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“Padre de mis hijos, ¿padre de mis padres?

De Graciela Zarebski

La nueva imagen de la vejez


No toda persona mayor se vuelve dependiente, ya es hora de que cambiemos la
imagen que tenemos de lo que es hoy en día envejecer.
Frecuentemente observamos abuelos que desean continuar con su vida activa pero
se ven confrontados con el intento de sus familiares de someterlos a un lugar o a
una función que se les asigna, conculcando así sus derechos.
Hacia mediados del siglo pasado la cuestión parecía mas simple: los pocos que
llegaban a viejos (en esa época los que tenían mas de 60 años) eran considerados
ancianos y tenían dos opciones: o apoltronarse en sus sillones a contar sus
historias a los nietos, como jubilados de la vida, o vivir enfermándose, con el relato
de sus enfermedades y el consumo de medicamentos como actividades centrales
de sus vidas.
Había menos opciones y los limites entre las edades estaban mas marcados: cada
una tenia sus gustos, su estética y sus consumos. Hoy en día estamos viviendo
cambios culturales y científicos que ponen sobre el tapete la complejidad del ser
humano, de modo que ya no es tan simple definir las diferencias en base a la edad.
Se demuestra que en el envejecer se continua creciendo y abriéndose a nuevas
posibilidades, incluyendo el rol de abuelos como una fuente mas de enriquecimiento
y de gratificación posible.
Eso es lo que está mostrando la actual generación de mayores, lo que causa un
gran impacto en el ámbito social, que se ve reflejado con creciente asiduidad en los
medios de comunicación. Así, se habla de “revolución de los años”, se editan
suplementos enteros de matutinos dedicados al tema, aparece en comentarios
radiales, programas de televisión y películas e incluso los abuelos son protagonistas
de comerciales, fenómeno nuevo e interesante para analizar.
Lo que impacta es el surgimiento de quienes dimos en llamar “viejos nuevos”: un
modo de asumir la vejez que no constituye en realidad una novedad absoluta en la
historia, si tenemos en cuenta que en todos los tiempos hubo envejecidos en
plenitud (aunque siempre en carácter de excepciones que confirmaban la regla).
Estos “viejos nuevos” nos están mostrando a los nuevos viejos que, con suerte,
seremos, que el envejecer puede ser un periodo de plenitud, de realización, de
honrar la vida; que el paso del tiempo ya no nos podrá servir de excusa para “colgar
los botines”, “pasar a cuarteles de invierno”, jubilarnos de la vida; que nuestra vida
puede seguir siendo una línea continua de crecimiento, siempre y cuando las
lecciones que estos “viejos nuevos” nos brindan nos lleven a resignificar ahora el
sentido de nuestras vidas y a encarar el cambio a tiempo.
En un contexto socioeconómico que reclama con urgencia recrear la solidaridad y
ser creativos, desplegar imaginación, conocimientos y actitudes, surgen propuestas
desde distintos ámbitos que posibilitan crecer en actividades participativas, crear
objetivos de vida e intercambiar apoyos.
La gente mayor esta así cada vez en mejores condiciones físicas y psicológicas, no
sólo para recrearse y seguir aprendiendo, sino también para aportar a la sociedad
su memoria, su creatividad, su solidaridad, desde el trabajo y desde el voluntariado
y elaborando proyectos propios, chicos quizás, pero posibles. No sobreviven, viven.
Muestran de este modo que es posible lograr que el fenómeno de la longevidad no
desencadene una masa de seres “muriendo demasiado tiempo”, como dijo el
medico gerontólogo Juan Hitzig. Para entenderlo, deberemos ser capaces de poner
al envejecer del lado de la vida.
Podremos ser nosotros, los nuevos viejos, artífices y a la vez protagonistas de este
cambio mientras mantengamos activos el cuerpo, la mente y el espíritu aunque los
años sigan pasando.

Recursos institucionales preventivos

Hoy en día, la familia no es el único recurso de protección emocional y material con


que cuentan los abuelos.
Las actividades, ya se trate de cursos, talleres de expresión artística, grupos de
reflexión y actividades recreativas, que se ofrecen en centros de jubilados, clubes y
escuelas, hogares de día y universidades son un medio excelente para cumplir con
múltiples objetivos.
En primer lugar, permiten compensar ciertos aspectos que a esta edad pueden estar
desatendidos, como:
 Situaciones de aislamiento por diversos motivos (discapacidad, soledad);
 Falta de estímulos afectivos y cognitivos;
 Potencialidades y creatividad adormecidas, estancamiento personal.
Ya que apuntan a:
 Favorecer la educación permanente y la recreación;
 Fomentar los vínculos intergeneracionales;
 Dar acceso a información y entrenamiento intelectual;
 Incrementar la cultura y la comunicación;
 Fortalecer la autoestima y la autoeficacia;
 Acceder a temas de prevención y de calidad de vida;
 Lograr la inclusión social y el protagonismo;
 Contribuir a la autotransformación.
Los emprendimientos comunitarios mencionados han sido creados e impulsados
por el sistema de salud y por los profesionales especializados, que los entienden
como estrategias favorecedoras de la promoción y prevención de la salud.
Para esto, todo curso, taller y actividad es un espacio de educación para la salud e
incluye la difusión de conocimientos sobre auto cuidado, la revisión de pautas de
vida y el fomento de hábitos saludables, que permite que los que asisten tomen
conciencia acerca de conductas de riesgo.
Respecto de la información sobre las patologías predominantes, el objetivo es dar
a conocer señales tempranas y factores de riesgo de cada una de ellas, lo que
posibilita la consulta oportuna y el cumplimiento de los controles y normas
terapéuticas indicadas por los profesionales que se ocupan del tratamiento.
Todo esto, para que sea eficaz, está acompañado por una escucha profesional
atenta de las circunstancias de vida de los participantes y por la promoción del
compromiso personal en el cuidado de la propia salud física, mental y vincular.
En síntesis, los objetivos de la prevención apuntan a prolongar la longevidad con
calidad de vida procurando la mayor autonomía posible del adulto mayor.

“Identidad y envejecimiento” de Ricardo Iacub

Capítulo 1: La identidad social en el envejecimiento y la vejez.


El recorrido sobre los términos
Los significados del envejecimiento y la vejez no resultan cuestiones menores a la
hora de tratar su psicologia. Por ello Green (1993:49-50) señala que “desde un
punto de vista retorico, los terminos son lugares del discurso, a los que divide entre
espacios de memoria y espacios de descubrimiento. Los primeros guardan y
recuperan narrativas y argumentos conocidos. Los segundos son espacios donde
surge la incertidumbre, la ambivalencia y la contradiccion,por lo que resulta
necesario apelar a la conjetura, a la invencion o a la posibilidad”. Por esta razon, la
emergencia de problemas en la codificacion cultural de un termino permite volver a
pensar las categorias desde las que partimos.
El envejecimiento
Las definiciones de envejecimiento suelen apuntar a su biología, reduciendo y
generalizando este campo a otros. A su vez, suelen tener un claro tinte ideológico
en tanto plantean un esquema evolutivo-involutivo que lleva a concebir el envejecer
como un proceso que se sintetiza en el deterioro progresivo. Por esta razón, me
inclino a destacar dos definiciones que describen de una manera general este
proceso.
La primera definición considera al envejecimiento como “el resultado de una
acumulación de cambios diversos que se producen en el organismo y en el
funcionamiento del cuerpo humano” (Ribera Casado,1995).
Una segunda perspectiva amplía esta definición: “Es considerado en principio una
acción y un efecto en el que algo o alguien toma las formas de la vejez”
(Aragó,1980).
Este proceso supone que el sujeto, a lo largo de su vida, toma las características
asociadas a la vejez. Estas resultan variables y se relacionan con la diversidad
cultural, historica,generacional y subjetiva, razón por la cual los signos del proceso
de envejecimiento, previos a la edad de comienzo de la vejez, podrán ser
significados de maneras tan disímiles como las clasificaciones existentes sobre la
vejez, incluyendo tanto el deterioro o la involución como la maduración y la
sabiduría.
A su vez, es importante diferenciar los diversos procesos de envejecimiento
biológico, psicológico o social que, aun produciéndose en un mismo individuo,
pueden tener formas diferenciales. Ninguno de estos procesos es lineal y cada uno
presenta rasgos diferenciales en cada persona.
La vejez
Se define de un modo instrumental como una significación, que produce un corte en
lo social y que determina una ratio o razón de medida en la noción de edad. La
misma ha sido distinguida en la mayor parte de los pueblos, aunque no es universal,
ya que no resulta aplicable a toda organización humana. En tanto significación, le
es proferida al tramo final de la vida, entendido desde un punto de vista normativo,
o lo que implique el final del termino laboral, o de reproduccion,etc., y conlleva una
serie de procesos biológicos y psicológicos propios. Esta etapa, al ser significada
por cada cultura, toma características particulares a dicho grupo humano que
promueven espacios sociales con variantes muy disimiles.
El termino “vejez” es definido como la cualidad de ser viejo o también es aplicable
a las personas que han vivido mas tiempo que las demás, es decir que surge desde
una comparación con el interior de una comunidad o de un grupo.
Al inicio del libro La vejez, Simone de Beauvoir expresa dos definiciones que
remarcan el peso cultural del concepto y el sentido existencial del mismo, como
referencia ineludible a la modificación de la relación del sujeto con el tiempo.
Como todas las situaciones humanas, tiene una dimensión existencial: modifica la
relación del individuo con el tiempo, por lo tanto con su mundo y su propia historia.
Por otra parte, el hombre no vive jamás en estado de naturaleza; en su vejez, como
en cualquier edad, su condición le es impuesta por la sociedad a la que pertenece
(Beauvoir, 1970:15).
Pero si la vejez, como destino biológico, es una realidad trans-histórica, no es
menos cierto que ese destino es vivido de manera variable según el contexto social
(Beauvoir, 1970:16).
Las nominaciones expresan los diversos modos en que esta noción es
conceptualizada a lo largo del tiempo y en las múltiples culturas.
La palabra “viejo” resulta en nuestra comunidad lingüística la mas interiorizada
socialmente, aun cuando produce un alto nivel de rechazo. Otras palabras, como
“anciano”, “geronte”,”tercera edad” o actualmente “adulto mayor”, hacen referencia
a la idea de viejo. Cada una refleja una historia de la lengua cargada de
significaciones propias y dinámicas.
Dabove Caramuto (2002) realiza un recorrido sobre algunos de los terminos que
permiten conocer los deslizamientos y significados que obtuvieron en el idioma
español.
La palabra “viejo” comienza a registrarse en textos alrededor del año 1068. Proviene
del latín vetulus, que significa “de cierta edad, algo viejo o viejecito” (Corominas y
Pascual, 1980), que en el latín vulgar se denominó vetus. El termino “vejez”
comienza a usarse hacia fines del siglo XIII,y el verbo “envejecer”, así como
“envejecido” o “envejecimiento”, en el siglo XV. Los derivados burlones “vejestorio”
y “vejete” aparecen en el siglo XVIII.
Entre los cultismos del clásico vetus encontramos términos que encierran
significados despectivos: “vetusto” y “veterinario”, del siglo XIX. El termino
“veterinario”,del latín veterinarius, derivado de veterinae, significa “bestia de
carga;animal viejo, impropio para montar, que necesita más del veterinario que los
demás” (Corominas y Pascual, 1980).
Vinculado a este termino se encuentra “vejar” del siglo XVI, del latin vexar; que
significa “sacudir violentamente,maltratar”, y de allí el término “vejamen”, con la
misma raíz lingüística que “vejatorio”,”vejestorio”,”vejete” y finalmente “vejez” (
Corominas y Pascual, 1980).
La palabra “anciano”, en nuestra lengua, proviene del antiguo proverbio romance
anzi o “antes” y data de la primera mitad del siglo XIII. Este vocablo destaca la
relacion del sujeto con el tiempo y,en cierta medida, con su grupo social, ya que es
aquel que estuvo antes, dándole un sesgo de valor relativo a lo que el antes
significó. El valor de lo antiguo refleja, a diferencia de lo viejo, lo que el tiempo
enriquece. Quizas por esta razon fue asociado en nuestro idioma a una nominacion
de respeto a los mayores que se refleja en el termino fuera elegido para las
traducciones de la Biblia, buscando reflejar la carga positiva de significados que el
pueblo hebreo le confirió.
El termino “señor”,de finales del siglo XI, proviene del latín senior-oris, que significa
“más viejo” y que, durante el Bajo Imperio Romano, fue utilizado para denominar a
los viejos mas respetables.
“Senil” significa “propio de la vejez” y sus orígenes se remontan a mediados del siglo
XVII. Su etimología latina senilis deriva de “senectud” o (del latín) senectus,utis,
palabra que aparece en nuestra lengua en textos de 1438. Este vocablo está
emparentado con el Senado Romano,ya que este era el lugar reservado para los
senex o seniles, es decir, aquellos que tenían 60 años o más, momento en el cual
un sujeto calificaba para ser parte de esta institución,y que implicaba un termino
altamente positivo a nivel de la vida politica.
Sin embargo, a partir de las lecturas médicas del enejecimiento, la palabra “senil” (
o senilidad) se convierte en el siglo XIX en el termino que describe las enfermedades
de la vejez.
Actualmente existen una serie de terminos que aluden a esta franja etaria, hoy
descripta desde los 60 en adelante, para los países en vias de desarrollo y desde
los 65 en adelante para los desarrollados. Entre los mas utilizados, se encuentran
“tercera edad”, “adultos mayores”, “personas de edad” o “jubilados”.
El termino “tercera edad” refleja una historia mas cercana asociada a las politicas
sociales para los mayores en el siglo XX y a la jubilacion. Surge en los años
sesenta,al poco tiempo de la instauracion de la jubilacion universal en Francia, lo
cual significó un cambio muy profundo en el rol social de este grupo etario, ya que
instaura una condicion singular,porque sus ingresos devienen de condiciones
distintas de las del resto de la poblacion. Los jubilados reciben el dinero que se
supone depositaron durante su vida laboral “activa”,convirtiendolos así en “pasivos”
en relacion con dichos terminos. La jubilacion tendra otras consecuencias que
forjaran ciertos estilos de vida. Por un lado,el elemento que los caracterizará será la
disposicion de tiempo libre, la carencia de roles sociales específicos, y una
disponibilidad económica que les permite un mayor nivel de autonomía. Estos
factores incidirán en conformar a los adultos mayores (jubilados) como un colectivo
cada vez mas uniforme.
Este termino, entonces, nace conjuntamente con la instauración de una serie de
actividades socio-recreativas y pedagógicas. El nombre pone un numero a una
etapa vital, modificando la nocion de una vejez pensada como termino de la vida, al
tiempo que sugiere la construccion de un nuevo estilo de vida. Así se apela a romper
con la idea del retiro, convocando a una tercera etapa para recomenzar actividades,
que a su vez se volverán específicas para esta poblacion, como los centros de
jubilacion o los centros para la tercera edad. De esta manera se construye un nuevo
actor social que emerge como un personaje más activo, con roles más amplios y
más especificados por su condición etaria.
La noción de jubilado, cobra una singular importancia en la medida en que reconoce
ciertos factores que distinguen a esta población, aun cuando no todos los jubilados
sean adultos mayores ni todos los mayores estén jubilados. Debido a su condicion
mayoritaria, se ha convertido en una designacion usual que determina un cierto
estilo de vida y de relacion con la sociedad y con el Estado. La jubilación tiene una
serie de implicaciones en la vida cotidiana de los mayores, ya que a su vez se
prestan servicios como la obra social, viajes, ayudas de vivienda,etc.
Los terminos “adultos mayores” y “ personas de edad” han sido muy utilizados por
los organismos internacionales, buscando designar un sujeto con menos diferencias
con el adulto mas joven y, en cierta medida,tratando de aportar nuevos significados
asociados a estos terminos tales como autonomía,derechos, principios, etc.,
reinvindicando con ello un nuevo estatus dentro del contexto social actual.

De la definición a la identidad

Los modos en que se construye una cierta definicion,es decir, el conjunto de sus
descripciones,implican un esbozo de identidad socialmente establecida. Toda
definicion supone el ejercicio de una serie de controles sobre la trayectoria vital de
los individuos, imponiendo normas acerca de lo que significa tener “cierta edad”.
Estas formas de control son parte de las politicas sobre la identidad desde las cuales
se determina lo que se designa por vejez y el tipo de problematizacion que se
realiza, es decir, el modo en que esta será identificada, tratada y valorada.
Partimos de la existencia de una correspondencia entre la estructura social y las
subjetividades, entre las divisiones objetivas del mundo social, sobre todo entre
dominantes y dominados en los diferentes campos,y las formas de su vision y
division que les aplican los agentes de esa dominacion (Bourdieu y Wacquant,
1995). Al sujeto se lo intenta definir a traves de un conjunto de relaciones objetivas
ancladas en ciertas formas de poder que lo transforman en alguien que puede ser
concebido por un determinado discurso narrativo y que se espera que actúe desde
ese campo de dominación, lo cual es otra forma de construir la identidad.
Dichas representaciones, ya sean las divisiones etarias, de género o de clase social,
suelen presentarse como discursos hegemónicos, es decir con la capacidad de
poder establecer el sentido comun, la doxa social que normalmente permanecen
inexpresadas (Gramsci, 1972).
Positiva o negativamente,dichas descripciones terminan procediendo como un
corsé que cierne y limita los espacios identitarios y conforma a su vez identidades
sociales expresadas por caracteristicas que se suponen específicas.
Los sistemas sociales preceden al sujeto,brindandole un rol y un estatus dentro de
su medio. Esto implica un marco de adaptaciones, siempre creativas, que el sujeto
realiza en base a las normas ofrecidas, buscando el reconocimiento del otro.
Las modalidades de la aceptacion o del rechazo dependerán de las normas sociales
imperantes y podran tener el signo de la virtud o del pecado, de lo bello o lo feo,de
lo normal o anormal, o cualquier otra via de control social. Este curioso andamiaje
cultural se inserta en el sentido comun, volviendo natural sus postulados.
Asi, la identidad puede funcionar como una interfase entre una definición del sujeto
enunciado por predicados sociales y predicados singulares. Dubar (1991) la definía
como una identidad para sí y para el otro,ya que permite subrayar ambos aspectos
en un solo movimiento (Martucelli, 2007).

“Proyectar la vida” de Ricardo Iacub

Capítulo 2: Los prejuicios: mitos y estereotipos sociales

Lo importante no es lo que se ha hecho de nosotros, sino lo que nosotros


hacemos de nosotros mismos con aquello que se ha hecho de nosotros.
Jean Paul Sartre

Para entrar en esta tematica será necesario explicar, primero, qué se entiende por
prejuicio. Curiosamente, esta nocion es basicamente inofensiva, ya que el origen de
la palabra remite a praejudicium, es decir, un juicio basado en una experiencia
anterior. Posteriormente, desde la metafisica, los filósofos Descartes y sobre todo
Leibniz explicaron los prejuicios “como la verdad filosófica suprema. Las
proposiciones a priori,preordenadas logicamente a la experiencia, constituyen
según Kant la ciencia pura”. Sólo en Inglaterra, donde la experiencia siempre primó
en la conformación del conocimiento, la palabra prejudice fue pensada como la
opinion que resiste a la comprobacion de los hechos.
Horkheimer diferencia dos aspectos que aparecen ligados al prejuicio. Por un lado
lo que él denomina la abreviacion del pensamiento. Por el otro, las pasiones
sometidas por la cultura. Éstas son a menudo, descargadas vía
prejuicios,exacerbando ciertas formas de saber y dándole contenidos fuertemente
afectivos, lo cual haría que “las ideas” acerca de la vejez se conviertan en un foco
de temores que terminen llevando a una verdadera gerontofobia o miedo a los
mayores.
En este sentido, existe un mecanismo psicológico que funcionaría especialmente:
la proyección. Es por ello que, si ciertos conocimientos han sido fuertemente
afectivizados es porque implican un temor personal frente a algo que no resulta del
todo racional.
La rigidez de los prejuicios lleva a la degradacion absoluta de la subjetividad,
entendida como la particularidad de una persona más allá de pertenecer a una edad,
raza o condicion social; de este modo se deja de preguntar al sujeto sobre sus
deseos y se le supone respuestas anticipadas,generalizadas como “todos los
mayores” creen, hacen o desean tales cosas,del mismo modo que se profiere: “los
negros” o “los judíos” son todos de tal o cual manera.
Todo este tipo de estigmas que terminaron siendo un tipo de saber falso y
prejuicioso de la realidad, llevan a la vergüenza de sí, a la voluntad de ser otro, a
ocultar que es de ellos de quienes se pueden reír (Eribon,1999).
Es frecuente escuchar aún hoy a gente grande decir: “yo con viejos no me junto”.
Recuperar la autonomia personal implica reconstruir la imagen colectiva y personal,
mas allá de los cuadros estereotipados que ofrece nuestra sociedad. Por eso, se
trata de batallas donde se construyen representaciones, imágenes e identidades
renovadas, que dan un nuevo sentido al envejecimiento. Sentido que invita a la vida
y no al rechazo o la sumision a lugares de puro desprestigio.
Por todo esto es importante considerar que el lenguaje está atravesado por
relaciones de fuerza, ya sean de edad, clase, sexo o raza; es en y por el lenguaje y
sus imágenes que se juega la dominacion simbolica, es decir, la definiciom y la
imposicion de las percepciones del mundo y de las representaciones socialmente
legitimadas (Eribon, 1999).
La noción de viejismo surge en los Estados Unidos en 1969, de la mano del
gerontólogo Robert N. Butler, quien la considera como un conjunto de prejuicios
similares a los que se adjudican por la raza, la religion o la etnia, y la define de esta
forma:
El viejismo refleja una profunda y asentada dificultad por parte de los jóvenes y los
de mediana edad, así como un rechazo personal y un disgusto por envejecer,
enfermar y quedar discapacitado, y el miedo por la falta de poder, la no utilidad y la
muerte.
¿Los viejos son como los chicos?
Sorprende que este estigma sea afirmado frecuentemente por los propios mayores,
para describirse o para tratarse. Posiblemente, muchos de los que así lo hacen
creen en lo que la sociedad les indica, y a veces tambien lo utilizan para dispensarse
de ciertas responsabilidades. Sin embargo, este mito tiene serias consecuencias.
Por un lado sabemos que esta generalizacion es falsa. Lo podemos deducir
facilmente. Nadie diría que Borges, Verdi,Freud o Victor Hugo hayan disminuido su
capacidad creativa en los ultimos años de sus vidas y mucho menos que hayan sido
como chicos en esta etapa. Cuando alguien se comporta como si lo fuese, mas bien
tenemos que pensar en una patologia, ya sea depresiva o demencial, o simplemente
ver si no fue como un chico toda su vida o si los prejuicios sociales han influido
demasiado sobre él.
Tambien debemos tener en cuenta que cuando una persona se vuelve muy
dependiente de otra, ya sea porque está en un lugar de internación o porque no la
dejan desenvolverse, puede terminar actuando como un niño. Como en los casos
en los que se considera a los mayores como objetos de exagerada fragilidad y
donde las recomendaciones “mamá no toques”, o “no subas las escalera”, generan
una dependencia infantilizante. Si toma la responsabilidad, seguramente podrá
hacerse cargo de sí mismo.
Este mismo mito, junto con los otros, genera dos actitudes negativas hacia la vejez:
la compasión y la discriminación. En ambas, tendemos a descalificar las verdaderas
posibilidades de los mayores y, especialmente, podemos perturbar su propia
realizacion como personas. De este modo, vemos cómo nuestra sociedad aún
mantiene muchos mitos y cómo estas nuevas generaciones van demostrando una
gran capacidad de cambio.
Resulta necesario ir más allá de las especulaciones obvias, salir de los esquemas
actividad o pasividad, salud y enfermedad para redescubrir los espacios novedosos
y creativos que brinda el tiempo libre y los nuevos encuentros sociales. Romper el
marco de lo esperable supone definir una nueva forma de actuar creativamente.
Es posible que estas decadas marquen una nueva etapa en la cultura de las edades.
Mas que pensar qué identidad van a ir tomando los mayores, tenemos que apuntar
a todas las posibles identidades que se conformen, sin esperar un grupo
homogéneo.
Las edades están en franca transformación, pero probablemente esta edad sea la
que más fuertemente ha evolucionado al ritmo de los nuevos tiempos.