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Se ha preguntado usted alguna vez ¿Cómo empezó la tradición de villancicos o cánticos de navidad?

Hoy recordaremos la importancia de alabar a nuestro Señor Jesucristo, veremos la historia de los himnos y
cantos navideños.
¿Sabía usted que la emoción real de la navidad no está en las tradiciones que celebramos? Está en el mensaje
dela mor de Dios por nosotros que ha sido demostrado al dar a su Hijo Jesucristo para que sea nuestro Salvador.
Una de las cosas que alegra durante la navidad es la música navideña, en muchas iglesias se hacen reuniones
especiales o se presenta una cantata. Nos encanta cuando empezamos a oír música de navidad en la radio, así
que en esta parte de la serie de mensajes vamos a hablar de:
El Gozo y la Música de Navidad.
Aunque no faltan los que protestan contra la alegría y gozo de la navidad, la verdad es que el cristianismo es
una religión que canta. El agnosticismo no tiene ninguna gloria, no tienen villancicos, pero el cristianismo
rebosa de música. El confusionismo y brahmanismo no tienen himnos que inspiran o que conmuevan el alma;
cantos repetitivos, tristes y extraños no ofrecen esperanza ni alegría, ni para el presente ni para el futuro, Sólo
el mensaje de Cristo pone un canto en el corazón de la persona, en realidad no se puede ser creyente sin cantar,
aunque uno piense que no tiene buena voz. Cuando uno tiene a Cristo en el corazón y cuando sabemos de qué
trata la navidad, algo cambia por dentro y una melodía empieza a formarse, una que no es posible controlar.
Es diferente a todo sistema de creencias del que usted haya oído, es más, alguien ha dicho que si uno oye a
alguien cantando en una religión que no sea el cristianismo bíblico, es alabanza plagiada, porque Cristo es en
realidad y verdaderamente la fuente del canto y del gozo.
El evangelio de Lucas es el documento clave que nos da la información en cuanto a los sucesos que rodean el
nacimiento de Cristo, nos ofrece seis cantos diferentes casi uno tras otro. La mayoría de los creyentes los han
leído o lo saben pero; sabían que Lucas es el único que ha anotado esta irrupción de poesía y música conectada
con la encarnación de nuestro Señor, de él, del doctor Lucas, el médico tenemos estos seis cantos.
En primer lugar, permítanme decirles lo que son:
Primero, tenemos el canto de Elizabeth cuando María fue visitarla.
Los que gustamos de la música con certeza nos quedaremos más bien con estos capítulos del libro de Lucas,
recordando lo importante que son.
Lucas el artista, ha reunido y compilado bajo la dirección del Espíritu Santo estos relatos que revelan el hecho
de que al venir Jesús al mundo la poesía se expresó y la música brotó.
¿Por qué tenemos que cantar en la temporada de navidad? Puedo imaginarme que si yo no fuera creyente a lo
mejor formaría un comité al respecto porque a donde quiera que uno va o cada vez que uno enciende la radio
o la televisión, o cuando uno va a algún almacén en algún lugar, están cantando o tocando música de navidad.
Si uno no sabe de qué se trata, a menos que uno sea un individuo alegre, puede ser en verdad irritante, no hay
nada peor que saber que alguien está realmente lleno de alegría y no entender por qué, deseando tenerlo y no
entender cómo conseguirlo, así que quiero hablarle de por qué estamos tan llenos de alegría y música en esta
temporada del año, ¿qué hay en la navidad que nos hace querer cantar y nos llena del gozo que viene de Cristo
mismo?
Hay varias razones que se ilustran en los cantos de Lucas 2.
La primera, que es la que hoy veremos, y el resto se seguirán viendo a lo largo de los mensajes de los domingos
y miércoles. Cuando Cristo nació y empezó esta música por primera vez, una de las razones para ello es que
hay gozo y música en navidad debido a que se cumplieron las profecías del A.T.
Estoy seguro de que nosotros no podemos captar por completo cómo los judíos esperaban el cumplimiento que
tuvo lugar cuando Cristo nació. En el canto de Simeón, anotado en Lucas 2:25, captamos algo de este anhelo
por el cumplimiento de la profecía:
Y he aquí, había en Jerusalén un hombre llamado Simeón y este hombre Justo y piadoso esperaba la
consolación de Israel y el Espíritu Santo estaba sobre él y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no
vería la muerte antes que viese al ungido del Señor.
Simeón es una ilustración de los que esperaban la venida de Cristo, de alguna manera por alguna razón a
Simeón le había dicho el Señor que viviría hasta que Cristo naciera, así que todos los días él se levantaba
preguntándose, ¿será este el día en que se cumplirá la profecía?
Toda su vida había esperado al Mesías, tenemos razones para creer por lo que leemos en esta sección de Lucas
que Simeón estaba bien familiarizado con Isaías capítulos 40 al 55 que nos hablan de la naturaleza de la venida
de Cristo el Mesías, pero el gozo de ver el cumplimiento de éstas profecías mantuvo a Simeón vivo hasta que
al fin un día en el templo tuvo el gozo de ver al mismo Mesías.
Pero pienso que Simeón representa a muchos que creían las Escrituras del A.T. Como saben el A.T. está lleno
de la profecía de la venida de Cristo de una manera tan específica que la mayoría de judíos que lo leían tenían
la tendencia de pasarlo por alto y perderse el significado de lo que los profetas estaban diciendo.
Miqueas, por ejemplo, dijo que Jesús nacería en Belén, el profeta Daniel en realidad dio un calendario en el
capítulo 2 de cómo todo esto iba a suceder y también en el capítulo 9. El profeta Isaías dijo que Jesús nacería
de una virgen, algo que nunca antes había sucedido. Jeremías dijo que su nacimiento iría acompañado por la
masacre de muchos niños, el profeta Oseas dijo que en cierto momento tendrían que ir a Egipto para salvar la
vida del niño.
La mayoría de estas profecías fueron hechas entre 500 y 700 años antes del nacimiento de Cristo.
Había algunos judíos consagrados que todos los días leían las Escrituras meditando en estos versículos y
preguntándose ¿sucederá esto en mi vida? ¿Veré yo a este Cristo? ¿Sabré de esto en mi vida?
Entonces cuando Cristo nació y fue evidente a los pocos que estaban reunidos en esa escena, que aquél niño
en realidad era el Mesías. ¿Pueden entender por qué se llenaron de alegría y por qué no podían hacer otra cosa
que entonar cantos por la emoción?
Permítanme ponerlo en el contexto de nuestros días. Nosotros ya no estamos esperando la primera venida de
Cristo porque sabemos que eso ya sucedió, pero de una manera similar a los judíos del A.T. nosotros que somos
creyentes del N.T. esperamos la segunda venida de Cristo y durante toda nuestra vida hemos oído las profecías
de que Jesús vuelve, que en cualquier momento los cielos se abrirán con alabanza y se tocará la trompeta y
Cristo vendrá por los suyos.
De cuando en cuando, al conversar con amigos creyentes oigo que algunos dicen: "me encantaría estar vivo
cuando llegue ese momento"
¿A cuántos les gustaría ser parte del arrebatamiento que nos lleve hacia arriba en lugar de que el sepulturero
los entierre hacia abajo?
La misma clase de expectativa estaba en los corazones de los que sabían las profecías del A.T. y cuando Jesús
por fin vino nacido en Belén, tal como Miqueas dijo que ocurriría, se llenaron de alegría.
¿Alguna vez medita usted en la naturaleza increíble de las profecías respecto a la venida de Cristo? Se reconoce
por ejemplo que Miqueas profetizó en el año 700 a.C. prediciendo que en definitiva el Mesías nacería en Belén,
no había escape de eso, está allí en la Biblia, es imposible por cualquier artificio legítimo sacar ese versículo
del contexto de Miqueas, está allí en forma indeleble, allí está y lo leyeron por cientos de años los judíos fieles
antes de que el Señor viniera a esta tierra.
¿Qué probabilidad hay de que alguien, por su propia sabiduría sea capaz de predecir el lugar de nacimiento de
alguien que todavía no nace? No hay ninguna probabilidad, por ejemplo; alguien pudiera examinar al
microscopio toda literatura que se escribió en México hasta el año de 1830 y no hallará ni una sola frase siquiera
sugiriendo que un futuro presidente nacería en una pequeña población rural del estado de Oaxaca; pero el
profeta Miqueas pone en su dedo en una de las naciones más pequeñas del mundo, Palestina y en ese país
designa a una de las doce provincias en donde nacería el Mesías, es decir Judá, en esa provincia pone su dedo
sobre una pequeña población llamada Belén y dice que allí tendría lugar el nacimiento del Mesías.
La verdad, es que David es el único rey de Judá que nació en Belén, todos los demás reyes descendientes de
David, generación tras generación hasta la caída de Judá, nacieron en la ciudad real de Jerusalén. La mayoría
de ellos con probabilidad nacieron en el palacio.
Si un profeta del día de Miqueas hubiera adivinado el lugar de nacimiento de Jesús, nunca hubiera pensado en
Belén, habría pensado en Jerusalén y en el palacio real en donde normalmente nacen los reyes.
Si uno se toma tiempo para leer la historia, es verdaderamente milagroso porque sólo debido a un edicto que
emitió Roma respecto a impuestos, es que José y María se vieron obligados en ese tiempo en particular a ir a
la ciudad antigua natal de David, y por eso José y María estuvieron en Belén cuando Jesús nació. Fue un edicto
de un pagano lo que los envió al lugar en donde Miqueas dijo que Jesús nacería, si la concepción hubiera
ocurrido 6 meses antes, el niño habría nacido en Nazaret y María lo hubiera llevado en sus brazos a Belén, y
si la concepción hubiera ocurrido 6 meses después, entonces ella ya habría vuelto a Nazaret y el niño habría
nacido allí. Pero exactamente y en el tiempo preciso debido a un decreto de un pagano, María llevó en su
vientre a Jesús a Belén, y allí nació en los brazos de esa ciudad, tal como Miqueas lo había dicho 700 años
antes.
Para la gente de ese día, ver la increíble afirmación de esa verdad profética convertida en realidad en sus vidas,
fue un momento gozoso.
Pienso que cuando los ángeles comenzaron a alabar, se les unieron todos los judíos creyentes que sabían la
profecía del antiguo testamento.
Si pienso que cantamos en navidad porque las profecías del A.T. se cumplieron en esa temporada del año y se
nos recuerda de esa verdad.