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Montero, José - La Trampa PDF

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Luis O. Aparicio
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‘La trampa En casa dicen que soy un metido, que siempre ando espiando a los demas. Por suerte, aquella semana no habia nadie para ctiticarme, Bia la prime- ra vez que me quedaba solo en el departamento, Mis padres se habian ido de vacaciones al campo. Después de mucho insistit, habia conseguido que ime dejaran permanecer en Buenos Aires, Odio el campo. En esos dias comprobé que la gente vive muy aputada, Por eso no se de- tiene’en las cosas que estin més ala vista. Y por eso fui yo, un chico de 14 afios, un “metido”, el vinico que se fj6 en ese ato. Era un Falcon gris. Una mafiana aparecié estacionado enfrente de casa Como conocia bien los coches de todos los vecinos, no taidé en datme cuenta de que no pertenecia a nadie de a cuadra. Recordé cierto aviso de un diario viejo. Lo encontré. Prometia recom- pensas de hasta S00 délares a cambio de informacién sobre vehiculos abandonados. Me entusiasmé la idea de ganar ese dineto por encontrar un ato que quizds habia sido robado, Me encerté en el bafio y grité como si hubiera hecho un gol. De esa for- ma la vor me quedé bien ronca, parecida a la de un adulto. Luego llamé por teléfono ala agencia del aviso, El truco funcjon6. Cxyeroa que era una persona grande y hasta me dijeton “sefior”, Los de la agencia me explicaron que trabajaban en conexién con las compafiias de seguros. A estas empresas les convenia mucho mas pagar informacién para recuperar un auto que tener gue abonar el, precio completo del seguro, ‘Me pidieron los datos del coche. Les di la marca, el color y el niimero de patente, Al dia siguiente me llamaton, El Falcon no tenfa pedido de captura de la policfa ni habia siclo denunciado como sustraido por ningu- na compatifa de seguros, “Hasta ese momento habia actuado movido por el deseo de ganar la re- compensa, Saber que el auto no era robado eliminaba el aspecto moneta- rio. Sin embargo, el enigma [Link], y fue el afin de vencerja dlificultad lo que me levé a investigat, Se me ocurrieron varias hipétesis. La primera era que el daciio del Falcon habfa olvidado el lugar donde estaba estacionado. Me parecié poco probable, Quizis el conductor habia dejado el auto enfrente de mi casa para hue- go, caminando, dirigirse a hacer un trémite a pocas cuadras, El hombre podia haber suftido un accidente en el camino, y estar in conscierite en la caina de un hospital. O peor aun, podia haber sido se~ cutstrado, Me parecié rato que, en cualquiera de estos casos, la policia no hubiese intervenido. 2Y sien el bat del coche habia un muerto? Era otra posibilidad Crucé la calle corriendo y me acerqué al Falcon. Conceneré todos mis sentidos en el olfato. Répidamente me convenci de que en el baal no podla haber ningtin cadéver. Ya hacia cuatro dias que el auto estaba ahi Es tiempo suficiente para que on cuerpo enire en descomposicién, El olor hubiera sido muy fuerte “Ya me estaba dando por vencido cuando descubri una alternativa ris Pensé: si no es robado ni olvidado, si su duefio no fue secuestrado ni tava tun aceidente, i en el bail no hay un muerto, entonces el auto pertenece a alguien que vino a ana casa del barrio, pero nunca pudo salir de ella, ‘instintivamente clavé la mirada en una casa de la vereda de enfrente. Es- taba desocapada desde hacia varios meses. De vez en cuando aparecian al- guns personas que entraban, estaban unos minutos y se than. Enseguida vyinculé el misterio del auto con los extrafios movimientos de la casa. Me acerqjué a la viviends. Subi seis escalones hasta la puesta de entrada y puse a funcionar de nuevo mi nariz. No se sentian olores raros, ast que al parecer tampoco en la casa habla cadiver alguno. No puede ser, pensé, tiene que haber una relacién entre una cosa y la otza, Observé un pequefio buzin empotrado en Ja pared, al lado de Ta puer- ta, Parte de la tapa exa de vidrio, de tal forma que pude ver su interior. Hla~ ia una factura de gas y otra de impaestos municipales. Lo que me ints: {96 fue un bollito de papel en un rincén del buzén, Me fui a mi departamento, esperé que se hiciera bien de noche y volvé ala casa, En una mano llevaba un alambre con la punta doblada, en Ja otra una linterna. Con mucha paciencia consegui enganchar el alambre en el bollo de pa- pel Ast lo saqué del buz6n. De inmediato descubté que envalvia algo. Eran dos llaves de auto, EI papel estaba escrito con an marcador negro. Decia: “Es el Paleon gris. En ln guantera encontraris el nombre de la persona y las instruc: ciones finales”. Casi no Io pensé. Fui hasta donde estaba el auto. Abri la puerta del : Jost Montero i nacié en Buienos Aires en 1968, Estudio-periodismo y cine. Ha fealizado i algunos cortometrajs. Escribe desde los trece afios. ‘Su primer libro de cuentos fue publicado por la Editorial Sigmar, en 1995, De all se extrajo este relato, 68 lado del acompafiante, porque era el lugar més oscuro, No queria ser visto por los vecinos. ‘Me subi al Falcon. Abti la guantera y adentro encontcé una tarjeta de cartulina blanca. La ikuminé con Ja linterna, Let cuatro palabras escri- tas a méquina: “El blanco sos vos”, Un fifo violento recorrié mi nuca. Impulsivamente salté del auto y ie alejé unos metros. No entendia de qué se rrataba. El miedo o el ins- tinto manejaban mis acciones. Las instrucciones finales... El blanco sos vos... Lo tenia delante de los ojos, pero no fo veia, Decidi que lo mejor seria dejar as cosas como estaban y, en todo ca- so, llamar a la policia, Lo haria a la mafiana siguiente ‘Volvi hasta el coche, Dejé la tarjeta en la guantera y cereé la puerta. En- volvi las laves en el papel y puse todo de nuevo en el buzén de fa casa de- socupada, como lo habia encontrado. ‘Me fui a la cama, Durante un rato largo penst lo que le dirfa a la polica. (Me levarian el apunte? A mé, un menor que va con una his- tosia rarisima? Al final me dormi. Habré descansado tres horas. A la madrugada me despervo una explosién tremenda. Salta ia calle, igual que todos los vect- nos. Lo que quedaba del Falcon estaba siendo consuunido por el fuego. En dos minutos vinieron los bomberos y apagaron las llamas. Después saca- ron del auto un cadiver calcinado. No me aceequé para vetlo en detalle porque me dio asco. Entonces supe por qué yo estaba vivo: afortunadamente me habia equivocado de puerta, Los noticieros de television confirmaron mi hipétesis final. El muerto era un asesino a sueldo, Trabajaba para una poderosa organizaci6n y por «so sabia demasiado sobre muchos asuntos. Lo tenian que eliminar. Para evitar que sospechara le encargaron un “trabajo” como de costumbre. El hombre debia recoger en distintos puntos de la ciudad la informacién y las pistas necesarias para deshacerse de una persona, La tinica diferencia, esta vez, era que la posta del auto serfa la definitiva. La bomba colocada por los mafiosos tenfa un mecanismo de relojeria, aque se activaba al abrir la puerta del conductor, El asesine tuvo tos se- gundos para sentarse, abr la guantera, leet tarjeta “el blanco sos vos” y comprender habia cafdo en tna teampa. José MONTERO (© Baicosial Sigmar, 1995)

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