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Introducción

Por Benjamín Figueroa

La historia élfica y de toda Arda, tal como nos ha llegado ahora, es, a todas luces, una composición
bellamente intrincada. Si bien he dividido mi colección personal sobre estos primeros escritos de
los Días Antiguos, el gran legado de J. R. R. Tolkien que ha sido publicado por su hijo Christopher a
lo largo de la serie Historia de la Tierra Media, en Tradición Élfica de Rúmil y Pengolod, y El Libro
de los Cuentos Perdidos de Ælfwine (quien lo escribió basándose en lo que pudo recordar de su
visita a Tol Eressëa, y es por ello el texto más oscuro y poco confiable), se hace necesaria alguna
explicación ya que la primera de estas divisiones, Tradición Élfica, que es el contenido del presente
libro, también hace mención de Ælfwine en varias oportunidades. Y es que este Marinero, que ha
permanecido en las sombras por muchas décadas, ha desempeñado un papel fundamental en la
transmisión del Legendarium.

Es por ello que en esta introducción realizo una presentación de cada uno de los cronistas y
maestros de tradición de la historia de Arda, la relación que hay entre ellos, y cómo encajan todos
en la transmisión de los distintos relatos y tradiciones. Mucho de lo aquí escrito fue inspirado en la
obra de Måns Björkman, Los Cronistas de Arda.

Rúmil de Valinor

Rúmil es, sin lugar a dudas, el más antiguo de los cronistas. Su nombre figura en los relatos y
textos más viejos del Legendarium. El significado de su nombre es desconocido, aunque puede
que, como muchos de los nombres élficos primitivos, no haya tenido ninguno, tal como se indica
en La Marca de Fëanor.

Rúmil era un maestro de tradición de los Noldor y un sabio que vivió en la ciudad de Tirion, en la
beatitud de Valinor. Por la información que da Pengolod acerca de él sabemos que fue
denominado como el Antiguo Sabio de Tirion, y redactó bastantes documentos de suma
importancia, muchos de ellos relativos especialmente a Valinor. Gran parte del saber élfico puede
remontarse hacia su obra. Sin lugar a dudas, el más famoso de ellos es la Ainulindalë, en la cual,
como es sabido, se habla del origen del mundo, y que sirve de introducción al Quenta Silmarillion.

Al parecer, con el tiempo Rúmil desempeñó cada vez menos su labor como sabio (deducción en
base al hecho de que es improbable que haya muerto en Aman), ya que muchos textos en los que
es citado dan la impresión como si fuese un docto erudito desaparecido hace bastante tiempo.

La obra denominada I Equessi Rúmilo (“Los Dichos de Rúmil”). Entre otras cosas, trata de la lengua
Valarin. En una nota que aparece en Los Quendi y los Eldar de Pengolod, se dice lo siguiente: “…
hay referencias al Lambe Valarinwa en los antiguas cuentos e historias, aunque son pocas y
dispersas. La mayoría de estas parecen derivadas de la tradición oral de Los Dichos de Rúmil (I
Equessi Rúmilo), el antiguo sabio de Tirion, sobre los primeros días de los Eldar en Aman y sus
primeros tratos con los Valar. Sólo parte de estos Equessi se conservaron en la memoria de los
sabios durante los años oscuros del Exilio. Todo lo que puedo encontrar o recordar lo he reunido
aquí (refiriéndose a las Lhammas)”.
Si hay algo que revela la grandeza de Rúmil, y por lo que alcanzó renombre es la invención de un
alfabeto, las Tengwar de Rúmil. En los Anales de Amán se dice: “1179 Este año Rúmil, el más
renombrado de los sabios en la ciencia del lenguaje, inventó las letras y empezó a poner por escrito
las lenguas de los Eldar y sus canciones y sabiduría”. El nombre de este alfabeto también era
Sarati según Los Quendi y los Eldar, donde se afirma que: “Las letras fëanorianas siempre se
llamaban Tengwar en Quenya, aunque Sarati sigue siendo el nombre para las letras de Rúmil”. Es
en base a este sistema, el más antiguo de Arda, que Fëanor se inspiró y desarrolló sus propias
letras, como un perfeccionamiento al trabajo anterior, y que serían utilizadas posteriormente por
casi todos los pueblos que habitaban la región occidental de Endor.

Otro documento de gran interés para los historiadores y cronistas es el texto llamado Los Anales
de Aman. Es considerada una de las principales fuentes para el Quenta Silmarillion pues en ella se
reúnen los principales acontecimientos en Valinor desde la creación de Eä hasta la creación del Sol
y la Luna. Los Anales se declara enfáticamente que: “Rúmil los hizo en los Días Antiguos, y los
Exiliados los conservaron en la memoria”.

Es bien sabido que Rúmil tuvo un especial interés en las lenguas. El oscuro texto de El Libro de los
Cuentos Perdidos hace referencia a que había aprendido muchas lenguas, aunque la inexactitud
que reputa aquel texto hace que este dato sea a menudo cuestionado, aunque la invención de las
Sarati y los escritos que produjo concernientes a las lenguas de los Elfos, y que Pengolod el Sabio
leyó y los utilizó en sus Lhammas, dan muestras claras de ello.

Al vivir en Tirion como uno de los maestros de tradición de los Noldor, Rúmil gozó de un
salvoconducto directo a la ciencia de los Valar. Es probable que fruto de esa ventaja fuese el corto
ensayo astronómico llamado Ambarkanta, “La Forma del Mundo”, donde se lee claramente De
Rúmil (quizás sea el único trabajo enteramente suyo que nos ha llegado sin intermediación de otro
autor). Esta obra dilucida los cambios acaecidos en el aspecto y forma de Arda, y debió ser escrita
en algún punto de la Segunda Edad posterior a la caída de Númenor, puesto que considera el
hecho del cambio sucedido en ese tiempo, es decir, el cambio de Arda a ser un mundo redondo, y
el alejamiento del antiguo Occidente.

Un pasaje de un manuscrito del Quenta Silmarillion perteneciente a Pengolod dice lo siguiente: “…


son llamados Mandos y Lórien… Sin embargo, éstos no son sus verdaderos nombres… Pues sus
nombres verdaderos rara vez se pronuncian, salvo en secreto: son Námo e Irmo. Dijo Rúmil ”. Con
ello podemos deducir que cuando Pengolod retornó a Valinor a mediados de la Segunda Edad,
Rúmil vio su Quenta Silmarillion y realizó en él unas pocas adiciones y correcciones de gran
importancia. Es necesario agregar, sin embargo, que muchos manuscritos omiten esta referencia,
por lo que lo aquí dicho no pasa de ser una mera conjetura.

Exceptuando las notas y preámbulos que se hacen con respecto a él y a su variada obra, Rúmil no
se menciona en ningún texto narrativo (excluyendo El Libro de los Cuentos Perdidos, pero ya se ha
dicho mucho con respecto a lo allí escrito) y nada se sabe de él en edades posteriores. Cuando
Ælfwine llegó a Tol Eressëa, muchos siglos después, es como probable que Rúmil se encontrase
allí. Lo que sí Ælfwine leyó en la Isla fueron muchos de sus trabajos, pero estos le fueron dados por
Pengolod (quien además le contó muchas historias de la tradición élfica), más nunca se encontró
con él, algo que contradice el mencionado Libro de los Cuentos Perdidos. Lo más seguro es que
Rúmil mantuviera su residencia en Tirion sobre Túna, y que aún more allí.
Pengolodh de Gondolin

Para evidenciar el renombre del que hace gala Pengolodh (también conocido como Pengolod,
Pengoloth o Pengoloð) basta con citar lo que de él se dice en uno de los Apéndices de Los Quendi
y los Eldar: “Aunque Fëanor después de los días de su primera juventud no tomó más parte activa
en el saber lingüístico y la investigación, se le acredita por tradición la fundación de una escuela de
Lambengolmor, “Maestros de las Lenguas”, para continuar con este trabajo. Esta continuó
existiendo entre los Noldor, incluso a través de los rigores y desastres del exilio de Aman y las
Guerras en Beleriand, y sobrevivió hasta el retorno a Eressëa. De aquella escuela, el miembro más
eminente después de su fundador fue, o lo es todavía, Pengolodh, un elfo de ascendencia mixta,
sindarin y noldorin, nacido en Nevrast, que vivió en Gondolin desde su fundación. Escribió tanto en
Sindarin como en Quenya. Él fue uno de los sobrevivientes de la destrucción de Gondolin, de la cual
rescató algunas escrituras antiguas, y muchas de sus propias copias, compilaciones y comentarios.
Es debido a esto, y a su prodigiosa memoria, que gran parte del conocimiento de los Días Antiguos
fue preservado”. Es por tal labor que se consagra, entre otras cosas, como el mayor cronista de la
Tierra Media.

El nombre de Pengolodh es de origen Sindar y probablemente derive de una palabra basada en la


raíz KWET- (y PET-) “decir, palabra, relato, alguien” (según Las Etimologías y el Dangweth
Pengoloð), y de Golodh “Noldo, sabio, conocimiento” (tal como se ve en el Apéndice lingüístico de
El Silmarillion), que combinándose significa “Sabio de la Enseñanza, Doctor de la Tradición o
Alguien sabio”. En el Dangweth Pengoloð y en De Las Lembas podemos encontrar la forma Quenya
de su nombre: Quengoldo o Quendingoldo. En El Libro de los Cuentos Perdidos se hace mención a
un Elfo llamado Gilfanon, quien parece ser cumplir el papel de Pengolod pues, en aquel texto, este
Elfo recibe a Eriol (Ælfwine) en su casa en Tavrobel y le pide que tome nota de todo aquello que ha
escuchado. Sin embargo, dicha similitud y referencia es en gran medida oscura al provenir de
aquel escrito.

Como se ha mencionado, Pengolodh fue unos de los sobrevivientes de Gondolin y es de suponer


que formó parte del grupo que escapó bajo el mando de Tuor e Idril, y vio caer a Glorfindel en la
emboscada de los orcos y el Balrog. Con el tiempo todos ellos llegaron a los Puertos del Sirion y allí
se establecieron, mezclándose con los remanentes de Doriath. En aquel refugio disfrutaron de un
breve periodo de paz, y cierta prosperidad, que fueron atribuidos al Silmaril de Eärendil, hijo de
Tuor que lo recibió de su esposa Elwing. Se nos dice en Los Quendi y los Eldar que allí Pengolod
“antes del derrocamiento de Morgoth y la ruina de Beleriand, reunió mucho material entre los
sobrevivientes de las guerras en las Desembocaduras del Sirion sobre los lenguajes y sistemas de
gestos con los que, debido al aislamiento de Gondolin, no había tenido ningún contacto directo.”
Esto fue para él un nuevo campo para desarrollar su erudición.

El interesante documento llamado De las Runas nos da un dato importante de este periodo de la
vida del Lambengolmor. Dice lo siguiente: “El nombre «alfabeto de Dairon» se debe a la
conservación en esta caligrafía de algunos fragmentos de canciones de Dairon, el desafortunado
trovador del Rey Thingol de Doriath, en los trabajos realizados en las antiguas lenguas
Beleriándicas por Pengolod, el Sabio de Gondolin. Los Noldor no usaban mucho esta caligrafía, ni
siquiera en Beleriand, aunque Pengolod cita casos de inscripciones en Nargothrond y las
Desembocaduras del Sirion que están en la lengua Noldorin… El conocimiento de su uso por los
Elfos ahora sólo está preservado en libros en Eressëa… en los trabajos de Pengolod de Gondolin de
las lenguas Beleriándicas, y otros escritos similares. Pengolod copió y dio extractos de diversas
inscripciones y libros que todavía existían en su época”. Con eso podemos ver claramente que su
labor en los Puertos del Sirion sirvió para aprender y rescatar una de las obras más importantes de
Daeron, y que así no pasaran al olvido.

Es posible que Pengolodh ayudara en la ampliación de Los Anales Grises y los llevara con él a
Valinor, como se indica al inicio de los mismos: “Estos son los Anales de Beleriand tal como fueron
hechos por los Sindar, los Elfos Grises de Doriath y los Puertos, y ampliados a partir de los registros
y recuerdos del remanente del Noldor de Nargothrond y Gondolin en las Desembocaduras del
Sirion, de donde fueron traídos de vuelta a Occidente”. A pesar de estas suposiciones, lo que sí se
puede afirmar con seguridad es que él hizo comentarios y adiciones a los mismos.

Otro trabajo importante que realizó Pengolod fue su trabajo con la lengua de los Enanos. El sabio,
pese a que se le permitió a los Noldor retornar a Aman o a Eressëa, decidió quedarse para avanzar
en su labor. Se indica en el ya citado Los Quendi y los Eldar lo siguiente: “Se dice que Pengolodh
permaneció en la Tierra Media hasta bien entrada la Segunda Edad por el avance de sus
investigaciones, y por un tiempo habitó entre los Enanos de Casarrondo (Khazad-dûm)”.

Posiblemente en Lindon o Eregion escribió el texto llamado Lhammas (“Historia de las Lenguas”),
donde diserta acerca de las lenguas de Hombres, Elfos y otras razas. En esta obra cita mucho del
trabajo de Rúmil, pues hace referencias al Equessi Rúmilo. También escribió un relato abreviado
sobre las lenguas élficas, llamado Lammasethen.

Al final, este prolífico erudito abandonó la Tierra Media. Se nos cuenta lo siguiente en Los Quendi
y los Eldar: “Pero cuando la sombra de Sauron cayó sobre Eriador, abandonó la Tierra Media, el
último de los Lambengolmor, y navegó hacia Eressëa, donde tal vez todavía mora”. Se debe
recordar lo que dice El Silmarillion: “En ese tiempo muchos Elfos de la Tierra Media huyeron a
Lindon, y desde allí se fueron por el mar para no volver más; y muchos fueron destruidos por
Sauron y sus servidores”.

En Eressëa continuó la Cuenta de los Años de Quennar i Onótimo, que había quedado
interrumpida al comienzo de la Primera Edad del Sol, como se indica en su introducción: “ Aquí
terminan los Días Antiguos con el nuevo cálculo del tiempo, según afirman algunos. Pero la
mayoría de los maestros de tradición dan ese nombre también a los años de la guerra con
Morgoth hasta su derrocamiento y expulsión. Hasta ahora Quennar i Onotimo ha compilado este
recuento y ha calculado los años. Aquí sigue la continuación que Pengolod hizo en Eressëa”.

Los eruditos, guiados por la tradición, atribuyen la autoría del Quenta Silmarillion a Pengolodh,
más su labor solo consistió en la compilación de muchas tradiciones, leyendas e historias en un
solo libro. Las principales fuentes de las que dispuso fueron los trabajos de Rúmil y suyos (los
Anales, la Ainulindalë, etc.), los Anales Grises, la Narn i Chîn Húrin, y el Libro Dorado, como lo
indica Ælfwine en algunas introducciones que se encuentran en muy pocos manuscritos: “Estas
historias fueron escritas por Pengolod el Sabio de Gondolin, en la ciudad antes de su caída, y
después en Tathrobel, en la Isla Solitaria, Tol Eressëa, después de regresar al Oeste. Para su
composición utilizó mucho los escritos de Rúmil, el Elfo Sabio de Valinor, sobre todo en los anales
de Valinor y la historia de las lenguas, y también utilizó los relatos que se conservan en el Libro
Dorado. De la obra de Pengolod aprendí muchas cosas de memoria, y las volqué en mi lengua,
algunas durante mi estancia en el Oeste, pero la mayoría después de regresar a Britania ”. Como se
dijo con anterioridad, también Rúmil revisó El Silmarillion y realizó algunas adiciones.

Cuando muchos siglos transcurrieron, Ælfwine el Marinero arribó a Tol Eressëa. En ella conoció a
Pengolodh y este le relató muchas de las leyendas, respondió sus preguntas y le enseñó varios
textos de tradición, llegando a ser, por estos hechos, un vínculo trascendental entre los Días
Antiguos y nuestra era, como lo señala el Profesor Tolkien.

Es menester hacer aquí una aclaración. Si bien este dato parecería ser contradictorio con una nota
que aparece en La Marca de Fëanor, que dice: “El Silmarillion no se trata de un título o una obra
eldarin, sino de una compilación, probablemente realizada en Númenor, que incluye (en prosa) las
cuatro grandes historias o baladas de los héroes de los Atani, de las cuales «Los Hijos de Húrin»
probablemente fuera compuesta en Beleriand ya en la Primera Edad, pero que necesariamente
viene precedida por la historia de Fëanor y la hechura de los Silmarils. No obstante, todas son
obras «humanas»”, lo que indicaría que el Quenta Silmarillion y los relatos que lo acompañan no
tuvieron relación alguna con Pengolod y Ælfwine, una de las conclusiones posibles es que, dada la
amistad que existía en un comienzo entre los Númenóreanos y los Elfos de Eressëa, hayan existido
las mismas fuentes y manuscritos en ambas islas, y que estos pervivieron gracias al conocimiento
salvado por Elendil y sus hijos, y a lo brindado por Pengolod a Ælfwine muchos milenios después,
pues disponía de los textos de las historias y de su impecable memoria, por lo que ambas
tradiciones pueden ser posibles.

Quennar i Onótimo

Como es evidente que tanto Rúmil como Pengoloth hacen mención de él, es necesario hacer aquí
una breve reseña sobre este misterioso sabio Elfo, aunque de ya es preciso declarar que no es
mucha la información que se dispone acerca de él.

Como la gran mayoría de los grandes sabios, es de suponer que Quennar pertenecía al clan de los
Noldor, y puede que haya sido uno de los elfos en despertar en el Cuiviénen y seguir a Oromë en el
éxodo a Valinor.

Por las citas que se hacen de él se presume que Quennar escribió únicamente dos textos, los
cuales ejercieron gran influencia en los trabajos posteriores de Rúmil y Pengoloth. De estos libros
el primero, Del Principio del Tiempo y su cómputo, es la base del comienzo de los Anales de Aman.
Basta con citar ese dato para ver el papel de su obra en los Anales: “Pero la medida que hicieron
los Valar de las edades de sus trabajos no es conocida por ninguno de los Hijos de Ilúvatar, hasta la
primera floración de Telperion en Valinor. A partir de entonces los Valar contaron el tiempo según
las edades de Valinor, cada una de las cuales tenía  cien  Años de los Valar; pero cada año de ellos
era más largo que  nueve  años bajo el Sol.”. Con ellos se revela mucha información concerniente a
cómo funciona el tiempo en Aman, los denominados Años Valianos, medida temporal utilizada en
los Anales.

Su segundo trabajo, Yénonótië (La Cuenta de los Años), también fue utilizado por Rúmil en la
composición de los Anales de Aman. Este trabajo, al igual que el primero, incluye material
referente al cómputo del tiempo. Si bien Rúmil no expresa la fuente de donde sacó la información
expuesta en esa parte de su obra, esta se nos hace conocida gracias a la anotación que hace
Pengolod a lo escrito por Rúmil: “El año del Sol se acortó  debido al aumento de la velocidad de
todo desarrollo, así como de todo cambio y marchitamiento, que los Valar sabían que tendrían
lugar tras la muerte de los Árboles. Y después de que acaeciera este mal los Valar computaron el
tiempo en Arda según los años del Sol, y así lo hacen todavía, incluso después del Cambio del
Mundo y el ocultamiento de Aman; pero ahora cuentan diez años del Sol como un año,  y mil como
un siglo. Esto está extraído del  Yénonótië  de Quennar: dijo Pengoloð”. Es esta misma obra la que,
como se mencionó anteriormente, fue completada por Pengolod en Eressëa.

Del por qué abandonó el trabajo de la escritura y la producción de saber élfico es algo de lo cual
solo se puede conjeturar. Es de todos sabido que la historia de los Noldor fue muy intensa después
del desencadenamiento de Melkor, y muchas más cosas se vieron alteradas por la rebelión de
Fëanor. Pero qué fue de Quennar es algo que seguirá en las sombras de la historia.

Dírhaval de los Puertos

Este poeta adquiere suma importancia dado que su obra fue compartida por Pengolod a Ælfwine.
Sabemos de Dírhaval por las notas de Christopher Tolkien en Los Cuentos Inconclusos y Los Hijos
de Húrin. En ellos hace referencia a dos distintas introducciones a la Narn i Chîn Húrin, que
posiblemente vengan de dos distintos manuscritos de la misma obra. La primera de estas
introducciones es una presentación de la traducción que hace Ælfwine de esta historia, y como el
acceso a ella es difícil para muchos de los lectores la transcribo por completo aquí:

Aquí comienza esta historia que Ælfwine escribió sobre los Hijos de Húrin: que es la más
larga de todas las Baladas de Beleriand y que ahora se conserva en la memoria de Eressëa.
Pero se dice allí que, aunque hecho en la lengua de los elfos y utilizando mucha sabiduría
élfica (especialmente de Doriath), este Balada fue la obra de un poeta humano, Dírhaval,
que vivió en los Puertos en los días de Eärendil y reunió allí todas las noticias y
conocimientos que pudo sobre la Casa de Hador, ya sea entre los hombres o los elfos, los
sobrevivientes y fugitivos de Dor-lómin, Nargothrond, o Doriath. De Mablung aprendió
mucho; y por casualidad también encontró a un hombre llamado Andvír, que era muy
viejo, pues era hijo de aquel Andróg que perteneció a la banda de forajidos de Turín, y solo
él sobrevivió a la batalla en la cima de Amon Rûdh. De otro modo, todo el tiempo entre la
huida de Turín de Doriath y su llegada a Nargothrond, y los actos de Turín en aquellos días,
se habrían mantenido en secreto, salvo lo poco que se recordaba entre la gente de
Nargothrond con respecto a asuntos como los de Gwindor o Turín revelados alguna vez.
De esta manera también se aclaró la cuestión de Mîm y sus posteriores tratos con Húrin.
Este Balada fue todo lo que Dírhaval escribió, pero fue estimado por los elfos y perduró en
su memoria. Dírhaval, dicen, pereció en la última incursión de los Hijos de Fëanor a los
Puertos. Su Balada fue compuesta en esta forma de versificación que fue llamada
Minlamad thent / estent. Aunque esta versificación no era totalmente diferente de la
conocida versificación de Ælfwine, la tradujo a prosa (incluyendo, o agregando en el
margen según le pareció, elementos de comentarios dados por elfos que había oído o
visto); pues él mismo no tenía el don de la poesía, y la transferencia de esta larga historia
de los elfos al inglés fue bastante difícil. De hecho, aunque se hizo, con la ayuda de los
elfos, como parecería de sus notas y adiciones, su historia es oscura en algunos aspectos.
La segunda fue escrita, presumiblemente, por el mismo Ælfwine, y por las mismas razones
expuestas anteriormente lo trascribo por entero aquí:

Todavía se cantan muchas canciones, y los elfos de la Isla Solitaria siguen contando
muchas historias, acerca de la Nirnaeth Arnoediad, la Batalla de las Lágrimas
Innumerables, en la que cayó Fingon y la flor de los Eldar fanáticos. Pero aquí contaré
como pueda una historia de Hombres que Dírhaval de los Puertos escribió una vez en los
días de Eärendil. La llamó Narn i Chîn Húrin, el Historia de los Hijos de Húrin, que es el más
largo de todos los relatos que se recuerdan ahora en Eressëa, pese a que fue hecho por un
hombre.

Pues tal fue Dírhaval. Venía de la Casa de Hador, se dice, y la gloria y el dolor de esa Casa
eran muy queridos por su corazón. Habitó, pues, en los Puertos del Sirion, y reunió allí
todas los conocimientos y noticias que pudo; pues en los últimos días de Beleriand
vinieron los sobrevivientes de todas las tierras, tanto hombres como elfos: de Hithlum y
Dor-lómin, de Nargothrond y Doriath, de Gondolin y de los dominios de los Hijos de
Fëanor en el este.

Esta Balada fue lo único que hizo Dírhaval, pero fue estimado por el Eldar, ya que Dírhaval
usaba el lenguaje de los Elfos Grises, en lo cual era muy dotado. Utilizó este modo de
versificación élfica que se llama [largo espacio dejado en la máquina de escribir], que ha
sido durante mucho tiempo exclusivo de las narn; pero, aunque este modo de
versificación no es diferente de la versificación inglesa, lo plasmé en prosa, creyendo que
mi arte era demasiado pequeño para ser a la vez poeta y traductor. Aun así, mi tarea fue
bastante difícil, y sin la ayuda de los elfos, no podría haber sido completada. No he
añadido nada al cuento de Dírhaval, ni omitido nada dicho por él, ni he alterado el orden
en que es presentada la historia. Pero sobre temas que parecían de interés, o que se
habían vuelto oscuros con el paso de los años, tomé notas, ya sea en el cuento o en sus
márgenes, según los conocimientos que encontré en Eressëa.

Por lo dicho en ambas introducciones, que son complementarias entre ellas, podemos ver que
este hombre de la Casa de Hador, experto en la lengua élfica de Beleriand, poeta e investigador,
que encontró el final de sus días en las Desembocaduras del Sirion a manos del ejército de los
Hijos de Fëanor, fue el autor de una única obra, la Balada sobre la Historia de los Hijos de Húrin,
que dejó huella en la memoria del mismo Pengolodh y de los elfos de Eressëa, donde la obra de un
mortal perduró por milenios en la tierra inmortal.

Ælfwine de Inglaterra

Llegamos, en este punto, al asunto más intrincado en lo que se refiere a los autores y cronistas de
la Historia de Arda. Y es que todo lo relativo a Ælfwine, el Marinero que llegó a la Isla Solitaria
después de encontrar el Camino Recto, es en gran manera complicado, pues lo encontramos
mencionado tanto en los textos más serios y fidedignos de Tradición Élfica, como en el poco
confiable Libro de los Cuentos Perdidos. Y todo se vuelve más extraordinario aún al pertenecer él a
la época de Dominio de los Hombres, muchos años, por no decir siglos, después de la Guerra del
Anillo y los múltiples cambios en el Mundo acaecidos en todo ese tiempo.
Precisamente, por lo enmarañado de esta situación, es que hago uso ahora del texto de Måns
Björkman, Los Cronistas de Arda, quien se basó en documentos tales como “La Historia De Eriol O
Ælfwine De Inglaterra” (que aparece en mi edición personal de El Libro de los Cuentos Perdidos),
“Los Papeles Del Notion Club” y “El Camino Perdido”, estos últimos dos espero editarlos como
obras independientes para su fácil lectura, y así formen parte de mi colección personal de los
libros del Legendarium, que son extraídos de los textos publicados en La Historia de la Tierra
Media de Christopher Tolkien.

Ælfwine, marinero y trovador de origen anglosajón del siglo X, nació en Britania, según parece,
alrededor del año 869 D.C., hijo de Éadwine, quien a su vez fue hijo de Óswine. Era descendiente
lejano de Eärendil, y por esta razón corría por sus venas el anhelo insaciable del mar. Su nombre,
que está en inglés antiguo, significa “Amigo de los Elfos”, un nombre habitual en aquella época.
También se le ha llamado conocido por el nombre de Ottor Wǽfre y también Wídlást (El que viaja
lejos).

Cuando Ælfwine contaba con nueve años (878 D.C.), su padre, en su deseo por el Occidente, zarpó
con su navío Éarendel y nunca regresó. A causa de los ataques de los daneses a las tierras en la
que habitaba en su infancia, la madre de Ælfwine huyó con él de Somerset, el lugar donde
moraban, a Gales Occidental, para vivir con los parientes que allí tenían.

Habiendo crecido hasta hacerse un hombre y aprendido la lengua galesa y mucho del arte del mar,
regresó a Somerset para servir al Rey en las guerras. Allí entro al servicio de Odda, theng del Rey
Eadweard, y bajo sus órdenes navegó a lo largo de muchos mares y visitó Gales e Irlanda en
muchas ocasiones. Durante sus viajes siempre oía historias sobre el mar y así llego a escuchar las
leyendas irlandesas “Imram Maelduin” y “El Viaje de San Brendan”, en las cuales sus protagonistas
se habían lanzado de travesía por el mar y habían arribado en numerosas islas sucesivas, donde
encontraron maravilla tras maravilla. Oyó también acerca de una gran tierra al Oeste que había
sido hundida en el abismo. Los pocos sobrevivientes de aquel desastre se habían asentado en
Irlanda y habían morado allí hasta menguar; y todos los descendientes de aquellos Hombres del
Oeste traían el anhelo del mar en su sangre, de modo que muchos habían navegado hacia el
Occidente y nunca habían regresado. Ælfwine pensó que quizá él, y también su padre, fuera uno
de aquel linaje.

Alrededor del año 915, en el otoño, los daneses atacaron Porlock. En un primer momento fueron
rechazados y la compañía de Ælfwine consiguió capturar un cnearr danés (un pequeño barco) por
la noche. Al amanecer Ælfwine cuenta a Tréowine de las Fronteras, su mejor amigo, su intención
de zarpar hacia el Oeste, quizá hacia el país del legendario rey Sheaf, algo que había planeado
hacía tiempo y ya tenía preparados suministros de comida y agua para la travesía. Tréowine
consiente en acompañarle al menos hasta Irlanda. A ellos se unieron otros dos compañeros: Ceola
de Somerset y Geraint de Gales Occidental, y luego de esto zarparon a alta mar.

Navegan hacia el oeste y pasan Irlanda, y después de muchos días de viaje quedaron exhaustos.
Un “sueño como de muerte” pareció caer sobre ellos, y pronto se desmayaron. Lo último que
sabemos es que Tréowine contempló el mundo hundirse debajo de ellos, lo que significa que
habían entrado en el Camino Recto del Antiguo Occidente, que muy pocos hombres han logrado
cruzar.
Poca certeza se tiene del destino de los compañeros de Ælfwine después de su desmayo. De
hecho, se desconoce cuántos permanecieron a su lado a lo largo del trayecto hasta el Camino
Recto. Sí se sabe que Tréowine estaba allí, puesto que se lo menciona, más, a partir de este punto,
él también desaparece de los relatos. Los otros pudieron haberse quedado en Irlanda o, como se
indica otra de las versionas de la historia, haber saltado por la borda cuando la nave se elevó sobre
el nivel del mar.

Sea cual sea el caso, cuando Ælfwine despertó se encontró tendido en una playa y a un grupo de
Elfos que sacaban su nave a la orilla. Había llegado a Tol Eressëa. Pronto consiguió ganarse la
curiosidad de los Noldor que allí vivían, así como varios nombres, pues ellos lo llamaron: Eriol, “El
que sueña solo”, Angol, “Acantilados de hierro” (en referencia a las costas de su tierra natal), y
Sarothron, “Viajero”. Aprendió la lengua de los habitantes de la isla y después de un tiempo se
encaminó tierra adentro.

Pronto llegó a la villa de Tavrobel, donde permaneció por largo tiempo. En esta villa vivía también
Pengolodh, a quien Ælfwine conoció y luego aprendió mucho de él. Pengolodh le relató la
Ainulindalë, y le mostró la Lhammas, el Quenta Silmarillion, el Libro Dorado, la Narn i Chîn Húrin, y
los Anales de Aman y los Anales Grises. Ælfwine asimiló de oídas mucho de estos trabajos, y
tradujo El Silmarillion, los Anales y la Narn al inglés antiguo (en su mayor parte después de
regresar a Bretaña), con varias notas explicativas sobre muchos de los nombres que aparecían en
dichas obras. Pengolodh también respondió muchas preguntas específicas de Ælfwine. De estas
cuestiones se conserva una en el manuscrito titulado Dangweth Pengoloð (La Respuesta de
Pengolodh), escrito probablemente por Ælfwine o Pengolodh, en el que el segundo explicaba por
qué las lenguas Élficas cambiaron en la forma en que lo hicieron.

Se desconoce el tiempo exacto de la permanencia de Ælfwine en Tol Eressëa, pero puede asumirse
con certeza que lo hizo durante varios años, los suficientes como para poder aprender al menos
una lengua nueva, memorizar varios trabajos extensos, escuchados o leídos, y comenzar la
traducción de los mismos. Finalmente, abandonó la Isla Solitaria para retornar a Bretaña, pero
nada se sabe de su vida ni de lo que le aconteció al llegar allí. Pero está claro que continuó
traduciendo los trabajos que había recibido o aprendido, y muchos relatos y aspectos lingüísticos
de los Días Antiguos nos han llegado por medio de aquella tradición. Es posible que el amado
Profesor Tolkien utilizara mucho de la obra de Ælfwine para las traducciones a la lengua moderna.

Aquí concluye la introducción de Máfortion Lithônion, escriba, y comienza Tradición Élfica.