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Apuntes sobre la identidad latinoamericana

Matías Díaz Higuera


¿Qué integración pueden realizar, entre sí
países que ni siquiera se han integrado por dentro?
Eduardo Galeano

La identidad latinoamericana resulta ser un concepto aglutinante, en él


convergen ideas que con el paso del tiempo se van sumando a una larga lista de
definiciones e interpretaciones sobre lo que es o no es la región del llamado nuevo
mundo. Si nos aventuramos a un planteamiento coherente sobre esta supuesta
identidad de américa latina, será en torno a la discusión en base a cuatro ejes que
serían transversales entre los pueblos, nos referimos al territorio, historia,
prácticas y lenguaje.
Estos cuatro pilares, nos establecen una base para levantar una fórmula
que dé como resultado una aproximación hacia lo que entendemos como
identidad latinoamericana, como una supuesta personalidad genuina en
comparación a otros continentes. Además, nos remitiremos a intentar entender
este concepto a partir de los años que siguieron al arribo a Guanahani, la primera
isla en la que desembarca Colón por allá en 1492, en que es hoy una parte del
archipiélago de las Antillas en centro américa.
En primer lugar, el territorio de américa latina es altamente diverso, se
extiende desde el Río grande en México hasta el Parque nacional Cabo de Hornos
en Magallanes, sin contar la Antártica que es un espacio aparte e inhóspito. Esta
zona es rica en flora y fauna, así como también en minerales y materias primas ha
sido la bendición y condena de los pueblos que ancestralmente han habitado allí,
pues con la llegada de occidente se redefinió el uso de este territorio con fines
prácticos y económicos, lo cual tiñó de sangre y exterminio a pueblos completos
con el afán del progreso colonialista. Actualmente los estados nacionales en
américa latina tienen una lógica en su mayoría extractivista, la cual apunta al
saqueo de los recursos naturales por parte de empresas transnacionales que sin
escrúpulos dejan los pasivos ambientales en toda la región, desertificando y
despojando al hombre del vínculo con aquella tierra.
La mundialización de la economía habría provocado la disolución de las
fronteras, el debilitamiento de los poderes territoriales (incluidos los de los
estados nacionales), la muerte por asfixia de los particularismos locales y la
supresión de las "excepciones culturales", imponiendo en todas partes la
lógica homologante, niveladora y universal del mercado capitalista. 1

1 Gimenez, Gilberto. (2000). Territorio, cultura e identidades – La región socio-cultural. Programa de estudios
universitarios sobre ciudad. México. Pág 19.
Por ello, Una característica identitaria es el cambio de paradigma en torno
al territorio, pasa de ser un aliado para el desarrollo espiritual, a ser un aliado para
el desarrollo económico, una idea exportada del feudalismo europeo.
En segundo lugar, la historia de américa latina tiene variados aspectos
comunes en su desarrollo, incluso antes de la llegada de Europa, grandes culturas
mesoamericanas dominantes, algunas en auge y otras en decadencia, pero era
plausible la influencia entre ellas. Posteriormente el colonialismo español y
portugués establece nuevas prácticas de desarrollo, que desde el punto de vista
político planteó los Virreinatos de México y Perú, las capitanías, monarquías e
imperios en el caso del territorio adquirido por Vasco da Gama.
Más tarde surgen los llamados nacionalismos que impulsan las insípidas
revoluciones independentistas, lideradas por criollos hacendados pero combatidas
por indígenas y mestizos, quienes sin saber muy claramente los beneficios de la
independencia, iban a la batalla con la misión de encontrar libertad del yugo de
occidente, pero nunca dejarían al patrón. De allí en adelante, se levantan nuevos
movimientos sociopolíticos que oscilan entre los que anhelan una revolución
estructural de la gobernabilidad de un país, así como también los que buscan
reivindicaciones históricas pues la modernidad seguramente mermó el desarrollo
de su etnia o pueblo.
Por otro lado, las prácticas socioculturales en Latinoamérica se conciben
como un híbrido que tiene como antecedente directo el mestizaje generado por el
intercambio de sangre o sangres entre indígenas, africanos y hombres blancos, lo
cual propició la creación de una nueva sociedad que oscilaba entre cosmovisiones
viejas y nuevas, ello se evidencia en la música, bailes, ritos y comidas. Sin
embargo, uno de los elementos comunes por antonomasia que predomina en las
sociedades neocolonialistas es el cristianismo, religión que es herencia directa de
los padres conquistadores, aunque algunas sociedades son altamente paganas,
indudablemente la cruz que se les incrustó a los pueblos originarios es el bastión
más resistente de los residuos que dejaron las viejas colonias.
En este sentido, muy ligado a la cultura aparece el lenguaje como la gran
herencia de la conquista, todos los otros pilares identitarios de nuestra cultura
mencionados con antelación son regulados y fomentados mediante el lenguaje
latino, principalmente el español y el portugués. Si bien los indígenas adoptaron la
lengua de dominación, varias comunidades mantuvieron su idioma nativo, como
una forma de preservar su identidad y costumbres, ejemplo de ello a nivel macro
es Paraguay en donde un 80% de la sociedad habla guaraní en la actualidad, en
cambio en una escala más particular podemos evidenciar las culturas mapuche,
aimara, Náhuatl entre otros.
En síntesis, la identidad latinoamericana la podemos trazar
transversalmente entre el territorio virgen y depredado, entre la historia antigua y
contemporánea, las prácticas paganas o resistentes y también el lenguaje
universal y el nativo de los pueblos. Finalmente, es posible pensar en esa raza
cósmica de la que habla José Vasconcellos, pues digamos que a pesar de que el
destino del hombre del nuevo mundo fue intervenido, este ha logrado sobrevivir
gracias a su pulso valiente otorgado, quizás, por el cosmos al cual siempre le
rindió culto.