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Unidad 1: La Región del Tucumán y la conquista
Según Bazán La palabra región tiene distintas connotaciones que se sustentan en la geografía, la economía, la lengua, la cultura y también en el marco
político-institucional. Cuando todavía no existían las nacionalidades hispanoamericanas, la crónica adopta como unidad de análisis a la región, aunque las palabras que
utiliza para designarla sean otras como país, reino o provincia. Esta comprobación tiene especial validez para el Tucumán, Río de la Plata y Cuyo. Así, la crónica indiana
habla del reino o país de Tucma cuando relata la incorporación de los pueblos aborígenes del Noroeste a la jurisdicción del Tawantinsuyo, e implícitamente considera a
ese ámbito geográfico como una unidad por encima de los particularismos étnicos y culturales.
Bernardo Canal Feijoó, partiendo del análisis sociológico y de la planificación socio-económica, acuñó la premisa de que el Norte Argentino es la región “más
histológicamente integrada de la Argentina”, a despecho de los limites interiores convencionales creados por el hombre para estructurar políticamente a las provincias.
¿Cómo entender, pues, esa unidad estructural, partiendo desde formas políticas que se constituyeron más tarde, a despecho de la misma? Esto nos impone la
necesidad de elaborar un método adecuado para investigar esa realidad estructural con rasgos homogéneos que es la región. Puestos en esa tarea, trataremos de
definir las categorías de análisis específicas de la historia regional a fin de hacer un abordaje orgánico de la misma. Estas son las siguientes:
● El factor geográfico: no consiste necesariamente en la uniformidad de sus recursos naturales, sino que se expresa también en la diversidad de zonas
naturales contiguas y complementarias cuya disposición objetiva favorece la integración social influyendo en la instalación humana, condicionando las formas
de aprovechamiento de los recursos naturales y generando fenómenos de complementación e interdependencia de las comunidades regionales.
● El factor étnico-social: La homogeneidad de una región histórica depende también del tipo étnico que protagoniza su desarrollo. En el Noroeste ha sido y
sigue siendo mayoritario el tipo humano producido por el primer mestizaje. El criollo se plasmó en su ser físico y su idiosincrasia como producto del mestizaje
del colonizador español –reducida minoría- con el aborigen americano, estrato originariamente mayoritario, y con los grupos africanos incorporados
masivamente a partir del siglo XVIII. Esos elementos formaron la sociedad criolla que decantó su perfil en el siglo XIX, borrando los rasgos identificatorios
particulares de sus componentes primarios. Así se configuró un tipo étnico común para todas las provincias del Noroeste, que tiene diferencias claramente
perceptibles respecto del tipo étnico de la región pampeana. Esta cambió su población con la incorporación masiva del inmigrante europeo desde la segunda
mitad del siglo pasado, donde fueron mayoría los contingentes italianos y españoles.
● El factor cultural: Comprende a la lengua; la religión, los usos y costumbres, las expresiones literarias y artísticas, el folklore y la cosmovisión frente al
pasado histórico y al medio geográfico. El camino del Inca fue un instrumento de civilización, de igual modo que la lengua quechua que se difundió en el
Tucumán y comenzó a ser hablada junto a las lenguas autóctonas como el cacán de los diaguitas. Ese desarrollo cultural facilitó el mestizaje con el sistema
español. En el mundo de las creencias religiosas, las fiestas tradicionales con vigorosa vigencia, demuestran que bajo el ropaje del catolicismo hay
manifestaciones de genuina religiosidad popular de filiación indígena que la Iglesia Católica ha terminado por aceptar. En orden a la expresión literaria, esta
revela de manera significativa la impronta telúrica regional. El paisaje, la fauna autóctona, los usos y costumbres; la tradición histórica, la problemática
espiritual del hombre lugareño constituyen la temática inspirativa de los autores más representativos en los géneros de la poesía, la narrativa y el teatro. La
identidad del noroeste se expresa también en la música y las artesanías. Así como el tango es la música representativa del país aluvial, la zamba y la
chacarera definen musicalmente al país tradicional. Las artesanías del tejido y de la cerámica especialmente, dan ocupación a mucha gente y logran buena
colocación en el mercado nacional e incluso mundial: Verbigracia, alfombras, tapices y ponchos.
● El factor económico: En la etapa histórica, los estadios evolucionaron desde formas primarias de producción destinada al autoabastecimiento y a la
demanda de un mercado regional restringido, al nivel más complejo impuesto por la formación de un mercado nacional y a la inserción de éste en el mercado
europeo y mundial. El primitivo comercio de trueque y la moneda de la tierra fueron suplantados progresivamente por la economía monetaria y capitalista.
● El factor político: Lo regional y lo nacional no son términos antitéticos. Lo regional denota una pluralidad estructural que se resuelve sin violencia en la
unidad nacional cuando ésta toma forma institucional. Existió antes de la organización constitucional de la nación con nombres propios como Tucumán,
Cuyo, Buenos Aires, Litoral. Esa estructura se fragmentó políticamente en la época independiente cuando los municipios sufragáneos de las gobernaciones-
intendencias adquieren rango provincial por virtud de procesos autonómicos que diseñan el mapa político de la Argentina histórica. Pero esta nueva realidad
no hizo desaparecer la conciencia de unidad regional sustentada en comunes tradiciones, problemas y necesidades. Sin perjuicio de reconocer la existencia
de actitudes de suficiencia localista que privilegian a la provincia sobre la región, los hombres más lúcidos saben que la verdadera satisfacción de las
necesidades políticas y económicas en el marco del sistema federal sólo podrá lograrse mediante la concertación regional.
Según Daniel Campi, la perspectiva regional no consiste en historiar un espacio al que se le imputa la condición de región por la singularidad que le otorgan
su conformación étnica, la religiosidad, la idiosincrasia de su población, "la historia", en definitiva. Por el contrario, como hipótesis que es, es necesario trabajar sobre
historicidad, referirse a las diversas coyunturas que le dieron origen, en resumen, detectar cuáles fueron las claves de su desarrollo y transformaciones. Lo decisivo para
definir una región es su funcionamiento, su sistema de flujos, los diversos modos de relaciones sociales que se establecen en su seno. Por ello es necesario, privilegiar
el estudio de la circulación de bienes y personas, el desarrollo y la dinámica de los mercados, pues allí se establecen las articulaciones, las relaciones de
interdependencia, las especializaciones, etc., articulaciones que remiten a las estructuras sociales, a la producción, a las modalidades de la acumulación, a la formación
de las clases y los sistemas de dominación y poder, etc.
Según Sandra Fernández, la calificación de regional/local es polisémica y que, por lo tanto, múltiple es su utilización terminológica. Desde una perspectiva
histórica, durante varios años la encrucijada de los estudios regionales y locales se pensó como la oposición, o mejor aún como el encuentro distorsionado, entre la
formalización de tales estudios y la caracterización de “lo nacional”. En paralelo, también pudo observarse un corrimiento regular y constante de las definiciones de lo
regional y local hacia un simple recorte administrativo, en un registro exclusivamente territorial. Desde este ángulo, en general, se adaptaba casi mecánicamente una
realidad social-económica-cultural a una forma de división política-administrativa. Así, la historia regional tendría correspondencia directa con una historia ligada a lo
provincial o departamental, y la historia local estaría identificada con la comarca, la ciudad o el poblado, dejando a un lado cualquier tipo de consideración de los
fenómenos urbanos o de los procesos inherentes a la construcción social e identitaria de esos espacios. Además, en innumerables casos, la situación se agravaba en
virtud de un acercamiento a la problemática regional y local desde una forma de hacer Historia centrada en lo anecdótico, la crónica o la mera descripción de sucesos y
eventos. Para finalizar, nos resta remarcar que desde el punto de vista historiográfico y también desde la producción en investigación, en nuestro país la historia regional
y local se encuentra todavía distante de legitimar lo que para nosotros representa la particularidad esencial de estas disciplinas: su capacidad analítica, o mejor aún
microanalítica, ligada además a las potencialidades científicas del estudio de caso.
Poblaciones Originarias (Torrago, Noemí - Nueva Historia)
La época de los desarrollos regionales se caracteriza por un fuerte crecimiento demográfico, por la aparición de sociedades pujantes, territorios bien
controlados y defendidos desde los pucarás. Se destacaron Calchaquí, Tastil, Yocavil y Belén en las provincias de Salta, Tucumán y Catamarca. Al Norte, y en relación
más estrecha con el altiplano estaban los núcleos de Tilcara, Humahuaca, Yavi y Casabindo en la provincia de Jujuy. Más al sur operaban los centros de Sanagasta y
Aimogasta, en La Rioja, y de Angualasto, en San Juan.
Nuevas formas económicas y políticas se gestaron dando lugar a entidades sociales que entraron en competencia con otras organizaciones semejantes,
tanto por pastos, agua y rebaños, como por otros factores. La agricultura por irrigación, el control de los recursos de diversos pisos ecológicos y una explotación
ganadera intensiva estaban bien establecidos. Durante ese desarrollo se asentaron las relaciones sociales desiguales tanto en la organización del trabajo como en la
distribución y el consumo de bienes. La instalación de talleres para la producción de objetos de alto valor social y simbólico, y la consolidación de elites dentro de la
sociedad.
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El tránsito a la nueva época, más civil, llevó a un gran desarrollo regional. Estas sociedades presentaron como característica la inhumación de niños en unas
cerámicas, decoradas con caras antropomorfas o zoomorfos, y geométricos pintados. Los lugares de vivienda eran villas con pocas casas. A mediados del siglo XIII
estaban en funcionamiento centros poblados. En esos núcleos con tendencia al desarrollo urbano se inició el clima de florecimiento regional.
Conquista y Colonización del Tucumán (Lascano)
Tucumán fue descubierta en el S. XVI y colonizada por las corrientes conquistadoras provenientes del Perú y Chile. La expedición de Almagro señaló las
primeras referencias concretas de la existencia regional del noroeste, al regreso de la conquista chilena.
En esa interconexión de antecedentes explicatorios del descubrimiento, confluyen las llamadas “guerras civiles” del Perú entre sus grandes capitanes
Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Quiso Almagro establecer su autoridad en el Cuzco pero vencido por Hernando de Pizarro en la Batalla de Las Salinas, fue
condenado a muerte y estrangulado en 1538.
Diego de Almagro (hijo) juntos a sus partidarios terminaron con la vida de Pizarro, en su palacio limeño. Ante la llegada del Licenciado Cristóbal Vaca de
Castro, enviado para establecer una Audiencia en Lima y asumir el mando de la acefalia, Almagro se retiró al Cuzco sin obedecerle.
Ideologías de la conquista (Bazán- Achával)
Existían dos ideologías de conquista según Levillier: Juan de Matienzo (oidor de Charcas) y Francisco de Toledo (virrey del Perú). El primero, en su libro
desarrollo un pensamiento muy claro sobre los objetivos que debían proponerse la conquista del Tucumán y las ciudades que debían ser fundadas. En principio,
recomendaba fundar Jujuy, un pueblo de españoles por estar ubicado dicho distrito en la entrada de la provincia. Allí, estuvo precaria fundación de Juan Pérez Zurita. A
él debían estar sujetos los indios de Atacama, los diaguitas de Calchaquí y Salta;
El segundo, propone fundar otros dos pueblos en Gualasto (límite al sur del valle Calchaquí) y Famatina, ya que en esos lugares había minas de oro y plata.
Además, Famatina lindaba con una muy rica tierra y muy poblada. Cuando escribió su obra, ya no existía la ciudad de Londres, fundada por Zurita.
Matienzo consideraba conveniente hacer una nueva fundación por las ventajas que representaba la abundancia de la población diaguita. El funcionario juzga
las fundaciones que se hicieron en Esteco, San Miguel y Santiago del Estero; sin embargo, pone especial énfasis en las tierras de los comechingones (porque eran
tierras de invierno y verano) sostiene que allí debe fundarse un pueblo de españoles. Santiago del Estero, San Miguel, Jujuy, Salta, Córdoba y La Rioja a la que pronto
se agregaría Catamarca dieron forma definitiva a la provincia de Tucumán.
Pero su ideología no se agota allí. Desde el país de los comechingones en dirección a la fortaleza Sancti- Spiritu (se abría una tierra llana y despoblada). Las
ciudades de Tucumán necesitaban un puerto que posibilitaba su más rápida comunicación con España, centro del poder colonial, Matienzo había propuesto una
solución: abrir un puerto en el Rio de la Plata, el puerto de Buenos Aires sería un punto de convergencia de la relación comercial de Tucumán, Alto Perú y Chile con
España. Esto se hizo posible en 1580 con la segunda fundación de Buenos Aires.
Para Toledo, era necesario consolidar lo existente con nuevas fundaciones en sitios apropiados y no dispersos esfuerzos en ambiciosas empresas de
exploración y conquista.
Por otro lado, la colonización fue en España una verdadera cruzada nacional. Y esto se nota más claramente en la conquista del actual territorio argentino,
en donde la pobreza de la tierra la falta de riquezas minerales y la fundación de ciudades alejadas de las costas oceánicas vienen a demostrarlo, si solo hubiera sido un
interés económico no se hubieran establecido centros de cultura y civilización, no se hubiera incorporado al reino de Castilla, no se hubieran preocupado de la suerte de
los aborígenes, no se habrían dictado leyes, ordenanzas, decretos para mejorar su condición social y económica. También tuvo como propósito acabar con las guerras
civiles en el Perú, por ello, Vaca de Castro, pregono una serie de expediciones con lo que la tierra quedaba así “descargada” de ese potencial peligro.
Entrada de Diego de Rojas (Achával- Bazán)
Hacia 1542, después de la batalla de Chupas, el Perú quedó pacificado. Se nombró para la expedición de Tucumán a Rojas, entre cuyos méritos pesaba su
trato a los indígenas como signo de preocupación evangelizadora hispánica.
Con esos claros objetivos se organizó la expedición de Diego de Rojas a quien cabe el título de verdadero descubridor del Tucumán.
Atravesaron la puna jujeña y por cuesta de Ancay llegaron a Chicoana donde se detuvieron un tiempo en los Valles Calchaquíes, internándose después de
cruzar el Aconquija en llanuras de Tucumán. Rojas con su columna, entraron a tierras de los Juríes en jurisdicción santiagueña. Diego resulto herido por un flechazo en
la pierna y, en pocos días, murió víctima de horribles dolores a causa de un misterioso veneno usado por los indios, en Mocacaxa, denominación dada a Maquijata.
De allí surgieron los enfrentamientos entre los expedicionarios, tomo el mando don Francisco de Mendoza, quien siguió rumbo al sudeste hasta encontrar el
cauce del rio Dulce y marcho hacia Soconcho, allí fundo el real de Medellín, sin embargo, un incendio destruyo esta ciudad y obligo seguir marcha hacia el sur, siendo
abandonada la primera población levantada por descubridores en Santiago del Estero.
Francisco de Mendoza mando de vuelta a Felipe Gutiérrez y su mujer, deshonrados por la injusta sospecha de envenenar a don Diego. Se propuso seguir y
llego al Paraná a la altura del fuerte Sancti Spiritus, desde donde emprendió el regreso desalentado.
Se complotaron los soldados cuando el jefe propuso seguir tras las huellas de Irala al Paraguay, y uno de ellos, Diego Alvares, terminó a puñaladas con la
vida de Mendoza en Malaventura, decidiéndose volver desde el Valle de Calamuchita para abastecerse en la provincia de los Juríes. A fines de 1545 la expedición
emprendió el regreso al mando de Nicolás de Heredia, quien legalizó el crimen y asumió el mando después de condenar a muerte a Mendoza por usurpador, y designar
a Diego Alvares maestre de campo.
Expedición y fundación de Núñez de Prado (Achával- Bazán)
Cuando los restos dispersos de la expedición de Rojas volvieron al Perú se encontraron con otra trágica noticia. Había estallado nuevamente la guerra civil –
en verdad la tercera y última de las guerras civiles entre españoles del Perú- como consecuencia del intento de aplicar las nuevas leyes de Carlos I por parte del virrey
Blasco Núñez Vela y la resistencia de encomenderos y capitulares dirigidos por Gonzalo Pizarro.
El 18 de enero de 1546, luego de haber sido vencido en Añaquito, Blasco Núñez Vela fue decapitado en el campo de batalla, quizá cuando Pizarro
vislumbraba la posibilidad de constituirse en soberano de un reino independiente en el Perú.
Fue necesario el envío de una nueva autoridad con plenos poderes del rey. El Licenciado Pedro de La Gasca traía la capacidad diplomática suficiente para
volver las cosas a su lugar.
La pacificación del Perú trajo nuevamente la posibilidad de volver a Tucumán.
La Gasca obro con capacidad y cautela. Fruto de esa acción seria la fundación de La Paz, encomendada al Capitán Alonso de Mendoza, el gobierno de
Chile dado a Pedro de Valdivia, el envío de Diego Centeno con socorros al Paraguay y la conquista de Tucumán confiada a Juan Núñez de Prado. Partió desde Potosí
el 8 de octubre de 1549 acompañado de 60 hombres y tres sacerdotes, el presbítero Hernando de Gomar y los dominicos Gaspar de Carvajal y Alonso Trueno.
Llego Núñez de Prado a Chicoana, lugar ya conocido que poblaban los pulares cerca de Cachi y siguió por los Valles Calchaquíes la misma ruta de Rojas.
La expedición penetro a territorio tucumano y Núñez de Prado fundo al sudoeste de la ciudad de Monteros, la ciudad del Barco el 29 de junio de 1550. La bautizó en
honor a su homónima hispana Del Barco de Ávila, Cuna del Licenciado Pedro de La Gasca, presidente de la Audiencia de Lima. El lugar coincidía con el mismo valle
donde después estuvieron emplazado San Miguel de Tucumán y Cañete, cercana del Rio Escaba.
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La prolija investigación documental realizada por el licenciado Gastón Doucet concluyó que la fecha matriz que engendró Santiago del Estero, bajo
paternidad de Juan Núñez de Prado, ocurrió el 29 de junio de 1550.
Conflictos y traslados (Achával- Bazán)
En noviembre de 1550, al hallarse explorando tierras de Tipiro, Prado recibió noticias de una partida hispana que merodeaba en las proximidades y cometía
vejámenes contra indios. Se trataba de una columna comandada por el Capitán Francisco de Villagra en cargado de llevar socorro a Pedro de Valdivia desde el Perú.
Los ataco en la madrugada y tuvo un total fracaso. Se impuso en superioridad numérica los españoles invasores, cuyo número desconocía Prado. Villagra
exigió la firma de actas y documentos que lo hacían reconocer la jurisdicción chilena y la autoridad de Valdivia.
Villagra le reconocía a cambio la tenencia de la gobernación a Prado. Apenas se hubo retirado Villagra, Núñez resolvió su traslado. El 23 de mayo de 1551
se instaló en el valle salteño de Guasán o Quiri-Quiri junto al rio Calchaquí, tomando el nombre de “Ciudad del Barco del Nuevo Maestrazgo de Santiago”
El asedio de los indios y el incendio de sus casas obligo a Núñez a realizar un nuevo traslado. El tercer traslado se concretó posiblemente en junio de 1552, y
se ubicó a orillas del Río Dulce a un cuarto de legua. Asiento primitivo de Santiago del Estero.
Francisco de Aguirre y el nacimiento definitivo de Santiago del Estero (Lascano)
Valdivia no aceptaba la renuncia de derechos y vasallaje obtenido violentamente por Villagra en su favor, para ampliar su gobernación hasta Tucumán. La
tesis de Valdivia se fundamentaba en que la Ciudad del Barco se le había ofrecido voluntariamente y, en consecuencia, revocaba el poder dado a Núñez del Prado,
mediante una provisión extendida el 8 de octubre de 1551 se designaba “Teniente de Capitán General y Gobernador” de la ciudad del Barco a favor de Francisco de
Aguirre.
La concesión otorgada a Valdivia por La Gasca aclaraba que en caso de conflictos jurisdiccionales la prohibición era acudir a la fuerza, siendo obligatorio
dejar a quien hubiere poblado.
Se emprendió la marcha en marzo de 1553 y luego de recorrer los traslados en busca de Prado, Aguirre llego en la noche del 20 de mayo a la Ciudad del
Barco.
Al día siguiente se hizo reconocer por el Cabildo, mandando devuelta al Perú a los partidarios de Prado, entre ellos los frailes Carvajal y Trueno, celosamente
custodiados, y cuando fue hallado Núñez lo envió preso a Chile.
Aguirre traslado la población y le cambio el nombre el 25 de Julio de 1553. Tres veces fue gobernador de Tucumán: 1553-1554, en 1563-1566, y en 1569-
1570; durante su primer viaje de expedición careció de sacerdote, hecho inusual entonces, y llegando al Barco expulsó a los frailes del lugar; en sus dos últimos
gobiernos se granjeó una enemistad del clero y terminó procesado por la Inquisición de Lima. Aunque resultara absuelto, se le acusaba de blasfemar contra la autoridad
eclesiástica y haber dicho que más importante para el bien de la República era un herrero que un cura.
Distintas Posturas Historiográficas (Achával)
Fray Eudoxio de Jesús Palacios, sacerdote mercedario y distinguido historiador, afirma “que toda traslación presupone la existencia de la cosa trasladada”.
Agregando Vicente Sierra que no es suficiente cambiarle el nombre y reemplazar a unos miembros del cabildo por otros para estimar que el traslado sea una nueva
fundación. Para los que vivieron aquellos años fundacionales ambas ciudades son una sola y misma realidad.
● La resolución de la Audiencia de Lima de 1555 reestablece a Prado en su gobierno del Tucumán
● La información levantada por el procurador general Lorenzo Maldonado en la ya llamada Santiago del Estero, expone refiriéndose a la reivindicación
realizada por la Audiencia “Juan Núñez de Prado, Capitán de Justicia Mayor que fue de esta dicha ciudad”.
● Juan de Cusio basándose en la información de servicios que el propio Aguirre hizo en Chile afirma “reedifico la ciudad de Santiago del Estero”, Baltazar de
Barrionuevo es más claro cuando dice “reedifico la ciudad del Barco que ahora se llama Santiago del Estero”, y Diego Villarroel (sobrino de Aguirre) “llego a
los llanos de los Juries… reedificando la ciudad del Barco que al presente se llama Santiago del Estero”.
● En octubre de 1585, la ciudad de Santiago del Estero realizo su propia información de servicios para ser elevada al rey Felipe II y en ella el procurador dice:
“esta ciudad de Santiago de estero le ha servido y sirve de 35 años a esta parte que se fundó”. El cómputo de 35 años hace lógicamente la referencia a la
fundación del Barco en 1550 por Núñez de Prado. El Barco nunca desapareció, cambió de nombre como casi todas las ciudades no sola de Argentina si no
de América.
En todos estos casos la crítica histórica indica como fundador al quien la pobló primero, nunca al que realizo traslados o cambios de nombre. Solo Santiago
del estero es el único caso en que resulta ser fundador quien solo traslado y dio nuevo nombre a la ciudad.
Conviene saber que la ciudad de Santiago del Estero después del traslado efectuado por Aguirre 1553 sufrió otros. Así, el gobernador Felipe de Albornoz,
autorizado por real cedula, concreto el cuarto traslado, por las inundaciones, corriéndose hacia el oeste a un kilómetro donde la asentó Aguirre.
Últimas investigaciones (Achával)
La comisión especial del Academia Nacional de la Historia dictaminó que la ciudad de Santiago de Estero fue fundada por Francisco de Aguirre el 25 de julio
de 1553, “a pedido del gobierno de la provincia”, fundamentándose en
● Las actas del cabildo santiagueño con fechas del 14 de abril de 1774: señala que los cabildantes se han reunido para organizar las fiestas del patrono de la
ciudad, el apóstol Santiago, cuyo día era y es el 25 de julio “en memoria de que en días semejantes introdujeron las armas españolas el santo evangelios y
se hizo la primera fundación de esta dicha capital”. El santo evangelio no fue introducido por Aguirre, sino por Núñez del Prado a quien acompañaron 3
sacerdotes, Hernando de Gomar (murió) Trueno y Carvajal fueron expulsados por Aguirre por lo tanto no pueden referirse a este.
● Acta de 21 de julio 1779
● Actas capitulares del 25 de mayo de 1768 y 1 de junio 1771
● Tesis del fray Eudoxio J. Palacio sostiene que esta última era independiente de los anteriores traslados y sometida a una jurisdicción distinta, inicia un nuevo
periodo político, tiene nuevos vecinos y nuevas encomiendas,
● Carta de Aguirre a rey del 25 de enero 1558 en la que expresa “poblé un pueblo que llamé Santiago del estero todo a mi costa y mención”.
El dictamen reconoce los méritos de Núñez del Prado sugiriendo en el futuro monumento en homenaje a Aguirre se dé un lugar a la figura del primero “en
hazañas a que le fueron comunes”
El concepto de trasladar no es sinónimo de fundar. Para que una ciudad pueda ser fundada de nuevo es necesario que, previamente, haya desaparecido y
ese no es el caso de la ciudad del Barco, que fue trasladada sin dejar de existir.
Aguirre encarta al rey de 23 de diciembre de 1553, dice: “porque habrá dos años escribimos a vuestra merced lo sucedido en esta ciudad de Santiago del
Estero. Porque Aguirre estando en Santiago dice que hace dos años (es decir en 1551) aún se llamaba Barco por que el traslado y cambio ya sabemos que lo hizo
Aguirre en 1553.
Levillier reafirma que: “Aguirre 1553 después de haberse apoderado del Barco III y haber trasladado ese pueblo bautizándolo Santiago del Estero” y para
cerrar estas citas documentales el testimonio de Guillermo Furlong, miembro de la Academia, en su libro Arquitectos Argentinos durante la dominación Hispania, dice:
“cuando Garay repobló la ciudad de Buenos Aires en 1580, Núñez de Prado ya había fundado a Santiago del Estero en 1550”.
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Y si como dice la Academia para justificar su dictamen que Santiago tuvo nueva jurisdicción, nuevos vecinos, nuevas encomiendas, esto obedeció al hecho
de fuerza obrado por Aguirre.
Debe tenerse como fundador de Santiago del Estero al capitán Juan Núñez de Prado, y como fecha fundacional la de 24 de junio de 1550 en que fue
establecida la ciudad del Barco, y señalar la del 24 de diciembre de 1553 como la correspondiente del traslado efectuado por el capitán Francisco de Aguirre.
Fundaciones en el Tucumán (Lascano)
Santiago del Estero merece ser llamada “Madre de Ciudades” pues de su seno salieron los hombres, bienes y expediciones fundadoras de las poblaciones
del interior
1. En 1558 se fundó Londres, en el Valle de Quimil, expedición realizada por Juan de Zurita
2. En 1559 Córdoba de Calchaquí y Cañete, expedición realizada por Aguirre, en su segundo gobierno, y su sobrino Diego de Villarroel.
3. En 1567 Diego de Pacheco funda Nuestra Señora de Talavera, luego llamada Talavera del Esteco, en1592 fue trasladada por Ramírez de Velazco a
Nueva Madrid de las Juntas. Al año siguiente desaparecería por un terremoto.
4. En 1573 Jerónimo Luis Cabrera funda Córdoba de la Nueva Andalucía y San Luis de Paraná (antigua “Torre de Gaboto” o “Fuerte Sancti Spiritus”) sobre
el rio Paraná, pero esta no sobrevivió.
5. En 1577 Gonzalo de Abreu fundo San Clemente en territorio salteño, y en territorio de Rosario de la Frontera, San Clemente de la Nueva Sevilla.
6. En 1582, Hernando de Lerma funda San Felipe de Lerma en el Valle de Salta
7. En 1591 Ramírez de Velazco funda la Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja
8. En 1592 Nueva Madrid de las Juntas
9. En 1593 Francisco de Algañaras y Murguía (mandado por Ramírez de Velazco) San Salvador de Jujuy.
10. En 1683 Fernando de Mendoza y Mate de Luna funda Fernando del Valle de Catamarca
11. En 1685 traslado de San Miguel de Tucumán a La Toma
Creación del Obispado (Achával)
La diócesis de Santiago del Estero comprendía el territorio del antiguo Tucumán siendo su primer titular fray Francisco de Victoria.
En 1570, fue creada la diócesis de Tucumán con sede en Santiago del Estero, en 1699 seria trasladada a Córdoba.
Así como Santiago del Estero ha sido denominada “Madre de Ciudades”, de igual modo le corresponde el “Madre de Iglesia” en la Argentina, no solo porque
aquí residieron los primeros sacerdotes y religioso que iniciaron el apostolado, sino porque en ella tuvo sede el primer obispado de nuestra patria y su Catedral fue
madre de todas las que después fueron erigiéndose
Conflictos en el poder político y religioso (Achával)
En 1577 el monarca español encontró en la persona de fray Francisco de Victoria el titular para proveer la sede de Santiago del Estero que seguía vacante.
El primer día de febrero de 1580, Victoria arribaba a la ciudad de Lima y en carta al gobernador Lerma le prometía encontrarse en Charcas para septiembre a
la vez que le designaba como su vicario al Pbro. Hernando Morillo y se entregaba, con afán, a lograr los recursos necesarios para “socorrer a las paupérrimas iglesias
de la provincia”, preocupación que lo tuvo en Potosí más tiempo de lo prudente.
Lerma señala que el obispo más le interesaba los bienes materiales que los cuidados espirituales de sus diocesanos, calificándolo como un codicioso.
Fueron muchos los conflictos entre Lerma y los clérigos, a pasar que el obispo trato de congraciarse con el gobernador. Este encuentro tuvo lugar durante la
fundación de la ciudad de Salta. Lerma llevaba prisioneros al deán Salcedo, al sacerdote García y a los frailes mercedarios, por haber hecho frente a sus potencias y
abusos de poder.
En 1583, el gobernador Hernando de Lerma era reemplazado por el ilustre Juan Ramírez de Velasco, este también choco con Victoria, con quien desde un
principio no se pudo entender.
El 6 de abril de 1584, Victoria le hacía presente su renuncia a Felipe II.
Fernando de Trejo y Sanabria: Obra (Achával- Lascano)
El obispo Trejo y Sanabria, de la Compañía de Jesús, fue el promotor de la cultura santiagueña y nacional, amigo y propulsor de las obras jesuíticas, a
quienes lego sus bienes, y generoso donatario de recursos para dotar a Santiago de un centro de educación superior. Comprendió el rey Felipe II la necesidad de la
fundación que solicitaba obispo y gobernador desde tiempo antes “donde pueden ser criados los mancebos en ciencia de virtud y letras”, según lo pedía monseñor Trejo
y Sanabria y, por decisión del 25 de julio de 1609, mando erigir un Colegio Seminario de Ciencias Morales bajo la dirección de los jesuitas de Santiago del Estero.
El 17 de diciembre de 1611 quedo inaugurado el Colegio Seminario de Santa Catalina, Virgen y Mártir. He aquí el punto de partida de toda la instrucción
superior en la Argentina.
Desde ese año gobernaba don Luis de Quiñones Osorio, sucesor de Ribera y Zambrano, quien solemnizó la inauguración junto al visitador de la provincia, el
oidor de la Audiencia de Charcas don Francisco de Alfaro, recién llegado a Santiago. Ratificándose las estipulaciones firmadas por el obispo Trejo con el jesuita padre
Diego de Torres Bollo que regía la vida del instituto.
Análisis demográfico (Pucci, Roberto)
Para Roberto Pucci corresponde afirmar que cincuenta años de investigación apenas influyeron en la historia demográfica del Río de la Plata ya que, hasta la
actualidad (a excepción de la propuesta perteneciente a Jane Pyle, poco conocida y menos aceptada), prevalecen unas estimaciones de mínima, sumamente
conservadoras y no debidamente fundadas, que ponderaron un total de 300 a 400 mil habitantes para el territorio ocupado actualmente por Argentina.
En el caso de Tucumán, no resulta fácil establecer cuándo se produjo ese primer contacto entre los aborígenes y los invasores europeos. Las estimaciones
describen el tamaño de una población que ha ingresado hace tiempo en su fase de descenso; vale decir, de la población del Tucumán en las décadas de 1580 y 1590,
medio siglo después del contacto efectivo. En segundo lugar, aun considerándolas como una medida de la población ya colapsada del noroeste, estas cifras nos
proporcionan una descripción sumamente incompleta, porque las fuentes de estimación excluyen a una gran parte de los habitantes de la región. Como es sabido, la
población que la habitaba no conformaba una unidad, sino un complejo de pueblos y culturas diversas, desde los cazadores y recolectores de su borde oriental hasta los
pueblos de alta cultura, agroalfareros, probablemente en los inicios de la urbanización, de la región central y occidental. Las fuentes mismas identifican una infinidad de
parcialidades aborígenes, de diverso nivel de desarrollo cultural, por todo el territorio.
Para Pucci, la estimación de Jane Pyle constituye la mejor argumentada de toda la serie de estudios consagrados al tema, aunque no deja de ser un cálculo
excesivamente “personal”, debido a que mediatiza largamente los testimonios disponibles. Por su parte, Jane Pyle derivó sus estimaciones de mínima y máxima
siguiendo relaciones de 1:4 y 1:5. El criterio de Pucci partió como en todo el análisis, teniendo en cuenta a las fuentes. De los padrones tucumanos del siglo XVII se
desprenden relaciones de 1:4; 1:4,5; así como otras ligeramente menores.
Pucci propuso una nueva estimación del tamaño de la población del noroeste argentino, basada en las fuentes y con las siguientes precisiones: primero,
recurrir al mismo conjunto documental, escaso y clásico, empleado en los estudios precedentes, pero con otros procedimientos y resultados. Segundo, la mención de
“indios” es equivalente a “indios de servicio”, “indios de tasa”, “indios de repartimiento”, “varones de encomienda”, o “indios de guerra”, son categorías que representan,
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todas, individuos adultos o cabezas de familia. Además, las expresiones “almas”, “almas sin bautizar”, “naturales”, representan la población total. Tercero, el empleo de
una relación de 1:5 en la interpretación de los informes del noroeste, parece, para este autor, que representa un cálculo medio ajustado a las fuentes. Y, por último, dado
que las declaraciones numéricas contenidas en los informes del siglo XVI no son coincidentes sobre diversos subconjuntos de población, Pucci consideró conveniente
presentar las cifras alternativas que surgen de la propia documentación, los que representarán su estimación de mínima, media y máxima.
Resulta documentado un notorio descenso de la población sometida en las regiones de más antigua ocupación por parte de los españoles (atestiguado
incesantemente en la correspondencia por los propios conquistadores), razón por la cual, si nuestro objetivo es aproximarnos a la dimensión inicial de la población,
corresponde darle mayor crédito a las cifras más tempranas, que son también las mayores. Por lo tanto, nuestra sugerencia es que la cifra más aproximada para
describir el tamaño de la población registrada del Tucumán hacia las dos últimas décadas del siglo XVI se sitúa entre las estimaciones intermedia y de máxima, es decir,
alrededor de medio millón de habitantes.
Nuevas aproximaciones, entre otras el desarrollo del conocimiento etnohistórico y arqueológico, y su empleo adecuado con fines demográficos, permitirán
contrastar las críticas de Pucci hacia otros autores o su propia propuesta.
Leyes protectoras (Achával)
● Ordenanzas de Abreu
Del gobierno de Abreu en el Tucumán han quedado las ordenanzas que dictara sobre el buen trato a los indios, y que, entre otras, pueden recordarse entre
los afanes de la Madre Patria por defender a los aborígenes.
Abreu tomo las ordenanzas del virrey Toledo, las que mejor se adaptan a Tucumán, y que no fueron otras que las que dictara Toledo para los yanaconas de
Charcas.
El servicio de los aborígenes era necesario para la subsistencia del Tucumán, porque si no se sembraba se perecía de hambre.
Abreu acordó con los encomenderos el derecho de obligar a los indios a reducirse en pueblos, hacer la iglesia y trabajarla tierra. Trabajaban una semana
para el encomendero y la otra atendiendo su propia chacra. Tenían prohibido el amancebamiento y la embriaguez. Se prohibía hacer trabajar a las indias embarazadas,
comprar o vender indios.
● Ordenanzas de Alfaro
Alfaro oidor de Charcas visito el territorio en 1610 y 1611.
Llego a Santiago del Estero el 2 de marzo de 1611 reuniéndose con el gobernador Luis de Quiñones Osorio, su antecesor Alonso de Ribera y Zambrano, el
jesuita padre Diego de Torres Bollo y el obispo Trejo y Sanabria, de quienes tomó parecer y consejo.
En esta junta se estudiaron las ordenanzas dictadas años atrás por el gobernador Abreu, resolviéndose modificar el sistema de las encomiendas y servicios
personales, por ser considerados injustos, y ante esta junta, Alfaro hizo aprobar las ordenanzas para el Tucumán.
El cabildo secular de Santiago del Estero y los cabildos de las otras ciudades se dirigieron al rey apelando ya que los indios no trabajaban, no se había
sembrado, el hambre y la peste hacían sentir su amenaza.
Economía y sociedad indígena desde el tiempo colonial hasta el siglo XIX (Palermo, Miguel Ángel- Nueva Historia)
Las sociedades indígenas que, en el siglo XVI, los conquistadores encontraron en el actual territorio argentino, sucumbieron pronto en su mayoría. Algunas
arrasadas por epidemias; otros exterminados, sufrieron drásticas bajas en la población debido a las condiciones laborales realizadas para los encomenderos, y su
cultura se diluyo junto con la sociedad tradicional. Así ocurrió en Córdoba, Santiago del Estero, el Litoral y muchos grupos del Noroeste que no llegaron al siglo XVII.
Pero otras sociedades conservaron la independencia, así ocurrió hasta 1667 con los calchaquíes y hasta la década de 1880 con las tribus pampeano-
patagónicas, centro chilenas y chaquenses.
Estas adoptaron voluntariamente mucho de lo traído por los conquistadores.
El noroeste argentino, de larga tradición agrícola, hizo lugar a nuevas plantas entre sus maíces, porotos, zapallos y ancas, quínoa, papas y otros tubérculos.
Fue probablemente temprano el uso de hortalizas europeas, especialmente arvejas y habas.
Adicionales
LA ECONOMIA: PRIMERAS PRODUCCIONES Y EXPORTACIONES
LOS INDIOS EN EL PERIODO DE LA CONQUISTA
Según el abordaje de Assadourian y Chiaramonte, la encomienda constituía el vínculo jurídico impuesto al indio y que la Corona concedía a los particulares
españoles en compensación por determinados servicios. El titular de la encomienda obtenía como beneficio el tributo pagado generalmente en especies, o bien en
servicios que el vasallo indígena debía al rey; a su vez el encomendero estaba obligado (al menos teóricamente) a velar por los indígenas, darles instrucción,
protegerlos y además debía afrontar diversas cargas de tipo militar (defensa de la zona), civil, religioso y económico.
La encomienda, para el indígena, se convierte en trabajo forzado, pues en lugar de cobrar el tributo, los encomenderos, en su gran mayoría, preferían el
servicio personal. Ahora bien, cuando ya no fue posible continuar con él, subsistió de todos modos bajo la forma de asignación de trabajadores aborígenes para realizar
tareas de cultivo, construcción, y otras, en beneficio de los españoles. Es así como los indígenas, encomendados o no, estarán sujetos a este repartimiento de trabajo
que se transforma en sinónimo del término peruano mita.
La mita, que se generaliza ampliamente, consistía en turnos de trabajo que debía realizar la sexta parte de los indios tributarios de un pueblo. La mitad de
esta proporción debía cumplir los trabajos propios de la mita, según lo indicaran los miembros del cabildo; en cuanto a los integrantes de la otra mitad podían elegir a
quien alquilarse. La duración de los turnos laborales variaba con arreglo al lugar en que debían realizarse. El trabajo en las estancias duraba seis meses; el servicio
doméstico, tres; la construcción de edificios, un mes. Una vez que el turno llegaba a su término, el indio mitayo podía regresar a su pueblo para realizar otros tipos de
labor, o bien alquilarse nuevamente.
En el Río de la Plata la mitad de los indios tributarios estaban sujetos a la mita y los trabajos que realizaban consistían en guardar ganado, cultivar chacras,
construir edificios y desempeñar oficios manuales. Teóricamente no podían ser obligados a trabajar en las minas, domar mular, potros o novillos, transportar cargas de
demasiado peso ni a trasladarse a lugares alejados de sus pueblos.
A los yanaconas, indígenas capturados en campañas guerreras, los repartía el gobernador en forma individual o bien por familias. La condición en que se
hallaban se parecía mucho a la esclavitud: debían prestar sus servicios permanentemente (y no por períodos) sin percibir forma alguna de pago.
A través del tiempo, la política indiana de España apuntó a concentrar en comunidades (o reducciones) a los indígenas esto facilitaba la tarea de supervisión
(y también la evangelizadora), como asimismo evitaba, o al menos disminuía, la dispersión indígena que atentaba contra los intereses de la Corona. Paralelamente,
diversas medidas trataron de mantener las comunidades de los naturales aisladas de las que no lo eran. Una ley de 1550 indicaba que los encomenderos, sus mujeres,
padres, hijos, deudos, huéspedes, criados y esclavos no entren ni residan en los Pueblos de su encomienda.
Mientras tanto, el virrey Toledo del Perú, al organizar las reducciones originó verdaderos depósitos de mano de obra. Restableció además la mita incaica,
pero modificada en función de la necesidad de intensificar la explotación minera bajo control estatal. El virrey destinó 95.000 indios, voluntarios y encadenados para que
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trabajaran en turnos de 4500 cada uno en las explotaciones de Potosí. También se dispuso que el tributo indígena fuera abonado en pesos ensayados y no en especies,
lo que obligaba al indio a trabajar a cambio de un salario que le permitiera cumplir la tributación.
Abreu tomó las ordenanzas del virrey Toledo, las que mejor se adaptaban a Tucumán, y que no fueron otras que las que dictara Toledo para los yanaconas
de Charcas. El servicio de los aborígenes era necesario para la subsistencia del Tucumán, porque si no se sembraba se perecía de hambre. Abreu acordó con los
encomenderos el derecho de obligar a los indios a reducirse en pueblos, hacer la iglesia y trabajarla tierra. Trabajaban una semana para el encomendero y la otra
atendiendo su propia chacra. Tenían prohibido el amancebamiento y la embriaguez. Se prohibía hacer trabajar a las indias embarazadas, comprar o vender indios.
En 1598, Hernandarias reiteró en sus ordenanzas las normas anteriores y prohibió además alquilar los indígenas encomendados. Con la disposición de 1601
la Corona prohibió el trabajo forzoso pero hizo llegar instrucciones secretas para que continuara el sistema si la medida hiciera decaer la producción.
Alfaro oidor de Charcas visito el territorio entre 1610 y 1611. Llegó a Santiago del Estero el 2 de marzo de 1611 reuniéndose con el gobernador Luis de
Quiñones Osorio, su antecesor Alonso de Ribera y Zambrano, el jesuita padre Diego de Torres Bollo y el obispo Trejo y Sanabria, de quienes tomó parecer y consejo.
En esta junta se estudiaron las ordenanzas dictadas años atrás por el gobernador Abreu, resolviéndose modificar el sistema de las encomiendas y servicios personales,
por ser considerados injustos, y ante esta junta, Alfaro hizo aprobar las ordenanzas para el Tucumán. Además quedó establecido que los vecinos o mercaderes podían
viajar con indios dentro de la gobernación, y que se estipularía el número de éstos, los jornales y el tiempo de ausencia; se darían fianzas garantizando el regreso de los
indios en el término señalado; además fue incrementando el radio de trabajo. Se entendió que era excesivo el pago de jornales; el tipo de trabajo debía ser señalado por
el gobernador según su criterio: los indios debían estar rígidos, depender de alguien que los gobernase y administrase (un mayordomo o poblero nombrado por el
gobernador) que cobraría su salario al encomendero; se estipulaba la tasa que debían abonar los indios y la equivalencia entre el pago en especie y el pago en metálico;
según la nueva disposición, eran indios de tasa únicamente los varones entre los 18 y 50 años.
Los pueblos de indios debían estar gobernados por alcaldes y regidores; los caciques repartían las mitas que se ejecutaban por el justicia mayor o por los
alcaldes ordinarios españoles; los alcaldes indios debían ser electos, en presencia del cura, por el cabildo al finalizar su período. También el cabildo debía elegir al
alcalde mayor de los pueblos que daban mita para que los gobernase.
En general, la explotación se mantuvo. La supuesta libertad del indio (de trabajar o no) se vio harto restringida en los hechos. Según Ana María Lorandi, si
hablamos del avance del estado colonial en relación con políticas referidas a la población indígena tenemos la visita del oidor Don Antonio Martínez Luján de Vargas
entre 1692/93 a todas las encomiendas de la gobernación del Tucumán, quién muestra las prácticas ilegales como el servicio personal, la saca de indios y la presencia
de pobleros o mayordomos en los pueblos de indios continuaban vigentes a pesar de los intentos oficiales de regular la condición socio laboral de las poblaciones
indígenas.
La Corona, que a lo largo de la época colonial fue haciendo sentir cada vez más claramente una política general centralista afectó también, en esa tendencia,
al régimen de encomiendas. La violenta caída demográfica sacudió las bases del sistema de encomiendas pero a pesar de las diferentes disposiciones de la Corona
española para suprimirlas, sólo en 1803 fueron disueltas las pocas encomiendas aún existentes en América.
Grupos Sociales y Raciales (Presta, Ana María)
Los conquistadores intentaron imponer en el nuevo mundo, el viejo orden nobiliario de Europa. Cada grupo debía tener su rol y determinadas posesiones a
su favor para justificar su status. Ana María Presta distinguía en 3 clases sociales y raciales a la población colonial. Pero ciertas cuestiones iban a modificar esta
división: en primer lugar, la adquisición de status iba a necesitar algo más que honor, fama, gloria, títulos y propiedad de la tierra: el comercio y el dinero. En segundo
lugar, la obsesion de los españoles era participar en una gesta de conquista, pacificar algún territorio y ser recompensado con alguna merced que proveyera el ansiado
estilo de vida noble: poseer casa y propiedad rural, hombres a quienes mandar (encomienda), suficiente caudal para mantener una familia extensa y sirvientes, armas
siempre dispuestas para pelear y conexiones para presumir y ostentar.
La primera división (españoles, indios y esclavos) fue modificada a medida que los criollos, mestizos e hidalgos sin fortuna comenzaron a obtener títulos y
prestigio en la sociedad. Este grupo heterogéneo estaba dispuesto a ganar por la fuerza, lo que le estaba negado por cuna. En tercer lugar, la sociedad no era ni racial
ni étnicamente homogénea. En poco tiempo, “españoles” e “indios” fueron términos antagónicos que con el tiempo se iban a complejizar cuando ciertas variables
(pertenencia étnica, clase y género) profundizaron las diferencias iniciales entre conquistadores y conquistados.
Y, por último, Ana María Presta destaca que los altos dignatarios religiosos arribaron con los conquistaron y conforme a los espacios de ejercicios abiertos
por los centros urbanos, obispos y arzobispos se hicieron cargo de la dirección de las provincias eclesiásticas, residiendo en las ciudades capitales en Catedrales y
Basílicas que mostraban el esplendor de las economías regionales. Capillas, púlpitos, retablos, lámparas y ornamentos llevaban la impronta de la élite que contribuía
con su dinero, al igual que los indios con su trabajo, a la fundación y a la construcción de los grandes templos. Precisamente las iglesias de las órdenes religiosas
(dominicos, franciscanos, agustinos y mercedarios) sirvieron a la construcción de capillas y mausoleos pagados por las familias encumbradas para que sus patriarcas y
sucesores fueron enterrados en espacios privados que recordaron al público la categoría de sus linajes. Judith Farberman y Raquel Gil Montero analizan que uno de los
objetivos de los repartimientos de la tierra era facilitar la tarea de evangelización y su misma estructura urbana estaba organizada en torno de la iglesia y capilla. El
grupo humano que se aspiraba a proteger era, además, una comunidad de creyentes, sostenida esencialmente a través de la participación colectiva en los oficios
religiosos.
Pueblos de Indios: Pervivencia y desestructuración (Farberman, Judith)
Feudatarios y tributarios a fines del siglo XVII, tierra y tributo y servicio personal en la visita de Luján de Vargas a Santiago del Estero (1693): el padrón de 1778
ordenado por Carlos III que contabiliza a los naturales de la jurisdicción en casi 5000 individuos, algo más del 30% de la población que había complejizado su estructura
socio- étnica, merced al mestizaje y a los aportes africanos. De estos cerca de 3000 integraban la casa tributaria y seguían adscriptos a los pueblos de indios munidos
de tierras de comunidad y autoridades.
La pluralidad de naciones mencionadas (tonocotés, juríes, lules, sanavirones) se subsumía en un colectivo indiferenciado o clasificado de acuerdo a
categorías fiscales (tributarios, libres, originarios, forasteros) o culturales (civilizados/ cristianos, gentiles/ no sometidos) produciendo mutaciones en los patrones de
asentamiento y de acceso a los recursos, la difusión del sistema de encomiendas y la presión sobre la territorialidad indígena comportaron traslados a unidades
productivas de españoles.
La crisis demográfica y la erosión de las entidades étnicas pueden verificarse a lo largo de todo el imperio español.
El proceso colonial estuvo signado por una duradera injerencia de los intereses privados. Se analiza a través de la visita del oidor Antonio Martínez Luján de
Vargas a las encomiendas del Tucumán entre 1693 y 1694.
Metodología de la Visita: Luján de Vargas escogía un sitio en el cual recibir los encomenderos y encomendados. En Santiago, fue el pueblo de Soconcho, sobre el Río
Dulce, el visitador sólo escuchó a quienes se trasladaron hasta allí. Interrogó a los tributarios sobre un cuestionario fijo de 5 preguntas:
● Cuántos eran los tributarios, si tenían pueblo y capilla con los debidos ornamentos para celebrar la misa. Si se les enseñaba la doctrina cristiana.
● Qué tributo pagaban, cómo y cuál era su composición. Si el encomendero repartía como lo indicaban las ordenanzas de Alfaro, las cosechas de las
sementeras comunitarias con los indios.
● Si se hacía hilar a las mujeres. Si el encomendero tenía a su servicio mujeres o muchachos.
● Si se le infligían malos tratamientos a los encomendados.
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● Si se alquilaba o prestaba indios para viajes de carreterías.
El cuestionamiento apuntaba a corroborar el cumplimiento de las ordenanzas de Alfaro. En Santiago, 4 encomenderos fueron eximidos de cargos por sus
indios, el visitador se vio obligado a juzgar a los responsables y a dictar sentencia. Los encomenderos tenían que defenderse de acusaciones concretas, se vieron
obligados a dar su propia versión, a proporcionar detalles y a justificar sus modos de actuar. Luján de Vargas no parece conmovido.
La visita sugerían dos cambios: en primer lugar, una declinación considerable del poder encomendil, obligado a disputar el control de la mano de obra y de la
producción indígena con sectores antes subordinados de la élite. En segundo lugar, el aprovechamiento que los indios supieran hacer de esa situación un beneficio
individual o colectivo.
Capilla y Tierras: los objetivos del repartimiento era facilitar la tarea de la evangelización y su misma estructura urbana estaba organizada en torno a la Iglesia o la
capilla.
Luján de Vargas había constatado pordoquier “la falta de doctrina y enseñanza en nuestra santa fe católica, que tienen los indios sustentada en la poca
asistencia que los domingos hay en la compañía de Jesús. El oidor ordenó concurrencia a misa los días de precepto y las fiestas, también castigos para quienes durante
los oficios se encontraban en los juegos o en los ranchos donde suelen concurrir a las bebidas de chicha.
El oidor sancionó dos reiteradas infracciones vinculadas al espacio del pueblo: la apropiación por parte de los deudatarios del producto total de las
sementeras comunitarias y la permanencia de encomenderos o administradores en el ámbito del repartimiento. La primera contradecía dos de las ordenanzas de Alfaro,
la prohibición del servicio personal y lo que disponía el reparto por mitades del producto de las sementeras comunitarias.
¿Qué tierras le correspondían a los indios? Las ordenanzas de Alfaro eran imprecisas respecto de sus dimensiones y la ambigüedad se sumaba a
dificultades de localización, ya que la tierra arable dependía de la extensión de los bañados.
La visita refleja dos representaciones contradictorias del espacio, una que conduce a un patrón de asentamiento disperso y de control de territorios amplios y
otro que pretendía fijar a una población móvil, sacando ventaja de los límites de las sementeras y potreros asignados al pueblo.
Tributo y servicio personal: el servicio personal había sido suprimido por las ordenanzas de Alfaro y reemplazado por un tributo.
El tributo incluía una mínima parte del trabajo o del producto que los encomenderos aspiraban a controlar.
Los alquileres de indios: las declaraciones indígenas permiten confeccionar una lista de una veintena de españoles que a través de préstamos, alquileres y
conciertos accedieron a los servicios de los tributarios como troperos.
La visita nos descubre a un puñado de notables que se beneficiaba del trabajo indígena, por dentro y por fuera de las obligaciones tributarias, compitiendo a
su vez por este recurso con otros vecinos, muchos de ellos no encomenderos. Tal situación se acompaña de la transformación del servicio personal en un verdadero
tributo, transformación operada en el contexto del pasaje de los indígenas de vasallos del encomendero a vasallos de la corona.
La diferencia entre el viejo sistema y el posterior se vuelve evidente en la estipulación de los tributos en productos: hilado, tejido, miel y cera.
El sistema de la frontera: La frontera aparece como el espacio más dinámico de Santiago. Por lo menos por tres razones:
● Los conflictos de la guerra de fronteras eran intermitentes y no impedían las relaciones entre las parcialidades reducidas y las gentiles.
● El Salado era el escenario de un activo mercadeo de productos de recolección, principalmente miel, grana y cera.
● El tributo textil aparece a finales del siglo XVII como una especialización de los pueblos de encomienda del Salado.
Sobre el servicio personal y la desestructuración (Lorandi, Ana María)
● Si hablamos del avance del estado colonial en relación con políticas referidas a la población indígena tenemos la visita del oidor Don Antonio Martínez Luján de
Vargas entre 1692/93 a todas las encomiendas de la gobernación del Tucumán, quién muestra las prácticas ilegales como el servicio personal, la saca de indios y
la presencia de pobleros o mayordomos en los pueblos de indios continuaban vigentes a pesar de los intentos oficiales de regular la condición socio laboral de las
poblaciones indígenas.
● El término desnaturalización parece haber caracterizado una amplia gama de situaciones que dependieron de coyunturas específicas y del modo que se
concretaron en deportaciones, algunas fueron compulsivas y otras negociadas. Desnaturalizar implicaba “no solo sacarlos de su asiento original sino quitarles su
naturaleza indómita y rebelde, y pretender a que vivieran en buena policía y bajo el dominio español. Esa política apuntaba a la conversión de indios autónomos y
resistentes al avance español en indios coloniales, mano de obra a disposición de vecinos, encomenderos y ciudades.
Salamanca de Lorenza (Farberman, Judith)
La jurisdicción santiagueña formaba parte de una dilatada gobernación: la de Tucumán, que coincidía aproximadamente con el conjunto de todas las
actuales provincias del noroeste argentino. Tucumán colonial articulaba su economía a aquella más dinámica que giraba en torno de las argentíferas de Potosí.
El Río y el monte:
● Siglo XVI: El Dulce y el Salado enhebraban en sus orillas, de una y otra banda, numerosas aldeas indígenas. Señaló el rumbo del poblamiento. Entre noviembre y
diciembre las crecientes avanzaban sobre el terreno y los bañados. Cuando las aguas se retiraban, las poblaciones procedían a sembrar las lonjas
perpendiculares al río. El maíz, el zapallo y trigo, también proveía a los pobladores de pescado y atraían las aves acuáticas y a los sedientos animales del monte,
improvisando un transitorio territorio de caza.
● La agricultura era azarosa, esclava de las crecientes o de las lluvias en las zonas de secano. Algunas crecientes fueron memorables como la que provocó la
destrucción parcial de la ciudad de Santiago del Estero en 1673. La diagonal fluvial delineó también el trazado de los caminos. El paso de los caminantes
dependía estrechamente de la buena voluntad del río.
● Los importantes depósitos de alimentos que abastecieron a las huestes españolas en el proceso de la conquista y la disposición amistosa de la población nativa
favorecieron una ocupación rápida y sólida del área del Dulce hacia el Sur.
● El monte cubría la mayor parte de la superficie actual de la provincia. Quebracho, algarrobo, chañar, mistol y brea son algunas de las especies más relevantes del
bosque chaqueño típico. El agua escaseaba, crecía el Atamisqui y el chaguar, el quimil y el cardón.
● Entre diciembre y enero, pequeños grupos de hombres y mujeres se internaban en el monte para recoger las nutritivas vainas. El fruto podía almacenarse durante
varios meses, quejando el hambre cuando las cosechas eran insuficientes los campesinos podían vender su trabajo como peones y carreteros.
Feudatarios y Tributarios: Los indios tienen un amo a quien por cesión real le deben un tributo y algunos servicios. Esta relación formal de dependencia, con un
feudatario o con un administrador que recauda en nombre de la Corona, hacen de los pueblos una corporación específica.
La distribución de la encomienda comienza junto con la fundación de Santiago del Estero. Soconcho y Manogasta cobran importancia por la abultada
población que sirve de recompensa a los primeros gobernadores de Tucumán. La institución de la encomienda se impone a su estilo más brutal y deja lugar a formas
alternativas de apropiación de la energía indígena.
A fines del siglo XVI el trabajo de los indios repartidos se traduce en un amplio abanico de bienes. Por ejemplo, Soconcho y Manogasta, el gobernador Abreu
obtiene de sus encomendados ropa y lienzos de algodón, alpargatas, calcetas, trigo, maíz, palomas, tocino, entre otros; sin contar los fletes, el servicio doméstico, y la
mita que se sustancia en trabajos públicos de la ciudad y que implica la participación de todos los miembros del grupo encomendado.
En el siglo XVII el visitador Alfaro procurará suprimir el servicio personal.
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Si en algo coincidieron feudatarios y tributarios fue en la vigencia efectiva del tributo, sustanciado en el trabajo agrario en sementeras del pueblo, y en la
existencia de un pago suplementario que retribuía servicios que escapaban de su esfera. Los indios reclamaban el haber servido contra su voluntad, coercitivamente a
los amigos del encomendero cuando otros vecinos estaban dispuestos a pagar mejor por los mismos servicios.
Con esta entrevista se puede advertir una adaptación relativamente exitosa de los indios a los mercados de bienes y de mano de obra. Los encomenderos
siguen ocupando los cargos más importantes en el cabildo y sus comerciantes de algún peso, los vínculos entre feudatarios y tributarios se han aflojado en beneficio de
los segundos. Son los varones adultos los más favorecidos, las mujeres solas y las más jóvenes siguen sometidas a un dominio señorial más directo.
A mediados del siglo XVIII la autoridad y el control parecen no estar ya depositados en los encomenderos o pobleros. Los pueblos parecen gobernarse con
relativa autonomía.
Caciques, Alcaldes, Pobleros y Curas: La función principal de los caciques locales se limitaba a fraguar alianzas con otros grupos y mediar en caso de conflictos. Los
conquistadores no encontraron en ellos un interlocutor válido durante la primera ocupación colonial. La debilidad del sistema de autoridades se transformó en un óptimo
pretexto para legitimar la sobreexplotación de los grupos indígenas.
El visitador Alfaro: en las ordenanzas apuntaban a la instauración de un sistema colonial indirecto, con nuevas autoridades indígenas: alcaldes y regidores.
El alcalde se ocuparía de que los indios vayan entrando en policía, ejerciendo atributos de justicia y de gobierno. Los caciques y los alcaldes gozaban de la
exención del tributo y eran elegidos por el cabildo de indios en presencia de un cura.
Los cabildos de indios se limitaron a la elección de los alcaldes, una operación manipulaba por doctrineros y feudatarios.
Sabido es que en la realidad cotidiana de la encomienda indiana el encomendero solía, en ocasiones, brillar por su ausencia delegando en otros la facultad
de administrarla y atender parte o todos los aspectos relacionados con ella. Los agentes o personeros designados por los encomenderos para tal fin recibieron, en
América, distintos apelativos; calpixques, administradores, mayordomos, sayapayas y en la Gobernación del Tucumán, el nombre de pobleros. Interpuestos entre el
encomendero y los indígenas confiados a su tutela, aquéllos terminaron por constituirse en una pieza clave en el engranaje de la encomienda. Si la variedad e
importancia de las tareas confiadas a los administradores y mayordomos los convirtieron en colaboradores insustituibles de los encomenderos, el contacto permanente y
cotidiano con los aborígenes a su cargo acabó por hacer de ellos eficaces agentes de aculturación y mestizaje en el medio rural latinoamericano.
El único español autorizado a vivir en el pueblo: el cura doctrinero, una vez puestas en vigor las ordenanzas de Alfaro, cada feudatario tenía la obligación de
construir una capilla para que sus indios pudieran concurrir al oficio divino.
Los doctrineros tienen una significativa injerencia en la vida política de las de adentro. Alfaro había dispuesto que la elección de los alcaldes quedara en
manos del cabildo indígena, pero esta debía hacerse en presencia del cura. Algunos sacerdotes terminaron por convertirse en una suerte de representantes políticos de
los tributarios.
UNIDAD 2: LA COLONIZACION EN EL NOROESTE
El mundo indígena en el siglo XVI-XVII (Palomeque, Silvia- Nueva Historia)
Desde el S. XVI los españoles conquistaron y sometieron a parte de los pueblos que habitaban el actual territorio argentino. Los tres siglos del periodo
colonial concluyeron con la población indígena diezmada por guerras, epidemias, exceso de trabajo y malos tratos, y con la mitad de los indios.
Las distintas zonas ambientales que habitaban los grupos indígenas no se corresponden con los actuales límites internacionales, ni interprovinciales, ya que
estas sobrepasan las fronteras y atraviesan el territorio argentino.
● Los pueblos de la Puna: dentro de la gobernación de Tucumán estaban los casabindos y cochinocas, lipes, atacamas, chichas y apatamas. Caracterizados por sus
condiciones climáticas extremas, por el predominio del frio y la aridez, tenía como principal recursos los numerosos rebaños de camélidos andinos (vicuñas,
guanacos y llamas que servían para carga y carne), la caza y la recolección de huevos y vegetales. La agricultura era posible en reducidos lugares
● Los pueblos de valles y quebradas: corre desde Jujuy por el norte hasta San Juan por el sur. Tilcaras, omaguacas, osas y ocloyas en el norte y en el sur los
diaguitas. Zonas de excelentes recursos debido a que sus tierras y clima se adecuaba a las prácticas agrícolas y el regadío.
Hubo una resistencia a la intervención incaica que culmino dejando múltiples conflictos entre distintos pueblos. Los españoles no lograron su
colaboración y tuvieron que enfrentar la tenaz resistencia durante largos años. En esas luchas con los españoles, estos, utilizaran a su favor los antiguos
enfrentamientos entre los grupos indígenas.
● Los pueblos de la Mesopotamia santiagueña: son los primeros pueblos asentados en las tierras bajas, estaba situada en las tierras bañadas por ríos Salado y
Dulce en la actual provincia de Santiago del Estero, esta zona consistía en una extensa planicie cubierta por un denso monte de algarrobos y chañares, que
estaba bañada por dos importantes ríos.
Sus relaciones con otros pueblos eran muy frecuentes, y los españoles se sorprendieron de sus habilidades y buena predisposición hacia los
intercambios. Su asentamiento aldeano era más inestable debido al oscilante curso del rio que, en cada inundación, obligaba al desplazamiento.
Los andinos incas llamaban “juries” a los pobladores de Santiago, los consideraban gente salvaje y semi-sedentaria, el inca estableció una alianza con
ellos, para que colaboraran con la defensa de la frontera oriental del imperio, contra los avances de los chiriguanos.
Frente a los españoles los juríes tuvieron un comportamiento ambivalente, enfrentándolos o negociando con ellos, pero luego fueron los aliados que le
permitieron establecer el primer sentamiento permanente: la ciudad de Santiago del Estero.
Los españoles dejaron de llamarlos juries y los diferenciaron por tonocotes y lules de acuerdo a su lengua.
● Los pueblos de las sierras centrales en Córdoba: en medio de tierras bajas situadas al sur de la Mesopotamia santiagueña estaban los pueblos de lengua
sanavirona y, yendo hacia el sur luego de cruzar una extensa zona con salares, seguían los mismos pueblos que paulatinamente se iban entremezclando con
otros de lengua comechingones que habitaban las sierras centrales en la actual provincia de Córdoba. Practicaban la agricultura temporal y a veces con riego,
también la caza y la recolección cobraba importancia.
● Los pueblos de la zona cuyana: los indios huarpes estaban en la zona seca cuyana, los cursos de agua determinaban la formación de oasis húmedos que
permitían una instalación humana que aprovechaban recursos muy dispares según las estaciones. El territorio ocupado por las actuales provincias de San Juan,
Mendoza y quizás parte de La Rioja.
Se relacionaron pacíficamente con los primeros españoles que llegaron a Chile y no ofrecieron ninguna resistencia.
Las rebeliones indígenas (Achával- Lascano- Bazán)
Los Valles Calchaquíes en el corazón demográfico y económico del Noroeste. En los valles calchaquíes residían jefaturas importantes, los pueblos se
escalonaban entre la Puna y el fondo del valle, o entre los pisos altos de la cierra y las yungas (vertientes cálidas y boscosas) orientales.
Los caciques del Tucumán habrían disfrutado de un poder más débil, con mayor fragmentación del poder ocasionando mayores dificultades al conquistador
para dominarlos, los españoles tardaron bastante tiempo en reconocerlos en comprender que frente a esa fragmentación política no podían aplicar los mismos recursos
de dominio y colonización que habían utilizado los Andes Centrales.
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La fragmentación política dio como resultado una multietnicidad, que se vio acrecentada porque, durante el periodo de dominio inca, el Cuzco instalo en la
región varias miles de colonos (mitimaes) que controlaban a las poblaciones locales. Esta situación multiplico los conflictos en tiempos coloniales, porque los originaros
trataban de recuperar los territorios que el inca les había mutilado y provocaban constantes guerras interétnicas.
Ni la fragmentación política ni la multietnicidad con sus consecuentes conflictos impidieron que emergieran liderazgos capaces de convocar a varios grupos
diferentes incluso a los colonos, para participar mancomunadamente en una resistencia orgánica.
Entre 1550-1593 se lograron instalar varias ciudades que a pesar de su precaria existencia en los primeros decenios, permitieron organizar un arco de
fundaciones que abarcaban desde San Salvador de Jujuy en el norte hasta La Rioja en el sur. En el centro del territorio quedaba una importante región sin conquistar:
los Valles Calchaquíes, que serían el foco de las preocupaciones de los invasores hasta mediados del S. XVII.
Es que los aborígenes estaban hartos del mal trato que se le daba el aprovecharse los encomenderos de su trabajo y del constante avance de los blancos
sobre las tierras de los indios, en busca de agua y pastos. En el S. XVII los indios disminuyeron notablemente, mientras aumentaban los encomenderos y las
necesidades, el aborigen sufrió las consecuencias. La opresión se hizo sentir cada vez con mayor fuerza, tanto que los servicios que presentaban los indios se hacían
duros, crueles y excesivos. Cuando Alfaro dicto sus famosas Ordenanzas, por reacción, los indios, libres de los servicios obligatorios y gratuitos, no quisieron servir ni
por una paga.
Las ciudades más amenazadas fueron Londres y La Rioja, cuyos vecinos habían sido mal culpados en las causas que motivaron la rebelión. Las
parcialidades de andalgalaes, famatinas, capayanes y guandacoles fueron aliados más decididos de Chalemín y los calchaquíes. Los indios del pueblo Malcachisco
atacaron la estancia, mataron a todas las personas mayores, cautivaron a las tres hijas de Urbina y a la de Fajardo. Saquearon e incendiaron la casa y capilla y se
volvieron luego contra el pueblo de Atapsi, amigos de los españoles, matando allí a 60 personas.
Desde el gobernador Ramírez de Velasco la política de los gobernadores tuvo que ser una forzosa coexistencia pacífica, hasta la acción de Albornoz. Las
guerras calchaquíes, iniciadas en 1630, se prolongaron con algunas pausas durante treinta y seis años, causando la destrucción de Londres, y poniendo en graves
aprietos a La Rioja. Las causas de la guerra se transparentan en el pensamiento del gobernador Albornoz expuesto al rey en carta, declaraba que tenía la intensión de
fundar una ciudad en el Valle Calchaquí, para que los indios quedaran sujetos y en obediencia.
Las consecuencias de esta guerra seria el exterminio de los pueblos del Valle, los que quedaron fueron extrañados a haciendas u otras localidades,
obligados a trabajar, siendo separados de su familia y comunidades.
Se ha sostenido que las comunidades indígenas de los sectores centrales del Tucumán no producían el excedente suficiente para cumplir con la tributación
en bienes y por eso se había adoptado en tributo en energía personal. El modelo de encomienda de servicio personal produjo notables alteraciones en las comunidades
indígenas. La desestructuración de la comunidad fue un proceso irreversible porque no se pudo impedir que los indios abandonaran sus pueblos o escaparan cada vez
que eran convocados para cubrir sus turnos. Proceso que se acrecentó por el traslado de indios en viajes comerciales hasta Potosí o Chile.
Un tercer factor de desestructuración provenía lisa y llanamente de que los hombres eran enviados con frecuencia a trabajar en las haciendas del
encomendero que estaban alejadas de su pueblo y que sus mujeres e hijos quedaban abandonados por lapsos muy prolongados.
Los incas habían invadido su territorio desde comienzos del S. XIV. Las poblaciones de los Valles Calchaquíes ofrecieron una feroz resistencia. Los incas
debieron realizar tres campañas para dominarlos. Finalmente en la última, optaron por una gran matanza que hizo posible un prolongado control de la región. Sus
cacicazgos fueron desarticulados y fragmentados quedando bajo el control de los colonos.
Estas guerras le permitieron acumular experiencia y sabiduría. Por ejemplo, que una hábil resistencia podría dar frutos, demorando, tal vez por decenios, el
desenlace final.
Primer periodo de Guerras Calchaquíes (1630-1633)
Chalimín, cacique de Hualfín, mandó a uno de sus hijos con 200 indios a saludar al gobernador Albornoz cuando éste llegó a Santiago, siguiendo una vieja
costumbre. El gobernador “por no sé qué desmán mandólos azotar y cortar el cabello, agravio el mayor que se le podía hacer a aquella gente altiva que volvieron
despechados y resueltos a vengarse.
Ese agravio fue la causa inmediata del Gran Alzamiento organizado por Chalimín y propagado por toda la región diaguita. Las ciudades más amenazadas
fueron Londres y La Rioja. Las parcialidades de andalgalas, famatinas, capayanes y guandacoles fueron los aliados más decididos de Chalimín y los calchaquíes.
Hacia 1631 los indios del segmento sur (valle del Yocavil), liberados por Utimpa, confederados con los centros de Catamarca (Andalgalá y Aconquija) que
combatieron bajo el liderazgo del cacique Chalemín dieron la señal de alzamiento general. Asesinaron a 10 encomenderos que se encontraban en sus haciendas. Se
ha denominado el primer periodo de esta guerra (1630-1633).
En 1632 la refundación de Londres fue asediada por los indios malfines, encabezados por Chalemín. Todos los indígenas serranos de la provincia de
Tucumán se confederaron para expulsar a los españoles. La rebelión se extendió hasta La Rioja, esta fue incendiada cuando sus pobladores la desampararon.
En esos combates Cabrera cautivo y descuartizo a uno de los caciques, mientras tanto los calchaquíes atacaron Salta y San Miguel. La situación del valle se
complicó por la deslealtad de los pulares, viejos aliados de los incas, estos abandonaron el valle y se trasladaron a Salta a cambio de la alianza con los encomenderos
que los libraron de tributo.
En una tercera campaña Cabrera logro recuperar Catamarca y La Rioja.
Segundo periodo (1635-1637)
En 1635 Albornoz entro al Valle Calchaquí afirmando que lo pacificaron completamente, con excepción de cacique Utimpa del sector Yocavil(estos estaban
aliados con Chalemín). El objetivo principal de Albornoz era que los indios cumplieran las encomiendas. Chalemín había atacado a los de famatina, que se habían
transformado en “indios amigos”, fueron derrotados en Abaucan.
Chalimín cayó sorpresivamente en Famatina donde asaltó la reducción de indios asentada en el lugar.
Desde Pomán vino en socorro de Núñez de Ávila el maestre de campo Pedro Ramírez de Contreras. Se reunieron en Guatungasta y desde allí se dirigieron
al valle de Hualfín para atacar a Chalimín en su propio reducto.
Ramírez de Contreras con 63 españoles y más de 300 indios amigos se internó resueltamente en el valle de Hualfín. Consiguió entonces tomar prisionero al
gran caudillo de la raza india. Lamentablemente no conocemos las circunstancias en que el hecho se produjo. Fue condenado a muerte, ahorcado y descuartizado en su
propio pueblo.
Trasladó 800 andalgalaes, confinándolos al norte de La Rioja en el fuerte del Pantano. El resto de los indígenas se refugiaron en sitios mejor protegidos y se
inició una tregua en este año 1637 termina el segundo periodo de la guerra.
Tercer periodo (1657-1659)
Los efectos de la guerra se reflejaron en un descenso general de la producción. Por esta época varias pestes asolaron a las poblaciones que, además,
carecían de alimentos por las incursiones contra sus cultivos. En 1657, llego al Tucumán el andaluz llamado Pedro Bohórquez, diciendo que había descubierto el Paytiti,
fabuloso país de maravillas oculto en el corazón verde de laAmérica del sur.
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Bohórquez ingreso en el Valle Calchaquí al amparo del cacique de los paciocas, del pueblo de Tolombón. Se presentó con un doble discurso: a los indios
diciendo que era descendiente de Paulo el ultimo inca (coronado) por los españoles, y a estos que si le permitían usar el título de rey de los incas les arrancaría a los
indios los secretos sobre sus minas y tesoros.
Bohórquez había llegado a Lima en 1620 y luego de una vida entre los indígenas serranos del centro del Perú donde aprendió el quechua y recogió vitales
informaciones para su vida posterior, decidió emprender la aventura de localizar el Paytiti.
Tras largar aventuras en oriente peruano en busca del Paytiti, aventuras en muchos aspectos ilegales Bohórquez fue apresado y enviado al fuerte de
Valdivia en Chile. Al encontrar la oportunidad para escapar llego a Mendoza y subió luego hacia el norte.
A mediados del siglo XVII la resistencia de las poblaciones de los Valles Calchaquíes se prolongaba por más de 100 años y los españoles estaban
dispuestos a darle término definitivo. La llegada de Bohórquez fue importante para los indios por la ausencia de un líder capaz de oponerse a la conquista, la mayoría de
los caciques aceptaron aliarse con él.
El gobernador Alonso de Mercado y Villacorta decidió invitarlos a un encuentro en Pomán, antes de la cita Bohórquez y el gobernador intercambiaron cartas
negociando.
Una vez que se agotaron las tratativas, y los homenajes al inca Bohórquez, sus indios regresaron a Calchaquí. Bohórquez prometió al gobernador inducir a
los indios para cumplir las mitas y encomiendas, revelar los tesoros y minas que descubriesen.
Apenas culminado el encuentro de Pomán, el gobernador recibió cartas del virrey Conde de Alba y Aliste por lo cual le reprochaba que hubiera iniciado
negociaciones con el ex presidiario y le ordenaba que lo apresase, de modo que Mercado decide borrar con el codo lo que había firmado con su mano.
Mientras el gobernador tramaba la mejor manera de expulsarlo del Valle, Bohórquez realizo un viaje por su jurisdicción, donde dirigió violentos discurso a los
indios, incitándolos a una rebelión general.
A comienzo de 1659 la relaciones entre Bohórquez y el gobernador habían llegado a su punto de máxima tensión debido al incendio de las misiones jesuitas
en los valles. A su vez Bohórquez pidió negociar con el virrey.
En medio de todas estas diatribas, se produjo un encuentro armado entre los indios comandados por Bohórquez y la fuerza del gobernador. El combate tuvo
lugar en el fuerte de San Bernardo. Los españoles lograron desbaratar las fuerzas enemigas, pero Bohórquez continuo refugiado en el valle hasta que finalmente llego al
Tucumán don Juan de Retuerta, (oidor de la Audiencia de Charcas), este le convence de deponer las armas y entregarse, asegurándole el perdón. El resto de las
poblaciones continuaron en rebeldía y el gobernador invadió Calchaquí, apartir de allí comenzó a conquistar pueblo por pueblo, se dirige directamente hacia los Quilmes
quienes cercaron y rindieron por hambre, atacando a los restantes grupos.
En el siglo XVII era repoblado con encomenderos instalando sus haciendas. Solamente los tolombones tuvieron permiso para cultivar parte de las tierras que
le habían pertenecido.
El obispo mercadillo y el traslado de la diócesis a Córdoba (Achával- Lascano)
La larga vacancia del obispado se cubrió recién con la presentación de Carlos II en favor del dominico toledano Fray Manuel Mercadillo que llego a su sede
en 1698. Fue este el más negativo acontecimiento a finales del siglo y el pastor más perjudicial para Santiago.
La codicia y el autoritarismo del prelado le llevaron a múltiples incidentes. Persiguió a jesuitas y franciscanos, puso tienda y pulpería con insaciable afán
comercial y busco empeñosamente, sin entender razones, trasladar la Catedral y el Seminario a Córdoba fundado en conveniencias económicas e intereses que venían
de tiempo antes.
Nombró rector al doctor Pedro Martínez de Lezama y puso el establecimiento bajo la advocación de Santo Tomas de Aquino al cuidado de la orden de santo
domingo, a que pertenecía monseñor Mercadillo.
Decidió excluir de la enseñanza a los jesuitas. La entrega del Colegio Seminario en 1699, mejor dicho su extinción en la ciudad, estuvo a cargo del último
rector licenciado Cosme del Campo Ibáñez, junto con sus colaboradores jesuitas y seculares. Concluía la etapa más fecunda de la cultura santiagueña.
Expulsión de los jesuitas: causas y consecuencias (Lascano)
Las realizaciones espirituales, culturales y materiales reseñadas en diversos ciclos de nuestro desarrollo histórico por la compañía de Jesús, se vieron
abruptamente interrumpidas en la noche del 9 de agosto de 1767 por el allanamiento del juez ejecutor de las reales órdenes, capitán Juan Martínez, y su irrupción en el
Colegio e iglesia santiagueños.
Las órdenes del gobernador de Bs As don Francisco de Paula Bucareli, al del Tucumán, establecían las normas a seguirse en todo el territorio.
Resignados a su suerte, calladamente, confiados en la voluntad de dios, dejaron bienes y afectos y los llevaron con lo imprescindible para no perecer, cual si
fueran delincuentes y culpables de los peores males, a los padres de la compañía, después de dos siglos de inundar de bienes y de luz al pueblo santiagueño.
Organización institucional: principales autoridades (Lascano)
El Virrey: Representante directo del monarca, era una de las máximas autoridades en América. El desempeño de su cargo solía durar entre tres y seis años. Entre sus
facultades y prerrogativas estaban el presidir la Audiencia, supervisar la hacienda real y tener control sobre la Iglesia.
Gobernadores y Capitanes Generales: Los gobernadores tenían funciones políticas y administrativas y estaban subordinados a la autoridad del virrey. En los territorios
fronterizos, las provincias estaban a cargo de un capitán general, que además de las funciones de gobierno se encargaba de la defensa de la región.
Los Corregidores: Las provincias estaban integradas por distritos a cargo de los corregidores. Los corregidores se encargaban del gobierno local. Los pueblos de indios
estaban a cargo de un “corregidor de indios”. Estos funcionarios terminaron con el poder de los encomenderos sobre los aborígenes.
Las Audiencias: Organismos creados por Fernando el Católico para la administración de justicia en América. Intervenían en los juicios civiles, criminales y
administrativos. Vigilaban el desempeño de virreyes y gobernadores e informaban a la monarquía sobre su conducta.
El cabildo constitución y funciones (Lascano)
Se encargaban de la administración de la ciudad y sus alrededores. Cuidaban, entre otras cosas, el abastecimiento de alimentos, la justicia, la salud y la
seguridad de los habitantes.
Lo presidian dos alcaldes (de primero y segundo voto) que tenían a su cargo la administración de justicia en los asuntos de menor importancia. Ante
situaciones extraordinarias o de peligro, se convocaba un Cabildo Abierto, al que concurrían los vecinos, “la parte principal y sana de la población”, para deliberar sobre
las soluciones posibles ante la emergencia. En los inicios de la Conquista, los miembros del cabildo eran designados por los conquistadores. A partir de la segunda
mitad del siglo XVI, se extendió la costumbre de comprar estos cargos a la corona o eran designados por sus predecesores.
La existencia de un cabildo distinguía una ciudad de un simple pueblo, la corona con sus disposiciones incitaba a los súbditos en América a agruparse en
pueblos, dentro de estos trazaba una línea jurisdiccional respecto a los transeúnte o blancos de más baja condición. Dentro del conjunto que reunía a españoles de toda
condición, nacidos en Europa o en América, y más tarde también en mestizos.
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La jerarquía interna de la comunidad de vecinos se organiza sobre la base de criterios de fuerte contenido nobiliario. Dichos méritos y distinciones nacían de
las proezas en la conquista, los servicios al monarca, las cualidades nobiliarias heredadas o todo al mismo tiempo. No debe entenderse como una norma, pero si como
un principio que podía invocarse con cierta fuerza en los inicios de la instalación europea.
Las características de la legislación indiana, fomentaba la existencia del ritual de atacamiento que permitía negociar el cumplimiento de las órdenes reales. El
cabildo fue la única institución colonial, cuyos miembros eran electivos y mostro una gran habilidad para conservar el dominio en la esfera local mediante la instauración
de una rotación ficticia de funcionarios, eludiendo las reglas que impedía reelecciones o coexistencia de parientes durante el mismo año de gobierno, fomentando un
cerrado nepotismo.
Economía en el siglo XVII-XVIII: agricultura, ganadería, manufacturas y comercio (Fradkin, Raúl- Nueva Historia)
El mundo rural colonias
La estructuración del espacio: Los espacios rurales se estructuraron en torno a las ciudades que constituyeron los mercados para sus productos. Las sociedades que se
conformaron fueron básicamente sociedades agrarias. Ello se pone en evidencia en los productos que la red de asentamientos urbanos hacía circular a través del
espacio porque eran primordialmente productos agrarios a excepción de los efectos importados, los metales preciosos y algunas pocas artesanías de origen urbano.
Incluso, las diferentes producciones textiles eran en su mayor parte realizadas por unidades sociales agrarias como obrajes, pueblos de indios y, especialmente, por los
hogares campesinos. La constitución del sistema colonial (impregnado por una lógica económica excedentaria, extractiva y mercantilista) supuso una profunda
innovación en los ecosistemas y trajo consigo implicancias solo amortiguadas por la reducida densidad de los primeros centros de colonización. Junto con la difusión de
nuevas especies de animales y vegetales tuvieron lugar profundos cambios en la utilización de los recursos y en la estructuración del espacio.
La nueva agricultura no sólo suponía la introducción de especies diferentes sino también de nuevas técnicas de producción como las herramientas de hierro
(azadas, azadones, arados) y nuevos animales de tiro.
Una mirada a largo plazo de la estructuración de los espacios coloniales y la conformación de los mundos rurales permite reconocer tres fases principales:
● Primera fase: estructuración de relaciones sociales agrarias, con apropiación de recursos, fuerza de trabajo y excedentes.
● Segunda fase: (1650-1750) tomaron forma característica de sociedades regionales, se estabilizo la relación ciudad-campo. Durante ese periodo se
produjeron transformaciones y el proceso de mestizaje, la conformación de un campesinado colonial, implantación de nueva agricultura con un avance
creciente en la mestización de herramientas. La nueva ganadería, por su parte, también implico profundas transformaciones en los ecosistemas, alterando la
dieta alimenticia de las sociedades.
● Tercera fase: (siglo XVIII) incremento de la producción rural regional, una creciente mercantilización de las relaciones sociales, se emplearon las áreas
territoriales de colonización y tendieron a endurecerse las condiciones y las relaciones interétnicas en las fronteras. En esta fase se reasento la reorientación
de los circuitos de intercambio hacia el Atlántico y se evidenciaron signos de creciente actividad, prosperidad y enriquecimiento urbano, con una mayor
liberalización del comercio exterior.
Un mosaico de diferencias regionales: En el norte y el oeste el asentamiento hispánico se estructuró principalmente en los valles y buscó asegurarse el control de los
cursos de agua. En las llanuras del litoral, en cabio, el patrón de asentamiento fue esencialmente costero. El dominio colonial no se alejó demasiado de las costas y se
conformaron reducidos enclaves portuarios como Corrientes, Santa Fe o Buenos Aires.
El amplio espacio sobre el cual habría de conformarse la Argentina presentaba diferencias en cuanto a sus patrones de poblamientos. En el centro, el norte y
el oeste, el poblamiento fue más denso y concentrado, y las sociedades incluían una importante proporción de indígenas, especialmente zonas como la Puna salto-
jujeña, la quebrada de Humahuaca, los valles Calchaquíes o las áridas tierras santiagueñas; en las llanuras del litoral, en cambio, el poblamiento rural fue más disperso
y la población indígena fue menor. Tanto en Chaco como en las planicies pampeano-patagónicas la capacidad de resistencia indígena frente al avance de la sociedad
hispano-criolla se mantuvo hasta fines del siglo XIX y las fronteras coloniales solo tuvieron variaciones locales.
En Tucumán colonial el mecanismo inicial para poner en funcionamiento las unidades agrarias de producción fue la encomienda. Se mantuvo en vigencia
hasta entrando el siglo XVIII.
En el Litoral, los intentos de organizar la producción agraria en torno a la institución de la encomienda fueron infructuosos y su decadencia fue más temprana
que en el interior, por la ausencia de núcleos indígenas, sedentarios y el fracaso de las relocalizaciones. Esto abrió paso a una variedad de formas de trabajo que
implico una mayor difusión del conchabo y de diferentes formas de asociación entre propietarios y productores.
En Santiago del Estero perduró más firmemente la estructura de pueblos de indios. Hacia fines del periodo colonial en una región extremadamente pobre, las
tierras más fértiles estaban en el territorio irrigado y si bien estuvieron en su mayor parte en manos de la elite mercantil urbana su propiedad llegó a estar
sustancialmente dividida, mientras a población indígena en buena medida sustentaba la reproducción en los recursos del bosque y en sus cultivos tradicionales: los
bañados y las tierras de pastoreo.
En Salta se conformó una estructura agraria con mayor predominio de la gran propiedad y era frecuente la presencia de arrenderos indígenas
Dinámicas y transformaciones de las economías y sociedades regionales: Hacia fines de la década de 1780 las dos áreas más importantes eran Buenos Aires y la
Banda Oriental. A principios del siglo XIX Córdoba había pasado a ocupar un segundo lugar después de la capital y que el Tucumán. Córdoba a fines del XVIII tiene
varios renglones exportables: las mulas, que buscaban los mercados norteños hasta la crisis de 1806, los cueros y los tejidos, que se orientaban al Litoral y Buenos
Aires, y el crecimiento de la cría de vacunos, que se dirigía a Chile; por el contrario, Santiago del Estero era la zona de menor importancia económica en el conjunto
regional y Catamarca, Salta y San Miguel de Tucumán representaban la situación intermedia.
El impacto de las medidas liberalizadoras del comercio y la circulación se hizo sentir en las zonas productoras de textiles que utilizaban el algodón como
materia prima. En el Tucumán su crisis se vincula a la lenta erosión de la encomienda y, en el Paraguay, se explica más por la desarticulación del sistema misional
jesuita que por el libre comercio. Córdoba, San Luis y Catamarca e incluso las sociedades indígenas de la pampa, siguieron participando activamente de los mercados,
incluido el porteño.
Visto en conjunto el panorama general es de crecimiento, tanto de la producción como de la población. En algunas regiones el ritmo de crecimiento de la
población superaba al de la producción. Buenos Aires evidenciaba la creciente prosperidad del centro mercantil y burocrático virreinal, en Cuyo expresaba los
obstáculos de la producción agrícola. En otras regiones como Córdoba o el nuevo litoral, el ritmo de crecimiento de la producción es mucho mayor que el de la
población. Este panorama de prosperidad mitigado por aquellas economías regionales con dificultades crecientes: aquellas en las que primaba la agricultura algodonera
o la de vino y aguardiente.
Situación demográfica jurídica
La sociedad colonial: raza, etnicidad, clase y género (Funes, Patricia- Ansaldi, Waldo)
Siglos XVI-XVII
La sociedad colonial tucumana se caracterizó por su multietnicidad, multiculturalidad y multiplicidad de niveles sociales jerárquicamente estructurados.
Cuando hablamos de multietnicidad, nos referimos no solo a la existencia de diferentes grupos de población nativa; también a los distintos orígenes regionales de los
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peninsulares. Como resultado de estos dos grupos mayores se encontraban los mestizos, entre los cuales debemos incluir al producto de las uniones entre indios y
españoles, al de distintos grupos étnicos entre si y a los de estos con los africanos.
La multietnicidad tuvo muy diversos orígenes por una parte implementar diversos tipos de relaciones políticas, sociales y económicas con los conquistadores
y que fueron modelando nuevos patrones culturales. Este sector se amplió, a poco de andar con los nacidos en la tierra ósea los criollos.
Los españoles de largo arraigo en el nuevo mundo, sus hijos legítimos y los mestizos, fueron configurando un nuevo núcleo de población, se construyeron
identidades que culminaron en la definición de los diversos perfiles regionales. No fue por azar que los peninsulares recién llegados se asombraran de las nuevas
costumbres de estos americanos, entre los que debe incluirse a los españoles que pasaron la mayor parte de sus vidas en estas tierras, que fueron dando forma a un
creciente “Acriollamiento”.
También debe considerarse la llegada de los esclavos africanos, un nuevo componente étnico que tuvo diferentes impactos según las distintas regiones. En
la provincia de Tucumán el número de esclavos aumento a la medida que la economía se fortalecía.
Los indígenas hicieron perder valor tanto económico, como simbólico a la antigua institución de la encomienda, obligando a reformular la producción.
En el mundo colonial la estructura de base estaba compuesta por una multitud de grupos indígenas sometidos al control español por medio de las
encomiendas de servicio personal. La encomienda provoco la desestructuración de la comunidad indígena mediante: el desplazamiento de los tributarios con la
obligación de las mujeres para entregar cuotas fijas de hilado y tejidos, el reemplazo de los hombres en las tareas rurales durante sus ausencias, las migraciones
forzadas para instalarlos en las propiedades de sus encomenderos. Estos factores causaron la desarticulación social y la pérdida de derechos sobre las tierras
originarias.
Hacia mediados del siglo XVIII el número de encomiendas, como la cantidad de familias encomendadas había disminuido consideradamente. La resistencia
de los indígenas culmino en una política de desnaturalizaciones después del Gran Alzamiento de 1630-43 todo el contexto se puede resumir como de desarticulación de
obligada convivencia multiétnica y descenso brusco del número total de encomendados.
UNIDAD 3: LIBERTAD E INDEPENDENCIA
El mundo rural en transición (Gelman, Jorge- Nueva Historia)
La suerte que conocen las distintas regiones agrarias a fines del periodo colonial es muy diversa, ya que se ven afectadas de muchas maneras por una serie
de acontecimientos importantes como la creación del Virreinato del Rio de la Plata en 1776; el libre comercio que instauran los Borbones favorece la llegada de textiles
europeos de consumo más masivo y sobre todo los productos agrarios del mediterráneo español; los levantamientos del mundo andino a inicio de los años 80; las
guerras intra-europeas que afectan toda la circulación del Atlántico; las invasiones inglesas y la crisis final de la monarquía española.
El crecimiento del comercio Atlántico con las leyes borbónicas a fines del S. XVII habría tenido efectos positivos para as regiones litorales, que recibían
bienes manufacturados, vinos y aceites de mejor calidad y precios más bajos que los de las regiones interiores. Mientras la economía pecuaria crecía al volcar
cantidades crecientes de cueros y otros derivados vacunos en el mercado mundial, sin mayores inversiones. El Interior productora de bienes que competían mal con las
importaciones, habría sufrido una aguda crisis, de la cual ya no se recuperaría en largo tiempo.
Las regiones que padecieron la competencia extranjera fueron productoras de textiles de algodón, pero este proceso se había iniciado antes del libre
comercio, sobre todo por la crisis de las misiones jesuitas, su principal productor regional, cuando los religiosos fueron expulsados por los Borbones en 1767.
Los productores mendocinos, especializados en vino, irán perdiendo terreno en los mercados regionales, mientras que los sanjuaninos, más orientados al
aguardiente, conservaron importantes cuotas de mercado. Esto estimulara a los mendocinos hacia la ganadería u otros rubros.
Distinta es la situación de las regiones productoras de textiles de lana, desde Santiago del Estero hasta Córdoba, Catamarca, San Luis continuaran
haciéndose presentes en todos los mercados regionales, incluyendo los litoraleños. Sus familias tenían a veces las pequeñas majadas de ovejas que criaban y
esquilaban. Lavaban la lana, la hilaban y tejían sin recurrir al mercado.
La contra cara de la situación del interior la presenta el litoral. La capitalidad de Buenos Aires refuerza su rol articulador de todo el espacio y su propia
magnitud demográfica la convierte en uno de los mercados más preciados para todas las regiones virreinales. Conocerán una expansión impensada: Entre Ríos
comienza a poblarse de gente, estancias y animales y quizá sobre todo la campaña de la Banda Oriental conoce una expansión sin precedentes. La cría para abasto de
carne a los cada vez más importantes mercados locales. Pero además se desarrolló la cría de mular, del lanar y de una pujante agricultura, destinada a esos mercados
locales en que se destacaba el trigo. Buenos Aires concentraba los beneficios máximos del sistema.
La revolución: cambios y continuidades en el mundo rural (Bazán)
Las provincias del Noroeste padecen la guerra de manera aguda y también la ruptura de los vínculos con los mercados alto peruanos, si bien esa ruptura no
fue drástica, la fuerza de los mercados andinos ya no será la misma que en la época colonial y, por otra parte, el noroeste pierde definitivamente su carácter de
intermediario entre estas regiones andinas y el litoral, ahora volcado masivamente hacia el Atlántico.
En Santiago del Estero la situación es compleja: por un lado se continua practicando la agricultura de aluvión en las zonas inundables de los ríos Dulce y
Salado. La ganadería, por su parte, parece conocer una cierta expansión desde los años ’30 (vacunos y mulares). Se produce un proceso de privatización y
concentración de las mejores tierras de cultivo y ganadería que parece acentuar las dificultades de subsistencia de una porción importante de la población.
El fabuloso crecimiento demográfico del litoral se hizo en parte a expensas del interior, que le enviaba cantidades crecientes de migrantes, que provenían de
buena medida de Santiago, San Luis, Córdoba, Misiones o incluso la Banda Oriental, aceptando trabajar como asalariados en las nuevas estancias ganaderas del litoral.
Santiago del Estero se encontrará a inicios de S. XIX con una población mayormente femenina, una parte importante de los hogares encabezados por
mujeres y aumento de las familias complejas, con muchos miembros parentales o no, que crecen como respuesta a una economía frágil y cada vez más desigual. Se
nota una proliferación de dependientes en el interior de algunas familias, sobre todo “criadas o agregadas”, que reflejan la necesidad de protección de familias
incompletas y sin acceso a la tierra.
Contraste económico (escrito)
La economía en esta etapa colonial se extiende desde el siglo XVI al XVIII, en la cual los españoles conquistaron y sometieron a los pueblos indígenas, en
un proceso de cambios, transformaciones y permanencias, que concluyeron con la población indígena diezmada por guerras, epidemias, exceso de trabajo y malos
tratos. Además, asistimos a la conformación de un mercado regional cuyo eje económico de las ciudades del Tucumán fue Potosí, que desde 1550 cuando comenzó el
auge minero, se produjo en el Alto Perú una gran demanda de medios de producción y de subsistencia.
Judith Farberman nos señala que la economía de la región del Tucumán giraba en torno a las minas del Potosí. Farberman destaca que en Santiago
encontramos la cosecha de grana como industria textil importante, la cera y la miel (como actividades del bosque) para comercializar en los centros artesanales; siendo
exportadas a Chile y el Alto Perú. Como actividad ganadera, se practicaba el engorde de ganado que conducían a Salta para la feria anual o para el Perú. Asimismo,
existía un comercio activo entre las ciudades de la región del NOA; Tucumán poseía el tráfico de carretas, la cría de bueyes como medio de transporte y el tabaco.
Córdoba a fines del XVIII tiene varios renglones exportables: las mulas, que buscaban los mercados norteños, los cueros y los tejidos, que se orientaban al Litoral y
Buenos Aires, y el crecimiento de la cría de vacunos, que se dirigía a Chile. Catamarca destacaba por el algodón, ají, varas de hilos y lienzos. La Rioja por el vino,
aguardiente y vinagre.
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Con la creación del Virreinato del Río de la Plata, los circuitos económicos sufren un gran cambio donde todo quedará subordinado al puerto de Buenos
Aires. La expulsión de los jesuitas y el libre comercio instaurado por los borbones, perjudicó notablemente las regiones del interior, ya que no pudieron competir con los
productos manufacturados del Atlántico (de mejor calidad y precio)
El gran crecimiento del Litoral se hizo en parte a expensas del interior, que enviaba gran cantidad de hombres a trabajar como asalariados. Según Jorge
Gelman, a partir del proceso revolucionario y las guerras civiles, significó la ruptura de los circuitos mercantiles, además de costear buena parte del abastecimiento del
ejército libertador.
Raúl Bazán destaca que las provincias del Noroeste padecen la guerra de manera aguda y también la ruptura de los vínculos con los mercados alto
peruanos, si bien esa ruptura no fue drástica, la fuerza de los mercados andinos ya no será la misma que en la época colonial y, por otra parte, el noroeste pierde
definitivamente su carácter de intermediario entre estas regiones andinas y el litoral, ahora volcado masivamente hacia el Atlántico. En Santiago del Estero la situación
es compleja: por un lado, se continua practicando la agricultura de aluvión en las zonas inundables de los ríos Dulce y Salado. Por otro lado, se produce un proceso de
privatización y concentración de las mejores tierras de cultivo y ganadería.
Según Tulio Halperín Donghi, los comerciantes de la capital y los dueños de las escasas tierras serán los sectores más perjudicados por las consecuencias
de la Revolución, producto de las ruinas del comercio altoperuano y la escasez de la mano de obra.
El Tucumán y Santiago del Estero en vísperas de la revolución (Bazán)
Si la capital, Salta, era residencia del gobernador, en Córdoba tenía la suya el obispo. Aquí estaban también la universidad y las principales comunidades
religiosas y, finalmente, Jujuy, era la sede de las cajas matrices de la Real Hacienda. Buenos Aires quedó erigida en cabeza de una dilatada jurisdicción que comprendía
las gobernaciones de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Charcas, Cochabamba y La Paz a las que pronto se agregaría Cuyo. Con la aprobación del
Reglamento de Comercio Libre (1778) y la creación de la aduana, se crearon posibilidades insospechadas al comercio rioplatense.
En 1776 se creaban el Virreinato del Río de la Plata y Nueva Granada de acuerdo a las Reformas Borbónicas. En 1782 se dicta la Real Ordenanza de
Intendentes que contribuyó a polarizar en Buenos Aires las energías. La creación de la Intendencia de Salta separó a Córdoba y La Rioja de su jurisdicción y convirtió a
la primera en cabeza de otra provincia que llevó consigo a La Rioja y a las ciudades de Cuyo, segregadas de la Capitanía General de Chile. La provincia de Tucumán
quedó dividida y esto debilitaba su peso político quitándole dos de sus ciudades, sobre todo Córdoba, la más populosa del Río de la Plata.
La última etapa de dominio español en América se caracterizó por el liderazgo de cuatro ciudades: Chuquisaca en el Alto Perú, Salta en el Norte, Córdoba
en el centro y Buenos Aires en el sud.
Estado de las ciudades en el momento de la Revolución
Si Potosí fue el polo económico del sistema colonial español, cabe a Chuquisaca o Charcas el importante papel de eje administrativo y cultural. Ser sede de
la Real Audiencia y de un arzobispado metropolitano, la fama extendida de su Universidad (Universidad de San Javier) y las dulzuras del clima contribuyeron a hacer de
Chuquisaca una cuádruple corte eclesiástica, forense, literaria y social.
Salta tenía como ciudades sufragáneas con Cabildo a Jujuy, San Ramón de la Nueva Orán y Tarija. Desempeñaba la gobernación don Nicolás Severo de
Isasmendi. A partir de 1807 se erigió en Salta un nuevo obispado que ocupó el Dr. Nicolás Videla del Pino. Isasmendi no pudo evitar choques con el obispo y el Cabildo
que le obligaron primero a solicitar su relevo y luego a renunciar al cargo en vísperas del pronunciamiento de Mayo.
El fermento separatista había llegado a Salta y era cultivado por miembros de la clase dirigente, gente ilustrada. La propaganda revolucionaria llegó a la
capital de la Intendencia por una doble vía. En ese momento ya se habían producido los movimientos altoperuanos de Chuquisaca y La Paz que indicaron la voluntad de
un cambio político asumiendo diversas formas contestatarias y provocaron la dura represión de los funcionarios del rey. Parece evidente que esos movimientos
altoperuanos tuvieron repercusión en el Norte, especialmente en las ciudades de Salta, Jujuy y Tucumán. También tenemos noticia de la propaganda revolucionaria
desarrollada por el coronel Moldes, hijo de un fuerte comerciante salteño que había cursado estudios en España. Allí se comprometió con la logia independentista de
Cádiz que organizaron americanos residentes a fin de promover la causa de la independencia en los países de América.
A comienzos de 1809 llegó a Buenos Aires donde se reunió con el grupo de criollos que trabajaba por la independencia. Luego pasó a Córdoba donde
exploró sin fruto la voluntad de Tomás Allende, jefe de milicias; estuvo en Santiago donde conversó con el capitán Juan Francisco Borges, hombre voluntarioso e
inquieto, y estableció contacto en Tucumán con el doctor Nicolás Laguna. Finalmente, en su ciudad natal realizó activa propaganda en favor de la revolución.
La ciudad de Jujuy, puente geográfico y comercial de Tucumán con el Alto Perú, tenía estrechos contactos con Chuquisaca y a ella llegaron las nuevas ideas
que estaban cambiando el rumbo político de Europa y también las noticias sobre la situación española.
Respecto de Tucumán y Santiago se ha visto que el doctor Nicolás Laguna y el capitán Juan Francisco Borges, respectivamente, compartían las ideas del
cambio político. Sin embargo, carecemos de datos suficientes sobre el estado de opinión en Tucumán que indiquen si la actitud de Laguna contaba con otros adeptos.
Si hay motivos verosímiles para aceptar que en Santiago la decisión revolucionaria de Borges originó la formación de un partido adicto al cambio.
En Catamarca, las cosas estaban en favor del Rey. El comandante de armas don Francisco de Acuña, español, era subdelegado de la Real Hacienda y
notario del Santo Oficio, sus atribuciones eran tan extensas y diversas. Era buen funcionario y tenía una vasta parentela originada en su casamiento con una mujer del
país. Sin embargo, algunos vecinos importantes veían con fastidio ese monopolio del poder por un español, considerándose con títulos suficientes para ejercerlo ellos
mismos.
La Rioja, que hasta 1782 formó parte de la gobernación de Tucumán, había pasado a ser distrito subordinado a la intendencia de Córdoba. En la esfera
eclesiástica siguió dependiendo del obispado de Córdoba. En la sociedad riojana predominaba en forma incontestable el patriciado criollo formado por los descendientes
de los beneméritos de la conquista. Tenían la tierra, base del poder económico, prestigio social y poder político.
Las provincias del noroeste y la revolución de mayo
La tesis desarrollada por Castelli en favor de la retroversión de la soberanía al pueblo por la vacancia del trono español (22 de mayo) no computaba la
consulta a las ciudades del Virreinato. Buenos Aires estaba decidida a reasumir dicha soberanía en nombre de todas las demás. Estaban jugados por la causa del
gobierno propio y si bien cautelosamente invocaban la conservación de los derechos del amado Fernando VII.
Era muy importante el pronunciamiento de Salta, cabeza de gobernación intendencia, dada la rebeldía de Córdoba y Montevideo, y la actitud de decidida
beligerancia que asumieron las intendencias altoperuanas, especialmente Chuquisaca y Potosí. Moldes y el grupo de abogados subversivos denunciados por el virrey
Cisneros al gobernador Isasmendi. Fueron los que en 1810 precipitaron el pronunciamiento de Salta por la causa de la Revolución.
El gobernador intendente Nicolás Isasmendi manifestó su complacencia por la generalizada aceptación de los asambleístas a las determinaciones de la
capital. Instalado Chiclana en el gobierno, el Cabildo convocó a reunión para el 29 de agosto donde fue elegido diputado el bachiller Francisco de Gurruchaga, hombre
de probada adhesión al nuevo régimen.
En Jujuy se recibieron los pliegos de Buenos Aires en la misma fecha que en Salta. Pero también habían llegado noticias de que Liniers, opuesto al nuevo
gobierno, se dirigía con sus fuerzas hacia Jujuy, de paso al Alto Perú, para reunirse con las tropas abanderadas de la reacción realista. Los cabildantes se vieron en un
aprieto. Por un lado, la noticia que llegaba de Buenos Aires, eran un poco las que muchos deseaban, y por el otro no podían olvidar la represión de Chuquisaca y La
Paz, tan reciente. La elección del diputado no se produjo enseguida. Demoró cuando llegó Chiclana investido de su cargo de gobernador. Fue elegido diputado por
mayoría de 48 votos el Dr. Juan Ignacio Gorriti, cuyas ideas en favor del gobierno de los criollos, eran notorias.
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En Tucumán se recibieron las notas de la Junta y del Cabildo de Buenos Aires y ello promovió el cabildo abierto del 11 de junio donde se resolvió esperar el
pronunciamiento del gobernador intendente de Salta. La elección se practicó el 27 de junio en la persona del Dr. Manuel Felipe Molina. Su juramento se dilató hasta
noviembre.
En Santiago la elección de diputado practicada el 2 de julio en la persona del bachiller Juan José Lami, generó la disconformidad de un sector. El capitán
Juan Francisco Borges, que estuvo en inteligencia con la prédica revolucionaria de José Antonio Moldes, se perfila como inspirador de la facción descontenta. En el
cabildo argumentó que se abstenía de dar su voto por haber sido excluidos de la convocatoria varios vecinos principales. Lami representaba la continuidad del viejo
sistema político. La elección fue comunicada a la Junta el 9 de julio. Pero enseguida Borges envió a Buenos Aires una extensa presentación acusando a los cabildantes
de haber manifestado que la Revolución no era más que una borrachera de cuatro tunantes que salían de un café y alborotaron al pueblo para su ruina. Atendiendo esa
reclamación la Junta solicitó copia del acto de elección y en vista de ese testimonio la aprobó el 31 de agosto. En desacuerdo con dicha resolución, Mariano Moreno dio
traslado de la nota de Borges al intendente de Salta para que informara reservadamente, lo que así hizo Chiclana ratificando la procedencia de la objeción sobre la
inasistencia del clero y de muchos vecinos que no fueron citados.
La Junta ordenó nueva elección, realizada en 1811 con la presidencia del alcalde de 1er voto de Tucumán como delegado del gobierno nacional. 47 votos
fueron para Pedro Francisco de Uriarte, cura de Loreto y 30 para el bachiller Lami. Uriarte se dirigió a Buenos Aires donde fue sorprendido a los pocos días de su
llegada por los sucesos de la disolución de la Junta Conservadora por el Triunvirato. Así, el diputado santiagueño no llegó a tomar ninguna intervención en el gobierno
nacional.
En Catamarca, Francisco de Acuña (comandante de armas y subdelegado de la Real Hacienda) resolvió esperar órdenes de la capital de la Intendencia. El
23 de julio se convocó al vecindario para elegir representante. Sufragaron por el comandante de armas. Acuña prestó juramento. Pero, el 25 de agosto la Junta indicó
que debía efectuarse nueva elección debido a que Acuña no reunía los requisitos de ser americano de nacimiento y no tener empleo rentado de la Corona. El cabildo
abierto eligió a José Antonio Olmos por 39 votos sobre 31 que obtuvo el Dr. Pedro Ignacio Olmos, hijo del comandante de armas. Con entusiasmo y presteza organizó
su viaje y pudo incorporarse al gobierno nacional en la sesión del 8 de diciembre, la primera a la que asistieron los diputados del interior.
En La Rioja desde abril de 1809, Domingo Ortiz de Ocampo detentaba la función de subdelegado de la Real Hacienda desplazando al español Vicente
Bustos. El 28 de agosto de 1810, la ciudad eligió diputado al coronel Francisco Ortiz de Ocampo, quien había sido designado por la Junta, jefe de la División Auxiliar del
Alto Perú. En septiembre, el comandante de armas, Vicente Bustos, fue reemplazado nuevamente por Domingo Ortiz de Ocampo. La política riojana no puede ser
comprendida si no se la correlaciona con las situaciones de predominio familiar lugareño. Los Ocampo eran una antigua familia vinculada por lazos de parentesco con
otras de arraigo como los Bazán y Villafañe. En La Rioja se había dado la situación de predominio de los criollos que Mariano Moreno recomendara a Chiclana
favorecer.
La revolución de mayo en Santiago del Estero (Achával)
Por Real Ordenanza del 28 de enero de 1782 Santiago del Estero había pasado a integrar, dentro del nuevo ordenamiento político originado por la creación
del Virreinato del Rio de la Plata, la Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán, que comprendía el territorio de las actuales provincias de Salta, Jujuy, Catamarca,
Tucumán y Santiago del Estero.
Conforme a las prescripciones legales los cabildantes Santiagueños se habían reunido el 1 de octubre de 1809 para proceder a la elección de quienes
habían de reemplazarlos en 1810. Se desempeña por entonces como gobernador intendente, con sede en Salta, don Nicolás Severo de Isasmendi.
El día 10 de junio de 1810 fueron recibidos en el Cabildo dos oficios:
● El primero: era la circular que la Junta Provisional Gubernativa, erigida en Buenos Aires el 25 de Mayo.
● El segundo: oficio enviado por el Cabildo de Buenos Aires, donde en forma de muy explícita se daba cuenta de los sucesos acaecidos en España por
la invasión de Napoleón, y en Buenos Aires.
Estos oficios fueron recibidos por el Alcalde de Primer Voto don Domingo Palacio quien, ante la ausencia de la ciudad de los otros regidores, dejo constancia
en el libro de actas acerca de las comunicaciones que se habían recibido.
De acuerdo con la convocatoria formulada por el Palacio, el Cabildo se reunió el 25 de junio con la presencia de los miembros José Manuel de Achával,
Francisco Solano de Paz y Pedro Lamí presididos por el Alcalde de Primer Voto don Domingo de Palacio.
El 29 de junio de 1810 el cabildo santiagueño había recibido un oficio en el que el gobernador intendente de Salta comunicaba haberse resuelto en Cabildo
Abierto la obediencia a las autoridades que nos gobiernan, a la Junta de mayo y al rey. Por lo que nuestro cabildo resolvió “que siguiendo el mismo orden y obedeciendo
a la expresa junta se dé cuenta con esta misma fecha de haberlo así efectuado”.
Primeras luchas políticas (Achával)
Decidido el pronunciamiento santiagueño, restaba efectuar la elección del diputado a la junta gubernativa.
El candidato oficial, sacerdote bachiller Juan José Lamí López de Velazco estaba impulsado por su hermano el regidor llano Pedro José Lamí y los Alcaldes
Domingo de Palacio y José Manuel Achával, siempre distanciados de Borges. Lamí obtuvo 23 votos sobre 31 asistentes. No lo votaron los militares Cumulat ni Araujo, ni
Ignacio Arias y, llegado el momento de elegir el suyo, denuncio la exclusión del vicario.
Si hasta entonces la naturaleza civil de la lucha entablada en Bs As mantenía dentro de la legitimidad formal, sin intervenir divisiones nacionales, Borges le
dio a ella un tono distinto y premonitorio en Santiago del Estero.
Esa oposición fue llevada ante la misma junta gubernativa y Borges dirigió una larga misiva a Bs As el 15 de julio.
Contribución de los pueblos del Norte al Ejército Auxiliar del Perú
Los sucesos de Mayo forzaron a los funcionarios y vecinos principales a definir su actitud frente a un hecho político revolucionario aunque ambiguamente
explicitado en los documentos oficiales. La sociedad criolla de las ciudades del Norte formada por labradores, hacendados, comerciantes, artesanos y mineros, tenía en
el momento de la revolución una población de 140000 almas; compuesta por blancos (españoles y americanos), negros y mulatos, indios y mestizos. Para las masas
indígenas del Alto Perú, la revolución significó un verdadero mensaje de liberación, como lo prueba el alzamiento en masa de las poblaciones rurales que suscitó la
aparición de caudillos dispuestos a ofrendar su vida como efectivamente aconteció.
Esta aseveración sobre el entusiasmo inicial hacia la revolución en los pueblos del Norte se apoya en datos concretos que surgen de los papeles de la
época. Soldados y oficiales se incorporaron al Ejército Auxiliar del Perú por decisión espontánea sin necesidad de reclutamientos compulsivos. La abnegación fue la
regla. Ante las bajas o deserción, nuevos contingentes se incorporaban al ejército lo cual produjo la casi extinción de la mano de obra para las tareas rurales. Las
primeras contribuciones se concretaron en los cabildos abiertos que resolvieron reconocer al nuevo gobierno y designar los diputados que se integrarían al mismo.
En Santiago del Estero, desde el momento mismo en que el ejército del Perú pisó tierra santiagueña el pueblo prestó ayuda desinteresada y entusiasta
cooperación. Germán Lugones, desde la posta del Portezuelo (donde comenzaba la comprensión territorial de Santiago), prestó auxilios con hombres, animales, carros
y bueyes. En Silípica y Manogasta, don Francisco Lami, Domingo de Palacio y Francisco Solano Paz sirvieron en el abasto de las postas que debió recorrer la
expedición hasta la ciudad. El capitán Francisco Borges fue recomendado por Hipólito Vieytes para promover el alistamiento de soldados. Reunió 317 hombres de los
escuadrones reglados y milicias urbanas, completamente uniformados de su peculio con cargo de reintegro. El general Ortiz de Ocampo dio razón de los donativos
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recibidos por la expedición a su paso por Santiago. El recibimiento que se brindó al ejército en la ciudad fue “un desbordante exponente de patriotismo”, nos dice Alfredo
Gargaro. “Jamás el pueblo había vivido momentos tan intensos de júbilo patriótico como en aquellas horas iniciales de la libertad”.
En Catamarca refiere Ramón Rosa Olmos, “el entusiasmo patriótico había cundido en todas las capas sociales y los vecinos se disputaban el honor de
contribuir al éxito de la campaña libertadora”. La magnitud de las contribuciones personales es pequeña, lo cual indica que se trata de gente de escasos recursos,
algunos provenían de cabos y sargentos de las milicias de cada lugar. En 1814, el teniente gobernador Domingo Ortiz de Ocampo remitió una relación detallada de la
cooperación de Catamarca al Ejército Auxiliar del Perú. Catamarca entregó, entre 1813 y 1814, 1433 reclutas, 415 milicianos, 2204 caballos, 1229 mulas, 946 novillos,
2781 arrobas de harina, 1069 arrobas de pasa de higo y además suelas cobre, pólvora, cueros y 9671 pesos.
La Rioja, durante la gestión de Francisco Pantaleón de Luna, remitió a Córdoba un cargamento de plata piña sacada de las minas de Famatina por valor de
3495 marcos, 3 onzas y 1 adarme, o sea más de 800 reales de plata. También se preocupó de conseguir soldados para la revolución, disponiendo para tal efecto el
rescate y la donación de esclavos y el adiestramiento de reclutas. La Rioja había despachado más de 800 reclutas.
El Cabildo tucumano solicitó contribuciones voluntarias. Entre quienes hicieron donaciones figuran Manuel Pose con 100 pesos, el comerciante más fuerte
de la plaza; el vicario foráneo, 25 pesos; el diputado Manuel Felipe Molina, 50 pesos. Luego vendrán empréstitos reintegrables, contribuciones patrióticas en forma de
verdaderos impuestos de guerra. Feliciano Rodríguez ofreció además de su persona y la de sus esclavos, 150 caballos, 6 reses y 5 mulas; Francisco Figueroa donó 500
cajas de fusil y a nombre de su hijo, el cadete José Figueroa, 500 cajas más. Varios vecinos donaron carretas para transporte de tropas, municiones y equipajes. 33
vecinos reunieron 431 caballos. Estas contribuciones se concretaron en los primeros meses de 1811.
Salta era la plaza comercial más importante del Norte por su provechoso intercambio con el alto y bajo Perú y ser eje del tráfico de mulas que practicaban
casi todas las ciudades del virreinato con aquella zona. La guerra interrumpió ese comercio. Con Jujuy fueron el teatro de operaciones de la guerra, soportando
invasiones sucesivas de los ejércitos realistas desde 1812 hasta 1821, y también el trajinar repetido del Ejército Auxiliar en las tres campañas que emprendió sobre el
Alto Perú.
Chiclana opinaba que en Salta la mayoría de la población era inicialmente contraria a la revolución, y que su obediencia era sólo inspirada por el temor. Para
desmentir esa apreciación, el pueblo salteño tributó un eufórico recibimiento al representante de la Junta de Buenos Aires, Dr. Juan José Castelli. El prelado diocesano
se manifestó con modo propio de su dignidad en ciega adhesión al nuevo gobierno; y el pueblo todo repetía en los transportes de su alegría la siguiente letrilla: "Que
viva la Patria/ muera el que es traidor”
La vanguardia del Ejército Auxiliar llegó a Jujuy a fines de septiembre. Jujuy se convierte, de la noche a la mañana, en un inmenso cuartel; todos sus
habitantes contribuyen al equipamiento de las tropas: ropa, armas, dinero, víveres, cabalgaduras, etc. A los materiales hay que agregar los hombres, con gran número y
calidad. En el Cabildo abierto recaudaron 637 pesos. Casi todos se sintieron comprometidos a contribuir para el sostenimiento del ejército de la Patria. A medida que el
ejército se internó en el Alto Perú, después de su triunfo en Suipacha se recibieron los aportes de las ciudades y lugares que transitaba en su itinerario.
Lástima fue que tanto despliegue de generosidad, se desperdició de golpe con el desastre de Huaqui, ocurrido el 20 de junio de 1811, donde el Ejército
Auxiliar se perdió casi enteramente. Sus restos puestos bajo las órdenes de Pueyrredón primero, y de Belgrano después, no sólo perdieron el Alto Perú sino que fueron
incapaces de sostenerse siquiera en Jujuy. Al respecto dice Emilio Bidondo: “Las consecuencias de la derrota de Huaqui, y el posterior repliegue del ejército patriota a
Yatasto son funestos para la región altoperuana y Jujuy. Estas provincias quedaron abandonadas a su suerte y las fuerzas realistas ocuparon la región sofocando con
mano dura los intentos que en ella persistían, tal el caso de la heroica Cochabamba.
Los pueblos del norte y el ejército auxiliar del Perú (Bazán)
La carencia de un proyecto político por parte del gobierno criollo hizo de la guerra el principal argumento para su cimentación. La hostilidad de los realistas
de Montevideo adictos al Consejo de Regencia, el retraimiento del Paraguay que rehusó acatamiento a Buenos Aires y la decisión del virrey del Perú de agregar a su
jurisdicción las provincias altoperuanas preservando en ellas la autoridad real por medio de la fuerza, crearon a la Junta Provisional Gubernativa la necesidad perentoria
de sostener la causa revolucionaria en el terreno militar.
Desvanecida la resistencia en Córdoba, el objetivo fue dirimir la posesión del Alto Perú donde estaban las ciudades más importantes del Virreinato por su
riqueza, población y prestigio, caso de Potosí y Chuquisaca. Esto fue advertido con claridad por el nuevo gobierno rioplatense cuando resolvió organizar el Ejército
Auxiliar del Alto Perú. En Cochabamba hubo reunión de cabildo abierto los días 12 y 14 de septiembre y la asamblea dio por resultado el nombramiento de Francisco del
Rivero como gobernador intendente, quien manifestó su reconocimiento al nuevo gobierno y organizó militarmente las fuerzas para defender el pronunciamiento contra
los realistas. Desde Chuquisaca, Ramón García Pizarro (ex presidente de la Real Hacienda), comunicaba su puntual jurada obediencia a ese superior gobierno, y el
propio arzobispo Benito María Moxó ofreció su tributo de obediencia. El mérito mayor fue de Tarija y Cochabamba, que no esperaron resultados militares favorables
para pronunciarse por la Revolución.
Fue en los pueblos del Alto Perú donde la Revolución halló acogida más entusiasta, especialmente en la población indígena que era inmensa mayoría. La
revolución fue recibida como un mensaje de liberación social.
El Ejército Auxiliar del Perú demostró su incapacidad para aferrar esa vasta jurisdicción pese a la colaboración en hombres y recursos que le brindaron sus
pueblos. El gobierno criollo desnudó su impotencia para defender a los altoperuanos y garantizarles que su fidelidad revolucionaria no les acarrearía el doloroso tributo
de vidas, confiscaciones, extrañamientos y migraciones forzosas que debieron pagar frente a la represión realista.
Dicho proceso bélico tuvo dos aspectos: la guerra regular o convencional, sostenida por el Ejército Auxiliar contra el ejército del Rey; la guerra de recursos o
de guerrillas, que se desarrolló a veces simultáneamente con la convencional, sobre todo en el Alto Perú y más definidamente desde 1815 cuando la suerte de la
Revolución quedó supeditada a la acción de las guerrillas. Este tipo de acción militar asumió dos formas: la llamada guerra de Republiquetas, en el Alto Perú, y la
Guerra Gaucha, en la provincia de Salta.
Se registran tres campañas del Ejército Auxiliar del Perú. La primera fue conducida por Juan José Castelli, delegado de la Junta, y Antonio González
Balcarce, dualidad de mando donde el poder político prevaleció sobre el militar originando falta de unidad en la conducción, confusión e indisciplina. Se inició con el
combate de Cotagaita (27 de octubre de 1810) donde el ejército patriota tuvo que retirarse del campo de batalla sin ser perseguido por el ejército realista. Enseguida
jugó su suerte en Suipacha donde obtuvo una victoria decisiva quedando allanado todo el territorio altoperuano a la autoridad del gobierno patriota. Hubo un triunfo
convincente que permitió al Ejército Auxiliar ocupar las cuatro intendencias altoperuanas y capitalizar el decidido apoyo popular. Castelli se ocupó de los aspectos
políticos y administrativos. Se reorganizaron los cuerpos, se eligieron autoridades adictas y, cumpliendo las instrucciones secretas recibidas de la Junta, mandó ejecutar
a los jefes realistas Vicente Nieto, Francisco de Paula Sanz y José Córdova. Castelli fue recibido en Potosí con grandes manifestaciones de entusiasmo; pero su
fanatismo político le hizo cometer acciones de inútil crueldad porque ordenó se fusilasen como traidores al gobernador Sanz y a los generales Nieto y Córdova.
Disponiendo, además, que los dineros de las cajas reales de Potosí fueran a sumarse a los fondos de la revolución con daño del movimiento administrativo de la
localidad. Luego pasó a Chuquisaca a incrementar sus fondos y de allí se dirigió a La Paz.
El ejército patriota avanzó lentamente hacia Oruro e instaló su campamento en el pueblo de La Laja, sobre el Desaguadero. Castelli entabló negociaciones
con el general Goyeneche, comandante de las fuerzas realistas, firmando un armisticio de 40 días el 16 de mayo de 1811. Tal pacto fue burlado por ambas partes y
mejor aprovechado por los realistas, ya que en el campamento patriota cundió la indisciplina y los actos licenciosos, y además se acentuó la división entre saavedristas
y morenistas.
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Se produjo la batalla de Huaqui (20 de junio de 1811) que fue un verdadero desastre para el Ejército Auxiliar. Sus pérdidas fueron estimadas en más de mil
hombres. No hubo retirada sino dispersión y fuga, quedando la artillería y el parque en poder de los vencedores. Los restos se retiraron sin ser perseguidos hasta
Potosí, donde intentaron reorganizarse pero debieron replegarse hacia Jujuy. Juan Martín de Pueyrredón fue designado nuevo líder, quien atinó a retirar los caudales de
la Casa de Moneda. Goyeneche quedó dueño del territorio. Se dirigió a Cochabamba donde había una sublevación patriota encabezada por los caudillos Esteban Arce y
Mariano Antezana. El resto del ejército realista, al mando del brigadier José Pío Tristán, continuó su avance sobre Jujuy.
Pueyrredón comenzó la ardua tarea de remontar y reorganizar la tropa, oficialidad y estado mayor. Escribió al Triunvirato (19 de octubre) señalando las
condiciones en que se encontraba el ejército, resultaba necesario designar un comandante en jefe de mayores conocimientos técnicos. Su sucesor fue el doctor
Manuel Belgrano.
Belgrano y la defensa del Norte en la primera invasión realista: Belgrano se puso a organizar los despojos del ejército creando nuevos cuerpos y compañías,
estableciendo el parque y maestranza, los servicios de sanidad y de intendencia, contando para ello con el apoyo moral y material de los jujeños, quiso solemnizar el
segundo aniversario del 25 de Mayo con una tocante ceremonia para retemplar el espíritu revolucionario de los pueblos. Luego de la ceremonia religiosa, frente a las
tropas y al pueblo reunidos en la plaza mayor, presentó la bandera celeste y blanca que había creado. La enseña fue bendecida por el canónigo Gorriti y luego hizo jurar
a las tropas defenderla hasta morir. El efecto moral de esta iniciativa fue impresionante y denota en Belgrano la fina percepción de los nobles estímulos que los
dirigentes deben ejercitar en un pueblo libre, necesitado de persuasión y no de temor.
En razón de noticias recibidas del Alto Perú, según las cuales Goyeneche con todo su ejército se disponía a ocupar la provincia de Salta. El pueblo en masa
debía abandonar su tierra y reunirse con el ejército para seguirlo en su marcha retrógrada. Todo debía ser sacado y transportado: armas, ganados, cosechas,
mercaderías. Aquellos que no lo hicieran serían tenidos por traidores a la Patria. El 23 de agosto se inició el operativo conocido con el nombre de Éxodo Jujeño.
La batalla de Tucumán, dada en el campo de La Ciudadela (24 de septiembre), fue la más nacional de todas las que se libraron en la guerra de la
Independencia.
Tucumán fue la batalla de la unión nacional y por eso se ganó frente al temido ejército de Tristán. Emoción patriótica, bravura, fe religiosa, todo ayudó. Esta
batalla y la de Salta (20 de febrero de 1813) marcan el punto más alto del Ejército Auxiliar del Perú. Eso fue un ejército popular y no un comité político como había sido
en Huaqui y lo sería posteriormente en Sipe-Sipe. Tucumán salvó a la Revolución.
Belgrano instaló su cuartel general en Potosí (21 de junio) y en esta ciudad cumplió una doble función: remontar el ejército y organizar la administración de la
región. Dividió al país en ocho provincias en lugar de cuatro, designó gobernadores, entre ellos Ortiz de Ocampo en Potosí, Arenales en Cochabamba y Warnes en
Santa Cruz de la Sierra. Rehabilitó la Casa de la Moneda y estableció claras normas para las relaciones con el clero, los vecinos y los indígenas para evitar que se
repitieran las quejas que hubo contra la gestión de Castelli. Envió al coronel Zelaya a Cochabamba para organizar un regimiento de lanceros y estimuló a Padilla y
Arenales, quienes, por su conocimiento del terreno y ascendiente sobre los caudillos locales, fueron de gran utilidad para movilizar a las poblaciones. Su actitud con los
altoperuanos fue fraternal y no de conquistador arrogante.
En el campo realista se había producido la renuncia de Goyeneche apesadumbrado por la derrota de Salta. El virrey Abascal aceptó la dimisión y nombró en
su reemplazo al teniente general Juan Henestrosa, pero éste exigió tantas cosas que el virrey no pudo conceder y tras acaloradas discusiones presentó su renuncia. Le
sucedió el brigadier Joaquín de la Pezuela, experimentado oficial de artillería.
El 27 de septiembre Belgrano llegó a la Pampa de Vilcapugio y, ese mismo día, Pezuela se situó en los altos de Condo-Condo, a distancia de 20 kms. El jefe
patriota espera la llegada de Zelaya y Cárdenas. Pero éste fue atacado por una columna de infantería y caballería a las órdenes del coronel Saturnino Castro, salteño,
siendo derrotado con gran matanza de los soldados indígenas. El 1° de octubre se libró la batalla de Vilcapugio, reñida, por largo tiempo indecisa, donde finalmente el
Ejército Auxiliar debe retirarse del campo con grandes pérdidas. Entre muertos y prisioneros se pierden más de 1000 hombres, todo el parque y la artillería. También
fueron elevadas las bajas en el ejército realista: 500 a 600 hombres.
El 12 de noviembre el ejército español se sitúa en la meseta de Taquiri que domina la Pampa de Ayohuma. Belgrano, que ha logrado reunir 3400 hombres,
decide atacar luego de un consejo de guerra donde la mayoría se decide por una retirada a Potosí. Pero después de Jujuy el general nunca quiso saber de retiradas. El
14 de noviembre se produce la batalla de Ayohuma, más sangrienta que la anterior y que constituyó nueva derrota para los independientes.
Las provincias altoperuanas quedaron nuevamente libradas a su suerte. El ejército patriota no pudo siquiera hacer pie en Jujuy, que cayó nuevamente en
poder del enemigo el 17 de enero de 1814, Belgrano solicitó su relevo ya que se consideraba física y moralmente impedido para continuar en el mando del Ejército.
San Martín y la estrategia defensiva: La defensa del Norte era el problema más urgente. Las tropas de Pezuela ocuparon las ciudades de Jujuy y Salta, obligando a los
restos del Ejército Auxiliar a refugiarse en Tucumán. Accediendo al pedido de relevo de Belgrano, el gobierno nacional designó general en jefe al coronel José de San
Martín. El 30 de enero se hizo cargo de sus funciones en Tucumán.
Resolvió que la línea de avanzada sobre el río Pasaje fuera cubierta solamente por las milicias salteñas que puso a las órdenes del Tte. Coronel Martín
Güemes. Dicho frente fue dividido en dos sectores: el del Este, camino de las postas, a cargo de Francisco “Pachi” Gorriti, y el del Oeste, camino de los Valles
Calchaquíes, a cargo de Pedro José Saravia. No olvidó de ayudar a Arenales y Warnes, quienes en Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra sostenían la resistencia
contra los realistas.
Ordenó construir en Tucumán un recinto fortificado, La Ciudadela, con el objeto de defender la ciudad, disciplinar a las tropas y servir de depósito para el
parque y elementos de sanidad. Lamentablemente, motivos de salud le obligaron a solicitar licencia en su mando. Quedó como jefe interino el mayor general Francisco
Fernández de la Cruz. Previamente, San Martín había propuesto para el gobierno civil al coronel de milicias Bernabé Aráoz. Posadas lo nombró y el 4 de abril tomó
posesión del gobierno.
La estrategia definida por San Martín era muy clara. La tarea que el ejército regular estaba incapacitado para afrontar sería desempeñada por las milicias
gauchas de Güemes. Aquél debía reorganizarse y quedar en Tucumán para entrar en operaciones en caso de que fuera desbordado Güemes en la línea defensiva del
río Pasaje. Se abandonaba el rol ofensivo de dicho cuerpo por ser impracticable o muy dudosa la reconquista del Alto Perú. Esto era militarmente correcto pero con el
tiempo tendría su costo político.
Las tropas realistas conducidas por el brigadier Juan Ramírez y Orozco, jefe de la vanguardia, donde revistaban los coroneles Saturnino Castro, salteño, y
Guillermo Marquiegui, jujeño, fracasaron en su empeño de avanzar al sud del río Pasaje. Pero alentado por la noticia de la victoria obtenida en el combate de San
Pedrito (4 de febrero de 1813) sobre la división de Arenales, el propio Pezuela se adelantó a Salta el 11 de junio. Mandaba una fuerza de 3200 hombres con 12 piezas
de artillería.
Tercera campaña al Alto Perú. Sipe-Sipe: el 19 de julio, Fernández de la Cruz entregó el mando al general José Rondeau, retirado por Posadas de la Banda Oriental
donde conducía el sitio de Montevideo con el argumento de que el retiro de San Martín hacía necesaria su presencia en el Norte. No tiene importancia saber si la
secreta motivación del Director Supremo fue para dar colocación destacada a su sobrino Carlos María de Alvear, reemplazante de Rondeau.
Las circunstancias se presentaban auspiciosas para Rondeau. Obtuvo del gobierno nacional y de las autoridades provinciales todos los recursos pedidos
para llenar su objetivo. Y en cuanto al aumento de los efectivos, se ordenó desde Buenos Aires la salida del regimiento 9 de infantería a las órdenes del coronel Manuel
Pagola. El secretario de Guerra, Francisco Javier de Viana, le informó que sucesivamente marcharían otros cuerpos destinados a reforzar el Ejército Auxiliar hasta
completar la cantidad de 3000 hombres.
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Rondeau anunció a Posadas que se proponía marchar a Saltar y Jujuy (21 de agosto) y que esperaría los refuerzos que le permitieran avanzar sobre el
Perú. Consideraba que su principal problema era la falta de cabalgaduras.
El 24 de septiembre arribó a Jujuy donde instaló su cuartel general. Ese mismo día los revolucionarios altoperuanos tomaban por asalto la ciudad de La Paz.
Estaban en camino los refuerzos de dos regimientos: 6 y 9 de infantería con 1500 hombres.
En los primeros días de enero de 1815, Rondeau resolvió continuar su marcha. Traslada su cuartel general a Huacalera (16 de febrero) y designa a Martín
Rodríguez, jefe de la vanguardia en Humahuaca. Desde allí intenta un reconocimiento y es sorprendido en la acción de El Tejar, cayendo prisionero con su tropa, 40
granaderos a caballo.
La situación del frente altoperuano era la siguiente: Pezuela, con su cuartel en Cotagaita, se encuentra debilitado para presentar una batalla formal; de los
4500 hombres disponibles casi la mitad están distribuidos en distintos lugares enfrentando a las guerrillas. La división de Ramírez con 1200 hombres debe ocuparse de
la insurrección de Pumacahua en el Cuzco. El ejército patriota, luego de El Tejar, pierde dos meses de la mejor época para entrar en el altiplano y se desaprovecha el
apoyo de los focos revolucionarios extendidos desde el Cuzco hasta Santa Cruz. La única acción feliz de toda esta campaña sucede en Puesto del Marqués (17 de abril)
donde una columna de 500 hombres y las milicias de Güemes derrotan al coronel Vigil tomándole 100 prisioneros. Entonces Pezuela decide retirarse a Challapata (al
sur de Oruro) para reagrupar sus fuerzas. Ahí ordena la incorporación de Ramírez, vencedor de Pumacahua en Huachiri.
Rondeau avanza lentamente como si tuviera plomo en los pies. El 30 de abril apenas está en Cotagaita y consta que el 20 de mayo se halla en Potosí. En
todo ese tiempo más parecen preocuparle las noticias de Buenos Aires, donde la asonada de Fontezuelas ha decretado la caída de Alvear. Él ha sido encumbrado al
cargo de Director Supremo donde lo subrogará Álvarez Thomas, porque prefiere seguir al frente del ejército. Tiene ahora poder político y militar. Se ocupa de ascender a
Martín Rodríguez a brigadier y a negociar con Pezuela el canje de prisioneros de El Tejar. Gestiona la reivindicación de sus apreciados compañeros de armas por la
sublevación del 7 de diciembre que habían quedado con la nota de insubordinados, infieles y calumniantes.
Después de la acción de Puesto del Marqués se produce una divergencia entre Rondeau y Güemes. Éste solicita autorización para regresar a Salta
invocando razones de salud.
Pero ese retiro debidamente autorizado adquiere otra implicación cuando, a su paso por Jujuy, exige se le entreguen los fondos de esa tenencia de
gobernación y se apodera de 600 fusiles y 300 tercerolas depositadas en el parque. Rondeau lo conmina a devolver esas armas y ante su negativa lo declara traidor a la
causa de la Revolución en un manifiesto fechado en Mondragón, agosto de 1815. Esa apropiación de armamento era un acto de grave indisciplina que Güemes intentó
justificar diciendo que lo necesitaba para defender a Salta. Pero el mote de traidor era una desmesura.
La división se movió al fin por el camino real que de Potosí conduce a Oruro y se detuvo en Chayanta, septiembre de 1815. Por las enfermedades, la
deserción y la disminución que significó el retiro de Güemes, el ejército quedó reducido a 4000 hombres con el refuerzo de Arenales.
Pezuela mueve sus tropas a Sora-Sora. Así protege a Oruro y La Paz y destaca, una vanguardia a Venta y Media, a 20 kms de la avanzada patriota.
Nuevamente el inefable Martín Rodríguez tiene la ocurrencia de dar un ataque por sor sorpresa contando con la aprobación inconcebible de Rondeau pese al fresco
antecedente de El Tejar. La maniobra, mal planeada y ejecutada, termina en un desastre perdiendo toda la infantería. Rondeau intenta alcanzar Cochabamba, situada a
120 kms de Venta y Media, donde quiere pasar a la defensiva hasta el arribo de un refuerzo de 1200 hombres que conduce Domingo French. La incorporación de la
misma al Ejército Auxiliar fue seriamente entorpecida por Güemes, gobernador de Salta, quien desconfiaba sobre las reales intenciones de esa fuerza. Este incidente
impidió que el refuerzo llegara al Alto Perú.
Rondeau ubica sus fuerzas sobre un cerro que domina el campo de Sipe-Sipe buscando una posición que cree inexpugnable. El ejército de Pezuela
desciende sin ser estorbado de las alturas de Viluma y avanza por la llanura en posición de ataque. El 29 de noviembre se efectúa la batalla. Producido el choque, toda
el ala derecha del ejército patriota se retira desordenadamente. Rondeau no consiguió hacerse obedecer. 1500 hombres entre muertos y heridos, 800 prisioneros,
pérdida de 1500 fusiles y la artillería. Un ejército de 3500 hombres quedó reducido a poco más de mil incluyendo oficiales, clases y tropa.
Así terminó la tercera expedición al Alto Perú, que significó el fracaso político y militar del Ejército formado en 1810. Sipe-Sipe o Viluma, nombre éste dado
por los españoles, significó en los hechos la pérdida de los territorios altoperuanos que pasaron a ser controlados por los realistas con sus regimientos y funcionarios.
Cambios políticos (Bazán)
En septiembre de 1811 se constituyó el primer Triunvirato (Feliciano Chiclana, Juan José Paso y Manuel Sarratea). La Junta Grande pasó a denominarse
“Junta Conservadora” y a ejercer funciones legislativas. Luego, por la politica rivadaviana, la Junta Conservadora fue subordinada y se disolvió. En reemplazo de la
misma, debía reunirse una asamblea general (1812), presidida por el Cabildo de Buenos Aires, e integrada por los representantes de las provincias. El Cabildo
santiagueño eligió como comisionado de la provincia a Juan Francisco Borges, fiel defensor de las ideas federalistas. La fulminante reacción del triunvirato se hizo sentir
pronto: el 31 de marzo comunico que consideraba nulo, criminal y atentador el nombramiento de Borges. El Triunvirato le pedía elegir al reemplazante sin ninguna
participación del cabildo santiagueño. Finalmente hizo saber el 3 de abril la designación del doctor Félix Ignacio Frías, sobre las vísperas de constituirse la asamblea.
El Triunvirato, que no pudo dominar el cuerpo legislativo, Rivadavia disolvió la asamblea, ordenaba a los asambleístas que se retiren sin otro carácter que
simples ciudadanos y les amenazaba con la pena de muerte. Pero como necesitaban simular la existencia de una institución nacional se invitó en junio a los cabildos, a
elegir nuevos representantes al futuro congreso extraordinario. El día 3, el cabildo santiagueño unido a los 12 vecinos y presidios por el teniente gobernador Vargas
eligió a Pedro Francisco Carol. El triunvirato decidió que no podía desempeñarse. El 31 de agosto y practicado el mismo sistema, los cabildantes santiagueños
consagraron un nombre imparcial. Borges seguía detenido en Bs As. Fue votado don Antonio José Escalada, a quien posiblemente no conocían y cuyo mayor mérito lo
daría el casamiento de su hija remedios con el recién llegado teniente coronel José de San Martin. El futuro suegro del libertador tampoco alcanzo a ocupar la banca; el
8 de octubre los Granaderos de San Martin encabezaron la protesta civil y militar contra los excesos del Triunvirato y defenestraron a sus miembros eligiendo para
reemplazarlos a Rodríguez Peña, Paso y Álvarez Jonte. La revolución del 8 de octubre trajo también la libertad de Borges al anularse el inicuo proceso.
En Catamarca la situación política era distinta. El pleito por el poder ya estaba definido a favor del partido que declaro su adhesión a la causa del gobierno
propio. El intento de los realistas de prolongar su influencia había sido desbaratado en 1810 cuando la Junta provisional gubernativa rechazo la elección de Francisco de
Acuña, español europeo y Comandante de armas del Rey para representar a la ciudad como diputado. Surgió entonces el nombre de José Antonio Olmos, patriota
decidido que encabezo junto a otros el partido de los criollos.
Desde abril de 1812 desempeñó la función de Teniente gobernador Domingo Ortiz de Ocampo, riojano, quien colaboro eficazmente con la revolución y actuó
con prudencia en los asuntos internos de Catamarca. Su hermano Francisco Antonio, protagonista de un agrio pleito con el santiagueño Borges, ocupaba en ese
momento la gobernación intendencia de Córdoba, permaneció en el cargo de teniente hasta julio de 1814, cuando fue reemplazado por el coronel Francisco Pico. Pico
quedo solamente tres meses y su reiterada renuncia dio ocasión a Mota Botello para acceder a la función que estaba apeteciendo y para la cual había acreditado
meritorios servicios. Ese nombramiento afianzo su gravitación política que culminara en 1817 con su designación como gobernador de Tucumán. La situación descripta
explica el normal funcionamiento del gobierno y la administración.
Las autoridades catamarqueñas no dejaron de defender los derechos y conveniencias de los habitantes de su jurisdicción.
El 8 de octubre del 1814. Posadas decidió dividir la Intendencia de Salta para crear una nueva provincia, Tucumán. Los motivos que se dieron oficialmente
fueron que era necesario “remediar los quebrantos de Salta, como teatro de la guerra” y “distinguir de algún modo al glorioso pueblo de Tucumán”.
Primero queremos referirnos al alcance político de este decreto, el cual se inscribe en el marco de la idea de la creación de nuevas provincias. Meses antes
se había creado la provincia de Cuyo, separándola de la Intendencia de Córdoba, cuyo gobierno fue confinado a San Martin.
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Desde el punto de vista histórico, la medida alteraba una cuestión político-administrativa, consolidada a través de dos siglos y medio, desde la Real Cedula
de 1563 dictada por Felipe II que resolvió la creación de la gobernación de Tucumán.
El eje político y comercial del Norte fue la ciudad de Salta, donde residieron los gobernadores desde mucho antes de la implantación del régimen de
intendencias. Por consiguiente, el decreto de Posadas lesionaba los intereses salteños y no contribuía para nada a “remediar sus quebrantos, como escenario de la
guerra” pese a que ese era el objetivo oficialmente invocado.
Otra consecuencia que tuvo el decreto sobre la división de la provincia de Salta se relaciona con la disconformidad de los catamarqueños con la agregación
del pueblo de Santa María a la jurisdicción salteña. Su intencionalidad fue eminentemente de carácter estratégico militar y se basó en el plan de operaciones trazado por
San Martin para la frontera Norte. El avance realista desde el Alto Perú había convertido en teatro de la guerra a las ciudades y campañas situadas al norte del Rio
Pasaje, Tarija, Jujuy, Salta y Oran.
Desde Enero hasta Noviembre las autoridades civiles se vieron obligadas a residir en Tucumán durante la gestión de Fernández de la Cruz y de Bernabé
Araoz, Tucumán, Santiago del estero y Catamarca pasaban a ser la retaguardia política y militar del frente de operaciones. La notificación oficial sobre la división de la
intendencia fue recibida por Araoz.
El 14 de Noviembre el directorio produjo ese nombramiento y también procedió a designar a Hilarión de la Quintana gobernador intendente de Salta. Este no
tomo posesión inmediata del cargo con motivo de las noticias que llegaron sobre la resistencia de los salteños a aceptar su designación “Quintana era el décimo
gobernador que en el espacio de cuatro años habían designado las autoridades nacionales sin que ningún nombramiento hubiera recaído en un hijo de Salta”
Además, esta nueva división no agradó a los santiagueños por tratarse de un mandato inconsulto que sellaba la dependencia a Tucumán, provincia con la
que mantenía una tradicional rivalidad. También se debe tener en cuenta que por entonces, y en virtud de la prédica de Artigas desde la Banda Oriental, había
comenzado a gestarse un movimiento autonomista que hizo eclosión en 1815.
Primer intento autonomista de Borges (Achával)
Desde el 11 de enero de 1815 el nuevo teniente gobernador era Pedro Domingo Isnardi. Bernabé Araoz estaba apoyado por un grupo dirigido por los
Taboada, mientras que otro grupo secundado por Borges venía trabajando por la idea autonomista. El gobernador Araoz sospechaba de la simpatía que Isnardi sentía
por la causa autonomista, por lo que presentó una denuncia contra él, desterrándolo al fuerte de Abipones, sustituyéndolo por Tomás Juan de Taboada, el cabildo
recibía el mando político y el teniente coronel Mariano Díaz, el militar. El cabildo santiagueño reclamó la deposición de Isnardi, al igual que las milicias locales y el
alcalde, por lo que se convocó a un cabildo abierto.
Las adhesiones al gobernador Araoz habían activado viejos alineamientos: enfrentar a Tucumán y además localmente surgía la poderosa familia Taboada,
aliada a Araoz para ejercer su dominación. La situación fue dada a conocer al Directorio de Álvarez Thomas, el cual contestó que no estaba en sus atribuciones el
resolver el conflicto y que se debía esperar que el congreso general acuerde para todos los pueblos el sistema que más convenga a sus intereses.
La reacción a la elección de Taboada no se hizo esperar. El día 2 de septiembre de 1815, Borges apresó al coronel Antonio Ortiz de Ocampo, éste fue el
prólogo de la revolución que se inició en nuestra ciudad el 4 de septiembre, cuando Borges secundado por otros líderes civiles y frente a una numerosa pueblada
reunida ante el cabildo, proclamaron al comandante Gobernador político y militar. Este primer intento autonomista, obtuvo la rápida renuncia de Taboada. Borges,
comenzó entonces un efímero gobierno propio, de cortos días.
El 5 de septiembre, Borges comunicó los hechos al director supremo con la promesa de ejercer el gobierno provisional hasta la convocatoria de una
asamblea provincial definitiva. Pero los miembros del cabildo enviaron mensajeros a Tucumán y solicitaron auxilios al gobernador Araoz. Por primera vez Borges
buscaba establecer el gran principio de la soberanía popular sin cortapisas, a través de la adhesión de los movimientos federales artiguistas, dar participación especial a
las masas de todo el territorio santiagueño y luchar por la autonomía provincial. Había convocado a una gran asamblea que debía reunirse el 20 de septiembre, pero en
la noche del día 8 la ciudad fue invadida por contingentes tucumanos a manos de Francisco Lobos con el apoyo de un piquete que reclutaran los Taboada. Atrincherado
frente a la plaza, Borges resistió junto a sus hombres en duro combate. Llegada la madrugada le vieron caer ensangrentado y comenzó la dispersión, dándole por
muerto. Sin embargo, recuperado de sus heridas, busco los cuidados hogareños y allí llegaron las tropas oficiales a detenerlo y conducirle preso a Tucumán el día 11
apenas repuesta su salud. El proceso quedo trunco al fugar en noviembre Borges rumbo a Salta.
En Salta, Borges fue asilado por Güemes, que fue elegido gobernador (1815) popularmente contra los directoriales y oligarquía lugareña. El caudillo gaucho
sostenía una guerra sin ningún apoyo de las armas nacionales y movilizaba los pueblos interiores en un plan emancipador.
La pacificación santiagueña posterior, respuestas la viejas autoridades, permitió reunir los días 2 y 3 de octubre subsiguientes, la asamblea electoral en
cabildo abierto que presidio el teniente gobernador Taboada con representantes de los 9 curatos rurales, para elegir los diputados para el próximo Congreso en
Tucumán. Resultaron electos el padre Franciscano Juan Ignacio Garay, definidor de su orden en Bs As, a quien sustentaría el pueblo santiagueño, y el párroco de
Loreto don Pedro Francisco de Uriarte.
La precaria salud del P. Garay le hizo declinar la honrosa representación, lo cual se conoció en Santiago el 21 de febrero. La asamblea logro reunirse recién
el 4 de abril y eligió por mayoría l presbítero Pedro León Gallo, de distinguida tradición social y cultural. Gallo y Uriarte se incorporaron a la sesión del 20 de abril y
suscribieron el acta emancipadora como dignos y legítimos representantes santiagueños. Taboada debió renunciar ante la impopularidad creciente.
Quedaba pendiente la designación del nuevo teniente gobernador y a propuesta del general Belgrano el Congreso nombro el 30 de agosto al sargento mayor
Gabino Ibáñez. A su vez, el reglamento de 1816 se limitó a reproducir el Estatuto de 1815, haciendo escasas reformas y disponiendo que los gobernadores y sus
tenientes sean elegidos por el Director Supremo. Una vez más el centralismo porteño llevaría a los pueblo a tomar graves decisiones.
Actuación de los diputados en el congreso de Tucumán (Achával)
Un cuerpo electoral formado por los miembros del cabildo más doce electores, todos de Bs As, nombro Director Supremo al General Rondeau, ausente en el
alto Perú, y director sustituto a Álvarez Thomas.
El cambio fue bien recibido en el Norte, el 4 de Junio, el cabildo de Santiago del Estero se dirige al de Bs As manifestándole su satisfacción y resuelve jurar
el Estatuto. Ese mismo mes hace lo propio el cabildo de Tucumán, y en ejercicio del derecho de aprobación que se reconocía a las provincias, se convocó a elecciones
“para resolver lo que convenga sobre el Estatuto del 5 de mayo sancionado en la capital de Bs As” y ratificar la elección celebrada en la persona de José Rondeau para
Director del estado y para suplente suyo a Alvares Thomas. Respecto de la Banda Oriental, el nuevo Director tentó un acuerdo con Artigas. El caudillo oriental reitero su
conocida posición manifestada en las instrucciones a los diputados en 1813 y las propuestas a los comisionados Amaro Y Candioti. “La Banda Oriental entra en el rol,
para formar el estado denominado Provincias Unidas Del Rio de la Plata sobre la base de igualdad de derecha con las demás provincias y sujeta a la constitución que
organice el congreso general de estados legalmente reunido”. Quería la organización constitucional asegurando un régimen federativo para el estado que se
constituyera. Los comisionados directorales hicieron una histórica propuesta: Bs As reconocería la independencia de la Banda Oriental renunciando a los derechos que
por el antiguo régimen le pertenecían. Se reiteraba de ese modo la política directorial de Alvear, agravada si cabe, invitando a tres provincias a retirarse de las
Provincias Unidas y negando la autonomía conquistada por Santa Fe. No hubo acuerdo y el conflicto litoral “renace de sus aun calientes cenizas” determinando la
ausencia de todas ella en el Congreso de Tucumán.
En Catamarca la elección de realizo el 21 de Agosto, resultaron electos el cura párroco de Belén Dr. Manuel Antonio Acevedo, nativo de Salta y José
Antonio Olmos, primer diputado a la junta de Mayo. Se les confirió un poder amplio y general “allí o en el punto que la soberana asamblea tenga por conveniente”.
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Respecto de la forma del gobierno no había determinación expresa sino la que fuera “más adaptable a nuestros países” y en cuanto a la constitución que debía regir a
las Provincias Unidas quedaron comprometidos a “sostener la igualdad de los pueblos” y constituir una Nación. Como fundamento de la constitución debía consagrarse
la religión Católica Apostólica Romana como única en las Provincias Unidas.
La Rioja nombro a fines de diciembre a Pedro Ignacio De Castro Barros. En su nombramiento anduvo la influencia de los Dávila adheridos a la tendencia
directoral y opositores a la influencia artiguista. A los pocos días de su elección Castro Barros se puso en camino a Tucumán antes de que el Congreso abriera sus
sesiones, sus colegas Juan Martin de Pueyrredón y Antonio Saena alineados con el grupo de la Logia que había prevalecido después del derrocamiento de Alvear, le
confiaron una misión conciliatoria ante el general Güemes para negociar importantes asuntos relativos a materias de decisión en el Congreso. Aseguro al gobernador
salteño que el general Rondeau sería reemplazado por Belgrano en la jefatura del ejército del Perú. Güemes se comprometería a no sostener la candidatura del coronel
José de Moldea, comprovinciano suyo, como Director Supremo. La misión de Castro Barros fue exitosa y esto influyo posteriormente en las decisiones del Congreso.
En Tucumán la decisión fue conflictiva Bernabé Araoz promovió una gran asamblea reunida en el campo de La Ciudadela congregando a la gente que le era
adicta. La asamblea dio su aprobación al Estatuto y a la elección de Director de estado, y ratifico en el cargo de gobernador a Araoz y procedió a nombrar diputados al
Congreso general. Fueron elegidos los doctores Pedro Miguel Araoz, José Agustín Molina y Bautista Paz. El cabildo cuestiono enérgicamente la validez del acto
alegando que se había realizado sin las formalidades requeridas. El director Alvarez Thomas derivó el asunto al Congreso y este mando practicar nuevas elecciones, lo
cual demoro la incorporación de los diputados tucumanos.
Araoz consiguió ser reelecto y se aseguró el nombre del Dr. Serapino de Arteaga quien renuncio en la sesión del 10 de Junio de 1816, lo cual dejo a
Tucumán con un diputado menos.
En Santiago del Estero la elección se realizó el 3 de Octubre. Fueron elegidos dos sacerdotes, Ignacio Garay y Francisco de Uriarte. La renuncia del primero
hizo necesario su reemplazo por el presbítero Pedro León Gallo.
El coronel José de Moldes, decidido por la causa del federalismo y candidato a la jefatura del gobierno nacional Dr. José Ignacio de Gorriti, amigo de
Güemes, y el Dr. Mariano Boedo, que figuro en el grupo de abogados comprometidos con el cambio político antes de mayo de 1810.
Constituía en tercer grupo, los diputados alto peruanos nombrados por los emigrados refugiados en Tucumán, Salta y Jujuy después de la derrota de Sipe-
Sipe. Su jefe era el Dr. Marino Serrano, el más joven de los congresistas y en la opinión de Bernardo Frías, el primer orador de aquella asamblea. Este grupo sustento
inicialmente el proyecto restaurador de la hegemonía del Perú con la coronación de un descendiente de los incas y haciendo del Cuzco la capital de las provincias
unidas. No todos los diputados norteños siguieron la inspiración federalista liderada por los cordobeses. Los porteños definieron respectivamente las tendencias unitaria
y federal que entraron en pugna y casi provocan la disolución del congreso. El grupo de Córdoba no tuvo apoyo suficiente de sus colegas norteños y alto peruanos y por
eso los porteños ganaron la partida.
La Asamblea del año XIII había sido convocada en medio de la euforia suscitada por los triunfos de Tucumán y Salta, ahora los Congresales debieron
reunirse con el desaliento de una derrota militar aplastante en el alto Perú y teniendo la frontera prácticamente desguarnecida. Todavía las cosas se agravaron por la
imprudencia de Rondeau que marcho sobre Salta para dirimir su pleito con Güemes planteado una lucha fratricida con el enemigo a la vista.
El Congreso de Tucumán en la mañana del 24 de Marzo de 1816 se reunió. La ceremonia de instalación fue solemnizada con una misa en la iglesia de San
Francisco donde se escuchó la memorable oración sagrada del diputado catamarqueño Manuel Antonio Acevedo. Concluido el acto religioso, los diputados regresaron a
la casa del Congreso cedida por la familia Bazán Laguna y allí con la presidencia del Dr. Medrano prestaron juramento “conservar y defender la religión católica,
apostólica, Romana y de promover todos los medios de conservar la integridad del territorio de las provincias unidas contra toda invasión enemiga”
Segunda revolución de Borges (Achával)
Borges que ya había preparado un plan autonómico que inició el 10 de diciembre de 1816, arrestó a Gabino Ibáñez (contando con el apoyo de clases
populares urbanas y el medio rural), llevándolo preso a Loreto. Araoz, al ser informado, dispuso que el general Belgrano adoptara medidas; este designo al comandante
Gregorio Araoz de Lamadrid con cien hombres.
Borges fue proclamado gobernador y jefe militar. Desde Loreto, Borges y sus compañeros, no sintiéndose seguros, pasaron a Santa Lucía, desde allí se
dirigieron a Pitambalá, estableciendo allí su campamento. En ese lugar fueron sorprendidos por las fuerzas al mando de Lamadrid. Las fuerzas de Borges se
desbandaron, siendo su jefe perseguido hasta Sabagasta, cayendo prisionero al ser denunciado por Leandro Taboada. No hubo lucha porque la sorpresa no lo permitió.
Belgrano una vez enterado de los sucesos dispuso que Borges fuera fusilado.
Enterado de su sentencia pidió que se trajese de la capital a su confesor, por ello se dirigieron hacia Santo Domingo, donde estaba José Ibarzabal. Fue
fusilado el 1 de enero de 1817. Su muerte sin proceso previo, era acorde con la política de mano dura implantada por el congreso de Tucumán, según el decreto del 1
de agosto de 1816: se autorizaban las penas de destierro y de muerte para sancionar a quienes promovieran alteraciones del orden público.
La constitución de 1819 (Bazán)
El 1 de agosto se puso a votación la proposición de si convenía o no dar la Constitución. El 11 de agosto fue designada la comisión redactora la cual quedó
integrada por los diputados Serrano (Chuquisaca), Diego Estanislao Zavaleta (Buenos Aires), Sánchez de Bustamante (Jujuy), Juan José Paso y Antonio Sáenz
(Buenos Aires).
La comisión redactora resolvió que jurada la independencia debía: “usar la circunspección necesaria para no sacrificar a nuevas teorías o al plurito de ideas
originales, aquellos principios de organización social que concibiese fundados en las sólidas razones de la experiencia combinada con los cálculos profundos sobre las
pasiones humanas y los medios más capaces de precaver sus efectos”.
Basados en estos principios, resolvieron utilizar los aspectos más salientes de las Constituciones de Inglaterra y Estados Unidos. También tuvieron en cuenta
como antecedentes los proyectos elaborados por la Asamblea del año XIII, el Estatuto de 1815, la Constitución francesa de 1791 y la española de 1812.
El 25 de mayo de 1818, la comisión entregó el proyecto a Pueyrredón.
La capital y las ciudades del Interior juraron solemnemente la Constitución. Los Ejércitos del Norte, de los Andes y de Observación sobre Santa Fe la juraron
el 25, 26 y 28 de mayo respectivamente. Los pueblos del Norte le dieron su aceptación.
En Tucumán, el sistema directorial contaba con la obediencia del gobierno y del ejército. Feliciano de la Mota Botello, promovido al cargo de gobernador por
Belgrano marchaba en un todo de acuerdo con éste.
Belgrano regresaba a Tucumán después de haber firmado con Estanislao López el armisticio de San Lorenzo (12 de abril de 1819), que concedió una tregua
al gobierno nacional en el conflicto del Litoral. En Santiago del Estero, aplastado el partido autonomista de Borges, no había oposición a la política nacional y su
diputado Pedro León Gallo se sostuvo en el Congreso hasta el momento de su disolución. No hubo ningún problema para que la Constitución fuera jurada y lo propio
sucedió en Catamarca, que mantenía en el Congreso a su diputado Manuel Antonio Acevedo. La situación riojana estaba en manos de los directoriales y Castro Barros
era su autorizado vocero en el Congreso. Cuando el Tte. Gobernador Barrenechea recibió la Constitución se dispuso a hacerla jurar por las autoridades y el pueblo. El
día 25 de mayo se tomó el solemne juramento.
En nuestra modesta opinión (Bazán), la causa principal de su fracaso no fue tanto el sistema institucional que adoptaba sino las condiciones políticas
imperantes en el Litoral. Sucedió la paradoja de que, habiendo sido aceptada por todas las provincias representadas en el Congreso, no pudo tener vigencia por un
factor externo: la disidencia artiguista que había minado las bases del gobierno nacional. las provincias litorales que no participaron en su sanción, ni siquiera entraron a
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discutirlas, sencillamente la ignoraron y produjeron hechos políticos y militares para voltear al gobierno que la había engendrado, lo que sucedió en Cepeda (1 de
febrero de 1820). Lo que preocupaba a Artigas no era la Constitución sino la guerra contra los portugueses adueñados de la Banda Oriental; cuando Rondeau, sucesor
de Pueyrredón, tentó un arreglo, la condición que impuso fue la ruptura del Directorio con los portugueses y como eso no se produjo prosiguió su ofensiva. Y el régimen
directorial que no tenía ya autoridad ni fuerza militar debido a la sublevación de Arequito y a la negativa de San Martín para mezclar al Ejército de los Andes en la guerra
civil, no pudo sostenerse. El tiempo político no estaba maduro para una Constitución que pudiera ser prenda de unión para las Provincias desunidas del Río de la Plata.
Existían los localismos municipales de Jujuy respecto de Salta, de Santiago del Estero con Tucumán y de La Rioja con relación a Córdoba. Pero esta
aspiración autonómica de los distritos subordinados no connotaba todavía una ideología verdaderamente federal como la que tenía robusta vigencia en el Litoral desde
1813. Ni Güemes ni Aráoz, los dirigentes de mayor influencia en el Norte, eran federales.
Aquellos criollos que protagonizaron nuestra azarosa historia de los albores de la nacionalidad, se movieron muchas veces por otras motivaciones. Lealtades
nacidas de la amistad personal, simpatías o rechazos invencibles, adhesión sincera y emocional a una causa y también cálculo y oportunismo.
Desde el punto de vista de las ideas y normas contenidas en la Constitución de 1819, no cabe duda que erigía un sistema centralista, aristocratizante y
abierto a la posibilidad de una monarquía constitucional que varias misiones diplomáticas negociaron en Europa y también en América.
Desde otra perspectiva, parécenos coherentes (Bazán) que los congresales de 1819 hayan plasmado una constitución aristocrática y de inspiración
monárquica. Casi todos se habían manifestado partidarios de la monarquía constitucional o “temperada”. Ése también era el sentir de San Martín y de Belgrano. Así lo
recomendaba el sistema inglés y en el resto de las potencias europeas imperaba un agresivo absolutismo monárquico. La república federal como propugnaba Artigas
sólo funcionaba en los Estados Unidos y en ese momento las provincias rioplatenses estaban adscriptas al área de influencia del mundo europeo.
UNIDAD 4: AUTONOMIAS PROVINCIALES
Los orígenes del federalismo (Goldman, Noemí- Nueva Historia)
Con la caída del poder central en 1820 emergió una nueva realidad: el esfuerzo por afirmarse por parte de los estados autónomos provinciales. Este proceso
demuestra los problemas en la cuestión de organización nacional argentina, así como permite modificar algunos enfoques y rever simplificaciones en el análisis de los
fenómenos del caudillismo y del federalismo rioplatense.
La provincia autónoma no fue una prolongación de la antigua provincia de intendencia, sino una ampliación del papel político de las ciudades soberanas.
Las “provincias” no surgieron así como partes integrantes de un estado superior a ellas, sino como estados independientes que llegaron incluso
progresivamente a asumirse como sujetos de derecho internacional.
La caída del poder central y la formación de estados provinciales (Goldman, Noemí- Nueva Historia)
En julio de 1819 Rondeau reemplazo a Pueyrredón en el cargo de Director.
Buenos Aires intento doblegar al Litoral con invasiones a Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos. Consolidándose así aún más los partidarios artiguistas, como
Estanislao López (Sta. Fe) y Francisco Ramírez (Entre Ríos).
En febrero de 1820, el ejército porteño fue vencido en los campos de Cepeda por las fuerzas del Litoral, conducidas por Ramírez y López que exigían la
disolución del Congreso y la renuncia del Director Rondeau.
El cabildo de Buenos Aires asumió en febrero de 1820 la función de gobernador y proclamo la disolución del poder central, renunciando en nombre de
Buenos Aires a su rol de Capital de las Provincias Unidas. Surgió entonces una nueva entidad política: la provincia de Buenos Aires, que, en febrero de 1820, firma el
tratado de Pilar para alcanzar un acuerdo de paz con las fuerzas del Litoral. El tratado suscripto por Ramírez y López propuso como sistema de gobierno del país el de
“federación”, aunque su organización se postergaría hasta la reunión con el Congreso en San Lorenzo, en el que los representantes deberían ser libremente elegidos
por “los pueblos”.
La desaparición del directorio no hizo más que acelerar el proceso de disgregación de la antigua estructura virreinal que los gobiernos revolucionarios ya
había iniciado, para dar nacimiento a verdaderas soberanías autónomas.
Santiago del Estero, en 1820, y Catamarca en 1821, decide declarar su independencia del Tucumán. La Rioja se separa en 1820 de Córdoba y Jujuy de
Salta en 1834.
El caudillismo: legalidad y legitimidad (Goldman, Noemí- Nueva Historia)
El caudillo aparecía, así como el jefe de tropas que no eran profesionales sino que compuestas por grupos armados, organizados sobre la base de un
sistema informal de obediencia.
Los caudillos fueron considerados representantes de las fuerzas “anárquicas” e “inorgánicas” de las provincias, que habrían impedido el proceso de
organización nacional iniciado en 1810, y la que sostenía que los caudillos impulsaron proyectos de organización constitucional de carácter federal.
Si se ubica a los caudillos dentro del proceso de desarrollo de las tendencias autonómicas, se puede adoptar una mejor perspectiva a entender, así como
explicar porque tendieron a basar su dominio en formas republicanas y representativas de gobierno. El conjunto de la soberanías provinciales adoptó, según se vio,
ciertas formas “republicanas representativas”, a las cuales no se escaparon los mismos regímenes de caudillos, como solución provisional para legitimar un orden social
y político luego de las luchas de la independencia, pero también para resistir a la tendencia hegemónica de Buenos Aires. Una nueva y compleja relación se
establecióasí en la legalidad, coerción e incluso terror (régimen de Rosas) en los regímenes de caudillo.
Junto al poder de caudillo existieron afectivas funciones de gobierno, parte de ellas de origen colonial, articulando las relaciones militares entre las milicias
del caudillo y el gobierno provincial, reconociendo una relación entre legalidad y legitimidad en los regímenes de caudillos, en un periodo en la que la formación de
liderazgos políticos se vinculó con la afirmación de soberanías provinciales que coexistieron conflictivamente con proyectos de organización nacional.
La republica del Tucumán y el federalismo provincial (Bazán)
En Salta, desde 1810 hasta 1814 se sucedieron en el mando diez gobernadores designados por el Gobierno central. Sólo en mayo de 1815, ante la renuncia
de Quintana, el pueblo reunido en cabildo abierto eligió por votación al coronel Martín Güemes, quien retuvo el poder casi sin solución de continuidad hasta su muerte,
junio de 1821. Fue un caso excepcional. Güemes era una pieza clave para la estrategia de la guerra en el Norte y aprovechando esa coyuntura supo forjarse un mando
extraordinario con absoluta autonomía del gobierno general.
Más acentuada fue la injerencia porteña en el caso de Tucumán. San Martín recomendó ante Posadas el nombramiento de Bernabé Aráoz. Fue leal
colaborador del gobierno central en todo lo que significara conseguir el sacrificio de las ciudades de su jurisdicción para sostener la guerra emancipadora. Pero el
gobierno directorial lo desautorizó en varias ocasiones y en 1817 lo reemplazó con Feliciano de la Mota Botello.
La reunión del Congreso en Tucumán fue una concesión a los pueblos del Interior que se sentían agraviados por el centralismo.
La injerencia de poderes de ajena jurisdicción fue más compleja e irritante en Santiago del Estero. La Revolución provocó una división de su vecindario en
dos facciones que durante varios años disputaron el poder local. El partido encabezado por Juan Francisco Borges vio con fastidio la excesiva intromisión de Buenos
Aires en los asuntos santiagueños. En octubre de 1810, el Cabildo tuvo que suspender la elección de oficios concejiles por orden de Ortiz de Ocampo, Jefe del Ejército
Auxiliar, y poco después el Ayuntamiento debió someterse a directivas terminantes de Castelli sobre la nómina de elegibles. La repulsa de los santiagueños no era sólo
contra las intromisiones de Buenos Aires, sino que se alimentaba de celos localistas contra sus vecinos los tucumanos. Cuando Posadas resolvió colocar a Santiago
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bajo la dependencia política de Tucumán, al dividir la provincia de Salta (octubre de 1814), hubo una indignada protesta de parte muy representativa del vecindario.
En Catamarca y La Rioja, no hubo manifestaciones ostensibles de descontento contra la conducción política de Buenos Aires porque la estrategia de los
grupos dominantes fue armonizar sus apetencias de mando con los cambios que se producían en el orden nacional.
El nudo de la discordia fue la relación política con Córdoba, cabeza de la gobernación desde 1782. Cuando en Córdoba asumió el gobierno de José Javier
Díaz, la ideología artiguista estaba haciendo pie en el corazón de las Provincias Unidas. El 24 de mayo de 1815 una Asamblea declaró la autonomía y designó
gobernador a Ramón Brizuela y Doria. Los Ocampo y Villafañe no podían admitir que la autonomía sirviera de pretexto para el encumbramiento de sus enemigos. Los
Ocampos provocaron un motín el 15 de abril de 1816 que derroca a Brizuela y Doria y restituye a La Rioja a su dependencia de Córdoba. El Congreso de Tucumán
hallábase reunido y en su seno brillaba el talento del Dr. Castro Barros, elegido diputado con el auspicio de los Dávila. Enseguida planteó el anárquico comportamiento
de los revolucionarios riojanos y obtuvo la designación de Tte. Coronel Alejandro Heredia. Interesaba al Cuerpo y al Directorio revertir la situación para quitar influencia
al artiguismo. Heredia repuso a Brizuela y Doria pero de momento no se restituyó a La Rioja a su dependencia de Córdoba. Cuando José Javier Díaz fue reemplazado
por Ambrosio Funes, el Congreso volvió sobre sus pasos y dispuso restituir a La Rioja a su antigua dependencia, el 15 de diciembre de 1817. Los dirigentes riojanos
habían vivido prematuramente la novedad del gobierno propio y la aventura resultaba tentadora.
Las intenciones autonómicas se manifestaron tardíamente en Catamarca. Sus dirigentes acataron sin resistencia la política centralista del Directorio.
El sentimiento de autonomía nace más como reacción por la injerencia abusiva de las ciudades vecinas en sus asuntos internos. Su territorio fue convertido
en campo de contienda de los conflictos político- militares de Aráoz y Güemes, quienes dirimían el liderazgo de la región.
En su correspondencia con Bustos (gobernador de Córdoba), José Pío Zisneros, expresa el sentimiento de perplejidad de los catamarqueños frente a su
ambigua situación política. Artigas los había invitado a participar en el Congreso general que patrocinaba para organizar constitucionalmente a la Nación, lo cual
colocaba a Catamarca en un pie de igualdad con las demás ciudades. Pero enseguida, Bernabé Aráoz cursó invitación al Cabildo para que enviara diputados junto con
los de Tucumán y Santiago del Estero, a fin de tratar la cuestión del gobierno que debía regir a la provincia interinamente.
En Santiago del Estero, un cabildo abierto reunido el 31 de marzo había proclamado la autonomía provincial de facto, eligiendo gobernador provisional al
Comandante Juan Felipe Ibarra. En La Rioja, el 1 de marzo una asamblea declaró a la jurisdicción en provincia independiente hasta la reunión del Congreso bajo la
forma federal proclamada por los demás pueblos hermanos.
Zisneros confiesa que él y el Pueblo de su mando se encuentran perplejos y no saben qué hacer. Dice a Bustos: 1° Si Catamarca es pueblo libre e
independiente de Tucumán y debe declararlo como lo hizo Santiago; 2° Si en consecuencia deberá retirar sus diputados; 3° Si procedía o no a la elección del
representante para el congreso de San Lorenzo aunque no coincida en ello lo que se resuelva en Tucumán.
La República del Tucumán y el Federalismo Provincial: El Congreso se formó solamente con los diputados de Tucumán y Catamarca. El Congreso Constituyente del
Tucumán, se constituyó el 17 de mayo de 1820 y una vez aprobados los poderes de sus miembros, eligió presidente al diputado Arteaga (Tucumán). Fue cometido
primordial del Cuerpo sancionar una Constitución para la Provincia del Tucumán, hecho que se concretó el 6 de septiembre de 1820. Fue publicada y jurada el día 24,
aniversario de la Batalla de Tucumán.
Se declara por su representación legítima una República libre e independiente, unida sí con las demás que componen la Nación Americana del Sud…”
El Gobierno Nacional había caducado con la caída del Directorio y jurídicamente la Nación estaba disuelta con el rechazo de la Constitución de 1819. Esto
imponía a Tucumán la necesidad imperiosa de reasumir sus derechos hasta el momento en que el Congreso General, que debía reunirse en virtud del Tratado del Pilar
y del Pacto de Benegas, estableciera la forma de gobierno y la organización de la Nación en conjunto.
Ernesto H. Celesia sostiene que la Constitución de la República del Tucumán “no es otra cosa que una copia de la Nacional de 1819, con las variantes de
forma necesarias para su adaptación a la Provincia y algunas variantes, aunque pocas, de fondo”. Comprende cinco secciones: religión, poder legislativo, poder
ejecutivo, poder judicial y declaración de derechos.
En cuanto a religión declara que la “Católica, Apostólica, Romana es la del Estado” agregando que “es la única Religión de la República”, norma ajustada al
espíritu de la época que se oponía a la libertad de culto.
En la sección relativa al Poder Legislativo adopta el sistema unicameral, en la forma de las Legislaturas o Salas de Representantes, que aquí se denominan
“congreso provincial”, integrado de un diputado de cada pueblo con prescindencia del número de habitantes. El sistema electoral era el mismo que el del Regimiento de
1817: sistema indirecto, votando el ciudadano por electores que una vez reunidos debían elegir el diputado.
Las normas relativas al Poder Ejecutivo determinan que será ejercido por el Presidente Supremo con mandato por cuatro años, elegido por el Congreso en
votación unánime. Entre sus atribuciones figura la de ser jefe de la fuerza militar de la Provincia y nombrar los enviados ante las demás provincias y recibir los de ellas.
La sección del Poder Judicial, crea una Corte Suprema de Justicia de tres miembros sin exigencia expresa del título de abogado para los mismos. Completa
al Poder Judicial la formación de la Corte Primera de Justicia que sustituye a los Cabildos. Quedan suprimidos y enteramente abolidos en la Provincia, los Cabildos o
Ayuntamientos o Municipalidades, y establecida en su lugar la Corte Primera de Justicia. La Corte asumió el rol de los viejos Cabildos; gobernantes y pueblo le dieron en
los negocios públicos la intervención que la práctica le había dado a aquéllos.
Duró lo que el gobierno de Aráoz. Derrocado, Abrahan González (28 de agosto de 1821) desapareció la República del Tucumán. Al día siguiente el propio
González fue elegido gobernador intendente y se procedió a la recomposición del Cabildo, volviéndose a las instituciones tradicionales. Y como Catamarca acababa de
proclamar su separación de Tucumán, quedó también disuelta la provincia creada por el Directorio el 8 de octubre de 1814.
El sentido de las autonomías y la formación de las nuevas provincias: cabe reconocer a los jujeños la paternidad de la idea autonomista. El pleito de jurisdicción
planteado a comienzos de 1811 entre el gobernador de Salta y el Cabildo jujeño, dio motivo para que Manuel F. Espinoza, alcalde mayor de Jujuy, sostuviera la
necesidad de cortar la dependencia funesta de Jujuy respecto de Salta, en un todo de acuerdo con la idea autonomista expuesta por Gorriti ante el gobierno central.
Se ha dicho que los escritos de Gorriti son los primeros documentos de nuestro federalismo criollo. En rigor, los jujeños expresan la voluntad autonomista de
Jujuy respecto de Salta, capital de la provincia, pero no avanzan sobre la cuestión más compleja del federalismo, como sistema político. Esos mismos dirigentes, cuando
años más tarde se plantean el problema de la organización constitucional de la Nación, son partidarios del régimen de Unidad, o sea del centralismo querido por Buenos
Aires. Sería más apropiado decir que la cuestión de las autonomías municipales, replanteada en 1820 como consecuencia de la disolución de los Poderes Nacionales,
sienta las bases de nuestro federalismo donde gravitan situaciones e ideas que se plantearon en el Litoral y en donde es figura vertebral Artigas.
En nuestro sentir cabe distinguir dos formas de federalismo: el federalismo provincial que bregaba por conservar la integridad de las jurisdicciones
virreinales, con centro en las cabezas de intendencia. A este proyecto adherían Bustos y Aráoz. Pero en varios casos hubo tensiones entre las capitales y ciudades
sufragáneas que cavaron hondo en el sentimiento autonomista municipal. Es lo que sucedió entre Tucumán y Santiago del Estero y también entre Jujuy y Salta. La
disolución política del Gobierno Central aceleró el proceso autonomista que se nutría en profundos sentimientos localistas y era irreversible en la práctica. Durante los
años 1820 y 21 la estructura de las antiguas intendencias se fractura para dar lugar a la formación de nuevas provincias sobre la base de los municipios coloniales. En el
Norte, La Rioja fue la primera en trasponer el umbral del nuevo ciclo; la siguió Santiago del Estero pese a la tenaz oposición de Aráoz; los cautelosos catamarqueños la
consiguieron después de explorar bien sus posibilidades. Y curiosamente, los precursores del autonomismo, los lúcidos jujeños, no la consiguieron en ese momento,
quizá porque conservaron intacta su fe en el derecho para armonizar su voluntad autonómica con la existencia de un gobierno nacional que representara a todas las
partes.
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En Córdoba, el pueblo reunido en Cabildo Abierto declaró independiente a la provincia y eligió gobernador interino al artiguista José Javier Díaz sustituido
posteriormente por Juan Bautista Bustos como gobernador propietario. En Tucumán estalló una sublevación en noviembre de 1819, encabezada por el capitán Abrahan
González, oriental, y los capitanes Felipe Heredia y Manuel Caínzo, tucumanos. El ayuntamiento resolvió aceptar el gobierno interino e hizo llamar a Bernabé Aráoz que
se hallaba en sus propiedades de Río Seco. El 13 de noviembre, un Cabildo Abierto procedió a elegir Gobernador Intendente al propio Aráoz, a quien por razones de
grado correspondió también el gobierno militar de la provincia.
A diferencia de lo que sucedió en Córdoba, la revolución tucumana no manifestó propósitos separatistas.
En La Rioja, en la noche del 24 de enero, Francisco Villafañe cumpliendo instrucciones del general Francisco Ortiz de Ocampo, al frente de una partida
armada, destituyó al teniente de gobernador Gregorio José González. El 26, un grupo de vecinos nombró a Diego Barrenechea gobernador interino. La Rioja se convirtió
en provincia independiente hasta la reunión del Congreso “bajo la forma federativa proclamada por los demás pueblos hermanos”. La asamblea eligió gobernador
intendente al promotor del movimiento, coronel mayor Ortiz de Ocampo, primer jefe del Ejército Auxiliar del Perú.
Santiago del Estero tenía viejos agravios con el centralismo porteño y tampoco se allanó a la dependencia de Tucumán que le impuso el decreto de
Posadas. Para que el objetivo se concretara ayudó la situación nacional, no cabe duda, pero también los errores de Bernabé Aráoz.
El Cabildo convocó a elecciones en la capital y campaña y el 23 de marzo se reunió la asamblea electoral. Enseguida se planteó una disidencia: la mayoría
quiso hacer en forma inmediata la elección de los diputados pero hubo impugnación de los electores Gorostiaga, Alcorta, Frías, Andrade y Rueda, quienes alegaron
como cuestión de previo pronunciamiento la validez del acto electoral. La mayoría hizo prevalecer su criterio y sin más impuso como diputados al Lic. Juan José Lami y
al Cap. Santiago Palacios. La elección fue aprobada rápidamente por Aráoz pero el partido desafecto llamó en su ayuda al Comandante de la frontera de Abipones,
Juan Felipe Ibarra. Éste se puso en marcha hacia la Capital.
El Cabildo entregó la defensa del vecindario. Mientras se preparaba para la guerra, el ayuntamiento adicto a Aráoz quiso negociar la paz designando un
parlamentario ante Ibarra, pero este exigió que Echuari desalojara la ciudad con sus tropas. Éste atacó a Echuari y lo venció obligándolo a retirarse a Tucumán. Las
autoridades fueron depuestas y se procedió a elegir un teniente de gobernador propietario en la persona del comandante Ibarra y también un nuevo Cabildo.
Los diputados en comisión llegaron a un principio de acuerdo con Aráoz quien aparentemente se allanaba a la elección de nuevos representantes al
congreso provincial. Si Aráoz hubiera flexibilizado su actitud se podía evitar la ruptura. Pero cuando le informaron sobre la anulación de la elección anterior de hombres
que sabía seguros para sus miras políticas, tuvo un arrebato de indignación y fulminó a los santiagueños con un manifiesto agraviante.
Estando elegidos los nuevos electores, el 25 de abril constituyóse la asamblea con la presidencia del licenciado Manuel Frías. En dicha sesión se eligió
diputado al Congreso de San Lorenzo al doctor Mateo Saravia, amigo de confianza y asesor de Ibarra. El día 27 volvió a reunirse la asamblea y procedió a declarar la
Autonomía Provincial.
La Autonomía tuvo que ser defendida con las armas. Ibarra contaba con la solidaridad de Bustos y López y la ayuda militar de Güemes, para quien Aráoz era
enemigo común. Pero el gobernador tucumano no se resignaba a aceptar su derrota y motorizó distintas reacciones contando a veces con la ayuda de gente
santiagueña.
En Catamarca, la declaración de la Autonomía demoró hasta el 25 de agosto de 1821. Si bien en principio había participado en la formación de la República
del Tucumán no lo hizo por convicción sino por necesidad. Ni las atinadas reflexiones del gobernador de Córdoba ni las amenazas de Aráoz consiguieron torcer una
decisión donde la conciencia de autodeterminación se conjugaba con motivaciones emocionales y con las reacciones simpáticas de los pueblos del Interior empeñados
en no ser menos ni estar por debajo del vecino.
54 vecinos reunidos en asamblea resolvieron declarar la Autonomía de Catamarca el 25 de agosto de 1821. No hubo fisuras ni disidencias y tampoco fue
necesario sostener la decisión con el peso de las armas. El gobierno de Aráoz estaba llegando a su término y con ello concluía ese interesante ensayo de federalismo
regional que fue la República de Tucumán. De la mano de las autonomías, el federalismo municipal había prevalecido sobre el federalismo que Aráoz y Bustos quisieron
fundar sobre la estructura de las antiguas provincias. Solamente Jujuy quedó dependiendo de Salta.
El comercio y las finanzas públicas en los estados provinciales (Schmit, Roberto- Nueva Historia)
La Argentina luego de la revolución de mayo de 1810, en materia económica lograra poner en marcha una tibia integración al mercado atlántico como
proveedor de materias primas, inaugurando el proceso de inserción de “la Argentina” en el mundo industrial del S. XIX.
Sin embargo, no existieron luego de la revolución, una economía de carácter nacional. Por el contrario, en el espacio territorial del ex Virreinato rioplatense se produjo
apartir de 1810 una gran disgregación política. Y fue recién a partir de la década de 1820 cuando comenzó a configurarse un nuevo orden estatal a través de gestación
de Estados provinciales, que a partir de 1831 conformaron una Confederación de provincias.
Mientras algunas provincias experimentaron importantes transformaciones en sus patrones de desarrollo económico, en sus nexos mercantiles y en sus
esquemas financieros, otras, en cambio, apenas manifestaron una limitada reestructuración, manteniendo una orientación de la economía similar a la de los tiempos
coloniales.
Con la llegada de las guerras de la independencia y la crisis de la producción minera, aquel conjunto de vínculos comerciales y financieros que unían el
territorio virreinal comenzó a agonizar, para luego desaparecer. La revolución provoco una gran fragmentación del espacio político- administrativo del ex Virreinato,
reduciendo y entorpeciendo los negocios que habían sostenido esas economías durante varios siglos.
Los conflictos bélicos llegaron a todos los territorios rioplatenses, comerciantes y productores tuvieron que costear buena parte del abastecimiento de los
ejércitos libertadores. A ello se sumó la creciente pobreza de recursos fiscales que afectaron los gobiernos revolucionarios, ya que la dislocación política y el
mantenimiento del poder español en el Alto Perú tornaron irrecuperables la provisión de recursos financieros procedentes de la actividad minera alto peruana.
El Estado revolucionario se quedaba sin recursos financieros, su economía sufría la alteración de los patrones mercantiles que daban vida a sus
producciones, afectando los capitales de comerciantes y hacendados. En medio de tantas perdidas algunas economías empezaban a encontrar un nuevo rumbo, que
consistía en fortalecer a través del libre comercio, decretado en 1813, una acelerada inclusión de las producciones rurales rioplatenses. La producción pecuaria, pasaba
ahora a jugar un rol preponderante, en un intento por paliar la pérdida de las remesas de plata alto peruana, aunque no todas ellas estaban en condiciones de
aprovechar de igual manera las nuevas oportunidades.
Las características principales de la evolución económica fue la inserción pecuaria porteña en el mercado atlántico, este exitoso crecimiento, que se
evidencio en la expansión territorial, económica y comercial. Los vínculos comerciales de la región bonaerense-litoraleña se modificaron, que cuando estas guerras
finalizaron, se habían quebrado definitivamente el eje comercial entre Buenos Aires y Potosí. Se tejieron nuevos nexos comerciales con los mercados de ultramar,
beneficiándose principalmente el comercio rioplatense, colocando productos primarios en las plazas mercantiles europeas que estaban en pleno proceso de
industrialización.
Pero para el resto de las provincias del “Litoral de los ríos” (Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe) las cosas no cambiaron rápidamente, ya que quedaban
subordinadas al puerto de Buenos Aires.
A partir de 1820 comenzó este proceso de expansión, mostrando Entre Ríos similitudes con la evolución económica porteña, aunque más retardada, Santa
Fe recién consolidaría el control apartir de 1870 logrando su expansión sobre la frontera indígena, Corrientes seria perjudicada por la economía librecambista de Buenos
Aires al tener los productos brasileños como competencia.
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Córdoba y Tucumán encontraron nuevos rumbos para sus economías, mientras que los territorios del Noroeste y Cuyo reconstruyeron antiguos circuitos
comerciales similares a los del periodo colonial.
Para 1815 desaparecerían los vínculos mercantiles permanentes que unían a Tucumán con el Alto Perú, Paraguay y Chile, acentuándose su rol de
intermediaria de productos europeos entre Buenos Aires y las provincias del Noroeste.
En el caso del Noroeste sufrirían un largo periodo de largo reacomodamiento mercantil. El comercio salto jujeño de 1810-1825 se mantendría el comercio de
la época colonial, pero desde 1825, a partir de la independencia de Bolivia los bienes importados serían llevados desde Arica. La mayoría del Noroeste a partir del fin de
las guerras independentistas volverá a los perfiles productivos heredados de la época colonial.
Las provincias del actual territorio argentino luego de la revolución tuvieron una orientación bifronte, en la que convivieron las economías fuertemente
vinculadas al mercado atlántico con otras constituidas fundamentalmente por modestos mercados.
Las producciones regionales extra-pampeanas (Campi, Daniel y Jorba, Rodolfo Richard- Nueva Historia)
Uno de los procesos que caracterizaron a la historia del área rioplatense durante el S. XIX fue el lento pero paulatino afianzamiento de la orientación atlántica
de su economía, con el cuero y el sebo, en un primer momento; el tasajo y la lana de oveja avanzando el S. XIX, fueron los productos en torno a los que se organizó la
prospera economía ganadera de las pampas rioplatenses, especialmente de las provincias de Buenos Aires.
Diferente era la situación de las regiones no pampeanas, en particular las provincias norteñas y cuyanas. Vinculadas por circuitos comerciales forjados en la
colonia, su relación con los mercados andinos y del Pacifico eran muy fuertes. Tanto Mendoza como San Juan, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja habían
desarrollado una serie de producciones que satisfacían la demanda de las economías chilena y boliviana. La conexión con Buenos Aires, no era menos fuerte, siento
uno de los puntos de aprovisionamiento de productos de ultramar, función en la que competía con Valparaíso, Cobija y otros puertos del Pacifico.
Tucumán poseía una ubicación estratégica que le permitía ser la bisagra de los mercados andinos con el litoral atlántico, sus recursos naturales como el
quebracho, el cebil y otras maderas de sus bosques posibilitaban el desarrollo de la construcción de carretas y la curtiembre; en sus campos cereales, tabaco, azúcar y
agua ardiente daban una intensa actividad comercial local y regional, era el centro de operaciones comerciales donde también se concentraban “ingenios de
destilación”.
También producía quesos, aperos, botas, sillas de montar, caronas, cordobanes, pellones, etc., que eran enviados a los mercados del litoral
Adicional
Nivel de Historia y otras proposiciones- (Feijóo, Canal) - (sobre Ibarra)
Desde el último Taboada, el régimen de la política de Santiago ha sido la intervención. En los Taboada, hay una pluralidad, Ibarra es la unidad absoluta.
Por febrero de 1820 llegó a Santiago con el destacamento que acompañaba al general Belgrano, el capitán Echauri. Era un agente del gobernador Aráoz de
Tucumán enviado para propagar la idea de la República de Tucumán, a la que Santiago se mostraba reacio. La impaciencia llevó al capitán a cometer un acto de fuerza
en la elección del Cabildo de aquel año, lo que irritó a los hombres de Santiago, que resolvieron llamar al comandante de la guarnición fronteriza de Abipones, don Juan
Felipe Ibarra. Él batió en retirada al capitán y fue elegido por unanimidad Teniente Gobernador.
Figueroa exclama: así pagó este pueblo la falta inconsciente de anticipar un suceso tan importante, declarando su autonomía, cuando no contaba con los
medios ni los hombres capacitados para el gobierno, poniendo al frente de sus destinos un militar sin condiciones y que muy luego había de transformarse en déspota,
sumiéndola en una noche de 30 años donde se estancó lastimosamente su evolución hacia el progreso y la vida civilizada.
Aquel período debería denominarse Ibarra o la autonomía. Ibarra fue la autonomía, no la autonomía que nace como concepto de cerebros civiles, sino la
autonomía vasta y áspera que nace del corazón del pueblo.
Durante sus 30 años, su programa de gobierno se realiza en una lucha personal constante con gobiernos limítrofes y con el indio. Hay que salvar las
fronteras: la frontera política y la frontera de la nueva raza. En el orden político interno fue un tirano, lo que le eximia de todo programa formal.
AUTONOMÍA Y CONSTITUCIÓN FEDERAL (Canal Feijóo)
Habíamos planteado que el período 1816-1820 es un momento interesante del federalismo. Porque Artigas alcanza su cenit y porque la resistencia a la
Constitución de 1819 surge de caudillos del interior. Hasta 1820 el territorio actual de nuestro país no había conocido otra forma de organización que la centralizada: con
la eliminación del “sillón de Posadas”, las provincias van a encontrarse en una situación inédita y desafiante.
Para Bernardo Canal Feijóo este es el momento de la improvisación de la autonomía. Una improvisación que, según el historiador Andrés Figueroa, fue un
error fatal, porque por apresurados y adelantados nos tuvimos que bancar 30 años de tiranía feroz, dice don Andrés. Pero Canal Feijóo, siempre atento, recoge el
guante y le contesta que no hubo ningún apresuramiento, que era la decisión que requería el momento y que ese caudillo autocrático supo encarnar mejor que nadie los
deseos del pueblo santiagueño.
Pero cuando decimos que es un momento interesante del federalismo, ¿en qué estaban pensando los actores de la época cuando utilizaban este término?
Había, a grandes rasgos, cuatro modelos de confederación hasta el siglo XIX. La primera era la liga de provincias independientes que se unían en caso de agresión
extranjera (por ejemplo el caso de la Federación Helvética). En segundo término tenemos a la confederación de EEUU entre 1781 y 1787, con un débil gobierno central
para arbitrar relaciones exteriores. En tercer término estaba el proyecto de un pensador liberal como Benjamín Constant, quien pensaba en un federalismo para una
monarquía constitucional en el que se apuntara a expandir libertades municipales y aprovechar el localismo para fortalecer la totalidad. Y por último el caso del
federalismo norteamericano a partir de la Constitución de 1787.
Una rápida mirada al caso norteamericano nos recuerda que en 1777, apenas un año después de su declaración de independencia, los estados
angloamericanos ya habían aprobado una unión de carácter confederal. En 1787 esta Confederación fue reemplazada por un gobierno de Estado federal. En el caso de
latinoamérica, luego de los procesos de independencia, la lucha por el federalismo ocupó buena parte del siglo XIX. En los países en los que el federalismo no fue
derrotado como opción de organización estatal, su implementación definitiva se demoró bastante y llegó a través de las constituciones nacionales. Argentina adoptó el
federalismo en 1853, México en 1856, Venezuela en 1864 y Brasil en 1889.
El historiador José Carlos Chiaramonte destaca una doble dificultad al momento de sancionarse la Constitución de 1853. En un plano de carácter económico
remarca que la Argentina no se encontraba en condiciones de competir con el mercado internacional, mientras que las provincias tampoco tenían las condiciones para
un ejercicio pleno de las atribuciones soberanas que se habían reservado a los fines de lograr un funcionamiento de la maquinaria federal. Este autor sostiene como una
de sus hipótesis que buena parte de los vicios actuales tienen raíces en la conformación de un régimen federal por parte de provincias muy débiles ante el poder del
Estado nacional conformado en ese momento.
Sobre la misma temática escribe y reflexiona el mencionado Canal Feijóo, uno de los ensayistas más lúcidos del siglo XX. A fines de los años cincuenta
publicó un libro titulado La frustración constitucional. Un título alternativo podría haber sido: El fracaso del federalismo. Canal se propone hacer un “examen de
conciencia constitucional” poniendo el foco en el federalismo. Y no puede más que concluir que ese ideal federal (“la función federalista debe articular una integración de
gran plano de una pluralidad de elementos de tal modo que lo integrativo no anule la diversificación”) ha quedado postergado. Quizás haya pocos libros que aborden
este tema con la profundidad que lo hace Canal vinculando “federalismo y sociología”, “federalismo y psicología”, “federalismo e imperialismo” y diseccionando el texto
constitucional y el pensamiento alberdiano en el siglo XIX.
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Ahora bien, ¿por qué creemos que habría que insistir y profundizar en el federalismo? Porque el federalismo tiende a la libertad ya que divide al poder. En
este sistema de gobierno la figura del ciudadano cobra fuerza y, según plantean especialistas como George Anderson, el federalismo es la mejor manera de coordinar lo
uno con lo diverso. En una federación todo el tiempo hay que armonizar diferencias. En cambio, en los sistemas centralistas resulta difícil hacer escuchar las voces
desde la periferia.
En el federalismo, con la descentralización que propone, la sociedad civil cobra vigor. Anderson sostiene que para lograr el éxito federal es necesaria una
sociedad que sirva de sostén a una forma democrática. Canal Feijóo lo decía de otra manera: “el ideal federalista es la constitución a partir de la sociedad, no del
gobierno. La constitución del gobierno de la sociedad para ella, no para el gobierno”.
La autonomía y el Sistema federal de gobierno (Tenti, María Mercedes)
La Constitución de 1819 centralista rechazada por los caudillos del Litoral, Francisco Ramírez de Entre Ríos y Estanislao López de Santa Fe, fue el
detonante que determinó la marcha de las tropas federales hacia Buenos Aires, con el propósito de derrocar al gobierno directorial de Rondeau. Los ejércitos se
enfrentaron el 1 de febrero de 1820 en la batalla de Cepeda y terminó con el triunfo de los gauchos López y Ramírez. No había autoridades nacionales.
Repercusiones en el Noroeste: a fines de 1819 en Tucumán se produjo una sublevación de los partidarios de Bernabé Aráoz, que derrocaron al gobernador Mota Botello
y pusieron en la gobernación al propio Aráoz. En Santiago continuaba Gabino Ibáñez, como teniente gobernador, pero ante la intromisión de los tucumanos en las
elecciones de oficios concejiles para 1820 hecho repudiado por los partidarios de la autonomía, Ibáñez se vio obligado a renunciar por la enemistad manifestada del
pueblo. Aráoz quería conformar un núcleo territorial autónomo, integrado por Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero. Juan Bautista Bustos, intercedía para la
reunión de un Congreso Federal en Córdoba, con el objeto de organizar el país.
Para asegurarse una elección favorable el gobernador tucumano envió una fuerza de 50 hombres al mando del Capitán Juan Francisco María de Echauri.
Realizada la elección, resultaron electos Juan José Lami y Santiago Palacio. La oposición llamó al comandante de la frontera de Abipones, el general Juan Felipe Ibarra.
El combate se dio en las inmediaciones de la Iglesia Santo Domingo y concluyó con el rotundo triunfo de Ibarra y el retiro de Echauri rumbo a Tucumán. Una
asamblea popular presidida por Pedro Pablo Gorostiaga, eligió por unanimidad al comandante Juan Felipe Ibarra como Teniente Gobernador interino y proclamó un
nuevo cabildo adicto a la causa de la autonomía.
Ibarra juró su cargo el 25 de abril. Se eligió el diputado santiagueño ante el congreso que debía reunirse en San Lorenzo, según el Tratado de Pilar, y
recayó en el Dr. Mateo Saravia, salteño, suegro de Ibarra.
Declaración de la Autonomía: como culminación del proceso autonomista, el 27 de abril de 1820, los electores, reunidos en el cabildo, proclamaron solemnemente la
autonomía de la provincia. La autonomía santiagueña fue posible por la férrea voluntad de un pueblo que se negaba a ser sometido sin su consentimiento al poder de
otro pueblo, al que consideraba su igual, no su superior.
El día 25 de marzo, Ibarra solicita al Cabildo, convoque a los electores para que se constituyan, los que así se cumplió, en la Sala Capitular con la presencia
de dicho gobernador interino. Nombrándose secretario a Fernando Bravo y por último, se eligió como diputado para el congreso que debía constituirse en San Lorenzo,
en virtud de pacto de Pilar, a Mateo Saravia.
En la sesión del día 27 de abril de 1820, la asamblea procedió, solemnemente, a declarar la autonomía política de la provincia de Santiago del Estero.
El acta no reconoce “otra soberanía ni superioridad sino la del congreso de nuestros co-estados que van a reunirse para organizar nuestra federación”
En el artículo tercero se ordenaba “que se nombre una junta constitucional para formar la constitución provisoria y organizar la economía interior de nuestro
territorio, según el sistema provincial de los Estados Unidos de la América del Norte en tanto como lo permitan nuestras localidades”
Aráoz no se conformó con el estado de las cosas imperantes. En enero de 1821, mandó huestes tucumanas a las órdenes del capitán Gregorio Iramain.
Ambas tropas lucharon en Los Palmares, enfrentamiento que concluyó con el triunfo de los santiagueños. Güemes envió auxilios a Ibarra, el choque se produjo esta vez
en territorio tucumano, en el Rincón de Marlopa, y favoreció al ejército local. Ibarra acampó en Vinará. Por mediación de Juan B. Bustos, se suscribió el 3 de junio de
1821 el denominado Tratado de Vinará, que detuvo las hostilidades. Firmaron el pacto, el Pbro. Pedro León Gallo por Santiago, Miguel Aráoz por Tucumán y el Dr. José
Antonio Pacheco de Melo en representación de Córdoba. Ambas provincias se comprometían a la búsqueda de la organización institucional y a elegir diputados que
concurrirían al Congreso que se reuniría en Córdoba ante el fracaso de San Lorenzo.
El Gobierno de Ibarra (1820- 1830): en septiembre de 1820, reglamentaba la entrada y salida de personas del territorio provincial, que no podían hacerlo sin el
correspondiente pasaporte, para combatir el ocio y la holgazanería, todo individuo que no fuese propietario de un terreno y no tuviese como mantener a su familia era
obligado a conchabarse. Quien no contase con la papeleta de conchabo era recluido, y enviado a la frontera de Abipones hasta que se estableciese su destino final.
También combatía los juegos de azar tales como los juegos de naipes, dados y taba, penando a quienes violasen la orden al pago de una multa en dinero o al servicio
en obras públicas por el término de dos años. El robo de ganado era castigado con cien azotes, por la introducción en propiedades ajenas para campear, melear, etc.,
se castigaba con cincuenta azotes.
Medidas económicas: La provincia se encontraba empobrecida, con su comercio reducido prácticamente al tráfico de cueros. Con el propósito de proteger las industrias
artesanales, que habían mermado su producción como consecuencia de la invasión de mercaderías importadas, especialmente inglesas, dictó el 6 de agosto de 1822
un decreto por el que se recargaba con impuestos elevados a las mercaderías de ultramar que compitiesen con la producción local. En 1823 decidió realizar una
acuñación propia de monedas de plata con 25% de valor, que se denominó plata ibarrista.
Las Instituciones: Ibarra se basó en el Reglamento Provisional Nacional de 1817. La Junta electoral, que sin constituir legislatura sesionaba en el Cabildo, eligió los
representantes santiagueños ante el Congreso Nacional que se reunió en Bs. As., en 1824, fueron electos Pedro Carol, Vicente Mena, Pedro León Gallo y Félix Ignacio
Frías.
En 1826 se formó la Junta de Representantes de la Provincia, que dictó un reglamento interno y eligió nuevos diputados, entre ellos Manuel Dorrego, Juan
José Lami y Antonio María Taboada. Los diputados electos eran de distintas tendencias (unitarios y federales). La Nueva Legislatura formó una comisión para elaborar
un proyecto de Constitución Provincial. Pero debió aplazarse por las luchas intestinas.
El proyecto Federal y el proyecto Unitario: en 1820, las provincias se organizaron como Estados autónomos frente a la disgregación del gobierno nacional. El
Federalismo aspira a la igualdad de derechos y de trato entre las provincias. Se desarrolló un espíritu localista, contrario a la intromisión de otras provincias y en
especial de Buenos Aires. La organización social estaba basada en la tenencia de la tierra con poca movilidad entre las clases. La población era numerosa, aunque
residía especialmente en el campo. La política económica apoyada por las provincias era el proteccionismo. Se centraban en fijar aranceles para las aduanas interiores
y expandir la ganadería.
El proyecto unitario se desarrolló a partir de la consolidación del centralismo porteño. La administración monopólica de la aduana le otorgaba a Buenos Aires
el ingreso de grandes sumas al tesoro público, hecho que la condujo al predominio económico y a la supremacía política. Los unitarios eran partidarios del libre
comercio, buscaban inversiones extranjeras y la colonización de tierras a través del fenómeno de la inmigración.
El caudillo: el afianzamiento del sistema federal fue posible gracias a la figura del caudillo, quienes reunían atributos de líderes como jefes militares y políticos locales,
con influencia en las masas populares. Por lo general pertenecían a familias tradicionales, integrantes de las clases dirigentes provinciales.
El Caudillismo se contempla como un sistema social estructurado sobre bases de dependencia en recompensa de sus leales servicios. Las interpretaciones
más sofisticadas contemplan al caudillo como una figura que emerge de algún rincón regional y que la red que los sostiene se compone de los propietarios locales. Los
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lazos caudillistas de patrón- cliente a menudo formaban elaboradas pirámides en la que los caciques locales, con sus seguidores personales, prometían lealtad a los
jefes regionales quienes a cambio concedían al menos un apoyo temporal y condicional a los caudillos o a otros líderes que operaban a nivel nacional.
El Congreso de 1824: la elección de diputados debía realizarse en forma directa, a razón de uno por cada 15000 habitantes o fracción no menor de 7500, a Santiago le
correspondían cuatro representantes, los diputados Frías, Mena, Gallo y Carol.
En 1826 el Congreso resolvió duplicar el número de diputados, Santiago debía contar con ocho. Dentro de ellos descolló sin dudas, Manuel Dorrego. La
Junta de representantes se pronunció por el sistema federal de gobierno y la independencia económica de la provincia.
La mayoría de los representantes aprobó la Constitución de 1826 que establecía un gobierno representativo, republicano basado en la unidad del régimen.
La tendencia centralista había triunfado. Una vez aprobado el Congreso envió emisarios a las provincias para su aprobación, con esa misión llegó en enero de 1827 el
Dr. Manuel de Tezano Pinto. Ibarra le dio 24 hs para salir de la provincia. Los unitarios no pudieron imponer la Constitución que iba en contra del sentir popular de la
mayoría de los pobladores y dirigentes del interior.
Ibarra y Quiroga contra Lamadrid (Lascano): Ante el rechazo de la Constitución del 26, los unitarios trataron de imponer sus ideas por la fuerza con una serie de
invasiones desde Catamarca y Tucumán. Ibarra se alió con Facundo Quiroga y unidos lograron vencer a las fuerzas invasoras.
Habían comenzado las invasiones ante el rechazo de Ibarra a la Constitución unitaria. Primero fueron las tropas del gobernador catamarqueño Gutiérrez
queriendo dar muerte a Ibarra y cambiar la voluntad popular santiagueña.
Luego llego Lamadrid seguido de un millar de hombres, cometieron crímenes y vejaciones contra la población abandonaron la provincia el 16 de junio ante la
proximidad de refuerzos dirigidos por Quiroga.
Desde el campamento de saladillo, Quiroga e Ibarra denunciaron los atropellos en patética carta al gobernador Bustos, revelando asesinatos, robos estupros
e incendios de poblaciones victimas del saqueo autorizado escandalosamente por el presidente de la Republica.
La reacción popular se hizo sentir en las victorias finales de Palma Redonda (26 de junio), lugar limítrofe santiagueño-tucumano y Rincón de Valladares (6 de
julio de 1827). Los triunfos de Quiroga e Ibarra terminaron con Lamadrid y precipitaron la caída del institucionalismo unitario, falto de sustentación militar interior.
El interregno unitario (Lascano): La paz interior se había asegurado mediante el retiro gubernativo de Ibarra. El convenio establecido con las fuerzas sitiadoras
comandadas por el general Javier López y más de 1500 veteranos de Tucumán, Salta y Córdoba, resolvía de común acuerdo elegir a don Miguel Alcorta gobernador de
la provincia. La legislatura se limitó a acatar esa disposición y en el mismo acto que acepto la renuncia de Ibarra, tomo juramento al sucesor el 27 de Mayo de 1830.
Solo Rosas y Estanislao López mantenían principios federales desde el litoral. El general Paz organizaba su liga unitaria en Córdoba y con su ejército victorioso después
de La Tablada y Oncativo promovía invasiones y deposiciones de los gobiernos provinciales.
La vida santiagueña se desenvolvía en medio de sobresaltos continuos y levas de sus mejores hijos para incorporarlos forzadamente al ejército y llevarlos
hacia Córdoba. Los unitarios urbanos solamente se preocupaban de las formalidades institucionales y para ello promovieron una renovación legislativa concentrada el 8
de julio con la elección del nuevo cuerpo, que ahora presidia Felipe Ferrando, don Santiago de Palacio era su vice y Tomas Juan de Taboada secretario
Primer reglamento político de 1830 (Achával): El 26 de julio de ese mismo año, siendo gobernador Alcorta, la legislatura sanciono el Primer Reglamento de Organización
Política al no haber Constitución, organizándose los tres poderes clásicos; Ejecutivo seria ejercido por un gobernador, a la vez Capitán General, por tres años, ayudado
por dos ministros, uno de Gobierno, Guerra y Relaciones Exteriores y otros de Hacienda. El Legislativo estaría ejercido por la Sala de Representantes, uno por cada
curato y dos por el rectoral, durando cuatro años en cargo, y el poder Judicial integrado por el gobernador y dos vecinos designados.
Duraría este reglamento hasta que fuese sancionada la Constitución.
Regreso de Ibarra: El General José María Paz, desde Córdoba, reinició las irrupciones unitarias desde las provincias limítrofes. Ibarra envió a la legislatura provincial el
27 de mayo de 1830 la renuncia a su cargo de gobernador.
El cuerpo legislativo, aceptó la dimisión y tomó juramento a Manuel Alcorta como nuevo gobernador, quien aprobó el primer reglamento de organización
política que establecía el gobierno provincial teniendo en cuenta la división de los poderes políticos.
Ibarra se había refugiado en Santa Fe y desde allí planeaba la invasión para recuperar el poder. Santiago se incorporó por la fuerza a la Liga del Interior de
carácter unitaria.
El pueblo en abril de 1831, reunido en un Cabildo abierto designó como gobernador provisorio a Santiago Palacio. Durante su gobierno la provincia se
adhirió al Pacto Federal, firmado por Bs. As., Santa Fe y Entre Ríos.
El Pacto Federal era una alianza ofensivo- defensivo ante el ataque extranjero o de otras provincias, establecía la igualdad de derecho de los nativos de
cada una. Creaba una comisión representativa para firmar tratados de paz, declarar la guerra y conformar los ejércitos. El 19 de julio la Legislatura eligió nuevamente
como gobernador a Juan Felipe Ibarra, pero este, no acepto hasta no tener la autorización del General en Jefe de la Liga del Litoral Estanislao López.
Mientras tanto, don Santiago Palacio seguía, aparentemente, al frente del gobierno, aunque en verdad el poder lo detentaba Ibarra. El 21 de enero de 1832,
palacio se dirigía a Ibarra instándolo a aceptar el gobierno.
El 16 de febrero de 1832, prestó juramento ante la cámara de Representantes como gobernador de la provincia. Se le otorgaba además del mando político,
la autoridad militar, en enero de 1833 suprimió el Cabildo y en 1835 disolvió el poder legislativo.
Segunda etapa Ibarrista: a Ibarra le preocupaba lograr la organización nacional a través de una constitución que organizase un gobierno nacional y lograse la unidad
entre los pueblos. Ibarra le pedía a Rosas por el dictado de una Constitución Nacional aunque a nivel provincial no daba los pasos necesarios para el dictado de la ley
fundamental de la provincia.
En 1832 la municipalidad de la ciudad de Santiago del Estero y reglamentó el funcionamiento de la policía provincial. Mandó a reconstruir las iglesias de la
Merced y Loreto. Sus funciones como gobernador duraba tres años. Ibarra fue reelecto en 1835 por asambleas populares en la campaña, sin límites a su mandato. Eso
implicaba un gobierno vitalicio con la suma del poder público.
Medidas económicas: en 1840 Ibarra recurrió nuevamente a la acuñación de monedas con iguales características que la anterior, las declaró en 1846 moneda feble. Los
productos industriales del Reino Unido que ingresaban a todo el territorio a través del puerto de Buenos aires. Las artesanías textiles santiagueñas y muchas de otras
provincias quebraron en consecuencia.
La Ley de Aduanas dictada por Rosas en 1835 gravaba con altos impuestos los productos importados que competían con los producidos en el país, tales
como cueros, sebo, lana, cuernos, hueso, tasajo y en especial azúcar, café, té, cacao, tabaco, ropa, calzado, muebles, vinos y aceite. Ibarra adoptó una serie de
medidas tendientes a proteger la decadencia de la industria provincial. Comenzaba a desarrollarse en pequeña escala, la producción de manufacturas en cuero. En
1839, Ibarra directamente prohibió la introducción de cualquier tipo de tejido que se elaborase fuera de la provincia y pudiese competir con los ponchos, frazadas y
alfombras autóctonos. Además, de los cargamentos de ferretería.
Nuevos conflictos: Ibarra participó en un conflicto suscitado entre los gobernadores de Salta y Tucumán. Manuel Vicente Maza, gobernador de Buenos Aires, había
enviado a Facundo Quiroga como mediador a Santiago en 1835. Se produjo el asesinato del gobernador salteño. Ante la amenaza de los unitarios refugiados en Bolivia,
los gobernadores de Salta, Tucumán y Santiago firmaron el 6 de febrero de 1835 en la ciudad de Santiago del Estero un tratado de paz y unión al que se adhirieron
posteriormente Catamarca y La Rioja. Luego de permanecer un mes en Santiago, Quiroga emprendió regreso y fue sorprendido por una emboscada en Barranca Yaco.
Revolución de 1840: Libarona que ha trascendido por la fortaleza de su esposa, vino desde Canarias a BS AS donde trabajo como escribiente de la casa de comercio
de Lezica, y de allí se trasladó a Tucumán. Oficiaba también de copista o secretario comercial y tenedor de libros de importantes comerciantes cuando conoció a la
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grácil hija menor de don Santiago de Palacio que visitaba frecuentemente a Tucumán para sus negocios. Libarona ahora traía mensajes desde Tucumán favorables a un
pronunciamiento planificado para el 24 de Septiembre.
Ibarra toma medidas precautorias, entre ellas hizo bajar desde Abipones un contingente de 500 hombres, recluto soldados dispersos en las proximidades de
la ciudad y puso esas fuerzas bajo el mando de su hermano Francisco Antonio Ibarra. En el campamento militar revistaban Santiago Herrera, Mariano Cáceres y Ramón
Roldan, secretamente complotados con Lamadrid, en la madrugada del 24 al 25 de septiembre, reunieron a la tropa e incitaron un pronunciamiento contra el gobernador
Ibarra. Un soldado fiel a su jefe aprovecho la euforia y monto presuroso en busca del coronel Francisco Ibarra el cual dormía en su casa frente a la iglesia San
Francisco. Don Pancho monto de inmediato en su caballo y ordeno comunicar la novedad a su hermano. Sin vacilaciones y demostrando el valor que siempre le
distinguiera, marcho solo hasta el campamento sublevado. En tono severo recrimino la traición. Los ánimos se exaltaron. Herrera reacciono enfurecido mientras los
sublevados rodeaban al coronel Ibarra y lo atacaban a lanzazos ensañándose hasta dejarle muerto. Ni siquiera pudo sacar su espada ante el alevoso ataque y quedo
tendido en el suelo hasta morir desangrado mientras el comandante Rodríguez presenciaba la escena impasible. Después del asesinato de don Pancho, los jefes
rebeldes en misionaron al capitán Herrera para que acompañado de 100 hombres se encargaran de tomar prisionero al gobernador.
Los sublevados acampados sobre la acequia urbana hicieron compadecer a la plaza al juez Pedro Únzaga quien conferencio con Rodríguez y acordaron la
convocatoria popular para elegir nuevo gobernador. Instalado en el antiguo edificio capitular, Únzaga fuertemente custodiado logro el concurso del alguacil Manuel
Arana para que a son de campana se convocara al vecindario. Un reducido concurso ciudadano eligió gobernador interino a Rodríguez, quien sería confirmado según la
intención de los sublevados, por una nueva cámara legislativa. A las 4 de la tarde Rodríguez firmo el acta de sunción gubernativa y presto juramento ante el juez
Únzaga. Dieron lectura a una proclama de adhesión a la coalición del norte redactada por Libarona.
El acta revolucionaria contiene solamente 41 firmas y la suscriben algunos parientes de Ibarra. Don Tomas Juan de Taboada y Ángel Carranza no perdieron
por ello la consideración familiar. Ni los padres Felipe Ferranóz ni Ángel Lobo, o los Palacio rompieron definitivas relaciones con Ibarra. Delego el mando en Únzaga y
mando reunir un empréstito para distribuir esos fondos a la tropa en previsión de reacciones populares. Rodríguez el día 27 hizo abandono de la ciudad. Quedo el
gobernador delegado Únzaga con una pequeña guardia destinada a mantener el tambaleante orden público, en cuanto Rodríguez llegaba al día siguiente a la localidad
de Quisca, cerca de Tucumán en busca de ayuda proveniente del campamento unitario. Ibarra en la campaña logro reagrupar sus fuerzas. Reunió más de 400 hombres
en su campamento de Pitambalá y desde allí mando un avance de 200 soldados comandados por el capitán Simón Luna para retomar la capital. El día 28 posibilitó a
Ibarra dominar los alrededores, luego penetrar en Santiago y hacerse cargo nuevamente del gobierno sin encontrar oposición. La deserción masiva había diezmado las
filas rebeldes. El caudillo volvía sediento de rencor y dispuesto a cumplir el juramento de vengar la muerte de su hermano.
Ibarra actuó sin misericordia cada vez que era apresado alguno de los cabecillas. Tal el caso de Santiago Herrero, que dignamente asumió toda la
responsabilidad del complot, el cual fue cocido a un cuero de buey en posición de cuclillas y poco menos que convertido en una masa informe, atado a un caballo que lo
llevo rondando por las calles. Únzaga y Libaren, retobados en cueros y atados a los naranjales del campamento militar existente sobre la acequia de la ribera,
sobrevivieron para ser confinados en el fortín del Bracho donde Libarona enloqueció antes de morir en 1841. Su compañero Únzaga logró huir pero lo recapturaron y
trasladaron a Salavina donde murió degollado en agosto de 1844. El capitán Mariano Cáceres encontró refugio en Catamarca hasta que la provincia cayo dominada por
el ejército federal de Oribe y este jefe lo envió prisionero ante Ibarra en 1841. Al gobernador Domingo Rodríguez lo detuvieron en Salta y murió también degollado en el
Bracho el año 1845.
Ibarra y la Coalición del Norte: Santiago sufrió durante un año, la ofensiva de la Coalición del Norte. Ninguna pudo hacer frente a la táctica de Ibarra de tierra arrasada.
El excesivo calor y la falta de agua conspiraban a favor del caudillo santiagueño. Ibarra empleaba la estrategia de las montoneras: en el momento menos esperado un
grupo de gauchos atacaba por los flancos y luego volvía a desaparecer en la espesura de los montes. Muy pocas veces les permitía a los contrincantes un
enfrentamiento frontal. Los ejércitos unitarios abandonaron derrotados la provincia, finalmente la Coalición del Norte fue deshecha en la batalla de Famaillá, en
Tucumán, donde Ibarra participó con un ejército santiagueño.
Como consecuencia de la terrible sequía que azotó la provincia entre los años de 1847 y 1848, el gobernador santiagueño recurrió al de Buenos Aires
solicitándole ayuda para su pueblo acosado por el hambre, que encontraba en el éxodo, la única salida. Rosas decidió mandar el monto de dinero equivalente a los
30000 vacunos. Ibarra nombró una comisión encargada de administrar los fondos.
Los últimos años de su vida, pasó el caudillo santiagueño acosado por una enfermedad que iba minando su salud. En 1848 le escribió una carta a Rosas,
solicitándole amparo para el pueblo santiagueño por la proximidad de su muerte, debido a lo avanzado de su edad y sus dolencias. Su deceso recién se produjo el 15 de
julio de 1851.
Revolución y Guerra (Halperin Donghi, Tulio)
En el régimen de Ibarra, la gravitación de las tropas de frontera tiene consecuencias políticas complejas. Son sobre todo los comerciantes de la capital y las
familias también capitalinas dueñas de las escasas tierras que alimentan rivalidad dentro del dominio sobre el cabildo santiagueño que viene del pasado colonial. Es
este sector el que será más perjudicado por las consecuencias de la Revolución. Las ruinas del comercio altoperuano, la escasez de la mano de obra y una decadencia
que es exhibida en las actas del cabildo y tiene su manifestación en el terremoto de 1817.
El sector ganadero ha sido el menos perjudicado, la remonta y alimentación de los ejércitos patriotas, así la coyuntura económica resulta más favorable que
en los tiempos coloniales: la apertura del comercio libre y la devastación de la ganadería litoral aseguran una demanda más sostenida para los pueblos santiagueños. El
equilibrio económico lo acompaña el político militar. 1814 ha colocado a Santiago bajo la directa dependencia de Tucumán, ahora cabeza de la intendencia desgajada a
Salta. La creación de la República de Tucumán agravó la situación, Santiago parece entregada sin remedio a la gobernación de su rival. La oposición de la ciudad y de
las tierras inmediatas se hace sentir en las elecciones para electores de los dos diputados de Santiago. “los ciudadanos de mejor representación” se abstienen a votar y
la mayor parte de los que resultan elegidos se apuran a denunciar la irregularidad del entero proceso. Solo el lector de Matará protesta que todo ha sido normal, Matará
es el centro principal de la frontera de Abipones. Desde 1818 reside allí Juan Felipe Ibarra. Francisco Ibarra es el alcalde para 1814. Román Ibarra lo es en 1817.
La República de Tucumán se disuelve para dejar paso a tres provincias separadas, en Santiago del Estero la posición de Ibarra se hace particularmente
fuerte. Los custodios serán durante el gobierno de Ibarra la base de su poder, poder que se apoya en una fuerza armada permanente, no en milicias movilizadas en los
momentos de crisis.
Ha sido el gobierno de Pueyrredón el que ha hecho a Ibarra comandante de la Frontera de Abipones, ha sido el Cabildo santiagueño que en 1818 propuso
su nombre para llenar la vacante de Teniente de Gobernador.
La estabilidad del gobierno de Ibarra proviene del apoyo que le brinda la fuerza militar de la que ha surgido; su predominio es a la vez el de una región dentro
de la provincia, la militarización de esa región cumple funciones que como la defensa contra el indio son necesarias a la entera comarca santiagueña. En Santiago la
emergencia de la fuerza de frontera como base del poder político proviene, a la vez del predominio militar de ésta, de la crisis de las que podrían ser bases rivales del
poder y en primer término de la ciudad.
UNIDAD 5: LA ORGANIZACIÓN CONSTITUCIONAL
Caseros y el cambio de orientación política (Bazán)
Como en 1820, el vértice del poder había pasado nuevamente al litoral. Todos estaban en la nueva etapa, antiguos rosistas, federales auténticos y
emigrados unitarios que pudieron regresar a su patria gracias al triunfo del 3 de febrero de 1852.
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Manuel Vicente Bustos, Celedonio Gutiérrez y Manuel Taboada, asistieron a San Nicolás y suscribieron el acuerdo junto al hombre que tanto habían
denostado en los papeles oficiales. Debió haber sido consuelo verse acompañados por los rosistas cuyanos Nazario Benavidez, Pedro Pascual Segura y Pablo lucero.
En Salta se había producido cambio de gobierno. Un movimiento popular derroca a José Manuel Saravia (3 de marzo) y elije como sucesor a Tomas Arias. Arias viajo a
San Nicolás, pero no pudo llegar a tiempo para firmar con sus colegas el documento del acuerdo. En Jujuy ocurrió una situación similar, Mariano Iturbe fue desplazado
del mando por una asamblea que el convoco, donde resulto elegido el Dr. José Benito de la Bárcena.
En Catamarca la transición de opero sin sacudimientos bruscos, casi naturalmente.
Navarro tenía la intención de acudir a San Nicolás, pero enfermo gravemente y falleció el 4 de mayo. La sala eligió como nuevo gobernador a don Pedro
José Segura, hombre de militancia federal y eternamente respetable por sus avicas.
El clima de libertad y tolerancia inauguraba la era urquicista y salvo la disidencia ruidosa de Buenos Aires manifestada en su rechazo del acuerdo de San
Nicolás, y en agresivos actos posteriores, todas las provincias se aprestaron a participar del congreso constituyente.
¿Quiénes fueron los diputados que las provincias del norte mandaron a Santa Fe? Salta recurrió a sus figuras patricias: el general Rudecindo Alvarado,
sucesor de San Martin en el Ejército del Perú y el doctor Facundo Saravia, líder del partido Patria Nueva.
Los diputados jujeños también salieron de las filas del partido unitario.
Tucumán designo diputados al Sr. Salustiano Zavalía y al Fray José Manuel Pérez. El primero había pertenecido al grupo de ideólogos de la asociación de
mayo con Marco Avellaneda y Benjamín Villafañe, activos promotores de la coalición del norte contra Rosas.
Santiago Del Estero estuvo representado lucidamente en Santa Fe. El Dr. José Benjamín Gorostiaga tenía escasamente 29 años y, si bien no podía escribir larga
ejecutoria, su talento y saber jurídico fueron la mejor recomendación para asumir semejante responsabilidad. El otro diputado santiagueño fue el Pbro. Benjamín
Lavaysse, hijo de un militar francés, era hombre adinerado y de tendencia liberal.
En Catamarca Fueron designados diputados el presbítero Pedro Alejandro Zenteno y Don Samuel Molina. Este resigno su mandato y el gobierno decidió su
reemplazo con Manuel Leiva.
No hubo más remedio que buscarle un sustituto. No había tiempo ya para designar a un hombre del medio. Zenteno sugirió la designación del General Pedro
Ferre, ex gobernador de Corrientes y uno de los principales voceros del federalismo del Litoral en contra de Juan Manuel de Rosas.
La Rioja envió a Santa Fe al Dr. Regio Martínez.
En el Congreso estaban también todas las ideas políticas viejas unitarias como Zuviría y Del Carril, antiguos federales, como Leiva, Ferre y Zenteno,
hombres de la generación del 37 como Gutiérrez y Zavalía, jóvenes liberales como Gorostiaga, Seguí y Zapata. Eran una síntesis de la historia nacional.
Disputas por la herencia de Ibarra (Lascano)
El mismo día del fallecimiento de don Juan Felipe Ibarra fue convocado el pueblo frente a la plaza mayor por el juez Felipe Santillán para elegir en Asamblea
Directa al suceso gubernativo. Tenían como protagonistas a los propios sobrinos del caudillo, interesados en la gobernación provincial. Reunido el pueblo desde las 15 y
pese a las protestas de los efectos del sector Taboadista, resultó elegido don Mauro Carranza, una afiebrada carrera de nombramientos, ordenes oficiales y festejos
tendientes a consolidar el nuevo gobierno.
Los Taboadas reunían elementos rurales y buena parte de la juventud santiagueña, ansiosa de un cambio que permitiera respirar nuevos aires políticos,
rodeaba a don Manuel Taboada en una fuerza opositora que se organizaba para disputar el poder a los Carranza. Mauro actuó como ministro y gobernador delegado
después de la renuncia de Gondra, tuvo un campo en sociedad con su tío Ibarra, y se sintió naturalmente obligado a sucederle. Buscó afinidades familiares y convocó la
solidaridad política de los amigos del caudillo ante quienes se presentó como su fiel heredero.
Frente a los Carranza se alzaban con similar prestigio los Taboada. Prometían mayores libertades y una transformación del viejo sistema exclusivista federal,
a tono con algunos antecedentes unitarios de la familia y los cambios que presagiaba el pronunciamiento de Urquiza contra Rosas. A Ramón Antonino Taboada lo
mandaron a estudiar a Buenos Aires, donde se vinculó con la conspiración unitaria y en 1940 formó parte de las tropas de Juan Lavalle derrotadas en la batalla de
Quebracho Herrado. Una solicitud de Ibarra ante Rosas le salvó la vida, pero no de la prisión. Huyó a Montevideo y Chile retornando a Santiago alrededor de 1850 con
el perdón tolerante de su tío. Manuel Baldomero fue constantemente protegido de Ibarra. Actuaba como secretario privado, con poder suficiente para mover los hilos
epistolares y armar la sucesión oficial.
El Gobierno de Mauro Carranza (Lascano)
Mauro Carranza, fundado en su condición de albacea (persona encargada de hacer cumplir la última voluntad del difunto y de custodiar sus bienes hasta que
se repartan los herederos) testamentaria, su primera comunicación a los comandantes rurales englobaba en una misma circular la noticia del fallecimiento de Ibarra, su
carácter de albacea, y su elección para sucederle en el mando, entre protestas de lealtad a la causa federal. Por esta fecha se recibieron en Santiago las copias
(después de la muerte de Ibarra) del pronunciamiento de Ibarra; en medio de la difícil situación que enfrentaba Carranza, todavía inestable en el mando y sin prestar
mucha atención a los sucesos nacionales.
El primer acto importante fue la convocatoria a elecciones legislativas con el objeto de reinstalar la junta de representantes que ratificaría su mandato como
gobernador efectivo. Pero la mayoría de los electos respondían a Taboada y la configuración parlamentaria sería opositora al gobernador. Entonces, el 25 de septiembre
de 1851 decretó la nulidad de dichas elecciones. Estos desaciertos exacerbaron los ánimos. Frente a ello, los Taboada ofrecían las alternativas de un cambio. Los
jóvenes de la época, llámense Gorostiaga, Alcorta, Palacio, Lascano, entre otros (algunos de formación liberal), coincidían en su aspiración renovadora alrededor de
Manuel Taboada, el único en condiciones de encauzarla sin despertar sospechas de antifederal.
Manuel Taboada abandonó la ciudad y llegó a la localidad de Remes. Allí le esperaban algunos partidarios y marchó luego a Guasayán hasta reunir tropas
para marchar sobre la ciudad. El 1 de octubre de 1851 llegaron a los alrededores y pusieron sitio a la capital. El 4 de octubre el gobernador Carranza y su hermano
Ángel, partieron a buscar ayuda en Tucumán, y delegaron el poder en don Carlos Achával, pero ante la inutilidad de la resistencia llegó a un acuerdo con los sitiadores.
Resolvieron el cese de las hostilidades, la elección del nuevo gobernador provisorio y el olvido de mutuos agravios. El día 5 una entusiasta Asamblea formada por 158
vecinos, ante el mismo juez Santillán, eligió gobernador a Manuel Taboada y de inmediato tomó posición del cargo.
La época rosista de Manuel Taboada (Lascano)
Taboada comunicó a don Juan Manuel de Rosas su ascensión al mando. No olvidó tampoco la adhesión y lealtad al restaurador, el repudio a las actitudes
del loco, traidor y salvaje Urquiza. El 11 de octubre, reunido el pueblo y el ejército en acto público hicieron el voto solemne de reconocer únicamente a Rosas como jefe
supremo de la Nación investido con la suma del poder, seguida del nombramiento de un representante de la provincia (Eduardo Lahite) ante el gobierno confederado
con el objeto de convertir a Rosas en una suprema autoridad nacional.
Taboada dio posesión a los electos en aquellos comicios anulados por Carranza y constituyó la legislatura con quienes notoriamente estaban de su lado.
Después de 16 años de su extinción, ordenada por el general Ibarra, quedó reinstalado el poder legislativo santiagueño bajo la presidencia de Pedro José Alcorta y el
secretario Damaso Palacio, el 10 de noviembre de 1851. Taboada fue elegido gobernador en propiedad por un período de 3 años.
En esta carrera interminable de adhesiones rosistas y la legislatura se hizo tiempo para considerar vigente el reglamento provisorio de 1830 y propiciar el
estudio de su reforma. Pero de inmediato aprobó el 1 de diciembre dos proyectos remitidos por el gobernador. En el primero, declaraba crimen de alta traición a los
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actos cumplidos por Urquiza, desconociendo su grado militar y su autoridad gubernativa. El segundo testimoniaba el regocijo oficial ante el retiro de la renuncia del
General Rosas que todo el país y la legislatura bonaerense obtuvieran de éste.
Los Taboada parecían ansiosos por precaverse de las amenazas hostilizantes de Gutiérrez, decidido a restaurar en el poder a Carranza. Don Antonino tomó
entonces la jefatura militar. En el paraje de Tronco Rabon destruyó las montoneras de Ramón Ibarra y en Gramilla, a las fuerzas de don Pío Achával, con lo cual
concluyeron las invasiones auspiciadas por Carranza y Gutiérrez.
Días después llegó el parte victorioso de Caseros. Urquiza escribió antes a Santiago. Prometía respetar el orden interno de las provincias y aseguraba que la
lucha se dirigía exclusivamente contra Rosas por la organización constitucional. Y Antonino recién contestará el 18 de febrero de 1852 poniéndose a sus órdenes, una
vez conocido el resultado de la batalla de Caseros.
Manuel envió a la legislatura los documentos referidos al triunfo urquicista y reconociendo a Urquiza libertador de la República. El día 13 de marzo de 1852,
por otra ley, se dispuso la confiscación de los bienes del general Ibarra bajo la acusación de haber administrado los caudales de la provincia arbitrariamente,
desatendiendo sus deberes. Lograban anular los efectos del discutido testamento. En el mismo golpe, liquidaban las funciones de Carranza y cumplían una venganza
mitad política, mitad familiar, congraciándose igualmente con Urquiza. Taboada estuvo en magníficas condiciones para viajar el siguiente mes de mayo al Acuerdo de
San Nicolás. Suscribirlo, hacerlo ratificar y elegir en agosto los diputados al Congreso Constituyente. Los dos representantes santiagueños fueron el doctor Benjamín
Gorostiaga y Benjamín Lavaisse.
Santiago en la Confederación urquicista (Lascano)
Manuel Taboada necesitaba afianzarse y el único obstáculo era la continua oposición del gobernador de Tucumán Gutiérrez. Comenzaron a consolidar
vínculos con la oposición interna de los liberales tucumanos, aprovechando el viaje de Gutiérrez al acuerdo de San Nicolás para tramar una revuelta en junio de 1852 y
reemplazarlo con el coronel Manuel Alejandro Espinosa. La caída de Gutiérrez fue oficializada por el tratado de Huacra, el 7 de agosto, suscripto entre Santiago,
Tucumán y Catamarca con promesas de mutuo auxilio destinado a destruir las últimas montoneras opositoras. Gutiérrez logró retomar el poder al año siguiente y
provocar otros dolores de cabeza a los Taboada.
El gobernador mantenía, por ahora, su alienación con Urquiza y denunciaba a la legislatura la sonada que desconocía la autoridad nacional. En sesión del 20
de octubre se dispuso por ley poner a disposición de Urquiza los recursos de la provincia, para respetar las resoluciones del Congreso Constituyente, contra la secesión
porteña.
Santiago juró la Constitución Nacional el 9 de julio de 1853, aunque el conflicto tucumano- santiagueño subsiguiente impidió que en ambas provincias se
efectuara las elecciones nacionales del 1 de noviembre consagratorias de la primera formular presidencial en el inicio constitucional argentino. Urquiza no contó con los
votos del colegio electoral de Santiago y cuando hubo de elegirse la representación parlamentaria, Antonino hizo ofrecer a través de su amigo Amancio Alcorta, en
Buenos Aires, un diputado nacional, al general Mitre. Éste no aceptó semejante despropósito y entonces el mismo Taboada propuso que los diputados y senadores
santiagueños se eligieran previa consulta entre Mitre y Paz.
Urquiza contemporizó con los Taboada y les hizo objeto de especiales atenciones. En 1855 fue reconocido don Antonino en el grado de coronel mayor del
ejército y dirigió la expedición al río Salado desde Matará donde recibió medallas y premios del gobierno nacional. En 1856, Urquiza también nombró a don Antonino
comandante general de fronteras y jefe de las tropas sobre el Salado.
Todavía estaba en mora la sanción constitucional prescripta por la Carta Magna de 1853 que mandaba en su art. 5° dictar las constituciones provinciales. La
legislatura santiagueña trató de cumplirlo al año siguiente y el objeto se vio demorado hasta una ley del 4 de junio de 1856 que ordenaba la elección de una convención
de diputados constituyentes que debía sesionar en el mes de julio. En las sesiones preparatorias del 30 de julio se eligió presidente a Juan Francisco Broges (hijo), vice
a Manuel Palacio y secretario al médico Domingo E. Navarro, verdadero artífice del texto santiagueño.
La Constitución de Santiago del Estero establecía la división de poderes. Desempeñaría el ejecutivo un gobernador elegido por la legislatura como cuerpo
elector con mandato de dos años irreelegible. El poder legislativo unicameral se integraría con representantes departamentales y de la capital, eligió bianualmente. Los
miembros del Poder Judicial se desempeñarían el tiempo a fijarse por una ley orgánica. Y se adopta el régimen municipal de tipo rural a funcionar en cada departamento
con atribuciones educacionales, asistenciales, de policía, salubridad y caminos, elegido por los ciudadanos de cada departamento. Un total de 58 artículos divididos en 7
capítulos, y una ley de elecciones complementarias donde se declaraba elector a todo ciudadano argentino mayor de 20 años e inscripto en la guardia nacional,
integraba el texto de la primera constitución. Las autoridades provinciales debían respeto y protección a la religión católica, apostólica, romana.
Aprobado el texto constitucional sin observaciones el 29 de agosto en Paraná, la Constitución fue jurada en la provincia el 25 de mayo de 1857. Nadie
recordaba que Taboada había sido elegido gobernador por un período de tres años en 1851. Necesitaron transcurrir seis años para que la legislatura eligiera nuevo
gobernador y una sucesión pacífica permitiera por primera vez la transición legal del mando gubernativo en la provincia. Cumplido el mandato constitucional, resultó
electo el 23 de noviembre de 1857 don Juan F. Borges. Fue el primero de ese carácter y asumió el día 26 iniciando así su período legal. La Legislatura quedó presidida
por Gaspar Taboada. De este modo se consolidó un régimen propio del autoritarismo liberal bajo los más ortodoxos cánones legales, destinado a perdurar hasta 1875,
inspirado en la política del mitrismo, que encontró un sólido puntual en Santiago del Estero.
Imposición de un nuevo régimen (Lascano)
Mitre resolvió con firmeza llevar adelante su programa. A su juicio, el único objetivo de la guerra fue conseguir la caída del gobierno federal, el empleo de la
violencia era inútil contra aquellos gobiernos que estaban dispuestos a aceptar el cambio producido. Tampoco adhería a la posición de quienes propugnaban
intervenciones federales indiscriminadas, abuso que, a su juicio había desacreditado al partido federal. Mitre sintetizo su política en los principios de Nacionalidad,
Constitución y Libertad. Precisando su programa respecto al Noroeste, contaba como su base de poder a Santiago del Estero donde estaban los Taboada, sus
principales aliados.
En Catamarca, la renuncia de Molina y al apartamiento de Navarro, quisieron dar cumplimiento a la estrategia pacifista de los federales. Fue elegido
gobernador Francisco Ramón Galíndez, hombre alejado de los partidismos, un término medio entre liberal y constitucional. Hasta Pavón el liberalismo no había existido
en Catamarca como fuerza opositora.
Mitre ratifico su pensamiento acerca de la inutilidad de la violencia. Marcos Paz siguió el camino limítrofe de Santiago y Catamarca con la intención de
coordinar sus operaciones con Taboada. Hubo una conferencia donde se acordó el nombramiento de Gregorio Moreno y Carmen Gigena para obtener la renuncia de
Galíndez. Los informes de estos agentes sirven para conocer el clima político que se vivía en la Capital. Cuando se publicó el bando que reconocía al comisionado
nacional, la tropa dio vivas a Navarro y a Peñaloza y mueras contra los liberales. Moreno tuvo miedo y esto lo movió a pedir urgente presencia de Marcos Paz con su
columna de 600 hombres.
Restablecida la calma, el 25 de febrero se realizaron las elecciones de gobernador interino que favorecieron a José Luis Lobo, hambre que gozaba de buena
opinión, cuya candidatura había sido aconsejada por Mitre.
Se firmó un tratado por la invasión que había realizado Navarro a Tucumán y Santiago, fue suscripto por Isidoro López (Catamarca), Agustín de la Vega
(Tucumán) y Juan pablo Borges (Santiago), en virtud de cual Catamarca debía devolver el armamento requisado en Tucumán, reconociendo el derecho de sus vecinos
para reclamar ante los tribunales federales contra Navarro y Molina como responsables de la invasión. Llama la atención que Catamarca haya estado representada por
un salteño en la firma de ese tratado.
29
Al iniciarse el mes de abril ya funcionaba la nueva legislatura. El cuerpo procedió a elegir senadores nacionales para permitir la reorganización del gobierno
federal.
Cuando estas elecciones se produjeron Marcos Paz se había ausentado, no sin antes intentar un arreglo con Peñaloza cuya colaboración estimo
indispensable a fin de pacificar a Catamarca y demás provincias del Norte.
Peñaloza marcho a Tucumán solicitado por Gutiérrez, quien quería recuperar el gobierno. Los liberales pidieron a Marcos Paz su urgente intervención.
La batalla del Rio Colorado librada entre las fuerzas de Peñaloza y las milicias de Tucumán del gobernador Campo no fue decisiva. La infantería tucumana
quedo dueña del terreno, pero la caballería fue deshecha en las primeras cargas. Esta circunstancia permitió al Chacho reorganizar sus efectivos y amargar un ataque a
la capital. La amenaza existió durante varios días, hasta que Peñaloza comprendió que carecía de fuerzas suficientes para tomar el gobierno y además controlar el
territorio provincial.
Inicio la retira a La Rioja, mientras, su aliado Gutiérrez, acompañado de reducida comitiva, trataba de llegar a Salta para buscar a protección de su amigo
José María Todd. El Chacho no encontró resistencia en ninguna parte y cuando se internó en Catamarca causo el pánico de los dirigentes liberales.
Levantamiento de La Rioja (Bazán)
La política liberal hallo en la Rioja su más grande tropiezo. Las condiciones políticas y sociales vigentes en La Rioja hacían difícil que se lograra sin violencia
un cambio favorable al liberalismo, ya que este partido constituía una pequeña minoría formada por la gente ilustrada de la ciudad., mientras que Peñaloza era apoyado
por la multitud campesina y un grupo de tenientes distribuidos en el territorio provincial y en las zonas limítrofes de las vecinas provincias.
El general Paunero trazo desde Córdoba la estrategia de dominación militar, la invasión no solo provenía desde Córdoba. Desde San Luis se desprendió otra
columna. El gobernador, Daract puso 200 hombres al mando del coronel Loyola, sumándose un avance de la fuerzas de Rivas desde San Juan. Ante esta situación
Villafañe se rindió. Pocos días después decreto que La Rioja reasumía todas sus facultades y que se encontraba en paz con Buenos Aires, desautorizando los
procedimientos militares de Peñaloza en Catamarca y Tucumán.
La invasión en marcha produjo reacciones de elemento federal. El guerrillero Lucas Llanos, con un puñado de hombres, se pronunció por la resistencia
armada, inmovilizo a las fuerza de Loyola, intercepto las comunicaciones con Paunero y tomo prisionero al Dr. Abel Bazán (ministro general, liberal), una fuerte suma de
dinero que este traía paso a manos de Peñaloza, Paunero ordeno a Rivas que actuara con energía desde San Juan, pero este mando al comandante Aguilar en apoyo a
Loyola y al teniente Sandez hacia Famatina, donde Carlos Ángel se reunía con su gente.
Peñaloza regreso a La Rioja. El gobernador había abandonado la Capital buscando la protección de la fuerza desprendida por Rivas y dejo como delegado
oficial mayor Luis Brac. El caudillo ofreció a Brac su cooperación a contribuir a la defensa de la provincia y el gobernador delegado ordeno la movilización de todas las
fuerzas poniéndolas al mando de Peñaloza. La montonera se puso en campaña. El 11 de marzo sorprendió a Ambrosio Sandez en Aguada de los Valdeses.
Las bajas montoneras fueron numerosas el triunfo de Rivas alentó a este a movilizarse hacia los llanos, posicionándose en Olta buscando al chacho. Todo
este plan de aniquilamiento se completó con el avance desde Catamarca de Arredondo y envió una misión diplomática a cargo del vicario José Facundo seguro este
entrevisto a Peñaloza en los Llanos, no pudo llegar a un acuerdo, puntualizando que solo podría entenderse con marcos paz a quien iba a dirigirle un oficio.
Las montoneras de Carlos Ángel y Severo Chumbita controlaban los caminos e interceptaban la correspondencia. El gobernador Villafañe regreso el 10 de
abril y cumpliendo órdenes recibidas convoco a elecciones de diputados nacionales.
A fines de mayo, la capital fue sitiada y atacada por la montonera de Ángel y Puebla. Durante nueve días se prolongó ese asedio “sitio del 62”. Arredondo,
con la colaboración de Tristán Dávila y Manuel Vicente Bustos, organizo trincheras protegiendo las manzanas que rodeaban a la plaza. Ambos bandos pelearon
duramente. Felizmente, la llegada desde Catamarca del mayor Julio Campos con la compañía de 60 hombres cambio una situación que se hacía insostenible. Valido de
su mejor organización, campos desbarato un ataque llevados por los montoneros, numéricamente superiores. El sitio quedo así levantado con gran alivio de la
población.
Concluida la tregua impuesta por la misión Segura, Rivas fracaso en un intento de envolver a Peñaloza. En el paraje Casas Viejas derroto al coronel Iseas
que quiso interceptarlo al frente de 400 guardias nacionales y quedos sin obstáculos para avanzar hacia la capital puntana. En pocos días pudo reunir 2000 hombres.
Paunero dio órdenes enérgicas a sus subordinados. Rivas debía marchar hasta Quines en apoyo de Iseas y dejar un contingente en Catuna para prevenir el
regreso de Peñaloza a sus predios llanistas.
El 21 de abril ataco Peñaloza a San Luis poniendo en mayor conflicto a su población y gobierno. Ante la demora de los auxilios y la carencia de agua,
decidieron a gobernador Juan Barbeito a negociar con Peñaloza un tratado. El gobierno puntano se comprometió a obtener de Mitre una amnistía para el caudillo, sus
oficiales y tropas, y se obligó a proveerlo de la reses necesarias para el consumo y de un auxilio pecuniario para los soldados. Peñaloza cumplió lo pactado pero cuando
el caudillo se retiraba hacia el norte fue atacado por Rivas, quien le deshizo la retaguardia e inicio una persecución. El Chacho pudo refugiarse en los llanos.
Paunero decide encarar negociaciones buscando una paz honrosa para las armas nacionales enviando a Eusebio Bedoya y a don Manuel Recalde, viejo
amigo de Peñaloza. El 30 de mayo suscribieron un tratado de Paz en la estancia la Banderita. Se reconocía a Peñaloza el carácter de beligerante y se le conservaba el
grado de general de la nación. Por su parte él se comprometía a obedecer al gobierno de Mitre, a disolver los grupos armados y a ser entrega del armamento a la
primera requisitoria.
Paunero y Rivas recibieron con beneplácito de Banderitas, pero Mitre objeto a Paunero que se hubiese consentido la permanencia de Peñaloza en la Rioja.
Al concluir la guerra La Rioja presentaba un estado calamitoso. Las funestas consecuencias de la guerra afectaban al campo social y económico, con un estado de
miseria.
Los primeros gobiernos constitucionales (Lascano)
El gobierno de don Juan F. Borges se cobijó bajo la protección y los propósitos partidistas de los Taboada. Tuvo adecuada preocupación por el fomento de la
educación pública. Fue creada la Junta Central de Instrucción Pública. Dejó fundada la Escuela para Niñas 9 de Julio, dirigida por la educacionista Fructuosa López, la
cual debía admitir dos niñas de cada departamento. Según un informe oficial, existía en la ciudad 4 escuelas de varones con 261 alumnos y 5 de mujeres con 89
asistentes.
Coincidió la actividad educativa con la aparición, el 17 de septiembre de 1859, del primer periódico santiagueño “El Guardia Nacional”, dirigido por Ezequiel
N. Paz. En vísperas de finalizar este período, se efectuaron las lecciones para la renovación presidencial de 1860. El Colegio Electoral santiagueño presidido por
Alejandro Montes otorgó el total de 12 electores a la fórmula Mariano Fraguerio- Marcos Paz, en otra prueba de la sutil oposición de los Taboada a Urquiza. Ya próximo
a cumplir el gobierno Borges, la legislatura eligió nuevo gobernador al General Antonino Taboada. Hallándose fuera de la provincia el electo, debió prorrogarse el
mandato de Borges hasta el regreso e inmediata renuncia de Taboada. La elección de don Pedro Ramón Alcorta el 19 de diciembre de 1859, puso término a los
interinatos.
Alcorta tomó en serio su gobernación. Actuó o pretendió hacerlo independientemente de los Taboada. Los legisladores taboadistas destituyeron al
gobernador Alcorta, quien terminó buscando protección en Tucumán. La crisis institucional obligó al presidente Derqui a decretar la intervención federal a Santiago el 30
de octubre de 1860. El gobernador de Tucumán Dr. Salustiano Zavalía tuvo a su cargo esta primera intervención destinada al restablecimiento de las autoridades
destituidas. Alcorta no aceptó reintegrarse, temeroso de la venganza taboadista y sin solucionar el problema renunció el interventor Zavalía. La legislatura renovada y
dominada por los Taboada eligió gobernador el 24 de enero de 1861 a don Pedro Gallo provocando la airada reacción de Alcorta quien entrevistó al presidente Derqui
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en Córdoba y demandó mayor auxilio militar. Esta confusa crisis llevó al vicepresidente Pedernera a decretar el 6 de julio una nueva intervención y encomendar al
coronel Octaviano Navarro la reposición armada de Alcorta.
Navarro invadió la provincia desde Catamarca, donde le sorprendieron las noticias del triunfo mitrista en Pavón el 17 de septiembre. Antonino Taboada,
envalentonado por la derrota federal, persiguió a las fuerzas nacionales derrotándolas en el Seibal. Manuel Taboada resultaba elegido gobernador de la provincia por
segunda vez y asumía el mando el 8 de junio de 1862. La Legislatura taboadista sancionó el 12 de enero una ley que disponía reasumir la soberanía provincial ante la
caducidad del gobierno nacional. Debian retirarse los senadores y diputados del Congreso de Paraná y se delegaba en el gobernador de Buenos Aires, Mitre, la facultad
de convocar un nuevo congreso y los atributos correspondientes al poder ejecutivo nacional.
El General Taboada se ocupó de reprimir los alzamientos de Chacho Peñaloza en el noroeste, asolado por las invasiones militares de Sarmiento, Paunero,
Rivas y Sandes, enviadas desde Buenos Aires. Taboada obtuvo el triunfo en Mal Paso contra el gobernador chachista el 3 de mayo gracias al cual tomó la capital
riojana. Mitre designó jefe del Ejército de Norte al general Anselmo Rojo, su profesional de mayor confianza. Reconocido en el Mando por Antonino, los Taboada se
retiraron de la campaña contra Peñaloza, circunstancia que les salvó de participar en la ignominia del crimen implacable.
Los Taboada procuraron varias medidas destinadas a lograr numerosas inversiones de capital extranjero en beneficio del progreso popular. La canalización y
navegación de los ríos santiagueños y el impulso a la agricultura.
Habían transcurrido ya los 6 años mínimos que la Constitución de 1856 establecía necesarios como impedimentos de su reforma, y el gobernador Taboada
se propuso impulsar la primera modificación del texto legal. La Legislatura sancionó sin objeciones el 29 de enero de 1864, la ley respectiva, y a partir del 13 de febrero,
sesionó en convención presidida por Juan F. Borges. Esta reforma mantuvo la configuración del Poder Legislativo ampliada con las atribuciones de una comisión
permanente que actuaba durante el receso, como tribunal de juicio político. Aumentó el período gubernativo a tres años y creó una cámara de Justicia convertida en
autoridad superior del Poder Judiacial.
Finalmente, terminó don Manuel Taboada su segundo mandato. La Legislatura presidida por Gaspar Taboada eligió sucesor a don Absalón Ibarra quien
asumió el 18 de junio de 1864. Don Manuel pasó a desempeñarse como ministro porque siempre fue remiso a salir de la provincia.
El gobernador Absalón Ibarra y la guerra al Paraguay (Lascano)
El nuevo gobierno daba la impresión de constituirse mediante un trueque repetido de cargos, Ibarra dejó el ministerio de su primo y pasó a la gobernación.
Taboada dejó la gobernación y se convirtió en ministro de su primo. Esta fue la modalidad predominante del reiterado intercambio de puestos durante el tiempo de los
Taboada.
Una nueva conmoción traerá problemas, críticas y dolores de cabeza a los Taboada: la guerra contra el Paraguay. En 1865, Mitre solicitó reiteradamente la
contribución santiagueña. Solicitó a Taboada una división más destinada a la caballería. Al mes siguiente, desde Concordia, el presidente solicitaba el urgente envío de
los batallones santiagueños y tucumanos puestos bajo mando del general Taboada, y estos iniciaron la marcha en agosto rumbo a Santa Fe por el Paso del Tío. Ibarra
prometía ante Mitre que Santiago mandaría unos centenares más de sus hijos para lavar la ofrenda de Basualdo, lugar de la concentración entrerriana sublevada en
favor de Paraguay. El orden instaurado por los vencedores de Pavón sufrió entonces los primeros y mayores reveses por la guerra impopular. Urquiza no pudo dominar
esas rebeldías y sus reclutas se desbandaron en Toledo y Basualdo. Deserciones masivas afectaron los contingentes Cuyanos, Riojanos, Cordobeses y Santafesinos.
Los Taboada, no obstante, sus bases populares, sufrirán también la más fuerte desautorización a su liderazgo con la sublevación incontenida.
Los dos batallones santiagueños de 800 plazas y el tucumano acampados en el Fortín La Viuda con don Antonino, se diezmaron en la madrugada del 9 de
septiembre de 1865, al darse la orden de ensillar para la marcha, y el grito de “vamos vendidos compañeros” los soldados abandonaron el fuerte y ganaron los campos
en procura de la frontera cordobesa. La rebelión fue sofocada y allí comenzó una inclemente represión.
El vicepresidente Paz consideró conveniente suspender nuevos reclutamientos en atención a la sequía padecida en la provincia, liberándose a los estoicos
santiagueños de participar en las horrendas matanzas de los esteros paraguayos.
El canciller Rufino de Elizalde volvió a solicitar el urgente envío de 500 hombres que debía traer el general Taboada hata Rosario para ser armados y
uniformados allí. Las gentes sin discernimientos volverían a las revueltas con tal de no ser sacados de sus hogares. Estas rebeliones tomaron forma orgánica en Cuyo y
el Noroeste. Fue su punto inicial la revolución de los colorados en Mendoza el 9 de noviembre de 1866, extendida luego a San Juan, San Luis y La Rioja por la acción
de Juan Saá, Juan de Dios Videla y el coronel Felipe Varela, ha llegado desde Chile para acaudillar el movimiento, inspirado en un gran programa de reconstrucción
política y económica federal cuyas bases difunde en un manifiesto que reafirma sus luchas e favor de la Unión Americana. Esta verdadera y compleja guerra interior se
extendió luego a Catamarca y conquistó simpatías cordobesas. Mitre debió dejar el mando del ejército aliado en febrero de 1867 y bajar hasta Rosario con más de 3000
hombres decidido a enfrentar la sublevación.
Antonino es designado inspector de armas en La Rioja y Santiago, e Ibarra debe movilizar la guardia nacional en la provincia. Los gobernadores de Santiago
y Tucumán, Absalón Ibarra y Wenceslao Posse conferenciaron el 23 de enero en Pozuelos para proveer a la defensa de Catamarca y La Rioja acordaron reclutar 3000
hombres de infantería y caballería. El general Taboada debía comandar las fuerzas unificadas y de ahí la sorpresa de Ibarra cuando el ministro del Interior le informó a
designación del general Rojo.
Rojo era el hombre más próximo al mitrismo; su nombramiento no cayó bien. La rectificación vino a través de la aprobación del pacto de Posuelos. Rojo
conservaba la jefatura del ejército, esa jefatura se encomendó a los Taboadas y, al aprobarse dicho documento, aceptaban también sus resoluciones. Rojo marchó a
Catamarca en espera de Taboada, y diplomáticamente se enfermó a tiempo para no participar en la campaña ulterior. Taboada recién en marzo logró reunirse con todos
los hombres del ejército y desde Catamarca marchar sobre La Rioja en espera de Felipe Varela.
La Batalla de Pozo de Vargas (Lascano)
Aquel encuentro tuvo lugar en La Rioja donde Taboada se había fortificado adueñándose del pozo de agua que constituía la única fuente del vital elemento,
cuyo propietario, un señor Vargas, lo utilizaba para la fabricación de Adobes. Aprovechada por el mitrismo probrasilero y centralista que ingeniosamente logró enfrentar
a provincianos de ambos bandos: santiagueños, tucumanos, catamarqueños, riojanos y cuyanos, pelearon como bravos en la estéril contienda. Plena de equívocos fue
así mismo la campaña de Felipe Varela. Estableció su cuartel general en Chilecito, encontrándose con las represas vacías, agobiado por el calor e ignorante de la
derrota del general Juan Saá. Su destrucción en San Ignacio por el coronel José Miguel Arredondo, el 1 de abril, significara la pérdida de Cuyo y el aislamiento de
Varela sin auxilios ni contactos en la región.
El Ejército del Norte sumaba 2000 soldados entre caballería e infantería. La primera estuvo comandada por el mayor Pablo Irrazábal, intensamente odiado
en las provincias por la ferocidad con que participó en el asesinato del general Chacho Peñaloza. El ala izquierda fue puesta bajo el mando de Antonino Taboada,
designado jefe del Estado Mayor, y el ala derecha del ex ministro y abogado santiagueño Amancio González Duran. Dio comienzo la batalla. Varela acababa de ver
morir de sed a su lado tres soldados, cuando mandó romper el fuego y uno de sus dos cañoncitos bocones disparó el primer cañonazo de la jornada. Taboada
terminaba de rechazar el último de varios parlamentos regociadores ofrecidos por sus adversarios y debió soportar a pie firme las cargas de la caballería de Sebastián
Elizondo que rompió todas las defensas hasta arrasar con parque, tropas y documentos del Estado Mayor. Después de tres horas de larga y dura batalla, Taboada
quedó dueño del campo pero sin caballería, e impedido de perseguir a Varela, el cual se retiraba hacia Mesillas.
Finalizada la campaña en La Rioja, y pacificada por el ejército taboadista con la elección gubernativa de don Cesáreo Dávila, Mitre designará al General
Antonino Taboada interventor federal en Catamarca. Desde Santiago también le reclamaban, pues finalizado el período de Absalón Ibarra, la legislatura lo eligió
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gobernador el 8 de mayo de 1867 y fue encargado del mando provisorio su hermano Gaspar. El 23 de octubre don Antonino hizo efectiva su renuncia definitiva, y el 20
de noviembre resultó electo en su reemplazo Manuel Taboada.
Se dio protección e impulso al periodismo local. Se sancionaron leyes jubilatorias y organizativas del poder judicial en 1864, reorganizándose al año
siguiente la Junta Central de Instrucción Pública presidida por el presbítero Sebastián Jesús Gorostiaga. La provincia comenzó a recibir subvenciones nacionales
destinadas a fomentar la educación pública, aplicadas al sostenimiento de 22 escuelas fiscles registradas en el territorio santiagueño. El Cabildo, que sería la nueva
casa de gobierno, constituyó una magnífica obra pública, de dos plantas, que inauguró en 1868 don Manuel Taboada. Mucho del Santiago moderno se le debe a don
Absalón Ibarra quien quiso completar su progreso edilicio con la nueva Iglesia matriz destinada a redondear los contornos de la plaza central, y cuya fábrica comenzó
Taboada en 1868.
Santiago frente a la sucesión presidencial (Lascano)
La renovación presidencial de 1866 puso a prueba el prestigio de los Taboada y la significación política santiagueña en el escenario nacional. Su vinculación
con Mitre se mantuvo inalterable pues pensaban que el enfrentamiento sería De Elizalde y Urquiza, sin darle chance a la candidatura de Sarmiento. Rodo resultó en
vano. Ni el poder oficial de Mitre, ni el prestigio y maniobras de los Taboada pudieron superar la impopularidad de De Elizalde, y el círculo se fue cerrando contra los
caudillos santiagueños que por primera vez en mucho tiempo erraron la partida. Solamente les quedó el protectorado sobre Tucumán, donde una revuelta taboadista
llevó al gobierno a don Octavio Luna, oficial de confianza en Pozo de Vargas, y una reducida parcialidad amiga de Catamarca. La Rioja estaba perdida por intromisión
del coronel José Miguel Arredondo, decidido en favor de Sarmiento. Sus choques con el general Taboada terminaron en un largo pleito de acusaciones mutuas sobre la
actuación de ambos en territorio riojano. En 1868 jugaron la partida en forma total.
Los comicios de electores presidenciales tuvieron lugar el 12 de abril: la reunión del Colegio el 12 de junio. Domingo Faustino Sarmiento obtuvo 79 votos
para presidente de la República, Urquiza 28, De Elizalde 22. Sólo votaron por el candidato de Mitre los electores de Santiago, Tucumán, Catamarca. Sarmiento no olvidó
nunca que estos resultados se debieron a la influencia taboadista. Sin embargo, el gobernador santiagueño intentó un acercamiento al presidente. El 27 de noviembre le
escribe y previene los peligros de una nueva invasión varelista desde la frontera boliviana. Sarmiento, prometido en su respuesta de abstención del gobierno nacional en
política provinciana, aunque enviara al joven oficial Julio A. Roca a Salta. Taboada denunciaba la conducta de Roca en su tránsito por Santiago, reunido con opositores
antitaboadistas para anunciar inminentes cambios políticos.
Taboada sospechaba del plan presidencial contra las situaciones norteñas pues la conducta del coronel Ribas, reemplazante de Roca, despertó recelos en
Tucumán y Catamarca. En mayo de 1869 llegó a Santiago don Regulo Martínez, enviado con el pretexto de traer dinero para pagar tropas fronterizas. Taboada le confió
ácidas críticas contra Sarmiento y los disensos volvieron a tomar estado público.
Aún en medio de sus excesos Sarmiento debe respetar a Taboada. Eran verdaderas protestas contra Roca pues entregó armas a los opositores del
régimen. Pero el complot fue descubierto en los últimos días de 1869, fueron llevados ante la Justicia los hermanos Jaime y Pedro Vieyra, Conrado Alcorta, Gregorio
Santillán, y los jóvenes Jesús Fernández y Absalón Rojas entre otros cómplices, y muchos huyeron de Santiago. No podía ignorarse los ataques de la prensa oficialista
porteña contra los Taboada, y al mismo Sarmiento se le adjudicaron muchos de sus artículos.
Los términos presidenciales recorrerían el país y nutrirán el arsenal contra Taboada, a quien acusa de gobernador perpetuo de Santiago y llama con befa,
Presidente del Norte. La habilidad del ministro Vélez Sarfield hizo entrar en razón al mandatario. Era peligroso e inútil crear un conflicto provincial pues los Taboada
coacervaban su prestigio. Además, el ministro de Hacienda José Benjamín Gorostiaga, pariente de los Taboada, influyó también dentro del gabinete para calmar los
ánimos. Sarmiento debió limitarse a ejercitar venganza aislando a Santiago de sus cambios civilizadores. En 1869 mandó realizar los estudios y el trazado ferroviario
entre Córdoba y Tucumán. La construcción del ferrocarril Central Norte, buscaba conectar las provincias del Norte con el centro y el Litoral argentino. Resuelto
técnicamente el itinerario seguido, el presidente lo modificó desviándolo en una recta por las salinas cordobesas. Apenas si contemplaba su paso en territorio
santiagueño de Quilino a Frías, límite oeste de Santiago y Catamarca. La capital más antigua del país quedó marginada del trazado férreo orientado por el propio Estado
argentino.
En lo personal, Sarmiento separó al General Antonino Taboada de la comandancia de Fronteras, al nombrar nuevo comandante en jefe, el 13 de febrero de
1870, al coronel Manuel Obligado. Fue otro acto mezquino que permitió el deterioro y abandono de los fortines defensivos, la desprotección fronteriza, pérdida de
haciendas tierras labradas, con graves consecuencias para la campaña santiagueña, norte santafesino y Córdoba. El primer Censo Nacional efectuado en 1869, dio a
Santiago una población de 132898 habitantes y 7775 a su capital. Ocupa el cuarto puesto de la demografía argentina después de Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos.
El fin de una dinastía (Lascano)
Ávidos de incorporarse al progreso nacional, los Taboada suscribieron a la provincia con acciones en empresas ferroviarias. La Legislatura autorizó 500
acciones con la empresa constructora del ferrocarril Gran Chaco en 1870. El 25 de julio se firmó contrato con esta empresa para el tendido de un ramal entre Santiago y
la Esperanza (Santa Fe), y al mes siguiente la provincia otorgó concesión a otro emprendimiento ferroviario que, por la costa del Paraná, unirá Santiago con Goya
(Corrientes).
Durante su mandato, Don Manuel Taboada inauguró el canal de Loreto entre el Río Dulce y el Río Manso, se dieron concesiones para cultivar el nopal y la
elaboración de cochinilla, para establecer un molino a vapor, y una línea telegráfica Santiago-Catamarca. La provincia participó en la exposición Nacional de Córdoba
con sus productos típicos y el 1 de diciembre de 1870 terminó lo que sería el último período gubernativo de Manuel Taboada. Pacíficamente transmitió los atributos del
mando a su ex ministro Alejandro Montes.
Montes aprovechó la primera ocasión y viajó a Córdoba en procura de otros aires e incurrió en las sospechas oficialistas. Una manifestación celebrada el 21
de junio de 1871 marcó la ruptura abrupta al encabezar el mandatario los vivas a la libertad efectuados ante la columna de la plaza santiagueña. Sus amigos solicitaron
prontamente cesantías administrativas y requirieron nuevas lealtades políticas. El 23 de junio, Montes abandonó la ciudad y la Legislatura le destituyó mediante juicio
político.
Montes intentó convocar la solidaridad de los gobiernos provinciales, la intervención de Sarmiento y el apoyo del ministro del Interior, a quienes hizo saber
que los caudillos Taboada le habían derrocado. El 14 de julio, Sarmiento contestó acongojado porque la existencia del Congreso le impedía intervenir Santiago.
La Legislatura ya había elegido gobernador el 26 de junio a don Juan Frías. Asumió el día 27 decidido a completar el período local. El 7 de septiembre
dejaba de existir don Manuel Taboada (después de un violento ataque de neumonía). Así terminó la figura más representativa de aquella dinastía familiar. Privado ahora
de su mejor cabeza política, el sistema taboadista siguió funcionando con bastante inseguridad. Don Antonino, siempre en sus estancias, velaba las armas como
comandante general de las milicias provinciales, y Gaspar veía acrecentar sus negocios, gozoso de la paz lugareña. Absalón Ibarra dejaba la senaduría nacional y
volvía al ministerio de gobierno en 1872 para suceder a Luciano Gorostiaga. Terminado el período constitucional de Frías, la Legislatura eligió gobernador por segunda
vez al mismo Ibarra, y este asumió el mando el 1 de diciembre de 1873.
Frías fue recompensado con la consabida banca del senado, que ocupó de 1874 a 1883, a su paso por el gobierno dejó concretadas la inauguración del
telégrafo nacional y se creó la Escuela Superior de Niñas 9 de Julio. Una ley provincial dispuso la formación de distritos escolares en cada departamento encargado de
vigilar y hacer cumplir las normas referidas a la instrucción pública. Ibarra sucedió a Frías en mandato acortado por los acontecimientos nacionales conmovidos ante la
sublevación mitrista, sus acciones militares y el triunfo presidencial de Nicolás Avellaneda. En su breve gobierno promovió reparaciones de los templos de la Merced y
Santo Domingo, la construcción de un Hospital y asilo de mendigos, la instalación de sucursales de los Banco Nacional e Hipotecario, el embellecimiento de la plaza
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principal, y el trazado de nuevos pueblos en la campaña delineados por el ingeniero Alberto Monnier. Los correos nacionales vincularon la capital interior con un sistema
regular y eficiente de comunicaciones.
Caída del Taboadismo y persecución oficial (Lascano)
Los acontecimientos nacionales precipitaron la caída del taboadismo y su sistema político. Acusado de perpetuo nepotismo, mantenía la adhesión de las
masas santiagueñas para quienes las amenazas a la libertad, la represión opositora y la persecución del adversario no eran acusaciones válidas. Absalón Ibarra debió
afrontar la ardua lucha de la renovación presidencial requerida por Mitre o las posibilidades de acercarse al oficialismo, ahora que Sarmiento buscaba adhesiones y
quería imponer su sucesor.
Necesitado del voto taboadista, el mitrismo buscó a través del ex gobernador correntino Santiago Baibiene la adhesión del general Antonino Taboada.
Sorpresivamente respondió este en marzo de 1874 declarándose prescindente en la lucha electoral.
No obstante, esa actitud pública, el gobernador Ibarra hizo votar a los electoral santiagueños por la fórmula Mitre- Torrent que alcanzó 79 votos de Santiago,
Buenos Aires y San Juan, frente a los 145 que Avellaneda- Acosta lograron en las provincias restantes. Estos resultados no serían reconocidos por el mitrismo, lanzado
a la conspiración revolucionaria estallada el 24 de septiembre. Las fuerzas de Arredondo en Cuyo, de Mitre y Rivas en la provincia de Buenos Aires, esperaron entonces
el refuerzo de los santiagueños para caer sobre Córdoba, aunque Ibarra y don Antonino desmintieron ofrecimiento alguno. El gobierno santiagueño se llamó a silencio.
Quizás Ibarra pensó en otra hábil evolución hacia el presidencialismo. Pero Ibarra debió renunciar como mal menor el 31 de diciembre. La Legislatura eligió
gobernador ese mismo día al doctor Octavio Gondra, amigo de los Taboada y también de Avellaneda. Gondra nombró sucesivamente ministros a don Martín Ruíz
Moreno y después a don Lisandro Santa Ana, don Rafael de la Plaza y don Gregorio Santillán en el último intento de congraciarse con la oposición. El día de su
designación Santillán fue elegido gobernador en reemplazo de Gondra.
El gobierno santiagueño ya había nombrado al comandante Félix Cordero comisario general encargado de asegurar la libertad comisional, pero todo resultó
en vano. Avellaneda y Alsina, sin decreto legal ni sanción legislativa, resolvieron una intervención militar a la provincia, atentatoria de sus derechos autonómicos. Ello
ocurrió el 28 de marzo de 1875 fecha consagrada por sus enemigos como del derrocamiento definitivo de los Taboada, y elevada a categoría histórica al bautizar con
misma un departamento de la provincia.
Las fuerzas militares ejercieron una cruel represión contra el Taboadismo. El general Antonino Taboada debió fugar por los montes de Salta, y austeramente
empobrecido, fijó residencia en Tucumán donde murió en 1883. Su hermano Gaspar buscó refugio en Catamarca para huir de las partidas asesinas que invadieron sus
propiedades, arrearon haciendas y los cueros de sus barracas. Murió en 1890. El ex gobernador Ibarra permaneció detenido en el Batallón 9 e insolentemente vejado,
abandonó la provincia para siempre. Acosado por las deudas y por la crisis del 90, se suicidó.
Las tropas tomaron como cuartel la casa de los Taboada frente a la plaza y un nuevo elenco formado en gran medida por los jóvenes emigrados comenzó a
ocupar cargos públicos: ministro el doctor José Baltasar Olaechea, y Pablo Lascano, presidente de la Cámara de Justicia Manuel Cornet, fiscal del Estado Juan
Francisco Iromain. Entre los diputados e influyentes figuras como Absalón Rojas, Francisco Olivera, Damaso Palacio, etc., integraban una nueva generación liberal, de
corte pragmático y positivista cuyo signo político coincidirá después con el roquismo, aunque también sufrirá divisiones, construcciones y enmiendas al paso del tiempo.
Proto-Estado: al indagar sobre la conformación del Estado santiagueño “como un aspecto constitutivo del proceso de construcción social, al decir de Oszlak, emerge
una etapa previa q la que denomino el Proto-Estado taboadista. Indudablemente, no se puede llamar Estado provincial al frágil sistema que se fue conformando en un
periodo de reacomodamiento a un nuevo orden (matizado con guerras civiles), en donde faltaba todo por hacerse, en el que imperaba el desorden.
Arnaud (desde una perspectiva marxista) sostiene que el Estado recién se forma cuando se integra económicamente en el mercado mundial y se introducen
las relaciones capitalistas de producción. Desde esta perspectiva, teniendo en cuenta esta premisa, no se puede considerar a las instituciones gestadas durante el
taboadismo como pertenecientes propiamente a un Estado. La formación del Estado supone la conformación de instancias políticas que articulen la dominación en la
sociedad y la creación de instituciones independientes que materialicen su ejercicio. Durante la dominación taboadista todavía no se había logrado consolidar totalmente
la ruptura con el sistema institucional existente, en el que perduraban instituciones y prácticas del antiguo régimen y del caudillismo ibarrista, favorecidos por la
precariedad institucional, el aislamiento, los insuficientes recursos económicos, la escasa y dispersa población, la falta de unidad idiomática y monetaria y,
especialmente, por la pervivencia de antiguos modos de producción pre-capitalistas. La continuidad de formas caudillistas y el sistema de patronazgo, puesto de
manifiesto en las prácticas políticas, reforzaban las condiciones preexistentes.
Nuevos estudios de la historia de Santiago del Estero (Carrizo, Julio)
Las finanzas en la etapa taboadista se identifican dos períodos entre los años 1858 y 1875. El primer período comprendido entre los años 1858 y 1864,
preveía un elevado desequilibrio presupuestario ya que los ingresos eran sustancialmente inferiores a los gastos, en el segundo período entre 1858 y 1875 se estima un
equilibrio presupuestario. Un tercer período, se identifica entre los años 1851 (desde el momento en que los Taboada asumen el poder de la provincia) y 1857 (comienza
a aplicarse un nuevo esquema impositivo por los cambios generados por la Constitución Nacional de 1853).
A la muerte de Juan Felipe Ibarra, la familia Taboada se hizo cargo de la gobernación de la provincia, si bien hubo gobernadores con otros apellidos, o
estaban emparentados con las familias dominantes o respondían a su influencia; sin este último requisito no podían permanecer en el poder, la etapa comprendida entre
el ascenso al gobierno por parte de Manuel Taboada (1851) y la intervención militar que los desalojó del poder (1875) puede ser denominada como la etapa de la
hegemonía taboadista.
Dice Tenti, quienes gobernaron la provincia era un grupo familiar en cuya cabeza se encontraba Manuel Taboada (el político) acompañado de sus hermanos
Antonino (el militar) y Gaspar (el financista) junto a sus otros parientes, Juan Francisco Borges, y Absalón Ibarra, entre ellos alternaban el poder en los cargos de
gobernador, ministro, diputados (nacionales y provinciales) y la jefatura militar.
Manuel Taboada se hizo cargo del gobierno el 5 de octubre de 1851, luego de derrotar a las milicias de Mauro Carranza, después de la muerte de Juan
Felipe Ibarra. Hasta 1853 se mantuvo el mismo esquema impositivo de la etapa ibarrista, basado en la percepción de tributos indirectos aplicados al comercio, aunque
con una caída importante en la recaudación de los ingresos ordinarios (efectos ultramar, derecho de tránsito, papel sellado, venta de tierras públicas, etc.) La
importancia de los impuestos indirectos aplicados al comercio durante la época de Ibarra, donde tres tributos, efectos de ultramar, frutos del país y derecho de tránsito,
concentraban más del 77% de la recaudación total.
Según Silvia Palomeque, los diversos impuestos al comercio fijaban tasas a la exportación de productos santiagueños como trigo, maíz, cueros, suelas,
maderas, ponchos, grana, cera, mulas, caballos y yeguas con destino a Salta, Tucumán, Córdoba y Bs. As.; a su vez, desde Santiago se importaba alumbre,
aguardiente, vinos y pasas desde San Juan y La Rioja; tabaco, azúcar, suelas, ajíes, pasas, vinos y áperos desde Tucumán y Catamarca, y efectos de ultramar desde
Bs. As. En la percepción del derecho al tránsito de carretas era importante la recaudación que se lograba por el tráfico comercial entre Tucumán y Bs. As.
En cuanto al gasto público en 1852 y 1853, hubo un claro predominio del gasto militar. Estos primeros años del gobierno de Manuel Taboada, las
erogaciones en el área militar y en gobierno representaron entre el 60 y 80% del gasto total. Al entrar en vigencia la Constitución Nacional de 1853 se modificó el
sistema impositivo vigente en las provincias y en la Nación. Con la libertad de circulación y libre tránsito interior, quedaban abolidas y prohibidas las aduanas de
provincia.
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La Constitución santiagueña de 1856, en su artículo 17 otorgó a la Sala de Representantes las siguientes atribuciones fiscales: imponer contribuciones
directas, indirectas, y extraordinarias, siempre que el bien de la provincia lo exija. Dar o negar su aprobación a los contratos o empréstitos que afectan al Tesoro
Provincial, y autorizar al Ejecutivo para la compra de objetos de utilidad pública. Disponer y reglamentar la venta de tierras de propiedad pública. Crear o suprimir
empleos o arbitrar medios para la creación y fomento de escuelas, hospitales y otros establecimientos de utilidad pública. Sancionar el presupuesto de gastos de la
administración y aprobar o desechar las cuentas del año económico anterior. Por el artículo 29 se concedía al Poder Ejecutivo atribuciones de índole fiscal; es el
administrador de las rentas públicas, siendo el responsable ante la Sala de Representantes de su inversión. Presenta todos los años a este cuerpo a más tardar ocho
días después de abierta sus sesiones, el presupuesto de gastos y la cuenta de inversión de fondos del año económico anterior.
Las transformaciones impulsadas desde el Gobierno Nacional afectaron al Estado santiagueño, en 1854 ya no se continúa cobrando la alcabala a los efectos
de ultramar, la alcabala a los frutos del país y el derecho de tránsito, obedeciendo a las disposiciones constitucionales.
Cobraron importancia como fuentes de recursos los ingresos extraordinarios: empréstitos voluntarios y forzosos, venta de tierras fiscales y el dinero remitido
por el Gobierno de la Confederación, que se había comprometido a financiar el déficit que generaría en las provincias el nuevo sistema tributario establecido por la
Constitución Nacional. Esos ingresos extraordinarios cubrieron el 51% del gasto total en 1854, y entre 1856 y 1859 representaron el 80% de la recaudación total del
período. Los tributos directos de patentes y contribución directa, apenas recaudaron el 8,6% de los ingresos totales de 1859. Como los recursos totales no alcanzaban a
cubrir los gastos aprobados, se fue acumulando la deuda pública provincial.
La estructura burocrática del Estado santiagueño para recaudar tributos era mínima. En primer lugar, se encontraba el Tesoro General, funcionario a sueldo
del gobierno, luego una comisión de Hacienda, integrada por el tesorero general, el juez de Alzada y el Fiscal de Estado.
Manuel Taboada en 1869 dispuso la creación del cargo de Inspector de Rentas para mejorar el control sobre los receptores de rentas. Los otros impuestos
directos fueron el de patentes y el de sellos. El de patentes fue sancionado en 1857; se cobraba a todo individuo que ejerciera en la provincia un ramo de comercio, arte,
industria o profesión. En cuanto al impuesto sobre el papel sellado, fue sancionado en 1859 y se aplicaba a todo documento que contenga obligación, promesa o acto de
cualquier naturaleza que se refiera a dinero, a cosas apreciables en dinero o que importe un interés o un derecho; este también se abonaba en función de la cantidad de
dinero implicada. En todo el territorio de la provincia, debía usarse el papel sellado de cinco clases y según una escala cuyo valor variaba con el monto que se
estipulaba en el documento. Otros ingresos importantes en 1863, eran los aportes del Tesoro Nacional, cuyos valores oscilaron entre el 20 y 35% de los ingresos desde
1865 hasta 1875 y la venta de tierras públicas que ascendía a más del 50% de la recaudación efectiva, por lo que fue el ingreso principal de la etapa taboadista.
El Estado santiagueño realizó modificaciones en la legislación tributaria y en la organización burocrática para hacer más eficiente la recaudación. Los
impuestos municipales se aplicaban a carretas, venta de cueros, derechos de pontazgo, de piso, de degolladura, compraventa de ganado, de uso del agua de las
acequias, de alumbrado, corrales públicos, a los animales de carga, de barracaje, al consumo de bebidas espirituosas.
Los resultados fiscales durante la etapa taboadista: fue Manuel Taboada quien hizo sancionar la Constitución santiagueña de 1856, donde se estableció la
obligación de que el Poder Ejecutivo hiciera aprobar anualmente los presupuestos de la administración provincial. La evolución de los ingresos, de los egresos, y los
saldos, durante la etapa de 1858-1875. Se puede identificar dos períodos: el primero se extiende desde 1858 hasta 1864; y el segundo desde 1865 hasta 1875, la
principal diferencia es la magnitud del déficit fiscal. En el primer período, los ingresos apenas alcanzaban a cubrir el 36 y 64% de los gastos, mientras que para el
segundo se estimaba en los presupuestos que los ingresos cubrirían entre el 95 y 100% de los egresos anuales.
Sobre la deuda pública, a principios de 1859 el Estado tenía una deuda de $69223 plata bolivianos, correspondientes al período de 1851-1858. El gobierno
de Borges redujo este monto a $41000 mediante la cancelación de deuda por $29879 de la venta de tierras fiscales. Responsabilizó a la Nación por $12977 de la deuda
por gastos militares e incrementó en $8537 la deuda por no abonar todos los sueldos a los empleados del Estado. Para saldar la deuda el gobernador Borges emitió
billetes de Tesorería por $45000 que podrían ser utilizados para pagar impuestos y para comparar tierras fiscales, y que rendirían un interés anual del 6%. El
gobernador Luis Farías pudo decir en 1873 que la provincia es la primera en la República que da el ejemplo de tomar sobre sí y pagar, incluso los intereses, las deudas
de la época de la guerra civil. En 1873 se contrajo un crédito de $120000 con el gobierno Nacional, para construir obras de defensa que protegían a la ciudad capital de
las inundaciones del Río Dulce. Se hace presente la venta de tierras públicas para acceder al endeudamiento y para cumplir con las obligaciones que la misma imponía.
Los Taboada en el Poder o el Poder de los Taboada (Tenti, María Mercedes)
La muerte de Ibarra en 1851 y las disputas entre sus parientes, su sobrino Mauro Carranza y los hermanos Taboada por la sucesión de poder terminó con la
derrota del primero y el triunfo absoluto de los segundos que les permitió controlar la provincia por más de dos décadas. El clan Taboada estaba fuertemente
consolidado y distribuidas las funciones entre sus integrantes. Manuel el político, había aprendido el manejo de la cosa pública al lado de Juan Felipe; Antonino el militar;
y Gaspar el financista, manejaba el patrimonio familiar con habilidad poco común para la época, en una provincia como Santiago del Estero, sujeta todavía a una
economía tradicional, ganadera y comercial.
Con los Taboada encontramos al nuevo orden liberal, comenzado a delinear a partir de la sanción de la Constitución de 1853 y afianzado con el triunfo de
Mitre en Pavón en 1861. Antonino se transformó en el brazo armado del mitrismo en el norte. Tanto Manuel como Antonino ambos representaban sus intereses propios
y los de la familia, que hacían coincidir con los de la provincia, manejada por ellos, sus amigos y parientes, dominaba la hegemonía militar. El fenómeno del caudillismo
va de la mano del clientelismo y de las relaciones familiares. En el caso de los Taboada, la red familiar jugó un rol importante ya que muestra conexiones que permiten
interpretar los juegos de alianzas y de poder que se dieron a lo largo de la dominación taboadista. El tipo de organización respondería a lo que se denomina Familia
Patriarcal en la que la cabeza familiar sería Manuel Taboada.
Santiago del Estero a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX: el aislamiento en que se encontraba la provincia, su decadencia económica, su frontera estaba
amenazada por los ataques de los indios, con una población eminentemente rural, había consolidado a una clase dirigente compuesta por hacendados y comerciantes
que subordinan a los campesinos, mano de obra barata y abundante, con los que establecían relaciones paternalistas. Poblada de los bosques de quebrachos,
algarrobos, talas y otras especies arbóreas, las maderas eran utilizados para la construcción de viviendas y para leña. En las salinas crecía en jume, con el que se
fabricaba ceniza y jabón. Aprovechando las inundaciones se cultivaban cereales para el autoabastecimiento y la obtención de ciertos excedentes que permitía el
comercio harinero. En las zonas cercanas a la capital se cultivaba caña de azúcar. Se consumía tabaco de Tucumán y de la cochinilla se obtenía el color grana para
teñir los tejidos artesanales: la cochinilla también era utilizada como producto comercial. Se obtenía la denominada miel de palo; el ganado vacuno se criaba en menor
cantidad, su reproducción a veces se veía limitada por las sequías que asolaban la zona por largos meses. Había pocos caballos y grandes rebaños de cabras y ovejas,
se domesticaba la chuña, ave apreciada por sus plumas y su carne. La industria manufacturera no se había desarrollado, “las mujeres de Santiago tienen una gran
habilidad en el bordado, en ningún lado se borda servilletas, enaguas, puntillas de algodón. De una delicadeza tan notable. Se fabrican también ponchos, colchas
teñidas con ricos colores, estos tejidos son hechos con la ayuda de un telar”.
A la margen izquierda del Salado, el “desierto” habitado por tribus nómades, al sur las salinas creaban una frontera natural, difícil de avanzar. En 1857 se
asignaba a la provincia 77575 habitantes. En el primer censo durante la presidencia de Sarmiento, la cifra total para la provincia era de 132898. El número de
extranjeros era ínfimo, la provincia permaneció al margen de las grandes corrientes inmigratorias. La mayoría de la población hablaba quichua.
Luego que Manuel Taboada asumió la primera gobernación se produjo el derrocamiento de Rosas. Así firmó el acuerdo de San Nicolás y envió como
representantes santiagueños al Congreso Constituyente a José Benjamín Gorostiaga y al clérigo Benjamín José Lavaisse (liberal). La difícil transición de la etapa
ibarrista a la taboadista se centró en la figura de Manuel Taboada que detentaba un poder hegemónico, al tener subordinaba la Legislatura y al Poder Judicial. Un
mínimo grupo dirigente alternaba en los principales cargos y persistían rasgos de violencia política en contra de los opositores, muchos de los cuales tuvieron que
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buscar el exilio como alternativa. La fuerte alianza consolidada por la potestad política, económica y militar, se ampliaba con sus allegados que conformaban una variada
clientela, perteneciente al grupo de notables y, además a sectores subalternos.
No descuidó la articulación con los sectores populares. Se dio lo que se denomina la “ruralización de las bases del poder y militarización y barbarización de
la cultura política de la revolución”.
El ordenamiento político sustentado en el apoyo del poder central, durante la presidencia de Mitre, el control militar y parte del político del noroeste pasó a la
familia Taboada. Su poderío militar se basaba en el control de la Guardia Nacional asignada a la protección y avance sobre la frontera del Chaco y por otro, a la tarea de
pacificación, organizada por el mitrismo, en las provincias de Tucumán, Catamarca, La Rioja y Córdoba. La relación armoniosa entre la élite nacional y la local comenzó
a deteriorarse a partir de la presidencia de Sarmiento, y culminó con la intervención armada mandada por Avellaneda, en 1875, luego de la muerte de Manuel.
Las estrategias empresariales frente a los nuevos modelos productivos (Nueva Historia)
El conjunto de factores, entre los que se destacan el desarrollo del sistema ferroviario y el afianzamiento del mercado nacional y del Estado-Nación, el
debilitamiento y desestructuración de los antiguos circuitos mercantiles que producirá una crisis, de la cual surgirán dos nuevos modelos, el agroindustrial vitivinícola en
Mendoza y San Juan y el azucarero en Tucumán, las restantes provincias del Norte, que posibilitaron a ambas regiones adaptarse notablemente a las nuevas
condiciones del mercado y acoplarse con el relativo éxito al modelo agroexportador cuyo auge despuntaban esos años.
El sector azucarero se perfilaba ya en los cincuenta y los sesenta como el más dinámico y rentable, atribuyéndole al ferrocarril el haber desempañado la
función de disparador de ese proceso.
En 1861 las expectativas en torno a la explotación industrial de la caña de azúcar eran generalizados, los testimonios son coincidentes es destacar la
elevada rentabilidad que ofrecía la actividad.
El abaratamiento de los fletes con la irrupción del Ferrocarril Central Norte, su gran capacidad de carga y el efectivo acortamiento de las distancias desde el
puerto de rosario facilitaron la importación de maquinarias eximidas de todo impuesto aduanero en 1876.
El rol de Estado fue clave en la protección y fomento del nuevo modelo productivo. No solo hacerse cargo de la construcción de línea férrea desde Córdoba,
sino que también modernizando el sistema financiero, reduciendo las elevadas tasas de interés y otorgando los créditos para solventar las cada día mayores inversiones
que exigía la importación de maquinaria, las obras civiles y la extensión del área de cultivo.
La trascendencia de los mismos podrá aquilatarse mejor si se considera que también se manifiesta en Jujuy, Salta y Santiago del Estero, provincias en las
cuales entre los setenta y los ochenta se pusieron en marcha o se modernizaron totalmente más de una decena de ingenios azucareros.
El ferrocarril promovió, además, la valorización de las tierras, así como la introducción de equipo técnico, agregado a ello, el libre flujo de la mano de obra,
los altos salarios iniciales que abrieron posibilidades de ahorro y capitalización, la difusión del crédito institucional.
La inserción de los empresarios en el nuevo modelo productivo respondió a estrategias lógicamente concebidas: la utilización del crédito y la inversión en la
etapa agrícola, distribuida en explotaciones de distinta localización para minimizar el riesgo de desastres naturales y para mantener las formas de control social, con
grandes ganancias por la demanda creciente y los subsidios del estado.
El perfil azucarero y el vitivinícola mendocino significaron la consolidación de una economía capitalista.
La educación (Bazán)
La constitución nacional sancionada en Santa Fe, art 5°, imponía como obligación de las provincias asegurar la educación primaria gratuita junto con la
administración de justicia y el régimen municipal.
Hasta ese momento, la enseñanza elemental había sido atendida generalmente por escuelas conventuales pertenecientes a las órdenes religiosas. Pero
ahora la educación primaria pasaba a ser obligación de los Estados provinciales en virtud de la norma positiva acordada en Santa Fe. El problema no fue de fácil
solución debido a las carencias presupuestarias, la supresión de las aduanas interiores abrogo los derechos de transito que ellas recaudaban y constituían el principal
ingreso de la renta provincial.
Las provincias debieron crear su propio sistema rentístico para sufragar los gastos concernientes al funcionamiento de su administración.
La actividad del puerto de Rosario, el cobro de derechos diferenciales para el comercio de importación y la gestión de empréstitos fueron arbitrios con que el
gobierno de la Confederación quiso resolver sus estrecheces financieras.
En las provincias del Noroeste, el cumplimiento de la obligación constitucional de sostenerdicho sistema fue tarea ardua como lo fue también organizar las
instituciones y la administración de las provincias de Santa Fe, al dictar la Constitución, aprobaron normas cuyos cumplimientos no estaban todavía preparadas. La
política y la guerra habían sido durante muchos años las preocupaciones dominantes y no era fácil cambiar esos hábitos de la noche a la mañana. Muchos gobernantes
no comprendieron que la educación popular era el camino para producir el cambio, fue preciso organizar un sistema desde sus cimientos: dotarlo de un fondo propio,
crear escuelas, formar maestros, sancionar una legislación escolar y aprobar planes y programas de estudio.
Catamarca fue la primera provincia que formulo una política educativa orgánica y logro sostenerla, pese a su progresivo empobrecimiento, hasta la nación
acudió en ayuda de las provincias mediante la creación de las escuelas Laínez.
UNIDAD 6: EL ORDEN CONSEVADOR
Las burguesías regionales (Fernández, Sandra- Nueva Historia)
Los espacios regionales argentinos fueron redefinidos en la segunda mitad del siglo XIX, por alta diversificación en inversiones, actividades económicas y
especulativas.
Un nuevo grupo social dominante comenzó a consolidarse de manera lenta y sistemática en este mismo periodo formado por distintos sectores de
comerciantes, hacendados y financistas.
La construcción de un modelo de desarrollo centrado en la producción de bienes primarios, en donde la idea de progreso dejo en manos de una burguesía
de propios y extraños, que no dudo en desplegar una amplia trama y estrategias de inversión, y en ocupar espacios públicos.
El conjunto de las actividades económicas de estos grupos se caracterizó por una ductilidad y polivalencia extremas que le permitieron disfrutar hasta el
límite los recursos del mercado.
La periodización de este proceso tuvo como base la particular coyuntura iniciada en la Confederación y cuyo limite la consolidación en los ochenta del
régimen oligárquico. El periodo va desde 1850 a 1880 es una estructura previa para el sostén de un indiscutido modelo social, económico y político oligárquico.
Las estrategias familiares fueron las formas más comunes de asociación y relación, la familia representaba una institución económica decisiva, acumulación
constante y sistemática de los distintos grupos comerciantes y productores. Los burgueses eran personajes interdependientes y jerárquicos, validada por mecanismos y
estrategias en acción.
Los burgueses del periodo resolvieron con la regla de oro su economía “cargos públicos igual a negocios privados”.
Las distintas burguesías provinciales conformada por estos viejos hombres, identificados con sus raigambre colonial y consolidado durante el primer periodo
independiente, fueron constante mente mixturados por la agregación persistente de algún que otro extranjero, y de los numerosos viandantes internos, durante las
décadas anteriores a Caseros.
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En Santiago del Estero, según María Cecilia Rossi, la presencia de Ibarra marca el fracaso de la burguesía provincial en su intento por garantizar la
gestación de sistemas representativos modernos y resignar su poder ante el del caudillo –un emergente histórico de lo que podríamos llamar baja burguesía- que se
apoyaba en sectores rurales fuertemente movilizados y armados, y la decisión de pasar a ocupar lugares políticamente secundarios en las próximas tres décadas.
Accionar que facilitaba la aparición en la historia local del fenómeno del caudillismo y la ruralización de las bases del poder. Pero una lectura más detenida de sus
movimientos nos muestra un segmento sociopolítico cuyos intereses, en tanto grandes propietarios, aparecían veladamente protegidos por el accionar del caudillo. De
modo que podemos interpretar que Felipe Ibarra se constituyó en un elemento funcional a los intereses de la elite y también que fue un funcionario de la elite.
Los hombres nuevos en general fueron los inmigrantes que se instalaron de manera inicial en una ciudad, y que pudieron crecer en ellas como comerciantes,
o bien que pasaron de una a otra en busca de oportunidades estableciendo un eslabonamiento de relaciones comerciales y sociales.
La prosperidad y la expansión de los mismos posibilitaron su futura radicación en un lugar estable, desde donde organizar su dinastía y su acumulación.
Las oligarquías provinciales (Bazán)
Cuando se puso en marcha la Constitución Nacional y de las provinciales, dictadas en consecuencia, las cosas no cambiaron en lo sustancial. El ejercicio de
los derechos políticos siguió siendo el privilegio de las minorías. Había elecciones pero la libertad de sufragio no existía y siendo así el poder residía en los gobernantes
y no en los gobernados. Tal fue el sistema que impero en nuestro país hasta la promulgación de la ley Sáenz Peña. Esto Patentizo claramente en la formación de la Liga
de Gobernadores que impulso las candidaturas presidenciales de Nicolás Avellaneda, Julio Argentino Roca y Miguel Juárez Celman. Cuando ese control peligraba se
apeló al sistema del Acuerdo de Notables que hizo naufragar la postulación de Roque Sáenz Peña y encumbro a su padre en la presidencia, y más tarde decreto el
ascenso de Manuel Quintana.
Julio A. Roca forjador de ese sistema para frenar la escalada política del radicalismo, genuinamente popular. El sistema presidencialista implícito en la
constitución favorecía a este sistema.
Estos parámetros políticos contribuyeron a la consolidación de las Oligarquías provinciales que ya existían en forma de un patriciado criollo formado en la
época colonial. El régimen fundado en el 80 posibilito la inserción de hombres nuevos que anteriormente no tenían figuración por su humilde origen social (ejemplo
Rojas en Santiago del Estero). El régimen Oligárquico presidia del pueblo como protagonista de la vida política, sustentándose en grupos familiares que negociaban las
principales funciones públicas y se turnaban en su ejercicio: gobernaciones, senadurías, diputaciones, bancas legislativas. Los comicios eran solamente un simulacro de
participación para aprobar lo que ya estaba decidido por los grupos Oligárquicos.
Dominación política y redes familiares (Ibarra, Sonia)
A partir de 1880 Santiago del Estero asistió a un florecimiento de la agricultura comercial, actividad que estuvo delimitada a una zona específica, la zona de
regadío. Las implicancias políticas, económicas y sociales que generó esta actividad no permiten que pase desapercibida para su estudio y análisis histórico. La nueva
estructura productiva estaba al servicio de un grupo, integrado por redes de familia y caracterizado por la autora como burguesía agraria, utilizó todos los recursos de
dominación política y económica para sostener y afianzar una estructura productiva que respondía y se complementaba con el modelo agroexportador. La puesta en
práctica de esta alternativa fue lograda mediante la apropiación de los mecanismos de actuación del naciente Estado Provincial.
Es a través del Estado que un grupo dominante (burguesía agraria) intenta establecer e imponer a los demás un modo de producción determinado. El Estado
invierte en una infraestructura que permite un tipo de producción. Además es responsable de brindar el marco jurídico necesario para el funcionamiento de las
actividades productivas. También es el portavoz de una ideología dominante que utiliza la educación y la prensa como instrumentos de socialización y de imposición del
discurso oficial. El positivismo proporciona a las elites un justificativo para gobernar la sociedad sin la intervención de ésta, mediante un programa de progreso indefinido
sostenido por la educación. Este espíritu campea en los discursos de los gobernadores, en las Memorias Descriptivas de Fazio y Gancedo, en la prensa y en el ánimo
de una sociedad que cree llegado el momento de una era de bonanza.
En todos los discursos y mensajes predomina la idea de orden, prosperidad y cambio que incluía también a las masas populares. Las mismas debían ser
llevadas por el camino del orden e integradas a las fuerzas productivas. La organización del trabajo también entraría a la órbita estatal, el Estado proveerá de una
legislación que estará al servicio de los modos de producción de la clase dominante. Existía un antecedente en cuanto a la legislación laboral, era de tipo paternalista y
pertenecía al gobierno de Ibarra. Pero en 1888 la legislación elaborada durante el gobierno de Absalón Rojas, tenía un fin claramente económico, contar con suficiente
mano de obra para las unidades de producción. La Ley de Prestación de Servicios reglamentaba que la policía era como un órgano ejecutor del Estado, es la que vigila
y obliga a tener empleo, ejerce la represión en caso de huelga, y es en las comisarías en donde se expiden las papeletas de conchavo. Esta ley consideraba al patrón
como un magistrado doméstico revestido de autoridad policial para resguardar el orden, podía disponer al peón en caso de enfermedad. Una legislación similar fue
sancionada en Tucumán durante el gobierno de Lidoro Quintero.
Pero el Estado no sólo legislaba para captar mano de obra por coacción, también regulaba la administración de un recurso siempre escaso, el agua. La Ley
de Irrigación sancionada en 1887, centralizaba en el Estado, funciones que en un primer momento estuvieron en manos de corporaciones o particulares. Además
establecía que pertenecían al Estado todos los cursos de agua, la cual sería utilizada como fuerza motriz siempre y cuando su uso no afectase a la agricultura. La
misma ley regulaba el funcionamiento de las acequias cuyo número había aumentado a más de cien desde 1880; los regantes solo accederían al riego derivado de
canales comunales por turnos de cumplimiento estricto. El cumplimiento o no de estos artículos se transformó en una fuente i9nagotable de conflictos entre miembros de
la elite y también entre aquellos que no participaban de los beneficios del poder.
Fueron creados organismos como el Departamento Topográfico, la Oficina de Renta y Contabilidad, los cuales permitieron al Estado disponer de la totalidad
de los medios de control y explotación, liberando los mismos de manos de particulares. La exención de impuestos a determinados cultivos favoreció a numerosos
emprendimientos agroindustriales. En noviembre de 1876 fue dictada una ley que eximía del pago de impuestos por diez años a los establecimientos de caña de azúcar
y vitivinícola, otorgando además premios a los mayores cosecheros de determinados productos.
Frívola y Casquivana, mano de hierro en guante de seda. Una propuesta para conceptualizar el término oligarquía en América Latina (Waldo Ansaldi)
En América Latina el término tiene, a partir de las últimas dos décadas del siglo XIX, una notable difusión, por lo general con valoración negativa y carga
despectiva. Su uso se ha generalizado en el ensayo, la prensa, el discurso de los políticos, el lenguaje popular y en las ciencias sociales. A veces (1) aparece como un
subterfugio para esquivar el incómodo problema teórico e histórico de las clases sociales en las sociedades latinoamericanas; en tales interpretaciones se reconoce la
existencia de contradicciones económicas, sociales y políticas, pero ellas no se entienden en términos de clases, sino entre dos polos (el de la oligarquía y el del
pueblo), a menudo de modo maniqueo (el mal, una; el bien, el otro). Otras veces (2), el término designa explícitamente a una clase social, por lo general terrateniente
(aunque también puede ser de propietarios mineros), cuando no (3) una alianza de clases o fracciones, e incluso es posible encontrar autores en los cuales (4) designa
una confusa combinación de clase y de forma de dominación por parte de un sector social reducido, cuando no apenas un mero grupo cerrado de personas o familias.
Así, se habla de la oligarquía opuesta a la burguesía, o aliada a ésta y/o, preferentemente al imperialismo (lo cual sirve para rescatar la existencia de una “burguesía
nacional” antioligárquica y antiimperialista), o bien de Estado oligárquico como forma diferente y previa de Estado burgués o capitalista. También están quienes hablan
de democracia oligárquica.
Estimo conveniente una redefinición teórica del término oligarquía, con el objeto de convertirlo en un concepto, en una categoría analítica consecuentemente,
sostengo aquí que:
1) Oligarquía no es una clase social;
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2) En tanto categoría histórica (descriptiva o identificatoria), oligarquía es un término polisémico, unívoco;
3) Oligarquía es una categoría política que designa una forma de ejercicio de la dominación, caracterizada por su concentración y la angosta base social, es
decir, por la exclusión de la mayoría de la sociedad de los mecanismos de decisión política; es fundamentalmente coercitiva y cuando existe consenso de las
clases subalternas, éste es pasivo;
4) La dominación oligárquica puede ser ejercida por clases, fracciones o grupos sociales (incluyendo redes familiares) diversos, terratenientes no capitalistas,
terratenientes capitalistas, burgueses y/o una alianza de clases o fracciones de ellas;
5) Siendo una forma de organización y ejercicio de la dominación y no una clase, oligarquía define un tipo de régimen o de Estado, el régimen o Estado
oligárquico, al cual no se opone el régimen o Estado burgués o capitalista, sino el democrático; dicho de otro modo, la forma contradictoria de la oligarquía
como dominación política es la democracia;
6) La dominación oligárquica se construye a partir de la hacienda, considerada matriz de las sociedades latinoamericanas; en tal sentido, la institución familia
constituye el locus inicial de gestación de las alianzas de “notables”, transferido luego a otras instituciones semipúblicas o prolongación pública del espacio
privado (clubes de diverso tipo) y/o esencialmente públicas (“partidos” y sobre todo el Parlamento);
7) El ejercicio oligárquico de la dominación genera un modo de ser también oligárquico, en cuya definición intervienen valores tales como linaje, tradición, raza,
ocio, dinero.
Provisoriamente definido, el concepto oligarquía designa una forma o un modo de ejercicio de la dominación política por un grupo minoritario perteneciente a
clases sociales que detentan poder económico y social, modo cuyas características son:
1- Base social angosta (burgueses, hacendados, plantadores, mineros, comerciantes);
2- Reclutamiento cerrado de los designados para funciones de gobierno, basado en criterios de apellido o linaje, tradición, familia o parentesco (carnal,
espiritual-compadrazgo-, o de alianza por unión matrimonial), prestigio, amistad, dinero, a los que pueden añadirse, en algunos casos, ascensos por
habilidad política, méritos militares y/o matrimonio (de un modo diferente al antes señalado casamiento de consortes pertenecientes ambos a familias
tradicionales), núcleo reducido de integrantes (notables);
3- Exclusión de los disidentes o de la oposición considerada (con razón o sin ella) radical o peligrosa y cooptación de los individuos (transformismo
molecular) o grupos potables, moderados o asimilables (transformismo orgánico);
4- Combinación de centralización y descentralización en el ejercicio del poder político, mediante clientelismo, burocracia y mecanismos de control
intraoligárquico.
5- Mecanismos de mediaciones y de lealtades familiares o grupales- personales, más que partidarios;
6- Autoritarismo, paternalismo, verticalismo;
7- Autopercepción positiva de la condición de naturalmente elegidos para ejercer el gobierno de los hombres y de la sociedad;
8- Limitación efectiva (no siempre ni necesariamente en términos legales o jurídicos) del derecho de sufragio, de elegir y de ser elegido;
9- Predominio de la dominación sobre la dirección en el plano político, no reducido a la coerción o violencia física, pues ésta va acompañada de una
constante, cotidiana violencia simbólica;
10- Frecuente organización del Estado como “Estado capturado”, lo que se traduce, entre otras consecuencias, en un Estado central, más que nacional.
11- La definición de un pacto oligárquico que expresa ciertos tipos de relaciones interregionales, que a veces es un delicado equilibrio entre ellas (caso de
Brasil durante la República Velha), mientras otras es la subordinación de varias regiones a una más dinámica que se constituye en espacio articulador
de un bloque histórico de alcance nacional (tempranamente en el caso del valle central en Chile, más tardía y costosamente en el de Buenos Aires en
Argentina) o bien combina más mal que bien espacios conflictivos (con diferentes características, en Colombia, Ecuador y Perú)
La dominación oligárquica es una red tendida vertical, jerárquicamente, combinando centralización y descentralización entre grupos dominantes de diferente
alcance (nacional, regional, provincial o estadual o departamental, local), clientelismo y burocracia, con mecanismos de control intraoligárquico. Oligarcas, coroneles,
gamonales, caudillos, caciques, compadres y clientes constituyen los sujetos partícipes de la forma oligárquica de ejercicio de la dominación política.
En la dominación oligárquica, en términos generales, la concentración del poder en un núcleo pequeño de personas es muy alta, más el espacio de
aplicación de ese poder es reducido. De allí la necesidad de articular poder central y poderes locales. Se trata, entonces, de una estructura piramidal en la cual cada
nivel dispone de capacidad de dominio altamente concentrado y de alcance limitado, variables según la posición que se ocupe en tal pirámide, pero también según las
sociedades.
La dominación oligárquica es simultáneamente concentrada y fragmentada y en ella el espacio público es privatizado. Tal privatización ocluye la posibilidad
de estructurar la vida pública (la política como res pública) y de intervención estatal para administrar democráticamente los conflictos más significativos de la sociedad,
coherente con la “captura” del primero por la clase o fracción dominante.
El proceso que culmina en la instauración de la dominación oligárquica a escala nacional suele ser el pasaje de una situación de dominios oligárquicos
provinciales, estaduales o regionales enfrentados entre sí (luchas inter oligárquicas) a una situación de confluencia en una única estructura de dominio que se expande y
es reconocida como tal en todo el espacio geográfico- social del país, lo que hace desaparecer o, más a menudo, atenúa la lucha inter oligárquica, que se convierte en
lucha o conflicto intra oligárquico. Este pasaje no es igual en todas las sociedades, ni se construye simultáneamente (temprano en Chile, tarde en Bolivia y Perú), pero
siempre es un proceso violento (militar) que concluye estatuyendo un pacto de dominación (el pacto oligárquico), estructurado de modo muy simple mediante un trípode
1) representación igualitaria de las oligarquías provinciales estaduales o departamentales (tal como se expresa en la composición del Senado), sin dejar de reconocer la
desigualdad real que existe entre ellas (la que es consagrada en los criterios de designación del número de diputados, en los cuales el quantum demográfico tiende a
coincidir con poderío económico y/o político), 2) papel moderador del gobierno central, para el caso de exacerbación del conflicto intra oligárquico, 3) Parlamento, y más
específicamente el Senado, como garante del pacto de dominación, instrumento útil en caso de veleidades reformistas más o menos audaces por parte del Poder
Ejecutivo (como se aprecia paradigmáticamente en el caso peruano, o en el argentino durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen), sin excluir la posibilidad de
una “solución” fuera de la institucionalidad política, jurídicamente normada, como la recurrencia al golpe de Estado (destitución del presidente peruano Guillermo
Billingürst), o al asesinato (tal el caso del boliviano Manuel Isidoro Belzú) o a una combinación de uno y otro (como en el del también boliviano Mariano Melgarejo,
aunque estos dos ejemplos, de 1865 y 1871, en rigor corresponden al período de pasaje a un único poder oligárquico). El golpe de Estado es la vía por excelencia en, y
desde, la crisis de 1930.
La revolución pasiva que protagonizan las clases dominantes latinoamericanas tiene componentes que van más allá de lo estrictamente político- estatal,
resuelto en el modo de dominación oligárquica, y definen imaginarios sociales y símbolos, como también comportamientos colectivos, sintetizables en la expresión modo
de ser oligárquico, donde la frivolidad es una nota distintiva, como lo son la posesión y el uso de los valores fundamentales: el apellido, el ocio, el dinero, la raza. La
frivolidad se aprecia en el comportamiento cotidiano: vestimenta, lenguaje, poses, hábitos, modas… Pero esa apariencia frívola, que semeja una actitud de laisser
passer, esconde, detrás de la seda, una mano férrea
Intervenciones federales (Lascano)
Durante los 15 primeros años del régimen en Tucumán no pudo armonizar su marcha con la política nacional provocando reiteradas intervenciones. La
Oligarquía lugareña estuvo dividida esto origino conflictos. En 1886, los electores tucumanos dieron su voto a la candidatura presidencial de Bernardo de Irigoyen, hecho
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que disgusto profundamente a Miguel Juárez Celman. En 1887 los juaristas tucumanos Lindoro Quinteros y Silvano Bores prepararon una revolución que derroco al
gobernador Posse. El atentado constitucional fue aprobado por el presidente y el Congreso como una intervención federal a cargo de Salustiano Zavalía llamando a
comicios, siendo elegido Lindoro Quintero, quien no completo su periodo sucediéndole Silvano Bores quien asumió el cargo en 1890 coincidiendo con la revolución que
provocó la renuncia de Juárez Celman debiendo renunciar. Su sucesor Prospero García quien no logro conformar a los radicales, privándolo de su libertad. Esto provocó
el envío de una misión militar a cargo del general Bosch. Entonces se resolvió intervenir la provincia, renovando la legislatura y el colegio electoral.
Asumió Benjamín Araoz sin completar su periodo por su muerte repentina en 1895, siendo elegido Lucas Córdoba estabilizando la situación.
La clase dirigente jujeña había dado testimonio de su ponderación para adaptarse a las cambiantes circunstancias que afectaban la política nacional.
Solamente en la década del 70 la provincia se vio convulsionada por enfrentamientos partidarios.
En Santiago del Estero el régimen Taboadista había asegurado a la provincia 25 años de estabilidad suprimiendo la libertad política. El enfrentamiento de
este y Sarmiento provocaran su derrocamiento en la presidencia de Nicolás Avellaneda quien impulso la caída del taboadismo.
El cambio encumbro la influencia de Absalón Rojas. Pero esa tutela permanente de la vida política local y un manejo exclusivista del poder irrito a los grupos
taboadistas, mitristas y modernistas. Santiago se vio sacudida por revoluciones que provocaron la intervención del gobierno nacional. Y ese estado de inestabilidad
persistió aun después de la muerte del caudillo Rojas.
En Catamarca, la política local estuvo manejada por el navarrismo hasta el comienzo de la década del 80. En 1882 gobernaba Joaquín Acuña (yerno de
Navarro). Cuando la sucesión de Acuña, Roca confió la misión de imponer un “gobierno amigo” al interventor general Onésimo Leguizamón, imponiendo la candidatura
del coronel José Silvano Daza. Este hizo fecundas iniciativas, con gran sensibilidad social, sin entender las reglas de la libre discusión democrática realizando un
atropello a Bernardo de Irigoyen.
La política riojana durante el régimen estuvo dominada por dos personalidades de muy distinta formación y temperamento. Desde 1880 hasta 1898, fue
árbitro de su destino político Francisco Vicente Bustos. Fue gobernador en 3 periodos y 2 veces Senador nacional. Cuando se preparaba para volver al Senado en la
banca que le había conservado su sobrino (Antonio García), a quien postulo para gobernador, una revolución lo derroco en mayo 1898. Remplazándolo por el doctor
Joaquín V. González.
La política santiagueña (Achával)
Al producirse las sublevaciones de los contingentes que con destino a la Guerra del Paraguay enviaba Taboada en 1867, Absalón Rojas, muy joven aun,
pues apenas tenía 22 años, fue puesto en prisión. Alcanzo a huir con la ayuda de un guardia y, a caballo, se dirigió a Tucumán, y después a Salta.
Regresando luego a Tucumán con su hermano Segundo. En esta ciudad conoció y estrecho muy finos lazos de amistad con Roca. Estrecho vínculos con
Juárez Celman y Antonio de Viso.
En ocasión de la renovación presidencial los Taboada apoyaron la candidatura de Mitre-Torrens, equivocándose una vez más. Mitre se levantó en armas en
1874, al considerar fraudulentas las elecciones que llevaron al poder a Avellaneda y Roca se encumbro en derrotar a los revolucionarios. Esta situación motivo a la
renuncia de Absalón Ibarra y su sustitución por Gondra, partidario de Avellaneda.
El ejército, al mando del coronel Navarro, logro el objetivo del gobierno nacional, pues Absalón Ibarra y Antonino Taboada debieron dejar Santiago para
siempre, lo que a Absalón Rojas le permitió regresar a su provincia.
Así el roquismo gano adeptos en Santiago y alcanzo un fuerte predominio que duro hasta 1910 aproximadamente, siendo Absalón Rojas el artífice político de
todo ello.
Después del 28 de marzo: la adscripción a los oficialismos nacionales (Lascano)
Diversas medidas completaron el tomo de la liberación santiagueña operada el 28 de marzo de 1875. Pensiones especiales a familiares de las víctimas del
taboadismo, cesantías policiales y militares, separación de diputados desafectos y formación de comisiones investigadoras del estado patrimonial del fisco, dieron ese
año la pauta del nuevo régimen. Un decreto del 11 de junio autorizaba al Estado a resarcirse de los gastos ocasionados por las montoneras opositoras con los bienes de
sus autores o cómplices.
En septiembre se nombró presidente de la Junta de Instrucción Pública a don Absalón Rojas quien despertaría a una fecunda vocación educacional reflejada
en su vida pública. En octubre se recibió la obra del mercado Armonía y fue comisionado al doctor Pedro Rueda para redactar la demorada Ley Orgánica de Tribunales
y el Código de Procedimiento Civil, Criminal y Comercial, de verdadera trascendencia jurídica.
En los últimos meses del gobierno de Gregorio Santillán ocupó el ministerio general don Pedro Únzaga, y la provincia recibió alborozada el ingreso
ferroviario a su territorio. El anhelado ferrocarril Córdoba- Tucumán inauguró el 25 de noviembre de 1875, su tercer tramo desde San Antonio en Catamarca, que pasaba
por la estación Frías y allí se construían depósitos, edificios auxiliares e importantes viviendas para el núcleo urbano formado a su vera.
Llegaba el final gubernativo ocupado por Gregorio Santillán y se hizo necesaria una política conciliadora con la figura del presbítero José Baltasar Olaechea.
Un elevado propósito de bien común le hizo aceptar el nombramiento del 30 de octubre. Asumió el gobierno el 1 de diciembre de 1876 y nombró ministro al doctor
Misael Hernández.
Poco pudo hacer el eminente sacerdote por una aguda crisis económica. La reducción presupuestaria y numerosas cesantías administrativas impedían al
gobierno central pensar en las necesidades provinciales. El presidente prefirió cumplir con los acreedores británicos y descuidar el bienestar interno, que incluía los
ignorados requerimientos provinciales.
La Instrucción Pública registró en el gobierno del presbítero Olaechea un notable impulso. El presidente Avellaneda y su ministro Onésimo Leguizamón
autorizaron el funcionamiento de una Escuela Normal anexa al Colegio Nacional, primera con tal jerarquía en la provincia, que comenzó sus clases en 1876 dirigida por
el profesor José Benjamín Ábalos.
La preocupación gubernativa quedó legislada con la ley del 14 de marzo de 1877, que creaba la Dirección General de Escuelas de la provincia. El 1 de
noviembre de 1878 dictaron el primer reglamento escolar, que establecía los requisitos para el funcionamiento de escuelas, construcción de edificios con vivienda
destinada al personal, motivaciones pedagógicas y enseñanza cristiana a cargo de los sacerdotes que quisieran impartirla.
Las múltiples actividades y funciones no impidieron la elección de Absalón Rojas y Francisco Olivera en los comicios de 1878 y su consagración como
diputados nacionales. Ambos ya se destacaron frente a importantes sectores políticos y tuvieron desde entonces gravitación en el civismo santiagueño. Rojas (liberal)
fue el jefe partidario que llenó toda una época de la historia política local. El francés Pedro San Germés, propietario de un molino harinero, a vapor, inició los cultivos de
caña de azúcar en el establecimiento adquirido en Contreras el año 1876.
La sucesión política y las divisiones en el nuevo régimen (Lascano)
El gobernador Olaechea afrontó las divisiones políticas. Uno de sus primeros enfrentamientos en los comicios nacionales de la renovación legislativa de
febrero de 1876. Los círculos gobernantes volcaron el peso oficial para imponer sus candidatos Ramón Neirot y Lino Palacio, con oposición de Absalón Rojas quien
impugnó infructuosamente esos discutidos resultados, y se quedó en la Legislatura provincial en actitud opositora. Rojas formó el Club Libertad con sus propios
adherentes entre los que se hallaban Jesús Fernández, Jaime y Pedro Vieyra, contra las fracciones del ex gobernador Santillán, o de los hermanos Luis y Jaime Pinto,
surgidos de las últimas disidencias.
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Al mismo tiempo de acrecentar vínculos con el oficialismo avellanedista, supo vislumbrar el brillante provenir del General Julio A. Roca, amistad nacida del
antitaboadismo que Roca coadyuvó a organizar en la presidencia de Sarmiento.
Comenzó a ser para el señor Olaechea un poco indomable el gobierno. Se produjo la primera renuncia del mando, y meses después la segunda renuncia y
por último, meses más tarde, la tercera y decisiva del 30 de octubre de 1878. A fin de completar el período Olaechea, fue elegido don Mariano Santillán el 30 de octubre
de 1878, hermano del ex gobernador Gregorio Santillán, cuya influencia política resultaba ponderable, durante su breve mandato vivió al influjo de los acontecimientos
nacionales tendientes a asegurar la futura presidencia de Roca.
Las preocupaciones políticas de Santillán terminaron cuando asumió la gobernación don Pedro Gallo, electo por la legislatura, e inauguró su nuevo período
constitucional el 1 de diciembre de 1879 con su ministro Telasco Castellanos.
Los roquistas santiagueños todavía desconfiaban del gobernador Gallo. Él venía de presidir la IV Convención reformadora de la Constitución provincial que
el 9 de mayo introdujo reformas menores a la organización judicial, propuestas por una comisión redactora que integraba Absalón Rojas, representante del
departamento Banda. Llamado a garantizar el comicio presidencial, hizo posible el voto del colegio electoral santiagueño pronunciado el 12 de junio de 1880 en favor
unánime de la fórmula Julio A. Roca- Francisco Madero.
Las mismas intrigas localistas frustraron un posterior intento de reforma constitucional recogido por el gobernador Gallo, haciéndose eco de las necesidades
jurídicas Modernas. Pero la Convención fracasó ante la oposición de Absalón Rojas.
El 31 de julio de 1879 se efectuó la inauguración pública del ingenio Contreras con sus modernas maquinarias para la fabricación de azúcar de inmejorable
calidad. En la década del 80 surgieron en territorio provincial los ingenios de Luis Pinto, en Colonia Pinto, Robles; el Nueva Trinidad, de Silva y hermano, en Banda;
Santa María, de Berdaguer y Maza; establecimiento Azucarero, de Schaffer y Cía. Ingenio azucarero Esperanza, de Jaime Vieyra y Cía., etc. Pablo Lascano y Alejandro
Gancedo tenían en sociedad otro ingenio cerca de la capital. Y derivados de la industria azucarera prosperaban establemientos vitivinícolas y productores de alcohol.
Fábricas importantes generaban luz eléctrica por medio del sistema Jablocoff.
La industria del curtido de pieles registraba cuatro fábricas, propiedad de Napoleón Zavalía, Santillán y Cía, Nagel Hnos, y G.F. Lacoste.
Las variadas actividades industriales santiagueñas, unidas a una etapa floreciente de la productividad agro ganadera, acusaron grandes esperanzas de un
desarrollo económico capaz de superar el estancamiento crónico.
Esa realidad material y esas perspectivas no podían verse nítidamente por el juego incesante de las intrigas políticas facciosas puestas en ebullición contra
Gallo. El gobernador tenía el único apoyo del ministro Castellanos ante el presidente Roca, pero el Partido Autonomista Nacional se organizaba dividido en tres sectores
contrapuestos: el oficialista del gobernador, empeñado en dejar como sucesor a su hijo político Juan Pinto, con apoyo de su hermano el diputado Luis G. Pinto y del
gobernador de Córdoba doctor Miguel Juárez Celman, futuro presidente argentino. El del diputado nacional Francisco Olivera, recostado sobre el ministro del interior
Bernardo de Irigoyen. Y el de Absalón Rojas con la fuerza de hombres nuevos, de reciente ascenso social, decidido accionar político e inquietudes culturales.
Gallo estaba decidido a garantizar la estabilidad del roquismo y su consolidación política. Tomó medidas enérgicas contra la oposición. Gallo dispuso la
detención de los ex ministros Larsen del Castaño y Genaro Martínez, acusados de ser instrumento de los Santillán y organizadores de un siniestro complot. Reemplazó
al ministro Castellanos por el doctor Pedro Olaechea y Alcorta.
El 30 de octubre sucedió a Olaechea en el ministerio don Juan F. Iramain. La inestabilidad caracterizó los tramos finales del gobierno de Pedro Gallo.
El 28 de abril de 1881 nombró nuevo ministro a Remigio Carol. La legislatura inició juicio político al mandatario y este contraatacó inmediatamente. Pero no
pudo evitar que el juicio político fuera adverso y la legislatura lo destituyera el 21 de agosto de 1882. Gallo impugnó la decisión y denunció maniobras de sus adversarios
tendientes a elegir una nueva Cámara complaciente que debía imponer a su sucesor según los deseos e intereses políticos de Rojas.
Gallo acusó la existencia de dobles mesas comiciales y la Constitución defectuosa de la Cámara, reclamando al Congreso Nacional la intervención de la
Provincia. La legislatura elegía a su presidente don Pedro Lami para completar el período constitucional de Gallo al frente del poder ejecutivo. Gallo se atrincheró con
tropas dispuesto a resistir y Lami solicitó ayuda militar del ejército de línea que hizo posible su asunción del cargo en forma efectiva el 27 de agosto de 1882. En su
breve gobernación de dos meses, designó ministro a don José Gorosito.
Las crisis políticas del 80
El conflicto santiagueño preocupaba al gobierno nacional y se decidió nombrar al juez doctor Filemon Posse en calidad de comisionado amistoso. Posse
llegó a Santiago en octubre y logró una renovación legislativa destinada a posibilitar la elección del gobernador en forma armónica. Se eligió gobernador a Luis Pinto que
asumió el 1 de diciembre de 1882. Pinto nombró ministro a Pablo Lascano.
Surgió en oposición otra legislatura. Los antiguos legisladores del período Gallo, desplazados por el comisionado Posse, volvieron a reconstruir el cuerpo
bajo la presidencia de Pedro Vieyra, como forma de obstaculizar al nuevo gobierno de Pinto. Ambas cámaras eligieron senadores nacionales para la vacante que dejaba
Luis Frías. Pedro Lami surgió con mandato de la nueva legislatura, diríamos legal, y Pedro Vieyra de la antigua y resucitada cámara. El senado rechazó ambos diplomas
en junio de 1883, y estos desgraciados episodios convencieron sobre la necesidad de intervenir legalmente la provincia. Discutido el tema, fue sancionada la ley 1282
del 10 de julio 1883 y nombrado interventor federal el presidente de la Cámara de Diputados, doctor Isaac Cheverría. Asumió su cargo el 4 de agosto decidido a
procurar un entendimiento conjunto de Rojas, Olivera y Gorostiaga, del cual debía surgir un gobernante consensuado.
Logrados los acuerdos mínimos, Chavarría convocó a elecciones y la nueva legislatura eligió gobernador constitucional a Pedro Únzaga que asumió el 1 de
octubre. Únzaga nombró ministro al joven jurista tucumano José Nicolás Matienzo.
El nuevo mandatario tenia antecedentes conflictivos. Era hijo del conspirador Pedro Ignacio Únzaga.
Fruto de la efímera unión que presagiaba el acuerdo de Únzaga con Rojas fue la ley del 11 de enero de 1884, que dispuso la demorada reforma
constitucional a partir del 11 de febrero. Matienzo tendría oportunidad de concretar sus ideas jurídicas dentro de la ideología predominante en el 80. Roca al ministro le
felicitaba por esa Modernización Constitucional que significaba, en suma, incluir a Santiago en los beneficios del liberalismo político, el positivismo pedagógico y el
capitalismo dependiente, para marchar inserta en el unicato del centralismo imperante. Todo ello debía ser consagrado constitucionalmente.
Se designó una comisión que discutió el anteproyecto del poder ejecutivo, sancionado finalmente el 28 de abril de 1884. Frente al liberalismo oficial, la
oposición católica liderada por el convencional Manuel Gorostiaga atacó la virtual separación entre la Iglesia y el Estado adoptada en la nueva Constitución. Se eliminó
la exigencia de pertenecer al culto católico para ser elegido gobernador y creó el Registro del Estado Civil de las personas “sin distinción” de creencias religiosas.
Adoptó el voto secreto, escrito y optativo, y nueva organización comunal con la base del municipio urbano formado por departamentos ejecutivo y deliberativo. Creó el
sistema bicameral: senadores y diputados, elegidos popularmente. El vicegobernador, ahora instituido, presidiría el senado provincial y la fórmula titular del Poder
Ejecutivo seria elegida por un colegio electoral, votado directa y popularmente.
La legislatura no solamente perdía sus atributos electorales, sino también su poder reformador de una constitución flexible. Ahora se establecía el régimen
rígido y las reformas deberían hacerse con una convención especial. La reorganización del Poder Judicial se ponía bajo la autoridad de una Corte Suprema de Justicia
compuesta por tres miembros, que durarían 6 años, y jueces de pez en los distritos del interior. Organizó el Concejo de Educación dependiente del ejecutivo, las
funciones de contador y tesorero de la provincia, y la delimitación de las divisiones departamentales. Su técnica jurídica la situaba en el mejor nivel de las constituciones
del país.
Absalón Rojas recomenzó su disidencia con el gobernador Únzaga sospechado de adherir a don Bernardo de Irigoyen. Rojas quería el control de las fuerzas
policiales y en ocasiones denunciaba la tolerancia de Únzaga con mitristas y rochistas. “Se hace indispensable retirarlo a Únzaga del gobierno y elegir a otro que le
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inspire confianza a Usted” le escribía Rojas a Roca, en esos días, y aseguraba: “tenemos en la legislatura que destituye y elige gobernadores las tres cuartas partes del
total de votos disciplinarios e inconmovibles que me reconocen como jefe único lo mismo que todo el partido”.
Armada la trama para derrocar a Únzaga, este cometió el error de destituir al jefe policial y de proclamarse imparcial ante los trabajos destinados a la
proclamación de Juárez Celman. El ex jefe de policía Mariano Maza solicitó juicio político al gobernador, y la legislatura que esperaba ese pretexto, hizo lugar a la
formación de causa. No se consiguieron los dos tercios necesarios pero tampoco se pararon en pruritos legales. Únzaga fue suspendido el 31 de julio, y el presidente
del cuerpo, Sofanor de la Silva asumió el mando. Únzaga quiso resistir, y un piquete policial lo persiguió causando de un custodio. Infructuosamente solicitó la
Intervención Federal, mientras la Corte Judicial declaraba nula la decisión legislativa. Nada los arredraba, Únzaga fue separado del cargo el 24 de octubre y la
Intervención a Santiago desechada por influencia del mismo Roca.
Santiago y el orden del progreso (Lascano)
Entre 1875 y 1885, Santiago quedó incorporado al régimen del centralismo liberal impuesto por Buenos Aires. La autoridad presidencial del jefe único, creó el
unicato político al cual supeditaban su obediencia los gobernadores provinciales, perdido todo afán autonomista.
Durante esa década, la legislatura sancionó en 1880 la primera ley de educación común, durante el gobierno de don Pedro Gallo. Reformada el 15 de junio
de 1882, creaba la Comisión General de Educación. La reforma constitucional sostuvo la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza. Este progreso se completaba en lo
económico con la apertura de los primeros canales de Riego.
El gobierno de De la Silva y la llegada del ferrocarril (Lascano)
Desde el 1 de agosto de 1884 hasta el 7 de octubre de 1886, completó el período gubernativo de Pedro Firmo Únzaga, don Sofanor de la Silva, presidente
de la legislatura y reemplazante constitucional del mandatario exonerado. Su actuación política y legislativa anterior le mostraba como un fiel seguidor de Absalón Rojas,
prenda de garantía para concluir su gobierno. Le tocó instrumentar las primeras leyes consecuentes a la nueva constitución y organizar una situación política destinada
a llevar en triunfo a Rojas en su ansiada ambición por ocupar el gobierno santiagueño.
De la Silva designó ministro al doctor Benjamín Jiménez. Quedó en la presidencia legislativa don Milton Bruchman, realizando el oficialismo, como en los
criticados tiempos de Taboada, el milagro de gobernar en reiterado trueque de cargos con un puñado de hombres, siempre los mismos, y al servicio incondicional del
unicato nacional.
De la Silva reactualizó la idea de construir un hospital público, propuso licitar una línea tranviaria hasta la zona suburbana, organizó una exposición industrial
en la provincia, reflejo de la mentalidad industrialista dominante, y proyectó aguas corrientes y mejoras edilicias, sin concretar muchas iniciativas plausibles. Mandó
construir el nuevo cementerio santiagueño. Adaptada al espíritu constitucional resultó la ley de Educación Común, sancionada el 22 de enero de 1885, y la autorización
al Concejo General de Educación para enajenar 50000 has.
La mayor satisfacción del período la constituyó el arribo del primer ferrocarril a Santiago del Estero, el 12 de octubre de 1884. Culminaba el anhelo de
vincular la capital con la red ferroviaria argentina y acortar distancias en el largo trayecto a Buenos Aires. Rojas abrazó la causa ferrocarril como una bandera
impostergable de los santiagueños. La línea debía pasar por Villa Loreto, pero no se cumplió ese requisito. A partir de Frías se instalaron las estaciones de Choya,
Laprida, Loreto, Simbol, Zanjón y Santiago; ninguna tocaba los antiguos pueblos, preexistentes y centenarios. En su reemplazo surgieron estaciones ferroviarias con
poblaciones improvisadas, a 10 y 15 km.
Las vías fueron tendidas hasta la casa de gobierno todo a lo largo de la calle Libertad. La mentalidad agro exportadora satelitaria del capital extranjero
orientó en forma de abanico convergente en los grandes puertos de Buenos Aires y Rosario la explotación ferroviaria argentina. El noroeste sufrió la muerte de
poblaciones enteras, el ferrocarril llegó con sus productos importados para volcarlos contra las artesanías locales, y extrajo lo único importante a sus fines: la madera,
los postes y durmientes que expoliaron el bosque santiagueño.
La firma Juan y Ruperto Figueroa instaló el servicio telefónico local. Acordaba la suma de $150 mensuales durante cinco años, a cambio de facilitar 20
aparatos sin cargo que la empresa ponía al servicio de las oficinas gubernativas. Dentro del dividido panorama político santiagueño el oficialismo estuvo siempre
alineado con el unicato digitado desde Buenos Aires. El círculo de Rojas asumió la candidatura del doctor Juárez Celman. El gobernador concluyó su mandato en
octubre de 1886, contemporáneamente a la asunción presidencial de Juárez Celman.
Las inmediatas preocupaciones del final del año estuvieron motivadas en la aparición de una terrible epidemia de cólera. Ocho comisiones médicas
colaboraron con el Concejo de Higiene presidido por el doctor Juan F. Borges. El 10 de diciembre se creó la Cruz Roja y una botica pública debió habilitarse en
dependencia del Colegio Nacional para proveer medicamentos a la población.
El gobierno de Absalón Rojas (Lascano)
Fue el tercero de los grandes conductores y gobernantes santiagueños del siglo XIX. La historia federal de la región durante el siglo XIX comprende tres
personalismos progresivos: Ibarra, Taboada, Rojas, sincrónicos de la evolución; el caos primero, enseguida la edad pastora y militar; al fin, los comienzos del período
agrícola y civil.
El ideario de Absalón Rojas se resume en una de sus frases parlamentarias: “yo quiero para las provincias lo que Buenos Aires ha tenido desde su
fundación: el capital, los medios de impulsar su progreso, aunque no quiero para ellas, tanto como ha tenido Buenos Aires, que llegó en momentos de orgullo al querer
sobreponerse a la Nación”.
A su llegada al gobierno encontró una provincia modernizada con ferrocarril, teléfono y telégrafo. Le faltaba educación. Organizó la Intendencia Municipal de
la Capital (adaptada al régimen constitucional de 1884). El 1 de mayo de 1887 pudo inaugurar la asamblea legislativa con sus autoridades completas. Con la ley del 25
de agosto de 1887 que organizaba y fijaba las divisiones departamentales definitivas de la provincia. El primer antecedente se remontaba a un decreto de enero de 1864
dictado por Manuel Taboada, que dividía el territorio provincial en 17 departamentos. Ahora quedaron establecidos: Capital, Banda, Robles, Silípica, Loreto, Atamisqui,
etc. Comenzaron a explotarse los ingentes bosques santiagueños.
Para proveer al Ferrocarril Norte llegaron a emplear más de 10000 obreros en la elaboración de postes, durmientes, carbón y leña preferentemente
destinados a los ferrocarriles. La empresa del F. C. Central Argentino línea Sunchales hizo su entrada al territorio provincial en 1888, llegó a Selva, en la ruta Rosario-
Tucumán, que sería completada en 1890 con el ingreso a La Banda, y termina con el Ramal Santiago- La Banda inaugurado el 4 de febrero de 1891.
El 15 de enero de 1888 quedó habilitado el Teatro Recreo, primera sala artística de la ciudad, construida junto a la sede gubernativa. El 6 de febrero de 1889
pudo el gobernador inaugurar el servicio de luz eléctrica urbana que hizo de Santiago la primera ciudad del país con electricidad. Fue sancionada el 26 de agosto de
1889 la primera legislación sobre Estado Civil y meses después se instaló la primera oficina municipal del Registro Civil. En el terreno educacional, durante el período
1886-1889 se destinó la mitad del presupuesto provincial para Instrucción Pública. Se aumentaron a 215 las escuelas públicas, se construyeron 17 modernos edificios
escolares, 4 de ellos monumentales en la capital.
Maestros e intelectuales dieron vida la sociedad Adolfo Alsina en 1886, presidida por José del C. Guzmán; la sociedad literaria Coronel Borges, de 1887, que
dirigió el profesor Maximio S. Victoria y la Sociedad Sarmiento fundada el 28 de octubre de 1888 por don Belisario Flores, entidad madre de la cultura santiagueña que
después instaló su propia biblioteca pública en 1893.
Dinámicos colaboradores, propugnaron el levantamiento del plano topográfico de la ciudad, ensanche y delimitación de calles, además de la ley de Creación
del primer Banco de la Provincia, en 1888. Rojas siempre estuvo vinculado con los problemas asistenciales y sociales, después de vencida la epidemia de cólera
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continuó manifestándo otras preocupaciones del mandatario. Para difundir la caridad y la asistencia social, promovió Rojas en los comienzos de su período, reorganizar
la Sociedad de Beneficencia fundada localmente el 27 de septiembre de 1880 a iniciativa del ministro Pedro Olaechea y Alcorta. La asociación mantendría un asilo de
mendigos, cuidaría de la mujer desprotegida y la caridad cristiana.
Absalón Rojas, refundador de Santiago (Lascano)
Rojas aprovechó los beneficios inmediatos del sistema sin medir sus consecuencias de subdesarrollo futuro para la provincia. Una relación de intercambio
servicial parecida a la de los Taboada con Mitre, fue establecida en esta etapa histórica por Rojas y Roca.
Volcó toda su influencia en las elecciones presidenciales de abril de 1886, aun bajo el gobierno de Sofanor de la Silva, obediente a sus designios, que
reafirmaron la supeditación al unicato con el triunfo del doctor Miguel Juárez Celman. Santiago reiteró un cuadro de oficialistas opresores, violencias electorales,
empastelamiento de la prensa opositora y atropellos fraudulentos, que no diferían del resto del país.
Rojas, con la carta ganadora, acentuó la rigida uniformidad en torno de Juárez Celman valido del aparato gubernativo. Recuérdese que sus mayorías
parlamentarias impidieron sistemáticamente el gobierno normal de quienes se mostraron independientes a su dominio político, y allí se encontraran los hilos de
asesinato del diputado opositor José Arrisola. En junio de 1885 fue asaltado y vejado hasta morir, víctima de los esbirros policiales. En las vísperas comiciales
secuestraron al periodista Nicolás Gigena del diario “El Pueblo”, detuvieron a los doctores Martín Herrera, y Manuel Argañaraz, engrillados sin consideración; y Manuel
Gorostiaga, director de “El País”, sufrió idéntico castigo, documentado en la publicación de unas Tablas de Sangre con los crímenes del roquismo en Santiago. El juez
federal doctor Pedro Olaechea y Alcorta debió condenar a las autoridades inscriptoras de muchos departamentos por negarse a inscribir en los padrones a ciudadanos
notoriamente opositores al régimen.
La pasión republicana no impidió al gobierno bautizar a las cinco escuelas recién fundadas en la ciudad con los nombres de Belgrano, Sarmiento, Benjamín
Zorrilla (por el presidente del Concejo Nacional de Educación), Miguel Juárez Celman y Absalón Rojas (por el gobernador). Solamente existía la plaza principal,
diseñada por el ex gobernador Absalón Ibarra, a la cual ahora se la bautizaba como plaza Libertad. Además, se crearon las nuevas plazas: Belgrano, Independencia,
San Martín, Julio A. Roca y Absalón Rojas, en cada uno de los barrios urbanos.
El progreso edilicio exigía abrir nuevas calles y avenidas, ampliar las existentes, prolongarlas a barrios de reciente urbanización, etc. Para ello, se tomaba
como eje central, de Este a Oeste, la calle Libertad, demarcatoria del nacimiento de cada arteria. De norte a sur, sería la avenida Belgrano. Pero bajo tan progresistas
iniciativas se introducía ese manejo político de la historia que el régimen mantuvo la colonización pedagógica del país y surgieron los nombres próceres del historial
oficialista: sendas calles se bautizaron Sarmiento, Alberdi, Mitre, Roca, Pellegrini, etc., todos vivos.
En 1886 aprobó la ley de expropiación del Mercado Armonía, explotado hasta entonces por una sociedad privada constituida a iniciativa del ex gobernador
Octavio Gondra. Se fijaron las atribuciones y competencia de la Intendencia Municipal. Pasó a jurisdicción municipal la organización administrativa del cementerio local.
En 1887 se aprobó la pavimentación de las nuevas avenidas, y el embaldosado de la plaza Libertad con sus senderos interiores.
El poder ejecutivo dispuso partidas para construcción de obras defensivas contra los avances del río Dulce: en diciembre de 1887 quedó resuelto contratar
una línea de tranvías urbanos y rurales; iniciándose los edificios para Tribunales, Legislatura y Municipalidad, control de la matrícula de negocios, industrias y
profesiones a objeto de fiscalizar la renta pública.
Suprimida toda oposición interna, Rojas convocó a elección de electores de gobernador y vice para el 7 de abril de 1889. Resultó triunfante la fórmula oficial
que él mismo impuso; Maximio S. Ruíz- Manuel Beltrán. El oficialismo santiagueño no perdía oportunidad de reafirmar su adhesión a Roca. Maximio Ruíz, elegido
gobernador renunció a la representación parlamentaria. Absalón Rojas era electo senador nacional en dicha vacante. El último gobernador que completó un período
constitucional completo antes de Rojas, fue Manuel Taboada, 1867-1870.
Maximio Ruíz, sucesor de Rojas en las vísperas del 90 (Lascano)
Maximio Ruíz se presentó como fiel continuador de don Absalón Rojas. Poco tiempo después de iniciado el nuevo gobierno, se sancionó la ley de creación
del Registro de Bienes Raíces sujetos al dominio privado.
Se inició así el año 90 sin que aparentemente la crisis nacional preocupara a las autoridades santiagueñas. Seguros de la permanencia y eficacia del
sistema, no advirtieron el próximo derrumbe.
La revolución del 26 de julio de 1890 tomó desprevenidos en su estallido cívico-militar a la mayoría de los políticos oficialistas y opositores santiagueños.
Unos, confiados en la perduración del sistema; otros, alejados del gran movimiento multipartidario animado por la Unión Cívica. La conciencia ciudadana pronto se
canalizó en el nuevo cauce político. Producida la caída del presidente Juárez Celman, se organizó una manifestación jubilosa que celebraba su caída. Pocas veces se
vio tanto fervor patriótico como en aquella marcha triunfal por las calles santiagueñas.
Entre tanto, Maximio Ruíz telegrafiaba al presidente reemplazante doctor Carlos Pellegrini y reafirmaba su adhesión a las nuevas autoridades nacionales. En
la presidencia, Pellegrini nombró de inmediato “ministro de Interior a Roca, que se convirtió en el gran triunfador”, asevera el historiador Ramallo, porque había logrado
desalojar a Juárez Celman del poder, que ya no respondía a su influencia, y al mismo tiempo evitar el triunfo de la Unión Cívica con su programa renovador. Los
opositores locales coincidieron en la necesidad de organizar esa nueva fuerza política y un triunvirato directivo fue elegido para concretar la Unión Cívica de Santiago
del Estero. Lo integraban Rafael de la Plaza y los doctores Manuel Argañaraz y José Manuel Corvalán.
Contagiados del entusiasmo momentáneo, celebraron a través de una declaración pública la nueva era que prometía Pellegrini, y alarmaron las esferas
gubernativas temerosas de la formación opositora denunciada desde el oficialismo como un producto malicioso de la unión de mitristas y bernanrdistas, ahora
resucitados políticamente. Ruíz buscó entonces un acercamiento a Manuel Gorostiaga, jefe del Partido Liberal (denominación que respondía a sus antecedentes
mitristas derivados de la adoptada por los unitarios porteños en 1852 opositores a Urquiza, y sin parentesco con las reformas liberales laicistas de Roca y Juárez
Celman). De acuerdo a nivel provincial quedaron excluidos los partidarios de la Unión Cívica, diferenciados del oficialismo según los lineamientos nacionales adoptados
por esta fuerza. Para rubricarlo, apareció en octubre el diario “Unión Cívica” fundado por Baltasar Olaechea y Alcorta y redactado por el ingeniero electo Corvalán, joven
figura de indeclinable solidaridad con las directivas de Leandro Alem.
Segundo Gob. Absalón Rojas (Lascano)
Se había producido la revolución y a los pocos días Juárez Celman presentó su renuncia, estas situaciones repercutieron en el interior, y en Santiago del
Estero ya que Absalón era roquista y defensor de Juárez Celman, sufrió en carne propia los favores recibidos del gobernante caído.
Al finalizar el periodo de Don Máximo Ruiz, fue electo gobernador por segunda vez Absalón Rojas. Ocurría algo semejante a los cambios y recambios entre
Manuel Taboada y Absalón Ibarra, su primo hermano. Absalón Rojas fue derrocado, a los pocos días de asumir la presidencia Luis Sáenz Peña, señalando como
responsables a los gorostiaguistas y a los radicales.
Rojas solicito la intervención federal y se entregó preso para el cese de toda resistencia, obligando a renunciar el vicegobernador y los diputados.
Fue designado interventor Eduardo Acosta, quien ordeno la libertad de Rojas, con la caducidad de los poderes ejecutivos y legislativos. El interventor
convoco a elecciones saliendo electo gobernador Gelasio Lagar y vice Mariano Gorostiaga.
Fin del rojismo: balance del periodo (Lascano)
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Proyecto obras grandiosas para su tiempo. El periodo 1886-1889 merece una consideración especial pues marchan parejas las iniciativas educacionales y
realizaciones de orden material. Se criticó el personalismo absorbente de Absalón Rojas, su peso político había contribuido al afianzamiento del unicato roquista. Este
aprovecho los beneficios inmediatos del sistema sin medir sus consecuencias de subdesarrollo futuro para la provincia.
La ley de 4 de agosto de 1887, organizativa de las plazas públicas santiagueñas. Su inspiración era loable pues la ciudad no tenía espacios verdes, solo la
plaza principal.
Absalón Rojas: reformas y obras: Fundo el Banco Provincia. Resolvió cuestiones de limites interprovinciales. Creo el Departamento Topográfico y el Registro de Bienes
Raíces. Organizo los municipios; trazo caminos, diques, canales, puentes, etc. Prolongo la red telefónica, inauguró el alumbrado eléctrico. Fundo Villas. Hizo mejoras
edilicias, entre ellas la pavimentación. Alentó la agricultura, ganadería e industria. Organizo asistencia social. Se construyó el edificio del Hospital Mixto. Se levantó el
teatro Recreo. Se preocupó por la epidemia de cólera extendida desde Buenos Aires. Reglamento el Registro Civil. Dio gran empuje a la educación popular,
organizando el magisterio, dictando cursos de perfeccionamiento, actualización de material didáctico, construcción de 5 edificios escolares en Capital. Construcción de
cuatro plazas públicas para ornamento de la Ciudad (Plaza Independencia, Plaza General Roca, Plaza Absalón Rojas, Plaza Belgrano). Obras en defensa del Rio Dulce
Gobierno bajo la egida de Rojas: Máximo Ruiz; Crea el Registro General de Propiedad. Obras de reparación del dique. Adquisición de 4 carros para la recolección de
basura. Ley para la compra de medicamentos del Hospital Mixto. Sanción de la ley de impuesto de riego y alumbrado eléctrico. Otorgo becas a tres maestros normales
para continuar su perfeccionamiento en la Escuela Normal del Paraná. Rehabilitación del canal de riego de villa Loreto. Construcción de la acequia por la avenida
Belgrano y obras de agua corriente. Donación de terreno para el correccional de mujeres. Construcción de edificios escolares en La Banda, San Pedro de Choya y
Sumampa. Surgen como consecuencia del trazado del ferrocarril, Clodomira, Villa Atamisqui, etc.
La revolución del 90: sus repercusiones (Lascano)
La manipulación de la sucesión política, el truque de funciones representativas y el fraude electoral que caracterizaron el régimen conservador, impedían la
vigencia autentica del sistema representativo, republicano y federal consagrado por la Constitución Nacional. Esto trajo como consecuencia, el comicio sangriento,
primero, y la apatía electoral después.
Ese sistema que parecía sólidamente establecido, hizo crisis en 1890 cuando la corruptela política se vio agravada por causas morales, financieras y
administrativas que hicieron zozobrar al gobierno en la presidencia de Juárez Celman.
Un gobierno que multiplico las concesiones de obra pública y la emisión monetaria, fomentando la especulación, desataron la reacción violenta de partidos y
sectores de opinión por vía de la revolución armada. Ahí coincidieron casi todos en una condenación unánime que reivindico los valores subversivos: mitristas, católicos,
republicanos, un sector de los autonomistas y también las fuerzas armadas, fenómeno novedoso en nuestra historia. Dicho sentimiento de repudio al unicato juarista
genero la irrupción de la juventud.
Esa coalición era heterogénea por su composición y perfil ideológico. Y también por sus motivaciones. Algunos elementos solo quisieron cambiar al
presidente para mantener el régimen, porque ellos habían contribuido para forjarlo. Otro sector se proponía sincero y ambicioso objetivo de cambio revolucionario. La
Revolución del Parque (26 de julio de 1890), hábilmente manipulada por Roca y Pellegrini, consiguió en el corto plazo los acotados objetivos que ellos se propusieron:
derrocar a Juárez Celman para que el sistema siguiera intacto. Y así quedaron burlados los auténticos revolucionarios: Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle.
Crisis institucionales (Lascano)
La revolución del 90 no fue un sacrificio inútil. Fue una clarinada de alerta para los hombres del régimen conservador, los frutos demoraron en llegar. El 15 de
enero de 1891, durante la presidencia de Carlos Pellegrini, se reunió en Rosario la Convención Nacional de la Unión Cívica. El movimiento vivía todavía la etapa de la
conciliación de sus tendencias internas que habían alumbrado la revolución del parque; cívicos mitristas y cívicos intransigentes, y así surgió la fórmula presidencial
Bartolomé Mitre-Bernardo de Irigoyen.
En el mes de marzo, el general Mitre, que regresaba de Europa, fue recibido en el puerto de Buenos Aires por el general Roca, Ministro del Interior y los
dirigentes estrechan en una abrazo. Ahí comenzó a gestarse el “Acuerdo” para frenar nuevamente a Alem y a los intransigentes.
El 26 de junio se reúne en Buenos Aires el Comité Nacional de la Unión allí se resolvió someter a la Convención Nacional la propuesta del “Acuerdo” pero
una minoría de filiación mitrista se reúne por separado y desconoce la convocatoria. En su carácter de presidente del Comité Nacional, Leandro Alem se dirige a los
comités de distritos previniéndoles que una minoría del cuerpo “compuesta en su mayor parte de miembros que no tienen representación de las provincias, acaba de
separarse para constituir un nuevo centro usurpando el nombre de nuestra gloriosa institución”. En esas deliberaciones se aprueba por unanimidad una propuesta del
delegado salteño, Joaquín Castellanos, para separar del partido a los miembros firmantes del manifiesto separatista.
El día 2 de Julio quedo formalizada la división de la UniónCívica. Alem lanzo un manifiesto sentando los principios rectores de la agrupación política. El
documento señalo, también, el carácter nacional e impersonal del movimiento cuya lucha no se dirigía contra individuos determinado sino contra un régimen que había
subvertido las leyes de la nación.
Frente a la separación de Mitre como cabeza de la UniónCívica Nacional, que había integrado formula con el roquismo. Fue necesario elegir nuevos
candidatos para la elección presidencial. Alem impulso el nombre del doctor Bernardo de Irigoyen y como compañero de fórmula Juan M. Garro, que venía de la
UniónCatólica.
La inusitada acogida popular hacia predecir un triunfo resonante de la UniónCívica Radical en los comisios presidenciales. Pero los hombres del régimen
sabrían encontrar los medios para contrarrestar la ola de adhesión al radicalismo. Ya habían demostrado esa habilidad cuando los rochistas, enfrentados a Roca desde
un lustro antes, formaron el partido modernista, lanzando la candidatura de Roca en Sáenz Peña. Entonces, Roca y Pellegrini, hicieron la jugada maestra de oponerle la
candidatura de Luis Sáenz Peña en coincidencia con su hijo Roque que retiro su postulación, dejando allanado el camino para el “Acuerdo” entre la UniónCívica Radical
y el partido de Roca.
El 2 de Abril, una semana antes de las elecciones, el presidente Pellegrini denuncia una conspiración subversiva; en consecuencia, decreta el estado de sitio
en todo el país, detiene y confina en un buque de guerra a los dirigentes radicales, los comités son clausurados, así también los diarios de la oposición. Los miembros
del Comité que quedaron libres, declararon la abstención. El estado de sitio se levantó por 24 horas, el 10 de Abril, para permitir las elecciones con el resultado
previsible: el triunfo sin oposición del binomio Luis Sáenz Peña-José Evaristo Uriburu
La economía de la región, antes y después del ferrocarril (Lascano)
El ferrocarril, la inmigración y el aprovechamiento económico de la pampa húmeda, esgrimidos como poderosos argumentos civilizadores por los gobiernos
de la organización nacional estructuran un sistema político-económico que tiene Buenos Aires como eje y algunas zonas del Interior como áreas de economía
complementaria de la Argentina de los cereales y de las carnes. Se ha sostenido entonces que cuando se organiza un verdadero “mercado nacional” conforme a los
principios de la división internacional del trabajo. En dicho sistema, la Argentina debía ser proveedora de alimentos de materia prima y consumidora de manufacturas
importadas, principalmente inglesas.
En 1870 se inaugura la línea Central Argentino, que unía el puerto de Rosario con Córdoba. El empeño de Sarmiento y Avellaneda hicieron posible el
ambicioso proyecto de llevarlo hasta Tucumán a costa de un máximo sacrificio financiero y construido en un tiempo record.
El optimismo era generalizado, pero nadie advirtió cuales serían las consecuencias que soportarían las partes del territorio nacional que quedaron aisladas o
no servidas a tiempo por esas líneas de esa nueva frontera que creaba el ferrocarril.
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Las corrientes inmigratorias que habían comenzado a radicarse en el Litoral no pertenecen al Noroeste ni entonces, ni después, al menos en forma masiva.
La sociedad se componía de una clase principal cuyo origen entroncaba con vecinos feudatarios del tiempo colonial y una burguesía prospera llegada a fines de S. XVIII
y pioneras décadas de XIX. Este grupo monopolizaba la tierra, la actividad comercial, el prestigio social y el poder político. En un nivel inferior de participación y
posibilidades estaban los labradores y peones rurales, arrieros de tropa, empleados de tiendas, pulperos y artesanos. Ciertas profesiones técnicas como ingenieros,
arquitectos, agrimensores y mineros estaban eficientemente servidas por extranjeros.
La economía de la región tenía una estructura productiva diversificada. Ella resolvía en buena medida los requerimientos del consumo local y proveía de
saldos exportables para el comercio interregional y a la demanda de los mercados de Bolivia, Perú y Chile, asegurando fuentes de trabajo estables a la mano de obra
nativa, los presupuestos fiscales eran pequeños. En ese panorama se insinuaba el ascenso de Tucumán respecto de las otras provincias, Catamarca y Salta contaban
con una relativa prosperidad, mientras que Santiago y La Rioja eran provincias que soportaban situaciones económicas más críticas.
Tucumán producciones más significativas la caña de azúcar, el tabaco, el arroz y las maderas, la ganadería orientada hacia la cría de vacunos y mulares,
siendo escasos los productores que poseían plateles de gran volumen. La llegada del ferrocarril redujo el número de ingenios pero incorporo maquinaria de gran
capacidad de molienda y elaboración. Otro cultivo industrial de significación era el tabaco. El productor tenía muy buena calidad pero los métodos culturales eran
rutinarios y deficientes. La exportación más ventajosa que tenía era la curtiembre, procesando la materia local y también la que se adquiría en Santiago, Catamarca y
Salta. Otro recurso importante era la explotación forestal.
La provincia de Salta tenía como producciones los cueros y sus derivados industriales. El comercio de las mulas a Bolivia y Perú había declinado pero se
compensaba en parte con los arreos de hacienda vacuna a esos mismos mercados y también a Tucumán y Santiago del Estero. La ganadería era sin duda, la riqueza
de Salta.
Jujuy era una provincia de escasa población, la más baja del Noroeste, y de comercio limitado. Bolivia y Salta eran sus mercados. La principal riqueza era la
ganadería, con una producción de azúcar que estaba en alza, abastecía el consumo local y se vendía en Salta, pues esta provincia todavía no había desarrollado su
industria azucara. También se exportaba el maíz en grano, la papa, el charqui, las naranjas y el agua ardiente de caña. También se explotaba el oro en pepitas.
Santiago del Estero padecía una situación de aguda pobreza. Era la provincia más poblada del Noroeste pero no había podido desarrollar una economía
acorde con sus necesidades y también con sus recursos. Se hacía sentir la falta de agua para el riego, el gobierno carecía de fondos para obras públicas. Tenía una
explotación ganadera primitiva, agricultura de subsistencia, manufactura artesanal del tejido y del cuero. La ganadería proveía de animales para el consumo y la
explotación de hacienda y cueros a Tucumán y Córdoba. Se confeccionaban primorosas colchas, ponchos y jergas se vendían en Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y
Buenos Aires. Cubierto en vastas extensiones por bosques de quebracho brindaba prodigo un material que estaba necesitando la expansión del ferrocarril.
El santiagueño del común sobrellevaba su pobreza y a veces su miseria gracias a la gran fragilidad. Su dieta alimentaria consistía en la algarroba, mistol y
maíz. Se complementaba con zapallo y melones de estación que se cultivaban en las chacras y huertas familiares.
Un francés emprendedor, Pedro Saint Germes, instalo a cinco kilómetros de la ciudad, un moderno ingenio azucarero en un campo d 800 hectáreas, era el
ingenio más moderno que existía en el país. La iniciativa fue contagiosa, estas inversiones produjeron una valorización crecida de las tierras.
Catamarca era la provincia minera más importante del país, seguida por San Juan y La Rioja.
La Rioja los pocos recursos hídricos y las frecuentes sequias asolaba la escasa producción agropecuaria, carecía de ríos importantes que pudieran ser
aprovechados, los cultivos se reducían a pequeños oasis de riego al abrigo de montañas empinosas.
El estado de guerra casi permanente que vivió desde 1820 a 1868 hizo de ella un baluarte del federalismo agresivo.
Los riojanos vendían sus vinos tan acreditados en el Noroeste, cultivaban trigo y molían harina, también desarrollaban pasturas para la alfalfa. Muchos
seguían apostando por lo minería el problema radicaba en la falta de capitales.
Antes que el ferrocarril cambiara nuestro sistema de comunicaciones, el N.O. estaba estructurado sobre los ejes de circulación establecidos durante la época
colonial. Cuando irrumpió llego a Tucumán en medio de la euforia colectiva en 1876. Desde ese momento aumento considerablemente el cultivo de caña de azúcar, se
introdujo moderna maquinaria y la producción registro un crecimiento significativo. La expansión tucumana estaba en marcha.
La primera desventaja que soportaría el Noroeste del ferrocarril fue su marginación respecto a la red ferroviaria. Santiago del Estero solo la recibió en 1884,
en forma de ramal secundario derivado de la estación Frías. Catamarca tuvo tren a mediados de 1889 con las desventajas consiguientes al ser punta de riel. Ese mismo
año, la primera locomotora entro en la ciudad de Salta, aunque en este caso la estación quedo emplazada sobre la línea troncal que venía de Tucumán. Tarde, muy
tarde, se le dio ferrocarril a La Rioja, donde llego a fines de siglo. La nueva frontera de hierro no vinculo a las provincias andinas con Tucumán y tampoco con Santiago
del Estero siguiendo el trazado de caminos tradicionales. El riel corto la realidad económica- social preexistente, margino pueblos y cambio la geografía política.
Las consecuencias fueron en muchos casos negativas. Para sacar sus producciones, los pueblos marginados siguieron durante cierto tiempo con su
locomoción a mula, pero este sistema no podía resistir la competencia del tren. En Catamarca y Santiago comenzó un éxodo de trabajadores a los ingenios tucumanos
atraídos por mejores salarios. Era el comienzo del fin de la industria azucarera e Santiago. Si bien el ferrocarril modernizo algunas partes de las comunicaciones, la
rigidez del riel aprisiono al sistema económico del N.O., desarticulando la integración de sus partes constitutivas. También desalentó los antiguos ejes de circulación que
vinculaban a la región con Chile, Bolivia y Perú, subordinándola a los puertos del Litoral. Esto reporto una decadencia generalizada, con excepción de Tucumán, centro
de economía complementaria del nuevo sistema, que hizo de Buenos Aires el punto de convergencia necesario y forzoso. La región paso a ser consumidora de las
manufacturas que se introducían del exterior, por los puertos del Litoral, desplazaron a los artículos producidos por las industrias y artesanías regionales.
La inmigración (Lascano)
La gran extensión territorial baldía era el problema de la República Argentina, era imperioso hacer desaparecer el desierto aplicando la formula “gobernar es
poblar”, lo cual significaba abrir las puertas de la inmigración, asegurándole libertad y bienestar. Esta inmigración debía venir de Europa. Ella traería la civilización en sus
hábitos de trabajo, de libertad y de cultura.
La mayoría liberal había sancionado un proyecto que concedía a la inmigración todos los derechos civiles y también la posibilidad de adquirir ciudadanía para
gozar de derechos políticos, con excepción de la presidencia y vice de la nación.
Los primeros contingentes de colonos extranjeros comenzaron a llegar enseguida, por gestión de los gobiernos provinciales.
El proceso de colonización no se detuvo, como es sabido pero la nación demoro bastante el dictado de la ley reglamentaria sobre inmigración y colonización.
Esto sucedió solo en la presidencia de Avellaneda cuando se dicta la ley n° 817. Le ley creo el Departamento General de Inmigración con la misión de promover el
ingreso de la inmigración. También dispone la creación de Comisiones de Inmigración en las provincias para facilitar en el interior del país la radicación de los
inmigrantes. El proceso de inmigración demoro bastante en las provincias del Noroeste, y fue mucho más reducida.
Tucumán fue la provincia que más inmigrantes había receptado. La colectividad más numerosa era la española, siguiéndole la italiana, árabes y franceses.
Era la provincia con mayor desarrollo económico y ofrecía mejores oportunidades laborales a los inmigrantes que querían radicarse en ella. Salta ocupaba el segundo
lugar, venia después Santiago del Estero, más reducida en Catamarca, La Rioja y Jujuy.
La escasa atracción de inmigración se debió a
● la distancia geográfica en que se hallaba respecto a los puertos del litoral
● la demanda de Buenos Aires y Rosario de mano de obra tanto para operaciones calificadas como para obreros comunes
● las mejores tierras para el aprovechamiento económico habían sido repartidas en merced real de los primeros colonizadores (S. XVI-XVII)
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● no hubo una política sostenida de gestión oficial para la promoción de la inmigración.
● La falta de establecimiento de colonias, aunque se intentó.
Primeros antecedentes de la legislación social reaccionaria (Lascano)
La mentalidad de la oligarquía reservaba sus grandes conquistas culturales y las obras gubernativas para el goce exclusivo de esa clase social
predominante. La legislación debía tender a una verdadera alteración de raza mediante el fomento de la población anglosajona. La exclusión del nativo sería resultante
de esa política inmigratoria que trataba de fundar una nación prescindiendo de sus nacionales. Todo este sistema fundado en una ideología descreída del país y su
pueblo, constituye el régimen, de esencia anti nacional.
Los antecedentes legislativos de su andamiaje socialmente reaccionario podrían remontarse a los primeros estatutos y reglamentos directoriales que
negaban los derechos políticos a domésticos y asalariados. Quien no acreditara la posición de propietario pasaba a engrosar las filas de los vagos, susceptibles del
enganche militar, la leva forzosa o el servicio de fronteras. La mentalidad burguesa trasplantada del liberalismo reservaba la democracia de los pudientes, a quienes
podían pagar impuestos y hacerse acreedores a intervenir en los negocios públicos porque contribuían a sostener el Estado.
Esta ideología también llegó a Santiago. En la primera constitución de 1856 se estableció entre los requisitos para ser diputado o senador “tener una
posición independiente”. La reforma de 1864 exigía al titular del poder ejecutivo “tener un capital propio que no baje de cinco mil pesos”.
A imitación de otros antecedentes nacionales y regionales, la legislatura santiagueña sancionó un primer ordenamiento social y laboral el 7 de julio de 1860,
durante el gobierno de don Pedro R. Alcorta, aun bajo influencia de los Taboada. Las relaciones entre peones y patrones correspondían al Intendente General de Policía
en la órbita del reglamento de policía dictado en la fecha. Todo contrato de trabajo debía efectuarse ante el Intendente de Policía quien daba al peón la papeleta
certificante, cuya falta le condenaba a servir en las obras públicas. El Cap VI legislaba sobre los “conchabados” a partir del principio de que todo aquel que no tuviera
una propiedad, profesión o industria estaba obligado a conchabarse, a jornal o servicio doméstico. Ningún peón, jornalero o sirviente podría obtener nuevo conchabo sin
presentar la papeleta firmada por su anterior patrón. El Cap. VII consideraba vagos y mal entretenidos a cuentos, sin tener propiedad, profesión, arte u oficio, tampoco
tuviera conchabo en la forma prescripta por el reglamento. Los varones serían detenidos y mandados a conchabar; las mujeres, destinadas al servicio doméstico. Esas
normas restrictivas eran las corrientes en su época. La libertad personal resultaba ilusoria para quien no tuviera papeleta de conchabo, y esta obligatoriedad facilitaba
mano de obra servil a los grandes propietarios.
Si esta fue la situación social con los Taboada, se agravó más con Rojas. Resultado de estas incidencias fue la ley sancionada el 23 de noviembre de 1887 y
promulgado por el gobernador Absalón Rojas. Establecía el mecanismo de las relaciones laborales, siempre bajo jurisdicción policial. Obligaba a tomar conchabo a
todas las personas sin rentas propias, oficio, industria y ocupación; excluía a hijos de familia menores de edad bajo tutela paterna. En caso de huelga, los obreros serían
penados como vagos: y la policía expediría las papeletas haciendo constar su relación laboral, jornales percibidos y cuentas entre patrón y peón. El patrón es un
magistrado doméstico revestido de autoridad policial para velar por el orden de su casa haciendo que peones y sirvientes les presten obediencia y respeto, y que
cumplan puntualmente sus deberes.
El patrón podría exigir resarcimiento por daños causados por mal servicio de sus peones, o ausencia indebida del trabajo. Los jornaleros debían trabajar de
sol a sol, descansando dos horas en el mediodía en los meses de diciembre, enero y febrero; y a excepción de los meses de junio, julio y agosto, una hora en los demás
restantes hasta terminar el año. No podría disolver el contrato de servicio, ni negarse a continuarlo sin causa bastante (pena de 30 días a trabajos forzados), normas
también aplicadas a las sirvientas.
Como consecuencia de esta ley, el 29 de diciembre de 1887 se dispuso crear una oficina de servicios a jornal, adscripta al departamento de policía y
encargada de expedir las papeletas de conchabo, llevar los registros de trabajo, ajustes de salario y contratos de servicio.
Estado, Educación y Género en Santiago (1874-1914) – (Soifo, Marta)
Diferencias de currículum según el sexo: para las mujeres, las labores incluían costura, bordado, tejidos de mano. En cuanto a las escuelas normales nacionales, el plan
de estudios tuvo una reformulación en virtud de las críticas formuladas por el ministro Eduardo Wilde en 1883, éste aconsejó un plan de instrucción de tres años para la
formación de maestros y maestras, y de cinco para los profesores, se introdujo Historia Patria en el plan de maestros primarios, así también Geografía argentina e
Instrucción Cívica. Se clasificaba a las escuelas normales en elementales, para la formación de maestros para las escuelas primarias y superiores para la de profesores.
La de Santiago se encontraba entre la primera.
El programa educativo de la élite dominante inscribió los proyectos de escuelas profesionales en el propósito de alejar a otros sectores ascendientes de la
posibilidad de acceder al poder, en tanto perseguía la perpetuación de las funciones dirigentes de una élite, a quien tampoco convencía el ingreso de las mujeres de los
sectores bajos a la Escuela Normal.
Graciela Morgade señala que, según el censo de 1869, el 58,4% de las mujeres desarrollaban tareas agrícolas y artesanales, integrando así la población
económicamente activa, gran parte se dedicaba a la actividad doméstica, así como costureras, cocineras, lavanderas, sirvientas, entre otras.
Se ofrecía en la oferta educativa de Artes y Oficios, cocina, lavado, planchado, cría de aves, limpieza y aseo del hogar, costuras, obras de industria local, lo
que pudo significar la posibilidad de obtener el aprendizaje de un oficio para las mujeres, los saberes reproducían el orden social, lo cual unido al escaso prestigio
explica la merma en la concurrencia de las alumnas.
Escolarización, docencia y afianzamiento de la nacionalidad: el Estado- Nación, marca a la escuela como difusora de la cultura hegemónica. El orden patriarcal del
Estado nacionalista de fines de siglo necesitaba de un instrumento que transmita sus valores, requería la consolidación del Estado y la incorporación de la Argentina al
mercado mundial. Este instrumento fue la escuela pública cuya función primordial fue un orden moral orientado a la formación y garantía de la unidad nacional ante la
doble amenaza del nuevo orden: el arribo de inmigrantes y conflictos regionales. La asistencia a la escuela garantizaba hábitos, normas de conducta, una lengua común
e identidad nacional, el docente fue moldeado como agente en esa labor de ciudadanización. La construcción de la identidad de la docencia se entretejió con la
construcción de la identidad nacional.
En 1900 aproximadamente, el 68% del personal docente de la provincia estaba constituido por mujeres.
La escuela es la llamada a formar en los niños el sentimiento de la propia nacionalidad. Esta necesidad es mucho más sentida en los pueblos jóvenes que
reciben mucha inmigración como la República Argentina. Según Alberto Tasso, si bien la inmigración en Santiago tuvo un reducido peso demográfico, su influencia
social y económica, resultó de mayor relevancia y no duda en afirmar que no fue grata para la élite.