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¡Qué habitación tan

sucia!, cuántas veces ¡Qué habitación tan


tengo que pedirte sucia!, cuántas veces
que la recojas. tengo que pedirte
que la recojas.

En un
momento lo En un
hago. momento lo
hago.

Eso me dijiste
hace una hora, Me sentiría mejor
¡no se puede si me dijeras
exactamente
confiar en ti! cuándo planeas
hacerlo.
En cuanto
termine este

MAYO-JUNIO 2019
programa.

Cuando recordamos a nuestros hijos las responsabilidades que tienen en casa la


actitud detrás de las palabras es tan importante como las palabras mismas.
Para ayudar a nuestros hijos a colaborar, es importante que nuestra actitud
comunique “Eres una persona digna de ser amada, justo ahora hay un problema que
requiere tu atención. Una vez que estés consciente de él, es probable que reacciones
de manera responsable”. En contraste, cuando con nuestra actitud comunicamos
“Eres una persona muy incapaz, siempre estás haciendo algo mal y este último
incidente es una prueba más de tus errores”, difícilmente nuestros hijos
se sentirán motivados a colaborar.

En familia, platicar de las responsabilidades que se tienen en casa y repartirlas entre los miembros de manera que todos
colaboren.
Proponer actividades o responsabilidades que vayan de acuerdo a su edad y capacidad.
Permitir al hijo elegir cuándo cumplirá su compromiso “¿prepararás tu uniforme antes o después de cenar?”.
Permitirle elegir cómo quiere cumplir ese compromiso “¿quieres guardar tu ropa en los cajones o colgarla?”.
Preparar el ambiente de la casa para ayudarles a cumplir sus responsabilidades. Por ejemplo, poner los objetos de
limpieza a su alcance y los compromisos a la vista.
Cuando hay que recordar alguna responsabilidad decirlo con una palabra “Los platos”. Los discursos, sermones y largas
explicaciones pueden ser desagradables para el niño y generar el efecto contrario.
Evitar los calificativos “Eres muy irresponsable, siempre dejas las luces prendidas” y centrarse en el problema “la luz del
baño está encendida y nadie lo está usando”.
Evitar los reproches y dar información. En vez de decir “has dejado la leche afuera otra vez, ¡cuántas veces te lo he dicho”,
puede ayudar decir “cuando la leche está fuera del refrigerar se echa a perder”.
Cuando pareciera que el hijo no atiende las indicaciones, una alternativa a repetir muchas veces
lo esperado, es preguntarle “¿podrías repetir lo que acabo de decirte?” Terminar diciendo
“Veo que ya lo sabes, no te lo volveré a mencionar”. ¿Quieres recibir este boletín
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