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Género Dramático

El género dramático es aquel que representa algún episodio o conflicto de la vida de los seres humanos por medio del diálogo de los personajes.

La palabra dramático proviene de “drama”; esta palabra corresponde al nombre genérico de toda creación literaria en la que un artista llamado
dramaturgo concibe y desarrolla un acontecimiento dentro de un espacio y tiempos determinados. Los hechos se refieren a personas o caracteres
que simbolizan en forma concreta y directa un conflicto humano.

Este género esta destinado a ser representado públicamente frente a un auditorio, por lo tanto, este género abarca a todas manifestaciones
teatrales, a todo lo escrito para el teatro y a todo lo que es susceptible de representación escénica ante un público.

Una característica esencial es la acción. Lo que sucede en la obra no está descrito ni narrado ni comentado directamente por el dramaturgo, sino
visto por el espectador. La obra está escrita, pero lo principal en ella es lo que ocurre (debido a esto, existen obras dramáticas sin palabras, o
sea mudas, en las cuales se utilizan gestos y actitudes que expresan el conflicto).

La obra dramática ha sido creada para ser representada o interpretada por actores frente a un público, pudiendo estar escrita en prosa o
en verso o combinando a ambos.

División del género dramático:

tragedia: se refiere a un episodio fatal de la vida, que termina en forma triste o con la muerte del protagonista.

comedia: presenta aspectos cómicos u optimistas de la vida. Tiene un desenlace feliz.

drama: mezcla aspectos de la tragedia y de la comedia

Romeo y Julieta
"En la hermosa Verona, donde acaecieron estos amores, dos familias rivales igualmente nobles habían derramado,
por sus odios mutuos inculpada sangre. Sus inocentes hijos pagaron la pena de estos rencores, que trajeron su muerte y el fin de su triste amor."
Resúmen de la Historia
La historia se desarrolla en Verona, en donde viven dos familias que son rivales, los Montesco y los Capuleto. Romeo, único heredero de los
Montesco, entra sin ser invitado al baile de mascara de los Capuleto, en el que conoce a Julieta, hija única de los Capuleto; ambos se
enamoran a primera vista. Sabiendo que sus padres jamás permitirán su unión, se casan en secreto, con ayuda de Fray Lorenzo. El mismo día
de la ceremonia, Teobaldo insulta a Romeo, a pesar de ello este último rehusa batirse. Pero Mercutio, el mejor amigo del joven Montesco,
entabla duelo a muerte con Teobaldo. Romeo trata de separarlos y Teobaldo aprovecha para herir mortalmente a Mercutio. Romeo, entonces
reta a Teobaldo y venga a su amigo matando a su adversario. El Príncipe de Verona, indignado por los sucesos, condena a Romeo al destierro
o a la muerte. Romeo se encuentra desesperado, porque estará separado de Julieta, pero Fray Lorenzo le aconseja escape a Mantua, hasta
que pueda ser publicado su matrimonio con Julieta y se reuna con ella. Romeo huye a Mantua después de una última entrevista con Julieta. El
Conde Paris, pariente del príncipe, pide la mano de Julieta y le es concedida. Julieta se niega y pide auxilio a Fray Lorenzo, quien le aconseja
que acepte la boda y le entrega un pequeño franco con un elixir que la sumirá en estado cataléptico, parecido a la muerte. Le indica tomarlo la
noche anterior a la boda y se compromete a estar con ella cuando despierte en la cripta de su familia, acompañado de Romeo, después ambos
jóvenes escaparían. Fray Lorenzo envía un mensajero a Romeo (Fray Juan) para que venga por Julieta en el momento de despertar. Sin
embargo, el mensajero no encuentra a Romeo, ya que este avisado por su criado (Baltasar) de que Julieta ha muerto, sale inmediatamente
hacia Verona. Romeo llega a la cripta de los Capuleto encontrándose con Paris, que iba a depositar flores a su futura esposa. El Conde se
indigna al ver a Romeo, ambos se baten, resultado vencedor el joven. Romeo se acerca a Julieta, la besa por última vez y toma veneno,
falleciendo a los pies de su amada. En ese momento llega Fray Lorenzo, quien se atemoriza al ver los cuerpos de Paris y Romeo. Julieta
despierta y el fraile trata de convencerla para que huya con él, pero la joven se niega al ver a su esposo muerto. Fray Lorenzo se va y Julieta se
acerca a Romeo, lo besa y se hiere con el puñal de su esposo, muriendo abrazando a su amado. Los guardias aprenden a Fray Lorenzo y a
Baltasar. Fray Lorenzo revela la verdad ante el Príncipe de Verona, los Montesco y los Capuleto. Con la muerte de Romeo y Julieta, se sella la
paz entre las dos familias rivales.

Los personajes más importantes de la obras son:


Julieta: Hija de los Capuleto y esposa secreta de Romeo, fíngese muerta mediante un brebaje que le da Fray Lorenzo, para no ser obligada a
casarse con el Conde Paris y escapar más tarde con Romeo. Sin embargo, sus planes fallan y se suicida enterrándose el puñal de Romeo al
encontrar a este muerto envenenado.
Romeo: Hijo de los Montesco, se casó secretamente con Julieta, la hija de los Capuleto sus enemigos. Es desterrado a Mantua al matar a
Teobaldo, sobrino de Montesco y se suicida envenenándose al creer que su esposa había muerto.
Los Montesco: Padres de Romeo, enemigos seculares de los Capuleto.
Los Capuleto: Padres de Julieta, rivales de los Montesco.
Teobaldo: Primo de Julieta y sobrino de Montesco, muere al batirse con Romero, después de que mata a Mercutio, el mejor amigo de Romeo.
Mercutio: Pariente del príncipe de Verona y amigo de Romeo. Muere a manos de Teobaldo, cuando Romero trata de evitar el duelo entre estos.
Benvolio: Sobrino de Montesco y primo de Romeo.
Fray Lorenzo: Confesor de Romeo, que ayuda a los dos enamorados a casarse. Y posteriormente ayuda a Julieta, dándole un brebaje para que
se finja muerta y posteriormente llevarla con su esposo.
Escala: Príncipe de Verona, cansado de las constantes riñas entre los Montesco y los Capuletos, ordena pena de muerte para aquel que vuelva
a causar una querella. Cuando se entera de la muerte de Mercutio por culpa de Teobaldo y la muerte de este por culpa de Romeo, ordena el
destierro del último.
Conde Paris: Pariente del príncipe de Verona, Montesco concertó su boda con Julieta. Pero, la supuesta muerte de su prometida lo evita. Muere
en duelo contra Romeo cuando ambos se encuentran en el Mausoleo donde yace Julieta.
Ama: Nodriza de Julieta. En un principio apoya el amor de la joven por Romeo, pero después del destierro de este aconseja a Julieta consienta
en una nueva boda con Paris.
Acto I. Escena V.

Fiesta en casa de Capuleto. (Romeo ve a Julieta por primera vez)


Romeo:- (A un criado) ¿Quién es aquella dama que enriquece la mano de aquel galán?
Criado :- No la conozco, señor.
Romeo:- ¡Oh! ¡De ella debe aprender a brillar la luz de las antorchas! ¡Su hermosura parece que pende del rostro de la noche como una
joya inestimable en la oreja de un etíope! ¡Belleza demasiado rica para gozarla; demasiado preciosa para la tierra! ¡Cómo nívea paloma ente
cuervos se distingue esa dama entre sus compañeros! Acabado el baile, observaré donde se coloque, y con el contacto de su mano haré dichosa
mi ruda diestra. ¿Por ventura amó hasta ahora mi corazón? ¡Ojos, desmentidlo! ¡Porque hasta la noche presente jamás conocí la verdadera
hermosura!
Teobaldo:- Ese, por su voz, es un Motesco. ¡Traedme mi estoque, muchacho! ¿Cómo el miserable se atreve a venir hasta aquí, cubierto
con un grotesco antifaz, para hacer burla y escarnio de nuestra brillante fiesta? Pues, ¡por la estirpe y honor de mi familia, que le mataré a
estocadas sin ningún remordimiento!
Capuleto :- ¿Qué hay, que pasa sobrino? ¿Por qué os alteráis así?
Teobaldo :- ¡Tío, ese es un Montesco, un enemigo nuestro, un villano, que, por despecho, ha venido hasta aquí para burlarse esta noche
de nuestra fiesta!
Capuleto:- ¿Es el joven Romeo?
Teobaldo:- ¡El mismo, ese villano de Romeo!
Capuleto:- Cálmate, gentil sobrino, déjalo en paz, pues se porta como noble hidalgo. Y a decir verdad, Verona está orgullosa de un joven
tan virtuoso y de tan intachable conducta. Ni a cambio de todos los tesoros de esta villa quisiera yo inferirle en mi casa el menor ultraje. Por tanto,
repórtate y no te ocupes de él. Este es mi deseo, que, si respetas, debes mostrar un aspecto jovial y desarrugar ese caño, fiero talante que
cuadra mal en una fiesta.
Teobaldo:- ¡Es la mejor actitud cuando entre invitados hay un canalla semejante! ¡No lo sufriré!
Capuleto:- ¡Lo sufriréis! ¡Caramba con el caballerito! ¡Lo sufriréis, os digo! ¡Vaya! ¿Soy yo aquí quien manda, o vos? ¡Vaya! ¡Qué no lo
sufriréis! ¡Dios me perdone!… ¿Vais a armar un motín entre mis convidados? ¡Queréis levantar mucho el gallo! ¡Queréis ser el bravo!
Teobaldo:- Pero, tío, esto es una afrenta para nuestro linaje.
Capuleto:- Lejos, lejos de aquí. Eres un rapaz incorregible. Cara te va a costar la desobediencia. ¡Ea, basta ya! Manos quietas… Traed
luces… Yo te haré estar quedo. ¡Pues esto sólo faltaba! ¡A bailar, niñas!
Teobaldo:- Mis carnes se estremecen en la dura batalla de mi repentino furor y mi ira comprimida. Me voy, porque esta injuria que hoy
paso, ha de traer amargas hieles.
Romeo:- (Tomando la mano de Julieta) Si con mi mano, por demás indigna profano este santo relicario, he aquí la gentil expiación: Mis
labios, como dos ruborosos peregrinos, están prontos, están prontos a suavizar con un tierno beso tan rudo contacto.
Julieta:- El peregrino ha errado la senda aunque parece devoto. El palmero sólo ha de besar manos de santo.
Romeo:- ¿Y no tiene labios el santo lo mismo que el romero?
Julieta:- Los labios del peregrino son para rezar.
Romeo:- ¡Oh, qué santa! Truequen pues de oficio mis manos y mis labios. Rece el labio y concededme lo que pido.
Julieta:- El santo oye con serenidad las súplicas.
Romeo:- Pues oídme serena mientras mis labios rezan, y los vuestros me purifican. (La besa)
Julieta:- En mis labios queda la marca de vuestro pecado.
Romeo:- ¿Del pecado de mis labios? Ellos se arrepentirán con otro beso. (Torna a besarla)
Julieta:- Besáis muy santamente.
Ama: - Vuestra madre desea deciros una palabra.
Romeo:- ¿Quién es su madre?
Ama:- Su madre es la señora de la casa, y una buena señora, prudente y virtuosa. Yo he criado a su hija, esa con quien habláis y os juro
que el que logre conseguirla se llevará un tesoro.
Romeo:- ¿Es una Capuleto? ¡Oh, cara cuenta! Soy deudor de mi vida a mi adversario.
Julieta:- Ama, ¿sabes quién es este mancebo?
Ama:- El mayorazgo de Fiter.
Julieta:- ¿Y aquel otro que sale?
Ama:- El joven Petrucio, si no me equivoco.
Julieta:- ¿Y el que va detrás… aquel que no quiere bailar?
Ama:- Lo ignoro.
Julieta:- Pues trata de saberlo. Y si es casado, el sepulcro será mi lecho nupcial.
Ama:- Es Montesco, se llama Romeo, único heredero de esa infame estirpe.
Julieta:-¡Mi único amor, nacido de mi único odio! ¡Demasiado pronto le vi sin conocerle, y demasiado tarde le he conocido! ¡Prodigioso
principio de amor que tenga que amar a un aborrecido adversario!…
Acto II. Escena II.

Bajo el balcón de Julieta. (Romeo entra sin ser visto en el palacio de los Capuleto. Julieta aparece en una ventana)
Romeo:- ¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y
mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! ¡No la sirvas, que es
envidiosa! Su tocado de vestal es enfermizo y amarillento, y no son sino bufones los que lo usan, ¡Deséchalo! ¡Es mi vida, es mi amor el que
aparece!… Habla… más nada se escucha; pero, ¿qué importa? ¡Hablan sus ojos; les responderé!…Soy demasiado atrevido. No es a mi a quien
habla. Do de las más resplandecientes estrellas de todo el cielo, teniendo algún quehacer ruegan a sus ojos que brillen en sus esferas hasta su
retorno. ¿Y si los ojos de ella estuvieran en el firmamento y las estrellas en su rostro? ¡El fulgor de sus mejillas avergonzaría a esos astros, como
la luz del día a la de una lámpara! ¡Sus ojos lanzarían desde la bóveda celestial unos rayos tan claros a través de la región etérea, que cantarían
las aves creyendo llegada la aurora!… ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Quién
fuera guante de esa mano para poder tocar esa mejilla!
Julieta:- ¡Ay de mí!
Romeo:- Habla. ¡Oh! ¡Habla otra vez ángel resplandeciente!… Porque esta noche apareces tan esplendorosa sobre mi cabeza como un
alado mensajero celeste ante los ojos extáticos y maravillados de los mortales, que se inclinan hacia atrás para verle, cuando él cabalga sobre
las tardas perezosas nubes y navega en el seno del aire.
Julieta:- ¡Oh Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehusa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me
amas, y dejaré yo de s
er una Capuleto.
Romeo:- (Aparte) ¿Continuaré oyéndola, o le hablo ahora?
Julieta:- ¡Sólo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres tú mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni
brazo, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡Oh, sea otro nombre! ¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría
el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las
raras perfecciones que atesora. ¡Romeo, rechaza tu nombre; y a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mi toda entera!
Romeo:- Te tomo la palabra. Llámame sólo "amor mío" y seré nuevamente bautizado. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo!
Julieta:- ¿Quién eres tú, que así, envuelto en la noche, sorprendes de tal modo mis secretos?
Romeo:- ¡No sé cómo expresarte con un nombre quien soy! Mi nombre, santa adorada, me es odioso, por ser para ti un enemigo. De
tenerla escrita, rasgaría esa palabra.
Julieta:- Todavía no he escuchado cien palabras de esa lengua, y conozco ya el acento. ¿No eres tú Romeo y Motesco?
Romeo:- Ni uno ni otro, hermosa doncella, si los dos te desagradan.
Julieta:- Y dime, ¿cómo has llegado hasta aquí y para qué? Las tapias del jardín son altas y difíciles de escalar, y el sitio, de muerte,
considerando quién eres, si alguno de mis parientes te descubriera.
Romero:- Con ligeras alas de amor franquee estos muros, pues no hay cerca de piedra capaz de atajar el amor; y lo que el amor puede
hacer, aquello el amor se atreve a intentar. Por tanto, tus parientes no me importan.
Julieta:- ¡Te asesinarán si te encuentran!
Romero:- ¡Ay! ¡Más peligro hallo en tus ojos que en veinte espadas de ellos! Mírame tan sólo con agrado, y quedo a prueba de su
enemistad.
Julieta:- ¡Por cuanto vale el mundo, no quisiera que te viesen aquí!
Romeo:- El manto de la noche me oculta a sus miradas; pero, si no me quieres, déjalos que me hallen aquí. ¡Es mejor que termine mi vida
víctima de su odio, que se retrase mi muerte falto de tu amor.
Julieta:- ¿Quién fue tu guía para descubrir este sitio?
Romeo:- Amor, que fue el primero que me incitó a indagar; él me prestó consejo y yo le presté mis ojos. No soy piloto; sin embargo, aunque
te hallaras tan lejos como la más extensa ribera que baña el más lejano mar, me aventuraría por mercancía semejante.
Julieta:- Tú sabes que el velo de la noche cubre mi rostro; si así lo fuera, un rubor virginal verías teñir mis mejillas por lo que me oíste
pronunciar esta noche. Gustosa quisiera guardar las formas, gustosa negar cuanto he hablado; pero, ¡adiós cumplimientos! ¿Me amas? Sé que
dirás: sí, yo te creeré bajo tu palabra. Con todo, si lo jurases, podría resultar falso, y de los perjurios de los amantes dicen que se ríe Júpiter. ¡Oh
gentil Romeo! Si de veras me quieres, decláralo con sinceridad; o, si piensas que soy demasiado ligera, me pondré desdeñosa y esquiva, y tanto
mayor será tu empeño en galantearme. En verdad, arrogante Montesco, soy demasiado apasionada, y por ello tal vez tildes de liviana mi
conducta; pero, créeme, hidalgo, daré pruebas de ser más sincera que las que tienen más destreza en disimular. Yo hubiera sido más reservada,
lo confieso, de no haber tú sorprendido, sin que yo me apercibiese, mi verdadera pasión amorosa. ¡Perdóname, por tanto, y no atribuyas a liviano
amor esta flaqueza mía, que de tal modo ha descubierto la oscura noche!
Romeo:- Júrote, amada mía, por los rayos de la luna que platean la copa de los árboles…
Julieta:- No jures por la luna, que es su rápida movimiento cambia de aspecto cada mes. No vayas a imitar su inconstancia.
Romeo:- ¿Pues por quién juraré?
Julieta:- No hagas ningún juramento. Si acaso, jura por ti mismo, por tu persona que es el dios que adoro y en quien he de creer.
Romeo:- ¿Pues por quién juraré?
Julieta:- No jures. Aunque me llene de alegría el verte, no quiero esta noche oír tales promesas que parecen violentas y demasiado rápidas.
Son como el rayo que se extingue, apenas aparece. Aléjate ahora: quizá cuando vuelvas haya llegado abrirse, animado por las brisas del estío, el
capullo de esta flor. Adiós, ¡ojalá caliente tu pecho en tan dulce clama como el mío!
Romeo:- ¿Y no me das más consuelo que ése?
Julieta:- ¿Y qué otro puedo darte esta noche?
Romeo:- Tu fe por la mía.
Julieta:- Antes de la di que tú acertaras a pedírmela. Lo que siento es no poder dártela otra vez.
Romeo:- ¿Pues qué? ¿Otra vez quisieras quitármela?
Julieta:- Sí, para dártela otra vez, aunque esto fuera codicia de un bien que tengo ya. Pero mi afán de dártelo todo es tan profundo y tan sin
límite como los abismos de la mar. ¡Cuando más te doy, más quisiera date!… Pero oigo ruido dentro. ¡Adiós no engañes mi esperanza… Ama,
allá voy… Guárdame fidelidad, Montesco mío. Espera un instante, que vuelvo en seguida.
Romeo:- ¡Noche, deliciosa noche! Sólo temo que, por ser de noche, no pase todo esto de un delicioso sueño
Julieta:- (Asomada otra vez a la ventana) Sólo te diré dos palabras. Si el fin de tu amor es honrado, si quieres casarte, avisa mañana al
mensajero que te enviaré, de cómo y cuando quieres celebrar la sagrada ceremonia. Yo te sacrificaré mi vida e iré en pos de ti por el mundo.
Ama:- (Llamando dentro) ¡Julieta!
Julieta:- Ya voy. Pero si son torcidas tus intenciones, suplícote que…
Ama:- ¡Julieta!
Julieta:- Ya corro… Suplícote que desistas de tu empeño, y me dejes a solas con mi dolor. Mañana irá el mensajero…
Romeo:- Por la gloria…
Julieta:- Buenas noches.
Romeo:- No. ¿Cómo han de ser buenas sin tus rayos? El amor va en busca del amor como el estudiante huyendo de sus libros, y el amor
se aleja del amor como el niño que deja sus juegos para tornar al estudio.
Julieta:- (Otra vez a la ventana) ¡Romeo! ¡Romeo! ¡Oh, si yo tuviese la voz del cazador de cetrería, para llamar de lejos a los halcones¡ Si
yo pudiera hablar a gritos, penetraría mi voz hasta en la gruta de la ninfa Eco, y llegaría a ensordecerla repitiendo el nombre de mi Romeo.
Romeo:- ¡Cuán grado suena el acento de mi amada en la apacible noche, protectora de los amantes! Más dulce es que la música en oído
atento.
Julieta:- ¡Romeo!
Romeo:- ¡Alma mía!
Julieta:- ¿A qué hora irá mi criado mañana?
Romeo:- A las nueve.
Julieta:- No faltará. Las horas se me harán siglos hasta que llegue. No sé para qué te he llamado.
Romeo:- ¡Déjame quedar aquí hasta que lo pienses!
Julieta:- Con el contento de verte cerca me olvidaré eternamente de lo que pensaba, recordando tu dulce compañía.
Romeo:- Para que siga tu olvido no he de irme.
Julieta:- Ya es de día. Vete… Pero no quisiera que te alejaras más que el breve trecho que consiente alejarse al pajarillo la niña que le tiene
sujeto de una cuerda de seda, y que a veces le suelta de la mano, y luego le coge ansiosa, y le vuelve a soltar…
Romeo:- ¡Ojalá fuera yo ese pajarillo!
Julieta:- ¿Y qué quisiera yo sino que lo fueras? Aunque recelo que mis caricias habían de matarte. ¡Adiós, adiós! Triste es la ausencia y tan
dulce la despedida, que no sé cómo arrancarme de los hierros de esta ventana.
Romeo:- ¡Qué el sueño descanse en tus dulces ojos y la paz en tu alma! ¡Ojalá fuera yo el sueño, ojalá fuera yo la paz en que se duerme tu
belleza! De aquí voy a la celda donde mora mi piadoso confesor, para pedirle ayuda y consejo en este trance.

Acto V. Escena III.


Cementario, en el mausoleo de los Capuletos. (Romeo mata a Paris en un duelo al encontrarse ambos en el mausoleo de los
Capuleto)
(Romeo mata a Paris en un duelo al encontrarse ambos en el mausoleo de los Capuleto)
Paris: - ¡Ay de mí, muerto soy! Si tienes lástima de mí, ponme en el sepulcro de Julieta.
Romeo: - ¡Lo haré, por mi fe!… Veamos de cerca esa cara… ¡El pariente de Mercutio! ¡El noble conde Paris!… ¿Qué me decía mi criado
durante el viaje, cuando mi alma, en medio de sus tempestades, no le atendía? Creo que me contaba que Paris se iba a casar con Julieta…
¿No era eso lo que dijo, o lo he soñado? ¿O es que estoy tan loco que, oyéndote hablar de Julieta, imaginé tal cosa?… ¡Oh! ¡Dame la mano,
tú que, como yo, has sido inscrito en el libro funesto de la gracia! ¡Yo te enterré en una tumba triunfal! ¿Una tumba? ¡Oh, no! ¡Una linterna,
joven víctima! Porque aquí descansa Julieta, y su hermosura transforma esta cripta en un regio salón de fiesta, radiante de luz. (Colocando a
Paris en el mausoleo). ¡Muerte, un muerto te entierra!… ¡Cuántas veces, cuando los hombres están a punto de expirar, experimentan un
instante de alegría, a la que llaman sus enfermeros el relámpago precursor de la muerte! ¡Oh! ¿Cómo puedo llamar a esto un relámpago? ¡Oh!
¡Amor mío! ¡Esposa mía! ¡La muerte, que ha saboreado el néctar de tu aliento, ningún poder ha tenido aún sobre tu belleza! ¡Tú no has sido
vencida! ¡La enseña de la hermosura ostenta todavía su carmín en tus labios y mejillas, y el pálido estandarte de la muerte no ha sido
enarbolado aquí… Teobaldo, ¿eres tú quien yace en esa sangrienta mortaja? ¡Oh! ¿Qué mayor favor puedo hacer por ti que, con la mano que
segó en flor tu juventud, trochar la del que fue tu adversario? ¡Perdóname, primo mío! ¡Ah! ¡Julieta querida! ¿Por qué eres aún tan bella?
¿Habré de creer que el fantasma incorpóreo de la muerte se ha prendado de ti y que el fantasma incorpóreo de la muerte se ha prendando de
ti y que ese aborrecido monstruo descarnado te aguarda en esas tinieblas, reservándote para manceba suya? ¡Así lo temo, y por ello
permaneceré siempre a tu lado, sin salir jamás de este palacio de noche sombría! ¡Aquí! Aquí quiero quedarme con los gusanos, doncellas de
tu servidumbre ¡Oh! ¡Aquí fijaré mi eterna morada, para librar a esta carne, hastiada del mundo, del yugo de mal influjo de las estrellas!… ¡Ojos
míos, lanzad vuestra última mirada! ¡Brazo, dad vuestro último abrazo! Y vosotros, ¡Oh, labios! Puertas del aliento, sellad con un legítimo beso
el pacto sin fin con la acaparadora muerte. (Cogiendo el frasco de veneno). ¡Ven, amargo conductor! ¡Ven, guía fatal! ¡Tú, desesperado piloto,
lanza ahora de golpe, para que vaya a estrellarse contra las duras rocas, tu maltrecho bajel, harto de navegar! (bebiendo). ¡Brindo por mi
amada! ¡Oh sincero boticario! ¡Tus drogas son activas! … Así muero… ¡con un beso!… (Muere. Llega Fray Lorenzo.)
Fray Lorenzo: - Pero ¡Dios mío! ¿Qué sangre es esta en las gradas del monumento? ¿Qué espadas éstas sin dueño, y tintas todavía de
sangre? (Entra en el sepulcro) ¡Romeo! ¡Pálido está como la muerte! ¡Paris cubierto de sangre!… La doncella se mueve. (Despierta Julieta)
Julieta :- Padre, ¿dónde está mi esposo? Ya recuerdo dónde debía yo estar y allí estoy. Pero ¿dónde está Romeo, padre mío?
Fray Lorenzo:- Oigo ruido. Deja tú pronto este foco de infección, ese lecho de fingida muerte. La suprema voluntad de Dios ha venido a
desbaratar mis planes. Sígueme. Tu esposo yace muerto a tu lado, y Paris muerto también. Sígueme a un devoto convento y nada más me
digas, porque la gente se acerca. Sígueme, Julieta, que no podemos detenernos aquí.
Julieta :- ¡Vete, márchate de aquí, pues yo no me moveré! (Sale Fray Lorenzo) ¡Esposo mío! Más ¿qué veo? Una copa tiene en las
manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! No me dejó ni una gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algún
resabio del veneno. Él me matará y me salvará. (Besándole) ¡Tus labios están calientes todavía!
Guardia 1° :- ¡Guíanos, muchacho! ¿Por dónde?
Julieta :- ¿Qué? ¿Rumor? ¡Seamos breves entonces! (Cogiendo la daga de Romeo) ¡Oh daga bienechora! ¡Enmohécete aquí y dame la
muerte! (Cae sobre el cadáver de Romero y muere)