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Civilización o barbarie de Maristella Svampa

Inmigración y movimientos obreros

El proyecto de modernización contaba con la estimulación de la “inmigración europea”, durante


los primeros años, orientada hacia la actividad agrícola, así en ciertas regiones del litoral y el
centro del país se originaron colonias. Se le concedió la posibilidad de convertirse en mano de
obra asalariada en las ciudades, quedando atrás la promesa de convertirse en pequeños
propietarios.

Los inmigrantes fueron concentrándose en el área metropolitana y los centros urbanos del litoral,
incorporándose a la clase media en expansión y al nuevo proletariado urbano. La expectativa de
movilidad social era leída por la elite tradicional como el síntoma de una incipiente ética del
arribismo (ser algo que no se es). El mismo comenzó a organizarse en sociedades de resistencia, se
crearon también los primeros sindicatos, dando la imagen de elites obreras (portadoras de
ideologías radicales típicas del movimiento obrero europeo) o la procedencia rural (caracterizado
por su origen campesino, su sumisión y sus costumbres, acostumbrado a largar y duras jornadas),
además de la distancia cultural-política entre ambos. Para la época, era observable la transición
hacia formas de capitalismos modernos, pero no podía igualarse a las sociedades europeas,
sumado el desarrollo desigual del país. La vida de conventillo y la naciente práctica contestataria
comenzaron a desarrollar un sentimiento de pertenencia a una clase social, tres corrientes
ideológicas diversas se encuentran, anarquistas, socialistas y sindicalistas.

La lectura positivista del movimiento obrero argentino

Coincidencia en dos notas esenciales con la de la clase dirigente argentina, una es el punto de vista
económico, se mostraban conformes con las practicas económicas del liberalismo, el capital tenía
una función “civilizadora”, el otro punto, es la enorme preocupación que las asociaciones obreras
dispensaron a la educación popular. No solo se buscaba sentar las bases de una educación
elemental sino también impartir una enseñanza práctica, pero la obsesión por la educación,
símbolo del progreso liberador, debe ubicarse en el interior del desfase cultural observable.

Las elites anarquistas y socialistas insistirán en la necesidad de una acción educativa, con el objeto
de que el trabajador se convierta en actor revolucionario, y deviniera en autor de la historia.

Del inmigrante “imaginario” al inmigrante “real”

Si luego de la caída de Rosas la formula “civilización o barbarie” se convierte en el emblema de un


proyecto de cambio es porque ella revelaba la existencia de una tensión a eliminar. En 1880, la
imagen de la anarquía política desaparece de la escena nacional, también la educación, tenía por
objetivo la erradicación de los problemas que había presentado aquella barbarie.

El inmigrante es el agente del Progreso visible en las mil ciudades que emergían en el desierto, el
gaucho desaparecería sin dejar trazas, del cuadro social del país, ya no era necesario. Los
inmigrantes que recibía la sociedad argentina constituían para la elite dirigente un instrumento
cuyo control ella se aseguraba para el progreso material de la nación, las expectativas eran
mayores: de manera ideal, para Sarmiento y Alberdi el inmigrante era aquel que ambos
imaginaban anglosajón, industrioso y portador de una tradición política liberal. Pero no eran
sajones, ni estaban educados en una tradición política liberal, ni colmaron el desierto argentino,
sino que se agolparon en las ciudades.

“Lo más atrasado de Europa” se lamentaba Sarmiento, debido al fracaso civilizatorio del aluvión
inmigratorio, pero para la elite debía aportar sus brazos para la demanda de fuerza de trabajo,
buscándose exclusivamente brazos y no sujetos políticos. En 1882, Roca hablaba de la necesidad
de estimular por todos los medios este “elemento de poder y de riqueza”, década conflictiva la del
80, debido también a la crisis financiera de 1890, que signo los limites de la especulación y de los
excesos de una política liberal, produciendo una ola de desocupación en Buenos Aires. A partir de
los años 80, comienza a gestare una literatura que tendrá como personaje central a ese
inmigrante tipo, de origen rural, la corriente que manifestó su rechazo y critica a la inmigración fue
la novela naturalista (Cambaceres) “En la sangre” refleja una crítica cruda de la inmigración
italiana, la historia trata de Genaro Piazza, hijo de napolitanos, que enamora y deja encinta a una
muchacha de la alta sociedad porteña, Genaro no conoce sentimientos como el amor y la amistad,
es tacaño y se perfila como un explotador despiadado de las riquezas de su suegro.
Contribuyendo de esta manera a trazar el cuadro idílico de las supuestas virtudes criollas, el
inmigrante, crearía desde su arribo al país sociedades de resistencia y asociaciones mutuales. Es
difícil dirimir hasta qué punto la acción de dichas asociaciones facilito la integración de los
extranjeros en la vida nacional o si, la defensa de una identidad sociocultural se constituyó en
obstáculo para la efectiva incorporación, es así que la educación, antes vista como factor de
“civilización” , se convertiría rápidamente en factor de “nacionalización” de dichas masas
inmigrantes. Otra medida fue la Ley de Servicio Militar Obligatorio, promulgada en 1901, la cual
tenía un doble objetivo, se trataba de “nacionalizar” al hijo de extranjero y “civilizar” al bárbaro
nativo.

La imagen del inmigrante de clase laboriosa “imaginaria”, elemento virtual del progreso del país,
comenzara a ser percibido también como clase peligrosa “real”, que amenazaba el orden
instaurado por la elite, Halperin Donghi al respeto decía “En la década de 1870 oímos por primera
vez del argumento que veinte años más tarde será reiterado: son los extranjeros los responsables
de importar la noción de la lucha de clases en un país que la ignora porque no la necesita”. La
Nación comentara el 1 de Mayo de 1890 “Ni hay cuestión obrera, ni subsisten las causas
principales que le han dado importancia en Europa y en Estados Unidos”. Entre 1895 y 1900, tiene
lugar una serie de huelgas, la cual conlleva a un aumento de la represión policial y las leyes de
Residencia y de Defensa social, se habla de la participación del “trabajador extranjero, imbuido ya
en el espíritu comunista”, se buscaba excluir del territorio a los extranjeros que solo traen a el
propósitos de perturbación o conmoción social