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Participación en la realimentación y cierre del curso

Es evidente que en la educación hay muchos aspectos por mejorar, uno de ellos es la relación
entre teoría y práctica de la educación, como dice Paulo Freire: “me preocupa la creciente
distancia entre la práctica educativa y el ejercicio de la curiosidad epistemológica”

Todo educador comprometido con la enseñanza se habrá cuestionado en algún momento de su vida
la relación entre lo que sabe, lo que hace, lo que dice, lo que piensa… Cómo ser un docente más
coherente, más íntegro… Y todo educador que se lo haya planteado habrá llegado a la conclusión
de que no hay respuestas fáciles. La cuestión se complica aún más si esta coherencia además se
plantea en términos de transformación educativa. ¿Cómo puede ser más coherente un docente que
pretende no sólo enseñar, sino también actuar políticamente en la educación implicándose en la
transformación de las deficiencias del sistema: el fracaso escolar, la convivencia, el pensamiento
crítico, etc.?

Sin olvidar los aportes teóricos que han influenciado a la educación como pilar fundamental para el
desarrollo de la humanidad, es la práctica donde se evidencian los aciertos o desaciertos de las
corrientes pedagógicas y es la labor del educador la que encausa esos ideales para convertirlos en
realidades bajo la forma de pensamientos, actitudes y aptitudes implícitas y explícitas en el proceso
de formación de los estudiantes. En este sentido, se entiende la gran carga de responsabilidad del
docente al ser, nada más ni nada menos que, agente dinamizador del cambio, facilitador de los
procesos de formación de las estructuras cognitivas y meta cognitivas de los estudiantes así como
para fortalecer las bases axiológicas.

Lo cual conlleva a un proceso de reflexión, de cuestionamiento permanente y sistemático sobre


¿qué se enseña?, ¿cómo se enseña?, ¿para qué se enseña?, además de ¿cómo es interiorizado y
exteriorizado el conocimiento por el aprendiente?, Sin embargo la intencionalidad planteada en el
proyecto educativo de una institución siempre es la de hacer lo mejor, tratando de integrar todas
las dimensiones pero esto no se perciben en el desarrollo de la práctica educativa, por muchas
razones ya conocidas.

Con respecto a la gestión tecnológica, que es un sistema de conocimientos y prácticas relacionadas


con los procesos de creación, desarrollo, transferencia y uso de la tecnología es la que permite
acercar más esa distancia que existe entre la teoría pedagógica y práctica, pero el problema es
que los planes y programas de estudio no incluyen, en general, el empleo sistemático de las nuevas
tecnologías de información como herramienta de aprendizaje continuo. Además de ello, la rigidez
de muchos programas de educación.

Es necesaria la implementación de las TIC por el impacto en los procesos de enseñanza porque
por medio estas prácticas tecnológicas evidencian la transformación en la nueva era de fomento de
pedagogías de punta las cuales facilitan la innovación en los procesos educativos. La Tecnología y la
Innovación les permiten a los estudiantes facilitar los procesos cognitivos y adquirir el conocimiento
necesario para reducir la brecha tecnológica, dinamizando los procesos de aprendizaje, estos
avances promueven en los estudiantes autonomía y transformación los ambientes de aprendizaje.
Cabe mencionar que los cambios traen ventajas y desventajas debido a la adaptación, pero en este
caso es más lo positivo ya que no podemos quedarnos atrasados de los retos que están
transformando al mundo como son las tecnología educativa. Este factor nos Invita a cambiar de
metodologías, potenciando los procesos que desarrollamos en la aulas con estudiantes.