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Sobre la comunión de los santos:

De Lumen Gentium, Pablo VI, 1964:

50. La Iglesia, teniendo perfecta conciencia de la comunión que reina en todo el Cuerpo místico de Jesucristo,
ya desde los primeros tiempos de la religión cristiana guardó con gran piedad la memoria de los difuntos [152]
y ofreció sufragios por ellos, «porque santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos para que
queden libres de sus pecados» (2 M 12, 46). Siempre creyó la Iglesia que los Apóstoles y mártires de Cristo,
por haber dado el supremo testimonio de fe y de caridad con el derramamiento de su sangre, nos están más
íntimamente unidos en Cristo; les profesó especial veneración junto con la Bienaventurada Virgen y los santos
ángeles [153] e imploró piadosamente el auxilio de su intercesión. A éstos pronto fueron agregados también
quienes habían imitado más de cerca la virginidad y pobreza de Cristo [154] y, finalmente, todos los demás,
cuyo preclaro ejercicio de virtudes cristianas [155] y cuyos carismas divinos los hacían recomendables a la
piadosa devoción e imitación de los fieles [156].

Mirando la vida de quienes siguieron fielmente a Cristo, nuevos motivos nos impulsan a buscar la ciudad futura
(cf. Hb 13, 14 y 11, 10) y al mismo tiempo aprendemos el camino más seguro por el que, entre las vicisitudes
mundanas, podremos llegar a la perfecta unión con Cristo o santidad, según el estado y condición de cada uno
[157]. En la vida de aquellos que, siendo hombres como nosotros, se transforman con mayor perfección en
imagen de Cristo (cf. 2 Co 3,18), Dios manifiesta al vivo ante los hombres su presencia y su rostro. En ellos El
mismo nos habla y nos ofrece un signo de su reino [158], hacia el cual somos atraídos poderosamente con tan
gran nube de testigos que nos envuelve (cf. Hb 12, 1) y con tan gran testimonio de la verdad del Evangelio.

Veneramos la memoria de los santos del cielo por su ejemplaridad, pero más aún con el fin de que la unión
de toda la Iglesia en el Espíritu se vigorice por el ejercicio de la caridad fraterna (cf. Ef 4, 1-6). Porque así como
la comunión cristiana entre los viadores [“Criatura racional que está en esta vida y aspira y camina hacia la
eternidad.”] nos acerca más a Cristo, así el consorcio con los santos nos une a Cristo, de quien, como de Fuente
y Cabeza, dimana toda la gracia y la vida del mismo Pueblo de Dios [159]. Es, por tanto, sumamente
conveniente que amemos a «¡los amigos y coherederos de Cristo, hermanos también y eximios bienhechores
nuestros; que rindamos a Dios las gracias que le debemos por ellos [160]; que «los invoquemos humildemente
y que, para impetrar de Dios beneficios por medio de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que es el único
Redentor y Salvador nuestro, acudamos a sus oraciones, protección y socorro» [161]. Todo genuino
testimonio de amor que ofrezcamos a los bienaventurados se dirige, por su propia naturaleza, a Cristo y
termina en El, que es «la corona de todos los santos» [162], y por Él va a Dios, que es admirable en sus santos
y en ellos es glorificado [163].

La más excelente manera de unirnos a la Iglesia celestial tiene lugar cuando —especialmente en la sagrada
liturgia, en la cual «la virtud del Espíritu Santo actúa sobre nosotros por medio de los signos sacramentales»—
celebramos juntos con gozo común las alabanzas de la Divina Majestad [164], y todos, de cualquier tribu, y
lengua, y pueblo, y nación, redimidos por la sangre de Cristo (cf.Ap 5, 9) y congregados en una sola Iglesia,
ensalzamos con un mismo cántico de alabanza a Dios Uno y Trino. Así, pues, al celebrar el sacrificio eucarístico
es cuando mejor nos unirnos al culto de la Iglesia celestial, entrando en comunión y venerando la memoria.
primeramente, de la gloriosa siempre Virgen María, mas también del bienaventurado José, de los
bienaventurados Apóstoles, de los mártires y de todos los santos [165].

Otras referencias:

Se deben hacer oraciones entre todos:

1 Timoteo 2:1-8
1 Exhorto, ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los
hombres;
2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda
piedad y honestidad.
3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,
6 el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.
7 Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles
en fe y verdad.
8 Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.

Allí se está hablando de “mediador” de salvación. En este sentido solamente Jesucristo nos da la salvación. No
es que se crea que los santos salvan, sino que solamente interceden.

Referirse a los “hombres” es que está interpretándose a cualquier hombre, así como se hacen oraciones por
todos los demás. Si yo le digo a una persona “pídeme lo que quieras”, yo no estoy diciendo que no le pidan
nada a nadie.

Stgo. 5,16: “La oración del justo tiene mucho poder”

¿Los santos están muertos?

Fil 1,23: "Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual,
ciertamente, es con mucho lo mejor"

Si Pablo ya está con el Señor, ¿Entonces está muerto?

Mt 22,32: " Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob Dios no es un Dios de muertos,
sino de vivos"

Heb 11,5: Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y
antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.

Mc 9,1-4: "... Se les aparecieron Elías y Moisés, los cuales conversaban con Jesús."

Las intercesiones de los Santos y de María. (dice Santos en plural, por lo que no puede referirse al Santo)

Apocalipsis 5:8
8
Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del
Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

Apocalipsis 8:1-4
1
Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.
2
Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.
3
Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para
añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.
4
Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.
5
Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y
relámpagos, y un terremoto.
Juan 2:

2 Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
2
Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.
3
Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
4
Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
5
Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.
6
Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una
de las cuales cabían dos o tres cántaros.
7
Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.
8
Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron.
9
Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes
que habían sacado el agua, llamó al esposo,
10
y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas
tú has reservado el buen vino hasta ahora.
11
Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en
él.

María no solamente intercedió, sino que, gracias a su intercesión, Jesucristo adelantó la hora de manifestar
que él era el Mesías.

Si Jesucristo escuchó y respondió a la oración del malhechor por un momento de fe cuando estaba en la cruz
(Lc 23,42), con mayor razón escuchará a su madre (Lc 2,16) que hizo en perfección la voluntad de Dios y dijo:
"he aquí la esclava del Señor. Hágase en mi según tu Palabra" Lc 1,38
Si por un minuto de fe escuchó y respondió al malhechor, ¿Qué no hará Jesús por sus amigos los santos que
tuvieron una vida de fe y obediencia?

Jn 14,13-14 : “Y todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si
me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”.