados o excluyentes se revela con mayor intensidad en los
sitios que han llegado a suplirlos: los lugares de consumo. Aunque estrictamente se trata de espacios
privados, los usos de centros comerciales abiertos y cerrados guardan importantes similitudes con
los espacios públicos tradicionales; aunque con una diferencia importante. Aunque llegan a albergar
momentos de reproducción social, estos siempre son mediados por los intercambios comerciales.

Por su concepción desde una lógica mercantil, los lugares de consumo no pueden llegar a ser
genuinamente públicos. El guardia de seguridad de Angelópolis lo sintetizó de forma elocuente
cuando reprendió a las adolescentes que pretendían grabar un vídeo de baile en el centro comercial.
Ese no es un lugar para esas actividades y, por lo tanto, tampoco es un lugar para ellas.

También me pareció reveladora la entrevista a la mujer que se manifestaba en contra del turismo.
Es claro que desde hace algunas décadas se ha buscado desde el poder asociar el territorio del
centro histórico a ciertos significados. En términos generales, se ha tratado de imponer la
configuración de un imaginario de “ciudad de los ángeles” o “ciudad barroca”, a través de fachadas
multicolor y calles congeladas en el tiempo.

Desde este enfoque, el paradigma del patrimonio cultural y la noción del centro histórico se erigen
como recursos para la privatización del espacio público. En los reclamos de la mujer se revela una
tensión entre los ciudadanos que exigen un foro democrático en la centralidad más importante de
su ciudad y el gobierno que encuentra un uso más conveniente para ese espacio en la
mercantilización de sus valores artísticos e históricos.

Muchos de estos elementos me permiten trasladar la discusión desarrollada en el programa a mi


zona de estudio, ya que ninguno de los espacios públicos que se muestran en él funcionan del mismo
modo que he podido observar en el Barrio de San Antonio.

Definitivamente existen tensiones en el uso cotidiano de los equipamientos deportivos, el parque y


las calles del barrio. Sin embargo, estas tensiones ocurren y se resuelven entre los usuarios; sin
intervención de la autoridad. También es un espacio abierto a usos emergentes: las calles se
convierten en lugar de fiesta, feria y procesión de acuerdo a la fecha; los muros son intervenidos
por grafiteros, cuyas obras luego son pisadas por otros; el juego se llega a extender mucho más allá
del parque.

De alguna manera, se podría afirmar que el espacio público en un barrio estigmatizado, como lo es
San Antonio, es más democrático y más exitoso que en zonas de mayor ingreso. Sin embargo, si nos
ceñimos a la definición del espacio público como un sitio para el encuentro de los diversos,
notaremos que la conformación demográfica de sus usuarios es relativamente homogénea.
Particularmente, los poblanos de nivel socioeconómico medio o superior no participan de la vida
pública de los barrios.

Esta perspectiva nos podría hacer creer que la mayor heterogeneidad en los usuarios de sitios como
los centros comerciales o las vías primarias les hace mejores espacios públicos. Por eso me parece
importante que al definir espacio público siempre se haga énfasis en que es la frecuencia y la
diversidad en el uso por los habitantes menos favorecidos de la ciudad lo que da valor al territorio
que se comparte. Como menciona el habitante de Valle del Paraíso, la meta es tener un lugar que
se sienta propio.

Referencia

IberoTV. (2016). La Ciudad Contemporánea Cap. 6 - Espacio público autoconstruido (Vídeo).


Recuperado de https://vimeo.com/143656362