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Todos los domingo del año

-Me resisto a pensar que sea una mera cuestión de formas. Dijo José mientras cogía un
panecillo.
-Estoy de acuerdo. Contestó Roberto mientras aliñaba la ensalada. El hecho de que un
chico se ponga pechos y se opere los genitales, no creo que le convierta en mujer.
-Entonces, ¿qué es? No creo que sea jugar con muñecas o jugar al fútbol lo que marque
la diferencia. Replicó Sofía mientras se acercaba un vaso de limonada a los labios.
- Yo intento ver cuál las diferencia y cada vez lo veo menos claro. Comentó Isabel.
….
José, representado por un hombre, se distinguía de Isabel, su mujer, por tener forma
diferente.
José siempre se sentaba en el lado izquierdo de la mesa e Isabel a la derecha.
Víctor, el pequeño de la casa, por lo visto tenía un problema. Este problema no era otro
que el que todos habían decido que tenía un problema.
Roberto, el hermano mayor de Víctor, tenía una hija, Rosalía, aun teniendo forma de
mujer, se comportaban diferente por el hecho de serlo.
Víctor, el pequeño, sabía que era mujer.
Todos los domingos se juntaban para comer en el porche.
José y Roberto en el lado izquierdo de la mesa e Isabel y Sofía a la derecha.
Todos estaban centrados en la idea que tenían de Víctor.
Víctor, les escuchaba y veía como ellos mismos se diluían en sus creencias y se
olvidaban de que son ellos los que creen.
-¡Nunca aprenderán! Le dijo Víctor a Rosalía mientras la invitaba a jugar.