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Historia de la

Edad Media
FLICHE, Agustín

Tema: Los Otones.

Fliche, Agustín. Historia de la Edad Media. Tomo II.


París, 1930. Síntesis.
Digitalización: Salatino Renata.
LOS OTONES
Otón el Grande. La restauración del Imperio de Occidente. (936-962)
1. Supervivencia de la idea imperial en Occidente

Durante la primera mitad del siglo X, los estados surgidos del desmembramiento del
imperio carolingio han vivido su propia vida. El papado, influenciado por la nobleza
romana, no ha tratado de renovar la institución imperial. Sin embargo, el recuerdo de ésta
no ha desaparecido y permanece viva en la literatura que exalta a Carlomagno y al
régimen que estableció. Desde la segunda mitad del siglo IX, la leyenda del emperador
se encauza a través de los poemas y los cantos en la lengua vulgar y se lamentan su
desaparición. Ese sentimiento persiste y se acrecienta en el siglo X por los problemas que
acarrean las invasiones.

Hacia el 950 Adson, monje de Montiérender, en su “Vita Antechristi” anuncia que la


venida del anticristo, que debe coincidir con el momento en que todos los reinos se
separen del imperio romano, no está próximo todavía. Todas estas obras tuvieron gran
influencia y en todas partes se producen emotivos llamados hacia un nuevo Carlomagno.
Este nuevo Carlomagno surge en el siglo X en Alemania, donde se ha logrado un estado
de estabilidad favorable y tuvo la fortuna de dar nacimiento a un hombre de genio: Otón,
quien logrará restaurar el imperio en 962.
2. Otón el grande

Otón en 936 sucede a su padre Enrique I como rey de Germania; tiene solo 24 años.
Posee todo lo que hace falta para conquistar las simpatías de su pueblo. Su presencia se
impone por su talla y su poderosa contextura, por su fisonomía enérgica; jamás retrocede
delante de las más rudas fatigas y no teme en los combates los puestos más peligrosos.
Es, además, extraordinario guerrero con una inteligencia de primer orden. Su educación
totalmente militar, no ha hecho de él un letrado; desconoce el latín y fuera de su lengua
materna, habla mal el eslavo y el francés ya que aprendió a leer tardíamente. Sin embargo,
esas lagunas de su instrucción no le impedirán distinguirse como hombre de estado o
general.

Otras características de su persona se destacan: su excelente humor; su alegre bondad;


su deseo de lograr un gobierno equitativo y moderado y su piedad acabará por conciliarle
las simpatías de los hombres de la iglesia. Fiel a las prácticas religiosas; tiene devoción a
los santos, cuyas reliquias venera y se complace en presidir las grandes ceremonias de
culto. Siempre se esforzará por adecuar su gobierno a los principios evangélicos.

El objetivo que se propone es consolidar en Alemania la obra de su padre, para


reivindicar primero la corona de Italia y después la dignidad imperial.
2.1. El gobierno de Otón I en Alemania

Otón llega al trono de Alemania en el año 936, haciéndose consagrar y coronar en una
gran asamblea reunida en Aquisgrán, durante la cual, los duques renuevan a elección y

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recibe el juramento feudal. El arzobispo de Maguncia lo conduce al centro de la iglesia y
es aclamado por el pueblo como el elegido de Dios y de los príncipes. Se le colocan las
insignias de la realeza, mientras se canta el Tedeum.

De esta manera se renueva la tradición carolingia y la realeza sajona adquiere carácter


religioso. Así como Otón manifiesta su acuerdo con el episcopado, también afirma su
voluntad de subordinar los duques a la autoridad real. Estos aseguran su servicio personal
como grandes oficiales de la corona.
Es una ventaja para la iglesia y una advertencia para los duques. La política interior
de Otón gira en torno a estos dos aspectos.

Era fácil de prever que los duques no se inclinarían sin resistencia a la adaptación que
les había sido impuesta sorpresivamente y quizás para triunfar frente a una eventual
oposición y también para preparar en un futuro más lejano la restauración del imperio en
su beneficio, es que Otón se había acercado a la iglesia solicitando la bendición desdeñada
por su padre.
2.1.1. La relación de Otón y los duques

Como los duques, sorprendidos y confundidos, no han marcado el golpe, Otón ha


podido, sin ser molestado por ellos, obviar las grandes dificultades que surgieron al
comienzo de su reinado en las fronteras orientales de su reino.

El duque de Bohemia, luego de 929, no ha cesado de manifestar las más pacificas


disposiciones y a la vez ha acentuado el acercamiento de su país con Alemania y facilitado
la penetración del cristianismo, construyendo nuevas iglesias y reconstruyendo las que
estaban en ruinas; ha llamado también al obispo de Ratisbona para que consagre la
catedral edificada en Praga mediante su apoyo. Pero poco antes de asumir Otón, este
duque Wenceslao es asesinado por Boleslao su hermano, quien de inmediato se sustrae
de la tutela alemana que Otón quiere imponerle por la fuerza.

Otro peligro en el comienzo del gobierno de Otón es el avance de los eslavos y


los húngaros. El prestigio del joven rey es alcanzado un poco por esta reaparición del
peligro exterior que se creía conjurado.

Las dificultades interiores no tardan en surgir y vienen precisamente de los


duques, que pronto se sublevaran contra la nueva concepción de gobierno de Otón I.

En Baviera, muere el duque y le sucede su hijo. Otón quiere retomar las


prerrogativas abandonadas por su padre, en especial, en lo referente al nombramiento de
los obispos bávaros. El duque se opone, pero finalmente el ducado se entrega a Bertoldo,
uno de los más fieles servidores de Otón.

En Franconia el duque Eberhardo siente envidia por la dinastía sajona, entonces


se subleva en 937, pero la represión es inmediata y el duque rebelde debe entregar a Otón
cien libras de plata, luego de lo cual obtiene el perdón.

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Más tarde, el duque Eberhardo participa en una conjuración organizada por el
duque de Lorena y por Enrique, hermano del rey, quien pretende la corona alemana.

Los sublevados quieren provocar un levantamiento de la Lorena con el apoyo del


rey de Francia, justo en el momento en que Otón debe hacer frente a la situación de los
eslavos en la frontera oriental del reino. Otón confió rápidamente al conde Gerón la
misión de contener a los eslavos y se vuelve contra sus adversarios. A comienzos del 939
sorprende cerca de Xanten a su hermano Enrique; lo enfrenta y lo encierra en Merseburgo,
finalmente se rinde. Pronto se une a Gilberto, duque de Lorena para reiniciar las
hostilidades. El rey de Francia acepta recibir el homenaje de los señores loreneses y la
ayuda efectiva.

Otón es informado de la traición de su hermano y se dirige a Lorena donde obliga


a Gilberto a refugiarse en una fortaleza de Chiévremont y vuelve a Sajonia ante un nuevo
peligro de los eslavos. Sitia Brisach y acepta iniciar negociaciones por intermedio del
arzobispo de Maguncia; aunque éste, finalmente, se une a los sublevados junto con el
arzobispo de Estrasburgo.

Los duques de Lorena y Franconia cruzan el Rin para obligar a Otón a levantar el
sitio a Brisach. Sin embargo, son sorprendidos por un pequeño ejército sajón y mueren.
Brisach capitula; los arzobispos de Maguncia y Estrasburgo piden perdón; Enrique
depone las armas; los señores loreneses se someten; la viuda del duque Gilberto se casa
con el rey de Francia. Otón concede el ducado de Lorena a un conde de la región, quien,
además, debe velar por el hijo de Gilberto hasta la mayoría de edad. El ducado de
Franconia vuelve a la corona.

Otón puede disponer de sus estados sin levantar la menor resistencia. No existen
más duques independientes; a mediados del siglo X el rey es quien nombra a los duques.
La autoridad monárquica alcanza así una gran fuerza y prestigio en Alemania.
2.1.2. Otón y la Iglesia

Los objetivos principales de la política eclesiástica de Otón son dominar la iglesia


convirtiéndose en jefe de los obispos y enriquecerla para obtener su apoyo.

Al comienzo de su gobierno interviene en las elecciones de los obispos y por ello no


duda en desplazarse de un lugar a otro para concretar este propósito. A menudo nombra
al obispo en la misma corte, pero siempre se preocupa de no ir en contra de los deseos de
los electores canónicos.

Los miembros de su familia se vieron particularmente favorecidos. Su hijo Guillermo,


arzobispo de Maguncia; Brunon, su hermano, arzobispo de Colonia y otros. Brunon
educado en la escuela de la catedral de Utrecht, fue un hábil diplomático y un obispo
caracterizado por su piedad austera y su amplia cultura.

Estos obispos son caracterizados por Otón como vasallos que dependen directamente
de la corona. Son además verdaderos señores temporales que gozan de numerosas
prerrogativas: acrecentamiento de los poderes judiciales del tribunal episcopal sobre el

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territorio que goza la inmunidad; derechos importantes de regalía como la acuñación de
moneda y percepción de impuestos en los mercados; además de conferir al obispo los
poderes del conde en el recinto de la ciudad. De este modo, durante la segunda mitad del
siglo X el episcopado alemán adquiere una gran autoridad territorial.

El mismo Otón entrega al obispo su dignidad, lo “inviste”, ofreciéndole el bastón


pastoral y la consagración tiene lugar luego de dicha entrega. El obispo tiene del rey su
iglesia y el juramento que presenta es un juramento feudal.
En tiempos de Otón el episcopado alemán tiene un valor moral y no se desinteresa de
sus funciones episcopales. Poco a poco entre esos obispos vasallos las preocupaciones
políticas prevalecerán sobre los intereses religiosos y entonces esa subordinación del
episcopado a la monarquía traerá problemas en el futuro.

Otón ha dado a la monarquía sajona una fuerza incomparable al quebrar el poder de


los duques y apoyarse en la iglesia. Así puede entonces pensar en renovar la tradición de
Carlomagno, conquistar Italia y resucitar el Imperio en su provecho.
3. La conquista de Italia
3.1. Política exterior de Otón hasta 950

Otón desciende en 950 a la península itálica para tomar allí la corona imperial. Desde
hace largo tiempo que ha puesto su atención en este reino gobernado desde el 926 por
Hugo de Arlés.

Al finalizar el 941 Berengario, marqués de Ivrea, se ha rebelado contra Hugo y huye


a Germania pidiendo la intervención del rey de Alemania. Otón no cree oportuno acceder
al pedido porque, aunque ha logrado subordinar a los duques y ha hecho triunfar su
concepción monárquica, sin embargo, quedan todavía algunos problemas en el orden
interior por resolver y también la problemática exterior ante el avance de eslavos y
húngaros. Por ello no es conveniente emprender una expedición tan lejana.
3.1.1. La cuestión de Borgoña

En esas condiciones, Otón juzga prematura la intervención en Italia. El rey de


Italia, Hugo de Arlés, quiere extender su influencia del otro lado de los Alpes anexando
el reino de Borgoña. Por ello trata de aprovechar la muerte de Rodolfo II de Borgoña,
hecho sucedido en el 937, desconociendo las cláusulas de un tratado firmado con
anterioridad por el cual el reino de Arlés era transferido por Hugo a Rodolfo. En el
momento de la muerte de este último, Hugo quiere recuperarlo; se trata de una verdadera
política invasora que arriesgaba hacer caer bajo el poder del rey de Italia los pasos de los
Alpes. Esta situación inquieta a Otón I y por eso interviene en Borgoña en el 938.

El rey de Germania toma bajo su protección al hijo de Rodolfo, Conrado y Hugo


de Arlés se retira a Italia.
El reino de Borgoña ha conservado así su independencia. Para Otón ha sido un
éxito. Italia permanece bajo la dominación más o menos teórica de Hugo de Arles hasta

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su muerte (947). Su hijo Lotario, Casado con Adelaida, Hija de Rodolfo de Borgoña, le
sucede hasta el 950, año en que muere.
3.1.2. Berengario II rey de Italia

Berengario ha vuelto a Italia después del 955 y ha gobernado bajo la autoridad


nominal de Hugo y luego de Lotario. En el 950 se hace elegir rey de Pavía, asociando a
la corona también a su hijo.

Sin embargo, Berengario teme por la presencia de Adelaida, quien agrega a los
derechos que tenia de su marido Lotario, los que venían por su padre Rodolfo II de
Borgoña, además de la popularidad que la princesa había logrado en la península por su
amabilidad y dignidad de vida.
Por ello Berengario cree conveniente encerrarla, pero su hermano Conrado de
Borgoña protesta de inmediato ante el rey de Germania. Otón entonces encuentra en esta
circunstancia la ocasión para intervenir en Italia.
3.1.3. Otón en Italia

En esta ocasión, las condiciones están dadas para partir a Italia, donde debe liberar a
Adelaida y conquistar su corona. Lo acompañan sus hermanos Brunon y Enrique, el
duque Conrado de Lorena, los arzobispos de Maguncia y Tréveris, varios obispos y
numerosos señores laicos. Al entrar en Lombardía, la reina cautiva logra evadir de la
prisión. Otón llega a Pavía y toma el título de rey de Italia sin hacerse elegir ni coronar.
Luego envía una embajada con presentes para solicitar la mano de Adelaida, la cual
obtiene sin dificultades. De inmediato se celebra el matrimonio.

Era necesario organizar la región tan rápidamente conquistada. Sin embargo, Otón
regresa a Alemania y deja en Pavía al duque de Lorena, quien debe representarlo. Ante
éste, Berengario presta sumisión y ofrece gobernar Italia como virrey en nombre del rey
de Germania. Conrado acompaña a Berengario a Alemania y allí, en una asamblea, luego
de presentar juramento de fidelidad recibe el gobierno de Italia como vasallo, con
excepción del marquesado de Friul e Istria que queda en manos de Enrique de Baviera.
4. La restauración del Imperio de Occidente
4.1. Situación de Alemania entre 952-956

Entre 952-956 Otón debe interrumpir sus grandes proyectos por la situación que se
desencadena en el reino alemán. Su hijo Liudolfo, duque de Suabia, no acepta fácilmente
los privilegios alcanzados por su tío Enrique durante la campaña a Italia. A ello se suma
el nacimiento del hijo de Adelaida y Otón. Liudolfo convencido que luego de la muerte
de su padre seria desposeído de la corona, agrupa a su alrededor a todos los que están
descontentos. Junto al duque de Lorena Conrado el Rojo, organiza el complot. Le
manifiesta al rey que no tiene intención hostil contra él, sino que es Enrique de Baviera
el objeto de su resentimiento. Otón convoca una asamblea. No Conrado ni Liudolfo
concurren. Conrado es privado de su ducado; luego de batirse con el sobrino del duque
Gilberto, se refugia en Maguncia. El rey con una armada de sajones, franconianos y

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loreneses sitia Maguncia y decide negociar. Liudolfo y Conrado consienten en someterse,
pero luego los propósitos injuriosos tenidos por Enrique de Baviera sobre ellos
desencadenan nuevamente el desorden y el acuerdo alcanzado queda comprometido.

Nuevamente se inicia la guerra civil en Alemania. Los conjurados de inmediato


reciben importantes adhesiones. Baviera y Suabia se pronuncian por ellos. Otón se ve
obligado a pedir ayuda a su hermano Enrique. Pone sitio a Ratisbona, pero debe
abandonarlo y vuelve a Sajonia. Su hermano Brunon, que ha recibido el ducado de
Lorena, no puede impedir que Conrado se apodere de Metz. En Suabia se combate a favor
de Liudolfo. Es decir, que para Otón la situación no es nada fácil. Sin embargo, la
reaparición del peligro húngaro le permite retomar su reino. Las poblaciones
atemorizadas se separan de los opositores que deben entonces someterse.

En 954 Conrado vuelve a la fidelidad del rey y Federico de Maguncia se justifica de


las acusaciones que pesaban sobre él. Liudolfo resiste por más tiempo, hasta que se
somete. Liudolfo resiste por más tiempo, hasta que se somete. En una nueva asamblea
Liudolfo y Conrado son indultados, se les deja en posesión de sus bienes patrimoniales,
pero pierden sus ducados y feudos.
4.2. Los húngaros

Es probable que los húngaros hayan aprovechado las dificultades de la realeza para
renovar sus correrías. En 954 se lanzan sobre Baviera. Otón acude para rechazarlos, pero
al llegar se entera que Liudolfo ha negociado su partida hacia la región renana, donde
Conrado se apresura a tratar con ellos y él mismo los conduce para asolar las diócesis de
Colonia y Metz. Los húngaros alcanzan la región del Meuse y el Escalda; Cambrai logra
resistir, pero sus suburbios son reducidos a cenizas. Los invasores ganan la región de
Reims y Chalons y luego se retiran hacia Borgoña e Italia. Alemania ha sido relativamente
preservada.

En el 955 los húngaros, animados por el éxito del año anterior, dispersan sobre
Alemania hordas más numerosas y ponen sitio a Augsburgo. El obispo de la ciudad,
advertido del peligro, asegura la defensa de la ciudad episcopal. Por su parte, Otón reúne
en Sajonia una importante y numerosa armada; todos los duques acuden a este llamado.

El combate se entabla a orillas del rio Lech el 10 de agosto de 955. La lucha es


sangrienta, en ambos lados se defienden con una aspereza feroz. La victoria es para Otón,
que a partir de este momento se lo llama “el Grande”.

Sin duda Otón ha brindado a Occidente cristiano un importante servicio, del cual se
ha guardado justamente un infinito reconocimiento. Si la batalla de Poitiers ha sido el
primer eslabón hacia la restauración del Imperio en provecho de Carlomagno, la de Lech
es seguramente el preludio de la coronación imperial de Otón.
4.3. Los eslavos

Los Eslavos comienzan a moverse sobre la frontera del Elba desde el 954. Hacia el
955 el movimiento es mayor y es necesario detenerlo. Cuando Otón termina con los

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húngaros, avanza sin encontrar resistencia hasta Recknitz. En ese mismo lugar se libra la
batalla el 16 de octubre de 955. La victoria es duramente lograda; la posición de la armada
alemana aparece un momento comprometida, pero el conde Gerón inicia un vigoroso
ataque que conduce a excelentes resultados. Los eslavos inician la huida, dejando a su
jefe, que Otón manda a matar brutalmente. Este acto de ferocidad produjo una impresión
de terror entre las tribus eslavas que renuevan en su mayoría la sumisión.

El año 955 ha visto el retroceso de todos los invasores y Otón aparece como el
glorioso defensor del cristianismo.
4.4. Extensión del Cristianismo en el país del norte

Al mismo tiempo que se hace retroceder a los pueblos paganos, Otón contribuye a
extender el Evangelio en el país del Norte. Desde los primeros años de su reinado, Otón
ayudado por el arzobispo de Hamburgo, Adalgag, ha multiplicado las funciones religiosas
en las regiones escandinavas. En el 948 el papa Agapito II instituye la iglesia de
Hamburgo como metrópoli de daneses, noruegos y suecos.

La evangelización de Dinamarca ha alcanzado también importancia y las nuevas


diócesis están unidas a un arzobispado alemán.

En los países eslavos se fundan los obispados de Havelberg y Brandeburgo, en 946 y


948 respectivamente, sufragantes de Maguncia.

Estas nuevas diócesis tienen por fronteras al este el Oder, al oeste y al sur el Elba, lo
cual constituye un importante avance no solo para Alemania, sino para el catolicismo
también.
4.5. Otón y la reforma de la Iglesia

La iglesia era favorable a la restauración del Imperio en favor de Otón I. El rey no ha


dejado de secundarla y de dar fuerza de ley a sus decisiones sinodales como Carlomagno.
Además, toma una serie de medidas religiosas con un claro sentido reformista que son
muy bien recibidas por el clero.
En 955 parece haber llegado el momento de renovar con Roma las antiguas
negociaciones. Envía al abad Ademar de Fulda para que entreviste al papa Agapito II. El
pretexto de la embajada es obtener el palio para su hermano Brunon. Sin embargo, la
muerte del papa interrumpe la negociación.

El sucesor de Agapito II es Juan XII. El nuevo papa sueña con aumentar los ingresos
de su iglesia y no desea restaurar el imperio ni favorecer la influencia germánica en Italia.
4.6. Otón y la expedición a Italia

Otón no pierde de vista el reino italiano ya que la situación en la península es


intranquila.

Berengario no respeta los compromisos establecidos en Augsburgo y comienza a ser


detestado por sus súbditos por sus procedimientos de gobierno, la corte alemana recibe

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las quejas y Otón decide enviar, a fines del 956, a Liudolfo quien, luego de entrar en Pavía
y recibir la sumisión de Berengario, muere.

En 960 las recriminaciones contra Berengario aumentan. Juan XII, en guerra contra
el virrey, se une al episcopado lombardo. Una embajada se organiza para invitar a Otón
a venir a liberar Italia.

El rey no se hace rogar, pues en este momento, las condiciones internas y externas del
reino le permiten hacerse cargo de esta empresa. Antes de emprender el viaje reúne una
corte en Worms en 961, en la cual asocia a su hijo mayor Otón y después es consagrado
por los tres arzobispos renanos. Brunon de Colonia y Guillermo de Maguncia son
encargados de velar por el joven príncipe.

En agosto de 961 Otón I cruza el paso de Brenner y llega sin dificultades a Pavía,
donde celebra la fiesta de navidad.

En enero de 962 continua su marcha hacia el sur. El 31 de enero está delante de Roma,
pero no puede franquear el umbral de la ciudad hasta después de prestar el juramento
tradicional que debe asegurar la pureza de sus intenciones al papa y a los romanos. Otón
no solo se compromete a trabajar por la exaltación de la iglesia romana, sino también a
no emprender nada contra la vida y el honor del papa; no tener ninguna asamblea en roma
sin el consentimiento del papa; no intervenir en la administración del estado pontificio;
proteger los bienes temporales de la santa Sede. Juan XII y los romanos prestaron
juramento sobre las reliquias de San Pedro de no sostener a los enemigos de Otón en
Italia. Se refiere a Berengario y su hijo.

Este intercambio de promesas indica, en vísperas de la coronación imperial, cuáles


son las disposiciones de Juan XII. Así entiende procurar la independencia de la sede
apostólica y conservar sus posesiones.
4.7. La coronación imperial

El 2 de febrero del 962 Otón se dirige a San Pedro con la reina Adelaida y recibe de
manos del papa Juan XII la corona imperial, siguiendo el ceremonial bizantino y franco.
El pueblo aclama al emperador. El papa y el emperador se retiran luego de intercambiar
sus presentes.
El 12 de febrero se reúne un concilio en San Pedro. Juan XII ante el pedido de Otón
crea en Magdeburgo un arzobispado; el obispado de Merseburgo dependerá de esta sede.
Magdeburgo se convierte en metrópolis de los países eslavos, centro de evangelización y
centro de influencia germánica. Además, el papa también destituye al arzobispo de
Salzburgo que había manifestado tenaz oposición a la política religiosa de Otón.
Mediante estos decretos Juan XII consagra y ratifica la política religiosa de Otón I; le
otorga los medios para continuar la extensión de Alemania hacia el este y reconoce su
poder absoluto sobre la iglesia de su reino. Tiene cuidado de afirmar la preeminencia
pontificia en el sentido que pertenece a la iglesia romana el solucionar los asuntos de la
cristiandad y menciona que ha accedido a las “humildes suplicas de Otón”.

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Por su parte, Otón promulga el 13 de febrero el famoso privilegio por el cual confirma
los derechos del papa sobre las posesiones territoriales de la iglesia Romana. Establece
su control sobre la administración del estado pontifical dejando constancia de que sus
“missi” deben presentarle cada año una relación sobre las condiciones de administración
de justicia. Es afirmar que es el señor de los señores de Roma. También establece que en
el futuro el papa canónicamente elegido, no será consagrado sino después de haber
prestado juramento al emperador o a sus “missi”.
4.8. El papa y el Emperador

Los decretos conciliares del 12 de febrero y el privilegio imperial del 13, precisan la
significación del acontecimiento que acababa de cumplirse. Entre Juan XII y Otón I el
acuerdo es pura forma; un profundo malentendido subsiste sobre la situación reciproca
del papa y el emperador. Juan XII ha consentido en la llegada de Otón a Italia bajo la
presión de los enemigos de Berengario, con la esperanza que eso pondría fin a la anarquía
tiránica que desolaba la Italia del norte; no le ha concedido el imperio sino bajo la
condición de que la independencia del estado pontifical permaneciera integra y no lo ha
dejado entrar a roma sino después de haber obtenido todas las garantías sobre ese punto.
El rey de Germania, por el contrario, no está dispuesto, de ningún modo, a contentarse
con ese imperio honorifico; no es a Berengario o a Luis de Provenza a quien el entiende
parecerse; él quiere hacer revivir a Carlomagno; esto implica la soberanía sobre Roma e
Italia en lo temporal y en lo espiritual, la tutela de la iglesia romana, liberada del yugo de
la aristocracia.

Esas dos concepciones irreconciliables explican por qué Otón, después de haber
restaurado el imperio se librará de toda clase de dificultades que lo obligarán a realizar
frecuentes estadías en Italia. Juan XII ha soportado el privilegio del 13 de febrero; está
bien decidido a no tenerlo en cuenta. Ahora bien, él tiene preciados golpes entre sus
manos. Berengario no se ha sometido delante de Otón y refugiado en el fondo del
Apenino, bien puede crearle dificultades; él es un posible aliado para la Santa Sede. La
opinión pública italiana es poco favorable a los alemanes, guerreros temibles sobre los
cuales corren toda clase de ruidos siniestros. El emperador ha sido aclamado siguiendo el
uso, pero, cuando el 14 de febrero deja la capital cristiana, no está seguro del mañana y
puede prever fácilmente un cambio completo que se producirá en efecto, en un futuro
realmente próximo.
4.9. Características de la restauración imperial del 2 de febrero de 962

Será necesaria toda la energía de Otón I para hacer durable la restauración del imperio
de Occidente. A despecho de apariencias contrarias, es su concepción y no la de Juan XII
la que triunfara, al menos durante cerca de un siglo; hasta la reforma gregoriana los
emperadores germánicos dominarán Roma y ejercerán una fuerte influencia sobre el
gobierno pontifical a pesar a pesar de una áspera oposición en algunos momentos.
5. La política imperial desde 962 a 1056
5.1. Alemania entre Italia y el mundo eslavo (962-996)
5.1.1. Consecuencias de la restauración imperial

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A mediados del siglo X la dinastía sajona ha podido alcanzar un notable prestigio,
porque tuvo conciencia de la misión que le había sido asignada y porque logro hacer
desaparecer los peligros que amenazaban occidente. Luego de las victorias de Lech y
Recknitz, Otón I aparece como un salvador que supo detener la invasión húngara y
quebrar el empuje de los eslavos. Sin embargo, no están totalmente aniquilados y es
necesario defender la cristiandad contra los invasores del este mediante la conversión de
los eslavos, transformados entonces en vasallos de la corona alemana.

Además, Otón no puede olvidarse de Italia. El nuevo emperador ¿puede adornarse


con ese título si no domina Roma e Italia? Por eso Otón I trata de consolidar su imperio
no solo con la conquista de Italia, sino también logrando extender la influencia alemana
en el país eslavo.
5.1.2. Italia después de la coronación imperial

Otón I se da cuenta del poder precario que tiene en Italia. El rey Berengario, a
pesar de su ancianidad, no está vencido y cuenta aún con solidos apoyos. El papa Juan
XII no ha renunciado a sus ambiciones temporales, aspira a la soberanía de Italia y está
decidido a oponerse a Otón a pesar de sus promesas. Los griegos del sur de la península
están insatisfechos frente a lo ocurrido y esperan la ocasión para intervenir.

Otón decide resolver la situación con Berengario. Se traslada al lago Mayor donde
está la esposa de Berengario y le obliga a rendirse. El rey alemán trata de obtener la
sumisión del rey de Italia, pero éste aconsejado por su esposa, declara la guerra a Otón.
Otón se prepara entonces para dirigirse hacia San-Leo donde está Berengario. Sin
embargo, enterado de lo que sucede en Roma con el Papa, envía tropas a San-Leo y él
personalmente se ocupa de Juan XII. Efectivamente el Papa, para hacer fracasar al rey de
Alemania, se ha unido a Adalberto, el hijo de Berengario, haciendo posible entrada del
joven príncipe a la ciudad.

La llegada de Otón a Roma provoca la huida de Juan XII y Adalberto. Otón


convoca inmediatamente un concilio, sin solicitar el acuerdo del Papa. En la reunión, a la
que asisten obispos, cardinales y representantes de la nobleza romana, se pronuncian
acusaciones contra el Papa y se decide citarlo. El pontífice amenaza al emperador con la
excomunión. En diciembre Otón, luego de acusar al Papa por alta traición, lo hace
deponer por el concilio, que enseguida aclama a su sucesor: León VIII.
La deposición de Papa, ilegal y contraria a las reglas canónicas, tiene sus
consecuencias. El privilegio, acordado a la Iglesia luego de la coronación, es modificado
y la nueva redacción aumenta los poderes del rey de Alemania en la elección pontifical.
El emperador entiende nominar al pontífice; es el fin de la independencia de la sede
apostólica.
Otón se dirige a San-Leo donde recibe la sumisión de Berengario y su esposa;
luego son enviados prisioneros a Alemania.

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En enero de 964 se suscitan nuevos problemas con el Papa. Otón acude a Roma,
reprime la sublevación, pero se aleja prematuramente y mediante una nueva insurrección
Juan XII entra en la capital, mientras León huye en busca de su protector. Un concilio,
reunido en San Pedro, anula las actas de la reunión del año anterior. León VIII es
depuesto. Al poco tiempo Juan XII muere. Los romanos nombran como sucesor al
cardenal Benito. La ciudad de Roma debe capitular y Benito se rinde al emperador. Un
tercer concilio reunido en Letrán despoja a Benito de la capa pontifical que es colocada
nuevamente a León. Benito es confiado al arzobispado de Hamburgo.

Ante la muerte de León VIII (965), Otón impuso a los romanos un papa de su
elección: Juan XIII. Otón vuelve a Roma (966), donde es recibido por Juan XIII. Para
asegurar el futuro, el emperador hace venir a Roma a su hijo Otón II, quien recibe la
corona imperial el día de Navidad del año 967.
5.1.3. Proyecto de Otón I en Italia meridional

En el pensamiento de Otón I, el Imperio debía integrar toda la península. Por ello


el deseo de imponer su autoridad a los príncipes lombardos del sur, considerados sus
vasallos; pero existe allí un obstáculo: la presencia de los griegos en la Italia meridional.

Bizancio ha visto con agrado que el rey de Alemania librase a la Iglesia de Juan
XII; sin embargo, los repetidos intentos de Otón para poner bajo su control la capital de
la cristiandad son mal vistos. Por eso comienza una especie de enfriamiento en las
relaciones entre Constantinopla y Aquisgrán. El emperador ve esta dificultad y trata de
aplacarla mediante la diplomacia. Otón piensa que el matrimonio de su hijo con Teófanes
(es hija de Romano II e hijastra del basileus Nicéforo Focas) puede distender las
relaciones. Sin embargo, Nicéforo no está dispuesto a dejar el campo libre a la penetración
alemana y se encarga de hacerle comprender a Otón, a través de una embajada que envía
a Rávena, que como emperador de Oriente mantiene todos sus derechos sobre Italia
meridional.

Por su parte, Otón envía a Constantinopla al veneciano Doménico, quien lleva su


proposición matrimonial; pero Doménico es mal recibido y Nicéforo exige una renuncia
formal de los alemanes a todo pensamiento de anexión de territorios griegos. Doménico,
como no tiene instrucciones, elude esta propuesta de Nicéforo. Una nueva embajada
bizantina es enviada a Otón, pero no se obtienen acuerdos precisos y además el proyecto
de matrimonio entre Otón II y Teófanes se deja de lado.

Otón I piensa entonces renovar la política de intimación que le había dado


resultado en Roma. Recibe el apoyo del príncipe de Capúa, Pandolfo I. Con la ayuda de
este príncipe y con la neutralidad de Gisulfo I de Salerno, Otón va a Capúa donde recibe
a los embajadores bizantinos, después invade Apulia y marcha sobre Bari. El emperador
se da cuenta que la conquista de las posesiones bizantinas es menos fácil de lo que había
pensado. Es necesario contar con más fuerzas y por eso debe levantar el sitio de Bari.

El emperador alemán decide entonces recurrir a la diplomacia. Luidprando de


Cremona, que conoce la lengua griega, es enviado a Constantinopla. Luidprando es

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vanidoso y optimista y está convencido que la manera más fuerte haría terminar
rápidamente con las evasiones bizantinas; pero todo queda frustrado.

Por su parte, el emperador bizantino se muestra inflexivo y orgulloso; retrasa


durante varios días la audiencia pedida por Luidprando y le reprocha las violencias
cometidas en Roma por los alemanes y el ataque contra las ciudades griegas de Italia del
sur. Luidprando trata de justificar la política de Otón; tratado como prisionero y no como
diplomático, logra por fin escapar de los griegos en octubre del 968.
Otón, al enterarse del trato que ha recibido su embajador, decide emprender la
guerra contra los griegos del sur de Italia. En la primavera del 969 arrasa la Calabria con
un resultado negativo; pone sitio a Bovino y deja al frente del mismo a Pandolfo.
Pandolfo, tomado prisionero, es enviado a Constantinopla, mientras sus soldados huyen
dejando avanzar a los griegos hasta Capúa. Al enterarse Otón envía tropas que triunfan
cerca de Ascoli; él mismo llega en la primavera del 970 y retoma el sitio de Bovino. Es
una lucha sin cuartel entre los imperios de Oriente y Occidente.

El emperador Nicéforo Focas muere y el nuevo emperador Juan Tzimiskés


manifiesta su actitud pacífica al dar libertad a Pandolfo. El arzobispo de Colonia, Gerón,
es enviado como embajador a Constantinopla con el propósito de reanudar la alianza
matrimonial de Otón II con la princesa Teófanes. Gerón es bien recibido en la corte
imperial y en abril del 972 regresa a Roma acompañado de Teófanes. El matrimonio del
hijo de Otón I y la princesa griega se celebra en la Pascua (14 de abril) del 972 y el papa
Juan XIII enseguida corona a la nueva emperatriz. Otón I considera que este matrimonio
le ayudara a consolidar la dominación Alemania en Italia.

Una vez más, Otón se hace ilusión, porque piensa que con esta alianza matrimonial
puede realmente distenderse la relación con Oriente. Pero ningún texto indica que el
emperador bizantino haya reconocido el título de emperador romano que Otón se había
apropiado; tampoco parece que el emperador de Oriente tenga intención de dar en dote a
Teófanes Apulia, Calabria, Nápoles y Salerno; Capúa y Benevento están bajo soberanía
alemana. Todo esto parece indicar que se trata solo de una tregua momentánea.
5.1.4. Alemania y los Eslavos

Al mismo tiempo que Otón ha elaborado una política italiana, ha realizado


también una política eslava. Luego de la victoria de Recknitz, dos figuras han sido
encargadas de consolidar lo alcanzado: el marques Gerón y Hermann, duque de Suabia.
Gerón extiende la influencia alemana entre el Elba y el Oder. Hermann ha sido encargado
de custodiar el curso inferior del Elba y logra detener algunos grupos eslavos.

La muerte de Gerón priva al emperador de un jefe importante; Otón se ve obligado


a dividir la marca del Norte en seis marcas distintas, asumiendo además la dirección de
las operaciones, que a partir del 966 deja sin efecto porque reside de forma permanente
en Italia.
Es importante no solo la evangelización, sino también la organización religiosa de
los Eslavos. Por eso, Otón piensa en la necesidad, antes de restaurar el imperio, de fundar

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tres obispados: Brandeburgo, Havelberg y Stargard (este último lleva el nombre de
Oldemburgo). Las primeras diócesis que se extienden sobre las regiones entre el Elba, el
Oder y el Báltico dependen de la metrópoli de Maguncia; mientras que el obispado de
Oldemburgo depende del arzobispado de Hamburgo.

Para Otón es importante el gran centro de Magdeburgo, que llega a ser sede
metropolitana luego de los concilios de Roma (962) y Rávena (967). De esta sede, según
el privilegio de Juan XII del 962, debían depender como sufragantes, los obispos de
Brandeburgo, Havelberg y Merseburgo.

En el pensamiento de Otón, el establecimiento de la sede metropolitana de


Magdeburgo tuvo por objetivo favorecer la actividad misionera y mediante ella, la
penetración alemana entre el Elba y el Oder primero y, mas allá del Oder, después.
Designa primer obispo a su antiguo capellán Adalberto, quien es consagrado por Juan
XIII en 968, en Roma. De inmediato, Adalberto comienza su labor, pero los progresos
son lentos; las crónicas indican la aparición de algunas iglesias en el país eslavo.

El arzobispo de Hamburgo, por su parte, obtiene mejores resultados. Así varios


príncipes eslavos de convierten; sin embargo, las masas no se dejan convertir. El asesinato
del segundo obispo de Brandeburgo muestra hasta que punto el fanatismo permanece
arraigado. La calma, no obstante, se mantiene mientras vive el emperador, pero a su
muerte el odio explotará.
5.1.5. Alemania y Polonia

Otón quiere también extender la influencia alemana hasta Polonia. Desde el 964
el marques Gerón obtuvo del polaco Mesko reconocimiento de la soberanía de Germania.
En este momento se habría fundado el obispado de Posen.

El cristianismo ha progresado en Polonia, donde Mesko ha recibido el bautismo


en el 967. La política del emperador fue contrariada por el papa Juan XIII que piensa
subordinar la iglesia polaca a la de roma; queda interrumpida ante la muerte de Otón.
5.1.6. Los Eslavos del sur

La fundación del obispado de Praga en 972, cuya autoridad debía extenderse sobre
Moravia, tiene como objetivo facilitar el establecimiento del cristianismo en Bohemia. El
arzobispo de Salzburgo ha logrado extender su influencia en Carintia y Panonia. El obispo
de Passau reorganiza su diócesis, reconstruye iglesias y monasterios, reformando el clero
y llevando la influencia alemana hasta los bordes del Leitha.
5.1.7. La conversión de los húngaros

Antes de la batalla de Lech dos jefes han recibido el bautismo en Constantinopla


y facilitado la misión del monje Hiérotheus, consagrado obispo por el patriarca
Theophilacto. Luego del 955 el movimiento religioso se intensifica, favorecido por el
matrimonio del duque de Geisa con una princesa cristiana. Cuando el obispo de Passau
llega a Hungría encuentra allí cinco mil bautizados y constata que el conjunto del pueblo

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es favorable al cristianismo. Secundado por el suabo Wolfgang antes de ser obispo de
Ratisbona, predica la fe cristiana entre los húngaros.

Otón antes de morir, recibe con alegría en la asamblea de Quedlimburgo una


embajada húngara y su hubiese sobrevivido, un obispado se hubiera creado según el deseo
del obispo de Passau, para coordinar las actividades dispersas.

Desde su coronación en el 962 Otón I no ha dejado de desear un imperio


germánico tan grande como el de Carlomagno, pero se da cuenta que es imposible
reconstruir exactamente lo que existía a comienzos del siglo IX. En lugar de perseguir la
anexión de Francia a Alemania y a Italia, busca extenderse hacia el Este al mismo tiempo
que hacia el Sur. La conquista de Italia fue mas dura de lo previsto y le llevó diez años,
pero no logra desviarlo de las regiones del Elba, Oder y Warthe. A comienzos del 973 se
apresta a afirmar la soberanía germánica sobre los eslavos cuando le sorprende la muerte
en Merseburgo el 7 de mayo. Alemania queda en manos de su hijo Otón II, joven,
inexperto y desprovisto de genio.

Otón II
1. Su llegada al trono

Cuando muere su padre tiene 18 años; no posee la bella prestancia paternal. Sin
embargo, es más cultivado que Otón I y es en esta su única superioridad. Hereda todas
las ambiciones de su padre, pero no tiene ni la perspicacia, ni la energía, ni el método
necesario para su realización; su inteligencia, además, es mediocre y se dejará conducir
por los acontecimientos más que dirigirlos.

La transmisión del reino y del imperio se hicieron sin el menor problema, pues Otón
II había sido consagrado rey en el 961 y coronado emperador en el 967. Sin embargo,
pronto se ponen de manifiesto dificultades no solo internas, sino también externas:
oposición de Suabia, Lorena, Baviera; el duque de Bohemia, unido al de Baviera, rompe
el entendimiento que existió durante el gobierno de Otón I; el rey de Dinamarca invade
Alemania; las relaciones con Francia se ven también afectadas.

La situación en Italia no es mejor. La elección del papa Benito VI a la muerte de Juan


XIII, parece consagrar la victoria del emperador Otón I. Por otro lado, Crescencio, que
representa el partido de la vieja aristocracia, subleva Roma contra el papa imperial, el
cual es finalmente estrangulado. En su lugar se nombra a Bonifacio VII (974). Sin
embargo, la llegada de un enviado del emperador pone en fuga al usurpador y en la sede
pontificia entonces se nombra a Benito VII, el obispo de Sutri. Es necesaria la presencia
de Otón II en Italia.

En el 980, luego de aplacar la situación interior, hace retroceder a los daneses, haber
intentado expediciones infructuosas en Bohemia y concluida la paz con Francia, es que
recién Otón II puede dirigirse a Italia. El objetivo de esta expedición es asegurar el orden
y exigir el cumplimiento de los deberes vasalláticos mal conocidos y olvidados.

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El emperador llega a Roma en el 981. La ciudad sigue siendo centro de sublevaciones,
y el papa Benito VII, con un alto sentido del deber, carece de autoridad; ha permanecido
fuera de la ciudad. Papa y emperador entran en Roma siendo bien recibidos. El 27 de
marzo de 1981 (día de Pascua) presiden una brillante asamblea, donde es condenada la
simonía, contra el cual había luchado ya el papa.

Otón permanece en Roma hasta comienzos del verano. La paz parece afirmada y
Crescencio se retira a un monasterio.
2. Otón II y la Italia meridional

Luego de la muerte de Otón I, la situación del sur ha evolucionado en sentido


desfavorable a los intereses germánicos. La muerte de Pandolfo, fiel a la dinastía sajona,
al frente de Spoleto, Benevento y Capúa, trae graves consecuencias. El duque de Amalfi
de inmediato anexa Salerno y el litoral vecino; Benevento se levanta contra el hijo mayor
de Pandolfo. Se produce así una ruptura del equilibrio que es ventajosa para los griegos
y va en detrimento de Otón II. El emperador está en Roma y quiere reestablecer su
autoridad amenazada. El pretexto para intervenir se lo da la reaparición del peligro
musulmán, que los griegos no han podido resolver. Otón quiere restablecer la hegemonía
alemana en el sur de la península para rehacer el “reino de Italia”. Sus propósitos entonces
son: restaurar el principado de Capúa; ocupar Lucania, Calabria y Apulia; restablecer su
prestigio en aquellas regiones donde su padre, a pesar de su genio, no había podido
implantar la pujanza alemana.

Sin embargo, estos proyectos fracasan uno tras otro y por ello decide atacar a los
musulmanes solamente con sus fuerzas. Otón esta convencido del éxito, por eso despliega
su armada constituida por bávaros, suabos, franconianos, loreneses, lombardos y eslavos
y el 13 de julio del 982, en las cercanías de Cabo Colonna libra batalla. Luego de una
ventaja inicial, es rodeado desde todas partes; hombres importantes como el obispo de
Augsburgo y el abad de Fulda mueren; él mismo huye y con los restos de su armada se
bate en retirada hacia Rossano, Salerno y Capúa, la única ciudad que le permanece fiel.

La derrota de Cabo Colonna es un desastre para el Imperio otoniano porque arruina


por dos siglos los planes de hegemonía alemana sobre Italia meridional y hace nacer en
el resto de la península, la idea de que la pujanza alemana no era tan fuerte. En Alemania
la repercusión es mas grande, porque no solo se siente el peso de la humillación, sino que
se duda de la autoridad de Otón para imponerse a los enemigos tradicionales.
3. El problema eslavo

La victoria árabe en Cabo Colonna preocupa a los alemanes y plantea nuevamente el


problema eslavo de las riberas del Elba y del Oder. Desde la llegada de Otón II al gobierno
se ha producido un retroceso progresivo de la influencia alemana en el país eslavo.

El duque Boleslao de Bohemia se opone al rey de Alemania. Las expediciones de 975


y 976 no han logrado hacer deponer la actitud de Boleslao. A ello se une que la iglesia de
Bohemia escapa a la tutela germánica a pesar de la fundación del obispado de Praga; por

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otro lado, la persistencia de un elemento pagano hostil a Alemania hace prever que el
ducado se encamina hacia una independencia completa.

En la región del Elba los errores de la política de Otón II comprometen el esfuerzo


misionero porque en 981 es suprimido el obispado de Merseburgo, con una notable
disminución de la propaganda cristiana y el despertar de pasiones antirreligiosas y
antigermánicas.

Inmediatamente después de la derrota de Cabo Colonna, los daneses franquean la


frontera y destruyen los castillos elevados frente a su reino; se incendia Hamburgo y son
atacados los obispados de Havelberg y Brandeburgo. Por eso, frente a estos
acontecimientos, es fácil entonces comprender la preocupación de los alemanes por la
derrota de Otón ante los árabes: la ofensiva danesa y eslava revela toda una extensión de
la catástrofe italiana. Una embajada fue enviada inmediatamente hacia Otón II para llamar
su atención acerca de los peligros que surgían en el norte.

El emperador decide reunir una asamblea en Verona para examinar la situación. Una
vez mas se pone en manifiesto su inconciencia, porque en ese momento en que la
existencia del reino germánico está amenazada, él sueña restaurar la pujanza imperial en
Italia, despreocupándose de la defensa del Elba. El emperador no atiende los consejos que
le dan: él quiere llegar a Roma y de allí a Italia del sur. Su plan es más audaz: cruzar el
estrecho de Messina e ir a destruir la pujanza musulmana en Sicilia; por ello se acerca a
Venecia, garantizándole libertades comerciales, a cambio de su apoyo total.

Otón II se dirige entonces hacia el sur, pero al enterarse de la muerte del papa Benito
VII, se dirige a Roma para nombrar el sucesor: Juan XIV. El 7 de diciembre del 983
muere dejando a su hijo, Otón III, de tres años.

Otón muere sin haber concretado su proyecto contra los musulmanes, pero alcanza a
ver lo que sucede en su reino como consecuencias de su política. El ataque eslavo a los
obispados de Havelberg y Brandeburgo en el 983 tiene graves consecuencias: huida del
obispo Folcmar, masacre de los clérigos capturados, incendio de iglesias, destrucción
total de la obra misionera más allá del Elba. Luego del incendio de Hamburgo la
influencia alemana es destruida. El duque de Bohemia, Boleslao, acentúa su
independencia. Por su parte, el obispo de Praga, Adalberto, que tiene un programa
cristiano -la reforma de su clero, la lucha contra la poligamia y el mejoramiento de la
condición de los esclavos-, mal apoyado por Boleslao, abandona Bohemia en 988 o 989
que queda librada a fuerzas anticristianas y antialemenas. Así la gran obra realizada por
Otón hacia el este poco es lo que resta.

Otón III
1. Oposición alemana e italiana

Cuando muere Otón II, su hijo Otón III es solo un niño de tres años. Tanto en
Alemania como en Italia surgen interrogantes acerca del futuro de la corona. En Alemania
el duque de Baviera, Enrique el Querellador, aspira a iluminar la dinastía sajona y logra
por un momento quitar a su madre al joven Otón. El duque cuenta con el apoyo del rey

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de Francia que tiene ambiciones sobre Lorena y del duque de Bohemia, Boleslao, que
continua con su política de independencia.

En roma la aristocracia considera que ha llegado el momento de deshacerse del papa


imperial. Con la complicidad de Crescencio resurge el papa Bonifacio VII que ha
regresado de Constantinopla. Se apoderan de Juan XIV y lo encierran dejándolo morir de
hambre. Así pues, Bonifacio se establece en la silla pontificia.
2. La regencia de Teófanes

Otón III es salvado por la hábil política de su madre Teófanes, a quien se confía la
regencia. Teófanes es una bella princesa griega, que, aunque parece poco preparada para
las circunstancias en que debe actuar, da prueba de una gran inteligencia y de un gran
sentido político, superior al de su esposo. Teófanes sabe de su impopularidad en
Alemania, por eso encarga al arzobispo de Maguncia, Willigis, terminar con la oposición
bávara y se reserva y se reserva para si los italianos. En los asuntos italianos actúa con
prudencia y trata de reparar los errores cometidos por su esposo; inmediatamente deja de
lado el proyecto de cruzada contra los musulmanes. Logra mantener Italia del Norte y del
Centro bajo su obediencia, gracias al apoyo que le brindan Adelaida (viuda de Otón I), el
episcopado y Hugo de Toscana.

En Roma se ve favorecida por las circunstancias, pues al producirse la muerte de


Bonifacio VII, Teófanes permite a los romanos elegir sucesor del papa fallecido (Juan
XV). Juan Crescencio, el jefe de la aristocracia romana, toma el título de patricio y
Teófanes no se opone. En la navidad del 989 la reina llega a Roma, donde es bien recibida.
Su política en general puede decirse que es feliz.

Con la misma energía, decisión y sagacidad se dedica a considerar el problema eslavo,


apoyada por el arzobispo de Maguncia. Teófanes ve claramente que el peligro viene de
Boleslao de Bohemia, quien quiere formar un gran imperio agrupando a wendas y con
todas estas fuerzas atacar el poderío germánico. Boleslao interviene en una guerra contra
Polonia, cuyo duque Mesko, era favorable a Otón III. Teófanes de inmediato se ocupa de
salvar Polonia, finalmente, luego de varios incidentes, Boleslao y Mesko se reconcilian.
Por su parte, los sajones derrotan a los obotritas, paganos que han martirizado sacerdotes,
incendiando iglesias y expulsando al obispo de Oldemburgo. Así se logra una relativa
calma en la frontera del Elba.

Precisamente una emperatriz, nacida a orillas del Bósforo, ha sido la encargada de


enderezar la política germánica, desviada de su vía tradicional por Otón II; por otro lado,
ha comprendido las necesidades del momento y ha percibido cuales debían ser los
verdaderos destinos del imperio otoniano. Por eso, puede decirse, que fue la continuadora
de Otón I, porque adivina en qué sentido debe orientarse el Imperio otónida.
3. Regencia de Adelaida

Al morir Teófanes, la regencia pasa a Adelaida hasta el 994. Su consejero es también


Willigis, por ello es por lo que permanecen las mismas tendencias del gobierno de
Teófanes.

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Es importante la lucha contra los eslavos. En 991 el joven Otón retoma la villa de
Brandemburgo, pero debe abandonarla inmediatamente, para retomarla definitivamente
en el 993. No obstante este hecho, la situación es bastante frágil, porque los wendas atacan
continuamente a los misioneros.
4. Mayoría de edad de Otón III

Aunque la política eslava de Teófanes y Willigis haya logrado sus frutos, es necesaria
mucha perseverancia. Si se quiere un resultado duradero, se necesita renunciar
definitivamente a las solicitudes italianas para concentrar mas allá del Elba todas las
fuerzas materiales y morales del Imperio. En el momento en que Otón III toma la
dirección de los asuntos, se encuentra ante un dilema: ¿Alemania, colocada entre Italia y
el mundo eslavo, debe llevar su esfuerzo principal hacia el norte o hacia el sur, hacer
retroceder los límites de la cristiandad hasta el Oder y el Vístula o hacer brillar la
dominación germánica hasta Sicilia?
Otón II se dejó seducir por el espejismo mediterráneo; Teófanes, en cambio, retomo
la lucha contra los eslavos. Entre estas dos políticas Otón III debe hacer su elección; él se
unirá a los errores paternales exagerándolos e idealizándolos.
5. El sueño imperial de Otón III (996/1002)
5.1. Formación de Otón III

Durante su infancia Otón III fue abandonado a sus instintos y a sus gustos; nada se
intento para disciplinar esta alma ricamente dotada, pero mal equilibrada, dirigido hacia
esferas sobrenaturales y esclavizado de tanto en tanto por ambiciones inmoderadas.

Dos hombres, luego de Teófanes, contribuyeron a la primera formación del joven


príncipe: el griego Philagathos de Rossano, obispo de Plasencia, que lo inicia en la lengua
griega y el obispo de Hildesheim, Bernardo, espíritu templado cuya influencia ejerce
hasta los trece años. Desde ese momento el joven se cree en edad de conducirse solo.

Otón III es un ser excepcionalmente cultivado, que se deja cautivar por la civilización
helénica y es adverso a la severidad germánica. Educado por hombres de iglesia, Otón
está convencido de su fe, alimentada en las fuentes de un agudo misticismo. Toda su vida
está caracterizada por sus aspiraciones hacia un ascetismo riguroso y por sus instintos de
dominación que lo llevan a imaginar un imperio más vasto que el de Carlomagno.
5.2. Influencias de Gerberto, San Adalberto y San Nilo

Otón se dirige a Gerberto, abad de Bobbio y luego arzobispo de Reims porque


considera que su instrucción es insuficiente y de inmediato recibe el empuje de este sabio
extraordinario. Precisamente es Gerberto quien inculca al joven la voluntad de restaurar
el imperio romano con su jerarquía de funcionarios, su ceremonial fastuoso y su brillante
civilización.
Por momentos, Otón quiere revivir sino a Constantinopla, al menos a Carlomagno,
dominar al mundo; en dos momentos, deja la corte y vive en retiro, desprendido de todo.

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Cuando su temperamento ascético lo invade, la influencia de Gerberto es eclipsada por
San Adalberto o la de San Nilo.

En 996, cuando está en Roma se reencuentra a San Adalberto, obispo de Praga, que
ha huido de su diócesis por la persecución. Adalberto pretende realizar el gran viaje de
oriente, pero renunciara a él a instancias de los monjes de Monte Cassino. Otón se
convierte en su más ferviente discípulo y cuando Adalberto muere, el emperador va a su
tumba a buscar las energías necesarias para cumplir su función.
También en Roma conoce a San Nilo, quien después de haberse ocupado de propagar
la fe cristiana en Italia meridional, se propone ganar las almas de los latinos a su ideal
monástico. Así fue llevado a desarrollar su programa de vida eremítica ante Otón III.
5.3. Carácter y programa de Otón III

Éstas variadas influencias explican la complejidad del carácter de Otón III. Domina
en él la voluntad de ser “emperador augusto del mundo romano”; se proclama “Romano,
Sajón e Italiano”, pero con certeza es mas romano que sajón. Sueña con establecer su
residencia en Roma y en convencer a los romanos que él, hijo de alemán y griega, es
digno de obtener el derecho a la ciudadanía romana. Teniendo a Roma como capital puede
edificar un imperio universal del cual no percibe sin duda los contornos y los límites sino
en una bruma lejana.

A diferencia de su padre y de su abuelo que buscaron la pujanza alemana, Otón III


quiere ser emperador y como emperador actuará, decidir, legislar. En él está presente el
recuerdo de Carlomagno, por eso su imperio será más universal, será un imperio cristiano
que hará progresar el reino de Cristo y donde la Iglesia tendrá un lugar privilegiado. Otón
III tiene una fe ardiente y considera que debe expresarla en sus actos públicos y privados.

Vanidoso, autoritario, caprichoso, desbordando ambición, pero por momentos


humilde, caritativo, arrepentido, mortificado, generoso; tales son las características de
este emperador del siglo X.
5.4. Expedición de Otón III a Italia

Bajo la influencia de Gerberto, la idea imperial toma la delantera y se afirma con


vigor. En 996 Otón considera que ha llegado la hora de ir a Roma para buscar la corona
imperial. Alemania parece tranquila; los eslavos han sido aplacados y debilitados por las
sucesivas campañas. En Italia el episcopado apoya el régimen otoniano; Hugo de Toscana
ha dado testimonio de su fidelidad; Venecia agradecida porque el rey se ha pronunciado
a favor del dogo en un problema que tuvo; la aristocracia romana permanece en silencio.
Otón es optimista y está decidido a quebrar toda resistencia.

Es por eso que inicia su viaje a Italia. Al llegar a Verona la población se subleva contra
los soldados alemanes, pero Otón, a instancias del obispo otorga un generoso perdón.
Llega a Pavía donde se entera de la muerte del papa Juan XV y le solicitan la designación
de un sucesor.

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Para Otón es la ocasión de manifestar cómo entiende regular las relaciones entre el
sacerdocio y el Imperio. Para dominar Roma y la iglesia, Otón otorga la tiara a un alemán,
quien toma el nombre de Gregorio V.

Otón mientras tanto continúa su viaje a Roma, donde el 21 de mayo del 996 es
coronado por Gregorio V de acuerdo con el ceremonial de costumbre. Para asegurar su
poder envía al exilio a Crescencio, pero ante el pedido del papa que no quiere
desencadenar el rencor de la aristocracia, lo perdona. De esta manera, al menos en
apariencia, reina la concordia entre el emperador, el papa y los romanos.
5.5. Regreso de Otón a Alemania

Otón deja Roma en junio del 996. No se conoce la causa de su partida; parece que
Willigis de Maguncia es el instigador de la misma, porque no olvida lo sucedido durante
la estadía de Otón II en Italia. Adalberto acompaña al emperador de Alemania, permanece
con él en Maguncia y luego va a evangelizar Prusia, donde fue masacrado (997).

Como habían recomenzado las incursiones eslavas, Otón en 997 hace retroceder a los
liuticios y obtiene cierto éxito; quiere la paz y su ambición es unir su nombre a una política
de entendimiento gracias a la cual, respetando la independencia de los eslavos, los tenga
bajo su soberanía. La idea de conversión y de evangelización cristiana se encuentra con
la idea romana. La influencia de Adalberto se une a la de Gerberto.
5.6. Sublevación de Roma

En Roma el papa Gregorio V ha anunciado su labor como papa reformador;


primeramente, hace desaparecer los múltiples abusos que manchan la Iglesia, iniciando
una guerra contra la simonía y el nepotismo. Como estas medidas no fueron del agrado
de la aristocracia romana debió dejar Roma; mientras Crescencio instala en el pontificado
a Juan Philagathos, con el nombre de Juan XVI.

Gregorio V espera en Pavía pacientemente la llegada de Otón III, que por entonces
combatía a los eslavos. Por eso recién a fines del 997 el emperador pudo encontrar al papa
y juntos emprenden el camino a Roma. Los romanos, hostiles al emperador durante su
ausencia, pero jamás ante su presencia, piden perdón. El antipapa trata de huir, pero es
alcanzado por los soldados de Otón y luego es depuesto por un concilio. Otón pone sitio
al castillo de Sant-Angelo, donde está Crescencio, a quien finalmente se da muerte.
5.7. Viaje de Otón a Italia meridional

Otón en Roma vuelve a encontrarse con San Nilo, quien está en la ciudad para
implorar gracia para Philagathos. Esta entrevista con San Nilo provoca en Otón una nueva
crisis de ascetismo. A fines del 998 el emperador inicia una peregrinación a pie a San
Miguel del Monte Gargano, pasando por la eremita de San Nilo con quien comparte su
austeridad.
Otón regresa a Roma y retoma el ejercicio de su función. Envía a Capúa al marques
Adémar con la orden de deponer a Laidulfo y enviarlo a Alemania bajo custodia e
instalarse en su lugar. No obstante, vuelven a producirse levantamientos en Capúa y en

21
otros lugares. Así la soberanía germánica se halla en retroceso. Otón III tiene el merito de
no insistir porque tiene otras preocupaciones y proyectos más vastos que le evitarán en el
sur de Italia los dolorosos errores del reinado paterno.
5.8. Muerte de Gregorio V

La muerte del papa Gregorio V en 999 hace volver a Otón sus ideas de imperio
cristiano. El papa se ha destacado en su gobierno por su clarividencia y firmeza; jamás
perdió la ocasión de ser agradable con Otón, pero sin sacrificar jamás los intereses de la
Iglesia; en más de una ocasión supo tomar posición contra él y hacer prevalecer sus puntos
de vista personales. La muerte de Gregorio detuvo la reforma eclesiástica que había
iniciado.

Otón dispone de la silla pontificia sin inquietarse por la opinión de los romanos y elige
a su consejero Gerberto, arzobispo de Rávena, que es consagrado con el nombre de
Silvestre II.

Este nombre, Silvestre, es significativo, porque recuerda aquel se Silvestre I,


contemporáneo del emperador Constantino cuando se organiza el imperio cristiano.
Silvestre II será, como su homónimo, uno de los mejores auxiliares de la política imperial.
Aunque favorece los proyectos de Otón III sobre el imperio universal, está persuadido
que, en el terreno espiritual, la autoridad pontifical no debe conocer ningún límite y se
dedica a hacerla respetar por las diversas iglesias.

En ese comienzo del siglo XI, el papa y el emperador son verdaderamente, según la
clásica expresión, las dos antorchas del mundo.
5.9. El gobierno de la cristiandad bajo Otón III y Silvestre II

Esta acción conjunta se traduce a través de una orientación completamente nueva del
gobierno de la cristiandad. En las fronteras del Imperio Otón y Silvestre se esfuerzan para
agrupar a los pueblos recientemente convertidos dejándolos en la más amplia autonomía.
En Hungría el duque Waik, convertido al cristianismo en 955, luego de su casamiento
con una hija de Enrique de Baviera, le será concedida la corona real con el nombre de
Esteban y se proyecta crear una Iglesia nacional, dependiendo directamente de Roma, por
intermedio de una metrópolis húngara.

En Polonia, luego de una peregrinación de Otón a la tumba de San Adalberto en


Gnessen, la iglesia que guardaba las reliquias insignes del mártir fue erigida en
arzobispado, de donde dependieron como sufragantes, los obispados de Breslau, Kolberg
y Cracovia.

En Bohemia, el duque Boleslao, quiere colocar como sucesor de San Adalberto a su


propio hermano, pero Otón se opone colocando en la sede de Praga al monje Tieddag de
Corvey, que fue resistido. Bohemia parece así encaminarse hacia la misma autonomía
eclesiástica que Polonia y Hungría.
Se ha reprochado a Otón el haber debilitado la pujanza germánica con estas
creaciones. Hay algo de verdad; la concepción del emperador, influenciada por Silvestre,

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no se parece en nada a sus predecesores. Estos fueron alemanes, ante todo, se sirvieron
del cristianismo para extender la influencia de su etnicidad. Otón III, griego por su madre
y romano por adopción- sueña con un imperio cristiano y universal con centro en Roma
antes que en Aquisgrán, reuniendo libremente a todos los pueblos convertidos a la ley de
Cristo, sin anexarlo a tal o cual estado preexistente.

Se puede preguntar que es lo que hubiese resultado de este plan grandioso y un poco
idealista, si Otón hubiera vivido lo suficiente para desarrollarlo. Aunque pueda parecer
prematuro en ciertos aspectos, no es menos cierto que es la expresión de aspiraciones
generosas, alejadas a menudo de un temperamento absolutista.
5.10. Otón III, emperador romano

Roma debía ser la capital de ese imperio universal. Otón se preocupó de afirmar allí
su poder, haciendo de la ciudad su residencia habitual a partir del 999. A comienzos del
año 1000 debe trasladarse a Alemania porque han muerto su abuela Adelaida y su tía, la
abadesa Matilde. Tiene la ocasión de ir en peregrinación a la tumba de San Adalberto en
Gnessen. Aunque su prisa es volver a Roma, el 19 de mayo del año 1000, día de
Pentecostés, está en Aquisgrán donde se exhuma el cuerpo de Carlomagno. De inmediato
parte para Roma.

En la corte introdujo algunas prácticas del ceremonial bizantino: come solo, en una
mesa separada y no rodeado de los grandes; viste con manto dorado; los altos funcionarios
toman los títulos utilizados en Constantinopla. El joven emperador aspira a desposar a
una princesa griega y dos veces realiza negociaciones con este fin. Aunque manifiesta un
fuerte lazo maternal, la idea romana prevalece. El emperador quería, según Thietmar,
renovar los antiguos usos del tiempo de los romanos que en gran parte habían
desaparecido. Los dos primeros Otones habían sido a la vez reyes de Alemania y de Italia,
existiendo entre ambos reinos una unión personal que permitía conservar sus
administraciones distintas. Otón quiere fundirlos uno y otro en la cúspide de la unidad
imperial. La organización administrativa también es transformada. Las cancillerías
distintas -de la época de Otón I y II- son unidas por Otón III que concentra todos los
asuntos en manos de Heriberto.

Este imperio es también cristiano. Otón se proclama “el esclavo del apóstol” y
considera a la iglesia romana como la madre de todas las iglesias, pero ella misma
permanece subordinada al emperador reinante, al cual debe todo. Mediante una
liberalidad insigne, Otón ha testimoniado su reconocimiento al papa por medio de la
concesión de ocho condados en las marcas y en el exarcado, haciendo sonar bien alto que
a él le pertenecían.
5.11. La oposición italiana

A los ojos de los romanos Otón, a pesar de las mejoras, lleva lo negativo de su origen
alemán y a causa de los malos recuerdos dejados por los acontecimientos del 998, jamás
pudo hacerse popular. En Lombardía y en otras partes, su política eclesiástica ha
provocado descontento.

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En roma, la oposición toma forma amenazante. El conde Tusculum encontró el medio
de sublevar a los nobles. En febrero del 1001 se levantaron barricadas en las calles del
Aventino y los soldados alemanes fueron degollados. La situación se vuelve difícil
incluso para el mismo emperador. Otón pudo dejar clandestinamente la ciudad de Roma
y a través de Umbría llegó a Rávena donde encontró a Odilon, abad de Cluny y a San
Romualdo.

El emperador solo piensa en la penitencia, en lugar de castigar a los romanos. Se


dirige hacia el monte Gargano y luego ataca a los beneventinos. Luego de su larga marcha
hacia el sur, regresa y llega a Rávena, ya que piensa ir a Alemania. Sin embargo, la muerte
lo sorprende en Paterno, en el monte Soracte, el 24 de febrero de 1002, en el mismo
momento en que el arzobispo de Milán llagaba a Bari con la joven princesa bizantina que
le había sido prometida.

Otón III no deja heredero. ¿La unidad del Imperio, objetivo supremo de Otón iba a
resistir esta nueva prueba? ¿no peligraba la obra misma de Otón I ante la desaparición del
último vástago de la dinastía sajona?

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